sábado, 29 de agosto de 2026

Tristán Bauer: las preguntas que 1976 todavía le hace al presente

A 50 años del golpe, el cineasta presenta 1976, Ecos de la memoria, una serie documental que recupera testimonios, archivos y escenas que no habían quedado registradas. La inteligencia artificial aparece como herramienta de reconstrucción, pero nunca como reemplazo del documento. En una conversación que también recorre su trayectoria al frente de los medios públicos, Bauer habla en Señales de memoria, dictadura, resistencia, construcción cultural y del presente de la comunicación pública
Volver a 1976, medio siglo después

A cincuenta años del golpe de Estado de 1976, la memoria argentina vuelve a mirar hacia aquel tiempo de horror. No para repetir lo ya contado, sino para interrogarlo desde el presente, con nuevas herramientas, nuevas generaciones y una distancia histórica que permite volver sobre hechos que todavía atraviesan la vida del país.

En ese ejercicio se inscribe 1976, Ecos de la memoria, la serie documental que se estrena en Canal 9 y que tiene a Tristán Bauer, Daniel Filmus y Carolina Scaglione como impulsores. Bauer, cineasta y documentalista, director de películas como Después de la tormenta, Cortázar, Evita, la tumba sin paz, Iluminados por el fuego —por la que obtuvo el Premio Goya— y Santiago: desaparición y muerte de Santiago Maldonado, además de exdirector de Canal Encuentro, expresidente de Radio y Televisión Argentina y exministro de Cultura de la Nación entre 2019 y 2023, vuelve así sobre uno de los períodos centrales de la historia reciente argentina.

La idea, cuenta en Señales, nació de una conversación con Filmus. Mientras el país se preparaba para recordar los cincuenta años de aquel golpe, Filmus insistió en la necesidad de revisar ese momento desde el lenguaje audiovisual. "Estamos atravesando, estamos recordando los 50 años de aquel horror", explica Bauer, y esa inquietud inicial terminó transformándose en un proyecto televisivo de cuatro capítulos.

Una reunión posterior con Víctor Santa María, del Grupo Octubre, permitió avanzar con la producción. A partir de allí comenzó un trabajo que buscó combinar distintas formas de aproximación al pasado. Por un lado, están los testimonios de víctimas, testigos y protagonistas de aquellos acontecimientos. También aparecen las voces de quienes permiten analizar e interpretar ese período histórico. Por otro, el archivo, sometido a un proceso de reconstrucción y restauración mediante nuevas tecnologías.

Para Bauer, ese cambio tecnológico resulta particularmente significativo después de tantos años dedicados al audiovisual.

"Hace años que estoy trabajando en lo audiovisual y lo que ha ocurrido tecnológicamente para poder restaurar aquellos registros en cine o en televisión que se han tomado es verdaderamente impresionante", señala.

Cuando la tecnología reconstruye lo que no quedó registrado
Pero la serie se propone ir incluso un paso más allá. Durante la dictadura hubo numerosos acontecimientos que ocurrieron en la clandestinidad, muchas veces durante la noche y en lugares donde no existían cámaras ni registros directos. Allí aparece una tercera herramienta: la reconstrucción mediante inteligencia artificial.

La utilización de esa tecnología, sin embargo, plantea un límite que para Bauer resulta fundamental: reconstruir no puede significar reemplazar el documento ni clausurar la imaginación de quien observa.

Para explicar esa frontera recurre a un ejemplo literario, el de Franz Kafka y La metamorfosis.

Recuerda que Kafka publicó muy pocas de sus obras en vida y que, antes de morir, le pidió a su amigo Max Brod que destruyera sus manuscritos. Brod decidió no hacerlo y gracias a esa desobediencia una parte fundamental de la literatura universal pudo llegar hasta nuestros días.

Bauer se detiene, particularmente, en un episodio relacionado con La metamorfosis. Cuando Kafka supo que la obra iba a ser ilustrada, escribió con cierta angustia al dibujante para pedirle que no representara al insecto en la tapa.

Kafka sugería, en cambio, que podía dibujar al padre y a la madre mirando desde una puerta una mancha de humedad, pero que bajo ningún concepto debía aparecer el insecto. El motivo era sencillo y profundo: esa criatura debía ser una construcción del lector.

Bauer toma esa idea como principio para la utilización de la inteligencia artificial en la serie.

"No una ilustración directa, sino una vocación para que el espectador pueda desde él reconstruir aquellos episodios y aquellos momentos generalmente trágicos y siniestros vividos", explica.

La intención, entonces, no es fabricar una imagen que pretenda pasar por documento histórico, sino utilizar las posibilidades de la tecnología para evocar aquello que ocurrió y de lo que no quedó registro. La memoria, en ese sentido, sigue necesitando de quien mira para completar lo que la pantalla apenas sugiere.

La serie parte de una certeza: existen numerosas películas, investigaciones y testimonios sobre la última dictadura. Bauer mismo reconoce que hay trabajos de enorme valor y menciona especialmente Juan, como si nada hubiera sucedido, de Carlos Echeverría, realizada poco después de la finalización de la dictadura.

"Para mí es el mejor", afirma. Es una película que, según cuenta, continúa viendo con frecuencia y que considera "admirable" por el trabajo realizado por Echeverría y su equipo.

Entonces, ¿qué podía aportar una nueva producción medio siglo después? La respuesta está, para Bauer, precisamente en el tiempo transcurrido. "Han pasado 50 años y mirar desde hoy, desde esta perspectiva, desde estos 50 años", explica.

También en la decisión de organizar ese recorrido como una serie televisiva y en la incorporación de herramientas que antes no existían: la posibilidad de reconstruir y restaurar materiales de archivo y de evocar mediante inteligencia artificial acontecimientos que no fueron registrados.

Una memoria que también es generacional
Pero hay otro elemento decisivo: los testimonios de quienes vivieron aquella historia.

En ese punto, Bauer recupera también parte de su propia trayectoria. A lo largo de su vida mantuvo una relación cercana con las Madres de Plaza de Mayo y con referentes de los organismos de derechos humanos. Menciona especialmente a Hebe de Bonafini y, entre las Abuelas de Plaza de Mayo, a Estela de Carlotto y Chicha Mariani. A las tres las filmó en distintos momentos de su carrera.

Esas entrevistas, esas visitas y aquellas horas de filmación vuelven ahora a cobrar sentido. El material que Bauer había registrado a lo largo de los años puede ser recuperado y combinado con archivos históricos y con los nuevos procedimientos de reconstrucción.

La serie se convierte así también en una suerte de regreso sobre su propio archivo, sobre una memoria audiovisual que el paso del tiempo permite mirar de otra manera.

La necesidad de volver sobre ese pasado adquiere, además, una dimensión generacional. Bauer pone el foco en un dato que considera significativo: aproximadamente el 70 por ciento de la población argentina no había nacido durante la dictadura. Apenas un 30 por ciento vivió aquellos años de manera directa.

"Entonces volver a mostrar, a vivir estructurado de esta nueva manera, ese pasado nos parecía importante", sostiene.

Allí encuentra uno de los principales aportes de la serie: reconstruir para quienes no estuvieron, pero también volver a interrogar para quienes sí estuvieron.
La dictadura como proyecto de poder

El recorrido tampoco se limita al aparato represivo. La serie busca ampliar la mirada sobre la dictadura y abordar las múltiples dimensiones que hicieron posible su funcionamiento y que atravesaron la sociedad argentina.

Aparecen el plan económico, la censura, el Mundial de 1978, las complicidades civiles, el papel de la Iglesia, la actuación de la prensa, la resistencia cultural, la guerra de Malvinas y, finalmente, la recuperación de la democracia.

Para Bauer, esa amplitud es central porque permite comprender que la dictadura no fue únicamente una maquinaria de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones. Y destaca especialmente la decisión de abrir la serie con un testimonio de Felipe Pigna. A su juicio, ese comienzo permite definir el carácter de la dictadura desde una perspectiva más amplia.

No se trató solamente de una dictadura militar, sino de una dictadura "cívico-militar", una denominación que, para Bauer, permite observar una relación que muchas veces queda relegada: "los militares al servicio de un proyecto civil que era un proyecto económico".

En su reconstrucción, esa dimensión económica aparece desde los primeros momentos. Y encuentra una formulación particularmente contundente en un documento escrito apenas un año después del golpe: la carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar, fechada el 24 de marzo de 1977.

Rodolfo Walsh y la pregunta detrás del horror
Bauer considera extraordinaria la precisión con la que Walsh logró describir, cuando todavía transcurría el primer aniversario del golpe, el proyecto que estaba detrás de la represión.

"Tan sólo transcurrido un año del golpe", recuerda, Walsh ya hablaba de la implementación de un plan económico y vinculaba los secuestros, las desapariciones y los crímenes con la intención de modificar la estructura económico-social del país.

La carta también anticipaba información que con el tiempo se conocería con mayor precisión. Walsh hablaba ya de los cuerpos arrojados al mar, aunque suponía que eran trasladados en barcos. Más adelante se conocería que los vuelos de la muerte habían utilizado aviones para arrojar a los prisioneros al Río de la Plata y al mar.

Para Bauer, esa mirada de Walsh resulta fundamental porque permite entender que detrás del horror existía un proyecto.

"Él pensaba que se arrojaban en barcos, después nos vamos a enterar que era en aviones, pero con mucha precisión define esto como un proyecto, como la necesidad de implementar un proyecto económico que cambie la estructura económico-social de la Argentina y que aplique esos horrores con esa finalidad."

Pero la serie no quiere contar solamente cómo funcionó ese proyecto de poder. También busca mostrar qué ocurrió del otro lado: las distintas formas de resistencia que surgieron en medio de una oscuridad que parecía absoluta.

Porque incluso en los años más siniestros, sostiene Bauer, aparecieron figuras, organizaciones y proyectos capaces de generar otra clase de luz. La resistencia de las Madres y las Abuelas, la cultura, los espacios que lograron conservar la palabra, las distintas formas de oposición y, finalmente, la recuperación democrática forman parte de esa otra historia.

Ese es, quizás, uno de los sentidos más profundos del título 1976, Ecos de la memoria. No se trata solamente de recuperar imágenes de un pasado cerrado, sino de escuchar qué permanece de aquel tiempo en el presente.

Cincuenta años después, cuando siete de cada diez argentinos no habían nacido todavía cuando comenzó la dictadura, la memoria deja de ser únicamente un ejercicio de evocación y se convierte también en una responsabilidad.

Bauer vuelve sobre ese pasado desde el cine, desde el archivo, desde los testimonios y desde herramientas tecnológicas que permiten reconstruir lo que alguna vez quedó fuera de cuadro. Pero establece una condición: la reconstrucción nunca debe sustituir la memoria. Debe abrirle espacio.

La pantalla puede recuperar una imagen perdida, restaurar un registro deteriorado o sugerir un acontecimiento del que no existe documento. Lo que no puede hacer, y tampoco pretende hacerlo esta serie, es pensar por quien mira.

La última pieza de esa reconstrucción sigue perteneciendo al espectador. Y allí, medio siglo después, los ecos de 1976 vuelven a escucharse.

El miedo cotidiano y las preguntas que quedan abiertas
Hay una dimensión de la dictadura que no siempre aparece en las imágenes más conocidas. No está necesariamente en las fotografías de los centros clandestinos, en las tapas de los diarios o en las escenas de los grandes acontecimientos históricos.

Es el miedo cotidiano, el silencio, la autocensura. La sensación de vivir bajo una amenaza permanente, de medir las palabras, de saber que determinadas cosas no podían decirse. Una atmósfera que atravesó la vida diaria de millones de personas y que 1976, Ecos de la memoria intenta también recuperar.

Bauer encuentra una de las formas más contundentes de hacerlo en el testimonio de un hombre que tenía apenas ocho años cuando una patota irrumpió en su casa.

El grupo estaba dirigido por el Turco Julián. Los hombres lo tomaron y lo arrastraron del cuero cabelludo. Mientras lo sacaban, el niño alcanzó a girar la cabeza y vio por última vez a su padre.

Entonces, según el relato que Bauer recupera, el Turco Julián ordenó que le dispararan con una ametralladora en la cabeza. Uno de sus secuaces no llegó a concretar el disparo, pero volvió a recargar el arma sobre su cabeza.

La escena, por su brutalidad, obligó al equipo a preguntarse cómo debía ser representada. Inicialmente habían pensado recurrir, como en otras secuencias, a la inteligencia artificial para reconstruirla.

Pero finalmente decidieron no hacerlo.

La razón estaba delante de la cámara: el mismo hombre, ya con 58 años, relatando a cámara lo que le había ocurrido cuando era un niño.

"Es tan fuerte, es tan contundente", explica Bauer, que en ese caso optaron por el testimonio puro.

La cámara se convirtió simplemente en testigo de la narración, de la emoción y del horror.

No hicieron falta diarios, portadas, fotografías ni reconstrucciones. No hubo necesidad de agregar imágenes que pudieran competir con el relato. "Simplemente el testimonio", resume Bauer.

En ese caso, la memoria no necesitaba ser recreada porque estaba viva en la voz de quien había sobrevivido.
Borges frente al horror
En otros episodios, en cambio, la inteligencia artificial sí encontró un lugar dentro de la serie. Uno de ellos está relacionado con Jorge Luis Borges y el juicio a las Juntas Militares.

Bauer recuerda que tanto Borges como Ernesto Sábato habían visitado a Videla y compartido un almuerzo con él. En aquel momento, Borges se había mostrado condescendiente con la dictadura y con la figura del dictador.

Pero en 1985, durante el juicio a las Juntas, su mirada se encontraría con otra escena.

Borges asistió a una audiencia y escuchó el testimonio de Víctor Basterra, fotógrafo y sobreviviente de la ESMA. Basterra había sido secuestrado y utilizado como trabajador esclavo dentro del centro clandestino de detención. Su oficio de fotógrafo fue aprovechado por sus captores, pero él consiguió utilizar esa posibilidad para registrar clandestinamente fotografías que terminarían siendo fundamentales como evidencia.

Con una valentía que Bauer califica de extraordinaria, Basterra logró obtener testimonios fotográficos de la ESMA. Esas imágenes llegarían al juicio y se convertirían también en pruebas.

El relato de Basterra conmovió profundamente a Borges. Después de escuchar su declaración, el escritor tomó su pluma y escribió sobre aquello que había oído.

Entre los episodios que reconstruyó aparece una escena particularmente estremecedora: durante la Navidad, Basterra y otros prisioneros fueron sacados de sus lugares de reclusión y llevados a un espacio donde los represores habían organizado lo que él mismo definió como un "banquete", con mesas y vino, para celebrar la Navidad.

Borges convirtió aquel testimonio en una narración de enorme potencia. Y allí Bauer y su equipo sí decidieron recurrir a la inteligencia artificial para construir visualmente ese universo que Borges había descrito a partir de las palabras de Basterra.

Un mundo dantesco, profundamente perturbador, reconstruido no para reemplazar el testimonio original, sino para acompañar visualmente una memoria que ya había sido narrada y documentada.

La decisión sobre cuándo mostrar y cuándo dejar que sea la palabra la que ocupe toda la escena atraviesa así buena parte del trabajo de la serie. Para Bauer, cada recurso tecnológico debe estar subordinado a la memoria y no al revés.

De fondo aparece una pregunta que sintetiza el espíritu del proyecto: "La memoria no es un archivo cerrado, es una pregunta abierta".

"Lo demoníaco era profundamente humano"
Y las preguntas que deja abiertas la memoria de 1976 no pertenecen solamente al pasado. Para Bauer, la primera es quizá la más elemental y, al mismo tiempo, la más difícil: por qué.

¿Por qué ocurre algo así? ¿Cómo pueden los seres humanos transformarse en verdaderas bestias? ¿Cómo se llega a semejante grado de crueldad?

Bauer recuerda el alegato final de Julio César Strassera en el juicio a las Juntas, donde el fiscal evocó la dimensión demoníaca de los crímenes. También recuerda a Julio Cortázar, quien escribió que parecía que lo demoníaco había llegado a la Argentina, que parecía haberse instalado en el país. Lo demoníaco era profundamente humano, sostuvo el escritor.

Esa constatación es una de las cuestiones centrales que la memoria obliga a enfrentar.

No alcanza con imaginar aquellos crímenes como una irrupción de fuerzas incomprensibles o monstruosas. Fueron seres humanos quienes los llevaron adelante. Y fueron decisiones humanas las que permitieron construir un sistema basado en el secuestro, la tortura, la desaparición y el asesinato.

La pregunta se vuelve todavía más perturbadora cuando se observan algunos de los mecanismos específicos de la represión: el robo de niños, el secuestro de mujeres embarazadas, la decisión de mantenerlas con vida hasta que dieran a luz, apropiarse luego de esos niños y hacer desaparecer a sus madres. También los vuelos de la muerte, mediante los cuales prisioneros eran arrojados desde aviones al mar.

Para Bauer, se trata de "ideas de una perversión profundamente siniestra" que rompen cualquier barrera del humanismo.

Por eso insiste en las preguntas: "¿Cómo se llega a eso? ¿Por qué se llega? ¿Cómo se llega?".

¿Cómo hacer realidad el Nunca Más?
Pero inmediatamente aparece otra cuestión, vinculada no ya con el origen de la atrocidad sino con la responsabilidad de impedir que vuelva a suceder.

¿Cómo hacer realidad el "Nunca Más"? Bauer encuentra el origen de esa expresión en el momento en que Ernesto Sábato entregó a Raúl Alfonsín el informe de la CONADEP. Después, esa misma consigna sería retomada por Strassera en su alegato durante el juicio a las Juntas.

Desde entonces, "Nunca Más" quedó incorporado como una de las expresiones centrales de la democracia argentina.

Sin embargo, para Bauer, pronunciar esas palabras no alcanza. El desafío consiste en convertirlas en una realidad permanente, especialmente cuando determinadas señales del presente parecen mostrar que las heridas y las disputas en torno a aquella memoria todavía están abiertas.

En ese sentido, menciona un episodio que lo inquietó especialmente: a más de cuatro décadas del retorno democrático, un grupo de diputados visitó en una cárcel a figuras vinculadas con la última dictadura, entre ellas Alfredo Astiz.

De allí surge, precisamente, la necesidad de una serie como ésta: volver sobre el pasado, evocarlo y mirarlo críticamente para impedir que los errores y las atrocidades vuelvan a repetirse.
La fiesta y el horror

La realización de 1976, Ecos de la memoria tampoco estuvo exenta de impacto para quienes la hicieron.

Bauer pertenece a una generación que vivió aquellos años y que, según explica, fue testigo directo de ese período. Él mismo recuerda haber estado estudiando mientras mantenía un contacto permanente con los organismos de derechos humanos.

Sin embargo, volver a esos lugares, entrevistar nuevamente a sobrevivientes y escuchar sus relatos después de tantos años produce un impacto que no desaparece con el paso del tiempo.

Lo experimentó al entrevistar a una sobreviviente de la Noche de los Lápices, Emilce Moler. Lo experimentó también al escuchar nuevamente el relato de aquel niño que hoy, convertido en un hombre mayor, reconstruye frente a una cámara el horror que padeció a los ocho años.

Y lo experimentó especialmente al reconstruir la historia del Mundial de 1978.

Entre los testimonios aparece Ubaldo "Pato" Fillol, arquero de la Selección argentina campeona del mundo. Fillol recuerda cómo vivió aquel Mundial en el estadio de River, la alegría por el triunfo y la dimensión extraordinaria que tuvo aquella conquista para él y para millones de argentinos.

Pero existe un contraste brutal detrás de esas imágenes de felicidad. Mientras Fillol celebraba en la cancha de River, a unas siete cuadras, en la ESMA, personas secuestradas eran torturadas y asesinadas.

Fillol no lo sabía entonces. Vivía la felicidad de un triunfo deportivo que, décadas después, sigue valorando y que también forma parte de la memoria colectiva argentina.

La serie pone en tensión esas dos realidades que convivieron en el mismo espacio y en el mismo momento histórico.

Dos mujeres secuestradas en la ESMA también ofrecieron sus testimonios sobre aquellos días. Según sus relatos, fueron sacadas del centro clandestino durante los festejos del Mundial. A una la llevaron a un bar. A otra la trasladaron dentro de un Peugeot y abrieron una especie de escotilla del vehículo para mostrarle lo que ocurría afuera.

La fiesta y el horror existían simultáneamente.

La alegría colectiva de las calles no anulaba el sufrimiento de quienes estaban desapareciendo en los centros clandestinos. Y el sufrimiento de quienes estaban secuestrados tampoco hacía que la sociedad entera dejara de celebrar un acontecimiento deportivo que esperaba desde hacía décadas.

Para Bauer, esos contrastes son especialmente fuertes porque permiten reconstruir algo que las imágenes aisladas muchas veces no consiguen mostrar: la complejidad de la vida cotidiana durante la dictadura, esa convivencia entre la normalidad aparente y el terror clandestino.

En ese territorio se mueve 1976, Ecos de la memoria. Entre los grandes acontecimientos y las historias íntimas; entre los documentos y las evocaciones; entre aquello que quedó registrado y aquello que sólo puede reconstruirse a través de la palabra de quienes lo vivieron.

La serie comenzará a emitirse por Canal 9 a las 22 horas y continuará todos los domingos. Serán cuatro capítulos dedicados a recorrer aquel período desde la perspectiva de medio siglo después.

Cincuenta años más tarde, la memoria vuelve a mirar las mismas escenas, pero encuentra nuevas preguntas. Algunas imágenes se pueden restaurar. Otras deben ser reconstruidas. Algunas historias necesitan de archivos y documentos. Otras sólo requieren que alguien se siente frente a una cámara y cuente lo que le pasó.

Porque, en definitiva, hay recuerdos que no necesitan ser ilustrados. Necesitan ser escuchados.

Construir contra la motosierra
La conversación finalmente se corre de 1976, Ecos de la memoria y se instala en otro territorio, aunque en el fondo vuelve a tocar la misma preocupación: qué lugar ocupa el Estado en la construcción de una sociedad y qué ocurre cuando aquello que durante años se construyó comienza a ser desmantelado.

Bauer conoce de cerca ese proceso. Fue creador y director de Canal Encuentro y en 2013 presidió Radio y Televisión Argentina. Durante su gestión se produjeron documentales, ficciones y películas desde la televisión pública, Canal Encuentro y otros espacios estatales.

También participó de aquel momento que considera fundacional para la comunicación audiovisual argentina: el proceso iniciado en 2009 con la adopción del sistema de Televisión Digital Abierta y el nacimiento formal, el 31 de agosto de ese año, del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre.

El sistema fue creado mediante el Decreto 1148/2009, que estableció entre sus objetivos promover la inclusión social, la diversidad cultural y la democratización de la información. En los años siguientes, el proceso incorporó nuevas normas y una Plataforma Nacional de Televisión Digital Terrestre. 

Para Bauer, aquella política formó parte de una etapa más amplia de expansión de los medios públicos y de construcción de herramientas de comunicación audiovisual. Al escuchar ese recorrido, vuelve mentalmente a aquellos años. 

"Fueron tiempos de construcción y de construcción muy hermosa", dice. Y agrega una pieza que considera imprescindible en esa historia: el nacimiento de Paka Paka, el canal destinado a niños y niñas, desarrollado desde el Ministerio de Educación.

Hablar de aquellos proyectos lo lleva a recordar momentos de su propia vida. Fueron, cuenta, años de una enorme intensidad y de un trabajo inmenso, pero sobre todo años en los que sintió que se estaba construyendo desde el Estado.

Su lectura del presente es muy diferente. Bauer lo define como una etapa de destrucción. Lo vincula con una idea que, según sostiene, aparece una y otra vez cuando se observan los grandes proyectos históricos: existen momentos de construcción y momentos de destrucción.

Y encuentra un símbolo particularmente claro en la campaña presidencial de Javier Milei. "No te olvides que este presidente hizo toda su campaña con una motosierra", señala Bauer. 

Para él, no se trata de una imagen inocente: "La motosierra es una máquina para destruir la vida, justamente es para talar árboles, para talar la naturaleza, por eso fue diseñada y construida. Su símbolo fue ese".

Frente a ese escenario, dice, él seguirá apostando por la construcción. "Yo creo y voy a apostar siempre a la construcción y no a la destrucción", afirma.

Y plantea la necesidad de fortalecerse y trabajar para atravesar una etapa que considera regresiva.

De la construcción de medios públicos a su desmantelamiento
El contraste que plantea Bauer no queda solamente en el terreno de la metáfora.

Desde el comienzo de la actual gestión nacional, los medios públicos atravesaron una serie de medidas de ajuste, intervención y reducción de estructuras. En enero de 2024, por ejemplo, se informó la suspensión de dos noticieros y de programas tercerizados de la TV Pública, mientras el Gobierno ratificaba su intención de avanzar sobre los medios estatales. 

El proceso continuó en los años siguientes. En diciembre de 2025 se informó que el Gobierno buscaba desprenderse de unos 500 trabajadores de la TV Pública y Radio Nacional, mientras que en febrero de 2026 se lanzó un nuevo plan de retiros voluntarios para los medios públicos.

En ese contexto, la discusión sobre qué significa construir medios públicos adquiere para Bauer una dimensión que excede su propia trayectoria.

La comparación con los años de creación de Canal Encuentro, Paka Paka, la Televisión Digital Abierta y otras herramientas estatales de producción y distribución audiovisual forma parte de una misma discusión: qué sociedad se busca construir cuando el Estado decide invertir en comunicación y qué ocurre cuando esa decisión política se revierte.

La fecha vuelve a funcionar como un punto de referencia. El 31 de agosto de 2009 fue creado formalmente el Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre. La norma estableció como objetivos la inclusión social, la diversidad cultural y la democratización de la información. 

Diecisiete años después, la fecha encuentra a los medios públicos atravesando un proceso muy diferente al de aquella etapa de expansión. Es en ese contraste donde Bauer ubica buena parte de su preocupación.
"Somos nosotros los que tenemos que unirnos"

En ese punto, vuelve nuevamente a la memoria de la serie.

Entre los testimonios que rescata hay uno de Julio Cortázar, cuya historia personal también permite hablar del exilio. Cortázar había abandonado la Argentina por decisión propia, pero posteriormente sus libros fueron censurados y se le impidió regresar. Se convirtió así en un exiliado, uno más entre los muchos argentinos que debieron abandonar el país durante la dictadura.

El exilio también ocupa un lugar dentro de 1976, Ecos de la memoria. Y Cortázar aparece como una de las voces capaces de conectar aquel período con las responsabilidades del presente.

Bauer recuerda una entrevista realizada en Ezeiza cuando el escritor regresó a la Argentina, durante el triunfo de Raúl Alfonsín, poco antes de la asunción presidencial.

Cortázar reconocía entonces que los argentinos habían atravesado "un periodo espantoso", pero advertía que no había que esperar la llegada de ningún profeta que viniera a salvarlos.

La idea que Bauer rescata de aquellas palabras es directa: los argentinos tenían que salvarse entre todos, porque de lo contrario no los salvaría nadie.

Esa reflexión, sostiene, mantiene una vigencia particular en los momentos que considera de destrucción.

"Lo importante es eso, tomar conciencia que somos nosotros los que tenemos que unirnos y salir de esta etapa y tomarnos nuevamente de la mano para construir y reconstruir todo lo que se ha destruido."

En esa mirada aparece también una convicción que Bauer conserva desde aquellos años de construcción de medios públicos: el papel del Estado.

"Desde el Estado, solamente desde el Estado se pueden hacer cosas que desde ese espacio se pueden hacer", afirma.

Y en esa tarea asigna un lugar central a las herramientas audiovisuales. El cine y la televisión, sostiene, pueden convertirse en instrumentos extraordinarios de transformación social, capaces de producir efectos beneficiosos en la vida de las personas.

Es una concepción que atraviesa toda su trayectoria: el audiovisual no como mero entretenimiento, sino como espacio de construcción cultural, de memoria, de educación y de transformación.

La voz contra el silencio
Quizás por eso el cierre de la conversación vuelve, inevitablemente, a las voces que forman parte de 1976, Ecos de la memoria.
El trailer de la serie condensa en pocos minutos buena parte de ese universo. Se escucha primero la voz del genocida Jorge Rafael Videla, hablando de la juventud argentina como heredera del esfuerzo que se estaba realizando. Después aparecen los relatos de quienes fueron perseguidos por sus ideas.

Un sobreviviente recuerda cómo lo torturaban mientras el represor tomaba whisky. Otra voz resume aquella época como una lucha entre quienes estaban "a favor de la muerte" y quienes estaban "a favor de la vida".

Aparecen también los desaparecidos, la imposibilidad de pensar qué edad tendrían hoy, la maquinaria burocrática que convertía a una persona en un "incógnito", en un desaparecido. Aparece el relato de la tortura y la brutalidad de los interrogatorios.

Y vuelve una de las ideas que Bauer considera centrales: "Los jefes del golpe fueron civiles". Después llega el testimonio del hombre que tenía ocho años cuando una patota ingresó a su casa.

Recuerda a sus hermanos, a su padre cocinando, a su madre Lila. Recuerda a los aproximadamente siete integrantes de aquella patota y al Turco Julián dando las órdenes. Recuerda cómo lo agarraron. Recuerda la ametralladora apoyada a la altura de su cabeza.

Y, por encima de todo, recuerda el rostro de su padre. "Fue la última vez que lo vi". La dictadura aparece entonces no sólo como una estructura represiva, sino como un sistema que persiguió "ideas, voces, miradas". 

El trailer se desplaza hacia la cultura. Las prohibiciones, la censura, las películas que fueron retiradas.

Una voz oficial afirma: "Hemos prohibido ya 125 películas. Estoy muy satisfecho de esa tarea higiénica". Del otro lado, aparece el sentido de esa persecución: el intento de aplastar una cultura que consistía, precisamente, en pensar por sí misma, cuestionar, imaginar.

Se recuerda el incendio del Teatro Picadero y, frente a la censura, las distintas formas que asumió la resistencia. "La resistencia se escribía, se dibujaba, se actuaba y se cantaba". 

Y entonces aparece Mercedes Sosa. Su regreso a los escenarios durante la dictadura generó temor incluso entre quienes la rodeaban. Cuando volvió a cantar en el Teatro Ópera, recuerda el testimonio de León Gieco: "Mercedes, ¿por qué volvés? Todavía no terminó la dictadura". Pero volvió.

Y fueron numerosos los conciertos que ofreció en aquel teatro. Para Gieco, ese regreso tiene un significado que excede largamente la música. "Mercedes Sosa fue el ícono de la democracia."

La frase funciona casi como una síntesis del recorrido que propone la serie: frente al silencio, la voz; frente a la censura, la cultura; frente al miedo, la resistencia; frente a la destrucción, la construcción.

Cincuenta años después del golpe, Bauer vuelve sobre aquellas imágenes y aquellos testimonios no sólo para reconstruir qué ocurrió en 1976, sino para preguntarse qué queda de aquella experiencia en el presente.

El pasado aparece entonces como una advertencia y, al mismo tiempo, como una herramienta para pensar el futuro.

Por eso insiste en la necesidad de recordar. No como quien abre un archivo cerrado, sino como quien vuelve a formular preguntas.

La memoria, en su mirada, no termina cuando se apagan las imágenes del pasado. Continúa en las decisiones del presente, en la defensa de la democracia, en la cultura, en los medios públicos, en la posibilidad de que una sociedad vuelva a construir aquello que considera necesario.

Y también en la certeza de que ninguna etapa está definitivamente ganada. Quizás por eso, al final de la conversación, su reflexión sobre los medios públicos termina dialogando con la memoria de 1976.

Porque para Bauer ambas cuestiones están atravesadas por una misma idea: construir es una decisión política y cultural. Y cuando una sociedad decide recordar, también decide qué quiere defender.

1976, Ecos de la memoria se estrenará por Canal 9 a las 22 horas y tendrá cuatro capítulos, que se emitirán los domingos. La serie se propone recorrer cronológicamente aquel período y sus consecuencias, pero también algo más difícil: reconstruir el clima de una época y preguntarse qué significa hoy, medio siglo después, pronunciar todavía dos palabras que Bauer considera esenciales.

Nunca más.

Escuchá la entrevista completa:

jueves, 27 de agosto de 2026

Omar Ruben Rada Silva 1943 - 2026

La última vez que Ruben Rada habló de su propia muerte no pidió silencio. Pidió música.

En 2010, durante una visita a Berlín, un periodista de Búsqueda quiso saber cómo le gustaría ser recordado cuando ya no estuviera. Rada pensó un instante y contestó con esa mezcla tan suya de desparpajo, humor y lucidez: "Como un loco. Que se divirtió, que fusionó y que dejó, como Picasso o como Dalí, algunos buenos cuadros".

No habló de premios. No habló de homenajes. No habló de la gloria. Habló de divertirse.

Y varios años antes había dejado escrito algo todavía más preciso. En Muriendo de plena, una canción de Quién va a cantar, el disco que lo convirtió en una estrella popular de dimensión masiva, había imaginado su propio velorio:

"Cuando yo me muera no quiero llanto ni pena / prefiero que se me vele / bailando una rica plena".

El miércoles 26 de agosto de 2026, a las 15.30, Ruben Rada murió en Montevideo, a los 83 años, después de casi un mes de internación en terapia intensiva por una neumonía bilateral y sus complicaciones.

La familia lo comunicó con un mensaje breve. Había peleado un mes. Había peleado hasta donde pudo.

Después, como si la canción hubiera sido una profecía, los tambores empezaron a sonar.

En el Palacio Legislativo, donde se realizó el velatorio, Muriendo de plena salió por los parlantes. Y por un momento el dolor tuvo que compartir el espacio con otra cosa: el movimiento. Los hijos de Rada —Lucila, Julieta y Matías— cantaron y bailaron. También Natalia Oreiro, Ricardo Mollo, Jorge Nasser y otros artistas se dejaron llevar por el ritmo.

En Palermo, en Isla de Flores, donde el candombe no necesita presentación ni permiso, la despedida tomó otra forma: tambores, comparsas, gente en la calle.

Era difícil imaginar una despedida más fiel.

Rada había pedido que lo velaran bailando.

Y eso hicieron.

Omar Ruben Rada Silva había nacido el 16 de julio de 1943, en un Montevideo que todavía estaba lejos de saber cuánto iba a cambiar su música.

Tenía diez años cuando empezó a hacer imitaciones en la comparsa Morenada. Lo llamaban Zapatito, una broma por la talla 43 que calzaba aquel niño flaco que ya entendía que arriba de un escenario podía convertirse en otra cosa.

Aunque, en realidad, nunca dejó de ser él mismo.

Muchos años después, cuando le preguntaban por sus personajes, lo explicaría de una manera sencilla: podía pintarse de verde o de azul, podía disfrazarse, podía interpretar a un rey o a Richie Silver, pero siempre era Rada.

Ese fue quizás el personaje más extraordinario que creó.

Rada.

El Negro.

El cantante que podía hacer reír y, un segundo después, cantar una melodía capaz de dejar a una sala entera en silencio.

El percusionista que podía convertir un tambor en una batería.

El compositor que, sin haber pasado por una formación musical académica, escuchaba una canción completa dentro de su cabeza y después se la transmitía a los músicos tarareando, haciendo sonidos, inventando palabras, imitando instrumentos.

No sabía leer la música como un académico.

La escuchaba como un animal.

Y la música parecía hablarle en todos los idiomas.

Antes de ser una estrella fue hombre de la noche.

Cantó como crooner, animó cafés concert, hizo imitaciones y encontró en los escenarios montevideanos un laboratorio donde aprender algo que ninguna escuela podía enseñar: cómo entrar en contacto con una audiencia.

Después llegaron los Hot Blowers. Jazz. Dixieland. Humor. Rock and roll. 

Allí apareció Richie Silver, ese alter ego con el que Rada jugaba a ser un crooner de otra época y demostraba que su talento no tenía una sola forma.

Podía ser un cantante de soul, un rockero, un payaso, un showman, un percusionista... Y podía hacer todo eso sin dejar de ser un músico profundamente ligado al candombe.

A comienzos de los años sesenta, el joven Rada todavía no sabía que estaba participando de algo mucho más grande que una serie de bandas.

La revolución estaba por empezar. Con Eduardo Mateo y El Kinto llegó el candombe beat. Hoy la fórmula parece sencilla. Entonces no lo era.

El candombe era una tradición. El rock venía de otra parte. La bossa nova hablaba otro idioma. Las guitarras eléctricas parecían pertenecer a otro universo. Rada y Mateo los pusieron a convivir.

El Kinto electrificó el candombe, incorporó batería, guitarras, tumbadoras y una sensibilidad urbana que convirtió el ritmo ancestral en una música nueva.

No fue simplemente una banda. Fue una idea.

La idea de que la música uruguaya podía mirar al mundo sin dejar de hablar en español. La idea de que el candombe no tenía por qué quedar encerrado en el desfile o en el tablado. La idea de que el tambor podía entrar en una canción de rock.

De ahí salieron Mejor me voy, Don Pascual, Pippo, Suena blanca espuma, Muy lejos te vas y muchas otras canciones que con el tiempo se convertirían en piezas fundacionales de la música popular uruguaya.

Rada todavía no era una leyenda.

Pero ya estaba ayudando a construir el territorio donde después otros músicos iban a caminar.

Hubo una puerta que no se abrió. 

Los Shakers, los hermanos Fattoruso, la beatlemanía rioplatense, Buenos Aires. Rada llegó a grabar algunos temas y viajó con ellos. Pero apareció un límite que no era musical.

Era racial.

Su color de piel no coincidía con la imagen que algunos productores querían para un megaéxito beat. A veces la historia de una música también se escribe con las puertas que alguien decidió cerrar. Rada, sin embargo, encontró otra manera de entrar. No tuvo una carrera. Tuvo muchas.

En los primeros años setenta apareció Totem. Y ahí el Negro se convirtió en frontman (lider). No simplemente en cantante: en frontman. El escenario parecía haber sido diseñado para él.

Totem, de 1971, y Descarga, de 1972, dejaron una serie de canciones que todavía conservan la electricidad de aquellos años: Dedos, Heloísa, Biafra, Negro, Orejas, De este cielo santo, Todo mal, Descarga.

En Negro, Rada parecía mirarse en un espejo: "Negro que vivís cantando, negro que vivís soñando...". No había victimización. Había afirmación, orgullo y ritmo. Mucho ritmo. 

Y había una conciencia cada vez más clara de que su lugar en la música también significaba ocupar un espacio para la comunidad afrodescendiente del Uruguay.

Rada nunca dejó de hablar de eso. Pero tampoco permitió que su identidad se convirtiera en una cárcel.

Su música podía viajar. Y viajó.

Su carrera solista había empezado en 1969 con Las manzanas. Parecía entonces el comienzo de una carrera. Con el tiempo se descubriría que era apenas el primer capítulo. Más de 35 discos como solista. Más de 60 registros si se cuentan sus diferentes proyectos y colaboraciones.

Una discografía imposible de resumir porque parece escrita por varios músicos.

Radeces. La Rada. En familia. Adar Nebur. La yapla mata. Pa’ los uruguayos. Terapia de murga. Montevideo. Black. Quién va a cantar. Alegre caballero. Bailongo. Tango, milonga y candombe. Negro rock. Confidence. Gamurgatrónica.

Y entre un disco y otro, como si nada, Rada cambiaba de piel: Candombe, Rock, Pop, Jazz, Funk, Soul, Tango, Milonga, Murga, Flamenco, Samba, Salsa, Cha-cha-chá, Música para niños, Música instrumental, canciones de amor, de humor, políticas, absurdas. Canciones que parecían simples y escondían una idea enorme. 

En 1975 grabó Radeces. Ahí estaba Malísimo, una canción que Rada consideraba su mejor letra.

Y estaba Ayer te vi. Un riff. Un candombe. Una madrugada.

Una frase que parecía salir directamente de las calles de Montevideo: "No te vas a morir porque a vos te dé la gana / y vení a candombear a las tres de la mañana".

Rada había encontrado una de sus claves.

El candombe podía ser fiesta. Pero también podía ser memoria. Podía hablar del barrio. Podía hablar de la raza. Podía hablar de la noche. Podía hablar de la vida. Después vino S.O.S. Y después, Estados Unidos. Y entonces Opa.

Hugo Fattoruso, Osvaldo Fattoruso, Ringo Thielman y Rada. La música se volvió todavía más grande. 
Jazz-rock de vanguardia. Improvisación. Candombe. Funk. Música afroamericana. Una sensación casi espacial. African Bird. Montevideo.

En esta última, Rada canta en falsete una melodía que quedó para siempre en la memoria de la música uruguaya. Opa parecía tocar desde otro lugar. Rada, en cambio, seguía teniendo los pies en Montevideo. Esa era su magia.

Podía cantar sobre un groove que parecía venir de Nueva York y, de pronto, hacer aparecer una calle de Palermo.

A mediados de los setenta volvió a Buenos Aires. Y allí ocurrió algo fundamental. Lo adoptamos.

Rada dejó de ser solamente el músico uruguayo de culto, el hombre que había participado de El Kinto, Totem y Opa.

Y se convirtió en una figura popular.

En los años ochenta grabó discos que todavía funcionan como una especie de mapa de su etapa argentina: La banda, La Rada, En familia, Adar Nebur, La yapla mata, Pa’ los uruguayos, Terapia de murga.

En Buenos Aires podía ser un músico sofisticado y, al mismo tiempo, profundamente popular. En Obras Sanitarias, la catedral rockera de aquellos años, quedó registrado La cosa se pone negra. 

Y allí está la prueba que ninguna estadística puede reemplazar. La gente. El público porteño cantando. El público gritando. El público pidiendo: "Tocá, che Negro Rada". Y Rada tocando, a más no poder.

En La yapla mata estaba Tengo un candombe para Gardel. Era imposible imaginar una canción más rioplatense. Los muchachos de la barra callejera. La vereda. Los tambores. Gardel. Una muchacha que pasa. El calor de abril.

Rada entendía algo que pocos artistas de una orilla consiguen entender: que Uruguay y Argentina podían tener fronteras, pero compartían demasiadas canciones como para respetarlas.

Por eso podía cantarle a Gardel desde el candombe.

Por eso podía ser uruguayo en Buenos Aires sin dejar de ser profundamente argentino para el público que lo había adoptado.

Por eso, décadas después, músicos argentinos de generaciones diferentes seguirían hablando de él con la reverencia que se tiene por los artistas que enseñaron algo sin proponérselo.

Rada nunca dejó de ser un músico de amigos. Hugo Fattoruso. Eduardo Mateo. Litto Nebbia. Mercedes Sosa. Fernando Cabrera. Javier Malosetti. Claudio Taddei. Fito Páez. Y muchos y muchas más.

Podía grabar La luna llena con Mercedes Sosa y hacer que dos voces enormes compartieran un mismo paisaje. 

Podía cantar Te abracé en la noche con Fernando Cabrera y reducirlo todo a una guitarra y dos voces.

Podía volver a encontrarse con Hugo Fattoruso para cantar Candombe para Figari.

Podía hacer una salsa alucinógena. Una milonga. Un soul. Un funk. Una canción infantil.

Rada nunca parecía preguntarse si una música pertenecía a su mundo. Si le gustaba, entraba. En 1994 volvió a Uruguay después de 25 años.

Regresó con Montevideo, grabado en Nueva York, y con una banda en la que aparecían músicos jóvenes que después serían fundamentales. Los hermanos Ibarburu. Gustavo Montemurro.

Y alrededor de ellos una nueva generación. Rada ya era una figura histórica. Pero todavía no había llegado su momento de mayor popularidad. Llegaría en el año 2000. Y sería un disco pop.

Quién va a cantar fue producido por Cachorro López, uno de los nombres centrales del pop latinoamericano de aquel momento.

Rada entendió que podía hacer algo que durante años había sido sospechado como una traición por cierta parte del ambiente musical uruguayo: podía hacer música comercial.

Y lo hizo. Con Cha-cha muchacha. Muriendo de plena. Quién va a cantar. No me queda más tiempo. Mi país. El Negro llegó a las radios. Llegó a las casas. Llegó a gente que quizá nunca había escuchado Totem. Gente que no sabía qué era Opa. Gente que jamás había visto un tablado.

Rada se convirtió en una estrella pop. Y no pidió disculpas. 

Había pasado demasiados años escuchando que un artista debía sufrir para ser auténtico.

Él pensaba otra cosa. También había que comer. También había que vivir. También estaba permitido querer que una canción fuera un éxito. Por esos mismos años apareció otro Rada. El de los niños.

Rada para Niños fue mucho más que una colección de canciones infantiles. Fue otra forma de popularidad. Otra manera de entrar en las casas. Rada entendía a los chicos sin tratarlos como adultos pequeños ni como espectadores de segunda. 

Cuando actuaba para niños que no podían pagar una entrada, decía que el espectáculo debía ser exactamente el mismo.  

Las mismas luces. El mismo sonido. El mismo amor. Tal vez porque él sabía perfectamente lo que significaba crecer con poco. No había que explicarle la pobreza. La había vivido. Y quizá por eso tampoco aceptaba romantizarla.

En algún momento de su vida llegó a decir que estaba cansado.

Del escenario. De los viajes. De ser patrón. De tener que conseguir sonido, luces, pagar músicos, resolver problemas, mirar cuentas. Quería grabar. Quería estar cerca de sus hijos. Quería tocar la batería con algún amigo. Quería subirse a un escenario como un músico más.

Nunca llegó a retirarse del todo. O quizás nunca pudo. Porque la música era el lugar donde Rada volvía a encontrarse consigo mismo.

En 2018 presentó Parte de la historia en el Teatro Solís. Después llegó al Sodre. Era un viaje por El Kinto, Totem y Opa. Una mirada hacia atrás. Pero no era nostalgia.

Rada nunca fue un hombre demasiado interesado en quedarse mirando el pasado.

Tomaba las canciones viejas y las volvía a poner en movimiento. Ahora, sus hijos estaban allí: Lucila, Julieta y Matías.

El hombre que había comenzado tocando tambores siendo un niño había terminado construyendo una banda familiar. 

Y todavía podía cantar. Todavía podía bailar. Todavía podía hacer que una canción de cincuenta años pareciera nueva.

Había hecho también casi todo lo demás: Cine, televisión, radio, humor, conducción...

Fue actor en El Chevrolé y prestó su voz a Frozono en Los increíbles. Apareció en Gasoleros, Telecataplum, El show del mediodía y Porque te quiero así. Condujo Radar, El teléfono, La puerta grande y Décadas. Fue jurado de La voz.

Ganó siete premios Gardel. Decenas de premios en su país. Fue declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo. Recibió la Medalla Delmira Agustini. 

Pero antes, en 2011, se convirtió en el primer uruguayo en recibir el Grammy Latino a la Excelencia Musical.

Pero los premios, incluso los más importantes, cuentan apenas una parte.

La verdadera medida de Rada estaba en otra parte. Estaba en sus canciones: El negro chino, Candombe pa’l Fatto, Botija de mi país, Las manzanas, Negro, Descarga, Mandanga dance, Quién va a cantar, Te abracé en la noche, Ayer te vi, Tengo un candombe para Gardel, Muriendo de plena...

En esa capacidad casi inagotable de transformar una melodía en una escena.

Rada podía cantar una milonga con la gravedad de un cantor veterano y, al rato, aparecer como Richie Silver, disfrazado de crooner, haciendo un soul con ecos de Barry White. Podía cantar Sinatra, Charly García, Alfredo Zitarrosa y Atahualpa Yupanqui.

Podía grabar con Peke 77 y reconocerse en un músico de una generación que había nacido mucho después que él. Podía entrar en el trap sin parecer un invitado extraño. 

Porque Rada no perseguía las modas. Las absorbía. Su cabeza musical era una galaxia.

Así lo definió Mauricio Ubal al despedirlo en nombre de la Academia Nacional de Letras. 

Pero hay otra palabra que quizás explique mejor el fenómeno. Swing. Rada tenía swing. Cuando cantaba, tocaba, hablaba, cuando se reía o hacía un personaje. Incluso cuando discutía.

Era un artista que nunca perdió el barrio aunque recorriera el mundo. Nunca dejó de ser aquel niño de Palermo aunque cantara en Nueva York. Nunca dejó de ser uruguayo aunque se convirtiera en uno de los ídolos populares de nuestro país.

Nunca dejó de ser negro aunque durante décadas la industria intentara decirle qué aspecto debía tener un éxito.

Y nunca dejó que el reconocimiento lo transformara en estatua.

Su hija Lucila lo explicó después del velatorio con una frase que quizás resume mejor que cualquier homenaje la dimensión de lo que acaba de suceder. "Tenemos una familia mucho más grande ahora, que es todo un país".

Había visto llegar a miles de personas al Palacio Legislativo. Había visto la red de afecto alrededor de su familia. Había visto que el hombre que había sido su padre también había sido, de algún modo, un padre musical para generaciones enteras.

Por eso pidió que no dejaran morir sus ganas de vivir. Que escucharan sus canciones. Que las pasaran a sus hijos. Que alguien triste, alguien deprimido, alguien que estuviera pasando un mal momento, pudiera encontrar en ellas una razón para seguir.

Que Rada fuera un papá para todo Uruguay, pidió. Para siempre. El miércoles 26 de agosto, el Negro dejó de respirar. Pero la música no se terminó. Los tambores salieron a la calle.

En el Palacio Legislativo sonó Muriendo de plena. Y aquellos versos que alguna vez parecieron una provocación se transformaron en instrucciones para una despedida. No hubo manera de cumplirlas literalmente. 

Hubo llanto, pena, mucho dolor. Pero también hubo baile. Porque Rada tenía razón en algo fundamental: la tristeza no podía contar toda la historia.

Su vida había sido demasiado grande para terminar en silencio.

Y que, en algún lugar a las tres de la mañana, vuelva a escucharse aquella vieja certeza:

Negro, no te vas a morir porque a vos te dé la gana.

Vamos a candombear.

Aportes: Búsqueda, La Diaria, Archivo Señales

martes, 25 de agosto de 2026

La batalla por Warner entra en una nueva fase: activos clave ya tienen potenciales compradores

Banqueros estarían contactando a posibles compradores por activos de Warner Bros., como New Line Cinema y sus cadenas de cable, mientras sigue la disputa legal por la adquisición de Paramount. Compradores se interesarían por activos de Warner mientras se prolonga la batalla legal de Paramount.
Estudios Warner Bros. en Burbank, California

Por: Lucas Shaw, Hannah Miller and Josh Sisco

Los banqueros de inversión y los posibles compradores han estado analizando activos que podrían estar a la venta, mientras se prolonga la batalla legal de Paramount Skydance Corp. (PSKY) para adquirir Warner Bros. Discovery Inc. (WBD), según fuentes familiarizadas con las negociaciones.

Los banqueros se han puesto en contacto con posibles compradores con la idea de adquirir New Line Cinema, una filial de Warner Bros. que ha producido películas como la saga de El Señor de los Anillos y la película de terror It, según personas al tanto de esas propuestas. Las cadenas de cable de Warner Bros. también están despertando interés, según estas personas, que han solicitado mantener el anonimato debido al carácter privado de las conversaciones.

Paramount ha obtenido la aprobación regulatoria para la operación de US$110.000 millones con Warner Bros. por parte de 68 jurisdicciones de todo el mundo, incluidos el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la Unión Europea. El último obstáculo regulatorio lo constituyen un par de demandas presentadas por 12 fiscales generales estatales liderados por demócratas y el sindicato Writers Guild.

El fiscal general de California, Rob Bonta, quien ha liderado la demanda de los estados, tenía previsto celebrar el lunes unas conversaciones para llegar a un acuerdo, pero las canceló alegando lo que, según él, eran filtraciones a los medios de comunicación sobre las negociaciones.

Si se lleva a cabo la operación de Warner Bros., Paramount pasaría a poseer la mayor cartera de cadenas de televisión por cable de EE.UU. La empresa está barajando la posibilidad de ofrecer negociar acuerdos de distribución independientes con los operadores de cable para las distintas partes de su imperio televisivo como una forma de resolver el litigio, según indicaron algunas de las fuentes.

Las tarifas que abonan los proveedores de televisión de pago, como Comcast Corp. (CMCSA) y DirecTV, constituyen una enorme fuente de ingresos para la empresa.

Bonta ha declarado que desea que el acuerdo incluya cambios estructurales como parte de cualquier resolución, y no acuerdos de conducta que puedan resultar difíciles de hacer cumplir tras el cierre de la operación.

"Hemos identificado tres mercados en nuestra demanda en relación con la distribución generalizada en salas de cine, la distribución de éxitos de taquilla y la concesión de licencias a canales de cable", declaró Bonta en una entrevista con Bloomberg TV el lunes. "Si desean proponer una solución estructural para cada uno de esos mercados, les escucharemos".

Un portavoz de Paramount se negó a hacer comentarios sobre los términos del acuerdo.

"Paramount no tiene conocimiento ni está interesada en entrar en conjeturas no solicitadas sobre nuestro negocio", declaró la empresa el lunes en un comunicado. "Tal y como se ha indicado hoy, seguimos teniendo esperanzas y estamos dispuestos a continuar las conversaciones de buena fe para resolver la demanda del fiscal general, incluyendo soluciones estructurales que permitan seguir adelante con nuestra operación".

Paramount ya había intentado vender anteriormente su canal BET. También ha buscado socios estratégicos para MTV. Según personas familiarizadas con esas conversaciones, los postores también han sopesado presentar una oferta por la cadena Comedy Central de la empresa.

Aunque los canales de cable han ido perdiendo espectadores y anunciantes en favor de los servicios de streaming, siguen generando una gran cantidad de ingresos que Paramount considera necesarios para ayudar a financiar la adquisición de Warner Bros. Los fiscales generales sostienen que, al poseer tantos canales, Paramount aumentará las tarifas que cobran a los distribuidores de cable y, en última instancia, a los consumidores.

Rich Greenfield, analista de LightShed Partners, sostiene que Paramount debería vender los antiguos canales de Turner Broadcasting, entre los que se incluyen TBS, TNT y CNN. Esos activos son potencialmente más valiosos que algunas de las otras cadenas de Warner Bros., en parte porque emiten deportes.

La contrapartida es que es probable que las cadenas de cable se vendan por un múltiplo de beneficios inferior al que Paramount está pagando por la totalidad de Warner Bros., lo que hace que la venta resulte menos atractiva, señaló.

La venta de CNN también eliminaría las preocupaciones regulatorias sobre un solapamiento en el ámbito de las noticias, al no agrupar a la CBS de Paramount y a la CNN de Warner Bros. bajo el mismo techo, señala Craig Huber, de Huber Research Partners.

"Creo que tranquilizaría a muchos políticos si se separara y vendiera la CNN, de modo que no formara parte del nuevo imperio de Paramount", afirmó Huber en una entrevista. "La mitad de este país no quiere que la CNN sea propiedad de una entidad que pudiera alterar la orientación política de la cadena".

El CEO de Warner Bros., David Zaslav, propuso el año pasado escindir los canales de cable de la empresa, antes de que Paramount iniciara su intento de adquirir el negocio al completo. Zaslav señaló en aquel momento que las cadenas de Warner Bros. representaban alrededor del 25% de la audiencia de su servicio de streaming HBO Max.

Netflix Inc. (NFLX) firmó un acuerdo para adquirir únicamente los estudios y los negocios de streaming de Warner Bros., pero se retiró en febrero después de que Paramount presentara una oferta más alta.
Foto: Caroline Brehman
Fuente: Bloomberg

domingo, 23 de agosto de 2026

El Concejo expuso una fuerte disputa por las garantías constitucionales en un debate sobre seguridad

El Concejo Municipal de Rosario aprobó por 16 votos a favor y 9 en contra un proyecto de beneplácito del concejal Damián Pullaro por el tratamiento en la Legislatura provincial de iniciativas impulsadas por el gobernador Maximiliano Pullaro en materia de seguridad. El Concejo apenas consignó la aprobación de la declaración en su web, pese al intenso debate que generó en el recinto
Pero detrás de una votación que, en apariencia, podía presentarse como una declaración institucional más, se desarrolló uno de los debates políticos más extensos y ásperos de la jornada, que había comenzado en la Comisión de Control, Convivencia y Seguridad Ciudadana. En Señales reconstruimos el debate a partir de las intervenciones de todos los bloques y escuchamos las distintas voces que tomaron la palabra en el recinto.

El expediente abrió una discusión que atravesó el sistema acusatorio, las facultades policiales, los controles judiciales, la política penitenciaria, la situación de las víctimas, los resultados del Plan Bandera, los antecedentes de las gestiones anteriores y hasta la utilización de los beneplácitos como herramienta política del Concejo.

La discusión dejó expuestas dos miradas prácticamente antagónicas: la del oficialismo, que defendió la necesidad de ampliar las herramientas estatales para enfrentar al crimen organizado, y la de buena parte de la oposición, que advirtió que algunas de las reformas en debate pueden afectar garantías constitucionales y terminar debilitando —en lugar de fortalecer— las investigaciones penales. También hubo posiciones propias dentro de esos espacios, con matices y cuestionamientos que atravesaron las distintas intervenciones.

El debate, además, tuvo cruces personales, referencias al pasado político de los distintos bloques, acusaciones de tergiversación y una discusión específica sobre la reciente reforma constitucional de Santa Fe.

"El Estado tiene que evolucionar a medida que el crimen evoluciona"
El debate comenzó con la intervención del concejal Damián Marcelo Pullaro, de Unidos por Rosario, autor del proyecto de beneplácito.

Pullaro planteó que el objetivo era poner en discusión iniciativas destinadas a fortalecer al Estado en materia de prevención, investigación y persecución del delito. Enumeró entre ellas modificaciones al Código Procesal Penal, a la Ley provincial 13.494 de protección y acompañamiento de víctimas, al fondo de recompensas, al sistema de inteligencia y análisis para la prevención del delito y a las herramientas para investigar los entornos digitales.

Su argumento central fue que las organizaciones criminales evolucionan y que el Estado debe hacerlo en la misma dirección.

También vinculó el debate con la política penitenciaria y cuestionó lo ocurrido durante la gestión provincial anterior. Sostuvo que los delitos habían continuado siendo ordenados desde las cárceles y que el retroceso de determinadas medidas penitenciarias había favorecido el crecimiento de la violencia.

Pero Pullaro llevó la discusión un paso más allá: reclamó que cada espacio político explicitara qué posición tenía sobre las reformas.

"Manifestémonos todos", fue, en esencia, su planteo. Y dirigió especialmente la mirada hacia Juan Monteverde, aunque este último no tuvo una intervención.

"Si vos decís que escuchás tanto a la gente, algo te tiene que decir la seguridad", le planteó Pullaro a Monteverde, en un tramo en el que también cuestionó las risas durante su exposición.

Para el autor del proyecto, el Concejo debía pronunciarse sobre una cuestión que atraviesa directamente a Rosario y no limitarse a discutir aspectos formales.

Esto viene a desmantelar un sistema acusatorio
La primera gran objeción llegó con Mariano Romero, del interbloque peronista, quien explicó el voto negativo de su espacio.

Romero sostuvo que el proyecto aprobado era, en su redacción, "inocuo", porque formalmente expresaba beneplácito por el tratamiento de iniciativas orientadas a fortalecer las herramientas estatales, algo con lo que —dijo— difícilmente alguien pudiera estar en desacuerdo.

Sin embargo, señaló que detrás de esa formulación estaba el proyecto impulsado por el gobernador Maximiliano Pullaro y enumeró varias de las reformas en discusión: cambios al reglamento policial, a la ejecución penal y al sistema procesal.

El eje de su intervención fue jurídico. Según Romero, las reformas no significarían simplemente una actualización de las herramientas de seguridad, sino un retroceso respecto del sistema acusatorio que Santa Fe había construido durante los gobiernos del Frente Progresista.

Advirtió particularmente sobre:
  • allanamientos sin orden judicial;
  • medidas coercitivas dispuestas por fiscales sin control judicial;
  • interrogatorios policiales durante las primeras etapas de una investigación sin presencia obligatoria de un defensor;
  • intervenciones de inteligencia policial sin control judicial;
  • facultades especiales para establecer zonas de intervención policial;
  • restricciones a la circulación y controles de acceso y salida en barrios;
  • y la posibilidad de demorar personas por averiguación de antecedentes durante 48 horas. 
Para Romero, el problema no era solamente la afectación de derechos. Sostuvo que una ampliación de facultades de este tipo podía terminar siendo contraproducente para la propia persecución penal.

Su argumento fue que las pruebas obtenidas mediante procedimientos ilegales podrían luego ser cuestionadas por las defensas y derivar en nulidades.

"Quien lleva adelante la acusación tiene que ser el fiscal", resumió, mientras reivindicó el principio según el cual el juez debe funcionar como tercero imparcial y controlar las medidas que afectan derechos.

En su lectura, el proyecto implicaría "desbaratar" un sistema que, según sostuvo, había sido construido para superar el modelo inquisitivo.

Quién puede atribuirse los resultados de la política de seguridad
Juan Pedro Aleart, de La Libertad Avanza, anunció el acompañamiento de su bloque al beneplácito, aunque cuestionó al oficialismo por no haber acercado la información que habían solicitado. Su intervención fue mucho más que una explicación del voto.

Aleart buscó colocar la discusión en una disputa política más amplia entre La Libertad Avanza, Unidos y el peronismo. Defendió las reformas impulsadas por el Gobierno nacional y sostuvo que existía una contradicción entre el apoyo de Unidos a herramientas de seguridad en la Legislatura y su posición durante la reforma de la Constitución provincial.

Mencionó la reiterancia, el régimen penitenciario de alto riesgo y el registro de huellas genéticas como herramientas que su espacio había intentado incorporar con rango constitucional.

También cuestionó al kirchnerismo y sostuvo que había votado en contra de distintas iniciativas nacionales vinculadas con seguridad.

Pero el tramo más político de su exposición llegó cuando presentó el Plan Bandera como una de las principales razones de la mejora de los indicadores de seguridad de Rosario.

Aleart sostuvo que el plan implementado durante la gestión de Patricia Bullrich y continuado por Alejandra Monteoliva había sido determinante para la caída de los homicidios y afirmó que "Rosario está pacificada y es producto del Plan Bandera, de las medidas firmes del presidente de la Nación".

A partir de allí, lanzó un desafío al oficialismo: si el Concejo estaba dispuesto a aprobar un beneplácito por las iniciativas provinciales, también debería pronunciarse sobre las políticas nacionales.

Enumeró, entre otras, la ley de reiterancia, el Registro Nacional de Datos Genéticos, el nuevo régimen penal juvenil, las medidas para impedir el uso de celulares en las cárceles y la resolución del Departamento de Estado estadounidense que modificó el nivel de alerta sobre Rosario.

La discusión, así, dejó de ser solamente provincial y se convirtió también en una disputa sobre quién podía atribuirse los resultados de la política de seguridad en la ciudad.

Este beneplácito no cambia la vida de nadie
La concejala Sabrina Prence, de Nación y Libertad, acompañó el proyecto, pero marcó una diferencia con el tono predominante de su anterior espacio La Libertad Avanza.

Prence también deslizó una crítica política al origen de este tipo de iniciativas. "Entiendo —y esto va sin ánimo de hacer quilombo— que por ahí son órdenes de arriba que reciben, que hay que presentarlos para seguir haciendo buena letra al gobierno provincial", planteó. La concejala cuestionó así que el Concejo termine utilizando su tiempo para celebrar un proyecto que todavía se encuentra en tratamiento en la Legislatura.

Su advertencia no apuntó solamente al contenido del expediente, sino también al papel del Concejo. Consideró que había que tener cuidado de no convertir los beneplácitos en una práctica para respaldar proyectos que todavía no son leyes y cuestionó que el cuerpo legislativo terminara "azotándose con ramos de flores cuando miramos al frente y realmente el país está hecho un desastre, la situación socioeconómica está hecha un desastre, la salud está que explota y nosotros no damos más".

Mientras el debate se concentraba en nuevas herramientas de seguridad, recordó que policías habían reclamado mejoras salariales y sostuvo que las fuerzas de seguridad necesitaban recursos básicos para cumplir su tarea.

Su crítica apuntó además a lo que definió como una "decadencia" de la política y de la calidad de los proyectos. Para Prence, el Concejo estaba corriendo el riesgo de aprobar una declaración que no modificaba la vida cotidiana de ningún rosarino: "Probablemente mañana nos terminen pegando todos porque van a decir: 'El Concejo aprobó un beneplácito para aplaudirle al gobernador Pullaro'. Y con justa razón nos van a pegar, porque realmente no se puede salir a caminar en Rosario sin ver a gente que la está pasando mal".

Y reclamó que la discusión sobre seguridad no se limitara a nuevas facultades represivas, sino que incluyera el fortalecimiento concreto de quienes deben enfrentar al crimen.

La contradicción con los propios criterios del oficialismo
Antonio Salinas, de Ciudad Futura, puso el foco en un aspecto diferente: la naturaleza misma del beneplácito.

Recordó que el oficialismo había sostenido reiteradamente que el Concejo no debía pronunciarse mediante beneplácitos o declaraciones sobre proyectos que todavía se encontraban en tratamiento en otras cámaras legislativas. Por eso consideró contradictorio que este expediente sí hubiera llegado al recinto.

También cuestionó la técnica legislativa. Según Salinas, el título, los vistos y los considerandos no coincidían exactamente con lo que finalmente decía la declaración.

"Lo que estamos debatiendo es el beneplácito por un debate", planteó, retomando uno de los argumentos que había formulado Romero.

Pero Salinas decidió llevar la discusión al terreno jurídico y profesional. Leyó en el recinto un comunicado del Colegio de Abogados de Rosario, institución que —remarcó— había quedado bajo conducción de sectores vinculados a Unidos y La Libertad Avanza.
El comunicado manifiesta su preocupación frente al proyecto de ley y que es su deber advertir que el mencionado proyecto, en los términos en que ha sido presentado, contiene disposiciones que importan un serio retroceso en materia de garantías constitucionales.

La seguridad pública es un objetivo legítimo y necesario, pero debe desarrollarse en el marco de los principios y garantías que sustentan al Estado de Derecho.

En este sentido, el debido proceso y la defensa en juicio mediante la asistencia letrada, independiente y de calidad, constituyen pilares fundamentales de los cuales no podemos apartarnos.
Leyó Salinas, para dejar en claro que las objeciones al proyecto no provenían solamente de la oposición política.

Los datos sobre violencia institucional
La intervención de Norma López, de Comunidad, fue una de las más extensas y argumentadas de la sesión. A diferencia de quienes habían centrado sus exposiciones en la naturaleza política del beneplácito, López comenzó intentando respaldar sus objeciones con datos y antecedentes institucionales.

Recordó que durante la discusión en comisión había sido cuestionada porque sus críticas al proyecto eran consideradas "opiniones" y no hechos verificables. Por eso, explicó, en el recinto iba a presentar información proveniente de organismos oficiales y de instituciones vinculadas con la Justicia y los derechos humanos.

Su primer eje fue la violencia institucional. Citó datos del Ministerio Público de la Defensa según los cuales durante 2025 se registraron 93 víctimas de torturas en cárceles de Santa Fe, con 189 hechos denunciados, y 218 víctimas de violencia policial en la vía pública. También mencionó que 39 personas denunciaron el armado de causas por resistencia a la autoridad y advirtió que solamente una parte de las víctimas se anima a denunciar formalmente por temor a represalias.

López vinculó esos datos con la situación del sistema penitenciario santafesino. Señaló que la provincia tenía una tasa de 351 personas detenidas cada 100.000 habitantes, por encima del promedio nacional, un déficit de alrededor de 3.000 plazas penitenciarias y 43 personas fallecidas bajo custodia durante 2025.

El segundo punto estuvo referido a Naciones Unidas. López citó las observaciones del Comité contra la Tortura de la ONU sobre hechos denunciados en la cárcel de Piñero y mencionó la existencia de reclamos para que el Estado argentino aportara información sobre esas situaciones.

También incorporó datos de la Correpi sobre muertes vinculadas con el aparato represivo estatal y los utilizó para sostener que la discusión sobre nuevas facultades para las fuerzas de seguridad no podía darse sin considerar los antecedentes recientes de violencia institucional.

Luego puso el foco en lo ocurrido después de la última ampliación de facultades policiales. Según relató, durante cinco semanas se produjeron cerca de 4.000 detenciones por falta de documentación, de las cuales solamente una persona tenía pedido de captura. Mencionó en ese punto la intervención del camarista Gustavo Salvador, quien, según su exposición, debió establecer límites judiciales frente a esas prácticas.

El cuarto eje fue el rechazo de sectores profesionales y jurídicos al proyecto. López citó a la Asociación de Abogados Penalistas de Rosario, cuyo presidente, José Nanni, había calificado la iniciativa como un "atropello autoritario". También mencionó al constitucionalista Óscar Blando y al camarista Gustavo Salvador como voces que habían expresado preocupación por las reformas.

A partir de allí llegó al núcleo de su planteo: la Constitución provincial. López sostuvo que las reformas impulsadas por el gobernador Maximiliano Pullaro podían entrar en contradicción con los artículos 14, 15 y 42 de la nueva Constitución santafesina: la prohibición de la tortura y los tratos crueles, la exigencia de orden judicial para ingresar a domicilios y la garantía del hábeas corpus.

También advirtió sobre una posible consecuencia económica. Citando las objeciones de los abogados penalistas, sostuvo que una eventual aprobación del proyecto podría derivar en una multiplicación de planteos de inconstitucionalidad y litigios contra el Estado, con un eventual costo que terminaría siendo afrontado por los contribuyentes.

Para López, por lo tanto, la discusión sobre seguridad no podía reducirse a más patrulleros, cámaras o facultades policiales. Reclamó un Estado capaz de perseguir el delito, pero sometido a controles y garantías democráticas.

¿Cuál es el modelo alternativo?
El concejal Fabricio Fiatti, también de Unidos, retomó la discusión desde una perspectiva política. Primero aclaró que no había realizado señalamientos personales y que cada concejal debía hacerse cargo de las organizaciones políticas a las que pertenece y de sus antecedentes de gestión.

Después defendió el modelo de seguridad provincial y municipal. Para Fiatti, el debate sobre seguridad es demasiado importante como para quedar reducido a una discusión formal sobre el expediente.

Defendió la política penitenciaria de alto perfil, la necesidad de evitar que los presos continúen manejando organizaciones criminales desde las cárceles y la importancia de dotar de herramientas al Ministerio Público de la Acusación.

Pero su pregunta principal estuvo dirigida a la oposición: "¿Cuál es el modelo alternativo?". Fiatti reclamó propuestas concretas y no solamente rechazos a las reformas.

También reivindicó la responsabilidad política del oficialismo y aseguró que el objetivo era continuar transformando el Estado hasta recuperar definitivamente la paz en Rosario.

El concejal cuestionó además la referencia histórica a la dictadura realizada durante el debate y consideró "absurdo" comparar un gobierno democrático con aquella etapa.

La defensa del modelo de seguridad
Anahí Schibelbein, de Unidos por Rosario, defendió el proyecto desde la experiencia cotidiana de comerciantes y vecinos. Se refirió a la caída de los homicidios y a la recuperación de espacios públicos, pero eligió como ejemplo el testimonio de un comerciante rosarino llamado Jorge.

Según relató, el hombre había tenido que trabajar durante años con las persianas bajas por temor a la violencia y ahora podía desarrollar nuevamente su actividad. Para Schibelbein, ese tipo de testimonios debía formar parte del debate tanto como las estadísticas.

También defendió las herramientas tecnológicas implementadas por el Ministerio de Seguridad y sostuvo que la recuperación de la ciudad no podía considerarse algo natural o permanente.

La concejala cuestionó a quienes, según su interpretación, habían tenido responsabilidades de gobierno durante los años más violentos y ahora criticaban las políticas que estaban permitiendo la recuperación de Rosario.

Su intervención reforzó uno de los argumentos centrales del oficialismo: la discusión no debía detenerse en las objeciones jurídicas al texto, sino considerar qué herramientas necesita el Estado para sostener la baja de la violencia.

No estamos acá para hacerle un cumpleañitos a nadie
Fernanda Gigliani, de Iniciativa Popular, llevó la discusión nuevamente hacia la naturaleza del proyecto. "Los que no quisieron discutir el fondo son ustedes", sostuvo, en respuesta al oficialismo. "si uno lee la carátula, claramente era un beneplácito por la presentación y tratamiento del proyecto de ley, 

Para Gigliani, el problema estaba en que la carátula presentaba un beneplácito por un proyecto de ley "falta decir que presentó el gobernador Pullaro. ¿Quién lo presenta? El concejal Damián Pullaro, su hermano" y agregó que el texto se limitaba a expresar apoyo al tratamiento de iniciativas.

A su entender, eso dejaba al Concejo frente a una situación paradójica: aprobar un beneplácito por algo que no se estaba votando concretamente. "Nosotros no estamos acá para hacerle ningún cumpleañitos a nadie", resumió.

También cuestionó la utilización de las estadísticas como una competencia política y sostuvo que detrás de los números existen muertes y dolor.

Su intervención incorporó además otras dimensiones de la seguridad: salud mental, pobreza, desempleo, endeudamiento y violencia digital.

Gigliani sostuvo que Rosario necesita políticas públicas integrales y recordó episodios vinculados con el narcotráfico y la política provincial.

También defendió el sistema acusatorio y cuestionó específicamente la posibilidad de tomar declaraciones policiales sin abogado, allanar sin orden judicial o utilizar pruebas obtenidas ilegalmente.

Gigliani también puso el foco en la contradicción política del oficialismo: recordó que varias de las leyes que ahora se pretende modificar fueron creadas durante los gobiernos del Frente Progresista y que el actual intendente Pablo Javkin fue miembro informante de esas reformas en la Legislatura.

"Interpreto yo que en alguna especie de autocrítica están asumiendo que quieren dar marcha atrás", sostuvo. Para la concejala, esa situación explica parte de la incomodidad del oficialismo y cuestionó que el Concejo terminara aprobando un beneplácito que, según planteó, ni siquiera respaldaba explícitamente los proyectos presentados por el gobernador. "Están haciendo como que votan algo que en realidad no están votando", resumió.

Para ella, no se trataba de una discusión ideológica sino de respetar la Constitución y el Estado de Derecho.

Pullaro y López vuelven a cruzarse
Luego de las intervenciones opositoras, Damián Pullaro volvió a tomar la palabra. Su respuesta fue especialmente dura. Consideró "inaceptable" la comparación con la dictadura y sostuvo que las reformas no vulneraban garantías constitucionales.

"No es momento de ser blando, de ser tibio", afirmó, antes de reclamar una posición más firme frente al crimen organizado. También volvió a mencionar al gobierno de Omar Perotti y sostuvo que un retroceso en las políticas de seguridad podía volver a generar incrementos de violencia.

La discusión se volvió entonces más personal, con Pullaro cuestionando a quienes, según él, "hablan mucho y hacen poco".

López pidió nuevamente la palabra para aclarar su posición y respondió a los cuestionamientos que había recibido durante la sesión. Primero rechazó que su posición pudiera ser reducida a una identidad de "panperonismo", como había planteado Anahí Schibelbein. Y luego respondió directamente a Damián Pullaro y Fabricio Fiatti, quienes habían cuestionado su referencia a la última dictadura.

López aclaró que nunca había equiparado un gobierno constitucional con la dictadura cívico-militar-eclesiástica. Su comparación, explicó, apuntaba a advertir sobre las consecuencias de otorgar al Estado facultades represivas sin un marco constitucional adecuado.

También cuestionó la utilización permanente del "fantasma del peronismo y el kirchnerismo" para responder a las críticas y reivindicó el trabajo que distintos sectores políticos habían realizado acompañando a víctimas de delitos, incluso durante gestiones anteriores.

En ese punto intervino María Eugenia Schmuck para recordar que ella también había participado de ese acompañamiento.

López cerró esa parte de su exposición con una crítica política a Fiatti: sostuvo que el oficialismo había modificado el proyecto original de Pullaro porque no podía aprobarlo tal como había sido presentado y consideró que esos cambios habían mejorado su "espíritu democrático", aunque, a su entender, seguían sin incorporar las herramientas necesarias para una política de seguridad pública compatible con las garantías constitucionales.

Así, la intervención de López tuvo dos momentos claramente diferenciados: primero, una extensa argumentación basada en datos, antecedentes institucionales y normas constitucionales; después, las respuestas políticas a quienes habían cuestionado su posición. Esa estructura es importante porque muestra que su intervención no se limitó al cruce político: el núcleo de su rechazo estuvo en las consecuencias que, según planteó, podrían tener las reformas sobre los derechos y el funcionamiento del sistema penal.

Fiatti vuelve a cerrar filas
Finalmente, Fabricio Fiatti retomó la palabra. Reivindicó el modelo de seguridad de los gobiernos de Unidos y sostuvo que no podía existir resignación frente al crimen organizado.

Para el concejal, el objetivo era que las organizaciones criminales y sus integrantes estuvieran presos, pero también que las herramientas estatales permitieran proteger testigos, intervenir ante búnkeres, actuar frente a inmuebles usurpados y responder ante nuevas modalidades delictivas.

"Las líneas tienen que estar claras", sostuvo. Y volvió a plantear que el oficialismo estaba dispuesto a seguir realizando reformas para garantizar que los rosarinos pudieran volver a caminar y regresar a sus casas con tranquilidad.

Una votación que reflejó una división política más profunda
El cierre estuvo a cargo de la presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck, quien puso el expediente a consideración del cuerpo.

El resultado fue de 16 votos positivos y 9 negativos.

Más allá del resultado formal, el debate dejó varios ejes que excedieron ampliamente el texto del beneplácito:
  • La constitucionalidad de las reformas de seguridad y la tensión entre mayores facultades policiales y garantías individuales.
  • El sistema acusatorio, defendido por la oposición como una conquista institucional frente al viejo sistema inquisitivo.
  • El control judicial de las medidas policiales y fiscales, particularmente en allanamientos, detenciones, interrogatorios e inteligencia.
  • La política penitenciaria, con el oficialismo reivindicando el régimen de alto perfil y la oposición advirtiendo sobre los riesgos de ampliar facultades represivas.
  • La violencia institucional, con López aportando datos y antecedentes de organismos oficiales y organizaciones profesionales.
  • Los resultados de la política de seguridad en Rosario, con Unidos y La Libertad Avanza disputándose buena parte del reconocimiento por la baja de los homicidios.
  • El pasado de las gestiones anteriores, utilizado por el oficialismo para responsabilizar al peronismo por el crecimiento del crimen organizado, y por la oposición para recordar que las actuales leyes que se pretenden modificar fueron impulsadas por gobiernos del propio Frente Progresista.
  • La utilización de los beneplácitos, cuestionada incluso desde sectores que finalmente acompañaron el proyecto.
  • La relación entre seguridad y situación social, introducida por Prence y Gigliani a través de referencias a salarios, pobreza, salud mental, desempleo y endeudamiento.
  • Y, finalmente, la disputa sobre qué significa una política de seguridad democrática: para el oficialismo, un Estado con mayores herramientas para perseguir al crimen; para la oposición, un Estado fuerte pero sometido a controles judiciales y constitucionales.
El expediente terminó aprobado, pero la discusión mostró que el verdadero desacuerdo no estaba en si Rosario necesita seguridad ni en si el Estado debe combatir al crimen organizado. En eso hubo coincidencias.

La diferencia quedó planteada sobre hasta dónde puede llegar el Estado para hacerlo, quién debe controlar esas facultades y qué riesgos está dispuesto a asumir una sociedad que todavía tiene muy presente el pasado reciente de violencia, pero que también reclama respuestas concretas frente al delito.

Y esa discusión, a juzgar por la intensidad del debate en el recinto, recién comienza.

El Concejo Municipal apenas dejó constancia del resultado
El debate no aparece reflejado en la comunicación institucional del Concejo con la dimensión que tuvo en el recinto. Solo en su página web, perdido entre los distintos asuntos tratados durante la sesión, el cuerpo publicó apenas una breve referencia bajo el título "Seguridad pública".

Esa síntesis institucional consigna el resultado, pero omite prácticamente todo lo que convirtió al expediente en uno de los principales debates políticos de la sesión: las advertencias sobre posibles vulneraciones constitucionales, el cuestionamiento al sistema acusatorio, las facultades que podrían otorgarse a la policía, los allanamientos sin orden judicial, los interrogatorios sin defensor, las zonas de intervención policial especial, la política penitenciaria, los datos sobre violencia institucional, las críticas del Colegio de Abogados y las diferencias entre oficialismo, peronismo, Ciudad Futura, Iniciativa Popular y La Libertad Avanza.

Tampoco aparecen en esa comunicación los fuertes cruces políticos que atravesaron la discusión: la acusación de "tergiversación" formulada por Norma López; la crítica de Damián Pullaro a quienes consideró "blandos" o "tibios"; el reclamo de Fabricio Fiatti para que la oposición presentara un modelo alternativo de seguridad; el desafío de Juan Pedro Aleart al oficialismo para que acompañara también las políticas nacionales; ni la advertencia de Sabrina Prence sobre el uso de los beneplácitos.

Mucho menos aparece el resultado de la votación: 16 votos positivos contra 9 negativos.

En otras palabras, registra que el beneplácito fue aprobado, pero deja afuera buena parte de aquello que hizo sustancial la discusión: qué herramientas se le quieren dar al Estado para combatir el delito, qué límites deberían tener esas herramientas y qué riesgos implica avanzar sobre las garantías constitucionales. El resultado quedó publicado; el debate, prácticamente no.

Escuchá el debate completo:

Otras Señales

Quizás también le interese: