domingo, 31 de mayo de 2026

La Rambla en disputa: pescadores artesanales frente a la modernización de La Florida

En La Florida, al norte de Rosario, la ribera del Paraná condensa una tensión persistente entre la vida de los pescadores artesanales y los proyectos de urbanización que prometen modernizar la costa. Elsa Avip, referente del sector, reconstruye desde la memoria y la experiencia cotidiana un territorio atravesado por controles, promesas incumplidas y una identidad que se resiste a ser desplazada
En el barrio de La Florida, donde el río Paraná se abre como una frontera líquida que ordena la vida cotidiana, Elsa Avip sostiene una memoria extensa de trabajo, disputas y promesas que se repiten con distintos nombres pero idéntico desenlace.

Su voz aparece cada vez que el territorio vuelve a ponerse en discusión en el ámbito municipal, sobre todo cuando se anuncian proyectos que hablan de "modernizar" la costa. En esos anuncios, que circulan entre oficinas y comunicados, el barrio se convierte en un problema a resolver o en una postal a intervenir. Pero en la orilla, la lectura es otra.

Un barrio entre el río y la política
En el oficialismo local circulan iniciativas orientadas a mejorar la infraestructura de los llamados "puestos de pescadores" y a crear un nuevo frente comercial bajo la denominación de "Mercado del norte". En ese marco, Elsa vuelve sobre una pregunta que no pierde vigencia: quiénes son efectivamente parte de esas decisiones y cómo circula la información hacia quienes viven y trabajan en el lugar.

"¿Y los pescadores sabrán? Fueron avisados", le preguntan en Señales, recordando que en distintos momentos los trabajadores del río fueron convocados al Concejo Municipal, participaron de reuniones en la comisión de producción y expusieron sus dificultades.

Desde su reconstrucción, esos encuentros incluyeron reclamos por infraestructura básica, cuestionamientos al accionar de Control Urbano —que en muchos casos describe como invasivo— y pedidos de regularización de las actividades. También aparecieron proyectos intermedios, como una feria gastronómica y cultural para el barrio de pescadores, impulsada en el ámbito deliberativo local a través de la concejala Alicia Pino.

Pero nada de eso, según su mirada, se tradujo en transformaciones sostenidas.
El render de las refromas prometidas en 2024

El espejo de agua y las promesas que no llegan
La última instancia de diálogo que recuerda es una reunión en La Florida con el director del Centro Municipal Distrito Norte, Gerardo Bernardini, donde —según relata— se reiteraron compromisos que no llegaron a concretarse.

Entre ellos aparece una expresión que condensa su escepticismo: el "espejito de colores" del llamado "espejo de agua". No se trata, explica, de una metáfora urbanística sino de algo concreto: el espacio de amarre y estacionamiento de las canoas, un punto histórico de trabajo que, asegura, nunca fue garantizado.

En su relato, la promesa urbana se superpone con la experiencia material del borde: lo que se anuncia como mejora, en la práctica, no siempre toca la vida cotidiana.

Control, desgaste y vida cotidiana
La dirigente reconstruye una relación prolongada de tensiones entre el barrio y el Estado municipal. Habla de controles reiterados, de episodios que describe como hostigamientos sostenidos en el tiempo y de exigencias que, según su experiencia, llegaron a incluir la presentación de documentación personal y papeles del vehículo para ingresar a la zona.

Esas dinámicas —afirma— no se limitaron a los pescadores, sino que atravesaron también a comerciantes del barrio, donde conviven pescaderías, bares y pequeños negocios. Con el tiempo, sostiene, el tejido cotidiano fue quedando atravesado por una lógica de control que impactó en la circulación y en el uso del espacio.

"Nos han hostigado hace años", resume, sin elevar el tono, como quien enumera algo que ya forma parte del paisaje.
Los renders actuales del municipio que ahora mencionan un espacio abierto a emprendedores

Un barrio que es más que pesca
En su propia historia familiar se condensa esa mezcla de río y vida urbana: su padre vendía insumos para la actividad pesquera, sus sobrinos y cuñados son pescadores. El trabajo con el pescado no aparece como una actividad aislada, sino como una trama que atraviesa generaciones.

La Florida, en su descripción, no es solo un enclave pesquero. Es un barrio de familias, vínculos y economías pequeñas que dependen del río pero también de su relación con la ciudad.

Obras parciales y una promesa de urbanización
En la conversación reaparece una crítica constante a la falta de obras estructurales. Elsa reconoce intervenciones puntuales —veredas, arreglos de infraestructura, modificaciones del paredón costero—, pero sostiene que se trata de mejoras fragmentarias, concentradas muchas veces en el frente visible del barrio.

Recuerda además una reunión con el intendente Pablo Javkin durante su primera gestión, en la que —según afirma— se habría comprometido a urbanizar La Florida e intervenir tanto las pescaderías como los frentes comerciales. Aquella promesa, dice, permanece abierta en el tiempo.
El río como economía y como identidad
A pesar del escenario, desde el barrio se han impulsado proyectos alternativos que buscan integrar La Florida como espacio cultural. En ese sentido, Elsa insiste en una idea que atraviesa todo su relato: el vínculo entre Rosario y el río no puede pensarse sin este sector.

"¿Quién no viene a Rosario y come un pescado?", plantea, como una forma de recordar que la costa no es periferia, sino parte constitutiva de la identidad urbana.

La actividad económica del barrio, subraya, es mayoritariamente familiar. No hay grandes empresas ni estructuras industriales, sino unidades de trabajo pequeñas sostenidas por redes de parentesco. "Trabajamos invierno y verano con poco o mucho turismo", explica.
El barrio en el último acampe

Una costa en disputa
El conflicto no se limita a la infraestructura o a la habilitación comercial. También atraviesa el uso del espacio público y el sentido de la transformación costera en clave turística.

Desde su mirada, ciertos proyectos recreativos no dialogan con la historia del lugar. No se opone a la renovación del barrio ni a su desarrollo turístico, aclara, pero cuestiona la incorporación de elementos que considera ajenos al territorio, como "toboganes que no tienen sentido de ser en ese lugar".

En esa misma línea aparece una preocupación más amplia: el acceso desigual a la ribera. Mientras algunos sectores pueden disfrutar de la costa sin restricciones, otros —especialmente barrios populares del norte rosarino— encuentran barreras materiales o simbólicas para su uso.

La ribera se vuelve entonces un espacio de disputa, donde el derecho al río no es solo una idea abstracta, sino una pregunta concreta sobre quién puede habitarlo.
El impacto del río y la fragilidad del trabajo
Uno de los puntos más sensibles de su relato es el impacto del dragado del Paraná en la actividad pesquera. Sin entrar en detalles técnicos, lo vincula con la pérdida de condiciones de trabajo y con una desigualdad estructural que favorece a quienes tienen mayor capacidad económica.

En ese contexto, la pesca artesanal aparece como una forma de vida cada vez más tensionada entre las condiciones naturales del río y las decisiones humanas que lo modifican.

El río como pertenencia
Hacia el final de su testimonio, la conversación se desplaza hacia una dimensión menos material y más simbólica. La costa, dice, no es solo un espacio de trabajo ni un escenario de conflicto: es también un lugar de encuentro, de bienestar y de memoria compartida.

El Paraná aparece como una presencia constante, una forma de identidad que atraviesa generaciones y barrios.

Desde esa perspectiva, las actividades comunitarias en la rambla —con música, sorteos y encuentros— funcionan como intentos de reafirmación del territorio. "El río es de todos", sostiene, insistiendo en que el acceso y el disfrute de la costa deberían ser compartidos sin exclusiones.

En esa tensión entre promesa y desgaste, entre urbanización y pertenencia, entre turismo y trabajo artesanal, la voz de Elsa Avip se inscribe como la de una habitante que no solo describe un conflicto urbano, sino que lo encarna.

Su relato deja ver un barrio que insiste en pensarse como parte constitutiva de la ciudad, incluso cuando —según su propia lectura— la ciudad no siempre lo reconoce de ese modo. 
Elsa y sus compañeros en el Concejo Municipal

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Entre toboganes y memoria: Amanda Pacotti apeló a la historia de Pablo Javkin para defender la costa rosarina

Amanda Pacotti, referente de la pedagogía cossettiniana y Ciudadana Distinguida de Rosario, evocó en Señales una infancia atravesada por el río Paraná para cuestionar el proyecto de parque acuático previsto para la Rambla del Río Paraná. Amiga de la recordada pediatra Mirta Gelman, madre del intendente Pablo Javkin, apeló a esa historia compartida para defender la playa como un espacio de aprendizaje, juego y encuentro con la naturaleza: "No pongamos esos toboganes de plástico tapándonos el Paraná"
Una sesión atravesada por la protesta
Mientras el Concejo Municipal no logró reunir el quórum necesario para debatir el proyecto de parque acuático previsto para la costa norte de Rosario, la histórica educadora Amanda Pacotti siguió la sesión desde las gradas y convirtió la discusión en algo más profundo que una obra pública. Referente del legado de Olga Cossettini y amiga de la madre del intendente Pablo Javkin, defendió la playa como un espacio de aprendizaje, juego y encuentro con la naturaleza, y apeló a la propia historia familiar del jefe municipal para cuestionar una intervención que, a su entender, amenaza el vínculo de la ciudad con el Paraná.

La ausencia de los ediles oficialistas y de la bancada de La Libertad Avanza fue uno de los puntos que más indignación generó entre los manifestantes que colmaron las gradas del Palacio Vasallo. La sesión especial convocada para debatir el proyecto de parque acuático para la costa norte terminó sin quórum y el cuerpo no pudo avanzar en el tratamiento de la iniciativa. Desde los balcones bajaron cánticos constantes de "la rambla no se vende" y la lectura en voz alta de los nombres de los concejales ausentes.

La vicepresidenta del Concejo, Norma López, abrió el debate con los bloques presentes. Mientras tanto, se conoció la opinión del gobernador Maximiliano Pullaro, quien aseguró que la idea del parque acuático le "encanta", aunque aclaró que la ubicación debía ser discutida entre concejales e intendente. La declaración fue interpretada por Juan Monteverde, de Ciudad Futura, como una señal de respaldo a la discusión institucional del proyecto. "El gobernador dice que tenemos razón", sostuvo.

Desde otros bloques también surgieron críticas al proceso. Leonardo Caruana acusó al Ejecutivo de reducir la discusión a una disputa partidaria y denunció la falta de escucha a vecinos, organizaciones y universidades. En la misma línea, Mariano Romero y María Fernanda Gigliani reclamaron mayor transparencia respecto de los fondos comprometidos, estimados en 12.600 millones de pesos.
La maestra que aprendió con arena y río
Entre quienes seguían atentamente el debate desde las gradas estaba Amanda Pacotti, reconocida educadora rosarina y Ciudadana Distinguida de la ciudad por su trayectoria docente. Había llegado en representación de la Red Cossettini y llevaba consigo una convicción que atraviesa toda su historia personal y profesional: el río no es solamente un espacio para el deporte o la recreación, sino también un ámbito privilegiado de aprendizaje.

Mientras observaba el desarrollo de la sesión, Pacotti evocaba recuerdos de infancia que para ella resultan inseparables de la educación pública rosarina. Alumna de la Escuela Carrasco durante los años en que la huella pedagógica de Olga Cossettini seguía viva en cada rincón, recuerda haber tenido una experiencia que considera excepcional. "Tuve el regalo de la vida de hacer un castillo de arena en el aula", cuenta.

La escena parece salida de otro tiempo. Una vieja mesa rodeada por una tabla, dos bolsas de arena aportadas por las familias y un grupo de chicos explorando libremente aquel universo improvisado dentro de la escuela. Allí jugaban, pero también aprendían. Amanda recuerda, por ejemplo, cómo construían maquetas para comprender por qué el río corre siguiendo la pendiente del terreno. La arena, lejos de ser un elemento accesorio, se convertía en una herramienta pedagógica.

La cercanía de la escuela con el Paraná completaba aquella experiencia educativa. A pocas cuadras de las aulas, la playa funcionaba como una extensión natural del aprendizaje. Los alumnos bajaban a observar plantas con lupas, a descubrir caracoles en la orilla, a remontar barriletes fabricados por ellos mismos o simplemente a jugar en la arena. También había fiestas, encuentros y celebraciones. "No hay que olvidar esa parte de la educación", insiste.

Por eso mira con preocupación el proyecto del parque acuático. En su visión, la propuesta ofrece una experiencia limitada frente a la riqueza de una playa abierta. Imagina a los chicos deslizándose unas pocas veces por toboganes pagos antes de abandonar el lugar, mientras que la arena —dice— sigue siendo capaz de sostener durante horas el juego, la exploración y el encuentro familiar. Allí se corre, se juega, se duerme una siesta, se comparte un picnic o una mamadera frente al río. "Eso nos da una riqueza que tiene poca gente realmente", sostiene.

Cerraba los ojos buscando el olor del Paraná y nunca lo encontraba
Su vínculo con el Paraná se profundizó durante los años que vivió en Francia, en un pequeño pueblo cercano a Ginebra. Lejos de Rosario, descubrió hasta qué punto el río formaba parte de su identidad. Cuando la nostalgia apretaba, caminaba hasta la orilla del lago y cerraba los ojos intentando recuperar el olor del Paraná. Nunca lo conseguía. "Son tan limpios que no había ningún olor alrededor del lago de Ginebra", recuerda entre risas. Con el tiempo comprendió que en ese aroma ausente se condensaban también su ciudad, su familia, sus amigos y buena parte de su historia. "Todo lo vivido estaba ligado al río Paraná", resume.

Por eso rechaza la idea de que esa relación pueda ser reemplazada por estructuras de plástico. Aclara que no se opone a los proyectos de recuperación de playas ni a las mejoras del espacio público. Al contrario, las celebra. Pero considera que los toboganes previstos para la costa representan una intervención incompatible con el paisaje y con el vínculo cultural que Rosario mantiene con el río. "No pongamos esos toboganes de plástico a la orilla, tapándonos el Paraná", reclama.
El mensaje para Javkin
La conversación inevitablemente deriva hacia el intendente Pablo Javkin. Amanda lo conoce desde niño. Fue amiga de su madre, Mirta Gelman, pediatra y reconocida referente educativa de Rosario, a quien recuerda con admiración. Mientras imagina qué le diría si lo tuviera frente a frente, la figura de Mirta aparece una y otra vez.

"Si estuviese acá, estaría sentada al lado mío", asegura. La describe como una mujer que, siendo muy joven, se animó a impulsar debates sobre educación sexual cuando casi nadie hablaba del tema. La recuerda pequeña de estatura, pero inmensa en convicciones.

A Javkin le pediría que piense en esos principios. Que recuerde la defensa de la infancia que encarnaba su madre. Que observe cómo la niñez corre el riesgo de convertirse únicamente en una oportunidad comercial ligada al consumo de ropa, juguetes y objetos de plástico. Lo imagina todavía como aquel chico que corría detrás de Mirta y reconoce que las responsabilidades de gobierno suelen transformar las miradas. Sin embargo, conserva la expectativa de poder conversar con él. "Nos vamos a tomar un cafecito", dice.

Y aunque el afecto está presente, también admite que le daría un fuerte tirón de orejas. "Un chirlo", agrega entre sonrisas.

La relación entre ambos quedó reflejada tiempo atrás, cuando Pacotti fue declarada Ciudadana Distinguida de Rosario. Durante aquel acto, el propio Javkin (en la foto con Amanda), recordó que se había enterado de la ceremonia a través de María de los Ángeles "Chiqui" González, referente de las políticas culturales para las infancias y creadora del Tríptico de la Infancia, y evocó nuevamente a su madre. "Me imagino diciéndome: no se te va a ocurrir no estar", expresó entonces. El intendente destacó la figura de Amanda como un símbolo de "la educación ligada al amor" y habló de un reconocimiento merecido para una persona noble.
Una vida dedicada al legado Cossettini
La historia de Pacotti explica buena parte de ese reconocimiento. Nacida en Rosario, fue alumna de la emblemática Escuela Nº 69 "Dr. Gabriel Carrasco", donde conoció de primera mano el proyecto pedagógico impulsado por Olga y Leticia Cossettini y los principios de la Escuela Nueva. Con el tiempo se convertiría en una de las principales herederas y difusoras de ese legado.

Se formó como maestra en la Escuela Normal Nº 1 "Nicolás Avellaneda", luego se graduó como profesora de jardín de infantes y desarrolló una extensa trayectoria docente y directiva vinculada a la educación innovadora. Para ingresar al Instituto Fisherton de Educación Integral participó de un concurso cuyo jurado incluía a Olga Cossettini y Rosita Ziperovich, dos figuras centrales de la pedagogía rosarina.

Entre fines de los años 80 colaboró en la preservación del archivo pedagógico de la Escuela Carrasco y formó parte del equipo que produjo el documental "La escuela de la señorita Olga". Más tarde, convocada por Rubén Naranjo, escribió el fascículo "Olga Cossettini y la Escuela Serena" y continuó impulsando proyectos de formación docente y cultura de paz.

Desde 2002 coordina la Red Cossettini, creada para acompañar y contagiar a docentes interesados en incorporar riquezas culturales al aula. También fue una de las voces que promovió la preservación de la casa de las hermanas Cossettini, al considerarla un espacio fundamental para la investigación y difusión de experiencias educativas innovadoras.

Mucho más que una obra pública
Sentada en las gradas del Concejo, mientras la sesión naufragaba por falta de quórum, Amanda Pacotti parecía condensar en su propia historia una parte esencial del debate. Para ella, la discusión no pasa únicamente por una obra pública o un proyecto turístico. Lo que está en juego es la relación de la ciudad con su río, con su memoria y con una forma de entender la infancia que encuentra en la naturaleza, el juego y la educación un patrimonio mucho más valioso que cualquier tobogán.

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sábado, 30 de mayo de 2026

Colombia: el legado de Gustavo Petro en disputa

Desde los territorios donde construyó su carrera en la comunicación comunitaria, Ivonne Pico Flórez repasa en Señales los cuatro años de Gustavo Petro. Habla de reformas sociales, paz total, polarización y elecciones. Y sostiene que la próxima votación será, en buena medida, un plebiscito sobre la promesa de cambio que llegó al poder en 2022
Ivonne Pico Flórez, periodista y comunicadora colombiana especializada en radio comunitaria, participación ciudadana y construcción de paz, observa el gobierno de Gustavo Petro desde una perspectiva marcada por décadas de trabajo en los territorios. Integrante de procesos de la Red Cooperativa de Medios de Comunicación Comunitarios de Santander (RESANDER) y una de las impulsoras del proyecto "Radios Comunitarias para la Paz y la Convivencia", sostiene que el balance de los cuatro años del primer presidente de izquierda de Colombia debe analizarse a la luz de la promesa de cambio que llevó a Petro al poder.

El gobierno de las periferias
A su juicio, el gobierno logró concretar reformas sociales importantes. Entre ellas destaca la reforma previsional y la reforma tributaria progresiva, orientada a una mayor redistribución fiscal. También señala los datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), que registraron reducciones paulatinas y significativas en los índices de pobreza monetaria durante el período presidencial. En esa misma línea, considera que la reforma agraria ocupó un lugar central dentro de la gestión, especialmente por tratarse de uno de los puntos fundamentales del Acuerdo de Paz firmado en 2016.

Para Pico Flórez, el país termina este ciclo con mayores niveles de justicia social. Explica que Petro fue elegido por sectores históricamente excluidos de las decisiones nacionales: los jóvenes, las periferias, los departamentos olvidados y regiones tradicionalmente relegadas como el Pacífico, el Caribe y amplias zonas selváticas. Según plantea, esos territorios se convirtieron en el rostro principal de la gestión presidencial.

La comunicadora observa además que las constantes visitas del mandatario a ciudades intermedias y regiones alejadas de los centros de poder ayudaron a consolidar un vínculo directo con esas poblaciones. La popularidad con la que concluye su gobierno, afirma, ofrece pistas sobre el impacto de las políticas impulsadas durante estos años, especialmente entre los adultos mayores y los sectores populares. También destaca las inversiones realizadas en educación pública, tanto en grandes ciudades como en regiones históricamente marginadas, iniciativas que, según entiende, podrían ampliar las oportunidades de acceso a una educación de calidad, fortalecer la investigación científica desde los territorios y reducir la concentración del conocimiento en las grandes capitales.

La disputa por el relato del cambio
La idea de que Petro deja un país políticamente más inestable le parece una lectura incompleta. Más que generar nuevas tensiones, sostiene, la llegada de un dirigente como él permitió visibilizar fracturas sociales, económicas y políticas que ya existían en una sociedad gobernada durante décadas por élites tradicionales. En ese contexto ubica también los permanentes conflictos del presidente con los grandes medios de comunicación. Sin embargo, considera que uno de los aspectos relevantes de su administración fue el impulso dado a iniciativas de comunicación comunitaria y alternativa, concebidas como herramientas de democratización de la información en los territorios. No casualmente, señala, gran parte de las entrevistas, anuncios y acciones de gobierno circularon por plataformas digitales y espacios comunicacionales distintos a los canales masivos convencionales.

Esa condición de figura disruptiva explica, según la periodista, por qué Petro continúa despertando adhesiones y rechazos con la misma intensidad. A diferencia de gran parte de la dirigencia política tradicional, remarca que no proviene de una casta familiar, ni de clanes regionales, ni de estructuras asociadas a las alianzas que históricamente vincularon política y criminalidad en Colombia. Lo define ante todo como un líder social que construyó su trayectoria en los sectores populares y que trasladó esa legitimidad al escenario institucional.

Una sociedad atravesada por sus fracturas
Para Pico Flórez, el respaldo que conserva se sostiene precisamente en esa legitimidad social acumulada a lo largo de su carrera. Al mismo tiempo, reconoce que esa figura genera resistencias, particularmente entre sectores medios y altos de la sociedad. Considera que buena parte de esas generaciones crecieron atravesadas por las narrativas de una guerra interna de más de sesenta años y que Petro representa una ruptura con las formas tradicionales mediante las cuales el país interpretó históricamente el conflicto. Por eso, sostiene, su liderazgo también funciona como un espejo de las divisiones profundas que persisten en la sociedad colombiana: las fracturas entre centro y periferia, entre regiones y entre distintas visiones sobre el pasado y el futuro del país.

Desde esa perspectiva, entiende que las elecciones presidenciales también adquieren un carácter plebiscitario respecto del legado político de Petro. En su análisis, la candidatura de Iván Cepeda, dirigente del Pacto Histórico y reconocido defensor de los derechos humanos, representa la continuidad de un proceso de transformación iniciado en 2022. Frente a ello, identifica una narrativa opositora sintetizada en una consigna simple: detener ese cambio.

La periodista lamenta que gran parte de la campaña electoral se haya concentrado en profundizar prejuicios y antagonismos antes que en debatir proyectos de país. A su entender, uno de los daños más profundos provocados por el prolongado conflicto colombiano es la dificultad para construir una idea compartida de nación. La guerra, la violencia y el desplazamiento forzado, tanto interno como externo, han dejado una sociedad que muchas veces continúa funcionando bajo lógicas de supervivencia antes que de construcción colectiva.
El senador Iván Cepeda levanta un cartel con la frase "Paz total", en el Congreso Nacional, en Bogotá, el 20 de julio de 2022

La paz total: entre la apuesta y la frustración
En ese escenario apareció Gustavo Petro hace cuatro años. Pico Flórez recuerda que su ascenso se produjo después de un período político que considera especialmente negativo y en medio de la crisis social expresada por el estallido de protestas. Su propuesta, afirma, logró instalar una narrativa de esperanza en un país acostumbrado a que la política se organizara alrededor de la guerra. Incluso después del plebiscito de 2016, cuando una mayoría votó en contra del acuerdo de paz con las FARC, Petro emergió para muchos sectores como una posibilidad de imaginar un horizonte diferente.

Sin embargo, advierte que proyectar una utopía nacional sigue siendo una tarea compleja mientras persistan múltiples formas de violencia en los territorios. Aunque el acuerdo de paz permitió la dejación de armas de uno de los principales actores armados del conflicto, la salida de las FARC dejó espacios de poder que pronto comenzaron a ser disputados por nuevas estructuras criminales. En numerosas regiones, explica, esas reconfiguraciones terminaron girando alrededor de un mismo eje económico: el narcotráfico.

Ese contexto condicionó uno de los proyectos más ambiciosos de la administración Petro: la llamada "paz total". Pico Flórez considera que la iniciativa buscaba dar continuidad al proceso iniciado con las FARC y ampliar las negociaciones hacia otros actores armados, incluido el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y diversos grupos ilegales que hasta entonces eran considerados exclusivamente organizaciones criminales. La intención consistía en abrir espacios de diálogo y otorgar reconocimiento político a actores que tradicionalmente solo habían sido abordados desde una lógica punitiva.

No obstante, reconoce que los resultados estuvieron lejos de las expectativas iniciales. Las negociaciones no avanzaron como el gobierno esperaba, ni con el ELN ni con otros grupos armados presentes en los territorios. Mientras tanto, las dinámicas de coerción, control social y violencia continuaron afectando a numerosas comunidades. Para la comunicadora, esa dificultad para traducir la apuesta de la paz total en resultados concretos constituye uno de los desafíos más complejos y una de las principales deudas que deja el gobierno de Gustavo Petro al finalizar su mandato.

Al abordar el tema de la seguridad, uno de los ejes centrales del debate político colombiano, Pico Flórez evita las conclusiones tajantes sobre la política de "paz total", una de las apuestas más ambiciosas y discutidas del gobierno de Gustavo Petro. Aunque reconoce las dificultades y los resultados limitados obtenidos durante estos años, se resiste a calificar la iniciativa como un fracaso absoluto.

Desde su perspectiva, uno de los principales méritos de la propuesta fue haber reinstalado en la agenda pública la necesidad de seguir buscando salidas negociadas al conflicto armado. Recuerda que Colombia venía de décadas en las que predominó una visión centrada casi exclusivamente en la confrontación militar. Las administraciones anteriores, sostiene, difícilmente contemplaban la posibilidad de abrir escenarios de negociación política con los actores armados. En cambio, la experiencia del Plan Colombia y la histórica presencia militar de Estados Unidos reforzaron una lógica de seguridad basada en la guerra y la coerción.

Por eso considera significativo que el gobierno haya intentado plantear nuevamente la discusión sobre la naturaleza política de los conflictos armados y la necesidad de construir espacios de diálogo. Aun así, admite que hubo errores y limitaciones importantes en la implementación de la estrategia. Su expectativa es que esas dificultades no terminen clausurando futuras posibilidades de negociación, especialmente porque, en última instancia, cualquier avance en esa dirección apunta a proteger a las poblaciones más vulnerables de los territorios, aquellas que conviven diariamente con la presencia de grupos armados y con las múltiples dinámicas asociadas al narcotráfico.
Cepeda y su compañera de fórmula, Aida Quilcué, líder indígena, celebran un mitin en Cartagena

Iván Cepeda y la continuidad del proyecto
La figura de Iván Cepeda aparece, en este contexto, como una de las continuidades más visibles del proyecto político inaugurado por Petro. Pico Flórez recuerda que Cepeda es hijo de Manuel Cepeda Vargas, dirigente de la Unión Patriótica asesinado en 1994, y destaca que gran parte de su trayectoria pública estuvo dedicada a la defensa de los derechos humanos y a la promoción de procesos de paz.

A su juicio, uno de los rasgos más significativos de su perfil político radica precisamente en haber convertido una experiencia personal atravesada por la violencia en una militancia activa por la reconciliación. Víctima directa del conflicto colombiano, Cepeda eligió construir una carrera pública centrada en la búsqueda de la paz, transformando esa causa en el núcleo de su identidad política.

Si finalmente es visto como el heredero de Petro, argumenta la periodista, no será tanto por una continuidad personal entre ambos dirigentes como por la voluntad de profundizar el proceso de transformación iniciado durante estos años. Según explica, la propuesta política que representa Cepeda se apoya en pilares como la justicia social, la ampliación de derechos, la inclusión y una agenda ética particularmente estricta en materia de lucha contra la corrupción.

En ese sentido menciona también la incorporación de figuras como Iván Velásquez, reconocido defensor de los derechos humanos y referente regional en materia de transparencia institucional, como parte de un proyecto político que busca consolidar una alternativa distinta a las estructuras tradicionales del poder colombiano.

Pico Flórez no oculta además su propia identificación con ese horizonte político. Reconoce que apoyó la llegada de Petro al gobierno porque la interpretó como el primer paso hacia un modelo democrático más inclusivo, con mayores niveles de justicia social y orientado al bienestar colectivo. Desde esa mirada, considera que el desafío actual consiste en profundizar reformas ya iniciadas y avanzar en otras que permanecen inconclusas.

Entre ellas menciona particularmente la reforma del sistema de salud, una de las iniciativas que más resistencias encontró durante el gobierno. Según su análisis, detrás de las dificultades para aprobarla operan intereses económicos y políticos de sectores poderosos que continúan condicionando el debate legislativo.

Al mismo tiempo, destaca que Cepeda posee un capital político propio que trasciende cualquier vínculo con Petro. Lo encuentra especialmente en su trayectoria judicial y en el enfrentamiento que mantuvo con el expresidente Álvaro Uribe. Recuerda que fue Cepeda quien impulsó diversas denuncias que terminaron llevando a los tribunales a una de las figuras más influyentes de la política contemporánea colombiana, un proceso que, contra muchos pronósticos, captó la atención nacional e internacional. Para ella, esa capacidad de confrontar a los sectores más poderosos del país constituye una credencial propia y una de las principales fortalezas de su liderazgo.

Sin embargo, reconoce que la continuidad de la "paz total" se ha convertido en uno de los puntos más vulnerables de la campaña. Las fuerzas de derecha, afirma, han utilizado los resultados limitados de esa política para cuestionar el proyecto político representado por Cepeda. Aun así, considera que muchas de esas críticas simplifican un debate complejo y dejan de lado aspectos fundamentales, como la necesidad de construir una paz con enfoque territorial que atienda las particularidades de cada región del país.

Si esa propuesta suma o resta votos es algo que, según admite, terminará definiéndose en las urnas. Lo que sí observa es que el discurso de la seguridad y la mano dura ha recuperado fuerza en la campaña electoral. Se trata de una bandera históricamente asociada a la derecha colombiana y que hoy reaparece con intensidad tanto en los sectores vinculados al uribismo como en nuevas expresiones políticas de perfil más disruptivo.

La periodista identifica en algunos de esos liderazgos rasgos similares a fenómenos recientes de otros países latinoamericanos, particularmente aquellos que construyen su popularidad alrededor de propuestas radicales en materia de seguridad. En su opinión, muchas de esas iniciativas carecen de sustento jurídico, político o económico, pero logran conectar con amplios sectores de una sociedad preocupada por la inseguridad y el deterioro del orden público.

La campaña del miedo y la seguridad
El clima electoral se volvió aún más tenso tras el asesinato del candidato Miguel Uribe Turbay, un hecho que Pico Flórez describe como profundamente doloroso y perturbador para la democracia colombiana. El crimen, afirma, reactivó los recuerdos de una de las etapas más oscuras de la historia política nacional: aquella marcada por el asesinato sistemático de candidatos presidenciales y dirigentes políticos.

La sensación de que la política vuelve a desarrollarse bajo la sombra del miedo genera una preocupación transversal en todo el sistema político. Según señala, los esquemas de protección de los principales candidatos se reforzaron considerablemente después del atentado, reflejando la gravedad del momento.

Más allá del impacto inmediato, Pico Flórez considera necesario preguntarse quiénes resultan beneficiados por hechos de esta naturaleza. A su entender, el asesinato fortaleció especialmente a sectores que promueven respuestas más punitivas y que reivindican el uso de la fuerza como herramienta principal para enfrentar los problemas de seguridad.

Esa reacción le despierta una preocupación adicional. Recuerda que Colombia ya atravesó experiencias similares durante los años de la llamada “seguridad democrática”, una etapa en la que amplios sectores de la sociedad legitimaron estrategias de combate que posteriormente derivaron en graves violaciones a los derechos humanos. Entre ellas menciona el caso de los llamados “falsos positivos”, que dejaron miles de víctimas y continúan siendo una de las heridas más profundas de la historia reciente del país.

Por eso advierte que el desafío para Colombia no consiste únicamente en responder a las demandas de seguridad de la población, sino también en evitar que el miedo vuelva a convertirse en el principal ordenador de la política nacional.
Abelardo de la Espriella, candidato de extrema derecha a la presidencia de Colombia, cerró su campaña en la ciudad de Medellín

Las derechas frente al ciclo progresista
Dentro del campo opositor, Pico Flórez observa una disputa que, aunque se desarrolla dentro del mismo espacio ideológico, expresa sensibilidades diferentes. A su entender, Paloma Valencia encarna la continuidad más clara del establecimiento político, económico y social colombiano. La identifica como la representante de los sectores tradicionales del poder, aquellos con los que históricamente se han sentido cómodos las élites económicas, buena parte de los grandes medios de comunicación y los grupos que dominaron la escena política antes de la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia.

Según su análisis, Valencia concentra buena parte del respaldo de las clases medias y altas urbanas, sectores que suelen observar los problemas sociales desde una perspectiva más distante de las realidades territoriales y menos vinculada a las discusiones sobre justicia social que atravesaron el ciclo político inaugurado en 2022.

Muy distinto es el caso de Abelardo de la Espriella. Pico Flórez lo ubica dentro de una corriente política que busca combinar elementos presentes en liderazgos contemporáneos como los de Nayib Bukele y Javier Milei. Lo describe como una figura construida alrededor de la provocación, la exhibición de riqueza y una narrativa que reivindica el éxito individual, la opulencia y la idea de que todo es posible para quien logra imponerse por sus propios medios.

La periodista considera especialmente delicado que un discurso de esas características encuentre receptividad en una sociedad como la colombiana, atravesada durante décadas por el narcotráfico y por las huellas culturales que dejó ese fenómeno. A su juicio, Colombia todavía no ha realizado una reflexión profunda sobre las consecuencias que produjeron figuras como Pablo Escobar y sobre los valores que quedaron instalados en amplios sectores sociales a partir de aquella experiencia.

Por eso observa con preocupación la emergencia de dirigentes que no parecen sentir incomodidad frente a esos antecedentes y que incluso construyen parte de su identidad pública alrededor de vínculos con personajes asociados al mundo criminal. En el caso de De la Espriella, menciona particularmente su trayectoria profesional como abogado defensor de narcotraficantes y otros actores ligados a estructuras mafiosas.

Lo que está en juego en Colombia
Más allá de las intenciones explícitas de ese discurso, considera que existe el riesgo de que termine legitimando ciertos deseos o aspiraciones presentes en una parte de la sociedad colombiana: la fascinación por el poder, la riqueza rápida y la capacidad de imponerse por encima de las reglas. En ese sentido, interpreta que el candidato está captando una porción importante del voto urbano desencantado con los partidos tradicionales y seducido por propuestas que prometen soluciones inmediatas, especialmente en materia de seguridad.

Se trata, según explica, de un electorado que privilegia respuestas punitivas frente a la delincuencia y la violencia, muchas veces sin detenerse a analizar las causas estructurales de esos fenómenos ni las múltiples desigualdades que atraviesan la vida económica, social y cultural del país.

Cuando se proyecta hacia el resultado electoral y sus posibles consecuencias regionales, Pico Flórez entiende que una eventual victoria de Iván Cepeda tendría un significado que excedería las fronteras colombianas. Más que hablar de una continuidad de la izquierda en el poder, prefiere referirse a la consolidación de un ciclo progresista que podría seguir impulsando transformaciones sociales y políticas en la región.

Recuerda que, durante buena parte de la llamada ola progresista latinoamericana, Colombia permaneció como una excepción junto a otros países gobernados por fuerzas conservadoras. Por eso considera que la continuidad de un proyecto reformista enviaría una señal importante en un contexto internacional donde, según observa, avanzan propuestas orientadas hacia posiciones cada vez más conservadoras y restrictivas en materia de derechos sociales.

Desde su perspectiva, un eventual triunfo de Cepeda podría reafirmar agendas vinculadas a la inclusión, la protección de sectores vulnerables, el fortalecimiento de políticas públicas para jóvenes, mujeres, niños y diversidades, así como una mayor presencia del Estado en áreas estratégicas del desarrollo social.

En cambio, advierte que un regreso de la derecha al gobierno probablemente implicaría un giro brusco en materia de políticas sociales. Considera que muchos de los temores promovidos durante la campaña que llevó a Petro al poder terminaron demostrando ser infundados. Recuerda que Colombia no se convirtió en una dictadura ni reprodujo escenarios similares a los que algunos sectores pronosticaban. La propia realización de elecciones competitivas, señala, constituye una evidencia de ello, aunque reconoce que persisten territorios donde la violencia continúa condicionando el ejercicio pleno de la democracia.

A su juicio, uno de los aportes más significativos del gobierno de Petro fue haber instalado a Colombia en debates globales vinculados con el cambio climático y la protección ambiental. Esos temas, afirma, otorgaron al país una visibilidad internacional distinta y fortalecieron su papel dentro de las discusiones geopolíticas contemporáneas.

El futuro como legado
También destaca los avances logrados en materia de reforma agraria, uno de los pilares históricos del Acuerdo de Paz. Según explica, durante estos años se aceleraron procesos de titulación de tierras, compra de predios y entrega de hectáreas a campesinos y comunidades étnicas, además de la formalización de pequeñas y medianas propiedades rurales destinadas a futuros proyectos productivos. Para ella, la continuidad de esas políticas sería uno de los aspectos más relevantes de un eventual gobierno encabezado por Cepeda.

Otro punto que considera fundamental es el fortalecimiento de los mecanismos de justicia transicional. Sostiene que ningún proceso de reconciliación puede consolidarse sin verdad, justicia y reparación para las víctimas. En ese marco, valora especialmente que durante este período comenzaran a producirse avances concretos dentro de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), incluyendo resoluciones y reconocimientos de responsabilidad por parte de antiguos integrantes de las FARC y miembros de la fuerza pública involucrados en graves violaciones de derechos humanos.

Pico Flórez cree que un gobierno de derecha difícilmente mantendría el mismo nivel de respaldo político y presupuestario para estos procesos, algo que, a su entender, podría comprometer avances esenciales para la consolidación de la paz.

Finalmente, subraya que el legado del gobierno del cambio no se limita a las grandes reformas estructurales. También menciona políticas orientadas a la primera infancia y a la protección social de los sectores más vulnerables. Considera que los indicadores positivos registrados en esos ámbitos constituyen una de las expresiones más concretas del impacto que tuvieron las políticas públicas impulsadas durante estos años.

Para la periodista, cuando un gobierno logra mejorar las condiciones de vida de niñas y niños está construyendo algo más que bienestar inmediato: está sembrando expectativas de futuro. Y es precisamente en esa idea de futuro donde, según concluye, se juega buena parte del significado político de la elección que Colombia enfrenta.

Escuchá la entrevista completa:
Fotos: Cristian Garavito, El Espectador; Carlos Ortega, Agencia EFE; Federico Rios, The New York Times 

La disputa por el paisaje del Monumento: rechazan cambios en las áreas históricas protegidas

La Vecinal Monumento a la Bandera advierte que la modificación de las Áreas de Protección Histórica impulsada por el municipio podría alterar las condiciones patrimoniales del entorno del Monumento. El debate involucra excepciones edilicias, preservación urbana, infraestructura y participación ciudadana
La discusión sobre el futuro urbanístico del entorno del Monumento Nacional a la Bandera sumó en las últimas semanas una nueva controversia. En diálogo con Señales, la presidenta de la Vecinal Monumento a la Bandera, Ilka Luetich Podestá, explicó que viene siguiendo de cerca un expediente que, según sostiene, podría modificar sustancialmente las condiciones patrimoniales y urbanísticas de uno de los sectores más emblemáticos de Rosario.

El origen del conflicto
El punto de partida fue una nota presentada por el Colegio de Arquitectos ante el Concejo Municipal en la que se manifestaba la oposición a un pedido de excepción impulsado por el Departamento Ejecutivo para un inmueble ubicado en avenida Belgrano 548 (foto superior). Detrás de la solicitud aparece una familia de apellido Agüero, vinculada a un proyecto desarrollado por los arquitectos Marcela Lovera y Andrés Lufft, que contempla la construcción de un edificio de planta baja y once pisos dentro del Área de Protección Histórica (APH) Parque Nacional a la Bandera.

Según explica Luetich, la excepción solicitada implica elevar el límite de altura permitido en esa zona desde los 14,5 metros establecidos por la normativa vigente hasta los 35,5 metros, más del doble de lo autorizado. Los fundamentos presentados, señala, combinan argumentos patrimoniales, económicos y vinculados a la seguridad urbana. Lo que más llama la atención de los vecinos es que el pedido sea impulsado por el propio Ejecutivo municipal, que tomó como propio lo que inicialmente aparecía como un problema particular de una familia.

La dirigente vecinal remarca que el Área de Protección Histórica no abarca de manera uniforme toda la manzana donde se encuentra el inmueble. La delimitación se realiza por calles y contempla el entorno inmediato del Monumento Nacional a la Bandera, incluyendo sectores de Santa Fe, Belgrano y Buenos Aires, aunque deja por fuera algunos edificios ya existentes que superan los 14,5 metros de altura. Entre ellos menciona construcciones sobre calle Buenos Aires, el edificio Tranvía 4 de Viotti-Luetich*, una cooperativa de viviendas y un destacado edificio art decó proyectado por Hernández Larguía.

Precisamente a partir de este último inmueble comienza el tramo protegido por la normativa patrimonial. Para Luetich, la lógica de estas restricciones está estrechamente vinculada al valor simbólico del Monumento Nacional a la Bandera, al que define como una pieza única en el mundo por tratarse del único monumento dedicado a una enseña nacional emplazado en el mismo sitio donde Manuel Belgrano izó por primera vez la bandera argentina el 27 de febrero de 1812. La intención de la protección histórica, afirma, es preservar visualmente ese entorno y evitar que nuevos volúmenes construidos compitan con la presencia monumental del conjunto.
Una excepción que derivó en una reforma más amplia
El escenario cambió cuando el oficialismo advirtió que no contaba con los votos suficientes para aprobar la excepción. El expediente había iniciado su recorrido en la Comisión de Planeamiento y Urbanismo y luego debía pasar por otras instancias antes de llegar al recinto. Ante esa dificultad, el Ejecutivo decidió modificar la estrategia: en lugar de impulsar una excepción puntual, presentó una propuesta para modificar las normas de dos Áreas de Protección Histórica, la del Parque Nacional a la Bandera y la denominada Aduana y Entorno de Bajada.

La decisión generó sorpresa entre vecinos y especialistas. Lo que inicialmente aparecía como una solución particular para un inmueble terminó derivando, según describe la presidenta vecinal, en una propuesta de transformación integral de dos sectores patrimoniales de la ciudad.

Qué cambios propone el municipio
La modificación proyectada para el APH Parque Nacional a la Bandera establece que los inmuebles frentistas sobre avenida Belgrano puedan alcanzar los 35,5 metros de altura. Los ubicados sobre calle Santa Fe podrían llegar a los 14,5 metros, mientras que los de calle Buenos Aires podrían alcanzar los 25 metros, equivalentes aproximadamente a planta baja y ocho pisos. Además, se incorporaría el uso de vivienda colectiva en sectores donde la normativa original privilegiaba usos institucionales, administrativos o viviendas individuales.

Sin embargo, durante la última reunión de la Comisión de Planeamiento y Urbanismo, realizada un miércoles debido a un feriado previo, surgieron observaciones sobre errores contenidos en el proyecto oficial. Más allá de esas cuestiones técnicas, Luetich plantea una pregunta central: qué herramientas existen para evitar que una propiedad catalogada se vuelva económicamente inviable sin necesidad de recurrir a construcciones de gran altura.

En ese sentido recuerda que el municipio aprobó en octubre del año pasado un Programa de Sustentabilidad Patrimonial destinado precisamente a brindar alivio fiscal a inmuebles protegidos. La iniciativa incluyó la descatalogación de algunos edificios, la reducción de niveles de protección en otros casos y la implementación del Derecho de Edificación Transferible (DET), un mecanismo que permite a los propietarios vender los metros cuadrados que no pueden construir debido a restricciones normativas para que sean utilizados en otros sectores de la ciudad. Ese derecho, además, tiene una vigencia renovable cada diez años.

Por eso considera contradictorio que, luego de haber creado herramientas específicas para preservar el patrimonio, el propio gobierno impulse primero una excepción y luego una modificación generalizada de las áreas protegidas. A ello suma la existencia del Fondo de Preservación Urbanística, financiado mediante un porcentaje incluido en la Tasa General de Inmuebles. Aunque este instrumento fue regulado por una ordenanza de 1991 y ampliado en 1999, los vecinos afirman desconocer qué montos administra actualmente, qué destino tuvieron esos recursos y cuáles fueron las obras financiadas. Según relata, ni siquiera concejales de la oposición pudieron brindar respuestas precisas sobre esos interrogantes.
El reclamo por los controles patrimoniales
La dirigente también cuestiona la ausencia de un pronunciamiento formal por parte del Programa de Rehabilitación y Preservación Patrimonial que encabeza María Elena Santos. A su entender, se trata del área técnica que debería emitir un dictamen sólido y fundamentado respecto de cualquier modificación de las áreas protegidas.

Mientras tanto, la polémica fue sumando adhesiones institucionales. Entre quienes expresaron reparos o rechazo a la iniciativa menciona a ICOMOS Argentina, organismo consultor de la UNESCO en materia patrimonial; la Sociedad Argentina de Planificación Territorial (SAPLAT); la Facultad de Arquitectura; el Colegio de Arquitectos y la Academia Nacional de Arquitectura y Urbanismo. Todos ellos, afirma, coincidieron en señalar que la propuesta tendría efectos regresivos sobre el marco normativo vigente.

Seguridad jurídica, reglas de juego e infraestructura bajo presión
Otro de los ejes planteados por los vecinos es el de la seguridad jurídica. Luetich sostiene que muchas familias eligieron vivir en esa zona bajo determinadas condiciones urbanísticas garantizadas por la normativa existente. Compraron propiedades, planificaron proyectos familiares y realizaron inversiones considerando que las alturas permitidas serían las establecidas por las ordenanzas vigentes. Modificar esas reglas, argumenta, altera las condiciones originales bajo las cuales esas decisiones fueron tomadas.

A las cuestiones patrimoniales y legales se suma el debate sobre la capacidad de los servicios públicos. La presidenta vecinal recuerda que a fines de 2024 se eliminó la exigencia de acreditar factibilidad de servicios para obtener permisos de construcción, una medida que, según interpreta, respondió a la imposibilidad real de garantizar dicha factibilidad. En reuniones mantenidas con Aguas Santafesinas, los representantes de la empresa informaron que buena parte de las cañerías de la zona tienen más de 120 años de antigüedad y que existe un proyecto de renovación para el sector comprendido entre Pellegrini, Oroño y el río, aunque hasta ahora no se registraron avances concretos.

Los problemas recientes de abastecimiento de agua, agravados por la acumulación de camalotes en la toma de la planta potabilizadora de Rosario, son citados como ejemplos de una infraestructura sometida a tensiones crecientes. Lo mismo ocurre con el sistema eléctrico, que cada verano enfrenta situaciones críticas. Luetich recuerda especialmente la explosión de una estación transformadora de la Empresa Provincial de la Energía ocurrida el 24 de febrero en Sarmiento al 300.
Densificación, vivienda y modelo de ciudad
La dirigente también cuestiona el modelo urbano asociado a este tipo de emprendimientos. Señala que el edificio proyectado en Belgrano 548 ni siquiera responde a la tipología tradicional de torre, ya que ocuparía el terreno de medianera a medianera. Además, vincula la discusión con un fenómeno más amplio: la existencia de unas 32.000 viviendas ociosas en Rosario y el impacto que suelen tener las construcciones de alta gama sobre el valor del suelo, los alquileres y los procesos de gentrificación.

Durante una reunión mantenida con representantes del oficialismo, los vecinos escucharon otro argumento que consideran preocupante: la necesidad de aumentar la densidad poblacional en el entorno del Parque Nacional a la Bandera como estrategia para mejorar la seguridad de la zona. Para Luetich, resulta difícil aceptar esa explicación en un sector ubicado junto al Monumento Nacional a la Bandera, a escasa distancia del Palacio de los Leones y del Concejo Municipal, y que además cuenta con presencia permanente de fuerzas de seguridad.
La demanda por una mayor participación ciudadana
Más allá de la discusión puntual sobre alturas y normativas, la presidenta de la Vecinal Monumento a la Bandera sostiene que el conflicto deja al descubierto una cuestión más profunda: la necesidad de fortalecer los mecanismos de participación ciudadana. Reconoce que los concejales son representantes legítimos de la ciudadanía, pero considera que los vecinos no renuncian por ello a su derecho de argumentar, intervenir y ser escuchados. Incluso plantea la necesidad de avanzar hacia formas de participación vinculante en determinadas decisiones urbanísticas.

Con ese objetivo, y tras varias gestiones, los vecinos lograron ser nuevamente convocados a la Comisión de Planeamiento y Urbanismo del Concejo Municipal. La reunión está prevista para el 1° de junio a las 11.30 en el anexo ubicado en calle Primero de Mayo 945. Allí volverán a exponer sus argumentos, tal como ya lo hicieron cuando debatían la excepción original. Frente a un escenario todavía abierto y sujeto a nuevas modificaciones por parte del Ejecutivo, Luetich anticipa que insistirán en defender su postura y en reclamar que las decisiones sobre el patrimonio urbano de Rosario se adopten con mayor participación ciudadana y resguardando la identidad histórica de la ciudad.

Escuchá la nota completa:

*El estudio Viotti–Luetich estuvo liderado durante décadas por la arquitecta Matilde Luetich, tía de Ilka, junto a Juan Carlos "Jano" Viotti. A lo largo de más de 40 años desarrollaron más de un centenar de proyectos y dejaron una huella profunda en la fisonomía urbana de Rosario. Su sello es especialmente reconocible en la serie de edificios Tranvía, que transformó sectores del área central y del bajo histórico próximo al Monumento a la Bandera.

Leila Guerriero: Una casa en llamas

No pasa nada de enorme gravedad y, sin embargo, estamos preocupados
 Una pareja pasea tomada de la mano en mayo de 2020, durante la fase inicial de la pandemia de covid 

Por: Leila Guerriero 
No pasa nada. Nada de enorme gravedad, nada como no poder pagar las cuentas, nada como no tener para comer, nada como no tener casa, nada como no tener ropa, nada como estar en guerra, nada como una enfermedad grave, nada como la pérdida del amor, nada como el secuestro o la tortura o la cárcel, nada como no poder caminar y, sin embargo, estamos preocupados. Porque se rompió la licuadora, porque nos da temor el examen, porque se nos vence la licencia de conducir, porque nos torcimos el pie, porque nos salió una arruga nueva, porque no vino el pintor a la hora en que dijo que iba a venir, porque no sabemos qué ropa ponernos para una reunión de trabajo, porque se cayó la conexión a internet, porque alguien no nos contestó un mensaje de WhatsApp, porque no llega el correo electrónico con la confirmación de una compra, porque el vuelo está atrasado, porque se nos despegó la suela del zapato en una ciudad extranjera y no tenemos otro par, porque el teléfono se quedó sin batería, porque no entendemos cómo completar ese formulario online, porque perdimos los auriculares inalámbricos, porque tenemos pocos likes en un posteo de Instagram, porque el delivery de helado no llega hasta nuestro barrio, porque hay polillas, porque se discontinuó el champú que usábamos, porque no sabemos qué cocinar, porque no encontramos el control remoto. ¿No es deslumbrante la masiva capacidad de olvido del fin, la masiva capacidad para hacer de cuenta que no nos sucederá la mayor de las catástrofes, la masiva capacidad para preocuparnos por el desdén de un desconocido o el virus de la computadora cuando todos, absolutamente todos, a pesar de la belleza, del trigo y del rayo, de Rembrandt y de Rothko, de Lorrie Moore y de Flaubert, de Laurie Anderson y de Beethoven, de los caballos y del color rojo, del mar y de los duraznos, del pan y de las canciones de cuna, hemos nacido en una casa en llamas?
Foto: Joaquín Corchero - Europa Press
Fuente: Diario El País

martes, 26 de mayo de 2026

Grupo Werthein se queda con el 100% de TyC Sports tras comprar la parte de Clarín por USD 25 millones

El holding Waiken ILW consolidó el control total de la señal deportiva y reconfigura el negocio de los derechos televisivos en Argentina de cara al Mundial 2026
La operación incluye el 50% restante de TyC Sports y la productora Carburando. El movimiento fortalece la integración entre DSports, DirecTV, Flow y plataformas de streaming, mientras el Grupo Werthein acelera su expansión regional con una inversión proyectada de USD 450 millones hasta 2031.

En una de las operaciones más relevantes del mercado de medios y telecomunicaciones de los últimos años en Argentina, el holding regional Waiken ILW, perteneciente al Grupo Werthein, adquirió el 50% restante de TyC Sports que permanecía en manos del Grupo Clarín por un valor de USD 25 millones. De esta manera, el conglomerado empresario pasó a controlar el 100% de la histórica señal deportiva argentina.

La transacción también incluyó a la productora Carburando y consolida al Grupo Werthein como uno de los principales jugadores de la industria de contenidos deportivos en América Latina, con presencia en televisión satelital, streaming, conectividad, inteligencia artificial y distribución de derechos audiovisuales.

La compañía confirmó la operación mediante un comunicado oficial en el que explicó que la adquisición forma parte de una estrategia de expansión regional enfocada en "integrar estándares de producción de vanguardia y ofrecer la mejor experiencia de entretenimiento".

La operación ya fue informada oficialmente a la Comisión Nacional de Valores
La venta del paquete accionario de TyC Sports y Carburando ya fue formalmente comunicada por el Grupo Clarín ante la Comisión Nacional de Valores (CNV), en una presentación realizada por Samantha Olivieri, responsable de Relaciones con el Mercado de Grupo Clarín S.A.

En el documento enviado al organismo regulador, la compañía informó que el Directorio tomó conocimiento de la aceptación de la oferta de venta realizada por su subsidiaria Inversora de Eventos S.A., titular de las participaciones accionarias en Tele Red Imagen S.A. —sociedad controlante de TyC Sports— y Carburando S.A.U.

Según la comunicación oficial, la oferta fue aceptada por Kindra International Limited, sociedad controlante de Torneos y Competencias, empresa integrada al holding regional Waiken ILW del Grupo Werthein.

La nota presentada ante la CNV confirma además que Inversora de Eventos S.A. suscribió el correspondiente contrato de cesión de acciones junto a Kindra International Limited y Torneos y Competencias S.A., formalizando así la transferencia accionaria.

El documento también ratifica el monto de la operación: Kindra se comprometió a pagar USD 25 millones como contraprestación por la cesión de las acciones, cifra que terminó sellando la salida definitiva del Grupo Clarín de la propiedad de TyC Sports y Carburando.

La presentación ante la CNV le da carácter oficial y regulatorio a una operación que redefine el mapa de medios deportivos en Argentina y consolida al Grupo Werthein como actor dominante en el negocio de transmisión y distribución de contenidos deportivos en la región. 
Un movimiento clave para el negocio del Mundial 2026
La compra tiene un impacto directo sobre el esquema de transmisión de la Copa Mundial de Fútbol 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.

Hasta ahora, DirecTV —también controlada por el Grupo Werthein a través de Waiken ILW— poseía la exclusividad regional de los 104 partidos del torneo. Sin embargo, la incorporación total de TyC Sports al ecosistema del holding abre la puerta a una redistribución estratégica de contenidos deportivos.

Como parte del nuevo esquema comercial, TyC Sports podrá transmitir 52 partidos en vivo, mientras que el resto serán emitidos en diferido. La señal además prepara una cobertura integral las 24 horas, con Hernán Feler y Ariel Senosiain como dupla principal para las transmisiones mundialistas.

Por su parte, DSports y la plataforma DGO mantendrán la exclusividad de los 104 encuentros en vivo y en directo para toda la región.
 
Así quedará repartido el Mundial 2026 en Argentina
  • TyC Sports: 52 partidos en vivo y cobertura permanente.
  • DSports / DGO: los 104 encuentros en exclusiva.
  • Telefe: 32 partidos, incluidos los de la Selección Argentina.
  • Disney+ / ESPN: 30 encuentros para streaming.
  • TV Pública: apenas 10 partidos y sin comercialización publicitaria propia.
La reorganización también traerá una mayor integración entre plataformas. Según trascendió, las señales de DSports comenzarán a incorporarse a la grilla de Flow, el servicio de TV y streaming del Grupo Clarín, mientras que usuarios de Paramount+ también podrían acceder a contenidos deportivos vinculados al Mundial.
 
Reconfiguración del mapa deportivo y de medios
La operación no solo redefine la propiedad de TyC Sports, sino que marca una nueva etapa en el mercado de contenidos deportivos de la región.

Waiken ILW viene desarrollando una estructura de negocios que combina telecomunicaciones, distribución audiovisual y tecnología. El holding ya opera en 11 países de América Latina y proyecta inversiones por USD 450 millones hasta 2031, con la posibilidad de una futura salida a bolsa en Estados Unidos.

Dentro de su cartera figuran compañías de televisión satelital, servicios de fibra óptica, fintech, software, inteligencia artificial y plataformas de streaming, además de señales deportivas y productoras de contenidos.

Desde la empresa señalaron que el objetivo de la integración es construir un ecosistema regional basado en infraestructura tecnológica, conectividad y gestión centralizada de derechos deportivos.

"La evolución responde a una planificación enfocada en la transmisión de eventos deportivos de alcance nacional e internacional", indicaron desde el holding, que además adelantó que buscará unificar calidad de imagen, producción, distribución y experiencia de usuario en todas sus pantallas.
 
El nuevo actor dominante del deporte televisado
Con esta adquisición, el Grupo Werthein pasa a controlar de manera directa una parte central del negocio deportivo argentino: derechos, producción, transmisión y distribución.

La consolidación de TyC Sports bajo la órbita de Waiken ILW fortalece la posición del holding frente a competidores tradicionales y acelera una tendencia de concentración de contenidos deportivos en grandes grupos multimedia con capacidad tecnológica y financiera regional.

El movimiento también deja en evidencia un nuevo modelo de alianzas entre empresas históricamente enfrentadas en el mercado audiovisual argentino. La futura presencia de DSports dentro de Flow y la convivencia de contenidos entre plataformas reflejan una lógica de cooperación comercial impulsada por el peso creciente de los derechos deportivos y la transformación del consumo audiovisual.

De cara al Mundial 2026, el resultado será un escenario fragmentado pero altamente competitivo, donde televisión abierta, cable, satélite y streaming convivirán en una de las disputas más importantes del negocio del entretenimiento en América Latina.
Fuente: Grupo Werthein, Señales

Memorias colectivas sobre una pared: la revolución barrial de la Biblioteca Popular Cachilo

La Biblioteca Popular Cachilo convirtió los recuerdos, los juegos y las voces de distintas generaciones en un mural colectivo que ya transforma una esquina de Rosario en un territorio de encuentro, belleza y memoria viva
Hacer lío para transformar el barrio
En la Biblioteca Popular Cachilo el "hacer lío" se volvió una forma de intervenir el barrio, de poblarlo de memoria y de belleza. Claudia Martínez lo dice en Señales, entre risas, con ironía y entusiasmo, mientras alrededor avanza el mural que comenzó a cubrir una enorme pared de avenida Presidente Perón y Rouillón. "La Cachilo está haciendo lío en el barrio", bromea la responsable de la Biblio, como si las pinceladas colectivas fueran una pequeña revolución cotidiana. Después corrige el tono humorístico y explica el verdadero sentido de esa agitación: transformar un espacio abandonado en un lugar de encuentro, color e historias compartidas.
Una memoria que se planta y cuenta

La iniciativa nació en el marco de los talleres de lectura que la biblioteca desarrolla cada año con bebés, infancias y familias del barrio. Para 2026 eligieron como eje "La memoria se planta y cuenta", una propuesta atravesada por los cincuenta años del golpe de Estado y por la necesidad de recuperar memorias comunitarias. A partir de allí comenzaron a trabajar con libros infantiles censurados durante la dictadura, pero también con relatos vivos: recuerdos de abuelos y abuelas, juegos tradicionales, historias de las calles y modos de habitar el barrio que todavía sobreviven en la memoria de los mayores.

Martínez cuenta que, frente a la sensación de abandono urbano, se preguntaron qué podían hacer desde su lugar, desde esos talleres de lectura que sostienen hace años. "¿Qué podemos hacer nosotros desde nuestro humilde lugar para que haya un poquito más de belleza en nuestros barrios, Villa Urquiza, Triángulo y Moderno?", recuerda. La respuesta apareció rápidamente: un mural que condensara las experiencias de los encuentros intergeneracionales y que pudiera llevar esas memorias al espacio público.
Los abuelos, los árboles y las infancias

La memoria, dice Claudia, tiene guardianes naturales en el barrio: "los abuelos y los árboles". A partir de esa idea organizaron talleres compartidos entre bebés, infancias y personas mayores. Uno de los encuentros estuvo dedicado especialmente a los juegos. Allí comenzaron a emerger recuerdos profundamente emotivos: las lagunas que existían décadas atrás, las calles convertidas en canchas improvisadas, los campitos, las rondas y los modos de jugar cuando había poco, pero alcanzaba para inventarlo todo.

Los talleres terminaron convirtiéndose en espacios de una intensidad inesperada. Martínez recuerda que muchas veces acababan todos llorando, atravesados por las historias que aparecían en la conversación. Los abuelos relataban cómo era crecer en el barrio años atrás, mientras los chicos sumaban sus propios juegos y experiencias actuales. En ese intercambio aparecieron continuidades sorprendentes.

La rayuela y la escondida fueron algunos de los juegos que más se repitieron entre generaciones. También surgieron las canciones de ronda, y allí ocurrió algo que emocionó especialmente al grupo coordinador: algunos niños completaban fragmentos de canciones que los adultos mayores ya habían olvidado. La tradición oral, lejos de haberse perdido, reaparecía viva en las voces de las infancias. "Era increíble", resume Claudia, todavía sorprendida por esos cruces inesperados entre pasado y presente.
Libros, dibujos y recuerdos compartidos

Los libros ocuparon un lugar central en ese proceso. La biblioteca cuenta con una importante colección vinculada a juegos, rondas y tradiciones orales de distintas épocas. Cuando los abuelos comenzaron a hojear esos materiales, dice Martínez, "fue como tirar del hilito". Las imágenes y relatos dispararon recuerdos que parecían dormidos: el elástico, la soga, las bolitas, los zapatitos de charol, los picados improvisados y hasta las formas caseras de armar una cancha de vóley en la calle.

En medio de esas conversaciones surgió otra propuesta: empezar a dibujar juntos. Niños y mayores compartieron mesas, lápices y pinturas para transformar recuerdos en imágenes colectivas. Así nacieron las primeras escenas que hoy forman parte del mural. La obra, explica Claudia, contará una historia hecha de ilustraciones creadas por los propios participantes, donde abuelos y niños aparecerán unidos por los relatos y los juegos compartidos.

Aunque participaron hombres y mujeres, fueron sobre todo las abuelas quienes más se sumaron a la experiencia. Lo hicieron, cuenta Martínez, con entusiasmo y con una necesidad evidente de volver a ocupar espacios colectivos. Después de cada encuentro llegaban mensajes agradeciendo la experiencia, contando cuánto les había movilizado revivir recuerdos y sentirse escuchadas. Muchas expresaban que hacía tiempo no encontraban un lugar así, un espacio para compartir historias propias y recuperar algo de su vida comunitaria.
Volver a ser tribu

Para Claudia, allí aparece uno de los sentidos más profundos del proyecto: devolver valor a la palabra de los mayores y reconstruir vínculos intergeneracionales que muchas veces se debilitan en la vida cotidiana. Habla de "volver a ser tribu", de recuperar esa idea ancestral donde los mayores transmiten saberes, historias y modos de vivir a las nuevas generaciones. En los talleres de la Cachilo, esa transmisión sucede entre libros, dibujos, canciones y juegos, pero también en algo más simple y más potente: el tiempo compartido.

Mientras tanto, el mural sigue creciendo sobre la pared cedida solidariamente por el depósito Yema, con materiales aportados por la Mutual de la Asociación Médica y el trabajo colectivo de artistas, vecinos y familias. Desde mayo, cada sábado por la mañana, las manos vuelven a encontrarse frente a la pared para seguir pintando. Y en cada trazo queda algo de esas memorias que, como insiste el lema del proyecto, todavía se plantan y todavía cuentan.
Una pared que ya está siendo

Ese proceso, atravesado por el afecto y la emoción compartida, comenzó lentamente a tomar forma concreta sobre una pared del barrio. Lo que había nacido en rondas de lectura, conversaciones y dibujos colectivos empezó a convertirse en una obra visible, hecha entre muchas manos. Para Claudia Martínez, el mural representa justamente eso: la posibilidad de dejar una huella comunitaria, un testimonio colectivo de todo lo vivido en los talleres de la Biblioteca Popular Cachilo.

La pared elegida está en la intersección de Rouillón y Presidente Perón. Pero Claudia corrige enseguida cualquier referencia en futuro: el mural no "va a ser", el mural "ya está siendo". Desde hacía varios días muralistas y colaboradores trabajaban en el lugar preparando fondos y trasladando a gran escala las imágenes surgidas de los talleres. Ese día, además, sería el primero en que las infancias participarían directamente pintando sobre la pared.

La tarea no fue sencilla. Todas las producciones realizadas por niños, niñas, abuelos y abuelas debían convertirse en una composición común, capaz de reunir múltiples escenas y recuerdos en una única narrativa visual. Para eso se sumaron muralistas que ayudaron a organizar y dar marco a la enorme cantidad de ideas que habían aparecido en los encuentros.
Ariel Gabiniz y el arte como memoria activa
Entre quienes asumieron esa tarea aparece el artista, docente y muralista rosarino Ariel Gabiniz, reconocido por su trabajo artístico ligado a las memorias sociales y a las violencias urbanas que atraviesan la ciudad. Gabiniz impulsó la serie pictórica Reaparecidos, una colección de retratos al óleo que recupera los rostros y gestos de adolescentes asesinados en Rosario, en muchos casos estudiantes víctimas de contextos marcados por la desigualdad y la violencia social. Las obras, nacidas también en articulación con la campaña "Basta de matar a nuestros alumnos" impulsada durante años por AMSAFE Rosario, buscaron rescatar del olvido a esos jóvenes y volver a inscribir sus historias en el espacio público. Además de sus pinturas, el artista desarrolló intervenciones callejeras y pegatinas en escuelas y paredes de la ciudad, utilizando reproducciones en blanco y negro de esos rostros como forma de memoria activa. Su presencia en el mural de la Cachilo no aparece entonces como un dato accesorio, sino como una continuidad natural de una obra atravesada por la memoria, el territorio y las marcas que deja la ausencia.
Pintar también las ausencias
Primero comenzaron pintando el fondo: las calles del barrio, aunque con un detalle especial. Ninguna llevaría los nombres reales. En cambio, cada calle estaría bautizada con nombres de escritores y escritoras trabajados durante el año en los talleres de lectura.
La memoria colectiva del barrio también aparecería ligada a otras memorias más amplias, más dolorosas. Martínez explica que en el mural estarán presentes las bicicletas inspiradas en la obra de Fernando Traverso, como una referencia inevitable a los desaparecidos de la última dictadura. "Vamos a hacer memoria con todo", afirma. Con las historias contadas por los abuelos, con las heridas de la comunidad, con los libros, con los juegos y con las ausencias. Porque para la Cachilo la memoria no es solamente un ejercicio nostálgico: es una herramienta para que las infancias comprendan que forman parte de una comunidad con historia, con cultura y con voces que vienen de mucho antes.

En el relato de Claudia aparece constantemente la idea de pertenencia. Habla de la biblioteca como una "cuna cultural" y de la necesidad de que niños y niñas crezcan sabiendo que llegan a un territorio lleno de palabras, canciones y relatos compartidos. El mural busca precisamente eso: volver visibles esas raíces y hacerlas circular fuera de las paredes de la biblioteca.
Hizo tribu el mural

Los más grandes, dice, tuvieron además una tarea fundamental: ampliar los dibujos de las infancias y llevarlos a escala mural. En ese gesto simbólico —los adultos agrandando las imágenes creadas por los chicos— Claudia encuentra una idea que considera esencial: "los más grandes cuidar a los que vienen". Por eso los niños no solo observarían el proceso, sino que también comenzarían a pintar sus propios dibujos sobre la pared. Algunos rellenarían formas, otros aportarían colores, mientras alrededor seguirían funcionando talleres en la vereda.

El proyecto comenzó a crecer mucho más allá de lo imaginado. A los muralistas se sumaron abuelos dispuestos a pintar, talleristas, vecinos, personas encargadas de registrar el proceso con fotos y videos, familias enteras acercándose con curiosidad. "Hizo tribu el mural", resume Claudia. La frase sintetiza el modo en que la propuesta fue convocando personas de distintas edades, profesiones y experiencias alrededor de una tarea común.

Incluso los bebés y sus madres tenían pensado incorporarse al trabajo. Aunque varios chicos estaban enfermos por esos días, ya existía un espacio especialmente diseñado para que también ellos dejaran su marca. La intención era que todas las generaciones participaran de algún modo. Y quienes no quisieran pintar podían acercarse igual, con un mate y una silla, simplemente para conversar y acompañar el proceso. Lo importante era habitar colectivamente ese espacio.
La fuerza de la organización comunitaria

Durante varios sábados, entre las once de la mañana y las dos de la tarde, la pared se transformaría en un taller abierto. El tamaño de la obra imponía su propia lógica: veintiún metros de extensión que requerían tiempo, organización y muchas manos. También materiales costosos. Allí aparecieron apoyos fundamentales. Claudia agradece especialmente al Depósito Yema, que cedió la pared y colaboró con pinturas, y a la Mutual de la Asociación Médica, que aportó pinceles, rodillos y materiales de mejor calidad para asegurar la durabilidad del mural.

Sin embargo, más allá de las ayudas concretas, Martínez insiste en otro aspecto: la fuerza de la autogestión y de la organización comunitaria. Recuerda los obstáculos y negativas que encontraron al comienzo, pero sostiene que cada "no" terminó generando muchos más "sí". Para ella, la experiencia demuestra la potencia de una comunidad cuando se apasiona con una idea común. "No hay Estado, no hay ningún patrón que la pare", afirma, reivindicando esa capacidad colectiva de seguir adelante aun en contextos adversos.
Los árboles también guardan memoria

El mural seguirá sumando elementos a medida que avance. Además de los juegos y las bicicletas, aparecerán árboles cargados de significado. La biblioteca viene trabajando desde hace tiempo sobre la memoria contenida en los anillos de los árboles, entendidos como una forma de memoria biológica de la comunidad. Esa línea de trabajo se fortaleció especialmente después de la tala de un centenario y enorme árbol de 27 de Febrero y Teniente Agneta, un hecho que motivó una muestra fotográfica titulada "El árbol sigue creciendo" y que dejó incluso una rama conservada en el frente de la Biblioteca.

Ahora, esa reflexión se proyecta hacia nuevas acciones. Parte del proyecto anual incluirá la plantación de árboles en el barrio. Árboles sembrados por las propias infancias, que crecerán junto a ellas y quedarán ligados a la memoria de quienes los plantaron. Para Claudia, naturaleza y memoria forman parte del mismo entramado vital.
Un archivo vivo sobre la pared
La idea del mural surgió recién después de escuchar durante meses a chicos y abuelos en los talleres. El proyecto general comenzó a pensarse en febrero, pero nadie había imaginado inicialmente una pared. La necesidad apareció cuando comprendieron que todas esas historias no podían quedar encerradas dentro de la biblioteca. Había que sacarlas al barrio, compartirlas con toda la comunidad y convertirlas en imágenes visibles para cualquiera que pasara por allí.

En ese sentido, Martínez piensa el muralismo como una forma universal de testimonio. Así como los murales suelen recordar a personas desaparecidas o representar historias colectivas, esta obra buscará dejar testimonio de la memoria barrial construida a través de los juegos, las canciones y los relatos de distintas generaciones. Un archivo vivo pintado sobre una pared.

Y mientras las primeras capas de color y bocetos de dibujos avanzan en esa esquina, la sensación que atraviesa todo el proyecto parece resumirse en una certeza simple: la memoria, cuando se comparte, también puede convertirse en refugio, en encuentro y en futuro.
 
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Fotos: Amalia Di Santo

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