martes, 6 de noviembre de 2018

Cazadores de noticias: Doscientos años en la vida cotidiana de los periodistas 1818-2018

En Cazadores de noticias, Fernando J. Ruiz narra 200 años en la vida cotidiana de los periodistas, de 1818 al presente; aquí, el autor escribe sobre los cambios y permanencias en el oficio de informar, además anticipamos el prólogo de este libro que editó Ariel
En 1818, los periodistas –todos varones– redactan entregas periódicas a la luz de las velas, atendidos por negras esclavas. En 1871, la prensa es diaria, transmite el horror de la fiebre amarilla, sus muertos, la desolación de los barrios bien, de pronto vacantes. En 1919, evoluciona en una prensa de masas, la Semana Trágica se reportea al calor de las rotativas, cuyo ruido incesante e insalubre marca los cuerpos de los obreros tipógrafos. 1943 es el año de la radio, nueva plataforma para el periodismo, que fogonea el delirio de la pasión popular por el tango y los radioteatros. En 1989 llega el turno de la televisión, que reina indiscutida en los comedores porteños. Por último, 2018 marca un momento de periodismo digital, tras la irrupción brutal de Internet y sus nuevas maneras en la vida cotidiana. El periodista se ha vuelto mujer, madre, trabajadora autónoma, muy activa en redes y multitareas.

Sobre la base de una exhaustiva investigación histórica, Fernando J. Ruiz compone la voz de un periodista que relata su propio quehacer y el de sus colegas a lo largo de dos siglos, al tiempo que describe rutinas, prácticas, valores, costumbres en las distintas redacciones y debates del colectivo periodístico en cada uno de los momentos retratados. A lo largo de los capítulos cobra vida toda una época, sus desafíos y apuestas. Institución clave de nuestra esfera pública, cuarto poder, la propuesta aquí es indagar pasado (y, además, presente) del periodismo para sondear su futuro. Y hacerlo aprovechando las mejores estrategias de la ficción para que la lectura sea una fiesta.

¿Qué significa –y significó– ser periodista? En este libro delicioso, Ruiz elige un atajo creativo e inesperado para responder esta pregunta.


Cambios y permanencias en el oficio de informar 
Por: Fernando J. Ruiz
El libro Cazadores de noticias recorre dos siglos de historia y seis ecosistemas mediáticos, desde los periódicos coloniales hasta el actual escenario digital. ¿Qué cambió en el periodismo y qué permanece en su itinerario histórico? ¿Qué ha significado y significa ser periodista?

Estas fueron las preguntas para escribir el libro: sondear hacia dónde va el periodismo. Es decir, investigar la historia con visión de futuro. Entender de dónde venimos para discernir hacia dónde vamos. Por eso, a través de la descripción de un día en la vida de un periodista en seis épocas muy diferentes intenté distinguir continuidades y rupturas.

El viaje arranca en 1818, cuando San Martín y O'Higgins triunfan en la batalla de Maipú, y en la ciudad que delira con esa victoria trabajan de periodistas apenas siete personas. El segundo día describe a la Buenos Aires de 1871 azotada por la fiebre amarilla, y cómo los periodistas organizan la resistencia contra la epidemia, un ejemplo de servicio único en nuestra historia.

El tercer día es en el año de la Semana Trágica de 1919, cuando la oleada revolucionaria internacional intenta expandirse desde un conflicto gremial en unos talleres de Nueva Pompeya. Es la era de los diarios de masas, cuando Jorge Mitre, el director de la nacion, viaja por el mundo y pide que la elite de diarios tenga una voz en la naciente Sociedad de las Naciones. Mientras, su corresponsal Fernando Ortiz Echagüe obtiene la primicia del Tratado de Versailles (luego sería un cronista para los argentinos de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial). En esa Buenos Aires, después de que no salieran por varios días por un conflicto gráfico, un cronista podía decir que, sin diarios, el público es un niño encerrado en una pieza oscura.

El cuarto día es una composición del año 1943, cuando Perón comienza un asalto visible a la vida política en un país que tiene un espectacular desarrollo de la industria cultural, en especial la radio, impulsada por emprendedores como Jaime Yankelevich. La radio es entonces el centro del ecosistema mediático, pero le caen encima los malos humores morales y políticos que mutilan su desarrollo. Se describe la cobertura del golpe de Estado de junio, la negociación por el estatuto del periodista y cómo la Segunda Guerra Mundial se infiltra en el periodismo local.

El quinto día es en el más cercano 1989, cuando el liberalismo político termina con el muro de Berlín y el liberalismo económico se impone en el mundo, y en nuestro país con el peronismo de Carlos Menem. El brutal ataque a La Tablada y, más adelante, la hiperinflación y los saqueos nos ponen al borde de estallidos que pueden volver irreconocible el rostro argentino. Es la época en que el poder es visto como una escalera, donde el peldaño más alto en el periodismo es la televisión.

El sexto día ocurre en el actual escenario digital. Ahora el periodismo se siente en proceso de refundación, pero no sería la primera vez que debe reiniciarse, sino la sexta en los últimos 200 años. Tiene que afrontar a una audiencia cada vez más exigente y resulta más difícil obtener recursos para sostener ese esfuerzo.

Este trabajo, que llevó cuatro años, es un humilde intento de etnografía histórica, recuperando las voces de cada momento, registrando al detalle cómo se hizo cada cobertura, con un narrador ficcional que solo está para ordenar los materiales extraídos por la investigación y darles un poco más de vida.

Prologo
Una semana en la vida de un periodista de Buenos Aires, 1818-2018
Esta investigación busca entender hacia dónde va el periodismo. Reconstruye el mundo periodístico en distintos momentos de los últimos doscientos años, enfocándose en qué cambió y qué no en la vida de un periodista arquetípico de Buenos Aires, desde lo que era su trabajo cotidiano en la Gran Aldea hasta la desmesurada megalópolis actual.

En cada etapa recuperé la sensibilidad de sus protagonistas, el sentido que les daban a sus acciones y cómo estas eran recibidas por el resto de los actores sociales y políticos.

Vivimos la era de mayor consumo de medios de la historia, pero la incertidumbre reina hasta el punto de que algunos vaticinan el fin de la profesión. La revolución digital es una fábrica de mundos, muchos de los cuales –que hoy no distinguimos– son solo espejismos. Por eso, el problema de los editores y periodistas contemporáneos es que deben construir casas en mundos de consistencia dudosa o incierta.

Si queremos entender el cambio, hay que vernos desde la historia.
 
Por eso, en este libro propongo la creación de una voz ficcional, un yo periodista que describe el oficio en cada una de las seis eras mediáticas que se vivieron en los últimos dos siglos hasta la actualidad. En cada era, un periodista imaginario describirá el momento profesional y la organización de su jornada laboral. La primera parte abarca las tres etapas centrales del periodismo de papel: la era de la prensa periódica, la prensa diaria y la prensa de masas; y, la segunda parte, las tres sucesivas disrupciones sísmicas que se fueron sucediendo a lo largo del último siglo: la radio, la televisión e Internet. Esos fueron los seis escalones que tuvo que recorrer la profesión periodística hasta llegar hasta hoy.

En esta investigación describo la totalidad del fenómeno periodístico, desde la trama de relaciones cotidianas hasta sus sucesivos cambios tecnológicos, y por eso el método elegido fue insertar todas esas perspectivas en una jornada laboral de ese periodista imaginario.

Cada año fue elegido por ser importante en el desarrollo del principal medio vigente en esa época, ser un momento en el cual estaba por surgir el siguiente medio que lo desplazará  y por ocurrir hechos conmocionantes  que sirven para entender mejor el rol del periodismo en ese momento. El cuarto criterio para elegir el año fue que existiera una libertad de prensa razonable para que ese periodismo estuviese desplegado tal como efectivamente era. Las fechas seleccionadas fueron las siguientes:
  • 1818: existe una prensa periódica en pleno proceso de Independencia y de la decisiva batalla de Maipú.
  • 1871: existe una prensa diaria potente en una ciudad que es asolada por la fiebre amarilla.
  • 1919: la prensa de masas es muy relevante en una urbe que sufrió la conmoción de la Semana Trágica.
  • 1943: la radio domina la comunicación de masas e informa sobre uno de los golpes militares más cruciales del siglo, mientras el mundo vive la dramática Segunda Guerra Mundial.
  • 1989: reina la televisión y los sucesos en el país y en el mundo permiten hablar de un cambio de época.
  • 2018: momento en que el periodismo digital navega las incertidumbres y las posibilidades del nuevo ecosistema mediático.
  • En el epílogo se concluye qué sería lo permanente y qué lo transitorio en la evolución de los dos siglos en lo que significa ser un periodista.
Para que la reconstrucción sea eficaz, la mayoría de las palabras usadas en cada narración son ajenas, tomadas de testimonios y fuentes de la época. Mi trabajo fue componer esos textos para restaurar ese mundo con sus propios materiales. Si el objetivo es la inmersión profunda en cada época, no puedo contarlo con una voz actual. Tienen que ser las voces de cada momento las que nos lo cuenten. Entrar en ellas y sorprendernos con hechos, interpretaciones y significados que nos ayuden a responder el interrogante que vertebra esta obra: ¿qué será un periodista en el futuro? Para ello, a la hemeroteca poblada de voces de otros tiempos le hice preguntas sobre la profesión, la política, la economía de los medios y la vida cotidiana. Con las respuestas compuse una voz coloquial que, en forma un poco divagadora y casual, pero sobre todo entretenida, va revelando el mundo interior del periodismo en cada momento de la historia argentina. Cada jornada descripta finalmente crea una semana compuesta que empieza en 1818 y termina en 2018.

Este libro es, entonces, una crónica de distintos instantes en la evolución de la profesión, de escenas del periodismo a lo largo de dos siglos en la vida de Buenos Aires, con la intención de mirarlas todas juntas como una serie de diapositivas para apreciar la secuencia del cambio que marcó su desarrollo y que lo seguirá marcando. Tomo las palabras de sus respectivos protagonistas para minimizar la influencia torpe de un observador lejano que mutila la sensibilidad de ese momento histórico contrabandeando su mirada de otra época. Es un tejido de voces ajenas que intento contaminar lo menos posible con la voz propia de mi relato.

El libro concluye con un nutrido listado de referencias bibliográficas (las “Notas”) en las que se aclara de dónde proviene cada texto utilizado, cuáles son los materiales de época reproducidos y de dónde salió cada dato. El estilo narrativo es de ficción; su material, en cambio, es estrictamente real.

Finalmente, ser autor, en este caso, significó para mí constituirme en el gran titiritero de cientos de voces que intento restaurar con un único objetivo: entender su evolución histórica para enfrentar, con más herramientas, las incertidumbres que nos presenta el futuro de la profesión. Conocer más a los antiguos para comprender mejor a los modernos.
Sobre el autor: 
Fernando J. Ruiz, es profesor e investigador en periodismo y democracia e historia de la comunicación en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Es doctor en comunicación pública por la Universidad de Navarra. Escribió Las palabras son acciones. Historia política y profesional del diario La Opinión de Jacobo Timerman, 1971-1977 (2001); Otra grieta en la pared. Informe y testimonios de la nueva prensa cubana (2003); El señor de los mercados. Ámbito Financiero, la City y el poder del periodismo económico de Martínez de Hoz a Cavallo (2005); y Guerras mediáticas. Las grandes batallas periodísticas desde la Revolución de Mayo hasta la actualidad (2014). Ha publicado capítulos en libros colectivos, artículos académicos y periodísticos, y brindó cursos y conferencias en Europa, Estados Unidos y América Latina

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