viernes, 25 de septiembre de 2026

NAZA, el documental que expone testimonios de militares israelíes sobre Gaza, se podrá ver gratis en internet

La película de Yuval Abraham y Rachel Szor estará disponible a finales de noviembre en el sitio web de The Guardian. El anuncio se produce después de las amenazas del Gobierno israelí contra los directores, a quienes acusaron de "traición". El documental que expone los sistemas detrás de la matanza masiva y calculada de civiles palestinos por parte de Israel
NAZA, el documental dirigido por los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor que reúne los testimonios de 24 miembros de la inteligencia y el Ejército israelíes sobre las operaciones militares en Gaza, podrá verse gratuitamente en internet a finales de noviembre, después de su recorrido por las salas de cine.

La película estará disponible para el público mundial a través del sitio web de The Guardian, que coproduce el documental, como parte del compromiso del medio con la difusión del periodismo independiente.

"NAZA se basa en un periodismo riguroso publicado a lo largo de los últimos tres años", afirmó Harry Davies, corresponsal de investigación de The Guardian y uno de los productores de la película. "Pero es también una obra cinematográfica poderosa que pronto estará disponible en pantallas, grandes y pequeñas, de todo el mundo".

La decisión de facilitar el acceso gratuito al documental fue anunciada por Abraham en su cuenta de X. El director explicó que él y Szor tomaron la decisión junto con The Guardian "debido al interés y la importancia pública" de la película.

"NAZA será accesible en internet de forma gratuita, sin límite de tiempo, para que cualquier persona pueda verla y ver los testimonios de los soldados", escribió Abraham. Según precisó, esto ocurrirá "en unas pocas semanas, en noviembre, en la fecha más temprana que logramos fijar".

Mientras tanto, los responsables de la película han ofrecido el documental a distintos distribuidores y salas de cine de Israel sin coste, con la intención de que pueda proyectarse en el país en paralelo a su distribución internacional. The Guardian también está explorando vías para que NAZA pueda ser vista en los territorios palestinos ocupados.
Los testimonios de 24 miembros de la inteligencia y el Ejército

Rodada de noche en las azoteas de Tel Aviv, NAZA incluye entrevistas, realizadas bajo condición de anonimato, con 24 miembros de los servicios de inteligencia y del Ejército israelíes.

El documental aborda los sistemas utilizados durante las operaciones militares israelíes en Gaza y se basa en investigaciones periodísticas publicadas entre 2023 y 2025 por The Guardian, +972 Magazine y el medio en hebreo Local Call.

Según The Guardian, el título NAZA corresponde a un acrónimo utilizado por la inteligencia militar israelí para referirse, de manera eufemística, al número de civiles que se espera que mueran durante un ataque aéreo.

Abraham ha defendido el trabajo periodístico que sustenta la película. "La película se basa en una investigación periodística exhaustiva de tres años y los detalles en ella están verificados y cruzados. Hablará por sí misma y la verdad acabará saliendo a la luz", escribió.

El director ha explicado que el objetivo del documental es "generar un debate público sobre las acciones del Gobierno en Gaza, la muerte de más de 73.000 personas, la mayoría civiles, la normalización de una guerra de exterminio" y la percepción de que "no hay no involucrados".

Entre los hechos que Abraham afirma que aparecen documentados en los testimonios se encuentran el asesinato de personas desarmadas que cruzan determinadas líneas, la autorización de ataques contra viviendas familiares, la destrucción física de Gaza y disparos contra personas que acudían a centros de distribución de alimentos.

Amenazas contra los directores
El estreno de NAZA se produjo en medio de una fuerte controversia política en Israel. La semana pasada, el primer ministro Benjamín Netanyahu y distintas figuras militares y políticos de la derecha israelí pidieron que se revocara la ciudadanía de los directores y los acusaron de "traición contra el Estado".

Netanyahu afirmó que buscaría impulsar nuevas leyes que permitieran retirar la ciudadanía a quienes "manchen la reputación" de los soldados israelíes o "difamen" al Estado de Israel.

Paralelamente, decenas de activistas de derecha se concentraron frente a la casa de los padres de Szor. Según The Guardian, en el lugar se desplegaron agentes de la policía y de la policía fronteriza. Uno de los manifestantes pidió la "pena de muerte para los traidores" y reclamó que fueran demolidas las viviendas de las familias de los cineastas.

Ante estas amenazas, Abraham y Szor defendieron públicamente su decisión de realizar la película.

"Hicimos esta película impulsados por el sentido del deber de utilizar nuestra posición como israelíes para examinar los sistemas que subyacen a la matanza masiva de civiles palestinos, de la cual nuestro país es responsable", afirmaron.

"Las amenazas del Gobierno israelí de revocar nuestra ciudadanía, así como las amenazas de muerte, no cambian esta postura ni impedirán la difusión de la película. Agradecemos a nuestros colegas su solidaridad y esperamos poder compartir NAZA con el mundo entero muy pronto", añadieron.

Abraham también reivindicó el papel del periodismo frente a las acusaciones del Gobierno israelí: "El periodismo no es traición. La crítica no es traición".
Yuval Abraham y Rachel Szor

Apoyo de organizaciones y cineastas

La controversia provocó también muestras de solidaridad con los realizadores. Según The Guardian, 43 organizaciones locales de derechos humanos emitieron un comunicado conjunto en el que pidieron a las autoridades israelíes que pusieran fin a lo que describieron como incitación y amenazas contra los cineastas y que no emprendieran acciones legales contra ellos ni contra sus fuentes.

Además, más de 1.500 cineastas israelíes firmaron una petición en defensa de la "libertad de expresión y creación" y en solidaridad con Szor y Abraham.

La declaración recibió también el respaldo de cineastas internacionales como Ken Loach, Joshua Oppenheimer, Paul Laverty, Laura Poitras, Nan Goldin, Richard Eyre y Hanif Kureishi. Oppenheimer, director de The Act of Killing y The Look of Silence, calificó las acciones del Gobierno israelí como una "campaña de intimidación a gran escala".

Los directores de No Other Land
Yuval Abraham y Rachel Szor ya habían alcanzado reconocimiento internacional por No Other Land, documental que realizaron junto a los cineastas palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal.

La película obtuvo el Óscar al mejor documental en 2024. Jonathan Glazer, director de La zona de interés y Under the Skin, ejerció como productor ejecutivo de NAZA, mientras que James Wilson, de JW Films, también participó como productor.

A diferencia de No Other Land, centrada en la situación de la comunidad palestina de Masafer Yatta, NAZA aborda las operaciones militares en Gaza a través de testimonios de miembros israelíes de los servicios de inteligencia y del Ejército.

Para Abraham, el debate que pretende abrir el documental también incluye la responsabilidad de quienes fueron testigos de las operaciones militares.

"Es un deber de todo ciudadano cuyo gobierno comete crímenes saberlo y de todo soldado que fue testigo de ellos contarlo", afirmó.

La película podrá verse primero en salas y, posteriormente, a finales de noviembre, de forma gratuita y sin límite de tiempo en el sitio web de The Guardian.

38 años de Buscando Trabajo: avisos, oportunidades y miles de voces que encontraron un lugar donde ser escuchadas

Hay historias que empiezan con una gran idea. Otras, con una necesidad.

La historia de Buscando Trabajo empezó con las dos cosas.

El 25 de septiembre de 1988, a las 9 de la mañana, una voz se encendió en una frecuencia que todavía no tenía nombre. Era el 91.5 de FM, desde una pequeña sala de la vieja Escuela Pablo A. Pizzurno, en Felipe Moré y La Paz. Todavía no era, formalmente, Aire Libre, Radio Comunitaria. Pero algo ya estaba naciendo.

El programa se llamaba "Para la gente del barrio", tomado de una canción de Lalo de los Santos. Tres horas para contar lo que pasaba cerca, para leer los diarios, acercar información y poner en el aire aquello que muchas veces quedaba afuera de los grandes medios.

Y entre esa información apareció un espacio que, con el tiempo, se transformaría en una historia dentro de la historia el micro Buscando Trabajo.

En la Pizzurno no había estudio. Había una pequeña sala que hacía de biblioteca, depósito y lo que hiciera falta. Una mesa. Un par de sillas. Cajas de zapatos con los elementos técnicos. Dos pequeñas cajas metálicas color marrón: una era el transmisor de un watt; la otra, donde se conectaba el micrófono.

Había un Wincofon. Su tapa de acrílico servía de base de apoyo, el parlante estaba abajo. Allí se colocaba el micrófono de plástico cuando había que escuchar música. Había también un grabador de periodistas Sanyo, con el que llegaban algunas notas grabadas.

Eso era todo. Pero a veces todo empieza con casi nada.

A las 8:50 de aquella mañana se puso en marcha la señal de ajuste. Después sonó Ramona Galarza. A las 9 se cambió el cassette y apareció la canción de Lalo de los Santos que le daba nombre al programa. Y poco después, la voz de Rubén Blades cantando "Buscando Trabajo", para dar paso a los avisos.

Para leer los clasificados estaba La Capital. Como no eran muchos, se completaba con Clarín. El diario porteño llegaba más tarde, en manos del canillita de la otra cuadra, que golpeaba la ventana que daba a calle La Paz y dejaba el ejemplar. De ese diario salían otros avisos.

No había internet. No había correo electrónico. No había WhatsApp. No había portales de empleo. Había diarios, una radio con potencia de un watt y una ventana abierta. Y había gente. Gente que necesitaba trabajar.

En aquel septiembre de 1988, el país atravesaba un momento difícil. La inflación, la desocupación, las asonadas militares y las amenazas sobre una democracia todavía joven formaban parte de la vida cotidiana. La Capital anunciaba que el salario mínimo sería de 1.310 australes. El Banco Mundial otorgaba un crédito destinado a financiar la apertura económica. En Seúl, Argentina avanzaba a las semifinales del vóley olímpico y Martín Jaite ganaba en tenis.

En Rosario, el Gobierno provincial preparaba una tarde de rock local en el Parque Urquiza, con Fandermole, Silvina Garré, Rubén Goldín, Grafitti, Liliana Herrero, Miriam Cubelos, Punto G, Glamour, León Gieco y Antonio Tarragó Ros, entre otros.

En el dial, a esa hora, había poco para elegir. En la 102.7 se escuchaba Confrontación, la FM de LT3. La FM de LT2 se dedicaba a pasar música. Y, desde San Nicolás, llegaba con buena señal la FM de LT24.

Y, claro, la competencia de las mañanas domingueras tenía nombre propio: Almacén La Candelaria, con Don Enri, Enrique Gallardo, por LT2.

Pero en el barrio había otra competencia, mucho más urgente. La de llegar a fin de mes. La de encontrar trabajo.

Al principio fue apenas un micro. Después tuvo momentos en que se convirtió en un programa ómnibus de tres horas. Pasó por distintos horarios: de 8 a 11, de 9 a 12, de 9 a 11. Incluso tuvo una etapa diaria, de lunes a sábados, muy temprano, para llevar a cada casa las oportunidades laborales del día.

Pero siempre siguió los domingos. Porque los domingos también se buscaba trabajo.

Y porque la radio había aprendido algo esencial: no alcanzaba con leer los avisos. Había que escuchar a las personas.

Un día alguien golpeó la ventana de la escuela.

—Oí por ahí que ustedes consiguen trabajo.

La frase quedó flotando. No es lo mismo oír que escuchar. Cuando uno escucha de verdad, algo cambia.

Se le explicó que aquella era una radio que transmitía desde una escuela. Que salía determinados días y horarios. Que allí se leían los pedidos y solicitudes de empleo.

Entonces llegó una respuesta que parecía sencilla, pero que explicaba buena parte de la razón de ser de aquella radio:

—Yo no tengo FM.

Y no era el único. La mayoría no tenía FM. Y por eso la ventana se convirtió en una especie de mostrador de empleo.

Vecinas y vecinos golpeaban para preguntar si había salido algún aviso. Otros para anotar un teléfono que no habían llegado a copiar. Para saber si buscaban albañiles, electricistas, cuidadores, empleadas domésticas, serenos, vendedores.

La radio entraba por una ventana. Y la necesidad entraba por la misma ventana en sentido contrario.

Con los años llegaron otras herramientas. Y sumamos especialistas para que contaran estrategias para la búsqueda de empleo: cómo confeccionar un currículum vitae, una carta de presentación y cómo prepararse para una entrevista.

La historia de Buscando Trabajo también cambió cuando cambió el país.

La crisis de 2001 golpeó fuerte. Los avisos de empleo comenzaron a desaparecer de los diarios. Cada vez había menos oportunidades para leer al aire y cada vez eran más las personas que necesitaban encontrar una salida.

Entonces hubo que buscar otras respuestas.

En el programa comenzó a tener un espacio el ProHuerta, un programa público del INTA que, en aquellos años de emergencia alimentaria, se convirtió en una herramienta concreta para muchas familias. Desde la radio difundíamos la posibilidad de acceder a semillas, herramientas y capacitación para poner en marcha una huerta.

También promocionábamos las huertas comunitarias. No eran solamente una manera de conseguir verduras y hortalizas frescas cuando los precios se disparaban. Eran espacios de encuentro, de organización y de trabajo colectivo. Una parte de lo producido podía llegar a los comedores comunitarios o intercambiarse en los nodos de trueque.

Porque cuando el trabajo formal desaparece, la comunidad inventa otras formas de sostenerse.

Los vecinos y las vecinas se encontraban en salones parroquiales, clubes de barrio y plazas. Allí se intercambiaban alimentos, ropa, artesanías y también servicios: cortes de pelo, reparaciones, trabajos de oficio. No siempre circulaba dinero. Muchas veces circulaban créditos, objetos, saberes y, sobre todo, la necesidad de ayudarse.

En Buscando Trabajo también aportábamos una herramienta propia de Aire Libre, Radio Comunitaria: "Quiero y Tengo", nuestro sistema de canje.

La propuesta era sencilla. Quiero: ropa de abrigo para un adulto mayor. Tengo: ropa en buen estado para un niño de cuatro años.

Alguien necesitaba algo y otra persona tenía algo para ofrecer.

En esos años aprendimos que buscar trabajo no siempre significaba encontrar un empleo. A veces significaba encontrar una manera de volver a hacer, de producir, de intercambiar, de organizarse con otros.

Las huertas, los trueques, los canjes y los comedores fueron también espacios donde muchas personas recuperaron algo que la crisis les había quitado: la posibilidad de sentirse necesarias, de poner en juego lo que sabían hacer y de construir, junto a otros, una respuesta frente a la emergencia.

Buscando Trabajo tuvo que cambiar porque la realidad había cambiado. Cuando los avisos desaparecieron de los diarios, no desapareció la necesidad. Y tampoco desapareció la radio. Simplemente, hubo que empezar a buscar por otros caminos.

Pero nunca desapareció aquella esencia inicial. Un aviso podía ser el comienzo de algo.

Como aquel pedido de Ana Medrano: necesitaba una señora para cuidar a su hijo de cinco años durante pocas horas y ofrecía, a cambio, una habitación.

Laura llamó. Estaba sin trabajo. Tenía dos hijos pequeños. Si la aceptaban, podía acomodarse y cumplir con lo que necesitaban.

Las dos historias se encontraron en el aire.

Se habló. Se escuchó. Quedaron en ver si podían llegar a un acuerdo.

Una oyente mandó un mensaje: "Se escucha una piba buena y honesta".

A veces la radio no consigue un trabajo. A veces consigue algo más difícil: que dos personas puedan encontrarse.

Y también están los mensajes que llegan cuando el trabajo todavía no aparece: "Estoy buscando trabajo a dos manos y nada. Es el sistema y la edad, pero no hay que aflojar. Seguramente algo hay para mí en este planeta".

Y están los otros. Los que llegan después de la espera: "Después de un tiempo encontré trabajo. Hoy ya hace un mes y me gusta mucho. Quiero decirles a todas aquellas personas que estén buscando trabajo que tengan paciencia y esperanza. Muchas gracias".

Entre un mensaje y otro pasan meses, a veces años. La radio aprende a esperar junto con quienes esperan. Pero Buscando Trabajo también terminó siendo otra cosa: un lugar donde se habla del trabajo porque, muchas veces, hablar del trabajo es hablar de la vida.

Julián llamó una vez cuando terminó el programa. Quería hablar con el conductor.

—Te quería contar lo que me pasó anoche. El barrio está peligroso.

Y contó. Con detalles. Largo. Como quien necesita sacar de adentro algo que pesa. Después pidió disculpas por lo extenso. No hacía falta.

Había miedo. Había ocurrido un hecho violento. Había una persona necesitando ser escuchada.

La despedida fue sencilla:

—Mi teléfono lo tenés. Te quedó en el WhatsApp.

Y del otro lado:

—Cualquier cosa me llamás.

Eso también es una radio comunitaria. No solamente transmitir. Estar.

Treinta y ocho años después, la tecnología cambió casi todo. Pero hay cosas que no cambiaron.

Ahora un currículum puede viajar en segundos. Se manda por correo, se adjunta un archivo, se completa un formulario. Y muchas veces nadie responde.

Un oyente lo contó hace poco. Tiene primario, secundario y un terciario incompleto. Es electricista domiciliario, balancero, trabajó en seguridad y tiene experiencia en distintas tareas. Había enviado su currículum. Lo llamaron.

La entrevista fue para cuidar máquinas de Vialidad, cerca de la ruta A012 y la 34. La propuesta era trabajar de noche, de lunes a lunes, desde las cinco de la tarde hasta las ocho de la mañana: quince horas por día, por un millón y medio de pesos mensuales. Pero había condiciones: había que tener vehículo propio, no había baño y, si llovía, había que quedarse dentro del auto.

No entregaban radio ni herramientas ni elementos de comunicación. Había que trabajar con el teléfono propio. No había viáticos. El trabajo era informal.

Y el hombre hizo las cuentas: casi 25 kilómetros de ida, casi 50 kilómetros diarios. Si el auto se rompía, parte de lo que ganaba se iría en repararlo.

Lo que más le indignaba no era solamente el sueldo. Era la falta de condiciones elementales: "Ni siquiera contar con un baño para hacer las necesidades básicas". Terminó hablando de esclavitud.

Y antes de despedirse pidió perdón por lo largo del mensaje. Otra vez, no hacía falta.

Porque después de 38 años, Buscando Trabajo sigue siendo eso: un lugar donde alguien puede contar lo que le pasa.

Tal vez por eso aquella vieja cortina musical todavía tiene sentido.

"Voy buscando pa' trabajar, voy por las calles de la ciudad…" La canción habla de alguien que busca y busca. Pero aquí hay algo diferente.

Durante 38 años, quienes buscaron trabajo no estuvieron completamente solos. Hubo una voz que leyó un aviso. Una persona que golpeó una ventana. Una oyente que recomendó a otra. Un teléfono que sonó. Un currículum que llegó. Una entrevista. Una oportunidad. Un mensaje agradeciendo después de conseguir un trabajo. Otro mensaje que alertó sobre una estafa.

Y también hubo frustraciones, abusos, silencios, puertas cerradas y condiciones que nunca deberían naturalizarse.

También hubo avisos que, con el tiempo, terminaron mostrando otra cara del mundo del trabajo. Un domingo apareció un pedido para trabajar como camareras en Italia. Ofrecían un buen sueldo y aseguraban que se ocuparían de los papeles necesarios para viajar y trabajar. La información era escasa y, ante la consulta de las interesadas, la sugerencia fue acercarse al hotel céntrico que figuraba como referencia y preguntar todo: dónde era exactamente el trabajo, de qué se trataba, quién hacía la contratación, cuáles eran las condiciones y cómo se realizaría el viaje. Un año más tarde se conoció que detrás de aquella propuesta funcionaba una organización dedicada a la trata de personas.

Otra historia fue mucho más cercana. Todas las semanas, un señor que vivía a apenas dos cuadras de la radio publicaba un aviso en el que buscaba una chica para tareas de limpieza. Como siempre, desde el programa marcábamos el alerta cuando algo no terminaba de cerrar. Hasta que un día alguien tocó el timbre de la radio y advirtió: "Es un abusador. Para eso nos quiere". Al día siguiente, aquel hombre y su historia formaban parte de las crónicas de la televisión.

Con el tiempo, esa mirada sobre los avisos también nos llevó a involucrarnos de manera más directa en la discusión sobre la trata de personas. Desde Buscando Trabajo difundimos y acompañamos un petitorio dirigido a las autoridades del diario La Capital, en el que se reclamaba la eliminación de los avisos clasificados que promocionaban servicios de oferta sexual, señalados como una de las principales vías de captación para la trata de personas.

Pero no solamente pusimos la mirada sobre esos avisos. También comenzamos a prestar especial atención a aquellos que aparecían dentro del propio rubro “Trabajo” y que, detrás de una supuesta oferta laboral, dejaban entrever con claridad la búsqueda de mujeres jóvenes con fines de explotación sexual. Eran avisos que obligaban a leer más allá de las palabras y a preguntarse qué había realmente detrás de una propuesta de empleo.

Fue también una manera de aportar, desde la radio, al proceso de concientización sobre la trata de personas con fines de explotación sexual, entendida como una violación de los Derechos Humanos y una clara manifestación de violencia contra las mujeres. Teníamos claro que un medio de comunicación no podía convertirse en una herramienta para facilitar la trata y la explotación sexual a cambio de un rédito económico.

Así, aquel espacio que había nacido para leer avisos y acercar oportunidades de trabajo fue aprendiendo también a cuestionar algunos de esos avisos, a advertir sobre los riesgos y a preguntarse qué responsabilidad tenía la radio frente a lo que ponía en el aire. Porque buscar trabajo también podía significar aprender a reconocer cuándo una oferta de trabajo no era realmente una oferta de trabajo.

De esas experiencias también está hecha la historia de Buscando Trabajo. De los avisos que abren una puerta, pero también de los que obligan a mirar dos veces antes de cruzarla. De aprender que detrás de una propuesta laboral puede haber una oportunidad, una estafa o incluso algo mucho más grave. Y que, en esos casos, escuchar también significa advertir, preguntar y levantar la voz a tiempo.

Porque buscar trabajo es mucho más que buscar un sueldo. Es buscar un lugar. Una posibilidad. Una manera de sentirse útil. Una forma de sostener una familia. De recuperar un poco de tranquilidad. De levantarse cada mañana con un motivo.

Por eso aquel pequeño transmisor de un watt terminó teniendo una potencia que no se mide en watts. La potencia de escuchar. La potencia de acompañar. La potencia de hacer circular una información que puede cambiarle el día —y a veces la vida— a alguien.

El 25 de septiembre de 1988, en una pequeña sala de la Escuela Pablo A. Pizzurno, comenzó una historia.

Y también hubo frustraciones, abusos, silencios, puertas cerradas y condiciones que nunca deberían naturalizarse.

No son solamente historias individuales.

De acuerdo con los datos oficiales difundidos este jueves por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en el primer semestre de 2026 el Gran Rosario registró un 23,1% de personas por debajo de la línea de pobreza, mientras que la indigencia alcanzó al 6,2%. En términos absolutos, el organismo estimó 315 mil personas pobres, pertenecientes a unos 90 mil hogares, y 84 mil personas en situación de indigencia, correspondientes a unos 26 mil hogares.

A ellos se suman las personas que, aun teniendo un trabajo remunerado, buscan otro. Trabajan, pero necesitan más. Buscan completar un ingreso que ya no alcanza para sostener el mismo nivel de vida.

Son números. Pero detrás de cada número hay alguien que alguna vez pudo haber dicho frente a un micrófono: "Estoy buscando trabajo".

Y ahí aparece también la política. Porque las condiciones en las que se busca trabajo no ocurren en el vacío. La caída del poder adquisitivo, la precarización, la necesidad de sumar horas o de buscar un segundo empleo forman parte de una discusión más amplia sobre el rumbo económico del país y sobre las consecuencias de las políticas aplicadas desde que La Libertad Avanza llegó al gobierno.

Treinta y ocho años después de aquel primer programa, Buscando Trabajo sigue recibiendo las consecuencias concretas de esas discusiones: en un pedido de ayuda, de alguien que necesita cambiar de empleo o de una persona que, sencillamente, pregunta si alguien sabe de algún trabajo.

En el Gran Rosario, la pobreza y la indigencia tienen hoy cifras concretas. Pero para una radio comunitaria esas cifras nunca son solamente porcentajes. Son las personas que llaman, los mensajes que llegan, los currículums que se envían, las historias que se cuentan y las preguntas que siguen apareciendo del otro lado del micrófono.

Porque buscar trabajo es mucho más que buscar un sueldo. Es buscar un lugar. Una posibilidad. Una manera de sentirse útil. Una forma de sostener una familia. De recuperar un poco de tranquilidad. De levantarse cada mañana con un motivo.

Por eso aquel pequeño transmisor de un watt terminó teniendo una potencia que no se mide en watts.

La potencia de escuchar. La potencia de acompañar. La potencia de hacer circular una información que puede cambiarle el día —y a veces la vida— a alguien.

El 25 de septiembre de 1988, en una pequeña sala de la Escuela Pablo A. Pizzurno, comenzó una historia.

Había una mesa, un par de sillas, un Wincofon, un grabador Sanyo, un transmisor metido en una cajita de metal y una ventana abierta.

Y del otro lado de esa ventana, un barrio entero buscando algo.

Treinta y ocho años después, la ventana sigue abierta.

La radio también.

Y cada vez que alguien dice:

—Estoy buscando trabajo…

la historia vuelve a empezar.

Amigos, amigas, amigues: bienvenidos a un nuevo año de nuestro "Buscando Trabajo".

Y seguiremos cerrando como el primer día con este mensaje: Nos vamos, les deseamos un buen domingo para todos y todas y una gran semana y ojalá no nos escuchen más. Señal de que consiguieron trabajo. O quieren seguir con el Buscando para conseguir algo mejor. Nos estamos escuchando....

jueves, 24 de septiembre de 2026

Clarín impone una norma que restringe a sus trabajadores compartir información sobre sus salarios

La Comisión Interna de trabajadores de Clarín/AGEA rechazó de manera unánime una actualización de las políticas internas de la empresa que, según denunció, considera una "falta seria" que los empleados compartan entre sí información sobre sus remuneraciones.

El planteo fue difundido este jueves a través de la cuenta de X de la Comisión Interna de Clarín. Según explicaron los trabajadores, la nueva normativa está incluida en un documento de unas 150 páginas que los empleados debían aceptar para acceder al correo corporativo.

El apartado cuestionado establece: "Las remuneraciones son administradas individualmente en un ámbito de estricta confidencialidad y la Unidad de Negocios espera de sus empleados idéntica actitud. En consecuencia, el compartir entre empleados información acerca de sus remuneraciones es considerado una falta seria".

Para la representación gremial, esto implica que un trabajador podría ser sancionado por contarle a un compañero cuánto cobra. "El salario es nuestro", señalaron, al cuestionar la disposición y defender el derecho de los empleados a intercambiar información sobre sus ingresos.

La Comisión Interna también cuestionó la política salarial de la empresa y sostuvo que la confidencialidad podría impedir que los trabajadores conozcan diferencias salariales entre personas que realizan tareas similares. En su publicación, afirmó además que Clarín paga salarios que están cada vez más lejos de la línea de la pobreza y más cerca de la indigencia.

Los trabajadores calificaron la medida como "ilegal" y sostuvieron que contradice derechos constitucionales, aunque no detallaron en el hilo qué normas específicas fundamentarían esa interpretación.

Ante la nueva política interna, la asamblea de trabajadores y trabajadoras de Clarín/AGEA resolvió por unanimidad rechazarla y exigir a la empresa que la modifique.

"Caso contrario, nos reservamos el derecho de accionar judicialmente", advirtió la Comisión Interna.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Grandes cadenas de noticias de EU suspenden cobertura conjunta de Trump tras veto de la Casa Blanca

CNN, MS NOW y Politico anunciaron una demanda contra la Administración de Donald Trump luego de que sus periodistas fueran vetados de la Casa Blanca. En solidaridad, CBS, ABC, NBC y Fox News decidieron suspender su participación en el sistema de cobertura conjunta de las actividades presidenciales
Las principales cadenas televisivas de Estados Unidos suspendieron su participación en el sistema de cobertura conjunta de las actividades del presidente Donald Trump, conocido como pool, en respaldo de CNN, MS NOW y Politico, cuyos periodistas fueron vetados de la Casa Blanca.

CNN, MS NOW y Politico anunciaron este lunes que presentarán una demanda contra la Administración de Trump, después de que sus corresponsales fueran privados del acceso al recinto presidencial y sus acreditaciones de prensa fueran desactivadas o confiscadas.

En respuesta, CBS, ABC, NBC y Fox News comunicaron a la Casa Blanca que no sustituirán a CNN en el pool televisivo ni participarán en las coberturas designadas bajo ese esquema.

El sistema de pool permite que uno de los medios acreditados acompañe al presidente en determinados actos y produzca imágenes que posteriormente son compartidas con el resto de las organizaciones periodísticas.
 
CNN, MS NOW y Politico demandarán a la Administración
Los tres medios informaron que notificaron al gobierno estadunidense su decisión de recurrir a los tribunales para defender sus derechos amparados por la Primera Enmienda de la Constitución.

“Sin previo aviso ni proceso, la Casa Blanca revocó las credenciales de nuestras periodistas porque tenía objeciones a nuestra cobertura”, señalaron CNN, MS NOW y Politico en un comunicado conjunto.

Las organizaciones sostuvieron que, si la medida no es impugnada, podría afectar la libertad de prensa y el derecho del público a recibir información independiente sobre las actividades del gobierno.

La demanda está dirigida contra Trump, su jefa de gabinete, Susie Wiles; el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, y el responsable del Servicio Secreto, Sean Curran.

El conflicto comenzó el viernes, cuando Trump anunció en su red social que prohibiría el acceso de CNN, MS NOW y Politico a la Casa Blanca, al acusarlos de difundir “noticias falsas”.

El presidente sostuvo que las organizaciones publican de manera constante información que considera falsa y afirmó que podría ampliar las restricciones a otros medios.

Durante un encuentro con periodistas en el Despacho Oval, Trump reiteró sus acusaciones y afirmó que esos medios publican información negativa sobre su administración y sobre los republicanos.

La Casa Blanca no ha presentado, en las declaraciones citadas, pruebas específicas que sustenten cada una de las acusaciones formuladas por el presidente contra las tres organizaciones.

Corresponsales fueron rechazadas en la Casa Blanca
La medida comenzó a aplicarse el sábado, cuando tres periodistas que cubren habitualmente la Casa Blanca intentaron ingresar al recinto.

Betsy Klein, corresponsal de CNN, y Akayla Gardner, de MS NOW, informaron en transmisiones en vivo que sus acreditaciones habían sido desactivadas al llegar a los controles de seguridad.

Klein señaló que su acreditación permanente, conocida en Washington como hard pass, fue confiscada. Según relató, fue remitida a la oficina de prensa de la Casa Blanca para solicitar explicaciones.

Gardner, por su parte, explicó que pudo atravesar los primeros controles, pero que un agente le informó posteriormente que su credencial estaba deshabilitada y le pidió que la entregara. Según la periodista, el funcionario le indicó que la decisión provenía de un nivel superior.

Poco después, Politico informó que a su corresponsal en la Casa Blanca, Cheyenne Haslett, también se le negó la entrada y se le confiscó la acreditación.

Los tres medios habían anticipado que defenderían judicialmente sus derechos.

CNN afirmó que no se desviará de su responsabilidad de exigir cuentas al gobierno y a otras instituciones públicas. MS NOW señaló que adoptaría todas las medidas necesarias para defender sus derechos constitucionales y el papel del periodismo independiente.

Las grandes cadenas abandonan el ‘pool’ presidencial
La primera consecuencia del veto se produjo este lunes.
CNN estaba prevista para encargarse de la cobertura conjunta de las actividades de Trump durante un viaje presidencial a Nueva York. Sin embargo, su participación desapareció del plan de medios distribuido por la Casa Blanca.

CBS, NBC, ABC y Fox News comunicaron entonces que ninguna de ellas reemplazaría a CNN.

“Por la presente se informa que, a partir de hoy, el grupo de periodistas televisivos no cubrirá los eventos designados como cobertura conjunta del Presidente”, señaló Bryan Boughton, jefe de la oficina de Fox News en Washington y presidente del grupo de periodistas televisivos, en una comunicación dirigida a la Casa Blanca.

La decisión implica que las cadenas no acudirán a las actividades que sean designadas como parte del pool ni compartirán posteriormente sus imágenes con los demás medios.

La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca cuestiona el veto
La presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA, por sus siglas en inglés), Jacqui Heinrich, pidió al gobierno de Trump restablecer de inmediato el acceso de los tres medios.

Heinrich advirtió que las consecuencias de la medida podrían extenderse más allá de CNN, MS NOW y Politico.

“El pueblo estadounidense, a través de una prensa libre e independiente, debe poder escrutar a quienes son elegidos para ejercer el poder, independientemente de si los funcionarios del gobierno lo ven de forma favorable”, sostuvo.

La WHCA agrupa a periodistas que cubren de manera permanente la actividad presidencial, incluidos corresponsales de medios estadunidenses e internacionales.

La Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos protege, entre otros derechos, la libertad de prensa.
 
Un conflicto con antecedentes
El enfrentamiento entre Trump y CNN tiene un antecedente judicial.

En 2018, durante el primer mandato de Trump, la Casa Blanca retiró temporalmente la acreditación al entonces corresponsal de CNN Jim Acosta después de un tenso intercambio durante una conferencia de prensa.

Un juez ordenó posteriormente restituir la acreditación de Acosta.

Desde su regreso a la presidencia, Trump ha mantenido distintos enfrentamientos con organizaciones periodísticas. Su administración también ha emprendido acciones legales contra medios y ha restringido el acceso de algunos periodistas a determinados espacios presidenciales.

Entre los casos recientes se encuentra el de The Associated Press (AP), cuyos periodistas fueron excluidos de determinados actos presidenciales después de que la agencia se negara a adoptar el nombre de “golfo de América” para el golfo de México en sus informaciones.

La AP presentó una demanda contra la Administración y el litigio continúa.

Trump también ha mantenido disputas legales con otros medios, entre ellos The New York Times y The Wall Street Journal, mientras que su gobierno ha enfrentado otros conflictos relacionados con organizaciones periodísticas y medios de comunicación.
 
Debate sobre la libertad de prensa
La decisión contra CNN, MS NOW y Politico ha provocado críticas de organizaciones periodísticas y especialistas en derecho de medios.

La profesora Amy Kristin Sanders, de la Universidad Estatal de Pensilvania, afirmó que las acciones de la Administración de Trump representan un cambio respecto de las normas tradicionales que han regido la relación entre la Casa Blanca y la prensa.

El analista de medios de CNN Brian Stelter calificó el caso como una cuestión que trasciende a la propia cadena y lo vinculó con el debate sobre la libertad de expresión en Estados Unidos.

Estas valoraciones forman parte del debate público sobre las medidas adoptadas por la Administración y sus implicaciones para la prensa. La disputa deberá ser resuelta, en última instancia, por los tribunales.

La AP expresó asimismo su respaldo a las organizaciones afectadas. En un comunicado difundido el sábado, la agencia sostuvo que ninguna organización periodística ni persona debería ser objeto de represalias gubernamentales por las palabras que utiliza.

El caso abre ahora una nueva disputa entre la Casa Blanca y parte de la prensa estadunidense, mientras CNN, MS NOW y Politico se preparan para llevar ante los tribunales la decisión de negarles el acceso a la sede presidencial.
Fotos: AP Photo / Jose Luis Magana
Fuentes: Agencias Agence France-Presse, The Associated Press, Diario El País

Paramount llega a un acuerdo antimonopolio y despeja el camino para la compra de Warner Bros. Discovery

Por: Gene Maddaus y Payton Turkeltaub

Paramount Skydance llegó a un acuerdo con los fiscales generales de 12 estados de Estados Unidos que elimina uno de los principales obstáculos para concretar su adquisición de Warner Bros. Discovery, una operación valuada en 111.000 millones de dólares y considerada la mayor fusión de la historia de Hollywood.

El acuerdo se alcanzó después de un fin de semana de intensas negociaciones y poco antes de que Paramount comenzara a acumular, a partir del 1 de octubre, una penalización de 7 millones de dólares diarios, un hito que había adquirido especial importancia en el proceso. Bloomberg fue el primero en informar sobre el acuerdo, seguido por The Wall Street Journal. Una fuente también confirmó la operación a Variety.

La fusión permanecía suspendida a la espera de la resolución de la demanda antimonopolio presentada por los estados, cuyo juicio estaba previsto para el 2 de marzo de 2027.

Los detalles completos del acuerdo todavía no fueron hechos públicos. Entre los principales puntos discutidos durante las negociaciones estuvieron los compromisos de Paramount de mantener su actividad en California y las garantías sobre sus niveles de producción. También se debatieron cuestiones vinculadas con la supervisión editorial de CBS News y CNN, una preocupación especialmente importante para los fiscales generales de la Costa Este.

Según fuentes citadas por Variety, el acuerdo no exige a Paramount realizar desinversiones importantes.

La coalición de 12 estados estuvo encabezada por el fiscal general de California, Rob Bonta, y presentó la demanda para bloquear la operación en julio, pese a que el Departamento de Justicia de Estados Unidos había dado previamente su aprobación.

Desde entonces, Bonta había insistido en la necesidad de establecer "medidas estructurales contundentes", una expresión que había sido interpretada como una posible exigencia de importantes desinversiones por parte de Paramount.

El acuerdo fue cuestionado por sectores que se oponían a la fusión. Alvaro Bedoya, asesor principal del American Economic Liberties Project, acusó a Bonta de ceder ante la presión ejercida por Paramount y también criticó al gobernador de California, Gavin Newsom, y a Xavier Becerra, quien aspira a sucederlo.

"Hoy, los multimillonarios volvieron a abrirse camino hasta la cima mediante sobornos, censura e intimidación", afirmó Bedoya. También sostuvo que los trabajadores de la industria cinematográfica y televisiva, así como las pequeñas empresas que dependen de ella, se verían perjudicados.

La demanda de la WGA
En paralelo, la Writers Guild of America (WGA) había presentado en julio su propia demanda para intentar bloquear la fusión. El caso estaba previsto para ser tratado junto con la demanda de los estados en marzo, pero la organización finalmente llegó a un acuerdo separado con Paramount.

La WGA East y la WGA West, que representan conjuntamente a los guionistas, explicaron que la decisión se produjo después de que los fiscales generales de los 12 estados alcanzaran su propio acuerdo con Paramount.

"Seguimos creyendo que la fusión causará daños a los guionistas y a la industria en su conjunto", señaló la organización. Sin embargo, explicó que, como entidad sin fines de lucro, debía afrontar la realidad de continuar con un complejo litigio antimonopolio sin el respaldo de las autoridades gubernamentales y con costos que podrían ascender a millones de dólares hasta llegar a juicio.

Como parte del acuerdo, Paramount se comprometió a prohibir durante cinco años los despidos de guionistas en CBS News Broadcast. Además, pagará 17,5 millones de dólares al fondo de salud de la WGA, junto con los honorarios legales derivados del litigio.

Aunque la WGA reconoció que no logró bloquear la fusión, sostuvo que su campaña contribuyó a poner el foco en los posibles efectos de esta operación y de otros procesos de concentración dentro de la industria.

"Seguiremos luchando contra los efectos de la concentración de la industria", afirmó la organización.

La WGA también planteó la necesidad de una separación estructural entre las plataformas de streaming y los estudios para promover una mayor competencia en materia de programación. Como antecedente, mencionó las antiguas Financial Interest and Syndication Rules (Fin-Syn), normas que durante décadas limitaron la participación de las cadenas de televisión abierta en la producción y distribución de contenidos.

Una batalla legal que duró meses
La jueza Araceli Martínez-Olguin, a cargo de la demanda antimonopolio presentada por los estados, había impuesto en julio una orden de restricción de 28 días y consideró que los fiscales generales habían presentado argumentos sólidos para sostener que la operación podía perjudicar la competencia en los mercados de televisión por cable básica y exhibición cinematográfica.

Paramount posteriormente aceptó suspender la operación hasta la celebración de un juicio sobre el fondo del caso, en lugar de enfrentarse a una solicitud de los estados para obtener una medida cautelar que impidiera provisionalmente la fusión.

Los fiscales generales sostenían que la operación podía provocar precios más altos y menos opciones para las salas de cine y para los proveedores de televisión por cable y satélite, que a su vez podrían trasladar esos mayores costos a los consumidores.

Paramount, en cambio, defendió durante todo el proceso que la operación era favorable a la competencia y que permitiría aumentar la producción de contenidos mientras la compañía intenta competir con gigantes del streaming como Netflix y Amazon.

En las últimas semanas, Paramount había incrementado la presión sobre Bonta para que abandonara el litigio. Entre otras medidas, llegó a amenazar con abandonar California y trasladar parte de sus operaciones a Texas o Tennessee. La compañía también recurrió a legisladores demócratas del estado para que instaran a Bonta a alcanzar un acuerdo. Los sindicatos IATSE y Directors Guild of America (DGA) también habían presionado a favor de una solución negociada.

Cinema United, la asociación comercial que representa a las salas de cine, inicialmente se había opuesto con firmeza a la fusión. Sin embargo, después de que sus tres mayores integrantes —AMC, Cinemark y Regal— expresaran uno tras otro su respaldo a un acuerdo, la organización modificó su posición y también pidió una salida negociada.

Esto dejó a Bonta y a los demás fiscales generales en una situación más compleja para intentar demostrar un perjuicio económico para los exhibidores, ya que varios de ellos habían dejado de respaldar públicamente la oposición a la operación.

Con el acuerdo alcanzado con los estados y el posterior entendimiento con la WGA, Paramount elimina dos de los principales frentes legales que amenazaban con retrasar o impedir la adquisición de Warner Bros. Discovery.
Fotos: Michael Nagle/Bloomberg - Getty Images
Fuente: Variety


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sábado, 19 de septiembre de 2026

Supresión de identidad: cuando una partida de nacimiento no cuenta toda la historia

Ocho personas que intentaban reconstruir sus orígenes llegaron, por caminos diferentes, hasta el mismo nombre. Una investigación de la Justicia Federal de Rosario tiene como principal acusada a Dolly Edith Viale de Garrido, una partera de 88 años que trabajó en el Hospital Roque Sáenz Peña. La Fiscalía investiga un hecho concreto ocurrido en 1970 y una hipótesis más amplia que comprende nacimientos registrados entre 1968 y 1980. En el medio aparecen estudios de ADN, partidas de nacimiento, archivos hospitalarios, inscripciones tardías, familias que guardaron secretos durante décadas y una pregunta que atraviesa todas las historias: quiénes fueron realmente sus padres biológicos.

Hay historias que comenzaron hace más de cincuenta años y que, sin embargo, todavía buscan respuestas en el presente.

La Justicia Federal de Rosario formalizó una investigación contra una mujer de 88 años que se desempeñó como partera en el área de maternidad del Hospital Roque Sáenz Peña. La Fiscalía le atribuye, entre otros hechos que son materia de investigación, haber confeccionado en 1970 un certificado de nacimiento con datos falsos sobre la filiación de una beba.

Pero la causa va más allá de ese episodio. El expediente reúne las denuncias de personas que aseguran haber sufrido la supresión de su identidad y que, por distintas circunstancias, comenzaron a sospechar que la historia familiar que conocían podía no coincidir con su origen biológico.

Durante la audiencia en la que se formalizó la investigación, la fiscal federal Soledad García explicó que, por el momento, existe una imputación concreta por uno de los hechos, pero que la hipótesis de la Fiscalía es más amplia y comprende un período que va desde 1968 hasta 1980. Según esa hipótesis, la entonces partera habría separado bebés de sus madres biológicas y los habría entregado a otras personas a cambio de dinero. Esa hipótesis deberá ser investigada y probada en cada uno de los casos.

García aclaró que la investigación no atribuye responsabilidad al Hospital Público Roque Sáenz Peña como institución. La referencia al hospital aparece porque la mujer investigada trabajaba allí y, según la hipótesis fiscal, esa actividad podía haberle permitido acceder a mujeres embarazadas y también a documentación en blanco que posteriormente habría sido utilizada para registrar nacimientos con información falsa.

El juez de garantías Eduardo Rodríguez Da Cruz rechazó el planteo de prescripción presentado por la defensa y formalizó la investigación. La causa continúa en etapa investigativa y será la Justicia la que deberá establecer qué ocurrió en cada uno de los casos denunciados.

La fiscal explicó que el paso del tiempo no impide necesariamente reunir elementos de prueba. También señaló que el delito investigado —supresión de identidad y falsificación ideológica— contempla una pena mínima de tres años y que, aun en caso de una eventual condena, la situación de una persona de 88 años requiere consideraciones específicas respecto de una posible prisión efectiva.

Mientras el expediente avanza en los tribunales, detrás de los números de la causa aparecen personas que durante décadas convivieron con preguntas. Algunas comenzaron a sospechar durante la infancia. Otras recibieron de sus familias de crianza la información de que habían sido adoptadas y recién muchos años después pudieron emprender una búsqueda sistemática. En todos los casos, el interrogante terminó siendo el mismo: quiénes eran realmente, de dónde venían y qué había ocurrido alrededor de sus nacimientos.

Ocho historias confluyeron en la causa: las de Carmen Quiroga, Ángeles Camarasa, Roberto Fargioni, Andrés Gómez, Andrea Camuso, Silvina Garrido, Sandra Solsona y Marina Alejandra Andreani. Algunas de esas voces estuvieron presentes en la entrevista coral realizada en el programa Señales, de Aire Libre, Radio Comunitaria, donde compartieron parte de sus búsquedas y de las preguntas que llevan décadas intentando responder.
La fiscal federal Soledad García, del Área de Investigación y Litigio de Casos Complejos de la Unidad Fiscal Rosario

Las primeras preguntas
Una de ellas recordó que sus primeras dudas aparecieron al ingresar a la escuela primaria. No fue un documento ni un estudio genético lo que despertó la sospecha, sino algo que para un niño podía parecer mucho más sencillo: la diferencia de edad entre sus padres y los padres de sus compañeros.

Mientras otros chicos tenían padres que jugaban al fútbol, participaban de actividades escolares y se reunían con otros adultos jóvenes, sus propios padres eran considerablemente mayores. Tenían, según recordó, una edad más cercana a la de los abuelos de sus compañeros que a la de los padres de los demás niños.

Esa diferencia comenzó a instalar una pregunta que durante años no tuvo respuesta.

Otra de las personas que participó de la conversación, Andrés, contó una historia diferente. Nació en 1974 y, según relató, sus padres de crianza siempre fueron honestos con él. Desde muy pequeño le transmitieron aquello que ellos sabían sobre su origen, aunque esa información era limitada. Durante la infancia, sin embargo, no terminó de comprender qué significaba la adopción.

La búsqueda comenzó mucho después, alrededor de 2002 o 2003, cuando ya tenía más de veinte años y sus padres habían envejecido. Fue entonces cuando empezó a preguntarse por su historia biológica y a intentar reconstruirla.

En su caso existía además una circunstancia que había alimentado la curiosidad familiar. Su padre adoptivo sospechaba que podía haber existido alguna conexión con el ámbito militar, vinculada con un cuñado de la familia. Andrés había vivido en Villa Diego, una localidad del departamento Rosario que él recuerda como un pequeño pueblo, y posteriormente la familia se había mudado al exterior por razones laborales, en 1986.

Con el tiempo, esa sospecha también alcanzó a sus propios padres de crianza. Ellos no tenían información concreta, pero recordaban que existía algún tipo de relación amistosa con determinados militares en Rosario. Esa referencia fue uno de los elementos que impulsaron la investigación personal de Andrés sobre su origen.

Otra de las mujeres que participó de la entrevista describió una experiencia que, en algunos aspectos, se parecía a la de los demás. También había percibido desde niña una diferencia marcada entre la edad de sus padres y la de los padres de sus compañeros.

Según la historia con la que había crecido, sus padres tenían entre 47 y 48 años cuando ella nació. Su padre, además, tenía un aspecto físico que ella asociaba con una edad todavía mayor. Su madre, en cambio, siempre aparentaba ser más joven.

Las primeras dudas aparecieron cuando tenía alrededor de siete u ocho años. Para el segundo o tercer grado ya se preguntaba si aquellas personas eran realmente sus padres. Había también una diferencia física que, desde su mirada infantil, le resultaba evidente: no se parecían.

Con el paso del tiempo esa percepción cambió y comenzó a encontrar semejanzas físicas. Pero aquella primera sensación quedó registrada como una pregunta difícil de explicar.

Recordó especialmente las actividades escolares. Mientras los padres de sus compañeros eran jóvenes y participaban de distintas propuestas, los suyos aparecían como figuras mucho mayores. Su padre, además, formaba parte de las fuerzas y no solía participar de esas actividades; su madre tampoco.

De sus primeros años en el jardín de infantes conserva imágenes que, vistas desde la perspectiva de una niña, quedaron asociadas a aquella diferencia. Recordaba a las otras madres como mujeres muy pequeñas y jóvenes, mientras que su propia madre le parecía mucho más alta y adulta. Su madre medía aproximadamente un metro setenta y ocho y, desde la mirada de una niña que observaba el mundo desde abajo, las demás mujeres parecían todavía más pequeñas.

Pero había algo más difícil de nombrar. Una sensación persistente de que la historia no terminaba de encajar.

Durante la conversación, esa mujer expresó una idea que atraviesa varios de los testimonios reunidos en la causa: quienes fueron criados por personas con las que no comparten vínculos biológicos pueden experimentar, desde muy temprano, una sensación difícil de explicar de que algo no coincide. Ella lo describió como una especie de aviso que aparece antes de que puedan comprender racionalmente qué significa.

Esa percepción, dijo, puede permanecer durante años y hacerse cada vez más presente.

Las historias son diferentes entre sí. En algunos casos, las sospechas comenzaron durante la infancia, a partir de detalles cotidianos. En otros, la propia familia de crianza aportó información que recién pudo ser comprendida muchos años después. También hubo quienes llegaron a la certeza a través de un análisis genético.

Pero las búsquedas terminaron encontrándose.

La primera denuncia abrió un camino judicial que luego fue seguido por otras seis personas. Sus historias personales comenzaron a conectarse hasta confluir en una misma pregunta y en un mismo nombre: el de la mujer que, durante aquellos años, trabajaba como partera.

Se trata de Dolly Edith Viale de Garrido, de 88 años, cuyo nombre aparece desde hace años vinculado, en publicaciones y búsquedas de personas que intentan reconstruir su origen biológico, con relatos sobre presuntas entregas irregulares de bebés en Rosario.

Ahora, esas historias que durante décadas permanecieron dispersas forman parte de una investigación judicial. La Justicia deberá determinar qué ocurrió en cada caso, si existió una práctica sistemática y cuál fue el papel que tuvo la mujer investigada.

Para quienes buscan su identidad, sin embargo, el expediente judicial es apenas una parte de una historia mucho más larga. La causa puede establecer responsabilidades, reconstruir hechos y reunir pruebas. Ellos buscan, además, algo que empezó mucho antes de que existiera una denuncia: conocer el nombre de sus padres biológicos, saber de dónde vienen y, eventualmente, encontrar a una madre, un padre, hermanos u otros familiares que durante toda su vida pudieron ignorar que existían.

Después de medio siglo, la búsqueda continúa.
La partida de nacimiento por la que fue imputada la partera de 88 años

Las historias que empezaron a encontrarse

Los antecedentes que rodean a la investigación, además, no comenzaron con la denuncia que llegó a la Justicia Federal. Al revisar publicaciones antiguas vinculadas con búsquedas de identidad, aparecen relatos que se remontan al menos a 2010.

Uno de ellos corresponde a una persona nacida en 1973 que afirmó que su partida de nacimiento había sido firmada por Dolly. En esa publicación relataba que había sido entregada a una familia de crianza mediante una operación en la que, siempre según su relato y en términos que deberán ser corroborados por la Justicia, habría intervenido dinero. También señalaba que la partera utilizaba la denominación Dolly de Garrido.

Existe además otra intervención publicada alrededor de 1978, en la que una persona relataba una historia similar, identificaba a una familia adoptiva con una heladería del barrio Arroyito y señalaba que la persona continúa buscando a su familia biológica.

Ese caso aparece actualmente indexado en una base de historias de búsqueda de identidad. Son antecedentes que, por sí mismos, no constituyen una prueba de los hechos investigados, pero forman parte del universo de relatos que precedieron a la causa judicial actual.

En la entrevista con Señales, una de las participantes, Ángeles, explicó que su experiencia fue diferente de la de quienes habían detectado desde pequeños una marcada diferencia de edad entre sus padres de crianza y los padres de sus compañeros.

Ella no recuerda haber tenido durante la infancia una sospecha tan definida. Lo que sí experimentaba era una sensación difícil de explicar, particularmente en relación con su madre. Lo describió como una cuestión de piel, una suerte de rechazo físico.

Durante los años de crecimiento, esa sensación podía confundirse con los conflictos habituales de cualquier relación entre padres e hijos. Una discusión, una sensación de no ser querida o una distancia afectiva podían alimentar pensamientos propios de una fantasía infantil: la posibilidad de no ser realmente hija de esas personas.

Pero en su caso la confirmación llegó después. Cuando finalmente supo que no era hija biológica, aquella sensación adquirió otro significado.

"Ah, con razón", fue la conclusión que, según recordó, apareció en ese momento. Muchas cosas parecieron acomodarse retrospectivamente. No podía identificar exactamente cuáles eran esas piezas que habían encontrado su lugar, pero la revelación modificó la forma en que interpretaba recuerdos y sensaciones de su propia vida.

La historia de Silvina Garrido tiene una particularidad que atraviesa toda la investigación: ella asegura haber sido criada por la propia partera investigada.

Silvina se presentó durante la entrevista como "hija apropiada de la partera en cuestión". Su historia, dijo, está atravesada por situaciones que fue comprendiendo con el paso de los años y que hoy observa con una perspectiva diferente, a partir de todo aquello que pudo reconstruir sobre las actividades de la mujer que la crió.

Contó que se enteró de que era hija adoptiva a los 15 años, en 1983, cuando comenzaba la recuperación democrática en el país. La familia vivía frente al Batallón 121 y, según su relato, la mujer tenía vínculos y colaboraciones con integrantes de las fuerzas militares.

Pero aquella revelación no fue completamente inesperada. Las primeras sospechas habían comenzado mucho antes.

Cuando era chica, compañeros de escuela le transmitían comentarios que habían escuchado de sus propios padres. Le decían que era adoptada. Silvina volvía entonces a su casa y se lo contaba a la mujer que la había criado.

Su reacción, según relató, consistía en presentarse en la escuela y generar conflictos con quienes habían difundido esos comentarios. En distintas ocasiones, aseguró, consiguió que expulsaran o echaran a las personas que le habían dicho que era hija adoptiva.

Después, esas consecuencias recaían sobre ella. Tenía que convivir con el rechazo de sus compañeros y con la sensación de haber quedado aislada por situaciones que no había provocado.

Para Silvina, detrás de aquellas reacciones había una intención de mantener todo en secreto y evitar que se conociera su historia.

Su relato sobre la crianza no es, sin embargo, exclusivamente negativo. Reconoció que recibió una buena educación y que considera que esa parte de su vida es algo que puede agradecer. También destacó la figura de su padre, a quien describió como un hombre amoroso.

La relación con la mujer que la crió fue, en cambio, completamente diferente. Silvina relató una infancia y una vida adulta atravesadas por la distancia afectiva. Recordó que casi no había abrazos ni demostraciones de cariño y que muchas veces quiso abandonar aquella casa.

Según contó, la situación se volvió particularmente compleja después de que supo que era adoptada. La mujer que la había criado tuvo luego dos hijos biológicos y, de acuerdo con el relato de Silvina, mantuvo con los tres una relación similar.

Durante décadas, esa historia permaneció dentro del ámbito familiar. Hasta que las búsquedas de identidad de distintas personas comenzaron a conectarse.
Una hija que volvió a la casa

Silvina contó que varias de las personas que investigaban su propio origen comenzaron a comunicarse con ella y que ella atendía esos contactos junto con Carmen. En 2022, además, se produjo un momento particularmente significativo en su relación con la mujer que la había criado.

Para entonces, Silvina ya era adulta y aquella mujer se había quedado sola. Decidió volver a vivir con ella durante un tiempo, con la expectativa de construir finalmente un vínculo de madre e hija que nunca habían podido tener.

En ese momento todavía desconocía el proceso que se estaba gestando entre las demás personas que buscaban su identidad.

Comenzó a comunicarse con Carmen y con otra mujer, Sandra Solsona. Mantuvieron conversaciones y videollamadas. Silvina, según contó, se mostró siempre predispuesta a conversar.

Con el tiempo, las otras personas comenzaron a organizarse de otra manera y crearon un grupo de WhatsApp para compartir información y avanzar en sus búsquedas. Silvina decidió no formar parte de ese grupo porque todavía vivía con la mujer investigada. No le parecía correcto, explicó, participar de un espacio en el que se hablara contra ella mientras continuaba compartiendo la casa.

Pero el vínculo volvió a deteriorarse. Según Silvina, la mujer no cambió y continuó comportándose con ella de la misma manera que lo había hecho durante toda su vida.

En 2025, finalmente, Silvina se separó de esa convivencia y pudo irse de la casa. Comenzó entonces una nueva etapa de su vida, aunque la salida de aquella casa no significó el final de la búsqueda.

Fue Roberto quien volvió a contactarla y quien la incorporó nuevamente al proceso que terminaría llegando a la Justicia.

En un principio, Silvina pensó en participar como testigo en la causa iniciada por Roberto, quien había sido el primero en denunciar. Pero luego decidió presentar su propia denuncia.

Para ella, ese paso tenía una importancia particular: su partida de nacimiento la registra como hija biológica de la mujer que la crió. Silvina sostiene que esa información es falsa y que la propia mujer se lo había reconocido.

A los 58 años, después de toda una vida atravesada por esa pregunta, decidió llevar su historia a la Justicia.

Silvina sabe, según dijo durante la entrevista, que quizá nunca llegue a conocer sus orígenes biológicos. Cree que la mujer que la crió conoce esa información y que podría llevársela consigo. Por eso, su expectativa actual está puesta en otro lugar: que la investigación judicial avance y que se conozca públicamente qué ocurrió.

En su relato apareció también una dimensión colectiva. Para ella, el problema no se limita a estas ocho personas. Sostiene que podrían existir muchas más que fueron privadas de la posibilidad de conocer quiénes son.

Lo que está en juego, dijo, no es una cuestión menor: es el derecho a conocer la propia identidad.

Ese mismo carácter colectivo comenzó a advertirse cuando las historias de las distintas personas dejaron de ser búsquedas individuales y empezaron a conectarse entre sí.

De la búsqueda personal a la denuncia
Roberto, quien inició la denuncia judicial, explicó que antes de llegar a los tribunales había recorrido el mismo camino que atraviesa cualquier persona que intenta reconstruir una historia familiar perdida: habló con familiares, amigos y vecinos; revisó datos, siguió indicios y trató de encontrar coincidencias entre relatos dispersos. Muchos de esos testimonios están reunidos en Nuestra Primera Página, un espacio que acompaña a personas que buscan reconstruir su identidad biológica.

Su propio caso está vinculado con una familia de crianza de la zona de Arroyito y con un comercio del barrio, la heladería Robinel. Según explicó, su madre de crianza nunca había cursado un embarazo visible antes de su nacimiento, por lo que, de acuerdo con su reconstrucción, las personas del entorno sabían que había sido adoptado.

Ese recorrido personal terminó transformándose en una denuncia. Después aparecieron otros casos.

Las personas que habían realizado búsquedas individuales comenzaron a encontrarse, a intercambiar información y a reconocer elementos comunes en sus historias. La coincidencia central era la misma mujer, pero también aparecían referencias a distintos lugares y hospitales.

En la conversación surgió incluso la existencia de relatos vinculados con el Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria, además de las referencias al Hospital Roque Sáenz Peña. La fiscal federal, sin embargo, había sido clara al señalar que la investigación no atribuye responsabilidad al hospital donde trabajaba la partera. La hipótesis judicial se concentra en la actuación personal de la mujer investigada y en hechos concretos que deberán ser probados.

La organización entre quienes buscan su identidad tiene ahora otro objetivo: acompañarse, contenerse y tratar de localizar a otras personas que puedan tener historias similares.

La posibilidad de que existan más casos no es una conclusión establecida por la Justicia, pero sí forma parte de la hipótesis de investigación planteada por la Fiscalía. La propia fiscal pidió que quienes tengan dudas sobre su origen biológico o información que pueda resultar relevante se acerquen a los organismos judiciales correspondientes.

Así, una causa que comenzó con una búsqueda individual terminó reuniendo a varias personas y abrió la posibilidad de que aparezcan otras historias.

Algunas llevan décadas intentando responder preguntas que surgieron en la infancia. Otras comenzaron la búsqueda mucho después. Hay quienes llegaron a un resultado de ADN que descartó la filiación que figuraba en sus documentos. Hay quienes recibieron de sus familias de crianza información parcial. Y está también el caso de Silvina, cuya partida la presenta como hija biológica de la mujer investigada y que hoy pide que se determine judicialmente qué ocurrió realmente.

Todas esas historias confluyen ahora en un expediente. Pero antes de ser una causa judicial fueron vidas atravesadas por una ausencia: la ausencia de información sobre el propio origen.

Por eso, para quienes participan de esta búsqueda, encontrar a otras personas no significa solamente sumar nombres a una investigación. También significa dejar de estar solos frente a una pregunta que, en algunos casos, lleva más de medio siglo esperando una respuesta.

Apropiación, adopción y una palabra que importa
Para quienes integran el grupo, una de las primeras discusiones fue incluso sobre cómo nombrar lo que les había ocurrido.

Hablar de una "adopción ilegal", explicaron, no alcanza para describir sus historias. Ellos prefieren hablar de apropiación porque, en varios de los casos, fueron inscriptos directamente como hijos biológicos de quienes los criaron.

La diferencia no es solamente terminológica para ellos.

Una adopción, aun cuando se hubiera producido de manera irregular, supone una historia en la que el niño aparece identificado como hijo adoptivo. En estas historias, según explican, eso no ocurrió. Los documentos los presentaron como hijos biológicos de quienes los criaron.

La persona que inició la primera denuncia judicial contó que antes de llegar a los tribunales había recorrido el camino habitual de quien intenta reconstruir su identidad. Consultó a familiares, amigos y vecinos y reunió toda la información que pudo. También acudió a la Secretaría de Derechos Humanos de Santa Fe.

Allí, según relató, le dijeron que ya había hecho todo el recorrido posible como buscador y que el paso que quedaba era realizar una denuncia judicial. Le indicaron que podía hacerlo ante el Ministerio Público de la Acusación de Santa Fe.

Como no vivía en Rosario, presentó la denuncia de manera online en noviembre de 2023. Sin embargo, cuando intentó obtener información sobre el trámite, en enero de 2024 le respondieron que la atención era únicamente presencial. Volvió a comunicarse y pidió que lo contactaran telefónicamente, pero recibió la misma respuesta.

Recién en abril de 2024 pudo viajar personalmente hasta el Ministerio Público de la Acusación. Allí le informaron que habían revisado su denuncia y que, por el delito que estaba denunciando, el organismo no era competente y debía remitir el caso a la Justicia Federal.

Para el denunciante, esos meses significaron una demora especialmente importante debido a la edad de la mujer investigada. Después de ese primer traslado, la denuncia quedó, según su relato, en un área de transición vinculada con el cambio de sistema judicial y durante un tiempo volvió a quedar detenida.

Ante esa situación comenzó a pedirles a las demás personas que participaran como testigos y aportaran información y documentación. Algunos aceptaron inmediatamente; otros necesitaron más tiempo.

En ese momento, Silvina tuvo un papel importante dentro de la organización del grupo. Según contó el denunciante, fue ella quien insistió reiteradamente para que quienes tenían información se presentaran como testigos. Finalmente varios lo hicieron, aunque la denuncia original continuaba sin avanzar.

Fue entonces cuando comenzó a tomar forma lo que ellos mismos denominaron "Cardumen por la Identidad Biológica": una manera de organizarse a partir de la suma de búsquedas individuales.

Silvina, Carmen, Ángeles, Andrés y Sandra, entre otros, comenzaron a presentar sus propias denuncias. También aparecieron otras dos mujeres que denunciaron situaciones relacionadas con Silvia Viale, hermana de Dolly. La acumulación de relatos hizo que la causa adquiriera otra dimensión.

El expediente terminó ingresando al nuevo sistema judicial, donde comenzó a intervenir la fiscal federal Soledad García. A partir de ese momento, según los integrantes del grupo, la investigación comenzó a avanzar.

Ellos reconocen que el proceso estuvo atravesado por demoras y por un desgaste emocional considerable. También admiten que durante ese tiempo debieron insistir una y otra vez para que sus denuncias fueran escuchadas.

En lugar de esperar individualmente, decidieron turnarse. Cuando uno se agotaba, otro continuaba. Cuando alguno tenía fuerzas para insistir, lo hacía. La causa, en ese sentido, también se convirtió en un trabajo colectivo.
Las parteras Viale: Dolly y Silvia

Una audiencia después de décadas
La audiencia en la que finalmente vieron a la mujer investigada produjo emociones diferentes.

Una de las participantes contó que le resultó impactante encontrársela personalmente. No esperaba que asistiera y pensaba que estaría representada únicamente por su abogado. Además, conocía al letrado porque su padre había sido la última pareja de la mujer investigada.

Tenía previsto asistir presencialmente junto con Ángeles, pero una enfermedad respiratoria se lo impidió. Dijo que probablemente el impacto habría sido todavía mayor si hubiera tenido que encontrarse cara a cara con ella.

La mujer investigada, finalmente, estuvo presente en la audiencia. Según el relato de los entrevistados, allí tomó conocimiento de parte de los señalamientos que estaban siendo formulados en su contra.

Más allá de las emociones personales, el grupo también tuvo que enfrentarse a otra pregunta: qué ocurre con el vínculo que cada uno mantiene, o mantuvo, con las personas que figuran en sus documentos como padres.

En varios casos, esos padres de crianza ya habían fallecido.

Una de las participantes explicó que esa circunstancia también facilita, en cierta medida, la posibilidad de avanzar con las denuncias, porque sus padres de crianza no están hoy en condiciones de ser alcanzados por una eventual investigación.

Su propia historia familiar está atravesada, sin embargo, por sentimientos contradictorios.

Recordó haber tenido una buena infancia y mucho cariño. Al reconstruir el pasado, le resulta injusto que no le hayan contado lo que sabían o que no hayan dejado información que pudiera ayudarla a conocer su origen.

Al mismo tiempo, intenta comprender las circunstancias en las que su madre de crianza llegó a ocupar ese lugar. Según explicó, detrás de aquella decisión pudo haber existido una fuerte presión familiar. Su abuela quería una nieta y, de acuerdo con su reconstrucción, estaba decidida a conseguirla de cualquier manera.

La mujer cree que su abuela pudo haber sido quien generó el vínculo con Dolly. Su relación con su madre de crianza fue compleja, pero reconoce que recibió de ella una buena vida.

Carmen contó una experiencia similar en algunos aspectos. A quienes la criaron prefiere llamarlos apropiadores, aunque reconoce que le dieron una excelente vida. Les atribuye su educación, sus oportunidades y buena parte de las herramientas con las que construyó su vida adulta.

También reconoce que muchas de las características que hoy identifica en sí misma probablemente fueron aprendidas de ellos. Es docente y, al mirar determinadas conductas o valores propios, se pregunta de dónde provienen. En esa reconstrucción encuentra enseñanzas recibidas de Amelia y Armando, los nombres de quienes la criaron.

Ambos fallecieron. Su padre murió a los 77 años y, según Carmen, se llevó el secreto a la tumba. Con su madre, en cambio, atravesó una relación difícil durante los primeros años, pero a partir de los 17 o 18 años el vínculo se transformó y llegó a ser muy bueno. Su madre murió a los 99 años.

Fue después de esas muertes cuando Carmen pudo avanzar con distintos estudios y con el análisis de ADN.

También en su caso aparece el mismo sentimiento que atraviesa al resto del grupo: agradecimiento por el amor y la crianza recibidos, combinado con la sensación de que sus padres de crianza se llevaron información que les pertenecía.

Para ellos, esas dos dimensiones pueden coexistir. Pueden reconocer una buena infancia, valorar la educación recibida y recordar con afecto a quienes los criaron y, al mismo tiempo, considerar injusto que se les haya ocultado información sobre su identidad.

La búsqueda, entonces, no intenta borrar la vida que tuvieron. Intenta completar aquello que quedó ausente.

La otra punta de la historia

Y mientras el grupo reconstruye sus propias historias, aparece una posibilidad que abre una dimensión todavía mayor de la investigación.

Del otro lado de estas historias podrían existir madres que alguna vez estuvieron embarazadas y a quienes les dijeron que sus hijos habían muerto.

Durante la entrevista surgió la hipótesis de que algunas mujeres podrían haber recibido la noticia de que el bebé había nacido muerto o que había fallecido poco después del parto. También se mencionó que, según los relatos que los propios buscadores fueron recopilando, a algunas madres se les habría pedido que no vieran el cuerpo con el argumento de que esa imagen podía resultar demasiado dolorosa.

Lo que siguió, según la hipótesis planteada por los entrevistados, habría sido la salida del recién nacido por otro sector del establecimiento y su posterior entrega a otra familia.

Los participantes hablaron de esto como una posible modalidad utilizada por algunas parteras. Se trata de una afirmación que deberá ser investigada y corroborada en cada caso y que no puede darse por establecida a partir de los testimonios reunidos.

Pero para quienes buscan su identidad, esa posibilidad tiene una consecuencia concreta: puede haber madres que hayan atravesado un duelo por hijos que en realidad sobrevivieron y que hoy continúan buscándolas sin saber quiénes son.

Por eso el mensaje del grupo también está dirigido a ellas. A las madres que alguna vez recibieron una explicación sobre la muerte de un hijo. A quienes sospecharon que algo no cerraba. A quienes pudieron haber sido presionadas para entregar a un bebé.

En los testimonios apareció también el contexto social de la época. Algunas de esas mujeres podían ser muy jóvenes y encontrarse bajo una fuerte presión familiar. Padres, madres, tíos u otros familiares podían insistir en que entregaran el recién nacido por razones vinculadas con la vergüenza social, la situación económica o las circunstancias familiares.

Los integrantes del grupo creen que allí también puede encontrarse una parte de la historia que todavía falta reconstruir. Ellos ya realizaron, según dicen, todos los movimientos que estaban a su alcance. Ahora esperan que las madres puedan comenzar a buscar.

Las imaginan como una pieza que falta para completar un rompecabezas.

No se trata solamente de encontrar a quienes fueron criados por otras familias. También de encontrar a quienes alguna vez fueron madres y pudieron haber sido separadas de sus hijos sin conocer qué había ocurrido realmente.

Los archivos que quedaron y los que desaparecieron
La cuestión de los registros hospitalarios aparece entonces como otro capítulo fundamental.

Los entrevistados se preguntan qué información permanece en los archivos de los hospitales públicos de aquellas décadas, qué libros fueron conservados y cuáles pudieron haberse perdido. También recuerdan que existen antecedentes en otros casos de documentación a la que le faltaban hojas precisamente cuando se intentaba reconstruir información sobre nacimientos.

Son preguntas que deberán ser respondidas con documentos y peritajes. En el caso del Hospital Roque Sáenz Peña, donde trabajaba la mujer investigada, existe además una dificultad particular señalada durante la entrevista: parte del archivo se perdió en un incendió.

Silvina recordó que cuando supo, a los 15 años, que era adoptada comenzó inmediatamente una búsqueda, aunque con las limitaciones propias de una adolescente que todavía no sabía cómo investigar su historia.

Uno de los primeros lugares a los que acudió fue precisamente el Hospital Roque Sáenz Peña. Allí le informaron que el archivo correspondiente al período de su nacimiento se había quemado.

Según su recuerdo, a partir de alrededor de 1980 comenzaron a reconstruirse determinados registros mediante nuevas herramientas y procedimientos, pero la documentación anterior que había desaparecido en el incendio ya no estaba disponible.

Para Silvina, esa ausencia documental se convirtió en otro obstáculo dentro de una búsqueda que ya estaba marcada por el silencio.

A esa dificultad suma otra consideración: sostiene que la mujer investigada tenía acceso a distintas posibilidades y documentos que podían haber facilitado, eventualmente, el ocultamiento de información. Esa es una apreciación de la entrevistada y deberá ser contrastada con documentación y pruebas dentro de la investigación.

Silvina fue, además, la persona que situó su propia historia en el extremo más antiguo del grupo. Su nacimiento corresponde a 1968. Los demás denunciantes son, en general, más jóvenes, pero ella sostiene que la diferencia de edad no cambia lo esencial.

Todos llegaron, por caminos diferentes, a una misma pregunta.

Quiénes eran.

Quiénes fueron sus padres biológicos.

Qué ocurrió realmente alrededor de sus nacimientos.

Y por qué tuvieron que pasar décadas para que esas preguntas comenzaran a ser escuchadas por la Justicia.

Para una de las personas que participa de la búsqueda, los registros hospitalarios no desaparecieron por completo.

A diferencia de Silvina, que recibió la información de que los archivos correspondientes a su nacimiento se habían quemado, Carmen logró acceder a los libros de registro mediante una organización no gubernamental, en un procedimiento que requirió autorizaciones y coordinación a distancia. Mientras ella permanecía en la Patagonia, integrantes de la organización recorrieron los archivos en Rosario y registraron las páginas con una cámara, mediante fotografías y filmaciones.

Carmen conserva esas copias en su poder y, según explicó, el material resultó de interés para la Fiscalía.

Entre los registros encontró un dato que le llamó especialmente la atención.

Ella había nacido con un peso de un kilo setecientos gramos. Al revisar los libros, encontró un registro correspondiente a una niña con ese mismo peso. La anotación presentaba, según observó, varias particularidades: había espacios en blanco, un nombre de mujer aparecía parcialmente tachado y las fechas sucesivas del registro parecían interrumpirse precisamente en determinados puntos.

También observó que la mujer que figuraba como madre aparecía identificada con su apellido de casada y no con el de soltera.

El conjunto le resultó llamativo, pero la propia entrevistada fue cuidadosa al describirlo. Ese registro no permite afirmar que se trate de su nacimiento. Es, en todo caso, un indicio que deberá ser contrastado con otros documentos y pruebas.

La búsqueda en los libros tampoco permitió resolver el interrogante. Pero abrió otra posibilidad: que la documentación que todavía existe pueda ayudar a reconstruir historias que durante décadas quedaron incompletas.

Otros integrantes del grupo no tuvieron esa posibilidad. En sus casos, la respuesta recibida fue que los archivos se habían quemado. La falta de documentación deja abierta otra pregunta que solamente una investigación podrá responder: cómo se produjeron esas pérdidas y qué información contenían originalmente esos registros.

Para quienes buscan su identidad, los documentos son apenas una parte de la historia. El otro gran interrogante está en las madres biológicas.
Una historia también puede estar del otro lado

Una de las participantes insistió en que la investigación no debería dejar de lado a esas mujeres. Algunas, dijo, pudieron haber querido entregar a sus hijos. Pero otras quizá no tuvieron esa posibilidad de decisión.

Por eso, más allá de la búsqueda de justicia por la supuesta apropiación de niños, piensa también en el dolor que pudo haber quedado detrás de esas historias.

En las madres a las que tal vez les dijeron que sus hijos habían muerto. En las mujeres que pudieron haber atravesado un duelo sin saber que el niño que creían perdido estaba vivo. En las separaciones producidas en un contexto que todavía debe ser reconstruido.

Para quienes fueron criados por otras familias, las consecuencias no se limitan a desconocer el origen biológico. También existe la conciencia de que sus propias historias pudieron ser parte de una cadena de decisiones que afectó a otras personas.

Una de las entrevistadas habló de su deseo de saber quiénes fueron su madre y su padre biológicos, pero también de una fantasía que la acompaña: poder algún día encontrarse con su madre y decirle que su hija está bien, que fue cuidada y que tuvo una buena vida.

Ese posible encuentro, dijo, permitiría cerrar un círculo también para ella.

Por eso el llamado del grupo no está dirigido únicamente a quienes sospechan que fueron apropiados. También alcanza a quienes puedan tener información sobre niños que fueron separados de sus familias.

Piden que quienes sepan algo no guarden esos datos. No se trata de señalar públicamente a nadie ni de convertir una sospecha en una acusación, sino de aportar información a los ámbitos correspondientes, porque esos datos pueden resultar fundamentales para el derecho a la identidad de otra persona.

Los nombres que volvieron a aparecer
En esa búsqueda comenzaron también a aparecer nuevos nombres.

Una de las primeras cosas que hicieron varios de los denunciantes, cuando comenzaron a sospechar de su origen, fue revisar sus propias partidas de nacimiento. En distintos casos encontraron allí el nombre de Dolly.

Para uno de ellos, esa fue la primera pista. Cuando comenzó a dudar de su historia familiar, buscó la partida y revisó quién figuraba como la persona que había intervenido en su nacimiento.

Otro de los consultados hizo lo mismo y encontró nuevamente el nombre de la mujer. En su caso, además, apareció una particularidad documental: una inscripción tardía.

Según explicó, su fecha de nacimiento sería septiembre de 1978, pero fue registrado recién en mayo de 1979. La partida incluye una anotación que señala precisamente esa inscripción tardía y también la intervención de un funcionario público del Registro de las Personas.

Para los integrantes del grupo, la repetición de estas circunstancias plantea interrogantes sobre los controles existentes en aquella época. Reconocen que se trataba de otro contexto institucional y que los mecanismos de control eran diferentes, pero consideran que será necesario determinar cómo fueron confeccionados esos documentos y qué responsabilidades pudieron existir.

La búsqueda en internet les permitió encontrar además otros casos en los que aparecía el nombre de Dolly o el de su hermana Silvia Viale.

A través de esas búsquedas y del contacto entre personas que atravesaban situaciones parecidas, Sandra —que no participó de la entrevista— tuvo un papel en la creación del grupo de WhatsApp que terminó reuniendo a varios de ellos.

Con el tiempo aparecieron más personas que aseguraban tener partidas relacionadas con Dolly y con su hermana. Algunas pudieron confirmar aspectos de sus propias historias y otras todavía no se animaron a realizar una denuncia.

Los integrantes del grupo entienden que dar ese paso no es sencillo.

Denunciar significa volver sobre una historia familiar, enfrentar a personas que formaron parte de la propia vida y aceptar que muchas certezas pueden comenzar a derrumbarse. Por eso respetan a quienes todavía necesitan tiempo para hacerlo.

Silvina explicó que su partida de nacimiento presenta una particularidad diferente. Dolly figura allí como su madre biológica y la inscripción está respaldada por dos testigos.

Según relató, en aquella época era posible recurrir a testigos para ese tipo de inscripciones. Los dos que aparecen en su documentación, aseguró, eran amigos de Dolly y de su esposo. Ambos fallecieron.

Pero hay algo que vuelve a unir su documento con los de los demás: la firma de la mujer investigada aparece en determinadas partidas.

Y, sobre todo, una característica que atraviesa las historias del grupo: ninguno fue registrado legalmente como hijo adoptivo. Fueron inscriptos como hijos biológicos de las personas que los criaron.

Esa circunstancia es, para ellos, uno de los elementos centrales que la investigación deberá analizar.
Una fecha que quedó escrita

Hacia el final de la entrevista, Andrés volvió a contar su historia. Su caso era diferente porque siempre supo que era adoptado. Lo que nunca pudo conocer con certeza fue cuándo había nacido.

Sus padres de crianza le habían contado que tenía aproximadamente dos o tres semanas cuando fueron a buscarlo. Había, además, una coincidencia familiar que terminó influyendo en la fecha que quedó asentada en los documentos.

El cumpleaños de su padre era el 16 de julio. Por eso, según le explicaron, decidieron registrarlo como nacido el 17 de julio, casi como un regalo para un hombre que quería tener hijos y cuya esposa no podía tenerlos.

Esa fue la fecha con la que creció. Pero detrás de ella permaneció una duda: si cuando lo fueron a buscar ya tenía dos o tres semanas, ¿cuándo había nacido realmente?

Es una pregunta que parece pequeña frente a todo lo que aparece en la causa, pero que resume buena parte de lo que atraviesa a quienes integran este grupo. Incluso cuando una persona conoce desde siempre que fue adoptada, puede existir información esencial que nunca llegó a sus manos.

En su caso no se trataba de descubrir de golpe que había sido adoptado. La pregunta era otra: saber cuándo había comenzado realmente su propia historia.

Lo que queda por investigar
La entrevista terminó después de casi una hora. Antes de despedir a los participantes, el periodista agradeció que hubieran compartido sus historias y les ofreció continuar poniendo los micrófonos de Aire Libre, Radio Comunitaria a disposición de quienes necesitaran contar algo más.

Del otro lado quedaron las preguntas. Muchas preguntas acumuladas durante décadas.

A medio siglo de aquellos nacimientos, la investigación judicial recién comienza a reconstruir una parte de esas historias.

La Fiscalía Federal sostiene que existe una hipótesis que abarca el período comprendido entre 1968 y 1980 y que, hasta el momento, la causa reúne a estos denunciantes. La Justicia deberá determinar qué ocurrió en cada uno de los casos, si existieron otras situaciones y cuál fue la participación concreta de la mujer investigada.

También deberá establecer qué valor tienen los documentos que los denunciantes aportaron, qué puede recuperarse de los archivos hospitalarios, qué información puede surgir de los registros civiles y qué pueden aportar los análisis genéticos.

Para quienes integran el grupo, en cambio, el período no se mide solamente en años.

Se mide en vidas.

En infancias atravesadas por preguntas. En padres y madres de crianza que murieron sin revelar —o sin poder revelar— aquello que sabían.

En documentos que aparecen incompletos, inscripciones tardías, firmas y registros que ahora vuelven a ser examinados. En madres que pudieron haber pasado décadas creyendo que sus hijos habían muerto. Y en hijos que llegaron a la adultez sin saber de dónde venían.

Al finalizar la entrevista, desde la radio se recordó que el área de Investigación y Litigio de Casos Complejos de la Oficina de Criminalidad Económica y Trata de Personas de la Unidad Fiscal Rosario puso a disposición el correo electrónico atencionvictimas-ros@mpf.gov.ar para quienes puedan aportar información relacionada con los hechos investigados o necesiten asistencia.

La Fiscalía convocó especialmente a quienes tengan dudas sobre su origen o información que pueda resultar útil para la causa.

Es un llamado que apunta hacia adelante.

Porque la investigación no solamente intenta reconstruir lo que ocurrió hace décadas. También busca encontrar a quienes todavía no saben que existe una historia que los involucra.

Y quizá, entre esos nuevos nombres, aparezca alguna de las piezas que faltan.

La madre que nunca supo que su hija sobrevivió.

El hijo que todavía desconoce de dónde viene.

Un documento que quedó guardado durante medio siglo.

Una partida con una firma.

Una fotografía.

Un recuerdo familiar.

Un dato que alguien conservó y nunca se animó a contar.

Después de tantos años, la búsqueda ya no pertenece a una sola persona.

Es una búsqueda colectiva por reconstruir identidades, reunir historias y determinar, finalmente, qué ocurrió detrás de documentos que durante décadas parecieron cerrar una historia y que ahora vuelven a abrirla.

Escuchá la entrevista completa:
Fotos: Señales, Matías Pellón, Claudio González MPF

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