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martes, 7 de julio de 2026

La televisión pública de Hungría suspende sus informativos y pide perdón por "años de mentiras"

La radiotelevisión pública de Hungría inició este martes una de las transformaciones más profundas de su historia reciente con la suspensión temporal de sus servicios informativos, una medida impulsada por el nuevo Gobierno del primer ministro Péter Magyar dentro del proceso de reforma de los medios estatales tras los dieciséis años de mandato de Viktor Orbán
Comunicado de la televisión pública húngara M1 con el mensaje "Los medios públicos no pueden mentir"

La programación del canal M1 fue interrumpida por una pantalla negra en la que aparecía un mensaje de disculpas dirigido a la ciudadanía. "Los medios públicos no deben mentir. Pedimos disculpas por haberlo hecho durante muchos años. Los medios públicos se están transformando para ser independientes y creíbles en el futuro", señalaba el texto, que concluía anunciando la suspensión temporal de los informativos.

La decisión constituye el primer paso visible de un plan que el Ejecutivo había anunciado incluso antes de las elecciones legislativas de abril. Durante la campaña, Magyar prometió desmontar el sistema de propaganda que, según denunciaba, se había consolidado durante los gobiernos de Orbán y sustituirlo por un modelo de radiodifusión pública independiente y profesional.

En sus redes sociales, el primer ministro calificó la jornada como "histórica" y aseguró que la etapa de la propaganda estatal había terminado. "Mentían de noche. Mentían de día. Mentían en todos los canales. Eso se ha acabado", escribió poco después de la interrupción de las emisiones.

Comienza la reorganización de los medios públicos
Antes de que apareciera el mensaje en pantalla, la nueva dirección provisional de los medios públicos había difundido un comunicado explicando que la suspensión de los informativos forma parte del proceso de reorganización de toda la estructura audiovisual estatal.

Según ese documento, los responsables recién nombrados deberán revisar el funcionamiento de los medios públicos, garantizar una transición ordenada, eliminar la utilización propagandística de los servicios informativos y poner en marcha una renovación profesional que permita recuperar la credibilidad, la objetividad y la independencia editorial.

La medida no afectó únicamente a la televisión. La radio pública Kossuth también suspendió sus boletines informativos y pasó a emitir únicamente contenidos culturales y musicales mientras avanza el proceso de reorganización.

Horas después, la televisión reanudó sus emisiones, aunque sin recuperar los espacios de noticias. En lugar de los informativos habituales, el canal comenzó a emitir una programación basada en películas.

Nuevos directivos hasta la aprobación de la ley
La suspensión coincidió con el anuncio de los responsables interinos que dirigirán los distintos organismos públicos hasta que entre plenamente en vigor la nueva legislación sobre medios.

Entre los nombramientos destacan Zsófia Mészáros como responsable de los servicios informativos digitales, Balázs Bodacz al frente de la dirección de informativos y György Kerényi como director de la Radio Húngara.

Estos cargos permanecerán al frente de las instituciones durante el período de transición, mientras el Parlamento desarrolla la nueva arquitectura legal destinada a sustituir el sistema vigente desde la llegada de Orbán al poder.

El contexto político de la reforma
Tres días después de las elecciones del 13 de abril, Péter Magyar fue entrevistado por primera vez en la radio y la televisión públicas tras cerca de un año y medio sin recibir invitaciones, incluido todo el período electoral.

Durante aquella entrevista, que estuvo marcada por un fuerte enfrentamiento con los periodistas, el entonces primer ministro electo adelantó las medidas que finalmente comenzaron a aplicarse este martes.

En aquella ocasión aseguró que la labor de los medios públicos "le habría encantado a Goebbels y a Corea del Norte", en referencia al grado de control político que, a su juicio, existía sobre la información difundida por la radiotelevisión estatal.

Dieciséis años de control político
Durante los gobiernos de Viktor Orbán, entre 2010 y 2026, los medios públicos fueron objeto de un fuerte control institucional.

Diversas organizaciones internacionales y entidades de defensa de la libertad de prensa denunciaron durante esos años que la televisión y la radio estatales actuaban principalmente como instrumentos de comunicación del Ejecutivo y del partido Fidesz.

La campaña electoral de este año fue uno de los ejemplos más citados por la oposición. Aunque las encuestas situaban a Magyar como favorito para ganar las elecciones con su partido Tisza, los medios públicos evitaron entrevistarlo o invitarlo a sus programas durante toda la campaña.

En 2011, el Gobierno de Orbán impulsó una nueva ley de medios, ampliamente cuestionada tanto dentro como fuera del país. Sus críticos sostenían que limitaba el pluralismo informativo mediante la creación de un Consejo de Medios cuyos integrantes eran designados por personas próximas al partido gobernante.

Cinco días antes de la suspensión de los informativos, el nuevo Gobierno destituyó al presidente de ese organismo, András Koltay.

La nueva Ley Audiovisual
A finales de junio, el Parlamento aprobó la legislación que servirá de base para la reforma del sistema audiovisual público.

La norma elimina las actuales entidades MTVA y Duna Médiaszolgáltató Nonprofit Zrt. y crea una nueva Junta Independiente de Medios Públicos.

Tres de sus integrantes serán propuestos por organizaciones profesionales del sector y elegidos por el Parlamento para mandatos de dos años, mientras que los seis miembros restantes procederán de propuestas políticas.

La nueva estructura incluirá además una Corporación Húngara de Radio y Televisión, que sustituirá a los organismos anteriores, junto con una Agencia de Noticias Húngara renovada.

También se modificará el funcionamiento del Consejo de Medios. El nuevo órgano estará compuesto por siete miembros: tres designados a propuesta del partido de gobierno, tres por la oposición y un presidente elegido mediante concurso público.

El Ejecutivo insiste en que la transformación institucional dependerá del Parlamento y no del Gobierno, y sostiene que el objetivo es reforzar la independencia de los medios públicos y adaptar la legislación para facilitar, entre otras cuestiones, el acceso a fondos europeos.

Restricciones a la publicidad política de odio
La nueva legislación también introduce importantes cambios en materia de publicidad.

Queda prohibida la publicidad política fuera de los períodos oficiales de campaña y se veta cualquier contenido que promueva el odio o atente contra la dignidad de las personas.

Asimismo, se endurecen las normas relativas a la publicidad exterior, limitando los lugares donde podrán instalarse soportes publicitarios.

Los municipios dispondrán de nuevas competencias para restringir la colocación de anuncios en determinadas zonas consideradas de especial valor urbano o paisajístico.

Todos los soportes que incumplan la nueva normativa deberán ser retirados antes de que finalice el año.
Los medios públicos no pueden mentir.
Pedimos disculpas
por haberlo hecho durante muchos años.
Los medios públicos se están transformando ahora
para que en el futuro sean independientes y creíbles.
El servicio de noticias queda suspendido temporalmente.
¡Sigan con nosotros! 
(tradución del texto de la pantalla)
Una transformación que también afecta a los medios privados
La reforma no se limita a la radiotelevisión pública.

Ágnes Urbán, directora del centro de análisis Mérték Médiaelemző Műhely, sostiene que durante los años de Orbán la ciudadanía recibía una información claramente alineada con el Gobierno.

Según explica, la línea editorial mantenía un discurso contrario a la Unión Europea y a Occidente, mientras la oposición aparecía sistemáticamente retratada de forma negativa.

La especialista considera que la información difundida por los medios públicos era "completamente sesgada y propagandística".

El Gobierno ya ha comenzado además a renovar las direcciones de los organismos públicos mediante procedimientos que, según asegura, incorporarán consultas abiertas y participación de todos los partidos con representación parlamentaria, además de organizaciones de la sociedad civil.

Mientras se desarrolla ese proceso, los nuevos directivos interinos han iniciado cambios internos que incluyen despidos de editores, presentadores y redactores de los servicios informativos.

De acuerdo con diversos medios húngaros, algunos trabajadores fueron obligados a abandonar las instalaciones inmediatamente después de recibir la notificación de su cese, sin tiempo siquiera para recoger sus pertenencias.

El simbólico regreso de las emisiones
La radio Kossuth, conocida durante años por emitir cada viernes entrevistas con Viktor Orbán, permaneció en silencio durante buena parte de la tarde antes de sustituir sus programas por música clásica.

En televisión, el canal M1 mantuvo durante horas el mensaje de disculpas y de anuncio de la reforma.

Las emisiones regresaron a las 19.56 horas, un horario elegido deliberadamente por su carga simbólica. Según explicó Péter Magyar, la referencia aludía a la revolución húngara de 1956 contra la dominación soviética, de la que este año se cumplen siete décadas.

La primera película emitida tras la reanudación fue A tanú (Un testigo), una sátira rodada en 1969 sobre un régimen comunista dictatorial que permaneció censurada durante diez años.

Un proceso que apenas comienza
Para Ágnes Urbán, la suspensión de los informativos representa únicamente el inicio de un proceso mucho más amplio.

La experta prevé varios meses de trabajo hasta que se redacte definitivamente la nueva ley de medios y se complete el debate público previsto para el otoño.

Ese proceso incluirá consultas con profesionales del sector, organizaciones civiles y representantes políticos para definir el futuro modelo de radiodifusión pública.

Optimismo entre periodistas y sectores críticos
La derrota electoral de Orbán ha generado expectativas en numerosos ámbitos que durante años denunciaron la concentración de poder impulsada por Fidesz.

Además de periodistas, también jueces, organizaciones no gubernamentales, universidades y colectivos sociales esperan que las reformas permitan recuperar mayores espacios de independencia institucional.

Urbán señala que entre muchos profesionales de la información existe un ambiente de entusiasmo tras años de campañas de descrédito y presión política.

La evolución de Hungría en los índices internacionales refleja ese deterioro. En la clasificación de Reporteros Sin Fronteras, el país descendió desde el puesto 23 que ocupaba en 2010 hasta el lugar 74 en 2026.

Se desmorona el ecosistema mediático afín a Fidesz
La analista también observa una rápida desintegración del entramado de medios privados vinculado al anterior Gobierno.

Aunque esperaba que muchas empresas resistieran durante más tiempo gracias a las reservas acumuladas, la retirada del respaldo político y económico ha acelerado cierres, despidos y fuertes recortes.

Algunos periódicos, como Magyar Nemzet y varios diarios regionales, han reducido notablemente su actividad o han pasado a publicarse con periodicidad semanal.

La oposición denuncia un exceso de poder
Las reformas impulsadas por Magyar han sido duramente criticadas por dirigentes del antiguo Gobierno.

Viktor Orbán aseguró en redes sociales que el nuevo Ejecutivo está dando "otro paso hacia el autoritarismo" e invitó a sus seguidores a informarse a través de Hír TV.

Por su parte, Balázs Orbán cuestionó que el primer ministro intervenga directamente en la programación de la televisión pública.

Al mismo tiempo, Fidesz intenta movilizar a sus simpatizantes contra otras reformas impulsadas por el Ejecutivo, entre ellas la modificación constitucional destinada a relevar al presidente Tamás Sulyok, quien continúa negándose a dimitir.

La tensión política aumentó además tras la detención temporal del influencer prorrégimen István Szakács, conocido por haber amenazado con promover una revuelta popular en caso de que Viktor Orbán fuera arrestado.

El objetivo: recuperar la independencia editorial
El Gobierno sostiene que todas estas reformas persiguen reconstruir la independencia editorial de los medios públicos, crear una nueva autoridad reguladora y garantizar un funcionamiento profesional alejado del control partidista.

Tras la victoria electoral de Magyar, más de noventa periodistas de la agencia estatal MTI expresaron públicamente su apoyo a la recuperación de la autonomía profesional y reclamaron que las redacciones vuelvan a trabajar con criterios periodísticos independientes.

Con la suspensión temporal de los informativos y el inicio de la reforma institucional, Hungría abre ahora una nueva etapa en la que el éxito del proceso dependerá de la aplicación efectiva de las nuevas normas y de la capacidad de las futuras instituciones para recuperar la confianza de una ciudadanía acostumbrada durante años a unos medios públicos profundamente politizados.
Fotos: Tibor Illyes, EFE y Marton Monus, Reuters
Fuentes: Agencias EFE, Reuters, El País

jueves, 2 de julio de 2026

El sueño de Gabriel García Márquez que cambió el periodismo

La idea de García Márquez de legar un periódico a Colombia está en el origen de la mejor escuela práctica de periodismo del mundo. Este es el discurso de Ignacio Escolar en la entrega del premio Manu Leguineche a la Fundación Gabo
Jaime Abello, José Salgar y Gabriel García Márquez en Cartagena (Colombia) en la conmemoración en 2006 del aniversario de la Fundación Gabo. Libardo Cano / Fundación Gabo

Hay una historia poco conocida sobre el origen de la Fundación Gabo. Es la historia de un periódico que nunca llegó a existir.

A comienzos de los años ochenta, Gabriel García Márquez sintió que tenía una deuda con Colombia. Había conquistado el mundo con sus novelas, con unos libros que beben del sustrato de esa cultura y esa tierra. Y Gabo sentía que debía devolver a su país algo de todo lo que le había dado.

Su primera idea fue fundar un nuevo periódico para Colombia. Pero no un periódico cualquiera. Quería hacer el mejor periódico del mundo. Ya tenía incluso un nombre: El Otro.

No soñaba con un gran negocio ni con un nuevo altavoz para su prestigio, ya entonces mundial. Soñaba con un periódico obsesionado con la verdad, con el rigor y con la buena escritura. Con una redacción de periodistas jóvenes, que aprendieran de unos pocos maestros.

Un periódico donde estarían prohibidas las fotos de dos presidentes posando para una imagen de protocolo, salvo que uno de los dos estuviera haciendo un gesto contra el otro.

El periódico con el que soñaba Gabo tampoco tendría páginas de opinión. Solo habría editorial en los momentos excepcionales y saldría publicado en portada.

Quería un periódico donde lo más importante fueran las mejores historias. Y que no estuviera obsesionado con "la chiva", que es la palabra con la que la prensa colombiana se refiere a "la primicia".

Lo importante para Gabo no era contarlo el primero. Era contarlo bien. Como dijo en su famoso discurso sobre "el mejor oficio del mundo": "La mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor".

Aquel periódico nunca llegó a nacer. Uno de sus amigos, el periodista y después político argentino Rodolfo Terragno, le escribió una carta que cambió esa historia. En ella le decía: "Aun aceptando que tuvieras un débito (y no un crédito) en tu cuenta con Colombia, creo que el diario no sería el único modo de saldar. Otras iniciativas (e incluyo entre las posibles la del taller de periodismo) supondrían menos sacrificios innecesarios".

Y así fue como de aquel proyecto frustrado del mejor periódico del mundo nació la que para mí es la mejor escuela práctica de periodismo del mundo. La Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, hoy Fundación Gabo.

Visto con varias décadas de perspectiva, es evidente que el consejo que le dio Terragno a Gabo fue acertado.

Primero, porque no había deuda con Colombia. Como mucho un crédito, que Gabo ya había devuelto con creces en esos años. Segundo, porque el impacto que ha tenido esta fundación en el periodismo iberoamericano ha sido muy superior a la que podría haber supuesto cualquier diario. Y sin correr por ello riesgos innecesarios. En los 80, en la era del papel, un periódico era una industria de riesgo, una industria pesada y cara: necesitaba muchísima inversión, que normalmente se perdía.

Un gran diario podría haber cambiado a una generación de lectores. Y habría sido un gran legado para Colombia. Sin duda. Pero la gran escuela que es la Fundación Gabo ha cambiado a muchas generaciones de periodistas. En Colombia y en todo el mundo.

Durante más de treinta años, la Fundación Gabo ha reunido a los mejores maestros del periodismo iberoamericano con miles de reporteros jóvenes. No para impartir lecciones desde un atril, sino para sentarse alrededor de una mesa a discutir un texto, corregir un titular, preguntarse si un dato estaba contrastado o cómo contar mejor una historia.

Sus talleres no solo sirven para escribir mejor. Sirven para pensar mejor. Para tener siempre presente la ética de nuestra profesión. Como defendía el propio Gabo, "En la carrera en que andan los periodistas debe haber un minuto de silencio para reflexionar sobre la enorme responsabilidad que tienen".

Para García Márquez, un buen periodista se compone de tres cosas: "Una base cultural importante, mucha práctica y también mucha ética". "Hay tantos malos periodistas que cuando no tienen noticias se las inventan", se lamentaba Gabo también.

Cultura. Práctica. Ética. Tres palabras.

Son los tres requisitos fundamentales para ejercer este oficio. Es lo que promueve la Fundación Gabo, con sus talleres y sus premios. Es un proyecto que solo pudo nacer por el impulso del genial García Márquez. Pero que solo ha podido llegar hasta aquí por la cultura, la práctica y la ética de su director general y cofundador, Jaime Abello Banfi.

Su cultura, porque no he encontrado a nadie con una mirada sobre el periodismo iberoamericano tan amplia y profunda como la de mi amigo Jaime. Tampoco hay muchos con su excelente conversación.

Su práctica, porque Jaime no solo se ocupa de la poesía. La Fundación Gabo es una casa que tiene techo, los mejores ideales periodísticos. Pero también suelo: la gestión del día a día para que una institución así sea posible. El techo lo puso Gabo. El suelo lo ha construido Jaime.

Y sobre todo, Jaime destaca por su ética. Hay otra anécdota sobre los primeros años de la Fundación que lo resume bien. Gabo le dijo a Jaime, medio en broma medio en serio: "Puedes usar mi nombre, pero nunca te equivoques".

Era un mandato imposible. Todos nos equivocamos. Pero también era una forma de recordarle que el prestigio nunca puede sustituir al rigor. Treinta años después, creo que todos podemos decir que Jaime ha honrado aquella confianza.

Las grandes ideas nunca sobreviven solas. Necesitan alguien que las cuide. Que las adapte a los cambios del mundo sin traicionar su esencia. Porque fundar una escuela de periodismo es difícil. Mantenerla viva durante más de tres décadas lo es aún más.

Hay una última razón por la que este premio me parece especialmente justo. Porque lleva el nombre del gran Manu Leguineche.

Manuel Leguineche y Gabriel García Márquez fueron periodistas muy distintos. Venían de países distintos, reporteaban de maneras distintas y recorrieron caminos muy diferentes. Pero compartían una misma convicción: que el periodismo no consiste en llegar antes que nadie, sino en comprender mejor que nadie la realidad para poder contarla. Que este oficio exige curiosidad, cultura, rigor y, sobre todo, una enorme honestidad.

Ese es también el legado de la Fundación Gabo. Un legado pensado para durar muchas generaciones.

Me quedo con la frase con la que Gabo abrió el primer taller del nuevo periodismo iberoamericano, en Cartagena de Indias, el 18 de marzo de 1995.

"Bienvenidos a este taller del nuevo periodismo iberoamericano, que hoy inicia con la bendición de ustedes su primer siglo de labores".

Treinta años después, ese primer siglo ya no parece una exageración. Es un compromiso.

Enhorabuena a la Fundación Gabo por este premio. Enhorabuena a ti, amigo Jaime, por mantener el rumbo de este proyecto.

Y ojalá dentro de otras siete décadas, el 18 de marzo de 2095, se celebre en Cartagena de Indias otro taller de periodismo.

Jaime Abello: "El periodismo de calidad corre el riesgo de convertirse en un bien de lujo"
El director general de la Fundación Gabo, Jaime Abello, advirtió que "el periodismo de calidad corre el riesgo de convertirse en un bien de lujo" debido a las crecientes presiones políticas, económicas y tecnológicas que enfrenta la profesión. Lo hizo al recibir el XIV Premio Internacional de Periodismo "Cátedra Manu Leguineche", en una ceremonia celebrada en Brihuega (Guadalajara).

La Fundación Gabo, creada en 1994 por el Nobel Gabriel García Márquez para promover un periodismo ético, innovador y de excelencia, se convirtió en la primera institución en recibir este reconocimiento en los catorce años de historia del galardón, convocado por la FAPE, la Universidad de Alcalá, la Diputación Provincial de Guadalajara, el Ayuntamiento de Brihuega, la Asociación de la Prensa de Guadalajara y la Fundación General de la Universidad de Alcalá.

Durante su intervención, Abello señaló que el periodismo atraviesa una etapa especialmente compleja por el impacto de la desigualdad informativa, la inteligencia artificial y la proliferación de fuentes digitales informales. Frente a ese escenario, defendió el papel del periodismo como "una institución indispensable para que haya una sociedad de hombres y mujeres libres".

"El verdadero poder del periodismo reside en contar historias que apunten a la verdad y a la justicia desde una posición independiente. Resistir a la manipulación, mostrar otras realidades y cuestionar los relatos impuestos. Eso solo lo puede hacer el periodismo", afirmó.
Un reconocimiento a la formación periodística

La laudatio estuvo a cargo del director de elDiario.es, Ignacio Escolar, quien destacó la influencia de la Fundación Gabo en la formación de periodistas de toda Iberoamérica.

"La Fundación Gabo ha cambiado a muchas generaciones de periodistas en Colombia y en todo el mundo. Sus talleres no solo sirven para escribir mejor; sirven para pensar mejor y para mantener siempre presente la ética en nuestra profesión", señaló.
Ética frente a la desinformación

La presidenta de la FAPE, Carmen del Riego, destacó que la Fundación Gabo encarna los valores que inspiraron a Manu Leguineche, especialmente la defensa de la ética profesional frente a la propaganda y la desinformación.

Del Riego sostuvo que solo un "periodismo en mayúsculas" permitirá afrontar la crisis de confianza que vive la profesión. "Un periodismo con reglas, donde contemos lo que pasa sin intentar adoctrinar, en el que seamos periodistas y no activistas políticos, y donde escribamos siempre con honestidad", afirmó.

Por su parte, el rector de la Universidad de Alcalá, Carmelo García, subrayó que la elección de la Fundación Gabo supone reconocer no solo su aporte al periodismo iberoamericano, sino también su labor educativa. "Enseñar a narrar con rigor, ética y humanidad es una de las mejores maneras de fortalecer una sociedad democrática", aseguró.

El presidente de la Diputación Provincial de Guadalajara, José Luis Vega, reflexionó sobre los nuevos hábitos de consumo informativo y pidió impulsar fórmulas para que los jóvenes accedan a información verificada más allá de las redes sociales.

La ceremonia tuvo lugar en la Casa de los Gramáticos, antigua residencia del periodista Manu Leguineche, hoy recuperada por el Ayuntamiento de Brihuega como espacio cultural. El alcalde, Luis Viejo, dio la bienvenida a los asistentes, mientras que la soprano Celia Alcedo puso el broche musical al acto.

La primera institución premiada
La Fundación Gabo fue elegida entre diecisiete candidaturas y se convirtió en la primera institución distinguida con este galardón. El jurado destacó "el extraordinario papel que desempeña en el periodismo iberoamericano" a través de sus programas de formación, así como su trabajo en educación mediática y en la reflexión sobre los desafíos que representan la desinformación, las noticias falsas y la inteligencia artificial.

El Premio Internacional de Periodismo "Cátedra Manu Leguineche", dotado con 8.000 euros, reconoce trayectorias caracterizadas por la independencia, el rigor y el compromiso con la verdad. Además del premio económico, el galardonado recibe el nombramiento de profesor honorífico de la Universidad de Alcalá y una escultura conmemorativa.

En ediciones anteriores, el reconocimiento fue otorgado a periodistas como Lydia Cacho, Javier Espinosa, Mikel Ayestarán, Pilar Bonet, Pepa Bueno, Gervasio Sánchez, Ramón Lobo, Fran Sevilla, Almudena Ariza y Martín Caparrós, entre otros.
Fotos: Adrián Loej
Fuentes: elDiario.es y Federación de Asociaciones de Periodistas de España

domingo, 26 de abril de 2026

Discursos de odio, violencia de género y retrocesos del Estado: una advertencia desde la Universidad Nacional de Rosario

La titular del área de Género y Sexualidades de la Universidad Nacional de Rosario analiza la relación entre discursos públicos, redes sociales y violencias extremas. Advierte sobre el impacto de los recortes en políticas de género, el rol de los medios y la necesidad de sostener estrategias educativas y comunitarias para prevenir la violencia machista
En los estudios de Aire Libre, Radio Comunitaria, la figura de Florencia Rovetto se recorta con la autoridad de quien lleva años investigando y gestionando políticas públicas en torno a la igualdad. Licenciada y doctora en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario, donde además se desempeña como docente e investigadora, Rovetto encabeza actualmente el área de Género y Sexualidades de la misma institución. Desde ese lugar impulsa programas que buscan no solo prevenir y abordar las violencias por razones de género, sino también formar a la comunidad académica en perspectiva de género y transversalizar estos debates en cada rincón de la universidad.

Su trabajo se articula con iniciativas institucionales como el Plan UNR Feminista y la implementación de la Ley Micaela, herramientas que considera claves para construir espacios más igualitarios. Sin embargo, el contexto reciente tensiona esos esfuerzos: el femicidio de Sophia Civarelli volvió a poner en primer plano una preocupación que, según advierte, crece con fuerza: la relación entre los discursos de odio que circulan —especialmente en redes sociales— y su traducción en violencia concreta.

Rovetto describe un escenario alarmante. Señala que en Argentina ocurre un femicidio cada 33 horas, una cifra que se ha mantenido estable en los últimos años pero que, en su lectura, muestra signos de recrudecimiento en el último período. Vincula este agravamiento con decisiones estatales recientes, como la reducción presupuestaria en políticas de género y el desmantelamiento de equipos especializados en acompañamiento, prevención e intervención. Para ella, estos retrocesos no son abstractos: impactan directamente en la capacidad de respuesta frente a situaciones de violencia.

Redes, discursos y violencia concreta
Al analizar el caso de Valentina Alzida, señalado como responsable del asesinato de Civarelli, y al ponerlo en paralelo con otros episodios recientes —como el de Pablo Rodríguez Laurta, quien asesinó a su exesposa y a su exsuegra, secuestró a su hijo y mató a un remisero durante la huida—, la investigadora observa patrones que se repiten. Habla de individuos cuyos perfiles digitales, lejos de ser un espacio separado de la realidad, funcionan como una extensión de sus prácticas y creencias. "Todo lo digital es real", sostiene, subrayando que esas identidades en linea están atravesadas por discursos de ultraderecha, expresiones homofóbicas y un fuerte antifeminismo.

En ese entramado, Rovetto advierte una conexión directa entre ciertas narrativas políticas y la legitimación de la violencia. Identifica una alineación de estos discursos con sectores que hoy encuentran eco incluso en niveles altos del poder estatal, mencionando el modo en que determinadas ideas —ligadas a corrientes como La Libertad Avanza— circulan y se refuerzan públicamente. Para la académica, no se trata de meras opiniones: esa "discursividad odiante", como la define, tiene efectos tangibles.

Lejos de quedar en el plano simbólico, esos discursos habilitan prácticas concretas que alimentan y justifican acciones violentas, profundamente machistas, homofóbicas y racistas, que luego se encarnan en quienes agreden. Así, el paso de la palabra a la acción deja de ser una excepción para convertirse en una continuidad inquietante, donde el odio expresado en redes o en espacios públicos encuentra su correlato en hechos de violencia extrema.

Para la docente, la pregunta sobre cuándo un discurso deja de ser solo palabra para convertirse en riesgo concreto tiene una respuesta incómoda: en realidad, ese umbral se cruza con mucha más facilidad de la que suele admitirse. Desde su mirada, la violencia de género nunca fue únicamente discursiva; es, ante todo, un problema estructural que atraviesa la historia social y cultural. Por eso insiste en que no puede pensarse como un fenómeno aislado ni coyuntural, sino como una trama profunda que exige respuestas igualmente estructurales, desde lo político, lo cultural y lo social.

En ese marco, advierte que el pasaje del discurso al acto no requiere largos procesos ni acumulaciones evidentes. A veces ocurre de manera casi inmediata, sin preámbulos, y encuentra ejemplos recientes que lo evidencian: el femicidio de Sophia Civarelli, el ataque a parejas lesbianas en Buenos Aires donde un vecino incendió su vivienda, o un travesticidio ocurrido en Córdoba, todos atravesados —según señala— por retóricas de odio que no se quedaron en el plano simbólico. Esos hechos refuerzan su idea de que la palabra, cuando se instala socialmente como legitimación del desprecio o la violencia, puede traducirse rápidamente en acciones extremas.

Retroceso de las agendas de género, responsabilidad discursiva y erosión del lazo social
Rovetto subraya entonces la responsabilidad que implica producir y amplificar ciertos discursos, especialmente cuando provienen de figuras públicas o de espacios de poder. Considera fundamental no solo cuestionarlos, sino también evitar que sean encarnados desde los niveles más altos del Estado, donde adquieren una capacidad de validación mucho mayor. En paralelo, observa con preocupación un retroceso en las políticas públicas destinadas a abordar la violencia de género: programas desfinanciados, agendas desplazadas y una sensación de que el tema "dejó de estar de moda". Ese repliegue, advierte, contrasta con un pasado reciente en el que se habían logrado avances significativos, tanto en la creación de espacios institucionales como en el despliegue de políticas sostenidas por recursos concretos.

En su lectura, esta suerte de "borramiento" de las agendas feministas no es inocuo. Al contrario, genera un clima propicio para reacciones violentas y refuerza un contexto social y político donde el odio encuentra menos resistencias. Ese clima, agrega, se apoya además en condiciones materiales y vinculares cada vez más frágiles: la precariedad económica se entrelaza con la precariedad de los lazos sociales, debilitando los acuerdos básicos de convivencia.

La investigadora extiende su preocupación hacia ámbitos cotidianos como las escuelas, donde emergen situaciones de amenaza y conflictividad que, a su entender, obligan a revisar el rol de los adultos en la formación de las nuevas generaciones. Se pregunta cómo se está educando a las infancias y adolescencias en un contexto donde predominan el individualismo y el aislamiento, muchas veces mediados por las redes sociales. Allí ve otra capa del problema: entornos que fomentan la fragmentación, que encierran a las personas en burbujas y que debilitan la construcción de comunidad.

Frente a esa dinámica, la especialista advierte que las reacciones suelen emerger desde el enojo, el resentimiento o la violencia, dificultando la posibilidad de construir vínculos sostenibles. Y es en ese punto donde vuelve a conectar con la idea inicial: cuando los discursos públicos —especialmente aquellos cargados de odio— se naturalizan, no solo describen una realidad, sino que la habilitan. Esa "habilitación simbólica", como la define, no es un concepto abstracto, sino una pieza clave para entender por qué ciertas violencias encuentran terreno fértil para volverse acción.
Las palabras construyen realidad y la universidad como actor clave
En la voz de Rovetto aparece una idea que atraviesa toda su reflexión: no hace falta haber pasado por las aulas de Comunicación para entender que las palabras no son inocuas. Las palabras, insiste, construyen realidades, modelan sentidos, producen mundo. Son performativas, y en esa capacidad radica también su potencia —y su peligro—. Por eso, el problema no se agota en quién gobierna o en qué políticas se implementan, sino que se expande hacia una red más amplia de responsabilidades: los medios de comunicación, las escuelas, los espacios de formación y, de manera central, la universidad.

En ese entramado, la Universidad Nacional de Rosario ocupa un lugar clave, no solo por su rol en la formación de profesionales, sino también por su capacidad de intervenir en la realidad social. Rovetto recuerda el acto realizado tras el femicidio de Sophia Civarelli, donde las críticas no se dirigieron únicamente a la justicia o a los medios, sino también a la propia universidad. Lejos de esquivarlas, decide asumirlas: reconoce que, aunque se ha avanzado mucho —con iniciativas como el Plan UNR Feminista y líneas específicas de intervención y prevención de la violencia de género—, cuando los hechos se consuman, muchas veces las instituciones llegan tarde.

Ese reconocimiento no borra, sin embargo, el camino recorrido. La universidad ha desarrollado dispositivos concretos para acompañar a quienes atraviesan situaciones de violencia: espacios de atención en cada facultad y escuela, sistemas de visibilización y difusión, residencias estudiantiles que contemplan casos de emergencia, becas, y acompañamiento psicoterapéutico. Incluso en un contexto adverso, marcado por recortes presupuestarios y conflictos salariales, la referente del área de género subraya que esos avances no se han desmantelado. Al contrario, se sostienen como parte de una construcción colectiva impulsada, en gran medida, por los feminismos dentro de la institución.

La comparación con los años noventa, cuando ella misma era estudiante, le sirve para dimensionar ese proceso: entonces no existían protocolos de abordaje de las violencias; hoy no solo existen, sino que han sido perfeccionados a partir de la experiencia y el trabajo cotidiano. Hay equipos formados, prácticas revisadas, y una voluntad institucional de mejora constante. Sin embargo, nada de eso garantiza resultados absolutos. A veces, admite, no alcanza. Muchas personas que atraviesan situaciones de violencia no logran reconocerlas a tiempo, o no pueden pedir ayuda, y allí se revela uno de los límites más complejos de cualquier política.

Prevención de violencias y responsabilidad colectiva
De cara al futuro, Rovetto plantea la necesidad de profundizar estrategias preventivas. Propone fortalecer espacios de promotoras contra las violencias dentro del ámbito universitario: redes de compañeras, amigas y pares capaces de detectar señales tempranas, orientar y acompañar. Esas iniciativas, que ya han tenido experiencias previas, podrían ampliarse y consolidarse como herramientas clave para intervenir antes de que la violencia escale.

Pero incluso ese esfuerzo, aclara, sería insuficiente si queda encapsulado en la universidad. La responsabilidad es necesariamente colectiva. Sin políticas de Estado sostenidas y sin el compromiso activo de los medios de comunicación —capaces también de reproducir o cuestionar sentidos—, cualquier avance institucional corre el riesgo de volverse aislado. En última instancia, la disputa es por el sentido común: por qué discursos circulan, cuáles se legitiman y qué tipo de sociedad se construye a partir de ellos.

Cobertura mediática en disputa: críticas, omisiones y narrativas de la violencia de género
La escena del acto por el femicidio de Sophia Civarelli dejó una marca que, para la directora del área de Género y Sexualidades, no debería pasar inadvertida: la crítica frontal de la familia y las amigas hacia los medios de comunicación. Fue, según reconstruye, un señalamiento contundente que interpela directamente las formas en que se narran estas violencias. Sin embargo, al revisar horas más tarde los resúmenes televisivos, advierte un gesto que le resulta tan familiar como preocupante: ese cuestionamiento prácticamente había desaparecido del relato mediático, como si hubiera sido deliberadamente borrado.

Entre los reclamos más claros, uno sobresalía por su potencia simbólica: dejar de mostrar imágenes de la víctima junto a su agresor como si se tratara de una pareja feliz. En cambio, exigir que se identifique a los responsables, que se visibilice el rostro de quienes ejercen la violencia. Rovetto observa que, al menos en parte, ese pedido tuvo algún eco: por primera vez en varios informes televisivos predominaba la imagen del femicida y no la postal de la pareja. Un cambio pequeño, pero significativo dentro de una lógica mediática que durante años tendió a romantizar o confundir los vínculos.

Aun así, el problema de fondo persiste. En los primeros momentos de la cobertura —señala— reaparecieron prácticas conocidas: el sensacionalismo, la búsqueda de impacto rápido, incluso la difusión de hipótesis erróneas como la del "doble suicidio". Allí no solo ubica responsabilidades en los medios, sino también en la justicia, que en ocasiones comunica de manera prematura sin contar con pruebas suficientes. Esa circulación inicial de información imprecisa no es inocua: para la familia, implicó una forma de revictimización, y para Rovetto, evidencia un problema estructural en la manera en que se construyen estas noticias.

Lo que está en juego, explica, no es solo cómo se cuenta un caso, sino qué concepción de los vínculos y de la violencia se reproduce. Cuando los medios presentan estos hechos como conflictos de pareja o dramas íntimos, refuerzan una mirada reduccionista que invisibiliza el carácter estructural de la violencia de género. A eso se suma la persistencia de estereotipos machistas: mujeres asociadas a roles subordinados, a la domesticidad, a posiciones de inferioridad frente a los varones. Frente a ese escenario, insiste en que toda cobertura debería estar atravesada por una perspectiva de género y de derechos humanos.

Rovetto reconoce, de todos modos, que el campo mediático no es homogéneo. Existen periodistas —muchas de ellas vinculadas a movimientos como Ni Una Menos— que vienen impulsando otras formas de narrar estas violencias, más responsables y comprometidas. El problema, advierte, es que no siempre ocupan los espacios de decisión ni los lugares de mayor visibilidad. La lógica de la primicia, del impacto inmediato o del rendimiento en términos de audiencia suele imponerse sobre la reflexión y el cuidado en el tratamiento de la información.
Redes de cuidado, escucha cercana y responsabilidad compartida frente a la violencia de género
En paralelo, la conversación se desplaza hacia otro territorio igual de delicado: el rol de los entornos cercanos. Al pensar en situaciones donde amigas o compañeras detectan señales de alerta —conductas extrañas, intentos de ocultamiento, miedo o vergüenza—, Rovetto recupera una memoria generacional. Recuerda que en décadas pasadas, como los años 80 y 90, muchas mujeres atravesaban estas situaciones en silencio, intentando disimularlas incluso frente a sus círculos más próximos.

Ese silencio, sugiere, no ha desaparecido del todo, pero hoy convive con mayores herramientas para intervenir. La clave, sostiene, está en construir redes de confianza donde sea posible acompañar sin juzgar, habilitar la palabra y reconocer señales tempranas. Las amigas, las compañeras, los vínculos cotidianos pueden cumplir un rol decisivo, siempre que exista información, sensibilidad y compromiso —una disposición activa a no mirar hacia otro lado—. No se trata de invadir ni de forzar, sino de estar presentes, de ofrecer escucha y de acercar recursos cuando alguien no puede, por miedo o vergüenza, pedir ayuda por sí misma.

En esa trama, vuelve a aparecer la idea que atraviesa toda su reflexión: ninguna intervención aislada alcanza. Ni los medios, ni la justicia, ni la universidad, ni los vínculos cercanos pueden, por sí solos, desarmar un problema que es estructural. Pero cada uno de esos espacios, en su propia escala, tiene la capacidad —y la responsabilidad— de no reforzarlo.

En la reconstrucción que hace Florencia Rovetto, los avances y retrocesos en torno a la violencia de género conviven en una tensión constante. Reconoce que, especialmente a partir de la irrupción de Ni Una Menos, se produjo un cambio profundo en la conciencia social: la violencia dejó de percibirse como un asunto privado para entenderse como un problema estructural. Esa transformación marcó a una generación que hoy transita la adultez con otras herramientas y lenguajes. Sin embargo, advierte que en los últimos años esa conciencia parece haber sufrido un retroceso, erosionada por nuevos climas políticos y discursivos.

Rosario, redes de cuidado y el desafío de sostener la prevención frente al clima de retroceso en políticas de género
En ese mapa más amplio, la ciudad de Rosario aparece como un territorio particular: un espacio donde el movimiento feminista y de la diversidad mantiene una fuerte presencia, y donde todavía existen instituciones y organizaciones que alojan, escuchan y acompañan. Rovetto destaca la importancia de esa red, que no se limita a lo militante sino que también incluye infraestructura pública, como los centros territoriales de denuncia y los espacios de acceso a la justicia, distribuidos en los distintos distritos, donde es posible realizar consultas o formalizar denuncias.

Pero incluso con esos recursos, la sensación es ambivalente. Lo que alguna vez pareció un proceso de avance sostenido hoy se percibe, en parte, como un terreno que obliga a recomenzar. Rovetto vincula ese retroceso con un clima antifeminista que no solo impacta en las políticas públicas, sino también en la discursividad social, reinstalando sentidos que se creían en disputa. En ese contexto, insiste en que la respuesta no puede limitarse a dispositivos de atención o a la reacción frente a los hechos consumados: debe reforzarse el trabajo preventivo y cultural.

Allí la escuela ocupa un lugar estratégico. Desde las infancias —plantea— es posible empezar a cuestionar cómo se construyen los vínculos: los noviazgos, las amistades, las relaciones sexoafectivas. La Educación Sexual Integral, entendida en su sentido más amplio, aparece como una herramienta central no solo para abordar contenidos biológicos, sino para trabajar la convivencia, los lazos y las desigualdades. Cuando se implementa de manera integral, señala, su impacto trasciende el aula y alcanza también a las familias, generando conversaciones y revisiones que de otro modo no tendrían lugar.

En ese proceso, hay un punto que considera clave: desarmar las complicidades machistas que se construyen desde edades tempranas. Esas complicidades —que muchas veces se refuerzan en espacios como las redes sociales— sostienen prácticas y discursos violentos, y encuentran pocas resistencias dentro de los propios grupos de varones. La ausencia de interpelación entre pares, donde alguien pueda señalar que un comentario o una actitud no está bien, es parte del problema. Por eso, insiste, esa deconstrucción debe comenzar en la infancia.

ESI en disputa: recortes, redes sociales y el desafío de transformar la matriz cultural de la desigualdad
Sin embargo, también en este terreno identifica retrocesos. La Educación Sexual Integral ha sufrido recortes presupuestarios tanto a nivel nacional como provincial, debilitando su alcance en un momento en que, paradójicamente, se vuelve más necesaria. Rovetto conecta esta situación con un fenómeno más amplio: la exposición temprana y muchas veces desregulada a contenidos en redes sociales, donde circulan de forma masiva estereotipos de género, mandatos y violencias. Menciona incluso que en algunos países europeos se han comenzado a implementar regulaciones sobre el uso de redes en infancias y adolescencias, en respuesta a la crudeza de esos contenidos.

En ese cruce entre escuela, redes y cultura, se juega una disputa de fondo. Para Rovetto, la violencia de género no puede entenderse sin esa "matriz cultural" que la sostiene: un entramado de valores, prácticas y discursos donde el patriarcado, el machismo y la misoginia siguen teniendo presencia. Transformar esa matriz implica intervenir en todos los ámbitos posibles, pero especialmente en aquellos que todavía conservan una fuerte capacidad de socialización, como la escuela.

La apuesta, en definitiva, es doble: aprender nuevas formas de vincularse y, al mismo tiempo, desaprender aquellas que se incorporaron casi sin advertirlo. Porque, como advierte, muchas de las violencias que hoy se manifiestan no surgen de la nada, sino de aprendizajes cotidianos, naturalizados, que siguen reproduciendo desigualdades entre varones y mujeres. Desarmarlos es, quizás, una de las tareas más complejas, pero también más urgentes.

En la mirada de Florencia Rovetto, la desigualdad de género no es un fenómeno abstracto, sino una estructura profundamente arraigada que ordena la vida social a partir de jerarquías. En esa lógica, todo lo asociado a lo femenino queda relegado a un lugar de inferioridad, cosificación o explotación. Es una matriz que atraviesa prácticas cotidianas y modos de vincularse, y que —advierte— solo puede desmontarse si se interviene desde múltiples frentes. Entre ellos, la escuela, las familias y los espacios de formación aparecen como actores centrales, capaces de reconocer en la Educación Sexual Integral una herramienta clave para construir relaciones más sanas, solidarias e igualitarias.

Pero esa transformación no puede pensarse sin incluir a quienes históricamente ocuparon posiciones de privilegio dentro de esa estructura. Rovetto pone el foco en los varones, especialmente en los jóvenes atravesados por discursos antifeministas, y señala que allí hay un desafío urgente. En el ámbito de la Universidad Nacional de Rosario, se han desarrollado experiencias concretas en esa dirección: espacios de trabajo con varones que, a partir de denuncias o consultas en el marco de protocolos institucionales, son convocados a procesos de reflexión e interpelación. Acompañados por profesionales de la psicología que trabajan sobre masculinidades, esos dispositivos buscan que quienes participan revisen sus prácticas, cuestionen sus creencias y comiencen a desarmar formas de socialización machista profundamente naturalizadas.

Pese a ello, ese tipo de iniciativas aún no tiene un desarrollo equivalente en otros niveles educativos. Rovetto plantea la necesidad de que las políticas públicas, especialmente desde los ministerios de educación, asuman también esta tarea: generar espacios específicos para trabajar con varones, promover instancias de diálogo y habilitar procesos de cambio que muchas veces solo pueden darse entre pares. Romper la complicidad machista —dice— implica también que sean otros varones quienes puedan señalar límites, cuestionar conductas y abrir conversaciones incómodas pero necesarias.

Varones en tensión: privilegios, malestar y desafíos de transformación cultural
El problema, insiste, no se agota en las instituciones. En el ámbito familiar, las formas de crianza siguen reproduciendo diferencias desde edades tempranas: modos distintos de educar a niñas y niños, permisos implícitos, privilegios naturalizados. Esos privilegios —como el acceso al tiempo, al cuerpo o a la disponibilidad de las mujeres— suelen ser invisibles para quienes los ejercen, y por eso mismo requieren ser puestos en evidencia. Incluso los silencios, advierte, pueden funcionar como una forma de habilitación.

En este escenario, Rovetto identifica un fenómeno creciente: la emergencia de "varones enojados". Se trata de hombres que, frente al avance de los feminismos —impulsado en gran parte por movimientos como Ni Una Menos y por debates como el del aborto legal—, perciben una pérdida de privilegios y una alteración de su lugar en el mundo. Muchos de ellos, señala, no encontraron interlocutores ni espacios donde procesar esos cambios, y ese malestar se traduce en discursos antifeministas y, en algunos casos, de odio.

Para Rovetto, ignorar ese fenómeno no es una opción. A esos varones hay que hablarles, trabajar con ellos, generar condiciones para que puedan revisar lo aprendido y construir otras formas de relación. No todos quedaron al margen —reconoce—: hubo quienes se sumaron activamente a las luchas feministas. Pero una parte significativa transitó estos cambios en soledad, con desconcierto o rechazo, sin herramientas para reelaborar su posición.

En el fondo, lo que se juega es una disputa cultural de gran escala. El avance de las mujeres —especialmente de las más jóvenes— en términos de derechos, autonomía y conciencia crítica no siempre encontró un correlato en procesos de transformación equivalentes en los varones. Esa asimetría, sugiere Rovetto, ayuda a explicar parte de las tensiones actuales. Y es allí donde vuelve a aparecer la necesidad de intervenir: no solo para acompañar a quienes padecen la violencia, sino también para transformar las condiciones que la hacen posible.
Pandemia, discursos de odio y retrocesos en políticas de género
En el tramo final de su análisis, Florencia Rovetto suma otra capa para entender el presente: el impacto de la pandemia. El aislamiento, señala, no solo profundizó la soledad sino que también intensificó la exposición a discursos que legitiman la violencia en redes sociales. Ese escenario, combinado con un clima político atravesado por retóricas antifeministas —que identifica en figuras como Javier Milei, Lilia Lemoine y Patricia Bullrich—, generó condiciones para lo que define como una reacción patriarcal. En su lectura, ese proceso no solo reforzó posiciones previas, sino que en muchos casos derivó en expresiones más radicalizadas y violentas.

Rovetto remarca que ese cruce entre aislamiento, redes sociales y discursos legitimados desde espacios de poder tuvo efectos concretos, especialmente en varones jóvenes que encontraron allí formas de reafirmar identidades y resentimientos. Frente a eso, insiste en la necesidad de volver a pensar estrategias de intervención: desaprender prácticas, construir masculinidades menos violentas y habilitar formas de convivencia donde la igualdad no sea percibida como amenaza. En esa tarea, vuelve a ubicar a la escuela, los medios y la universidad como actores clave.

Sin embargo, cuando se le plantea dónde están hoy las mayores fallas como sociedad, su respuesta se vuelve más directa y política. Señala al actual gobierno como un factor central de deterioro, al que describe como insensible frente a las consecuencias de sus decisiones. Menciona los recortes en políticas de bienestar, en derechos humanos y en programas vinculados a la violencia de género, y vincula esas medidas con un contexto donde los femicidios continúan en aumento. Para Rovetto, no se trata solo de números, sino de una orientación general que desarticula redes de contención y debilita la capacidad del Estado para intervenir.

En ese marco, también cuestiona la dinámica que se impone desde la agenda pública: una lógica que obliga a reaccionar permanentemente frente a iniciativas que, desde su perspectiva, implican retrocesos en derechos. Como ejemplo, menciona el proyecto impulsado por Carolina Losada sobre falsas denuncias, al que considera especialmente problemático. Señala que ya existen figuras en el Código Penal para esos casos, y que endurecerlas específicamente en materia de género —incluyendo situaciones que involucran a infancias víctimas de abuso— puede generar efectos dañinos, desalentando denuncias y profundizando la vulnerabilidad de quienes ya atraviesan situaciones críticas.

Esa disputa por la agenda, explica, desplaza energías que podrían destinarse a ampliar derechos o mejorar condiciones de vida. En lugar de avanzar, muchas veces se ven obligados a defender conquistas previas. Aun así, Rovetto insiste en la necesidad de sostener la reflexión colectiva: preguntarse qué tipo de sociedad se está construyendo y qué horizonte se proyecta para las nuevas generaciones.

En su cierre, la advertencia es clara: sin una toma de conciencia social más amplia, los retrocesos pueden profundizarse. La salida, sugiere, no depende únicamente de las instituciones o de quienes ocupan cargos de responsabilidad, sino de una respuesta colectiva capaz de poner límites y reorientar el rumbo. Porque, en definitiva, lo que está en juego no es solo una agenda política, sino las condiciones mismas de convivencia social.

Redes de cuidado, protocolos y prevención de la violencia en la vida cotidiana
La voz de Florencia Rovetto vuelve sobre una preocupación concreta, casi urgente: qué hacer cuando la sospecha de una situación de violencia aparece en el entorno cercano. Ya no en el plano abstracto, sino en la vida cotidiana, entre compañeras, amigas o grupos que perciben que algo no está bien, aunque no siempre puedan nombrarlo con claridad.

En ese terreno, la primera clave es no mirar hacia otro lado. Rovetto insiste en que, si la situación se da dentro de la Universidad Nacional de Rosario, existen herramientas institucionales activas que pueden y deben ser utilizadas. Cada unidad académica —facultades y escuelas— cuenta con espacios de atención en el marco de los protocolos de abordaje de las violencias, integrados por equipos capacitados para recibir consultas, orientar y acompañar. El acceso a estos dispositivos está sistematizado también en la web institucional, dentro del área de género y sexualidades, donde se detallan contactos, horarios y modalidades de atención. Para Rovetto, ese es el camino más inmediato y efectivo ante una situación de alerta.

Pero no es el único. También señala la importancia de los espacios colectivos dentro de la universidad: organizaciones estudiantiles, agrupaciones políticas y secretarías de género que, en muchas facultades, funcionan como puntos de referencia cercanos y accesibles. Allí circula información, se construyen redes y, muchas veces, se generan los primeros acercamientos cuando alguien no sabe cómo dar el paso inicial.

Más allá de la respuesta puntual, Rovetto vuelve a poner el acento en la prevención y en la construcción de comunidad. Desde el área que dirige se impulsan de manera constante iniciativas orientadas a formar "promotoras contra las violencias": estudiantes y miembros de la comunidad universitaria que puedan detectar señales tempranas, acompañar y orientar a otras personas. Recuerda especialmente una de esas experiencias, el ciclo "Mil Micaelas", en homenaje a Micaela García, cuyo caso dio origen a la Ley Micaela. Esa ley —subraya— sigue siendo una herramienta fundamental, aunque hoy enfrente recortes y dificultades en su implementación.

En el fondo, lo que propone Rovetto es construir una red donde la detección no dependa únicamente de especialistas, sino también de los vínculos cotidianos. Que sean las propias comunidades —amigas, compañeras, pares— las que puedan advertir, contener y activar los recursos disponibles. Porque, como deja entrever a lo largo de toda su intervención, la violencia de género no irrumpe de un momento a otro sin señales previas: muchas veces se manifiesta en gestos, silencios o cambios que, si encuentran escucha y acompañamiento, pueden abrir la puerta a una intervención a tiempo.

Escuchá la entrevista completa:

sábado, 25 de abril de 2026

La otra escena del femicidio: cuando informar también es violencia

La foto del femicida, acompañado por Sophia, fue publicada por muchos medios, en este caso fue editada 

El femicidio de Sophia Civarelli reabrió el debate sobre la responsabilidad de los medios de comunicación: familiares, amigas y organizaciones denunciaron que la desinformación, la especulación y el tratamiento del caso también construyen violencia.

Mientras ese primer relato todavía circulaba, la investigación empezaba a aportar datos decisivos. En las horas siguientes se conocieron los resultados de la autopsia: el informe del Ministerio Público de la Acusación confirmó que Sophia Civarelli murió como consecuencia de una herida punzante en el cuello, lo que descartó de plano la hipótesis de un suicidio.

De acuerdo con los peritos, el ataque ocurrió el jueves 16 de abril por la tarde. El cuerpo fue hallado en la madrugada del viernes en el departamento de 3 de Febrero al 2400, en Rosario, donde vivía con su pareja. Al momento del hallazgo, los especialistas estimaron que llevaba entre 10 y 15 horas sin vida.

El principal sospechoso es su pareja, Valentín Alcida. Según la reconstrucción de los investigadores, permaneció en el lugar hasta aproximadamente las 2 de la madrugada del viernes. Luego se dirigió a la casa de una amiga, también sobre calle 3 de Febrero pero al 1100, donde se arrojó desde altura.

La noticia apareció primero como tantas otras: un título urgente, un corte de calle, una hipótesis en construcción. Una joven muerta en un departamento del macrocentro de Rosario. Un cuerpo con una herida en el cuello. Una pareja que, en paralelo, caía al vacío. La etiqueta inicial fue "muerte dudosa". Después, "posible doble suicidio".
Pero mientras la información aún circulaba incompleta, algo más empezaba a tomar forma: un relato mediático apurado, cargado de conjeturas, que sería fuertemente cuestionado pocas horas después. En ese mismo clima, la fiscal del caso convocó una conferencia de prensa y evitó hablar de femicidio: lo encuadró como una "muerte dudosa".

Con el correr del día, la investigación empezó a ordenar los hechos en otra dirección: femicidio seguido de suicidio. Sin embargo, para entonces, muchas de las versiones iniciales ya habían sido instaladas.

Una semana después del hecho, en la plaza 25 de Mayo, frente a familiares, amigas y organizaciones, la discusión dejó de ser solo judicial. Se volvió también pública y política: cómo se cuenta la violencia.

El principal pedido explícito fue a los medios: "Les pedimos algo básico, pero urgente: ética, verdad y responsabilidad", dijeron desde el documento leído por el entorno de la víctima. La frase no fue un pedido aislado, sino una acusación directa. "Se intentó instalar un relato que no era cierto", agregaron. Y señalaron algo más grave: "Aun cuando la Fiscalía confirmó que se trató de un femicidio, los medios continuaron poniéndolo en tela de juicio".

Para quienes tomaron la palabra, esto no constituye un hecho aislado, sino parte de un problema estructural: "Estas maniobras no son hechos aislados. Forman parte de prácticas que invisibilizan la violencia y obstaculizan el acceso a la verdad". 
La crítica también alcanzó el modo en que los medios narran estos hechos. Retomando la idea de la "pedagogía de la crueldad", señalaron: "Una forma en la que aprendemos, muchas veces desde los medios, a mirar el dolor con distancia, a volverlo espectáculo, a vaciarlo de humanidad". Frente a esto, insistieron: "Que la repetición en bucle de la violencia no la vuelva normal" y reclamaron nuevamente que "quienes comunican lo hagan con respeto y responsabilidad".

El cuestionamiento se volvió aún más concreto y doloroso en la voz de la madre de la víctima, Natalia, quien expresó: "No quería dejar de mostrar mi disconformidad en la forma de informar de los medios". Su crítica apuntó directamente al tratamiento visual: "Al abrir una nota y ver a mi hija junto a la persona que le quitó la vida", dijo, evidenciando el impacto que esa decisión editorial tiene en las familias. Y subrayó: "Ahí, cuando ya se había confirmado desde un principio que era femicidio. La cara de mi hija no es la que tiene que ser visible. Es la cara del asesino".

En la misma línea, la hermana de Sophia realizó un descargo contundente, en el que señaló: "Por el mal manejo de algunos medios periodísticos". Su señalamiento apuntó a la lógica de la primicia por sobre la responsabilidad: "Por tener una primicia, se olvidan de la noticia y de la víctima. Se olvidan del respeto y sobre todo del dolor de la familia".

Además, denunció la rapidez con la que se construyen versiones sin sustento: "A pocas horas de que todo esto saliera a la luz, ya estaban con sus hipótesis, sus opiniones y lo peor, con las fotos". Esa práctica, explicó, tuvo consecuencias directas: "Mucha gente de mi familia se enteró por los medios". Y agregó una imagen que resume el impacto emocional de esa cobertura: "No podían ni abrir las redes… soportar ver la cara de mi hermana junto a su asesino".

Y sintetizó la crítica en una frase que condensa el conflicto: "Por tener una primicia, se olvidan de la noticia y de la víctima".
La crítica se detiene en un punto incómodo: la violencia no se limita al suceso, también se produce en su circulación. "La violencia no empieza ni termina en el hecho; también se construye en el silencio, la desinformación y la negligencia mediática".

En ese marco, aparece otra dimensión: la forma en que los medios narran el dolor. "Una forma en la que aprendemos, muchas veces desde los medios, a mirar el dolor con distancia, a volverlo espectáculo, a vaciarlo de humanidad", señalaron. Y advirtieron sobre un efecto más profundo: "Que la repetición en bucle de la violencia no la vuelva normal".

La madre de la joven llevó esa crítica al terreno más concreto: la imagen. "No quería dejar de mostrar mi disconformidad en la forma de informar de los medios", dijo. Y puso en palabras una escena que se repitió en portales y redes: "Al abrir una nota y ver a mi hija junto a la persona que le quitó la vida".

Para ella, el problema no fue solo informativo, sino simbólico: "La cara de mi hija no es la que tiene que ser visible. Es la cara del asesino…".
El señalamiento incluye tiempos y procedimientos: "A pocas horas de que todo esto saliera a la luz, ya estaban con sus hipótesis, sus opiniones y lo peor, con las fotos".

En ese punto, la crónica deja de moverse únicamente en el terreno de los hechos y entra en otro: el de las responsabilidades. No solo qué pasó, sino cómo se cuenta lo que pasó.

Porque si algo quedó expuesto en la 25 de Mayo es que la cobertura también puede ser una forma de violencia. No necesariamente por lo que dice, sino por cómo lo dice, cuándo lo dice y qué se decide mostrar.

Entre la "muerte dudosa" de las primeras horas y la confirmación del femicidio, hay un recorrido que no es solo judicial. Es también mediático. Y en ese trayecto —marcado por la prisa, la especulación y la falta de cuidado— se juega otra disputa: la del sentido.

Nombrar bien, en estos casos, no es un detalle. Es una forma de justicia.

jueves, 23 de abril de 2026

Cuando la violencia entra al aula: el desafío de informar sin amplificar

En los últimos días, una escalada de amenazas de violencia en el ámbito escolar —expresadas a través de pintadas, mensajes intimidatorios y, en algunos casos, la circulación de réplicas de armas— encendió alarmas en todo el país. La cobertura mediática, reflejada en las tapas de los diarios impresos y digitales, en señales de noticias y en programas radiales, amplificó tanto los hechos como la inquietud social a partir de crónicas, imágenes y testimonios.

A este escenario se suma la creciente preocupación de docentes y equipos directivos, que muchas veces deben afrontar en soledad situaciones complejas y episodios de extrema gravedad que conmocionan a las comunidades educativas. Tal es el caso de la Escuela Normal Mariano Moreno, en la ciudad de San Cristóbal, donde un alumno ingresó armado y abrió fuego, con consecuencias fatales y varios estudiantes heridos.

Estos acontecimientos abren interrogantes sobre la verdadera magnitud del problema y la necesidad de construir diagnósticos precisos. Distintos estudios advierten que la violencia escolar no puede reducirse a factores individuales o aislados, sino que debe analizarse en relación con el clima institucional, las dinámicas de conflicto y los contextos sociales más amplios. En ese marco, también resulta clave revisar cómo se nombra y se representa el fenómeno, dado que el concepto de violencia en el ámbito educativo continúa siendo complejo.En este contexto, y ante múltiples consultas del ámbito periodístico, Cynthia Ottaviano, primera Defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, elaboró una serie de recomendaciones orientadas a promover una cobertura responsable de los hechos de violencia en las escuelas:
  • Asumir la responsabilidad social y la función de servicio del periodismo profesional.
  • Evitar la difusión de detalles sobre la modalidad de los hechos que puedan generar un efecto contagio.
  • Incluir diversidad de fuentes, especialmente especialistas, para favorecer un abordaje interdisciplinario.
  • Contribuir a la difusión de protocolos específicos de actuación.
  • Considerar que las noticias también son consumidas por niñeces y juventudes, evitando su adultización.
  • Priorizar la información por sobre el impacto o el morbo, evitando reiteraciones innecesarias de imágenes y conceptos.
  • Incorporar las voces de múltiples actores —estudiantes, comunidades educativas, familias, autoridades y plataformas digitales— para prevenir la reproducción de mensajes violentos y fortalecer entornos de cuidado.
  • Evitar la repetición acrítica de información proveniente de otros medios.
  • Atender a la construcción integral de la noticia, incluyendo recursos audiovisuales como música, efectos y elementos gráficos.
En un escenario atravesado por la incertidumbre y la preocupación social, la forma en que se informa también construye sentido: puede contribuir a dimensionar el problema con responsabilidad o, por el contrario, amplificar sus efectos.

lunes, 6 de abril de 2026

A 50 años de 'Todos los hombres del presidente': el peligro nunca fue el escándalo, sino preguntar

Se cumplen 50 años del estreno de un film esencial que habla de la ética y la paciencia de un oficio en la búsqueda de la verdad
Dustin Hoffman, Robert Redford, Jason Robards, Jack Warden y Martin Balsam, en la redacción del 'Washington Post'

Por: Eduard Castaño
Pocas obras mantienen intacta su vigencia 50 años después de su estreno, y Todos los hombres del presidente es una de ellas. Estrenada en Estados Unidos un 5 de abril de 1976, la película está concebida como la crónica de un escándalo político —el Watergate—, hoy funciona también como una lección sobre el oficio de informar: la verdad no aparece, se construye. Lejos de cualquier épica fácil, la película retrata a dos periodistas que avanzan entre dudas, verificaciones y obstáculos, en un mundo donde preguntar resulta más incómodo que callar.

Dirigida por Alan J. Pakula, la película prescinde del artificio para abrazar una puesta en escena casi quirúrgica. No hay música que subraye emociones ni giros de guion diseñados para el aplauso. Solo hechos, llamadas telefónicas, notas en cuadernos y la persistencia de dos periodistas que se niegan a aceptar el relato oficial. Robert Redford y Dustin Hoffman encarnan a Woodward y Bernstein sin heroicidades impostadas: su épica es la de quien insiste cuando todo invita a desistir.

La sombra que recorre cada plano es la del escándalo Watergate, pero Pakula evita convertirlo en espectáculo. Prefiere el detalle: una puerta que no debería estar entreabierta, un nombre que se repite, una fuente que exige anonimato. En esa acumulación de indicios se construye la tensión, más cercana al procedimiento que al thriller. Y, sin embargo, el suspense existe: nace de la fragilidad del método, de lo fácil que sería que todo se desmoronara con un error.

Verificar y contrastar
Hay una ética que atraviesa la película y que hoy resulta casi subversiva. Verificar, contrastar, no publicar hasta estar seguro. La redacción del The Washington Post aparece como un espacio de dudas más que de certezas, donde cada dato es cuestionado antes de convertirse en titular. No es casual que uno de los personajes más decisivos sea un editor que dice 'no' con la misma frecuencia con la que autoriza una línea. La prudencia, en este caso, no es cobardía, sino responsabilidad.

Pakula filma los espacios como si fueran mapas morales. Los aparcamientos subterráneos, donde se producen los encuentros con la fuente conocida como Garganta Profunda, son cavernas modernas: lugares de penumbra donde la verdad se insinúa pero nunca se entrega del todo. En contraste, la redacción, iluminada y ruidosa, simboliza el trabajo colectivo, la construcción pública del relato. Entre ambos mundos se mueven los protagonistas, conscientes de que la verdad no pertenece a nadie, pero alguien tiene que encontrarla.

Vista hoy, la película no necesita actualizarse para dialogar con la actualidad. Su lección es incómoda porque sigue vigente: la información requiere tiempo, método y coraje. Y, sobre todo, necesita instituciones que la sostengan cuando el poder presiona. En una época de titulares instantáneos y certezas precipitadas, Todos los hombres del presidente recuerda algo esencial: el periodismo no consiste en tener razón, sino en demostrarla.

Quizá por eso su final resulta tan elocuente. No hay celebración, apenas un teletipo que avanza mientras la historia continúa fuera de campo. Como si Pakula quisiera recordarnos que ninguna investigación termina del todo, que la verdad es siempre provisional y que, en última instancia, la democracia se juega en esos detalles aparentemente menores: una llamada, una firma, una pregunta a tiempo.

Investigación modélica
Considerada con razón una de las cumbres del cine sobre periodismo, la película —con guion de William Goldman— mantiene intacta su capacidad de atrapar gracias a una narrativa tan rigurosa como absorbente. Que lo haga a partir de hechos sobradamente conocidos no resta tensión, sino que la refuerza: convierte lo inevitable en fascinante. Desde el primer indicio en el complejo Watergate hasta la caída de Richard Nixon, el recorrido de Bob Woodward y Carl Bernstein se despliega como una investigación modélica, impulsada por el respaldo de figuras como Ben Bradlee y la ambigua ayuda de Garganta Profunda.

Pakula, fascinado por las contradicciones de la sociedad norteamericana —capaz de exigir virtud pública mientras convive con las sombras del poder—, construye una maquinaria narrativa precisa, heredera de la línea iniciada en Klute, donde el suspense convive con una firme denuncia política. El resultado es una obra que, además de su reconocimiento en los premios de la Academia, ha terminado por instalarse en un lugar privilegiado: el de las películas que no solo explican un momento histórico, sino que ayudan a entender todos los demás.

Medio siglo después, Todos los hombres del presidente se ha convertido en el claro símbolo de la capacidad del periodismo para frenar los abusos del poder. En la era de la inmediatez, donde la noticia compite por segundos de atención y la verificación parece, en ocasiones, un lujo prescindible, la película de Pakula propone justo lo contrario: paciencia, método y una desconfianza saludable ante cualquier versión oficial. Su tempo, deliberadamente pausado, resulta casi contracultural frente al vértigo informativo actual, pero es precisamente ahí donde reside su fuerza. Su lección, en última instancia, es sencilla y exigente a la vez: la democracia no se defiende solo en las urnas, sino también en la calidad de la información que la sostiene. Y esa calidad depende de algo tan poco espectacular como imprescindible: hacer bien el trabajo.
'Todos los hombres del presidente', 50 años
Por: Antoni M. Piqué
Barry Sussman era el jefe directo de Bob Woodward y Carl Bernstein en The Washington Post. Fue él quien guio a la pareja durante la investigación del caso Watergate. Fue él quien vio, en lo que parecía un asalto de poca monta, algo mucho más grave. Fue él quien encargó el asunto a Woodward y Bernstein y los orientó para que tiraran del hilo político. Fue él quien supervisó la cobertura y ayudó a ambos periodistas a conectar las piezas del caso. Y fue él, también, quien quedó fuera de la película para simplificar la historia.

Gran parte de la película muestra a los periodistas que preguntan, comprueban e insisten, tozuda e incansablemente, a unos y a otros, y verifican cada fragmento de información, cada pista. Hay quien encuentra estas escenas pesadas y repetitivas; a los periodistas de raza, en cambio, son las que más les gustan, porque esta profesión consiste, sobre todo, en "acercarte a desconocidos absolutos y hacerles preguntas que, en realidad, no tienes ningún derecho a esperar que te respondan", como dice Tom Wolfe a propósito de su reportaje El último héroe americano.

Detrás de esta obstinación de Woodward y Bernstein por preguntar y escuchar, comprobar y verificar, estaba Barry Sussman. "Intuitivo y perspicaz desde el principio, Sussman fue el editor que primero percibió las verdaderas implicaciones de la historia", escribe David Halberstam en el canónico The Powers That Be. Y añade: "El Post […] tenía al editor perfecto en el lugar adecuado […]. No solo impulsó la historia, sino que la procesó, encajando las piezas y ajustándolas hasta que, finalmente, poco a poco, emergió un patrón de comportamiento".

Sussman es también el autor del verdadero libro de referencia sobre el caso —The Great Cover-Up: Nixon and the Scandal of Watergate (1974)—, que aborda la historia desde una perspectiva más amplia que la centrada exclusivamente en los dos célebres periodistas y en Ben Bradlee, el director del diario.

Lo conocí en 1992 gracias a Juan Antonio Giner. Me pareció un periodista discreto, metódico, exigente y resolutivo. Creía, por ejemplo, que el revuelo en torno a "Garganta profunda" —la fuente clave en la investigación— era exagerado, porque eclipsaba el trabajo constante, cotidiano y minucioso de reporterismo que él había supervisado.

Le pregunté por su ausencia en la película Todos los hombres del presidente. Le dolía, pero no se quejó. I did what I had to, dijo. "Yo hice lo que tenía que hacer". Y cambió de tema.

domingo, 1 de febrero de 2026

TV Republika, la cadena ultraconservadora polaca que se proyecta como la Fox News europea

El grupo mediático de Tomasz Sakiewicz planea lanzar un canal en inglés con inversores del entorno MAGA
Tomasz Sakiewicz en el estudio de TV Republika, en Varsovia, el 15 de enero

Por: Gloria Rodríguez-Pina
TV Republika, un canal de televisión del grupo mediático ultraconservador y patriótico Strefy Wolnego Slowa (Zona de Libertad de Expresión), se ha convertido en un fenómeno televisivo en Polonia. En apenas dos años, ha protagonizado una escalada espectacular desde los puestos más modestos del ranking de audiencias en programas informativos hasta el primer lugar, con un 6,1% de cuota de pantalla. Propulsado por ese crecimiento y de la mano de inversores del entorno MAGA (el acrónimo del lema Make America Great Again de Donald Trump), Tomasz Sakiewicz, el presidente del grupo, planea lanzar un canal en inglés, una suerte de Fox News europea, como adelantó al Financial Times y confirma a El País.

La cuota mensual de audiencia AMR (Average Minute Rating) de los informativos de Telewizja Republika pasó de apenas 2.534 espectadores en 2023, a 320.495 en 2025 (un incremento del 7.830%), según publicó el Consejo Nacional de Radiodifusión de Polonia el 19 de enero con datos de Nielsen Media Research. El prodigioso boom de la cadena ha despertado la admiración de la internacional ultra, que teje redes para ampliar su alcance, en pleno auge.

"Muchas personas de partidos o de diferentes movimientos conservadores nos preguntan si podemos crear una Televisión República en sus países", explica Sakiewicz cinco días antes de la divulgación del informe, en su despacho de la Torre Azul, un rascacielos del centro de Varsovia donde están los nuevos estudios de la tele. La respuesta a esas peticiones es este proyecto en inglés, que pretende ser "un compromiso entre crear diferentes televisiones en distintos países y una televisión global".

"Cuando se crea algo para otras naciones, hay que encontrar lo que es común a todas y lo que es especial de cada una", dice sobre el enfoque del canal que planea. Enumera algunos de sus principios básicos, como la defensa de la soberanía nacional frente a lo que considera imposiciones "antidemocráticas" de la UE; los valores tradicionales cristianos en contraposición a derechos como el matrimonio homosexual; o la libertad de expresión contra los supuestos intentos de "censura" de Bruselas. "Estoy de acuerdo con [el vicepresidente estadounidense, J. D.] Vance en que tenemos un gran problema con la libertad de expresión en la Unión Europea", afirma.

Sakiewicz no da detalles sobre los inversores con los que está hablando, más allá de confirmar vínculos con el movimiento MAGA y aclarar que también hay europeos "muy conservadores". Tampoco sobre cuándo tienen previsto el lanzamiento. Esboza el nombre "Republika Global o Europea", pero deja la decisión abierta a debate con quien ponga el dinero.

El también director del semanario Gazeta Polska no esconde su admiración por el presidente estadounidense, Donald Trump, y reconoce que tiene "buen contacto" con el entorno trumpista. "Por ejemplo, organizamos la primera CPAC en Polonia, en Rzeszów". La CPAC es el gran foro ideológico ultraconservador que el Partido Republicano estadounidense está exportando a otros países para afianzar las conexiones internacionales entre los movimientos de derecha radical.

Ese primer encuentro en Polonia, días antes de las elecciones presidenciales del pasado junio, sirvió además para que la Administración Trump, mediante la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, respaldase al candidato ultra, Karol Nawrocki, hoy presidente de Polonia.
Karol Nawrocki, entonces candidato y ahora presidente de Polonia, junto con Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional de EE UU, en la primera CPAC organizada en Polonia, el 27 de mayo de 2025

"Por supuesto que se trata de establecer un buen contacto, para tener la oportunidad de hablar e intercambiar experiencias", afirma Sakiewicz, que el pasado 21 de enero recogió un premio en Washington al Mejor Medio de 2025 a TV Republika en el Kennedy Center (al que Trump añadió su nombre). Se lo otorgó el Republicans for National Renewal (Republicanos por la Renovación Nacional), un grupo que se autodefine como "el nuevo conservadurismo que combina los valores conservadores tradicionales con ideas nacionalistas y populistas".

Socavar la UE
Para Roman Kuzniar, politólogo y experto en seguridad internacional de la Universidad de Varsovia, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, publicada en diciembre, entronca directamente con movimientos como el proyecto de TV Republika. "[EE UU] dijo abiertamente que intentará usar a fuerzas políticas autoritarias nacionalistas en Europa con el fin de socavar la Unión Europea, solo para abrir el camino para hacer negocios aquí. Por eso utilizan a personas como Sakiewicz", opina. Kuzniar, que ha sido consejero en ministerios y en la presidencia polaca bajo gobiernos liberales, no es fan del empresario mediático: "No le estrecharía nunca la mano", dice. Le considera desprovisto de "honor y decencia" y le ve "responsable de la degradación de la esfera pública" polaca.

El éxito de TV Republika en los dos últimos años tiene su origen en el cambio de Gobierno en Polonia con la llegada al poder en 2023 de la coalición liberal liderada por Donald Tusk, de centroderecha. En un episodio berlanguiano a la polaca, a los pocos días de tomar posesión, el Gobierno se hizo con el control de los medios de comunicación públicos a la fuerza y dejó imágenes de forcejeos en los pasillos, cortes de emisión, sentadas de políticos ultraconservadores e intervenciones policiales. Tusk cumplía, con métodos cuestionables desde el punto de vista legal y estético, con su promesa de "limpiar" una televisión pública (TVP) que se había convertido en instrumento de propaganda del Gobierno de Ley y Justicia (PiS). TV Republika abrió los brazos a las estrellas, periodistas y técnicos del canal público, y heredó su audiencia.

Como cuenta Bartlomiej Biskup, especialista en mediatización de la política también de la Universidad de Varsovia, el panorama mediático polaco está tan polarizado como su esfera política, con medios de comunicación que describe como "identitarios". TVP, durante el mandato de PiS, se definía por "la falta de credibilidad, la falta de confianza en los programas y en muchos periodistas", explica. Con el nuevo Gobierno ha caído en audiencias. Muchos dicen que se ha vuelto aburrida y hay críticos que la siguen viendo politizada, pero hacia el otro lado.

"Hubo muchas quejas por falta de ética en las noticias", continúa sobre la etapa anterior. "Trataban asuntos muy subjetivos, con materiales muy unilaterales sin posibilidad de que las dos partes del conflicto, especialmente en asuntos políticos, pudieran expresarse" y se ofrecía "mucha información sin verificar". "El contenido de TV Republika es similar, por desgracia", opina.

"Cuando cometemos un error, lo corregimos, pero cuando tienes una televisión emitiendo las 24 horas, no es posible que alguien no cometa errores", se defiende Sakiewicz contra las críticas. "Pero los ataques más importantes que recibimos se deben a nuestros invitados, no a nuestra información", dice, y apunta a que la presión que reciben en forma de denuncias constantes les empuja a ser vigilantes en los informativos. En las tertulias, asegura que cuentan con personas de todo el espectro político. "No tengo ningún problema con el debate".

Al único al que no invita, reconoce, es a Tusk, al que tacha de "dictador" y con quien dice que tiene una guerra abierta. El canal se financia en buena parte por donaciones particulares ante el boicot publicitario, afirma.
Tomasz Sakiewicz en su despacho, en la sede de TV Republika, el 15 de enero en Varsovia

Wojciech Przybylski, director del centro de análisis Visegrad Insight, cree que "el problema en Polonia es que todas las noticias y la cobertura informativa están excesivamente politizadas". Sobre TV Republika, afirma que "principalmente critican al Gobierno, lo cual es justo: es necesario que haya un debate crítico".

Pero volviendo al proyecto del canal internacional y su posible papel como plataforma vertebradora en la internacional ultra, Przybylski cree que no hay nada nuevo en "el tipo de política que se hace a través de ideas, reuniendo a la gente a su alrededor, fomentando la comunicación para aprovechar el potencial de la red". Más novedoso, desde su punto de vista, es la constatación una vez más de que "el ámbito digital se inclina hacia la derecha", frente a la izquierda y los partidos liberales que "no han sabido aprovechar la revolución digital". También, ve "una declaración estadounidense de influencia directa", que cree que, en el fondo, podría ser contraproducente en Europa.

Kuzniar considera "muy grave que los estadounidenses de MAGA y Trump estén invirtiendo en Nawrocki y en personas como Sakiewicz y otros". "Tenemos que cambiar muchas cosas en nuestros países, incluida la UE, para hacer frente a esta ola de movimientos de derecha, nacionalistas y autoritarios", subraya. Su fórmula es ser más "realista", en el sentido de "ser fuertes", para "defender los valores y las normas, lo que es idealista en el alma europea". Kuzniar cree, sin embargo, que el estado de ánimo está cambiando rápidamente. "Estoy seguro de que pronto Estados Unidos no podrá imponer sus reglas a Europa, que será mucho más fuerte", dice. El veterano politólogo se aferra al optimismo y termina con humor: "De lo contrario, como decimos en polaco, es hora de morir".
Fotos: Patryk Ogorzałek / Agencja Wyborcza.pl - G. R.-P.
Fuente: Diario El País

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