La Municipalidad de Rosario y el Gobierno de Santa Fe avanzan con un proyecto para instalar un parque acuático en la Rambla Catalunya, una iniciativa que ya abrió un fuerte frente de conflicto político, ambiental y vecinal alrededor del futuro de uno de los últimos espacios de playa pública de la ciudad. Las críticas apuntan directamente al intendente Pablo Javkin y al gobernador Maximiliano Pullaro, a quienes distintos sectores acusan de impulsar una privatización de la costa norte rosarina.
Entre los cuestionamientos aparecen la falta de consulta popular, la ausencia de estudios de impacto ambiental difundidos públicamente y la posibilidad de que el predio termine teniendo sectores cerrados, rejas y acceso pago. La polémica volvió a instalar el debate sobre el acceso público al río Paraná, el escaso espacio libre que conserva la extensa costa rosarina y el modelo de desarrollo urbano impulsado sobre la costanera.
El reclamo desde la comunidad del río
En ese contexto, el presidente de la Asociación Santafesina de Guías e Instructores de Kayak, Diego Rana Algrain, se convirtió en una de las voces más visibles del reclamo colectivo. Referente de la comunidad náutica y participante activo de distintas iniciativas vinculadas a la defensa del acceso público al río y de la cultura ribereña rosarina, describió en Señales el conflicto no sólo en términos urbanísticos, sino también personales y afectivos.
Para él, la Rambla representa directamente su vida. Contó que nació en barrio La Florida, a pocos metros de ese espacio, y que desde chico su relación con el lugar estuvo atravesada por la vida cotidiana junto al río. Recordó los parrilleros, los asados de domingo con su padre y los vínculos que fue construyendo allí desde la infancia. "Yo me crié ahí. Me hice mis amigos, forjé mi identidad. Me relacioné con el río de chico, con el kayakismo. Todo lo que yo soy se lo debo a ese espacio prácticamente", sostuvo. Y aseguró que esa experiencia no es individual sino compartida por muchísimas personas que sienten que les "están robando su tierra", su "lugar más sagrado", al que definió como "un oasis de vida en medio de la ciudad".
Una ribera cada vez más reducida
El dirigente remarcó que el proyecto pone en riesgo unos 300 metros de costa pública con playa, arena y árboles. Según explicó, sobre un total de aproximadamente 900 metros de costa accesible, la intervención avanzaría sobre casi un tercio de lo que todavía queda libre y gratuito. "Se están apropiando de casi un tercio de lo que nos queda para hacer un proyecto privado encima, donde va a estar enrejado y va a haber que pagar entrada", denunció.
Rana Algrain aclaró que la oposición no pasa por rechazar un complejo de piletas o un parque acuático en sí mismo. Incluso reconoció que puede tratarse de una propuesta atractiva para chicos y para el turismo. El problema, insistió, es la ubicación elegida. A su entender, Rosario tiene muchos otros lugares disponibles para desarrollar un emprendimiento de esas características sin afectar un sector históricamente utilizado para el deporte, la recreación y el contacto con la naturaleza. "No tiene por qué estar un complejo como este de cara al río", afirmó, y comparó el caso con otros complejos termales de la región que funcionan alejados de la ribera.
También vinculó la discusión con un proceso histórico de pérdida de acceso público a la costa. Señaló que antiguamente existían playas incluso en la zona céntrica de Rosario y que, con el paso de los años, el crecimiento urbano, los emprendimientos privados y las instituciones ocuparon gran parte de esos terrenos ribereños. Según planteó, la ciudad quedó reducida a una franja mínima de costa pública, por lo que considera "una locura" que sea el propio Estado el que impulse una nueva cesión de esos espacios.
El referente náutico describió además el impacto que tendría la obra sobre múltiples actividades que actualmente conviven en la zona: kayak, kitesurf, windsurf, natación, pesca, beach volley y el movimiento de embarcaciones que cruzan hacia las islas. A eso sumó el uso recreativo permanente que miles de personas hacen de La Florida durante todo el año, incluso fuera de la temporada de verano. "Cada vez más gente se está volcando al río porque se da cuenta de que estar en la naturaleza le hace bien", sostuvo, y señaló que la demanda social apunta justamente a ampliar el espacio público y no a reducirlo.
En uno de los pasajes más duros de su planteo, sostuvo que detrás del proyecto existe un negocio económico antes que una política pública vinculada al acceso ciudadano al río. Según explicó, la iniciativa sería financiada con recursos del Estado provincial y luego concesionada a un privado. Mencionó particularmente a la empresa Costanera Rosario —a la que identificó como una firma municipal ligada políticamente al Ejecutivo local— como la futura administradora del complejo y del estacionamiento proyectado frente al predio.
Rana Algrain cuestionó además la falta de controles sobre esa estructura. Aseguró que el estacionamiento actualmente es un espacio público que también podría destinarse a proyectos abiertos para la comunidad, como un parque o un skatepark. En cambio, denunció que terminará convertido en otra fuente de recaudación privada. "Va a ser toda una caja de plata que les va a quedar a ellos", afirmó.
"La Rambla no se toca": la organización en el territorio
Mientras el conflicto escala, vecinos y organizaciones comenzaron a organizarse. El miércoles realizaron una asamblea en la Rambla Catalunya que, según relataron, tuvo una convocatoria masiva pese a realizarse de noche y en una zona alejada del centro de la ciudad. Allí formaron grupos de trabajo, comenzaron contactos con concejales y avanzaron en la preparación de recursos de amparo para intentar frenar el proyecto.
El dirigente explicó que, según entienden, la iniciativa no pasó ni pasaría por el Concejo Municipal porque avanzaría mediante un decreto del Ejecutivo. Aunque aclaró no ser especialista en cuestiones legales, indicó que las organizaciones ya enviaron cartas al intendente, al gobernador, a la presidenta del Concejo y al cuerpo legislativo local para expresar formalmente el rechazo de más de veinte organizaciones sociales, deportivas y ambientales. El reclamo central es que el parque acuático pueda realizarse en otro lugar sin afectar la Rambla.
También denunció la falta de instancias de diálogo abiertas por parte del municipio. Dijo que hasta el momento ningún funcionario municipal se acercó a conversar con los vecinos y organizaciones, aunque confirmó reuniones previstas con la Comisión Ecológica del Concejo y con distintos concejales, incluidos representantes del oficialismo. Según planteó, el único que puede revertir la situación de manera directa es el propio intendente, ya que el proyecto lleva su firma. "Esperemos que se dé cuenta de que está cometiendo un grave error", expresó.
La discusión pública se amplificó además por la difusión televisiva de imágenes y presentaciones oficiales sobre el futuro parque acuático. Durante el programa radial se mencionó especialmente una cobertura televisiva en la que funcionarios municipales y responsables de Costanera Rosario mostraban con entusiasmo cómo sería el nuevo espacio. Según describieron, las cámaras enfocaban el sector de ingreso a La Florida y el área donde funcionaba el bar Mordisco, mientras se explicaba dónde estaría emplazado el parque. Para los sectores críticos, esas imágenes evidencian el reemplazo de árboles, paisaje natural y espacio público ribereño por estructuras artificiales y concesionadas.
Frente a ese escenario, las organizaciones convocaron a una jornada abierta en defensa de la Rambla Catalunya, de la costa y de la playa pública rosarina, un espacio que muchos consideran uno de los últimos refugios de acceso libre al Paraná dentro de la ciudad.
El frío de la tarde no alcanzó para vaciar la Rambla Catalunya. Desde las tres de la tarde, vecinos autoconvocados, nadadores, organizaciones ambientales y familias se fueron acercando con banderas, carteles y termos bajo el brazo para rechazar el proyecto impulsado por el Ejecutivo provincial que prevé la instalación de un parque acuático sobre la costa rosarina. "No al parque acuático en La Rambla", se leía sobre una de las banderas extendidas frente al río Paraná, convertido por unas horas en escenario de una asamblea abierta atravesada por el enojo, la preocupación y la defensa del acceso público a la costa.
No hubo identificaciones partidarias. La convocatoria se sostuvo desde una consigna repetida una y otra vez por quienes tomaban el micrófono: la defensa del río como parte de la identidad rosarina y el rechazo a cualquier iniciativa que avance sobre los espacios públicos y la naturaleza. "La Rambla no se toca", coreaban mientras el viento golpeaba desde el Paraná.
El debate por la privatización de la costa
Entre los primeros testimonios apareció la voz de integrantes del grupo de nadadores que utilizan el río durante todo el año. Desde ese sector denunciaron que el proyecto no apareció de manera improvisada sino que, según afirmaron, fue mantenido "tapado" hasta último momento para impedir una organización anticipada del rechazo social. Según explicaron, el emprendimiento reduciría cerca de un 40 por ciento el acceso público y gratuito a la costa y beneficiaría solamente a sectores privados.
La crítica apuntó también al modo en que se presenta la iniciativa. Mientras algunos vecinos observaban los renders y las imágenes difundidas oficialmente, desde la asamblea insistían en que "las fotos son hermosas" y "los dibujitos son bonitos", pero advertían que detrás de esa estética se esconde una privatización del río. En ese sentido, denunciaron además la presencia de funcionarios municipales dentro del directorio de la empresa Costanera Norte, algo que, según sostuvieron, dificulta cualquier posibilidad de freno institucional desde el propio Ejecutivo local.
La discusión rápidamente se amplió hacia un problema histórico de Rosario: el acceso restringido a la costa. "La ciudad tiene más de treinta kilómetros de costa y está privatizada con un montón de clubes", señaló uno de los presentes, antes de proponer que, si el proyecto realmente necesita instalarse, se haga dentro de predios privados como el Yacht Club Rosario y no sobre uno de los pocos espacios abiertos y gratuitos que quedan frente al río.
Proteger la Rambla de la costa Rosarina del Río Paraná - ¡Firmá la petición! https://c.org/hLZGSLH9zZ
Otro vecino enumeró los clubes y complejos costeros que ya cuentan con piletas privadas. Después de repasarlos, levantó la voz para sintetizar el malestar general: "Basta de piletas acá. Acá está el río". La frase fue acompañada por aplausos y por una advertencia que resonó entre los presentes: "Si tenemos que hacer un acampe acá, lo vamos a hacer. La costa la vamos a defender".
Las intervenciones también conectaron el reclamo ambiental con las desigualdades urbanas. Un hombre de la zona noroeste contó que junto a otros vecinos viene reclamando mejoras para el Polideportivo Cristalería, donde nadan durante el verano. Relató que impulsaron pedidos formales para lograr el cerramiento del lugar y que la nota fue acompañada por firmas de centros de salud, escuelas, iglesias y centros de jubilados del barrio, pero nunca obtuvieron respuesta.
La misma línea profundizó una mujer que cuestionó la lógica del proyecto en una ciudad atravesada por problemas básicos de infraestructura. Para ella, el parque acuático implica directamente "privatizar la playa". Consideró "irracional" hacer circular agua por toboganes pagos mientras en barrios populares, como el barrio Toba o Cañaveral, vecinos deben caminar varias cuadras cargando bidones para conseguir agua potable. "En lugar de que corra agua por los toboganes, que lleven agua a los barrios populares", reclamó.
Uno de los discursos más extensos y emotivos llegó de parte de Belén, integrante de la organización Nuestros Árboles Rosario. Agradeció primero la presencia de quienes, pese al clima, decidieron acercarse a "proteger el río y la costa". Luego cuestionó con ironía una publicación periodística que describía el proyecto como respetuoso del entorno natural. "Es una joda", dijo sin rodeos.
Belén explicó que desde la organización contabilizaron al menos 62 árboles que podrían verse afectados por la obra. Enumeró palos borrachos, sauces y palmeras distribuidos en toda la zona de la Rambla y advirtió que el lugar ya sufre un exceso de cemento. "Los árboles no necesitan más cemento", insistió, mientras describía las pequeñas cazuelas rodeando los troncos y la falta de tierra y césped para sostener el ecosistema costero.
También cuestionó el argumento oficial que presenta el parque acuático como un espacio pensado para las infancias. Según sostuvo, para muchos chicos y chicas de Rosario la Rambla constituye el único contacto posible con el río Paraná, especialmente para quienes no pueden pagar clubes, balnearios privados o complejos recreativos. "Las infancias que no tienen acceso al parque acuático, a los clubes o a La Florida, su única manera de acceder al río es esta Rambla", expresó. "Defendamos también a las infancias. Su primer contacto con el río es este lugar".
Su intervención derivó luego hacia una crítica más amplia a la política urbana local. Enumeró conflictos recientes vinculados al Parque Independencia, Parque Sunchales y Parque de las Colectividades, y acusó a la gestión municipal de profundizar un modelo de ciudad basado en la cementización constante. "Nos quieren llenar de cemento", lamentó, mientras vinculaba esa expansión con problemas estructurales de servicios básicos, cortes de luz y dificultades de acceso al agua.
El tramo más personal de su relato apareció cuando habló de salud pública. Contó que convive con endometriosis, una enfermedad crónica, y que puede afrontar un tratamiento privado porque tiene empleo, aunque muchas otras mujeres no cuentan con esa posibilidad. Describió demoras de meses para acceder a estudios médicos y mencionó el caso de una paciente que lleva más de un año esperando la reparación de un equipo hospitalario. "Tienen plata para un parque acuático y no para un aparato de salud pública", cuestionó, antes de definir la situación como "terrible" y "vergonzosa".
Aun atravesada por la tristeza y el cansancio, Belén cerró su intervención llamando a sostener la organización colectiva. "Que esta comunidad no se apague", pidió. El mensaje funcionó como síntesis de una tarde donde la defensa del río terminó reuniendo reclamos ambientales, urbanos y sociales bajo una misma consigna.
Mientras el sol empezaba a caer sobre el Paraná, las organizaciones terminaron de definir las próximas acciones. La agrupación "El Paraná no se toca", una de las participantes de la jornada, convocó para este lunes a las 9.45 a una concentración frente al Concejo Municipal. Además, para el miércoles a las 18 se anunció un corte y movilización desde Córdoba y Oroño hacia el Monumento a la Bandera. La advertencia final quedó flotando entre los aplausos y los bombos: el río, dijeron, no puede transformarse en una plataforma para negocios turísticos mientras se pierde naturaleza y acceso público.
Escuchá la entrevista completa y voces de la asamblea:



















