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domingo, 26 de julio de 2026

Cincuenta años después de la Noche del Apagón, el poder económico sigue esperando en el banquillo

La causa que investiga la responsabilidad empresarial de Ledesma por los crímenes de lesa humanidad continúa sin llegar a juicio oral. La abogada Malka Manestar, cuenta en Señales que el expediente revela el papel central que tuvieron los actores económicos durante la última dictadura y expone una deuda pendiente de la democracia: juzgar a quienes se beneficiaron del terrorismo de Estado
A cincuenta años de la Noche del Apagón, uno de los episodios más emblemáticos del terrorismo de Estado en Jujuy, la causa judicial por la responsabilidad empresarial de Ledesma continúa sin llegar a juicio oral. El paso del tiempo no solo dejó una investigación marcada por las demoras, sino también una pregunta que sigue abierta: cuál fue el papel que tuvieron los sectores económicos en la represión desplegada durante la última dictadura.

Para Malka Manestar, abogada de ANDHES (Abogados y Abogadas del Noroeste Argentino en Derechos Humanos y Estudios Sociales), docente e investigadora de la Universidad Nacional de Jujuy, el caso Ledesma constituye una de las claves para comprender esa dimensión todavía pendiente del proceso de memoria, verdad y justicia. No se trata únicamente de reconstruir la colaboración de una empresa con los operativos represivos, sino de analizar cómo el poder económico participó de un proyecto político que buscó transformar las estructuras sociales y laborales del país.

Lejos de interpretar aquellos hechos exclusivamente desde la intervención militar, Manestar sostiene que la dictadura debe ser entendida como un proceso "cívico, militar y eclesial". En esa caracterización, las grandes empresas ocuparon un lugar central dentro del proyecto impulsado por el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.

"Cuando hablamos del poder real hablamos del poder de las empresas, del poder económico", afirma. Para la abogada, ese poder no desapareció con el retorno de la democracia, sino que continuó teniendo capacidad de influencia sobre distintos ámbitos del Estado, incluida la Justicia.
 
Un proyecto económico sostenido por la represión
Según Manestar, el terrorismo de Estado no tuvo solamente un objetivo represivo o disciplinador en términos políticos. También estuvo vinculado a la transformación del modelo económico argentino.

La dictadura buscó reorganizar las estructuras económicas, sociales y laborales para consolidar un modelo neoliberal que, desde su perspectiva, continúa proyectando consecuencias hasta el presente.

"Es un modelo que se sostiene sobre un proceso de expropiación de derechos de las y los trabajadores", explica.

Desde esa mirada, la persecución contra el movimiento obrero organizado no fue un aspecto secundario del aparato represivo, sino una condición necesaria para avanzar sobre conquistas laborales construidas durante décadas. La desaparición de trabajadores organizados, delegados gremiales, abogados laboralistas y representantes sindicales permitió luego modificar relaciones laborales y avanzar sobre derechos adquiridos.

En Jujuy, esa relación entre represión y economía adquiere una dimensión particular por la presencia histórica del ingenio Ledesma.

Para Manestar, la empresa no puede analizarse únicamente como una unidad productiva. Constituye, sostiene, un verdadero enclave de poder con influencia sobre la vida social, política y económica de la provincia.

"Todas las relaciones, tanto productivas como reproductivas, pasan por la empresa", señala.

Ese nivel de concentración, explica, permite comprender por qué durante tantos años resultó difícil avanzar judicialmente contra sus directivos. La investigación no solo enfrentaba la complejidad propia de juzgar delitos cometidos durante la dictadura, sino también la resistencia de sectores con una enorme capacidad de influencia.
 
Una causa que tardó décadas en llegar hasta los empresarios
El camino judicial de la causa Ledesma estuvo atravesado por años de obstáculos.

Durante mucho tiempo, recuerda Manestar, la Justicia "negaba la posibilidad de acercarse siquiera a una posible acusación" contra el poder económico de la empresa.

La situación comenzó a modificarse en 2012, después de una multitudinaria movilización en Jujuy. La protesta fue producto de la articulación entre organismos de derechos humanos y organizaciones sociales que reclamaban el avance de la investigación.

Entre esas organizaciones, Manestar destaca el papel de la Tupac Amaru, la Red de Organizaciones Sociales y la dirigente Milagro Sala, cuya participación resultó decisiva para presionar por cambios en la conducción judicial del expediente.

Como consecuencia de esa movilización, renunció el juez que intervenía en la causa y, con la llegada de un nuevo magistrado, la investigación logró avanzar hasta la imputación de Carlos Pedro Blaquier, entonces presidente del directorio de Ledesma, y del exadministrador Alberto Lemos.

Ese avance abrió una etapa inédita: por primera vez, la posibilidad de juzgar penalmente a empresarios por su participación en crímenes de lesa humanidad comenzaba a acercarse a los tribunales.

Sin embargo, pocos años después, el proceso volvió a quedar detenido.

En 2015, la Cámara Federal de Casación Penal dictó la falta de mérito para ambos imputados. La resolución reconocía que existían elementos que demostraban que Ledesma había aportado información sobre trabajadores, vehículos, logística, financiamiento y recursos utilizados durante los operativos represivos.

Pero, al mismo tiempo, consideraba que no había pruebas suficientes para demostrar que los directivos de la empresa conocían el destino concreto que tendrían esos aportes.

Para Manestar, ese argumento resulta imposible de sostener si se analiza el contexto específico de Jujuy.

"Ellos decían: no estaba probado el dolo, no estaba probado que ellos supieran para qué aportaban eso", resume sobre la resolución judicial.

Sin embargo, para la abogada, resulta impensable separar esos aportes del funcionamiento general del aparato represivo en un territorio donde la empresa tenía una presencia dominante.

"Estamos hablando de una empresa que tenía un poder absoluto", sostiene.

La demora judicial y la impunidad biológica
Tras varios años de incertidumbre, la Corte Suprema intervino en 2022 y cuestionó la decisión de la Cámara Federal de Casación Penal. El máximo tribunal ordenó que la investigación continuara, reabriendo la posibilidad de que la causa pudiera avanzar hacia una instancia oral.

Pero para entonces el paso del tiempo ya había producido una consecuencia irreversible: Carlos Pedro Blaquier murió sin haber sido juzgado.

Para Malka Manestar, ese desenlace representa una de las expresiones más dolorosas de la demora judicial en los procesos por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.

Aunque la causa contra Alberto Lemos continúa abierta, la abogada advierte que la posibilidad de obtener una sentencia sigue condicionada por distintos obstáculos políticos, judiciales y presupuestarios.

"Hoy, lamentablemente, las condiciones en términos de las políticas de memoria, verdad y justicia no son óptimas", afirma.

En ese contexto, señala el debilitamiento de las políticas públicas vinculadas con la investigación y el juzgamiento de los responsables del terrorismo de Estado. Para ella, el problema no se limita a la falta de avances en un expediente particular, sino que forma parte de un escenario más amplio de retroceso en materia de derechos humanos.

La muerte de Blaquier sin una condena judicial expresa lo que los organismos de derechos humanos denominan "impunidad biológica": la posibilidad de que los responsables mueran antes de enfrentar un juicio.

Ese concepto, explica Manestar, surgió a partir de investigaciones desarrolladas por ANDHES sobre distintos casos de participación empresarial en violaciones a los derechos humanos. El análisis comparado permitió identificar una característica común: la presencia de actores económicos con capacidad para obstaculizar o condicionar el avance de las causas.

"Hablamos de actores con poder de veto", explica.

Según su análisis, los procesos judiciales contra empresarios vinculados al terrorismo de Estado solo logran avanzar cuando confluyen distintos factores: la presión y movilización social, el compromiso de algunos sectores del Poder Judicial, el trabajo sostenido de los organismos de derechos humanos y la existencia de políticas estatales orientadas a impulsar las investigaciones.

Pero ese avance, sostiene, suele encontrarse con la influencia de sectores económicos que conservan capacidad para intervenir sobre las decisiones institucionales.

Mucho más que vehículos y logística
Para Manestar, uno de los principales errores al analizar la responsabilidad empresarial consiste en reducir la participación de las compañías al aporte de recursos materiales para los operativos represivos.

En el caso Ledesma, sostiene, la colaboración fue mucho más amplia y estuvo vinculada con un objetivo central: desarticular la organización sindical dentro del ingenio.

La mayor parte de las personas detenidas y desaparecidas en la zona eran trabajadores de la empresa, muchos de ellos sindicalizados, delegados gremiales o integrantes de espacios de representación laboral.

También fueron perseguidos abogados laboralistas y referentes vinculados con la defensa de los derechos de los trabajadores.

Para la abogada, esa persecución no puede separarse del beneficio económico posterior obtenido por la empresa.

La eliminación de una estructura sindical construida durante años permitió modificar las relaciones laborales e imponer condiciones que implicaron una pérdida de derechos para los trabajadores.

"Esa desarticulación obviamente implica un beneficio económico para la empresa", sostiene.

Desde esa perspectiva, la responsabilidad empresarial no se limita a haber facilitado el funcionamiento del aparato represivo, sino también a haberse beneficiado de las consecuencias que esa represión produjo sobre el mundo del trabajo.

Los testimonios reunidos durante décadas de investigación judicial, explica, permiten reconstruir un entramado de colaboración que excede ampliamente la entrega de vehículos o la provisión de infraestructura.

"La empresa aportaba nombres con las personas a desaparecer", afirma.

También señala que numerosas detenciones se realizaron dentro del propio predio del ingenio y con conocimiento de la empresa. Ese aspecto, además de revelar la participación en el esquema represivo, implicó una vulneración directa de los derechos laborales de los trabajadores.

Las declaraciones de sobrevivientes incorporadas a los distintos procesos judiciales también permitieron reconstruir otros mecanismos de presión utilizados contra quienes recuperaban la libertad.

Algunos trabajadores, según los testimonios, eran obligados a firmar renuncias o aceptar indemnizaciones inferiores a las que les correspondían como condición para recuperar su libertad.

"Te damos la libertad, pero vos tenés que firmar esto", resume Manestar sobre una práctica que quedó expuesta a partir de los relatos de sobrevivientes y de los juicios realizados en Jujuy contra integrantes de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas de seguridad.

Sin embargo, mientras las responsabilidades estatales pudieron ser discutidas en los tribunales, la dimensión empresarial de la represión continúa sin llegar a juicio oral.

Una deuda pendiente de la democracia
Para Manestar, esa diferencia constituye una de las principales deudas del proceso de memoria, verdad y justicia.

Durante las últimas décadas, la Justicia argentina avanzó en el juzgamiento de numerosos integrantes de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas de seguridad responsables de secuestros, torturas y desapariciones.

Pero la participación de los actores económicos que acompañaron, facilitaron o se beneficiaron del terrorismo de Estado permanece, en gran medida, sin una respuesta judicial definitiva.

La eventual realización del juicio contra Alberto Lemos tendría, por eso, una importancia que excede al caso particular de Ledesma.

No solo permitiría establecer responsabilidades individuales, sino que también podría convertirse en un antecedente relevante para la jurisprudencia argentina sobre la responsabilidad penal de empresarios involucrados en delitos de lesa humanidad.

Sin embargo, ese escenario continúa lejano.

Manestar advierte que la causa sigue atravesada por sucesivas dilaciones y que uno de los argumentos utilizados para justificar la demora es la falta de presupuesto.

"No hay plata para poder ejecutar estos juicios, no hay presupuesto para esto, no hay presupuesto para las políticas que hacen al sostenimiento de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia", afirma.

Para la abogada, esa explicación no puede analizarse separadamente del contexto político actual y del debilitamiento de las políticas públicas destinadas a sostener los procesos de memoria y justicia.

Cinco décadas declarando, esperando y reconstruyendo la verdad
La demora judicial no solo tiene consecuencias institucionales. También impacta de manera directa sobre quienes llevan medio siglo esperando una respuesta.

Malka Manestar recuerda que las víctimas y sus familias comenzaron a denunciar los hechos durante la propia dictadura. Frente a la imposibilidad de encontrar respuestas dentro del país, muchas de las primeras presentaciones fueron realizadas ante organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Amnistía Internacional.

Con el regreso de la democracia, los testimonios continuaron ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP). Más adelante, esas mismas historias volvieron a aparecer en los Juicios por la Verdad y, finalmente, en las causas judiciales reabiertas después de la anulación de las leyes de impunidad.

Ese recorrido implica que muchas personas hayan tenido que volver a narrar los mismos hechos una y otra vez durante décadas.

"Es una situación revictimizante", reconoce Manestar.

Las víctimas y sus familias debieron reconstruir una y otra vez experiencias marcadas por la violencia, la pérdida y la incertidumbre. Sin embargo, la abogada destaca que ese esfuerzo también permitió preservar pruebas fundamentales para las investigaciones judiciales.

Muchos de quienes declararon durante estos años ya fallecieron. Sus relatos, registrados en distintos momentos del proceso histórico, permanecen como una pieza central para comprender lo ocurrido.

Para Manestar, esa persistencia de las víctimas y sobrevivientes demuestra que la construcción de memoria no depende únicamente de los tiempos de la Justicia.

La memoria también se disputa en las calles
Aunque considera que los juicios son una herramienta fundamental para establecer responsabilidades, la abogada sostiene que la memoria colectiva se construye también por fuera de los tribunales.

"La memoria no es solamente lo que sucede en los juicios", afirma. "Es fundamental que sigamos manteniendo la memoria en las calles, la memoria en la lucha también".

En ese sentido, reivindica el valor de las marchas, los actos conmemorativos y las actividades organizadas por los organismos de derechos humanos y las organizaciones sociales.

Esa tarea adquiere una relevancia particular frente a las nuevas generaciones, que no vivieron la dictadura pero reciben el desafío de interpretar ese pasado en un presente atravesado por nuevas discusiones políticas.

Durante las actividades realizadas por los cincuenta años de la Noche del Apagón, uno de los ejes estuvo puesto especialmente en los jóvenes que fueron víctimas del terrorismo de Estado en Ledesma.

Entre ellos estaban estudiantes secundarios de la Escuela Normal de Libertador General San Martín.

"Nosotros hablamos de nuestra Tarde de los Lápices", explica Manestar.

La referencia apunta a un grupo de adolescentes que, al igual que los estudiantes secundarios perseguidos en La Plata en 1976, comenzaban a organizarse, participar en espacios colectivos y desarrollar una conciencia crítica sobre la realidad social.

Muchos de ellos eran hijos e hijas de trabajadores del ingenio Ledesma.

Para Manestar, esa juventud también fue blanco del aparato represivo porque representaba la posibilidad de una nueva generación comprometida con la participación política y social.

El terrorismo de Estado, sostiene, no buscó únicamente eliminar a dirigentes sindicales o militantes adultos, sino también disciplinar a quienes comenzaban a construir nuevas formas de organización.

Frente al negacionismo, sostener la memoria
En el contexto político actual, Manestar considera que mantener activas las políticas de memoria resulta todavía más importante.

Advierte que el problema no se limita al desfinanciamiento de programas estatales, sino que también existe una disputa por el sentido histórico de lo ocurrido durante la dictadura.

"Tenemos que tener muy claro cuáles son las dimensiones de estos discursos negacionistas y de qué manera también se reivindica el proceso genocida", señala.

Frente a ese escenario, entiende que la respuesta debe construirse desde distintos espacios: los medios de comunicación, las organizaciones de derechos humanos, las universidades, la investigación académica y todos aquellos ámbitos donde pueda sostenerse una reflexión crítica sobre el pasado reciente.

Para la investigadora, la memoria no es una tarea encerrada en los archivos ni limitada a los tribunales. Es una práctica colectiva que requiere presencia pública y transmisión entre generaciones.

En esa construcción, algunas figuras adquieren un valor simbólico especial.

Una de ellas es Olga Márquez de Aredes, referente histórica de la resistencia en Jujuy.

Olga Márquez de Aredes, una memoria que camina

Después del secuestro y desaparición de su esposo, el exintendente de Libertador General San Martín Luis Aredes, Olga Márquez de Aredes comenzó a marchar sola cada jueves alrededor de la plaza de la ciudad.

Llevaba un pañuelo blanco y una pancarta en la que reclamaba justicia.

Su imagen se convirtió con el tiempo en uno de los símbolos más fuertes de la resistencia en Jujuy.

Para Manestar, esa persistencia representa una forma de lucha que atravesó generaciones y que permitió sostener el reclamo incluso en los momentos más difíciles.

Con motivo de los cincuenta años de la Noche del Apagón, ANDHES publicó la nota 50 años de impunidad, 50 años de resistencia. El trabajo buscó reconocer, por un lado, la falta de condenas para los responsables empresariales de los crímenes de lesa humanidad y, por otro, el papel fundamental de las mujeres que sostuvieron durante décadas la búsqueda de verdad y justicia.

"Queríamos reconocer que durante estos cincuenta años hubo distintas mujeres que sostuvieron la lucha", explica Manestar.

Algunas continúan participando activamente en los espacios de memoria. Otras, como Olga Márquez de Aredes, fallecieron sin ver concretadas todas las respuestas que reclamaban.

Pero su recorrido, sostiene la abogada, fue fundamental para que las investigaciones pudieran llegar hasta el punto actual.

Un legado que une memoria, justicia y ambiente
El legado de Olga Márquez de Aredes, explica Manestar, no se limita a su lucha por memoria, verdad y justicia frente a los crímenes de la dictadura.

En los últimos años de su vida, Olga también incorporó a su militancia las denuncias ambientales contra el ingenio Ledesma y los efectos que la actividad industrial tenía sobre la comunidad de Libertador General San Martín.

Su historia permite, para la abogada, comprender que las vulneraciones de derechos no aparecen como hechos aislados, sino que muchas veces forman parte de entramados más amplios de desigualdad y concentración de poder.

Además de reclamar justicia por la desaparición de su esposo y por los crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado, Olga denunció la contaminación provocada por el bagazo de la caña de azúcar y las consecuencias sanitarias que afectaban a quienes vivían en las cercanías del ingenio.

Según recuerda Manestar, Olga murió a causa de un cáncer pulmonar asociado a la bagazosis, una enfermedad vinculada precisamente con la exposición permanente a ese material.

Para la investigadora, esa trayectoria muestra cómo la defensa de los derechos humanos puede extenderse hacia otras dimensiones de la vida comunitaria.

La memoria, sostiene, no se limita a recordar el pasado represivo, sino que también implica preguntarse por las condiciones presentes en las que viven las comunidades y por las distintas formas en que los poderes económicos pueden afectar sus derechos.

Por eso considera que figuras como Olga Márquez de Aredes siguen funcionando como "faros en el camino" para las nuevas generaciones de militantes, investigadoras y defensoras de derechos humanos.

Una causa que sigue esperando
A medio siglo de la Noche del Apagón, la causa por la responsabilidad empresarial de Ledesma continúa abierta y sin juicio oral.

El expediente concentra una de las discusiones más profundas que todavía atraviesan el proceso de memoria, verdad y justicia en Argentina: la necesidad de establecer qué responsabilidad tuvieron aquellos actores económicos que acompañaron el terrorismo de Estado, facilitaron su funcionamiento o se beneficiaron con sus consecuencias.

Para Manestar, juzgar esa dimensión pendiente no implica solamente reparar a las víctimas y a sus familias. También significa comprender cómo funcionó el poder durante la dictadura y qué continuidades de ese entramado todavía permanecen vigentes.

La posibilidad de que Alberto Lemos sea llevado a juicio representa, en ese sentido, una oportunidad histórica. No solo porque permitiría analizar responsabilidades individuales dentro del caso Ledesma, sino porque podría abrir un camino para otros procesos judiciales vinculados con la participación empresarial en delitos de lesa humanidad.

Pero mientras la causa continúa atravesada por demoras, el tiempo sigue siendo un factor decisivo.

Las víctimas envejecen. Los sobrevivientes mueren. Los responsables también.

La historia de la Noche del Apagón, sin embargo, continúa presente en los testimonios, en las calles y en las nuevas generaciones que retoman una pregunta todavía abierta: cómo juzgar a quienes tuvieron poder suficiente para participar de la represión y permanecer durante décadas lejos de los tribunales.

Cincuenta años después, la consigna que acompañó la lucha de sobrevivientes, familiares y organismos de derechos humanos mantiene su vigencia.

Memoria, verdad y justicia.

Escuchá la entrevista completa:

sábado, 21 de marzo de 2026

Arderá la memoria: las voces de las Madres de Rosario en un documental imprescindible a 50 años del golpe

En Aire Libre Radio Comunitaria, dentro del programa Señales, la mañana transcurría con el pulso de una fecha cargada de sentido: a medio siglo del golpe de Estado cívico, militar y eclesiástico, la memoria volvía a ocupar el centro de la escena. Entre actividades en escuelas, bibliotecas, sindicatos y centros culturales, la circulación de materiales documentales se afirmaba como una forma activa de sostener la historia. En ese marco, emergía una obra que, con el paso del tiempo, se había vuelto indispensable: Arderá la memoria.

El periodista introdujo la conversación situando el documental como una pieza clave dentro de ese entramado de iniciativas conmemorativas. La película, centrada en las voces de las Madres de la Plaza 25 de Mayo de Rosario, tendría una nueva proyección el domingo 22 de marzo a las 18 en el El Cairo Cine Público, con entrada gratuita. Del otro lado de la comunicación, Marianela Scocco, productora e investigadora del film, reconstruía la historia de una obra que, dieciséis años después de su estreno en 2010, no había perdido vigencia.

Scocco evocaba aquel contexto inicial como un tiempo atravesado por el auge de las políticas de memoria y el comienzo de los juicios de lesa humanidad en Rosario. En ese clima, un grupo de jóvenes que acompañaba a las Madres en sus rondas de los jueves empezó a advertir algo urgente: esas voces estaban en riesgo de perderse. Muchas de ellas ya eran muy mayores; otras habían fallecido. La necesidad de registrar sus testimonios se volvió entonces una tarea impostergable. El documental nació de ese impulso: preservar la palabra viva, construir un archivo que capturara sus historias en primera persona.
La decisión estética acompañó esa búsqueda. No habría voz en off. La narración quedaría completamente en manos de las propias Madres, a través de entrevistas que, en aquel momento, aún podían realizarse con cinco o seis de ellas. A ese material se sumaron fragmentos de archivo —imágenes y registros de quienes ya no estaban—, componiendo un tejido donde la memoria se sostenía, literalmente, en las voces de sus protagonistas. Con el tiempo, esa intuición inicial se volvió certeza dolorosa: poco después del rodaje, todas las Madres fallecieron. El documental, decía Scocco, se convirtió así en un lugar donde volver a encontrarlas.

A lo largo de los años, la película construyó un recorrido amplio. Se proyectó en escuelas, clubes, centros culturales y salas de cine, tanto en el país como en el exterior. Su duración —45 minutos— resultó, según la productora, una clave para su llegada a públicos diversos, especialmente a jóvenes. Contra ciertos prejuicios sobre la atención de las nuevas generaciones, la experiencia repetida fue la de una escucha profunda, atenta, atravesada por preguntas. Cada proyección derivaba en conversaciones, muchas veces con estudiantes, que encontraban en el documental una puerta de entrada a la historia reciente.

Hubo un tiempo, recordaba Scocco, en que esas instancias de intercambio contaban con la presencia de las propias Madres. Ellas asistían a las escuelas y dialogaban con los estudiantes, generando momentos de una intensidad difícil de replicar. Sin embargo, el lenguaje audiovisual, con su capacidad de transmitir no solo información sino también sensibilidad, permite hoy que algo de esa experiencia persista. "No es lo mismo que las puedan ver y sentir", sugería, subrayando una dimensión que excede las palabras.
El film, disponible también en plataformas digitales, adquiere otra dimensión en la sala oscura. Verlo en el cine —insistía— potencia su impacto. Y no solo por la imagen: la música original, compuesta por Matías Díaz, constituye uno de sus elementos más conmovedores. Las piezas, creadas especialmente para la película, acompañan momentos clave, como la enumeración de los nombres de los desaparecidos, generando una carga emocional que muchos espectadores destacan. La canción final, también de su autoría, sintetiza ese trabajo atravesado por el compromiso.

La dirección de Eugenio Maglioca aportó una mirada que, según Scocco, se distingue especialmente en el tratamiento sonoro respecto de trabajos anteriores como No somos héroes. Pero más allá de los aspectos técnicos, la productora insistía en una idea: el documental está atravesado por el amor y por una ética militante. Ese espíritu se expresa también en las decisiones narrativas, como la inclusión de la militancia política de los hijos e hijas de las Madres. En un momento en que ese aspecto aún no era tan visibilizado, el equipo optó por incorporarlo como una forma de reivindicación integral: no solo de las Madres, sino también de los proyectos políticos de esa generación.

Esa elección abre, todavía hoy, discusiones en los espacios de proyección. Las preguntas de los jóvenes —sobre organizaciones como Montoneros o el ERP, sobre la lucha armada, sobre el contexto político de la época— habilitan debates que el documental no esquiva. Al contrario, los promueve como parte de una comprensión más amplia del período, incluyendo también a otros sectores perseguidos por la dictadura: trabajadores, estudiantes, militantes sociales.

Realizada con recursos mínimos, casi de manera artesanal, la película es también testimonio de una práctica colectiva. El equipo, joven e inexperto en su mayoría, logró concretarla gracias a aportes solidarios y al acompañamiento de quienes compartían ese espacio con las Madres. Scocco lo resumía como un trabajo "a pulmón", donde la falta de medios se compensó con convicción.
La nueva proyección en El Cairo se inscribe en ese mismo horizonte. Al tratarse de una función gratuita —como es habitual en ese espacio los domingos—, se espera una sala llena, por lo que se recomienda asistir con anticipación para retirar entradas. La actividad no se agota en la exhibición: tras la película, se abrirá un espacio de intercambio con sus realizadores, prolongando ese gesto que ha acompañado al documental desde sus inicios.

A cincuenta años del golpe, Scocco situaba el sentido profundo de la convocatoria: recordar a las Madres no solo como figuras del pasado, sino como protagonistas de una lucha que sigue interpelando el presente. En su mirada, reivindicarlas implica también recuperar los proyectos por los que pelearon sus hijos e hijas, y pensar en las deudas aún abiertas: las desigualdades, los derechos vulnerados, las condiciones de vida de amplios sectores. La memoria, en ese sentido, no es un ejercicio estático, sino una práctica viva.

Así, Arderá la memoria vuelve a proyectarse no como una pieza cerrada, sino como un dispositivo en movimiento. Un puente entre generaciones, una herramienta pedagógica y, sobre todo, un espacio donde las voces que ya no están siguen diciendo.

Escuchá la entrevista completa:

lunes, 22 de diciembre de 2025

La ronda, el mural y Juane, que sigue marcando el camino

Un homenaje en la Plaza 25 de Mayo unió la historia de la dictadura con las urgencias del hoy. Entre murales desplazados, voces silenciadas y exilios forzados, la ronda reafirmó que la memoria no se negocia
El jueves pasado, en la Plaza 25 de Mayo, la Ronda de las Madres volvió a ser lo que siempre fue: un territorio de memoria activa, de abrazo colectivo y de denuncia. Allí, donde la historia insiste en hablar en presente, se rindió homenaje a Juane Basso, Juan Emilio Basso Feresín Saint Girons, periodista, militante de derechos humanos, compañero imprescindible.

Juane no es solo un nombre que hoy designa una calle del barrio Tío Rolo, en Rosario. Es una presencia que vuelve una y otra vez. El amigo, el compañero, el periodista de esta ciudad que una noche salió a jugar al fútbol y murió de manera inesperada. Una muerte súbita, injusta, imposible de asimilar. Porque Juane tenía todavía mucho para dar. Y sin embargo, dejó trazado un camino: el que enseñaron las Madres, los organismos, las luchas que no se negocian.

Ese camino también se dibuja en un mural. Un mural que ha sido trasladado, desplazado, descuidado. Primero estuvo en el Pasaje Gregoria Pérez de Denis, luego en el Pasaje Juramento. Un Juane sonriente, señalando hacia arriba, marcando rumbo. Cuando el municipio decidió pintar a San Martín y luego a Belgrano, el mural fue corrido, reubicado, y finalmente quedó a mitad de camino, sin mantenimiento. Como tantas veces ocurre con la memoria cuando incomoda. Ese descuido material de la imagen fue también una forma de disputa por el sentido de la memoria.

La semana pasada debía volver a ponerse en valor. La lluvia lo impidió. Se reprogramó. Y en esa espera —entre chaparrones, fechas corridas y encuentros inevitables— surgió un homenaje profundo, cargado de historia y de presente.

Fue una ronda atravesada por el tiempo. Por el pasado que no pasa, por el presente que duele y por un futuro que se defiende a fuerza de memoria.
Tomó la palabra Pablo Álvarez, y su voz puso marco y sentido a lo que estaba ocurriendo: "La lucha sirve, sirve estar en las calles con todo lo que cuesta. De eso se trata: estar en las calles. En esta ronda tan especial hoy vamos a homenajear la lucha. Se van a cumplir 50 años del golpe genocida, por eso queríamos hacer este jueves tan especial. En diciembre, en el Día Internacional de los Derechos Humanos, siempre es la idea recordar las luchas, recordar a quienes hicieron posible que estemos hoy acá, en esta plaza, a nuestras queridas Madres, que nos dieron ejemplo y nos dejaron la vara muy alta. Para comprometernos, para saber que no podemos abandonar ninguna lucha y que tenemos que seguir en las calles más que nunca".

En Señales, Pablo nombró a Juane como lo que fue y sigue siendo: un compañero imprescindible. Y anunció un mensaje que condensaba una verdad incómoda del presente: "Vamos a tener también un mensaje muy especial de su compañera, de nuestra querida abogada, militante, referente, Nadia Schujman, que hay que decirlo: hoy está en condición de refugiada política, fuera de la Argentina. Esta es la realidad que estamos viviendo".

No hablaba de la dictadura. Hablaba de hoy. De Santa Fe. De 2025.
Antes de cruzar al Pasaje Juramento para abrazar el mural de Juane, se escuchó la voz de Nadia Schujman, llegando desde lejos, pero entrando de lleno en la plaza. No envió un saludo: envió un abrazo.

Un abrazo circular.

Hola, queridas, queridos. Soy Nadia.
Bueno, Pablo me pidió, me sugirió, que mandara este mensaje. Me había escrito antes Alfredo, le había dicho que sí, y me cuesta tanto no haberlo hecho, pero bueno: junté fuerzas para mandarles este mensaje desde estas tierras lejanas. Pero, hermanas, no es un saludo, porque me parece muy distante, sino más bien un abrazo circular, que dé muchas vueltas, muchas rondas, a esa plaza que tanto significa en el plano colectivo —que es el más importante— y en el plano personal, que representa tanto para mí.

Esa plaza que representa el lugar donde Juane, desde muy chiquito, empezó a ir de la mano de su mamá María Eugenia y de la tía Mari, María Rosa Saint Girons White, Madre de la Plaza.
Esa plaza a la que comencé a acudir desde muy joven, cuando me sumé a HIJOS.
Esa plaza en la que mis hijos jugaron y rondaron desde el cochecito.
Esa plaza en la que Juane habló tantas veces y protagonizó tantas luchas justas.
Esa plaza en la que resistimos el dos por uno.
Esa plaza a la que convocaron para bancarme, en uno de esos gestos de amor de esa época, que me sostuvo y me permitió seguir luchando.
Esa plaza que abrazamos a nuestras queridas Madres tantas veces.
Esa plaza en la que nos encontramos.
Esa plaza que tantas veces me vio abrazar a Ana y rondar charlando.

Una plaza en la que no solo resistimos, sino también festejamos. Festejamos sentencias, victorias y hallazgos.
En esa plaza hicimos el acto por la identificación de los huesos de Guillermo White, tío de Juane. Y ahí elegí dejar también las cenizas de Juane. No había un lugar mejor. Un lugar en el que él siempre creía que debían darse todas las peleas que había que dar. Ahí se encontró también con los labradores que antes abrazaron la tierra y el aire de la plaza.

Nosotros —Juana, Pedro y yo— estamos viviendo en la Ciudad de México, en este país que ha sido muy generoso con nosotros. Nos acogió inmediatamente. Nos reconoció como refugiados políticos. Nos apapacharon mis compañeros de HIJOS México. Fue un proceso muy doloroso, pero de a poco vamos armando nuestra vida.

A Juana y a Pedro les va muy bien en sus estudios. Y yo soy directora en el área de graves violaciones a los derechos humanos de la Comisión de la Ciudad de México. Así que ando con las madres buscadoras, las víctimas de tortura, los familiares de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales. Y siento como un privilegio poder hacer eso también acá.

Perdón que les hable tanto de mí, pero sé que andaban con ganas de saber. Hoy, amorosamente, una vez más van a repintar el mural de Juane y recordarlo, volverlo a pasar por el corazón y pensar cuánta falta nos hace. Y sí, pero pienso en cuánto nos dejó, y en estos tiempos tan jodidos, tan crueles, defendamos la ternura como un mandato ético.

Los abrazo otra vez y los extraño siempre.
Nadia.

Después fue el turno de Olga Regina Moyano. Su voz trajo otra dimensión del homenaje: la del Juane niño. El Juane nacido en 1977. El Juane atravesado por el terrorismo de Estado desde el primer día.
Olga habló del penal de Devoto, de las visitas, de las mujeres presas políticas:
A mí me cuesta hablar, pero no quería dejar pasar esta oportunidad para hablar del Juane niño. Del Juane que conocimos allá en Devoto, en las visitas, en el año 1977. Él nace en el año 77 y su madre es detenida en el Hospital San Roque de Paraná cuando va a parir a su hijo. Su papá, Emilio Osvaldo Feresín, había desaparecido un día antes y la madre estaba muy preocupada.

Juan Emilio, Juan, fue un niño que sufrió mucho. Lo usaron para torturar a la madre, para encontrar. Y realmente la entereza que tuvo María Eugenia, María Eugenia Saint Girons, fue muy importante, y también el acompañamiento que tuvimos todas las mujeres en Devoto en ese momento.

El Juane niño, para mí, era verlo en una ventana del penal cuando venía, ya en las últimas épocas, porque antes era verlo a través de un vidrio, cuando podíamos escaparnos y chusmear. Era leer las cartas colectivas que ella le hacía a ese Juane. Recupera su libertad en el año 82.

Y bueno, quería traer acá a ese Juane niño, a ese Juane torturado, y a esa madre, a María Eugenia Saint Girons. Una compañera entrañable.

Gracias, compañeros.
Ese jueves no solo se homenajeó a Juane Basso. Se volvió a pasar a Juane por el corazón. Se lo nombró en todas sus edades: niño, militante, periodista, compañero. Se denunció el pasado y el presente. Se nombró la dictadura sin atajos. Se denunció el presente sin miedo.
Se sostuvo el exilio como herida abierta. Se volvió a abrazar a las Madres. 

En la Plaza 25 de Mayo, el pasado jueves, no solo se repintó un mural. Y se reafirmó algo esencial: que mientras haya ronda, memoria y ternura organizada, el camino que Juane señaló sigue abierto.

Escuchá los testimonios completos:

domingo, 14 de septiembre de 2025

Cuando la ficción es verdadera: Luis García Conde y el eco de los años oscuros

Esta semana se presentará en Rosario el libro Lo peor es el misterio, una obra que nos invita a recorrer una historia profundamente vinculada a nuestra memoria colectiva, a nuestra vida cotidiana.

La presentación tendrá lugar en la Librería Mal de archivo (Urquiza 1613), y contará con la presencia de su autor, Luis García Conde. Acompañarán el evento Ana María Moro, Cecilia Vallina y Alicia Gutiérrez, quienes compartirán su lectura y reflexión sobre esta obra.

El libro propone un recorrido narrativo por los caminos de una generación marcada por el terror impuesto por las dictaduras, entrelazando con sensibilidad temas como la alegría, el dolor, el sentido, la muerte y el amor. Se trata de una trama reflexiva y atrapante que invita a pensar, sentir y recordar.

En diálogo con el programa Señales, Luis García Conde, lo primero que surge es una pregunta inevitable: el título de su libro, Lo peor es el misterio, resulta tan intrigante como evocador. ¿Qué sentido tiene ese misterio? ¿Se refiere a la vida, al destino, a lo inexplicable?

El autor se adentra en el significado detrás del título: "El título —explica— alude a dos dimensiones. Por un lado, al sentimiento del joven protagonista de la novela, que se encuentra sometido a decisiones tomadas por alguien desconocido, alguien que definirá su vida, su libertad o su permanencia detenido.

Por otro lado, el misterio aparece como una reflexión más amplia: ¿qué determina que una persona termine del lado del carcelero y otra del lado del encarcelado? ¿Qué hace que alguien mantenga la coherencia de sus ideales a lo largo de la vida, mientras otros la pierden? ¿Por qué algunos desarrollan ciertos rasgos y otros no? ¿Por qué algunos mueren jóvenes, de forma fortuita o violenta, y otros logramos envejecer? ¿Qué separa a quienes fueron asesinados de quienes sobrevivimos?".

En sus palabras, el misterio no es una abstracción, sino una pregunta constante que atraviesa la experiencia humana, especialmente cuando se trata de las heridas abiertas por la historia reciente.

Consultado sobre si Lo peor es el misterio puede definirse como una ficción basada en hechos reales, Luis García Conde recurre a un concepto de Eloy Martínez: el de las ficciones verdaderas.

Explica que la novela se inscribe en esa línea, en la que lo narrado surge de hechos que efectivamente ocurrieron, pero que han sido reconstruidos desde la memoria y el lenguaje. Si se tratara de una película —dice— podría llevar esa leyenda habitual: basada en hechos reales.

Aclara que nunca una representación es del todo exacta. La memoria, por su naturaleza, falla, selecciona, olvida. Podemos recordar los grandes trazos de un acontecimiento, pero no siempre los detalles, las pequeñas circunstancias. Y a eso se suma otra limitación: las palabras, que nos obligan a elegir qué contar, qué resaltar, qué dejar en sombra.

Por eso, concluye, esta novela puede definirse como una ficción verdadera: una construcción literaria que nace de lo real, pero lo transforma para poder narrarlo.

En Lo peor es el misterio, el secuestro y la detención de un joven de 17 años se sitúan en uno de los períodos más oscuros de la historia argentina. Ante la pregunta sobre la importancia de contar esta historia desde una experiencia personal y cómo esto enriquece el relato, Luis García Conde reflexiona:

"Para todos los escritores, señala, narrar es, de alguna manera, siempre un acto autobiográfico. Resulta muy difícil construir una fantasía completa  —señala—, imaginar situaciones sin apoyarse en recuerdos o experiencias vividas, ya sea de forma directa o indirecta".

En su caso particular, haber sido víctima de la dictadura cívico-militar le brindó los elementos esenciales para escribir esta novela. De hecho, en el texto menciona intentos previos de abordar esta historia.

Pero hay un factor que sólo el paso del tiempo puede aportar: la madurez. Al llegar a una etapa más adulta, con distancia y reflexión, es posible escribir con mayor calma, con una templanza que permite hacer una mirada mesurada sobre el pasado.

A diferencia de muchas obras sobre la represión ilegal, Lo peor es el misterio no tiene una intención exclusivamente reivindicatoria o política. Ante esta diferencia, Luis García Conde explica que su novela busca contar una historia, más que hacer un manifiesto.

Se trata de la historia de un joven que creció en las décadas del 60 y 70, un joven como tantos otros, cuya vida se vio marcada por ese oscuro capítulo de nuestra historia. El autor destaca la importancia de que las nuevas generaciones, que no vivieron esa época, puedan comprenderla en sus propios términos.

"No se trata de juzgar los hechos del pasado desde el presente, desde nuestra cultura o realidad política actual —dice—. Es necesario situarse en aquel momento para entenderlo".

La novela intenta reflejar lo que sentía un joven de clase media en ese contexto, lo que fue experimentando en una historia que, como a tantos, lo arrastró. Miles de jóvenes —decenas de miles, en realidad— que se comprometieron y enfrentaron destinos muy distintos, muchos de ellos trágicos.

La importancia de mantener viva la memoria de esos hechos, sobre todo para las nuevas generaciones que no vivieron directamente la dictadura, es un punto que Luis García Conde destaca con énfasis.

El autor explica que, al escribir el libro, su principal objetivo fue dejar un testimonio concreto, algo que perdure en la memoria y en el papel. Manifiesta una preocupación creciente por la información que circula en la web, que con el tiempo puede desaparecer o volverse inaccesible.

"No somos nosotros quienes decidimos qué queda y qué desaparece —dice—. Me ha pasado a mí mismo: he escrito textos hace años que hoy me cuesta encontrar".

Por eso, subraya la importancia de trabajar con archivos, de crearlos y conservarlos, especialmente en soportes físicos como el libro, que resisten mejor el paso del tiempo.

Su mayor deseo es que este testimonio llegue a los jóvenes. "He sido docente muchos años —confiesa—, y no hay nada mejor que llegar a un joven y lograr que comprenda ese momento histórico".

En la novela se abordan las paradojas que se dan en la cárcel, donde adversarios políticos, enfrentados en libertad, terminan encontrándose y descubriendo, en ese espacio común, más motivos para coincidir que para enfrentarse.

Luis García Conde explica que en su obra intentó evitar los juicios simplistas. Su objetivo fue describir una realidad humana compleja, que no puede reducirse a categorías binarias de buenos y malos.

"El pensamiento binario —dice— puede servir para estudiar o clasificar, pero los seres humanos somos complejos: todos llevamos en nosotros algo de bondad y algo de maldad. Esto no significa, por supuesto, justificar los hechos atroces que ocurrieron, sino reflexionar sobre la naturaleza humana".

Con la cercanía de los 50 años del golpe militar de 1976, el autor repasa esa historia y en ella encuentra personajes que, aunque por sus ideas deberían haber sido solidarios, no lo fueron, y otros, con posturas más conservadoras, que tuvieron gestos humanos significativos.

Esta mirada, añade, puede ser útil para el presente: "A veces, quienes fueron adversarios políticos en otro tiempo, frente a gobiernos extremos como el actual, vuelven a encontrarse y a unirse. Eso es algo valioso de observar".

La novela narra precisamente la historia de personas que, en libertad, estaban enfrentadas políticamente y que, luego, bajo la represión de la dictadura, terminan juntas en la cárcel. Allí surge un vínculo humano, porque, finalmente, lo humano está por encima de lo político, que es circunstancial.

Cuando se le pregunta qué buscó lograr con Lo peor es el misterio, Luis García Conde responde que su intención principal fue dejar un testimonio que ayude a la comprensión histórica.
"Quise escribir algo que fomente no solo la reflexión política, sino también una reflexión más profunda sobre el ser humano —explica—, sobre lo que es sustantivo en nosotros: vivir, amar, y valorar las cosas cotidianas, las pequeñas".

Su propósito final es que esta obra contribuya a la memoria colectiva y que las nuevas generaciones puedan aprovecharla para construir su propia historia, reconociendo, valorando y también cuestionando lo que quienes los precedieron hicieron en esa lucha.

Consultado sobre cómo influyó su formación como historiador y su experiencia política en la forma de abordar la narración y las reflexiones de Lo peor es el misterio, Luis García Conde responde que su formación fue clave en dos aspectos.

Por un lado, le permitió señalar con precisión los distintos momentos históricos que atraviesa la novela. Por otro, lo ayudó a describir la complejidad inherente a la historia, que nunca es unidireccional ni lineal, y que está llena de contradicciones.

Además, el autor intenta transmitir una mirada amplia sobre los años 70, más allá de la acción de los combatientes armados y las organizaciones guerrilleras.

"Hubo un proceso en Argentina y en toda Latinoamérica en el que los pueblos se rebelaron y enfrentaron dictaduras —explica—. Para un joven de hoy puede resultar difícil imaginar que existió la censura a libros y autores, la persecución a la cultura, las detenciones arbitrarias de jóvenes, el corte forzado del cabello, el encarcelamiento sin causa y la naturalización de la tortura".

Recuerda que hubo grandes movimientos populares, como el Córdobazo, el Rosariazo o el Tucumanazo, que movilizaron a las masas. Y que, cuando la dictadura tomó el poder, definió un concepto amplio y peligroso: el de subversivo.

"Subversivo no era solo el combatiente armado, sino también Mercedes Sosa, un actor, un director teatral, un profesor universitario, un intelectual, un escritor, un delegado en una fábrica o un militante estudiantil".

Esta mirada histórica amplia, dice, es fundamental para comprender que la persecución no se limitó exclusivamente a militantes armados, como se quiso instalar, sino que afectó a una diversidad de personas y sectores, tal como queda reflejado en el informe de Nunca Más.

Finalmente, Luis García Conde comparte qué espera que los lectores se lleven al terminar Lo peor es el misterio.

Desea que sea un libro accesible, que se lea con facilidad, que evite lo morboso y se adentre en las cuestiones humanas profundas. Explica que la novela está estructurada en tres momentos: un antes, que muestra cómo se llega a la dictadura; un durante, que relata la dictadura misma; y un después, la reconstrucción, que tal vez sea la parte más tranquila, pero también la más común, la vida de un joven que, a pesar de lo sufrido, logra salir adelante, formar una familia y encontrar felicidad.

"Espero que pueda llegar al corazón de los lectores —dice—. Y que el mensaje que quede sea uno de amor".

La presentación del libro será el jueves 18 de septiembre a las 19:30 en la librería Mal de Archivo, ubicada en la calle Urquiza 1613. Contará con las presentaciones de Ana Moro, Cecilia Vallina y Alicia Gutiérrez, y está organizada por el Centro Cultural Madres de la Plaza 25 de Mayo. La editorial que publica la obra es Barco Edita.

Luis García Conde nació en Santa Fe, pero desarrolló su vida en Buenos Aires. Es historiador por formación, docente por vocación y escritor por pasión. Ha publicado artículos en diversas revistas, como Crisis, Todo es Historia, Voces Recobradas y Revista de Historia Oral, entre otras. Además, ha escrito varios libros, y Lo peor es el misterio es su primera novela de ficción.

Escuchá la entrevista completa:

Prólogo
Palabra mínima
Este libro de Luis Ignacio García Conde se suma a la ya extensa y necesaria serie de obras publicadas en los últimos años sobre la dictadura militar que asoló Argentina entre 1976 y 1983. Pasadas varias décadas de ese acontecimiento, los recuerdos de sus protagonistas adquieren un carácter de testimonio de época, que va mucho más allá de la memoria personal: se transforman en parte de la memoria colectiva, en piezas indispensables para reconstruir la historia desde la experiencia vivida.

Aunque Lo peor es el misterio puede ser considerado una autobiografía, también puede leerse como una novela de formación, centrada en la vida de un joven cuyo compromiso político y apasionada militancia lo condujeron a la prisión y a la tortura, como les sucedió a tantos y tantas de su generación. A través de este relato, se da cuenta no solo del sufrimiento, sino también de la resistencia, del despertar político, de la conciencia social, del valor de la solidaridad.

Por otra parte, el texto tiene un valor literario que no podemos dejar de destacar. Lo apreciamos en la precisa y evocadora descripción de ambientes y personajes, en la construcción de situaciones y diálogos, así como en el soliloquio íntimo del narrador, que aporta profundidad emocional y humana. La prosa cuidada y salpicada de giros poéticos da cuenta de un largo proceso de composición, paciente, reflexivo, que permite al lector adentrarse con sensibilidad en un universo narrativo tan duro como necesario.

Además, se intercalan numerosas reflexiones filosóficas que enriquecen el texto y lo colocan más allá del relato testimonial. Reflexiones sobre la falacia de una dicotomía entre el bien y el mal planteada sin matices; sobre la condición humana y su capacidad de ejercer crueldad; sobre la importancia de ponerse una y otra vez en el lugar del otro, no para justificar, sino para intentar comprender desde la humanidad compartida.

El libro nos interpela con interrogantes profundos sobre las fronteras de la vida y la muerte, sobre la existencia, el sufrimiento y la maldad. También se detiene en las formas en que el lodo y la felicidad coexisten, en cómo la bondad y la belleza logran abrirse paso, aun con dificultad, en nuestras vidas marcadas por la incertidumbre y la pérdida.

El relato contiene, a su vez, un claro objetivo pedagógico. Nos invita a reflexionar sobre la memoria, la verdad y la justicia, no como ideas abstractas, sino como símbolos vivos de una demanda histórica. Una demanda que se mantiene vigente y urgente, y que nos permite seguir afirmando, hoy más que nunca, con convicción colectiva y sin concesiones: nunca más.
Alberto Tasso y Cecilia Canevari

Contratapa
¿Quién decide la suerte de cada persona? ¿Dios, el destino, un genio invisible, las fuerzas de la naturaleza?

Cada nueva vida se enfrenta a la incertidumbre de un futuro abierto, a un juego de circunstancias y elecciones que determinarán ese existir. El devenir es un misterio que angustia.

Con estilo directo, como una ficción verdadera, el autor revela en el desenvolvimiento de una vida los caminos de su generación y las huellas del terror impuesto por las dictaduras.

La alegría, el dolor, el sentido, la muerte y el amor se hacen presentes en una narración tan reflexiva como atrapante.

Fragmento de un capítulo
...Bajo del ascensor, toco el timbre y espero en el hall privado. Fernando, mi mejor amigo del colegio, va a caer desmayado por la sorpresa de volver a verme. Tengo infinitas ganas de abrazarlo, de narrarle mis peripecias, de escuchar qué camino tomó su vida, de volver a divertirme con sus ocurrencias, con la manera en que imitaba a los profesores; recordar las rabonas en el zoológico, el Jardín Botánico o el cementerio de la Chacarita. ¡Qué inocentes éramos! Creíamos que si nos veía la policía paseando en horario escolar nos podía llevar por la fuerza a nuestras casas. Para esconder nuestra condición de estudiantes nos quitábamos las corbatas y los sacos. Ocultábamos el uniforme, junto con los libros y las carpetas, en un bolso deportivo. Los más bellos recuerdos, pequeñas picardías infantiles.

La madre de Fernando abre la puerta. Una mujer inmensa, de fisonomía rectangular. Es la misma mamá que nos dejaba en la heladera decenas de panqueques para que los rellenáramos con dulce de leche mientras hacíamos las tareas escolares.

No llega a abrir la puerta más que unos centímetros. Queda inmóvil. Duda, observa por la rendija… y vuelve a cerrar con violencia.
Grita:
–¡Fuera, fuera, no te queremos ver, no vuelvas nunca más, aléjate, andate de acá!

Quedo mudo, impávido, desarmado, sin fuerza, solo, descorazonado.

Me voy sin insistir. No hay lugar para los argumentos. Pienso en Fernando. Me pregunto qué habrá sido de su vida...

lunes, 1 de septiembre de 2025

La escuela 'Madres de Plaza 25 de Mayo', blanco de un operativo que vulneró derechos y sembró miedo

La comunidad educativa de la ESSO N°514 "Madres de Plaza 25 de Mayo" fue escenario, el pasado viernes 29 de agosto, de un operativo policial sorpresivo que incluyó la requisa de alumnos y alumnas —muchos de ellos menores de edad— sin orden judicial ni autorización formal. La intervención generó un fuerte rechazo por parte de organismos de derechos humanos y del gremio AMSAFE Rosario, que emitieron dos comunicados expresando su repudio, preocupación y solidaridad con la comunidad escolar.

El testimonio desde adentro: "Nos remonta a épocas oscuras"
En diálogo con el periodista José Maggi (RosarioI12), la docente y secretaria de Derechos Humanos de AMSAFE Rosario, Jésica Daloisio, relató con detalles lo vivido por docentes y estudiantes durante el allanamiento: "Todo ocurrió el viernes 29 de agosto a las 15:15 horas, en plena jornada normal, hasta que ingresaron unos treinta policías, entre ellos fuerzas especiales. No mostraron orden judicial ni documentación alguna que justificara su presencia. Dijeron que había una denuncia anónima por la supuesta presencia de un arma y que debían revisar todo el edificio".

El personal directivo fue apartado y el operativo se desplegó a lo largo de todo el turno tarde, con requisas en todas las aulas.

"Ingresaban al aula, hablaban con el docente a cargo y luego comenzaban a revisar mochila por mochila. Fue una situación de total avasallamiento. Tenemos divisiones desde primero a quinto año. Algunos chicos terminaron con ataques de pánico", relató Daloisio.

La docente también cuestionó la ausencia de protocolos claros y el accionar del Ministerio de Educación: "Consultamos a las autoridades ministeriales y nos dijeron que la policía actuó bajo normativa preexistente, pero nadie sabía cómo actuar. Quedamos helados. Esto nos remonta a épocas oscuras, cuando las fuerzas de seguridad ingresaban a las escuelas en los años más oscuros de nuestra historia reciente".

"La escuela debe ser un territorio de paz"
Desde AMSAFE Rosario manifestaron su profunda preocupación y repudiaron enfáticamente el accionar policial. En su comunicado afirmaron: "Esta acción generó un clima de miedo y ansiedad entre los estudiantes, el personal docente y no docente, y toda la comunidad educativa. Vulneró el derecho a un entorno educativo seguro y protegido".

También remarcaron que la intervención, basada en una denuncia que luego resultó infundada, debería haberse evitado: "La presencia policial en la escuela debe ser evitada en pos de proteger el bienestar emocional de los alumnos. Exigimos que se investigue lo sucedido y se tomen medidas para que no se repitan incidentes similares en el futuro".

"No a la militarización de las escuelas"
Por su parte, la Mesa de Organismos de Derechos Humanos Rosario, junto a otras entidades y colectivos, también emitió un comunicado en el que expresó su más enérgico repudio al operativo: "Este procedimiento, realizado sin orden judicial, se inscribe en la prepotencia e impunidad de las fuerzas policiales que avanza en nuestra provincia, de la mano del alineamiento del Gobernador Pullaro con los protocolos y planes represivos de la ministra Bullrich y el Gobierno Nacional".

El texto reafirma que las escuelas no pueden ser escenario de prácticas autoritarias: "Las escuelas deben ser espacios de formación académica y cultural, donde se protejan los derechos de niños, niñas y adolescentes. De ninguna manera es tolerable el ingreso de fuerzas policiales a los establecimientos educativos".

Finalmente, manifestaron su solidaridad con estudiantes, docentes, directivos y toda la comunidad educativa de la ESSO N°514.

Firman ese comunicado: Mesa de Organismos de Derechos Humanos Rosario – Ronda de la Plaza 25 de Mayo – Centro Cultural Madres de la Plaza 25 de Mayo – HIJOS Rosario – Nietes Rosario – Colectivo de Ex Presos Políticos Rosario – LADH Rosario – MEDH Rosario – Asociación Anahí Filial Rosario – Sitio de Memoria Biblioteca Popular Constancio C. Vigil – APDH Rosario – Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas Rosario

Pasado y presente: una escuela que enseña desde la memoria
En el año 2013, la comunidad educativa eligió nombrar al establecimiento como "Madres de Plaza 25 de Mayo", ubicada en pasaje Lejarza 5430 (Larrea al 3200), en barrio Triángulo de Rosario. La decisión fue el resultado de una votación interna, en la que ese nombre resultó el más elegido, en homenaje al ejemplo de resistencia, valor, conducta ética y respeto por las leyes de las Madres, así como por su compromiso cívico y dignidad frente al terrorismo de Estado.

En el acto de imposición oficial estuvieron presentes las Madres María Adela Panelo de Forastello, Elvira Finsterweld, Norma Birri de Vermeulen y Elsa Pozzi de Massa, acompañando con su testimonio y su presencia a toda la comunidad escolar.

domingo, 20 de julio de 2025

Santiago Maldonado en palabras de su hermano: la historia detrás del libro que desafía el olvido

A casi ocho años de la desaparición de Santiago Maldonado, ocurrida durante la violenta represión realizada por la Gendarmería Nacional el 1° de agosto de 2017 en la comunidad mapuche Pu Lof Cushamen, el libro Olvidar es imposible se presenta como un testimonio íntimo y contundente de la lucha por verdad y justicia frente a un Estado que aún no da respuestas. Su autor, Sergio Maldonado, comparte un recorrido marcado por la resistencia, el compromiso con la memoria y el peso de enfrentar la manipulación mediática y la violencia estatal.

En agosto de 2017, en el programa Señales, se escuchó un reporte de FM Alas desde El Bolsón que transmitía una preocupante noticia: un joven que acompañaba a comunidades originarias había desaparecido. Semanas después, el ventanal del estudio de Aire Libre, Radio Comunitaria, en la esquina de Virasoro y Teniente Agneta, se pegaron carteles que preguntaban: ¿Dónde está Santiago?
El libro como forma de resistir
Sergio recuerda que la necesidad de escribir surgió tras varios intentos fallidos. Fue Pedro Saborido quien, en 2019, le propuso contar la historia. Durante la pandemia, el caso parecía desvanecerse de la agenda pública. Al notar que empezaba a olvidar detalles esenciales, comenzó a escribir sin un plan definido. La escritura, guiada por la ayuda de su compañera Andrea y del equipo editorial, fue tomando forma como una narración íntima, directa y cargada de memoria. Lo que al principio fue un esfuerzo confuso terminó convirtiéndose en una suerte de confesión escrita.

Escribir le permitió repasar momentos dolorosos, pero también encontrar sentido. Como cuando leyó una carta que Santiago le había dejado antes de irse. Ahí entendió que no podía abandonar la búsqueda: "No podía traicionarlo. Si me callaba, me traicionaba a mí mismo".

Con Andrea, que lo acompañó durante todo el proceso, recuperaron registros, mensajes y sensaciones. Eso le permitió reconstruir una cronología precisa de la búsqueda durante 2017, etapa que decidieron delimitar para este primer volumen.
Narrar el dolor sin concesiones
La escritura, dice Sergio, fue también una forma de procesar la violencia institucional y mediática que vivió. La cobertura sesgada, las filtraciones y las operaciones de prensa desdibujaban lo que realmente estaba atravesando. Mientras aún no sabía si el cuerpo encontrado era el de su hermano, ya lo confirmaban en televisión. Años después, las pericias revelarían que ese cuerpo podría haber sido presentado un mes antes, lo que refuerza su sospecha de encubrimiento.

Una de las motivaciones del libro fue dirigirse también a quienes, por razones partidarias, miraron para otro lado. Sergio sostiene que el caso fue político desde el comienzo: una desaparición forzada con la intervención de una fuerza federal, amparada por el gobierno, con respaldo de jueces, fiscales y periodistas. Menciona particularmente a la entonces ministra Patricia Bullrich, a quien responsabiliza por impulsar esa política de violencia que, afirma, hoy continúa legitimada judicialmente.

A pesar de no provenir del activismo, Sergio asumió un rol público con determinación. La narrativa del libro es sincera, sin filtros y, a veces, hasta ingenua —reconoce— porque no tenía experiencia ni herramientas literarias. Lo que escribió fue lo que vivió: con dudas, con bronca, con dolor.
Confesó que había perdido la pasión por las cosas que hacía, y que eso era algo muy tormentoso. Por otro lado, al escribir este libro tuvo que remover cosas profundas, pero también le generó alivio. Aunque todavía no tenía el libro físicamente (dijo que recién el lunes iba a tenerlo en sus manos), ya sentía que había cumplido algo: que estaba contando, que se estaba abriendo, y que no tenía más para mostrar ni demostrar.

El orgullo, aseguró, lo había dejado en 2017. Ya no le quedaban otras herramientas. Comentó que hacía dos años había intentado hacer podcasts sobre casos de desapariciones forzadas, sin experiencia previa, y que incluso se había armado una diplomatura vinculada a eso: la Cátedra Santiago Maldonado, en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata.
Santiago le dejó otra vida a Sergio y dos mundos. Uno donde está la crueldad, y lo peor y más bajo de los seres humanos. Y también el otro, donde aparece lo mejor, lo excelso, lo más puro y maravilloso de las personas que lo ayudan a seguir creyendo.
Pedro Saborido
El anarquismo como convicción

Una parte importante del libro está dedicada a desmontar las distorsiones sobre la identidad de Santiago. Los medios hablaron de él como "artista callejero", "hippie" o incluso "terrorista mapuche". Pero quienes lo conocieron sabían que se identificaba con el anarquismo, no desde lo violento o dogmático, sino como una forma de vida coherente, basada en la solidaridad, el respeto por la naturaleza y la autogestión.

En ese camino, una figura clave fue Osvaldo Bayer, referente ético e intelectual del anarquismo en Argentina. Santiago había leído y admirado profundamente a Bayer, especialmente su trabajo sobre la Patagonia Rebelde. En el libro, Sergio recuerda que Bayer lo ayudó a entender mejor la raíz de las convicciones de su hermano: un pensamiento libre, profundamente humano y radical en su compromiso con los otros. Habló también de Esteban Bayer, a quien considera un amigo, y explicó que muchos de esos lazos surgieron a partir del recorrido de su hermano Santiago.
"No molesto a nadie": cómo la verdad incomoda al poder

Sergio explicó que podía entender ciertos niveles de persecución cuando se trataba de personas públicas, de figuras muy conocidas que habían tocado el poder de alguna forma. Mencionó, por ejemplo, el caso de Cristina Fernández de Kirchner, quien —según él— fue perseguida políticamente, y mencionó el caso de Milagro Sala, que está privada de su libertad, como parte de una reacción contra quienes habían enfrentado al poder o quitado beneficios a ciertos sectores. En esos casos, afirmó, podía comprender que existiera un pase de factura.

Sin embargo, dijo que nunca imaginó que él mismo tendría que atravesar una situación similar simplemente por buscar a su hermano. Insistió en que no había hecho nada más que cumplir con la ley: pagar impuestos, generar trabajo, tributar incluso en otras provincias y vender productos en distintos lugares. "No molesto a nadie", pensaba. Y, sin embargo, al salir públicamente a buscar a Santiago, le cayó encima toda una maquinaria de hostigamiento y violencia.

Se sentía como si de repente lo hubieran empujado a un lugar donde tenía que hablar ante los medios, cuando en realidad nunca había sido alguien que se expusiera públicamente. Confesó que ni siquiera en la escuela había sido de los que alzan la voz; le daba vergüenza hablar en público. Apenas si compartía opiniones dentro de su grupo de amigos. Esa transformación personal, narró, fue algo que nunca imaginó que atravesaría.

Con el tiempo, sin embargo, comenzó a reconocer el trabajo comprometido de muchos periodistas. Entre los periodistas y medios que valoró especialmente, destacó a Víctor Hugo Morales, el Gato Silvestre, Fernando Borroni, y también a medios alternativos como La Poderosa o la propia Aire Libre, Radio Comunitaria. Dijo que antes no los conocía ni consumía su contenido, y que fue en ese proceso que empezó a descubrir todo ese mundo. Hasta entonces, lo más tradicional que seguía era PáginaI12, C5N y algunas radios. Pero con el correr de los años, reconoció que todo había ido cambiando, y él también empezó a incursionar en otras áreas.

Se sorprendió, por ejemplo, al descubrir bandas de música que no conocía, su universo cultural estaba más encasillado en el rock nacional. Esa apertura fue una consecuencia inesperada del proceso que vivió.
La decisión de no abandonar

Entre los momentos más difíciles, destaca cuando se confirmó que el cuerpo hallado era el de Santiago. Estaba convencido de que no podía estar donde lo habían encontrado. Años después, las pericias palinológica y veterinaria dieron sustento a esa hipótesis: no había polen de pino en el cuerpo, a pesar de estar en una zona rodeada de pinos. Para Sergio, eso demuestra que fue plantado allí.

También relata cómo la causa judicial sigue estancada. Menciona que el juez fueguino Federico Calvete, designado hace casi 14 meses, aún no tiene el expediente físico en sus manos. Según informó el secretario del juzgado, la causa —con un peso aproximado de 350 kilos entre discos, computadoras y papeles— no ha sido remitida desde Esquel, donde supuestamente se encuentra. Mientras tanto, la causa está en Ushuaia, el fiscal en Esquel, la familia en Bariloche y Buenos Aires. La dispersión geográfica, sumada al peso político del caso, contribuye a la parálisis.

Sergio expresó que, aunque resultara inevitable, notaba ciertas diferencias en el trato que recibían las víctimas, especialmente en lo que respecta al ámbito de los derechos humanos, el judicial y las fuerzas de seguridad. Sin embargo, subrayó que estas últimas actuaban siempre de la misma manera, independientemente del gobierno de turno.

Eso le hacía pensar que, incluso en democracia, los gobiernos nacionales y populares no habían logrado erradicar del todo el "Nunca Más". Consideraba que seguían enquistadas ciertas prácticas heredadas de la dictadura, una maquinaria de represión que aún permanecía activa. Aunque reconocía que era una tarea difícil de desarmar, también insistía en que no era imposible.
La huella de Santiago: vivir con convicción, morir con dignidad

Comentó que Santiago, con sus 28 años, vivía con una intensidad y una entrega que él asociaba con la creencia de que se consideraba inmortal, propia de la juventud.

Sergio destacaba la forma en que Santiago vivía su vida: con libertad, con decisión, a su manera. Recordó que su hermano había dicho alguna vez que iba a llegar a Chile en bicicleta, y que efectivamente lo hizo. No le importaba cuánto tiempo tardara; avanzaba 30 kilómetros por día, 20, lo que fuera necesario, pero lo cumplía. Vivía como quería, al margen del sistema, desde otro lugar, con una libertad que Sergio consideraba auténtica. Señaló que eso era lo que más valoraba: que Santiago se animaba a vivir de acuerdo a sus convicciones, sin la carga de pagar impuestos, sin tener que asumir responsabilidades empresariales ni sostener estructuras. Era otro tipo de vida. Otra elección.

Justo antes de enterarse de la desaparición de Santiago, lo había estado recordando justo con alguien. Lo describió como una coincidencia extraña, casi inexplicable. En ese momento también pensó en ese contraste: Santiago, con su vida austera y libre, tan diferente de la que él llevaba. Como muchos, alguna vez soñó con dejarlo todo e irse a vivir a la montaña. De hecho, se había mudado a Bariloche intentando acercarse a ese estilo de vida. Pero, a los pocos meses, se dio cuenta de que no era tan simple: que sin dinero y sin trabajo, la fantasía de la casita con humo saliendo por la chimenea se desmoronaba rápido. Era, en sus palabras, "todo un cuento", porque la realidad exigía trabajar, pagar cuentas, sobrevivir.

Reivindicó en su hermano la capacidad de sostener ese estilo de vida, aunque aclaró que él no lo adoptaría. Ya lo había intentado y sabía que no era para él. Pero sí dejó en claro que nunca iba a traicionar ni a vender su dignidad. Estaba convencido de que, si a él le hubiese pasado algo, Santiago habría salido a buscarlo con el mismo compromiso. Tal vez de otra manera, pero con la misma determinación. Eso, para él, decía mucho.

Mencionó también al profesor Fernando Signorini, quien le decía con frecuencia que las cosas no eran casuales, que todo estaba trazado de algún modo. Que así como él había llegado a trabajar con Diego Maradona porque "tenía que ser", también Sergio había llegado a esta lucha porque ese era su camino. Él mismo reconocía que no habría podido hacer lo que hizo Santiago: no tenía las agallas ni el mismo tipo de compromiso. Contó que, muchos años atrás, había intentado acercarse a comunidades originarias y no había tenido una buena experiencia, por lo que se había alejado de ese mundo. Eso hacía aún más clara la diferencia entre ambos.
La búsqueda infructuosa de una familia que antepuso al puro dolor la pura dignidad.
Ana María Careaga 
"Pichón, hablá con el corazón": la memoria como acto político
La exposición mediática lo afectó profundamente. Recuerda cómo algunos medios instalaron versiones falsas y cómo ciertos periodistas lo amenazaron directamente. Aun así, siempre optó por una postura cauta y responsable, enfocada en lo judicial. Valoró el acompañamiento de referentes de derechos humanos, como Norita Cortiñas o Ana María Careaga.

El camino no fue fácil. Sergio tuvo que dejar su vida, su trabajo, su rutina. Vivió situaciones de violencia institucional y hostigamiento constante. En ese trayecto, Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, se volvió una presencia fundamental. "Si Nora, con sus más de 90 años, seguía caminando, ¿cómo no iba a seguir yo?", dice. Su abrazo fue contención, su ejemplo fue guía. "Ella me enseñó a resistir con amor."
Sergio reconoce que este proceso transformó su vida. Ya no se siente parte del mundo que habitaba antes. Perdió trabajos, proyectos, incluso la pasión por su oficio. Pero también ganó vínculos, nuevas formas de compromiso, y una causa que lo trasciende. Olvidar es imposible no es solo un libro, dice: es un acto de memoria, de justicia y de amor.

"No puedo traicionarlo", repite al recordar la carta que Santiago le dejó. Esa carta fue el punto de quiebre. Desde entonces, su única certeza fue no abandonar la lucha. Si hubiese sido al revés, está seguro de que Santiago habría hecho lo mismo por él.

Reconoció que el tema era mucho más extenso, pero por eso mismo —explicó— él sentía la necesidad de hablar de esto. Recordó una frase que le dijo en su momento Lita Boitano —presidía Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, falleció el año pasado—. En una ocasión, en la plaza, Lita —sin saber bien qué decirle— le soltó: "Mirá, Pichón, vos hablás siempre con el corazón. Y ahí las palabras te van a salir solas".

Una vida distinta, pero con dignidad
Sergio no idealiza la vida de su hermano, pero la respeta profundamente. Lo admira por haber vivido con convicción, con libertad, aunque él mismo no podría haber seguido ese camino. "Tal vez yo tenía una vida más cómoda, más estructurada. Pero no voy a traicionar lo que creo ni lo que él representaba."
En esa diferencia radica también la fuerza del vínculo. Y en ese vínculo, la decisión de seguir contando, preguntando, exigiendo. Porque mientras haya impunidad, olvidar es imposible. Y mientras haya memoria, la lucha sigue.

Contratapa de Alejandro Bercovich: la verdad detrás de una desaparición
Olvidar es imposible es una crónica atrapante, metódica, con la exhaustividad de quien movió cielo y tierra para encontrar la verdad. Y aquí cuenta por primera vez, y en carne viva, su odisea. 

Sergio Maldonado hace un relato pormenorizado de los 78 dramáticos días en los que su hermano Santiago estuvo desaparecido y su vida cambió para siempre. La búsqueda, las mentiras, la violencia estatal, la deshumanización, las operaciones de periodistas cómplices del poder, los relatos absurdos tejidos adrede para entorpecer el acceso a la verdad, el encarnizamiento de los trolls, el destrato de la Justicia, los infinitos pasillos de la impunidad.

Pero, así como la causa Maldonado expone los horrores de una sistemática injusticia que busca tergiversar los hechos y cubrir la verdad, también deja en claro la solidaridad, las redes de contención que se tejen para dar cobijo y para acompañar, y la grandeza de la humanidad de personas comunes que entienden la pena ajena como propia y, desde el lugar que pueden, ayudan. Esta es la historia de Sergio. Un hombre que sigue clamando, donde sea que vaya, para quien quiera oír y para quien no, el nombre de Santiago.

Sumergirse en estas páginas es abrir el corazón y las entrañas.
Biografía
Sergio Maldonado nació en la ciudad de 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, el 13 de mayo de 1973. En 1999 se estableció en Bariloche, donde realizó diversas actividades comerciales.

En el 2008 fundó Wally’s Tea Patagonia. Con la desaparición forzada y muerte de Santiago, su vida cambió. A partir de ese momento, además de buscar justicia por los medios legales, recorre diferentes ciudades brindando charlas y participando en actividades con el fin de mantener viva la memoria de Santiago, y persistir en la búsqueda de Verdad y Justicia.

Posee una diplomatura en Derechos Humanos y Crímenes de Lesa Humanidad por la Universidad Atlántida y es parte de la Cátedra Libre Santiago Maldonado en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social UNLP.

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