La presentación del libro Transformación urbanística y construcción de una institucionalidad metropolitana. Rosario 1995-2019, de Mirta Levin, se convirtió en mucho más que la exposición de una publicación académica. Fue una invitación a revisar una de las experiencias más significativas de planificación urbana de la Argentina reciente y, al mismo tiempo, una oportunidad para discutir el futuro de Rosario y su región metropolitana.
La obra, presentada el martes 9 de junio en el Auditorio del Colegio de Arquitectura y Urbanismo Distrito 2 Rosario, en avenida Belgrano 646, propone una narrativa y una reflexión sobre las experiencias y enseñanzas acumuladas durante más de dos décadas de desarrollo urbanístico. En ese recorrido, recupera una idea que atravesó buena parte del encuentro: las ciudades pueden convertirse en máquinas de desigualdad o en herramientas para la igualdad. La diferencia radica en la capacidad de construir territorios pensados colectivamente, integrados y orientados por un rumbo claro.
La ciudad que se construye entre todos
En ese marco, el presidente del Colegio de Arquitectura y Urbanismo Distrito 2 Rosario, Rubén Palumbo, situó el libro dentro de una historia más amplia: la de una ciudad que supo pensar estratégicamente su desarrollo y sostener proyectos de largo plazo. Al dar la bienvenida al público y agradecer la presencia de autoridades y referentes institucionales, recordó que el Colegio mantiene desde su creación un fuerte compromiso con las políticas urbanas y con la historia de Rosario.
Para Palumbo, uno de los grandes hitos de la ciudad se produjo con la recuperación democrática. No solamente por el retorno de las instituciones republicanas, sino porque fue entonces cuando se creó por primera vez la Secretaría de Planeamiento, un hecho que modificó profundamente la manera de pensar Rosario.
"Se empieza a pensar, en vez de regular en proyectos, se empieza a pensar la ciudad de otra manera", recordó. A su juicio, la continuidad de esa mirada produjo consecuencias "absolutamente productivas y transformadoras", aunque reconoció que también hubo períodos de especial dinamismo que la ciudad debería recuperar.
Al evocar aquellos años, describió una Rosario que entre la década de 1990 y los primeros años del nuevo siglo funcionó como un verdadero proyecto colectivo. No se trataba únicamente de la participación de especialistas o funcionarios. Existía, sostuvo, una confianza real en la capacidad de la ciudadanía para involucrarse en las decisiones públicas.
Esa convicción fue central en uno de los procesos más emblemáticos de la gestión urbana local: la descentralización. Palumbo recordó que muchos de quienes impulsaron aquella transformación estudiaron experiencias internacionales, como las de Porto Alegre y Montevideo, para comprender distintas formas de organización territorial y participación ciudadana. Sin embargo, destacó que el modelo rosarino se construyó a partir de un trabajo propio, paciente y colectivo.
La elaboración del proyecto involucró a universidades, especialistas, trabajadores municipales y profesionales de distintas disciplinas. Participaron las facultades de Ciencias Económicas, Ciencia Política y Arquitectura, junto con equipos técnicos que llevaban años estudiando la ciudad y que encontraron en ese momento la posibilidad de aportar sus conocimientos a una transformación de gran escala.
"No fue un proceso de un día para otro", insistió. Antes de inaugurar edificios o poner en marcha estructuras administrativas, fue necesario definir territorios, delimitar distritos y trabajar hacia adentro del propio Estado municipal para construir consensos. Una de las tareas más complejas fue convencer al personal de que la descentralización no implicaba una pérdida de poder, sino todo lo contrario: una ampliación de las capacidades de decisión a partir de una presencia más cercana en los territorios.
En ese proceso, destacó especialmente el papel de Mirta Levin, quien trabajaba en la Municipalidad desde comienzos de los años noventa y tuvo una participación decisiva desde la Secretaría General que coordinaba Miguel Lifschitz.
La descentralización avanzó gradualmente. El Centro Municipal Distrito Norte fue el primero: Villa Hortensia fue adquirida en junio de 1996 e inaugurado el 10 de octubre de 1997, en pleno barrio Alberdi, un lugar con una fuerte identidad comunitaria y sentido de pertenencia.
Sin embargo, la infraestructura era apenas una parte de la transformación. Lo más importante, recordó Palumbo, era el método utilizado para construir las decisiones. La Municipalidad convocaba a vecinos, especialistas y organizaciones a las denominadas Jornadas de Desarrollo Urbano, encuentros que se extendían durante tres días y que eran precedidos por más de un mes de preparación.
Psicólogos, comunicadores y facilitadores trabajaban previamente para comprender los objetivos y generar las condiciones para el debate. Durante esas jornadas se discutían proyectos estructurales capaces de transformar los barrios y se intentaba que los vecinos dejaran de concentrarse exclusivamente en demandas puntuales para pensar el desarrollo urbano en una escala más amplia.
"Si abrimos esta avenida, si hacemos esta obra estructural, va a transformar tu barrio", era el tipo de debate que se buscaba promover.
Aquellos encuentros concluían con la elaboración de una "carta de coincidencias", un documento que sintetizaba los proyectos consensuados entre la ciudadanía y el gobierno municipal. Esos acuerdos eran firmados por el intendente, funcionarios e instituciones y terminaron convirtiéndose en la base de muchos de los planes de distrito que marcaron la transformación urbana de Rosario.
Para Palumbo, el libro de Levin refleja precisamente esa forma distinta de entender la ciudad, la gestión pública y la participación ciudadana. Una mirada que apostaba a planificar más allá de las urgencias y a sostener procesos en el tiempo.
Como ejemplo de esa lógica, recordó la transformación del Pasaje Juramento, una intervención urbana que atravesó años de debates, objeciones y reformulaciones. Según señaló, cada vez que surgieron resistencias, la respuesta no fue abandonar la iniciativa sino encontrar caminos alternativos para llevarla adelante.
En ese sentido, destacó que incluso cuando el proyecto encontró la oposición de sectores de la Iglesia, la decisión fue sostener el objetivo original y adaptarlo a las circunstancias. "A pesar de que el clero no estaba de acuerdo, lo que se hizo no fue decir 'bueno, no lo hacemos', sino convocar a quienes habían ganado el concurso, elaborar un nuevo proyecto, construirlo en etapas, demoler una parte de la Municipalidad y la casa parroquial", recordó.
Así, el proceso incluyó concursos de arquitectura, rediseños sucesivos, demoliciones y obras ejecutadas por etapas. Primero se avanzó sobre el entorno del Monumento Nacional a la Bandera y, más tarde, se completó la extensión que terminó conectando ese espacio con la ribera del río. Para el funcionario, el caso del Pasaje Juramento demuestra que las transformaciones urbanas de gran escala requieren perseverancia, capacidad de adaptación y una visión sostenida en el tiempo.
"Eso llevó años", señaló. Lejos de verlo como una demora, lo consideró una demostración de cómo se construyen las grandes ciudades: a partir de ideas que trascienden gestiones y generaciones.
"Pensar que las cosas no son de un rato, no son de un instante, sino que se piensan y se construyen para siempre", resumió.
Un libro para discutir el futuro
Esa misma perspectiva atravesó la intervención del diputado provincial Joaquín Blanco, quien definió la publicación como un reconocimiento a la trayectoria de Mirta Levin y, al mismo tiempo, como una herramienta indispensable para pensar el porvenir.
Según planteó, el libro llega en un momento particularmente significativo para la ciudad, atravesada por debates que exceden el plano académico y se proyectan sobre las discusiones públicas más actuales. Lo definió como un reconocimiento a una trayectoria y una obra, pero también como una contribución oportuna para pensar el presente y el futuro de Rosario.
"Es un reconocimiento a tu obra, pero a la vez llega en un momento más que oportuno, más que pertinente, sobre nuestra querida ciudad de Rosario", afirmó. En ese marco, remarcó que la publicación coincide con un contexto en el que la ciudad discute cuestiones urbanísticas en distintos ámbitos institucionales, incluso en los tribunales. "No me puedo abstraer de que esta ciudad hoy está discutiendo en la Justicia cuestiones de urbanismo", señaló.
Para el diputado, ese escenario vuelve especialmente relevante una reflexión sobre los procesos de planificación urbana, la autonomía municipal y los desafíos de organización metropolitana que enfrenta Rosario en la actualidad.
Blanco destacó que la reciente reforma constitucional de Santa Fe dejó planteados temas centrales como el derecho a la ciudad, la autonomía local y las áreas metropolitanas. En ese contexto, consideró que la discusión sobre el futuro de Rosario exige recuperar las enseñanzas de las décadas anteriores.
A su entender, una de las principales lecciones que ofrece el libro es la importancia de la continuidad política. "Una ciudad necesita paciencia histórica para encontrar su rumbo", afirmó. Las transformaciones urbanas profundas requieren capacidad estatal, consensos ciudadanos y políticas sostenidas en el tiempo.
La segunda enseñanza tiene que ver con el papel social del urbanismo. Para Blanco, las decisiones urbanas nunca son neutras: determinan oportunidades, distribuyen recursos y moldean las condiciones de vida de la población.
"Una ciudad o es una máquina de desigualdad o es una herramienta para la igualdad", sostuvo, retomando una de las ideas centrales de la obra. La apertura de una calle, la ubicación de una escuela o la instalación de un centro de salud son decisiones que expresan una visión política de la ciudad.
El tercer aspecto que destacó fue la inteligencia colectiva. Rosario, afirmó, logró convertirse en un laboratorio singular gracias a la articulación entre liderazgo político, conocimiento técnico, participación ciudadana y gestión pública.
"La política no puede reemplazar el saber técnico. Tiene que conducirlo democráticamente", señaló. Esa combinación fue, según su mirada, uno de los factores que permitieron que muchas de las transformaciones urbanas alcanzaran profundidad y perdurabilidad.
Finalmente, planteó el desafío que considera más urgente para las próximas décadas: la construcción de una institucionalidad metropolitana acorde a la escala real de la región.
Rosario ya no puede pensarse únicamente dentro de sus límites administrativos. El área metropolitana reúne a más de 1,6 millones de habitantes y constituye una realidad territorial integrada que requiere nuevas formas de gobernanza. En ese sentido, consideró que la experiencia del Ente de Coordinación Metropolitana (ECOM) fue fundamental, aunque insuficiente frente a los desafíos actuales.
"La voluntad de cooperación entre ciudades ya no alcanza", advirtió. Para dar el salto que necesita la región serán necesarias nuevas capacidades institucionales y mecanismos democráticos de gestión metropolitana.
La presentación concluyó así convertida en algo más que la celebración de un libro. Fue también una reivindicación de una forma de pensar la ciudad: con planificación, participación, conocimiento técnico y visión de largo plazo. Una experiencia que, según coincidieron los oradores, sigue ofreciendo herramientas para imaginar el destino de Rosario y construir colectivamente el futuro que aún está por venir.
Memoria para proyectar lo que viene
La presidenta de la Cámara de Diputadas y Diputados de Santa Fe, Clara García, planteó que la presentación del libro de Mirta Levin excedía largamente el lanzamiento de una publicación sobre urbanismo. A su entender, no se trataba solamente de un libro sobre ciudades, sino también sobre las personas que hicieron posible una transformación institucional capaz de sostener proyectos colectivos y dar continuidad al futuro de esos territorios.
En ese sentido, destacó la trayectoria de Levin como una de las figuras centrales de un proceso que marcó la evolución de Rosario y su área metropolitana durante más de dos décadas. Recordó que, además de la obra presentada, la arquitecta participó en la elaboración de más de treinta publicaciones vinculadas a planes estratégicos, planes urbanos y estudios sobre las distintas localidades metropolitanas.
Para García, los veinte años que recorre el libro tienen un hilo conductor muy definido: la articulación entre liderazgos políticos con capacidad transformadora y equipos técnicos comprometidos con una visión de largo plazo. Evocó distintas etapas de ese recorrido institucional: desde los años en que Mirta Levin se desempeñaba en la Secretaría General junto a Miguel Lifschitz y Hermes Binner, hasta su gestión al frente de la Secretaría de Planeamiento y posteriormente su trabajo en el Ente de Coordinación Metropolitana durante la intendencia de Mónica Fein.
Ese recorrido, señaló, expresa una experiencia singular de construcción pública en la que confluyeron dirigentes políticos capaces de impulsar cambios profundos y especialistas que aportaron conocimiento, convicción y perseverancia para sostenerlos en el tiempo.
La dirigente socialista destacó especialmente el papel que tuvieron los equipos técnicos encabezados por Levin. Los definió como grupos de trabajo que aportaban no sólo saber profesional, sino también una firmeza indispensable para defender proyectos estratégicos frente a las presiones de la coyuntura.
Con una mezcla de reconocimiento y afecto, recordó que muchas veces quienes ocupaban responsabilidades de gestión cotidiana debían convivir con las exigencias de esos equipos. "Nos hacía trabajar en la tensión de la urgencia diaria, de los reclamos diarios", rememoró, aludiendo a la permanente disputa entre las demandas inmediatas y las decisiones necesarias para construir el futuro.
Según describió, durante aquellos años la ciudad estuvo sometida a presiones constantes de distintos sectores que buscaban respuestas rápidas o beneficios inmediatos. Sin embargo, sostuvo que Rosario logró sostener una dirección estratégica clara. "La respuesta fue indubitable", afirmó al evaluar el rumbo adoptado por la ciudad durante esas dos décadas.
Por eso consideró que el libro no debe ser leído como un ejercicio de nostalgia ni como una simple reconstrucción histórica. En su mirada, se trata de una memoria activa, orientada hacia adelante, una memoria de construcción y de futuro.
La presidenta de la Cámara provincial vinculó además esa experiencia con los debates actuales sobre autonomía municipal, planificación urbana y gobernanza metropolitana. Recordó que el propio Colegio de Arquitectura y Urbanismo fue escenario de encuentros multitudinarios destinados a debatir propuestas que luego fueron llevadas al proceso de reforma constitucional de Santa Fe.
Entre esos temas destacó especialmente la necesidad de fortalecer institucionalmente los entes de coordinación metropolitana, una cuestión que finalmente logró incorporarse a la nueva Constitución provincial. Aunque reconoció que algunos sectores aspiraban a formulaciones más contundentes, valoró que el principio haya quedado consagrado como parte del nuevo marco institucional santafesino.
García observó que la experiencia de Rosario permitió comprender con claridad conceptos que todavía resultan difíciles de asimilar en otras ciudades de la provincia. La coordinación metropolitana, explicó, no es una práctica habitual ni sencilla, como tampoco lo es la planificación urbana entendida como una política de largo plazo.
"No es fácil para un líder tener miradas de futuro", reflexionó. Tampoco lo es, agregó, abrir los procesos de decisión a la participación de vecinos y vecinas o sentarse a construir acuerdos con gobiernos de otras localidades, incluso cuando pertenecen a espacios políticos diferentes.
A su juicio, esos desafíos exigen convicción, conocimiento y una vocación de grandeza capaz de trascender intereses sectoriales o coyunturales. Son condiciones indispensables para construir proyectos urbanos duraderos y para consolidar instituciones capaces de sostenerlos.
Por eso, al cierre de su intervención, volvió sobre una idea que atravesó todo su mensaje: la memoria no debe ser entendida como añoranza de tiempos pasados, sino como una herramienta para proyectar el porvenir. En ese sentido, consideró que el libro de Mirta Levin constituye una invitación a recuperar experiencias exitosas para pensar los desafíos del presente y del futuro.
Más que una despedida o un reconocimiento retrospectivo, sus palabras tuvieron el tono de una convocatoria. A través de las páginas de esta obra, dijo, la ciudad y sus instituciones vuelven a llamar a una de las protagonistas de ese proceso colectivo para seguir imaginando lo que viene. "No pensamos en esa memoria como añoranza, sino como expectativa de futuro", resumió, antes de cerrar con una frase cargada de afecto y significado político: "Mirta, de regreso".
Rosario, una experiencia de referencia para el urbanismo argentino
Para Marcelo Corti, titular de la editorial Café de las Ciudades, la publicación de "Transformación urbanística y construcción de una institucionalidad metropolitana. Rosario 1995-2019" representa mucho más que la incorporación de un nuevo título a su catálogo. Significa, según expresó, la posibilidad de poner en circulación una experiencia urbana que considera fundamental para comprender la evolución reciente de las ciudades argentinas.
Al tomar la palabra durante la presentación, Corti agradeció la confianza depositada por Mirta Levin y calificó como un honor que la editorial haya sido la encargada de concretar la publicación. En su análisis, la experiencia de planificación y gestión urbana desarrollada por los gobiernos municipales socialistas en Rosario constituye, con toda seguridad, una de las más relevantes e innovadoras de la Argentina entre finales del siglo XX y las primeras décadas del actual.
Frente a modelos urbanos caracterizados por procesos de privatización del espacio y crecientes niveles de segregación social, sostuvo que Rosario construyó un camino alternativo basado en criterios propios de una ciudad abierta, democrática e inclusiva. Entre los principales logros de ese período destacó la recuperación y valorización del espacio público, especialmente la transformación de la costa sobre el río Paraná, resultado de una compleja negociación que permitió devolver a la ciudadanía amplias áreas anteriormente ocupadas por actividades portuarias.
También subrayó el desarrollo de una red de centros de salud distribuidos en distintas escalas territoriales y la implementación de políticas de descentralización que acercaron la gestión municipal a los barrios, particularmente a aquellos sectores históricamente más postergados.
En ese proceso, señaló, Mirta Levin ocupó un lugar central. Primero desde la Secretaría de Planeamiento de la Municipalidad de Rosario y posteriormente al frente del Ente de Coordinación Metropolitana (ECOM), espacios desde los cuales impulsó muchas de las transformaciones que hoy forman parte de la identidad urbana de la ciudad y su región.
Corti remarcó además que la experiencia rosarina trascendió ampliamente los límites locales. Desde hace años, explicó, las visitas a Rosario y el estudio de su planificación estratégica forman parte de la agenda habitual de investigadores, estudiantes, docentes y especialistas en urbanismo y ordenamiento territorial de todo el país y de América Latina.
La ciudad, sostuvo, se convirtió en un caso de referencia obligado para quienes buscan comprender procesos de planificación urbana sostenidos en el tiempo. En ese contexto, recordó que Levin fue una protagonista esencial y también una de las principales transmisoras de ese conocimiento.
"Su oficina estuvo siempre abierta", destacó, al evocar la disposición permanente de la arquitecta para recibir a equipos técnicos, académicos y funcionarios provenientes de otras ciudades argentinas o del exterior interesados en conocer de primera mano la experiencia rosarina.
Desde esa perspectiva, consideró que el libro constituye una continuidad natural de esa vocación por compartir conocimientos, sistematizar aprendizajes y poner a disposición de otros territorios las lecciones acumuladas durante más de dos décadas de gestión y planificación.
Para el editor, la publicación aporta un material de enorme valor para la construcción de un cuerpo de conocimientos indispensable para las ciudades argentinas y latinoamericanas. No se trata solamente de registrar una experiencia exitosa, sino de ofrecer herramientas conceptuales y casos concretos que permitan enriquecer el debate sobre el futuro urbano y territorial de la región.
En el tramo final de su intervención, Corti extendió los agradecimientos a quienes participaron del proceso editorial. Reconoció especialmente el trabajo de Juan Ángel Navarro en la corrección del texto, de Laura Corti en el diseño y la diagramación de la obra y de Andrés Oliver por su colaboración en las tareas logísticas y de difusión.
Pero reservó un reconocimiento particular para la autora. Agradeció a Mirta Levin por haber confiado en Café de las Ciudades para llevar adelante una publicación que, aseguró, tendrá una amplia repercusión en los ámbitos vinculados al urbanismo y la planificación territorial.
No expresó dudas sobre la relevancia que el libro adquirirá en los próximos años. A su juicio, la obra se convertirá en una referencia ineludible para quienes continúan pensando los desafíos urbanos de la Argentina y de América Latina, contribuyendo a profundizar la discusión sobre el desarrollo de ciudades más integradas, democráticas y sostenibles.
En ese proceso, señaló, Mirta Levin ocupó un lugar central. Primero desde la Secretaría de Planeamiento de la Municipalidad de Rosario y posteriormente al frente del Ente de Coordinación Metropolitana (ECOM), espacios desde los cuales impulsó muchas de las transformaciones que hoy forman parte de la identidad urbana de la ciudad y su región.
Corti remarcó además que la experiencia rosarina trascendió ampliamente los límites locales. Desde hace años, explicó, las visitas a Rosario y el estudio de su planificación estratégica forman parte de la agenda habitual de investigadores, estudiantes, docentes y especialistas en urbanismo y ordenamiento territorial de todo el país y de América Latina.
La ciudad, sostuvo, se convirtió en un caso de referencia obligado para quienes buscan comprender procesos de planificación urbana sostenidos en el tiempo. En ese contexto, recordó que Levin fue una protagonista esencial y también una de las principales transmisoras de ese conocimiento.
"Su oficina estuvo siempre abierta", destacó, al evocar la disposición permanente de la arquitecta para recibir a equipos técnicos, académicos y funcionarios provenientes de otras ciudades argentinas o del exterior interesados en conocer de primera mano la experiencia rosarina.
Desde esa perspectiva, consideró que el libro constituye una continuidad natural de esa vocación por compartir conocimientos, sistematizar aprendizajes y poner a disposición de otros territorios las lecciones acumuladas durante más de dos décadas de gestión y planificación.
Para el editor, la publicación aporta un material de enorme valor para la construcción de un cuerpo de conocimientos indispensable para las ciudades argentinas y latinoamericanas. No se trata solamente de registrar una experiencia exitosa, sino de ofrecer herramientas conceptuales y casos concretos que permitan enriquecer el debate sobre el futuro urbano y territorial de la región.
En el tramo final de su intervención, Corti extendió los agradecimientos a quienes participaron del proceso editorial. Reconoció especialmente el trabajo de Juan Ángel Navarro en la corrección del texto, de Laura Corti en el diseño y la diagramación de la obra y de Andrés Oliver por su colaboración en las tareas logísticas y de difusión.
Pero reservó un reconocimiento particular para la autora. Agradeció a Mirta Levin por haber confiado en Café de las Ciudades para llevar adelante una publicación que, aseguró, tendrá una amplia repercusión en los ámbitos vinculados al urbanismo y la planificación territorial.
No expresó dudas sobre la relevancia que el libro adquirirá en los próximos años. A su juicio, la obra se convertirá en una referencia ineludible para quienes continúan pensando los desafíos urbanos de la Argentina y de América Latina, contribuyendo a profundizar la discusión sobre el desarrollo de ciudades más integradas, democráticas y sostenibles.
Fue entonces cuando se anunció la apertura del panel central de expositores. La primera en tomar la palabra sería Mónica Fein, ex secretaria de Salud Pública, ex concejala, dos veces intendenta de Rosario, ex diputada nacional y actual presidenta del Partido Socialista a nivel nacional. Su participación no era casual: además de haber ocupado la presidencia del Ente de Coordinación Metropolitana durante buena parte del período abordado por el libro, fue una de las protagonistas directas de los procesos de transformación institucional y urbana que la obra reconstruye y analiza.
Cuando le tocó tomar la palabra, Mónica Fein habló desde un lugar singular. No sólo como ex intendenta de Rosario y ex presidenta del Ente de Coordinación Metropolitana (ECOM), sino también como una de las protagonistas directas de buena parte de los procesos que Mirta Levin reconstruye en Transformación urbanística y construcción de una institucionalidad metropolitana. Rosario 1995-2019.
Para Fein, el libro es mucho más que una reconstrucción de políticas públicas o una memoria de gestión. Es también el relato de una trayectoria profesional e intelectual estrechamente ligada a la figura de Miguel Lifschitz y a una forma particular de entender la transformación de las ciudades.
Recordó que Levin llegó a ese proyecto desde el mundo académico y técnico, pero que terminó identificándose profundamente con una visión política de la realidad y del desarrollo urbano. Por eso consideró que la publicación funciona también como un homenaje a Lifschitz, cuya figura atraviesa gran parte de las páginas.
Según señaló, el ex intendente y ex gobernador aparece reflejado como un dirigente capaz de sostener una mirada estratégica, con una enorme capacidad de trabajo y una honestidad que permitió convertir la planificación urbana en una verdadera política de Estado. Esa continuidad, sostuvo, fue uno de los hilos conductores de todo el proceso.
Fein destacó además una característica que considera distintiva del libro: la manera en que Levin narra los hechos. A diferencia de los dirigentes políticos, acostumbrados a enfatizar y adjetivar los procesos que protagonizan, la autora opta por una descripción rigurosa, precisa y profundamente documentada.
"No intenta presentar esta experiencia como algo fundacional o revolucionario", observó. Por el contrario, reconstruye los acontecimientos con el mismo rigor técnico que caracterizó su trabajo profesional y con la vocación de dejar registro de cada proceso que impulsó.
Esa práctica de documentar sistemáticamente las transformaciones urbanas fue, según Fein, una constante en la trayectoria de Levin. Por eso aseguró que este libro no es una excepción sino la continuidad de una costumbre: devolver a la sociedad el conocimiento producido desde la gestión pública.
Desde esa perspectiva, consideró que la obra debería transformarse en una lectura obligatoria para cualquier persona que aspire a ocupar responsabilidades de gobierno. No solamente para arquitectos, urbanistas o especialistas, sino para quienes entienden la política como una herramienta de transformación.
"Hay quienes llegan al gobierno simplemente para llegar", señaló. En cambio, el libro muestra una experiencia construida con otro propósito: transformar la realidad y crear nuevas instituciones capaces de sostener esos cambios.
La referencia a la "institucionalidad metropolitana" presente en el título sintetiza, a su juicio, esa vocación de construir estructuras duraderas más allá de las personas y de las gestiones.
A partir de esa lectura, Fein identificó cinco rasgos fundamentales de la experiencia relatada por Levin.
El primero fue la capacidad de combinar una mirada global con una fuerte construcción local. Rosario observó las mejores experiencias internacionales, participó en redes como CIDEU y URB-AL y se integró a espacios de intercambio con ciudades europeas y latinoamericanas. Pero esa mirada al mundo nunca significó copiar modelos de manera automática, sino adaptar aprendizajes a las necesidades concretas del territorio.
La segunda característica fue la planificación de largo plazo. Una lógica que, según recordó, obligó a pensar más allá de los tiempos electorales y de las obras que pudiera inaugurar una determinada gestión.
"¿Qué ciudad queremos?", fue la pregunta que orientó aquellos procesos. Una pregunta que involucró no sólo a los gobiernos, sino también a los vecinos, las instituciones y los distintos actores sociales convocados a imaginar colectivamente el futuro de Rosario.
En ese punto destacó especialmente el papel desempeñado por la Universidad Nacional de Rosario. Las distintas facultades y disciplinas participaron activamente en los procesos de planificación estratégica y urbana, aportando conocimientos académicos mientras, al mismo tiempo, enriquecían su propia experiencia a partir del contacto directo con las transformaciones concretas de la ciudad.
El tercer rasgo fue la articulación entre distintos niveles del Estado. Fein recordó que muchas de las iniciativas más importantes, incluida la descentralización, requirieron acuerdos con gobiernos provinciales de signo político diferente.
Esa capacidad de diálogo institucional, señaló, fue una condición indispensable para avanzar en proyectos complejos y constituye una enseñanza particularmente valiosa para el presente.
La cuarta característica fue la conformación de equipos técnico-políticos. Personas provenientes de distintos campos profesionales que comprendieron que su conocimiento podía convertirse en una herramienta de transformación social.
"No eran solamente técnicos", explicó. Eran profesionales capaces de entender que el sentido de su trabajo estaba ligado a la construcción de una ciudad más integrada, más equitativa y más democrática.
La quinta enseñanza, finalmente, fue la capacidad de transformar conflictos en acuerdos institucionales. Porque, recordó, ninguna transformación profunda se desarrolla sin tensiones.
Los debates sobre planificación urbana, usos del suelo o desarrollo inmobiliario generaron enfrentamientos intensos entre distintos sectores sociales, económicos y académicos. Sin embargo, la participación y la construcción de consensos permitieron canalizar esas diferencias hacia normas claras y reglas compartidas.
"Terminamos construyendo más que un plan de gobierno; construimos un plan de ciudad", resumió.
A lo largo de su intervención repasó distintos capítulos de esa historia colectiva. Desde la descentralización administrativa y territorial que acercó el Estado municipal a los barrios hasta la elaboración del primer Plan Estratégico Rosario (PER), presentado en 1995 como una construcción colectiva basada en cuatro grandes aspiraciones: una ciudad del trabajo, de las oportunidades, integrada al río y orientada a la creación.
También recordó los desafíos de la crisis de 2001, cuando Miguel Lifschitz asumió la Secretaría de Servicios Públicos y convocó a Levin para coordinar un equipo interdisciplinario destinado a rediseñar el sistema de transporte urbano. De ese proceso surgirían posteriormente la creación de SEMTUR y la empresa Mixta, iniciativas que modificaron profundamente la organización del transporte local.
Más adelante destacó la elaboración del PER+10 y la construcción de una nueva visión estratégica para Rosario, definida como una metrópolis moderna, territorialmente integrada, socialmente inclusiva y sustentada en la innovación, la cultura y una economía de calidad.
Esa planificación derivó en pactos sectoriales, acuerdos urbanos y, especialmente, en la elaboración del nuevo Plan Urbano Rosario, una de las transformaciones institucionales más complejas de las últimas décadas.
Fein recordó que la ciudad continuaba regulándose bajo un plan de 1967 y que durante años habían fracasado distintos intentos de actualización. Sin embargo, luego de extensos debates públicos, reuniones vecinales, discusiones académicas y negociaciones con múltiples actores, el nuevo plan logró ser aprobado por unanimidad en el Concejo Municipal.
El proceso incluyó debates sobre preservación patrimonial, regulación de la construcción, convenios urbanísticos, áreas de reserva y mecanismos de captura de plusvalías urbanas. Rosario, recordó, fue una de las primeras ciudades argentinas en desarrollar herramientas destinadas a recuperar para la comunidad parte de la valorización generada por las inversiones públicas.
La ex intendenta también evocó una experiencia personal que ilustra el espíritu de aquellos años. Junto a Clara García, Mirta Levin y otras funcionarias integró uno de los primeros gabinetes paritarios del país. Cada mañana se reunían antes de comenzar la jornada para compartir preocupaciones, apoyarse mutuamente y afrontar los desafíos de áreas particularmente complejas de la gestión.
Entre las transformaciones urbanas más significativas destacó dos que hoy forman parte de la identidad rosarina: la recuperación integral del frente costero y la creación de un sistema de espacios verdes públicos que incorporó antiguas tierras ferroviarias y portuarias.
Parques como Scalabrini Ortiz, de las Colectividades, Sunchales, España o de la Bandera fueron posibles gracias a una combinación de planificación, negociaciones urbanísticas e instrumentos innovadores que permitieron obtener suelo para uso público aun en contextos de escasez de recursos.
El último tramo de su exposición estuvo dedicado a la experiencia metropolitana. Allí ubicó a Levin como una de las figuras centrales en la consolidación del ECOM y en la construcción de una mirada regional que trascendiera los límites administrativos de Rosario.
Recordó que la conformación del ente requirió generosidad política por parte de la ciudad cabecera, cooperación con los municipios vecinos y la obtención de financiamiento internacional para ejecutar proyectos comunes. Entre ellos mencionó la recuperación del Parque de la Cabecera, las intervenciones en las 53 hectáreas de Granadero Baigorria y la elaboración de 26 planes urbanos locales articulados dentro de una estrategia metropolitana compartida.
Todos esos procesos, remarcó, tuvieron un rasgo común: la participación ciudadana. Ningún plan se concebía sin la intervención activa de vecinos, instituciones, organizaciones sociales y universidades.
Hacia el final, Fein recuperó una reflexión incluida en el propio libro y la proyectó hacia los debates actuales sobre autonomía municipal. Citó la necesidad de fortalecer los procesos de planificación y de contar con legislación urbanística que permita ejercer la autonomía local con responsabilidad, eficiencia y visión estratégica.
La autonomía, sostuvo, no puede entenderse únicamente como una cuestión administrativa. Está directamente vinculada con la capacidad de las ciudades para decidir sobre su territorio, definir el uso del suelo y construir colectivamente su futuro.
Con ese mensaje concluyó una intervención que combinó memoria, balance y proyección. Agradeció la publicación del libro y recomendó su lectura como una herramienta para comprender cómo se estructura un gobierno cuando sus políticas tienen un horizonte claro.
Según afirmó, todas las experiencias narradas por Mirta Levin estuvieron atravesadas por un mismo propósito: la integración urbana, la inclusión social, el desarrollo económico sustentable y el cuidado ambiental. Valores que, entendió, siguen ofreciendo claves indispensables para imaginar la Rosario de las próximas décadas.
La continuidad que hace posibles las ciudades
La mirada externa llegó de la mano del arquitecto Enrique García Espil, una de las figuras más reconocidas del urbanismo argentino. Ex ministro de Planeamiento Urbano y Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires, ex presidente de la Sociedad Central de Arquitectos y referente académico y profesional con una extensa trayectoria, García Espil aportó una perspectiva comparada que permitió dimensionar el alcance de la experiencia relatada por Mirta Levin.
Antes de entrar en los temas de fondo, confesó el vínculo personal y profesional que mantiene desde hace años con Rosario. Dijo sentir una profunda admiración por la ciudad y por los procesos urbanos que allí se desarrollaron, experiencias que, cada vez que le toca visitar, renuevan su capacidad de asombro.
Con humor, se definió como "el único porteño de la mesa" y sugirió que tal vez había sido invitado para evidenciar las diferencias entre la velocidad con que Rosario logró concretar determinadas transformaciones y las dificultades que muchas veces enfrentó Buenos Aires para avanzar en iniciativas similares.
A partir de allí centró su intervención en una idea que consideró esencial para comprender el libro y la experiencia que documenta: el urbanismo necesita continuidad y equipos.
A diferencia de la arquitectura, donde una obra puede ser concebida, proyectada y construida en pocos años y quedar asociada al nombre de un profesional determinado, el urbanismo requiere procesos mucho más extensos y complejos. Citando al urbanista español José María Ezquiaga, recordó que las transformaciones urbanas son siempre "procesos corales", construcciones colectivas que exigen la participación sostenida de numerosos actores a lo largo del tiempo.
Por eso destacó que una de las claves del caso rosarino fue la continuidad política e institucional que permitió sostener una misma dirección durante más de dos décadas. Enumeró los períodos de gobierno de Hermes Binner, Miguel Lifschitz y Mónica Fein, sumados a los años previos en que Mirta Levin ya formaba parte de los equipos municipales, para señalar que detrás de los resultados visibles existe una acumulación de trabajo que supera ampliamente los ciclos electorales.
Esa continuidad, explicó, hizo posible la elaboración y ejecución del Plan Estratégico Rosario, un proceso que calificó como extraordinariamente veloz por la rapidez con que logró pasar de la convocatoria inicial a la definición de objetivos y proyectos concretos.
Recordó que en apenas dos años y medio se había logrado construir una visión compartida de ciudad, sintetizada en los llamados "cinco sueños" del plan estratégico, y poner en marcha alrededor de setenta proyectos destinados a materializar esa visión.
Según planteó, los grandes resultados urbanos que hoy distinguen a Rosario son consecuencia directa de esa combinación entre continuidad política y estabilidad técnica. Entre ellos destacó especialmente la transformación de la costa sobre el río Paraná, una operación urbana que calificó como ejemplar a escala internacional.
"La manera en que Rosario recuperó y ocupó la costa con espacio público y actividades es estudiada en todo el mundo", sostuvo. A su juicio, no sólo sorprende la magnitud de la transformación, sino también la velocidad y la eficacia con que pudo concretarse.
Otro de los casos que utilizó para ilustrar la singularidad rosarina fue el proceso de descentralización administrativa y territorial.
En ese punto realizó una comparación directa con su propia experiencia en la Ciudad de Buenos Aires. Recordó que durante años la capital argentina contó con equipos técnicos de altísimo nivel y desarrolló proyectos ambiciosos para descentralizar la gestión pública. Sin embargo, muchos de esos procesos quedaron inconclusos cuando cambiaron las prioridades políticas.
"Llegamos hasta cierto punto y después se detuvo", reconoció.
Rosario, en cambio, no sólo avanzó con la creación de los distritos municipales, sino que logró convertirlos en verdaderos centros de actividad urbana. García Espil destacó especialmente la decisión de ubicar esos edificios en lugares estratégicos y transformarlos en nodos capaces de dinamizar sectores enteros de la ciudad.
A su entender, la experiencia anticipó conceptos que décadas más tarde ganarían notoriedad internacional, como la llamada "ciudad de los quince minutos", basada en la proximidad entre vivienda, servicios, cultura, comercio y espacios de encuentro.
Lo que inicialmente comenzó como una política de descentralización administrativa terminó generando nuevas centralidades urbanas, con capacidad para atraer actividades económicas, sociales y culturales.
"Los pasos que se dan en urbanismo cobran sentido cuando la propia sociedad les va agregando contenido y funciones con el paso del tiempo", reflexionó.
Pero si la transformación de Rosario le parecía notable, consideró aún más desafiante la construcción institucional del área metropolitana.
Al analizar el libro observó una diferencia interesante entre ambos procesos. Mientras la experiencia urbana de Rosario aparece narrada como una tarea consolidada, con resultados visibles y ampliamente reconocidos, la construcción metropolitana se presenta como una obra en pleno desarrollo, abierta todavía a nuevas etapas y desafíos.
En ese sentido, destacó el trabajo impulsado por Mirta Levin y Mónica Fein para consolidar el Ente de Coordinación Metropolitana (ECOM) y articular a los distintos municipios y comunas de la región.
Recordó que el proceso comenzó con un número reducido de localidades y fue ampliándose progresivamente hasta alcanzar a 26 jurisdicciones. Una tarea que describió como monumental por la dificultad que implica coordinar intereses, normativas y proyectos entre gobiernos con realidades diversas.
"Pensar algo similar para el área metropolitana de Buenos Aires parece casi imposible", admitió.
Por eso valoró especialmente el logro de haber avanzado hacia criterios comunes de planificación y ordenamiento territorial. La posibilidad de armonizar normas urbanísticas y construir una visión compartida para toda la región constituye, a su juicio, uno de los aportes más innovadores del proceso rosarino.
No obstante, señaló que se trata de una tarea todavía inconclusa. Si bien reconoció avances importantes y proyectos ya ejecutados, consideró que la etapa metropolitana se encuentra apenas en el comienzo de un camino que deberá profundizarse en los próximos años.
"La dificultad de transformar una ciudad es grande; la de transformar veintiséis al mismo tiempo es infinitamente mayor", resumió.
En el tramo final de su exposición eligió proyectar la reflexión hacia el futuro. Reconoció la enorme contribución de Mirta Levin a lo largo de más de veinticinco años dedicados al planeamiento urbano y destacó particularmente su trabajo en la elaboración de normas, códigos e instrumentos de regulación que permitieron orientar el crecimiento de la ciudad.
Recordó que Rosario atravesó períodos de fuerte expansión económica vinculados al complejo agroexportador y que uno de los mayores méritos de aquellas gestiones fue haber logrado canalizar parte de esa dinámica hacia objetivos de interés colectivo.
La captura de plusvalías urbanas, la regulación del desarrollo inmobiliario y la construcción de espacios públicos aparecen, según su análisis, como ejemplos concretos de esa capacidad para equilibrar crecimiento económico y calidad urbana.
Sin embargo, advirtió que los desafíos continúan. El nuevo ciclo de expansión económica asociado al liderazgo exportador de la región vuelve a plantear interrogantes sobre cómo gestionar las presiones del mercado y orientar el desarrollo de la ciudad.
Sin embargo, su intervención no se limitó al reconocimiento. En uno de los tramos más enfáticos de su exposición, advirtió con preocupación sobre el rumbo reciente del desarrollo urbano en la ciudad.
"Hoy en día lo que vemos es que crece el interés económico en Rosario, y a mí de golpe me aterra ver que ese interés económico pasa a ser hacer torres en el parque del Monumento a la Bandera. La verdad, alguien tiene que decir que esta no es la manera de orientar el crecimiento de la ciudad", señaló.
En ese sentido, sostuvo que el desarrollo urbano debe enmarcarse en criterios de equilibrio y regulación estatal. "El crecimiento de la ciudad tiene que ser parte de un equilibrio, con un Estado regulador donde no se permite cualquier cosa en cualquier lado, sino que hay que llevarlo a los lugares donde hace falta y orientar a que crezca donde la ciudad puede crecer", afirmó.
Y agregó una definición contundente sobre el modelo de ciudad que considera adecuado: "Nunca crecer hacia el cabo, buscar un crecimiento ordenado y equilibrado en la ciudad. Creo que esa es la tarea que tenemos por delante".
Cuando le tocó tomar la palabra, Mónica Fein habló desde un lugar singular. No sólo como ex intendenta de Rosario y ex presidenta del Ente de Coordinación Metropolitana (ECOM), sino también como una de las protagonistas directas de buena parte de los procesos que Mirta Levin reconstruye en Transformación urbanística y construcción de una institucionalidad metropolitana. Rosario 1995-2019.
Para Fein, el libro es mucho más que una reconstrucción de políticas públicas o una memoria de gestión. Es también el relato de una trayectoria profesional e intelectual estrechamente ligada a la figura de Miguel Lifschitz y a una forma particular de entender la transformación de las ciudades.
Recordó que Levin llegó a ese proyecto desde el mundo académico y técnico, pero que terminó identificándose profundamente con una visión política de la realidad y del desarrollo urbano. Por eso consideró que la publicación funciona también como un homenaje a Lifschitz, cuya figura atraviesa gran parte de las páginas.
Según señaló, el ex intendente y ex gobernador aparece reflejado como un dirigente capaz de sostener una mirada estratégica, con una enorme capacidad de trabajo y una honestidad que permitió convertir la planificación urbana en una verdadera política de Estado. Esa continuidad, sostuvo, fue uno de los hilos conductores de todo el proceso.
Fein destacó además una característica que considera distintiva del libro: la manera en que Levin narra los hechos. A diferencia de los dirigentes políticos, acostumbrados a enfatizar y adjetivar los procesos que protagonizan, la autora opta por una descripción rigurosa, precisa y profundamente documentada.
"No intenta presentar esta experiencia como algo fundacional o revolucionario", observó. Por el contrario, reconstruye los acontecimientos con el mismo rigor técnico que caracterizó su trabajo profesional y con la vocación de dejar registro de cada proceso que impulsó.
Esa práctica de documentar sistemáticamente las transformaciones urbanas fue, según Fein, una constante en la trayectoria de Levin. Por eso aseguró que este libro no es una excepción sino la continuidad de una costumbre: devolver a la sociedad el conocimiento producido desde la gestión pública.
Desde esa perspectiva, consideró que la obra debería transformarse en una lectura obligatoria para cualquier persona que aspire a ocupar responsabilidades de gobierno. No solamente para arquitectos, urbanistas o especialistas, sino para quienes entienden la política como una herramienta de transformación.
"Hay quienes llegan al gobierno simplemente para llegar", señaló. En cambio, el libro muestra una experiencia construida con otro propósito: transformar la realidad y crear nuevas instituciones capaces de sostener esos cambios.
La referencia a la "institucionalidad metropolitana" presente en el título sintetiza, a su juicio, esa vocación de construir estructuras duraderas más allá de las personas y de las gestiones.
A partir de esa lectura, Fein identificó cinco rasgos fundamentales de la experiencia relatada por Levin.
El primero fue la capacidad de combinar una mirada global con una fuerte construcción local. Rosario observó las mejores experiencias internacionales, participó en redes como CIDEU y URB-AL y se integró a espacios de intercambio con ciudades europeas y latinoamericanas. Pero esa mirada al mundo nunca significó copiar modelos de manera automática, sino adaptar aprendizajes a las necesidades concretas del territorio.
La segunda característica fue la planificación de largo plazo. Una lógica que, según recordó, obligó a pensar más allá de los tiempos electorales y de las obras que pudiera inaugurar una determinada gestión.
"¿Qué ciudad queremos?", fue la pregunta que orientó aquellos procesos. Una pregunta que involucró no sólo a los gobiernos, sino también a los vecinos, las instituciones y los distintos actores sociales convocados a imaginar colectivamente el futuro de Rosario.
En ese punto destacó especialmente el papel desempeñado por la Universidad Nacional de Rosario. Las distintas facultades y disciplinas participaron activamente en los procesos de planificación estratégica y urbana, aportando conocimientos académicos mientras, al mismo tiempo, enriquecían su propia experiencia a partir del contacto directo con las transformaciones concretas de la ciudad.
El tercer rasgo fue la articulación entre distintos niveles del Estado. Fein recordó que muchas de las iniciativas más importantes, incluida la descentralización, requirieron acuerdos con gobiernos provinciales de signo político diferente.
Esa capacidad de diálogo institucional, señaló, fue una condición indispensable para avanzar en proyectos complejos y constituye una enseñanza particularmente valiosa para el presente.
La cuarta característica fue la conformación de equipos técnico-políticos. Personas provenientes de distintos campos profesionales que comprendieron que su conocimiento podía convertirse en una herramienta de transformación social.
"No eran solamente técnicos", explicó. Eran profesionales capaces de entender que el sentido de su trabajo estaba ligado a la construcción de una ciudad más integrada, más equitativa y más democrática.
La quinta enseñanza, finalmente, fue la capacidad de transformar conflictos en acuerdos institucionales. Porque, recordó, ninguna transformación profunda se desarrolla sin tensiones.
Los debates sobre planificación urbana, usos del suelo o desarrollo inmobiliario generaron enfrentamientos intensos entre distintos sectores sociales, económicos y académicos. Sin embargo, la participación y la construcción de consensos permitieron canalizar esas diferencias hacia normas claras y reglas compartidas.
"Terminamos construyendo más que un plan de gobierno; construimos un plan de ciudad", resumió.
A lo largo de su intervención repasó distintos capítulos de esa historia colectiva. Desde la descentralización administrativa y territorial que acercó el Estado municipal a los barrios hasta la elaboración del primer Plan Estratégico Rosario (PER), presentado en 1995 como una construcción colectiva basada en cuatro grandes aspiraciones: una ciudad del trabajo, de las oportunidades, integrada al río y orientada a la creación.
También recordó los desafíos de la crisis de 2001, cuando Miguel Lifschitz asumió la Secretaría de Servicios Públicos y convocó a Levin para coordinar un equipo interdisciplinario destinado a rediseñar el sistema de transporte urbano. De ese proceso surgirían posteriormente la creación de SEMTUR y la empresa Mixta, iniciativas que modificaron profundamente la organización del transporte local.
Más adelante destacó la elaboración del PER+10 y la construcción de una nueva visión estratégica para Rosario, definida como una metrópolis moderna, territorialmente integrada, socialmente inclusiva y sustentada en la innovación, la cultura y una economía de calidad.
Esa planificación derivó en pactos sectoriales, acuerdos urbanos y, especialmente, en la elaboración del nuevo Plan Urbano Rosario, una de las transformaciones institucionales más complejas de las últimas décadas.
Fein recordó que la ciudad continuaba regulándose bajo un plan de 1967 y que durante años habían fracasado distintos intentos de actualización. Sin embargo, luego de extensos debates públicos, reuniones vecinales, discusiones académicas y negociaciones con múltiples actores, el nuevo plan logró ser aprobado por unanimidad en el Concejo Municipal.
El proceso incluyó debates sobre preservación patrimonial, regulación de la construcción, convenios urbanísticos, áreas de reserva y mecanismos de captura de plusvalías urbanas. Rosario, recordó, fue una de las primeras ciudades argentinas en desarrollar herramientas destinadas a recuperar para la comunidad parte de la valorización generada por las inversiones públicas.
La ex intendenta también evocó una experiencia personal que ilustra el espíritu de aquellos años. Junto a Clara García, Mirta Levin y otras funcionarias integró uno de los primeros gabinetes paritarios del país. Cada mañana se reunían antes de comenzar la jornada para compartir preocupaciones, apoyarse mutuamente y afrontar los desafíos de áreas particularmente complejas de la gestión.
Entre las transformaciones urbanas más significativas destacó dos que hoy forman parte de la identidad rosarina: la recuperación integral del frente costero y la creación de un sistema de espacios verdes públicos que incorporó antiguas tierras ferroviarias y portuarias.
Parques como Scalabrini Ortiz, de las Colectividades, Sunchales, España o de la Bandera fueron posibles gracias a una combinación de planificación, negociaciones urbanísticas e instrumentos innovadores que permitieron obtener suelo para uso público aun en contextos de escasez de recursos.
El último tramo de su exposición estuvo dedicado a la experiencia metropolitana. Allí ubicó a Levin como una de las figuras centrales en la consolidación del ECOM y en la construcción de una mirada regional que trascendiera los límites administrativos de Rosario.
Recordó que la conformación del ente requirió generosidad política por parte de la ciudad cabecera, cooperación con los municipios vecinos y la obtención de financiamiento internacional para ejecutar proyectos comunes. Entre ellos mencionó la recuperación del Parque de la Cabecera, las intervenciones en las 53 hectáreas de Granadero Baigorria y la elaboración de 26 planes urbanos locales articulados dentro de una estrategia metropolitana compartida.
Todos esos procesos, remarcó, tuvieron un rasgo común: la participación ciudadana. Ningún plan se concebía sin la intervención activa de vecinos, instituciones, organizaciones sociales y universidades.
Hacia el final, Fein recuperó una reflexión incluida en el propio libro y la proyectó hacia los debates actuales sobre autonomía municipal. Citó la necesidad de fortalecer los procesos de planificación y de contar con legislación urbanística que permita ejercer la autonomía local con responsabilidad, eficiencia y visión estratégica.
La autonomía, sostuvo, no puede entenderse únicamente como una cuestión administrativa. Está directamente vinculada con la capacidad de las ciudades para decidir sobre su territorio, definir el uso del suelo y construir colectivamente su futuro.
Con ese mensaje concluyó una intervención que combinó memoria, balance y proyección. Agradeció la publicación del libro y recomendó su lectura como una herramienta para comprender cómo se estructura un gobierno cuando sus políticas tienen un horizonte claro.
Según afirmó, todas las experiencias narradas por Mirta Levin estuvieron atravesadas por un mismo propósito: la integración urbana, la inclusión social, el desarrollo económico sustentable y el cuidado ambiental. Valores que, entendió, siguen ofreciendo claves indispensables para imaginar la Rosario de las próximas décadas.
La continuidad que hace posibles las ciudades
La mirada externa llegó de la mano del arquitecto Enrique García Espil, una de las figuras más reconocidas del urbanismo argentino. Ex ministro de Planeamiento Urbano y Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires, ex presidente de la Sociedad Central de Arquitectos y referente académico y profesional con una extensa trayectoria, García Espil aportó una perspectiva comparada que permitió dimensionar el alcance de la experiencia relatada por Mirta Levin.
Antes de entrar en los temas de fondo, confesó el vínculo personal y profesional que mantiene desde hace años con Rosario. Dijo sentir una profunda admiración por la ciudad y por los procesos urbanos que allí se desarrollaron, experiencias que, cada vez que le toca visitar, renuevan su capacidad de asombro.
Con humor, se definió como "el único porteño de la mesa" y sugirió que tal vez había sido invitado para evidenciar las diferencias entre la velocidad con que Rosario logró concretar determinadas transformaciones y las dificultades que muchas veces enfrentó Buenos Aires para avanzar en iniciativas similares.
A partir de allí centró su intervención en una idea que consideró esencial para comprender el libro y la experiencia que documenta: el urbanismo necesita continuidad y equipos.
A diferencia de la arquitectura, donde una obra puede ser concebida, proyectada y construida en pocos años y quedar asociada al nombre de un profesional determinado, el urbanismo requiere procesos mucho más extensos y complejos. Citando al urbanista español José María Ezquiaga, recordó que las transformaciones urbanas son siempre "procesos corales", construcciones colectivas que exigen la participación sostenida de numerosos actores a lo largo del tiempo.
Por eso destacó que una de las claves del caso rosarino fue la continuidad política e institucional que permitió sostener una misma dirección durante más de dos décadas. Enumeró los períodos de gobierno de Hermes Binner, Miguel Lifschitz y Mónica Fein, sumados a los años previos en que Mirta Levin ya formaba parte de los equipos municipales, para señalar que detrás de los resultados visibles existe una acumulación de trabajo que supera ampliamente los ciclos electorales.
Esa continuidad, explicó, hizo posible la elaboración y ejecución del Plan Estratégico Rosario, un proceso que calificó como extraordinariamente veloz por la rapidez con que logró pasar de la convocatoria inicial a la definición de objetivos y proyectos concretos.
Recordó que en apenas dos años y medio se había logrado construir una visión compartida de ciudad, sintetizada en los llamados "cinco sueños" del plan estratégico, y poner en marcha alrededor de setenta proyectos destinados a materializar esa visión.
Según planteó, los grandes resultados urbanos que hoy distinguen a Rosario son consecuencia directa de esa combinación entre continuidad política y estabilidad técnica. Entre ellos destacó especialmente la transformación de la costa sobre el río Paraná, una operación urbana que calificó como ejemplar a escala internacional.
"La manera en que Rosario recuperó y ocupó la costa con espacio público y actividades es estudiada en todo el mundo", sostuvo. A su juicio, no sólo sorprende la magnitud de la transformación, sino también la velocidad y la eficacia con que pudo concretarse.
Otro de los casos que utilizó para ilustrar la singularidad rosarina fue el proceso de descentralización administrativa y territorial.
En ese punto realizó una comparación directa con su propia experiencia en la Ciudad de Buenos Aires. Recordó que durante años la capital argentina contó con equipos técnicos de altísimo nivel y desarrolló proyectos ambiciosos para descentralizar la gestión pública. Sin embargo, muchos de esos procesos quedaron inconclusos cuando cambiaron las prioridades políticas.
"Llegamos hasta cierto punto y después se detuvo", reconoció.
Rosario, en cambio, no sólo avanzó con la creación de los distritos municipales, sino que logró convertirlos en verdaderos centros de actividad urbana. García Espil destacó especialmente la decisión de ubicar esos edificios en lugares estratégicos y transformarlos en nodos capaces de dinamizar sectores enteros de la ciudad.
A su entender, la experiencia anticipó conceptos que décadas más tarde ganarían notoriedad internacional, como la llamada "ciudad de los quince minutos", basada en la proximidad entre vivienda, servicios, cultura, comercio y espacios de encuentro.
Lo que inicialmente comenzó como una política de descentralización administrativa terminó generando nuevas centralidades urbanas, con capacidad para atraer actividades económicas, sociales y culturales.
"Los pasos que se dan en urbanismo cobran sentido cuando la propia sociedad les va agregando contenido y funciones con el paso del tiempo", reflexionó.
Pero si la transformación de Rosario le parecía notable, consideró aún más desafiante la construcción institucional del área metropolitana.
Al analizar el libro observó una diferencia interesante entre ambos procesos. Mientras la experiencia urbana de Rosario aparece narrada como una tarea consolidada, con resultados visibles y ampliamente reconocidos, la construcción metropolitana se presenta como una obra en pleno desarrollo, abierta todavía a nuevas etapas y desafíos.
En ese sentido, destacó el trabajo impulsado por Mirta Levin y Mónica Fein para consolidar el Ente de Coordinación Metropolitana (ECOM) y articular a los distintos municipios y comunas de la región.
Recordó que el proceso comenzó con un número reducido de localidades y fue ampliándose progresivamente hasta alcanzar a 26 jurisdicciones. Una tarea que describió como monumental por la dificultad que implica coordinar intereses, normativas y proyectos entre gobiernos con realidades diversas.
"Pensar algo similar para el área metropolitana de Buenos Aires parece casi imposible", admitió.
Por eso valoró especialmente el logro de haber avanzado hacia criterios comunes de planificación y ordenamiento territorial. La posibilidad de armonizar normas urbanísticas y construir una visión compartida para toda la región constituye, a su juicio, uno de los aportes más innovadores del proceso rosarino.
No obstante, señaló que se trata de una tarea todavía inconclusa. Si bien reconoció avances importantes y proyectos ya ejecutados, consideró que la etapa metropolitana se encuentra apenas en el comienzo de un camino que deberá profundizarse en los próximos años.
"La dificultad de transformar una ciudad es grande; la de transformar veintiséis al mismo tiempo es infinitamente mayor", resumió.
En el tramo final de su exposición eligió proyectar la reflexión hacia el futuro. Reconoció la enorme contribución de Mirta Levin a lo largo de más de veinticinco años dedicados al planeamiento urbano y destacó particularmente su trabajo en la elaboración de normas, códigos e instrumentos de regulación que permitieron orientar el crecimiento de la ciudad.
Recordó que Rosario atravesó períodos de fuerte expansión económica vinculados al complejo agroexportador y que uno de los mayores méritos de aquellas gestiones fue haber logrado canalizar parte de esa dinámica hacia objetivos de interés colectivo.
La captura de plusvalías urbanas, la regulación del desarrollo inmobiliario y la construcción de espacios públicos aparecen, según su análisis, como ejemplos concretos de esa capacidad para equilibrar crecimiento económico y calidad urbana.
Sin embargo, advirtió que los desafíos continúan. El nuevo ciclo de expansión económica asociado al liderazgo exportador de la región vuelve a plantear interrogantes sobre cómo gestionar las presiones del mercado y orientar el desarrollo de la ciudad.
Sin embargo, su intervención no se limitó al reconocimiento. En uno de los tramos más enfáticos de su exposición, advirtió con preocupación sobre el rumbo reciente del desarrollo urbano en la ciudad.
"Hoy en día lo que vemos es que crece el interés económico en Rosario, y a mí de golpe me aterra ver que ese interés económico pasa a ser hacer torres en el parque del Monumento a la Bandera. La verdad, alguien tiene que decir que esta no es la manera de orientar el crecimiento de la ciudad", señaló.
En ese sentido, sostuvo que el desarrollo urbano debe enmarcarse en criterios de equilibrio y regulación estatal. "El crecimiento de la ciudad tiene que ser parte de un equilibrio, con un Estado regulador donde no se permite cualquier cosa en cualquier lado, sino que hay que llevarlo a los lugares donde hace falta y orientar a que crezca donde la ciudad puede crecer", afirmó.
Y agregó una definición contundente sobre el modelo de ciudad que considera adecuado: "Nunca crecer hacia el cabo, buscar un crecimiento ordenado y equilibrado en la ciudad. Creo que esa es la tarea que tenemos por delante".
Para García Espil, las ciudades necesitan un Estado capaz de regular, establecer prioridades y garantizar que las transformaciones respondan a criterios de equilibrio territorial y bienestar colectivo. El objetivo no debe ser frenar el crecimiento, aclaró, sino conducirlo hacia aquellos lugares donde resulte más conveniente para el conjunto de la comunidad.
En ese escenario, consideró que el principal legado de la experiencia relatada por Mirta Levin no reside únicamente en las obras realizadas ni en las instituciones creadas, sino en la cultura urbanística construida durante décadas.
Los gobiernos cambian, observó, los funcionarios se renuevan y los equipos se transforman. Lo que permanece es la sociedad y, particularmente, aquellos sectores profesionales, académicos e institucionales capaces de defender una determinada idea de ciudad.
Por eso concluyó con una invitación a mirar hacia adelante. El pasado, dijo, merece reconocimiento y celebración. Pero el verdadero desafío consiste en garantizar que las herramientas construidas durante estos años sigan orientando las decisiones futuras y permitan que Rosario continúe desarrollándose de manera equilibrada, inclusiva y sostenible.
Urbanismo, política y compromiso colectivo
La última voz de la noche fue la de Mirta Levin. Arquitecta formada en la Universidad Nacional de Rosario, especialista en Patrimonio Urbano y referente indiscutida de los procesos de planificación que transformaron Rosario durante más de dos décadas, tomó la palabra visiblemente emocionada. Frente a un auditorio colmado por colegas, funcionarios, académicos y protagonistas de esa historia colectiva, reconoció que después de las intervenciones previas resultaba difícil encontrar palabras para resumir un recorrido que había atravesado gran parte de su vida profesional.
Levin comenzó aclarando que el libro no busca ser una descripción exhaustiva de cada proyecto o de cada intervención desarrollada entre 1995 y 2019. Por el contrario, explicó que se apoya en una enorme cantidad de publicaciones, informes y documentos producidos por la Municipalidad de Rosario a lo largo de esos años. Recordó que una de las premisas de las distintas gestiones encabezadas por Hermes Binner, Miguel Lifschitz y Mónica Fein fue siempre rendir cuentas de las acciones realizadas y dejar registro de los procesos desarrollados.
Por eso, señaló, la intención de esta publicación fue distinta: reunir ese vasto material disperso, ordenarlo y encontrar un hilo conductor que permitiera comprender la lógica de una transformación construida durante décadas y protagonizada por cientos de personas.
A partir de allí propuso algunas reflexiones que atraviesan el libro y que, según explicó, exceden largamente la experiencia rosarina.
La primera de ellas se refiere a la relación entre urbanismo, planificación y política. Durante años, recordó, el debate disciplinar estuvo centrado en la utilidad de los planes, sus alcances o sus limitaciones. Sin embargo, consideró que esa discusión resulta insuficiente si no incorpora una dimensión fundamental: la voluntad política.
"No hay planificación posible si no hay dirigentes dispuestos a sostenerla", planteó.
Para Levin, los planes urbanos no existen por sí mismos. Necesitan de liderazgos capaces de sostenerlos en el tiempo, de enfrentar tensiones y de tomar decisiones que muchas veces obligan a elegir entre intereses sectoriales e intereses colectivos. Esa relación entre política y urbanismo aparece, según sostuvo, como uno de los ejes centrales de la experiencia relatada en el libro.
La segunda reflexión estuvo vinculada a los fundamentos éticos del urbanismo.
Recordó la influencia que tuvo en su formación un seminario realizado en España durante los años posteriores a la transición democrática y particularmente las reflexiones desarrolladas por los urbanistas Jordi Borja y Manuel Castells. De aquellos debates rescató dos principios que, a su entender, dieron origen a la disciplina urbanística moderna: la construcción de ciudades más igualitarias y la utilización del urbanismo como herramienta para reducir desigualdades y mejorar la calidad de vida.
"Quizás nunca lleguemos plenamente a ellos, pero deberían marcar siempre nuestro rumbo", expresó.
Otro de los conceptos centrales que desarrolló fue el de urbanismo democrático y concertado.
Levin diferenció claramente la participación de la concertación. A su juicio, muchas veces los mecanismos participativos se convierten en procedimientos formales sin capacidad real de incidencia. La experiencia rosarina, en cambio, logró avanzar hacia procesos de concertación efectiva entre ciudadanía, instituciones, sectores económicos, universidades y dirigencia política.
En ese sentido destacó el aporte de la planificación estratégica, que introdujo metodologías capaces de canalizar las distintas voces hacia acuerdos concretos y objetivos compartidos.
Aquella experiencia también transformó la práctica profesional de los urbanistas. Según explicó, ya no alcanza con pensar la ciudad desde una oficina técnica aislada de la sociedad. El urbanismo contemporáneo exige conducir procesos colectivos, interpretar necesidades sociales y construir consensos para resolver problemas complejos.
La concertación, afirmó, también resultó decisiva en la construcción del marco normativo que permitió implementar el proyecto urbano de Rosario.
Levin recordó que las principales ordenanzas derivadas del Plan Urbano fueron aprobadas por unanimidad en el Concejo Municipal, luego de extensos procesos de diálogo y negociación entre los distintos bloques políticos, instituciones y actores sociales.
Ese consenso, sostuvo, fue uno de los pilares fundamentales de la experiencia.
A continuación se refirió a otro de los temas centrales del libro: la construcción de un proyecto colectivo de ciudad.
Retomando una idea del urbanista español José María Ezquiaga, señaló que los planes siempre deben responder a una pregunta previa: qué ciudad se desea construir.
Esa ciudad, aclaró, no puede ser la expresión de la voluntad de un dirigente, de un gobierno o de un grupo de especialistas. Debe surgir de un proceso colectivo capaz de interpretar las aspiraciones de la ciudadanía.
Por eso defendió la necesidad de elaborar instrumentos de planificación claros, comprensibles y comunicables para el conjunto de la sociedad.
"La gente tiene que entender cuál es el modelo de ciudad que se propone y por qué se toman determinadas decisiones", afirmó.
Según explicó, la experiencia rosarina logró construir ese proyecto común a partir de la articulación de tres grandes instrumentos: la planificación estratégica, el Plan Urbano y el Plan Integral de Movilidad. De la interacción entre esos tres procesos surgió una visión compartida que luego encontró en las normas urbanísticas las herramientas necesarias para concretarse.
Levin defendió además algunos principios que consideró irrenunciables en cualquier legislación urbana: racionalidad, sostenibilidad ambiental, equidad y seguridad jurídica.
Cuando esos principios se vulneran, advirtió, las ciudades pierden capacidad para orientar su desarrollo y garantizar reglas claras para todos los actores involucrados.
En ese contexto reivindicó una de las decisiones que marcaron la planificación rosarina: la diferenciación precisa entre áreas de preservación y áreas de renovación urbana.
Las ciudades, sostuvo, necesitan proteger aquellos espacios, edificios y paisajes que sintetizan su historia, su identidad y su memoria colectiva. Al mismo tiempo, deben generar ámbitos adecuados para la renovación y la transformación urbana.
El problema aparece cuando ambas lógicas se confunden.
Levin fue particularmente enfática al defender los barrios consolidados y los sectores de valor patrimonial frente a intervenciones que alteren de manera drástica sus características.
"La población nunca pidió grandes torres en medio de tejidos barriales consolidados", señaló, recordando que esos temas fueron discutidos durante años en jornadas participativas y espacios de debate colectivo.
Hacia el final de su intervención retomó una idea que atraviesa buena parte del libro: la necesidad de mirar la ciudad desde dos escalas simultáneas.
Por un lado, una mirada hacia adentro, que permita comprender las particularidades de cada barrio, de cada distrito y de cada comunidad. Esa perspectiva, explicó, fue fortalecida por el proceso de descentralización municipal.
Pero existe también una mirada hacia afuera, imprescindible para cualquier ciudad contemporánea.
Rosario, sostuvo, ya no puede pensarse aislada de las localidades que integran su entorno inmediato. Gran parte de los problemas urbanos actuales —movilidad, ambiente, infraestructura, desarrollo económico— sólo pueden resolverse en una escala metropolitana.
Por eso consideró que la construcción de una institucionalidad metropolitana constituye uno de los grandes desafíos del presente y del futuro.
"Gran parte de los problemas de Rosario se resuelven en el área metropolitana", afirmó, retomando una reflexión del ex alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, quien sostenía que el setenta por ciento de los problemas de una gran ciudad encuentran respuesta en su región metropolitana.
Ya en el cierre, Levin expresó que su deseo es que el libro funcione como una invitación al debate más que como una obra cerrada. Un punto de partida para nuevas discusiones sobre el futuro de Rosario, sobre la planificación urbana y sobre el papel que deben desempeñar las instituciones en la construcción de ciudades más justas e integradas.
Una invitación a seguir pensando la ciudad
Luego dedicó una serie de agradecimientos a quienes acompañaron el proceso. Destacó especialmente el papel de la Universidad Nacional de Rosario y del Colegio de Arquitectos, instituciones que consideró fundamentales tanto en la elaboración del libro como en las transformaciones urbanas que este reconstruye. Recordó la participación de docentes, investigadores y profesionales que durante años aportaron conocimiento técnico a la gestión pública, así como el compromiso del Colegio en los debates urbanos y en la construcción de los planes metropolitanos.
También agradeció a Marcelo Corti y a la editorial Café de las Ciudades por haber impulsado la publicación, a los colaboradores que revisaron y enriquecieron el manuscrito y a todas las personas que participaron, de una u otra forma, en la construcción de esta experiencia colectiva.
Finalmente, cuando los agradecimientos parecían haber concluido, hizo una última pausa.
Entonces evocó a quien aparece como una presencia constante a lo largo de las páginas del libro y de toda la historia narrada durante la noche.
"Quiero agradecer a alguien que está muy presente en todo este recorrido", dijo.
Y mirando hacia el auditorio, cerró con una dedicatoria sencilla y cargada de emoción:
"Gracias, Miguel".
La sala respondió con un aplauso prolongado. No era solamente el reconocimiento a una trayectoria personal. Era también el homenaje a una idea de ciudad construida durante décadas, a una generación de dirigentes, técnicos e instituciones que hicieron de la planificación urbana una herramienta para pensar el futuro y a una experiencia que, como quedó claro a lo largo de toda la presentación, sigue siendo una referencia ineludible para Rosario y para muchas otras ciudades del país.
Entre los asistentes se encontraban las y los concejales Alicia Pino, Manuel Sciutto y Federico Lifschitz, del Bloque Socialista, junto a María José Poncino y Mariano Romero, representantes del Bloque Peronista. También participó Hugo Quiroga, investigador y profesor titular de Teoría Política en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario.
Fotos: Prensa Joaquín Blanco, FAPyD, Mirta Levín



















