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martes, 18 de agosto de 2026

Más de mil científicos y académicos alertan por el "Súper RIGI"

Más de mil académicos, investigadores y referentes tecnológicos enviaron una carta al Senado para advertir sobre los beneficios fiscales, la estabilidad regulatoria por 30 años y el impacto ambiental del régimen de grandes inversiones que impulsa el gobierno de Javier Milei
Más de mil académicos, científicos, investigadores y referentes del sector tecnológico de todo el país difundieron una carta abierta dirigida a las senadoras y los senadores de la Nación para expresar su rechazo y preocupación frente al proyecto conocido como "Súper RIGI", que ya obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados y es analizado por comisiones del Senado.

La iniciativa amplía el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) vigente desde 2024 y establece un régimen de beneficios para proyectos de inversión de gran escala en sectores considerados estratégicos, entre ellos los centros de datos vinculados con inteligencia artificial, la minería, los hidrocarburos, la infraestructura digital, los semiconductores y la biotecnología.

La carta fue suscripta por integrantes de universidades nacionales, organismos científicos y tecnológicos y otras instituciones de distintas provincias. Entre los espacios bonaerenses representados figuran las universidades nacionales de Avellaneda, Hurlingham, Lanús, La Plata, Moreno, Noroeste, Quilmes, San Martín y Tres de Febrero, además de la Universidad Tecnológica Nacional y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC).

Una copia del documento fue remitida a los senadores nacionales por la provincia de Buenos Aires Eduardo "Wado" de Pedro, Juliana Di Tullio y Maximiliano Abad, en coincidencia con el tratamiento del proyecto en las comisiones de Presupuesto y Hacienda, Economía Nacional e Inversión y Legislación General.

La renuncia al derecho de regular sectores estratégicos
En el documento, los firmantes cuestionan especialmente la extensión temporal y el alcance de los beneficios que contempla el régimen. Sostienen que el proyecto otorgaría a grandes corporaciones tecnológicas transnacionales beneficios fiscales, estabilidad regulatoria y protección jurídica durante varias décadas, sin establecer —según advierten— contraprestaciones equivalentes en materia de empleo, transferencia tecnológica, investigación y desarrollo o compromisos de desarrollo nacional.

"El Súper RIGI no es una ley de promoción de inversiones, es la renuncia al derecho de regular sectores estratégicos durante una generación entera", sostienen los autores de la carta.

Según el perfil del proyecto difundido junto con el documento, el régimen alcanzaría a inversiones de al menos 1.000 millones de dólares y contemplaría, entre otros beneficios, una alícuota reducida del Impuesto a las Ganancias del 15% durante 30 años, libre disponibilidad de exportaciones e importaciones, estabilidad regulatoria, fiscal y cambiaria por tres décadas y exenciones de aranceles de importación.

Los firmantes también cuestionan la posibilidad de recurrir a mecanismos de arbitraje internacional, como los contemplados en el CIADI, y advierten que ese esquema podría reducir el margen de acción de las autoridades nacionales frente a futuras controversias.

En ese punto, la carta menciona el litigio relacionado con YPF como antecedente de los costos que, a criterio de los autores, puede tener la pérdida de margen de decisión jurisdiccional sobre sectores estratégicos.

La discusión por la inteligencia artificial
Uno de los aspectos centrales del documento es la advertencia sobre la eventual combinación del "Súper RIGI" con otra iniciativa que, según los firmantes, contempla reconocer personalidad jurídica a entidades operadas íntegramente mediante inteligencia artificial.

Para los autores, ambas propuestas podrían conformar una estructura jurídica inédita, en la que grandes empresas tecnológicas contarían con amplios privilegios económicos y regulatorios mientras se mantienen, según su interpretación, interrogantes sobre los mecanismos de control democrático y la asignación de responsabilidades.

La advertencia se produce en un contexto de creciente debate internacional sobre la regulación de la inteligencia artificial, el poder económico de las grandes empresas tecnológicas y las consecuencias de la expansión de la infraestructura necesaria para sostener modelos y servicios de IA.

Beneficios fiscales y centros de datos
La carta también pone en duda que los incentivos tributarios sean suficientes para determinar la localización de grandes centros de datos.

Los científicos y académicos sostienen que la evidencia internacional no ubica a las exenciones impositivas como el principal factor para definir dónde se instalan estas infraestructuras y consideran, por lo tanto, que la magnitud de los beneficios fiscales previstos debería ser revisada en función de las contraprestaciones exigidas a las empresas.

El documento plantea además interrogantes sobre el impacto ambiental de las inversiones de gran escala asociadas a la inteligencia artificial. En particular, señala el elevado consumo de electricidad y agua que pueden requerir los centros de datos y reclama regulaciones específicas sobre el uso de recursos naturales y las emisiones de carbono.

"En un contexto de estrés hídrico y crisis climática, eso no es un detalle técnico: es una decisión sobre el territorio y los recursos de las próximas generaciones", sostienen los firmantes.

La autonomía de las provincias, otro de los cuestionamientos
Otro de los puntos destacados por los autores está relacionado con las facultades de las provincias.

De acuerdo con el documento distribuido junto con la carta, las jurisdicciones que adhieran al régimen deberían comprometerse a no aplicar una alícuota de Ingresos Brutos superior al 0,50% a los proyectos alcanzados. Para los firmantes, esta condición supone una limitación significativa de la autonomía fiscal provincial durante un período de 30 años.

También cuestionan que las inversiones incorporadas al régimen puedan quedar protegidas frente a modificaciones regulatorias posteriores y advierten sobre las consecuencias que esto podría tener en materia ambiental, territorial y de utilización de recursos como el agua y la energía.

Durante su tratamiento en Diputados, el proyecto incorporó la exigencia de un informe técnico ambiental y social y un compromiso mínimo de compras a proveedores locales. Sin embargo, los autores de la carta consideran que esas incorporaciones no constituyen una evaluación de impacto ambiental vinculante ni garantizan a las provincias capacidad suficiente para establecer condiciones adicionales.

La situación de Buenos Aires
El planteo adquiere una dimensión particular para la provincia de Buenos Aires. Según el documento difundido, actualmente existen dos proyectos bonaerenses aprobados bajo el RIGI, vinculados con los sectores siderúrgico y de infraestructura.

El "Súper RIGI", en tanto, ampliaría el alcance del régimen a proyectos de mayor escala, incluidos centros de datos e industrias digitales con inversiones superiores a los 1.000 millones de dólares.

Los autores de la carta sostienen que la adhesión provincial al régimen podría comprometer durante décadas la autonomía fiscal de Buenos Aires y limitar la capacidad de establecer regulaciones propias frente a proyectos de gran impacto territorial.

El planteo también alcanza al sistema universitario bonaerense. La carta señala particularmente a las universidades nacionales del conurbano —entre ellas las de Hurlingham, Avellaneda, Moreno, José C. Paz y Quilmes— y contrapone los beneficios previstos para grandes inversiones con las dificultades presupuestarias que atraviesan las instituciones públicas de educación superior.

Críticas al financiamiento científico
Los firmantes vinculan el debate sobre el régimen de inversiones con la situación actual del sistema científico y tecnológico argentino.

En ese sentido, cuestionan el deterioro del financiamiento del CONICET, las restricciones presupuestarias que, según sostienen, afectan a las universidades y la pérdida de investigadores y profesionales altamente capacitados.

"Mientras se propone eximir durante décadas a grandes infraestructuras tecnológicas extranjeras, el Estado desfinancia al CONICET, desmantela todas las áreas del sistema científico, pone en crisis a las universidades y expulsa valioso capital humano formado durante décadas", afirma la carta.

Para los académicos, una política de desarrollo tecnológico debería combinar la llegada de inversiones extranjeras con el fortalecimiento de las capacidades científicas y productivas locales, la formación de recursos humanos y la generación de conocimiento propio.

Un llamado a los senadores
La carta concluye con un pedido a los integrantes del Senado para que analicen el proyecto no solamente en función de sus posibles beneficios inmediatos, sino también por sus efectos sobre el empleo, los recursos naturales, la soberanía tecnológica y la capacidad futura del Estado para establecer políticas públicas.

Los firmantes aclaran que no cuestionan la necesidad de atraer inversiones ni el desarrollo de nuevas tecnologías, pero plantean que esos objetivos no deberían implicar una renuncia permanente a las herramientas regulatorias del Estado.

"La Argentina necesita inversión y nuevas tecnologías. Pero no a cualquier precio, y no resignando para siempre las herramientas para decidir su propio desarrollo", concluyen.

El proyecto se encuentra ahora en una instancia decisiva de su tratamiento parlamentario. Con el texto ya aprobado por Diputados, el Senado deberá definir si avala el régimen, introduce modificaciones o posterga su tratamiento. Para los autores de la carta, la discusión excede la aprobación de un nuevo esquema de incentivos: se trata de determinar qué margen conservará el Estado argentino —y particularmente las provincias— para regular inversiones estratégicas durante las próximas décadas.

sábado, 18 de julio de 2026

"Nos están dejando sin futuro": el reclamo de los becarios del CONICET que advierten sobre el desmantelamiento del sistema científico

Mientras cientos de investigadores esperan una definición sobre su continuidad laboral, la comunidad científica advierte que el conflicto por las becas posdoctorales es apenas la cara más visible de un proceso de desfinanciamiento que pone en riesgo al sistema científico argentino. Caída histórica de la inversión, pérdida del poder adquisitivo, fuga de cerebros y laboratorios que resisten con recursos cada vez más escasos forman parte de un escenario que, según quienes lo integran, funciona "hasta con alambre". Desde Rosario, el historiador y becario posdoctoral del CONICET Andrés Carminati reconstruye, en diálogo con Señales, las dimensiones de un reclamo que trasciende la situación de 379 becarios y abre un interrogante sobre el futuro de la ciencia pública.

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Este miércoles, investigadores, investigadoras y becarios se movilizaron en distintos Centros Científicos Tecnológicos del país para reclamar la continuidad de las becas posdoctorales que vencen el próximo 31 de julio y denunciar el deterioro de las condiciones laborales y presupuestarias del principal organismo de investigación científica de la Argentina.

La protesta tuvo su expresión en Rosario, donde se concentraron frente al Centro Científico Tecnológico local. Sin embargo, el conflicto trasciende la ciudad y alcanza a todo el sistema científico nacional. El foco inmediato está puesto sobre 379 becarios y becarias posdoctorales que ya concursaron para ingresar a la Carrera del Investigador Científico, pero cuyos resultados recién se conocerán en agosto del año próximo. Si son seleccionados, recién podrían incorporarse formalmente a mediados de 2028.

Ese extenso período de espera deja a cientos de científicos frente a un vacío laboral. Si sus becas concluyen el 31 de julio y no son prorrogadas, muchos quedarán sin ingresos y, al mismo tiempo, se verán obligados a abandonar investigaciones que llevan años desarrollando.

Para Andrés Carminati, historiador y becario posdoctoral del CONICET Rosario, esa situación no representa únicamente un problema administrativo. Constituye, en cambio, una amenaza para la continuidad del sistema científico argentino.

Un pedido que ya tiene antecedentes
"Somos alrededor de 400 personas en todo el país que, teniendo beca posdoctoral, nos presentamos a la Carrera del Investigador. Los resultados recién estarán en agosto del año que viene y el ingreso sería a mediados de 2028", explicó.

Por esa razón, el colectivo de becarios solicita una medida que, según remarca, ya fue aplicada en otras oportunidades: una extensión extraordinaria de las becas hasta que concluya el proceso de evaluación.

"Lo que pedimos es poder sostener nuestra línea de investigación y nuestra continuidad laboral hasta que se conozcan los resultados. Esto ya se hizo muchas veces en CONICET; no estamos planteando algo excepcional", afirmó.

La demora, además, encuentra otra explicación. Durante el año anterior no se abrió la convocatoria a la Carrera del Investigador, lo que impidió que muchos becarios pudieran concursar mientras todavía contaban con financiamiento. Esa interrupción terminó desplazando el problema hasta el presente.

El reclamo, sostiene Carminati, no es aislado. Cuenta con el respaldo de los Centros Científicos Tecnológicos de todo el país, de numerosos institutos de investigación e incluso de integrantes del directorio del propio CONICET, quienes firmaron una carta apoyando la solicitud.

"Tiene una lógica de sentido común. Si nosotros nos quedamos sin beca y tenemos que salir a hacer otra cosa, muchas líneas de investigación directamente se rompen".

Cuando una investigación se interrumpe
A diferencia de otros trabajos, la investigación científica no admite pausas sencillas. Detrás de cada proyecto existen años de formación, especialización y producción de conocimiento.

Carminati es historiador, pero entre los afectados hay físicos, químicos, médicos, biólogos, ingenieros, sociólogos y especialistas de prácticamente todas las disciplinas que integran el sistema científico nacional.

"El CONICET abarca todo el sistema científico. No hablamos solamente de un área específica. Si se interrumpe este proceso, quedan investigaciones a la deriva en todos los campos".

La consecuencia inmediata es doble. Por un lado, se paralizan proyectos que requieren continuidad. Por otro, cientos de profesionales altamente calificados quedan sin empleo.

"Quedan a la deriva las investigaciones y quedamos a la deriva un montón de laburantes", resume.

Quince años de formación que el Estado puede perder
Para el investigador, el conflicto también debería analizarse desde una perspectiva económica.

Cada becario representa una inversión pública sostenida durante más de una década. Universidad pública, doctorado, beca doctoral, posdoctorado y formación permanente conforman un recorrido que suele demandar entre quince y veinte años.

"Todos tenemos como mínimo quince años de formación. El Estado invirtió muchísimo dinero pensando en que siguiéramos investigando".

Interrumpir esas trayectorias, sostiene, implica desperdiciar recursos humanos estratégicos para el desarrollo del país.

La comparación que utiliza resulta gráfica: "Argentina exporta futbolistas, pero también exporta investigadores".

Según explica, muchos países desarrollados aprovechan el deterioro del sistema científico argentino para incorporar profesionales altamente capacitados que fueron formados con recursos públicos nacionales.

"Para los países centrales somos una oportunidad. Incorporan personas muy formadas por muy poco dinero porque acá el sistema termina descartándolas".

La ciencia también se fuga
La llamada fuga de cerebros vuelve a aparecer como uno de los mayores temores de la comunidad científica.

"Los países centrales saben perfectamente cuánto cuesta formar investigadores durante quince o veinte años. Nosotros destruimos esa inversión".

Para Carminati, la situación de los becarios es apenas una expresión de un proceso más amplio de desfinanciamiento.

"No es solamente un problema nuestro. Hay una destrucción del CONICET, del sistema universitario y del sistema público".

Una inversión que cae a mínimos históricos
El investigador sostiene que el reclamo por las becas no puede separarse del contexto presupuestario que atraviesa la ciencia argentina.

"Esto ocurre en el marco de una pérdida salarial brutal y de una caída muy fuerte en la inversión en ciencia".

Según indicó, durante la gestión del presidente Javier Milei la inversión científica cayó un 56% y actualmente representa apenas el 0,14% del Producto Bruto Interno, uno de los niveles más bajos registrados desde la crisis de 2001.

La comparación internacional, dice, evidencia la distancia.

"Israel invierte el 6,35% de su Producto Bruto Interno en ciencia; Estados Unidos, el 3,5%; China, el 2,6%. No hay posibilidad de construir un país sin un sistema científico".

Su diagnóstico es contundente.

"Estamos destruyendo un sistema científico que paradójicamente funciona".

"Funciona hasta con alambre"
Pese a las restricciones económicas, el CONICET continúa produciendo investigaciones reconocidas internacionalmente.

"Funciona hasta con alambre, como tantas cosas en Argentina. Pero en algún momento va a dejar de funcionar".

Ese límite, asegura, empieza a hacerse visible.

Más de dos mil personas abandonaron el organismo en los últimos años. Algunos finalizaron sus becas sin posibilidad de continuidad; otros migraron hacia empresas privadas o al exterior en busca de mejores condiciones laborales.

"Lo que nos pasa a nosotros es una foto de una película mucho más grande".

Salarios bajos y dedicación exclusiva
Los becarios posdoctorales perciben actualmente entre 1.200.000 y 1.300.000 pesos mensuales.

Puede parecer un ingreso importante si se lo observa de manera aislada. Sin embargo, el régimen de trabajo impide complementar esos ingresos con otras actividades.

El CONICET exige dedicación exclusiva. Los becarios pueden desempeñarse únicamente con un cargo docente simple y no pueden desarrollar otra actividad profesional en el ámbito privado.

"La ciencia lleva muchísimo tiempo", explica Carminati.

Algunas investigaciones requieren una década para producir resultados.

"La ciencia es algo serio. Hoy parece que todo se resuelve con inteligencia artificial o con un hilo de Twitter. Pero incluso la inteligencia artificial existe gracias a décadas de investigación científica".

Por eso insiste en que producir conocimiento demanda tiempo, estabilidad y financiamiento.

"La mayoría seguimos acá por vocación".

Esa vocación, sin embargo, convive con salarios que considera muy por debajo de los estándares internacionales.

"Hacemos una ciencia excelente con uno de los peores salarios del mundo".

Laboratorios que resisten
El ajuste no se expresa únicamente en los sueldos.

También alcanza la infraestructura, los insumos y el funcionamiento cotidiano de los institutos.

Carminati describe laboratorios que reducen actividades, investigaciones de campo que se suspenden por falta de recursos y edificios cuyo mantenimiento resulta cada vez más difícil.

La imagen más contundente aparece cuando recuerda una situación ocurrida durante el año pasado.

"No teníamos ni papel higiénico en el CONICET".

La frase resume un deterioro que, según afirma, ya dejó de ser una discusión abstracta sobre partidas presupuestarias para convertirse en un problema cotidiano dentro de los lugares de trabajo.

Un sistema que resiste esperando tiempos mejores
El directorio del CONICET está integrado por representantes de las cuatro grandes áreas de investigación y es presidido por el médico veterinario Daniel Salamone, designado por el presidente Javier Milei para conducir el organismo.

Según explicó Carminati, varios de los directores respaldaron formalmente el pedido de los becarios mediante una carta en la que avalaron la extensión extraordinaria de las becas. Sin embargo, aclaró que la resolución no depende exclusivamente del organismo. 

"Todo termina en la cuestión presupuestaria", señaló, y explicó que la asignación de los recursos necesarios debe ser autorizada por la Jefatura de Gabinete.

Mientras tanto, sostuvo que la conducción del CONICET intenta sostener el funcionamiento cotidiano del organismo con recursos cada vez más limitados. "Se ha tratado de aguantar con lo poco que hay, esperando tiempos mejores", resumió. 

Esa estrategia, advirtió, tiene un costo creciente: menos recursos para laboratorios, menor financiamiento para trabajos de campo, deterioro de los edificios y una pérdida constante de investigadores. "En el medio se está desgranando", concluyó.

Lo que está en juego
Para Carminati, la discusión trasciende ampliamente la situación laboral de quienes hoy reclaman una extensión de sus becas.

Lo que está en debate, sostiene, es el lugar que la ciencia ocupará en el proyecto de país.

"Uno puede discutir prioridades presupuestarias, pero ningún país desarrollado llegó a serlo desfinanciando la investigación científica".

La Argentina construyó durante décadas un sistema de universidades públicas y organismos de investigación que logró reconocimiento internacional incluso en contextos económicos adversos. Ese capital, advierte, no puede recuperarse rápidamente una vez que se pierde.

Formar un investigador lleva años. Consolidar equipos científicos demanda décadas. Recuperar proyectos interrumpidos suele ser imposible.

Por eso insiste en que la prórroga de las becas representa apenas el primer paso de una discusión mucho más profunda.

Si cientos de investigadores deben abandonar sus laboratorios, archivos, trabajos de campo o experimentos para buscar otro empleo, no solo se romperán trayectorias personales. También quedarán inconclusas investigaciones financiadas durante años con recursos públicos y se perderá una parte del conocimiento que el país venía construyendo.

En ese escenario, la advertencia de los becarios deja de ser un reclamo sectorial para transformarse en una pregunta sobre el futuro. Porque cuando un sistema científico comienza a perder a quienes lo sostienen, el costo no se mide únicamente en presupuestos o estadísticas. Se mide, sobre todo, en oportunidades que difícilmente vuelvan. Y esa es, precisamente, la preocupación que atraviesa hoy los pasillos del CONICET: que el ajuste no termine dejando sin trabajo a cientos de investigadores, sino también sin horizonte a una de las herramientas fundamentales para pensar y construir el desarrollo de la Argentina.

Escuchá la entrevista completa:

sábado, 2 de agosto de 2025

Exploración submarina viral: Argentina mira al fondo del mar mientras Milei recorta la ciencia

Las conversaciones entre científicos permiten a los aficionados una visión poco común de las maravillas de la biología marina
Por: Fernando Lagarreta, con Leila Macor en Buenos Aires
Un robot explora el oscuro, frío y profundo fondo marino del Atlántico Sur, transmitiendo imágenes de corales vibrantes y peces nunca antes vistos, mientras los científicos comentan en vivo a través de YouTube. Y los argentinos no se lo pierden.

La misión científica argentino-estadounidense está explorando por primera vez el Cañón de Mar del Plata, una garganta submarina que se hunde a casi 4.000 metros (13.000 pies) de profundidad, frente a la costa del balneario del mismo nombre.

Las conversaciones asombradas entre los científicos que lideran la expedición y las explicaciones que brindan a los espectadores permiten al público una visión poco habitual de las maravillas ocultas de la biología marina.

En un momento, la cámara del robot submarino SuBastian muestra un extraño animalito blanco. Una de las científicas del equipo pregunta a sus colegas: "¿Lo queremos?"

"¡Sí, sí, lo queremos!", responden decenas de mensajes en el chat de la transmisión en vivo, antes de que la imagen muestre el dispositivo de succión activándose para aspirar al espécimen para su estudio.

"¡Amo estas criaturitas!", dice un usuario. "¡Estoy obsesionado!", comenta otro. "¡No se lleven al chiquitito!", ruega un tercero.

La transmisión en vivo comenzó hace una semana y ha superado el millón de visualizaciones por día desde el jueves, cuando también empezó a ser transmitida por televisión.

"Hay corales de aguas frías con los mismos colores que los del Caribe. ¿Cómo puede ser eso? ¡A 3.000 metros de profundidad!", dijo a AFP Pablo Penchaszadeh, biólogo marino y pintor, que forma parte de la expedición como artista.
Patricio Estrella
La expedición de 20 días, titulada "Oasis Submarinos del Cañón de Mar del Plata", involucra a 25 científicos —la mayoría del organismo de investigación argentino CONICET—.

Es parte del grupo de estudio de aguas profundas GEMPA, con apoyo del Instituto Schmidt Ocean de EE.UU., y finalizará el 10 de agosto.

A bordo del barco Falkor (too) del Instituto Schmidt Ocean, los científicos operan remotamente el robot, que puede descender hasta 4.500 metros (14.700 pies).

Recolectan muestras biológicas con sus brazos robóticos y otros instrumentos, y envían imágenes en alta definición.

"El hecho de que cualquiera pueda conectarse desde su casa y ver lo que nosotros estamos viendo en vivo es una oportunidad única", explica el líder de la expedición, Daniel Lauretta, en un comunicado.

"La ciencia deja de ser algo lejano o inaccesible y pasa a formar parte de la vida cotidiana".

Esta semana, los usuarios de redes sociales se deleitaron cuando una estrella de mar naranja con dos protuberancias simétricas que parecían glúteos apareció en la transmisión. Rápidamente fue comparada con Patricio Estrella, del popular dibujo animado Bob Esponja.

Circularon memes bromeando con que "Patricio es argentino", la biología marina se volvió tendencia en redes sociales, y la transmisión llegó a las pantallas de cientos de miles de espectadores cautivados.

"Vine a ver a la estrella de culo grande, ¿ya salió?", preguntó un usuario al ingresar al chat de YouTube.

Los espectadores también pusieron apodos a otras criaturas marinas: a un cangrejo real lo llamaron "Drag Queen", y a un pepino de mar lo bautizaron cariñosamente como "Batata".
"El Gordo Dan se topó con un competidor implacable como "Batata", el viscoso y blando pepino de mar violeta que no tiene cerebro y se defiende tirando sus intestinos por el ano", LPO
Un faro de luz
Es la primera vez que ojos humanos —aunque sea de forma remota— ven en tiempo real este oasis submarino, donde confluyen la fría y rica en nutrientes corriente de Malvinas y la cálida y salada corriente de Brasil.

La confluencia es "una de las regiones más energéticas de nuestros océanos", según el sitio web del Instituto Schmidt, y la diferencia de temperatura crea un área repleta de vida marina y flora submarina.

"Ya estamos viendo cosas increíbles: animales que nunca se habían registrado en esta zona, paisajes submarinos que parecen de otro planeta y comportamientos que sorprenden incluso a los científicos más experimentados", dijo Lauretta.

Pero la financiación para este tipo de expediciones está en peligro en Argentina.

El CONICET, brazo gubernamental de investigación científica, ha sufrido recortes severos por parte del presidente libertario Javier Milei, quien ha aplicado drásticas reducciones del gasto público con su famosa "motosierra".

Su presupuesto cayó un 21% el año pasado, los salarios se desplomaron un 35% desde que Milei asumió en diciembre de 2023, y los recortes han provocado una fuga de científicos.

Como resultado, entre los "¡oooh!" y "¡aaah!" de asombro, el chat de la transmisión se llena de mensajes de apoyo: "¡Viva el Conicet!"

"Ver a gente apasionada por su trabajo es algo atractivo", dijo Tomás Atilio Luppi, biólogo del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras de Mar del Plata, afiliado al CONICET, aunque no participa directamente en la campaña.

"Esto está ocurriendo en un momento muy difícil", dijo a la AFP sobre la transmisión popular. "La ciencia está en una posición muy complicada, tanto económica como en términos de apoyo y recursos humanos".

"El hecho de que ocurra esta locura es como un faro de luz".
Le ganaron a Milei y Luis Caputo juntos

La transmisión en vivo desde las profundidades del Atlántico Sur, protagonizada por el robot submarino SuBastian y un equipo de científicos del CONICET, se convirtió en un fenómeno de masas en Argentina. Con imágenes asombrosas del Cañón de Mar del Plata, criaturas marinas nunca antes vistas y un tono amigable y educativo, el streaming logró lo impensado: competir —y ganar— en audiencia frente a los medios tradicionales y figuras de alto perfil como Javier Milei y Caputo.

El evento rompió récords de audiencia, superando a canales de noticias como TN, C5N, A24, La Nación+ y Crónica TV (ver imagen). La transmisión ya alcanzó picos de 81.000 espectadores simultáneos, y el primer video acumula más de un millón de vistas en YouTube.

El jueves, el conversatorio entre Javier Milei y Alejandro Fantino en Neura quedó por debajo en audiencia: el CONICET reunió a 52.000 conectados, mientras el canal libertario sumaba apenas 18.000. Al mismo tiempo, el ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, era entrevistado por el economista y streamer libertario Felipe Núñez, en el canal Carajo y alcanzó 7.500 espectadores en vivo. Según Real Time Rating en X, el streaming submarino incluso superó a Luzu TV por la tarde: en ese momento, OLGA tenía 39.000 personas en vivo, el CONICET 32.000, y Luzu apenas 16.000.

Pero el éxito no fue casual. A lo largo de la semana:
  • La transmisión alcanzó 160.000 visualizaciones en solo 10 horas, impulsada por clips virales y memes como el de "Patricio Estrella", una estrella de mar con forma peculiar.
  • Durante la medianoche del miércoles, fue el contenido más visto en YouTube Argentina, superando a Telefe Stream y Vorterix.
  • La audiencia diaria promedio supera las 24.000 personas, con momentos pico de más de 300.000 usuarios únicos por día.
Una expedición sin precedentes
La misión, titulada "Oasis Submarinos del Cañón de Mar del Plata", comenzó el 23 de julio y se extiende hasta el 10 de agosto. Involucra a más de 30 científicos argentinos, operando desde el buque Falkor (too) del Instituto Schmidt Ocean. El robot SuBastian desciende hasta los 4.500 metros, captura imágenes HD, recoge muestras de agua, sedimento y ADN ambiental, y crea modelos 3D sin alterar el entorno.
Entre los descubrimientos más llamativos:

  • Corales de aguas frías con colores caribeños a más de 3.000 metros de profundidad.
  • Esponjas carnívoras, rayas abisales, erizos, pepinos de mar flotantes y especies nunca antes registradas en esta región.
  • El hallazgo de más de 200 especies, muchas posiblemente nuevas para la ciencia.
  • La expedición también tiene un objetivo educativo: generar contenido para escuelas, museos y clubes de ciencia, e impulsar la creación de la primera área marina protegida en el cañón.
  • Mientras tanto, desde las redes surgieron figuras inesperadas: la bióloga Nadia Cerino, por ejemplo, se volvió viral por su espontáneo "che, no sacamos ni un coral", ganándose el apodo de Nadia Coralina.
Ciencia bajo recorte
Todo esto ocurre en un contexto de asfixia presupuestaria. El CONICET atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia: su presupuesto cayó un 21% en 2024, los salarios se desplomaron un 35% desde que asumió Javier Milei, y la fuga de científicos se profundizó.

Por eso, además de los "oooh" y "aaah" ante criaturas abisales, el chat en vivo también se llena de mensajes de apoyo: "¡Viva el CONICET!", "La ciencia es cultura", "Resistir es investigar".

Como resumió el biólogo Tomás Atilio Luppi: "Esto ocurre en un momento muy difícil. La ciencia está en una situación muy complicada, tanto en lo financiero como en recursos humanos. Que este fenómeno esté pasando es como un faro de luz".

Fotos: Schmidt Ocean Institute / ROV SuBastian / AFP
Fuente: Agencia AFP

sábado, 26 de julio de 2025

Ciencia argentina: éxodo silencioso en la peor crisis desde la vuelta de la democracia

Rubén Spies, investigador principal del CONICET y con más de 30 años de trayectoria en el sistema científico nacional, no dudó en calificar en Señales al momento actual como la crisis más profunda que ha vivido la ciencia pública argentina. Y lo hace con la autoridad que le otorgan no solo su experiencia, sino también los datos duros: entre 2024 y 2025, 42 personas abandonaron el CONICET Santa Fe, sin que se haya repuesto un solo cargo. Un éxodo silencioso, pero demoledor: la ciencia argentina en la era de Javier Milei.

"No hay reemplazos por jubilaciones ni renuncias", remarca Spies. Esto implica que áreas enteras, incluso las administrativas, quedan al borde del colapso operativo. Un ejemplo alarmante: la renuncia reciente de una trabajadora de Recursos Humanos —sector esencial para el funcionamiento de un CCT con 20 unidades ejecutoras y más de 1.500 personas— ocurrió sin previo aviso. "Se fue al mismo sueldo, pero no soportó el nivel de estrés. Esto no es sostenible", asegura.

Y no es solo una percepción. "Esta es la peor crisis que hemos atravesado", subraya. Ni siquiera la debacle de 2002 fue tan grave. Hoy, no se discute qué tipo de ciencia queremos hacer: directamente no se discute nada. No hay diálogo, ni prioridad, solo desfinanciamiento.

El deterioro en cifras
La caída de la inversión en ciencia y tecnología es elocuente:
  • En 2024 se destinó apenas el 0,21% del PBI.
  • Para 2025 se proyecta un desplome al 0,15%, el valor más bajo desde el retorno democrático en 1983.
(Por ponerlo en contexto: Chile duplica esa inversión, Uruguay la triplica, y Brasil la multiplica por ocho. En el promedio de los 20 países más desarrollados, la inversión es del 2,62% del PBI.)

"El número habla solo", advierte Spies. "Es muy triste".
 
Fuga de cerebros, parálisis de proyectos
Los efectos de este desfinanciamiento ya son visibles. En 2023, 27 personas se fueron del CONICET Santa Fe. En lo que va de 2024, otras 15. Y se esperan al menos 8 jubilaciones más antes de fin de año. "Vamos a cerrar 2025 con más de 50 bajas y ninguna reposición"”, afirma.

Esto significa no solo pérdida de talento, sino también sobrecarga para quienes permanecen. Y en paralelo, el desinterés de los jóvenes: la última convocatoria a becas tuvo una caída del 30% en postulaciones, algo inédito en la historia del organismo.

"No hay ingresos a la carrera del investigador desde 2022", denuncia. "Hay 850 personas evaluadas que están listas para ingresar, y el sistema sigue cerrado a cal y canto".
 
Emigración y precariedad
Spies también señala que la emigración científica se intensificó. Jóvenes altamente formados —con doctorados, posdoctorados, hasta 15 años de preparación— están dejando el país. "Se los entregamos a costo cero al primer mundo", advierte. "Nos cuesta una fortuna formarlos, y los países desarrollados los reciben con los brazos abiertos. Es una pérdida económica y estratégica brutal".

El deterioro salarial tampoco ayuda: el poder adquisitivo cayó un 40% desde que comenzó esta gestión. Y en áreas aplicadas, donde se requieren insumos y equipamiento, el panorama es directamente inviable. "Sin recursos, los proyectos se paralizan. La gente se va".

Contratados precarizados: en la cuerda floja
A comienzos de 2024, el Gobierno nacional ordenó el cese masivo de contratos en organismos del Estado: unas 1.200 personas fueron desvinculadas en todo el país, de las cuales 38 pertenecían a Santa Fe. Consultado sobre esa situación y si esos trabajadores forman parte de los que abandonaron el CONICET, Spies aclaró: "Solamente dos contratados de Santa Fe se fueron el año pasado bajo el artículo 9, de los llamados precarizados".

Y explicó el trasfondo de una maniobra que generó preocupación y rechazo en todo el sistema:
"El gobierno de Javier Milei implementó una evaluación a empleados estatales en tres áreas: lectocomprensión, lógica-matemática y, para los administrativos, algunos contenidos vinculados a la Constitución". El objetivo: justificar despidos, comenzando por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Pero el plan no salió como esperaban. "El 95% aprobó con excelentes notas. Entonces, cuando vieron los resultados, desistieron de aplicarlo en el interior del país", relató Spies.

Los contratos finalmente fueron renovados hasta fin de año, pero siguen siendo precarios. Es decir, los trabajadores continúan en la cuerda floja, apenas un poco más holgados "por ahora". Sin estabilidad, sin certezas.
Paralización tecnológica: satélites, radioisótopos, litio

Pero los datos más impactantes surgen cuando Spies enumera los sectores que han sido totalmente abandonados:
  • Producción satelital: Argentina, único país de Latinoamérica con capacidad de fabricar satélites, tiene hoy la actividad completamente paralizada. Incluso podría perder una órbita geoestacionaria por falta de continuidad.
  • Radioisótopos para tratamiento del cáncer: Producción detenida. (Y pensar que esos insumos salvan vidas.)
  • Energía nuclear: Tecnología nacional estancada. (Argentina era exportadora de reactores.)
  • Baterías de litio: El país pasó de fabricarlas en convenio con la UNLP e ITEC, a volver a exportar litio en bruto, como en tiempos coloniales.
"La investigación aplicada está absolutamente frenada", lamenta Spies. "Y lo mismo ocurre con la investigación básica, que es la raíz de todo progreso científico".
 
Sin inversión, no hay futuro
La conclusión es tan contundente como desesperanzadora: sin inversión, no hay país que pueda desarrollarse. "El gobierno debe entender que apostar a la ciencia no es un lujo, es una necesidad estratégica", sostiene.

Y lo dice con el respaldo de la historia y de la evidencia empírica. Como lo recordaba Bernardo Houssay, Premio Nobel argentino: "Los países ricos son ricos porque invierten en ciencia y tecnología.
Los que no lo hacen están condenados a la pobreza".

Otras Señales

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