La historia de Buscando Trabajo empezó con las dos cosas.
El 25 de septiembre de 1988, a las 9 de la mañana, una voz se encendió en una frecuencia que todavía no tenía nombre. Era el 91.5 de FM, desde una pequeña sala de la vieja Escuela Pablo A. Pizzurno, en Felipe Moré y La Paz. Todavía no era, formalmente, Aire Libre, Radio Comunitaria. Pero algo ya estaba naciendo.
El programa se llamaba "Para la gente del barrio", tomado de una canción de Lalo de los Santos. Tres horas para contar lo que pasaba cerca, para leer los diarios, acercar información y poner en el aire aquello que muchas veces quedaba afuera de los grandes medios.
Y entre esa información apareció un espacio que, con el tiempo, se transformaría en una historia dentro de la historia el micro Buscando Trabajo.
En la Pizzurno no había estudio. Había una pequeña sala que hacía de biblioteca, depósito y lo que hiciera falta. Una mesa. Un par de sillas. Cajas de zapatos con los elementos técnicos. Dos pequeñas cajas metálicas color marrón: una era el transmisor de un watt; la otra, donde se conectaba el micrófono.
Había un Wincofon. Su tapa de acrílico servía de base de apoyo, el parlante estaba abajo. Allí se colocaba el micrófono de plástico cuando había que escuchar música. Había también un grabador de periodistas Sanyo, con el que llegaban algunas notas grabadas.
Eso era todo. Pero a veces todo empieza con casi nada.
A las 8:50 de aquella mañana se puso en marcha la señal de ajuste. Después sonó Ramona Galarza. A las 9 se cambió el cassette y apareció la canción de Lalo de los Santos que le daba nombre al programa. Y poco después, la voz de Rubén Blades cantando "Buscando Trabajo", para dar paso a los avisos.
Para leer los clasificados estaba La Capital. Como no eran muchos, se completaba con Clarín. El diario porteño llegaba más tarde, en manos del canillita de la otra cuadra, que golpeaba la ventana que daba a calle La Paz y dejaba el ejemplar. De ese diario salían otros avisos.
No había internet. No había correo electrónico. No había WhatsApp. No había portales de empleo. Había diarios, una radio con potencia de un watt y una ventana abierta. Y había gente. Gente que necesitaba trabajar.
En aquel septiembre de 1988, el país atravesaba un momento difícil. La inflación, la desocupación, las asonadas militares y las amenazas sobre una democracia todavía joven formaban parte de la vida cotidiana. La Capital anunciaba que el salario mínimo sería de 1.310 australes. El Banco Mundial otorgaba un crédito destinado a financiar la apertura económica. En Seúl, Argentina avanzaba a las semifinales del vóley olímpico y Martín Jaite ganaba en tenis.
En Rosario, el Gobierno provincial preparaba una tarde de rock local en el Parque Urquiza, con Fandermole, Silvina Garré, Rubén Goldín, Grafitti, Liliana Herrero, Miriam Cubelos, Punto G, Glamour, León Gieco y Antonio Tarragó Ros, entre otros.
En el dial, a esa hora, había poco para elegir. En la 102.7 se escuchaba Confrontación, la FM de LT3. La FM de LT2 se dedicaba a pasar música. Y, desde San Nicolás, llegaba con buena señal la FM de LT24.
Y, claro, la competencia de las mañanas domingueras tenía nombre propio: Almacén La Candelaria, con Don Enri, Enrique Gallardo, por LT2.
Pero en el barrio había otra competencia, mucho más urgente. La de llegar a fin de mes. La de encontrar trabajo.
Al principio fue apenas un micro. Después tuvo momentos en que se convirtió en un programa ómnibus de tres horas. Pasó por distintos horarios: de 8 a 11, de 9 a 12, de 9 a 11. Incluso tuvo una etapa diaria, de lunes a sábados, muy temprano, para llevar a cada casa las oportunidades laborales del día.
Pero siempre siguió los domingos. Porque los domingos también se buscaba trabajo.
Y porque la radio había aprendido algo esencial: no alcanzaba con leer los avisos. Había que escuchar a las personas.
Un día alguien golpeó la ventana de la escuela.
—Oí por ahí que ustedes consiguen trabajo.
La frase quedó flotando. No es lo mismo oír que escuchar. Cuando uno escucha de verdad, algo cambia.
Se le explicó que aquella era una radio que transmitía desde una escuela. Que salía determinados días y horarios. Que allí se leían los pedidos y solicitudes de empleo.
Entonces llegó una respuesta que parecía sencilla, pero que explicaba buena parte de la razón de ser de aquella radio:
—Yo no tengo FM.
Y no era el único. La mayoría no tenía FM. Y por eso la ventana se convirtió en una especie de mostrador de empleo.
Vecinas y vecinos golpeaban para preguntar si había salido algún aviso. Otros para anotar un teléfono que no habían llegado a copiar. Para saber si buscaban albañiles, electricistas, cuidadores, empleadas domésticas, serenos, vendedores.
La radio entraba por una ventana. Y la necesidad entraba por la misma ventana en sentido contrario.
Con los años llegaron otras herramientas. Y sumamos especialistas para que contaran estrategias para la búsqueda de empleo: cómo confeccionar un currículum vitae, una carta de presentación y cómo prepararse para una entrevista.
La historia de Buscando Trabajo también cambió cuando cambió el país.
La crisis de 2001 golpeó fuerte. Los avisos de empleo comenzaron a desaparecer de los diarios. Cada vez había menos oportunidades para leer al aire y cada vez eran más las personas que necesitaban encontrar una salida.
Entonces hubo que buscar otras respuestas.
En el programa comenzó a tener un espacio el ProHuerta, un programa público del INTA que, en aquellos años de emergencia alimentaria, se convirtió en una herramienta concreta para muchas familias. Desde la radio difundíamos la posibilidad de acceder a semillas, herramientas y capacitación para poner en marcha una huerta.
También promocionábamos las huertas comunitarias. No eran solamente una manera de conseguir verduras y hortalizas frescas cuando los precios se disparaban. Eran espacios de encuentro, de organización y de trabajo colectivo. Una parte de lo producido podía llegar a los comedores comunitarios o intercambiarse en los nodos de trueque.
Porque cuando el trabajo formal desaparece, la comunidad inventa otras formas de sostenerse.
Los vecinos y las vecinas se encontraban en salones parroquiales, clubes de barrio y plazas. Allí se intercambiaban alimentos, ropa, artesanías y también servicios: cortes de pelo, reparaciones, trabajos de oficio. No siempre circulaba dinero. Muchas veces circulaban créditos, objetos, saberes y, sobre todo, la necesidad de ayudarse.
En Buscando Trabajo también aportábamos una herramienta propia de Aire Libre, Radio Comunitaria: "Quiero y Tengo", nuestro sistema de canje.
La propuesta era sencilla. Quiero: ropa de abrigo para un adulto mayor. Tengo: ropa en buen estado para un niño de cuatro años.
Alguien necesitaba algo y otra persona tenía algo para ofrecer.
En esos años aprendimos que buscar trabajo no siempre significaba encontrar un empleo. A veces significaba encontrar una manera de volver a hacer, de producir, de intercambiar, de organizarse con otros.
Las huertas, los trueques, los canjes y los comedores fueron también espacios donde muchas personas recuperaron algo que la crisis les había quitado: la posibilidad de sentirse necesarias, de poner en juego lo que sabían hacer y de construir, junto a otros, una respuesta frente a la emergencia.
Buscando Trabajo tuvo que cambiar porque la realidad había cambiado. Cuando los avisos desaparecieron de los diarios, no desapareció la necesidad. Y tampoco desapareció la radio. Simplemente, hubo que empezar a buscar por otros caminos.
Pero nunca desapareció aquella esencia inicial. Un aviso podía ser el comienzo de algo.
Como aquel pedido de Ana Medrano: necesitaba una señora para cuidar a su hijo de cinco años durante pocas horas y ofrecía, a cambio, una habitación.
Laura llamó. Estaba sin trabajo. Tenía dos hijos pequeños. Si la aceptaban, podía acomodarse y cumplir con lo que necesitaban.
Las dos historias se encontraron en el aire.
Se habló. Se escuchó. Quedaron en ver si podían llegar a un acuerdo.
Una oyente mandó un mensaje: "Se escucha una piba buena y honesta".
A veces la radio no consigue un trabajo. A veces consigue algo más difícil: que dos personas puedan encontrarse.
Y también están los mensajes que llegan cuando el trabajo todavía no aparece: "Estoy buscando trabajo a dos manos y nada. Es el sistema y la edad, pero no hay que aflojar. Seguramente algo hay para mí en este planeta".
Y están los otros. Los que llegan después de la espera: "Después de un tiempo encontré trabajo. Hoy ya hace un mes y me gusta mucho. Quiero decirles a todas aquellas personas que estén buscando trabajo que tengan paciencia y esperanza. Muchas gracias".
Entre un mensaje y otro pasan meses, a veces años. La radio aprende a esperar junto con quienes esperan. Pero Buscando Trabajo también terminó siendo otra cosa: un lugar donde se habla del trabajo porque, muchas veces, hablar del trabajo es hablar de la vida.
Julián llamó una vez cuando terminó el programa. Quería hablar con el conductor.
—Te quería contar lo que me pasó anoche. El barrio está peligroso.
Y contó. Con detalles. Largo. Como quien necesita sacar de adentro algo que pesa. Después pidió disculpas por lo extenso. No hacía falta.
Había miedo. Había ocurrido un hecho violento. Había una persona necesitando ser escuchada.
La despedida fue sencilla:
—Mi teléfono lo tenés. Te quedó en el WhatsApp.
Y del otro lado:
—Cualquier cosa me llamás.
Eso también es una radio comunitaria. No solamente transmitir. Estar.
Treinta y ocho años después, la tecnología cambió casi todo. Pero hay cosas que no cambiaron.
Ahora un currículum puede viajar en segundos. Se manda por correo, se adjunta un archivo, se completa un formulario. Y muchas veces nadie responde.
Un oyente lo contó hace poco. Tiene primario, secundario y un terciario incompleto. Es electricista domiciliario, balancero, trabajó en seguridad y tiene experiencia en distintas tareas. Había enviado su currículum. Lo llamaron.
La entrevista fue para cuidar máquinas de Vialidad, cerca de la ruta A012 y la 34. La propuesta era trabajar de noche, de lunes a lunes, desde las cinco de la tarde hasta las ocho de la mañana: quince horas por día, por un millón y medio de pesos mensuales. Pero había condiciones: había que tener vehículo propio, no había baño y, si llovía, había que quedarse dentro del auto.
No entregaban radio ni herramientas ni elementos de comunicación. Había que trabajar con el teléfono propio. No había viáticos. El trabajo era informal.
Y el hombre hizo las cuentas: casi 25 kilómetros de ida, casi 50 kilómetros diarios. Si el auto se rompía, parte de lo que ganaba se iría en repararlo.
Lo que más le indignaba no era solamente el sueldo. Era la falta de condiciones elementales: "Ni siquiera contar con un baño para hacer las necesidades básicas". Terminó hablando de esclavitud.
Y antes de despedirse pidió perdón por lo largo del mensaje. Otra vez, no hacía falta.
Porque después de 38 años, Buscando Trabajo sigue siendo eso: un lugar donde alguien puede contar lo que le pasa.
Tal vez por eso aquella vieja cortina musical todavía tiene sentido.
"Voy buscando pa' trabajar, voy por las calles de la ciudad…" La canción habla de alguien que busca y busca. Pero aquí hay algo diferente.
Durante 38 años, quienes buscaron trabajo no estuvieron completamente solos. Hubo una voz que leyó un aviso. Una persona que golpeó una ventana. Una oyente que recomendó a otra. Un teléfono que sonó. Un currículum que llegó. Una entrevista. Una oportunidad. Un mensaje agradeciendo después de conseguir un trabajo. Otro mensaje que alertó sobre una estafa.
Y también hubo frustraciones, abusos, silencios, puertas cerradas y condiciones que nunca deberían naturalizarse.
También hubo avisos que, con el tiempo, terminaron mostrando otra cara del mundo del trabajo. Un domingo apareció un pedido para trabajar como camareras en Italia. Ofrecían un buen sueldo y aseguraban que se ocuparían de los papeles necesarios para viajar y trabajar. La información era escasa y, ante la consulta de las interesadas, la sugerencia fue acercarse al hotel céntrico que figuraba como referencia y preguntar todo: dónde era exactamente el trabajo, de qué se trataba, quién hacía la contratación, cuáles eran las condiciones y cómo se realizaría el viaje. Un año más tarde se conoció que detrás de aquella propuesta funcionaba una organización dedicada a la trata de personas.
Otra historia fue mucho más cercana. Todas las semanas, un señor que vivía a apenas dos cuadras de la radio publicaba un aviso en el que buscaba una chica para tareas de limpieza. Como siempre, desde el programa marcábamos el alerta cuando algo no terminaba de cerrar. Hasta que un día alguien tocó el timbre de la radio y advirtió: "Es un abusador. Para eso nos quiere". Al día siguiente, aquel hombre y su historia formaban parte de las crónicas de la televisión.
Con el tiempo, esa mirada sobre los avisos también nos llevó a involucrarnos de manera más directa en la discusión sobre la trata de personas. Desde Buscando Trabajo difundimos y acompañamos un petitorio dirigido a las autoridades del diario La Capital, en el que se reclamaba la eliminación de los avisos clasificados que promocionaban servicios de oferta sexual, señalados como una de las principales vías de captación para la trata de personas.
Pero no solamente pusimos la mirada sobre esos avisos. También comenzamos a prestar especial atención a aquellos que aparecían dentro del propio rubro “Trabajo” y que, detrás de una supuesta oferta laboral, dejaban entrever con claridad la búsqueda de mujeres jóvenes con fines de explotación sexual. Eran avisos que obligaban a leer más allá de las palabras y a preguntarse qué había realmente detrás de una propuesta de empleo.
Fue también una manera de aportar, desde la radio, al proceso de concientización sobre la trata de personas con fines de explotación sexual, entendida como una violación de los Derechos Humanos y una clara manifestación de violencia contra las mujeres. Teníamos claro que un medio de comunicación no podía convertirse en una herramienta para facilitar la trata y la explotación sexual a cambio de un rédito económico.
Así, aquel espacio que había nacido para leer avisos y acercar oportunidades de trabajo fue aprendiendo también a cuestionar algunos de esos avisos, a advertir sobre los riesgos y a preguntarse qué responsabilidad tenía la radio frente a lo que ponía en el aire. Porque buscar trabajo también podía significar aprender a reconocer cuándo una oferta de trabajo no era realmente una oferta de trabajo.
De esas experiencias también está hecha la historia de Buscando Trabajo. De los avisos que abren una puerta, pero también de los que obligan a mirar dos veces antes de cruzarla. De aprender que detrás de una propuesta laboral puede haber una oportunidad, una estafa o incluso algo mucho más grave. Y que, en esos casos, escuchar también significa advertir, preguntar y levantar la voz a tiempo.
Porque buscar trabajo es mucho más que buscar un sueldo. Es buscar un lugar. Una posibilidad. Una manera de sentirse útil. Una forma de sostener una familia. De recuperar un poco de tranquilidad. De levantarse cada mañana con un motivo.
Por eso aquel pequeño transmisor de un watt terminó teniendo una potencia que no se mide en watts. La potencia de escuchar. La potencia de acompañar. La potencia de hacer circular una información que puede cambiarle el día —y a veces la vida— a alguien.
El 25 de septiembre de 1988, en una pequeña sala de la Escuela Pablo A. Pizzurno, comenzó una historia.
Y también hubo frustraciones, abusos, silencios, puertas cerradas y condiciones que nunca deberían naturalizarse.
No son solamente historias individuales.
De acuerdo con los datos oficiales difundidos este jueves por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en el primer semestre de 2026 el Gran Rosario registró un 23,1% de personas por debajo de la línea de pobreza, mientras que la indigencia alcanzó al 6,2%. En términos absolutos, el organismo estimó 315 mil personas pobres, pertenecientes a unos 90 mil hogares, y 84 mil personas en situación de indigencia, correspondientes a unos 26 mil hogares.
A ellos se suman las personas que, aun teniendo un trabajo remunerado, buscan otro. Trabajan, pero necesitan más. Buscan completar un ingreso que ya no alcanza para sostener el mismo nivel de vida.
Son números. Pero detrás de cada número hay alguien que alguna vez pudo haber dicho frente a un micrófono: "Estoy buscando trabajo".
Y ahí aparece también la política. Porque las condiciones en las que se busca trabajo no ocurren en el vacío. La caída del poder adquisitivo, la precarización, la necesidad de sumar horas o de buscar un segundo empleo forman parte de una discusión más amplia sobre el rumbo económico del país y sobre las consecuencias de las políticas aplicadas desde que La Libertad Avanza llegó al gobierno.
Treinta y ocho años después de aquel primer programa, Buscando Trabajo sigue recibiendo las consecuencias concretas de esas discusiones: en un pedido de ayuda, de alguien que necesita cambiar de empleo o de una persona que, sencillamente, pregunta si alguien sabe de algún trabajo.
En el Gran Rosario, la pobreza y la indigencia tienen hoy cifras concretas. Pero para una radio comunitaria esas cifras nunca son solamente porcentajes. Son las personas que llaman, los mensajes que llegan, los currículums que se envían, las historias que se cuentan y las preguntas que siguen apareciendo del otro lado del micrófono.
Porque buscar trabajo es mucho más que buscar un sueldo. Es buscar un lugar. Una posibilidad. Una manera de sentirse útil. Una forma de sostener una familia. De recuperar un poco de tranquilidad. De levantarse cada mañana con un motivo.
Por eso aquel pequeño transmisor de un watt terminó teniendo una potencia que no se mide en watts.
La potencia de escuchar. La potencia de acompañar. La potencia de hacer circular una información que puede cambiarle el día —y a veces la vida— a alguien.
El 25 de septiembre de 1988, en una pequeña sala de la Escuela Pablo A. Pizzurno, comenzó una historia.
Había una mesa, un par de sillas, un Wincofon, un grabador Sanyo, un transmisor metido en una cajita de metal y una ventana abierta.
Y del otro lado de esa ventana, un barrio entero buscando algo.
Treinta y ocho años después, la ventana sigue abierta.
La radio también.
Y cada vez que alguien dice:
—Estoy buscando trabajo…
la historia vuelve a empezar.
Amigos, amigas, amigues: bienvenidos a un nuevo año de nuestro "Buscando Trabajo".
Y seguiremos cerrando como el primer día con este mensaje: Nos vamos, les deseamos un buen domingo para todos y todas y una gran semana y ojalá no nos escuchen más. Señal de que consiguieron trabajo. O quieren seguir con el Buscando para conseguir algo mejor. Nos estamos escuchando....
