El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Este miércoles, investigadores, investigadoras y becarios se movilizaron en distintos Centros Científicos Tecnológicos del país para reclamar la continuidad de las becas posdoctorales que vencen el próximo 31 de julio y denunciar el deterioro de las condiciones laborales y presupuestarias del principal organismo de investigación científica de la Argentina.
La protesta tuvo su expresión en Rosario, donde se concentraron frente al Centro Científico Tecnológico local. Sin embargo, el conflicto trasciende la ciudad y alcanza a todo el sistema científico nacional. El foco inmediato está puesto sobre 379 becarios y becarias posdoctorales que ya concursaron para ingresar a la Carrera del Investigador Científico, pero cuyos resultados recién se conocerán en agosto del año próximo. Si son seleccionados, recién podrían incorporarse formalmente a mediados de 2028.
Ese extenso período de espera deja a cientos de científicos frente a un vacío laboral. Si sus becas concluyen el 31 de julio y no son prorrogadas, muchos quedarán sin ingresos y, al mismo tiempo, se verán obligados a abandonar investigaciones que llevan años desarrollando.
Para Andrés Carminati, historiador y becario posdoctoral del CONICET Rosario, esa situación no representa únicamente un problema administrativo. Constituye, en cambio, una amenaza para la continuidad del sistema científico argentino.
Un pedido que ya tiene antecedentes
"Somos alrededor de 400 personas en todo el país que, teniendo beca posdoctoral, nos presentamos a la Carrera del Investigador. Los resultados recién estarán en agosto del año que viene y el ingreso sería a mediados de 2028", explicó.
Por esa razón, el colectivo de becarios solicita una medida que, según remarca, ya fue aplicada en otras oportunidades: una extensión extraordinaria de las becas hasta que concluya el proceso de evaluación.
"Lo que pedimos es poder sostener nuestra línea de investigación y nuestra continuidad laboral hasta que se conozcan los resultados. Esto ya se hizo muchas veces en CONICET; no estamos planteando algo excepcional", afirmó.
La demora, además, encuentra otra explicación. Durante el año anterior no se abrió la convocatoria a la Carrera del Investigador, lo que impidió que muchos becarios pudieran concursar mientras todavía contaban con financiamiento. Esa interrupción terminó desplazando el problema hasta el presente.
El reclamo, sostiene Carminati, no es aislado. Cuenta con el respaldo de los Centros Científicos Tecnológicos de todo el país, de numerosos institutos de investigación e incluso de integrantes del directorio del propio CONICET, quienes firmaron una carta apoyando la solicitud.
"Tiene una lógica de sentido común. Si nosotros nos quedamos sin beca y tenemos que salir a hacer otra cosa, muchas líneas de investigación directamente se rompen".
"Somos alrededor de 400 personas en todo el país que, teniendo beca posdoctoral, nos presentamos a la Carrera del Investigador. Los resultados recién estarán en agosto del año que viene y el ingreso sería a mediados de 2028", explicó.
Por esa razón, el colectivo de becarios solicita una medida que, según remarca, ya fue aplicada en otras oportunidades: una extensión extraordinaria de las becas hasta que concluya el proceso de evaluación.
"Lo que pedimos es poder sostener nuestra línea de investigación y nuestra continuidad laboral hasta que se conozcan los resultados. Esto ya se hizo muchas veces en CONICET; no estamos planteando algo excepcional", afirmó.
La demora, además, encuentra otra explicación. Durante el año anterior no se abrió la convocatoria a la Carrera del Investigador, lo que impidió que muchos becarios pudieran concursar mientras todavía contaban con financiamiento. Esa interrupción terminó desplazando el problema hasta el presente.
El reclamo, sostiene Carminati, no es aislado. Cuenta con el respaldo de los Centros Científicos Tecnológicos de todo el país, de numerosos institutos de investigación e incluso de integrantes del directorio del propio CONICET, quienes firmaron una carta apoyando la solicitud.
"Tiene una lógica de sentido común. Si nosotros nos quedamos sin beca y tenemos que salir a hacer otra cosa, muchas líneas de investigación directamente se rompen".
Cuando una investigación se interrumpe
A diferencia de otros trabajos, la investigación científica no admite pausas sencillas. Detrás de cada proyecto existen años de formación, especialización y producción de conocimiento.
Carminati es historiador, pero entre los afectados hay físicos, químicos, médicos, biólogos, ingenieros, sociólogos y especialistas de prácticamente todas las disciplinas que integran el sistema científico nacional.
"El CONICET abarca todo el sistema científico. No hablamos solamente de un área específica. Si se interrumpe este proceso, quedan investigaciones a la deriva en todos los campos".
La consecuencia inmediata es doble. Por un lado, se paralizan proyectos que requieren continuidad. Por otro, cientos de profesionales altamente calificados quedan sin empleo.
"Quedan a la deriva las investigaciones y quedamos a la deriva un montón de laburantes", resume.
Quince años de formación que el Estado puede perder
Para el investigador, el conflicto también debería analizarse desde una perspectiva económica.
Cada becario representa una inversión pública sostenida durante más de una década. Universidad pública, doctorado, beca doctoral, posdoctorado y formación permanente conforman un recorrido que suele demandar entre quince y veinte años.
"Todos tenemos como mínimo quince años de formación. El Estado invirtió muchísimo dinero pensando en que siguiéramos investigando".
Interrumpir esas trayectorias, sostiene, implica desperdiciar recursos humanos estratégicos para el desarrollo del país.
La comparación que utiliza resulta gráfica: "Argentina exporta futbolistas, pero también exporta investigadores".
Según explica, muchos países desarrollados aprovechan el deterioro del sistema científico argentino para incorporar profesionales altamente capacitados que fueron formados con recursos públicos nacionales.
"Para los países centrales somos una oportunidad. Incorporan personas muy formadas por muy poco dinero porque acá el sistema termina descartándolas".
La ciencia también se fuga
La llamada fuga de cerebros vuelve a aparecer como uno de los mayores temores de la comunidad científica.
"Los países centrales saben perfectamente cuánto cuesta formar investigadores durante quince o veinte años. Nosotros destruimos esa inversión".
Para Carminati, la situación de los becarios es apenas una expresión de un proceso más amplio de desfinanciamiento.
"No es solamente un problema nuestro. Hay una destrucción del CONICET, del sistema universitario y del sistema público".
La llamada fuga de cerebros vuelve a aparecer como uno de los mayores temores de la comunidad científica.
"Los países centrales saben perfectamente cuánto cuesta formar investigadores durante quince o veinte años. Nosotros destruimos esa inversión".
Para Carminati, la situación de los becarios es apenas una expresión de un proceso más amplio de desfinanciamiento.
"No es solamente un problema nuestro. Hay una destrucción del CONICET, del sistema universitario y del sistema público".
Una inversión que cae a mínimos históricos
El investigador sostiene que el reclamo por las becas no puede separarse del contexto presupuestario que atraviesa la ciencia argentina.
"Esto ocurre en el marco de una pérdida salarial brutal y de una caída muy fuerte en la inversión en ciencia".
Según indicó, durante la gestión del presidente Javier Milei la inversión científica cayó un 56% y actualmente representa apenas el 0,14% del Producto Bruto Interno, uno de los niveles más bajos registrados desde la crisis de 2001.
La comparación internacional, dice, evidencia la distancia.
"Israel invierte el 6,35% de su Producto Bruto Interno en ciencia; Estados Unidos, el 3,5%; China, el 2,6%. No hay posibilidad de construir un país sin un sistema científico".
Su diagnóstico es contundente.
"Estamos destruyendo un sistema científico que paradójicamente funciona".
"Funciona hasta con alambre"
Pese a las restricciones económicas, el CONICET continúa produciendo investigaciones reconocidas internacionalmente.
"Funciona hasta con alambre, como tantas cosas en Argentina. Pero en algún momento va a dejar de funcionar".
Ese límite, asegura, empieza a hacerse visible.
Más de dos mil personas abandonaron el organismo en los últimos años. Algunos finalizaron sus becas sin posibilidad de continuidad; otros migraron hacia empresas privadas o al exterior en busca de mejores condiciones laborales.
"Lo que nos pasa a nosotros es una foto de una película mucho más grande".
Salarios bajos y dedicación exclusiva
Los becarios posdoctorales perciben actualmente entre 1.200.000 y 1.300.000 pesos mensuales.
Puede parecer un ingreso importante si se lo observa de manera aislada. Sin embargo, el régimen de trabajo impide complementar esos ingresos con otras actividades.
El CONICET exige dedicación exclusiva. Los becarios pueden desempeñarse únicamente con un cargo docente simple y no pueden desarrollar otra actividad profesional en el ámbito privado.
"La ciencia lleva muchísimo tiempo", explica Carminati.
Algunas investigaciones requieren una década para producir resultados.
"La ciencia es algo serio. Hoy parece que todo se resuelve con inteligencia artificial o con un hilo de Twitter. Pero incluso la inteligencia artificial existe gracias a décadas de investigación científica".
Por eso insiste en que producir conocimiento demanda tiempo, estabilidad y financiamiento.
"La mayoría seguimos acá por vocación".
Esa vocación, sin embargo, convive con salarios que considera muy por debajo de los estándares internacionales.
"Hacemos una ciencia excelente con uno de los peores salarios del mundo".
Laboratorios que resisten
El ajuste no se expresa únicamente en los sueldos.
También alcanza la infraestructura, los insumos y el funcionamiento cotidiano de los institutos.
Carminati describe laboratorios que reducen actividades, investigaciones de campo que se suspenden por falta de recursos y edificios cuyo mantenimiento resulta cada vez más difícil.
La imagen más contundente aparece cuando recuerda una situación ocurrida durante el año pasado.
"No teníamos ni papel higiénico en el CONICET".
La frase resume un deterioro que, según afirma, ya dejó de ser una discusión abstracta sobre partidas presupuestarias para convertirse en un problema cotidiano dentro de los lugares de trabajo.
Un sistema que resiste esperando tiempos mejores
El directorio del CONICET está integrado por representantes de las cuatro grandes áreas de investigación y es presidido por el médico veterinario Daniel Salamone, designado por el presidente Javier Milei para conducir el organismo.
Según explicó Carminati, varios de los directores respaldaron formalmente el pedido de los becarios mediante una carta en la que avalaron la extensión extraordinaria de las becas. Sin embargo, aclaró que la resolución no depende exclusivamente del organismo.
"Todo termina en la cuestión presupuestaria", señaló, y explicó que la asignación de los recursos necesarios debe ser autorizada por la Jefatura de Gabinete.
Mientras tanto, sostuvo que la conducción del CONICET intenta sostener el funcionamiento cotidiano del organismo con recursos cada vez más limitados. "Se ha tratado de aguantar con lo poco que hay, esperando tiempos mejores", resumió.
Esa estrategia, advirtió, tiene un costo creciente: menos recursos para laboratorios, menor financiamiento para trabajos de campo, deterioro de los edificios y una pérdida constante de investigadores. "En el medio se está desgranando", concluyó.
Lo que está en juego
Para Carminati, la discusión trasciende ampliamente la situación laboral de quienes hoy reclaman una extensión de sus becas.
Lo que está en debate, sostiene, es el lugar que la ciencia ocupará en el proyecto de país.
"Uno puede discutir prioridades presupuestarias, pero ningún país desarrollado llegó a serlo desfinanciando la investigación científica".
La Argentina construyó durante décadas un sistema de universidades públicas y organismos de investigación que logró reconocimiento internacional incluso en contextos económicos adversos. Ese capital, advierte, no puede recuperarse rápidamente una vez que se pierde.
Formar un investigador lleva años. Consolidar equipos científicos demanda décadas. Recuperar proyectos interrumpidos suele ser imposible.
Por eso insiste en que la prórroga de las becas representa apenas el primer paso de una discusión mucho más profunda.
Si cientos de investigadores deben abandonar sus laboratorios, archivos, trabajos de campo o experimentos para buscar otro empleo, no solo se romperán trayectorias personales. También quedarán inconclusas investigaciones financiadas durante años con recursos públicos y se perderá una parte del conocimiento que el país venía construyendo.
En ese escenario, la advertencia de los becarios deja de ser un reclamo sectorial para transformarse en una pregunta sobre el futuro. Porque cuando un sistema científico comienza a perder a quienes lo sostienen, el costo no se mide únicamente en presupuestos o estadísticas. Se mide, sobre todo, en oportunidades que difícilmente vuelvan. Y esa es, precisamente, la preocupación que atraviesa hoy los pasillos del CONICET: que el ajuste no termine dejando sin trabajo a cientos de investigadores, sino también sin horizonte a una de las herramientas fundamentales para pensar y construir el desarrollo de la Argentina.
Escuchá la entrevista completa:


























