domingo, 24 de enero de 2021

Diana Turbay, la periodista que calló Pablo Escobar Gaviria

Por: Felipe Morales Sierra - @elmoral_es

En medio de un operativo de rescate, los secuestradores que la retuvieron por cinco meses (por orden de Pablo Escobar y los suyos) le dispararon tres tiros por la espalda a la reportera y directora de medios. Su secuestro fue una violenta presión para frenar la extradición de capos del narcotráfico.

"Asesinada Diana Turbay. Los secuestradores le dispararon por la espalda. Rescatado ileso el camarógrafo Richard Becerra. El Cuerpo Élite de la Policía adelantaba un operativo tras Pablo Escobar". Así encabezó El Espectador la portada del 26 de enero de 1991, en la que gran parte de la edición se dedicó al cubrimiento de la muerte de la periodista e hija del expresidente liberal Julio César Turbay. El día anterior, la curtida reportera había fallecido en un quirófano en Medellín por las heridas que le causaron tres impactos de bala que le propinaron sus secuestradores en medio de un operativo de rescate. La habían secuestrado en una campaña de terror por la no extradición.

Para enero, Turbay llevaba secuestrada cinco meses junto a un numeroso equipo periodístico. Bajo el señuelo de que tendría una entrevista exclusiva con el cura Manuel Pérez, jefe guerrillero del Eln, sus victimarios lograron convencer a la directora de la revista Hoy x Hoy y del noticiero de televisión Criptón de ir hasta ellos. "Pensar que Diana desistiría de ese viaje era no conocerla. En realidad, la entrevista de prensa con el cura Manuel Pérez no debía interesarle tanto como la posibilidad de un diálogo de paz", escribió años más tarde Gabriel García Márquez en su reportaje Noticia de un secuestro, libro en el que reconstruye la seguidilla de secuestros que sucedieron al de Turbay.

Con alguna distancia de tiempo, en la segunda mitad de 1990 secuestraron a personajes como el entonces jefe de redacción de El Tiempo, Francisco Santos; la directora de Focine, Maruja Pachón; Marina Montoya, hermana del entonces secretario de la presidencia de Virgilio Barco, entre otros. El de Turbay, sin embargo, fue el plagio más numeroso, pues ella había dispuesto de un gran equipo periodístico para la hazaña de entrevistar a uno de los más influyentes miembros del Eln: de Criptón la acompañaron Azucena Liévano, Richard Becerra y Orlando Acevedo; de "Hoy x Hoy" fue con ella el subdirector Juan Vitta y también se subió al bus el periodista alemán Hero Buss.

El 30 de agosto emprendieron el viaje y en las salas de redacción de Bogotá se pensó que la demora y la no comunicación eran naturales. Pero el 18 de septiembre Hoy x Hoy decidió revelar que su directora estaba desaparecida y al día siguiente ocurrieron los plagios de Marina Montoya y Francisco Santos. Más de un mes después, el 30 de octubre, el grupo de narcos liderados por Pablo Escobar, que se oponían violentamente a la extradición, dijo en un comunicado: "Aceptamos públicamente tener en nuestro poder a los periodistas desaparecidos". Estaban presionando al Gobierno para cerrar cualquier posibilidad de que se los llevaran a Estados Unidos por sus delitos.

En cautiverio, Turbay no dejó atrás su labor de reportera: Llevó un diario de todo lo que vivió y hasta entrevistó al jefe de su banda de captores, Ricardo Prisco. La entrevista la publicó de manera póstuma Hoy x Hoy, en 1992, y allí Prisco confesó que le seguían la pista desde mucho antes, pero suspendieron su secuestro luego del asesinato de Galán, porque atrajeron mucha atención. "Como bandidos que somos, no podemos tocarles un pelo y la orden es: buena comida, lo que quieran, lo que necesiten y no se les puede tratar mal, y aquel que los trate mal ya sabe que se muere. Esta es una cosa muy estricta y delicada, porque usted es una persona muy importante", le dijo Prisco.

Esa pasión por el periodismo fue una de las cosas que marcó la vida de Turbay. Pero no las chivas, sino el análisis de fondo, siempre bajo el faro de buscar la paz. "Mi mamá creía que los periodistas no somos solo los notarios de lo que pasa en el día a día, sino que tenemos que ser guardianes de la verdad y defensores de la paz", recordó en diálogo con este diario su hija, la también periodista y exviceministra TIC María Carolina Hoyos. Cuando murió su madre, Hoyos recién había cumplido 18 años y en ese momento decidió estudiar periodismo para seguir sus pasos. "A ella la callaron y alguien tenía que seguir alzando la voz", agregó.

Para enero de 1991, ya casi todos los secuestrados habían sido liberados, salvo Turbay y el camarógrafo Becerra. Según cuentan las páginas de El Espectador de la época, la Policía había recibido información de que el tan buscado Escobar estaba escondido en una hacienda de Sabaneta, al norte de Medellín. Un cuerpo élite de la institución envió a cerca de 120 hombres en por lo menos cinco helicópteros y dos camiones. Pero en la finca no estaba el gran capo, sino la directora de Hoy x Hoy, junto a Becerra y unos 15 hombres custodiándolos. Tan pronto escucharon las hélices acercarse, a eso del mediodía, los secuestradores les dieron sombreros a sus rehenes y echaron a correr.

"Corrimos durante 15 minutos subiendo una montaña muy difícil; una zona boscosa llena de arbustos espinosos. Cada vez que pasaba un helicóptero teníamos que ocultarnos y ponernos los sombreros para parecer campesinos. Ellos cuatro (los secuestradores) iban detrás de nosotros. Varias veces nos habían dicho que si llegaba la Policía nos mataban, pero como estábamos huyendo de la Policía, podíamos estar seguros de que no nos iban a matar. Finalmente, cuando los helicópteros se acercaron demasiado, ellos ya no estaban allí. Sentí unos disparos, doña Diana cayó al piso gritando: ‘Me hirieron, me mataron’", contó el camarógrafo Becerra ese mismo día.

Le habían pegado tres tiros en la espalda a su jefa. Él se quedó a su lado y al cabo de un rato llegó la Policía. La trasladaron en helicóptero al aeropuerto de Medellín y de allí al Hospital General. Mientras Turbay entraba al quirófano, en Bogotá su padre comenzaba una reunión citada mucho antes con los expresidentes Misael Pastrana y Alfonso López Michelsen, conocidos como Los Notables, mediadores entre el Gobierno y Los Extraditables para facilitar la entrega de los secuestrados. "Y me tocó hablar con él en esas circunstancias", le dijo Pastrana en 1991 a El Espectador. "Lo encontré (a Turbay) sumido en la más profunda tristeza, pero con una admirable presencia de ánimo".

A las 4:35 de la tarde se hizo oficial: Diana Turbay había fallecido. En camino ya iban su padre, su hija y su madre, Nidia Quintero. Carolina Hoyos le dijo a este diario que lo que más le impactó fue verle los pies, una parte del cuerpo en la que eran idénticas, pero los de su madre estaban en carne viva, porque mientras corría por el bosque se le deslizaron las sandalias que llevaba puestas. En medio del dolor, su abuela habló ante los medios esa misma tarde. "Nidia Quintero responsabilizó de la muerte de su hija a los extraditables que la mantenían en su poder y al Gobierno y al presidente César Gaviria, quien ‘desatendió los llamados para que no se intentara un rescate’", registró El Espectador.

"Tenemos bien sabido que helicópteros se acercaron hoy a la finca donde Diana estaba recluida. ¿Se imaginan ustedes si en una finca donde hay unos helicópteros volando, los iban a dejar vivos? A raíz de la liberación de Hero Buss y de los demás rehenes que fueron liberados tuvimos la mayor certeza del peligro que corrían y de cómo tenían las personas que los vigilaban orden especial de que, en el momento en que se acercara la ley, en que siquiera sonara un pito o una radiopatrulla cerca, les dispararan y que, como ellos decían, los sonaran", dijo esa misma tarde Nidia Quintero, quien por años dirigió la fundación Solidaridad Por Colombia y creó una beca en honor a su hija.

Esa misma tarde Ignacio Gómez, hoy subdirector de Noticias Uno¸ fue a la redacción de Hoy x Hoy, que cerraba una edición en medio del luto de la muerte de su directora. Tras hablar con sus coequiperos, escribió en las páginas de este diario: "A fuerza de exigir estrictamente, pero reconocer el trabajo y discutirlo con sencillez, Diana Turbay de Uribe se había ganado el aprecio de los redactores, los reporteros gráficos, el personal administrativo, la gente del archivo, las secretarias, las señoras de los tintos, los porteros". Así quiere su hija que la recuerden: "Como una mujer de un corazón enorme, una gran periodista y una defensora de la paz".

'Noticia de un secuestro'
Por: Eduardo Márceles Daconte

Si bien Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez, se publicó en 1996, cobra una vigencia inusitada en el momento actual, cuando el país pasa por una de sus recurrentes crisis con un número indeterminado de asesinatos, robos armados, batallas campales, corrupción en todos los estamentos de la administración pública y un proceso de paz en Cuba que, no obstante su prolongación en el tiempo, promete poner fin a 50 años de lucha fratricida. El libro narra las peripecias de un grupo de colombianos secuestrados entre 1990 y 1991 por orden de Pablo Escobar, capo supremo del cartel de Medellín, para presionar al Gobierno a legislar contra la extradición de narcotraficantes a Estados Unidos. Se trata de un reportaje de 336 páginas basado en entrevistas sobre la experiencia de los protagonistas de este drama humano. García Márquez siempre ha considerado el reportaje como la disciplina estrella del periodismo, y con este volumen intentaba recuperar una vocación de periodista que nunca abandonó desde su más temprana juventud, cuando se inició en el diario El Universal de Cartagena de Indias en 1948, a los 21 años de edad.

Noticia de un secuestro se lee como una novela de suspenso. En este sentido, Gabo es fiel a los postulados de un periodismo innovador que se remonta a sus propios reportajes, crónicas y artículos cuando trabajaba en el periódico El Espectador de Bogotá (1954-1955), recogidos en los libros Relato de un náufrago, sobre las vicisitudes de un marinero que cayó en el mar; la antología Crónicas y reportajes, y Cuando era feliz e indocumentado, testimonio de su paso por Venezuela en 1958. Por supuesto, sus columnas, críticas de cine y notas editoriales compiladas en varios volúmenes hablan con elocuencia de su vigorosa actividad periodística a través de su vida.

Un periodismo enfocado siempre hacia la denuncia de las injusticias sociales, a favor de las luchas populares y un socialismo humanitario que busca equilibrar las desigualdades existentes en el capitalismo salvaje que impera en el mundo. Recordemos su libro La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, reportaje en primera persona que recrea de manera magistral el peligroso proyecto del director chileno de ingresar a su país a principios de 1985 para hacer una película sobre la dictadura de Pinochet y las organizaciones democráticas que luchaban en la clandestinidad.

En Estados Unidos fue Truman Capote uno de los primeros en proponer este género periodístico que se nutre de la literatura y que el autor bautizó como novela de no-ficción o periodismo narrativo, por cuanto se trata de una historia narrada en forma de novela, pero basada en hechos reales de reciente factura que se pueden comprobar fácilmente en la prensa. "Un libro —según el mismo Capote— con la credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura de la prosa y la precisión de la poesía". Cualidades que sin duda reúne Noticia de un secuestro.

Según el propio García Márquez, en octubre de 1993, Maruja Pachón y Alberto Villamizar le propusieron que escribiera un libro con las experiencias de ella durante su secuestro de seis meses y las peregrinas diligencias en que él se empeñó para lograr su liberación. Sin embargo, en el transcurso de la investigación cayeron en cuenta que "era imposible desvincular aquel secuestro de los otros nueve que ocurrieron al mismo tiempo en el país. En realidad, no eran diez secuestros distintos —comenta el autor en sus "Gratitudes a manera de prólogo"— sino un solo secuestro colectivo de diez personas muy bien escogidas, y ejecutado por una misma empresa con una misma y única finalidad".

La empresa clandestina se constituyó con el nombre de Los Extraditables, capos del narcotráfico en Medellín cuyo jefe indiscutido era Pablo Escobar, y su finalidad era evitar a cualquier precio su extradición. De hecho, su consigna era: "Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos". Para ellos estaban vivas las imágenes en televisión del capo Carlos Lehder esposado, con gruesos grillos de hierro en sus tobillos, arrastrando pesadas cadenas y bolas metálicas, condenado a cadena perpetua en una cárcel estadounidense de máxima seguridad. Una de las secuestradas había sido Marina Montoya, hermana de Germán Montoya, quien se había desempeñado como secretario general en la presidencia de Virgilio Barco Vargas y cuyo hijo Álvaro Diego había sido secuestrado para presionar una negociación con el Gobierno que nunca se cumplió. El secuestro de Marina fue interpretado como una venganza de los narcotraficantes, pues ella ya carecía de valor para negociar, Barco había terminado su administración y Montoya era embajador de Colombia en Canadá. De modo que era de esperarse su ejecución en cualquier momento.

El mismo día que secuestraron a Marina Montoya, un comando tomó de rehén en un barrio periférico de Bogotá a Francisco Santos, jefe de redacción y miembro de la familia propietaria del diario El Tiempo. Como en casi todos los casos, el modus operandi fue el mismo. Dos automóviles, usualmente robados en días anteriores, inmovilizaban el vehículo de la víctima a la cual vendaban los ojos y escondían en el interior de uno de los carros. Asesinaban al chofer con armas automáticas dotadas de silenciador y emprendían la huida a algún lugar de la ciudad en donde los recluían en un dormitorio escuálido, de muebles raídos, un radio y un televisor. Las ventanas tapiadas con gruesas tablas y un bombillo solitario solían dar un aspecto lúgubre que contribuía a incrementar la depresión y ansiedad de los secuestrados. La comida era pésima, hecha sólo para evitar que murieran de inanición, y la vigilancia extrema. Eran tales las medidas de seguridad que, en algunos casos, un equipo de dos vigilantes llegaba incluso a permanecer en el mismo cuarto día y noche sin perderlos de vista ni un minuto.

El grupo secuestrado más numeroso fue el de Diana Turbay, directora del noticiero de televisión Criptón y de la revista política Hoy x Hoy de Bogotá e hija del expresidente y jefe máximo del Partido Liberal Julio César Turbay Ayala. Ella fue la primera secuestrada el 30 de agosto de 1990, sólo tres semanas después de posesionarse César Gaviria Trujillo como presidente de la República. Para tal fin se le tendió un ingenioso ardid. Dos jóvenes y una muchacha se habían hecho pasar por emisarios del Ejército de Liberación Nacional (Eln), grupo guerrillero que opera de manera fundamental en la zona Andina del país, para concertar una entrevista con el comandante en jefe, el cura Manuel Pérez. Diana Turbay ya tenía antecedentes de arriesgarse a tales empresas, impulsada por su vocación de periodista y por su interés en fomentar la paz. Junto a ella viajaron la editora Azucena Liévano, el redactor Juan Vitta, los camarógrafos Richard Becerra y Orlando Acevedo, así como el periodista alemán Hero Buss. Todos ellos cayeron en la trampa y fueron a parar a diversas casas de seguridad, después de fatigosas jornadas por senderos montañosos hasta una finca próxima a la ciudad de Medellín.

Fiel al dictum que emitiera en su momento Truman Capote, García Márquez es supremamente cuidadoso en sus reportajes. La credibilidad de los hechos está más allá de cualquier duda. Antes de entregarlos a Norma, la editorial colombiana que ha publicado sus libros, el autor solicitó a cada uno de los entrevistados que revisara el manuscrito para evitar errores de interpretación o para corregir sus declaraciones. La sucesión de imágenes se desarrolla con el ritmo e inmediatez de una película escalofriante. De hecho, su estrecha relación con la mecánica cinematográfica a través de su experiencia como guionista y tallerista de guiones en la Fundación para el Nuevo Cine Latinoamericano que él ayudó a fundar en San Antonio de los Baños (Cuba) se hace palpable aquí. La impresión es que una cámara de cine sigue los pasos de los protagonistas, no sólo su postración psicológica —que es muy intensa—, sino también su deteriorado aspecto físico, las condiciones de su cautiverio y la estrecha convivencia con sus captores y victimarios. De igual modo, su prosa siempre se ha caracterizado por su precisión conceptual y creatividad semántica, así como un contenido poético que suele encontrar el adjetivo inesperado, la sutileza en el análisis político y la solidaridad en el tono de compasión por las desdichas de los secuestrados. A guisa de ejemplo, observemos el primer párrafo del libro, que de inmediato capta la atención del lector:

"Antes de entrar en el automóvil miró por encima del hombro para estar segura de que nadie la acechaba. Eran las siete y cinco de la noche en Bogotá. Había oscurecido una hora antes, el Parque Nacional estaba mal iluminado y los árboles sin hojas tenían un perfil fantasmal contra el cielo turbio y triste, pero no había a la vista nada que temer. Maruja se sentó detrás del chofer, a pesar de su rango, porque siempre le pareció el puesto más cómodo. Beatriz subió por la otra puerta y se sentó a su derecha. Tenían casi una hora de retraso en la rutina diaria, y ambas se veían cansadas después de una tarde soporífera con tres reuniones ejecutivas. Sobre todo Maruja, que la noche anterior había tenido fiesta en su casa y no pudo dormir más de tres horas. Estiró las piernas entumecidas, cerró los ojos con la cabeza apoyada en el espaldar, y dio la orden de rutina:

—A la casa, por favor".

Por supuesto, Maruja Pachón de Villamizar nunca llegaría a su casa esa noche. En el camino su carro fue interceptado y, junto con su cuñada Beatriz, a quien liberaron unas semanas antes que ella, permanecería en cautiverio durante 193 días. Si en el caso de Marina Montoya había sido una venganza por incumplimiento de una promesa, en el de Diana Turbay, Francisco Santos y Maruja Pachón había sido su profesión de periodistas y su filiación familiar. Maruja era hermana de Gloria Pachón, viuda de Luis Carlos Galán, enérgico enemigo del narcotráfico y defensor de la extradición de colombianos, también periodista y fundador del Nuevo Liberalismo en 1979, una fuerza política arrolladora que intentó modernizar las herrumbrosas estructuras del Partido Liberal. Los Extraditables fraguaron su asesinato y en agosto de 1989 sucumbió a un atentado cerca de Bogotá, cuando era candidato a la Presidencia y seguro ganador de las siguientes elecciones que, en su ausencia, eligieron entonces a César Gaviria, su jefe de campaña.

A Marina Montoya la ejecutaron sin contemplaciones después de llevarla a un sitio desolado de la sabana de Bogotá y, aún sin saber de quién se trataba, fue enterrada en una fosa común del Cementerio del Sur. La muerte de Diana Turbay ha permanecido en el más ignominioso misterio. A pesar de todos los ruegos y esfuerzos de su familia por impedirlo, en especial de su madre, doña Nydia Quintero de Balcázar, un operativo de las fuerzas militares había intentado su rescate y, en confusos hechos, un proyectil único causó su muerte cuando herida era transportada en helicóptero a Medellín. Su muerte sobrecogió de espanto a un país ya acostumbrado a las noticias más trágicas, y sin duda contribuyó, en medio de aquel tiempo de espantoso narcoterrorismo, a que al final la Asamblea Constituyente legislara en la nueva Constitución de 1991 contra la extradición de nacionales.

Uno de los personajes más interesantes del reportaje es Alberto Villamizar, quien se desempeñaría como zar antisecuestro, por su incansable labor en busca de una solución a los conflictos generados por la acción de los Extraditables. Su empeño fructificó finalmente con la liberación de los secuestrados y en la entrega de Pablo Escobar con la intervención del padre Rafael García Herreros, un sacerdote reconocido por sus campañas humanitarias y quien impulsó la construcción del Minuto de Dios, un inmenso barrio de casas modestas para los más necesitados de Colombia.

García Márquez reconoce en el prólogo que "el trabajo previsto para un año se prolongó por casi tres, siempre con la colaboración cuidadosa y oportuna de Maruja y Alberto, cuyos relatos personales son el eje central y el hilo conductor de este libro". Así es en realidad, un libro que se propone además ser la reflexión de un escritor que dedicó su vida a la profesión de narrador y periodista, y quien recibió a través de su larga vida los más altos reconocimientos por su talento y generosidad. Nos entregó en su momento este apasionante volumen que se deja leer como la novela más absorbente y lúcida de su producción literaria.
Fuente: El Espectador

sábado, 23 de enero de 2021

PRISA, dueño de diario ‘El País’, un gigante con pies de barro

Grupo que también es propietario del periódico deportivo ‘As’ y Radio Caracol afronta situación financiera frágil. Días atrás, Carlos Rosales, adquirió la sociedad dueña de Radio Continental. El vendedor fue el grupo español PRISA que, con esta operación, decreta su salida del negocio de los medios en Argentina luego de 17 años
El grupo mediático español PRISA, del que el francés Vivendi acaba de comprar un 7,6% del capital, es un gigante con una situación financiera frágil, fuertemente endeudado y con unos ingresos procedentes especialmente de la edición de libros escolares.

PRISA es conocido por ser el propietario del prestigioso diario español El País, el periódico deportivo As o las radios Cadena Ser y la colombiana Radio Caracol.

La caída de ventas y audiencias de los medios tradicionales ha abocado al grupo a acumular pérdidas desde hace diez años, consiguiendo números verdes únicamente en el ejercicio de 2015.

En 2020, la pandemia del covid-19 acentuó sus problemas debido a la caída de los ingresos publicitarios del grupo, que registró una pérdida neta de 209 millones de euros (254 millones de dólares) en los primeros nueve meses del año.

En varias ocasiones, PRISA ha tenido que renegociar su deuda, que alcanzaba los 1.100 millones de euros (1.338 millones de dólares) a finales de septiembre, una cifra ligeramente superior a la facturación obtenida en 2019 (1.000 millones de euros).

Para reducir su deuda, el grupo vendió en 2015 la plataforma televisiva de pago Canal+ España al gigante español de telecomunicaciones, Telefónica.

Aunque conocido por su actividad mediática, la principal fuente de ingresos de PRISA procede de la editorial de libros escolares Santillana, con amplia presencia en Latinoamérica, que consiguió un 60% de su facturación en 2019, según un cálculo de la AFP en base a las últimas cifras anuales disponibles.

En otro intento de mantenerse a flote, PRISA vendió en 2020 la rama española de Santillana.

PRISA, dirigido hasta 2017 por Juan Luis Cebrián, periodista y fundador del diario El País, está presidido desde finales de diciembre por Joseph Oughourlian, socio director del fondo británico Amber Active, principal accionista de PRISA con un 29,2% del capital.

A finales de 2015, durante una ampliación de capital destinada a rescatar el grupo, el empresario catarí Khalid bin Thani bin Abdullah Al Thani también entró en el accionariado con un 5,1%.

En 2017, PRISA estuvo a punto de vender su participación en el grupo mediático portugués Media Capital al francés Altice, que había ofrecido 440 millones de euros (535 millones de dólares), pero la operación encalló por el veto de la autoridad lusa de la competencia.

La participación fue finalmente adquirida por el portugués Cofina en 2019 por solo 171 millones de euros (208 millones de dólares), lo que provocó un agujero en las cuentas de PRISA.

El grupo español, que buscaba ahorrar 40 millones de euros (48,6 millones de dólares) en 2020 y fortalecer su estrategia digital, afirmó a finales de octubre que había cerrado un acuerdo satisfactorio para reducir salarios, sin dar más detalles.

En 2012, el grupo suprimió un tercio de los trabajadores del diario El País, despidiendo algunas de sus firmas más reputadas.

Además, PRISA posee una participación del 20% en la sociedad francesa Le Monde Libre, accionista al 75% del diario Le Monde.
Foto: Cristóbal Manuel
Fuente: Agencia AFP

¿Pluralidad? El gobierno destinó menos del 1% del presupuesto para garantizar voces diversas y no comerciales

El gasto publicitario estatal evidenció un leve aumento con respecto a 2019. Clarín lideró 3 de los 6 principales rubros. Crecieron Octubre, Infobae, Crónica e Indalo. Los medios afincados en CABA cosecharon 74 por ciento del gasto. Premios por afinidad ideológica y otras conexiones. Medios cooperativos o alternativos no recibieron fondos significativos, a excepción de Tiempo Argentino 
Distribución de publicidad oficial entre los principales grupos de medios / Enero-noviembre 2020 

Por: Santiago Marino @santiagomarino y Agustín Espada @AgustinEspada
Las cifras de distribución de la publicidad oficial durante el primer año de gestión de Alberto Fernández exponen un crecimiento moderado en el gasto con respecto a 2019. En 11 meses de 2020 -lo publicado excluye diciembre- se invirtieron $4.704 millones, frente a los $3.350 millones de 2019, un aumento del 40% en términos nominales, de acuerdo a datos oficiales.

Tal crecimiento supone 5 puntos por encima de la inflación anual (35,5%) mientras falta conocer lo gastado en el último mes, aunque a los efectos de la comparación, diciembre de 2019 tuvo baja erogación publicitaria estatal, como ocurre en los cambios de Gobierno entre administraciones de distinto signo. Además, parte de la inversión de 2020 correspondió al canje de deudas impositivas y de seguridad social de las empresas mediáticas contraídas durante el Gobierno de Mauricio Macri por espacios de publicidad oficial, una práctica de larga data en el vínculo del Estado con las organizaciones periodísticas. Las continuidades, de todas maneras, no acaban allí.

Ganadores
En relación a los destinatarios de esos fondos se observan más continuidades que cambios. El Grupo Clarín (Clarín, TN, Canal 13, Radio Mitre, FM 100, La Voz del Interior, Los Andes, entre muchos otros) es el que más dinero recibió por anuncios: se quedó con el 13% del total para 2020. El dato consolida una leve caída respecto de años anteriores, ya que en 2019 acaparó el 15% y en 2017, el 18%. El lugar estelar que ocupa el holding que conduce Héctor Magnetto con ramificaciones en todo el mapa mediático argentino se percibe en que lidera la recepción de pauta en los rubros diarios, radio AM y radio FM, ocupa el segundo lugar en TV abierta y portales y el cuarto en señales de cable.

La segunda posición global le correspondió al Grupo Indalo (C5N, Radio 10, Pop, Ámbito Financiero, Minuto Uno, entre otros) con poco menos de la mitad de lo captado por el Grupo Clarín. El top 5 de los más beneficiados se completó con el Grupo América (La Red, América TV, Supercanal, Uno), Octubre (La 750, Página 12, IPTV y, recientemente, Canal 9, entre otros) y VIACOM, la empresa estadounidense que aparece en un lugar de privilegio dado que su activo relevante en la Argentina es el canal Telefe. En esa línea, se percibe el privilegio de Diario Popular, el tercero de más ventas en el área metropolitana de Buenos Aires, que cierra la lista de los 10 principales receptores entre todos los grupos.

La nueva gestión le dio un lugar privilegiado al grupo liderado por Víctor Santa María, que crece en el sistema, a pesar de que su señal de noticias IP, lanzada como guiño el 17 de octubre de 2020, todavía no recibió dinero por pauta oficial. En su cómputo se incluye Canal 9, emisora que acaba de adquirir y donde tenía un acuerdo de producción.

Dos elementos se destacan en el análisis de quiénes encabezan el listado. Por un lado, son efectivamente los que más peso tienen en la audiencia y difusión. Por el otro, hay cierta continuidad al respecto con la gestión de Macri. Las principales diferencias se marcan en la caída de La Nación (La Nación, La Nación +) —privilegiado por la gestión Cambiemos— y el crecimiento del Grupo Olmos (Crónica TV, Crónica y BAE), Facebook y Telecentro, además de Octubre.
La pauta atiende en CABA
Otro aspecto a observar de la distribución de publicidad oficial es el tipo de medio o plataforma elegido para colocar los anuncios. En ese sentido, la mayor parte del presupuesto fue destinado a los medios tradicionales.

Los canales de televisión abierta de todo el país se quedaron con el 21% de la inversión mientras que los medios gráficos consiguieron el 19%, la radio (AM y FM), el 16% y las señales de TV por cable otro 16%. Entre los sitios webs (12%), la vía pública (10%) y las redes sociales (6%) se completa la torta. En este último rubro se destaca que Facebook (incluye Instagram) y Google (incluye YouTube) dominaron el escenario digital-social.

Los medios ubicados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires concentraron el 74% del gasto publicitario. Esto puede explicarse, entre otras, por dos razones. La primera es la centralidad del sistema en la Capital Federal. La segunda radica en la diferencia del valor de espacios publicitarios entre los medios que dominan el mercado (y operan desde CABA) y los regionales, provinciales y locales.
Ayudas y discrecionalidad

En medio de la crisis económica que sacude al país y se profundizó por la cuestión sanitaria desde marzo del pasado año, el aumento del gasto por encima de la inflación pareció justificarse en el marco de una fuerte asistencia estatal a la actividad privada. El sistema de medios no fue la excepción.

Además de la publicidad oficial, las ayudas se completaron con el ingreso de los medios al programa Aportes para el Trabajo y la Producción; la extensión del alcance del programa REPRO —que paga parte de los salarios— en algunas empresas mediáticas y la impresión de cuadernillos escolares para algunas editoriales vinculadas a grupos de medios.

Así, el Gobierno de Fernández contribuyó a sostener las fuentes laborales de los medios en el marco de la crisis y pese a las líneas editoriales, que fueron mayoritariamente críticas, tanto a la gestión en general como -desde los meses de abril y mayo en adelante- del manejo de la pandemia.

La mayor parte del gasto fue administrado por la Jefatura de Gabinete, oficina que incluye la pauta de Presidencia y los ministerios. Esa área invirtió la mitad del presupuesto mientras que los “organismos descentralizados” (como ANSES y PAMI) gastaron el 37% del dinero. El restante 13% -unos $566 millones- correspondieron al crédito que el Gobierno tiene con distintos medios que pudieron canjear (hasta marzo de 2016) deudas con el Estado por publicidad oficial.

En materia de pluralismo, la deuda con los sectores cooperativos, comunitarios y sin fines de lucro de la comunicación todavía es grande. El Ejecutivo destinó apenas $33 millones a este espacio del sistema entre enero y noviembre de 2020. De esos, más del 50% ($17 millones) fueron recibidos por un solo medio: el diario Tiempo Argentino. El resto se dividió en un largo listado de diarios (50%), portales (23%), radios (18%) y canales de televisión (9%) sin fines de lucro. Una inversión por debajo del 1% del presupuesto para garantizar voces diversas y no comerciales parece quedar a mitad de camino en la expresión de deseos de fomentar la pluralidad de medios.

Como la Argentina no cuenta con una ley que defina el modo en que debe administrarse la publicidad oficial, cada año es posible identificar discrecionalidad en quiénes y cuánto dinero reciben. Ese rasgo atraviesa todo el sistema, más allá de cambios en las administraciones y tipos de gobierno nacional, provincial o municipal.
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Cable
Para analizar las discrecionalidades en el reparto corresponde poner el foco en los más pautados según cada tipo de medio y compararlo con las mediciones de rating. Entre las señales de televisión por cable, por caso, se encuentra que Supercanal (la señal de la cablera fundada por José Luis Manzano y Daniel Vila en Mendoza y San Juan) encabeza el ranking. Esto, obviamente, contradice las mediciones. Lo recibido por pauta en 2020 por la empresa cuyana corresponde en un 95% a un canje de deudas que Manzano y Vila consiguieron durante el gobierno de Mauricio Macri, lo que les permitió reducir sus pasivos y mejorar las condiciones de venta de la cablera al grupo inversor CVI Austral de Cargill. Por su parte la señal Crónica TV (del Grupo Olmos) recibió más publicidad oficial que TN (Grupo Clarín) y A24 (América), a pesar de que ambas la superan en rating.

Radio
En radio se destaca que Del Plata, Somos Radio y Splendid, todas de línea editorial amigable para el Gobierno, pero con niveles bajos de audiencia. Del Plata, incluso, no emitió gran parte del año por un conflicto sindical a raíz del no pago de salarios, y recién regularizó su aire en los últimos meses del año, cuando cambió de manos. En los tres casos, lo recaudado superó a la cosecha de Rivadavia, otra empresa en crisis que hace meses reorganizó la programación y regularizó el aire con voces de derecha dura, muy críticas del Gobierno, que lograron buena repercusión en la audiencia.

En el rubro de las FM, con escaso contenido político, también se percibe un beneficio para las radios con líneas afines a la gestión nacional. Radio Con Vos, que alterna programas periodísticos cercanos y críticos del Gobierno, ocupó un lugar destacado en la recepción de publicidad oficial muy superior a su audiencia. Las pasatistas Pop y Mega, de Indalo, también tuvieron premio, mientras que más abajo en la cuenta, las emisoras de contenido político El Destape (comenzó como una emisora online y ahora transmite en AM y FM) y La Patriada ocuparon un lugar considerable.

Web
Por último, entre los sitios web se destaca la cantidad de dinero pautado en Infobae, que casi duplicó en fondos recibidos a su inmediato competidos Clarin.com —ambos con una línea claramente opositora— pese a que la ventaja en visitas no tiene tal magnitud. Es cierto que el portal informativo líder no es parte de un Grupo, por lo que concentra todo lo que recibe en su única cuenta. Por su parte, los sitios de El Destape y Página 12 también sobresalieron en cuanto a montos recibidos, algo por encima de las visitas a sus páginas, aunque ambos exhibieron un alto crecimiento de clics en 2020.

Durante un primer año de gestión condicionada por la crisis económica y la pandemia, pocos fueron los cambios que se observaron en la administración de la publicidad oficial. Este recurso, que lubrica la relación gobierno-medios (y periodistas) fue central en 2020 para apuntalar un sistema con problemas de larga data. La promesa presidencial del discurso de asunción (regular y usar la pauta oficial para educación) aún no se concreta ni se atisban indicios. Mientras se espera que 2021 recupere algo de normalidad en la vida social, económica y cultural del país, será importante atender al impacto del año electoral y del desgaste pandémico en la administración de la publicidad oficial, recurso finito, maleable y eficaz para ordenar el sistema mediático.
Fuente: elDiarioAr

viernes, 22 de enero de 2021

El Washington Post pide asumir responsabilidades y asegura: Los medios jugaron un papel en el ascenso de Trump

El reflejo del entonces presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, en un lente de una cámara de televisión en la Casa Blanca el 5 de noviembre de 2020
Por: Karen Attiah
La pesadilla de la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos ha terminado. O eso creemos.

Para aquellos que creen firmemente en la promesa del experimento estadounidense, en el que vale la pena luchar por la democracia multicultural, la toma de posesión de Joe Biden se siente como un alivio, un bálsamo refrescante para las quemaduras de segundo y tercer grado que Trump y sus ayudantes le han infligido a nuestro país. La esencia de esa sensación llegó en el momento histórico en que Sonia Sotomayor, la primera jueza latina de la Corte Suprema, le tomó juramento a Kamala D. Harris cuando tomó posesión de su cargo: la primera vicepresidenta mujer, negra y asiática del sur en Estados Unidos.

En su discurso inaugural, Biden habló sobre “un auge del extremismo político, la supremacía blanca y el terrorismo doméstico que debemos enfrentar y al que derrotaremos”. La loable franqueza con la que habló de la amenaza de la supremacía blanca me sorprendió, pero desearía poder compartir la confianza que tiene sobre enfrentarla y derrotarla.

Desde el asedio al Capitolio el 6 de enero, las autoridades federales y locales han estado luchando para fortalecer a Washington y sus instituciones contra la amenaza de la supremacía blanca y la violencia. Sin embargo, hay una institución nacional que sigue siendo dolorosamente vulnerable: los principales medios de comunicación.

Las infracciones a nuestro cuarto poder se produjeron mucho antes del 6 de enero, por supuesto. Desde el momento en que Trump entró en la contienda electoral de 2016, se le proporcionó oxígeno infinito a su racismo y sus mentiras. Se consideró que algunos supremacistas blancos eran dignos de tener perfiles que describieran sus cortes de cabello y estilo de vestir o se concedió tiempo en la National Public Radio para hablar de la clasificación de la inteligencia de las razas. Las transgresiones continuaron cuando se permitió que exfuncionarios de Trump se beneficiaran de distorsionarle la verdad al pueblo estadounidense por medio de puestos como analistas de televisión, acuerdos editoriales y becas de Harvard.

Nuestros medios de comunicación se apuraron a mostrar todo esto, bajo el amparo del “equilibrio” y el “presentar los dos lados”, como si el racismo y la supremacía blanca fueran ideas teóricas que debatir y no fuerzas que atentan contra la vida a las cuales derrotar. Nunca me hubiera imaginado que diría que la postura de Biden sobre la supremacía blanca es más progresista que la de los medios. Pero esa es la situación.

Desde el principio, muchos periodistas no blancos comprendieron la amenaza de que reconocer y denunciar la supremacía blanca era un asunto de vida o muerte. Y muchos pagaron un precio por ello. Al aire, personas blancas se rieron literalmente en la cara de comentaristas negros por hacer sonar las alarmas. La periodista Jemele Hill fue sancionada por ESPN por haber llamado a Trump supremacista blanco.

Fue necesario el derramamiento de sangre blanca y que los legisladores de élite se sintieran amenazados para que otros sectores entendieran la necesidad de protegerse enérgicamente contra el extremismo. A raíz de la insurrección del Capitolio, que dejó un saldo de cinco muertes, las corporaciones le retiraron el apoyo a los políticos republicanos que apoyaron el asalto. Varios funcionarios del Capitolio renunciaron. Twitter expulsó a Trump de su plataforma, y Apple y Google eliminaron de sus tiendas de aplicaciones a Parler, que se ha convertido cada vez más en un refugio para el extremismo.

Sin embargo, los medios todavía parecen no querer o no poder reformarse a sí mismos. No ha habido grandes esfuerzos como industria para examinar sistemáticamente el papel que desempeñamos en el viaje de Estados Unidos al borde del abismo.

Esta misma semana, The New York Times le dedicó un episodio de un pódcast a los “sentimientos” de los partidarios de Trump. Apenas una semana después del ataque al Capitolio, Politico fue criticado por permitirle a Ben Shapiro, una personalidad de la derecha, que escribiera como invitado en su popular boletín Playbook, a pesar de su historial de declaraciones racistas e islamófobas como esta: “A los israelíes les gusta construir. A los árabes les gusta bombardear basura y vivir en cloacas”.

Los editores de Político defendieron la plataforma que le dieron a Shapiro poniéndose la armadura oxidada del “ambosladisismo”, señalando que habían publicado a Chris Hayes de MSNBC como una voz de la izquierda. El editor de Político, Matt Kamisnki, también dijo que “portarse un poco mal siempre ha sido parte de la receta secreta de Politico”. Tras los últimos cuatro años, es alarmante ver un comentario como ese, muy al espíritu de la evaluación mercenaria de 2016 que hizo el presidente de CBS, Leslie Moonves, cuando dijo que la campaña de Trump “podría no ser buena para Estados Unidos, pero vaya que es genial para CBS”.

¿Se ha aprendido tan poco? Mimar en los medios de comunicación a quienes atacan a las minorías raciales y religiosas no es “portarse un poco mal”. Es negligencia moral intencionada. Me recuerda que, en este país, personas blancas solían reunirse a ver el linchamiento público de personas negras e incluso hicieron postales de recuerdo de esos eventos. Me recuerda que, en Estados Unidos, el racismo blanco contra las minorías es estimulante en vez de descalificado, porque es lucrativo.

Por eso me preocupa que Estados Unidos vuelva a caer en este lugar.

Y es por eso que la presión por tener diversidad en las salas de redacción y cobertura antirracista sigue siendo tan importante. Para muchos de nosotros, el empoderamiento de las voces no blancas en esta industria tan blanca y masculina nunca fue solo por cifras, ascensos u oportunidades individuales. Fue porque sabíamos que los puntos ciegos y la negación de la existencia de las fuerzas oscuras en este país causarían sufrimiento.

Los años de Trump han terminado, pero el cuarto poder no puede caer en un estado de complacencia. Para que Estados Unidos perdure como una democracia multiétnica, es esencial que se le dé poder en los medios a la población negra, latina y otras comunidades marginadas. El antirracismo inquebrantable no es un lujo. Es una necesidad democrática, y es hora de que los medios de comunicación lo entiendan.
Foto: Jabin Botsford/The Washington Post
Fuente: The Washington Post

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