Se han extendido en el periódico las imágenes que no son obra de reporteros gráficos que trabajen bajo los principios éticos del periodismo
Por: Soledad Alcaide, Defensora del Lector
Cada vez se publican más fotos en El País que no han sido tomadas por fotógrafos que trabajen bajo los principios del periodismo. Al principio eran imágenes imposibles de conseguir de otro modo, como en aquellos sucesos donde solo existen las captadas por testigos con el móvil. Sin embargo, poco a poco, el periódico ha aceptado que empresas, marcas, partidos políticos, artistas e instituciones cuelen sus instantáneas, en las que el control de su imagen prevalece sobre la información. Las expresiones que se escriben en los pies de foto para estos casos, como pool, foto cedida, por cortesía, "en una imagen de...", son eufemismos que ocultan que ningún fotógrafo del periódico (o de una agencia de noticias) fue al lugar de los hechos o, aún peor, que no se le permitió hacer su trabajo.
El redactor jefe de Fotografía, Moeh Atitar, afirma que esta última es una situación cada vez más frecuente: "No es que no queramos o no podamos ir, que también sucede; es que no tenemos la opción de estar". Un ejemplo reciente ha sido el concierto de Radiohead del 4 de noviembre en Madrid, una rara vez en la que se detalló lo ocurrido en el pie de foto de la crónica: "Thom Yorke (...), en una imagen proporcionada por el grupo, ya que no dejó entrar a fotógrafos de medios".
Como lo habitual es que no se indique nada, este pequeño glosario ayudará al lector a discernir qué tipo de foto tiene delante:
Imagen difundida por. La foto de la noticia en la que se informó el lunes de que el fondo de inversión estadounidense Apollo ha comprado una participación mayoritaria del Atlético de Madrid retrata a Miguel Ángel Marín, Enrique Cerezo y Robert Giovone, socio del fondo. El pie de foto indica: "En una imagen difundida por el Atlético tras el acuerdo". No se trata de una fotografía periodística, sino promocional, hecha por el club de fútbol sin más testigos. En casos similares también se usan las fórmulas "foto cedida", "una imagen de", o "difundida por", y es raro que figure el autor.
Pool. El juicio al fiscal general del Estado en el Tribunal Supremo ha sido otra muestra de un espacio inaccesible al fotoperiodismo, mientras un enjambre de fotógrafos trabajaba cada día en el exterior del edificio. Salvo en la primera jornada, el día 3 de noviembre, en la que el tribunal dio entrada a un reportero gráfico de la agencia Efe, la Sala de lo Penal ha estado vedada. La jefa de prensa del tribunal explica que han acreditado a 27 periódicos y siete agencias y, por razones de espacio, no se puede permitir la entrada a todos sus fotógrafos. En todos los juicios de España, recalca, las cámaras solo acceden el primer día, porque estos deben ser "públicos, pero no publicitados".
Por eso, las únicas imágenes del primer fiscal general del Estado en el banquillo del Supremo son capturas de pantalla de la señal institucional de vídeo, que usaron los redactores de tribunales para seguir las sesiones. Tenían muy baja calidad, que se ha sufrido especialmente en la edición impresa. No habrá, por tanto, fotografías en la hemeroteca que en el futuro puedan emplearse como documento histórico.
En el papel, se ha dado una sola foto de Álvaro García Ortiz en el primer día del juicio, publicada el día 4. La firma corresponde a J. J. Guillén, de la agencia Efe, y, a continuación, entre paréntesis, se añadió la palabra pool. No solo resulta un término críptico para los lectores, quienes me han transmitido su confusión, sino que estrictamente no debe aplicarse a esta situación.
En la definición del manual de la Escuela de Periodismo de Columbia, News Reporting and Writing (1977), del profesor Melvin Mencher, un pool es un pacto entre los fotógrafos o reporteros que cubren una noticia, que eligen de entre ellos un número limitado de profesionales para entrar al acto y luego comparten el material resultante.
En el juicio del fiscal general no hubo ningún acuerdo entre los medios, sino que fue el Supremo el que designó a Efe, como se ha hecho durante décadas, según su jefa de prensa. Es lo mismo que hacen otras instituciones como la Casa del Rey o el Gobierno. Por ejemplo, cuando Pedro Sánchez se reunió en enero con Volodímir Zelenski en el foro de Davos (Suiza), un fotógrafo de La Moncloa tomó la instantánea y luego se distribuyó con el crédito de pool.
Lo que debería ser un acuerdo entre los profesionales se convierte en esos casos en una imposición. Esto limita el derecho a la información, ya que solo permite un punto de vista periodístico. Por eso, ni siquiera debería llamarse pool.
Cortesía. El crédito en una foto "por cortesía de" es otro eufemismo para las imágenes promocionales. En la reseña de un mini calefactor de bajo consumo publicada este miércoles en Escaparate, el pie de foto indica "por cortesía de Amazon". La expresión resulta desafortunada porque sugiere que la marca ha tenido un detalle, cuando la imagen tiene una clara función publicitaria.
Conclusión. Las fotos cumplen un papel informativo y, casi siempre, se convierten en la prueba documental que da fe de los hechos, como ha ocurrido con los miles de imágenes de cómo Israel arrasaba Gaza. Cuando el Libro de Estilo señala que El País debe esforzarse "por presentar diariamente una información veraz, lo más completa posible, interesante, actual y de alta calidad" también incluye la fotografía. Pero admitir fotos de fuentes con tanta frecuencia baja ese listón.
Sería inadmisible que el periódico renunciara a defender el derecho a la información. Por eso, resulta imprescindible denunciar públicamente cada vez que se obstaculiza el fotoperiodismo, como ocurrió con Radiohead. Para ello, hace falta una revisión profunda de cómo se acreditan las imágenes: aclarar su origen, unificar criterios y eliminar eufemismos que confunden. Al poner en valor la labor de los fotoperiodistas, ayudaremos a los lectores a diferenciar un trabajo periodístico de la propaganda.
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domingo, 16 de noviembre de 2025
domingo, 24 de agosto de 2025
Solo hay buen o mal periodismo. La Inteligencia artificial no cambia eso
Por: Julio Petrarca, Defensor de los lectores de Diario Perfil
Complemento. La IA aporta a este oficio instrumentos complementarios y nuevos desafíos
Con cada nuevo descubrimiento, invento o desarrollo de sistemas vinculados a la comunicación, hay opiniones extremas que dictan una sentencia de muerte para el periodismo o alguna de las actividades vinculadas con él. Por no ir muy lejos en el tiempo, recordemos lo que sucedió con la aparición de la radio, de la televisión, de internet, de las redes sociales. Una y otra vez se dijo que esas novedades pondrían fin a la prensa gráfica, a la radio, a la TV. No sucedió: hubo cambios de conductas en las audiencias y se perdieron niveles de tiraje, de rating, de atención. Pero el buen periodismo no muere porque lleva en su esencia conceptos éticos que respaldan su vigencia, sea cual fuere el mecanismo empleado.
Solo se trata de buen o mal periodismo. Las audiencias pueden mutar, pero no desaparecen. Y, tarde o temprano, se quedan con medios y profesionales que cumplen con los preceptos básicos: credibilidad, búsqueda de la verdad, exposición de la noticia sin subordinación a intereses no periodísticos.
Esto incluye, por estos días, la inteligencia artificial (IA), cuya potencia amenaza la propia existencia de actividades varias de la vida cotidiana. Uno de los trabajos que –según algunos analistas– quedarán en el olvido por la IA es, justamente, el periodismo. ¿Será así?
Recurrí a la IA en busca de respuestas. Y las obtuve: "La inteligencia artificial está teniendo un impacto significativo en el periodismo, tanto en la eficiencia de la producción de noticias como en la forma en que se consumen. La IA puede automatizar tareas repetitivas, analizar grandes cantidades de datos y personalizar el contenido, lo que a su vez presenta desafíos éticos y la necesidad de adaptar el rol del periodista". Tras esta introducción, la respuesta de IA enumera ítems del impacto en la producción de noticias: "Automatización de tareas como la transcripción de entrevistas, la redacción de resúmenes, la generación de informes básicos y la búsqueda de información, liberando a los periodistas para tareas más complejas y creativas; herramientas de IA pueden analizar grandes volúmenes de datos, identificar patrones y tendencias y ayudar a los periodistas a descubrir historias y realizar investigaciones más profundas; puede personalizar la experiencia del usuario al mostrar noticias y contenido relevante según sus intereses y preferencias, aumentando el compromiso del lector; puede facilitar la creación de nuevos formatos informativos, como periodismo inmersivo con realidad virtual y aumentada, o la generación de contenido multimedia a partir de texto".
Y qué desafíos propone en relación con posturas y acciones no instrumentales: "Plantea desafíos éticos relacionados con la privacidad, la desinformación, el sesgo algorítmico y la responsabilidad en la producción de noticias; la IA no reemplazará al periodista, pero transformará su rol, requiriendo que los periodistas desarrollen nuevas habilidades y se adapten a un entorno mediático cambiante; a pesar de la automatización, la verificación humana y el criterio periodístico siguen siendo cruciales para garantizar la calidad y la credibilidad de la información; la IA puede aumentar la productividad de los periodistas, permitiéndoles enfocarse en tareas que requieren investigación, análisis y creatividad; la IA puede llevar a nuevas formas de consumo de noticias, como la personalización de contenido y la creación de experiencias inmersivas".
La respuesta a mi interrogante formulado a IA ofrece una conclusión: "La inteligencia artificial está transformando el periodismo, ofreciendo tanto oportunidades para mejorar la eficiencia y la calidad de la información como desafíos éticos y la necesidad de adaptarse a un nuevo entorno mediático".
En mayo de este año, la Unesco resumió lo debatido en un panel internacional sobre cómo los medios están cubriendo y utilizando la IA en América Latina. Al cierre, Rosa González, consejera regional de Comunicación e Información en América Latina y el Caribe, concluyó: "Este panel es una muestra del interés en la región por construir una gobernanza democrática de la IA, que respete los derechos humanos, promueva la transparencia y coloque al periodismo en el centro de las soluciones frente a la desinformación".
Foto: Agencia AFP
Fuente: Diario Perfil
domingo, 8 de junio de 2025
Alerta: hay brutos ejerciendo como que hacen periodismo
Por: Julio Petrarca, Defensor de los lectores de Diario Perfil
Como ya la he empleado en columnas previas, recurro hoy a la Real Academia Española. Define así la palabra “bruto” (del latín brutus), en sus diversas acepciones: 1. Necio, incapaz (sinónimos: ignorante, inculto, analfabeto, necio, torpe, obtuso, zopenco). 2. Vicioso, torpe, excesivamente desarreglado en sus costumbres. 3. Violento, rudo, carente de miramiento y civilidad (sinónimos: ordinario, tosco, bestia, salvaje, bárbaro, zafio, brutal).
Aplicando segundos apenas en revisar estas definiciones, es posible caracterizar de esta manera al Gobierno, a sus componentes (desde la cabeza a los pies) y a quienes ejercen conductas afines a tales adjetivos.
Es de necios, tal vez incapaces, torpes, violentos, carentes de miramiento y civilidad, sostener acciones de gobierno que niegan a médicos y asistentes de su tarea un salario que les permita vivir decentemente, como está sucediendo con quienes salvan la vida a niños desde la cuna hasta la adolescencia en el Hospital Garrahan; les cabe también tal caracterización a quienes desprecian los reclamos de jubilados que no llegan a mediados de mes, de padres y madres de niños con variantes del espectro autista y a tantas otras minorías marginadas.La lista de los afectados por las políticas vigentes es ya casi interminable. La lista de las mentiras, eufemismos y ocultamientos surgidos del poder, también.
Ah, perdón, lectores de Perfil: debo dedicar el texto a escribir sobre periodismo, en particular sobre este diario. Más aún cuando ayer fue el Día del Periodista, dedicado a homenajear y celebrar el ejercicio de esta magnífica profesión, barrera natural contra los excesos de quienes ejercen el poder.
Hablemos, entonces, de periodismo, actividad noble cuando se la ejerce con valentía, ética y pasión. ¿Son los periodistas, todos, merecedores de elogios y de festejar el Día del Periodista? No todos. En estos tiempos en los que se mezcla la palabra libertad con la palabra brutalidad, este ombudsman quiere identificar a ciertos amanuenses del poder, subordinados a lo que el Presidente y sus seguidores (en el Gobierno o en las redes sociales) transforman de falsedades a verdades reveladas por una misteriosa fuerza superior, del cielo o de donde fuere.
Son brutos, sí. Y esa brutalidad ejercida en medios alguna vez prestigiosos y hoy cuestionables propone dar por ciertas afirmaciones del Gobierno pese a la información cierta que debiera ser la materia prima de su tarea. Son torpes, necios, violentos muchas veces. Son entrevistadores sin repreguntas, periodistas a medias (o menos), cómplices.
En una disertación que ofreció en octubre de 1966 en Los Ángeles, Gabriel García Márquez dijo, entre muchas otras cosas, que “el periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir solo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”.
Hay que ser bruto de toda brutalidad para no entender y compartir estas simples definiciones. Parece difícil lograr que los que sirven de partenaires seudoperiodísticos de Javier Milei y sus subordinados entiendan la esencia de esta profesión. Es triste.
Obedientes. Son necios, incapaces, torpes, obtusos, toscos y hasta violentos. No ejercen este oficio
Aplicando segundos apenas en revisar estas definiciones, es posible caracterizar de esta manera al Gobierno, a sus componentes (desde la cabeza a los pies) y a quienes ejercen conductas afines a tales adjetivos.
Es de necios, tal vez incapaces, torpes, violentos, carentes de miramiento y civilidad, sostener acciones de gobierno que niegan a médicos y asistentes de su tarea un salario que les permita vivir decentemente, como está sucediendo con quienes salvan la vida a niños desde la cuna hasta la adolescencia en el Hospital Garrahan; les cabe también tal caracterización a quienes desprecian los reclamos de jubilados que no llegan a mediados de mes, de padres y madres de niños con variantes del espectro autista y a tantas otras minorías marginadas.La lista de los afectados por las políticas vigentes es ya casi interminable. La lista de las mentiras, eufemismos y ocultamientos surgidos del poder, también.
Ah, perdón, lectores de Perfil: debo dedicar el texto a escribir sobre periodismo, en particular sobre este diario. Más aún cuando ayer fue el Día del Periodista, dedicado a homenajear y celebrar el ejercicio de esta magnífica profesión, barrera natural contra los excesos de quienes ejercen el poder.
Hablemos, entonces, de periodismo, actividad noble cuando se la ejerce con valentía, ética y pasión. ¿Son los periodistas, todos, merecedores de elogios y de festejar el Día del Periodista? No todos. En estos tiempos en los que se mezcla la palabra libertad con la palabra brutalidad, este ombudsman quiere identificar a ciertos amanuenses del poder, subordinados a lo que el Presidente y sus seguidores (en el Gobierno o en las redes sociales) transforman de falsedades a verdades reveladas por una misteriosa fuerza superior, del cielo o de donde fuere.
Son brutos, sí. Y esa brutalidad ejercida en medios alguna vez prestigiosos y hoy cuestionables propone dar por ciertas afirmaciones del Gobierno pese a la información cierta que debiera ser la materia prima de su tarea. Son torpes, necios, violentos muchas veces. Son entrevistadores sin repreguntas, periodistas a medias (o menos), cómplices.
En una disertación que ofreció en octubre de 1966 en Los Ángeles, Gabriel García Márquez dijo, entre muchas otras cosas, que “el periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir solo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”.
Hay que ser bruto de toda brutalidad para no entender y compartir estas simples definiciones. Parece difícil lograr que los que sirven de partenaires seudoperiodísticos de Javier Milei y sus subordinados entiendan la esencia de esta profesión. Es triste.
domingo, 18 de mayo de 2025
Infamia de un vocero oficioso y el periodismo, según Pepe Mujica
Relación. José Mujica convocaba a la prensa en cada acción oficial o política relevante
Aunque se trate de un personaje que nada tiene que ver con la profesión de periodista (aunque simula –con sus frecuentes apariciones mediáticas– ejercer este maravilloso oficio, como lo definió con certeza Gabriel García Márquez), Daniel Parisini calza a la perfección en la mayoría de las variantes con las que la Real Academia Española define a una persona como infame. En su primera acepción, adjudica este adjetivo a un ser que carece de honra, crédito y estimación, sinónimo de indigno, innoble, bajo, despreciable; en la segunda, lo identifica como "muy malo y vil en su especie", enumerando algunos sinónimos que lo identifican: malvado, perverso, abyecto, depravado, vil, ruin, miserable, inicuo.
Se hace llamar Gordo Dan y es uno de los voceros oficiosos e interlocutor habitual del presidente Javier Milei. Sólo un infame como él pudo haber definido como "uno menos" al expresidente de Uruguay muerto el martes 13. No se le pide luto a un ser humano; sí, respeto por el duelo que ha provocado en millones de personas la muerte de José Pepe Mujica, dos veces presidente, diputado y referente indispensable de un humanismo sin banderías.
Quise comenzar mi columna de hoy con esta referencia porque las excrecencias que hace públicas este personaje no son más que manifestaciones explícitas de lo que al Presidente y buena parte de sus adláteres piensan aunque no lo dicen públicamente.
Mujica tuvo una relación muchas veces conflictiva, pero siempre respetuosa con el periodismo de su país, sus profesionales y medios. Entendía que esta actividad hace bien a la democracia, y no dudó en convocar a la prensa con cada uno de sus actos fundamentales de gobierno y de acción política. Tenía un fluido y frecuente contacto con cuatro periodistas en particular, a los que privilegiaba con entrevistas personales. No eran todos de su mismo palo ideológico y tampoco pertenecían a medios que fueran afines a él o a sus partidarios. Néstor Cesin, del semanario de izquierda Brecha, Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, del semanario conservador Búsqueda, y Martín Lees, del canal 10 de televisión, líder en audiencia.
No tenía, Mujica, condiciones previas a cualquier entrevista. Sólo demandaba respeto. Pero no eran estos cuatro los únicos que tenían acceso a él: eran frecuentes sus conferencias de prensa y no esquivaba ninguna pregunta. No se le recuerdan agresiones a medios o periodistas, ni propias ni de sus adláteres.
En un interesante artículo publicado por Scielo Uruguay en la revista InMediaciones de la Comunicación, de la Universidad ORT, se señala: "Mujica, que además de ser la figura política más jerarquizada era un éxito de audiencias, contó con gran capacidad para definir qué difundir, por qué medio y a quiénes llamar para disputar la definición de la realidad política. Al mismo tiempo, aunque asimétrica, esa fue una relación de mutua conveniencia, ya que fue beneficiosa para los propios periodistas en su desempeño profesional y en la manera en que consiguieron exclusivas antes que la competencia. En la mayoría de los medios uruguayos se sostuvo la distinción entre el área de opinión y la de información y entre el área empresarial y la informativa, lo cual hizo que el vínculo de esos periodistas con sus propios medios les permitiera tener autonomía y aumentar los márgenes de su trabajo artesanal para conseguir a la fuente más relevante para el periodismo político (el presidente), algo especialmente premiado en un país donde la política institucional y la partidaria son reconocidas como las instancias centrales y legítimas de mediación de la política". Ver el artículo completo en Comunicación política en Uruguay. El gobierno de José Mujica, los medios y el periodismo.
Estaría bueno para la democracia y la sociedad argentinas que desde el máximo poder político se imitaran ciertas conductas dignas de admiración. Sin Gordos Dan.
Se hace llamar Gordo Dan y es uno de los voceros oficiosos e interlocutor habitual del presidente Javier Milei. Sólo un infame como él pudo haber definido como "uno menos" al expresidente de Uruguay muerto el martes 13. No se le pide luto a un ser humano; sí, respeto por el duelo que ha provocado en millones de personas la muerte de José Pepe Mujica, dos veces presidente, diputado y referente indispensable de un humanismo sin banderías.
Quise comenzar mi columna de hoy con esta referencia porque las excrecencias que hace públicas este personaje no son más que manifestaciones explícitas de lo que al Presidente y buena parte de sus adláteres piensan aunque no lo dicen públicamente.
Mujica tuvo una relación muchas veces conflictiva, pero siempre respetuosa con el periodismo de su país, sus profesionales y medios. Entendía que esta actividad hace bien a la democracia, y no dudó en convocar a la prensa con cada uno de sus actos fundamentales de gobierno y de acción política. Tenía un fluido y frecuente contacto con cuatro periodistas en particular, a los que privilegiaba con entrevistas personales. No eran todos de su mismo palo ideológico y tampoco pertenecían a medios que fueran afines a él o a sus partidarios. Néstor Cesin, del semanario de izquierda Brecha, Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, del semanario conservador Búsqueda, y Martín Lees, del canal 10 de televisión, líder en audiencia.
No tenía, Mujica, condiciones previas a cualquier entrevista. Sólo demandaba respeto. Pero no eran estos cuatro los únicos que tenían acceso a él: eran frecuentes sus conferencias de prensa y no esquivaba ninguna pregunta. No se le recuerdan agresiones a medios o periodistas, ni propias ni de sus adláteres.
En un interesante artículo publicado por Scielo Uruguay en la revista InMediaciones de la Comunicación, de la Universidad ORT, se señala: "Mujica, que además de ser la figura política más jerarquizada era un éxito de audiencias, contó con gran capacidad para definir qué difundir, por qué medio y a quiénes llamar para disputar la definición de la realidad política. Al mismo tiempo, aunque asimétrica, esa fue una relación de mutua conveniencia, ya que fue beneficiosa para los propios periodistas en su desempeño profesional y en la manera en que consiguieron exclusivas antes que la competencia. En la mayoría de los medios uruguayos se sostuvo la distinción entre el área de opinión y la de información y entre el área empresarial y la informativa, lo cual hizo que el vínculo de esos periodistas con sus propios medios les permitiera tener autonomía y aumentar los márgenes de su trabajo artesanal para conseguir a la fuente más relevante para el periodismo político (el presidente), algo especialmente premiado en un país donde la política institucional y la partidaria son reconocidas como las instancias centrales y legítimas de mediación de la política". Ver el artículo completo en Comunicación política en Uruguay. El gobierno de José Mujica, los medios y el periodismo.
Estaría bueno para la democracia y la sociedad argentinas que desde el máximo poder político se imitaran ciertas conductas dignas de admiración. Sin Gordos Dan.
Foto: Agencia AFP
Fuente: Diario Perfil
domingo, 27 de abril de 2025
El rating es el verdadero azote en el caso Viviana Canosa
Por: Julio Petrarca, Defensor de los lectores de Diario Perfil
Reincidente. Su irresponsable conducta ante la pandemia de covid-19 replicada en su denuncia actual
La señora o señorita Viviana Canosa suele autocalificarse como periodista. No es una decisión antojadiza: sabe que el periodismo –el buen periodismo– es un oficio cuyo prestigio aporta a quien lo ejerce una suerte de certificado de garantía sobre lo que dice, escribe o expone. Quiero repetir un concepto: el buen periodismo es el oficio bien ejercido sobre la base de los pilares básicos de su compromiso: la búsqueda de la verdad, la buena información surgida de fuentes chequeadas y confiables, la ética profesional. Y la mayor lejanía del poder en cualquiera de sus formas.
El ejercicio del seudoperiodismo que ha elegido este personaje, validado por algunos de los tantos ingredientes que alimentan la mala praxis en esta profesión (es bella, tiene lengua filosa, no le importan las consecuencias de lo que hace y dice, reconoce los índices de audiencia como dioses inapelables), tiene consecuencias en el tejido social porque sus afirmaciones cargadas de fake news impactan fuerte sobre las audiencias y obligan a periodistas verdaderos y medios competidores a apoyarlas o denostarlas: el resultado en una incontenible sucesión de olas que se transforman en tsunami.
El nuevo episodio de la saga tramposa de este personaje es de una gravedad enorme porque perjudica a un número aún impreciso de personas de distinto ámbitos, en general con amplio y firme respaldo por su trabajo. Lo de Canosa, en realidad, no es consecuencia de un enojo personal ni una cruzada contra la condenable existencia de redes de trata o pedofilia. Es mera búsqueda de rating para las pobres mediciones de su programa de televisión: después de su mediática denuncia, el índice promedio diario creció hasta casi duplicarse. En fin, esa la madre del borrego.
Cuando la pandemia de covid-19 crecía y ponía a la humanidad ante un peligro sanitario sin fronteras, la conducta de este personaje mostraba una línea semejante a la de hoy: el 7 de agosto de 2020, cuando los científicos desesperaban por hallar vacunas o tratamientos para enfrentar la letal enfermedad, Canosa decía no promover el consumo de dióxido de cloro como tratamiento contra el covid-19 pero en su programa de televisión, en vivo, aseguró tomar este desinfectante. Lo hizo ante las cámaras pese a las advertencias en contrario de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y todos los organismos especializados. El 7 de abril de 2021 afirmó ante las cámaras que los hisopos usados en las pruebas de diagnóstico tenían metales para que siempre dieran un resultado positivo de covid-19, sin apoyo en evidencia científica. Como se comprobó, los hisopados nasofaríngeos son necesarios para realizar las pruebas PCR, las cuales son consideradas las más eficaces y recomendadas por la OMS para detectar el covid-19.
Ya había conmovido a la opinión pública al declararse antivacunas, rechazar la interrupción legal del embarazo y la muerte asistida. Es decir: buena parte de lo que las sociedades en numerosos países occidentales han elegido como avances en sus sistemas de convivencia ciudadana y sus políticas sanitarias.
Este es, entonces, el personaje que ha conmovido con sus afirmaciones (que incluso ha llevado ante la Justicia con el sustento de una fuente dudosa, descalificada por acusaciones concretas de abusos sexuales y violaciones al menos por seis de sus excolaboradoras) a la opinión pública argentina. Naturalmente, es responsable directa de tal conmoción. Sin embargo, no es ella la única: el medio que la cobija y le aporta el espacio y los recursos materiales para consumar sus denuncias carga sobre sus espaldas la mochila de la desinformación. Y el resto del sistema de comunicación audiovisual tiene su cuota en este ataque contra la verdadera libertad de expresión.
La señora o señorita Viviana Canosa suele autocalificarse como periodista. No es una decisión antojadiza: sabe que el periodismo –el buen periodismo– es un oficio cuyo prestigio aporta a quien lo ejerce una suerte de certificado de garantía sobre lo que dice, escribe o expone. Quiero repetir un concepto: el buen periodismo es el oficio bien ejercido sobre la base de los pilares básicos de su compromiso: la búsqueda de la verdad, la buena información surgida de fuentes chequeadas y confiables, la ética profesional. Y la mayor lejanía del poder en cualquiera de sus formas.
El ejercicio del seudoperiodismo que ha elegido este personaje, validado por algunos de los tantos ingredientes que alimentan la mala praxis en esta profesión (es bella, tiene lengua filosa, no le importan las consecuencias de lo que hace y dice, reconoce los índices de audiencia como dioses inapelables), tiene consecuencias en el tejido social porque sus afirmaciones cargadas de fake news impactan fuerte sobre las audiencias y obligan a periodistas verdaderos y medios competidores a apoyarlas o denostarlas: el resultado en una incontenible sucesión de olas que se transforman en tsunami.
El nuevo episodio de la saga tramposa de este personaje es de una gravedad enorme porque perjudica a un número aún impreciso de personas de distinto ámbitos, en general con amplio y firme respaldo por su trabajo. Lo de Canosa, en realidad, no es consecuencia de un enojo personal ni una cruzada contra la condenable existencia de redes de trata o pedofilia. Es mera búsqueda de rating para las pobres mediciones de su programa de televisión: después de su mediática denuncia, el índice promedio diario creció hasta casi duplicarse. En fin, esa la madre del borrego.
Cuando la pandemia de covid-19 crecía y ponía a la humanidad ante un peligro sanitario sin fronteras, la conducta de este personaje mostraba una línea semejante a la de hoy: el 7 de agosto de 2020, cuando los científicos desesperaban por hallar vacunas o tratamientos para enfrentar la letal enfermedad, Canosa decía no promover el consumo de dióxido de cloro como tratamiento contra el covid-19 pero en su programa de televisión, en vivo, aseguró tomar este desinfectante. Lo hizo ante las cámaras pese a las advertencias en contrario de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y todos los organismos especializados. El 7 de abril de 2021 afirmó ante las cámaras que los hisopos usados en las pruebas de diagnóstico tenían metales para que siempre dieran un resultado positivo de covid-19, sin apoyo en evidencia científica. Como se comprobó, los hisopados nasofaríngeos son necesarios para realizar las pruebas PCR, las cuales son consideradas las más eficaces y recomendadas por la OMS para detectar el covid-19.
Ya había conmovido a la opinión pública al declararse antivacunas, rechazar la interrupción legal del embarazo y la muerte asistida. Es decir: buena parte de lo que las sociedades en numerosos países occidentales han elegido como avances en sus sistemas de convivencia ciudadana y sus políticas sanitarias.
Este es, entonces, el personaje que ha conmovido con sus afirmaciones (que incluso ha llevado ante la Justicia con el sustento de una fuente dudosa, descalificada por acusaciones concretas de abusos sexuales y violaciones al menos por seis de sus excolaboradoras) a la opinión pública argentina. Naturalmente, es responsable directa de tal conmoción. Sin embargo, no es ella la única: el medio que la cobija y le aporta el espacio y los recursos materiales para consumar sus denuncias carga sobre sus espaldas la mochila de la desinformación. Y el resto del sistema de comunicación audiovisual tiene su cuota en este ataque contra la verdadera libertad de expresión.
Fuente: Diario Perfil
lunes, 14 de abril de 2025
El oficio de periodista obliga a no subordinarse al poder
Por: Julio Petrarca, Defensor de los lectores de Diario Perfil
Hay una pregunta frecuente entre periodistas y comunicadores que acceden a espacios para ejercer sus trabajos: ¿es posible hacer un periodismo independiente, y al mismo tiempo asumir la tarea de servir de voceros, asesores u otras figuras, subordinados a corporaciones, grupos económicos, políticos, religiosos? En verdad, es una pregunta con respuesta única: no.
Quienes ejercemos esta profesión tenemos un compromiso férreo con al menos dos objetivos: uno, subordinado a la misión de llevar a la mayor cantidad de seguidores la mayor cantidad y calidad de información que les permita acceder a la más limpia cercanía con la verdad; otro, íntimo, pero irrenunciable, es la vocación decidida por defender los principios éticos que deben regir en nuestro trabajo.
Uno de esos compromisos, el de la ética como parte central de nuestros objetivos como periodistas, nos plantea un dilema porque nos obliga a aceptar el no como respuesta a aquel interrogante. Cuando el periodista se acerca demasiado a quienes ejercen el poder –alguna forma de poder– entrega necesariamente parte de su independencia y somete su conducta a prácticas non sanctas.
Una periodista mexicana, Kathia Alejandra Torres, formuló un problema al Consultorio Ético de la Fundación Gabo (como se ha dicho en esta columna, organismo indispensable cuando se trata de dilemas ontológicos): “Junto a otra colega periodista vamos dándole vuelo a este proyecto de periodismo independiente ‘Periodismo del Desierto’ para ser un poco más libres en nuestros textos e investigaciones, pero recientemente invitaron a mi colega a trabajar para un diputado local de Coahuila, perteneciente a un partido político nacional: ella se encargaría de realizar investigaciones sobre el gobierno estatal. ¿Será correcto que ella acepte el trabajo y a la par continúe en el proyecto?”.
La respuesta estuvo a cargo de una de las codirectoras del Consultorio, la periodista Yolanda Ruiz, primera mujer en dirigir los servicios informativos en las dos cadenas más importantes de Colombia: Caracol y RCN Radio. “Como se plantea en la pregunta –responde Ruiz–, el ideal ético es que un periodista sea independiente de cualquier compromiso partidista y por eso siempre será un riesgo combinar de manera simultánea oficios en los cuales se tienen dos tareas distintas. Una de las dos se puede ver afectada y en el caso del periodismo se puede comprometer la calidad de la información y afectar el compromiso con la audiencia”. Y advierte: “La credibilidad de un proyecto independiente de periodismo se puede afectar si uno de los periodistas trabaja para un líder político. Por eso es mejor separar las tareas”. Con una mirada objetiva sobre las condiciones económicas en las que nos desenvolvemos buena parte de quienes ejercemos esta profesión, Ruiz concluye: “Muchos colegas se han visto enfrentados al dilema de tener dos, tres o más compromisos laborales por las condiciones precarias del trabajo de los reporteros y las dificultades para obtener ingresos. Eso no significa que no estemos obligados a tener comportamientos éticos, significa que todo dilema ético debe ser analizado en el contexto preciso para encontrar la mejor respuesta. Lo que nos debería mover en el fondo, en cualquier circunstancia, es buscar el camino para no afectar la información, evitar al máximo los sesgos y sostener la independencia que siempre da mejores herramientas para informar”.
En estas latitudes, hay una lamentable confusión (o no) en torno al tema. Así, vemos, escuchamos y leemos cada día las piruetas (a veces, ni eso) de ciertos comunicadores que entregaron su alma al diablo.
No mezclar. Aunque sea una oferta tentadora, hay que decir no a la doble función
Quienes ejercemos esta profesión tenemos un compromiso férreo con al menos dos objetivos: uno, subordinado a la misión de llevar a la mayor cantidad de seguidores la mayor cantidad y calidad de información que les permita acceder a la más limpia cercanía con la verdad; otro, íntimo, pero irrenunciable, es la vocación decidida por defender los principios éticos que deben regir en nuestro trabajo.
Uno de esos compromisos, el de la ética como parte central de nuestros objetivos como periodistas, nos plantea un dilema porque nos obliga a aceptar el no como respuesta a aquel interrogante. Cuando el periodista se acerca demasiado a quienes ejercen el poder –alguna forma de poder– entrega necesariamente parte de su independencia y somete su conducta a prácticas non sanctas.
Una periodista mexicana, Kathia Alejandra Torres, formuló un problema al Consultorio Ético de la Fundación Gabo (como se ha dicho en esta columna, organismo indispensable cuando se trata de dilemas ontológicos): “Junto a otra colega periodista vamos dándole vuelo a este proyecto de periodismo independiente ‘Periodismo del Desierto’ para ser un poco más libres en nuestros textos e investigaciones, pero recientemente invitaron a mi colega a trabajar para un diputado local de Coahuila, perteneciente a un partido político nacional: ella se encargaría de realizar investigaciones sobre el gobierno estatal. ¿Será correcto que ella acepte el trabajo y a la par continúe en el proyecto?”.
La respuesta estuvo a cargo de una de las codirectoras del Consultorio, la periodista Yolanda Ruiz, primera mujer en dirigir los servicios informativos en las dos cadenas más importantes de Colombia: Caracol y RCN Radio. “Como se plantea en la pregunta –responde Ruiz–, el ideal ético es que un periodista sea independiente de cualquier compromiso partidista y por eso siempre será un riesgo combinar de manera simultánea oficios en los cuales se tienen dos tareas distintas. Una de las dos se puede ver afectada y en el caso del periodismo se puede comprometer la calidad de la información y afectar el compromiso con la audiencia”. Y advierte: “La credibilidad de un proyecto independiente de periodismo se puede afectar si uno de los periodistas trabaja para un líder político. Por eso es mejor separar las tareas”. Con una mirada objetiva sobre las condiciones económicas en las que nos desenvolvemos buena parte de quienes ejercemos esta profesión, Ruiz concluye: “Muchos colegas se han visto enfrentados al dilema de tener dos, tres o más compromisos laborales por las condiciones precarias del trabajo de los reporteros y las dificultades para obtener ingresos. Eso no significa que no estemos obligados a tener comportamientos éticos, significa que todo dilema ético debe ser analizado en el contexto preciso para encontrar la mejor respuesta. Lo que nos debería mover en el fondo, en cualquier circunstancia, es buscar el camino para no afectar la información, evitar al máximo los sesgos y sostener la independencia que siempre da mejores herramientas para informar”.
En estas latitudes, hay una lamentable confusión (o no) en torno al tema. Así, vemos, escuchamos y leemos cada día las piruetas (a veces, ni eso) de ciertos comunicadores que entregaron su alma al diablo.
Fuente: Diario Perfil
domingo, 30 de marzo de 2025
La radio del pueblo de Joseph Goebbels son hoy los amanuenses del poder
Volksempfänger. Los receptores creados para invadir los hogares alemanes
Por: Julio Petrarca, Defensor de los lectores de Diario Perfil
En una acción planificada casi a la perfección, el Gobierno de Javier Milei viene cooptando, paso a paso, a personajes de la radio, la televisión y las redes sociales, muchos de ellos con un pasado exitoso (aunque sus éxitos sean de dudoso trámite) en el periodismo. Nombres encumbrados en radio y televisión van ocupando espacios variopintos para servir a la política de comunicación planificada para exaltar la figura, potenciar los logros económicos y sustentar desvaríos y trincheras de la que se ha denominado "batalla cultural" cuyo objetivo declarado es poner fin a reivindicaciones y logros sociales, económicos y culturales logrados durante muchos años de luchas. Algunos empresarios, viejos y nuevos, controlan los medios y se subordinan.
Los planes del Gobierno no son novedosos más que en las formas. Quiero traer a esta columna un tema que lleva a comienzos de la década del 1930, cuando Joseph Goebbels, un graduado en Filología Germánica, devino antisemita feroz y ministro de Propaganda de Adolf Hitler. Es interesante la historia, aunque parezca lejana en el tiempo, el espacio y las circunstancias: sintetizando, Goebbels descubrió que no bastaban los recursos de comunicación tradicionales para llegar con el mensaje nazi a la mayoría de la población. La radio, entonces, se le presentó como un vehículo apto para una masiva llegada. No eran tantos los hogares con aparatos de radio y, por consiguiente, no tantos los que podían acceder a los virulentos discursos de Adolf Hitler y el propio Goebbels.
Así nacieron los volksempfänger (receptor del pueblo), aparatos de radio desarrollados por Otto Griessing para la empresa Seibt a petición de Goebbels. El primer aparato presentado fue el Modelo VE301 el 18 de agosto de 1933 en la Internationale Funkausstellung Berlin, una de las ferias de muestras industriales más antiguas en Alemania. El precio del VE301 fue 76 marcos, y un modelo más barato, el DKE38, llamado por el público "Goebbels-Schnauze" (el "hocico de Goebbels"), que costaba 35 marcos fue producido más tarde, junto con una serie de otros modelos.
La radio, entonces, fue para el régimen nazi lo que es hoy el enjambre de comunicadores oficiales para el gobierno argentino.
Cuando los nazis llegaron al poder en 1933, la Constitución alemana garantizaba la libertad de expresión y la libertad de prensa. Sin embargo, por medio de decretos y leyes, los nazis abolieron estos derechos civiles y destruyeron la democracia alemana. A partir de 1934, se volvió ilegal criticar al gobierno nazi. Incluso contar un chiste sobre Hitler se consideraba traición. En la Alemania nazi, las personas no podían decir ni escribir lo que quisieran. Las primeras medidas del régimen para librar su "batalla cultural" fueron el cierre o toma de control de los periódicos opositores al régimen; el control férreo de las noticias que aparecían en los periódicos, radios y noticieros cinematográficos (no existía, por entonces, la televisión); la prohibición y quema de libros calificados como "antialemanes". Más tarde llegarían otros actos de censura abierta y el extremo de encarcelar a quienes pensaran distinto, fueren o no personajes públicos. Las persecuciones a judíos, gitanos, homosexuales y otras minorías se transformaron en actos corrientes en la Alemania de los 30, y se extendieron con igual virulencia a los territorios de Europa invadidos. Florecieron los campos de concentración y se puso en marcha un sistemático plan de exterminio.
Este defensor de los lectores quiere, con este recurso de memoria, establecer un paralelo entre aquella decisión de llegar con el mensaje de Hitler a la mayoría del pueblo alemán, y los Goebbels locales que aplican métodos similares, pero aggiornados, entre ellos lo indicado al comienzo de esta nota: el armado de un escuadrón de amanuenses con buenas mediciones de audiencia. Serían, para Milei y sus subordinados, los "periodistas del pueblo".
Hacer buen periodismo, independiente y valeroso, es hoy un acto de defensa de la democracia.
En una acción planificada casi a la perfección, el Gobierno de Javier Milei viene cooptando, paso a paso, a personajes de la radio, la televisión y las redes sociales, muchos de ellos con un pasado exitoso (aunque sus éxitos sean de dudoso trámite) en el periodismo. Nombres encumbrados en radio y televisión van ocupando espacios variopintos para servir a la política de comunicación planificada para exaltar la figura, potenciar los logros económicos y sustentar desvaríos y trincheras de la que se ha denominado "batalla cultural" cuyo objetivo declarado es poner fin a reivindicaciones y logros sociales, económicos y culturales logrados durante muchos años de luchas. Algunos empresarios, viejos y nuevos, controlan los medios y se subordinan.
Los planes del Gobierno no son novedosos más que en las formas. Quiero traer a esta columna un tema que lleva a comienzos de la década del 1930, cuando Joseph Goebbels, un graduado en Filología Germánica, devino antisemita feroz y ministro de Propaganda de Adolf Hitler. Es interesante la historia, aunque parezca lejana en el tiempo, el espacio y las circunstancias: sintetizando, Goebbels descubrió que no bastaban los recursos de comunicación tradicionales para llegar con el mensaje nazi a la mayoría de la población. La radio, entonces, se le presentó como un vehículo apto para una masiva llegada. No eran tantos los hogares con aparatos de radio y, por consiguiente, no tantos los que podían acceder a los virulentos discursos de Adolf Hitler y el propio Goebbels.
Así nacieron los volksempfänger (receptor del pueblo), aparatos de radio desarrollados por Otto Griessing para la empresa Seibt a petición de Goebbels. El primer aparato presentado fue el Modelo VE301 el 18 de agosto de 1933 en la Internationale Funkausstellung Berlin, una de las ferias de muestras industriales más antiguas en Alemania. El precio del VE301 fue 76 marcos, y un modelo más barato, el DKE38, llamado por el público "Goebbels-Schnauze" (el "hocico de Goebbels"), que costaba 35 marcos fue producido más tarde, junto con una serie de otros modelos.
La radio, entonces, fue para el régimen nazi lo que es hoy el enjambre de comunicadores oficiales para el gobierno argentino.
Cuando los nazis llegaron al poder en 1933, la Constitución alemana garantizaba la libertad de expresión y la libertad de prensa. Sin embargo, por medio de decretos y leyes, los nazis abolieron estos derechos civiles y destruyeron la democracia alemana. A partir de 1934, se volvió ilegal criticar al gobierno nazi. Incluso contar un chiste sobre Hitler se consideraba traición. En la Alemania nazi, las personas no podían decir ni escribir lo que quisieran. Las primeras medidas del régimen para librar su "batalla cultural" fueron el cierre o toma de control de los periódicos opositores al régimen; el control férreo de las noticias que aparecían en los periódicos, radios y noticieros cinematográficos (no existía, por entonces, la televisión); la prohibición y quema de libros calificados como "antialemanes". Más tarde llegarían otros actos de censura abierta y el extremo de encarcelar a quienes pensaran distinto, fueren o no personajes públicos. Las persecuciones a judíos, gitanos, homosexuales y otras minorías se transformaron en actos corrientes en la Alemania de los 30, y se extendieron con igual virulencia a los territorios de Europa invadidos. Florecieron los campos de concentración y se puso en marcha un sistemático plan de exterminio.
Este defensor de los lectores quiere, con este recurso de memoria, establecer un paralelo entre aquella decisión de llegar con el mensaje de Hitler a la mayoría del pueblo alemán, y los Goebbels locales que aplican métodos similares, pero aggiornados, entre ellos lo indicado al comienzo de esta nota: el armado de un escuadrón de amanuenses con buenas mediciones de audiencia. Serían, para Milei y sus subordinados, los "periodistas del pueblo".
Hacer buen periodismo, independiente y valeroso, es hoy un acto de defensa de la democracia.
Fuente: Diario Perfil
lunes, 17 de febrero de 2025
No hay periodismo ético sin defensa de la verdad
Aidan White. "Defender y promover el periodismo ético es ahora más importante que nunca"
Soy consciente de que pedir un comportamiento profesional ético a ciertos personajes que van perdiendo el sayo de periodistas para mutar, de manera casi irreversible, en meros repetidores de consignas con origen en el poder o amanuenses del gobierno y sus exégetas en redes sociales, es como imaginar a un Joseph Goebbels defensor de la verdad. Goebbels condujo la comunicación del régimen nazi sobre la base de mentiras y consignas extremas. Estos personajes de hoy administran la comunicación como el propagandista de Hitler lo hizo con ese régimen: noticias falsas, insistentes repeticiones de consignas, información sesgada, ausencia de críticas. Y más.
Es bueno volver sobre instituciones y personas que cumplen hoy la misión de defender los valores fundamentales del buen periodismo. Aidan White, creador y conductor de la Red de Periodismo Ético (EJN por sus iniciales en inglés) ha dicho y escrito mucho sobre el tema. Un texto publicado por el Correo de la Unesco es muy esclarecedor sobre las demandas de este oficio en un proceso de cambio permanente que lleva ya décadas y se acentúa aceleradamente.
White –durante 24 años secretario general de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) y fundador del Instituto Internacional para la Seguridad de la Prensa (INSI) y del Intercambio Internacional de la Libertad de Expresión (IFEX)– señala en el trabajo: "El periodismo vive hoy una mutación sin precedentes. El trabajo de los periodistas es más rápido, está sometido a numerosas limitaciones y es muchísimo más complejo. Los medios informativos se han percatado, a pesar suyo, de que la revolución de la información ha resultado ser una espada de doble filo, pese a todas sus virtudes liberadoras". Y agrega: "El dinero con el que se financiaba el periodismo de interés público se ha evaporado y las salas de redacción luchan denodadamente por mantener sus principios éticos. Esto hace que hayan cobrado mucha más importancia las irregularidades de la prensa que venimos denunciando desde siempre: información sesgada políticamente, influencia indebida de los medios empresariales, conflictos de intereses y difusión de prejuicios". Para el autor, "la ética profesional tiene un valor inestimable en estos tiempos de transformaciones sociales que conducen la cultura mundial de la comunicación a una transición caótica. Defender y promover el periodismo ético es ahora más importante que nunca, tanto para los profesionales de la prensa como para cualquier ciudadano que se esfuerce por obtener una información segura y fiable en el futuro. Las informaciones falsas o trucadas (fake news), la propaganda política y empresarial y los abusos vergonzosos observados en las plataformas digitales suponen una amenaza para la democracia y, al mismo tiempo, abren nuevos frentes de combate a los defensores de la libertad de expresión, los decisores en materia de políticas y los profesionales de los medios".
Este panorama general de la situación –que incluye la acción de quienes ejercen y promueven el seudoperiodismo que definí al comienzo de esta columna– no puede ser más inquietante: o ponemos un límite que sea infranqueable entre el buen ejercicio de esta profesión y su uso espurio para llevar a las audiencias una voz única, o la democracia quedará deteriorada, la credibilidad en la prensa irá desapareciendo y se logrará en estas latitudes lo que Goebbels pretendía para la Alemania nazi: aplaudidores en lugar de periodistas, amanuenses en lugar de profesionales independientes y críticos y un pueblo disciplinado, obediente pese a todo.
Es bueno volver sobre instituciones y personas que cumplen hoy la misión de defender los valores fundamentales del buen periodismo. Aidan White, creador y conductor de la Red de Periodismo Ético (EJN por sus iniciales en inglés) ha dicho y escrito mucho sobre el tema. Un texto publicado por el Correo de la Unesco es muy esclarecedor sobre las demandas de este oficio en un proceso de cambio permanente que lleva ya décadas y se acentúa aceleradamente.
White –durante 24 años secretario general de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) y fundador del Instituto Internacional para la Seguridad de la Prensa (INSI) y del Intercambio Internacional de la Libertad de Expresión (IFEX)– señala en el trabajo: "El periodismo vive hoy una mutación sin precedentes. El trabajo de los periodistas es más rápido, está sometido a numerosas limitaciones y es muchísimo más complejo. Los medios informativos se han percatado, a pesar suyo, de que la revolución de la información ha resultado ser una espada de doble filo, pese a todas sus virtudes liberadoras". Y agrega: "El dinero con el que se financiaba el periodismo de interés público se ha evaporado y las salas de redacción luchan denodadamente por mantener sus principios éticos. Esto hace que hayan cobrado mucha más importancia las irregularidades de la prensa que venimos denunciando desde siempre: información sesgada políticamente, influencia indebida de los medios empresariales, conflictos de intereses y difusión de prejuicios". Para el autor, "la ética profesional tiene un valor inestimable en estos tiempos de transformaciones sociales que conducen la cultura mundial de la comunicación a una transición caótica. Defender y promover el periodismo ético es ahora más importante que nunca, tanto para los profesionales de la prensa como para cualquier ciudadano que se esfuerce por obtener una información segura y fiable en el futuro. Las informaciones falsas o trucadas (fake news), la propaganda política y empresarial y los abusos vergonzosos observados en las plataformas digitales suponen una amenaza para la democracia y, al mismo tiempo, abren nuevos frentes de combate a los defensores de la libertad de expresión, los decisores en materia de políticas y los profesionales de los medios".
Este panorama general de la situación –que incluye la acción de quienes ejercen y promueven el seudoperiodismo que definí al comienzo de esta columna– no puede ser más inquietante: o ponemos un límite que sea infranqueable entre el buen ejercicio de esta profesión y su uso espurio para llevar a las audiencias una voz única, o la democracia quedará deteriorada, la credibilidad en la prensa irá desapareciendo y se logrará en estas latitudes lo que Goebbels pretendía para la Alemania nazi: aplaudidores en lugar de periodistas, amanuenses en lugar de profesionales independientes y críticos y un pueblo disciplinado, obediente pese a todo.
Fuente: Diario Perfil
Ver también: Aidan White: "La propaganda se está apropiando de la información veraz"
domingo, 9 de febrero de 2025
El seudoperiodismo contamina la buena práctica de este oficio
Por: Julio Petrarca, Defensor de los lectores de Diario Perfil
Ruiz Ceballos. "El que cruza la línea comienza a tergiversar la realidad"
Provoca, al menos, vergüenza ajena y un sentimiento cercano a la indignación ver y escuchar amanuenses del poder disfrazados de periodistas en "entrevistas" al presidente Javier Milei y a funcionarios de su gobierno. Preguntas de respuesta obvia, sólo acomodadas para el lucimiento del entrevistado.
Aunque tengo un elevado concepto de la capacidad de interpretación y análisis de los lectores de Perfil, no quiero dejar pasar estos constantes ataques a la ética periodística, muchos de ellos limítrofes con las peores prácticas profesionales.
Esos seudorreportajes no resisten el menor análisis serio sobre sus contenidos. Pero quiero advertir que no se trata de lo que el Presidente y sus adláteres dicen o cómo lo dicen sino evidenciar la reacción del entrevistador: nunca una repregunta, nunca un cuestionamiento, siempre lo mismo: comentarios que facilitan y mejoran lo que dice el entrevistado, en un evidente trato cómplice y para nada periodístico.
En una entrevista publicada en la newsletter de la Fundación Konrad Adenauer en 2024, se le preguntó a la periodista colombiana Yolanda Ruiz Ceballos (Foto), si el periodismo vive hoy una crisis ética. Respondió: "Pasa como en todos los gremios, hay trabajo muy bien hecho y hay trabajo muy mal hecho. La era digital nos abrió una oportunidad inmensa para que miles de periodistas puedan tener sus propios medios y canales. Pero, al mismo tiempo, ha puesto en evidencia y de manera muy grande los errores que se cometen y los problemas éticos. Es un terreno abonado para lo bueno y lo malo porque exacerba las emociones y el periodismo se tiene que hacer con razones y argumentos".
En otro tramo de la entrevista, Ruiz Ceballos señala que "si te enfrentas a la política, el periodismo te invita a ser responsable a la hora de informar, a ser equilibrado. Uno de los grandes problemas del periodismo de hoy es sacar de contexto los hechos. El contexto lo es todo y lo hemos perdido".
Va más allá la periodista colombiana: "Hay una línea muy delgada entre cumplir los estándares éticos dentro de un línea editorial y pasar a hacer política o propaganda política. Tú haces periodismo desde tu sesgo, puede ser de centro, de derecha, liberal, conservador, confesional, ateo, en fin. El periodista reconoce que hay otras miradas, opiniones, interpretaciones de los hechos y las registra. El que cruza la línea comienza a tergiversar la realidad dejando que sea su prejuicio el que prime. En los medios se ve hacer apología política. Y en el camino terminamos perdiendo una de las esencias de la democracia que es el ejercicio del buen periodismo".
Como se ha dicho en no pocas ocasiones en esta columna, el ejercicio pleno y libre de un buen periodismo es esencial para la vigencia de la democracia. En la nota de la Fundación, se señala que "el periodismo responsable y libre es uno de los pilares que sostiene la democracia. Si se pierde la confianza en la prensa como en la justicia o en los organismos de poder, la sociedad misma puede colapsar. Hoy no sabemos qué es verdad y qué es mentira, por lo que circula en redes, por los algoritmos, por la inteligencia artificial. No sabemos si esto que estamos viendo es real o no es real, no sabemos si la prensa miente o no. Antes, de alguna manera, la gente decía ‘lo vi en la prensa, lo oí en la radio’, y era como un sello de fiabilidad y calidad. Eso, por supuesto, ayuda a minar la confianza que se tiene en la democracia y es tremendamente grave".
En fin: sugiero a los lectores de Perfil que cuando vean a uno de esos personajes ejercer ilegítimamente nuestra profesión, simplemente huyan.
Fuente: Diario Perfil
domingo, 12 de enero de 2025
Cuatro décadas en defensa de las lectoras y los lectores
Los mensajes que llegan a la Redacción nos llevan a reflexionar sobre lo más pequeño o lo más grande del trabajo periodístico, de las peticiones más simples a los debates más elevados
Por: Soledad Alcaide
El continuo diálogo que El País mantiene con sus lectores a través del defensor cumple 40 años en 2025. Este periódico fue el pionero de los medios de habla hispana al establecer en 1985 esta figura, que han ejercido hasta ahora 14 periodistas. Por eso, quiero recordar hoy a todos mis antecesores ―Ismael López Muñoz, Jesús de la Serna, José Miguel Larraya, Soledad Gallego-Díaz, Juan Arias, Francisco Gor, Camilo Valdecantos, Malén Aznárez, Sebastián Serrano, Milagros Pérez Oliva, Tomás Delclós, Lola Galán y Carlos Yárnoz— porque ellos caminaron para que ahora se pueda correr.
A ellos se debe que esta figura haya resistido el paso de los años, adaptándose a los profundos cambios políticos y sociales y a los avances tecnológicos que desde entonces ha vivido la humanidad y que El País ha reflejado, pero también experimentado internamente; empezando por la audiencia, que ya no vive en un solo país, sino que nos sigue desde todos los continentes, y continuando por la drástica evolución en la manera de consumir la información o la pérdida de influencia del periodismo. Sin embargo, todavía hoy son muy pocos los medios en español que cuentan con un defensor y en España sobran dedos para enumerarlos, justo cuando las posibilidades tecnológicas hacen más necesaria que nunca la transparencia sobre la información ante los lectores.
En 1985, había 29 ombudsmen en todo el mundo (en su mayoría en Estados Unidos y los países escandinavos) y hoy más de 80 están inscritos en ONO (Organization of News Ombudsmen and Standards Editors). Pienso por ello que el primer director de El País, Juan Luis Cebrián, fue valiente al nombrar a un periodista con el cometido principal de revisar los procesos y dar explicaciones públicas. Desde entonces, en El País, el defensor del lector, el Estatuto de la Redacción y el Comité de Redacción forman un armazón institucional que garantiza la independencia del periódico.
La conversación sigue viva
De las primeras cartas manuscritas que llegaban a la Redacción con quejas y sugerencias, los lectores se pasaron con los años al móvil, a través de blogs o chats. Ahora sus mensajes llegan en texto y audio, vía internet, y la única carta postal en más de un año contenía una felicitación navideña, dibujada por el lector José Luis Acarregui. Pese a esta metamorfosis, cuatro décadas después, puedo constatar que la conversación se mantiene muy viva.
Al reflexionar sobre todo ello, me doy cuenta de cómo los lectores nos llevan prácticamente cada día de lo más pequeño a lo más grande del trabajo periodístico, de las peticiones más simples al pensamiento más elevado. Uno alerta de un anuncio invasivo y otro pone sobre la mesa una cuestión de ética profesional que apela a los grandes debates de la sociedad. Estos mensajes van dirigidos a la defensora, pero apuntan a toda la maquinaria del periódico: de la Redacción a los equipos de negocio, en particular los de Producto y Suscripciones. La respuesta no consiste solo en corregir, sino que muchas veces sirve para pulir y rectificar el sistema de trabajo, cuando conduce a reflexionar sobre por qué hacemos las cosas como las hacemos.
Esta misma semana, los lectores Raúl Martín y Ángel Herreros han escrito para cuestionar una información de la sección Tu Tecnología, en la que la redactora Laura Pajuelo hablaba de su experiencia al probar unas lentes graduadas con inteligencia artificial. Ambos lo calificaban de “publirreportaje” y se extrañaban de que no estuviera identificado y de que se pudiera publicar esta información sin acudir a estudios clínicos. Sin embargo, el objetivo del artículo no era hacer publicidad de una marca, sino probar una opción tecnológica y contar la experiencia como servicio para los lectores. Lo que sí nos ha hecho ver este caso es que el formato era confuso, porque nada les orientaba sobre el grado de subjetividad del texto. La subdirectora de la edición digital, Cristina Delgado, admite que no se había indicado adecuadamente la carga de opinión de estos textos, que deberían titularse en cursiva para mostrar a los lectores que la visión del autor está muy presente. Tanto este artículo como otros anteriores de la sección se han corregido ya de esta manera.
En este equilibrio entre escuchar a los lectores y respetar el criterio periodístico hay siempre aristas. La audiencia se muestra implacable cuando cree que falla un servicio que ha pagado, y los periodistas a menudo consideran que el esfuerzo que ponen en su trabajo resta importancia a cualquier equivocación. Pero el defensor ―la defensora en este caso― no es ni el portavoz de los lectores ni un escudo para proteger al periódico, sino una vía de diálogo entre ambos que permite abordar los errores, explicarlos con transparencia y ayudar a mejorar la calidad informativa en beneficio de unos y otros.
A veces hay también desencuentros estrepitosos. Ha ocurrido esta semana con una larga carta de queja de la lectora Cristina Cortés, muy crítica con un reportaje sobre el derecho de los nacidos por reproducción asistida a conocer su identidad genética, publicado el 5 de enero, y que considera “sesgado”, con una “casuística sensacionalista, impropia de un periódico serio”. A esta lectora le he escrito un extenso correo con la versión de la sección de Sociedad, que consideró pertinente aportar un punto de vista nuevo en un debate que, en países como Portugal, Francia o Alemania, ha provocado cambios legislativos. De ninguna manera era una información de parte y se elaboró con todas las cautelas profesionales. El hecho de tratar un tema polémico no implica una toma de partido ideológico, sino un verdadero esfuerzo por explicar los diferentes puntos de vista.
Es justo uno de los casos a los que me refería al hablar de cómo los lectores nos plantean a menudo los grandes debates de la sociedad. Aquí surge también un ejercicio de ética profesional que suele quedar en la trastienda. Lo fácil sería ceder ante el lector, borrar o rectificar el trabajo y actuar bajo la premisa de que el cliente siempre tiene la razón. Lo difícil es resistir ante lo que no deja de ser un tipo de presión y mantener el criterio profesional, que en muchas ocasiones resulta un bien a proteger a pesar de nuestros propios lectores. Casi siempre es más complejo mantener la independencia ante los amigos.
Ser la defensora me da un lugar privilegiado para presenciar cómo El País forma parte de la vida de los lectores. De cómo en el enfado con el error o con la falta de celo existe la misma raíz sentimental que la decepción que provocan los desaciertos de aquellos a los que tenemos en alta estima. Una relación que es impagable y que los periodistas debemos respetar y cuidar. Ojalá que los lectores sepan también apreciar estas cuatro décadas de verdadero interés por lo que quieren que sea El País. Por muchos años más.
El continuo diálogo que El País mantiene con sus lectores a través del defensor cumple 40 años en 2025. Este periódico fue el pionero de los medios de habla hispana al establecer en 1985 esta figura, que han ejercido hasta ahora 14 periodistas. Por eso, quiero recordar hoy a todos mis antecesores ―Ismael López Muñoz, Jesús de la Serna, José Miguel Larraya, Soledad Gallego-Díaz, Juan Arias, Francisco Gor, Camilo Valdecantos, Malén Aznárez, Sebastián Serrano, Milagros Pérez Oliva, Tomás Delclós, Lola Galán y Carlos Yárnoz— porque ellos caminaron para que ahora se pueda correr.
A ellos se debe que esta figura haya resistido el paso de los años, adaptándose a los profundos cambios políticos y sociales y a los avances tecnológicos que desde entonces ha vivido la humanidad y que El País ha reflejado, pero también experimentado internamente; empezando por la audiencia, que ya no vive en un solo país, sino que nos sigue desde todos los continentes, y continuando por la drástica evolución en la manera de consumir la información o la pérdida de influencia del periodismo. Sin embargo, todavía hoy son muy pocos los medios en español que cuentan con un defensor y en España sobran dedos para enumerarlos, justo cuando las posibilidades tecnológicas hacen más necesaria que nunca la transparencia sobre la información ante los lectores.
En 1985, había 29 ombudsmen en todo el mundo (en su mayoría en Estados Unidos y los países escandinavos) y hoy más de 80 están inscritos en ONO (Organization of News Ombudsmen and Standards Editors). Pienso por ello que el primer director de El País, Juan Luis Cebrián, fue valiente al nombrar a un periodista con el cometido principal de revisar los procesos y dar explicaciones públicas. Desde entonces, en El País, el defensor del lector, el Estatuto de la Redacción y el Comité de Redacción forman un armazón institucional que garantiza la independencia del periódico.
La conversación sigue viva
De las primeras cartas manuscritas que llegaban a la Redacción con quejas y sugerencias, los lectores se pasaron con los años al móvil, a través de blogs o chats. Ahora sus mensajes llegan en texto y audio, vía internet, y la única carta postal en más de un año contenía una felicitación navideña, dibujada por el lector José Luis Acarregui. Pese a esta metamorfosis, cuatro décadas después, puedo constatar que la conversación se mantiene muy viva.
Al reflexionar sobre todo ello, me doy cuenta de cómo los lectores nos llevan prácticamente cada día de lo más pequeño a lo más grande del trabajo periodístico, de las peticiones más simples al pensamiento más elevado. Uno alerta de un anuncio invasivo y otro pone sobre la mesa una cuestión de ética profesional que apela a los grandes debates de la sociedad. Estos mensajes van dirigidos a la defensora, pero apuntan a toda la maquinaria del periódico: de la Redacción a los equipos de negocio, en particular los de Producto y Suscripciones. La respuesta no consiste solo en corregir, sino que muchas veces sirve para pulir y rectificar el sistema de trabajo, cuando conduce a reflexionar sobre por qué hacemos las cosas como las hacemos.
Esta misma semana, los lectores Raúl Martín y Ángel Herreros han escrito para cuestionar una información de la sección Tu Tecnología, en la que la redactora Laura Pajuelo hablaba de su experiencia al probar unas lentes graduadas con inteligencia artificial. Ambos lo calificaban de “publirreportaje” y se extrañaban de que no estuviera identificado y de que se pudiera publicar esta información sin acudir a estudios clínicos. Sin embargo, el objetivo del artículo no era hacer publicidad de una marca, sino probar una opción tecnológica y contar la experiencia como servicio para los lectores. Lo que sí nos ha hecho ver este caso es que el formato era confuso, porque nada les orientaba sobre el grado de subjetividad del texto. La subdirectora de la edición digital, Cristina Delgado, admite que no se había indicado adecuadamente la carga de opinión de estos textos, que deberían titularse en cursiva para mostrar a los lectores que la visión del autor está muy presente. Tanto este artículo como otros anteriores de la sección se han corregido ya de esta manera.
En este equilibrio entre escuchar a los lectores y respetar el criterio periodístico hay siempre aristas. La audiencia se muestra implacable cuando cree que falla un servicio que ha pagado, y los periodistas a menudo consideran que el esfuerzo que ponen en su trabajo resta importancia a cualquier equivocación. Pero el defensor ―la defensora en este caso― no es ni el portavoz de los lectores ni un escudo para proteger al periódico, sino una vía de diálogo entre ambos que permite abordar los errores, explicarlos con transparencia y ayudar a mejorar la calidad informativa en beneficio de unos y otros.
A veces hay también desencuentros estrepitosos. Ha ocurrido esta semana con una larga carta de queja de la lectora Cristina Cortés, muy crítica con un reportaje sobre el derecho de los nacidos por reproducción asistida a conocer su identidad genética, publicado el 5 de enero, y que considera “sesgado”, con una “casuística sensacionalista, impropia de un periódico serio”. A esta lectora le he escrito un extenso correo con la versión de la sección de Sociedad, que consideró pertinente aportar un punto de vista nuevo en un debate que, en países como Portugal, Francia o Alemania, ha provocado cambios legislativos. De ninguna manera era una información de parte y se elaboró con todas las cautelas profesionales. El hecho de tratar un tema polémico no implica una toma de partido ideológico, sino un verdadero esfuerzo por explicar los diferentes puntos de vista.
Es justo uno de los casos a los que me refería al hablar de cómo los lectores nos plantean a menudo los grandes debates de la sociedad. Aquí surge también un ejercicio de ética profesional que suele quedar en la trastienda. Lo fácil sería ceder ante el lector, borrar o rectificar el trabajo y actuar bajo la premisa de que el cliente siempre tiene la razón. Lo difícil es resistir ante lo que no deja de ser un tipo de presión y mantener el criterio profesional, que en muchas ocasiones resulta un bien a proteger a pesar de nuestros propios lectores. Casi siempre es más complejo mantener la independencia ante los amigos.
Ser la defensora me da un lugar privilegiado para presenciar cómo El País forma parte de la vida de los lectores. De cómo en el enfado con el error o con la falta de celo existe la misma raíz sentimental que la decepción que provocan los desaciertos de aquellos a los que tenemos en alta estima. Una relación que es impagable y que los periodistas debemos respetar y cuidar. Ojalá que los lectores sepan también apreciar estas cuatro décadas de verdadero interés por lo que quieren que sea El País. Por muchos años más.
Ilustración: Fernando Hernández Puente:
Fuente: Diario El País
lunes, 25 de noviembre de 2024
La violencia verbal contra la prensa es sólo el comienzo
Peligro. El discurso violento del Gobierno contra los periodistas amenaza la democracia
Cada año, la organización Reporteros sin Fronteras (RSF), que tiene su sede en París y reúne a miles de periodistas interesados en defender la libertad de expresión en todo el mundo, elabora un ranking de países según sus políticas relacionadas con el tema. En 2023, la Argentina ocupaba el puesto número 40, mejor que los de otros países de la región como Uruguay y de otros puntos del mundo como Estados Unidos. En 2024, la calificación de RSF cayó 26 lugares, por debajo de esos mismos países.
Por eso es que, probablemente, ya no asombran los desbordes verbales del presidente Javier Milei y sus seguidores contra el periodismo en general y contra algunos periodistas y medios independientes en particular. Los insultos, diatribas, descalificaciones, son ya moneda cotidiana en los discursos de Milei y sus acólitos, planteando un escenario peligroso para quienes ejercemos esta profesión sin atarnos a los vaivenes de la política, la economía, la cultura.
Esta columna está embarcada en una línea de pensamiento que tiene por objetivo principal el aportar a los lectores una mirada diferente de las que movilizan a ciertos comunicadores que han encolumnado con benevolencia sus miradas y posturas respecto de los exabruptos que llegan desde el poder. En verdad, se trata de aportar a la defensa no sólo de la libertad de expresión sino de la democracia en su totalidad. No existe democracia plena sin libertad de expresión plena.
Por cierto, las relaciones del Gobierno con la prensa independiente son, por ahora, sólo un peligro latente. En otros países de la región, la situación es más grave:
El pasado lunes, RSF y otras siete organizaciones elaboraron un informe sobre la situación en Venezuela: 228 violaciones a la libertad de prensa; 62 agresiones físicas y verbales; once periodistas extranjeros detenidos arbitrariamente y expulsados; al menos ocho periodistas siguen encarcelados arbitrariamente; bloqueo de al menos 29 sitios web de medios de comunicación y organizaciones de prensa; 45 casos de discursos estigmatizadores contra diez medios de comunicación y agencias de prensa.
En Bolivia, periodistas que cubren las protestas callejeras en un clima político enrarecido, sufren la violencia de efectivos policiales. Más de 25 cronistas sufrieron la represión. Bolivia ocupa el puesto 124 sobre 180 países en el ranking de libertad de prensa de RSF.
Desde septiembre, RSF ha documentado en Colombia un aumento de las amenazas contra periodistas que investigan a grupos paramilitares y al crimen organizado. A pesar de los esfuerzos del gobierno colombiano por responder a los casos más urgentes, tras el compromiso asumido por el presidente Gustavo Petro, los periodistas amenazados siguen temiendo por sus vidas y las de sus familias. En los últimos dos meses, periodistas de al menos cinco medios de comunicación diferentes, en todo el país, han recibido amenazas, incluso de muerte, lo que ha llevado a algunos de ellos a autocensurarse.
Debo señalar, para que los lectores no reciban de mi parte una señal errónea, que considero la situación del periodismo argentino lejos de estos casos extremos. Sin embargo, en ninguno de los tres casos los riesgos para la prensa comenzaron con violencia extrema sino con un discurso de odio que fue prohijado por quienes ejercen posiciones de gobierno o son factores de poder.
Visto y escuchado lo que ciertos comunicados del mileismo han proclamado días atrás autodefiniéndose como miembros de una suerte de ejército al servicio del Presidente y sus ideas, es bueno estar advertidos y rechazar las versiones y las agresiones contra el periodismo argentino independiente.
Fuente: Diario Perfil
domingo, 8 de septiembre de 2024
Otro acto de censura previa, un paso más hacia la suma del poder
El Gobierno limita ahora el acceso a la información pública de manera discrecional
¿Qué es el acceso universal a la información, consagrada como un derecho esencial de los sistemas democráticos y un recurso soberano de los ciudadanos y, en particular, los medios de comunicación y los periodistas? Consagra el principio de que toda persona tiene derecho a buscar, recibir y difundir información, un derecho que es parte integral del derecho a la libertad de expresión, según lo resuelto por las Naciones Unidas y debatido en la Unesco como principio esencial de las democracias. "Los medios de comunicación juegan un papel crucial en informar al público sobre temas de interés, pero también se basan en la capacidad de buscar y recibir información, por lo que el derecho al acceso universal a la información también está ligado al derecho a la libertad de prensa", expresa un documento de la ONU.
Estamos a un par de semanas de celebrar el Día Internacional del Acceso Universal a la Información. Será el 28 de septiembre, jornada consagrada por la Unesco desde 2015. Si la Argentina pretende seguir formando parte del conjunto de países del mundo que respetan, defienden y promueven los principios que consagra la ONU, flaco favor le está haciendo su gobierno nacional, que decretó el pasado lunes que quedan fuera de la información que el Estado está obligado a dar los datos que "por su propia naturaleza" hacen "al ámbito privado del funcionario o magistrado, especialmente cuando la solicitud pretende ingresar a una esfera típicamente doméstica". Es categoría no prevista por la ley, que establece que "se presume pública toda información que generen, obtengan, transformen, controlen o custodien" los funcionarios.
El Gobierno estableció, a través de la nueva reglamentación, que "no se entenderá como información pública aquella que contenga datos de naturaleza privada que fueran generados, obtenidos, transformados, controlados o custodiados por personas humanas o jurídicas privadas o por la ausencia de un interés público comprometido".
Para poner en claro los alcances de este nuevo engendro que viola claros alcances de la Ley 27.275 (sancionada durante el gobierno de Mauricio Macri en 2016), podemos sintetizarlos en unos pocos pero valiosos cuerpos informativos que quedarán fuera del alcance de periodistas y de ciudadanos en general: no podremos saber qué se hace, cuál es su monto, qué destino tienen los millones de dólares acuñados en oro en el Banco Central, como parte de las reservas soberanas de la Argentina; no podremos saber cuánto gasta la administración pública en alimentar, mantener, cuidar y adiestrar los cinco perros que Milei, su hermana y los funcionarios que aceptan todo con un "sí, Javier" consideran hijos de Presidente; no conoceremos identidades de quienes se entrevistan con el jefe del gobierno o sus subalternos y qué temas tratan en sus reuniones, incluyendo aquellos vinculados a la seguridad del país, su economía, negocios y otras cuestiones que de manera cuasi monárquica puedan ser definidos de forma arbitraria por Milei y su entorno. No sabríamos si hay o habrá un correlato con la famosa fiesta de Olivos en plena pandemia, ni si hay o no golpes (insultos, seguro que los hay, conociendo ya el lenguaje cotidiano del Presidente) en las relaciones familiares o de amistad de funcionarios públicos, Milei incluido.
La ley establece que "documento" es "todo registro que haya sido generado, que sea controlado o que sea custodiado por los sujetos obligados (…), independientemente de su forma, soporte, origen, fecha de creación o carácter oficial". El nuevo decreto establece que esa definición solo debe entenderse referida a la "actividad estatal".
Otro paso más hacia la suma del poder público, objetivo no declarado por el Presidente y sus adláteres.
Defensor de los lectores de Diario Perfil
domingo, 14 de julio de 2024
Periodismo de calidad es el que rechaza el facilismo de las redes
Negar lo positivo de los cambios en instrumentos y formas de comunicación es tan inútil como necio. Lo dice este ombudsman, que fue viendo las transformaciones de medios y protagonistas en el periodismo de todo el mundo, Argentina incluida. Recuerdo que era un niño cuando nos asombrábamos con las imágenes de inalcanzables televisores en los 50. Por entonces, se vaticinaba la muerte inexorable de la radio como vínculo con un público expectante ante esas mágicas cajas de sonidos. Mi padre era periodista de una de las emisoras más importantes del país. Entendió, cuando la pantalla se sumaba al mundo de las comunicaciones populares, que se trataba de un nuevo actor en un negocio en mutación. Radio y televisión convivieron y sus periodistas compartieron acontecimientos que también viví como protagonista de este oficio formidable. Radio, televisión y otro formato, tal vez el más creíble: el periodismo escrito, los diarios y revistas. Se les auguró una muerte lenta tras la aparición de radio y televisión, pero el vaticinio falló: hoy siguen siendo, algunos de esos medios en papel, los de mayor credibilidad.
Los vertiginosos cambios que estamos compartiendo hoy, están centrados en los sistemas digitales, en particular aquellos derivados de la aplicación universalizadora de internet, un formidable salto en las comunicaciones que todavía no ha alcanzado su cenit: cada día aparecen nuevos desafíos en las redes sociales, que han pasado a ser parte ya indisoluble del universo comunicacional. Negarlo sería necio e inútil como se define más arriba En verdad, se trata de una revolución, con sus más y sus menos.
Un fragmento del libro El desafío y la oportunidad de las nuevas tecnologías, del periodista y catedrático chileno Abraham Santibañez, fue publicado como aproximación al tema por la Red Ética Segura de la Fundación Gabo. Las redes sociales son “como todos los instrumentos que provee la tecnología digital, que no son en sí ni buenos ni malos: los hace buenos o malos quien los usa. Permiten contactos múltiples y una intensa interactividad; favorecen el intercambio de datos, de fotografías y de opiniones. Son características que resultan positivas para el periodista y que pueden cambiar el ejercicio profesional.” No es tan benévolo un párrafo más adelante. Las redes, dice, “propician, por otra parte, las informaciones sin fuente conocida, también el trabajo de escritorio que prescinde de la visita a los lugares en que ocurren los hechos, hace aparecer superfluo el contacto personal con las fuentes y, por tanto deja a un lado el contacto personal y la posibilidad de las contrapreguntas; favorece, además, un manejo mecánico de los datos de la noticia, completamente distinto del que se produce si el periodista es testigo ocular. En este manejo de lo digital todo se reduce a lo virtual”. Y concluye: “Como fondo de estas consideraciones aparece la gran paradoja: cuando los humanos disponemos de los medios más perfeccionados para la comunicación, comprobamos que ha aumentado nuestra incomunicación. Esto vale para el periodista que no puede suplir la comunicación personal con la comunicación virtual que le proporciona la tecnología. La relación persona a persona da una información que no puede suplirse con la sola tecnología”.
Las redes no reemplazan al periodismo de calidad. Tampoco los espacios de radio y televisión sesgados por espurios intereses personales o políticos. Es bueno que los lectores de Perfil perciban las bondades y perjuicios de lo virtual para no caer en trampas insalvables.
Los vertiginosos cambios que estamos compartiendo hoy, están centrados en los sistemas digitales, en particular aquellos derivados de la aplicación universalizadora de internet, un formidable salto en las comunicaciones que todavía no ha alcanzado su cenit: cada día aparecen nuevos desafíos en las redes sociales, que han pasado a ser parte ya indisoluble del universo comunicacional. Negarlo sería necio e inútil como se define más arriba En verdad, se trata de una revolución, con sus más y sus menos.
Un fragmento del libro El desafío y la oportunidad de las nuevas tecnologías, del periodista y catedrático chileno Abraham Santibañez, fue publicado como aproximación al tema por la Red Ética Segura de la Fundación Gabo. Las redes sociales son “como todos los instrumentos que provee la tecnología digital, que no son en sí ni buenos ni malos: los hace buenos o malos quien los usa. Permiten contactos múltiples y una intensa interactividad; favorecen el intercambio de datos, de fotografías y de opiniones. Son características que resultan positivas para el periodista y que pueden cambiar el ejercicio profesional.” No es tan benévolo un párrafo más adelante. Las redes, dice, “propician, por otra parte, las informaciones sin fuente conocida, también el trabajo de escritorio que prescinde de la visita a los lugares en que ocurren los hechos, hace aparecer superfluo el contacto personal con las fuentes y, por tanto deja a un lado el contacto personal y la posibilidad de las contrapreguntas; favorece, además, un manejo mecánico de los datos de la noticia, completamente distinto del que se produce si el periodista es testigo ocular. En este manejo de lo digital todo se reduce a lo virtual”. Y concluye: “Como fondo de estas consideraciones aparece la gran paradoja: cuando los humanos disponemos de los medios más perfeccionados para la comunicación, comprobamos que ha aumentado nuestra incomunicación. Esto vale para el periodista que no puede suplir la comunicación personal con la comunicación virtual que le proporciona la tecnología. La relación persona a persona da una información que no puede suplirse con la sola tecnología”.
Las redes no reemplazan al periodismo de calidad. Tampoco los espacios de radio y televisión sesgados por espurios intereses personales o políticos. Es bueno que los lectores de Perfil perciban las bondades y perjuicios de lo virtual para no caer en trampas insalvables.
Fuente: Diario Perfil
domingo, 26 de mayo de 2024
El 25 de Mayo debiera influir en cierto periodismo actual
Por: Julio Petrarca. Defensor de los lectores de Diario Perfil
"El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de estos se interesa en que todos conozcan la execración con quienes miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal".
El texto transcripto corresponde al primer número de La Gazeta de Buenos Ayres, primer periódico creado con los aires de libertad que iniciaron el proceso de separación de estas tierras del reino de España. Fue una decisión valiosa para la difusión de ideas y noticias, fruto de la febril vocación independentista germinada el 25 de mayo de 1810. Vale la pena dedicar algunos minutos a recordar el valor que dieron Mariano Moreno, Manuel Alberti, Luciano de Monteagudo y otros a las ideas llegadas desde Europa, con algunas consignas que debieran mantenerse inconmovibles en estos tiempos: libertad para pensar y actuar, fraternidad para estrechar vínculos solidarios, igualdad ante la ley y en las relaciones humanas.
Un puñado de días separó el 25 de mayo del primer número de La Gazeta, publicado el 7 de junio (fecha elegida para celebrar en la Argentina el Día del Periodista). No es casual que haya habido una urgencia semejante: las ideas revolucionarias necesitaban de un medio que les sirviera de respaldo y afirmación ciudadana. Guardando las distancias, es la tarea que hoy cumple el periodismo independiente, entendiendo por tal el que mantiene una saludable distancia del poder, sean quienes fueren los que lo ejercen.
Podemos elegir medios y periodistas confiables para separarlos de otros más comprometidos con la defensa a ultranza de lo que hace, dice y propone el gobierno (el actual y los que lo precedieron). A quienes ejercemos este oficio de comunicar con la mayor cercanía a la verdad, nos provoca cierta vergüenza ajena el ver y escuchar a personajes que ocupan medios de gran influencia en la población para servir de partenaires a quienes ejercen el poder.
En algún tiempo no lejano, las aguas se dividían entre la prensa alineada con los gobiernos y periodistas que actuaban en la vereda opuesta. Así se profundizó una grieta que va más allá de lo ideológico y lo político: una grieta entre modelos democráticos. Hoy ya no es así: la grieta está abierta entre quienes defienden los valores de la democracia y los que la entienden como un obstáculo para la imposición de un modelo distinto, autocrático, personalista.
La frase impresa en la portada de La Gazeta es muy reveladora de las motivaciones que llevaron al 25 de Mayo como fecha inicial del proceso independentista de nuestro país. Se atribuye al historiador romano Cornelio Tácito y dice: "Tiempos de rara felicidad son aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo".
Vendría bien que la tomaran en cuenta los que hacen del periodismo un ejercicio de mala praxis.
Fuente: Diario Perfil
domingo, 10 de marzo de 2024
Gabo y Kapuscinski, dos maestros del periodismo para seguir
En la semana que termina, hubiesen cumplido años dos de los grandes maestros del periodismo: Gabriel García Márquez (nacido el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, Colombia; muerto en 2014) y Ryszard Kapuscinski (nacido el 4 de marzo de 1932 en Pinsk, Polonia; muerto en 2007). Este ombudsman quiere hoy recurrir a algunas de las inspiradoras definiciones de ambos acerca del ejercicio de esta profesión, en la certeza de que habrán de servir a nuevas generaciones de periodistas y –tal vez, en utópica ilusión– a ciertos comunicadores que trabajan en los medios con más vocación de voceros del poder que de auténticos buceadores en lo que viven, gozan o padecen los pueblos, el nuestro incluido.
Dijo o escribió García Márquez, cuya novela póstuma, En agosto nos vemos, llega en estos días a las librerías argentinas (sus crónicas y reportajes debieran estar en las bibliotecas de todo aquel que quiera ejercer esta profesión):
- Considero que mi primera y única vocación es el periodismo. Nunca empecé siendo periodista por casualidad –como mucha gente– o por necesidad, o por azar: empecé siendo periodista porque lo que quería era ser periodista.
- La mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor.
- Para ser periodista hace falta una base cultural importante, mucha práctica, y también mucha ética. Hay tantos malos periodistas que cuando no tienen noticias se las inventan.
- La ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.
- La investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición.
- En un buen artículo puede no haber buenos ni malos, sino hechos concretos para que el lector saque sus conclusiones.
- (El periodismo) es importante porque es un género literario con los pies puestos sobre la tierra.
- El periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad.
Cada libro de crónicas, cada trabajo de investigación, cada reportaje, cada parte de guerra de Kapuscinski es, también, un ejercico de buen periodismo. Algunas de sus frases:
- Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante.
- La ideología del siglo XXI debe ser el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso.
- El nacionalismo es algo intrínsecamente malo por dos motivos. Primero por creer que unas personas son, por su pertenencia a un grupo, mejores que otras. Segundo, porque cuando el problema es el otro, la solución implícita de este problema siempre será el otro.
- Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias.
- Momentos amargos para un periodista: tener una información de importancia mundial y no poder transmitirla.
- El pasado no existe. Solo existen sus infinitas interpretaciones.
- No seas codicioso, no pugnes por estar en primera fila, haz gala de moderación y humildad, si no, te alcanzará la fustigadora mano del Destino, que corta las cabezas de los engreídos.
- El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse.
- Si entre las muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático.
- Sin la memoria no se puede vivir, ella eleva al hombre por encima del mundo animal, constituye la forma de su alma y, al mismo tiempo, es tan engañosa, tan inasible, tan traicionera.
Fuente: Diario Perfil
lunes, 26 de febrero de 2024
Amanuenses y cómplices hacen de partenaires para el actual proceso
Owen Jones. "Una operación lenta, pero brutalmente eficaz que condujo a la desregulación de los mercados y la corrupción"
Por: Julio Petrarca, Defensor de los lectores de Diario Perfil
Rosa María Artal es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y con estudios en Sociología y Ciencias Políticas. No es una referente habitual cuando se trata de abordar temas vinculados con el periodismo. Sin embargo, vale la pena recorrer algunas de sus afirmaciones, comentarios, análisis y citas para intentar una mejor comprensión de lo que está pasando en la Argentina con un sector cada vez más amplio de los medios en su relación con el gobierno actual y sus políticas.
Artal escribió en su sitio El Periscopio.com un interesante cuadro de lo que parte de la prensa transmitió acerca de la crisis que vivió Grecia, cuando la Comunidad Europea le dio la espalda ante su derrumbe económico en 2010. En su artículo, que tituló "Periodismo: cómplice del poder o al servicio de la sociedad", Artal cita una nota de su colega Maruja Torres, ganadora de los premios Planeta y Nadal, autora de varios libros y corresponsal de guerra en el Líbano, Panamá e Israel. Torres comparte palabras del británico Owen Jones, quien al comienzo de su segundo libro, La casta al desnudo, "cuenta por qué se produjo el éxito del thatcherismo, de qué modo trabajaron las fuerzas conservadoras para recuperar un poder que creían haber perdido a partir de una posguerra en la que se abrió mano a los derechos de las clases consideradas como inferiores. La idea de que la revolución conservadora era inevitable, y de que también lo era poner en su sitio a sindicatos y trabajadores para asegurar el bienestar del país, fue penetrando la malla social gracias al trabajo de numerosos think tank de derechas y a un montón de dinero que fue invertido en colocar en puestos clave de los organismos de manipulación de masas a jóvenes despiadados y ambiciosos. Fue una operación lenta, pero brutalmente eficaz que condujo a la desregulación de los mercados y la corrupción. Sugiero a los lectores de Perfil que no dejen pasar sin análisis comparativo algunos de los dichos de Jones, en particular cuando se refiere a la irrupción de los think tank de derecha y mucho dinero invertido para instalar a "jóvenes despiadados y ambiciosos" en puestos clave de organismos de manipulación de masas.
El economista Juan Torres López se sumó al debate con definiciones que parecen calcadas de la actualidad argentina: los amanuenses periodísticos promueven y reproducen hasta el hartazgo "propuestas sensatas y cargadas siempre de una lógica, que a primera vista suena como indiscutible: hay que moderar los salarios y eliminar derechos laborales –aunque a esto lo llaman flexibilizar– para que se creen puestos de trabajo, hay que reducir los gastos del Estado en servicios públicos o en pensiones porque suponen una carga que no nos podemos permitir, los impuestos son innecesarios y es mejor bajarlos, hay que privatizar las empresas y servicios públicos porque los privados funcionan mejor y todo eso es todavía más imprescindible ahora porque hemos de reducir la deuda por encima de todo".
Reitero, por si no fue claro: esto fue dicho y escrito hace ya casi quince años, referido a una situación de crisis extrema en un país de Europa Occidental, con sistemas de gobierno similares al que hoy ocupa la Casa Rosada. Cito un último párrafo de este trabajo tan revelador como inquietante: "Se ven portadas, editoriales, titulares que sonrojan. Se escuchan y se ven auténticas barbaridades sembradas para hacer un daño devastador".
En definitiva: o ser cómplices con disfraz de periodistas o hacer periodismo; es decir, poner al descubierto lo que desde el poder se pretende mantener oculto.
Fuente: Diario Perfil
domingo, 17 de diciembre de 2023
La compleja convivencia del periodismo y la economía
Desafío. "La información económica se presenta cada vez más confusa y compleja, volátil y efímera, genérica y despersonalizada"
Tras el mensaje inaugural de Javier Milei en las escalinatas del Congreso luego de su asunción como nuevo presidente de los argentinos, la atención casi plena de la sociedad quedó centrada en las medidas de ajuste extremas que el Gobierno prometió poner en práctica casi de inmediato. El interés tuvo ejes en dos cuestiones: cuáles y de qué envergadura serían esas medidas y cómo impactarían en la vida cotidiana de la sociedad.
Saltando de canal en canal, de portal en portal, de radio en radio y de medio gráfico en medio gráfico, los argentinos compartimos de manera casi unánime la misma inquietud y angustia: cómo llegar a fin de mes.
Mucho tiene que ver con este fenómeno la escasa formación en economía de periodistas y comunicadores. Un muy interesante trabajo de la Fundación Konrad Adenauer (una organización adscripta a la corriente social cristiana de Alemania) se titula "Economía y periodismo, la alianza imperfecta", y fue escrito por Thomas Otter y Mónica Cortez. Otter es economista, autor de varios libros y profesor en la Goethe Universität de Frankfurt. Cortez es también economista. "El ejercicio del periodismo en los tiempos actuales –dice el documento– se torna cada vez más una profesión difícil de realizar en términos de libertad de expresión, de calidad informativa y responsabilidad profesional, no solo por la creciente concentración de los medios de comunicación masiva en pocos consorcios empresariales que buscan, ante todo, hacer un buen negocio sin mirar la calidad del producto que se entrega, sino también por la enorme presión ideológica, política y económica que esos y otros grupos de poder ejercen sobre los/las que tienen la misión de informar a la sociedad de los hechos y acontecimientos que afectan y determinarán sus condiciones de vida.
Agrega el trabajo: "Si bien existen diversas áreas de cobertura, hay algunas consideradas de mayor interés debido a la envergadura del impacto que tiene en la vida de las personas. Una de ellas es la información económica, que caminando al ritmo de la globalización financiera y comercial y de los avances de las nuevas tecnologías, se presenta cada vez más confusa y compleja, volátil y efímera, genérica y despersonalizada, provocando, en consecuencia, no pocas dificultades para la comprensión exacta y cabal de los sucesos económicos sobre los cuales se generan las noticias".
Quienes quieran acceder a información clara, concisa, por buena parte de los medios argentinos en relación con el programa de ajuste del gobierno, no encontrarán mucho más que la dura información suministrada por el ministro de Economía el martes o el flamante vocero presidencial en sus ruedas de prensa matutinas. Periodistas embarcados a favor, en contra o con una postura neutra (en algunos casos, en clara complicidad con el Gobierno o embanderados con la nueva oposición) solo lograron mostrar una gran endeblez argumental, fruto de su escasa formación en la materia.
Otter-Cortez concluyen: "La independencia del/de la periodista juega aquí un rol fundamental, pues es ella la que le puede ayudar a administrar esas luchas cotidianas derivadas de la alta dependencia de un pequeño grupo de fuentes informativas. Para lograr independencia no basta, sin embargo, con poseer sólidas convicciones éticas y morales; también importa el bagaje de conocimiento sobre asuntos económicos y el cumplimiento de determinadas normas periodísticas, como la diversificación de fuentes, que le ayuden a desprenderse de esa creciente dependencia".
Foto: Shutterstock
Fuente: Diario Perfil
domingo, 10 de diciembre de 2023
Qué hará el nuevo gobierno con los medios públicos y privados
Es de esperar que la era Milei respete la independencia de medios y periodistas
¿Qué hará, finalmente, el nuevo gobierno en su relación con los medios de comunicación? El nuevo presidente –y algunos de sus adláteres– proclamaron en campaña y con el balotaje ya ganado que avanzarán en la disolución de los medios estatales y mantendrán en la mira lo que han denominado "periodistas ensobrados", definición unívoca para anatematizar a profesionales generalmente críticos del poder en cualquiera de sus versiones.
La democracia es posible sólo si existe una prensa independiente que sirva a los intereses de la sociedad y no a los de quien esté gobernando. Una prensa independiente es aquella que no se subordina al poder y mantiene una postura equilibrada, ecuánime. Que aplaude poco y critica mucho.
No parece favorable a esa prensa la política que esboza el flamante presidente. De hecho, se inclinó en estos últimos tiempos por una selección de interlocutores periodísticos aquiescentes, sumisos, casi cómplices.
Por eso es que resulta conveniente observar sus relaciones con la prensa con cuidado y no aceptar calladamente los comentarios humillantes de los que se habla más arriba. ¿Hay periodistas que cobran por fuera de sus salarios para alentar o denostar políticas gubernamentales? Sí, los hay, pero un presidente de la República no puede lanzar acusaciones de esta naturaleza al voleo, sin nombres y apellidos. La generalización es sinónimo de impunidad.
El nuevo gobierno debe definir cuál será su política comunicacional y establecer un sistema que lo ponga al resguardo de toda sospecha de parcialidad hacia unos u otros medios. En ese sentido, lo que hará con los medios de comunicación administrados por el Estado será determinante para conocer cuál será el relacionamiento democrático con los otros medios. Buena parte de los países a los que el Presidente parece tomar como ejemplos sostienen sistemas de comunicación con administradores estatales. En algunos casos, con participación mayoritaria en sus administraciones (como Francia, por ejemplo, o Suiza). En otros con funcionarios a cargo designados por los mandatarios o funcionarios de alto nivel.
En nuestro país, Radio Nacional tiene un total de 57 emisoras incluyendo poblaciones pequeñas a las cuales sirve con equipos periodísticos locales y con conexiones nacionales. La TV Pública ofrece 240 repetidoras analógicas y canales de Televisión Digital Abierta, lo que le facilita el acceso a buena parte de esas poblaciones.
La agencia de noticias TelAm abarca con sus corresponsalías a todo el país.
Por cierto, los medios de comunicación estatales cumplen a medias su misión, porque, salvo excepciones, sirven desde tiempos inmemoriales a los intereses de cada gobierno y no a los requerimientos de quienes escuchan y ven sus programaciones. En lugar de imaginar un país sin medios públicos, sería atinado darles a ellos políticas más equilibradas en cuanto a sus posturas. Es decir: encontrar la forma de transformar lo que suelen ser medios de propaganda en medios independientes de los vaivenes del poder.
Los medios administrados por el Estado sostienen sus presupuestos con fondos obtenidos de manera mixta: por un lado, los ingresos derivados de la comercialización de espacios con participación privada; por otro, los aportes del Estado cuando los ingresos por publicidad no son suficientes.
Distinta es la situación de los medios no estatales. La economía de todos ellos depende de sus ingresos publicitarios, incluyendo lo que se denomina pauta oficial.
¿Qué hará el nuevo gobierno con la administración de la pauta? Es otro interrogante a responder en los próximos tiempos.
Fuente: Diario Perfil
domingo, 17 de abril de 2022
La ética, ese molesto zumbido que algunos periodistas olvidan
Por: Julio Petrarca, Defensor de los lectores de Diario Perfil
"Tal vez el infortunio de las facultades de comunicación social (N. de R.: y escuelas de periodismo) es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón".
La cita es de "El mejor oficio del mundo", título del mensaje que Gabriel García Márquez dejó en la 52da asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), celebrada en Los Ángeles el 7 de octubre de 1996. El Nobel se explayó largamente sobre el periodismo, y no estaría de más que preste atención a sus palabras buena parte de quienes ejercen hoy esta profesión en la Argentina. No entraré en casos particulares, aunque son cada vez más, y más impunes, quienes se dedican a hacer de este métier un coto de caza sometido a intereses que nada tienen que ver con el oficio.
(Basta con hacer un zapping veloz por programas de radio y de televisión –abierta o por cable–, ciertos portales de noticias y algunos medios gráficos jugados decididamente en la defensa de posturas políticas e ideológicas, omitiendo lo que García Márquez propone como ejercicio de la ética profesional).
En aquella conferencia, el escritor –que siempre se definió más como periodista que como tal– señaló: "Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos tres atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor".
Hoy, en estas tierras, la cuestión no es obtener una primicia a cualquier precio (aunque también es objeto de deseo de no pocos periodistas locales), sino aprovechar los puntos de rating que parecen acompañarlos (o clics en redes sociales, o ejemplares vendidos). Y esto es nocivo para los lectores, oyentes, consumidores de TV o de redes. Incluyendo, claro, a los seguidores de Perfil, que suelen ver con no poco asombro el pésimo uso que se hace de este oficio maravilloso.
García Márquez planteaba un escenario ominoso: "En el caso específico del periodismo, parece ser que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante".
¿Han mejorado las cosas desde el 96 hasta hoy? No: por el contrario, muchas empresas dedicadas a la comunicación han profundizado ese desequilibrio, privilegiando los instrumentos materiales por sobre los sensibles, los éticos, los que hacen a este oficio.
Propongo a los lectores de Perfil huir de los comunicadores (periodistas, animadores, panelistas, conductores, influencers, columnistas) que pretenden entregarles todo digerido. Es una práctica nociva.
Fuente: Diario Perfil
"Tal vez el infortunio de las facultades de comunicación social (N. de R.: y escuelas de periodismo) es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón".
La cita es de "El mejor oficio del mundo", título del mensaje que Gabriel García Márquez dejó en la 52da asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), celebrada en Los Ángeles el 7 de octubre de 1996. El Nobel se explayó largamente sobre el periodismo, y no estaría de más que preste atención a sus palabras buena parte de quienes ejercen hoy esta profesión en la Argentina. No entraré en casos particulares, aunque son cada vez más, y más impunes, quienes se dedican a hacer de este métier un coto de caza sometido a intereses que nada tienen que ver con el oficio.
(Basta con hacer un zapping veloz por programas de radio y de televisión –abierta o por cable–, ciertos portales de noticias y algunos medios gráficos jugados decididamente en la defensa de posturas políticas e ideológicas, omitiendo lo que García Márquez propone como ejercicio de la ética profesional).
En aquella conferencia, el escritor –que siempre se definió más como periodista que como tal– señaló: "Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos tres atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor".
Hoy, en estas tierras, la cuestión no es obtener una primicia a cualquier precio (aunque también es objeto de deseo de no pocos periodistas locales), sino aprovechar los puntos de rating que parecen acompañarlos (o clics en redes sociales, o ejemplares vendidos). Y esto es nocivo para los lectores, oyentes, consumidores de TV o de redes. Incluyendo, claro, a los seguidores de Perfil, que suelen ver con no poco asombro el pésimo uso que se hace de este oficio maravilloso.
García Márquez planteaba un escenario ominoso: "En el caso específico del periodismo, parece ser que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante".
¿Han mejorado las cosas desde el 96 hasta hoy? No: por el contrario, muchas empresas dedicadas a la comunicación han profundizado ese desequilibrio, privilegiando los instrumentos materiales por sobre los sensibles, los éticos, los que hacen a este oficio.
Propongo a los lectores de Perfil huir de los comunicadores (periodistas, animadores, panelistas, conductores, influencers, columnistas) que pretenden entregarles todo digerido. Es una práctica nociva.
Fuente: Diario Perfil
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