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martes, 6 de enero de 2026

Así verificó New York Times la foto que Trump publicó de Maduro esposado

Tras el anuncio de la captura de Nicolás Maduro, comenzaron a circular imágenes de procedencia incierta, y la redacción tuvo que decidir qué podía publicarse y cómo
Una imagen compartida por el presidente Trump en las redes sociales que, según dijo, mostraba al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, detenido en el USS Iwo Jima.

Por: Meaghan Looram, directora de fotografía de The New York Times

La imagen era impactante, noticiosa, y exigía una decisión editorial.

Horas después de que el presidente Donald Trump anunciara en las redes sociales el sábado por la mañana que Estados Unidos había capturado a Nicolás Maduro, líder de Venezuela, publicó una imagen que parecía mostrar a Maduro en conjunto deportivo, con los ojos vendados y esposado a bordo de un buque de guerra estadounidense.

Fue el intento de Trump de demostrar una misión cumplida. “Nicolás Maduro a bordo del USS Iwo Jima”, escribió Trump como pie de foto. Pero Trump tenía antecedentes de compartir imágenes generadas por IA en las redes sociales. Mi equipo de editores fotográficos tuvo que evaluar la imagen que subió y ayudar a tomar la decisión de si publicarla o no.

Editores de fotografía en Seúl habían estado trabajando en la cobertura de Venezuela desde que se conocieron las noticias de las explosiones en ese país. Habían estado coordinando con sus colegas en Londres y Nueva York el despliegue de fotógrafos en Caracas; los planes para ubicar fotógrafos en Nueva York, donde esperábamos que llegara Maduro; la cobertura de la reacción en comunidades venezolanas y de posibles protestas, y la conferencia de prensa programada de Trump.

Lo que no habíamos previsto era la repentina proliferación de varias imágenes de Maduro en internet.

Antes de que Trump publicara la foto, un editor nos alertó sobre otra imagen que circulaba por las redes sociales y que parecía mostrar a Maduro detenido por tropas estadounidenses u oficiales de la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés). La imagen no estaba verificada y la proporcionó una fuente de un reportero de The New York Times. Clinton Cargill, director de noticias de nuestro departamento de fotografía, encontró esa imagen, y otra más, en las redes sociales.
Imagen facilitada a un periodista de The New York Times, que parece mostrar al presidente Maduro bajo custodia militar.
Una imagen encontrada en las redes sociales que parecía mostrar al presidente Maduro con otra vestimenta, también bajo custodia militar.

En ese momento, el Times y otros medios informaban que la vicepresidenta de Venezuela exigía "prueba de vida" de Maduro, un factor adicional para evaluar el valor noticioso de cualquier imagen del líder depuesto.

Clinton utilizó una herramienta de detección de IA y consultó con Stuart Thompson, quien escribe sobre desinformación. Ambos señalaron que esas dos imágenes presentaban inconsistencias que sugerían que no eran auténticas. Por ejemplo, Stuart observó una segunda fila de ventanillas de aspecto extraño en la bodega del avión.

Aún así, varios sitios de detección de IA no encontraron indicios definitivos de que las imágenes hubieran sido generadas con inteligencia artificial. Estos sitios no son infalibles, sin embargo; a menudo registran cierta incertidumbre incluso con imágenes verificablemente auténticas.

Pero incluso la remota posibilidad de que las imágenes no fueran auténticas —unida al hecho de que provenían de fuentes desconocidas, y a detalles como que la ropa de Maduro fuera distinta entre ambas imágenes— bastó para descalificarlas para su publicación.
Mientras Clinton investigaba estas fotos, Trump publicó la imagen de Maduro.

Tenía un aspecto extraño: la foto estaba recortada de forma inusual y vertical, lo que sugería que se había excluido gran parte del contenido de la imagen original, y la calidad era baja. Un editor fotográfico del Times señaló que parecía una foto de una impresión, o una foto de una pantalla. Al pasarla por el mismo detector de IA, la imagen publicada por Trump también dejó cierto grado de incertidumbre.

El Times ha informado sobre la costumbre de Trump de difundir imágenes generadas con inteligencia artificial y deepfakes en las redes sociales, así que teníamos motivos para ser escépticos sobre la autenticidad de la foto.

También somos cautelosos a la hora de publicar imágenes distribuidas por el gobierno, ya que no podemos verificar necesariamente su autenticidad, ni podemos dar fe del rigor periodístico con el que se realizaron, aunque sean auténticas. Y somos conscientes de que las imágenes distribuidas por cualquier gobierno suelen buscar promover una narrativa específica.

En las inusuales ocasiones en que sí publicamos imágenes distribuidas por el gobierno, es porque la imagen o su difusión tienen un valor noticioso extraordinario, o porque la foto se tomó en un lugar al que no tenemos acceso. Siempre etiquetamos claramente estas imágenes como material distribuido y describimos su procedencia en el pie de foto.

En este caso, la publicación del presidente en Truth Social, en sí misma, era noticia, aunque no tuviéramos ninguna forma segura de confirmar que la imagen fuera auténtica. Julie Bloom, jefa de nuestra sección de noticias en vivo, quería publicar la imagen junto con una entrada de blog sobre la publicación del presidente, y nuestros editores responsables del periódico impreso querían incluirla en la edición del domingo.

Tomamos la decisión. Decidimos que la mejor forma de presentar la imagen sería mostrarla en el contexto de la publicación de Trump en Truth Social, en lugar de aislarla. Presentarla en contexto significa que, si la imagen resulta ser inauténtica de algún modo, no la habremos presentado como una fotografía periodística legítima, sino como un comunicado del presidente.

Decidimos publicar una versión recortada del post en la portada digital del Times. En la versión impresa, publicamos el post completo en una página interior. La permanencia de la portada impresa nos hizo tener cuidado a la hora de destacarla.

La autenticidad y credibilidad de nuestra información siempre son primordiales, y las herramientas de detección son vitales para nuestro trabajo. Aún así, actualmente no existe ninguna herramienta que verifique imágenes de manera inequívoca. Como ocurre con tantas cosas en el periodismo, nos corresponde a nosotros —editores humanos— tomar decisiones editoriales y ofrecer a nuestros lectores la información que necesitan saber, con el contexto y las advertencias adecuadas.
Fuente: The New York Times

jueves, 18 de diciembre de 2025

Disparar para silenciar: la represión que quiso borrar la imagen de Pablo Grillo

Este miércoles 17 de diciembre se realizó el conversatorio 'Justicia por Pablo Grillo. La represión mileísta a trabajadorxs de prensa', en el marco de la 36ª Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino de ARGRA. Participaron Fabián Grillo, padre de Pablo; Claudia Cesaroni, abogada de la familia e integrante de la Liga Argentina por los Derechos Humanos; Juan Pablo Sarkissian (Sindicato de Prensa Rosario – SPR); y Ana Isla y Farid Dumat Kelzi (Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina - ARGRA). El encuentro tuvo lugar en la Sala de las Miradas de Plataforma Lavardén, Mendoza 1085
Un plan sistemático de ajuste y represión
Edgardo Carmona, Secretario General del Sindicato de Prensa Rosario, denunció la política de represión sistemática bajo el gobierno de Javier Milei. "Se está desarrollando un plan que incluye 300.000 puestos de trabajo menos. En estos años, casi 20.000 empresas cerraron. Es un plan minucioso que también contempla la represión de movilizaciones", afirmó.

"La justicia social es presentada como una cuestión terminada, decadente", agregó, mencionando la eliminación de la salud pública, la educación pública, los derechos laborales y los derechos individuales. Amnistía Internacional informó que en los últimos dos años hubo 2.500 personas heridas en actos reprimidos, y al menos 200 periodistas resultaron heridos, además de numerosos detenidos ilegalmente. Carmona subrayó: "Este plan solo puede sostenerse con represión y silenciamiento: que la gente no participe y que el periodismo no pueda mostrar lo que ocurre".

Entre los casos más graves se encuentra el de Pablo Grillo, fotógrafo de 36 años, herido durante una movilización de jubilados frente al Congreso. Su padre, Fabián, lo acompaña en la recuperación, simbolizando la lucha por justicia: "Cada reprimido, cada encarcelado, cada ignorado forma parte de la historia real de un país que sufre. Nuestro compromiso es acompañarlos permanentemente para que este gobierno pague y se esclarezcan responsabilidades políticas".

El ataque y la noche de la represión
Pablo Grillo fue herido el 12 de marzo mientras registraba la marcha de jubilados frente al Congreso, cuando el gendarme Héctor Jesús Guerrero disparó una cápsula de gas lacrimógeno que impactó en su cabeza. Fabián aclaró que no hablaba en nombre de su hijo: "El intento de asesinato no funcionó. Él podrá hablar por sí mismo cuando sea oportuno".

Pablo atraviesa una recuperación sorprendente, seguida incluso por equipos de neurocirugía del Hospital Ramos Mejía. Volvió a tomar fotografías, documentando festivales internos del hospital: "Cumplió su rol de fotógrafo. Estaba contentísimo", relató Fabián.

El disparo no fue accidental. "Esa imagen no podía salir", dijo el padre. La represión comenzó antes de que la marcha se consolidara, golpeando a jubilados, hinchas y trabajadores de prensa. Mientras Pablo era operado durante nueve horas, Patricia Bullrich declaró públicamente que estaba detenido, acusándolo de ser un "fotoperiodista militante". "Le seguía pegando a Pablo mientras lo estaban operando. Inventaron un delito, lo juzgaron y lo intentaron ejecutar el mismo día", denunció Fabián.

Pablo sufrió un total de ocho operaciones. Su hidrocefalia generó retrocesos, pero con la colocación de la válvula empezó a revertirse; está recuperando la deglución y pronto podría dejar la sonda. Además, continúa terapias de kinesiología, fonoaudiología, terapia ocupacional y salud mental.

Fabián destacó la importancia del compromiso de la sociedad civil. "De hecho, el sistema judicial debería estar avergonzado, porque la sociedad civil resolvió el hecho la misma noche en que ocurrió", sostuvo.

Gracias a los colegas de Pablo, a los testigos y a todas las personas presentes, explicó, ese mismo día el hecho ya estaba esclarecido. Fabián agradeció especialmente a los fotógrafos, fotoperiodistas, periodistas y a quienes manejan drones: las imágenes captadas fueron contundentes y clave para identificar al responsable.

Sin embargo, señaló, resulta increíble que, aun frente a lo que estaba siendo transmitido en directo, algunos sigan mintiendo sobre lo ocurrido. "Nos dicen que lo que vemos no es cierto", enfatizó, y reflexionó sobre la gravedad de la desinformación: si se miente sobre lo que todos podemos ver, ¿qué estará ocurriendo en los lugares opacos, que no conocemos? ¿Qué pasó con Santiago Maldonado? ¿Qué pasó con Rafael Nahuel?

Fabián cuestionó además la versión oficial difundida días después. Bullrich afirmó que la bala de gas lacrimógeno había rebotado tres veces antes de impactar en Pablo. Pero las imágenes mostraban otra cosa: no había estructuras metálicas, sino madera quemada. La munición atravesó un borde de esa madera como si fuera manteca; el disparo fue directo y no rebotó en ningún lado.

Por eso, concluyó Fabián Grillo, es necesario reflexionar sobre lo que ocurre en los lugares que no se ven. "Si mienten sobre lo que estamos viendo, ¿qué estará pasando en otros ámbitos, incluso en la economía?", se preguntó, subrayando la gravedad de la manipulación de la información y la necesidad de vigilancia ciudadana.

Patricia Bullrich y la legitimación del ataque
Claudia Cesaroni, abogada de la familia e integrante de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, señaló: "Patricia Bullrich estaba etiquetando a Pablo Grillo como un delincuente y decía que estaba detenido. La construcción de alguien como enemigo es lo que se hizo con Pablo".

Recordó que otras víctimas también fueron atacadas ese día: una niña gaseada y un hincha de Chacarita que perdió un ojo. "Quienes mostraban lo que estaba pasando fueron construidos como enemigos. Ese intento de Patricia Bullrich de legitimar el intento de homicidio fue central".

"Hago un paréntesis: la querella está integrada, en mi caso, por la Liga Argentina por los Derechos Humanos, donde soy abogada, y por otra compañera, Agustina Lloret, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Son las organizaciones que eligió la familia de Pablo para acompañarlos en la querella y en la presentación de su caso", acotó.

Respecto al procedimiento jurídico, Cesaroni explicó que, en cuanto a la parte legal, el hecho ocurrió el 12 de marzo y el 21 de marzo la familia se presentó acompañada por los abogados y el CELS. "Nos presentamos acompañando a Fabián, a Mari —su esposa y mamá de Pablo— y a Emiliano, es decir, a la familia de Pablo. Inmediatamente pedimos que se cite a prestar declaración indagatoria a la persona que ya ese 21 de marzo sabíamos que era el autor del disparo contra Pablo: el gendarme Héctor Jesús Guerrero".

La abogada precisó cómo identificaron al responsable: "¿Cómo lo sabíamos? Porque había centenares de fotos y videos, no solo en bruto, sino analizados por los compañeros del Mapa de la Policía, lo que nos permitió identificar claramente que el autor del disparo era Héctor Jesús Guerrero. Todo ese material lo aportamos al expediente. El juzgado que interviene es el Juzgado Federal N.º 1, a cargo de la doctora María Romilda Servini".

Cesaroni agregó que, desde el primer momento, se señaló la responsabilidad de Guerrero, pero también se pidió que se responsabilice penalmente a los superiores: "A Patricia Bullrich, al comandante jefe de la Gendarmería, y al jefe de los grupos específicos que estaban operando en la calle, en particular el grupo de Guerrero. Todo eso todavía no lo logramos. Lo único que hasta ahora hemos conseguido —que no es poco— es el procesamiento del gendarme Guerrero, que se dictó el 7 de octubre y fue apelado por los abogados de la Gendarmería".

Por último, destacó un aspecto clave del caso: "Quiero destacar algo muy importante: los abogados de Guerrero son abogados de la Gendarmería. Es decir, tienen su domicilio legal en la Dirección de Asuntos Jurídicos de la Gendarmería. Toda persona tiene derecho a defensa, por supuesto: puede defenderse con la defensa oficial o con un abogado particular. Acá, sin embargo, lo está defendiendo institucionalmente la Gendarmería. Esto significa que la Gendarmería está diciendo que lo que hizo Guerrero está bien. Porque si Guerrero estuviera acusado, por ejemplo, de violar a alguien o de robar un celular, no estaría la Gendarmería defendiéndolo. Lo está defendiendo porque entiende que lo que hizo fue un acto de servicio".
Fotoperiodismo y trabajo colectivo
Ana Isla y Farid Dumat Kelzi de ARGRA resaltaron la exposición al riesgo del fotoperiodismo. Pablo fue atacado por cumplir su rol profesional. Destacaron el Mapa de la Policía, que permitió reconstruir los hechos gracias al material aportado por reporteros y militantes.

Ana Isla, reflexionó sobre el trabajo de los reporteros gráficos y la exposición que implica: "Como reportera gráfica, al trabajar en la calle una pone el cuerpo, y efectivamente eso es lo que le pasó a Pablo: puso el cuerpo. Me parece muy importante destacar algo que ya mencionaron: el compromiso social y el compromiso profesional del fotoperiodismo. Pablo carga con toda esta represión sistematizada que está ejerciendo el gobierno. En Rosario quizás no tenemos exactamente el mismo protocolo, no se aplica de la misma manera".

En ese momento, Claudia Cesaroni interrumpió para subrayar lo que ocurre en Santa Fe: "Lo oculto acá son las cárceles".

Ana continuó: "Acá, el trabajo de reporteros y reporteras enfrenta otro tipo de violencias, que también son ejercidas desde distintos ámbitos del poder político. También es difícil trabajar en la calle en situaciones de balaceras, en barrios marginales donde matan pibes todos los días, y donde nosotros también estamos con el cuerpo expuesto en esa situación".

La credencial de reportero, de protección a blanco
Fabián Grillo agregó su mirada sobre la transformación de la labor del fotoperiodismo: "Como verán, no soy un pendejo: tengo unos años, he vivido bastante tiempo en este país y he visto el trabajo de la prensa durante muchos períodos. Y nunca como ahora la credencial de reportero pasó a ser un blanco y no una herramienta de protección. Eso es lo que al menos está ocurriendo en Buenos Aires. En otra época era un salvoconducto: te permitía acceder a los lugares donde informar. Hoy pasa a ser un blanco".

"Atentaron incluso contra compañeros que son de la élite del reportero gráfico, como es el caso de Rodrigo Abd", dijo Ana y Fabián señaló: "Ahí hay una foto de él, preciosa. Es un fotógrafo internacionalmente consagrado. Sacó fotos de misiles en Gaza, en Afganistán, y sin embargo acá, en Buenos Aires, recibió un chorro de agua que le provocó problemas auditivos. Es gravísimo, gravísimo".

El padre de Pablo reflexionó sobre la absurda militarización del trabajo periodístico en protestas sociales: "El hecho de que los reporteros tengan que ir a cubrir como si estuvieran en una guerra, con cascos y máscaras, es una locura. Es una protesta social, no una guerra. Mucha gente naturaliza eso. Hoy hubo personas que me preguntaron por qué no estaba con casco. Estaba sacando fotos. En una protesta social, ¿por qué habría que ir con casco? Sin embargo, ahora eso parece naturalizado. Parece que en una protesta social es necesario ir con casco".

Farid Dumat Kelzi, fotoperiodista, completó la visión sobre la exposición de los reporteros: "Con máscaras antigás nosotros acá, después de la realidad, se distingue el protocolo. Hay máscaras que se aplican, pero después de la marcha de Pablo el otro miércoles viajé a cubrirla y no pasó nada. Nada. Pero fui con Rodrigo Abd y le pregunté si tenía un casco para prestarme o una máscara para los ojos".

Farid remarcó la falsa sensación de seguridad que brinda la cámara: "Lo mío por ahí no va a pasar, que lamentablemente no sucede. Porque, como decía, a Rodrigo le pasó, le pasó a Pablo Piovano, a muchos compañeros. A Tomás Cuesta hace poco también lo metieron preso por documentar su trabajo. Uno va a reportar, a mostrar lo que pasa, y lamentablemente no sabe si va a volver a su casa, si se prepara para ir a una guerra o si está yendo al Congreso de la Nación".

El fotoperiodista cerró subrayando la unidad y la solidaridad de los colegas: "Siempre estamos preocupados por nuestros colegas, tanto en Rosario como en Buenos Aires, y dispuestos a colaborar entre nosotros".

Fabián Grillo relató cómo se reconstruyeron los hechos que llevaron al ataque contra su hijo Pablo: "Lo que se hizo para reconstruir los hechos tuvo mucho laburo. Kaloian Santos, con la foto que aportó, ese mismo día intuyó que había captado al agresor y se quedó hasta las 4 de la mañana revisando las imágenes para descubrir y ver el nombre de la persona. Se hizo un trabajo minucioso de revisión de archivos, y así se pudo detectar quién disparó. Uno podría pensar que un fotoperiodista que identifica a un agresor en una movilización debería ser premiado. Bueno, a Kaloian Santos lo echaron de su trabajo en la Secretaría de Cultura de la Nación. Desde el punto de vista de ellos tiene lógica, pero desde lo humano no: debería haber sido premiado. Es increíble. Además, la gravedad se origina desde el mismo Estado represor".

Estela Hernández recordó el contexto político y social: "Con un presidente que dice que hay que odiar, que no se odia lo suficiente a los periodistas, ya desde ese marco —que es una aberración— estábamos viviendo en un clima de locura. Esto también remite al caso de José Luis Cabezas: después del asesinato hubo responsabilidades judiciales involucradas. Quería destacar el aporte de los reporteros gráficos que se ponen al frente, que se adelantan. Sin esas fotos, sin esa circulación de imágenes, los cuerpos hubieran quedado tirados ahí sin que se supiera qué había pasado".
Doctrina de seguridad continental
Ese análisis fue profundizado por Oscar Lúpori, integrante del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, sacerdote fundador del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en Rosario y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario.

Lúpori advirtió que lo ocurrido con Pablo Grillo no responde únicamente a decisiones de un gobierno argentino, sino que se inscribe en una doctrina de seguridad continental. En ese marco, señaló que el enemigo ya no es el comunista ni el socialista, como en otras etapas históricas, sino el "crimen organizado", el "terrorismo" y el "narcoterrorismo".

Ese desplazamiento conceptual, explicó, permite presentar la protesta social como desorden, violencia o terrorismo, y justificar así la represión. En ese sentido, recordó que Patricia Bullrich sostuvo públicamente que era necesario "mantener el orden" para garantizar el progreso, argumento con el que luego lanzó el protocolo de seguridad.

Lúpori alertó también sobre el perfil de la nueva ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, a quien definió como una académica convencida de esta doctrina, con antecedentes como asesora de Nayib Bukele, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. Esa continuidad, señaló, demuestra que no se trata de improvisación ni de excesos individuales, sino de una planificación estructural.

Como ejemplo del alcance regional de esta doctrina, mencionó la presencia creciente de fuerzas militares y ejercicios conjuntos en zonas estratégicas, como el Caribe y las fronteras del norte argentino, y la militarización de territorios populares bajo el argumento del combate al narcotráfico.

El diálogo con el gobierno nunca existió
Fabián Grillo aseguró que jamás nadie del gobierno nacional se comunicó con la familia. "De ninguna instancia", remarcó. Contó que intentaron establecer contacto en varias oportunidades, incluso cuando Patricia Bullrich fue a votar. "Fuimos con mi hijo Emiliano. Pasó con vidrios polarizados y custodia. Nunca hubo diálogo".

Luego, recordó, tanto Bullrich como el vocero presidencial Manuel Adorni afirmaron públicamente que la familia había cortado el diálogo. "No se puede cortar algo que nunca existió", sostuvo. Si bien dijo que le gustaría hablar con Bullrich e incluso debatir públicamente, admitió que a esta altura cualquier gesto resultaría hipócrita.

En contraste, destacó la solidaridad popular recibida desde el primer día. "Es algo precioso", dijo. Mencionó el acompañamiento de los pibes de Independiente, los amigos del barrio, los gremios y figuras históricas del club como Pancho Sá, el Chivo Pavoni y Ricardo Bochini, quien incluso fue a visitar a Pablo al hospital.

También recordó los carteles en distintas canchas y el mural realizado en Díaz Vélez e Yrigoyen, frente a la estación Darío y Maxi, realizado por escenógrafos de La Renga. Agradeció, además, la solidaridad de artistas como La Renga, León Gieco, Ricardo Mollo, Ariel Prat y tantos otros que expresaron públicamente su apoyo.

No es un error: es un sistema
La conclusión compartida por los participantes fue contundente: el ataque contra Pablo Grillo no fue un accidente, ni una desviación personal de un gendarme, ni un error operativo. Fue el resultado de un marco político, discursivo e institucional que define enemigos internos, habilita la violencia estatal y luego intenta legitimar sus consecuencias.

Para finalizar el encuentro, Edgardo Carmona afirmó: "Quiero quedarme con el relato de Pablo luchando, mejorando, rodeado de amor. Más allá de los análisis políticos, me quedo con la resistencia. Hay coraje, hay amor, hay valentía; no hay resignación. Vamos a seguir peleando por el futuro que nos merecemos. Hay vida después de Milei: nos toca animarnos a conquistarla".
Fotos: Julia Carmona

domingo, 16 de noviembre de 2025

La importancia del fotoperiodismo y la necesaria separación entre información y propaganda

Se han extendido en el periódico las imágenes que no son obra de reporteros gráficos que trabajen bajo los principios éticos del periodismo
Por: Soledad Alcaide, 
Defensora del Lector
Cada vez se publican más fotos en El País que no han sido tomadas por fotógrafos que trabajen bajo los principios del periodismo. Al principio eran imágenes imposibles de conseguir de otro modo, como en aquellos sucesos donde solo existen las captadas por testigos con el móvil. Sin embargo, poco a poco, el periódico ha aceptado que empresas, marcas, partidos políticos, artistas e instituciones cuelen sus instantáneas, en las que el control de su imagen prevalece sobre la información. Las expresiones que se escriben en los pies de foto para estos casos, como pool, foto cedida, por cortesía, "en una imagen de...", son eufemismos que ocultan que ningún fotógrafo del periódico (o de una agencia de noticias) fue al lugar de los hechos o, aún peor, que no se le permitió hacer su trabajo.

El redactor jefe de Fotografía, Moeh Atitar, afirma que esta última es una situación cada vez más frecuente: "No es que no queramos o no podamos ir, que también sucede; es que no tenemos la opción de estar". Un ejemplo reciente ha sido el concierto de Radiohead del 4 de noviembre en Madrid, una rara vez en la que se detalló lo ocurrido en el pie de foto de la crónica: "Thom Yorke (...), en una imagen proporcionada por el grupo, ya que no dejó entrar a fotógrafos de medios".

Como lo habitual es que no se indique nada, este pequeño glosario ayudará al lector a discernir qué tipo de foto tiene delante:

Imagen difundida por. La foto de la noticia en la que se informó el lunes de que el fondo de inversión estadounidense Apollo ha comprado una participación mayoritaria del Atlético de Madrid retrata a Miguel Ángel Marín, Enrique Cerezo y Robert Giovone, socio del fondo. El pie de foto indica: "En una imagen difundida por el Atlético tras el acuerdo". No se trata de una fotografía periodística, sino promocional, hecha por el club de fútbol sin más testigos. En casos similares también se usan las fórmulas "foto cedida", "una imagen de", o "difundida por", y es raro que figure el autor.

Pool. El juicio al fiscal general del Estado en el Tribunal Supremo ha sido otra muestra de un espacio inaccesible al fotoperiodismo, mientras un enjambre de fotógrafos trabajaba cada día en el exterior del edificio. Salvo en la primera jornada, el día 3 de noviembre, en la que el tribunal dio entrada a un reportero gráfico de la agencia Efe, la Sala de lo Penal ha estado vedada. La jefa de prensa del tribunal explica que han acreditado a 27 periódicos y siete agencias y, por razones de espacio, no se puede permitir la entrada a todos sus fotógrafos. En todos los juicios de España, recalca, las cámaras solo acceden el primer día, porque estos deben ser "públicos, pero no publicitados".

Por eso, las únicas imágenes del primer fiscal general del Estado en el banquillo del Supremo son capturas de pantalla de la señal institucional de vídeo, que usaron los redactores de tribunales para seguir las sesiones. Tenían muy baja calidad, que se ha sufrido especialmente en la edición impresa. No habrá, por tanto, fotografías en la hemeroteca que en el futuro puedan emplearse como documento histórico.

En el papel, se ha dado una sola foto de Álvaro García Ortiz en el primer día del juicio, publicada el día 4. La firma corresponde a J. J. Guillén, de la agencia Efe, y, a continuación, entre paréntesis, se añadió la palabra pool. No solo resulta un término críptico para los lectores, quienes me han transmitido su confusión, sino que estrictamente no debe aplicarse a esta situación.

En la definición del manual de la Escuela de Periodismo de Columbia, News Reporting and Writing (1977), del profesor Melvin Mencher, un pool es un pacto entre los fotógrafos o reporteros que cubren una noticia, que eligen de entre ellos un número limitado de profesionales para entrar al acto y luego comparten el material resultante.

En el juicio del fiscal general no hubo ningún acuerdo entre los medios, sino que fue el Supremo el que designó a Efe, como se ha hecho durante décadas, según su jefa de prensa. Es lo mismo que hacen otras instituciones como la Casa del Rey o el Gobierno. Por ejemplo, cuando Pedro Sánchez se reunió en enero con Volodímir Zelenski en el foro de Davos (Suiza), un fotógrafo de La Moncloa tomó la instantánea y luego se distribuyó con el crédito de pool.

Lo que debería ser un acuerdo entre los profesionales se convierte en esos casos en una imposición. Esto limita el derecho a la información, ya que solo permite un punto de vista periodístico. Por eso, ni siquiera debería llamarse pool.

Cortesía. El crédito en una foto "por cortesía de" es otro eufemismo para las imágenes promocionales. En la reseña de un mini calefactor de bajo consumo publicada este miércoles en Escaparate, el pie de foto indica "por cortesía de Amazon". La expresión resulta desafortunada porque sugiere que la marca ha tenido un detalle, cuando la imagen tiene una clara función publicitaria.

Conclusión. Las fotos cumplen un papel informativo y, casi siempre, se convierten en la prueba documental que da fe de los hechos, como ha ocurrido con los miles de imágenes de cómo Israel arrasaba Gaza. Cuando el Libro de Estilo señala que El País debe esforzarse "por presentar diariamente una información veraz, lo más completa posible, interesante, actual y de alta calidad" también incluye la fotografía. Pero admitir fotos de fuentes con tanta frecuencia baja ese listón.

Sería inadmisible que el periódico renunciara a defender el derecho a la información. Por eso, resulta imprescindible denunciar públicamente cada vez que se obstaculiza el fotoperiodismo, como ocurrió con Radiohead. Para ello, hace falta una revisión profunda de cómo se acreditan las imágenes: aclarar su origen, unificar criterios y eliminar eufemismos que confunden. Al poner en valor la labor de los fotoperiodistas, ayudaremos a los lectores a diferenciar un trabajo periodístico de la propaganda.

sábado, 30 de agosto de 2025

Rodrigo Abd: fotógrafo y testigo incómodo del mundo

Rodrigo Abd, premio Pulitzer, busca siempre la foto de autor, sea en Ucrania, Siria, Afganistán o Haití, trabajando para AP - Foto: 
Martin Mejía

Por: Fernando García
Conversando a una distancia muy corta, los ojos negros de Rodrigo Abd (Buenos Aires, 1976) se convierten por momentos en lentes certeras. Es el indisimulable mecanismo humano detrás de la máquina de fotos con la que alcanzó el estatus de Pulitzer cubriendo la vida en tiempos de guerra en Siria (2013) y Ucrania (2023) para la agencia de noticias Associated Press. Después de casi veinte años se está reinstalando en la ciudad y eso hace que acaso sea más fácil pedirle recomendaciones por cómo moverse en Guatemala o Kabul antes que por algún barrio fuera del centro de Buenos Aires. Mientras hablamos, muy cerca de Plaza de Mayo esperan por abrirse las puertas de Arthaus, el flamante centro cultural donde cuelgan las imágenes de su exposición Desvío. Lo de cuelgan es literal ya que las fotos flotan en el ambiente en dípticos sin referencia alguna. El asombro que provocan estas imágenes se completa con una publicación (revista antes que catálogo) en la que Abd se encarga además de los textos. La experiencia queda entonces en un terra incógnita entre la brutalidad descarnada del mundo y la sublimación estética del arte. "En Arthaus me dieron libertad para exhibir las fotos como quisiera. Si esto es percibido como arte o no está fuera de mi preocupación. Hice muestras en Guatemala, en Lima y aquí en Buenos Aires en distintos espacios y siempre fue la misma idea", dice el fotoperiodista.

¿Hay una fotografía que usted hace para el circuito de AP y otra pensada para el arte y las exposiciones?
No, para mí es lo mismo. No fotografío de una manera para AP y de otra pensando en que voy a hacer una exposición. Siempre traté que mis fotos dentro de la agencia no se limiten a registrar un evento sino que busco agregarle capas de sentido a la imagen, que salgan fotos menos obvias para una audiencia global.
Bucha, Ucrania - Rodrigo Abd

¿Entonces la foto de una pareja intentando hacer arrancar un auto en Ucrania después de un ataque ruso es tan documental como un registro de trinchera?
Exacto. Y yo siempre busqué eso, siempre me propuse no fotografiar como fotógrafo de AP aun cuando sé lo que AP necesita. Desde que empecé con esto en marzo de 2003 quise que mis reportes fueran mi mirada, mi opinión sobre lo que estaba viendo en Guatemala, en Venezuela, en Puerto Príncipe o en Argentina. Y eso a veces es muy difícil de sostener.

¿Por qué?
Porque vivimos a las corridas y los cambios tecnológicos están modificando nuestro trabajo. Estamos trabajando a una velocidad en la que se nos dificulta poder pensar. En este contexto trato de mantener la mirada reflexiva y procesar en otro ritmo.

¿La agencia de noticias no privilegia zonas del mapa en lugar de otras?
Los medios tienen agendas y en esa agenda también entramos nosotros. Pero yo busco temas periféricos. A veces pueden ser los mismos conflictos pero con otro tiempo. Llego tarde a las noticias, lo cual parece un contrasentido para un fotoperiodista, quizás estoy en el lugar dos meses después. Y pasan otras cosas, que son las que más me interesan. Pero que no haya tenido ni media bajada de línea es porque siempre tuve la fuerza y voluntad de generar otras historias que cuentan el mismo conflicto.
Kiev
En esta exposición es interesante que las fotos no tengan nada que informe sobre la imagen hasta que se llega a la publicación.
Yo creo que en esta muestra hay una intención de provocar. El objetivo es mostrar cosas que cuentan que las cosas no son tan lineales. Hice de todo, desde breaking news a series más producidas, pero también fotografías panorámicas de la Amazonia peruana y la destrucción de la selva por los buscadores de oro. Pero todo siempre dentro del fotoperiodismo.

Y sí, nadie espera ir a una exposición suya para ver imágenes desenfocadas.
Una sola vez hice una muestra llamada "Palimpsestos" que son triples exposiciones y es lo más arty que llegué. Tampoco le pido a la gente que pose. Jamás.

¿Pero no están posando quienes se fotografían con un papa Francisco de cartón en La Paz?
¡No! Ellos posan para otro fotógrafo que llevaba esa réplica de Francisco para que la gente se sacara fotos durante la visita del papa a Bolivia. Y ellos se quedaban después con esa foto. En Afganistán hay unos fotógrafos callejeros que andan por la calle con flores de plástico. Y esto porque a los afganos les encantan las flores pero no las tienen porque viven en un desierto. Y entonces podés ver a los talibanes con sus ametralladoras haciéndose fotos con las flores de plástico. La noticia de la visita del papa ya había pasado, porque no teníamos acceso a la cárcel donde Francisco estaba limpiando los pies. ¿Qué hacemos entonces? Bueno, hay que salir a buscar temas.
Caracas

¿Si la pintura tuvo que reinventarse después de la foto y del cine, lo mismo debería hacer la fotografía en tiempos de la duplicación digital de la vida?
Se viene reinventando hace tiempo. Si vos miras los concursos del World Press Photo poco tiene que ver una foto ganadora de 1996 con las de los últimos años. Hoy se premia mucho más la foto autoral que la documental.

¿La foto de Capa en Normandía, 1944, no ganaría el concurso hoy?
No sería una novedad porque al lado de Capa habría cuatro o cinco fotógrafos más con el agua hasta las rodillas registrando el desembarco. En ese momento era solo él. Dicho esto, la foto de Trump en el atentado con el puño levantado y el rostro ensangrentado que hizo Evan Bucchi era muy buena y merecía el Pulitzer. No lo ganó porque los jurados tuvieron la idea errónea de que premiar esa foto era hacerle campaña a Trump.

Como si la foto valiera por el personaje y no por la imagen en sí.
Exacto.
Protesta de Piqueteros y Sindicato del Neumático

Un caso de corrección política…
Una estupidez. Se trata de estar en el lugar de los hechos en el momento adecuado y el jurado castigó a un fotógrafo por resolverlo de la mejor manera posible. Bucchi fue compañero mío en un embedded en Kandahar. En esa cobertura él hacía videos. En España le llaman “empotramiento” (dentro de una unidad militar) y es de la manera que Capa consiguió la famosa foto de Iwo Jima.

¿Estando “empotrado” en el ejército americano sintió esa contención?
Por supuesto. Más que nada por ser latino. Los soldados son casi todos mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, entonces hay una camaradería. Para mí fue extraordinario estar “empotrado”. Yo hice muchas fotos de la cotidianeidad de las bases que es mucho más interesante que cualquier combate. Ves a los afganos que les van a vender artesanías, a los que cocinan que son de Bangladesh; ves las montañas de botellas de agua mineral que usan para bañarse.

¿Estar más pendiente de esos detalles lo salvó de no caer de un balazo perdido?
No, me hizo comprender mejor los hechos. Entender que las cosas son bastantes más complejas de lo que nos presentan los gobiernos y los titulares de las noticias.

¿Cómo queda después de pasar meses en esos lugares?
Y… un poco golpeado. Creo que lo que me ayuda es no cubrir el frente de guerra todo el tiempo. Después de Ucrania me tocó un concurso de Abuelas en Guatemala o un festival de payasos de Centroamérica, que es otro drama pero no es la guerra.
Caracas

¿Hay quienes cubren solo el frente?
Sí, claro. Recuerdo en Afganistán cuando esperábamos para que nos asignaran un batallón y había figuras legendarias como Jon Lee Anderson o la inglesa Marie Colvin, una cronista inglesa de leyenda que había perdido un ojo y la mataron en Siria en 2012. En Kiev conocí a James Natchway, de 74 años, que viene cubriendo conflictos desde Nicaragua a principios de los 80. Estuvo al borde de la muerte en Iraq. Eso no te deja tener una vida normal. Yo nunca fui un corresponsal de guerra puro, no estuve toda la vida expuesto a las balas. Lo mío es más lo que se ve en esta exposición. No me interesa correr por una primicia.

Buscas el lado B. Como esa foto de Caracas que muestra una fiesta en un rascacielos.
Bueno es que eso es contar cómo es posible que en Venezuela con una hiperinflación galopante y una crisis política histórica sigue habiendo gente que está encerrada en una suite presidencial durante tres días comiendo sushi y tomando whisky importado. Porque esta imagen puede contarnos si estos son los chavistas que hicieron negocios con el Estado o son los ricos de toda la vida que también hicieron arreglos para subsistir. Esto ayuda a entender la complejidad de la sociedad venezolana.

¿Cómo conseguiste esa foto?
Casi no había luz en Caracas y en los hoteles donde los fotógrafos y periodistas habíamos parado toda la vida casi no tenían comida. El Holiday Inn era el único lugar capaz de autoabastecerse y por ahí pasaba toda la vida social de la clase media alta. Casamientos, cumpleaños de 15, fiestas. Y yo también estaba ahí porque era el único lugar con Internet para mandar las fotos a la agencia. Una noche mientras dormía me tocan la puerta a los golpes, creí que era la policía secreta. Y no, eran unos chicos que iban a una fiesta y se equivocaron de puerta. Me invitaron como casi una disculpa. Así entré. La imagen muestra lo que yo hago. Venezuela se cubre siguiendo los movimientos de Maduro, sí, pero también entrando en una fiesta desaforada como esta.

El lado B de Uruguay
¿Qué tipo de cobertura se imagina haciendo en Uruguay?
Me gustaría retratar historias que de alguna manera contradigan esta verdad establecida sobre Uruguay como un refugio de sensatez. Iría a ver qué hay debajo de la alfombra. Porque no deja de ser un país latinoamericano. Un país por donde pasa parte del narcotráfico que se va para Europa. Me gustaría retratar el lado B de Uruguay.

sábado, 5 de julio de 2025

Memoria en primer plano: El Villazo y una foto que enfrenta al olvido

Por: Norma "La Negra" Ríos – Asamblea Permanente por los Derechos Humanos

Una foto es congelar para siempre un instante.Un momento irrepetible del presente que se transforma rápidamente en pasado, y puede durar en el futuro hasta que alguien definitivamente la queme, la rompa (si es papel) o la borre o la transforme, (con las nuevas tecnologías).

Una foto es recuerdos en colores o en blanco y negro, que transmiten emociones y sentimientos de todo tipo: ternura, alegría, dolor, tristeza, amor, amargura, abandono, presencia, olvido, memoria, desesperación, remordimientos….

Una foto te hace pensar si algo de ese momento pudo cambiarse. Si significa algo en tu vida o simplemente estabas ahí, sin ninguna importancia. ¿Era un momento para guardar? ¿Estabas de casualidad? ¿Nunca lo buscaste? ¿Querías esa foto? ¿Cuántas veces te escapaste de una foto? Hay gente que odia las fotos y otra que las ama. En fin… tantas cosas…

Hay fotos de todo tipo, pero hay fotos que cuentan historias.

Y hay fotos que merecen historias: Yo voy a hablar de una que me impactó al verla por primera vez y lo sigue haciendo. Está adjunta y la realizó Laura Benítez, Prensa de APDH Rosario, a quien le pedí permiso especialmente. También suelo robarlas con cierta impunidad, pero este no fue el caso.

Está sacada en la Sala del tribunal, en un día, seguro no cualquiera y eso también lo muestra la foto, de audiencia del Juicio El Villazo, TOF de calle Oroño 940.

En primer plano, hay un hombre sentado.

Sólo.
 
Con un gesto adusto, tal vez, juraría es así, de fastidio por ser fotografiado.

Es un abogado defensor de genocidas.

Un hombrecito intrascendente, oscuro, desconozco ni me interesa su nombre, que jamás será repetido en ningún momento glorioso en la historia, ni siguiera para maltratarlo, no es esa la idea.

Un hombre que tal vez no se atrevió a decir no, o está convencido de su papel.

Y eso no puedo reprocharlo. Son las reglas del juego. Los genocidas tienen la defensa que jamás le permitieron a los y las nuestres.

Pero sí puedo repetir lo que siempre digo, para defender a un genocida, después de escuchar los testimonios de las víctimas y a esta altura de la historia, tenés que ser diez veces peor que el genocida.
Tan imperdonables.

Pero eso no importa.

Vuelvo a la foto.

Allí está ese ser de moral empobrecida, como detalle central, rodeado de la historia que pudimos lograr contar en este juicio.

Allí están decenas de otras fotos de compañeras y compañeros, grandes pancartas, con sus rostros eternamente jóvenes…

Buscadas con mucho esfuerzo, preparadas con mucho trabajo y militancia, entregadas por las familias con amor, a veces la única que existe de ellos después de huidas, quemazones, allanamientos, escapes…a veces sacadas de los archivos oficiales, porque sólo quedó la del documento…

Allí están los/as desaparecido/as, lo/as preso/as, lo/as ya fallecido/as, Presentes, diciendo con sus rostros inolvidables, que estamos en el camino correcto, que no pudimos, pero lo intentamos, que el enemigo es feroz y cruel, pero no pudieron callarnos, que gracias, porque a cincuenta años ya todes saben quienes son los genocidas y quienes les valientes luchadores. La sociedad los ha condenado.

Esas enormes fotos, que rodean al representante del negacionismo y el odio, nos dicen que nada es imposible, que siguen acá, sonriendo alguno/as, con sus hermosos ojos que nos miran a todes, porque perseveramos buscando justicia.
 
Que seguirán viviendo en el pueblo mientras no olvidemos ni perdonemos a sus asesinos ni sus cómplices.

La foto, impactante y bellísima , ese contraste de ellos y nosotro/as, me hizo sentir la necesidad de compartirla.

sábado, 28 de junio de 2025

La mirada del adiós: Imágenes contra el olvido

El próximo lunes 30 de junio a las 18 se inaugurará en el Concejo Municipal de Rosario la muestra fotográfica “La mirada del adiós”, de la fotógrafa argentino-armenia Araz Hadjian, organizada por el Consulado Honorario de la República de Armenia en Rosario. La exposición reúne retratos tomados durante el éxodo forzoso del pueblo armenio de Artsaj, tras la ofensiva militar de Azerbaiyán en 2023. Más de 120.000 personas fueron expulsadas de sus hogares en un proceso denunciado internacionalmente como limpieza étnica. En Señales, Hadjian comparte su testimonio, su dolor y su compromiso con la memoria a través de la fotografía
Hoy escuchamos a una mujer que ha recorrido distintos lugares con su cámara, pero también con su historia. Araz Hadjian es fotógrafa, diseñadora, voluntaria y, sobre todo, testigo. Nacida en Aleppo, criada en Palermo, con raíces armenias y una mirada que no esquiva el dolor. Llega a Rosario con su muestra La mirada del adiós, un registro conmovedor del desplazamiento forzado del pueblo armenio de Artsaj (Nagorno Karabaj).

Convivís con esta doble identidad, argentina y armenia.
Totalmente, sí. Amo la Argentina y soy plenamente consciente de mis orígenes armenios.
Y fuiste a Armenia justo el día en que comenzaba un nuevo ataque. Según entiendo, ese momento marcó tu decisión de empezar a documentar.
Sí, y fue una mera coincidencia. Uno de mis hermanos vive en Armenia. Estábamos viajando con mi mamá y mi hermana para visitarlo, y justo cuando llegábamos a Frankfurt, nos enteramos de que habían cerrado el espacio aéreo de Armenia por los ataques de Azerbaiyán.

De todos modos, llegamos. Y apenas lo hicimos, me fui directamente a la frontera sur, por donde el pueblo armenio de Artsaj ingresó a lo que es propiamente Armenia.

Hay que aclarar que Artsaj es un enclave montañoso, la zona en disputa, de donde fueron expulsados los armenios. El único acceso que tienen es por tierra, hacia la República Independiente de Armenia, donde llegaron los 120.000 desplazados.
Fuiste voluntaria en los campos de refugiados en Grecia, pero esta vez te tocó en tu propio pueblo. ¿Cómo cambia esa mirada cuando el dolor es tan cercano?

Exacto. No porque yo sea personalmente refugiada —sí soy inmigrante, me reconozco como inmigrante, aunque viví toda mi vida en Argentina—, pero sé que hay una parte mía que viene de otro lado.

Soy muy sensible al desarraigo. Tengo una profunda empatía hacia quienes se ven forzados a dejar sus tierras por distintos motivos.

Jamás pensé que, como fotógrafa, algún día me tocaría retratar las mismas imágenes con las que crecí: las del genocidio de 1915.

Obviamente, me afecta mucho más. Me conmueven todos los pueblos que sufren, claro, pero cuando es el tuyo... No puedo creer que hoy esté retratando, yo misma, parte de la historia trágica de Armenia.
Todo lo que implica la expulsión de una tierra ancestral. Si bien no presencié matanzas, sí fui testigo de la pérdida de todo un territorio, y del trauma que eso deja.

Estaba profundamente conmovida. Me resultó muy difícil. Muy difícil. Pensaba todo el tiempo: si yo hubiera sido armenia, viviendo allá, estaría viviendo exactamente lo mismo.
¿Cómo nace La mirada del adiós? ¿Qué fue lo primero que viste, fotografiaste, que sentiste que tenía que estar registrado?
Esa es una gran pregunta, un verdadero debate fotográfico. Porque sé que la fotografía no va a cambiar la realidad.

Ojalá tuviera la fuerza para provocar un cambio contundente. Pero lo que sí puede hacer es abrir preguntas en la sociedad.

Lo vemos a diario. Lamentablemente, lo que está pasando en Palestina es atroz. Hoy, muchas de esas tragedias ni siquiera aparecen en las noticias, como si no merecieran ser contadas. Es inconcebible. Como si estuviéramos viendo un reality en la televisión: están cometiendo un genocidio contra los palestinos y el mundo mira hacia otro lado. Es imperdonable.
Si me preguntás qué tema me conmueve más a nivel humano —más allá de las nacionalidades—, te diría que es ese: que no podamos frenar semejante genocidio delante de nuestras narices.

¿Y qué retratar, entonces? Es lo que decía: la fotografía no tiene el poder de cambiar las cosas en lo inmediato. Ya sabemos quiénes están en el poder.

Pero al menos puede dejar un testimonio de lo que sucedió. Porque con el tiempo también se borran las evidencias.

Eso es lo que hacen las dictaduras genocidas como las de Azerbaiyán y Turquía.

Y quiero remarcar algo: el principal socio bélico de Azerbaiyán es Israel. Le ha provisto armamento, y lo sigue haciendo, a cambio de que Azerbaiyán permita el ingreso de espías en Irán. Son países fronterizos, y hay muchos intereses geopolíticos en juego. Pero es paradójico: siendo Azerbaiyán un país musulmán, permite el ingreso de espías israelíes. Cosas que solo la política —y ciertos intereses— explican.

Y lo que hacen Azerbaiyán y Turquía, una vez que ocupan territorios, es destruir sistemáticamente todos los vestigios de cultura armenia: monumentos históricos, iglesias, escuelas, museos.
Eliminan toda evidencia de que existió vida armenia en esos lugares, para que el día de mañana, cuando se presenten reclamos, digan: "Acá no hay nada, demuestren que vivieron armenios aquí".

Convierten iglesias en mezquitas, destruyen cementerios, escuelas. Ya no quedan huellas físicas que puedan sostener esa memoria milenaria.

Por eso la fotografía se vuelve un último recurso. Una herramienta para mostrar el dolor.

El dolor que se vive tanto a nivel individual —cada persona, cada familia— como a nivel colectivo.
Ahí es donde lo individual se entrelaza con lo comunitario: el dolor propio se funde con el de todo un pueblo.

Y para quienes somos parte de la diáspora, también es un golpe enorme. Para todos los armenios del mundo, perder ese territorio histórico fue devastador.
Y en medio de todo ese caos, ¿cómo se establece ese vínculo entre la cámara y las personas que empiezan a dejarlo todo?
Fue muy doloroso. Lo hacía con lágrimas en los ojos. Muchas veces ni siquiera podía fotografiar. Me preguntaba: ¿para qué hago estas fotos?, ¿qué voy a lograr?

Al final, lo tomé como una forma de dejar un registro de las víctimas. Y eso no es menor.

Pero fue muy difícil.

Además, tengo un límite ético. Porque en situaciones así, la gente está en un estado de extrema vulnerabilidad. No hace falta decirlo.
Y no iba a abusar de esa fragilidad para lograr una foto impactante. No buscaba imágenes que golpearan desde lo visual, si eso implicaba aprovecharme de alguien que no podía defenderse.

Por suerte, dentro de lo trágico, esta vez no fue como en otros casos de refugiados que quedan en campos a cielo abierto, en tierras de nadie.

Aquí llegaron a Armenia, que sigue siendo una patria. No quedaron a la intemperie, como les pasó a los sirios, que estuvieron meses y meses en campos de refugiados.

Acá, al menos, hubo una nación que los pudo recibir y darles una primera asistencia.

Y eso, aunque sea poco frente a todo lo que perdieron, es algo.
Mientras esto ocurría, uno veía desde acá el silencio, la pasividad internacional frente a la crisis, cierta complicidad. Vos hablabas recién de lo que significa la limpieza étnica, el genocidio. ¿El mundo está mirando para otro lado?
Totalmente. Y no solo eso, lo hace con aval. Por ejemplo, nuestro propio gobierno se ha declarado abiertamente a favor.

Entonces, por lógica directa, deduzco que muchos votantes también están avalando un gobierno que apoya a quienes cometen genocidios.

Y eso, como ciudadana, me preocupa profundamente. Me pregunto: ¿cómo puede ser que una ciudadanía acepte eso?

Cuando pensás en el tema de Israel y el genocidio del pueblo palestino, entiendo que muchas veces la distancia geográfica confunde.
Y no hablo de todos: hay muchísima gente acá en Argentina, y en el mundo, que se informa, se moviliza, hace mucho.

Pero a veces, la distancia y la forma en que se presenta la información llevan a generalizaciones.

El promedio piensa que Medio Oriente es solo un foco de bombas y terrorismo, y no se entiende quién es quién: cristianos, musulmanes, las diferencias entre países...

Y claro, también tenemos nuestras propias crisis cotidianas, nuestras urgencias.

Todo eso hace que lo que pasa allá se perciba lejano, ajeno.

Pero hoy, con toda la información disponible, creo que ya no es justificable no saber.

No se puede seguir votando sin preguntarse: ¿qué tipo de gobierno estoy eligiendo para que me represente?

Y sí, te imaginás... todos los gobiernos... Yo, sinceramente, no puedo creer lo que está pasando en Palestina. Es inconcebible que no se pueda frenar. Inconcebible.
Yo creo que la imagen transforma, conmueve, genera conciencia. Y mucho de esto habrá para mostrar, para seguir retratando estas cosas.

Ojalá que no.

Estas son las fotos que nunca hubiese querido hacer. Ninguna: ni las de los refugiados sirios, ni de tantos otros que he visto en distintas partes.

Pero creo que siempre fue así. Y aunque soy optimista, también reconozco que, desde siempre, en la historia de la humanidad, han existido estas injusticias.

Por último, ¿por qué La mirada del adiós? ¿Cómo surgió ese título tan potente?
Porque es toda una población despidiéndose de una vida entera. De sus tierras, de sus muertos. Y ahí es donde te preguntás: cuando te dicen de repente te tenés que ir ya, con lo puesto, ¿qué te llevás? Algunos querían llevarse incluso a sus muertos. Muchos salieron literalmente con lo que tenían encima. Muchos chicos descalzos, sin tiempo siquiera de ponerles un par de zapatos. Es la gente dejando todo atrás. Es el adiós. El adiós a toda una historia, a una vida. Con la certeza de que lo más probable es que no vas a volver.

La entrevista completa:

viernes, 23 de mayo de 2025

Sebastião Salgado 1944 - 2025

Sebastião Salgado, el fotógrafo que documentó la Amazonia y denunció las injusticias contemporáneas. El brasileño, que retrató con su lente los grandes desafíos sociales, ha fallecido a los 81 años en París
Sebastião Salgado: "Estamos destruyendo el planeta"
Por: Naiara Galarraga Gortázar

Sebastião Salgado, el brasileño que documentó a través de la fotografía los grandes desafíos contemporáneos, como la protección del medio ambiente, las migraciones o el trabajo, ha fallecido este viernes a los 81 años, según ha confirmado el Instituto Terra, que creó junto a su esposa, Lélia Wanick Salgado. El fotógrafo ha fallecido en París, donde vivía, a causa de una leucemia, según su familia. La enfermedad era una de las muchas secuelas de una malaria que contrajo hace décadas. El artista, que llevó el fotoperiodismo a la categoría de arte y manejó con maestría el blanco y negro a lo largo de su carrera, tenía previsto participar, este sábado en Reims, en la inauguración de unas vidrieras diseñadas por uno de sus hijos para una iglesia, según Folha de S. Paulo.

Sebastião Ribeiro Salgado Júnior nació en 1944 en un pueblito llamado Aimores, en el estado cafetero y minero de Minas Gerais. Su formación en economía moldeó su visión del mundo, le hizo poner el foco en las injusticias que corroen el planeta y en los marginados. La etiqueta de artista le disgustaba, prefería definirse como fotoperiodista. Alguien preocupado por los males que aquejan a los más desfavorecidos, por la avidez consumista, por la salud del planeta.

Dedicó su último gran proyecto a la Amazonia, que retrató en todo su esplendor con el fin de alertar al mundo sobre su extrema fragilidad. Era en cierta manera un regreso a casa tras una exitosa carrera internacional. Sus exposiciones, en las que la belleza servía para abrir profundas reflexiones, recorrieron el mundo. Su esposa era su más estrecha colaboradora como comisaria de sus exposiciones y editora de sus libros monumentales, como Éxodos, Génesis o Trabajadores.
>Fidel Castro, acompañado entre otros por los fotógrafos Sebastião Salgado (a su izquierda) y Abbas (con barba, a la derecha), durante la VI Cumbre del Movimiento de Países No Alineados en septiembre de 1979 en La Habana, Cuba.

Lélia Wanick Salgado hacía la selección final de las imágenes, el destilado de un trabajo documental que entrañaba años de trabajosos viajes de su marido por varios países de los que regresaba con miles y miles de imágenes. El brasileño puso su lente sobre muchas de las comunidades más marginadas del mundo, fueran los trabajadores rurales, los mineros furtivos en busca de la pepita de oro que les cambiaría la vida, los africanos que vagaban por tierras desérticas en busca de agua y un futuro o los indígenas.

En sus 48 expediciones a la Amazonia durante varias décadas fue acompañado por un guía de montaña. También viajaba con guías, traductor, antropólogo y cocinero. Al llegar a una aldea, acompañaba a los nativos en sus tareas cotidianas como cazar o cocinar antes de colocar una tela para crear un estudio en plena selva y pedirles que posaran.
Mina de oro de Serra Pelada, Brasil (1986), tomada durante su proyecto 'Trabajadores'.
Foto tomada durante su proyecto 'Sahel: el fin del camino', en Malí (1985).
Pingüinos de barbijo sobre un iceberg entre las islas Zavodovski y Visokoi, Islas Sandwich del Sur (2009), del proyecto 'Génesis'
Refugiados de la población croata, Serbia (1995), de su proyecto 'Éxodos'.
Campamento de Korem, Etiopía (1984), del proyecto 'Sahel: el fin del camino'
Foto tomada durante su proyecto 'Génesis' en el campamento Dinka en Kei, Sudán del Sur (2006).
Campo petrolífero de Greater Burhan, Kuwait (1991). Esta imagen pertenece al proyecto 'Trabajadores'.
Retrato a una mujer del pueblo yawanawá, una comunidad indígena del suroeste del estado de Acre, en la región amazónica de Brasil. Esta obra, tomada en 2016, forma parte de una serie dedicada a documentar la vida, la cultura y el entorno natural de los pueblos originarios de la Amazonía. Foto tomada durante su proyecto 'Trabajadores' (Bihar, India, 1989).

"Los indígenas de Brasil nunca han estado tan amenazados, pero tampoco tan organizados", decía en 2022 al presentar en São Paulo la exposición inaugural de Amazonia. La muestra, resultado de siete años de sobrevuelos y expediciones a la selva, ha recorrido varios países. En aquella comparecencia ya dejó claro que el de Amazonia era el proyecto final de su vida, pero también que un fotógrafo como él nunca se jubila porque jamás abandona la cámara ni el afán de documentar el mundo que le rodea.

Todavía como economista, Salgado empezó a hacer fotos con una Leica durante algunos viajes de trabajo por África. Fascinado, en pocos años dejó el cargo como secretario de la Organización Internacional del Café y emprendió una carrera como fotógrafo independiente. El intento de asesinato del presidente Ronald Reagan, en 1981, a manos de un admirador de la actriz Jodie Foster, cambió la vida del fotógrafo brasileño, que colaboraba con algunas agencias de prensa. Salgado, que cubría los primeros 100 días del republicano en el poder, fue testigo del atentado, en Washington, y sus fotos dieron la vuelta al mundo. Con el dinero que ganó, marchó a África a trabajar en su primer proyecto personal.
Salgado, retratado en mayo de 1994 con su Leica M6.

"Se dijo que yo hacía estética de la miseria. ¡Y una mierda! Fotografío mi mundo", dijo el brasileño en una entrevista con El País Semanal, en 2019, en referencia a una crítica verbalizada por Susan Sontag. En esa conversación también explicó que su decisión de trabajar exclusivamente en blanco y negro obedecía al intento de evitar que el colorido distrajera a los observadores de los protagonistas de su obra. Retratar a los desfavorecidos de la tierra no fue una elección personal, contó, sino un puro reflejo de su origen. "Soy una persona del Tercer Mundo. Conozco África como las líneas de mi mano porque hace solo 150 millones de años África y América eran el mismo continente".

Salgado recibió en 1998 el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y era miembro de la Academia de Bellas Artes de Francia. Galardones a una mirada siempre empática con los que más sufren. Viajero incansable, en su dilatada carrera Salgado recorrió el planeta con especial atención al sur global, donde documentó hambrunas, guerras, explotación laboral, travesías migratorias… El proyecto que le consagró internacionalmente, a mediados de los ochenta, es el dedicado a los mineros furtivos de Serra Pelada, aquel impresionante hormiguero de hombres atraídos a la Amazonia brasileña por una fiebre del oro.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha despedido a Salgado recordando que "su inconformismo con el hecho de que el mundo es tan desigual y su obstinado talento para retratar la realidad de los oprimidos siempre sirvieron de advertencia a la conciencia de toda la humanidad". El mandatario recibía al presidente de Angola, João Lourenço, en el palacio de Planalto, en Brasilia, cuando ha sido informado de la noticia. El regalo que tenía preparado para su homólogo era, precisamente, un libro de fotografías de Salgado, uno de los brasileños más conocidos en el extranjero.

Sebastião Salgado: "Se dijo que yo hacía estética de la miseria. ¡Y una mierda! Fotografío mi mundo"
Por: Manuel Morales
Es una leyenda viva de la imagen documental. Durante cuatro décadas ha retratado las mayores atrocidades del ser humano y los más espléndidos parajes del planeta. A sus 75 años, colmado de premios y reconocimiento, está en la recta final de otro de sus hercúleos proyectos sobre las tribus de la Amazonia. Su motor ha sido la curiosidad por conocer las cosas del mundo y las ganas de transmitirlas; caminando de lugar en lugar, dice, como "un hombre de la Edad Media"...

Con su fotografía sociodocumental, de un blanco y negro purísimo, Sebastião Salgado ha retratado desde hace más de cuatro décadas los mayores horrores cometidos por la especie humana y las grandes bellezas naturales del planeta. Tras marcharse de su país huyendo de la dictadura en 1969, pasó una década fuera y, por culpa de la fotografía, dejó de lado un prometedor trabajo como economista. Aunque comenzó "tarde", como reconoce, hoy posee todos los premios y reconocimientos posibles del arte de la imagen. Nacido en 1944 en Aimorés, en el Estado de Minas Gerais, a sus 75 años, que no aparenta ni de lejos, ha recorrido más de 130 países y está en la recta final de otro de sus hercúleos proyectos, sobre tribus de la Amazonia. Salgado habla con pasión y convicción, sus ideas fluyen en un español con el característico suave acento brasileño. De aquel joven comunista de pelo largo y barba frondosa queda una cabeza rapada y unas cejas pobladísimas, blancas, que de vez en cuando se atusa como si buscase en ellas el hilo de sus argumentos.

¿Cómo va su trabajo sobre la Amazonia?
Llevo con él varios años y aún me quedan tres historias por hacer. Serán en total unos 30 reportajes sobre 13 tribus, con mucha fotografía aérea, porque así se tendrá una idea de la gran extensión de la floresta y los ríos. El mayor volumen de agua en el Amazonas viene por las evaporaciones, auténticas corrientes aéreas de humedad que garantizan la lluvia en gran parte del planeta al desplazarse como nubes. Creo que en esta serie van a sorprender las fotografías del sistema montañoso del Amazonas. Tienes la impresión de que estás en los Alpes, son colosales. El último reportaje será sobre animales.

¿Cómo son esas tribus con las que ha convivido?
Hay de todo. Los korubos, en el valle del Javari, fueron contactados por el hombre blanco en 2015, pero otras lo fueron en el siglo XIX. Hay una tribu que son herederos de la cultura inca, llegaron a Brasil desplazados por los españoles. Tienen una agricultura sofisticada, criaderos de peces y tortugas…

Pero ¿qué le ha sorprendido de quienes viven en la selva? 
Lo que más me impresiona es que no hay sorpresa, no hay ya mucho por descubrir. Yo pensaba que iba a tardar meses en adaptarme a ellos y fueron horas. Porque somos nosotros mismos. Solo hay una pequeña diferencia física, los pies. ¡Mire sus pies, Manuel!, son una deformación, están enfermos porque los metemos en un zapato que los ahorma. Sin embargo, los pies de los seres de estas comunidades son triangulares, la parte de atrás es fina y la de delante es ancha; utilizan los dedos para equilibrarse, subir a los árboles y saltar de uno a otro.

En 1982 le concedieron el Premio W. Eugene Smith de Fotografía Humanitaria. Desde entonces ha sido nombrado caballero de la Legión de Honor en Francia, ganó un World Press Photo en 1985, el Hasselblad en 1989; en España fue el primer fotógrafo en recibir el Príncipe de Asturias de las Artes. Ahora ha recogido en Madrid un premio de la Sociedad Geográfica Española "por la calidad y espíritu de su trabajo viajero". 
Si es por esto, lo merezco porque soy, probablemente, una de las personas del planeta que más han caminado [risas]. Cuando venía en el avión y veía por la ventana las montañas, los ríos… El planeta es maravilloso. Siempre he pensado que, por mi tipo de fotografía, soy como aquellos hombres que en la Edad Media, movidos por la curiosidad, iban de ciudad en ciudad para conocer las cosas y transmitirlas. La vida de los fotógrafos es así: ir, descubrir, conocer y transmitirlo. La fotografía que hago es el espejo de la sociedad. Es una función que no existía hace 100 años y que no creo que exista en unos 20…
¿Por qué?
Hoy, con un móvil se hacen imágenes de una calidad increíble, aunque eso no es fotografía. Es un lenguaje de comunicación, pero la fotografía es algo que tocas, guardas. Sin embargo, están cambiando las demandas.

No se interesó por la fotografía hasta 1973, cuando tenía casi 30 años. ¿En quién se fijó un autodidacto como usted?
Me encantaba la pintura, fotografiaba obras en blanco y negro de Rembrandt. Empecé a ver que podía crear esas mismas luces y profundidades. El fotógrafo debe transmitir lo que ve su ojo en el momento de disparar, hay que romper los límites de la cámara. Y ver lo que hacen otros no significa nada, cada uno tiene sus luces interiores. Se fotografía con el pasado de cada uno, con su ideología. Yo trabajé en Magnum con grandes fotógrafos, pero las afinidades eran más personales que técnicas.

Su trayectoria se ha caracterizado por proyectos que han sido carreras de fondo (Trabajadores, Éxodos, Génesis). ¿Por qué siempre esa larga duración?
En el caso de Éxodos, yo soy un emigrante, vivo en un país extranjero [Francia] y quería hacer un trabajo sobre las grandes migraciones porque también era mi historia. Viví siete años en la carretera buscando a estas personas y pasé varios meses en nueve grandes ciudades a las que llegaban los emigrantes. En Trabajadores, como he sido economista, sentí que la gran revolución industrial llegaba a su fin por las computadoras. La mano ya no iba a ser tan importante en la línea de producción, así que también me identifiqué con ellos.

Ha retratado a los desfavorecidos, su fotografía se ha descrito como humanitaria y social.
No he querido retratar a los desfavorecidos, yo nunca he sido un militante, es solo mi forma de vida y lo que pensaba. Hubo quien dijo [como Susan Sontag] que Salgado hacía estética de la miseria… ¡Meu cu! [expresión brasileña que puede traducirse por "¡Y una mierda!"]. Yo fotografío mi mundo, soy una persona del Tercer Mundo. Conozco África como las líneas de mi mano porque hace solo 150 millones de años África y América eran el mismo continente.

¿También tuvo siempre claro que su obra de peso sería en blanco y negro?
Claro, el color era para los encargos… ¡Mire ahí…! [Salgado señala un lado del vestíbulo del hotel en el que se desarrolla la entrevista, decorado con sofás violetas y rojos]. Ahí, un retratado se perdería entre esos colores. La fotografía en color acentúa los colores, y eso me distraía. Con el blanco, el negro y el gris no me pasaba. ¿Sabe otra cosa que me desconcentraba? Cuando, en la época en que se usaba película, tenía que parar, sacar el rollo y cambiarlo por otro.
¿Y qué hacía?
Cantaba. Como podía cambiar la película con los ojos cerrados, cantaba música popular brasileña y así no se me iba la concentración.

En algunas de sus fotografías célebres, como la de un buscador de oro en Serra Pelada (Brasil) apoyado en un madero, se han visto referencias de la iconografía cristiana. ¿Le ha servido esta de inspiración?
Es posible, yo vengo del Estado de Minas Gerais, el más barroco de Brasil. Cuando fotografío, siempre hay un pequeño rastro de algo que me ha influido. Seguro que cuando hice esa foto yo veía a San Sebastián con las flechas, pero mis fotografías no son modernas ni posmodernas, son barrocas porque vienen de ese mundo.

Fue fotorreportero, pero tras el genocidio de Ruanda, en 1994, perdió por un tiempo la fe en la fotografía y se replegó en la geografía de su infancia, la hacienda de su padre, seca y talada por la ganadería. ¿Nació ahí su preocupación por la naturaleza?
No, yo nací y crecí en la naturaleza. Mi padre tenía haciendas y yo pasaba el día a caballo o caminando. Los domingos, varios amigos nos levantábamos a las cuatro de la madrugada para ir a cazar; volvíamos por la tarde, agotados, y nos íbamos a nadar. La parte principal de mi trabajo ha sido la fotografía de naturaleza, no las personas…

Ha alabado siempre a las organizaciones humanitarias con las que ha trabajado y se ha mostrado crítico con los Gobiernos. ¿Mantiene esa idea?
Tan crítica no. He sido de izquierdas, de joven creía que había que tomar el poder por la fuerza…, pero tenemos que trabajar juntos. Es mentira eso de que una foto puede cambiar el mundo; puede cambiarlo el trabajo conjunto de las ONG, la prensa, los Gobiernos…

Hablando de Gobiernos, ¿cómo ve Brasil, en manos del ultra Jair Bolsonaro? (El reportaje es de junio de 2019)
Es un personaje conflictivo y que genera desequilibrios por propuestas como la destrucción de la selva y de las comunidades indígenas. Son ideas de extrema derecha, pero la sociedad brasileña es capaz de ofrecerle resistencia. Él ha sido elegido democráticamente por una importante mayoría, así que hay que trabajar para que esas personas no den su apoyo otra vez a esas ideas retrógradas. Está mal lo que ha ocurrido, pero a la vez está bien porque ha creado un sistema de militancia, con gente que quiere defender sus derechos.
Y del resto de América Latina, ¿qué le duele?
Me preocupa mucho lo que pasa actualmente en Venezuela, es un crimen. Pero hay que comprender la historia de ese país. Yo trabajé allí antes de Hugo Chávez y era un Estado dirigido por una burguesía que lo robó todo. Chávez llegó al poder con apoyo popular, pero luego cometió errores brutales y abusó de su poder. Con Maduro se ha destruido la economía, y esto hay que cambiarlo, pero no con una intervención militar extranjera. Somos jóvenes democracias y hay que mirar la historia de Europa para comprender lo que pasa en América Latina.

Precisamente, ha levantado polvareda la carta del presidente de México instando al rey Felipe VI a que pida perdón por la conquista.
España no debe disculparse. Ha sido la propuesta oportunista de un político, no la de un pueblo. Pero está bien que la gente discuta de eso, y los primeros, los mexicanos, que en un 90% son indígenas. Vas a una fiesta de la burguesía en México y los que están sirviendo son todos indios. La conquista fue una aventura total, el 30% de los españoles que fueron no volvieron, murieron. Cuando Cortés le dice a Moctezuma que sus soldados están enfermos y que la única medicina es el oro… es la historia de la humanidad.

En 2014, su vida y obra inspiró el premiado documental ‘La sal de la tierra’, que dirigieron su hijo Juliano y Wim Wenders. ¿Cómo fue la experiencia?
Muy difícil, porque el fotógrafo tiene que relacionarse con lo que fotografía y cuando te transformas en intermediario eres un producto del que está rodando. Mi hijo ya me había grabado… y me peleaba con él, pero era mi hijo, era más sencillo. En el rodaje con él y Wim había tres cámaras, un equipo de sonido…, ¡un carnaval! Lo hice por Juliano.

Su esposa, Lélia Wanick, concibe y diseña sus libros. ¿Cómo es su relación profesional en una pareja que lleva medio siglo de matrimonio?
No es complicado, amo profundamente a mi mujer, tiene un gusto excepcional, una capacidad de organización que yo no tengo, se ocupa de las exposiciones que tenemos por todo el planeta y me encantan los libros que diseña para mí. Ahí vamos, peleando… Empecé con ella hace 55 años. Desde el principio me apoyó porque las cosas que yo buscaba no estaban a la puerta de casa, tenía que estar tiempo fuera y ella se ocupó de nuestros hijos [además de Juliano, tienen otro, Rodrigo, con síndrome de Down].

En una entrevista en 2007 con El País, periódico en el que ha publicado sus principales trabajos, dijo que nunca se pasaría al digital, pero acabó haciéndolo.
La calidad del digital al principio no era tan grande y luego fue una comodidad porque permitía usar una cámara ligera, rápida. Además, la calidad en película cayó porque era muy cara… En mis viajes, me llevaba 600 rollos de película, pesaban 35 kilos, me peleaba en los aeropuertos… Hoy, con una caja del tamaño de un móvil llevo esas 600 películas.

¿Le interesan las redes sociales? Hay una cuenta a su nombre en Instagram…
¡No es mía! Y en Facebook hay otras dos que tampoco…, son fakes. Una vez peleé durante meses para que retiraran una cuenta y aparecieron cinco… No me interesan, los que se exponen ahí es… como bajarte el pantalón y enseñar el culo por la ventana. No es de mi generación, no es mi mundo.

¿Le ha dado tiempo a hacer balance? 
Creo que he contribuido a la conciencia del cuidado del planeta. He tenido éxito y he llegado con mi trabajo a la gente gracias a organizaciones como Unicef, Save the Children, Médicos Sin Fronteras…, pero yo solo con mis imágenes no habría hecho nada, sería como el polvo.
Fotos: Gorka Lejarcegi, Francois Lochon (Gamma-Rapho via Getty Images), Chema Conesa, Sebastião Salgado
Fuente: Diario El País

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