sábado, 26 de septiembre de 2026

Tierra y dignidad: el periodismo de Darío Aranda a ras del territorio

Este lunes 28 de septiembre, a las 18, Darío Aranda presentará su último libro, Tierra y dignidad, en el Anfiteatro de Anatomía Patológica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. El encuentro se realizará en el marco del cursado de la materia electiva Salud Socioambiental. En una entrevista con Señales, Aranda recorrió casi 25 años de crónicas sobre pueblos indígenas, campesinos, asambleas y experiencias agroecológicas, pero también reflexionó sobre el oficio periodístico: escuchar, volver a los territorios, sostener las historias y evitar un periodismo que, como el extractivismo, llega, toma y se va.

Cuando el periodismo también extrae
Llegar a un territorio, hacer unas preguntas, tomar algunas declaraciones, escribir una nota y marcharse. Para Darío Aranda, esa forma de hacer periodismo tiene algo en común con el extractivismo que durante años recorrió como cronista: llega, toma y se va.

Frente a eso, reivindica otra práctica. Ir a los lugares, escuchar, volver, mantener los vínculos, sostener los temas cuando dejan de ocupar las portadas. Entender al periodista como un puente y no como protagonista de las historias que cuenta.

Aranda lleva más de dos décadas recorriendo los territorios donde se disputan la tierra, los bienes comunes y las formas de vida. Periodista especializado en ambiente y extractivismo, durante más de veinte años trabajó en PáginaI12 y actualmente integra la agencia Tierra Viva. En ese recorrido construyó una mirada que combina investigación, presencia territorial y una preocupación persistente por las voces de quienes protagonizan las luchas socioambientales.

Su último libro, Tierra y dignidad, reúne crónicas escritas a lo largo de casi 25 años en lugares muy diferentes de la Argentina. Hay allí historias de represión y encarcelamiento, como la de cuatro hermanos wichí de Las Lomitas, y también experiencias que muestran otras formas de producir y organizar la vida, como la de Naturaleza Viva, en el norte de Santa Fe, junto a Irmina y Remo, o la de productores de yerba mate de Piraí. Entre unas y otras aparece un hilo que, para Aranda, está contenido en el propio título del libro: la lucha por la tierra, por el territorio y por las formas de vida.

Una tierra que también es territorio
El nombre del libro fue una elección largamente pensada. Aranda adhiere al concepto de territorio, que considera más amplio que el de tierra porque no refiere solamente a la superficie, sino también a la historia, la cultura y el futuro que se construyen alrededor de ella. "No solo la superficie", explica.

Es un concepto que conoció principalmente a través de la academia y que luego fue apropiado por sectores ambientales y socioambientales, pueblos indígenas y organizaciones campesinas.

Pero hay otra palabra que decidió recuperar: tierra. La razón está en su propia experiencia como periodista. En la gran mayoría de las entrevistas que realizó a campesinos y pueblos indígenas, cuenta, fueron ellos mismos quienes hablaron de la tierra. Por eso quiso hacerse cargo de ese término, de esa palabra que aparece una y otra vez en sus crónicas.

Algo similar ocurre con expresiones como "bienes comunes" o "bienes naturales". Son conceptos muy utilizados en determinados espacios políticos, académicos y ambientales, pero Aranda señala que rara vez los escuchó directamente de boca de campesinos o pueblos indígenas.

"Era recuperar un poco el término, la palabra tierra, que es la que resuena muchas veces en las crónicas", sostiene.

La dignidad como territorio
La segunda parte del título tampoco fue casual. Si los lugares donde avanza el extractivismo suelen ser definidos como "territorios de sacrificio", Aranda propone mirar esas mismas geografías desde otro lugar.

"Otra forma de verlo es eso, que son también territorios de dignidad. No también, sino sobre todo, son territorios de dignidad", afirma.

Para él, la dignidad nace de los pueblos y de lo colectivo, y está lejos de los sectores de poder. Está presente tanto en las luchas y las resistencias como en las construcciones alternativas: las experiencias agroecológicas, las escuelas que llevan el nombre de Andrés Carrasco, los plebiscitos mediante los cuales una comunidad decide cómo quiere que sea su presente y su futuro.

Después de darle vueltas a distintas posibilidades, Tierra y dignidad terminó condensando buena parte de lo que había encontrado durante años de recorridas: las formas de entender el periodismo, las crónicas reunidas en el libro y también una aspiración.

"Que todos puedan tener la tierra necesaria para vivir y la dignidad para llevar a cabo una vida distinta, una vida menos injusta, una vida digna, justamente", resume.

Veinticinco años de aprender a escuchar
El libro funciona, además, como un balance de casi un cuarto de siglo de la Argentina y de los aprendizajes acumulados en ese tiempo. Aranda reconoce que algunas crónicas incluso quedaron afuera porque eran anteriores, pero que el conjunto permite volver sobre una trayectoria marcada por el contacto con organizaciones y comunidades muy diversas.

No todas esas relaciones permanecen hoy de la misma manera. Algunas organizaciones con las que trabajó durante años se encuentran actualmente más lejos de sus posiciones políticas. Lo conversó incluso recientemente con integrantes de una radio que lo entrevistaron.

Pero esa distancia no borra los aprendizajes.

"He aprendido con ellas y agradezco esos aprendizajes", dice. Las lecturas de la realidad y los posicionamientos políticos pueden haberlos llevado a espacios diferentes, pero Aranda sostiene que eso no necesariamente significa dejar de reconocerse como compañeros ni olvidar que existe un enemigo común.

En ese recorrido aprendió a escuchar y a mirar. Aprendió sobre extractivismo, agroecología, pueblos indígenas, luchas socioambientales y también sobre el propio oficio periodístico.

Las crónicas fueron prácticamente respetadas tal como habían sido publicadas. Solo se corrigieron algunos errores gramaticales, mientras que se conservaron incluso formas de escritura propias de cada momento. El libro es, así, también un registro de ese aprendizaje continuo.

Y hay en él una apuesta por disfrutar el oficio. "Es un disfrute también, un intento de disfrute de este oficio tan lindo que tenemos", dice.
Contar también las cosechas
Esa mirada aparece especialmente en la decisión de no construir el libro únicamente alrededor de las injusticias. Las represiones, los desalojos y los conflictos forman parte de las historias, pero también las experiencias que construyen otras maneras de producir y de relacionarse con la tierra.

Para Aranda, el periodismo tiene la obligación de contar ambas dimensiones.

En Tierra Viva, la cooperativa en la que trabaja desde hace seis años, intenta sostener esa misma perspectiva. La formación tradicional del periodismo suele asociar la noticia con la mala noticia, pero para él el periodismo debe contar todo lo que ocurre.

Y en un contexto atravesado por desalojos, represiones, despidos de trabajadores y trabajadoras del Estado y cierres de fábricas, esa necesidad se vuelve todavía más evidente.

La vida cotidiana, recuerda, no está hecha solamente de malas noticias. Una persona puede atravesar dificultades económicas o laborales y, al mismo tiempo, encontrarse con amigos, tomar mates, compartir una comida, ir a un recital o festejar un cumpleaños. Esos momentos también forman parte de la realidad y merecen ser contados.

Por eso reivindica que el periodismo registre "los pasos adelante, las luchas, las resistencias, las cosechas, las cosechas que uno va obteniendo a pesar de los monocultivos de mentes que hay a veces".

En Tierra Viva intentan trasladar esa mirada al trabajo cotidiano. Cada semana elaboran un boletín y procuran incluir alguna historia vinculada con la cultura, la historia, la agroecología, los medios comunitarios o alguna otra experiencia que permita mostrar que existen también avances, alegrías y construcciones colectivas.

El libro busca reflejar esa otra dimensión: la experiencia agroecológica, los pueblos indígenas organizados, las asambleas que deciden sobre su futuro y los triunfos que pueden producirse incluso frente a un modelo que Aranda considera injusto.

Cuando el periodismo también extrae
Esa forma de mirar también está relacionada con una determinada concepción del oficio.

Para Aranda, hacer periodismo supone ir a los lugares, escuchar, volver, mantener el contacto con las personas y sostener los temas en la agenda. Es, en buena medida, lo contrario de lo que define como "periodismo extractivo".

La comparación no es casual. Así como existe un extractivismo de minerales, de petróleo o vinculado con el modelo agropecuario, Aranda identifica también un extractivismo académico y periodístico.

Habla de investigadores que llegan a un territorio, realizan una tesis doctoral y nunca regresan. Y de periodistas que aparecen durante un día, producen una nota y después abandonan el tema.

También cuestiona la facilidad con la que alguien puede convertirse en supuesto referente de una problemática después de haber visitado un lugar apenas una o dos veces.

Frente a eso, propone una actitud diferente: "Nos falta bastante de humildad, de ubicarnos en nuestro lugar".

El periodista, sostiene, debe entenderse como un puente, como un transmisor de aquello que sucede en los territorios y de los hechos que busca comunicar.

Volver, escuchar, quedarse
Para evitar un periodismo extractivo, considera fundamental respetar las historias que se van a contar y mantener los vínculos incluso cuando no exista una nota inmediata que publicar.

También implica sostener los temas en agenda, acompañar procesos que uno fue conociendo con el tiempo y reconocer los lazos afectivos construidos con muchas de las personas que aparecen en esas historias.

Para Aranda, la minería en Andalgalá es un ejemplo claro de esa continuidad. "No es un tema de un día o de dos días", plantea.

Una problemática territorial puede extenderse durante décadas y, por eso, el vínculo periodístico no debería depender de que los medios hegemónicos o algún funcionario vuelvan a colocarla momentáneamente en agenda.

Se trata de permanecer cerca de esos territorios, sostener las voces y continuar escuchando.

"Me parece que básicamente es por el respeto y el compromiso para contar lo que está sucediendo", afirma.

Las crónicas que no encontraron lugar
El propio recorrido de Tierra y dignidad está atravesado por esa relación con medios diferentes.

El libro recupera trabajos publicados en distintos espacios y, aunque durante la conversación inicialmente parecía que no había textos de Página/12, una revisión posterior permitió comprobar que hay al menos uno y posiblemente dos. Una de esas crónicas corresponde a una campaña en Chaco.

La relación de Aranda con Página/12 es, de todos modos, más compleja y extensa que la cantidad de textos incluidos en el libro. Allí desarrolló una parte fundamental de su formación, de su vida y de su carrera.

Pero también recuerda que en 2011 dejó de poder publicar crónicas en el diario. Según relata, durante un período se le impuso una limitación que le permitía publicar solamente dos notas pequeñas por mes.

El problema no fue solamente una restricción de espacio. Aranda cuenta que realizó coberturas que luego no encontraron lugar en el diario.

Estuvo en Loncopué en 2012 para cubrir el plebiscito y también cubrió el juicio por el barrio Ituzaingó, pero las crónicas que escribió sobre esos lugares no fueron aceptadas.

Por eso, aunque reconoce la importancia que Página/12 tuvo en su trayectoria y el alcance que puede tener un medio de esas características para determinados temas, también reivindica otro tipo de periodismo: el autogestivo y comunitario, muchas veces realizado de la mano de las propias organizaciones.

"Las crónicas fueron justamente gestadas muchas veces de medios comunitarios, autogestivos, y siempre de la mano de las organizaciones", explica.

El propio libro, sostiene, no hubiera sido posible sin esos vínculos. Muchas de las coberturas surgieron a partir de invitaciones de las organizaciones, que en ocasiones consiguieron los pasajes para que pudiera viajar o le ofrecieron un lugar donde quedarse.

Otras veces fueron vecinos y vecinas quienes abrieron las puertas de sus casas.

El periodista como puente
Esa dimensión del oficio aparece también como una toma de posición sobre qué significa hacer periodismo.

Tierra y dignidad es un libro sobre ambiente, extractivismo, pueblos indígenas, campesinos y agro, pero también sobre política y economía. Y, sobre todo, busca ser un libro sobre periodismo.

Aranda entiende ese periodismo como una práctica que comienza por escuchar a los protagonistas de los hechos. No reivindica una supuesta neutralidad: sostiene que el periodista puede tener una postura, pero debe ser intelectualmente honesto con aquello que está sucediendo.

Al mismo tiempo, plantea la necesidad de correrse del centro de la escena.

En tiempos en que buena parte de las historias periodísticas y de los contenidos digitales parecen construirse alrededor de influencers, personalismos y periodistas que hablan permanentemente en primera persona, Aranda reivindica otra tradición.

“Creo que somos muchos los que entendemos que el periodismo es, el periodista tiene que pasar desapercibido lo máximo posible", afirma.

Las voces protagonistas, para él, son las de quienes están en los lugares, luchando, construyendo y soñando otras realidades.

De allí la importancia de recuperar aquello que aprendió de grandes maestros del oficio, algunos reconocidos y otros anónimos: poner el oído, grabar, preguntar, repreguntar y escuchar.

La velocidad de las redes sociales no necesariamente ayuda a ese trabajo. Aranda prefiere tomar distancia de "lo efímero, lo efectista de un reel de Instagram" y de las preguntas rimbombantes para recuperar algo tan elemental como el tiempo.

Ir a un territorio, permanecer horas allí, participar de una charla, sostener una entrevista y después volver sobre lo escuchado para poder contarlo.

"Creo que todavía somos muchos los que entendemos el periodismo de esa manera", dice.

Y agrega otra dimensión que considera central: reivindicar el periodismo como una herramienta para el cambio social.
La pregunta que incomoda al modelo
Esa concepción del oficio se cruza inevitablemente con el modo en que Aranda interpreta el extractivismo.

En sus crónicas aparecen la soja, la minería y el petróleo, pero también una discusión económica que atraviesa esas actividades: la necesidad permanente de generar dólares y su relación con la deuda externa.

Para Aranda, hablar de extractivismo implica hablar también de geopolítica, derechos humanos, historia y economía.

Aunque Tierra y dignidad no contiene una crónica dedicada exclusivamente a explicar el funcionamiento económico de la deuda o el destino de los dólares provenientes de la minería, la soja o el petróleo, el tema aparece en la introducción y atraviesa su lectura del modelo.

Según su interpretación, el extractivismo desarrollado en Argentina durante las últimas décadas forma parte de un esquema que tiene entre sus objetivos centrales la generación de divisas para afrontar el endeudamiento externo.

Aranda sostiene que esos recursos no terminan necesariamente traducidos en hospitales, escuelas, jubilaciones o políticas sociales, sino que buena parte de esos dólares se destina al pago de los acreedores de la deuda que, según su caracterización, distintos gobiernos fueron tomando y renegociando.

En ese punto aparece una pregunta que, aunque no está incluida como crónica en el libro, Aranda suele recordar.

Ocurrió durante una charla en una escuela cooperativa de la Ciudad de Buenos Aires. Una adolescente llamada Juana se levantó en medio del auditorio y preguntó si la deuda externa podía dejar de pagarse.

La pregunta lo sorprendió por su sencillez y por lo que implicaba. "Es maravilloso, porque mucha gente de nuestra edad no se pregunta eso", cuenta.

Para él, algo similar sucede con la posibilidad de imaginar una salida del extractivismo.

Incluso dentro de sectores progresistas, vinculados a los derechos humanos y considerados por él espacios aliados, encuentra una idea arraigada según la cual el extractivismo sería el único destino posible para países como la Argentina.

A eso se suma, sostiene, la expectativa de que una expansión suficiente de esas actividades terminará produciendo beneficios para el conjunto de la población.

Aranda cuestiona esa idea a una de las críticas políticas más fuertes de la conversación. Considera que, a esta altura de la discusión sobre extractivismo, existe una contradicción que debería ser revis y señala que la historia ofrece elementos para discutirla. Habla de los últimos 200 años de los Estados nacionales y de los 500 años de historia del continente americano.

También recupera una formulación del investigador Horacio Machado Araoz: la oposición a la megaminería no se explica únicamente por sus posibles impactos ambientales, sino también por una crítica a la dependencia económica y a las condiciones de pobreza que, según esa perspectiva, el modelo reproduce. "Ese es el fondo", resume Aranda.

Desde allí llega a una de las críticas políticas más fuertes de la conversación. Considera que, a esta altura de la discusión sobre extractivismo, existe una contradicción que debería ser revisada por determinados sectores que participan de las movilizaciones del 24 de marzo y, al mismo tiempo, respaldan modelos extractivos.

Recuerda una frase de Norita Cortiñas, quien planteaba que no era posible repudiar la dictadura y simultáneamente avalar a empresas como Chevron, Minera Alumbrera, Barrick Gold, Monsanto o Syngenta/Bayer, a las que vinculaba con impactos en distintos territorios.

Aranda distingue allí entre quienes apoyan abiertamente el modelo económico del actual gobierno de ultraderecha —de quienes no espera un cambio de posición— y otros sectores que mantienen una identidad vinculada con la memoria, los derechos humanos y las luchas del 24 de marzo.

Para estos últimos, considera que la relación con el extractivismo debería abrir una discusión más profunda acerca del modelo que están impulsando.

Tierra, dignidad y un oficio que se sostiene en el tiempo
Después de casi 25 años de recorridas, la cuestión vuelve así al punto de partida: tierra, dignidad, territorio y periodismo aparecen entrelazados.

Para Aranda, contar una historia no consiste solamente en llegar a un lugar cuando el conflicto ocupa las portadas, entrevistar a sus protagonistas y marcharse. Supone sostener los temas, volver, escuchar nuevamente y comprender que una lucha territorial puede durar décadas.

Supone también reconocer que las personas que viven esos conflictos no son meras fuentes de información. Son quienes protagonizan las historias. El periodista puede ser el puente, pero no debería ocupar el lugar de quienes están allí.

Por eso, Tierra y dignidad termina siendo algo más que una recopilación de crónicas. Es el registro de una manera de mirar y de ejercer el oficio: una forma de periodismo que intenta mantenerse cerca de los territorios, escuchar antes de interpretar, contextualizar antes de simplificar y sostener las voces aun cuando dejan de ser noticia.

Al final de la conversación, Aranda agradece a Aire Libre Radio Comunitaria la posibilidad de volver a hablar con sus integrantes. La entrevista no pudo realizarse en directo porque, precisamente en el momento de la transmisión, tenía previsto ejercer nuevamente el oficio: otra entrevista pendiente para realizar durante la mañana.

Antes de despedirse, deja la invitación para la presentación del libro en Rosario.

Este lunes, la presentación en Rosario
La cita es este lunes 28 de septiembre, a las 18, en el Anfiteatro de Anatomía Patológica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario.

Darío Aranda estará presente para presentar Tierra y dignidad, en el marco del cursado de la materia electiva Salud Socioambiental.

Después de casi 25 años de recorrer territorios, escuchar historias y volver sobre ellas, la presentación aparece como una nueva estación de ese mismo recorrido.

Un libro nacido de las voces de quienes abrieron sus puertas, de las organizaciones que hicieron posible las coberturas y de un oficio entendido, sobre todo, como una forma de estar, escuchar y sostener.

Escuchá la entrevista completa:

Fotografiar la marcha de una ciudad desde adentro

En Deriva en marcha, Paula Sarkissian reúne fotografías y escritura para recorrer las movilizaciones de Rosario desde una mirada situada: cuerpos, gestos, símbolos y territorios que se transforman cuando una multitud ocupa la calle. Entre el documento y la expresión artística, el libro también explora la memoria, los feminismos, la tecnología y las distintas formas de habitar la ciudad.

Hay fotografías que registran una manifestación y fotografías que, además de registrarla, intentan entender qué ocurre con los cuerpos, los gestos, los símbolos y las emociones cuando una multitud sale a ocupar el espacio público. En Rosario, Paula Sarkissian viene trabajando desde hace años en ese territorio movedizo donde la fotografía se cruza con las calles, la memoria, los feminismos, la participación y las distintas formas de apropiarse de una ciudad.

Fotógrafa, educomunicadora y militante feminista, Sarkissian acaba de publicar Deriva en marcha, un fotolibro que reúne fotografías y escritura y que integra la Colección Derivaciones de UNR Editora, un proyecto de la Dirección de Comunicación Multimedial y la Maestría en Comunicación Digital Interactiva de la Universidad Nacional de Rosario.

El libro propone recorrer las manifestaciones desde una mirada que no se detiene únicamente en el acontecimiento: observa los cuerpos, los gestos, los símbolos, los recorridos, aquello que podría llamarse el sonido imaginado de una marcha y también las marcas que las movilizaciones dejan sobre la ciudad. La propuesta incorpora, además, una dimensión interactiva a través de códigos QR y un mapa que permite localizar algunas de las fotografías.

La publicación no apareció de manera repentina. Fue, para Sarkissian, el resultado de un llamado de atención y también de una invitación a reunir en un mismo objeto buena parte de una práctica fotográfica que viene desarrollando en las calles de Rosario.

El libro forma parte de una colección cuyo primer número estuvo dedicado a otra deriva: la de los bares de la ciudad. En el caso de Deriva en marcha, la convocatoria proponía pensar la ciudad y la fotografía en el contexto de las manifestaciones sociales.

Sarkissian tuvo entonces que volver sobre sus fotografías y reunir un archivo que, en buena medida, habla de aquello que constituye el centro de su trabajo.

"Básicamente hablan de eso, no hago mucha otra fotografía", explica en Señales.

El proceso de selección no fue sencillo ni inmediato. Durante aproximadamente un año, marcado también por un contexto de fuerte conflictividad social, las fotografías que integrarían el libro fueron cambiando varias veces, al igual que los textos que las acompañarían. La publicación fue así también un proceso de maduración.
La fotografía como deriva
Volver sobre el archivo implicó para ella volver a mirar. Y volver a mirar, sostiene, nunca es exactamente lo mismo.

"Siempre volvemos a mirar el propio archivo, que cada vez que lo miramos es una mirada distinta, porque la lectura siempre es contextual".

Cuando el archivo es propio, agrega, aparece además una dimensión comparativa: permite observar la propia historia, contrastar momentos y revisar incluso la rigurosidad con la que se trabajó en cada etapa.

En ese ejercicio de volver sobre lo fotografiado aparece una de las palabras centrales del libro: deriva. El término remite a una variación lenta y continua de una trayectoria o una dirección, pero también a una forma de desplazamiento que supone dejarse llevar y perder, aunque sea parcialmente, el control.

Para Sarkissian, esa deriva adquiere una dimensión particular cuando fotografía una movilización.

Es "un instante ahí semi-irreal", dice. Un momento en el que cree que, de alguna manera, pueden congelarse las emociones.

La propia idea de congelar el tiempo, sin embargo, contiene para ella una contradicción. La fotografía se sostiene en parte sobre esa fantasía de detener aquello que inevitablemente continúa.

"Una cosa absolutamente ficticia que uno también le impone a veces a la fotografía", define, es ese "restito de verdad y de presencia" que se espera de una imagen fotográfica.

En la práctica, explica, esa ilusión puede transformarse en algo casi irracional: el fotógrafo queda atrapado por la lógica del obturador y por la idea de que puede congelar un instante, aun sabiendo que detener el tiempo es imposible.

"Entonces, bueno, meterse en esa fantasía de detener el tiempo que es la fotografía es bastante ficticio", resume.

Fotografiar una marcha supone, al mismo tiempo, buscar y dejarse encontrar. Sarkissian no renuncia a ninguna de las dos posibilidades. Hay una parte de la fotografía que, para ella, está hecha de insistencia: insistir en estar, en buscar, en volver a un lugar y también en regresar al propio archivo para recuperar herramientas que permitan expresar aquello que se quiere decir.

Porque en su fotografía hay una intención.

"Hay mucho de lo que quiero decir, muchas ganas de decir", reconoce, aunque inmediatamente introduce una duda sobre el resultado: "no sé si logradas".

Ese deseo de decir atraviesa el momento en que la realidad se transforma en imagen. Entre una cosa y otra suceden, según su mirada, "un montón de transformaciones imaginativas".
Adentro y afuera de la marcha
En ese proceso, la fotógrafa ocupa una posición doble: está adentro y afuera al mismo tiempo. Se encuentra involucrada en aquello que registra, pero necesita también tomar cierta distancia para poder verlo.

Para Sarkissian, esa posibilidad de correrse, entrar y salir constituye una forma de darle a la situación la oportunidad de abrirse a nuevas miradas y a un destino incierto.

La distancia, en su caso, tampoco significa neutralidad. Por el contrario, está vinculada con una idea que reconoce como propia de los feminismos: la acción y la práctica situada. Alejarse no implica abandonar el compromiso, sino desprenderse de cierta pretensión de ocupar un lugar exterior a aquello que sucede.

"Un poco soy parte de esta historia", explica.

Lo que hace como fotógrafa, entonces, no se limita a registrar lo que ocurre: también tiene que ver con aquello que la situación le produce.

Esa tensión aparece de manera especialmente visible cuando participa de las marchas de las que forma parte. En muchas ocasiones, cuenta, ni siquiera quiere ocupar el lugar convencional de la fotógrafa. Prefiere estar atrás, mezclada con la marcha, participando de lo que ocurre.

Recuerda incluso que, cuando comenzó a sacar fotografías, miraba su propio archivo y se sorprendía de la cantidad de imágenes tomadas desde atrás. "Qué buenas fotos de nuca que tengo", pensaba.

Con el tiempo encontró en esas imágenes una manera particular de entender su propia posición. Fotografiar desde atrás de la marcha también revela algo sobre el lugar que ocupa quien registra: una forma de estar dentro de la escena sin dejar de mirarla.

Para ella, esa posición está directamente relacionada con una concepción de la fotografía como expresión de activismo. Y supone, al mismo tiempo, no perderse en ninguna pretensión de objetividad.

Hay ocasiones, sin embargo, en las que la fotógrafa directamente deja de serlo para convertirse en una participante más.

Sarkissian señala particularmente las marchas vinculadas con la despenalización de la marihuana, un espacio al que su activismo fotográfico estuvo asociado desde hace años. Va a esas marchas con la cámara, pero su lugar dentro de la actividad también puede ser otro: llevar la bandera, estar con sus compañeros, colaborar con la organización y participar de aquello que sucede.

En esas circunstancias, admite, a veces se pierde algunas fotografías de la marcha porque está ocupando otro lugar.

En otros espacios, en cambio, especialmente en aquellos vinculados con los feminismos, las asambleas y las marchas, esa pertenencia refuerza su posición como fotógrafa. Allí permanece con mayor frecuencia "del otro lado del lente", registrando lo que sucede.

Por eso, para Sarkissian, la neutralidad no es una posibilidad real ni una aspiración. "No creo que haya ninguna neutralidad, no hay ningún espacio para la neutralidad y yo tampoco no la pretendo", afirma.

Eso no significa, sin embargo, que la distancia carezca de valor. Al contrario: considera necesario tomar determinada perspectiva para poder observar cómo se compone una escena y decidir qué quedará dentro y qué quedará fuera de la fotografía.

Toda imagen implica un recorte. "Uno hace un instrumento del recorte", plantea.

El fotógrafo se pregunta qué va a quedar afuera y, para responder, necesita cierta perspectiva sobre lo que está ocurriendo. La fotografía ofrece entonces una posibilidad y, al mismo tiempo, una responsabilidad: decir qué se va a ver y qué no se va a ver.

Para Sarkissian, esa decisión ocurre más allá del lente. Hay que elegir por dónde pasa el corte.

Su trabajo se mueve así en una zona en la que el documento y la mirada artística no aparecen como términos necesariamente opuestos. La fotografía puede funcionar como testimonio de un acontecimiento, pero también como una interpretación subjetiva de aquello que sucede.

Sarkissian viene pensando especialmente en esa relación y en el poder que tienen las fotografías frente a otras formas de producción visual.

La cuestión adquiere relevancia en una sociedad que define como "muy hiper visualizada", en la que cada vez resulta más difícil distinguir entre fotografías, imágenes y gráficas. Todo parece circular simultáneamente.

En ese contexto, considera que a veces resulta más eficaz utilizar recursos plásticos que intentar sostener una supuesta objetividad.

La razón es la misma que atraviesa buena parte de su concepción de la práctica fotográfica: la objetividad no existe como tal y, por lo tanto, tampoco puede ser alcanzada. Pero además, sostiene, tampoco tendría necesariamente sentido perseguirla.

Las imágenes participan de un campo de disputa por el sentido, de una "batalla cultural" en la que las militancias intentan hacer escuchar determinadas voces.

Desde esa perspectiva, la imagen también puede tener una función persuasiva. Algunas herramientas plásticas pueden otorgarle mayor capacidad para comunicar y para intervenir en esa disputa.

La fotografía, al mismo tiempo, posee una característica que para Sarkissian resulta particularmente interesante: puede ser extraída de su contexto y comenzar a decir otra cosa.

Esa posibilidad deja a la fotografía en una zona ambigua, un espacio intermedio entre el arte y el documento. Para Sarkissian, allí aparece precisamente una grieta que vale la pena explorar.

Es una zona "muy plástica", dice, que permite comunicar desde un lugar ligado a la emoción mucho más que a la información pura.
El cuerpo que transforma la ciudad
Esa búsqueda también aparece en la selección de imágenes que finalmente llegó al libro. Sarkissian no sintió que hubiera una censura sobre las fotografías ni que hubiera imágenes demasiado literales que debieran ser descartadas.

Después de ver el libro terminado, sin embargo, descubrió un sesgo propio en el recorte: hay más presencia de lo anónimo que de lo personal, más cuerpos que personajes.

Algunas personas aparecen de manera singular y reiterada en las calles y ella tiene numerosos retratos de esas mismas personas a lo largo de su archivo. Sin embargo, al seleccionar las fotografías para Deriva en marcha, eligió mayoritariamente otro camino.

"Elegí mucho más el camino de lo anónimo", explica.

La decisión le permitió representar mejor aquello que le interesa pensar: "el cuerpo en la calle".

El otro límite fue material. No podía hacer una enciclopedia. La cantidad de fotografías que finalmente integraron el libro estuvo condicionada también por las posibilidades de la publicación y por una decisión formal fundamental: la impresión en blanco y negro.

Para una fotógrafa que viene trabajando principalmente desde la diversidad y los feminismos y que habitualmente utiliza el color pleno, la transformación fue un desafío. En ese proceso tuvo una ayuda decisiva de Sebastián Suárez Meccia, con quien pensó cómo trasladar a otra escala cromática aquello que normalmente construye desde el color.

El blanco y negro no fue solamente una cuestión de impresión. También modificó su mirada sobre las imágenes. "Sí, totalmente", responde cuando reconoce ese cambio.

Para ella, esa ausencia de color lleva a pensar en un gradiente de emociones diferente, más próximo quizás a un costado épico.

Apareció entonces otro trabajo de mediación: trasladar hacia la imagen esa dimensión extrema de lo épico y lo heroico sin que las fotografías perdieran aquello que originalmente contenían.

También allí intervino la edición. El trabajo editorial de Joaquín Paronzini fue, para Sarkissian, fundamental.

"Una cosa es poner 30 fotos apiladas y otra cosa es hacer un libro", señala. Y el resultado, afirma, le parece "bellísimo".

Pero Deriva en marcha no se limita a las fotografías. La escritura apareció como una segunda posibilidad para decir aquello que una imagen no siempre puede expresar.

Sarkissian cuenta que escribir también le permitió sacarse las ganas de hacerlo y que, durante el proceso, dio un salto importante en su relación con la escritura. La posibilidad de realizar un final de obra con Gabby de Cicco fue especialmente significativa y representó, según ella, un avance enorme tanto para el texto como para su propia posición al escribir.

Las palabras le permitieron, además, anclar las fotografías en determinadas ideas y pensamientos sobre aquello que ocurre cuando las movilizaciones atraviesan una ciudad.

En ese punto aparece uno de los conceptos centrales del proyecto: la transformación del territorio.

Cuando pasan los movimientos sociales, las marchas y las multitudes, explica Sarkissian, la geografía impuesta se deforma. Se alteran los sentidos de circulación, se modifica la presencia de los cuerpos en las calles y cambia la relación habitual con el espacio urbano.

Es un fenómeno profundamente fotografiable, pero también un acontecimiento que deja rastros.

Las movilizaciones dejan huellas físicas en la ciudad y, al mismo tiempo, marcas en la memoria colectiva. No se trata solamente de ocupar un espacio ya existente, sino de transformarlo temporalmente y producir otra geografía a partir de los cuerpos que lo recorren.

Mirar Rosario a través de esas marchas también le permitió reconocer una ciudad diferente.

Sarkissian habla de una ciudad que concentra mucho "desde los bordes", una ciudad con muchos bordes y con muchos "marrones". Es precisamente en las manifestaciones sociales, sostiene, cuando esa "marronitud" cobra presencia y centralidad: aparece el cuerpo, la presencia, el sonido.

Frente a una ciudad que muchas veces muestra edificios, superficies y estructuras que pueden resultar "hostiles y plásticas", particularmente en su relación con el río, las manifestaciones producen otra escena. Le ceden espacio a voces y personas que llegan desde los márgenes y que modifican completamente la fisonomía urbana.

En esa transformación, la ciudad deja de ser solamente escenario y se convierte en parte del acontecimiento.
Del papel a la calle
En Deriva en marcha, la tecnología no aparece como algo enfrentado al papel. El libro incorpora códigos QR y un mapa interactivo que permite localizar las fotografías en el territorio y regresar al lugar exacto en el que fueron tomadas.

Esa decisión forma parte de una apuesta más amplia de la Colección Derivaciones: cruzar lenguajes analógicos y presenciales con otros vinculados con la virtualidad.

Sarkissian lo explica de este modo: El libro y la colección buscan poner en diálogo los lenguajes analógicos y presenciales con los virtuales, y pensar las interfaces entre ambos en un momento en que las formas presenciales de participación están siendo disputadas por la aparición de las inteligencias artificiales.

El libro suma así una capa de interactividad que no reemplaza la experiencia física de la publicación, sino que la prolonga hacia el territorio. La fotografía vuelve a la calle de la que salió y permite, mediante una pantalla, regresar al lugar en el que alguna vez estuvo el cuerpo de quien fotografió.

Disputar las herramientas
La mirada de Sarkissian también se enfrenta a otro cambio profundo en el oficio fotográfico: la inteligencia artificial.

Lejos de rechazarla, se define como "re fan de la inteligencia artificial". La utiliza y considera que, como sucede con cualquier tecnología, lo importante es discutir sus bordes y sus usos.

En el terreno de la fotografía documental, uno de los principales problemas aparece alrededor de las posibilidades de producir imágenes falsas y desinformación mediante inteligencia artificial. Pero junto con esos riesgos reconoce una enorme cantidad de posibilidades creativas y generativas.

Las fotografías pueden convertirse, a través de estas herramientas, en superficies de exploración capaces de abrir nuevos escenarios y formas de creación, incluso para piezas documentales, artísticas o informativas.

Por eso, para Sarkissian, la discusión no debería centrarse únicamente en la herramienta sino en quiénes y cómo disputan su utilización.

"La herramienta está ahí y la disputa por el uso de las herramientas es siempre una disputa que está vinculada con las relaciones de clase, las relaciones sociales y la perspectiva de género", plantea.

Desde esa perspectiva, considera necesario "salir a disputar el uso de la inteligencia artificial". De lo contrario, advierte, puede convertirse en un instrumento de domesticación.

Su posición también parte de observar cómo fueron recibidas otras tecnologías cuando aparecieron. Recuerda las advertencias apocalípticas alrededor de la televisión y las contrapone, con humor, a las previsiones de su abuela, que le decía que no mirara televisión de cerca porque podía quedar ciega.

"Si hubieran sido ciertas todas las cosas apocalípticas que se dijeran del televisor, estaríamos todos ciegos y estériles", ironiza.

Eso no significa negar los riesgos. Sarkissian reconoce especialmente los riesgos éticos y medioambientales que rodean a las nuevas tecnologías y considera que son cuestiones sobre las que hay que prestar una atención fuerte.
Mirar, enseñar, participar
La dimensión educativa de la práctica de Sarkissian completa ese recorrido. Su formación como educomunicadora proviene de un profesorado de Comunicación Educativa o Educomunicación de la Universidad Nacional de Rosario, una formación específica que cruza problemáticas vinculadas con la intersección entre conocimiento, comunicación y educación.

Llegó a ese profesorado "por causas de la vida" algunos años atrás, lo terminó y descubrió allí un espacio que le abrió numerosas puertas. Pero, sobre todo, encontró un lugar de "resiliencia y resistencia" dentro de la propia Universidad Nacional de Rosario.

La universidad se convirtió, dice, en "mi casita". Y ocupar ese espacio adquiere para ella una dimensión política y afectiva particular en un momento en que se cuestionan la educación pública y la investigación universitaria. Permanecer allí, sostiene, es una responsabilidad y también un orgullo.

En ese punto, la fotografía, la educación, la militancia y la participación dejan de aparecer como caminos separados. Todos forman parte de una misma manera de habitar el espacio público: mirar, registrar, enseñar, participar y producir memoria.

La deriva continúa
Deriva en marcha condensa esa mirada sobre la ciudad y sobre quienes la recorren cuando salen a ocuparla. El libro no intenta solamente detener las marchas en una sucesión de imágenes: busca capturar algo de aquello que ocurre mientras los cuerpos avanzan, mientras una multitud transforma una calle y mientras la fotógrafa, al mismo tiempo, participa, se distancia, busca y se deja llevar.

La presentación del libro será este domingo 27 de septiembre, a las 19, en Bon Scott Bar, Pichincha 131, Rosario, con entrada libre y gratuita.

Sarkissian estará acompañada por Fernando Irigaray, compilador de la colección, doctor en Comunicación y responsable de la propuesta interactiva; Romina Maruco, autora del prólogo y fundadora de Hijas de Rosario; More García, referente travesti y poeta de Rosario, quien aporta su voz al book trailer y a parte de la capa narrativa audiovisual del libro; Rocío Pumar, fotógrafa y amiga de Sarkissian, con quien compartió el proyecto de El Hoguera, el colectivo de fotógrafas feministas; y Majo Poncino, integrante de la Asamblea Lesbotransfeminista, quien coordinará el panel.

La presentación tendrá también algo de celebración. Porque si el libro es resultado de un proceso de trabajo, archivo, escritura y reflexión, su llegada al público será también una oportunidad de encuentro.

Habrá vino y sándwiches para compartir, anticipa Sarkissian, porque estos espacios, además de ser formales y serios, son para ella espacios de encuentro, festejo y celebración.

En definitiva, Deriva en marcha parece prolongar su propio nombre. No se trata solamente de seguir una trayectoria, sino de aceptar que una ciudad cambia cuando sus habitantes la recorren de otra manera; que un archivo puede transformarse cada vez que vuelve a ser mirado y que una fotografía puede estar, al mismo tiempo, dentro y fuera de una escena.

El domingo, desde las 19, esas fotografías volverán al territorio que las produjo. En Pichincha 131, entre imágenes, palabras, vino y compañeros, la deriva continuará.

Escuchá la entrevista completa:

viernes, 25 de septiembre de 2026

NAZA, el documental que expone testimonios de militares israelíes sobre Gaza, se podrá ver gratis en internet

La película de Yuval Abraham y Rachel Szor estará disponible a finales de noviembre en el sitio web de The Guardian. El anuncio se produce después de las amenazas del Gobierno israelí contra los directores, a quienes acusaron de "traición". El documental que expone los sistemas detrás de la matanza masiva y calculada de civiles palestinos por parte de Israel
NAZA, el documental dirigido por los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor que reúne los testimonios de 24 miembros de la inteligencia y el Ejército israelíes sobre las operaciones militares en Gaza, podrá verse gratuitamente en internet a finales de noviembre, después de su recorrido por las salas de cine.

La película estará disponible para el público mundial a través del sitio web de The Guardian, que coproduce el documental, como parte del compromiso del medio con la difusión del periodismo independiente.

"NAZA se basa en un periodismo riguroso publicado a lo largo de los últimos tres años", afirmó Harry Davies, corresponsal de investigación de The Guardian y uno de los productores de la película. "Pero es también una obra cinematográfica poderosa que pronto estará disponible en pantallas, grandes y pequeñas, de todo el mundo".

La decisión de facilitar el acceso gratuito al documental fue anunciada por Abraham en su cuenta de X. El director explicó que él y Szor tomaron la decisión junto con The Guardian "debido al interés y la importancia pública" de la película.

"NAZA será accesible en internet de forma gratuita, sin límite de tiempo, para que cualquier persona pueda verla y ver los testimonios de los soldados", escribió Abraham. Según precisó, esto ocurrirá "en unas pocas semanas, en noviembre, en la fecha más temprana que logramos fijar".

Mientras tanto, los responsables de la película han ofrecido el documental a distintos distribuidores y salas de cine de Israel sin coste, con la intención de que pueda proyectarse en el país en paralelo a su distribución internacional. The Guardian también está explorando vías para que NAZA pueda ser vista en los territorios palestinos ocupados.
Los testimonios de 24 miembros de la inteligencia y el Ejército

Rodada de noche en las azoteas de Tel Aviv, NAZA incluye entrevistas, realizadas bajo condición de anonimato, con 24 miembros de los servicios de inteligencia y del Ejército israelíes.

El documental aborda los sistemas utilizados durante las operaciones militares israelíes en Gaza y se basa en investigaciones periodísticas publicadas entre 2023 y 2025 por The Guardian, +972 Magazine y el medio en hebreo Local Call.

Según The Guardian, el título NAZA corresponde a un acrónimo utilizado por la inteligencia militar israelí para referirse, de manera eufemística, al número de civiles que se espera que mueran durante un ataque aéreo.

Abraham ha defendido el trabajo periodístico que sustenta la película. "La película se basa en una investigación periodística exhaustiva de tres años y los detalles en ella están verificados y cruzados. Hablará por sí misma y la verdad acabará saliendo a la luz", escribió.

El director ha explicado que el objetivo del documental es "generar un debate público sobre las acciones del Gobierno en Gaza, la muerte de más de 73.000 personas, la mayoría civiles, la normalización de una guerra de exterminio" y la percepción de que "no hay no involucrados".

Entre los hechos que Abraham afirma que aparecen documentados en los testimonios se encuentran el asesinato de personas desarmadas que cruzan determinadas líneas, la autorización de ataques contra viviendas familiares, la destrucción física de Gaza y disparos contra personas que acudían a centros de distribución de alimentos.

Amenazas contra los directores
El estreno de NAZA se produjo en medio de una fuerte controversia política en Israel. La semana pasada, el primer ministro Benjamín Netanyahu y distintas figuras militares y políticos de la derecha israelí pidieron que se revocara la ciudadanía de los directores y los acusaron de "traición contra el Estado".

Netanyahu afirmó que buscaría impulsar nuevas leyes que permitieran retirar la ciudadanía a quienes "manchen la reputación" de los soldados israelíes o "difamen" al Estado de Israel.

Paralelamente, decenas de activistas de derecha se concentraron frente a la casa de los padres de Szor. Según The Guardian, en el lugar se desplegaron agentes de la policía y de la policía fronteriza. Uno de los manifestantes pidió la "pena de muerte para los traidores" y reclamó que fueran demolidas las viviendas de las familias de los cineastas.

Ante estas amenazas, Abraham y Szor defendieron públicamente su decisión de realizar la película.

"Hicimos esta película impulsados por el sentido del deber de utilizar nuestra posición como israelíes para examinar los sistemas que subyacen a la matanza masiva de civiles palestinos, de la cual nuestro país es responsable", afirmaron.

"Las amenazas del Gobierno israelí de revocar nuestra ciudadanía, así como las amenazas de muerte, no cambian esta postura ni impedirán la difusión de la película. Agradecemos a nuestros colegas su solidaridad y esperamos poder compartir NAZA con el mundo entero muy pronto", añadieron.

Abraham también reivindicó el papel del periodismo frente a las acusaciones del Gobierno israelí: "El periodismo no es traición. La crítica no es traición".
Yuval Abraham y Rachel Szor

Apoyo de organizaciones y cineastas

La controversia provocó también muestras de solidaridad con los realizadores. Según The Guardian, 43 organizaciones locales de derechos humanos emitieron un comunicado conjunto en el que pidieron a las autoridades israelíes que pusieran fin a lo que describieron como incitación y amenazas contra los cineastas y que no emprendieran acciones legales contra ellos ni contra sus fuentes.

Además, más de 1.500 cineastas israelíes firmaron una petición en defensa de la "libertad de expresión y creación" y en solidaridad con Szor y Abraham.

La declaración recibió también el respaldo de cineastas internacionales como Ken Loach, Joshua Oppenheimer, Paul Laverty, Laura Poitras, Nan Goldin, Richard Eyre y Hanif Kureishi. Oppenheimer, director de The Act of Killing y The Look of Silence, calificó las acciones del Gobierno israelí como una "campaña de intimidación a gran escala".

Los directores de No Other Land
Yuval Abraham y Rachel Szor ya habían alcanzado reconocimiento internacional por No Other Land, documental que realizaron junto a los cineastas palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal.

La película obtuvo el Óscar al mejor documental en 2024. Jonathan Glazer, director de La zona de interés y Under the Skin, ejerció como productor ejecutivo de NAZA, mientras que James Wilson, de JW Films, también participó como productor.

A diferencia de No Other Land, centrada en la situación de la comunidad palestina de Masafer Yatta, NAZA aborda las operaciones militares en Gaza a través de testimonios de miembros israelíes de los servicios de inteligencia y del Ejército.

Para Abraham, el debate que pretende abrir el documental también incluye la responsabilidad de quienes fueron testigos de las operaciones militares.

"Es un deber de todo ciudadano cuyo gobierno comete crímenes saberlo y de todo soldado que fue testigo de ellos contarlo", afirmó.

La película podrá verse primero en salas y, posteriormente, a finales de noviembre, de forma gratuita y sin límite de tiempo en el sitio web de The Guardian.

38 años de Buscando Trabajo: avisos, oportunidades y miles de voces que encontraron un lugar donde ser escuchadas

Hay historias que empiezan con una gran idea. Otras, con una necesidad.

La historia de Buscando Trabajo empezó con las dos cosas.

El 25 de septiembre de 1988, a las 9 de la mañana, una voz se encendió en una frecuencia que todavía no tenía nombre. Era el 91.5 de FM, desde una pequeña sala de la vieja Escuela Pablo A. Pizzurno, en Felipe Moré y La Paz. Todavía no era, formalmente, Aire Libre, Radio Comunitaria. Pero algo ya estaba naciendo.

El programa se llamaba "Para la gente del barrio", tomado de una canción de Lalo de los Santos. Tres horas para contar lo que pasaba cerca, para leer los diarios, acercar información y poner en el aire aquello que muchas veces quedaba afuera de los grandes medios.

Y entre esa información apareció un espacio que, con el tiempo, se transformaría en una historia dentro de la historia el micro Buscando Trabajo.

En la Pizzurno no había estudio. Había una pequeña sala que hacía de biblioteca, depósito y lo que hiciera falta. Una mesa. Un par de sillas. Cajas de zapatos con los elementos técnicos. Dos pequeñas cajas metálicas color marrón: una era el transmisor de un watt; la otra, donde se conectaba el micrófono.

Había un Wincofon. Su tapa de acrílico servía de base de apoyo, el parlante estaba abajo. Allí se colocaba el micrófono de plástico cuando había que escuchar música. Había también un grabador de periodistas Sanyo, con el que llegaban algunas notas grabadas.

Eso era todo. Pero a veces todo empieza con casi nada.

A las 8:50 de aquella mañana se puso en marcha la señal de ajuste. Después sonó Ramona Galarza. A las 9 se cambió el cassette y apareció la canción de Lalo de los Santos que le daba nombre al programa. Y poco después, la voz de Rubén Blades cantando "Buscando Trabajo", para dar paso a los avisos.

Para leer los clasificados estaba La Capital. Como no eran muchos, se completaba con Clarín. El diario porteño llegaba más tarde, en manos del canillita de la otra cuadra, que golpeaba la ventana que daba a calle La Paz y dejaba el ejemplar. De ese diario salían otros avisos.

No había internet. No había correo electrónico. No había WhatsApp. No había portales de empleo. Había diarios, una radio con potencia de un watt y una ventana abierta. Y había gente. Gente que necesitaba trabajar.

En aquel septiembre de 1988, el país atravesaba un momento difícil. La inflación, la desocupación, las asonadas militares y las amenazas sobre una democracia todavía joven formaban parte de la vida cotidiana. La Capital anunciaba que el salario mínimo sería de 1.310 australes. El Banco Mundial otorgaba un crédito destinado a financiar la apertura económica. En Seúl, Argentina avanzaba a las semifinales del vóley olímpico y Martín Jaite ganaba en tenis.

En Rosario, el Gobierno provincial preparaba una tarde de rock local en el Parque Urquiza, con Fandermole, Silvina Garré, Rubén Goldín, Grafitti, Liliana Herrero, Miriam Cubelos, Punto G, Glamour, León Gieco y Antonio Tarragó Ros, entre otros.

En el dial, a esa hora, había poco para elegir. En la 102.7 se escuchaba Confrontación, la FM de LT3. La FM de LT2 se dedicaba a pasar música. Y, desde San Nicolás, llegaba con buena señal la FM de LT24.

Y, claro, la competencia de las mañanas domingueras tenía nombre propio: Almacén La Candelaria, con Don Enri, Enrique Gallardo, por LT2.

Pero en el barrio había otra competencia, mucho más urgente. La de llegar a fin de mes. La de encontrar trabajo.

Al principio fue apenas un micro. Después tuvo momentos en que se convirtió en un programa ómnibus de tres horas. Pasó por distintos horarios: de 8 a 11, de 9 a 12, de 9 a 11. Incluso tuvo una etapa diaria, de lunes a sábados, muy temprano, para llevar a cada casa las oportunidades laborales del día.

Pero siempre siguió los domingos. Porque los domingos también se buscaba trabajo.

Y porque la radio había aprendido algo esencial: no alcanzaba con leer los avisos. Había que escuchar a las personas.

Un día alguien golpeó la ventana de la escuela.

—Oí por ahí que ustedes consiguen trabajo.

La frase quedó flotando. No es lo mismo oír que escuchar. Cuando uno escucha de verdad, algo cambia.

Se le explicó que aquella era una radio que transmitía desde una escuela. Que salía determinados días y horarios. Que allí se leían los pedidos y solicitudes de empleo.

Entonces llegó una respuesta que parecía sencilla, pero que explicaba buena parte de la razón de ser de aquella radio:

—Yo no tengo FM.

Y no era el único. La mayoría no tenía FM. Y por eso la ventana se convirtió en una especie de mostrador de empleo.

Vecinas y vecinos golpeaban para preguntar si había salido algún aviso. Otros para anotar un teléfono que no habían llegado a copiar. Para saber si buscaban albañiles, electricistas, cuidadores, empleadas domésticas, serenos, vendedores.

La radio entraba por una ventana. Y la necesidad entraba por la misma ventana en sentido contrario.

Con los años llegaron otras herramientas. Y sumamos especialistas para que contaran estrategias para la búsqueda de empleo: cómo confeccionar un currículum vitae, una carta de presentación y cómo prepararse para una entrevista.

La historia de Buscando Trabajo también cambió cuando cambió el país.

La crisis de 2001 golpeó fuerte. Los avisos de empleo comenzaron a desaparecer de los diarios. Cada vez había menos oportunidades para leer al aire y cada vez eran más las personas que necesitaban encontrar una salida.

Entonces hubo que buscar otras respuestas.

En el programa comenzó a tener un espacio el ProHuerta, un programa público del INTA que, en aquellos años de emergencia alimentaria, se convirtió en una herramienta concreta para muchas familias. Desde la radio difundíamos la posibilidad de acceder a semillas, herramientas y capacitación para poner en marcha una huerta.

También promocionábamos las huertas comunitarias. No eran solamente una manera de conseguir verduras y hortalizas frescas cuando los precios se disparaban. Eran espacios de encuentro, de organización y de trabajo colectivo. Una parte de lo producido podía llegar a los comedores comunitarios o intercambiarse en los nodos de trueque.

Porque cuando el trabajo formal desaparece, la comunidad inventa otras formas de sostenerse.

Los vecinos y las vecinas se encontraban en salones parroquiales, clubes de barrio y plazas. Allí se intercambiaban alimentos, ropa, artesanías y también servicios: cortes de pelo, reparaciones, trabajos de oficio. No siempre circulaba dinero. Muchas veces circulaban créditos, objetos, saberes y, sobre todo, la necesidad de ayudarse.

En Buscando Trabajo también aportábamos una herramienta propia de Aire Libre, Radio Comunitaria: "Quiero y Tengo", nuestro sistema de canje.

La propuesta era sencilla. Quiero: ropa de abrigo para un adulto mayor. Tengo: ropa en buen estado para un niño de cuatro años.

Alguien necesitaba algo y otra persona tenía algo para ofrecer.

En esos años aprendimos que buscar trabajo no siempre significaba encontrar un empleo. A veces significaba encontrar una manera de volver a hacer, de producir, de intercambiar, de organizarse con otros.

Las huertas, los trueques, los canjes y los comedores fueron también espacios donde muchas personas recuperaron algo que la crisis les había quitado: la posibilidad de sentirse necesarias, de poner en juego lo que sabían hacer y de construir, junto a otros, una respuesta frente a la emergencia.

Buscando Trabajo tuvo que cambiar porque la realidad había cambiado. Cuando los avisos desaparecieron de los diarios, no desapareció la necesidad. Y tampoco desapareció la radio. Simplemente, hubo que empezar a buscar por otros caminos.

Pero nunca desapareció aquella esencia inicial. Un aviso podía ser el comienzo de algo.

Como aquel pedido de Ana Medrano: necesitaba una señora para cuidar a su hijo de cinco años durante pocas horas y ofrecía, a cambio, una habitación.

Laura llamó. Estaba sin trabajo. Tenía dos hijos pequeños. Si la aceptaban, podía acomodarse y cumplir con lo que necesitaban.

Las dos historias se encontraron en el aire.

Se habló. Se escuchó. Quedaron en ver si podían llegar a un acuerdo.

Una oyente mandó un mensaje: "Se escucha una piba buena y honesta".

A veces la radio no consigue un trabajo. A veces consigue algo más difícil: que dos personas puedan encontrarse.

Y también están los mensajes que llegan cuando el trabajo todavía no aparece: "Estoy buscando trabajo a dos manos y nada. Es el sistema y la edad, pero no hay que aflojar. Seguramente algo hay para mí en este planeta".

Y están los otros. Los que llegan después de la espera: "Después de un tiempo encontré trabajo. Hoy ya hace un mes y me gusta mucho. Quiero decirles a todas aquellas personas que estén buscando trabajo que tengan paciencia y esperanza. Muchas gracias".

Entre un mensaje y otro pasan meses, a veces años. La radio aprende a esperar junto con quienes esperan. Pero Buscando Trabajo también terminó siendo otra cosa: un lugar donde se habla del trabajo porque, muchas veces, hablar del trabajo es hablar de la vida.

Julián llamó una vez cuando terminó el programa. Quería hablar con el conductor.

—Te quería contar lo que me pasó anoche. El barrio está peligroso.

Y contó. Con detalles. Largo. Como quien necesita sacar de adentro algo que pesa. Después pidió disculpas por lo extenso. No hacía falta.

Había miedo. Había ocurrido un hecho violento. Había una persona necesitando ser escuchada.

La despedida fue sencilla:

—Mi teléfono lo tenés. Te quedó en el WhatsApp.

Y del otro lado:

—Cualquier cosa me llamás.

Eso también es una radio comunitaria. No solamente transmitir. Estar.

Treinta y ocho años después, la tecnología cambió casi todo. Pero hay cosas que no cambiaron.

Ahora un currículum puede viajar en segundos. Se manda por correo, se adjunta un archivo, se completa un formulario. Y muchas veces nadie responde.

Un oyente lo contó hace poco. Tiene primario, secundario y un terciario incompleto. Es electricista domiciliario, balancero, trabajó en seguridad y tiene experiencia en distintas tareas. Había enviado su currículum. Lo llamaron.

La entrevista fue para cuidar máquinas de Vialidad, cerca de la ruta A012 y la 34. La propuesta era trabajar de noche, de lunes a lunes, desde las cinco de la tarde hasta las ocho de la mañana: quince horas por día, por un millón y medio de pesos mensuales. Pero había condiciones: había que tener vehículo propio, no había baño y, si llovía, había que quedarse dentro del auto.

No entregaban radio ni herramientas ni elementos de comunicación. Había que trabajar con el teléfono propio. No había viáticos. El trabajo era informal.

Y el hombre hizo las cuentas: casi 25 kilómetros de ida, casi 50 kilómetros diarios. Si el auto se rompía, parte de lo que ganaba se iría en repararlo.

Lo que más le indignaba no era solamente el sueldo. Era la falta de condiciones elementales: "Ni siquiera contar con un baño para hacer las necesidades básicas". Terminó hablando de esclavitud.

Y antes de despedirse pidió perdón por lo largo del mensaje. Otra vez, no hacía falta.

Porque después de 38 años, Buscando Trabajo sigue siendo eso: un lugar donde alguien puede contar lo que le pasa.

Tal vez por eso aquella vieja cortina musical todavía tiene sentido.

"Voy buscando pa' trabajar, voy por las calles de la ciudad…" La canción habla de alguien que busca y busca. Pero aquí hay algo diferente.

Durante 38 años, quienes buscaron trabajo no estuvieron completamente solos. Hubo una voz que leyó un aviso. Una persona que golpeó una ventana. Una oyente que recomendó a otra. Un teléfono que sonó. Un currículum que llegó. Una entrevista. Una oportunidad. Un mensaje agradeciendo después de conseguir un trabajo. Otro mensaje que alertó sobre una estafa.

Y también hubo frustraciones, abusos, silencios, puertas cerradas y condiciones que nunca deberían naturalizarse.

También hubo avisos que, con el tiempo, terminaron mostrando otra cara del mundo del trabajo. Un domingo apareció un pedido para trabajar como camareras en Italia. Ofrecían un buen sueldo y aseguraban que se ocuparían de los papeles necesarios para viajar y trabajar. La información era escasa y, ante la consulta de las interesadas, la sugerencia fue acercarse al hotel céntrico que figuraba como referencia y preguntar todo: dónde era exactamente el trabajo, de qué se trataba, quién hacía la contratación, cuáles eran las condiciones y cómo se realizaría el viaje. Un año más tarde se conoció que detrás de aquella propuesta funcionaba una organización dedicada a la trata de personas.

Otra historia fue mucho más cercana. Todas las semanas, un señor que vivía a apenas dos cuadras de la radio publicaba un aviso en el que buscaba una chica para tareas de limpieza. Como siempre, desde el programa marcábamos el alerta cuando algo no terminaba de cerrar. Hasta que un día alguien tocó el timbre de la radio y advirtió: "Es un abusador. Para eso nos quiere". Al día siguiente, aquel hombre y su historia formaban parte de las crónicas de la televisión.

Con el tiempo, esa mirada sobre los avisos también nos llevó a involucrarnos de manera más directa en la discusión sobre la trata de personas. Desde Buscando Trabajo difundimos y acompañamos un petitorio dirigido a las autoridades del diario La Capital, en el que se reclamaba la eliminación de los avisos clasificados que promocionaban servicios de oferta sexual, señalados como una de las principales vías de captación para la trata de personas.

Pero no solamente pusimos la mirada sobre esos avisos. También comenzamos a prestar especial atención a aquellos que aparecían dentro del propio rubro “Trabajo” y que, detrás de una supuesta oferta laboral, dejaban entrever con claridad la búsqueda de mujeres jóvenes con fines de explotación sexual. Eran avisos que obligaban a leer más allá de las palabras y a preguntarse qué había realmente detrás de una propuesta de empleo.

Fue también una manera de aportar, desde la radio, al proceso de concientización sobre la trata de personas con fines de explotación sexual, entendida como una violación de los Derechos Humanos y una clara manifestación de violencia contra las mujeres. Teníamos claro que un medio de comunicación no podía convertirse en una herramienta para facilitar la trata y la explotación sexual a cambio de un rédito económico.

Así, aquel espacio que había nacido para leer avisos y acercar oportunidades de trabajo fue aprendiendo también a cuestionar algunos de esos avisos, a advertir sobre los riesgos y a preguntarse qué responsabilidad tenía la radio frente a lo que ponía en el aire. Porque buscar trabajo también podía significar aprender a reconocer cuándo una oferta de trabajo no era realmente una oferta de trabajo.

De esas experiencias también está hecha la historia de Buscando Trabajo. De los avisos que abren una puerta, pero también de los que obligan a mirar dos veces antes de cruzarla. De aprender que detrás de una propuesta laboral puede haber una oportunidad, una estafa o incluso algo mucho más grave. Y que, en esos casos, escuchar también significa advertir, preguntar y levantar la voz a tiempo.

Porque buscar trabajo es mucho más que buscar un sueldo. Es buscar un lugar. Una posibilidad. Una manera de sentirse útil. Una forma de sostener una familia. De recuperar un poco de tranquilidad. De levantarse cada mañana con un motivo.

Por eso aquel pequeño transmisor de un watt terminó teniendo una potencia que no se mide en watts. La potencia de escuchar. La potencia de acompañar. La potencia de hacer circular una información que puede cambiarle el día —y a veces la vida— a alguien.

El 25 de septiembre de 1988, en una pequeña sala de la Escuela Pablo A. Pizzurno, comenzó una historia.

Y también hubo frustraciones, abusos, silencios, puertas cerradas y condiciones que nunca deberían naturalizarse.

No son solamente historias individuales.

De acuerdo con los datos oficiales difundidos este jueves por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en el primer semestre de 2026 el Gran Rosario registró un 23,1% de personas por debajo de la línea de pobreza, mientras que la indigencia alcanzó al 6,2%. En términos absolutos, el organismo estimó 315 mil personas pobres, pertenecientes a unos 90 mil hogares, y 84 mil personas en situación de indigencia, correspondientes a unos 26 mil hogares.

A ellos se suman las personas que, aun teniendo un trabajo remunerado, buscan otro. Trabajan, pero necesitan más. Buscan completar un ingreso que ya no alcanza para sostener el mismo nivel de vida.

Son números. Pero detrás de cada número hay alguien que alguna vez pudo haber dicho frente a un micrófono: "Estoy buscando trabajo".

Y ahí aparece también la política. Porque las condiciones en las que se busca trabajo no ocurren en el vacío. La caída del poder adquisitivo, la precarización, la necesidad de sumar horas o de buscar un segundo empleo forman parte de una discusión más amplia sobre el rumbo económico del país y sobre las consecuencias de las políticas aplicadas desde que La Libertad Avanza llegó al gobierno.

Treinta y ocho años después de aquel primer programa, Buscando Trabajo sigue recibiendo las consecuencias concretas de esas discusiones: en un pedido de ayuda, de alguien que necesita cambiar de empleo o de una persona que, sencillamente, pregunta si alguien sabe de algún trabajo.

En el Gran Rosario, la pobreza y la indigencia tienen hoy cifras concretas. Pero para una radio comunitaria esas cifras nunca son solamente porcentajes. Son las personas que llaman, los mensajes que llegan, los currículums que se envían, las historias que se cuentan y las preguntas que siguen apareciendo del otro lado del micrófono.

Porque buscar trabajo es mucho más que buscar un sueldo. Es buscar un lugar. Una posibilidad. Una manera de sentirse útil. Una forma de sostener una familia. De recuperar un poco de tranquilidad. De levantarse cada mañana con un motivo.

Por eso aquel pequeño transmisor de un watt terminó teniendo una potencia que no se mide en watts.

La potencia de escuchar. La potencia de acompañar. La potencia de hacer circular una información que puede cambiarle el día —y a veces la vida— a alguien.

El 25 de septiembre de 1988, en una pequeña sala de la Escuela Pablo A. Pizzurno, comenzó una historia.

Había una mesa, un par de sillas, un Wincofon, un grabador Sanyo, un transmisor metido en una cajita de metal y una ventana abierta.

Y del otro lado de esa ventana, un barrio entero buscando algo.

Treinta y ocho años después, la ventana sigue abierta.

La radio también.

Y cada vez que alguien dice:

—Estoy buscando trabajo…

la historia vuelve a empezar.

Amigos, amigas, amigues: bienvenidos a un nuevo año de nuestro "Buscando Trabajo".

Y seguiremos cerrando como el primer día con este mensaje: Nos vamos, les deseamos un buen domingo para todos y todas y una gran semana y ojalá no nos escuchen más. Señal de que consiguieron trabajo. O quieren seguir con el Buscando para conseguir algo mejor. Nos estamos escuchando....

jueves, 24 de septiembre de 2026

Clarín impone una norma que restringe a sus trabajadores compartir información sobre sus salarios

La Comisión Interna de trabajadores de Clarín/AGEA rechazó de manera unánime una actualización de las políticas internas de la empresa que, según denunció, considera una "falta seria" que los empleados compartan entre sí información sobre sus remuneraciones.

El planteo fue difundido este jueves a través de la cuenta de X de la Comisión Interna de Clarín. Según explicaron los trabajadores, la nueva normativa está incluida en un documento de unas 150 páginas que los empleados debían aceptar para acceder al correo corporativo.

El apartado cuestionado establece: "Las remuneraciones son administradas individualmente en un ámbito de estricta confidencialidad y la Unidad de Negocios espera de sus empleados idéntica actitud. En consecuencia, el compartir entre empleados información acerca de sus remuneraciones es considerado una falta seria".

Para la representación gremial, esto implica que un trabajador podría ser sancionado por contarle a un compañero cuánto cobra. "El salario es nuestro", señalaron, al cuestionar la disposición y defender el derecho de los empleados a intercambiar información sobre sus ingresos.

La Comisión Interna también cuestionó la política salarial de la empresa y sostuvo que la confidencialidad podría impedir que los trabajadores conozcan diferencias salariales entre personas que realizan tareas similares. En su publicación, afirmó además que Clarín paga salarios que están cada vez más lejos de la línea de la pobreza y más cerca de la indigencia.

Los trabajadores calificaron la medida como "ilegal" y sostuvieron que contradice derechos constitucionales, aunque no detallaron en el hilo qué normas específicas fundamentarían esa interpretación.

Ante la nueva política interna, la asamblea de trabajadores y trabajadoras de Clarín/AGEA resolvió por unanimidad rechazarla y exigir a la empresa que la modifique.

"Caso contrario, nos reservamos el derecho de accionar judicialmente", advirtió la Comisión Interna.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Grandes cadenas de noticias de EU suspenden cobertura conjunta de Trump tras veto de la Casa Blanca

CNN, MS NOW y Politico anunciaron una demanda contra la Administración de Donald Trump luego de que sus periodistas fueran vetados de la Casa Blanca. En solidaridad, CBS, ABC, NBC y Fox News decidieron suspender su participación en el sistema de cobertura conjunta de las actividades presidenciales
Las principales cadenas televisivas de Estados Unidos suspendieron su participación en el sistema de cobertura conjunta de las actividades del presidente Donald Trump, conocido como pool, en respaldo de CNN, MS NOW y Politico, cuyos periodistas fueron vetados de la Casa Blanca.

CNN, MS NOW y Politico anunciaron este lunes que presentarán una demanda contra la Administración de Trump, después de que sus corresponsales fueran privados del acceso al recinto presidencial y sus acreditaciones de prensa fueran desactivadas o confiscadas.

En respuesta, CBS, ABC, NBC y Fox News comunicaron a la Casa Blanca que no sustituirán a CNN en el pool televisivo ni participarán en las coberturas designadas bajo ese esquema.

El sistema de pool permite que uno de los medios acreditados acompañe al presidente en determinados actos y produzca imágenes que posteriormente son compartidas con el resto de las organizaciones periodísticas.
 
CNN, MS NOW y Politico demandarán a la Administración
Los tres medios informaron que notificaron al gobierno estadunidense su decisión de recurrir a los tribunales para defender sus derechos amparados por la Primera Enmienda de la Constitución.

“Sin previo aviso ni proceso, la Casa Blanca revocó las credenciales de nuestras periodistas porque tenía objeciones a nuestra cobertura”, señalaron CNN, MS NOW y Politico en un comunicado conjunto.

Las organizaciones sostuvieron que, si la medida no es impugnada, podría afectar la libertad de prensa y el derecho del público a recibir información independiente sobre las actividades del gobierno.

La demanda está dirigida contra Trump, su jefa de gabinete, Susie Wiles; el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, y el responsable del Servicio Secreto, Sean Curran.

El conflicto comenzó el viernes, cuando Trump anunció en su red social que prohibiría el acceso de CNN, MS NOW y Politico a la Casa Blanca, al acusarlos de difundir “noticias falsas”.

El presidente sostuvo que las organizaciones publican de manera constante información que considera falsa y afirmó que podría ampliar las restricciones a otros medios.

Durante un encuentro con periodistas en el Despacho Oval, Trump reiteró sus acusaciones y afirmó que esos medios publican información negativa sobre su administración y sobre los republicanos.

La Casa Blanca no ha presentado, en las declaraciones citadas, pruebas específicas que sustenten cada una de las acusaciones formuladas por el presidente contra las tres organizaciones.

Corresponsales fueron rechazadas en la Casa Blanca
La medida comenzó a aplicarse el sábado, cuando tres periodistas que cubren habitualmente la Casa Blanca intentaron ingresar al recinto.

Betsy Klein, corresponsal de CNN, y Akayla Gardner, de MS NOW, informaron en transmisiones en vivo que sus acreditaciones habían sido desactivadas al llegar a los controles de seguridad.

Klein señaló que su acreditación permanente, conocida en Washington como hard pass, fue confiscada. Según relató, fue remitida a la oficina de prensa de la Casa Blanca para solicitar explicaciones.

Gardner, por su parte, explicó que pudo atravesar los primeros controles, pero que un agente le informó posteriormente que su credencial estaba deshabilitada y le pidió que la entregara. Según la periodista, el funcionario le indicó que la decisión provenía de un nivel superior.

Poco después, Politico informó que a su corresponsal en la Casa Blanca, Cheyenne Haslett, también se le negó la entrada y se le confiscó la acreditación.

Los tres medios habían anticipado que defenderían judicialmente sus derechos.

CNN afirmó que no se desviará de su responsabilidad de exigir cuentas al gobierno y a otras instituciones públicas. MS NOW señaló que adoptaría todas las medidas necesarias para defender sus derechos constitucionales y el papel del periodismo independiente.

Las grandes cadenas abandonan el ‘pool’ presidencial
La primera consecuencia del veto se produjo este lunes.
CNN estaba prevista para encargarse de la cobertura conjunta de las actividades de Trump durante un viaje presidencial a Nueva York. Sin embargo, su participación desapareció del plan de medios distribuido por la Casa Blanca.

CBS, NBC, ABC y Fox News comunicaron entonces que ninguna de ellas reemplazaría a CNN.

“Por la presente se informa que, a partir de hoy, el grupo de periodistas televisivos no cubrirá los eventos designados como cobertura conjunta del Presidente”, señaló Bryan Boughton, jefe de la oficina de Fox News en Washington y presidente del grupo de periodistas televisivos, en una comunicación dirigida a la Casa Blanca.

La decisión implica que las cadenas no acudirán a las actividades que sean designadas como parte del pool ni compartirán posteriormente sus imágenes con los demás medios.

La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca cuestiona el veto
La presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA, por sus siglas en inglés), Jacqui Heinrich, pidió al gobierno de Trump restablecer de inmediato el acceso de los tres medios.

Heinrich advirtió que las consecuencias de la medida podrían extenderse más allá de CNN, MS NOW y Politico.

“El pueblo estadounidense, a través de una prensa libre e independiente, debe poder escrutar a quienes son elegidos para ejercer el poder, independientemente de si los funcionarios del gobierno lo ven de forma favorable”, sostuvo.

La WHCA agrupa a periodistas que cubren de manera permanente la actividad presidencial, incluidos corresponsales de medios estadunidenses e internacionales.

La Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos protege, entre otros derechos, la libertad de prensa.
 
Un conflicto con antecedentes
El enfrentamiento entre Trump y CNN tiene un antecedente judicial.

En 2018, durante el primer mandato de Trump, la Casa Blanca retiró temporalmente la acreditación al entonces corresponsal de CNN Jim Acosta después de un tenso intercambio durante una conferencia de prensa.

Un juez ordenó posteriormente restituir la acreditación de Acosta.

Desde su regreso a la presidencia, Trump ha mantenido distintos enfrentamientos con organizaciones periodísticas. Su administración también ha emprendido acciones legales contra medios y ha restringido el acceso de algunos periodistas a determinados espacios presidenciales.

Entre los casos recientes se encuentra el de The Associated Press (AP), cuyos periodistas fueron excluidos de determinados actos presidenciales después de que la agencia se negara a adoptar el nombre de “golfo de América” para el golfo de México en sus informaciones.

La AP presentó una demanda contra la Administración y el litigio continúa.

Trump también ha mantenido disputas legales con otros medios, entre ellos The New York Times y The Wall Street Journal, mientras que su gobierno ha enfrentado otros conflictos relacionados con organizaciones periodísticas y medios de comunicación.
 
Debate sobre la libertad de prensa
La decisión contra CNN, MS NOW y Politico ha provocado críticas de organizaciones periodísticas y especialistas en derecho de medios.

La profesora Amy Kristin Sanders, de la Universidad Estatal de Pensilvania, afirmó que las acciones de la Administración de Trump representan un cambio respecto de las normas tradicionales que han regido la relación entre la Casa Blanca y la prensa.

El analista de medios de CNN Brian Stelter calificó el caso como una cuestión que trasciende a la propia cadena y lo vinculó con el debate sobre la libertad de expresión en Estados Unidos.

Estas valoraciones forman parte del debate público sobre las medidas adoptadas por la Administración y sus implicaciones para la prensa. La disputa deberá ser resuelta, en última instancia, por los tribunales.

La AP expresó asimismo su respaldo a las organizaciones afectadas. En un comunicado difundido el sábado, la agencia sostuvo que ninguna organización periodística ni persona debería ser objeto de represalias gubernamentales por las palabras que utiliza.

El caso abre ahora una nueva disputa entre la Casa Blanca y parte de la prensa estadunidense, mientras CNN, MS NOW y Politico se preparan para llevar ante los tribunales la decisión de negarles el acceso a la sede presidencial.
Fotos: AP Photo / Jose Luis Magana
Fuentes: Agencias Agence France-Presse, The Associated Press, Diario El País

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