domingo, 1 de noviembre de 2026

La Gurru se defendió: organización, resistencia y una escuela que busca recuperar su identidad

Después de un año y medio de intervención, denuncias, restricciones y reclamos, la comunidad educativa del Complejo Educativo Gurruchaga de Rosario consiguió el apartamiento de los directivos interventores y la designación de nuevas autoridades mediante escalafón interno. Carolina y Yanina, madres de estudiantes, reconstruyen el camino que llevó a esta decisión, las situaciones que todavía esperan respuestas y el papel fundamental de estudiantes, familias y docentes en una lucha que, lejos de haber terminado, busca recuperar la identidad de una escuela. "La lucha sirve", sostienen.

Durante meses, el Complejo Educativo Gurruchaga, tuvo durante meses un escenario de incertidumbre, malestar y organización colectiva. Desde mayo de 2025, la institución atravesaba una intervención dispuesta por el Ministerio de Educación de Santa Fe, que había colocado al frente de la escuela a dos directivos interventores. Lo que comenzó como una decisión administrativa terminó convirtiéndose en un conflicto que involucró a estudiantes, familias y docentes, y que puso en discusión no solamente quién debía conducir la institución, sino también qué escuela se estaba construyendo y qué lugar tenían las voces de quienes la habitaban todos los días.

En una entrevista anterior con Señales, de Aire Libre, Radio Comunitaria, Adriana y Carolina habían reconstruido los meses de conflicto: reuniones sin respuestas, denuncias, restricciones que afectaban la vida cotidiana de los alumnos, situaciones de maltrato y abuso de autoridad, y una creciente preocupación por el rumbo institucional. También habían contado cómo los estudiantes comenzaron a organizarse a través del Centro de Estudiantes, con sentadas, carteles, asambleas y distintas manifestaciones pacíficas para reclamar por sus derechos.

Las familias acompañaron esa organización desde el primer momento. Sin embargo, la incertidumbre continuaba: la intervención seguía vigente y no había definiciones sobre quién conduciría la escuela.

En esta nueva conversación, Carolina llegó junto a Yanina, quien se sumó a esta segunda instancia de reconstrucción del conflicto. Esta vez, las madres traían una noticia diferente: la comunidad educativa había conseguido el apartamiento de los dos interventores y el Ministerio había convocado al escalafón interno para cubrir los cargos de dirección y vicedirección de la secundaria. Finalmente, dos docentes de la propia institución fueron designados para asumir esas responsabilidades.

"Logramos el objetivo que queríamos", resumió Carolina. La madre explicó que, antes de esa resolución, el Ministerio había organizado reuniones por separado con los distintos cursos y divisiones. Durante aproximadamente diez días, se convocó a estudiantes de primero, segundo y otros años para escuchar sus planteos y dejar constancia de lo conversado mediante actas.

En esos encuentros se les comunicó que los dos directivos interventores ya habían sido apartados y que se realizaría el llamado por escalafón interno. También se reclamó que se abriera un proceso de investigación sobre las actuaciones de Antonella Scolari y Ezequiel Bressán, quienes habían estado al frente de la intervención.

La decisión finalmente llegó mediante un comunicado oficial que informó los nombres de los dos docentes de secundaria que asumirían la dirección y la vicedirección. Para las familias, se trataba de una conquista concreta: el fin de la intervención, el apartamiento de quienes habían sido cuestionados y la recuperación de un mecanismo de designación que consideraban legítimo.

Sin embargo, el resultado no significaba que todo estuviera resuelto. Las madres todavía esperaban una reunión con las nuevas autoridades para conocer cómo continuaría la organización de la secundaria y cuáles serían los próximos pasos. También querían agradecer públicamente a los medios de comunicación, organizaciones y personas que habían acompañado el reclamo.

Pero, sobre todo, buscaban dejar un mensaje para otras comunidades educativas que atraviesan situaciones similares. Carolina insistió en la importancia de contar con un Centro de Estudiantes, de que los chicos puedan hablar en sus casas y encuentren familias dispuestas a escucharlos, y de que existan docentes capaces de acompañar y prestar atención a lo que sucede.

"El Centro de Estudiantes siempre fue el centro del amor. Ellos tienen un corazón enorme. La verdad que son mejores que nosotros, son mejores que nosotros", afirmó, con una admiración que atravesó buena parte de la conversación.

La experiencia también les permitió comprobar las dificultades que existen para hacer circular una denuncia cuando las instituciones no ofrecen respuestas. Las madres eligieron exponerse públicamente, recurrir a los medios y contar lo que estaba sucediendo. En ese recorrido encontraron espacios de comunicación que les permitieron amplificar sus voces, aunque también señalaron que algunos medios tradicionales ignoraron sus reclamos, rechazaron tomarles notas o editaron sus declaraciones de manera que, según denunciaron, terminaban tergiversando el sentido de lo que querían comunicar.

"No escrachamos a nadie, nunca fue nuestra intención", aclararon. Lo que buscaban, explicaron, era que las situaciones fueran conocidas y que las autoridades se hicieran responsables.

Un año y medio de denuncias y una escucha que todavía falta
Para las madres, el apartamiento de los interventores no alcanza para cerrar el conflicto. Hay denuncias presentadas ante el Ministerio de Educación que, según sostienen, permanecen sin respuestas, y todavía esperan que se les entregue el registro de las actas de las distintas reuniones mantenidas durante el proceso.

Carolina consideró que sería importante que el Ministerio convocara a las familias, mostrara esa documentación y explicara cómo llegó a las decisiones que finalmente tomó. No espera demasiado de esa posibilidad. "No creo que pase", expresó, al describir una relación institucional atravesada por desencuentros y falta de comunicación.

Yanina puso el foco en el tiempo que duró la intervención. Habló de "un año y medio de crueldad" y sostuvo que durante ese período no se atendieron adecuadamente las situaciones denunciadas.

En ese recorrido, ambas destacaron especialmente el acompañamiento de la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes, donde un grupo de madres pudo exponer las experiencias que venían atravesando. Yanina recordó las reuniones convocadas por el Ministerio para escuchar a los distintos cursos y relató que había participado en la correspondiente a primero, donde también estaban presentes estudiantes que contaban situaciones muy difíciles.

"Me parecía todo el tiempo que no les pasaba nada con lo que contábamos", recordó. Según describió, las intervenciones de los chicos no parecían generar una reacción de escucha por parte de quienes conducían ese encuentro.

La reunión con segundo año, en cambio, tuvo otra dinámica. Allí encontró a dos personas que, según su percepción, sí lograron conmoverse con los testimonios y prestar atención a lo que estaba sucediendo. Las madres consideran que esa escucha pudo haber contribuido a que se tomara la decisión de apartar a los interventores.

También recordaron que durante esos encuentros se había cuestionado la tarea de quienes habían llegado a la escuela con el propósito de reorganizarla. "Fueron muy mal organizadores. Venían a organizar la escuela y no organizaron nada", señalaron.

Reconocieron que quizá se realizaron algunas tareas administrativas, aunque insistieron en que faltó una dimensión fundamental: la humana. Porque una escuela, explicaron, no puede limitarse a transmitir contenidos. También debe ofrecer condiciones emocionales para que los estudiantes puedan aprender, sentirse cuidados y construir vínculos.

La Defensoría, según contaron, comenzó a reunir denuncias, actas, fotografías, videos, grabaciones y descargos. Las madres remarcaron que cada una conserva copias de las presentaciones realizadas y rechazaron las versiones que sostenían que no existían denuncias contra las autoridades cuestionadas.

En ese sentido, pidieron no dar crédito a la información publicada por el diario La Capital, en la que se defendía la continuidad de la intervención y se reproducían declaraciones de Daiana Gallo Ambrosis, secretaria de Gestión Territorial del Ministerio de Educación de Santa Fe. "Hay denuncias", insistieron.

Pero hay otra preocupación que consideran todavía más importante: evitar que las personas denunciadas sean trasladadas a otros establecimientos sin que se investigue lo sucedido.

"Lo que no queremos es que estén en otros establecimientos. Me parece súper peligroso, después de esta experiencia, que los trasladen a otros lugares y que esto se replique", sostuvo Yanina. Para ella, no se trata solamente de conseguir un cambio de autoridades en la Gurruchaga, sino de impedir que las situaciones de violencia denunciadas puedan repetirse en otras comunidades.

Carolina agregó que durante las conversaciones con la Defensoría también apareció la necesidad de investigar una posible conexión entre lo ocurrido en primaria y secundaria. Las madres señalaron que observan un hilo conductor en determinadas formas de ejercer el poder, impartir directivas y relacionarse con las familias.

En ese marco, mencionaron a la directora de primaria, quien, según informaron, dejaría temporalmente ese cargo para asumir una suplencia como supervisora. La decisión generó inquietud porque temen que se trate de un desplazamiento transitorio y que, una vez que pase el conflicto, pueda regresar a la institución.

"De la misma manera que los directivos interventores no pueden estar en otro sitio", plantearon, al reclamar que las denuncias sean investigadas y que se adopten decisiones concretas. "La violencia se debe terminar".

El FestiRock: una escuela que pudo organizarse desde el amor
A pocos días de finalizar las reuniones con el Ministerio, la secundaria tenía por delante uno de sus acontecimientos más importantes: el FestiRock. También se acercaba la tradicional peña de fin de año, una celebración que reúne a los distintos niveles del Complejo Educativo Gurruchaga.

La realización del FestiRock se convirtió en una nueva prueba para la comunidad. Como todavía no había un equipo directivo definido, desde el Ministerio se solicitó conformar un grupo de responsables integrado por docentes y familias.

La propuesta fue aceptada sin demasiadas vueltas. Madres, padres, docentes y estudiantes se organizaron para garantizar que el festival pudiera realizarse.

Sin embargo, a dos días del evento descubrieron que faltaban la habilitación y el seguro, documentación que, según les habían comunicado los interventores, ya estaba resuelta. Las familias tuvieron que ocuparse de conseguir los papeles y gestionar el convenio que finalmente terminó firmando el Ministerio de Educación.

La incertidumbre llegó hasta el día anterior. Recién entonces pudieron confirmar que el festival se realizaría. "No lo dudamos, lo hicimos. Nos organizamos y no sucedió absolutamente nada", contó Carolina, al recordar el trabajo colectivo que permitió sostener la actividad.

El FestiRock finalmente salió hermoso. Participaron las familias, el Centro de Estudiantes y los docentes. Algunos habían acordado turnarse para colaborar durante dos horas, pero terminaron quedándose mucho más tiempo del previsto.

Para Yanina, esa respuesta fue una demostración concreta de lo que representa la comunidad educativa cuando trabaja unida. "Eso es el amor, es amor", expresó.

El cierre del festival tuvo un momento especialmente emotivo. El Centro de Estudiantes leyó un escrito de despedida en el que apareció una frase que conmovió profundamente a las madres: la Gurruchaga no era solamente el segundo hogar de los estudiantes, sino que para muchos era directamente el primero.

"Pasan más horas en la escuela que en su propia casa", explicó Yanina. Por eso, esa declaración no era una metáfora vacía, sino una manera de expresar el vínculo que los chicos construyeron con la institución.

La celebración también dejó en evidencia una contradicción: mientras la comunidad de secundaria lograba organizarse para sostener uno de sus acontecimientos más importantes, los niveles inicial y primario, junto con la cooperadora, suspendían la peña de fin de año.

Las madres dijeron desconocer los motivos concretos de esa decisión, aunque consideraron que estaba relacionada con el conflicto de secundaria. Por eso, reclamaron que se revierta la suspensión, especialmente ahora que la escuela cuenta nuevamente con autoridades.

"Si no había directivos, estaba el Ministerio. Tienen que hablar con la gente del Ministerio", plantearon. Las respuestas que recibieron, según contaron, fueron que las autoridades ministeriales no sabían nada de la suspensión.

La situación se sumó a otra serie de cuestionamientos sobre el funcionamiento de la cooperadora, que, según explicaron, comprende a los tres niveles educativos. Las madres señalaron que algunas personas vinculadas a su administración tendrían designaciones relacionadas con el Ministerio y cuestionaron la falta de información y participación de las familias.

El malestar se profundizó cuando algunas madres descubrieron que existía una cuenta de Instagram de la cooperadora, a través de la cual se difundían actividades y decisiones que desconocían. Una de ellas contó que había pagado la cuota anual y, sin embargo, no estaba informada sobre las reuniones ni sobre lo que ocurría con los recursos y las actividades.

Al preguntar cuándo se realizaban los encuentros, aseguró que fue bloqueada de la cuenta. Otra madre contó que, a través de un contacto privado con una integrante de la cooperadora, pudo obtener alguna respuesta, aunque también apareció la referencia a cuestiones políticas que, según entendieron, atravesaban el funcionamiento de la organización.

Las entrevistadas mencionaron además la necesidad de investigar lo que ocurre en la Vecinal Maradona y su posible vinculación con algunos de los actores que intervienen en el conflicto. Sobre este punto, señalaron la importancia de que los medios indaguen en la situación institucional de esa organización.
Las puertas que no se abrieron

La búsqueda de respuestas no se limitó al Ministerio de Educación. Las familias también intentaron llevar el conflicto al Concejo Municipal de Rosario.

Yanina recordó que se acercaron a ese espacio cuando todavía no había estallado el conflicto de secundaria y la preocupación estaba concentrada principalmente en lo ocurrido en primaria. Allí fueron recibidas por representantes de Ciudad Futura y pudieron explicar parte de la problemática.

Después redactaron una nota solicitando una reunión con la Comisión de Cultura y Educación, presidida por Alicia Pino. Pero la respuesta nunca llegó.

Según relataron, cuando comenzaron a consultar por la posibilidad de concretar el encuentro, desde el Concejo les pidieron más información para conocer qué sucedía en la escuela. Las madres cuestionaron esa respuesta porque entendían que ya habían presentado los elementos necesarios para justificar la reunión.

También señalaron que no se trata de una experiencia aislada: conocen otros casos de familias y organizaciones que solicitan encuentros con autoridades y no consiguen concretarlos, o reciben llamados de último momento para que desistan de asistir.

En ese escenario, destacaron que la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes fue el espacio institucional que efectivamente les permitió exponer lo sucedido y avanzar en la recopilación de pruebas.

La otra ausencia que cuestionaron fue la del gremio docente. Las madres manifestaron su desconcierto por la falta de acompañamiento de AMSAFE durante el conflicto, especialmente porque, según denunciaron, los propios docentes también habrían sido víctimas de presiones, amenazas y malos tratos.

Recordaron que algunos sectores gremiales, como el Frente 4 de Abril, habían acompañado reclamos en algunas marchas. "Acompañen a los docentes. Los docentes son amenazados, son apretados, ganan dos mangos, lidian con un montón de cosas", reclamó una de ellas.

En ese sentido, describieron situaciones que consideraron graves: docentes que habrían discutido con autoridades y sufrido descompensaciones, familias a las que se habría descalificado por organizarse y expresiones políticas utilizadas para desacreditar a quienes reclamaban.

También mencionaron el caso de una portera que, según su relato, habría sido sometida a una situación humillante a raíz de la desaparición de un teléfono celular que posteriormente apareció. Las madres afirmaron que existen numerosas denuncias relacionadas con el trato hacia trabajadores de la institución y reclamaron que tanto el Ministerio como el gremio intervengan.

La inclusión no puede depender de un certificado
En la conversación, el conflicto de la Gurruchaga se amplió hacia una problemática que las madres consideran extendida en el sistema educativo: las dificultades para garantizar el acompañamiento de estudiantes que necesitan apoyos específicos para transitar su escolaridad.

Carolina y Yanina denunciaron que hay niñas y niños que requieren acompañantes terapéuticos o maestras integradoras y no reciben esos recursos. Según contaron, algunas escuelas especiales argumentan que no tienen personal disponible, mientras que en otras ocasiones se les dice a las familias que se trata de problemas de conducta que no justifican una integración.

En determinados casos, explicaron, se les propone a las madres que contraten un acompañante particular, pero después tampoco se garantiza que esa persona pueda ingresar a la escuela.

Para ellas, se trata de una situación que expone tanto a los estudiantes como a los docentes. Una maestra de grado no puede hacerse cargo por sí sola de un curso de treinta alumnos cuando algunos necesitan una atención específica que requiere formación y recursos adicionales.

"Para eso hay docentes que estudiaron y se capacitaron, maestras especiales, acompañantes terapéuticos, que son los que tienen que estar ahí acompañando", señalaron. Ese acompañamiento, agregaron, también es necesario para que los docentes de grado puedan desarrollar su trabajo con mejores herramientas.

Carolina relató entonces su propia experiencia con uno de sus hijos, que había presentado dificultades en algunas asignaturas y realizaba un tratamiento con una psicopedagoga. La familia había acercado informes profesionales en los que se solicitaban orientaciones y herramientas pedagógicas para trabajar sobre un diagnóstico de déficit de atención.

No estaban pidiendo una adaptación curricular, sino algunas indicaciones que permitieran acompañar mejor el proceso de aprendizaje.

Sin embargo, según contó, la respuesta de la dirección fue que no podían hacer nada si el estudiante no tenía un Certificado Único de Discapacidad (CUD).

La situación fue todavía más preocupante cuando, de acuerdo con su testimonio, le plantearon que, si no conseguía ese certificado, tendría que cambiar a su hijo de escuela porque la Gurruchaga era una institución técnica con determinadas exigencias.

Carolina cuestionó esa respuesta y señaló la contradicción que implicaba admitir situaciones de convivencia o dificultades de conducta sin exigir cambios de institución, mientras que a su hijo se le planteaba que debía irse por no contar con un certificado de discapacidad.

"No es para sacar certificado", explicó que había repetido en varias oportunidades. Lo que necesitaba era que la escuela pudiera escuchar a los profesionales que acompañaban al estudiante y ofrecerle herramientas para sostener su trayectoria educativa.

Yanina agregó que también conocía casos en los que ocurría exactamente lo contrario: familias que sí presentaban el CUD y recibían como respuesta que no era necesario ningún acompañamiento.

Según explicaron, es la escuela de nivel común la que debe solicitar la intervención de la modalidad especial y generar los espacios de evaluación necesarios para determinar qué apoyos requiere cada estudiante. Por eso, cuestionaron que las instituciones desestimen informes de neurólogos, psicólogos, fonoaudiólogos y psicopedagogos sin abrir instancias de diálogo.

También reclamaron capacitaciones para los equipos educativos y las autoridades, de manera que exista mayor claridad sobre los criterios para solicitar certificados y garantizar acompañamientos.

"La escuela tiene que ser un lugar que aloje", resumieron. Y agregaron que, como mínimo, no debería ser un espacio donde los chicos la pasen mal.

Las consecuencias de esas experiencias, explicaron, no siempre aparecen en forma de denuncias explícitas. Muchas veces se manifiestan en el cuerpo y en el comportamiento de los estudiantes: dolores de panza, dolores de cabeza, rechazo a asistir a clases e incluso situaciones de regresión en chicos que ya habían dejado atrás determinadas conductas infantiles.

"Hacen síntomas enseguida", advirtieron. Para las madres, esa dimensión emocional debería estar en el centro de cualquier política educativa. No alcanza con que un estudiante tenga una vacante o permanezca físicamente dentro del aula. También necesita sentirse cuidado, respetado y acompañado.

La identidad de la Gurru, entre el teatro, la memoria y la pertenencia
En medio de los cuestionamientos, las madres encontraron en distintas expresiones culturales de la escuela una forma de recordar qué es aquello que estaban defendiendo.

Yanina contó que había asistido a una presentación del elenco teatral de la institución y que la experiencia la había conmovido profundamente. Invitó a la comunidad de Rosario a acercarse a conocer el trabajo de ese grupo de actores y actrices, que había construido una obra alrededor del amor por la escuela.

Los estudiantes de sexto año estaban próximos a egresar y, desde el escenario, expresaban qué cosas iban a extrañar cuando dejaran de asistir a la Gurruchaga. También decían que, aunque ya no estuvieran físicamente allí, seguirían formando parte de la institución porque se la llevaban en el corazón.

Para Yanina, esa escena sintetizaba la identidad que las familias buscaban recuperar. "Yo quiero quedarme con el Centro de Estudiantes mil veces y con los alumnos de la escuela. Para mí son un ejemplo", afirmó.

La emoción tenía también una razón dolorosa. Las madres recordaron que uno de los primeros espacios cuestionados durante la intervención había sido precisamente el teatro y las clases del elenco. Según relataron, las restricciones y observaciones sobre la vestimenta de los estudiantes también formaron parte de las situaciones denunciadas.

Recordaron comentarios sobre el uso de gorras, remeras cortas y determinadas formas de vestirse, que interpretaron como expresiones de discriminación y prejuicio. Una de las frases que mencionaron fue especialmente contundente: "Acá no queremos villeros".

También recordaron advertencias dirigidas a estudiantes sobre su vestimenta y la posibilidad de que determinados comportamientos pudieran generar denuncias falsas contra docentes.

En ese contexto, la presentación teatral adquirió otro significado: era una manera de mostrar que la escuela que defendían estaba hecha de vínculos, experiencias, creatividad, participación y pertenencia.

La situación edilicia, además, sumaba dificultades a la vida cotidiana. Una de las madres recordó que su hija terminaba sexto año y que, junto con la emoción de verla egresar, no podía dejar de pensar en las condiciones en las que había transitado la secundaria.

"Llueve afuera y llueve adentro", describió. Habló de techos que se caen, de aulas afectadas por el calor y el frío y de una estudiante que durante el invierno llevaba una bolsa de agua caliente para poder permanecer sentada en clase.

La precariedad material contrastaba con el compromiso de muchos docentes, a quienes las madres reconocieron por el trabajo que realizan pese a los bajos salarios y las dificultades cotidianas.

La Gurruchaga, insistieron, no es solamente un edificio ni una estructura administrativa. Es una comunidad que se construyó a partir de años de trabajo, experiencias compartidas y una perspectiva de derechos que sus estudiantes reconocen como propia.

Por eso, la intervención había generado un dolor que iba mucho más allá de las decisiones institucionales.

El miedo, las amenazas y la decisión de no callarse
Otro de los aspectos que las madres quisieron visibilizar fue el temor que, según denunciaron, atravesó a las familias y a los trabajadores durante el conflicto.

Yanina pidió especialmente a otras comunidades educativas que no tengan miedo de contar lo que sucede. Reconoció que, en su experiencia, hubo amenazas, presiones y distintas formas de intimidación.

Entre los episodios relatados mencionó la circulación de capturas de pantalla de conversaciones de grupos de WhatsApp. Según contó, una directora habría recibido imágenes de los intercambios entre las familias y luego las habría reenviado a docentes.

También denunció que la directora de primaria habría amenazado a algunas madres con no firmarles el próximo certificado de escolaridad. En uno de los ejemplos que relató, una autoridad habría utilizado el cobro de la escolaridad para cuestionar a una familia que manifestaba dificultades económicas para comprar un libro de Matemática cuyo costo, según señaló, rondaba los 200.000 pesos.

La lógica de esas situaciones, para Yanina, era clara: convertir un trámite o una responsabilidad institucional en una herramienta de presión.

"Pero somos más, y ganamos porque ganamos desde el amor. Es así, ganamos desde el amor", afirmó.

Las madres reconocieron que su propia reacción había sido intensa. "Las madres somos una fiera. Se metieron con nuestros hijos y con nuestras hijas", expresó una de ellas.

Sin embargo, insistieron en que el movimiento estudiantil siempre buscó sostener una conducta respetuosa. Recordaron las manifestaciones en la calle, los cortes y las canciones que acompañaban los reclamos, pero también la insistencia del Centro de Estudiantes para que se cuidaran las palabras y se mantuviera el respeto.

Esa actitud contrastaba, según su mirada, con las acusaciones de violencia que recibían desde algunos sectores del Ministerio.

Una de las madres recordó que Sergio Libonati, coordinador pedagógico de Escuelas Secundarias del Ministerio de Educación, había calificado de violenta a una mamá que planteó la posibilidad de salir a reclamar públicamente.

También contó que, incluso después de las reuniones ministeriales, continuaban algunas restricciones en la escuela, como el cierre de los baños y el control de quiénes podían ingresar. En ese contexto, una estudiante del Centro de Estudiantes les había transmitido que les pedían que dejaran de quejarse y terminaran con la violencia.

La respuesta de las madres fue otra: quienes debían revisar sus prácticas eran las propias autoridades.

"Cuando yo levanto mi voz y digo basta, no estoy siendo violenta. Yo no le estoy pegando a nadie", sostuvo Yanina. Para ella, las manifestaciones eran la consecuencia de situaciones mucho más violentas que habían ocurrido dentro de la institución.

Recordó también una reunión en la que había explicado que no quería estar allí, discutiendo con autoridades, ni pasar sus días redactando denuncias o viendo carteles que expusieran las situaciones que los estudiantes decían haber vivido.

"Me hubiera sido más fácil estar en mi casa tomando mate", contó que había dicho. Pero había decidido estar presente porque sentía que se habían producido muchas crueldades y que alguien tenía que hacerse cargo.

Esa decisión tenía una razón concreta: sus hijos pasaban aproximadamente once horas por día en la escuela.

"Yo quiero estar tranquila, que estén en una escuela donde los cuidan, donde se sienten protegidos", había explicado durante una de las reuniones. Sus hijos aman la Gurruchaga, afirmó, y la sienten como una segunda casa.

Por eso, la posibilidad de que estuvieran expuestos a malos tratos mientras ella permanecía en su hogar era algo que no podía aceptar.

En un momento llegó a pensar que su hijo no debía continuar en la institución. Cuando se lo planteó, el propio chico le dijo que no quería dejar la Gurruchaga. La respuesta que recibió entonces de una autoridad fue que quizá debía cambiarlo de escuela porque esa institución no era para él y existían otros establecimientos a los que podía enviarlo.

El episodio quedó grabado en su memoria como una expresión de una lógica de exclusión: ante una dificultad, en lugar de buscar herramientas para acompañar al estudiante, se proponía que abandonara la escuela.

Una nueva etapa, con una comunidad que seguirá atenta
La recuperación de la conducción por escalafón interno abrió una etapa diferente. En la secundaria, las madres perciben un cambio de clima y aseguran que los estudiantes están más tranquilos.

Yanina contó que había conversado con su hijo menor, que cursa primer año y tiene trece años, para preguntarle cómo se sentía después del apartamiento de los interventores.

La respuesta fue breve: "Mamá, se fueron". Después, el chico le explicó que antes sentía que podía ocurrir una tragedia en el patio y que las autoridades seguirían tomando café como si nada pasara.

La imagen que construyó ese adolescente impresionó a su madre. Para ella, expresaba de una manera muy clara la sensación de indiferencia que los estudiantes habían experimentado.

También recordó los carteles que habían aparecido por toda la escuela durante las manifestaciones. En ellos, los chicos expresaban de manera creativa y artística las situaciones que denunciaban. Algunos ya no estaban, pero para las madres habían sido una prueba de la valentía con la que los adolescentes lograron poner en palabras experiencias dolorosas.

Durante el FestiRock, Yanina miraba esos carteles y pensaba en todo lo que los estudiantes habían tenido que atravesar para defender la escuela.

"Estoy horas y horas pensando cómo defender una escuela. Es terrible", reconoció. Pero dejó claro que continuaría haciéndolo y acompañando a sus hijos y al resto de la comunidad.

Ahora, el horizonte debía ser otro: trabajar con los docentes, fortalecer los vínculos y dejar atrás las prácticas que habían provocado tanto sufrimiento.

"Hay que apostar por eso. Desterrar todo lo que ya está, ya está. Ahora vamos por otro horizonte", planteó. Un horizonte, agregó, que necesariamente debía ser más humano.

La nueva conducción también deberá comprender que la Gurruchaga no es una institución que pueda administrarse de espaldas a quienes la integran. Las madres señalaron que cualquier equipo directivo debe saber que existe una comunidad formada por estudiantes, Centro de Estudiantes, familias y docentes, y que la comunicación es la base de cualquier vínculo institucional.

Pidieron que las autoridades informen lo que hacen, dialoguen con las familias y comuniquen incluso las situaciones cotidianas, los accidentes y los problemas que puedan surgir.

"Nosotros vamos a escucharlos, nosotros siempre vamos a darle para adelante con la escuela", aseguró Carolina. No reclaman una institución sin límites ni normas. Entienden que es necesario establecerlos, pero sostienen que eso debe hacerse desde el respeto y el cuidado.

En cuanto a la estabilidad de las nuevas autoridades, explicaron que todavía no tienen certezas sobre cuánto tiempo permanecerán en sus cargos. Según su interpretación del mecanismo de escalafón, podrían producirse modificaciones cuando se incorporen nuevos puntajes, posiblemente entre marzo y abril del año siguiente, aunque también existe la posibilidad de que continúen.

En primaria, mientras tanto, la directora se encontraba cumpliendo una suplencia como supervisora hasta el 31 de diciembre. Las madres expresaron que esperan que encuentre otro espacio laboral, pero advirtieron que, si regresa a la institución, continuarán con los reclamos.

"Hay audios, hay videos, hay actas, hay denuncias", enumeraron.

La decisión de seguir organizadas no responde únicamente a lo que ocurrió en la Gurruchaga. También tiene que ver con la necesidad de que otras familias, estudiantes y centros de estudiantes sepan que pueden reclamar cuando sus derechos son vulnerados.

"Hablen, digan, muévanse, hagan lío", pidió Yanina. Y explicó que, en su experiencia, las familias adultas se encuentran muchas veces con bloqueos en las redes institucionales, falta de respuestas, reuniones que no se concretan y situaciones de intimidación.

Contó que algunas madres ni siquiera pueden acceder a las publicaciones de las cuentas oficiales de la escuela porque fueron bloqueadas, aunque allí continúen apareciendo fotografías de sus propios hijos.

A eso se suma, según denunció, la circulación de capturas de conversaciones privadas en grupos de WhatsApp y el aislamiento de quienes se atreven a cuestionar decisiones de las autoridades.

"Me parece a mí que esto, que el abuso de poder, se tiene que desterrar", sostuvo.

La conquista de la nueva conducción no borra esas experiencias, pero sí demuestra que la organización colectiva pudo modificar una decisión que parecía inamovible.

"Otra vez, se defendió la identidad de la Gurru"
Al cierre de la conversación, las madres volvieron sobre una idea que había aparecido desde el comienzo: la importancia de no naturalizar el maltrato dentro de las instituciones educativas.

Recordaron que durante el conflicto habían aparecido carteles en las aulas con una consigna tan sencilla como contundente: "Basta de maltrato".

Yanina contó que había llevado esa imagen a las reuniones con el Ministerio para plantear una pregunta que, según consideró, merecía una reflexión profunda: ¿es necesario que los propios estudiantes tengan que pedir que no los maltraten dentro de un aula?

Para las entrevistadas, esa pregunta resume buena parte de lo ocurrido. Una escuela debería ser un espacio de cuidado, aprendizaje, participación y respeto. Cuando los chicos necesitan organizarse para reclamar algo tan básico, hay un problema institucional que no puede minimizarse.

La conversación también recuperó una contradicción que las madres consideraron especialmente significativa. Mientras el gobierno provincial participaba de la inauguración de un espacio destinado a que las infancias conocieran sus derechos, en una escuela pública de Rosario los estudiantes habían tenido que salir a la calle para reclamar que esos mismos derechos fueran respetados.

La comparación, señalaron, expone la distancia entre los discursos públicos sobre las infancias y las experiencias concretas que pueden atravesar dentro de las instituciones.

El balance, entonces, no es el de un conflicto definitivamente cerrado. Es el de una comunidad que consiguió una modificación importante, pero que todavía reclama investigaciones, respuestas, garantías para los docentes, recursos para la inclusión y condiciones para que los estudiantes puedan transitar la escuela sin miedo.

También es el de una experiencia que puso en primer plano el valor de la participación estudiantil y el acompañamiento familiar. Los chicos no fueron espectadores de un conflicto entre adultos: fueron protagonistas de una organización que encontró en las asambleas, las expresiones artísticas, los carteles y las manifestaciones una manera de defender su escuela.

Por eso, el Centro de Estudiantes, que se mantuvo más resguardado durante esta etapa, también hizo llegar su agradecimiento a través de un comunicado. Las madres explicaron que los jóvenes conocían la realización de la entrevista y que habían decidido expresar su reconocimiento por los espacios de comunicación que permitieron que sus voces circularan.

Carolina y Yanina agradecieron especialmente a Aire Libre Radio Comunitaria y a los programas que les dieron lugar para contar lo sucedido. Destacaron que sus testimonios pudieron recorrer distintos espacios y que eso permitió que una problemática que no encontraba suficiente difusión llegara a más personas.

"Es el único medio que cuenta las verdades y que está siempre del lado del oprimido, de quien sufre", expresaron, al valorar el acompañamiento recibido.

La historia de la Gurruchaga todavía tiene capítulos por escribir. Quedan denuncias por investigar, responsabilidades por establecer, decisiones institucionales por explicar y una comunidad que necesita recuperar la confianza. Pero también hay una certeza que las madres ya no quieren soltar: los estudiantes demostraron que pueden organizarse, defender sus derechos y hacerse escuchar.

La recuperación de la conducción por escalafón interno fue el resultado de esa persistencia. No fue una concesión aislada ni una decisión que llegó sin reclamos. Fue la consecuencia de meses de organización, exposición pública, reuniones, denuncias y acompañamiento colectivo.

En aquella primera entrevista, la incertidumbre era el sentimiento dominante. Hoy, con nuevas autoridades en la secundaria y la intervención apartada, aparece una esperanza que no desconoce lo ocurrido, pero que busca construir otra etapa.

La Gurruchaga quiere volver a ser una escuela donde los chicos puedan aprender, expresarse, hacer teatro, encontrarse con sus compañeros y sentirse parte de algo que los excede.

Una escuela que no obligue a sus estudiantes a pedir que no los maltraten. Una escuela donde las familias puedan preguntar sin temor y donde los docentes tengan las condiciones necesarias para enseñar.

Porque, como reivindicaron los estudiantes en su comunicado, una vez más se defendió la identidad de la Gurru.

Y porque, después de todo lo vivido, Carolina y Yanina se quedan con una convicción que también quieren transmitir a otras comunidades educativas: "Luchar sirve".

Escuchá la entrevista completa:

Legado Deliot: después de 20 años de disputa, Rosario recupera 807 hectáreas de humedales y abre una nueva etapa para su protección

Tras más de dos décadas de disputa judicial, el municipio rosarino logró recuperar 807 hectáreas de humedales en las islas del Paraná, un territorio de enorme valor ambiental, arqueológico y cultural que había sido ocupado por un empresario ganadero. Para Jorge Bártoli, integrante de El Paraná No Se Toca, el desenlace representa mucho más que la restitución de tierras: constituye un caso testigo de recuperación del patrimonio público, reparación ambiental y continuidad de una política de Estado, remarcó en una entrevista en Señales. Ahora, el desafío será restaurar los ambientes afectados, integrar las tierras recuperadas a la Reserva Los Tres Cerros y garantizar una gestión que preserve la biodiversidad y promueva la educación ambiental.

Después de más de 20 años de disputa judicial, Rosario recuperó 807 hectáreas de humedales del Legado Deliot, un territorio de enorme valor ambiental ubicado en las islas del Paraná, frente a las costas de la ciudad, en jurisdicción de la provincia de Entre Ríos. Se trata de tierras de propiedad municipal que durante años estuvieron ocupadas por el empresario ganadero Enzo Rómulo Mariani, quien pretendía quedarse con más de 800 hectáreas pertenecientes a la ciudad.

La recuperación marca un punto de inflexión en una historia atravesada por conflictos judiciales, intervenciones sobre el ambiente, reclamos de organizaciones sociales y decisiones políticas que se sostuvieron a lo largo de distintas administraciones municipales. También abre una nueva etapa: la de restituir las condiciones naturales del humedal, recuperar los espacios dañados y poner en valor un patrimonio público que ahora podrá convertirse en un refugio de biodiversidad, un espacio de educación ambiental y un ámbito para el desarrollo del ecoturismo.

Para Jorge Bártoli, integrante de la organización El Paraná No Se Toca, el momento tiene una dimensión histórica. Así lo expresó al referirse al anuncio de la recuperación, que también había sido destacado por el secretario de Gobierno municipal, Sebastián Chale. "Para nosotros y para la ciudad de Rosario es un hecho histórico, sin duda. Estamos hablando de la recuperación de un territorio maravilloso, patrimonio público de todos los rosarinos", sostuvo.

Para dimensionar la superficie recuperada, Bártoli propone una comparación con uno de los espacios verdes más conocidos de la ciudad: las 807 hectáreas equivalen a seis veces y media la superficie del parque Independencia. Una extensión que permite comprender no solamente la magnitud territorial de la restitución, sino también el potencial ambiental que representa para Rosario.

Sin embargo, su mirada excede la cuestión patrimonial local. En un contexto que considera especialmente agresivo hacia los entornos naturales y los bienes comunes del país, Bártoli advierte sobre la falta de una Ley de Humedales, cuyo tratamiento ha atravesado sucesivos fracasos en el Congreso de la Nación. Frente a ese escenario, plantea que las provincias y los municipios tienen una responsabilidad fundamental en la preservación de estos territorios y cuentan con herramientas legales para intervenir.

Desde esa perspectiva, entiende que lo ocurrido con el Legado Deliot constituye un caso testigo. No se trata únicamente de que Rosario haya recuperado tierras que le pertenecían, sino de que se logró avanzar en la restitución del patrimonio público, la reparación de un daño ambiental de gran magnitud y la preservación de un bien natural con enormes posibilidades hacia el futuro. "Es una mirada a futuro en un espacio que tiene un enorme potencial ecoturístico y como reserva de biodiversidad", señaló.

La historia de esta recuperación tiene, además, un elemento que Bártoli considera determinante: la continuidad de una decisión política. Hace 14 años, en medio del conflicto por la ocupación de las tierras, la Municipalidad de Rosario, durante la gestión de la entonces intendenta Mónica Fein, resolvió avanzar en la recuperación del territorio. Esa decisión, destacó, se sostuvo durante las administraciones municipales posteriores.

El proceso contó desde el comienzo con el acompañamiento de El Paraná No Se Toca, a la que progresivamente se fueron sumando otras organizaciones de la sociedad civil y, posteriormente, la Universidad Nacional de Rosario, que aportó un respaldo académico y científico. La articulación entre el municipio, las organizaciones ambientalistas y la universidad permitió construir un espacio de trabajo común que atravesó distintos gobiernos y resistió las dificultades de un conflicto que durante años pareció no tener resolución.

Para Bártoli, ese recorrido demuestra la importancia de sostener políticas públicas más allá de los cambios de gestión. "Lo más importante es que hubo una política de Estado que tuvo continuidad a lo largo de las sucesivas administraciones municipales", remarcó.
Un territorio que amplía la Reserva Los Tres Cerros
Las 807 hectáreas recuperadas no constituyen un espacio aislado. Se incorporan a otras 400 hectáreas linderas que no habían sido usurpadas y que desde hace varios años integran la Reserva Los Tres Cerros. De esta manera, la recuperación amplía considerablemente un territorio protegido que reúne valores ambientales, históricos y arqueológicos de singular importancia.

La denominación de la reserva remite precisamente a uno de sus principales atributos: la presencia de un sitio arqueológico de enorme valor conocido como Los Tres Cerros. El nombre evoca las antiguas formas de ocupación del territorio por parte de los pueblos originarios del delta del Paraná, particularmente los Chaná, que construían montículos artificiales de tierra, conocidos como cerros o cerritos, para establecer sus asentamientos y desarrollar distintas actividades comunitarias.

Estos pueblos aprovecharon las elevaciones naturales de las islas, como los albardones y los médanos, pero también modificaron el paisaje mediante la construcción de montículos en terrenos que originalmente eran prácticamente llanos. Algunos de esos cerritos llegaron a alcanzar tres metros de altura y centenares de metros cuadrados de superficie. Allí instalaron sus viviendas y enterraron a sus muertos, dejando estructuras que constituyen algunas de las evidencias más visibles y duraderas de las poblaciones indígenas del litoral.

Las investigaciones arqueológicas realizadas por especialistas de la Universidad Nacional de La Plata sobre el sitio Los Tres Cerros permitieron determinar que se trata de elevaciones artificiales construidas mediante la incorporación de arcillas, tierras quemadas, huesos y fragmentos de vasijas. La superposición de esos materiales contribuyó a aumentar la altura y la cohesión de los montículos, además de proteger los asentamientos frente a las periódicas crecidas del río.

Los estudios también permitieron identificar distintas jerarquías, funciones e intensidades de ocupación entre los asentamientos. En algunos de ellos se diferenciaron sectores destinados a actividades domésticas y otros utilizados como basureros, donde se acumularon miles de fragmentos de cerámica y restos óseos de animales. Las vasijas y los materiales arqueológicos encontrados constituyen testimonios fundamentales para reconstruir las formas de vida de las antiguas comunidades isleñas.

A esa riqueza cultural se suma una biodiversidad extraordinaria. Bártoli destaca que el territorio tiene un enorme potencial turístico y, especialmente, para la educación ambiental. Considera que la sociedad difícilmente pueda comprometerse con la protección de ambientes naturales que no conoce. Por eso, entiende que resulta fundamental generar condiciones para que la población pueda acercarse, recorrer y comprender el funcionamiento de los humedales.

Actualmente, el acceso al lugar es complicado y la infraestructura disponible es verdaderamente mínima. La expectativa es que, con las intervenciones que se proyectan, el territorio pueda contar con instalaciones básicas que faciliten las visitas sin alterar sus características naturales. La posibilidad de que los rosarinos conozcan de primera mano este ambiente adquiere una relevancia particular en una ciudad que ha sufrido durante años las consecuencias de los incendios y las quemas en los humedales del Paraná.

"No podemos pretender que la población tome para sí la protección de entornos naturales que no conoce. A este lugar hay que ir a conocerlo", plantea Bártoli. En ese sentido, la recuperación de las tierras representa también la posibilidad de construir una relación diferente entre la ciudad y su territorio insular.
Los terraplenes que alteraron la vida del humedal
El sector que estuvo ocupado por Mariani tiene una característica geográfica que ayuda a comprender el interés que despertó en el empresario: es lindero con la conexión vial Rosario-Victoria y cuenta con acceso terrestre desde esa traza. Para quienes desarrollan actividades agropecuarias en las islas, esa cercanía representa una ventaja logística importante, porque facilita los desplazamientos y el traslado de maquinaria e insumos.

Precisamente, esa condición habría sido uno de los factores que impulsaron al ocupante a apropiarse de un territorio que no le pertenecía. Allí desarrolló actividades ganaderas y construyó terraplenes, caminos, viviendas y galpones, modificando profundamente la dinámica natural del humedal.

El comienzo de la lucha por recuperar esas tierras se remonta a una situación que fue advertida casi de casualidad. Bártoli recuerda que hace 14 años un compañero de la organización, un amigo que ya falleció, se encontraba remando por el riacho Paranasito cuando ingresó por un arroyo que entonces todavía era conocido como Arroyo de la Cruz. Allí descubrió que el curso de agua estaba interrumpido por un terraplén.

Ese hallazgo permitió advertir la dimensión de las intervenciones que se estaban realizando en el territorio. Para Bártoli, el terraplenamiento en zonas de delta constituye una práctica especialmente perjudicial, aunque históricamente haya formado parte de ciertos usos y costumbres vinculados con la producción agropecuaria y forestal.

La construcción de terraplenes para cortar arroyos o secar lagunas con el objetivo de favorecer determinadas actividades productivas implica una alteración profunda del funcionamiento del ecosistema. Los humedales necesitan cursos de agua libres para que las especies que allí habitan, anidan y crecen puedan desarrollar sus ciclos naturales y reproductivos. Cuando se interrumpe esa dinámica, se afectan los procesos que sostienen la vida del ambiente y los beneficios ecosistémicos que esos territorios brindan a la sociedad.

En el caso del Legado Deliot, la magnitud de las obras fue considerable. De acuerdo con las imágenes históricas que conserva la organización, se construyeron entre 12 y 14 kilómetros de terraplenes. La intervención permitió interrumpir el Arroyo de la Cruz y secar la que había sido una enorme laguna del mismo nombre, provocando, según describe Bártoli, un daño ambiental verdaderamente superlativo.
Las modificaciones del paisaje no se limitaron a las obras de infraestructura vinculadas con la actividad ganadera. En el predio también se construyeron un chalet, una pileta de natación, un galpón de grandes dimensiones para guardar la maquinaria utilizada en la construcción de los terraplenes y una vivienda destinada al casero.

Todo ese despliegue se realizó sobre tierras que pertenecían al municipio rosarino. Bártoli recuerda que durante mucho tiempo el ocupante actuó con absoluta impunidad, convencido de que podría permanecer allí indefinidamente. Sin embargo, el desenlace terminó siendo diferente al que había imaginado.

La complejidad del conflicto estuvo determinada, en buena medida, por las particularidades jurisdiccionales del territorio. Aunque pertenece a Rosario, el Legado Deliot se encuentra fuera del ejido municipal y, además, está ubicado en otra provincia: las islas pertenecen a la jurisdicción de Entre Ríos.

Esa situación convirtió el proceso judicial en un recorrido especialmente engorroso. Primero hubo que litigar en Rosario, donde, según recuerda Bártoli, ocurrieron situaciones insólitas, como la desaparición de expedientes judiciales que posteriormente volvieron a aparecer. Luego, el conflicto debió continuar en Entre Ríos, mientras el empresario sostenía su pretensión de quedarse con las tierras y llevaba el caso hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Fueron años de idas y vueltas, obstáculos administrativos y judiciales, discusiones y momentos de incertidumbre. Un camino que, como reconoce Bártoli, daría material suficiente para escribir un libro.

En ese largo recorrido, el dirigente ambientalista destaca especialmente la actuación de la Dirección Jurídica de la Municipalidad de Rosario durante los últimos dos o tres años. Considera que tuvo una intervención muy firme y que finalmente permitió alcanzar un acuerdo de retirada, que es el que ahora comienza a ponerse en marcha.

La resolución de las instancias judiciales permitió avanzar hacia la restitución efectiva del territorio y establecer las condiciones para que Mariani desaloje el lugar. Se trata de una etapa que, según Bártoli, será relativamente breve en comparación con los años que demandó el litigio, aunque todavía requiere completar el retiro del ocupante para que el municipio pueda tomar plena posesión de las tierras.
De la recuperación judicial a la restauración ambiental
La recuperación de las 807 hectáreas representa el paso más importante de un proceso que, sin embargo, está lejos de haber concluido. Para las organizaciones ambientalistas y el municipio, comienza ahora un desafío diferente: transformar el territorio recuperado en un espacio protegido, restaurar los ambientes afectados y garantizar que la reserva pueda funcionar de manera efectiva.

La tarea implica integrar las nuevas hectáreas al sector que ya conformaba la Reserva Los Tres Cerros y avanzar en una gestión que permita preservar sus valores naturales, arqueológicos y culturales. Bártoli considera que no alcanza con recuperar jurídicamente las tierras: es necesario dotarlas de una estructura de funcionamiento que garantice su conservación a largo plazo.

La preocupación compartida por las organizaciones y el municipio es que la reserva tenga una gestión dinámica, eficiente y ágil. El objetivo es que pueda cumplir efectivamente con su función de refugio de biodiversidad, convertirse en un centro ecoturístico y ofrecer oportunidades para desarrollar actividades de educación ambiental.

A eso se suma la necesidad de revertir las alteraciones provocadas por las obras realizadas durante la ocupación. La recuperación del libre escurrimiento de los arroyos internos del valle de inundación del Paraná aparece como una cuestión central para restablecer los ciclos naturales del humedal. El desmantelamiento de los terraplenes será, en ese sentido, una de las intervenciones fundamentales para que el agua vuelva a circular y los ambientes puedan recuperar progresivamente sus características.

La discusión sobre cómo gestionar el territorio también involucra a las comunidades que habitan y trabajan en las islas. Desde su creación, la Comisión Multisectorial Legado Deliot tuvo entre sus objetivos recuperar ambiental, social y culturalmente los lotes, pero también mantener y fortalecer a los habitantes isleños que desarrollan modos de vida sustentables, como los pescadores artesanales, evitando trasladar a las islas valores y lógicas propias de los espacios urbanos.
Trece años de una construcción colectiva

La continuidad del trabajo institucional y social tuvo un ámbito específico de articulación. En 2013, mediante la firma del decreto municipal de creación de la Comisión Multisectorial Legado Deliot Nº 1531, se pusieron en marcha las estrategias destinadas a recuperar y poner en valor la calidad ambiental de estos lotes.

La comisión se constituyó cuando el municipio decidió intervenir formalmente en el conflicto y avanzar en la recuperación de un territorio que pertenecía a Rosario, pero que estaba ocupado por un particular. Desde entonces, se convirtió en el espacio donde confluyeron funcionarios municipales, organizaciones de la sociedad civil y representantes del ámbito académico.

Bártoli destaca que el trabajo municipal estuvo acompañado durante todos estos años por el respaldo y también por la presión de las organizaciones sociales. A su entender, esa participación fue determinante para evitar que el conflicto tuviera otro desenlace. La perseverancia de quienes sostuvieron el reclamo permitió mantener el tema en agenda incluso en los momentos en que los tiempos judiciales y administrativos parecían alejar cualquier posibilidad de recuperación.

Actualmente, la comisión que gestiona la Reserva Los Tres Cerros está integrada por distintas áreas de la administración municipal y organizaciones de la sociedad civil vinculadas con el río Paraná y sus islas. Participan El Paraná No Se Toca, la Asociación Rosarina de Pesca con Mosca, el Taller de Comunicación Ambiental, vinculado a Sergio Rinaldi, Fridays for Future, Mundo Aparte, la Multisectorial por la Ley de Humedales y Taller Ecologista.

La Universidad Nacional de Rosario también tuvo una participación de peso en este proceso, particularmente a través de la Facultad de Ciencias Agrarias y el Observatorio Ambiental, que aportaron el acompañamiento académico y científico necesario para fortalecer el trabajo de recuperación y preservación del territorio.

Fueron 13 años de reuniones, discusiones e intercambios, muchas veces intensos. Bártoli recuerda que el recorrido estuvo marcado por tensiones entre los tiempos de la burocracia, las expectativas de las organizaciones y los plazos de la Justicia. Hubo momentos en los que parecía que el proceso se caía definitivamente y otros en los que volvía a tomar impulso.

"Ha sido verdaderamente muy azaroso", resume. Sin embargo, la comisión nunca dejó de trabajar y la gestión municipal mantuvo su participación. Esa perseverancia permitió sostener un objetivo común a pesar de las dificultades y de los cambios políticos e institucionales.

Para el integrante de El Paraná No Se Toca, el resultado demuestra que es posible construir políticas públicas de largo plazo mediante el trabajo mancomunado entre el Estado, las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones académicas. Por eso insiste en que el Legado Deliot constituye una experiencia que debería ser considerada como referencia para otros territorios amenazados por ocupaciones, transformaciones productivas y daños ambientales.

La nueva etapa, sostiene, deberá continuar sobre esa misma base de articulación. La recuperación de las tierras es una conquista colectiva, pero también una responsabilidad que exige sostener el compromiso y garantizar que el territorio no vuelva a quedar expuesto a intereses particulares.
"Por ríos y arroyos libres": el reclamo de la Multisectorial

La recuperación del Legado Deliot también fue celebrada por la Multisectorial, que destacó el papel de la lucha colectiva en el desenlace judicial. En un comunicado, las organizaciones expresaron su satisfacción por la sentencia del 23 de octubre del corriente año, dictada por el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial de la ciudad de Victoria, provincia de Entre Ríos.

El fallo rechazó la excepción de prescripción adquisitiva planteada por el empresario Enzo Rómulo Mariani, al considerar que la posesión que ejercía sobre el inmueble era ilegítima y de mala fe. Asimismo, hizo lugar a la demanda de reivindicación promovida por la Municipalidad de Rosario y dispuso que Mariani deberá restituir el inmueble al municipio, libre de personas y cosas.

Para fundamentar su decisión, la sentencia estableció que "se encuentra fehacientemente acreditado que el inmueble es titularidad de la Municipalidad de Rosario y que ha estado y continúa bajo la ocupación de Enzo Rómulo Mariani, [...] quien ejerce una posesión ilegítima y de mala fe".

La Multisectorial también puso el foco en las consecuencias que tuvo esa ocupación sobre el destino ambiental del territorio. Según señalaron, la situación impidió que la Municipalidad de Rosario pudiera cumplir con la finalidad pública asignada al predio: el desarrollo de la Reserva Municipal Los Tres Cerros. De esta manera, la ocupación no solo obstaculizó la ejecución de un proyecto ambiental y cultural, sino que también produjo un perjuicio económico y ambiental.

En ese sentido, las organizaciones remarcaron que la sentencia representa el reconocimiento judicial de una lucha sostenida durante años por recuperar un patrimonio público y devolverle su función ambiental. La restitución de las tierras deberá permitir avanzar ahora en la recuperación de los ambientes afectados y en la concreción del proyecto de reserva, cuya finalidad es preservar la biodiversidad, proteger el patrimonio arqueológico y garantizar el libre funcionamiento de los cursos de agua.

El reclamo de la Multisectorial, sin embargo, no termina con la restitución del inmueble. La recuperación efectiva del humedal requiere también desarmar los terraplenes que interrumpieron los cursos naturales de agua y restablecer la conexión entre los ambientes que integran el valle de inundación del Paraná. El comunicado cerró con una consigna que sintetiza el sentido de la lucha que las organizaciones vienen sosteniendo desde hace más de una década: "¡La Reserva de Los Tres Cerros No Se Toca! ¡Por ríos y arroyos libres!".

La recuperación del Legado Deliot representa así mucho más que el final de una prolongada disputa por la propiedad de unas tierras. Es la posibilidad de reparar un daño ambiental, recuperar el funcionamiento de un ecosistema, proteger un patrimonio arqueológico de enorme importancia y devolver a la sociedad el acceso a un territorio que forma parte de su patrimonio común.

Después de años de expedientes, litigios, reuniones y reclamos, las 807 hectáreas vuelven a estar en el horizonte de la ciudad. Pero la historia todavía tiene capítulos por delante. Desarmar los terraplenes, liberar los cursos de agua, restaurar el humedal y consolidar una reserva con gestión efectiva serán las tareas que definirán el verdadero alcance de esta recuperación.

Para quienes sostuvieron la lucha, el desafío ahora es que la conquista judicial se transforme en una política concreta de conservación. Que Los Tres Cerros sea un refugio para la biodiversidad, un espacio de encuentro con la naturaleza y una oportunidad para que las próximas generaciones comprendan el valor de los humedales. Porque, como viene sosteniendo El Paraná No Se Toca, defender el río también significa garantizar que sus arroyos permanezcan libres y que la vida del humedal pueda seguir desarrollándose sin obstáculos.


Fotos: Municipalidad de Rosario, La Mati Bianchi, Carlos Salazar,  Multisectorial por los Humedales, Señales

sábado, 31 de octubre de 2026

"Nos han matado": Nóvaya Gazeta anuncia su cierre tras décadas de presiones en Rusia

El histórico medio ruso, cuyo exdirector Dmitri Murátov recibió el Premio Nobel de la Paz en 2021, dejará de funcionar el próximo 9 de noviembre. Su redacción denunció una campaña de censura, persecución y asfixia económica por parte de las autoridades rusas
Reunión de planificación. Octubre de 2026. Moscú

El periódico independiente ruso Nóvaya Gazeta, reconocido por sus investigaciones sobre corrupción y violaciones de derechos humanos, anunció que cesará sus actividades el próximo 9 de noviembre, después de más de 30 años de trayectoria. La decisión fue comunicada por su equipo editorial, que responsabilizó a las autoridades y los servicios de seguridad de Rusia por las presiones que, según denunciaron, hicieron imposible continuar trabajando.

"Nos han matado. El 9 de noviembre apagaremos las luces en el hogar donde hemos vivido durante 30 años, desconectaremos nuestros servidores y nos marcharemos. El periódico ha dejado de existir", expresó la redacción en un comunicado.

La publicación aseguró que sus trabajadores quedan "en la calle, sin medios de subsistencia y bajo la amenaza constante de la represión", luego de una serie de medidas que, según denunciaron, afectaron su funcionamiento, sus fuentes de financiamiento y su capacidad de publicar.

Entre ellas mencionaron el cierre del sistema de donaciones que les permitía recibir aportes de sus lectores, la confiscación de su imprenta, el bloqueo de sus plataformas digitales y la revocación de su licencia de publicación.

"Nos han privado de nuestros fondos. Completamente. Se trata de una operación coordinada", sostuvo el equipo editorial, que acusó a agentes del Servicio Federal de Seguridad (FSB) de intervenir en distintas organizaciones para impedir que el periódico pudiera continuar con sus actividades.

La redacción también denunció la reinstauración de la censura en Rusia tras el inicio de la invasión a Ucrania y señaló que las restricciones se extendieron progresivamente a distintos ámbitos de la vida pública.

Persecución y amenazas contra periodistas
En su comunicado, el periódico recordó los ataques y las represalias sufridas por sus integrantes durante los últimos años.

Entre ellos mencionó la agresión contra su exdirector Dmitri Murátov, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2021, quien sufrió lesiones que afectaron gravemente su visión. También recordó el secuestro y la golpiza contra su periodista Elena Miláshina en Chechenia.

La publicación señaló, además, que varios de sus trabajadores fueron incluidos en el registro de "agentes extranjeros", una denominación utilizada por las autoridades rusas para identificar a personas y organizaciones que consideran vinculadas con actividades financiadas desde el exterior.

En septiembre de este año, según el comunicado, todo el equipo editorial fue incorporado a esa categoría, junto con más de un centenar de periodistas y colaboradores.

El actual director del periódico, Serguéi Sokolov, anunció el final de la publicación en un video difundido en YouTube. Visiblemente emocionado, expresó: "Perdónenme, estoy muy emocionado. Lo que voy a contarles es, para mí, una historia profundamente personal y dramática".

Sokolov también fue detenido el 15 de octubre y su domicilio fue registrado por la policía, en el marco de una investigación penal contra el periodista Oleg Rolduguin, detenido en abril y posteriormente puesto bajo arresto domiciliario a la espera de juicio.

Por su parte, Nóvaya Gazeta Europa, el proyecto periodístico creado en el extranjero por integrantes de la redacción original, fue declarado "organización indeseable" por las autoridades rusas, por lo que sus actividades quedaron prohibidas dentro del país.

Más de tres décadas de periodismo independiente
Nóvaya Gazeta fue fundado en 1993 con el apoyo del último dirigente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov. A lo largo de su trayectoria se convirtió en uno de los medios independientes más reconocidos de Rusia, con investigaciones sobre la corrupción de las élites, los crímenes cometidos por el Ejército ruso, el grupo Wagner y la persecución de personas homosexuales en Chechenia.

Su trabajo también estuvo marcado por la violencia contra sus periodistas. Desde su creación, seis de sus colaboradores fueron asesinados, entre ellos Anna Politkóvskaya, reconocida por sus investigaciones sobre los crímenes de guerra en Chechenia. La periodista fue asesinada a tiros en Moscú en octubre de 2006.

En su despedida, la redacción sostuvo que el cierre del periódico representa algo más que el final de un medio de comunicación y lo vinculó con el deterioro de las libertades y las instituciones democráticas en Rusia.

"La aniquilación de Nóvaya Gazeta es una prueba más de ello", afirmó el equipo editorial, que también cuestionó la actuación del FSB, el Ministerio de Justicia y la Fiscalía.

Pese al anuncio de su desaparición, el periódico adelantó que publicará un último número antes de cerrar definitivamente.

"Gracias a todos los que nos escucharon", concluyó el comunicado de despedida.
Foto: Anna Artemyeva / Novaya Gazeta
Fuente: Nóvaya Gazeta

jueves, 29 de octubre de 2026

Colombia: cuestionan a de la Espriella por exceder el tiempo autorizado en un mensaje presidencial

La transmisión del 25 de octubre duró casi 40 minutos, cuando el límite aprobado era de 30. La Comisión de Regulación de Comunicaciones también objetó las críticas del mandatario a periodistas y opositores políticos.

La Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) de Colombia cuestionó la alocución presidencial del pasado 25 de octubre, que se extendió durante 39 minutos y 37 segundos, casi 10 minutos más de lo autorizado. Así lo informó la periodista Claudia Camila Vargas, de Caracol Radio.

Según un informe público conocido por Caracol Radio, la intervención del presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, superó en 9 minutos y 37 segundos el tiempo permitido. Además, el organismo advirtió que el mandatario incorporó contenidos que no estaban incluidos en la solicitud presentada por la Presidencia.

La CRC señaló que, aunque durante el mensaje se abordaron los temas que habían sido autorizados, el jefe de Estado también dedicó parte de su intervención a defender su gestión, reivindicar la legitimidad popular de su Gobierno y cuestionar a sus adversarios políticos y a sectores de la prensa.

Cuestionamientos por las críticas a periodistas y opositores
Entre los aspectos observados, la Comisión identificó referencias a los detractores políticos del presidente, a sectores de los medios de comunicación y a la denominada "izquierda radical". También mencionó alusiones al Gobierno anterior y valoraciones sobre el estilo de liderazgo del mandatario.

En su informe, el organismo sostuvo que esas expresiones se apartaron de los asuntos inicialmente autorizados para la transmisión.

La CRC concluyó que "estas referencias chocan con los principios de pluralismo político y libertad de expresión y opiniones" que deben orientar las alocuciones presidenciales, de acuerdo con la Resolución CRC 8091 de 2025.

La frecuencia de los mensajes presidenciales, bajo observación
Otro de los puntos señalados fue la frecuencia de las intervenciones. La alocución del 25 de octubre se realizó apenas una semana después de la anterior, que había tenido lugar el 18 de octubre.

Al respecto, la Comisión advirtió que "la periodicidad y frecuencia con la que el jefe de Estado está haciendo uso del espectro radioeléctrico comienza a constituir un patrón que continúa debilitando el cumplimiento de recurrencia".

El pronunciamiento se enmarca en el control que ejerce el organismo sobre las condiciones de duración, contenido y recurrencia de las alocuciones presidenciales transmitidas por los medios audiovisuales colombianos.
Fuente: Caracol Radio

Periodistas feministas de tres continentes se reúnen para enfrentar la violencia y transformar los medios de comunicación

CIMAC convoca al 1er Encuentro Internacional de Medios Feministas, junto con la UNESCO y la Fundación Heinrich Böll, e incorpora capacitación para mujeres periodistas
Periodistas, especialistas y representantes de medios feministas de América Latina, el Caribe y Europa se reunirán en el primer Encuentro Internacional de Medios Feministas, el 4 y 5 de noviembre, en el Centro Cultural de España en México, en la Ciudad de México, para participar en mesas de análisis, diálogos magistrales y talleres en el marco del Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas (2 de noviembre).

El espacio articulará experiencias de distintas regiones sobre las condiciones en que se ejerce el periodismo, las transformaciones necesarias en las redacciones y la necesidad de construir narrativas para salvaguardar la libertad de expresión, la seguridad de las mujeres periodistas, fortalecer sus capacidades profesionales y contribuir a una mayor representación de las mujeres.

El Encuentro es convocado por la asociación civil y agencia de noticias de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), en colaboración con la UNESCO en México y la Fundación Heinrich Böll, y cuenta con el apoyo del Women’s Equality Center, la Red Mexicana de Política Exterior Feminista, la Red Nacional de Periodistas, la Cooperación Española, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y Canon Mexicana.

Los ejes temáticos de las actividades abordan: las trayectorias del periodismo feminista y sus desafíos en el contexto global, junto con una revisión de los 100 años de su avance; la violencia y ataques contra periodistas; los cambios indispensables en los medios de comunicación y propuestas para fortalecer el periodismo feminista; así como agendas para el futuro para sostener y transformar el periodismo frente a los desafíos políticos, económicos y tecnológicos actuales y emergentes.

Como parte del Encuentro, estará participando Jineth Bedoya Lima (Colombia), Premio Mundial de Libertad de Prensa UNESCO-Guillermo Cano 2020, quien es un referente internacional en la lucha contra la violencia hacia las mujeres periodistas y la lucha contra la impunidad.

El componente de género es particularmente relevante dado que el Observatorio de la UNESCO de Periodistas Asesinados ha registrado un total de 27 asesinatos de mujeres periodistas desde el 2022 al 2026 en el mundo, y menos del 4% de los casos se consideran resueltos.

La seguridad de periodistas también debe garantizarse en los ecosistemas digitales. En un informe mundial 2022/2025 de la UNESCO se incluye una encuesta internacional en la que se reportó que más del 70% de las mujeres periodistas han enfrentado algún tipo de violencia digital y se enfrentan a presiones con impactos severos en su salud mental, como el 26% que reportó estrés postraumático.

Ante ese panorama, el programa del Encuentro incluye distintos talleres para construir acciones prácticas de prevención y de respuesta para mujeres periodistas, por ejemplo: herramientas jurídicas, procesos de verificación de información, herramientas digitales y estrategias para afrontar situaciones de riesgo.

También se realizará un recorrido por la Ciudad de México para visitar antimonumentos, espacios que forman parte de la memoria pública y de las exigencias de justicia de distintos movimientos sociales, principalmente feministas y liderados por mujeres.

El registro al primer Encuentro Internacional de Medios Feministas ya se encuentra disponible en línea.
Fuente: UNESCO

miércoles, 28 de octubre de 2026

Grupo Octubre compró Mandarina Contenidos y sumó el canal de streaming Bondi a su portfolio

El grupo que lidera Víctor Santa María acordó adquirir el 100% de la productora fundada por Mariano Chihade en 2005. La operación incorpora sus producciones audiovisuales y la plataforma digital Bondi, lanzada en mayo de 2024. Además, Chihade asumirá como director ejecutivo integral de Canal 9.

Grupo Octubre acordó adquirir el 100% del paquete accionario de Mandarina Contenidos, la productora audiovisual fundada por Mariano Chihade que en mayo de 2024 lanzó Bondi, su propio canal de streaming. La operación amplía la presencia del conglomerado de medios en el negocio de los contenidos y refuerza su apuesta por la producción nacional y las nuevas plataformas digitales.

La incorporación de Mandarina se inscribe en la estrategia de diversificación de Grupo Octubre, que busca integrar distintos formatos y canales de distribución en un escenario marcado por los cambios en los hábitos de consumo audiovisual. Con esta operación, el grupo suma una productora con trayectoria en televisión y entretenimiento, además de un proyecto de streaming que reúne a figuras del espectáculo y de los medios argentinos.

Como parte del acuerdo, Chihade asumirá como director ejecutivo integral de Canal 9. Su llegada a la conducción del canal constituye uno de los principales cambios vinculados con la operación y establece un vínculo directo entre la experiencia de la productora en la generación de contenidos y la gestión de una señal de televisión abierta.

Grupo Octubre amplía su ecosistema de medios
Comandado por Víctor Santa María, Grupo Octubre reúne medios tradicionales, señales de noticias, radios, publicaciones gráficas y plataformas digitales. Entre sus principales activos se encuentran Canal 9 y el diario PáginaI12, además de AM 750, Aspen, la revista Caras y Caretas y el espacio digital Latinoamérica Piensa, entre otras iniciativas vinculadas con la comunicación y la producción audiovisual.

El conglomerado también desarrolla proyectos educativos y culturales, entre ellos la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET). Su estructura combina distintas áreas de actividad y responde a una estrategia de crecimiento que busca ampliar su presencia en el mercado de medios argentino.

La compra de Mandarina incorpora nuevas capacidades de producción y suma una plataforma de distribución digital al conjunto de negocios del grupo. En un mercado en el que la televisión abierta convive con el streaming y las redes sociales, la operación permite reunir bajo una misma estructura contenidos destinados a públicos y formatos diferentes.

Mandarina Contenidos: dos décadas de producción audiovisual
Fundada en 2005 por Mariano Chihade, Mandarina Contenidos construyó una trayectoria en distintos géneros y formatos de la industria audiovisual. A lo largo de sus más de dos décadas de actividad, desarrolló y produjo documentales, ficción, programas de entretenimiento, magazines y realities, tanto para la televisión abierta como para otras plataformas y señales.

La compañía trabajó con canales argentinos y empresas internacionales del sector, entre ellas Telefe, eltrece, América, Canal 9, Televisión Pública, ESPN, Netflix, Disney, Paramount, Discovery, WarnerMedia, Sony Pictures, Televisa y National Geographic, según la información difundida por la productora.

Su actividad abarca diferentes franjas horarias y formatos de programación, con proyectos destinados a públicos diversos. Esa experiencia constituye uno de los activos que se incorporan a Grupo Octubre a partir de la adquisición.

Bondi, la apuesta al streaming
En mayo de 2024, Mandarina lanzó Bondi, un canal de streaming que incorporó a figuras del espectáculo y de los medios locales al frente de sus programas. La iniciativa se sumó al crecimiento de los contenidos digitales en vivo y bajo demanda, un segmento que modificó la relación entre las audiencias, los conductores y las plataformas de distribución.

El proyecto se apoya en personalidades reconocidas, conversaciones sobre actualidad y entretenimiento y una lógica de producción adaptada al consumo digital. Su incorporación al portfolio de Grupo Octubre amplía la oferta de contenidos del conglomerado más allá de la televisión y los medios tradicionales.

La expansión del streaming también abre oportunidades para desarrollar nuevos formatos, generar contenidos para redes sociales y alcanzar públicos que consumen información y entretenimiento principalmente a través de dispositivos móviles. En ese contexto, Bondi representa una de las apuestas digitales de Mandarina que ahora pasa a formar parte del ecosistema de Octubre.

La trayectoria de Mariano Chihade
Chihade cuenta con alrededor de tres décadas de experiencia en la industria audiovisual. Inició su carrera como productor en Promofilm, luego se desempeñó como director artístico de Endemol Argentina y posteriormente ocupó el cargo de director de Contenidos y Programación de América TV.

En 2005 fundó Mandarina Contenidos, desde donde impulsó producciones para distintos canales y plataformas. También desarrolló actividad institucional en la Cámara Argentina de Productoras Independientes de Televisión (CAPIT), cuya comisión directiva integra, y en 2023 fue nombrado miembro de la International Academy of Television Arts & Sciences.

Su designación como director ejecutivo integral de Canal 9 suma una nueva responsabilidad a su recorrido profesional. El desafío será articular su experiencia en producción y programación con las necesidades de una señal de televisión abierta que forma parte de un mercado en transformación.

ShowUp Studios y el desarrollo de nuevos formatos
La apuesta por los contenidos digitales también se refleja en ShowUp Studios, un proyecto que Chihade lanzó junto con Demián Falestchi, de Kidscorp; Federico Lauría, de DalePlay; y Carolina Lightcap, exejecutiva de Disney y Discovery.

La iniciativa está orientada a desarrollar contenidos digitales premium para la llamada generación Z, con producciones pensadas para plataformas como Instagram, YouTube y TikTok. Su propuesta contempla distintos géneros, duraciones y formatos, tanto verticales como horizontales, además del trabajo conjunto con creadores de contenido.

"Estamos combinando experiencia en grandes formatos con las nuevas dinámicas de consumo de esta generación", señaló Chihade en un comunicado sobre el proyecto.

La iniciativa refleja una tendencia creciente en la industria audiovisual: la adaptación de los procesos de producción a plataformas que requieren lenguajes, ritmos y formas de distribución diferentes de los de la televisión tradicional.

martes, 27 de octubre de 2026

El INTA exoneró a Virginia Aparicio, la investigadora que estudió la exposición a plaguicidas

La resolución del organismo le atribuye irregularidades en el desarrollo del proyecto internacional SPRINT, que analizó la presencia de múltiples plaguicidas en muestras humanas y ambientales. En una entrevista con Señales, Aparicio había reconstruido otra dimensión del caso: la interrupción de la investigación en Argentina, la suspensión de la devolución colectiva de resultados a los voluntarios y las consecuencias que, advierte, puede tener la sanción para la libertad de investigación científica.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) resolvió exonerar a Virginia Carolina Aparicio, ingeniera agrónoma e investigadora que desarrolló durante décadas su trabajo en la Estación Experimental Agropecuaria de Balcarce y coordinó la participación argentina en SPRINT, un proyecto internacional dedicado a estudiar la exposición múltiple a plaguicidas. La decisión, formalizada mediante la resolución RESOL-2026-366-APN-CD#INTA, firmada el 26 de octubre, fundamenta la sanción en presuntas irregularidades administrativas, metodológicas y vinculadas con el manejo de información de la investigación.

Pero el expediente disciplinario es apenas una parte de una historia que Aparicio reconstruyó en una entrevista con Señales. Allí explicó los objetivos y resultados de SPRINT, relató cómo se interrumpió la participación argentina y cuestionó que la discusión institucional haya desplazado la atención de los datos producidos y de las preguntas científicas que el proyecto buscaba responder.

La resolución del INTA no establece que la sanción se deba a los resultados sobre plaguicidas. Sí sostiene que Aparicio incurrió en faltas graves en la ejecución del proyecto y considera que su conducta encuadra en las causales de exoneración previstas en el régimen de empleo público. La investigadora, por su parte, advierte que el desenlace puede desalentar futuras investigaciones sobre cuestiones ambiental y socialmente sensibles.

Una investigación sobre la exposición a plaguicidas
Aparicio comenzó a trabajar en el INTA en 1997. Su trayectoria científica estuvo ligada inicialmente al estudio del suelo y el agua y a los efectos que las sustancias utilizadas en la producción agropecuaria pueden tener sobre los recursos naturales. Con la incorporación de equipamiento especializado, su equipo pudo avanzar en el análisis de plaguicidas y ampliar las preguntas hacia los alimentos, el ambiente y la exposición humana.

Ese recorrido desembocó en SPRINT, un proyecto financiado por la Unión Europea a través del programa Horizonte 2020, con un presupuesto internacional de 15 millones de euros y la participación de instituciones de diez países europeos y Argentina. Su objetivo era estudiar la exposición simultánea a múltiples plaguicidas y producir herramientas que contribuyeran a reducir la dependencia de estas sustancias en los sistemas de producción.

En Argentina, el relevamiento incluyó a 73 voluntarios de diez partidos del sudeste bonaerense. Participaron personas que trabajaban con plaguicidas, habitantes de localidades rurales y residentes de ciudades sin vinculación laboral directa con la actividad agropecuaria. Se analizaron muestras de sangre, orina y materia fecal, además de otras matrices relacionadas con el ambiente y la vida cotidiana.

Según los resultados que Aparicio describió en Señales, el estudio permitió detectar más de 200 plaguicidas de uso actual en distintas matrices. Entre las muestras humanas analizadas en el país, el glifosato apareció en una proporción estimada de entre el 84 y el 86 por ciento de los participantes.

La investigadora subrayó que la exposición no se limita a quienes aplican productos en el campo. También puede producirse a través de los alimentos, el agua, el aire y el contacto con el ambiente. Aclaró, a la vez, que detectar una sustancia no demuestra por sí solo que haya provocado una enfermedad: para evaluar sus posibles consecuencias es necesario investigar las dosis, la duración de la exposición, las mezclas de compuestos y sus efectos.

Uno de los aportes que destacó fue precisamente la posibilidad de estudiar exposiciones simultáneas, en lugar de analizar cada producto de manera aislada. Ese conocimiento podía servir como punto de partida para nuevas investigaciones toxicológicas y para evaluar alternativas productivas que redujeran el uso de plaguicidas.

La interrupción argentina y los resultados pendientes
En la entrevista con Señales, Aparicio contó que la participación argentina en SPRINT se interrumpió en 2023. Según su relato, no recibió una explicación concreta que permitiera comprender esa decisión. También señaló que la salida no llegó a formalizarse ante el consorcio internacional y que el proyecto continuó hasta febrero de 2026 con el INTA todavía integrado al conjunto de instituciones participantes.

La interrupción tuvo consecuencias para los voluntarios que habían aportado muestras y datos personales. Aparicio explicó que, una vez recibidos los análisis realizados en Europa, comenzó a preparar informes individuales para que cada participante conociera los resultados de sus propias muestras. Esa devolución individual se fue concretando, pero no llegó a realizarse la reunión colectiva en la que estaba previsto presentar y discutir los hallazgos generales.

Según relató, el INTA le pidió suspender ese encuentro en 2023. La investigadora describió la decisión como una frustración para quienes habían participado de manera voluntaria y altruista, con la expectativa de contribuir a una investigación de interés público.

Aparicio también contó que algunos participantes pudieron reunirse a puertas cerradas con el entonces nuevo director nacional del organismo para reclamar la continuidad del proyecto. De acuerdo con su testimonio, el interés de los voluntarios no se limitaba a conocer los resultados: también querían que la investigación avanzara hacia el estudio de alternativas y posibles soluciones al problema de la exposición a plaguicidas.

La resolución disciplinaria aborda, sin embargo, otros aspectos de la ejecución del proyecto. Esas observaciones administrativas constituyen el fundamento formal de la exoneración y no deben confundirse con una evaluación científica de los hallazgos.

Qué objeta el INTA
Entre los principales cuestionamientos, el organismo sostiene que José Luis Costa, pareja conviviente de Aparicio y exinvestigador del INTA, desempeñó funciones operativas de hecho junto a ella sin contar con una designación o autorización institucional formal. También objeta que Costa figurara en la documentación del proyecto como una persona autorizada a consultar información de los participantes, incluso sin disponer de códigos de acceso, lo que, según el INTA, comprometía la confidencialidad de los datos.

La resolución considera que la situación implicó un trato favorecedor y que no fue formalmente informada a las instancias institucionales y éticas correspondientes. El organismo sostiene que el conocimiento que pudiera tener la coordinación internacional del proyecto sobre la participación de Costa, así como su condición de voluntario no remunerado, no reemplazaban las autorizaciones exigidas.

Otro de los cuestionamientos se refiere al circuito de análisis de las muestras humanas. El INTA afirma que se modificó el esquema previsto para realizar análisis locales y se optó por enviarlas a laboratorios del exterior, en los Países Bajos, sin contar con las aprobaciones institucionales que consideraba necesarias. También señala que se sustituyó el comité de ética previsto inicialmente por otro sin autorización formal.

En su descargo, según reseña la resolución, Aparicio argumentó que la tramitación ante el comité inicialmente contemplado podía demandar entre 90 y 180 días, un plazo incompatible con el calendario de toma de muestras. El organismo objetó que esa consulta y la demora invocada no estuvieran documentadas de manera suficiente.

La resolución también identifica inconsistencias en la documentación sobre la composición de la muestra de voluntarios. El protocolo contemplaba 72 participantes distribuidos en tres grupos de 24, mientras que otros registros consignaban 73 personas y cantidades diferentes para productores, vecinos y consumidores. Para el INTA, no quedó debidamente reconstruida la correspondencia entre las categorías, los criterios de selección y las muestras analizadas.

Un cuarto eje se relaciona con un requerimiento judicial. En agosto de 2023, el Juzgado de Garantías del Joven N.º 1 de Mercedes solicitó información sobre los estudios individuales realizados en el marco de SPRINT. Aparicio respondió invocando la falta de autorización institucional y el consentimiento de los participantes, pero el INTA sostiene que no puso los registros a disposición de las áreas jurídicas y administrativas competentes para que pudieran examinar la documentación bajo reserva y elaborar una respuesta. La resolución menciona que, en octubre de ese año, el juzgado calificó la contestación del organismo como "evasiva y ambigua".

La investigadora había explicado en Señales la importancia de proteger la información personal de los voluntarios y garantizar que cada participante pudiera conocer sus propios resultados. Ese planteo no resuelve por sí mismo la controversia administrativa: el punto central de la objeción del INTA es si la documentación estuvo disponible para las autoridades que debían responder el requerimiento judicial, con las salvaguardas correspondientes.

Los gastos y la responsabilidad administrativa
La resolución también consigna ingresos por 5.661.483,83 pesos y gastos por 5.527.359,58 pesos, con un saldo de 134.124,25 pesos. Dentro de las erogaciones, identifica 4.007.884,42 pesos vinculados con envíos internacionales de muestras, equivalentes al 70,79 por ciento de los ingresos registrados. Entre ellos menciona una factura de World Courier SA por 1.688.445,82 pesos, correspondiente a julio de 2022.

El propio acto administrativo advierte que esas cifras no constituyen, por sí solas, prueba de un perjuicio fiscal. La determinación de eventuales consecuencias económicas y de su monto queda pendiente de la rendición final del proyecto y de las actuaciones que pudieran corresponder para establecer responsabilidades financieras.

Además de disponer la exoneración de Aparicio, el INTA ordenó comunicar los antecedentes a la Oficina Anticorrupción para que evalúe si existen elementos que ameriten otras actuaciones. Esa comunicación no equivale a una condena penal ni acredita por sí misma la comisión de un delito.

La resolución también rechaza los planteos de nulidad y discriminación formulados por la investigadora. En el mismo expediente, otros agentes recibieron sanciones de suspensión, mientras que varios fueron absueltos o quedaron exentos de responsabilidad.

El temor a que el caso desaliente otras investigaciones
En Señales, Aparicio expresó preocupación por las consecuencias que la sanción puede tener más allá de su situación personal. La exoneración supone la pérdida de su puesto en la administración pública y pone en riesgo la continuidad de una carrera científica construida durante décadas. Pero, según planteó, también puede enviar una señal al resto del sistema de investigación: que abordar temas controvertidos puede comprometer el futuro profesional de quienes los estudian.

"En vez de combatir ciencia con más ciencia", lamentó, el conflicto se concentra en el procedimiento administrativo y en las responsabilidades de quienes participaron del proyecto, mientras quedan pendientes nuevas preguntas sobre la exposición a plaguicidas y sus posibles efectos.

La investigadora no planteó que los resultados de SPRINT demostraran automáticamente daños a la salud. Su argumento fue que la información reunida debía servir para profundizar los estudios, identificar las mezclas de sustancias más frecuentes y avanzar en la evaluación de sus efectos. También defendió la posibilidad de reducir el uso de plaguicidas sin asumir que eso implique necesariamente producir menos, mediante un seguimiento más preciso de las plagas y alternativas de manejo agronómico.

La resolución del INTA fundamenta la exoneración en presuntas faltas graves vinculadas con el funcionamiento administrativo del proyecto, la confidencialidad de los datos, los procedimientos de aprobación y la respuesta a un requerimiento judicial. El relato de Aparicio pone el foco en el contexto científico de la investigación, su interrupción y la información que, sostiene, quedó sin una instancia colectiva de presentación y debate.

Ambas dimensiones deben ser examinadas sin confundir sus alcances. Las objeciones administrativas del organismo no constituyen, por sí mismas, una refutación de los resultados científicos de SPRINT. Del mismo modo, la relevancia social de estudiar la exposición a plaguicidas no elimina la obligación de cumplir los protocolos institucionales, éticos y de protección de datos.

Lo que queda planteado es una discusión sobre cómo se investigan y se gestionan los temas de interés público dentro de los organismos científicos estatales: qué responsabilidades corresponden a cada participante, cómo se resguardan los derechos de los voluntarios y qué mecanismos garantizan que los resultados puedan ser evaluados, comunicados y utilizados para orientar nuevas investigaciones.

Para Aparicio, el objetivo es que los datos reunidos no queden archivados en medio del conflicto. La pregunta que atraviesa su historia sigue abierta: qué hace una sociedad con el conocimiento que produce cuando ese conocimiento permite examinar prácticas extendidas y formular preguntas relevantes para el ambiente, la producción de alimentos y la salud.
Foto: Tierra Viva

Otras Señales

Quizás también le interese: