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jueves, 15 de octubre de 2026

Uber y Didi: una mañana sin acuerdo, una tarde de acusaciones y una maniobra que sacudió al Concejo

La legalización de Uber, DiDi y otras aplicaciones de transporte en Rosario volvió a quedar en suspenso este jueves, aunque lo que ocurrió durante la mañana estuvo lejos de anticipar el escenario que se desataría horas después en el recinto. Tras más de una hora de discusiones, cruces políticos y acusaciones, las comisiones de Gobierno y Servicios Públicos no consiguieron reunir los consensos necesarios para avanzar con el proyecto impulsado por el intendente Pablo Javkin. La iniciativa quedó fuera de la sesión y el debate pasó a un cuarto intermedio hasta la semana siguiente. El enfrentamiento entre Unidos por Rosario y La Libertad Avanza (LLA) parecía explicar, por entonces, el nuevo fracaso de las negociaciones.

La discusión matutina se había empantanado en una reunión conjunta convocada para acercar posiciones y avanzar hacia un dictamen. Las diferencias no se limitaban al contenido de la normativa: el desacuerdo central pasaba por la manera de encuadrar legalmente la actividad. Mientras el oficialismo pretendía modificar la ordenanza vigente para incorporar las plataformas de movilidad, los libertarios reclamaban una legislación nueva, con menos exigencias administrativas y mayor libertad para conductores y usuarios.

El cruce escaló cuando La Libertad Avanza cuestionó la forma y los tiempos del tratamiento, mientras que desde el oficialismo le reprocharon no haber presentado modificaciones concretas. La presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck, responsabilizó al bloque libertario por la falta de acuerdo. "Hoy no vamos a contar con la legalización de Uber y DiDi porque La Libertad Avanza, después de que le pidiéramos durante una hora cuáles eran sus propuestas de modificación a la normativa, no nos contestó y se levantó dejando la comisión", afirmó. También puso en duda que sus integrantes hubieran estudiado en profundidad el expediente y cuestionó el escaso desarrollo de su iniciativa alternativa.

En la misma línea se pronunciaron el presidente de la Comisión de Gobierno, Fabricio Fiatti, y la titular de Servicios Públicos Concedidos, Anahí Schibelbein. Ambos objetaron la consistencia de la propuesta libertaria, que contempla cambios en siete artículos de la normativa, y señalaron diferencias entre sus planteos públicos y el contenido del proyecto. Entre los puntos cuestionados mencionaron la incorporación de viajes en moto y la creación de una tasa.

La respuesta de La Libertad Avanza fue rechazar las acusaciones y negar que sus integrantes se hubieran retirado de la comisión. Su referente, Juan Pedro Aleart, cuestionó que se pretendiera discutir la iniciativa apenas dos horas antes de la sesión y sin aceptar modificaciones. También rechazó la intención oficialista de aprobar el proyecto en apenas quince días desde su envío. "Nosotros entendemos que es un servicio entre privados, un acuerdo entre privados. Por lo tanto, tiene que ser una ordenanza nueva", sostuvo.

Desde esa posición, los libertarios defendían una regulación que habilitara las aplicaciones, permitiera los viajes en moto, garantizara libertad tarifaria y simplificara los requisitos, sin crear tasas específicas para la actividad. Otro punto de conflicto era la exigencia de una licencia profesional D1, que en Rosario requiere tener al menos 21 años y dejaría afuera a conductores de entre 18 y 20. LLA también cuestionaba la exclusión de modalidades como Uber Moto y sostenía que la normativa debía permitir que más personas pudieran trabajar legalmente.

La disputa legislativa se desarrollaba, además, en una jornada marcada por las protestas de taxistas, remiseros y cadetes, que por segundo día consecutivo se manifestaban frente al Palacio Vasallo y en sectores como la Terminal de Ómnibus Mariano Moreno. Los trabajadores reclamaban igualdad de condiciones para competir, mayores controles estatales y que las plataformas tuvieran representación legal y número de CUIT en Rosario, como condición para transparentar su actividad antes de una eventual habilitación.

Con las posiciones todavía enfrentadas, las comisiones tenían previsto volver a reunirse el lunes 19 y el martes 20 de octubre, con el objetivo de retomar las negociaciones y determinar si era posible emitir un dictamen para llevar el proyecto al recinto el jueves 22. Ese era el panorama con el que se cerraba la primera parte de la jornada: sin acuerdo, sin dictamen y con la legalización de las aplicaciones todavía pendiente.

Pero la historia no terminó allí. Horas después, cuando el Concejo retomó su sesión, una decisión del oficialismo alteró el escenario y abrió un conflicto que terminó desplazando el debate sobre el contenido de la regulación. El concejal Fabricio Fiatti pidió adelantar la recaratulación del expediente 282.925 para que dejara de pasar por la Comisión de Gobierno y tuviera como único destino Servicios Públicos. La maniobra, que modificaba el recorrido legislativo de una iniciativa que ya había sido discutida en ambas comisiones, encendió una nueva controversia: para la oposición, el oficialismo pretendía apartar una instancia en la que no tenía mayoría para conseguir que el proyecto avanzara; para Unidos por Rosario, las comisiones no podían convertirse en un filtro que impidiera que una discusión necesaria llegara al plenario.

La presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck, fue quien abrió ese intercambio al dirigirse a Fiatti, quien había solicitado el tratamiento anticipado de la modificación. "Muy bien, entiendo, concejal Fiatti, que hay recaratulaciones de asuntos de entrados, supongo que estamos todos de acuerdo por la afirmativa, unanimidad, y usted está pidiendo el adelantamiento de una recaratulación de un expediente de tratamiento. Sí, aclare cuál es, perdóneme", señaló.

Fiatti precisó que solicitaba el adelantamiento de la recaratulación del expediente 282.925 para que tuviera como una única comisión de destino Servicios Públicos. Schmuck volvió a marcar la diferencia entre los procedimientos y preguntó si se trataba de una recaratulación de tratamiento. "Esto es una recaratulación del tratamiento. Esto es un adelantamiento. Ahora ponemos en consideración esta recaratulación de un expediente de tratamiento, que es el de Uber y Didi, ¿verdad?", planteó.

La aclaración alcanzó para abrir un debate que terminaría por absorber buena parte de la sesión. Lo que durante la mañana había sido una discusión trabada por las diferencias sobre la regulación de las plataformas se transformó, por la tarde, en una disputa sobre las mayorías, el reglamento y los límites de la autoridad política. La legalización de Uber y DiDi seguía pendiente, pero ahora el centro de la controversia era otro: si el oficialismo estaba intentando destrabar el tratamiento de una norma o cambiar las reglas para sortear una correlación de fuerzas que ya no le resultaba favorable.

El primer cuestionamiento: la institucionalidad y la pérdida de la mayoría automática
El primero en tomar la palabra fue Antonio Salinas, de Ciudad Futura, quien reconoció que intentaría ordenar sus argumentos a partir del asombro. Su primera advertencia estuvo dirigida a los rosarinos y rosarinas que seguían la sesión: "En cierto punto entiendo que lo que está pasando es que llegaron las formas de Javier Milei parlamentarias y legislativas a la ciudad de Rosario". Lo que estaba ocurriendo, sostuvo, constituía "un atropello bastante interesante a la institucionalidad que este cuerpo siempre se preció y celebramos en ese sentido tener, respetar, acompañar".

Salinas cuestionó que se pretendiera retirar la intervención de Gobierno a un expediente que acababa de atravesar una comisión conjunta entre esa comisión y la de Servicios Públicos. No era, remarcó, una discusión menor ni una modificación aislada. El proyecto buscaba modificar la ordenanza 10.544, que regula el sistema de taxis, remises y traslado de personas, y alteraba los artículos 1, 3, 4, 6, 7, 8 y 9, además de incorporar nuevos artículos. También modificaba el Código de Convivencia, cuya elaboración y tratamiento, recordó, habían correspondido precisamente a la Comisión de Gobierno.

Para dimensionar lo que consideraba una anomalía, recurrió a un ejemplo cotidiano. "Para darle un permiso precario a un vendedor de pororó en el Parque Independencia, ese expediente pasa por Gobierno", explicó. La comisión, según la definición del artículo 40 del reglamento interno del Concejo Municipal, intervenía en asuntos vinculados con permisos para servicios públicos, el espacio urbano, la legitimidad de las normas vigentes y la coherencia de la legislación municipal. Resultaba, por lo tanto, difícil de justificar que se la excluyera de una reforma de semejante alcance.

El concejal agregó que el expediente ya había comenzado a tratarse en ambas comisiones y que él mismo integraba las dos, por lo que conocía de primera mano el recorrido. "Me parece de gravedad institucional", insistió. A su entender, el procedimiento constituía una manera "poco feliz" de llevar adelante las conversaciones y el tratamiento legislativo, algo que, aseguró, no venía sucediendo en Rosario.

Pero su crítica no se agotó en las formas. Salinas vinculó la maniobra con la nueva composición política del Concejo surgida de las elecciones de 2025, cuando el oficialismo quedó en tercer lugar. Esa distribución, explicó, había dado lugar a una conformación de las comisiones que buscaba reflejar la diversidad política del cuerpo. Por eso, consideró necesario que Unidos por Rosario asumiera que ya no contaba con la mayoría automática de otros años.

"El oficialismo tiene que entender que no tiene la mayoría automática que supo tener. Eso no lo lleva a que siga trabajando con el mismo grado de autoridad con el que trabajaba antes, cambió la composición. Por ende, ahora hay que someterse a las composiciones vigentes", afirmó.

La exclusión de Gobierno, según Salinas, suponía prescindir precisamente de la comisión en la que el oficialismo no tenía mayoría y que debía revisar la coherencia jurídica de una iniciativa que modificaba normas previamente tratadas allí. Por eso pidió a Fiatti, titular del bloque de Unidos por Rosario y titular de la comisión de Gobierno, que explicara los fundamentos de la decisión y aportara antecedentes de otras ordenanzas de semejante envergadura a las que se les hubiera quitado una comisión durante el tratamiento. "Me gustaría escucharlo, simplemente", cerró.
Mariano Romero, del Bloque Peronista, acompañó el planteo y recordó que durante la comisión conjunta habían discutido tanto el fondo como la forma del proyecto. Para él, la controversia no podía separarse de los antecedentes legislativos de la propia iniciativa. Recordó que un proyecto impulsado por La Libertad Avanza para regular las aplicaciones había contemplado también la intervención de Gobierno, al igual que otras iniciativas de características similares.

"Y es justo que así sea", sostuvo. Romero coincidió con Salinas en que la legalidad de una normativa general y la concesión de licencias vinculadas con servicios públicos justificaban la participación de esa comisión. Por eso adelantó que no acompañaría la recaratulación y dejó en claro que tampoco compartía las formas elegidas para impulsarla.
Desde La Libertad Avanza, Franco Volpe fue todavía más duro. Dijo que la decisión lo sorprendía por haberse presentado "sin ningún tipo de explicaciones, sin ningún tipo de previo aviso" y preguntó para qué se habían convocado dos reuniones conjuntas durante esa semana y la anterior si después se iba a quitar una de las comisiones que habían participado del tratamiento.

Para Volpe, no había una razón administrativa detrás del pedido, sino una maniobra para trasladar el expediente a un ámbito donde el oficialismo tuviera mayoría. "Es simplemente un manotazo de ahogado para entrar a una comisión donde ya tienen mayoría", acusó. Y comparó el intento con el funcionamiento del Concejo en años anteriores, cuando el oficialismo contaba con quince concejales. "Quieren hacer el mismo modus operandi que hacían en los años anteriores, que tenían 15 concejales, y era una escribanía esto", lanzó.

El edil recordó que todos los proyectos anteriores vinculados con plataformas y aplicaciones habían pasado por Servicios Públicos y Gobierno, por lo que exigió que se explicara qué hacía diferente a esta iniciativa. También cuestionó que la modificación se pretendiera introducir al comienzo de la sesión, cuando los cambios de esta naturaleza, afirmó, solían plantearse al final. La explicación que encontró fue política: "Justamente porque le están dando los votos ahora".

Volpe recurrió luego al artículo 40 del reglamento interno para fundamentar su oposición. Señaló que la Comisión de Gobierno debía intervenir porque el proyecto incluía disposiciones sobre la defensa de usuarios y consumidores, mencionadas en los artículos 7 y 11, y modificaciones de normas sancionatorias del Código de Convivencia. También advirtió una contradicción en la decisión de remitir el expediente únicamente a Servicios Públicos cuando, según su lectura, la propia iniciativa sostenía que las aplicaciones no debían considerarse un servicio público.

"Horrible y espantoso es lo que están haciendo. No vamos a acompañar esta recaratulación", concluyó.

Norma López: la uberización, el boleto y las condiciones de vida
La vicepresidenta primera del Concejo, Norma López, del bloque Comunidad, trasladó la discusión al terreno político y económico. Aclaró que no se trataba de un cambio de carátula habitual, porque implicaba alterar el tratamiento de una iniciativa que podía modificar de manera sustancial la movilidad urbana. A su entender, aprobar la recaratulación significaba también facilitarle al Ejecutivo el avance de una política económica con la que estaba en total desacuerdo.

López cuestionó que se intentara acelerar la modificación de la ordenanza que regula taxis, remises y traslado de personas mediante la incorporación de aplicaciones como Uber. Recuperó el concepto de "uberización" para describir una modalidad que, bajo la apariencia de innovación, podía profundizar la precarización económica y convertirse en una nueva forma de ajuste. Si en un principio esas plataformas habían sido presentadas como una alternativa novedosa de transporte entre privados, sostuvo, las dificultades estructurales de una ciudad como Rosario obligaban a evaluar sus consecuencias sobre el sistema de movilidad en su conjunto.

La concejala aclaró que su oposición no significaba desconocer el debate que el Concejo mantenía desde hacía años sobre la regulación de las aplicaciones. Recordó que el cuerpo había discutido reiteradamente la posibilidad de establecer reglas para una modalidad que, en el caso de Uber, era considerada un servicio entre privados y no un servicio público. También señaló que otras aplicaciones ya habían recibido un marco legal por estar asociadas al transporte público.

Lo que estaba en juego, según López, era la incorporación de una nueva modalidad y la capacidad del Estado municipal para regularla. Cuestionó que una empresa pudiera operar sin realizar aportes a la ciudad mientras una parte importante de las responsabilidades de la movilidad quedaba en manos de los propios ciudadanos.

En medio de su exposición, Schmuck la interrumpió para recordarle que el asunto sometido a consideración era el pedido de adelantamiento de la recaratulación formulado por Fiatti. La presidenta le pidió una "gentileza parlamentaria" y señaló que la decisión sobre el cambio de carátula tendría influencia sobre la discusión prevista para la semana siguiente.

López continuó, sin embargo, con el argumento que consideraba central. Recordó que apenas una semana antes el boleto del transporte urbano de pasajeros había aumentado a 2.150 pesos. Contrapuso esa situación con la gestión peronista, cuando, según afirmó, los subsidios nacionales permitían que los usuarios pagaran apenas el 50 por ciento del costo total del boleto. En aquel momento, sostuvo, los reclamos se dirigían a los ministerios nacionales para exigir los recursos. Ahora, en cambio, lanzó una de las frases más duras de su exposición: "Y ahora con Milei son gatitos mimosos, porque el Intendente le hace el juego a Milei".

La concejala lamentó que la discusión sobre la uberización se redujera a determinar si Uber resultaba útil o no. Para ella, la cuestión central era cómo garantizar mejores condiciones de vida y de trabajo para los rosarinos. En ese punto, vinculó el debate con el costo del transporte: sostuvo que, frente a un boleto de ida y vuelta de 5.000 pesos, algunas personas podían optar por compartir un vehículo privado con otras cuatro y pagar entre 2.000 y 3.000 pesos cada una para llegar directamente a destino.

"Entonces, de eso estamos hablando", resumió. Por considerar que el asunto requería una discusión más profunda y que el Concejo disponía de herramientas parlamentarias para sostenerla, anticipó su voto negativo a la recaratulación.

"El Principado de Javkin": las acusaciones de Juan Pedro Aleart
El vicepresidente segundo del cuerpo, Juan Pedro Aleart, de La Libertad Avanza, elevó todavía más el tono. Su primera definición fue directa: "Yo lo voy a decir con todas las letras, esto que está haciendo el Intendente es una verdadera vergüenza, una vergüenza". Afirmó que la maniobra no constituía solamente un atropello a las reglas legislativas y a quienes pensaban distinto, sino también al personal administrativo del Concejo, que había cumplido con los procedimientos correspondientes al asignar el expediente a las dos comisiones.

Aleart sostuvo que el proyecto debía pasar por Servicios Públicos y Gobierno, como había ocurrido con las demás iniciativas sobre la misma temática. La decisión de quitarle una comisión, aseguró, respondía a que el intendente ya no contaba con los votos que había tenido durante años. "Esto fue una escribanía durante mucho tiempo, entonces están mal acostumbrados", acusó.

Para el edil libertario, la primera dificultad que el oficialismo encontraba frente a una oposición capaz de frenar sus planes había derivado en un intento de pasar por encima de la institucionalidad y el reglamento. "Ah, después hablan de democracia", ironizó.

También cuestionó el momento elegido por el Ejecutivo para impulsar el proyecto. Afirmó que el intendente había tenido años de mayoría legislativa para presentar una iniciativa de este tipo y que podría haberlo hecho antes de diciembre del año anterior, cuando, según su planteo, hubiera contado con los votos necesarios para aprobarla en los términos que pretendía. A su entender, la presión de la ciudadanía, de los conductores y de los usuarios de las aplicaciones había obligado finalmente al Ejecutivo a poner el asunto en agenda.

Pero Aleart rechazó que ahora se pretendiera aprobarlo "de prepo, con prepotencia". Y recurrió a una frase que condensó el enfrentamiento con el oficialismo: "Esto no es el Principado de Javkin, esto es un órgano legislativo que tiene reglamento, que tiene reglas que deben respetarse y no cambiar porque les conviene".

El concejal insistió en que el problema no era solamente el procedimiento, sino también el trato que el municipio había dispensado durante años a quienes trabajaban con las aplicaciones. Recordó que los conductores habían recibido multas, que sus vehículos habían sido trasladados al corralón y que algunas sanciones habían llegado a los dos millones y medio de pesos. Sostuvo que se les había hecho la vida imposible y que se los había tratado como delincuentes.

También denunció que los usuarios seguían enfrentando pedidos de exhibición de sus teléfonos para demostrar que utilizaban una aplicación, una práctica que, según afirmó, no estaba permitida. En ese contexto, cuestionó el cambio de posición de quienes ahora parecían estar de acuerdo con habilitar las plataformas, pero pretendían hacerlo sin escuchar a los distintos sectores.

"Y de golpe, están todos de acuerdo que hay que habilitar las aplicaciones, pero como el Intendente quiere, sin escuchar a nadie", resumió. Volvió a insistir en que el expediente debía tratarse en ambas comisiones y reprochó la ausencia de explicaciones para justificar el cambio. Para cerrar, repitió que el episodio era "una vergüenza" y "un atropello", y cuestionó cómo harían los responsables de la decisión para mirar a la cara a los empleados administrativos del Concejo que, según él, habían cumplido correctamente con su trabajo.

Monteverde: "A falta de autoridad, recurre al autoritarismo"
La presidenta del Concejo intentó entonces cerrar la discusión y avanzar hacia la votación electrónica. Pero, cuando parecía que el intercambio llegaba a su fin, habilitó una nueva intervención: la del concejal Juan Monteverde, de Ciudad Futura.

Monteverde comenzó celebrando que otras voces coincidieran ahora con críticas que su espacio venía formulando desde hacía tiempo. "Este Intendente, a falta de autoridad, recurre al autoritarismo", afirmó. Para él, Rosario atravesaba una situación de ausencia de conducción política: "Nosotros venimos diciendo que Rosario está sin Intendente, no la gobierna nadie, nadie defiende a los rosarinos".

En ese marco, planteó que la falta de autoridad legítima, construida a partir del trabajo y del respaldo ciudadano, llevaba al intendente a simular fortaleza mediante decisiones autoritarias. La maniobra que se debatía, sostuvo, era una expresión de ese mecanismo: al no contar con los votos necesarios en las comisiones, el oficialismo intentaba modificar las reglas para obtener un resultado que no podía conseguir por los canales ordinarios.

Monteverde extendió la comparación a otros conflictos políticos y mediáticos y acusó al oficialismo de recurrir a un mismo mecanismo frente a las voces críticas. Según planteó, cuando el intendente no consigue imponerse por la vía de los votos, busca hacerlo mediante el autoritarismo, una conducta que, sostuvo, también se expresa en el vínculo con la oposición y con los distintos sectores de la ciudad que cuestionan al Gobierno. "Es el mismo modus operandi que, como no pueden discutir con la oposición en los medios de comunicación, la censuran. Como no se banca la crítica a cada sector de la ciudad que alza la voz, la persiguen. Es el mismo modus operandi que hoy llega al recinto", afirmó.

El concejal consideró que el intento de modificar la intervención de las comisiones inauguraba una nueva manera de "violentar la voluntad popular". Después de los tecnicismos reglamentarios, explicó, la cuestión era sencilla: había un proyecto que no reunía los votos en la principal comisión del Concejo y se buscaba romper las reglas para saltearla y llevarlo al recinto.

Advirtió que el oficialismo podía obtener una victoria circunstancial, pero la definió como "una victoria absolutamente pírrica", porque expondría ante la sociedad una forma autoritaria de gobernar. También rechazó que el Concejo pudiera presentarse como un ejemplo de pluralidad y diálogo mientras se modificaban los procedimientos para construir una mayoría que no existía de otra manera.

Monteverde volvió sobre los resultados electorales y recordó que el oficialismo había quedado tercero tanto en la elección local como en la nacional, y que los rosarinos también habían ubicado en tercer lugar al espacio del intendente cuando este buscó validar su segunda gestión. A su entender, esa nueva realidad exigía un cambio en la forma de conducir el Concejo.

"Lo que sí, nosotros vamos anotando cada una de estas cosas para que cuando ustedes sean oposición no salgan con argumentos republicanos a querer dar las discusiones", advirtió. Aclaró, sin embargo, que no pretendía reproducir las mismas prácticas: "No para hacer lo mismo porque somos distintos a ustedes, porque nosotros no vamos a perseguir a la oposición, porque nosotros no vamos a apretar periodistas, porque nosotros no vamos a hacer las cosas que hacen ustedes, pero sí las vamos a anotar".

Su cierre fue una síntesis de la controversia: el oficialismo, sostuvo, estaba violentando las reglas del Concejo porque no tenía los votos, y eso demostraba que, cuando la oposición ejercía su función, los planes del Ejecutivo podían complicarse.

Schmuck volvió a intervenir para dar por agotado el tema. Apurada por continuar con la sesión, recordó que quería participar de la quinta Marcha Federal Universitaria y que suponía que muchos de los presentes también. "Votemos, votemos", insistió. Sin embargo, antes de avanzar, permitió que hablaran los bloques que todavía no habían intervenido.

María Fernanda Rey: la sorpresa por la coincidencia entre Monteverde y los libertarios
María Fernanda Rey, del Bloque Justicialista, tomó el micrófono y abrió su exposición con una ironía dirigida a Monteverde. "La verdad, gracias, Presidenta, nunca pensé ser testigo de la coincidencia de Juan Monteverde y La Libertad Avanza. La verdad que no pensé estar viva para eso", expresó.

Pero su primera embestida fue contra el dirigente de Ciudad Futura, a quien atribuyó parte de la responsabilidad política por la continuidad de Javkin al frente de la Municipalidad. "¿Sabés por qué Javkin es intendente? Porque te cansaste de perder las elecciones contra el necio de Javkin, porque si hubieses dejado que nuestro partido, no hubieses usurpado nuestro partido, a lo mejor un justicialista sería intendente", le dijo. A su lado, la concejala Anahí Schibelbein, de Unidos por Rosario, abrió los ojos con sorpresa ante el tono de la intervención.
Rey aseguró que no le importaba lo que se dijera a sus espaldas y que quería mantener la coherencia entre lo que sentía, pensaba y expresaba. Dijo estar en shock por haber visto a Lautaro Enríquez conversar en voz baja con Monteverde y advirtió que no iba a dejarse distraer por los comentarios de otros concejales.

Después llevó la discusión al uso cotidiano de las aplicaciones. "¿Cuántos rosarinos están pidiendo que se trate el tema de Uber? Hace años que los rosarinos usan este sistema. Hace años", afirmó. Cuestionó a quienes parecían considerar que la discusión sobre Uber había comenzado con la llegada de los libertarios al Concejo y recordó que la institución tenía una historia mucho más larga.

"No empezó con ustedes, muchachos", remarcó. Sostuvo que los rosarinos ya elegían Didi en los barrios, donde, según su apreciación, Uber tenía menor presencia, y reclamó que los concejales dejaran de lado las disputas políticas para concentrarse en las necesidades de quienes trabajaban. Incluso señaló que algunos taxistas también utilizaban Uber y defendió la necesidad de ofrecerles a los conductores herramientas que les permitieran trabajar tranquilos.

Para Rey, la discusión debía avanzar hacia una regulación consensuada. "Hay que regularlo, para eso hay que laburar y nos tenemos que poner de acuerdo y dejar los egos de lado", insistió. Su malestar apuntó especialmente a la disputa por la autoría de las iniciativas: cuestionó que se desestimara el proyecto libertario por su origen, cuando, según dijo, una parte de aquella propuesta estaba incluida en el nuevo texto.

"Entonces, dejen de hacerse los locos, los opositores, y laburen para la gente, para el laburante", concluyó.

Sabrina Prense: "A la gente no le interesa quién tiene la corona"
Sabrina Prense, de Nación y Libertad, retomó la cuestión institucional desde una posición diferente. Dijo que el enfrentamiento le llamaba cada vez menos la atención porque, a su entender, el tira y afloje entre los distintos espacios políticos se había convertido en una costumbre que atravesaba tanto el Congreso nacional como la Legislatura provincial y que ahora se reproducía en Rosario.

Aunque aclaró que no estaba de acuerdo con quitarle una comisión al expediente, sí se manifestó a favor de que el tratamiento avanzara lo más rápido posible. Por esa razón, anunció que acompañaría la propuesta para que el proyecto tuviera una sola comisión, con la condición de que se escucharan las posiciones de todos los bloques y se consideraran las modificaciones presentadas por cada uno, incluidas las de su espacio.

Prense cuestionó que la disputa por el número de comisiones y las mayorías internas hubiera desplazado las urgencias de la ciudadanía. "Porque a la gente no le interesa cuántas comisiones tiene, cuánto le mida cada uno, ni quién tiene la corona acá", dijo. Y, en una imagen que buscó condensar el enfrentamiento, añadió que, mientras la situación fuera de la institución resultaba difícil, los concejales se dedicaban a "agarrar la regla y medirnosla para ver realmente quién está acá mandando a la ciudad".

Su llamado fue a dejar de lado esa competencia y regresar al trabajo legislativo. "Entonces, dejémonos de joder, realmente vayamos a la comisión como se pidió y tratemos de ir como corresponde, escuchando las voces de todas", reclamó.

Fiatti defiende el plenario y acusa a la oposición de bloquear la regulación
Llegado ese punto, Fabricio Fiatti decidió responder a las críticas. El presidente de la Comisión de Gobierno dijo estar sorprendido por las intervenciones opositoras y cuestionó lo que consideró una interpretación equivocada del funcionamiento del Concejo. Recordó que el órgano decisorio era el plenario, donde estaban representadas todas las bancadas, tanto el oficialismo como la oposición, y no las comisiones, que definió como ámbitos de trabajo.

"De ninguna manera una comisión puede ser un filtro para que la manifestación mayoritaria en cuanto a una determinada materia, como en este caso es la regulación de una modalidad de transporte en la ciudad, de una alternativa de movilidad para los rosarinos, no llegue al recinto", argumentó.

Fiatti sostuvo que el oficialismo siempre había tenido voluntad de generar acuerdos y que había participado de las reuniones conjuntas de Servicios Públicos y Gobierno. Pero afirmó que no estaba dispuesto a aceptar lo que describió como una extorsión de La Libertad Avanza, a la que acusó de expresar públicamente una posición y actuar de otra manera dentro del Concejo. Esa conducta, según él, terminaba negándoles a los rosarinos la posibilidad de regularizar las aplicaciones de movilidad.

El concejal defendió además la urgencia del proyecto. Explicó que la iniciativa implicaba ampliar el registro de aplicaciones que ya existía en la ciudad y que las discusiones sobre las atribuciones del Ejecutivo, la protección de los usuarios y las obligaciones de las plataformas ya habían sido abordadas en otras instancias. En esta oportunidad, dijo, se buscaba incorporar una modalidad adicional.

"¿Y por qué ahora? Porque ahora tenemos una legislación de fondo que hace que esta discusión se deba dar de manera inexorable porque tenemos que adecuar nuestras reglas de juego", señaló.

A esa necesidad agregó el riesgo de eventuales consecuencias judiciales. Según Fiatti, existían antecedentes y precedentes jurisprudenciales que podían exponer a la Municipalidad de Rosario a intervenciones judiciales y al pago de costas, como estaba ocurriendo en otros municipios argentinos. Por eso, consideró que el asunto no podía demorarse y que ninguna cuestión administrativa debía impedir que el plenario terminara pronunciándose.

A pesar de su defensa del proyecto, Fiatti aseguró que no serían ellos quienes cambiarían en ese momento la modalidad de discusión ante las dudas planteadas por la oposición. Sin embargo, anticipó que insistirían para que el expediente llegara al recinto y para que los rosarinos pudieran comprobar cuáles eran las verdaderas voluntades políticas detrás de la demora.

En ese punto, volvió a cargar contra Ciudad Futura y el peronismo, al afirmar que ambos espacios anteponían sus disputas con el intendente a las necesidades de la ciudad. Recuperó una frase que, según dijo, había pronunciado el presidente de bloque de Ciudad Futura: "La cuestión no es Uber, es Javkin". Para Fiatti, esa lógica atravesaba el debate y anticipaba una discusión electoral cuando todavía faltaba tiempo para las próximas elecciones.

"De lo que hay que ocuparse es de lo que la ciudad necesita, de lo que los rosarinos nos piden", sostuvo. Acusó a sus adversarios de defender causas mezquinas y de actuar por egoísmo, capricho o conveniencia política. Aun así, anunció que el oficialismo seguiría trabajando en las comisiones para discutir el proyecto, tal como se había hecho hasta ese momento.

Enríquez contra Schmuck: "¿Será por su carrera en la Intendencia?"
Lautaro Nahime Enríquez, de La Libertad Avanza, volvió a tomar la palabra y aprovechó la oportunidad para cuestionar tanto el procedimiento como el papel de la presidenta del Concejo. Comenzó señalando la contradicción que, a su entender, existía entre la urgencia proclamada por el oficialismo y el modo en que se había desarrollado el tratamiento.

"Hace cuatro horas estábamos discutiendo las cosas en una comisión conjunta. Si tan apurados estaban para hacer las cosas, era el momento, no es venir con arrebatos", afirmó. Para el libertario, durante más de una semana el oficialismo había impulsado distintas iniciativas con la misma lógica: plantear que debían tratarse inmediatamente y que, de lo contrario, no avanzarían.

Cuestionó que, a último momento, se pretendiera quitar una comisión fundamental a un proyecto que establecía nuevas reglas para las aplicaciones. También apuntó contra Fiatti, quien presidía Gobierno, por considerar contradictorio que defendiera la exclusión de esa misma comisión alegando que así se ganaría eficiencia.

"No, pero si se cae de maduro que es una actuación política lo que están haciendo", disparó.

Enríquez dirigió entonces sus críticas a Schmuck. Le reprochó que, durante el inicio de la discusión, hubiera permanecido pendiente del celular y cuestionó que, después de ocho años al frente de la presidencia del Concejo, recién en las últimas dos semanas se hubiera decidido a impulsar el tratamiento de Uber. "¿Será por su carrera en la Intendencia? ¿Será porque quiere hacer campaña política? No sé", planteó.

Según el concejal, el oficialismo pretendía imponer sus condiciones bajo el argumento de la urgencia, sin escuchar las objeciones de La Libertad Avanza. También recordó que Unidos por Rosario había contado con quince concejales y una mayoría suficiente para aprobar iniciativas, pero, durante aquellos años, no había tratado Uber, el problema de los cuidacoches conocidos como trapitos ni la reducción de tasas que ahora reclamaba.

Para Enríquez, el cambio de ritmo respondía a que esas cuestiones se habían instalado en la agenda pública y a que su espacio había impulsado parte de esas discusiones. "Ahora se acuerdan que tienen que tratar estos temas, porque están en campaña, porque son temas que lo instaló La Libertad Avanza", sostuvo.

El libertario negó además que su bloque se opusiera a regular las aplicaciones. Aseguró que la discusión de fondo pasaba por el modelo de regulación que pretendía imponer el Ejecutivo. Según su lectura, el proyecto oficialista buscaba transformar Uber, Didi y otras plataformas en una modalidad equiparable al servicio público, al exigirles información sobre sus conductores, los viajes, la cantidad de vehículos, los recorridos, los días de trabajo y los motivos por los que se rechazaban viajes.

"Nosotros entendemos que las aplicaciones de movilidad son un servicio de acuerdo entre privados, y vamos a defender siempre eso", afirmó. Desde esa perspectiva, consideró que el crecimiento de las plataformas respondía a una elección de los usuarios y también podía interpretarse como una respuesta a las deficiencias del sistema de movilidad tradicional.

"Por algo Uber creció, por algo las aplicaciones de movilidad se dispararon, por algo hoy la gente elige Uber, elige Didi, elige distintas aplicaciones", argumentó. Y dejó abierta una interpretación: quizá el sistema de transporte no había fracasado por completo, sino que las aplicaciones se habían convertido en un complemento que respondía a nuevas necesidades.

Enríquez volvió a cuestionar que el Ejecutivo hubiera dejado pasar ocho años sin impulsar una regulación y que ahora quisiera resolver el asunto en apenas dos semanas. Dijo que La Libertad Avanza nunca estaría en contra de Uber ni de los privados, pero rechazó que el proyecto avanzara mediante apuros, saltos de comisiones y cambios reglamentarios.

En medio de sus cuestionamientos, Enríquez se refirió a Schmuck como "presidenta del Cuerpo", en una variación llamativa respecto del tratamiento de "presidente" que los concejales de La Libertad Avanza suelen utilizar para dirigirse a ella. "Entonces, si como presidenta del Cuerpo no puede remitirse y respetar el reglamento y ordenar cómo funcionan las cosas, me parece que estamos en un problema", advirtió. A su juicio, el intento no solo atropellaba las reglas, sino también al Concejo, las comisiones y los trabajadores de la institución.

El concejal desarrolló luego una serie de objeciones al contenido de la iniciativa. Reiteró que el proyecto modificaba el Código de Convivencia y otras ordenanzas, por lo que consideraba injustificable quitarle la Comisión de Gobierno. Insistió en que, detrás de esa decisión, había una intención de convertir las aplicaciones privadas en un servicio público sujeto a mayores obligaciones estatales.

En ese marco, cuestionó que el Ejecutivo pudiera exigir a las plataformas una cantidad determinada de conductores o imponer condiciones sobre sus jornadas de trabajo. Ridiculizó la posibilidad de que se pretendiera obligar a un chofer a trabajar las 24 horas, los 365 días del año, y utilizó el ejemplo de Navidad para subrayar lo que consideraba una intromisión estatal en las decisiones de los trabajadores.

También objetó que el proyecto dejara afuera a las motos utilizadas en aplicaciones de movilidad, una alternativa que, según dijo, muchas personas elegían por su menor costo. Cuestionó, además, la incorporación de tarifas mínimas que, a su entender, impedirían que los usuarios aprovecharan ofertas de viajes de 1.000, 1.500 o 2.000 pesos.

Otra de sus críticas apuntó al tratamiento de las multas acumuladas durante los años en que las aplicaciones funcionaron sin habilitación municipal. Enríquez afirmó que el proyecto mantenía las sanciones impuestas a los vehículos particulares que habían trabajado mediante plataformas, mientras que contemplaba perdonar las multas aplicadas a taxis y remises por operar con aplicaciones no habilitadas.

"Si se las van a perdonar, perdonémoselas a todos. O no se las perdonemos a ninguno", reclamó, al sostener que no debía haber preferencias entre los distintos trabajadores.

Finalmente, volvió sobre el artículo 14, que, según su interpretación, exigía a las aplicaciones entregar información para que el municipio pudiera definir cómo debían funcionar. Si el objetivo era convertirlas en taxis o remises, propuso que se creara directamente un nuevo sistema de movilidad, en lugar de imponer condiciones a plataformas que, afirmó, ya funcionaban y eran elegidas por los usuarios.

"Así que esto que están haciendo es un atropello a las instituciones, es una burrada legislativa", sentenció. Reiteró que el oficialismo parecía haberse acordado de la regulación después de ocho años y especuló con que la decisión pudiera responder a intereses políticos o electorales. De todos modos, aclaró que esperaba que el expediente avanzara en las próximas semanas y recordó que su bloque tenía una propuesta propia, que ya había presentado y discutido en comisión.

Fiatti retira la moción y el intento de recaratulación queda sin efecto
Schmuck eligió no responder a las acusaciones personales de Enríquez y volvió a darle la palabra a Fiatti. El concejal oficialista aprovechó su intervención para cuestionar el tono del debate y denunciar lo que consideró una falta de respeto hacia el resto de los integrantes del cuerpo.

"Qué lástima que la falta de respeto se extienda tan fácil y que tan fácil sea venir a este recinto a decir cualquier barbaridad sin que se deba rendir cuenta de las palabras de cada uno", expresó. Recordó que el asunto había sido conversado el día anterior en la reunión de Labor Parlamentaria y sostuvo que el Concejo debía trabajar para evitar que la mentira se convirtiera en una práctica habitual.

Pero, frente a la resistencia que había encontrado su propuesta y a la evidencia de que el rechazo había ganado terreno, Fiatti decidió retirar la moción de recaratulación. En lugar de insistir con el cambio de comisión, anunció que el oficialismo continuaría la discusión en los ámbitos correspondientes y pediría una preferencia para que el expediente pudiera llegar al recinto dentro de quince días.

"Dicho esto, vuelvo a mis palabras de hace un momento, retiro la moción, insistimos con que se discuta en las comisiones y también pedimos la preferencia del caso para poder llegar en 15 días a tenerlo al expediente acá y que no haya dilaciones", señaló.

El concejal intentó presentar el resultado del debate como una oportunidad para acelerar la discusión de fondo. Dijo alegrarse de que el ritmo impuesto al tratamiento hubiera permitido que el expediente comenzara a leerse y que los concejales empezaran a exponer sus argumentos sobre la regulación de las aplicaciones.

Con el retiro de la moción, la presidenta entendió que ya no quedaba nada que votar sobre ese punto. No hubo una votación para quitarle Gobierno al expediente ni una resolución que consumara el cambio de carátula. El intento había quedado atrás, al menos en esa instancia, aunque el oficialismo mantenía la intención de que el proyecto avanzara con rapidez y llegara al recinto en los siguientes quince días.

Schmuck cerró el episodio con una frase breve, sin responder a las acusaciones que habían atravesado la sesión: "¡Seguimos!".
La disputa por las reglas y el futuro de las aplicaciones
La discusión sobre Uber y Didi, sin embargo, había dejado expuesta una disputa mucho más amplia que la regulación de las aplicaciones. Para el oficialismo, la necesidad de adaptar la normativa y evitar eventuales consecuencias judiciales justificaba acelerar el tratamiento; para sus críticos, el apuro era una respuesta a la pérdida de la mayoría automática y un intento de modificar las reglas para superar una resistencia legislativa legítima.

En el medio quedaron las preguntas sobre el futuro del transporte urbano, las condiciones laborales de los conductores, los costos que enfrentan los usuarios y el alcance de la intervención municipal sobre las plataformas privadas. Pero también quedó una señal política que atravesó cada intervención: en el nuevo mapa del Concejo, las mayorías ya no podían darse por descontadas y cada iniciativa de peso podía convertirse en una pulseada por el control de las decisiones.

La discusión también dejó expuesta otra diferencia de fondo entre el proyecto oficialista y la propuesta de La Libertad Avanza: la habilitación de Uber Moto. Mientras los libertarios reclaman que se permita el traslado de pasajeros en motocicletas, la iniciativa del Ejecutivo deja afuera esa modalidad, en un contexto atravesado por los cuestionamientos sobre la seguridad vial y la cobertura ante posibles siniestros. La disponibilidad de seguros específicos para pasajeros trasladados en motos constituye uno de los interrogantes centrales para una eventual habilitación, junto con la necesidad de establecer un marco normativo adecuado. A eso se suma la exigencia de una licencia profesional para transportar pasajeros. En Rosario, los requisitos municipales publicados para obtenerla por primera vez establecen tener más de 21 años y contar con un año de antigüedad en una licencia de clase inferior, sin computar las de clase A. Son condiciones que abren otro frente de discusión sobre quiénes podrían acceder a trabajar mediante las aplicaciones y bajo qué reglas.

El expediente de Uber y Didi volvería a las comisiones. La discusión, en cambio, ya había salido de allí para instalarse en el centro de la escena política rosarina.
Fotos: Concejo Rosario

domingo, 11 de octubre de 2026

Rosario, la ciudad de las desigualdades: crece la pobreza mientras y cientos de personas viven en la calle

Ante el Concejo Municipal, organizaciones sociales, religiosas y de derechos humanos denunciaron el crecimiento de la pobreza y la indigencia, las dificultades para acceder a los refugios y la falta de respuestas ante situaciones de extrema vulnerabilidad. En Señales, Aire Libre Radio Comunitaria, sus referentes reconstruyeron los principales planteos de la audiencia, compartieron experiencias y reclamaron medidas concretas para garantizar vivienda, alimentación, salud, educación y trabajo.

Durante una audiencia realizada el lunes 5 de octubre de 2026, denunciaron que la emergencia alcanza a familias enteras, que los refugios no logran responder a la demanda y que las necesidades más elementales de quienes viven en la calle continúan sin una respuesta suficiente.

El encuentro tuvo lugar en el marco de la Comisión de Igualdad, Género y Derechos Humanos del Concejo Municipal y reunió a representantes de distintos espacios comunitarios. Entre ellos estuvieron Mercedes Guzmán, de la Iglesia Metodista; Juan Carlos Echegaray, de la Ronda de Madres; Sergio Cabreriza y León López, del refugio Sol de Noche, además de referentes de derechos humanos y de las organizaciones que impulsaron el reclamo.

La reunión se extendió durante más de una hora. Debido a las dificultades para recuperar adecuadamente el audio de la transmisión del Concejo Municipal, en Señales, se buscó reconstruir los principales planteos a partir de los testimonios de quienes habían participado de la audiencia. Las voces reunidas expusieron distintas dimensiones de una misma emergencia y coincidieron en la necesidad de que el debate institucional se traduzca en medidas concretas.

Una emergencia social que interpela a toda la ciudad
La situación de calle es una realidad que interpela a la sociedad rosarina y exige compromiso, escucha y respuestas concretas del Estado. Detrás de cada persona que duerme a la intemperie, de cada familia que no encuentra un techo donde refugiarse y de cada niño que crece sin acceso a las condiciones básicas para vivir dignamente, se expresa una problemática social que se profundiza y que ya no puede permanecer al margen de las prioridades públicas.

En Rosario, mientras se multiplican los edificios fastuosos y las construcciones que exhiben una imagen de prosperidad, también crece la cantidad de personas que no pueden pagar un alquiler, que han perdido sus viviendas o que, expulsadas del mercado laboral, terminan encontrando en la calle el único lugar donde permanecer. Hombres, mujeres, niños y familias enteras atraviesan situaciones de pobreza e indigencia que las organizaciones sociales, religiosas y de derechos humanos vienen advirtiendo desde hace tiempo.

La preocupación llegó al Concejo Municipal, donde la Comisión de Igualdad, Género y Derechos Humanos recibió a representantes del taller Había Una Vez, un espacio que articuló el trabajo de organizaciones sociales, eclesiásticas y de derechos humanos. Durante la audiencia, los participantes expusieron la gravedad de la situación y reclamaron un abordaje integral que permita conocer cuántas personas viven en la calle, cuáles son sus necesidades y qué respuestas pueden ofrecer las distintas instancias del Estado.

El pedido de un relevamiento ocupó un lugar central. No se trata solamente de establecer una cifra, sino de conocer las distintas realidades que se esconden detrás de las estadísticas: personas solas, mujeres, niños, grupos familiares completos, personas mayores y trabajadores informales que carecen de las condiciones elementales para sostener su vida cotidiana. Junto con ese diagnóstico, las organizaciones reclamaron políticas públicas que garanticen alimentación, alojamiento, atención de la salud, educación para las infancias y oportunidades laborales para las personas adultas.

El taller Había Una Vez tiene, además, una historia profundamente vinculada con la defensa de los derechos humanos en Rosario. Funcionó entre 1984 y 1993 como un espacio de encuentro, escucha y acompañamiento para las infancias y adolescencias afectadas por el terrorismo de Estado. En aquellos años, las consecuencias del genocidio seguían presentes en la vida cotidiana de numerosas familias.

Creado por madres y padres, con el acompañamiento de artistas, actores, profesores de Educación Física, titiriteras, profesionales de la psicología y compañeros de la generación de los años setenta, el taller promovió el juego, la expresión, la reflexión y el encuentro. Con el tiempo, se convirtió también en un dispositivo de salud mental que ofrecía a las infancias un espacio de alegría, cuidado y contención en un contexto atravesado por la impunidad.

Junto con experiencias similares desarrolladas en Córdoba, Buenos Aires y Tucumán, el taller participó de un proceso de encuentros entre espacios de estas características que dio origen a la conformación de HIJOS (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). Su trayectoria forma parte de una historia colectiva de resistencia, acompañamiento y construcción de la memoria.

En Señales, las voces de quienes participaron de la audiencia permitieron reconstruir los principales reclamos y las experiencias de quienes conocen de cerca esta realidad. Élida Luna, de Familiares de Desaparecidos y Detenidos; Cristina Solano, de la asociación Anahí; Claudia Ponce de León, referente de derechos humanos; y Oscar Lupori, vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y al Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, coincidieron en señalar que la emergencia requiere respuestas urgentes y sostenidas.
Élida Luna: "No queremos ver más gente durmiendo en la calle"

La referente de Familiares de Desaparecidos y Detenidos abrió la ronda de testimonios agradeciendo a la radio por dar espacio, una vez más, a las voces de las organizaciones. Habló de un momento particularmente difícil, cruel y doloroso para una parte importante de la población, y explicó que la intención era contar qué estaban haciendo quienes sostenían un trabajo de acompañamiento y compromiso social frente a la emergencia.

Recordó que el lunes 5 de octubre integrantes de organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, representantes de distintas iglesias, miembros de la Ronda de Madres y participantes del taller Había Una Vez asistieron a una audiencia con concejales de la Comisión de Igualdad, Género y Derechos Humanos del Concejo Municipal de Rosario.

El encuentro había sido convocado para plantear las urgencias que impone el crecimiento de la pobreza y la indigencia en la ciudad. Según describió Luna, la situación llegó a un punto en el que familias enteras sobreviven en la calle junto a sus hijos pequeños, sin atención sanitaria, sin alimentación suficiente, sin acceso a la educación y, en muchos casos, casi sin ropa. Son personas que deben resolver sus necesidades fisiológicas en cualquier lugar, sin contar siquiera con las condiciones básicas de cuidado que merece todo ser humano.

A esa privación material, Luna sumó otra dimensión de la emergencia: la violencia ejercida contra quienes se encuentran en la situación de mayor vulnerabilidad. Denunció que ni siquiera las fuerzas policiales o los agentes municipales respetan a estas personas y afirmó que, en distintas circunstancias, las golpean y les quitan las pocas pertenencias que conservan.

Para la referente, la crueldad de las políticas gubernamentales ha superado todos los límites. Cuestionó a quienes fueron elegidos por el pueblo para proteger a la población y garantizar condiciones de vida dignas, pero que, a su entender, no están cumpliendo con ese mandato.

La audiencia concluyó con el compromiso de avanzar en el conocimiento de la dimensión del problema y establecer cuántas personas están padeciendo esta situación. También quedó planteada la necesidad de hablar con los responsables políticos para que expliquen de qué manera piensan actuar, con la urgencia que requiere una realidad que Luna calificó de inhumana.

Pero su intervención no se limitó al reclamo institucional. También buscó convocar a la comunidad rosarina para que conozca lo que está sucediendo y comprenda que las personas que viven en la calle no son una presencia ajena ni un problema que deba quedar confinado a la mirada de las organizaciones que trabajan con ellas.

Luna insistió en que son muchos los vecinos y las vecinas que necesitan solidaridad y una mano tendida. Por eso, llamó a la sociedad a pedir, exigir y acompañar las respuestas necesarias. Su planteo fue contundente: no quiere que la ciudad naturalice la presencia de personas durmiendo en la calle, como si esa situación fuera inevitable o formara parte del paisaje urbano.

Cristina Solano: la paradoja de una ciudad que construye edificios y expulsa habitantes
La militante de derechos humanos e integrante de la Asociación Anahí describió a Rosario como una ciudad paradójica. Su mirada partió de una contradicción que, según sostuvo, se vuelve cada vez más evidente: el crecimiento de edificios lujosos y fastuosos convive con una población creciente que no tiene dónde vivir.

La ciudad, señaló, sorprende, asombra y duele. Por un lado, exhibe construcciones de gran valor, muchas de ellas casi vacías; por el otro, sus calles se llenan de personas que no pueden afrontar el costo de una vivienda ni sostener el pago de un alquiler.

Frente a ese crecimiento inmobiliario, Solano se preguntó cuál es el sentido de semejante expansión habitacional. A primera vista, podría suponerse que la existencia de más edificios significa que hay más posibilidades para que la población acceda a un lugar donde vivir. Sin embargo, la realidad que observa en las calles contradice esa idea: la multiplicación de las construcciones no se traduce, necesariamente, en un mayor acceso a la vivienda.

La otra cara de esa Rosario está integrada por personas que perdieron sus casas, que se quedaron sin trabajo o que ya no pueden afrontar un alquiler. Hombres, mujeres, niños y familias enteras terminan viviendo en la calle, sin un lugar donde resguardarse.

Para Solano, esta contradicción revela una desigualdad cada vez más profunda: mientras un sector reducido concentra riqueza y poder, una parte creciente de la población se hunde en la pobreza y la miseria absoluta.

La militante vinculó esa situación con un modelo económico liberal que, según su análisis, beneficia a unos pocos mientras perjudica las condiciones de vida del resto de la sociedad. Consideró que las consecuencias de ese modelo se hicieron particularmente agudas durante los últimos años en el país y sostuvo que en Rosario se manifiestan con especial crudeza.

Su crítica también alcanzó a los discursos oficiales que presentan una imagen de mejoría, prosperidad y opulencia. Según expresó, las fiestas y las celebraciones que se exhiben como símbolos del crecimiento de la ciudad parecen destinadas a determinados sectores, mientras una parte de la población permanece excluida de esa imagen de bienestar.

Solano cuestionó que esa fastuosidad pueda convertirse en una representación con la que el conjunto de la sociedad deba identificarse cuando, al mismo tiempo, se reprime, se esconde o se oculta la miseria más extrema. La postal de una ciudad próspera, en su mirada, no alcanza a explicar ni a resolver lo que ocurre en las veredas, bajo los techos improvisados o en los espacios donde las familias buscan pasar la noche.

La falta de vivienda, además, no es el único problema. Quienes habitan las calles también carecen de lugares donde comer, dormir y utilizar un baño. Son necesidades cotidianas que, para la mayoría de la población, forman parte de una rutina elemental, pero que para quienes viven a la intemperie se transforman en una lucha permanente.

Ante esa realidad, Solano se preguntó quién se ocupa de estas personas. Su respuesta apuntó a la insuficiencia de los refugios disponibles, muchos de ellos sostenidos por iniciativas privadas que no alcanzan a cubrir la demanda. Frente a miles de personas que necesitan asistencia, sostuvo, los espacios existentes no dan abasto.

En ese contexto, cuestionó que el Estado presente la habilitación de doce camas como una respuesta digna de exhibirse públicamente, incluso convocando a la prensa para mostrarla. La dimensión de la emergencia, advirtió, vuelve insuficiente una medida de esas características. "Hay miles de personas en la calle", remarcó, al rechazar cualquier intento de presentar respuestas limitadas como si fueran suficientes.

La crítica se extendió a los procedimientos de control y represión contra quienes viven en espacios públicos. Solano denunció que la policía interviene golpeando a las personas y quitándoles sus escasas pertenencias, entre ellas colchones y leche destinada a los niños. Señaló que algunas de esas situaciones llegaron a verse incluso en la televisión.

También cuestionó la actuación de algunos empleados municipales que, según afirmó, se consideran con derecho a reprimir, golpear y despojar de sus bienes a personas que ya atraviesan condiciones extremas de miseria. Para la referente, resulta especialmente grave que quienes deberían formar parte de una respuesta pública frente a la emergencia terminen reproduciendo la violencia contra quienes necesitan protección.

En su testimonio, Solano dirigió un llamado de atención a las autoridades municipales, provinciales y nacionales. Cuestionó una concepción de ciudad que pone el acento en las normas de convivencia, como cruzar la calle por los lugares indicados o sacar la basura en los horarios establecidos, pero que no demuestra la misma preocupación por las necesidades de la comunidad y por la situación de quienes atraviesan las condiciones más difíciles.

La referente puso en duda que pueda hablarse de una ciudad integrada y solidaria cuando miles de personas no tienen dónde dormir ni cómo alimentarse. También manifestó que no ha visto los beneficios que deberían traducirse en mejoras concretas a partir de la gestión provincial, aunque reconoció que otras personas puedan tener una percepción diferente. En cuanto al Gobierno nacional, su valoración fue todavía más crítica.

A su entender, las decisiones políticas no están orientadas a atender las necesidades de la población en su conjunto, sino a favorecer a sectores económicamente poderosos. Frente a ese escenario, su planteo fue un rechazo explícito a la continuidad de la represión y a la ausencia de respuestas capaces de garantizar condiciones dignas de vida.

Sin embargo, Solano no circunscribió su reclamo a las responsabilidades de los gobiernos. Desde una trayectoria vinculada a la defensa de los derechos humanos, convocó a una participación colectiva que exceda a quienes históricamente se han involucrado en las tareas solidarias.

Recordó que muchas personas han dedicado su vida a procurar que la mayor parte de la población pueda acceder a una existencia digna, pero advirtió que la gravedad de la situación exige ampliar esa red de compromiso. No alcanza, señaló, con los militantes de siempre, los voluntarios que sostienen los refugios, quienes preparan alimentos en los comedores o quienes trabajan en las organizaciones de derechos humanos.

La convocatoria está dirigida a toda la comunidad rosarina. Para Solano, la sociedad debe involucrarse en la protección de sí misma y, especialmente, en la defensa de los sectores más vulnerables, que hoy padecen hambre, miseria y muerte.

Ese compromiso colectivo, sostuvo, también debe expresarse frente a quienes fueron elegidos mediante el voto. La ciudadanía tiene la posibilidad de exigirles que revisen sus decisiones, que detengan las prácticas represivas y que dejen de condenar a las personas a una situación en la que el hambre se convierte en una amenaza cotidiana.

La solución, desde su perspectiva, no es imposible por falta de recursos. Solano consideró que bastaría con destinar una pequeña parte de los presupuestos de la ciudad y de la provincia para comenzar a resolver la situación de miles de personas que viven en la calle. Su planteo cuestiona, de ese modo, no solamente la insuficiencia de las respuestas, sino también las prioridades con las que se distribuyen los recursos públicos.

En el cierre de su intervención, la referente volvió sobre las consecuencias humanas de esta desigualdad. Habló de los niños que deben salir a vender pañuelitos o medias para conseguir algo que les permita comer ese mismo día. También recordó a quienes mueren de hambre o de frío en las calles.

No se trata, en su mirada, de tragedias que afecten únicamente a quienes las padecen de manera directa. Cada niño obligado a buscar su sustento, cada persona que pasa una noche a la intemperie y cada muerte evitable comprometen al conjunto de la sociedad.

"Todos estamos involucrados y todos estamos perdiendo vida y dignidad", afirmó, al señalar que la exclusión de una parte de la población termina deteriorando también la dignidad colectiva. Su llamado final fue a salir a luchar por la propia sociedad y, sobre todo, por los más débiles, para recuperar la dignidad y defender el derecho de todos a una vida digna.
Claudia Ponce de León: la historia de Ramón y una muerte que pudo evitarse

La dimensión de la emergencia adquirió un rostro concreto en el testimonio de Claudia Ponce de León, referente de derechos humanos e integrante del grupo que había participado de la audiencia en el Concejo Municipal. Su intervención comenzó con una noticia que recibió el mismo lunes en que las organizaciones habían acudido a reclamar respuestas: el sábado 3 de octubre, durante la tarde, habían retirado el cuerpo de un hombre fallecido en la esquina de Ayacucho y 3 de Febrero.

A partir de los testimonios de otros vecinos que también lo conocían, Ponce de León pudo reconstruir parte de la historia de ese hombre. Desde hacía varios años se dedicaba a cuidar autos en la zona del Hospital Provincial. Se llamaba Ramón.

Al reconocer que se trataba de la misma persona por cuya situación había reclamado reiteradamente durante el invierno anterior, la noticia cobró para ella otro significado. Desde mayo había solicitado que le consiguieran un lugar en un refugio, preocupada por las temperaturas extremadamente bajas y por el estado lamentable en el que se encontraba.

Para realizar esos pedidos había utilizado distintos canales de comunicación que los propios medios difundían para solicitar asistencia: el 147, el Munibot y otros contactos destinados a intervenir en situaciones de emergencia social. Sin embargo, relató, nunca se acercaron a atender el caso.

Ante la falta de respuestas, decidió presentarse personalmente en una oficina de Desarrollo Humano y Hábitat. Después de esperar media hora, contó, los empleados se limitaron a anotar sus datos y el pedido en un cuaderno. La explicación que recibió fue que no había camas disponibles.

La muerte de Ramón, ocurrida después de aquellos reclamos, transformó esa experiencia en una denuncia sobre las consecuencias de la insuficiencia de las políticas públicas. Para Ponce de León, el caso permite advertir que los refugios existentes no alcanzan a cubrir ni siquiera un tercio de la población afectada, aunque aclaró que se trata de una estimación basada en datos reunidos de manera informal, ya que todavía no existe un relevamiento confiable que permita confirmarla.

La ausencia de cifras precisas constituye, a su juicio, una de las dimensiones más preocupantes del problema. No se sabe con claridad cuántas personas viven en situación de calle ni cuántas mueren en esas circunstancias. La muerte de Ramón, señaló, no había sido registrada por los medios de comunicación. Y dejó planteada una pregunta inquietante sobre cuántas otras muertes pueden haber ocurrido sin visibilidad pública durante los últimos tiempos.

En una ciudad donde, según cuestionó, se destinan permanentemente recursos públicos a obras que no considera imprescindibles, la falta de información y de respuestas ante una emergencia de esta magnitud resulta escandalosa. Ponce de León estimó que habría más de mil personas de distintas edades y condiciones viviendo en la calle, aunque subrayó que tampoco ese número cuenta con la confirmación de un relevamiento específico.

Los refugios públicos y semipúblicos, estos últimos sostenidos también con apoyo privado, apenas alcanzan a cubrir las necesidades más elementales de una pequeña proporción de esa población: un baño, una cama y un plato de comida. Pero para la referente de derechos humanos, la respuesta no puede agotarse en ofrecer un espacio donde pasar la noche.

Ponce de León recordó que en septiembre de 2024 los propios concejales habían redactado y firmado una ordenanza que proponía un funcionamiento más amplio para estos establecimientos. Se trata de la Ordenanza N.º 10.652/2024 del Concejo Municipal de Rosario, que crea el programa de "Refugios para Atención de Personas en Situación de Calle". La norma fue sancionada el 22 de agosto de 2024, promulgada el 9 de septiembre y publicada en el Boletín Oficial Municipal el 11 de septiembre de ese año.

Según explicó, la ordenanza establecía que los refugios debían permanecer abiertos también durante el día y convertirse en espacios de capacitación, contención y asistencia, con atención de la salud y herramientas que permitieran construir alternativas para una vida digna.

Sin embargo, afirmó que la ordenanza se había incumplido prácticamente en su totalidad. La falta de funcionamiento diurno impide, según su análisis, que los refugios cumplan con una finalidad que vaya más allá de la atención inmediata y contribuya a modificar las condiciones que llevan a una persona a vivir en la calle.

En ese punto, Ponce de León recuperó las experiencias de voluntarios que trabajan en algunos de estos espacios sin recibir remuneración. Se trata de personas que realizan sus tareas por voluntad propia y que, por las mañanas, deben retirarse para procurarse su propio sustento. Según los testimonios que recogió, cuando esos voluntarios se van, no son reemplazados por personal que permita mantener los centros en funcionamiento durante el día.

La consecuencia es que los refugios pierden la posibilidad de desarrollar actividades de capacitación, acompañamiento, atención sanitaria y contención. En lugar de convertirse en espacios desde los cuales las personas puedan reconstruir sus proyectos de vida, corren el riesgo de limitarse a ofrecer una respuesta temporal que no modifica las condiciones de fondo.

La intención de las organizaciones, explicó Ponce de León, es que esos lugares cumplan efectivamente con la función prevista en la ordenanza municipal: acompañar a quienes atraviesan la situación de calle y generar condiciones que les permitan avanzar hacia una vida mejor.

Su testimonio dejó planteada una pregunta que excede el caso de Ramón: ¿qué ocurre cuando una persona necesita ayuda, alguien reclama por ella ante los organismos correspondientes y la respuesta institucional se limita a registrar el pedido sin ofrecer una solución? La historia de aquel hombre que cuidaba autos en las inmediaciones del Hospital Provincial expone la distancia entre los canales formales de asistencia y la respuesta efectiva que necesitan quienes viven en condiciones extremas.
Oscar Lupori: "Los refugios no son suficiente salida"

En esa misma línea, Oscar Lupori, integrante del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, puso el foco en una transformación que, según describió, modifica profundamente las características del problema: la situación de calle ya no se limita a grupos reducidos de personas concentradas en determinados lugares, sino que se extiende a familias enteras y alcanza distintos barrios de Rosario.

Para Lupori, hablar de personas en situación de calle implica reconocer un gran problema urbano que afecta al conjunto de los rosarinos. La cuestión central, planteó, es conocer cuántas son esas personas, dónde están y cómo consiguen sobrevivir.

Su descripción se apartó de la imagen tradicional de una persona que duerme en una plaza o en una vereda. Según explicó, quienes atraviesan una situación de calle pueden encontrarse debajo de un puente de la avenida de Circunvalación, bajo el techo de una parada de ómnibus o en la estación de trenes de Fisherton.

En este último lugar, recordó un caso ocurrido semanas atrás: un hombre de 45 años, desesperado por su situación de calle, se arrojó a las vías al paso de un tren. También advirtió que en esos espacios hay niños que deben enfrentar la intemperie y las condiciones de precariedad de la vida cotidiana.

La emergencia no consiste únicamente en conseguir abrigo o protegerse de la humedad y la lluvia. Implica resolver necesidades tan elementales como alimentarse y encontrar un lugar donde utilizar un baño. Son preguntas que, según Lupori, la sociedad y las autoridades deben hacerse para comprender la dimensión real de la problemática.

Los refugios habían representado una alternativa para una parte de la población en situación de calle, pero el crecimiento de la demanda demuestra que ya no constituyen una respuesta suficiente. "Los refugios no son suficiente salida", advirtió, al señalar que la situación actual impone la necesidad de un abordaje diferente.

Ese abordaje debe contemplar la alimentación, el acceso a instalaciones sanitarias y las demás necesidades cotidianas. A esta situación se suma, señaló, la reacción de algunos vecinos que, en lugar de comprender las circunstancias de quienes no tienen dónde vivir, los denuncian porque consideran que molestan. Esa mirada transforma a las personas afectadas por la pobreza en un supuesto problema de convivencia, en lugar de reconocerlas como ciudadanos que necesitan asistencia y protección.

Lupori insistió en que la salida debe construirse colectivamente, pero también requiere decisiones políticas. La pregunta sobre cómo resolver la emergencia conduce, en su análisis, a dos cuestiones fundamentales: el empobrecimiento de las familias y la dificultad creciente para acceder a una vivienda.

El endeudamiento familiar forma parte de ese escenario. A ello se suma el costo de los alquileres, que puede resultar imposible de afrontar incluso para personas que cuentan con un salario. Como ejemplo, planteó el caso de alguien que gana 800.000 o un millón de pesos mensuales y debe enfrentar un alquiler de entre 600.000 y 700.000 pesos.

En esas condiciones, el ingreso disponible después de pagar la vivienda resulta insuficiente para sostener el resto de las necesidades cotidianas. La pérdida del trabajo, el endeudamiento y la imposibilidad de afrontar un alquiler pueden convertirse, así, en factores que empujan a una familia hacia la calle.

La situación exige, según Lupori, una respuesta que contemple la complejidad de estos procesos y no reduzca el problema a la existencia de personas que necesitan pasar la noche en un refugio. Por ese motivo, un grupo de organizaciones acudió para plantear la emergencia ante la Comisión de Igualdad, Género y Derechos Humanos, con la expectativa de que el tema tenga una nueva instancia de discusión que permita profundizar los diagnósticos y avanzar hacia soluciones.

Al despedirse de la audiencia, Lupori expresó su agradecimiento a quienes habían escuchado el reclamo y dejó abierta la necesidad de volver a debatir el problema con mayor profundidad. La magnitud de la emergencia, según su planteo, requiere que las instituciones y la sociedad continúen buscando una respuesta política que permita garantizar condiciones de vida dignas.

Los refugios, las familias y las respuestas que siguen pendientes
Durante la audiencia también se puso en discusión la capacidad real de los refugios y las condiciones de acceso. Desde Sol de Noche explicaron que, tras perder la propiedad donde funcionaban anteriormente, consiguieron una nueva casa en calle Beruti al 2300, con el acompañamiento de la Iglesia católica. Sin embargo, la capacidad se redujo de 60 a 30 personas.

Según relataron, recibieron aportes provinciales para realizar las obras, pero continuaban esperando los fondos de la Municipalidad de Rosario que habían sido comprometidos. El funcionamiento cotidiano depende, en gran medida, del trabajo voluntario y de los recursos que consiguen por sus propios medios.

Sus integrantes invitaron a concejales y concejalas a conocer el refugio y el trabajo que realizan, así como las recorridas nocturnas que llevan adelante para asistir a quienes permanecen en la calle. La experiencia de Sol de Noche expone las dificultades que enfrentan estos espacios para sostener su tarea y responder a una demanda que, según las organizaciones, excede ampliamente su capacidad.

Otro de los puntos más sensibles fue la situación de las familias con niños y niñas. Durante la reunión se relató el caso de una familia con dos hijos pequeños, un niño de tres años y un bebé, que había sido retirada de la vía pública. Según el testimonio, durante el procedimiento, agentes municipales se llevaron pertenencias de la familia, entre ellas leche destinada a los niños.

Posteriormente, integrantes de organizaciones y voluntarios debieron colaborar con alimentos, ropa y otros elementos necesarios. También cuestionaron que se ofrezca alojamiento en dispositivos que obligan a separar a los integrantes de una familia. "¿Dónde está el problema?", plantearon, al señalar que la respuesta no puede consistir en exigir que madres, padres e hijos se alojen por separado, sino en garantizar alternativas adecuadas para el grupo familiar.

Las organizaciones también denunciaron situaciones de maltrato y obstáculos para acceder a la asistencia. Una de las participantes contó que algunas personas a las que se acercó para ofrecerles ayuda le pidieron que no llamara al 147 porque temían que las retiraran de la calle, les exigieran documentación o las detuvieran.

El temor quedó expresado en una frase que Ponce de León transmitió durante su intervención: "Por favor, doña, al 147 no, porque vienen, nos sacan la frazada, nos piden documentos y nos llevan presos".

También relató el caso de personas que no habían podido ingresar a un refugio durante la noche y que debían realizar trámites para justificar su ausencia y conservar su lugar. Frente a estas situaciones, durante la audiencia se insistió en la necesidad de distinguir las intervenciones de control urbano de las tareas de los equipos especializados en el abordaje social, así como de garantizar que el primer contacto con las personas sea respetuoso de sus derechos.

La disponibilidad de baños, alimentos y lugares de resguardo fue señalada como una urgencia que no admite demoras. Los participantes recordaron que la Ordenanza N.º 10.652/2024 no contempla únicamente un lugar donde pasar la noche, sino también políticas de acompañamiento, capacitación y reinserción laboral.

En ese marco, reclamaron que los baños de los dispositivos estén disponibles las 24 horas, tal como establece la normativa, y que los espacios de alojamiento puedan aprovecharse también durante el día para desarrollar actividades y brindar contención. Advirtieron, además, que la falta de personal limita el aprovechamiento de recursos e instalaciones que podrían contribuir a mejorar la atención.

La discusión incluyó la necesidad de contar con un relevamiento actualizado de la población que vive en la calle. Se propuso que trabajadores y trabajadoras sociales, junto con profesionales de la antropología, realicen un diagnóstico que permita conocer cuántas personas atraviesan esta situación, dónde se encuentran, cuáles son sus condiciones de vida y qué necesidades presentan.

Durante la reunión se advirtió que el fenómeno ya no se concentra en determinados puntos del centro, sino que también se extiende a los barrios, y que involucra a familias, personas mayores, niños y niñas, y trabajadores informales que no consiguen sostener una vivienda. También se cuestionó la expresión "situación de calle" por su posible connotación transitoria, cuando algunas personas llevan años viviendo en esas condiciones.

El relevamiento, desde esta perspectiva, no debería limitarse a contar personas. También tendría que permitir conocer las trayectorias que conducen a la pérdida de la vivienda, las condiciones de subsistencia, las necesidades sanitarias, las dificultades para acceder a los dispositivos existentes y los recursos necesarios para diseñar respuestas adecuadas a cada realidad.

Del diagnóstico a la acción: una responsabilidad colectiva
Los testimonios reunidos en Señales trazaron un panorama en el que las voces de las organizaciones convergen en una misma demanda: que el Estado asuma la responsabilidad de garantizar condiciones de vida dignas a quienes atraviesan situaciones de pobreza e indigencia.

Élida Luna reclamó conocer cuántas personas viven en la calle y exigir respuestas urgentes a los responsables políticos. Cristina Solano denunció la contradicción entre el crecimiento de la riqueza urbana y el aumento de la miseria, y convocó a toda la comunidad a involucrarse. Claudia Ponce de León compartió la historia de Ramón, cuya muerte puso en evidencia, según su testimonio, la falta de respuestas ante los pedidos de asistencia y las limitaciones de los refugios. Por su parte, Oscar Lupori advirtió que la problemática se ha extendido a las familias y requiere un abordaje integral que contemple la alimentación, la higiene, el acceso a la vivienda y el acompañamiento social.

En su intervención, Solano cuestionó la respuesta de las autoridades municipales frente a la crisis social que atraviesa Rosario: "Por eso queríamos escuchar por parte de las autoridades, en este caso municipales, cuál es la posición con respecto a la calamidad que está viviendo Rosario, que es una de las ciudades más afectadas por el hambre, la miseria, la desocupación, la violencia, el narcoterrorismo, y frente a la cual las autoridades parecen estar ausentes, estar contentas o formar parte de lo mismo".

Su planteo expresó la distancia que, a su entender, existe entre la imagen de prosperidad que proyecta la ciudad y las condiciones de vida de una parte de su población. Para las organizaciones, la emergencia requiere tanto medidas inmediatas como políticas sostenidas que permitan evitar que más personas pierdan sus viviendas y que quienes ya están en la calle puedan acceder a alternativas concretas.

Los integrantes de la comisión se comprometieron a recopilar información del Ejecutivo municipal sobre los dispositivos existentes, las intervenciones en curso y los recursos disponibles; elaborar un balance de la gestión y revisar la aplicación de la Ordenanza N.º 10.652/2024 y su modificatoria, con el objetivo de identificar posibles mejoras. También propusieron mantener el contacto con las organizaciones y retomar el diálogo una vez reunida la información.

La audiencia concluyó sin anuncios de medidas inmediatas para responder a las necesidades expuestas. Las organizaciones insistieron en que, mientras se elaboran diagnósticos y se coordinan acciones, hay necesidades básicas —comer, acceder a un baño y contar con protección frente al frío y la lluvia— que requieren respuestas urgentes.

Participaron de la reunión de la Comisión de Igualdad, Género y Derechos Humanos los concejales y concejalas Lucas Raspall y Damián Pullaro, de Unidos para Cambiar Rosario; Fernanda Rey, del bloque Justicialista; Norman López, de Comunidad; Anabel Lencina, de La Libertad Avanza; Agustina Gareis, de Ciudad Futura; y Majo Poncino, del bloque peronista.

El conductor de Señales retomó el sentido de la audiencia y puso el foco en la distancia que puede existir entre el debate institucional y las necesidades concretas de quienes viven en la calle: "Más allá de los debates, del análisis de la situación que vemos y vivimos día a día, creo que lo más importante que debe pasar es la acción, la acción de todos y todas para que esto se termine", expresó.

La convocatoria final fue una invitación a actuar colectivamente: salir a luchar por quienes atraviesan las situaciones más difíciles, recuperar la dignidad y defender el derecho de todas las personas a una vida digna. Porque la situación de calle no es un problema ajeno ni una realidad que pueda resolverse con indiferencia: es una expresión de la desigualdad que compromete a toda la sociedad rosarina y exige respuestas urgentes del Estado.

Mientras haya familias durmiendo a la intemperie, niños obligados a buscar su sustento y personas que no puedan acceder a las condiciones más básicas de subsistencia, seguirá expuesta una contradicción difícil de ignorar: la de una ciudad que crece en construcciones y riqueza, pero que no consigue garantizar un techo, alimento y dignidad para todos sus habitantes. El reclamo de las organizaciones ante el Concejo Municipal y las voces que llegaron a Señales dejan planteada una responsabilidad que no puede quedar suspendida en nuevos diagnósticos ni en compromisos de diálogo. Conocer la dimensión de la emergencia, garantizar el cumplimiento de las normas vigentes, fortalecer los refugios y desarrollar políticas públicas integrales son pasos indispensables; convertirlos en respuestas efectivas es la tarea que sigue pendiente.

Escuchá la entrevista completa:
Fotos: Guadalupe Lombardo, PáginaI12; Concejo Municipal

viernes, 18 de septiembre de 2026

Un proyecto que abrió un debate más amplio: seguridad, adolescentes y reclutamiento criminal en Rosario

Un proyecto que parecía destinado a expresar respaldo al Código Procesal Penal Juvenil de Santa Fe terminó abriendo una extensa discusión sobre seguridad, menores, crimen organizado, estadísticas y políticas de Estado. María Eugenia Schmuck defendió la gestión provincial y reclamó "dejar de hacer diagnósticos"; la oposición cuestionó la baja de la edad de punibilidad y pidió un debate más profundo. En el medio, aparecieron datos, experiencias territoriales y fuertes cruces políticos.

"Hay que opinar sobre estos temas", había planteado la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck al presentar el proyecto. Lo que siguió fue una de las discusiones más extensas de la sesión. La presidenta del Concejo bajó del estrado y desde una banca habló primero para explicar el sentido de la iniciativa y volvió luego a bajar del estrado para responder a sus pares. El expediente finalmente fue aprobado por mayoría reglamentaria, aunque con ocho votos negativos y una abstención.

El debate comenzó con una definición política de Schmuck. El proyecto que impulsaba buscaba expresar el beneplácito del cuerpo por el dictado del Código Procesal Penal Juvenil de Santa Fe y por las condiciones que, según el oficialismo, permitieron la aplicación inmediata de la nueva Ley Penal Juvenil nacional.

Pero antes de entrar en el articulado, Schmuck eligió poner el expediente en el contexto de la crisis de violencia que atravesó Rosario.

"Nosotros venimos de una época muy complicada, hace no menos de tres años la ciudad enterraba pibes, contaba muertos", sostuvo. Y agregó que entonces "había alrededor de 300 muertos, éramos récord Guinness en materia de violencia urbana, teníamos 20 patrulleros en la calle".

Desde allí construyó el argumento central de su intervención: si durante años la violencia y el crimen organizado fueron uno de los principales problemas de Rosario, los concejales debían discutir también las herramientas con las que el Estado pretende enfrentarlos.

"No es progre decir que se imputen a los menores de 16 años, pero la verdad es que en la ciudad de Rosario, desde los 14 hasta los 18 años, estos pibes eran utilizados por las bandas criminales para extorsionar, para asesinar, para generar el período de violencia más oscura que vivimos en la ciudad en democracia", expresó la integrante del bloque Unidos por Rosario.

"Cuando venimos de esa situación, en donde la mayoría de las víctimas y la mayoría de los que perpetraban esos delitos eran adolescentes, hay que opinar sobre estos temas", afirmó.
En ese marco, Schmuck planteó que en la provincia de Santa Fe la Ley Provincial N.º 14.228, que establece que estas situaciones queden bajo la órbita de la Secretaría de la Niñez, en lugar del Ministerio de Seguridad, como ocurría anteriormente. Schmuck vinculó esta disposición con la Ley N.º 12.967, que establece el principio del interés superior del niño como eje para la intervención del Estado.

La referencia a los "300 muertos" es uno de los puntos que luego quedó expuesto al contraste con las estadísticas oficiales. La serie del Observatorio de Seguridad Pública para el departamento Rosario registra 290 homicidios en 2022 y 262 en 2023, mientras que el registro de 2024 descendió a 92.

La precisión geográfica tampoco es menor: esos números corresponden al departamento Rosario y no exclusivamente al municipio. En la infografía anual de 2024 del Observatorio de Seguridad Pública se consignaron 79 homicidios ocurridos específicamente en la ciudad de Rosario, mientras que otros hechos correspondieron a localidades del departamento. 

No se trata de una diferencia meramente semántica. El departamento Rosario incluye, además de la ciudad, localidades como Villa Gobernador Gálvez, Granadero Baigorria, Pérez, Funes, Alvear, Piñero y otras. Por eso, cuando se utiliza una cifra departamental para describir exclusivamente a la ciudad, es necesario hacer esa aclaración.

El dato de 2022, de todos modos, sí marca un punto de inflexión: el propio Gobierno provincial reconoce ese año como el pico histórico de la tasa de homicidios de la ciudad, con 25 homicidios cada 100.000 habitantes. 

La discusión, entonces, quedó planteada desde el comienzo entre dos planos: el recuerdo de una Rosario atravesada por una violencia extrema y la necesidad de utilizar estadísticas precisas para describirla.

Salinas: "¿Qué carajos hacemos con esos pibes?"
El concejal de Ciudad Futura, Antonio Salinas, anticipó el voto negativo de su bloque, pero dedicó buena parte de su intervención a explicar por qué. Su planteo fue que el Concejo estaba discutiendo un proyecto que había cambiado varias veces y que, en su recorrido, había terminado mezclando situaciones, diagnósticos e instrumentos diferentes.

"Ya se está volviendo costumbre en este recinto discutir cuestiones que no se sabe bien qué estamos discutiendo", advirtió.

Salinas explicó que había preparado tres argumentaciones diferentes porque, según señaló, el proyecto había atravesado tres etapas.

Primero, dijo, había sido una declaración de preocupación por una situación que finalmente no ocurrió: la decisión de una jueza de la provincia de Buenos Aires que había declarado inaplicable el nuevo régimen. Para Salinas, aquella resolución no tenía impacto jurídico directo sobre Santa Fe ni sobre Rosario.

Después, explicó, el proyecto se transformó en un beneplácito por la supuesta preparación de la provincia para aplicar el nuevo régimen penal juvenil.

Y allí planteó una de sus principales objeciones: afirmó que, tras realizar "tres o cuatro llamados a operadores del sistema judicial", recibió como respuesta que tampoco tenían conocimiento suficiente sobre la infraestructura, los cargos, los recursos humanos y los dispositivos que el proyecto daba por existentes y preparados.

"Entonces también es honesto decir que estamos celebrando o declarando el beneplácito por algo que, por lo menos nosotros como concejales, desconocemos", sostuvo.

Por eso reclamó que el propio Concejo utilizara sus comisiones y el recinto para convocar a funcionarios y operadores del sistema y conocer en detalle qué dispositivos existen, dónde están y con qué recursos cuentan.

Pero su intervención rápidamente pasó del expediente a una discusión mucho más amplia. Salinas cuestionó la tendencia a debatir seguridad mediante "instrumentos aislados" y no a partir de estrategias integrales.

"Venimos diciendo hace tiempo que el problema de la ciudad, de la provincia y del país hace un tiempo es que venimos discutiendo mal las cosas, medio hasta de manera maniquea, tratando de generar posiciones contradictorias solamente para oponernos o, en todo caso, oponernos a la oposición", afirmó.

Desde allí habló desde su propia experiencia territorial. "Milito hace 25 años en los barrios populares", recordó. Y planteó que no podía reducirse el debate a quién está preocupado por la violencia y quién no.

"¿A quién no le preocupa la muerte joven? ¿A quién no le preocupa los asesinatos de los jóvenes que mataban o eran muertos en enfrentamientos?", preguntó.

Salinas contó además que buena parte de su militancia estuvo vinculada al estudio de estas problemáticas y reivindicó un enfoque que, según dijo, tiene poca tradición en la cultura securitaria argentina: la prevención social del delito.

Reconoció la reducción de los homicidios y utilizó una metáfora para diferenciar esa mejora de la resolución de las causas profundas.

"Nos gusta mucho una frase que dice que bajó la fiebre, es decir, la tasa de homicidios bajó. ¿Quién puede negar que la tasa de homicidios bajó?", señaló.

Pero inmediatamente planteó la segunda parte de la cuestión: "Ahora también hay que atacar las causas profundas de la enfermedad, o sea, cuáles son esas causas que generan la violencia en nuestra ciudad."

Su argumento se concentró especialmente en una franja etaria que consideró crítica: los adolescentes de entre 11 y 16 años. Según explicó, en esa etapa se combinan problemas de conformación subjetiva con dificultades concretas del sistema educativo.

Afirmó que la deserción y el ausentismo escolar se multiplican "por cuatro o por cinco" entre los 11 y los 16 años y describió una situación que, según su experiencia territorial, deja a muchos adolescentes fuera de las instituciones.

"Los pibes y las pibas son muy grandes para volver a sus escuelas primarias, donde quizás han repetido dos o tres veces, entonces el sistema de educación primaria muchas veces los termina expulsando y son muy chicos para entrar a los EMPAS", explicó.

Y puso un ejemplo concreto de Nuevo Alberdi. Relató el trabajo realizado en una escuela que, según contó, el propio Ministerio de Educación terminó reconociendo como el EMPA más grande de la provincia de Santa Fe en cantidad de ingresos, permanencia y egresados.

"Me enorgullece profundamente decir que a más de 500 y 600 jóvenes hemos atravesado, hemos cortado, interceptado destinos que parecían irreductibles y se han modificado, han conseguido buenos laburos, han ido a la universidad, han estudiado tecnicaturas", afirmó.

El ejemplo también le permitió mostrar el problema que encuentra con adolescentes más chicos. Contó que madres de chicos de 13, 14 y 15 años se acercan preocupadas y que muchas veces la respuesta que reciben es que esos adolescentes todavía no pueden ingresar al EMPA, porque el sistema establece determinadas edades para el acceso.

Así llegó a una de las preguntas centrales de su exposición: "Entonces evidentemente los pibes entre 11 y 16 son muy grandes para volver a la escuela primaria y muy chicos para ir al EMPA, quedan a la intemperie. Entonces yo pregunto qué hacemos con esos pibes, yo también quiero discutir seriamente todas estas cuestiones", agregó.

Salinas también contó que venía trabajando con una fundación de Buenos Aires y destacó especialmente que se trataba de personas que pensaban políticamente distinto a él. "Me gusta entrevistar y juntarme con gente que piensa bastante distinto a lo que pienso yo", explicó.

Entre esas conversaciones mencionó a un especialista en seguridad que, según relató, se reconocía de derecha y había sido asesor del Banco Mundial. De esa conversación recuperó una definición que consideró especialmente significativa después de haber trabajado en países afectados por el narcotráfico.

Según Salinas, ese especialista le había planteado que la política de prevención social del delito más efectiva para reducir la escalada de violencia consiste en "estrangular la capacidad de reclutamiento de las bandas narco".

La expresión se convirtió en uno de los conceptos centrales de su intervención. Pero Salinas no se quedó en el diagnóstico. Preguntó directamente qué políticas están implementando actualmente los distintos niveles del Estado para conseguirlo.

"¿Cuáles son las políticas que hoy están en curso en nuestra provincia, en nuestra ciudad, en nuestro país para estrangular concretamente la capacidad de reclutamiento de las bandas narco?"

Su preocupación era que los adolescentes fueran reclutados cada vez a edades más tempranas y que la única respuesta institucional terminara siendo bajar progresivamente la edad de ingreso al sistema penal.

"¿Qué vamos a hacer? ¿Cada vez los vamos a meter en cana más temprano? Puede ser una opción, digo, discutámosla", planteó. Pero inmediatamente propuso otra perspectiva. "Quizá se puede construir instituciones, políticas públicas que los recluten antes y uso esa palabra a propósito: reclutemos antes", sostuvo.

La idea, explicó, sería intervenir antes sobre los chicos que están en situaciones de vulnerabilidad, pero también sobre aquellos que ya comenzaron a delinquir o que ya están involucrados en hechos violentos.

"Trabajemos sobre los pibes que delinquen, sobre los pibes que matan, pensemos cuál es esa mejor propuesta", agregó.

El concejal también llevó la discusión al terreno concreto de las condiciones de encierro. Recordó que el nuevo régimen establece que los jóvenes no deben permanecer alojados en las mismas instituciones carcelarias que los adultos y preguntó si esas condiciones estaban efectivamente garantizadas.

Para fundamentar la preocupación, mencionó una resolución del Ministerio Público de la Defensa, la 240, que —según relató— había sido señalada por su asesora, la doctora Jessica Pellegrini, como un documento que advertía sobre las condiciones de encierro de adolescentes y la necesidad de garantizar que no fueran alojados bajo las mismas condiciones que los adultos.

"Bueno, trabajemos eso. O sea, pensemos eso al libro abierto, traigamos funcionarios provinciales, municipales", propuso. De esta manera, Salinas volvió a su planteo inicial: discutir el sistema completo y no solamente el instrumento penal.

¿Qué hacer cuando el Estado llega tarde y un adolescente ya cometió un delito? ¿Qué dispositivos existen? ¿Cómo se garantiza una respuesta diferenciada? ¿Y cómo se evita que otros adolescentes lleguen hasta ese punto?

Pero, sobre todo, insistió en la necesidad de actuar antes. "¿Cómo estrangulamos la capacidad de reclutamiento de las bandas narcos?", volvió a preguntar.

Según sostuvo, las organizaciones sociales vienen realizando esfuerzos importantes en esa dirección, pero advirtió que observa pocas políticas públicas específicamente orientadas a cortar esa capacidad de captación.

Su propuesta final fue concreta: que el Concejo discuta y construya políticas destinadas a los chicos y chicas de entre 11 y 16 años, precisamente la franja que, según su experiencia, queda muchas veces en un vacío institucional entre la escuela primaria y los dispositivos para adultos.

Y cerró con una pregunta que terminó convirtiéndose en una de las frases más fuertes de toda la sesión: "Entonces, ¿qué carajos hacemos?"

Caruana: "No se trata de una visión blanda"
Leonardo Caruana, del Frente Amplio por la Soberanía, fue uno de los primeros en anticipar el rechazo del interbloque opositor. Sin embargo, su intervención no implicó desestimar la discusión sobre el problema de fondo.

Por el contrario, planteó la necesidad de profundizar el debate sobre qué ocurre con los adolescentes que ingresan al sistema penal y sobre la capacidad concreta del Estado para acompañar los cambios.

"No se trata de una visión blanda o de romantizar", aclaró. Y sostuvo que quienes cometen delitos deben enfrentar "la sanción y también la rehabilitación y el acompañamiento", con justicia tanto para quienes delinquen como para las víctimas.

Su preocupación se concentró especialmente en la implementación práctica de los cambios y en las dudas que existen entre los trabajadores de las distintas áreas involucradas. Según relató, trabajadores de niñez le transmitieron dificultades frente a la creación o transformación de dispositivos destinados a adolescentes que no correspondan a situaciones de privación de libertad.

En ese sentido, también mencionó pedidos de audiencia de trabajadores de Justicia Penal Juvenil que manifestaban incertidumbre frente a posibles modificaciones o disoluciones de áreas existentes. "Tenemos trabajadores de Justicia Penal Juvenil que nos están pidiendo posibilidad de audiencia porque sienten o han escuchado posibilidades de disolución o modificaciones de esas áreas, pero no tienen claridad en el cómo y en hacia dónde", señaló.

Caruana incorporó además las voces del Ministerio Público de la Acusación y de integrantes del Poder Judicial que, según su exposición, advertían sobre la falta de recursos y de jueces para afrontar las demandas que plantea el sistema. "El MPA habla que no tiene, que no cuenta con recursos, y jueces también dicen que no están en condiciones. Es decir que tenemos visiones ante un problema complejo, visiones contrapuestas", resumió.

El concejal planteó que el debate es necesario, pero advirtió que no debería quedar reducido a una disputa de carácter electoral. "Yo creo que es necesario, y por eso coincido en la necesidad de este debate, pero también en un debate que no quede solo porque a veces aparece en estos debates profundos solo una mirada de disputa electoral", sostuvo.

En ese marco, valoró como un dato relevante la reducción del índice de letalidad. "La verdad que haber bajado el índice de letalidad es un hecho importante y nadie va a estar en contra de esto y asumir ese rol", afirmó. Pero consideró que, a partir de allí, es necesario escuchar las distintas voces vinculadas con el funcionamiento del sistema.

Caruana recordó, además, experiencias previas de discusión pública en el Concejo vinculadas con problemáticas estructurales de la ciudad. "Yo he participado en audiencias públicas sobre suicidio, sobre salud mental", señaló, y anticipó que en los próximos días habrá también un debate sobre salud pública a partir de una jornada que fue votada por el cuerpo legislativo.

"¿Por qué no también escuchamos y contraponemos todas las voces?", planteó. Y puso como ejemplo el proceso de discusión que atravesó el sistema de salud rosarino durante las últimas décadas. "Rosario viene de debates estructurales. El propio sistema de salud hace 30 años se debatió con escuchar y escuchar a los equipos y escuchar para justamente poder abordar seriamente una ley que ya está y que puede generar acompañamiento de los distintos dispositivos con profundidad en la discusión", explicó.

Para el concejal, la discusión debería superar el esquema de posiciones enfrentadas y recuperar una instancia de debate más amplio. "Para salir del versus y encontrarnos en una audiencia para retomar ese debate estructural", propuso.

Por eso, planteó formalmente que el Concejo pueda funcionar como una "caja de resonancia" para una discusión que incluya a los distintos actores involucrados: "Una discusión profunda como caja de resonancia de los concejales, de las organizaciones de la sociedad civil, de jueces, de trabajadores de las distintas áreas, para seguir viendo cómo se aborda este tema".

Gigliani: "No hay nada para festejar"
Fernanda Gigliani, de Iniciativa Popular, tomó la palabra desde una posición crítica respecto de la nueva legislación y cuestionó que se intentara simplificar una problemática que, según planteó, requiere un análisis mucho más profundo.

"No es cierto" que el principal problema sean los menores que matan personas, sostuvo, y pidió mirar las estadísticas nacionales antes de construir una percepción general a partir de casos de enorme impacto público.

Según su intervención, los delitos cometidos por personas de entre 12 y 17 años representan una proporción muy pequeña del total: "ni siquiera es 0,45%. Es inferior", dijo y agregó que una parte importante está vinculada con delitos contra la propiedad.

También cuestionó el argumento de que la reducción de la edad de punibilidad constituye por sí misma una respuesta al reclutamiento de menores por parte de bandas criminales.

Para Gigliani, si las organizaciones utilizan a adolescentes para cometer delitos, el Estado también debe perseguir a los adultos que los reclutan y explotan. "Los organismos internacionales especializados en trata y explotación justamente recomiendan a los países que incorporen en sus legislaciones este tipo de conductas, pero no para revictimizar a ese menor, sino para que esos adultos que son los que buscan a los menores para cometer delitos sean también responsables", manifestó.

Gigliani cuestionó también el modo en que, a su entender, se utilizaron dos casos ocurridos en la provincia de Santa Fe para impulsar la discusión de una ley nacional. "Se utilizaron dos casos que fueron horrorosos, dolorosísimos, y que los dos se dieron en esta provincia", sostuvo.

En particular, se refirió a uno de los casos ocurridos en Rosario y puso el foco en la trayectoria de la adolescente involucrada. Señaló que la joven había sido incorporada en dos oportunidades al Sistema de Protección de Niños y Adolescentes, lo que, según planteó, daba cuenta de que se trataba de una menor cuyos derechos estaban siendo vulnerados y que había requerido la intervención estatal. También mencionó que había tenido internaciones por problemas neuropsiquiátricos.

"Esta piba estuvo dos veces en el sistema de protección y de repente pasa de víctima a victimaria, ¿qué tenemos que festejar? ¿Qué tenemos que festejar? No hay nada para festejar", cuestionó.

Y continuó con una definición tajante: "Esto es una tragedia, señora Presidenta, una tragedia".

Gigliani cuestionó que una mayor punibilidad pueda ser presentada como una respuesta a la violencia en los barrios y rechazó especialmente que esa respuesta recaiga sobre los adolescentes. "Yo no creo que realmente la salida de la violencia en nuestros barrios sea mayor punibilidad. Y mucho menos infantil, porque la realidad es que la mayoría de las víctimas son los menores", sostuvo.

En contraposición, planteó la necesidad de fortalecer las políticas públicas y la prevención. "Necesitamos más escuelas públicas equipadas, necesitamos más clubes de barrio, necesitamos más centros de atención de adicciones y necesitamos también una persecución real del crimen organizado, señora Presidenta", enumeró.

En ese punto, marcó lo que consideró una contradicción en la agenda del Congreso de la Nación. Según señaló, mientras se discutían herramientas para evitar que las organizaciones narcocriminales recluten a menores, el mismo Congreso avanzaba con una nueva versión del denominado régimen de "Inocencia Fiscal II".

"Los tipos que están organizados en bandas narcocriminales, los tipos que llevan adelante la trata de personas, los lavadores de guita, hoy festejan", afirmó.

Para Gigliani, esa situación expone una contradicción entre ambos debates: "Hace un rato estábamos haciendo una reflexión de cómo logramos que las bandas narcocriminales no recluten menores y, por otro lado, el mismo Congreso que hoy vota esta ley, vota la Inocencia Fiscal versión II para que todos estos delincuentes se hagan la fiesta y sigan creciendo y fortaleciéndose".

Finalmente, consideró que el contexto político nacional dificulta la posibilidad de abordar de manera seria la problemática. "Estamos en un momento muy complejo de la República Argentina y es muy difícil dar debates serios de esta manera", concluyó.

Volpe: recordó la frase "los narcos han ganado" y defendió las medidas de seguridad
El concejal de La Libertad Avanza, Franco Volpe, intervino brevemente y eligió otro eje. Recordó la frase del exministro de Seguridad de la Nación Aníbal Fernández, "los narcos han ganado", y cuestionó que recién ahora algunos sectores reclamaran una discusión profunda sobre la problemática de la violencia y el crimen organizado.

En sentido contrario, agradeció al Gobierno nacional por las medidas adoptadas en Rosario y sostuvo que esas políticas habían contribuido a recuperar el orden y la seguridad en la ciudad.

"No quería dejar pasar la oportunidad de agradecer al Gobierno Nacional por todas las medidas, por todas las políticas que han hecho volver el orden a Rosario, que han hecho volver la seguridad a Rosario y que hoy podamos festejar", afirmó, antes de adelantar su voto positivo.

Rey: la contradicción y el fracaso institucional
María Fernanda Rey, del Bloque Justicialista, introdujo una mirada diferente. Dijo tener una "contradicción muy grande", pero también "bronca" porque, a su entender, la discusión exponía un fracaso colectivo.

La pregunta que puso sobre la mesa fue directa: "¿Qué hace un chico de 14 años delinquiendo?"

Para Rey, si un adolescente de esa edad no está en la escuela, en un club o contenido por alguna institución, hay una falla social y estatal.

"Fracasamos como sociedad, pero también creo que ha fracasado el Estado", sostuvo.

Sin embargo, aclaró que no pretendía justificar el delito. "Si comete un delito debe pagar por lo que hizo", afirmó, incorporando expresamente la mirada de las familias de las víctimas.

Pero cuestionó que la respuesta pudiera reducirse a la cárcel. "Ahora bien, la consecuencia no puede ser solamente una celda", dijo.

Su posición terminó en una abstención. Consideró que el beneplácito no solucionaba el problema de fondo y pidió una discusión más profunda.

Schmuck responde
Después de las intervenciones opositoras, María Eugenia Schmuck volvió a tomar la palabra. Esta vez no para presentar el proyecto, sino para responder a las críticas.

Y allí apareció una de las principales tensiones de la sesión. "La discusión seria la da el debate", afirmó.

La presidenta del Concejo rechazó que un planteo sea considerado poco serio simplemente porque no coincide con una determinada posición política.

"Uno no es serio o menos serio según que no esté de acuerdo con lo que piensa el otro", sostuvo.

Schmuck reivindicó la posibilidad de utilizar un proyecto de beneplácito como disparador para discutir problemas que exceden las competencias estrictas del Concejo.

"Un beneplácito no resuelve ningún problema", reconoció utilizando palabras de María Fernanda Rey, pero agregó que puede servir como excusa para instalar una discusión sobre cuestiones centrales para Rosario.

Y lanzó una frase que sintetizó su postura: "Me parece que está bueno ponerle un poco más de seriedad a nuestra función y a nuestra responsabilidad, que es dar debates incómodos."

A partir de allí, el discurso cambió de tono. Schmuck defendió abiertamente la política de seguridad del gobierno provincial y sostuvo que existe una estrategia, planificación y decisión política.

"Hay estrategia, puede no gustarnos o no, pero hay estrategia", afirmó.

Mencionó el sistema Lince, la cárcel para presos de alto perfil, la coordinación entre los gobiernos provincial, municipal y nacional y la presencia de fuerzas federales.

También habló del Centro de Admisión y Derivación —CAD— ubicado en Ayacucho 651 y de un futuro Centro de Referencia para adolescentes.

Según explicó, esos dispositivos trabajan con equipos interdisciplinarios y con participación de Educación, Salud Mental y Niñez, dentro del paradigma de protección integral de derechos.

Schmuck también llevó la discusión hacia los mecanismos de control dentro del sistema penitenciario y puso como ejemplo el caso de un hombre condenado por un quíntuple femicidio, actualmente detenido en Piñero. Según relató, luego de que se le permitiera acceder a un teléfono en el marco de sus garantías, el detenido habría utilizado el dispositivo para comunicarse con una familiar mujer y amenazarla.

"Hay un femicida, un quíntuple femicida que está encerrado en Piñero que, cuando le dieron acceso, porque eran sus derechos de garantía, a un teléfono, ¿saben lo que hizo? Llamó a la sexta familiar mujer para decirle: 'Cuando salgo, te toca a vos'", relató.

A partir de ese episodio, cuestionó las condiciones bajo las cuales determinados detenidos acceden a dispositivos de comunicación. "No quiero que ese tipo tenga teléfono. Lo digo en serio. No quiero que tenga acceso a teléfono", afirmó, y agregó que sus contactos con el exterior deberían estar sujetos a controles estrictos: "Va a poder tener visitas absolutamente supervisadas".

El ejemplo le sirvió para volver sobre uno de los ejes de su intervención: la necesidad de discutir no solamente las normas, sino también cómo se aplican en la práctica. "Entonces, yo digo: discutamos en serio sobre los métodos, sobre los procedimientos", planteó.
El contrapunto por las estadísticas

Fue en esta segunda intervención cuando Schmuck respondió directamente a algunas de las afirmaciones de Gigliani y cuestionó que una estadística sobre delitos cometidos por adolescentes pudiera utilizarse para dimensionar por sí sola el fenómeno del reclutamiento criminal.

"¿Usted cree que los delitos que perpetran las bandas criminales que utilizan a menores son denunciados por alguien y están dentro de las estadísticas de los delitos a la propiedad privada?", preguntó. Y respondió: "No. Estamos hablando de investigación criminal, que no figura en las estadísticas".

La presidenta del Concejo sostuvo que parte de la magnitud del fenómeno se conoce a partir del trabajo territorial y no exclusivamente de las denuncias formalizadas. En ese marco, mencionó situaciones de explotación sexual y reclutamiento de menores que, según afirmó, habían sido denunciadas penalmente.

El intercambio derivó luego hacia otro indicador: las causas de muerte entre adolescentes y jóvenes. Gigliani había vinculado el debate con una discusión previa del Concejo sobre suicidio y salud mental, mientras que Schmuck sostuvo que los siniestros viales continúan siendo una de las principales causas de muerte en esos grupos etarios.

La discusión requiere, sin embargo, una precisión sobre los datos utilizados. Información oficial difundida posteriormente en el marco del programa "Rosario Habla de Suicidio" indicó que durante 2025 se registraron en toda la provincia de Santa Fe 448 suicidios, 306 muertes en siniestros viales y 210 homicidios. La tasa de suicidios fue de 12,7 casos cada 100.000 habitantes, frente a 9,8 cada 100.000 a nivel nacional. Por su parte, un informe del Ministerio Público de la Acusación contabilizó 964 muertes violentas en la provincia y señaló que los suicidios representaron el 46,5% de ese total.

Esos números no pueden trasladarse automáticamente a adolescentes y jóvenes de Rosario: corresponden al conjunto de la provincia y las estadísticas pueden abarcar poblaciones etarias diferentes. Pero sí agregan un elemento relevante al intercambio, porque muestran que las afirmaciones sobre las principales causas de muerte requieren especificar territorio, edad y período antes de establecer comparaciones.

Algo similar ocurrió al comienzo de la discusión, cuando Schmuck describió la situación de Rosario en los años anteriores como una etapa en la que la ciudad "enterraba pibes, contaba muertos" y había llegado a ser "récord Guinness en materia de violencia urbana". El debate posterior mostró que, además de discutir qué políticas aplicar, los concejales también tenían diferencias sobre qué indicadores permiten describir con mayor precisión la problemática.

Ese cruce terminó exponiendo una de las tensiones centrales de la sesión. Todos los sectores reclamaron la necesidad de un debate serio, pero justamente la utilización e interpretación de los datos se convirtió en uno de los puntos de mayor confrontación.

Fiatti: "La capacidad de reclutamiento se restringe eliminando la impunidad"
Fabrizio Fiatti, de Unidos por Rosario, llevó el debate al terreno político más explícito. A diferencia de los concejales que habían pedido evitar la grieta, sostuvo que existía una diferencia sustancial entre el oficialismo y la oposición.

Su pregunta apuntó directamente a los gobiernos anteriores: "¿Por qué no impulsaron un régimen que se hiciera cargo de este tema a lo largo de tantos años que ejercieron el gobierno nacional?"

Fiatti sostuvo que durante años existió una política que, a su criterio, evitó abordar el problema y acusó a sectores políticos, académicos e intelectuales de haber advertido el fenómeno sin actuar en consecuencia.

También cuestionó que frente a la problemática penal juvenil se respondiera únicamente con políticas educativas.

"Por supuesto que son necesarias", reconoció sobre las políticas educativas, pero agregó que las deudas pendientes no podían convertirse en una excusa para no discutir el sistema penal.

El eje de su argumento fue contundente: "La capacidad de reclutamiento se restringe, se achica, eliminando la impunidad". Para Fiatti, la nueva normativa debía ser entendida como parte de un proceso más amplio de fortalecimiento de la seguridad y de la Justicia.

Reivindicó el Código Procesal Penal Juvenil de Santa Fe y recordó que la provincia había avanzado en herramientas procesales antes incluso de contar con una legislación nacional específica.

Su argumento también se apoyó en el cambio de paradigma que implica pasar del viejo sistema tutelar a un sistema basado en un proceso penal con fiscalía y defensa, en línea con la Convención sobre los Derechos del Niño y el régimen de protección integral.

Según explicó, no se trata simplemente de detener adolescentes, sino de establecer cuándo corresponde una respuesta penal y cuándo deben intervenir mecanismos de educación, salud mental, protección y reinserción.

Martínez: del expediente al trabajo territorial
Ana Laura Martínez, del Bloque PRO, acompañó los argumentos de Fiatti y Schmuck, pero agregó un componente especialmente territorial.

Su intervención se concentró en las políticas que, según describió, se desarrollan desde las distintas secretarías municipales y provinciales.

Recordó los años de mayor violencia y afirmó que Rosario había atravesado también un abandono en materia de niñez y educación.

Su relato tomó una dimensión personal cuando recordó el trabajo territorial realizado junto a Jerónima, responsable de un centro comunitario de barrio Tablada cuyo hijo fue asesinado a los 17 años.

Martínez habló de adolescentes que no terminaban la escuela y terminaban presos o asesinados. Desde allí describió el programa Infancias Protegidas, su trabajo en barrios como Ludueña, Larrea y Empalme, y la articulación con escuelas, clubes, iglesias, organizaciones barriales y centros municipales.

Según señaló, el programa alcanza a cientos de chicos por año y se articula con los distintos Centros Cuidar. Su intervención introdujo una dimensión que atravesó buena parte del debate pero que no siempre quedó en primer plano: la prevención territorial.

"A través de la educación es donde van a tener la libertad, que es con el conocimiento", afirmó. Y cerró defendiendo la necesidad de fortalecer simultáneamente Justicia, educación, niñez y las políticas de prevención.

Pullaro defendió la nueva ley y vinculó la punibilidad con el reclutamiento narco
Damián Pullaro, de Unidos por Rosario, fue otro de los concejales que defendió explícitamente la nueva Ley Penal Juvenil. Explicó que el régimen establece un tratamiento diferenciado para delitos graves y sostuvo que la normativa era necesaria frente al uso de menores por parte de organizaciones criminales.

"Las bandas narco-criminales claramente tomaban menores entre 16 y 14 años porque eran inimputables", afirmó. Desde su perspectiva, hacer imputables a determinados adolescentes busca desalentar ese mecanismo de reclutamiento.

Pero también reivindicó las herramientas sociales y comunitarias. Mencionó clubes, vecinales, comedores, programas de capacitación laboral y oportunidades deportivas como espacios necesarios para evitar que los jóvenes queden disponibles para las organizaciones criminales.

Su intervención, sin embargo, subió el tono al cuestionar lo que denominó "garantismo bobo". En ese sentido, planteó: "Y si no, claramente digamos que estamos a favor del garantismo bobo, de que los pibes que matan no tienen que tener una condena ejemplar, que tienen que seguir siendo imputables".

Pullaro sostuvo además que, a su entender, la edad de imputabilidad debe contemplar la capacidad de comprensión del adolescente que comete un delito. "A mí me parece que la edad de imputabilidad, pensada como está, el menor que comete un delito tiene una total comprensión", afirmó.

En esa misma línea, cuestionó expresiones que, según dijo, banalizan la discusión sobre el régimen penal juvenil. "No nos estamos yendo por la rama, como ha dicho por ahí algún concejal en un encuentro que dijo que iba a terminar pibes en las cárceles de jardín de infantes", señaló.

También criticó el modo en que algunos legisladores, según su planteo, abordan la cuestión: "Y eso es lógico, pero es razonable que en momentos como este, donde chicos matan, matan, y hay legisladores que dicen 'pobres pibitos en chancleta', y eso hay que recordarlo, y es grave".

Finalmente, defendió que los adolescentes que cometen delitos graves reciban una sanción específica dentro del régimen juvenil. "Esos chicos que cometen delitos de mayores, teniendo un completo o una completa comprensión del acto criminal que están llevando adelante, tienen que tener una condena, que no es una condena de menor, que tampoco es una condena de mayor", sostuvo.

Una discusión que terminó siendo más grande que el proyecto
El texto aprobado sostiene que el Estado no puede permanecer indiferente frente a los delitos graves ni permitir que la edad de los adolescentes sea aprovechada por organizaciones criminales para procurar impunidad.

Al mismo tiempo, la declaración sostiene que la seguridad de la población y la protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes no constituyen objetivos contrapuestos, sino responsabilidades estatales que deben ser atendidas simultáneamente.

En concreto, el Concejo Municipal expresó su beneplácito por el Código Procesal Penal Juvenil de Santa Fe, al considerar que permitió la aplicación inmediata de la nueva Ley Penal Juvenil nacional y que generó con anticipación las condiciones necesarias para su implementación, además de garantizar el debido proceso, proteger los derechos de las víctimas y brindar posibilidades de educación, resocialización y reinserción social a los adolescentes involucrados.

El expediente fue aprobado por mayoría reglamentaria, con el voto negativo de Julián Ferrero, Antonio Salinas, Agustina Gareis, Norma López, Mariano Romero, María Fernanda Gigliani, María José Poncino y Leonardo Caruana. María Fernanda Rey se abstuvo.

Pero el resultado de la votación fue casi la parte menos interesante de una discusión que expuso algo bastante más profundo.

Por un lado, el oficialismo reivindicó la reducción de los homicidios y la estrategia provincial de seguridad como evidencia de una mayor capacidad de intervención estatal. Del otro, varios concejales reclamaron no confundir la disminución de los homicidios con la resolución del problema estructural de la violencia y cuestionaron que la reducción de la edad de punibilidad pueda presentarse como una solución suficiente.

En el medio apareció una coincidencia transversal: nadie defendió que un adolescente que comete un delito grave deba quedar simplemente librado a su suerte. Las diferencias estuvieron en qué debe hacer el Estado después, cuándo debe intervenir el sistema penal, cuánto peso debe tener la privación de libertad, cómo se combate el reclutamiento criminal y qué políticas sociales deben acompañar la respuesta judicial.

La propia Schmuck había pedido al comienzo que el tema se discutiera porque "hay que opinar sobre estos temas". Y luego, ya desde su banca, volvió a defender esa idea frente a sus pares: "La seriedad se la da los argumentos y las posiciones".

Esa terminó siendo, paradójicamente, la principal característica de la sesión: el beneplácito fue apenas el punto de partida. El verdadero expediente fue el debate sobre qué hizo el Estado cuando Rosario contaba muertos, qué está haciendo ahora que los números bajaron y, sobre todo, qué políticas deben sostenerse para evitar que un adolescente reclutado por una organización criminal termine convertido en una nueva víctima o en autor de nuevos hechos de violencia.

Detrás de la disputa por una ley, una estadística o una consigna política, quedó flotando una pregunta que atravesó las distintas intervenciones: cómo combinar la protección de las víctimas, la persecución del crimen organizado, una respuesta penal diferenciada y políticas capaces de prevenir el reclutamiento de adolescentes.

El beneplácito fue apenas el expediente formal. El debate real quedó abierto.

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