jueves, 23 de abril de 2026

Cuando la violencia entra al aula: el desafío de informar sin amplificar

En los últimos días, una escalada de amenazas de violencia en el ámbito escolar —expresadas a través de pintadas, mensajes intimidatorios y, en algunos casos, la circulación de réplicas de armas— encendió alarmas en todo el país. La cobertura mediática, reflejada en las tapas de los diarios impresos y digitales, en señales de noticias y en programas radiales, amplificó tanto los hechos como la inquietud social a partir de crónicas, imágenes y testimonios.

A este escenario se suma la creciente preocupación de docentes y equipos directivos, que muchas veces deben afrontar en soledad situaciones complejas y episodios de extrema gravedad que conmocionan a las comunidades educativas. Tal es el caso de la Escuela Normal Mariano Moreno, en la ciudad de San Cristóbal, donde un alumno ingresó armado y abrió fuego, con consecuencias fatales y varios estudiantes heridos.

Estos acontecimientos abren interrogantes sobre la verdadera magnitud del problema y la necesidad de construir diagnósticos precisos. Distintos estudios advierten que la violencia escolar no puede reducirse a factores individuales o aislados, sino que debe analizarse en relación con el clima institucional, las dinámicas de conflicto y los contextos sociales más amplios. En ese marco, también resulta clave revisar cómo se nombra y se representa el fenómeno, dado que el concepto de violencia en el ámbito educativo continúa siendo complejo.En este contexto, y ante múltiples consultas del ámbito periodístico, Cynthia Ottaviano, primera Defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, elaboró una serie de recomendaciones orientadas a promover una cobertura responsable de los hechos de violencia en las escuelas:
  • Asumir la responsabilidad social y la función de servicio del periodismo profesional.
  • Evitar la difusión de detalles sobre la modalidad de los hechos que puedan generar un efecto contagio.
  • Incluir diversidad de fuentes, especialmente especialistas, para favorecer un abordaje interdisciplinario.
  • Contribuir a la difusión de protocolos específicos de actuación.
  • Considerar que las noticias también son consumidas por niñeces y juventudes, evitando su adultización.
  • Priorizar la información por sobre el impacto o el morbo, evitando reiteraciones innecesarias de imágenes y conceptos.
  • Incorporar las voces de múltiples actores —estudiantes, comunidades educativas, familias, autoridades y plataformas digitales— para prevenir la reproducción de mensajes violentos y fortalecer entornos de cuidado.
  • Evitar la repetición acrítica de información proveniente de otros medios.
  • Atender a la construcción integral de la noticia, incluyendo recursos audiovisuales como música, efectos y elementos gráficos.
En un escenario atravesado por la incertidumbre y la preocupación social, la forma en que se informa también construye sentido: puede contribuir a dimensionar el problema con responsabilidad o, por el contrario, amplificar sus efectos.

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