Estas semanas el presidente Javier Milei cuestionó públicamente la compra de la empresa Telefónica Argentina por parte del Grupo Clarín, argumentando que esto fortalece la conformación de un monopolio en el campo de las telecomunicaciones.Si bien esto es cierto y no es nuevo -Clarín crece y concentra empresas audiovisuales y de telecomunicaciones desde hace más de tres décadas-, desde CoNTA nos preguntamos: ¿qué hay detrás de todo esto?Desde que La Libertad Avanza asumió el gobierno en 2023, sus políticas comunicacionales favorecieron a las grandes empresas de telecomunicaciones nacionales liberando los precios de los servicios. Se abrieron, además, las fronteras a las internacionales y se desguazó el sistema de pauta oficial para sólo dirigirlo a través de algunos organismos a empresas multimediáticas como Clarín, La Nación, América y el Grupo Indalo.A su vez, se paralizaron áreas del Ente Nacional de Comunicaciones, como el Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual (FoMeCA) y se desfinanció a los medios a los medios comunitarios, de frontera y de pueblos originarios.La pelea con Clarín es una pantalla. Las fotos de Milei con el magnate Elon Musk, dueño de la empresa de telecomunicaciones Starlink, son más que conocidas. Esto no es más que una pelea de titanes en la que se benefician unos pocos y en donde el mercado se regula para que sólo hable la casta.
miércoles, 5 de marzo de 2025
Clarín miente, Milei también. Sin medios comunitarios solo habla la casta
jueves, 25 de enero de 2024
Ámbito Finaciero anuncia el fin de su edición de papel
Hoy nos dirigimos a ustedes con un mensaje de profunda gratitud y una mirada hacia el futuro.
Fundado el 9 de diciembre de 1976 por Julio Ramos, Ámbito Financiero se dedica desde hace casi cinco décadas a brindarles a sus lectores la mejor información financiera, económica y política, y a acompañar y ser testigo de los más significativos acontecimientos de nuestro país con primicias e información fidedigna.
Fueron muchas las primicias que pasaron por nuestras páginas. Entre esos hitos, recordamos el del jueves 13 de junio de 1985, cuando anticipamos con audacia el Plan Austral del entonces presidente Raúl Alfonsín, un momento que quedó grabado en la memoria colectiva. O cuando el lunes 8 de noviembre de 1993, con el título "Se reunió en secreto Menem con Alfonsín: suspenderían plebiscito y habría apoyo para la reforma", dimos a conocer el Pacto de Olivos, que abrió las puertas a la reforma constitucional de 1994. Más adelante, el 5 de diciembre de 2001, lanzamos el consejo "Dolarícese" en medio de la crisis de la convertibilidad, demostrando una vez más nuestro compromiso con brindar información valiosa y oportuna a nuestros lectores.
Estos momentos no solo son parte de nuestra historia, sino también de la historia de nuestro país y allí estuvimos para contarla.
En el nuevo milenio, nos adaptamos a los nuevos escenarios y contextos con la creación de la unidad web de Ámbito, experimentando en ámbito.com un crecimiento exponencial y clave en nuestra audiencia digital.
En 2020, en plena pandemia, dimos vida a Ámbito Debate, un espacio diseñado para facilitar el intercambio de ideas sobre los temas cruciales que impactan en la agenda empresarial, política, económica y social, tanto en Argentina como en el mundo.
Siempre nos hemos caracterizado por nuestra audacia, anticipándonos y adaptándonos a los cambios de época y a las costumbres y necesidades de nuestros lectores. En tal sentido, reconocemos que en esta era de comunicación multiplataforma y desafíos constantes para proporcionar información veraz en medio de la marea de fake news, la apuesta por lo digital es insoslayable y responde a nuestro objetivo firme de innovación, como también a nuestro compromiso inquebrantable con nuestras audiencias y sobre todo, con la verdad.
El mundo actual, siempre en constante movimiento, nos plantea nuevos desafíos. La gestión de las compañías a nivel global tienen entre sus prioridades una nueva mirada sobre el management, que ponga el foco en un triple impacto positivo de las empresas. Los criterios de gestión ESG (factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo) deben guiar la toma de decisiones, no solo para mejorar la calidad de vida de colaboradores y aportar a la sociedad en general, sino por una visión estratégica de negocios. Los estándares internacionales de gestión empresarial analizan especialmente el impacto ambiental, debido a la aceleración del cambio climático, y por eso consideramos que los diarios impresos tienen mucho que repensar en este contexto.
Es en consonancia con los principios que nos han convertido en líderes, que tomamos la decisión de dejar de imprimir el diario tras 47 años ininterrumpidos acompañando a nuestros lectores y a las empresas que tanto han confiado y confían en nosotros. Esta decisión se basa en la continuidad de una transformación que se adecúa a las tendencias globales. Creemos que debemos tomar la iniciativa para aportar todo nuestro potencial para la reducción de las emisiones y la huella de carbono.Vale recordar que el Grupo Indalo cerró en 2017 el Buenos Aires Herald, a poco de cumplir 141 años. Era el único diario inglés que se imprimía en Argentina. En su larga historia se destacó su compromiso al denunciar en plena dictadura las desapariciones. El Herald volvió a editarse en 2023 en formato digital, camino que seguirá Ámbito.
El periodismo seguirá siendo nuestro principal compromiso. Por eso, continuaremos fortaleciendo nuestra presencia y competencia en ámbito.com, ofreciendo nuevos productos y formas innovadoras de comunicarnos y de seguir asegurando el acceso a la información.
Prueba de esto es la consolidación de Ámbito Uruguay, que refleja nuestro continuo compromiso con la expansión estratégica de nuestras operaciones. Este logro no solo representa el fortalecimiento de nuestra presencia en el mercado uruguayo, sino que también sienta las bases para una proyección regional más amplia. La edición de Uruguay nos ha permitido conectar con nuevas audiencias de manera significativa. La adaptabilidad y relevancia de nuestra propuesta ha contribuido a ganar la confianza de diversos segmentos de la población, posicionándonos como medio influyente en el escenario local.
Ámbito Financiero reafirma su liderazgo en el periodismo argentino, comprometido inquebrantablemente con la verdad, la calidad y los requerimientos de la gestión empresarial de vanguardia.
Agradecemos profundamente la lealtad a lo largo de los años para con nuestra edición impresa y esperamos seguir siendo su fuente confiable de información en la continuidad de la era digital a través de ambito.com
Con eterna gratitud y permanente compromiso,
Julián Guarino
Director Periodístico de Ámbito Financiero
|
|
|
|
| Publicado en desPertar |
viernes, 24 de marzo de 2023
Volvió el diario Buenos Aires Herald
En esta primera etapa, el Herald será un sitio de noticias digital. Hay planes para incorporar otros formatos, pero eso será más adelante en el tiempo. Nuestra cobertura de noticias buscará explicar la realidad argentina contemporánea, sus complejidades y sus potencialidades. Haremos foco especialmente en noticias de economía y finanzas, pero también habrá lugar para mucho contenido de lifestyle.
Volver a poner en funcionamiento este diario histórico es un desafío inmenso. Buenos Aires Herald es una marca muy valiosa para el periodismo argentino, porque representa los ideales de la profesión. Compromiso con la información, honestidad intelectual y respeto por los lectores fueron y seguirán siendo valores fundamentales para nuestro diario.
Creemos en un mundo en donde la libertad sea un pilar sólido de la sociedad. Las democracias occidentales atraviesan grandes desafíos en la actualidad, con expresiones políticas extremas que pueden generar la sensación de que una sociedad cohesiva es utópica. En este contexto, en un año en el que la Argentina se encamina a las elecciones presidenciales en medio de vicisitudes económicas, se vuelve mucho más importante generar espacios para el periodismo riguroso y bien documentado, para profundizar el debate con argumentos. A 40 años del regreso de la democracia, nuestro compromiso es brindar información para aportar a la convivencia pluralista de toda la sociedad argentina.
Para todo el equipo del Herald el periodismo es mucho más que un trabajo. Es una forma de dar testimonio de una sociedad y también un modo de vida. Soñamos con crear un periodismo dinámico, apasionado y original que no se detenga en los detalles ásperos, sino que comunique una visión compartida del mundo.
Esta forma de vivir el periodismo se conecta con el pasado del Herald. En los momentos más oscuros de la Argentina, durante la última dictadura, los periodistas que integraron esta redacción pusieron en riesgo sus propias vidas, su integridad y la de sus familias para contar sobre las desapariciones forzadas, el genocidio y la apropiación de bebés. La defensa de los derechos humanos es para nosotros una piedra angular. Robert Cox, Andrew Graham-Yooll y James Neilson siempre serán los faros de nuestro trabajo.
Pero además de honrar nuestra historia, también queremos contar también que la Argentina es un país dinámico, innovador, prometedor y muy divertido. Los paisajes, la diversidad, la cultura, el fútbol y la intensidad de los argentinos hacen a este país un lugar maravilloso para conocer.
Esperamos que en esta etapa del Herald encuentren historias que los asombren, los inspiren y los informen. Ese es nuestro mayor compromiso: hacer periodismo para ustedes.
miércoles, 18 de mayo de 2022
La TV Pública intimó a la productora de Cristóbal López para que devuelva el dinero pagado a Orlando Barone
martes, 10 de mayo de 2022
Orlando Barone le ganó un juicio a la TV Pública
Luego de perder un juicio y una apelación, la empresa Radio y Televisión Argentina (RTA) comenzó a pagarle una cifra millonaria al periodista Orlando Barone, exintegrante del programa 6,7,8 que se emitía en la TV Pública durante los gobiernos de Cristina Kirchner.
Según publicó Clarín y La Nación, la RTA tiene que abonarle $ 15 millones.
Ese pago ya comenzó, con la primera cuota de $ 2,5 millones, como parte de un acuerdo que contempla el desembolso de otras cinco cuotas iguales, mensuales y consecutivas.
Barone trabajaba en la productora de los empresarios Cristóbal López y Fabián de Sousa, Pensado Para Televisión (PPT), pero le reclamó el pago a RTA por considerarla "solidariamente responsable" de su situación.
Todo comenzó en marzo de 2016, cuando el periodista se consideró despedido tras reclamar que le siguieran pagando su sueldo ($ 53.240) aunque el programa había finalizado. En septiembre de ese mismo año, accionó contra el Estado.
En primera instancia, la jueza Gabriela Susana Cruz falló a favor de Barone. Tras una apelación de RTA y PPT, la Cámara del Nacional de Apelaciones del Trabajo confirmó el pago y modificó el monto que con las actualizaciones por intereses supera los $ 15 millones.
"Los conductores de 678 ganaban cifras que no las gana nadie en la Argentina. Los defensores del Estado privatizaron el prime time y se hicieron pagar sueldos altísimos. Son situaciones escandalosas. No va a tener más lugar los lugares donde se incitaba al linchamiento. Bienvenida la gente que piensa diferente", dijo Hernán Lombardi en 2016. Más tarde:
Además del monto millonario a Barone, el Estado nacional también debe compensar al abogado Leandro Recalde (con $ 3.551.600) y al perito contador ($ 903.141). De esos montos, ya pagó $ 4,6 millones.
Según el acuerdo firmado, está previsto que el próximo lunes se paguen $ 3,7 millones a Barone y a su abogado Recalde (hermano del senador Mariano Recalde), integrante de la Corriente de Abogados Laboralistas 7 de julio y del estudio jurídico del exjefe del bloque de diputados kirchneristas Héctor Recalde.
Quién es Barone
Barone fue uno de los panelistas desde el inicio del programa 6,7,8, en abril de 2009, hasta que finalizó en diciembre de 2015.
Es el único periodista, de los que trabajaron en ese programa, que logró ganar su juicio laboral.
Fuentes oficiales señalaron a Clarín que RTA fue "condenada" por la Justicia y que "las condenas laborales de esta naturaleza suelen ser jurídicamente de carácter solidario; es decir, la Justicia entiende que por el vínculo existente, el pago de la sentencia la debe afrontar la productora y el canal. Luego, para el trabajador, es indiferente intentar el cobro total contra uno u otro, y usualmente van contra quién es más solvente".
martes, 18 de enero de 2022
Transfobia en Radio 10: Echan a una mujer trans
El personal de seguridad de la empresa evitó que esto sucediera, argumentando que la habían desvinculado y que tenía “prohibida la entrada”.
En prepandemia, la compañera Constantini estuvo de licencia en la radio ya que trabaja paralelamente en la primera línea de fuego del Hospital Muñiz, desde la sección de virología, lo cual representaba un serio riesgo para los compañeros de la radio.
En junio de 2020 Gemma dio inicio a su tratamiento definitivo de cambio de género, y cuando recientemente se reincorporó a su horario en la Radio, ya estaba completamente afianzada en el genero que ella eligió.
La excusa que argumentó la gerencia de la emisora para prescindir de Gemma fue que “venía trabajando mal”, ergo la despidieron. Es decir, de repente descubrieron que "trabajaba mal" luego una labor que venía desempeñando desde hace 12 años y con 23 de carrera. Sin telegrama de despido ni aviso anticipado, sin llamado de atención ni sanciones previas. Despido Directo.
No hubo motivo, no hubo razones. Es un claro acto discriminatorio.
Luego de haber sido discriminada como lo fue, después de no poder ejercer su derecho a trabajar, Gemma intentó tener una respuesta, y no la obtuvo. Todos fueron desvaríos y cosas inconcretas.
Consideramos que esta determinación de Radio 10 es una vulneración directa a los derechos laborales, a la reciente ley de cupo laboral travesti trans que sienta precedentes de la violencia y segregación que se ejerce contra toda la comunidad LGBTIQ.
Según Decreto 721/2020, el Artículo 3º establece: "No Discriminación. Toda persona travesti, transexual o transgénero tiene derecho al trabajo digno y productivo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo, sin discriminación por motivos de identidad de género o su expresión, por lo que no podrán establecerse requisitos de empleabilidad que obstruyan el ejercicio de estos derechos".
Según el censo federal de operadorxs técnicxs realizado en el 2021 en 83 radios AM, FM y On Line, sobre un total de 738 operadorxs de todo el país, 153 son mujeres y sólo 4 son trans.
En el Grupo Indalo, durante 2021, se estuvieron desarrollando una serie de capacitaciones de género. Lamentablemente, estos son los resultados.
Operadorxs Autoconvocadxs
martes, 9 de noviembre de 2021
Cristóbal López, Fabián De Sousa y Víctor Santa María presentaron sus nuevos portales de noticias
Con una trayectoria de más de 60 años informando al público, pasando por el recordado Nuevediario, Telenueve busca consolidarse en este 2021, no solo como uno de los noticieros más vistos de la TV argentina, sino como una entidad digital propia con el lanzamiento de su sitio TeleNueve.com.ar.
En los últimos años, además del formato tradicional televisivo se ha incrementado visiblemente el caudal de audiencia vía streaming. Con el lanzamiento del sitio, telenueve apunta a llegar a su público de una manera más directa y a brindar más y mejor información.
"Arrancamos un hermoso desafío desde telenueve, seguir conectados las 24 horas con la gente que nos sigue y que busca información confiable. Además de nuestras cuatro ediciones que suman seis horas y media de noticias en vivo a lo largo del día vamos a acompañar de manera permanente a quienes deciden informarse online, ya sea desde su casa, el transporte público o donde quiera que se encuentren. En medio de tanta fake news telenueve.com.ar es un aporte que garantiza información chequeada", señaló Marcelo Antín, gerente de Noticias del Nueve.
C5N.com, otro portal de noticias
La creación de contenido original es una de las grandes apuestas de c5n.com. El portal brinda información sobre los ejes temáticos tradicionales, como también sobre las últimas tendencias en gastronomía, cine, gaming, literatura, cómics, música, mascotas y fitness.
En línea con las tendencias y nuevos hábitos de consumo, que mutó desde el tradicional contenido escrito a un consumo multiplataforma, en C5N.com la imagen es clave y apuesta a ofrecer al usuario una experiencia audiovisual.
En ese sentido se trata de un proyecto innovador en el periodismo digital de la Argentina, con un doble objetivo: consolidar el caudal de audiencia que día a día elige la señal de noticias y potenciar la marca para alcanzar nuevos segmentos.
C5N.com ofrecerá una experiencia 360 para una audiencia fuertemente fidelizada como creadores de contenido digital original con una enorme experiencia en storytelling y a la vanguardia en materia de análisis de datos y tecnología audiovisual.
jueves, 26 de agosto de 2021
El Testigo Inglés. Luces y sombras del Buenos Aires Herald (1876-2017)
“La postura del Herald tiene claroscuros. Esta historia extensa e intensa es la que cuenta Sebastián Lacunza en este libro lo hace sin quedarse en la mirada santificada, hagiográfica, qué propios y ajenos construyeron del Herald en los años de plomo sino que derriba mitos y estima en su justo valor actos realmente meritorios”.Introducción: Un diario universal
Sergio Olguín
Volví a la redacción del Buenos Aires Herald el 18 de agosto de 2017, tres semanas después de que el diario de habla inglesa cerrara sus puertas.
La escena parecía congelada a la espera de un forense. Sobre mi escritorio yacían libros, pruebas de página, periódicos, planillas, revistas, sobres de mate cocido y un par de tazas de café. El desorden de mi espacio se repetía agravado en otro escritorio y moderado en media docena. Los estantes de la sala estaban poblados por biblioratos con colecciones salteadas, objetos de cortesía que nadie quiso, cajas con fotos salvadas de alguna mudanza y pilas de Heralds cosidos a mano, ya descreídos de la eterna promesa del presupuesto para ser encuadernados.
Sin testigos, recorrí una y otra vez los pasillos del diario que dirigí los últimos cuatro de sus casi 141 años de publicación. Desde el piso inferior, donde funcionaba el sitio online de Ámbito Financiero, llegaban el murmullo y las risas que suelen generar los canales de noticias que tutelan las redacciones. Revisé archivos, recogí cosas personales, rescaté libros, saqué fotos y me emocioné. Esa misma redacción desde la que provenían el ruido de la tele y las risas que restaban dramatismo a mi despedida íntima del Herald me había recibido dos décadas antes en mi primer empleo periodístico a tiempo completo.
Una tarde de fines de julio, la empresa propietaria me informó un hecho consumado: el número del viernes previo había sido el último. No habría tiempo ni páginas para que el Herald se despidiera de sus lectores.
El silencio impuesto por la empresa editora contrastó con los cables de las agencias internacionales de noticias y los obituarios que en los medios de todo el mundo hablaban sobre el “único diario argentino que informó sobre los crímenes de la dictadura militar”. Editores y redactores que pasaron por sus páginas escribieron columnas en la prensa local y extranjera. Algunos que desarrollaron carreras de décadas en otros países volcaron en las redes sociales su pesar por el cierre del “pequeño gran diario”. Se publicaron análisis sobre el futuro del periodismo gráfico y textos enfrentados sobre el papel del periódico durante los años recientes de la polarización política en la Argentina. Recibí cientos de e-mails y mensajes. Colegas de otros medios me pidieron que escribiera un texto y editoriales me contactaron para pensar la idea de un libro.
Durante un tiempo, no pude dar respuesta. Trabajo de escribir, pero me había quedado sin palabras.
Semejante revuelo se daba por un diario que rara vez en su historia excedió las veinticuatro páginas en su cuerpo central, que en sus años de esplendor tuvo una tirada de menos de veinte mil ejemplares, que en los lustros finales no superó un cuarto de esa cifra, que contaba con una versión web muy limitada, y cuya redacción promedió históricamente los veinte periodistas fijos y una quincena de colaboradores. Sin embargo, esta repercusión no me llamó la atención; siempre fui consciente del valor del Herald y de las dificultades que afrontaba.
El fantasma del final merodeó las últimas décadas del diario, pero fue en marzo de 2016 cuando el grupo propietario, Indalo, hizo saber que la decisión estaba tomada y sólo restaba definir la fecha. La tarea de la redacción consistió entonces en trabajar para que el acta de defunción se demorara lo máximo posible. En el momento del cierre, sobre Fabián de Sousa y Cristóbal López —accionistas de Indalo— pesaban la acusación de haber cometido un fraude impositivo millonario al amparo la administración de Cristina Fernández de Kirchner y la amenaza de cárcel, explicitada sin disimulo por voces oficiales y oficiosas del Gobierno de Mauricio Macri.
Penumbras y oportunidad
Empecé a concebir este libro mucho antes de la cuenta regresiva. Que un diario escrito en un idioma extranjero y con limitada circulación fuera objeto de debate público en años en que el periodismo parecía apostar más a satisfacer prejuicios de creyentes que a informar y analizar me parecía de por sí una experiencia válida para compartir. A ello se sumó la acusación de que el Herald se había convertido en un medio K a raíz de la venta a Indalo en 2015. La versión no tenía sustento en el contenido informativo, ni en los editoriales, ni en los columnistas, ni en el staff, pero era proclamada con el rigor del escarmiento por quienes consideraban que el destino natural del periódico era su partidización en el sentido opuesto al que denunciaban.
La “gesta épica” protagonizada por el Herald durante los años del terrorismo de Estado —el tan mentado “único diario que informó sobre…”— merecía una investigación que iluminara hechos y tramas con toda su riqueza histórica. Esa épica —que fue real y salvó vidas— era aludida con frecuencia como una letanía, apta para la divulgación superficial y la corrección política, o como una herramienta autoindulgente para tergiversar el pasado y operar sobre el presente.
La simplificación del papel desempeñado por el Herald en la década de 1970 requería de un relato canonizado. Según esta narrativa, en 1876, un inmigrante escocés, William Cathcart, creó The Buenos Ayres Herald, una página de servicios sobre el movimiento portuario. En la pujante Buenos Aires de entonces, un recién llegado estadounidense, D. W. Lowe, tomó la posta y transformó la hoja inicial en un periódico que se codeó con el poder político y económico. Ambos emprendedores —el escocés y el estadounidense— plantaron a su turno la semilla de la libertad y el progreso gracias a la cual el diario de los británicos resistiría a los totalitarismos europeos y al autoritarismo de Juan Domingo Perón. Como un devenir natural, este medio liberal-conservador —aunque décadas más tarde sería rebautizado por una vertiente autorizada como “liberal de izquierda”— apoyó el golpe de Estado de 1976. Al confrontar el horror de que la dictadura definida como civilizatoria no tenía como meta restaurar la democracia sino desaparecer personas, los editores ingleses se plantaron ante los represores, denunciaron las atrocidades y lo pagaron con el exilio. Otro empresario estadounidense, tan liberal como sus predecesores del siglo XIX, respaldó el rumbo. Ello no fue motivo para que el Herald perdiera de vista que, en esa misma década, también actuaba en la Argentina un demonio de izquierda y que ambas criaturas del mal —el Estado y la subversión— merecían juicio y castigo. La línea oficial describió que el periódico, digno e independiente, avanzó en democracia con su prédica republicana y observó con distancia el vértigo político-económico, hasta que sucumbió a empresarios argentinos que lo sometieron a intereses espurios y lo abandonaron. Punto.
La versión así establecida podía contener visos de realidad. Sin embargo, mi experiencia en la redacción me permitió conocer de primera mano testimonios y documentos que apuntalaban una trayectoria menos binaria, con matices, conflictos y contradicciones disimulados en las penumbras, lo que no hizo más que aumentar mi interés por investigar la historia del “último diario de habla inglesa de Iberoamérica”.
Un hecho excepcional ayudaría a ese objetivo. Los dos principales protagonistas de la vida del Herald no sólo estaban en actividad y podían dar testimonio, sino que seguían relacionados con el diario que yo dirigía. Con Andrew Graham-Yooll construí una relación cercana, y con Robert Cox —severo crítico de mi gestión— mantuve un vínculo más distante, pero cordial y frecuente. En cuanto a James Neilson, el diálogo era exiguo, aunque, paradójicamente, fuera el colaborador más asiduo entre los exdirectores, con una columna semanal enviada desde su casa en Pinamar.
Que personalidades como las de Cox y Graham-Yooll refundaran el Herald durante la dictadura y permanecieran vinculadas al diario hasta los meses finales, cuatro décadas después, fue —como dijo el gran cronista de Ranelagh— “no sólo interesante sino casi devastador”. Con el paso del tiempo, cuentas personales y profesionales nunca saldadas trasuntaron en indiferencia y cierta animadversión mutua. Recién avanzada la segunda década del siglo XXI, convertidos en leyendas del periodismo, Cox y Graham-Yooll reconstruyeron algo de lo que habían vivido cincuenta años atrás como una relación “familiar”.
A lo largo de décadas, libros, notas, blogs y documentales abrevaron en aspectos puntuales de la historia del periódico o abordaron experiencias personales de sus autores. Graham-Yooll, uno de los principales historiadores de la relación angloargentina, metódico archivista y prolífico escritor, apenas rozó tangencialmente la narración de la vida del Herald. Cox no se despegó del destino del diario tras titular su texto de despedida “Au revoir”, en diciembre de 1979, pese a que al poco tiempo se sintió injustamente segregado. Sin embargo, tampoco se abocó a escribir la historia íntima que guardaba en sus memorias. Ambos se mostraron complacidos cuando les conté que iba a emprender la tarea de investigar los 141 años del Herald y prestaron su testimonio con generosidad.
“Dale flaco, que pasa el tiempo”, me dijo Graham-Yooll semanas antes de morir en Londres, en julio de 2019.
La atribución de cualidades democráticas anglosajonas al Herald fue un lugar común entre quienes buscaron una explicación a la singular reacción del periódico ante la dictadura de los 30.000 desaparecidos. “Eran conservadores, pero ingleses”, “fueron liberals, no liberales”, argumentaron unos y otros, pese a las contradicciones terminológicas. Una simplificación tentadora, pero ahistórica. Por empezar, porque las civilizaciones emblemáticas del régimen liberal democrático anglosajón —el Reino Unido y Estados Unidos— estuvieron lejos de sostener tales principios en su política exterior en los siglos XIX y XX, y mucho menos hacia la Argentina. Las supuestas virtudes intrínsecas de la política de Londres no aplicaron a su relación con el Río de la Plata.
Con los años, aquella página de 1876 sobre el movimiento portuario ganaría densidad hasta transformarse en un testigo del palacio y la calle, protegido y desconfiado por su idioma en dosis similares, y se acercaría demasiado a monstruos que amenazaban con devorarlo. La fragilidad de las alas de Ícaro fue reflejo de las dudas sobre la propia identidad como diario argentino o extranjero que acompañaron a sus diferentes conducciones durante décadas.
El siglo XIX albergó capítulos de acercamiento y turbulencia entre el Reino Unido y la joven República. En el año de la fundación del Herald, acechaba la restricción de divisas y una deuda financiera con Londres a la que se haría “honor” hasta con el hambre y la sed de dos millones de argentinos, según proclamó Nicolás Avellaneda, el presidente de entonces. Un tiempo después, tomaría la posta para “administrar” el país una generación marcada por cierta anglofilia —fuera por motivos culturales o comerciales— y sobrevendrían el cambio del ciclo exportador de la lana a los granos y la industria frigorífica, y la puja por la hegemonía del capitalismo global. ¿Cabía pensar, entonces, que los primeros años del Herald transcurrieron con armonía entre los emprendedores extranjeros liberales y las elites en pugna dentro de la Generación del 80? Inmigrantes europeos pobres —es decir, rara vez ingleses— alumbraron protestas anarquistas y socialistas en las primeras décadas del siglo XX. La carta de resolver el desafío mediante acuerdos de sobremesa entre la aristocracia conservadora y grandes terratenientes de la Patagonia —británicos— o inversores en los Talleres Vasena —también británicos— se vio tensionada mientras la Argentina se asomaba al voto popular y al derecho a huelga. ¿El Herald habrá respondido con apego a los valores de la democracia liberal o, por el contrario, se retrajo hacia la representación del inversor en pampas hostiles? ¿O hubo idas y vueltas?
Sucederían décadas protagonizadas por movimientos políticos populares y golpes perpetrados por elites de cuño conservador-liberal, o de inspiración fascista, o conservadoras y fascistas a la vez. Con el paso del tiempo, los capitales ingleses se retrajeron de sus dominios sobre tierras, trenes, empresas de servicios y frigoríficos. La inmigración británica —lectorado núcleo del Herald— fue una de las de mayor tasa de retorno. Como describió Graham-Yooll, el inglés o el escocés fue un tipo de inmigrante que se asumió por largo tiempo como parte de una “comunidad visitante”, sin planes de meterse en política o peleas sindicales. Sus prioridades eran la casa, el club, la iglesia, el colegio de sus hijos y su diario. ¿Por qué habrá sobrevivido uno de los periódicos de una comunidad significativa, pero no masiva, y, en cambio, antes de mitad de siglo XX había sucumbido ya casi toda la prensa gráfica de corrientes nacionales y lingüísticas europeas que aportaron centenares de miles y millones de inmigrantes?
El Herald apoyó todos los golpes de Estado del siglo XX: los vio como una instancia inevitable para sentar las bases de la verdadera democracia. Un editor llegó a pararse, literalmente, junto a los fusiladores de una protesta anarquista. Más adelante, el diario combatió a civiles y militares que exploraron vías para levantar la proscripción del peronismo. En varios tramos de la historia, se mostró dogmático al defender esquemas económicos que provocaron estragos sociales. Sin duda, sería una injusta simplificación reducir la historia del diario a sus momentos de complicidad con regímenes y prácticas antidemocráticos. También fue el medio que alentó la política migratoria de principios del siglo XX y, con los bemoles de la época, se dirigió a la mujer como lectora en años en que la ciudadanía era cosa de hombres. Mucho antes de la dictadura de 1976, desentonó cada tanto con la prensa dominante al apegarse a los hechos por encima de sus objetivos ideológicos, al tomar distancia de alguna ofensiva política pergeñada por la Embajada de Estados Unidos y al reclamar “no cerrar los ojos” ante la popularidad de líderes a los que temía.
A días de la Navidad 1979, Cox debió dejar el país junto a su familia. Tres años antes, en silencio, mientras arreciaban las desapariciones, había hecho lo propio Andrew Graham-Yooll. Para una parte de la comunidad del diario —lectores, influyentes y algunas miradas dentro de la empresa editora—, Graham-Yooll tenía simpatías por la lucha armada y Cox no había sabido comprender el valor supremo de derrotar la amenaza “comunista” por el método que fuera. Con personeros de la dictadura con ánimos de prolongar su estadía en el Gobierno por muchos años y sin su director más emblemático, al Herald le quedaba abierta la opción de resistir, con el riesgo de que cayeran represalias sobre periodistas con menos renombre, facilitadas por el fervor nacionalista que al poco tiempo brindaría, en 1982, la Guerra de Malvinas. También se presentaba la opción de pactar y someterse a la censura, o un abordaje intermedio.
El trauma de la dictadura proyectó su sombra sobre las décadas siguientes. En definitiva, la meta primaria de todo diario es informar a su público sobre lo ocurrido el día anterior y, en esa senda, una porción de los lectores del Herald parecía más propensa a expresar su fastidio por la economía errática de la recuperada democracia que a levantar el reclamo por memoria, verdad y justicia ante los crímenes de lesa humanidad. ¿A qué público debía dirigirse? Allí estaban, en el plano hipotético, la declinante comunidad de habla inglesa, el mundo de la educación, la elite política y cultural, el inversor extranjero, las embajadas, el turismo y las familias que se acercaron por la lucha por los derechos humanos. Un empate entre lectorados no siempre complementarios en el que ninguno garantizaba una masa crítica de lectores.
Apenas cerró el Herald, la primera propuesta para este libro fue un texto sobre los años en que lo dirigí, entre 2013 y 2017, en clave de memoria personal. Me pareció que enmarcar el abordaje en el período que va desde la llegada de Cox al país —en 1959— hasta el final aportaría una mirada más integral y justa para comprender el pasado y mi propia experiencia. Sin embargo, los primeros pasos en la hemeroteca y el conocimiento de una contienda rocambolesca entre potencias que se disputaban la hegemonía del capitalismo a fines del siglo XIX, con consecuencias determinantes en el destino de la modesta página que comenzaba a publicarse en Buenos Aires, extendieron el umbral de este trabajo hasta 1876. Las zonas de acuerdo y fricción durante el primer siglo del Herald tenderían un puente para comprender el diario que apoyó y denunció, a veces en simultáneo, a la dictadura de Videla.
La mejor forma de contar la historia del Herald fue dar la palabra a sus páginas. En especial, sus tapas, columnas, editoriales y la organización de las secciones. Junto a Cecilia Camarano, quien trabajó en la investigación, analizamos ediciones desde el año de su nacimiento, abordadas por intervalos preestablecidos que ganaron frecuencia en la medida en que el Herald sumó contenidos. El registro fue complementado con la búsqueda específica de la cobertura sobre acontecimientos relevantes en la vida pública —elecciones, golpes de Estado, conflictos, revueltas, matanzas— y en la redacción —cambios en la propiedad y la dirección, aniversarios, amedrentamientos—.
El análisis de los ejemplares —en gran parte, clasificados en la Biblioteca Nacional— fue enriquecido por una docena de libros e investigaciones académicas que reprodujeron textos del periódico. El trabajo de hemeroteca incluyó el cotejo de unos cuarenta diarios, revistas y sitios digitales de la Argentina y el exterior.
Los archivos personales de Andrew Graham-Yooll y Robert Cox, legados a la universidad argentina de San Andrés y a la estadounidense de Duke, respectivamente, aportaron un valioso cuerpo de documentación, que incluye correspondencia, notas personales, fichas y comunicaciones laborales. Consulté los archivos del Departamento de Estado y Nacional de Estados Unidos, del Ministerio de Justicia argentino, de la Policía Federal Argentina, declaraciones judiciales, documentos desclasificados de la Inteligencia estadounidense e investigaciones académicas sobre hechos relevantes para la vida del Herald. Exdirectivos, periodistas y familiares de desaparecidos compartieron documentos y sus valiosas colecciones.
Hice entrevistas a sesenta personas. Entre los directamente relacionados con el Herald, a quienes ocuparon puestos de director, secretario de redacción, jefe de sección, redactor, reportero gráfico, diagramador, gerente, administrativo, ejecutivo e integrante del directorio, así como a allegados de algunos de ellos. También entrevisté a legisladores, víctimas de la dictadura, dirigentes sociales, periodistas, funcionarios judiciales y empresarios. En cuanto al marco histórico, apelé a libros que abordaron períodos de décadas y los complementé con otros sobre ejes temáticos y acontecimientos puntuales.
Una vez recuperada la democracia, el prestigio de haber sobrevivido tras haber dado cuenta de la maquinaria del terror fue una carga de oxígeno y, a su vez, un desafío para la reinvención del Herald. Se sumaron cambios en el ciclo económico y tecnológico que pusieron en crisis las rutinas de producción y consumo de los diarios mientras la propiedad del medio afrontaba sucesivas turbulencias. La empresa se volvió cada vez más dependiente de los giros de la casa matriz en Charleston y de favores estatales. A la variación del contrato de lectura surgido a partir de las denuncias de violaciones a los derechos humanos le siguió el envejecimiento y la mutación cultural y sociológica de la comunidad anglohablante. Las familias inglesas de Hurlingham o Acassuso que recibieron durante décadas el diario en la puerta de una casa construida con inspiración ferroviaria cada vez más se iban transformando en añoranza antes que en realidad. Se impuso la necesidad de encontrar nuevos públicos.
La crisis de sustentabilidad se agudizó con el nuevo siglo. Fue una época de restricciones, despidos y renovación generacional. Para Evening Post, la empresa de Carolina del Sur en manos de los herederos de Peter Manigault desde 2004, la deficitaria unidad de Buenos Aires perdió interés. Llegaron los dueños argentinos sin vínculos con la comunidad anglohablante. Ni Sergio Szpolski (2008), ni Orlando Vignatti (2009-2015), ni López-De Sousa (2015-2017) buscaron modificar la línea editorial, básicamente porque el contenido del Herald no estuvo en su radar.
Durante mis cuatro años en la dirección, el marco de la polarización agregó frentes de tormenta, pero la distancia de batallas ajenas también se transformó en un activo, gracias a una plantilla de periodistas apegados a valores y procedimientos profesionales. No se trataba de indagar sobre la veracidad histórica de la epopeya de Homero, sino de que el imaginario sobre el diario liberal e independiente jugara a favor de una concepción humanista en cuanto a derechos civiles, económicos y políticos. El Herald debía ser contrario al capitalismo de amigos y a los monopolios que malversan el mercado, incluidos los informativos. La adhesión al conservadurismo corporativista argentino apenas remozado no era un buen destino para un diario que debía defender las reglas justas de la competencia, pese a las presiones.
Incluso por encima de la orientación editorial, el desafío tecnológico y el lenguaje digital podían representar el salto hacia un público global, o determinar el final del Herald. Un diario con pocos lectores, alto valor simbólico y potencial de llegar a públicos desatendidos estaba llamado a transformarse en el gran narrador de la información en inglés desde el Cono Sur, pero el horizonte empresarial para asumir el desafío nunca asomó.
El Herald solía ser referido como un diario “único”. Había motivos. Único por su idioma, por las denuncias sobre los desaparecidos, por su supuesta génesis liberal y por la demografía de su redacción. Al cabo de este trabajo, también comprendí que la suya fue una historia de pasión, rutinas, mística, cálculo, talento y desidia, como fiel exponente de una industria que hace tiempo mira el horizonte con temor y escepticismo. La historia de un pequeño diario universal.
(...) Au Revoir
El 20 de noviembre de 1979, Peter, el cuarto hijo de Cox, recibió una carta en su domicilio de Recoleta con el sello de Montoneros:
Querido Peter: Te escribimos porque sabemos que estás afligido por cosas que les han ocurrido a los papás o abuelitos de algunos amiguitos tuyos y tenés miedo de que algo así pueda ocurrirles a tu “daddy” o a varios de Uds. de refilón y sin querer, porque no nos dedicamos a desayunar “niños envueltos” (…). Excepcionalmente, y en consideración a lo peculiar del trabajo de tu “dad”, queremos brindarle a él (y a todos Uds.) la opción de exiliarse debido al riesgo de asesinato por la dictadura videlista.
El texto instó a que Peter y sus hermanos propusieran un plan de salida:
Vender la quinta Victoria en el Highland Park, vender lo que no sea propiedad de tu abuelito usurero Agustín Daverio, vender los dos autos (el Peugeot y el Dodge) (…) e irse a trabajar por ejemplo a París con el amigo Rosenblum [Mort, director del Herald Tribune], en otro Herald más grande. Motivo: la persecución desatada por la represión y los milicos contra quienes defienden la libertad y los derechos humanos.
La carta continuó con una alusión antisemita oblicua sobre “los amigos de tu papá (Freeman, Friedman)”. Y cerró:
Tus tíos, que los esperan para pasar unas Merry Xmas en Inglaterra, prefieren lo mismo. Un montón de saludos revolucionarios de los amigos de tu papá. Montoneros.
Cox entendió que la autoría y el mensaje eran inequívocos más allá de la burda distracción: un sector de la dictadura amenazaba de muerte a la familia. No era la primera vez que le llegaba una carta membretada con el rifle AK-47 con el que se identificaba la guerrilla peronista. El año previo, textos con esa insignia, que Cox interpretaba como meras provocaciones de los militares, le habían agradecido la solidaridad. Esta vez, el tenor de la advertencia fue diferente.
Cada párrafo de la carta insinuaba una doble intención: la amenaza y la demostración de un amplio conocimiento de la vida familiar. A la vez, recrudecieron las amenazas telefónicas. La guardia policial prometida por Harguindeguy en la puerta del edificio de avenida Alvear desaparecía por varias horas, que en general coincidían con algún hecho extraño.
Videla recibió al periodista un día de fines de noviembre por la tarde. Pretendió dar la imagen de un hombre derrotado —”Me entristece muchísimo saber que se va; por favor, quédese con su familia”— y le dijo a Cox que quería bajar los brazos y renunciar. “Dios mío. ¿Tan mal están las cosas?”, le preguntó el director del diario. En coincidencia, el Departamento de Estado norteamericano todavía sostenía que había un bando duro y otro blando dentro del régimen.
Esa misma noche, Cox redactó una carta al accionista de Charleston en la que solicitó un año de licencia sin goce de sueldo. “Las amenazas, que debemos tomar muy en serio, están dirigidas a mis hijos”, explicó el periodista.
En un movimiento editorial extraño para el momento, el 5 de diciembre de 1979 el Herald depositó alguna esperanza en Leopoldo Fortunato Galtieri, un feroz represor a cargo de Rosario, nombrado comandante en jefe del Ejército en reemplazo de Roberto Viola. “Su designación ha generado esperanza por su experiencia como comandante que ha sabido cómo mantener la disciplina y restaurar la legalidad.” El texto no parecía escrito por Cox. Al día siguiente, una opinión editorial fue irónica con Harguindeguy, quien había ninguneado la amenaza. El texto se preguntaba cómo los “desvencijados correos” argentinos podían procesar las decenas de miles de amenazas que el ministro del Interior había sugerido que circulaban por la Argentina. En tono más serio, Cox recordó que “un gran número de periodistas han sido asesinados o secuestrados” y, a diferencia de empresarios y militares, aquéllos no contaban con custodios especiales. “Es fatigoso sugerir que las amenazas de cualquier parte deben ignorarse alegremente”, remarcó.
"¿Quién le teme al Herald?", preguntó James Neilson en la misma edición. Más que responder la pregunta, diseminó sospechas. Afirmó que era “un pequeño diario de reducida circulación, escrito en un idioma que sólo una minoría comprende en la Argentina”, y que, por otra parte, defendía causas “moderadas”, como “políticas económicas que llevaron a la prosperidad” e ideales “más bien banales” como el deseo de que se pusiera “fin a las torturas” a las “prisiones sin juicio, las desapariciones y todo gansterismo político”. “En la mayor parte del mundo occidental, un diario con principios tan poco excepcionales atraería poca atención y generaría poco entusiasmo. Acá, sin embargo, encendió tanta furia en algunos que están contemplando el asesinato para silenciarlo. ¿Quiénes son estas personas? ¿Por qué nos temen?”, completó el director adjunto.
Neilson pareció aludir a que los rivales de Videla estaban siendo derrotados. Acaso se apoyó en el hecho de que, en septiembre de 1979, el “duro” Menéndez había fracasado en un intento de golpe para derrocar al “blando” Viola en la comandancia del Ejército. Pero también apuntó la hipótesis de que la amenaza proviniera de “la izquierda”, que le atribuía al Herald —según el periodista inglés— “conexión especial con la Embajada estadounidense, por lo tanto, con la CIA” por el sólo hecho de preconizar “políticas económicas sanas” y deplorar “el terrorismo marxista”. En consecuencia, razonó que las “anónimas bandas de violentos” habrían entrado en “desesperación por el modo en que el país está cambiando”. “Argentina está comenzando a recobrar su salud, a sentir que la sangre corre por sus venas una vez más. Hay un creciente clamor por el retorno del debido proceso (…). La Argentina es hoy un lugar mucho más libre que como era hace dos e incluso hace un año”, se esperanzó.
Casi en simultáneo, el 2 de noviembre de 1979, la versión de Santiago O’Neill —seudónimo que Neilson utilizaba para firmar en Somos— había apuntado en sentido contrario en la columna “Los vecinos sean unidos…”. A raíz de acuerdos energéticos y un supuesto acercamiento político del régimen de Videla a los dictadores de Bolivia, Uruguay, Brasil y Paraguay, el columnista de Atlántida evaluó que “los gobiernos de la región” miraban con “comprensible desasosiego el avance del marxismo en el hemisferio y a su vez deben hacer frente a las presiones de los Estados Unidos”. En un contexto acuciante para su colega Cox, Neilson adhirió a la denuncia de que el Gobierno de Videla era incomprendido por el hemisferio norte: “Para Argentina, cerrar filas con los vecinos es una necesidad urgente. Una combinación funesta de circunstancias (…) ha servido para empujar al país al aislamiento, justo cuando el Gobierno buscaba reintegrarlo a la comunidad occidental”.
Sobre Sebastián Lacunza
Buenos Aires, 1972. Ejerce el periodismo desde fines de la década de 1990. Fue director periodístico del Buenos Aires Herald entre 2013 y 2017. Actualmente se desempeña como corresponsal de la agencia estadounidense REDD y de Reporteros Sin Fronteras. Antes, trabajó trece años en el diario Ámbito Financiero y cinco como corresponsal del italiano Il Manifesto. Ha colaborado en medios como The Washington Post, PáginaI12, Anfibia, Le Monde Diplomatique, elDiarioAR, Inter Press Service, Letra P y La Diaria. Cubrió acontecimientos y crisis en países de América, Europa y Medio Oriente. Formado en la Universidad de Buenos Aires, Flacso y la Universidad del País Vasco, escribió dos libros: Wiki Media Leaks (2012) —en coautoría— y Pensar el periodismo (2017). Es docente de maestría en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. En redes es @sebalacunza.
lunes, 31 de mayo de 2021
El escrache a Patricia Bullrich y sus consecuencias: La otra cara de Tomás Méndez
El anuncio de la “desvinculación” de Tomás Méndez de C5N desató una ola de reacciones entre quienes no conocen su forma de “hacer periodismo”, que llevó a que sus propios compañeros exigieran que lo echaran del Canal 10 de la Universidad de Córdoba.
Los dos hechos se sucedieron casi con la velocidad de un rayo: la transmisión por la pantalla de C5N del “escrache” organizado por el conductor de ADN, Tomás Méndez, frente al domicilio de Patricia Bullrich, y la lectura al aire por otro integrante del staff de la emisora de un comunicado donde se anunciaba “la desvinculación” de Méndez debido a ese escrache.
Conviene empezar por lo último, para dejarlo rápidamente e ir al tema de esta nota. Es lamentable que un periodista (Iván Schargrodsky) se preste a la lectura del anuncio del despido de alguien con quien comparte la tarea de informar en un medio. Es cierto que los tiempos de los shows periodísticos son vertiginosos, pero ante determinadas situaciones hay que tomarse el tiempo necesario para parar la pelota. Lo correcto hubiera sido que el periodista anunciara la presencia de un directivo del canal y que éste leyera el comunicado que anuncia el despido de otro periodista (Tomás Méndez). Punto y aparte.
El primer hecho fue bochornoso desde el punto de vista periodístico. Una cosa es que un medio envíe periodistas a cubrir un escrache si lo considera noticia, pero otra muy diferente es que el conductor de un programa lo organice para producir “una noticia”. No sólo no es su función sino una grave violación de la ética que requiere el oficio.
Vistas las reacciones que se produjeron desde ayer hasta el momento de escribir estás líneas, queda claro a mucha gente le resulta difícil percibir esa diferencia. Esto tiene que ver, parafraseando a Discepolín, con que algunos referentes políticos y algunos comunicadores se andan revolcando en el mismo lodo.
Y de tantas revolcadas ante las cámaras, buena parte del público identifica a algunos periodistas como si fueran referentes políticos. Desgracias del llamado “periodismo militante”, uno de los cánceres del oficio.
Y aparecen las justificaciones e, incluso, los festejos: Si Wiñazki, Leuco, Feinmann y tantos otros que están “del otro lado de la grieta” lo hacen, por qué no lo van a hacer “los de nuestro lado”. La respuesta es simple: porque una cosa no justifica a la otra y porque organizar un “escrache” va contra el buen ejercicio del periodismo. O dicho directamente: eso no es periodismo.
Ahora bien, ¿es realmente Tomás Méndez un periodista o es otra cosa?
Como comunicador deja bastante que desear: prepara informes rápidos y confusos pero efectistas sobre cualquier tema, muchas veces sin elementos que los sustenten; ha tenido que disculparse por posiciones discriminatorias y antisemitas expresadas livianamente frente a las cámaras; suele apelar al amarillismo y el sensacionalismo para capturar a la audiencia. Sobre este último punto, al principio de la pandemia escribí una nota en Socompa titulada “Tomás Méndez, un caso de periodismo basura”, que se puede leer aquí.
Bueno, podrán decir, si “los otros” lo hacen, hay que pagarles con la misma moneda. La respuesta vuelve a ser “No”. Eso podrá correr entre dirigentes políticos, pero no entre periodistas, por la sencilla razón que no es periodismo.
Un oscuro pasado cordobés
Antes de recalar en la pantalla de C5N tuvo una larga trayectoria como comunicador en la provincia de Córdoba, donde también fue concejal y pretendió postularse a diputado sin suerte, porque un escándalo periodístico lo bajo de la lista.
Más que un periodista, Tomás Méndez es un empresario de sí mismo en el área de la comunicación. En ese papel, en Córdoba se mostró como un explotador sin escrúpulos, que negreó a sus empleados, sometiéndolos a una brutal precarización laboral. Este comportamiento, a la postre le costaría caro.
Como empresario de la comunicación, utilizaba su programa – también llamado ADN – en Canal 10 de la Universidad de Córdoba, para hacer operaciones políticas y extorsivas que le redundaban en importantes ingresos publicitarios salidos de los bolsillos, de las empresas o de los organismos estatales de los extorsionados.
La situación estalló en varias ocasiones, pero hubo una que lo puso en evidencia de una manera que no pudo eludir y llevó a su separación del Canal (sí, igual que ahora en C5N).
La difusión de éste y otros videos – que están en las redes, a disposición de los interesados, y dejan en claro su modus operandi corrupto – hizo que fuera expulsado en el 2014 del Canal 10 de la Universidad Nacional Córdoba (UNC) por exigencia de sus propios colegas, que firmaron masivamente un petitorio para que se lo desvinculara.
Lo que hacía en Córdoba no es muy diferente de lo que venia haciendo en Buenos Aires.
Considerar que Tomás Méndez es un simple periodista y defenderlo hoy porque “es de los nuestros”, no sólo es asumir la defensa de un operador inescrupuloso sino también insultar a los miles de periodistas que ejercen con honestidad el oficio.
Defendiendo a Méndez no se defiende a la libertad de expresión ni se denuncia la censura. Todo lo contrario: se favorece una práctica perversa del periodismo.
El periodismo porteño tiene atrapada a la Argentina en su burbuja
Por: Adrián Gerber
No hay concentración más extraordinaria en este país en términos federales que la que sucede en los medios de comunicación. Y quizá es precisamente la concentración que explica en gran medida por qué persisten a esta altura del siglo XXI todas las demás, principalmente la económica y la política, en un país que históricamente padece un desarrollo desequilibrado desde el punto de vista geográfico. Son los medios de comunicación porteños quienes monopolizan la palabra a nivel nacional, son quienes construyen y dominan la agenda y el debate en el país. No hay ningún medio del interior que trascienda su territorio ni que incida en la agenda nacional más allá de instalar extraordinariamente alguna vez alguna noticia puntual. Así, las voces de los habitantes de las provincias no valen lo mismo que las de Buenos Aires en el debate público nacional. No es solo un dato actual. Es la historia. Es que a pesar de que se presume como federal, Argentina es el país más centralizado de América latina. Todos los poderes se concentran en la ciudad de Buenos Aires. Y "todos" significa t-o-d-o-s. Parafraseando a Albert Einstein: es más fácil desintegrar un átomo que el centralismo porteño.
Los habitantes de las provincias se informan principalmente con el amplio abanico de todos sus medios regionales, pero la agenda y el debate que incide en los poderes nacionales son los que instalan los medios de Capital y sus periodistas. Y en ese camino se pierde y desconoce la complejidad que tiene la Argentina. Así, terminan sobreinformando al país sobre la Capital Federal y desinformando sobre el resto de los distritos.
"Pinta tu aldea y abstenete de pintar el país, que para eso están los medios porteños", parece ser la consigna que se le impone al interior. Es como si la posibilidad de pensar lo nacional fuera exclusiva de Buenos Aires.
"Quizás nos deberíamos remontar a la Confederación Argentina (1831-1861), liderada por Justo José de Urquiza, para encontrar un momento histórico cuando el periodismo de las provincias tuvo incidencia nacional. Eso era porque Urquiza financiaba medios en varias provincias para defenderse del periodismo porteño. Después de esos primeros años de organización nacional, el periodismo porteño restituyó por completo su hegemonía excluyente. Así, en lo mediático, lo nacional es porteño", sentencia Fernando Ruiz, investigador y docente dedicado al estudio del ejercicio periodístico, y presidente del Foro de Periodismo Argentino (FoPeA).
La directora del Centro de Investigaciones de Mediatizaciones y de la Maestría en Estudios Culturales de la UNR, Sandra Valdettaro, sostiene que "desde un punto de vista macro, la tendencia general de la cobertura mediática en Argentina se caracterizó, desde siempre, por una tonalidad centralista, principalmente basada en la agenda porteña. La recurrente representación de distintos aspectos de Buenos Aires cubre el espectro informativo y circula como un estereotipo consolidado del país que aplana las profundas heterogeneidades y desigualdades de las distintas regiones. Esto produce imágenes distorsionadas cuyas consecuencias prácticas resultan contraproducentes en todos los ámbitos, tanto a nivel político, económico, como cultural y social".
Y añade: "Cuando los motivos informativos de los medios centrales refieren a otras provincias o localidades, también se recurre al recurso de la estereotipación, siendo el caso de las representaciones mediáticas sobre Rosario uno de los ejemplos más notorios".
Qué fuerte serán estos estereotipos que Rosario todavía carga con el estigma de "comegato", pese a que ya pasaron exactamente veinticinco años de ese hecho. Fue en mayo de 1996, en medio de una crisis económica profunda, que el periodista Julio Bazán llegó a Rosario y difundió en el noticiero "nacional" de Canal 13 imágenes de un grupo de personas asando un gato a la parrilla en una villa del Bajo Ayolas, en la zona sur. Sin dejar de reconocer la gravedad de la situación social, el entonces intendente Hermes Binner denunció que todo fue un montaje escénico y que habían pagado "100 pesos para filmar el show del gato". Verdad o mentira, en cuestión de horas la imagen se difundió y repitió hasta el infinito en todo el país y dio vueltas al mundo.
Es que cuando los canales porteños de difusión nacional dan una información del interior siempre es por alguna tragedia natural, accidente de tránsito mortal o para "mostrar" algún hecho pero de manera escandalosa. O para dar cuenta de algo exótico, tipo crónica de viajes. A lo sumo, el "federalismo" de estos canales "nacionales" se reduce a tener cámaras fijas en el interior (sin micrófonos) para que la audiencia pasee a través de las imágenes.
Y esto en un país donde no solo el fútbol es pasión, sino también las noticias: Argentina es el país de Sudamérica con mayor oferta de canales de alcance nacional dedicados a la información. Hay en total siete señales: TN, C5N, A24, Crónica TV, IP, La Nación+ y Canal 26. Brasil tiene cinco y Chile solo dos. Y otra singularidad es la hiperconcentración geográfica de estos canales, que transmiten las 24 horas a través de la TV por cable: se autodenominan como "nacionales", pero seis son porteños y Canal 26 tiene su sede en el Gran Buenos Aires, pero la gran mayoría de sus periodistas son de Capital.
Martín Becerra, doctor en Ciencias de la Información e investigador del Conicet, advierte que la concentración en términos federales de los medios de comunicación "es un proceso histórico que se ha acentuado en los últimos años con el cruce de medios, telecomunicaciones e internet. El ejemplo de la fusión entre Cablevisión y Telecom -la mayor de la historia latinoamericana en el sector de las comunicaciones- ilustra la nueva escala gigantesca de la tendencia en los últimos años. La convergencia tecnológica tiene muchos efectos, pero si el Estado no protege la competencia y si no controla la concentración excesiva, se profundiza un rasgo que termina afectando a la ciudadanía".
Y agrega: "El mapa de propiedad de medios de comunicación está aún más centralizado en Buenos Aires que otras actividades económicas, y eso sucede porque además de tener importancia económica, los medios siguen siendo muy importantes políticamente, y son el lubricante para realizar otros negocios en interlocución con gobiernos, bancos, grandes empresas y Poder Judicial".
Los periodistas de los siete canales de noticias hablan siempre de Buenos Aires, de lo que pasa allí, desde los asuntos más importantes hasta los más intrascendentes. Los temas nacionales son abordados, obviamente, con una mirada porteñocéntrica. Hablan como si todo lo que pasa en Capital fuera lo que sucede en la Argentina. No lo hacen por maldad, no es ni más ni menos una demostración de que nadie habla desde ningún lugar. Y así, en las pantallas "nacionales" no hay nada acerca de la diversidad social, política, económica y cultural de las distintas regiones del país.
Un accidente de tránsito en la avenida 9 de Julio tiene más importancia en cualquiera de estos siete canales que un paro de colectivos durante semanas en cualquier ciudad del interior. La caída de un árbol en el barrio Palermo Hollywood vale más segundos televisivos que el incendio de cientos de hectáreas en el Delta frente a la provincia de Santa Fe. La queja de un grupo de comerciantes porteños tiene tanta visibilidad en esos medios como la invisibilidad de los reclamos de empresarios de Tucumán. ¿Cuántos minutos de TV le darían estos canales a una reunión entre los gobernadores de Entre Ríos y Santa Fe? Imaginemos, en contraste, qué pasaría si los que se encuentran son el jefe de la Ciudad de Buenos Aires y el gobernador bonaerense.
Y así, a fuerza de horas y horas al aire, gran parte del país sabe, solo a modo de ejemplo, que el ministro de Salud porteño se llama Fernán Quirós. ¿Pero acaso alguien conoce no ya quién es el ministro de Salud de la provincia de Salta, sino al menos el nombre de su gobernador, o el de Neuquén, o el de Tierra del Fuego, o el de Corrientes, o el de Catamarca? Está claro que la dirigencia política porteña cuenta con estos siete canales como trampolines para su proyección política a nivel nacional. No es una casualidad que de los últimos cinco presidentes de la Nación electos en las urnas, tres hayan surgido de la ciudad de Buenos Aires (Fernando de la Rúa, Mauricio Macri y Alberto Fernández), y dos hayan sido jefes de Gobierno porteño. Tampoco es casualidad que desde 2003 la provincia de Buenos Aires viene siendo gobernada por mandatarios nacidos en la ciudad de Buenos Aires: Felipe Solá, Daniel Scioli, María Eugenia Vidal (que incluso previamente fue vicejefa de gobierno porteño) y Axel Kicillof. Y ni hablar de los efectos que esta concentración mediática tiene en la gobernabilidad.
"Si a la burbuja de Buenos Aires se le agrega cierta burbuja de clase media porteña en la que está encapsulado este periodismo, esto nos ayuda a entender algo de su dificultad para conectarse con todo el país y todos los sectores sociales", ahonda Ruiz, titular de FoPeA.
Valdettaro, de la UNR, advierte que "los medios locales, por su parte, dependen en general de dicha cobertura central, intercalando contenidos que, la mayoría de las veces, resultan excesivamente localistas y poco contextualizados. Sin embargo, la agenda informativa actual es muy profusa y compleja, con numerosos medios (gráficos, radiofónicos, audiovisuales) que proponen estilos diferenciados y peculiares, los cuales logran desmarcarse de dicha tendencia general aportando información y análisis de calidad, y atenta a las particularidades de cada región. Las redes sociales y plataformas agregan complejidad a dicha dieta informativa, construyendo públicos transversales que navegan según sus propios criterios y necesidades estilísticas".
Los medios masivos de comunicación son el principal dispositivo de construcción del sentido social. Y en este esquema comunicacional concentrado geográficamente los imaginarios sociales que se consolidan, legitiman y difunden responden a la mirada existente en Capital Federal, más precisamente de sus clases media y alta, relegando la diversidad regional y social que tiene el país.















