Brasil se prepara para elegir mucho más que un presidente. En una contienda que mantiene en vilo a toda la región, los brasileños definirán el rumbo político de la mayor economía de América Latina, una de las principales referencias continentales en su relación con Estados Unidos y el resto del mundo. De un lado, Luiz Inácio Lula da Silva busca un nuevo mandato; del otro, Flavio Bolsonaro intenta llegar por primera vez a la presidencia con el peso de un apellido que marcó profundamente la política del país durante los últimos años.
La disputa llega a sus horas decisivas con un escenario electoral extremadamente ajustado. El debate televisivo de la cadena Globo, celebrado este viernes 23 por la noche, representó una de las últimas oportunidades para que los candidatos se dirijan a millones de brasileños. Cada gesto, cada argumento y cada movimiento pueden resultar determinantes en una elección cuyo desenlace permanece abierto. Sin embargo, lo que está en juego va más allá de quién ocupará el Palacio del Planalto: también se discuten el modelo económico, la relación entre los poderes del Estado, la fortaleza de las instituciones democráticas y el papel que Brasil desempeñará en América Latina y en el tablero internacional.
Un debate que no cambió el escenario, pero favoreció a Lula
Para Caio Manhanelli, analista y consultor político brasileño con experiencia en campañas electorales y estrategia política, el debate de Globo no modificó sustancialmente la opinión pública, aunque dejó a Lula ligeramente mejor posicionado que a su adversario. El especialista advirtió, no obstante, que esa ventaja relativa no debe confundirse con una buena actuación del presidente. "Lula salió livianamente mejor que Flavio", señaló, antes de aclarar que el mandatario nunca se destacó por su desempeño en los debates electorales.
Según Manhanelli, Lula tiende a concentrarse demasiado en confrontar con su adversario, en lugar de dirigirse a los ciudadanos que siguen la discusión desde sus casas. Esta vez, sin embargo, consiguió reforzar una percepción que terminó perjudicando a Flavio Bolsonaro: la de un candidato que se contradice y modifica sus posiciones según las necesidades de la campaña. "Flavio pareció un mentiroso y Lula logró reforzar eso", resumió el consultor. A su juicio, el candidato opositor terminó desdiciendo buena parte de lo que había sostenido durante la campaña y a lo largo de los años en los que estuvo vinculado al poder.
La incidencia de los debates, explicó Manhanelli, debe entenderse a partir de la evolución que experimentó la campaña durante la segunda vuelta. El primer enfrentamiento televisivo de esa etapa se había celebrado en la cadena Bandeirantes, el domingo anterior, mientras que el de Globo constituyó el segundo y último gran debate entre los candidatos antes de la votación. Tras aquella primera instancia, las encuestas comenzaron a mostrar algunos movimientos que alteraron el panorama electoral.
Hacia el final de la semana, los sondeos registraban un aumento de los indecisos y una paridad que, en algunas mediciones, ya no se limitaba a un empate técnico, sino que alcanzaba también una igualdad numérica entre los candidatos. Al mismo tiempo, empezaba a insinuarse una curva ascendente para Lula y otra descendente para Flavio Bolsonaro. El rechazo al candidato opositor crecía, mientras que el del presidente mostraba una leve disminución.
Para el analista, esa evolución obliga a comprender la polarización brasileña más allá de la identificación de los ciudadanos con sus dirigentes. En el caso de Lula, quienes lo votan conocen su trayectoria y, de alguna manera, comprenden el legado de sus gobiernos. Incluso aquellos que sienten cierto rechazo hacia él saben quién es y qué representa políticamente. Su apoyo, por lo tanto, está relacionado con una historia política reconocible, con sus resultados, sus controversias y sus consecuencias.
El antipetismo como motor del voto a los Bolsonaro
El voto a los Bolsonaro, en cambio, responde en buena medida a una lógica diferente. Manhanelli considera que el apellido funciona como la expresión más concreta del antipetismo, es decir, del rechazo al Partido de los Trabajadores (PT), antes que como la manifestación de una adhesión política sólida a un proyecto propio. "No existe bolsonarismo", sostuvo de manera provocadora, al argumentar que una parte importante de quienes respaldan a la familia Bolsonaro lo hace, ante todo, porque la identifica como la principal alternativa al petismo.
En su interpretación, Jair Bolsonaro tampoco fue un gran presidente ni un administrador especialmente competente. Durante su gobierno, señaló, los militares ocuparon un lugar importante en la estructura de poder y en las tareas de administración. Su llegada y permanencia en el Ejecutivo dependieron, además, de una determinada configuración de fuerzas políticas que permitió sostener su gestión.
La situación de Flavio, sin embargo, presenta diferencias relevantes. Según Manhanelli, el candidato llegó a la segunda vuelta con un aislamiento político considerable, después de no haber conseguido el respaldo de otros partidos durante la primera etapa electoral, cuando se definieron las alianzas. Al mismo tiempo, su partido obtuvo una participación importante en el Congreso, con una representación que, de acuerdo con el analista, podría acercarse a una mayoría absoluta y quedar a un voto de alcanzar una mayoría calificada en el Senado.
Esa combinación plantea una paradoja. Flavio cuenta con menos apoyos políticos externos que los que necesitaría para construir una coalición amplia, pero la fuerza parlamentaria de su partido podría otorgarle una capacidad de influencia considerable. Al no estar condicionado por otros socios dentro de una alianza de gobierno, también tendría menos contrapesos internos que limitaran sus decisiones. Para Manhanelli, ese escenario hace especialmente relevante observar no solo quién gana la presidencia, sino también cómo se distribuye el poder institucional después de las elecciones.
En definitiva, la polarización brasileña no se explica únicamente por la adhesión a dos figuras políticas, sino por el rechazo que ambas despiertan. El consultor describió una sociedad dividida en la que aproximadamente la mitad de la población rechaza a los Bolsonaro y otra mitad manifiesta rechazo hacia Lula. Esa distribución, sumada a la escasa distancia entre los candidatos, vuelve difícil anticipar el resultado. "Eso lleva, de hecho, a un escenario que no nos deja margen para predecir quién podría ganar", advirtió.
En ese contexto, la capacidad de cada candidato para ampliar su base electoral depende, sobre todo, de su posibilidad de reducir el rechazo que genera. Aunque la participación, el voto evangélico, los sectores populares y el electorado de centro forman parte de las variables tradicionales de cualquier elección brasileña, Manhanelli considera que, en esta etapa final, el factor decisivo es la imagen negativa que cada aspirante proyecta sobre los votantes.
El primer debate de la segunda vuelta habría contribuido a profundizar esa dinámica. Según una de las encuestas a las que hizo referencia el analista, el rechazo a Flavio Bolsonaro superó el 50 por ciento de la población, mientras que el de Lula descendió al 47 por ciento. Se trataba de una medición particular, aclaró, y no de un consenso definitivo de todos los sondeos. Aun así, los datos ofrecían una señal sobre el movimiento de las preferencias electorales.
La expectativa estaba puesta entonces en una nueva encuesta de AtlasIntel, que utiliza una metodología propia basada en la recopilación de respuestas por internet y redes sociales. Sus resultados podían aportar nuevos elementos para evaluar la tendencia de la campaña y determinar si los movimientos detectados después del primer debate se consolidaban antes de la votación.
Para Manhanelli, el enfrentamiento de Globo también favoreció a Lula, aunque no de manera contundente. La razón vuelve a encontrarse en el peso del rechazo. Si esa variable se había convertido en el elemento central de la última etapa electoral, la impresión de que Flavio Bolsonaro faltaba a la verdad podía perjudicarlo especialmente entre los votantes que todavía no habían definido su decisión.
El consultor explicó que algunas encuestadoras monitoreaban las reacciones de la audiencia durante el debate y organizaban grupos de discusión cualitativos para recoger las impresiones de los espectadores. Los primeros análisis que circularon inmediatamente después del programa apuntaban a que la imagen de falsedad atribuida a Flavio se había reforzado. El efecto, señaló, no necesariamente se traduciría en una migración masiva de votos, pero podía ampliar el rechazo hacia el candidato y consolidar las dudas de quienes habían comenzado a reconsiderar su apoyo.
Las encuestas ya habían registrado señales de ese fenómeno. Algunos electores que podían inclinarse por Flavio habrían dejado de respaldarlo después de su desempeño en el primer debate. También había crecido el número de indecisos, que rondaba el diez por ciento en las mediciones mencionadas por el analista. En una contienda tan estrecha, esos movimientos adquieren una importancia particular: no hace falta que un debate transforme las preferencias de millones de personas para que termine teniendo consecuencias electorales.
Las contradicciones de Flavio y el peso del apellido Bolsonaro
La candidatura de Flavio no solo busca disputar la presidencia a Lula, sino también prolongar la influencia política de su padre. Sin embargo, su relación con ese legado no fue constante a lo largo de la campaña. Manhanelli describió una estrategia oscilante, en la que el candidato alternó entre intentar diferenciarse de Jair Bolsonaro y reivindicar abiertamente su pertenencia a la familia.
En un primer momento, Flavio pareció preocupado por las consecuencias negativas de la gestión de su padre. La intención, explicó el consultor, era proyectar una imagen más moderada y presentar al candidato como alguien distinto, capaz de superar los aspectos más controvertidos del gobierno anterior. En esa línea, Flavio llegó a insistir en que no era igual a Jair. Incluso durante el primer debate intentó remarcar su identidad individual frente a Lula, subrayando que quien estaba en la contienda era él y no su padre.
Pero esa diferenciación convivió con mensajes de signo contrario. En otros momentos de la campaña, Flavio reivindicó su herencia familiar y apeló a la idea de que llevaba la sangre Bolsonaro. También llegó a presentarse como una extensión del gobierno de Jair o como una continuidad de aquel proyecto político. La contradicción quedó nuevamente expuesta en el debate de Globo, donde comenzó a defender con mayor énfasis la gestión de su padre.
Para Manhanelli, ese giro tiene una explicación electoral. Lula dispone de numerosos argumentos para cuestionar el gobierno de Jair Bolsonaro, y uno de los más sensibles es su actuación durante la pandemia de COVID-19. El analista calificó aquella gestión como una de las más graves por sus consecuencias humanas y recordó la estrategia de apostar a la llamada inmunidad de rebaño mediante la circulación del virus en la población, en lugar de priorizar una respuesta centrada en la prevención y la vacunación.
Según su descripción, la idea consistía en permitir que una parte extensa de la población se contagiara para que, eventualmente, desarrollara inmunidad. Sin embargo, esa estrategia implicaba un costo humano enorme. Aunque la enfermedad no presentara una letalidad elevada en todos los grupos, su propagación masiva podía provocar un número muy alto de muertes. La discusión sobre la respuesta sanitaria del gobierno anterior, por eso, continúa siendo uno de los flancos más vulnerables para la familia Bolsonaro.
Al reivindicar a su padre, Flavio quedó expuesto a los cuestionamientos de Lula sobre las decisiones y responsabilidades de aquella administración. Pero el presidente no se limitó a discutir las políticas generales del gobierno. También intentó mostrar que Flavio había tenido una participación activa en su funcionamiento y que no podía presentarse simplemente como un heredero ajeno a las decisiones de Jair.
Durante el debate, Lula le recordó, según relató Manhanelli, que había indicado o impulsado a determinadas personas para ocupar posiciones vinculadas al poder y lo interpeló por esas decisiones. Flavio respondió desviando la discusión hacia otros asuntos, pero Lula insistió en volver sobre los mismos puntos. Esa secuencia, a juicio del consultor, permitió al presidente convertir una acusación general en una serie de cuestionamientos concretos sobre la actuación política de su adversario.
La diferencia entre ambos quedó especialmente marcada en ese intercambio. Lula consiguió señalar acciones específicas que atribuía a Flavio, mientras que el candidato opositor, según Manhanelli, respondió de manera simplista y demasiado amplia, sin lograr precisar con claridad en qué consistían sus ataques contra el presidente. Esa dificultad para sostener una confrontación concreta contribuyó a reforzar la impresión de que Flavio no conseguía defender de forma consistente su propia trayectoria ni la del gobierno que pretendía reivindicar.
La estrategia de Lula en el debate de Globo, a juicio del analista, terminó cumpliendo su objetivo central: dejar a Flavio Bolsonaro en una posición incómoda y reforzar ante los votantes la imagen de un candidato poco confiable. Sin embargo, el analista insistió en que esa ventaja no convertía al presidente en un gran debatidor. Lula, explicó, sigue teniendo dificultades para hablarle directamente a la ciudadanía y suele concentrarse demasiado en la confrontación con su adversario. Flavio, en cambio, sí consigue conectar con el público, pero su imagen quedó debilitada por las contradicciones que exhibió durante la campaña y, especialmente, por su comportamiento oscilante frente al legado de su padre.
Para Manhanelli, esa indefinición puede tener consecuencias electorales profundas. Flavio parece querer ser Jair Bolsonaro, pero en una versión más moderada; intenta conservar la identidad política de su padre sin cargar con todos los aspectos negativos de su gobierno. Al mismo tiempo, evita romper definitivamente con ese legado, porque es precisamente allí donde encuentra buena parte de su respaldo. "La gente no quiere a alguien que no sabe para dónde va", advirtió el consultor. En elecciones anteriores, recordó, ese tipo de ambigüedad ya demostró ser capaz de perjudicar a un candidato: los votantes esperan que quien aspire a gobernar transmita seguridad, convicción y una idea clara de lo que pretende hacer.
Las controversias que debilitaron al candidato opositor
En la evaluación del debate también apareció la controversia alrededor de Alfredo Gaspar, candidato a vicepresidente de Flavio Bolsonaro, a quien se había acusado de un presunto delito sexual contra una menor de trece años ocurrido ocho años atrás. Manhanelli consideró que ese episodio no tuvo un peso decisivo en la discusión electoral, dado que las pruebas circunstanciales no habrían sido suficientes para que la acusación avanzara judicialmente. La existencia de la denuncia, explicó, no se había traducido en elementos que permitieran llevarla adelante en la Justicia.
A juicio del analista, el asunto que verdaderamente comprometió a Flavio fue otro: su posición frente al asesinato de Ana Clara, una niña de cinco años que murió por un disparo de fusil efectuado por un policía frente a su casa. Cuando ocurrió el hecho, Flavio ya era senador y decidió asumir gratuitamente la defensa legal del agente involucrado. La madre de la niña, que había perdido a su hija por un disparo de un arma calibre .22, se encontraba presente entre el público durante el debate de Globo.
Lula aprovechó esa circunstancia para cuestionar a su adversario, particularmente cuando Flavio intentó introducir la seguridad pública como uno de los ejes de la discusión. La contradicción entre su discurso sobre el orden y su decisión de defender al policía señalado por la muerte de la niña se convirtió, según Manhanelli, en un punto vulnerable para el candidato opositor. El presidente consiguió llevar el debate desde las afirmaciones generales sobre la inseguridad hacia un caso concreto, con una víctima identificable y una madre que seguía reclamando justicia.
La controversia puso de manifiesto, además, una de las dificultades de Flavio durante la campaña: sostener una posición coherente cuando sus propias decisiones políticas entran en conflicto con los argumentos que utiliza para cuestionar a su adversario. En un escenario donde la imagen de confiabilidad resulta determinante, ese tipo de contradicciones puede pesar tanto como las propuestas económicas o los compromisos de gobierno.
El Congreso y la Corte Suprema: qué está en juego para las instituciones
La disputa brasileña no puede reducirse a una alternancia entre partidos ni a una confrontación personal entre dos dirigentes. Para Manhanelli, lo que está en juego es también la posibilidad de que el país adopte modelos de desarrollo y de inserción internacional muy diferentes, en un contexto en el que el equilibrio entre los poderes del Estado podría resultar determinante.
El consultor señaló que el partido de Flavio cuenta con una bancada numerosa y que, mediante acuerdos políticos, podría alcanzar mayorías en ambas cámaras del Congreso: el Senado y la Cámara de Diputados. También recordó que el candidato había amenazado con modificar la Constitución. A esa capacidad legislativa se sumaría una oportunidad decisiva para influir en la composición de la Corte Suprema, ya que tres de sus integrantes alcanzarían la edad límite de 75 años durante el próximo mandato presidencial y deberían retirarse obligatoriamente.
Para Manhanelli, la combinación de poder legislativo y capacidad de influir sobre el máximo tribunal podría reducir de manera significativa los contrapesos institucionales. En su análisis, una presidencia de Flavio tendría la posibilidad de impulsar cambios de gran alcance con menos obstáculos que los que enfrentaría Lula. El riesgo, explicó, consiste en que las instituciones que deberían limitar al Ejecutivo pierdan parte de su capacidad de intervención y control.
En el caso de una victoria de Lula, la situación sería distinta. El presidente tendría que gobernar con un Congreso desplazado hacia la derecha, lo que limitaría su margen de acción y lo obligaría a negociar. Esa restricción, aunque representa una dificultad política, podría contribuir a mantener cierto equilibrio entre el Ejecutivo, el Poder Judicial y el Legislativo. Para el analista, preservar ese equilibrio sería fundamental para evitar que Brasil perdiera buena parte de sus mecanismos de protección social y de las garantías que sostienen la estabilidad económica y la confianza de los mercados.
Esa percepción ayuda a explicar un fenómeno que el analista consideró especialmente significativo: la aparición de sectores de la derecha que se oponen a Flavio Bolsonaro y manifiestan su respaldo a Lula, o al menos denuncian los riesgos que atribuyen a una eventual presidencia del candidato opositor. Manhanelli mencionó un movimiento denominado "22 líderes de derecha en contra de Flavio", integrado por dirigentes que cuestionan su candidatura. Aunque no necesariamente se trata de un respaldo directo y uniforme al presidente, ese posicionamiento contribuye a erosionar la imagen de Flavio y a introducir fisuras en el campo político que tradicionalmente se opone al PT.
La situación es diferente entre quienes votan a Bolsonaro. Según Manhanelli, una parte importante de ese electorado busca un cambio político, pero no necesariamente comprende las consecuencias económicas, institucionales e internacionales que podría tener un gobierno de esas características. El rechazo al PT funciona como principal motor de la decisión, sin que exista siempre una reflexión profunda sobre el rumbo que adoptaría el país.
Brasil y América Latina: soberanía, recursos estratégicos y política exterior
El consultor puso especial énfasis en los riesgos de una política exterior subordinada a los intereses de Estados Unidos. A su entender, una presidencia de Flavio podría profundizar una relación de dependencia que afectaría la capacidad de Brasil para defender sus propios intereses. Esa orientación, que describió como una forma de entreguismo, podría traducirse en una apertura política y económica excesiva hacia Washington y terminar perjudicando al propio país.
Quienes respaldan a Lula, en cambio, tendrían una percepción más clara de lo que consideran que está en juego. Manhanelli sostuvo que una parte de ese electorado comprende el peligro de que Flavio llegue al poder con una estructura parlamentaria favorable y una capacidad de transformación institucional considerable. La disputa, por lo tanto, no se limita a las políticas que un presidente podría implementar, sino que incluye la posibilidad de modificar las reglas y los equilibrios que condicionan el ejercicio del poder.
La dimensión internacional de la elección se vuelve todavía más importante cuando se consideran los recursos estratégicos de Brasil. Manhanelli mencionó las tierras raras, el petróleo y las relaciones con los países vecinos, además de los vínculos comerciales con las naciones que tienen a Brasil como uno de sus principales socios. Un cambio profundo en la orientación exterior del país podría alterar no solo su propio desarrollo, sino también el equilibrio económico y político de la región.
En ese sentido, Lula representaría, según el consultor, la posibilidad de mantener una política internacional con mayor autonomía y de continuar buscando un equilibrio entre China y Estados Unidos. Brasil podría seguir actuando como un interlocutor relevante en el escenario mundial, sin quedar completamente alineado con una de las dos potencias. Una eventual presidencia de Flavio, por el contrario, despertaría temores sobre una subordinación más marcada a los intereses estadounidenses y sobre sus consecuencias para la soberanía económica brasileña.
La discusión llevó a plantear una preocupación compartida en otros países de la región. Una columna publicada en el diario español El País, firmada por los economistas Joseph Stiglitz y Laura Carvalho, advertía que una victoria de Bolsonaro podría provocar un aumento del desempleo, una desaceleración del crecimiento, un incremento de la pobreza y un deterioro de las condiciones de vida de la clase media. La pregunta remitía también a la experiencia argentina, donde los efectos de determinadas políticas económicas habían alimentado debates similares.
Manhanelli coincidió en que la cuestión debía analizarse dentro de una dinámica más amplia que afecta a América del Sur. Mencionó las dificultades económicas que, a su juicio, acompañan a los gobiernos de extrema derecha de la región, incluida Argentina y Chile, y señaló que incluso algunos gobiernos de derecha europeos estaban intentando tomar distancia, al menos discursivamente, de Donald Trump. Según indicó, las cadenas DW y la BBC ya había abordado ese fenómeno en un análisis sobre las tensiones entre esos sectores políticos y el dirigente estadounidense.
Para el consultor, detrás de esas discusiones aparece una división estructural entre el Norte y el Sur global. América del Sur ha funcionado históricamente como un mercado auxiliar de las economías más poderosas, una posición que limita su capacidad para definir de manera autónoma sus prioridades productivas y comerciales. Desde esa perspectiva, la orientación política de Brasil resulta determinante, porque su peso económico le permite influir sobre las posibilidades de desarrollo del conjunto regional.
La experiencia reciente del propio país ofrece, según Manhanelli, un antecedente significativo. Durante el gobierno de Jair Bolsonaro, Brasil volvió a aparecer en el mapa mundial del hambre. Con el regreso de Lula al poder, el país consiguió revertir parte de esa situación en menos de dos años, según la evaluación del analista, y logró que sectores de la población abandonaran las condiciones de extrema pobreza y recuperaran un nivel mínimo de seguridad alimentaria. Esa evolución permitió mejorar los indicadores y alejar al país de la franja de hambre señalada por los organismos internacionales.
Sin embargo, los avances sociales no se tradujeron automáticamente en un respaldo político uniforme al PT. Manhanelli consideró que una parte importante de la clase media mantiene desde hace años un fuerte resentimiento hacia el partido y sus gobiernos. Ese malestar constituye uno de los principales obstáculos para Lula y ayuda a explicar por qué algunos sectores que habían respaldado al presidente en elecciones anteriores comenzaron a inclinarse por otras opciones.
El interior brasileño y el desgaste electoral de Lula
Los datos de la primera vuelta, según explicó Manhanelli, mostraron un cambio especialmente importante en el interior del país. Un análisis electoral había identificado 711 ciudades en las que Lula había ganado en 2022, pero perdió en 2026. De ese conjunto, solo catorce eran ciudades urbanas; las más de seiscientas restantes, alrededor de 680, eran localidades pequeñas y medianas cuya economía depende en gran medida del agronegocio.
La distribución territorial de esos cambios resulta clave para comprender el comportamiento electoral. No se trata únicamente de un desplazamiento ideológico generalizado, sino de un fenómeno vinculado a las condiciones económicas de regiones concretas y a las preocupaciones de quienes viven de la producción agropecuaria. Los pequeños y medianos agricultores, así como los habitantes de localidades cuya actividad comercial depende del dinero que circula en el campo, forman parte de un electorado que puede modificar el resultado nacional.
Flavio Bolsonaro intentó aprovechar ese descontento durante el debate, mientras Lula procuró defenderse de las críticas. Para Manhanelli, ese intercambio dejó al descubierto uno de los problemas centrales de la campaña del presidente: la dificultad de explicar qué hará en el futuro mientras dedica buena parte de su tiempo a defender lo que ya hizo desde el gobierno.
Como mandatario en ejercicio, Lula tiende a presentar los resultados de su gestión y a enumerar sus logros. Pero una parte de los votantes espera algo diferente: propuestas concretas para responder a las dificultades actuales. Esa distancia entre la defensa del pasado y las expectativas sobre el futuro podría explicar por qué algunos electores cambiaron su voto, incluso después de haber apoyado al presidente en la elección anterior.
El analista considera que buena parte de ese desplazamiento se concentra en el interior, entre personas vinculadas directa o indirectamente al agronegocio. Allí conviven pequeños y medianos productores rurales con habitantes de ciudades cuya economía depende de la actividad agropecuaria. Cuando el campo atraviesa dificultades, las consecuencias no quedan limitadas a las explotaciones agrícolas: se extienden al comercio, los servicios y el conjunto de la economía local.
Uno de los principales problemas, según Manhanelli, es la elevada tasa de interés de referencia de Brasil, conocida como SELIC. Su nivel encarece el financiamiento y dificulta el pago de las deudas de los productores rurales. Para quienes necesitan crédito para sostener la producción, comprar insumos o financiar sus actividades, el costo del dinero puede convertirse en una carga determinante.
El consultor consideró que esa situación tiene consecuencias que van mucho más allá de las decisiones de consumo de los hogares, como la compra de un televisor para el Mundial. El problema de fondo afecta a la capacidad de producir alimentos, mantener la actividad agrícola y sostener las economías locales que dependen de ella. La combinación de crédito caro, endeudamiento y dificultades productivas contribuye a alimentar el malestar de sectores que, en otras circunstancias, podrían haber seguido respaldando a Lula.
A ese fenómeno se suma el resentimiento de una parte de la clase media urbana hacia el PT. El resultado es una coalición electoral que se ha debilitado en algunos de los territorios donde el presidente había conseguido imponerse en 2022. Para Manhanelli, el cambio más importante entre aquella elección y la de 2026 es precisamente la pérdida de apoyo en la franja rural que había acompañado a Lula y que ahora parece inclinarse hacia otras alternativas.
La recuperación de esos votos se convirtió, por lo tanto, en una de las tareas centrales del tramo final de la campaña. El analista señaló que se había trabajado para intentar reconquistar a ese electorado, aunque el resultado de ese esfuerzo seguía siendo incierto. La evolución de las preferencias en las pequeñas y medianas ciudades podía terminar siendo tan relevante como el desempeño de los candidatos en los grandes centros urbanos.
Una elección que excede a sus candidatos
En una elección de márgenes estrechos, el resultado puede depender menos de la capacidad de los candidatos para conquistar nuevas adhesiones que de su habilidad para no perder las que ya tienen. El debate de Globo no parece haber alterado por sí solo el escenario, pero, según la lectura de Manhanelli, sí pudo consolidar una tendencia desfavorable para Flavio y ofrecer a Lula una ventaja relativa en el tramo final.
La incertidumbre, sin embargo, permanece. Con una sociedad dividida, un porcentaje significativo de indecisos y un sistema político en el que la distribución del poder legislativo puede resultar tan importante como la victoria presidencial, Brasil se encamina a una decisión que excede ampliamente la disputa entre dos nombres. Lo que se definirá en las urnas será también el alcance del antipetismo, la capacidad de la familia Bolsonaro para sostener su influencia y el margen de maniobra del próximo gobierno frente a un país profundamente polarizado.
Al concluir la conversación, el consultor expresó su deseo de que la jornada electoral concluyera de la mejor manera posible para todos los países involucrados en sus consecuencias. Su preocupación final, sin embargo, fue más allá del resultado inmediato: lamentó que las instituciones no estuvieran tan protegidas como esperaba.
Esa inquietud resume buena parte de su lectura de la elección brasileña. La contienda no solo enfrenta a dos liderazgos y a dos identidades políticas irreconciliables; también pone a prueba la solidez de las instituciones, la autonomía internacional del país, la continuidad de las políticas sociales y la capacidad del sistema democrático para preservar sus propios contrapesos.
En una región marcada por la polarización y las dificultades económicas, Brasil ocupa una posición demasiado importante como para que sus decisiones queden circunscritas a sus fronteras. La orientación de su próximo gobierno tendrá consecuencias sobre el comercio regional, el equilibrio entre las grandes potencias y las condiciones de vida de millones de personas. Por eso, para Manhanelli, la incertidumbre de la elección no representa solamente una incógnita electoral: expresa también la preocupación por el futuro de un país cuyo rumbo puede modificar el de toda América Latina.
Foto: Agencia AFP
Escuchá la entrevista completa:
