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domingo, 9 de noviembre de 2025

IRAR: la institución que nunca dejó de ser una cárcel juvenil

Aunque el Estado cambió su nombre por Centro Especializado de Responsabilidad Penal Juvenil, trabajadores, familias y organizaciones siguen llamándolo como siempre: IRAR. La historia de un dispositivo que prometió ser socioeducativo y terminó convertido en una cárcel saturada, sin personal suficiente, sin infraestructura mínima y atravesada por la lógica punitiva que impuso el nuevo Código Procesal Penal Juvenil
Un origen que nadie explicó
Durante muchos años, en Aire Libre, Radio Comunitaria habían seguido el tema del IRAR, el Instituto de Recuperación del Adolescente de Rosario, aunque con el tiempo el Estado intentara cambiarle el nombre y rebautizarlo como Centro Especializado de Responsabilidad Penal Juvenil. Para quienes allí trabajaban y para quienes lo investigaban, sin embargo, seguía siendo el IRAR: la cárcel para jóvenes de la ciudad. El seguimiento había comenzado hacía ya bastante, cuando una vecina del barrio llamó a la emisora para avisar que algo estaba sucediendo en un terreno baldío cercano: el ministro de Gobierno de la provincia había llegado acompañado por un grupo de ingenieros y estaban tomando medidas sin ofrecer explicaciones. La radio preguntó qué iban a construir, pero no obtuvo respuesta. Recién alguien, en voz baja, deslizó lo que se convertiría en una preocupación permanente: “Viene una cárcel para menores". La radio se acercó al lugar, intentó hablar con el ministro, pero no logró acceder. Ese fue el inicio de una larga historia de observación y denuncia.

La vida cotidiana detrás de los muros
Con el paso de los años, el equipo periodístico estuvo más de una vez dentro del IRAR, acompañando reclamos de familiares, de trabajadores, o simplemente visitando a los jóvenes cuando no había autoridades presentes. Vieron la vida cotidiana en ese edificio ubicado en Saavedra y Cullen, que a lo largo del tiempo acumuló denuncias por ratas, humedad, falta de privacidad y golpes propinados por agentes penitenciarios. La Coordinadora de Trabajo Carcelario lo había expresado en innumerables oportunidades, y la radio lo había registrado también con sus propios ojos: el IRAR se presentaba como un instituto de recuperación, pero funcionaba como una cárcel sin matices.

La esperanza que no prosperó
Incluso cuando en 2008 el entonces gobernador Hermes Binner habló del tema en el programa, pareció abrirse una esperanza. Binner había contado que había conversado con el penalista Elías Carranza sobre las dificultades que plantea en todo el mundo el tratamiento penal de los menores. Había dicho con claridad que no estaban de acuerdo con el funcionamiento del IRAR tal como estaba planteado, porque terminaba reproduciendo una lógica carcelaria común. Planteaba, en cambio, la necesidad de pensar espacios abiertos, con medidas de protección pero que no reprodujeran la dinámica del encierro. Había insistido en que el mayor desafío era lograr que los adolescentes pudieran recuperarse plenamente, en la educación, el trabajo, la recreación y la ocupación de su tiempo. Había dicho que esos aspectos estaban contemplados en su programa de gobierno. Sin embargo, todo eso había quedado lejos, muy lejos.

Un presente alarmante: sobrepoblación y condiciones indignas
Mucho tiempo después, cuando la situación volvió a tensionarse, y la radio quiso saber qué estaba ocurriendo puertas adentro, las novedades eran alarmantes. En el Centro Especializado de Responsabilidad Penal Juvenil (CERPJ) —nombre que las autoridades le dan al viejo IRAR— se encontraban alojados 49 adolescentes, distribuidos en 8 sectores que contaban con apenas 44 camas disponibles. De esos sectores, seis no tenían agua potable. La sobrepoblación no era una cifra abstracta, sino un obstáculo concreto para brindar un abordaje que pudiera llamarse especializado o digno. Esa información llegaba de boca de Mariela Carenzo, delegada de Penal Juvenil de la Asociación Trabajadores del Estado, quien conocía la institución desde adentro y había seguido su deterioro paso a paso.
El fin de los espacios alternativos
Carenzo afirmaba que hoy estaban completamente alejados del ideal que alguna vez se había planteado. Recordaba que antes existían distintos espacios semiabiertos que funcionaban como instancias previas al ingreso al IRAR propiamente dicho, alternativas algo más livianas para jóvenes en conflicto con la ley penal. Esos dispositivos, contaba, ahora estaban cerrados. Lo único operativo era el IRAR, el núcleo de encierro cerrado, y allí se volcaban todos los casos. La institución tenía capacidad máxima para 44 jóvenes, pero albergaba 49. Para quienes trabajaban allí, eso no solo implicaba una sobrecarga, sino, sobre todo, la imposibilidad de sostener la especialidad que define al dispositivo penal juvenil.

Tres profesionales para casi cincuenta adolescentes
Esa especialidad depende de la presencia de acompañantes juveniles: personal civil que contiene, observa, conversa y media en las situaciones convivenciales. También del equipo técnico profesional —psicólogos, trabajadores sociales, especialistas— encargado de abordar las situaciones individuales. Pero ese equipo contaba en ese momento con apenas tres profesionales para atender casi cincuenta adolescentes. Carenzo explicaba que era prácticamente imposible trabajar así: cada profesional debía hacerse cargo de más de diez jóvenes, además de intervenir con las familias, los juzgados y las diferentes instancias judiciales. La tarea se volvía irrealizable.

El agua que no llega y el tiempo que se pierde
A su vez, en la práctica, el personal civil debía supervisar las funciones del servicio penitenciario dentro de la institución. Con tan poco personal, resultaba casi imposible sostener incluso las tareas más básicas. Por ejemplo, los sectores sin agua potable obligaban a que uno o dos acompañantes —los únicos presentes en cada turno— tuvieran que cargar bidones desde la única canilla con agua corriente para abastecer a los jóvenes. Esta tarea, que debería ser secundaria, consumía horas que en un penal juvenil deberían dedicarse a conversar con los chicos, generar espacios de diálogo, promover salidas al aire libre y organizar actividades recreativas o educativas. Todo eso se estaba perdiendo. La sobrepoblación intensificaba cada una de estas demandas, y día a día se hacía más difícil resolver problemas que antes, al menos, podían manejarse.

Carenzo explicaba que cargar los bidones tenía un costo tanto simbólico como práctico muy alto: ese tiempo perdido significaba menos tiempo para acompañar, conversar y contener. Y los adolescentes, recordaba, eran justamente eso: jóvenes privados de libertad, con necesidades específicas, impulsos propios de su edad y angustias que se profundizan cuando el encierro carece de espacios de desahogo. Cada restricción causada por la falta de personal aumentaba la tensión general dentro de la institución.

El nuevo Código y el giro punitivo
Todo esto, advertía Carenzo, no podía separarse de un cambio estructural: la puesta en marcha del nuevo Código Procesal Penal Juvenil, que había comenzado a regir en junio. Desde hacía meses los trabajadores intuían que, cuando entrara en vigencia, la cantidad de jóvenes alojados iba a aumentar. Al principio no pasó: incluso llegaron a tener 25 o 30 jóvenes, un número manejable. Pero en las últimas tres o cuatro semanas el aumento empezó a sentirse de golpe, llevando la cifra casi al doble.

El nuevo Código modificaba profundamente la dinámica del sistema. Según explicaba Carenzo, flexibilizaba los motivos por los cuales un joven podía quedar detenido: se creaba una institución llamada CAD, Centro de Admisión, que antes era el Centro de Guía ubicado al fondo de Arijón. Allí eran llevados los jóvenes y permanecían en tránsito hasta que un fiscal decidiera enviarlos al IRAR o no. Otro cambio central era que desaparecían los juzgados de menores y todo pasaba al Ministerio Público de la Acusación. El joven era imputado directamente por el fiscal según los hechos, sin la intermediación de la estructura específica del fuero de menores que existía antes. Esa lógica, decía, respondía a una frase cada vez más presente en ámbitos de poder: “delito de adulto, pena de adulto". Para ella, eso sintetizaba un discurso punitivo que se había convertido en agenda dominante tanto en el gobierno provincial como en el nacional.

La cocina, entre la rutina y la amenaza de privatización
Dentro del sector de trabajadores civiles, la realidad estructural era igualmente crítica. En la cocina, donde trabajaba Carenzo, también había incertidumbres. La comida, contaba, era aceptable: no era abundante, pero era buena, se garantizaban las cuatro comidas y había variedad, algo que no siempre había sido así. Durante mucho tiempo se repetían menús: los lunes un plato fijo, los martes otro, los miércoles otro, y así. Pero hacía unos meses la gestión había armado diez menús que rotaban semanalmente, lo que mejoraba la diversidad. Ese día, por ejemplo, les tocaban supremas gratinadas con ensalada. Sin embargo, la cocina tenía un conflicto latente: se había anunciado una licitación para privatizar el servicio. Una empresa —decían— iba a hacerse cargo de las comidas y los trabajadores serían reubicados, aunque nadie sabía dónde. Habían preguntado durante meses, mandado notas, pero no recibían respuestas. Mientras tanto, seguían trabajando allí, sin saber qué ocurriría.
Diez años sin concursos: una estructura vaciada
La cuestión del personal cruzaba toda la institución. Para ocho sectores debería haber, como mínimo, un acompañante por sector por turno: ocho personas. No para que cada uno se ocupara de un pabellón de forma exclusiva, sino para poder distribuir tareas, hacer actividades, contener situaciones convivenciales, prevenir conflictos y acompañar a los adolescentes en acciones que requieren presencia adulta constante. Pero la realidad era otra: había uno o dos acompañantes por turno. Lo mismo ocurría con el equipo técnico: deberían ser siete u ocho profesionales, pero solo eran tres. Y no era un problema nuevo: hacía diez años que no se realizaban concursos en penal juvenil. La gente se jubilaba, renunciaba o fallecía, pero no había reemplazos. Los sueldos eran muy bajos, la carga emocional y laboral enorme, y pocas personas querían trabajar en un lugar al que se llegaba con miedo y se vivía con tensión constante.

El avance del Servicio Penitenciario
Carenzo señalaba además otro fenómeno preocupante: la avanzada del Servicio Penitenciario dentro del IRAR. Muchos de los puestos que no eran cubiertos por personal civil estaban siendo suplidos por agentes penitenciarios. Paradójicamente, ellos también tenían sueldos bajos y una falta de personal enorme, por lo que debían hacer recargos constantes. A los agentes les servía porque les pagaban las horas, pero eso reforzaba la lógica carcelaria dentro de un espacio que debería tener otra identidad. La única área en la que todavía no habían podido reemplazar trabajadores civiles era en la de acompañantes juveniles, lo cual era celebrado, pero al mismo tiempo generaba miedo: la institución parecía avanzar hacia un modelo más penitenciario que socioeducativo.

Un diálogo institucional que no existe
Las vías de diálogo con las autoridades también estaban prácticamente cerradas. Los trabajadores habían enviado notas a la dirección provincial, y a Lucía Masneri, secretaria de Asuntos Penales. Pero nadie respondía. Solo existía un diálogo limitado con la dirección del CERPJ. Según Carenzo, se habían cansado de la falta de respuesta, y por eso habían decidido hacer pública la situación. No era un intento de queja, insistía, sino un pedido desesperado para que algo cambiara. Trabajaban muy mal, vivían muy mal, y aun así seguían haciendo el esfuerzo por garantizar lo mejor posible dentro de ese escenario. Querían una institución que funcionara bien, querían ir a trabajar tranquilos, querían seguir poniendo lo mejor de sí. Pero necesitaban que se resolvieran cuestiones básicas para poder ayudar realmente a los jóvenes.

Consecuencias concretas: el encierro sin respiro
Las consecuencias de la falta de personal eran concretas: actividades mínimas, como permitir que un grupo de chicos saliera al patio a jugar a la pelota, se volvían imposibles. Si había un solo acompañante en turno, no podía salir con un sector al aire libre porque debía quedar alguien dentro del edificio para garantizar la seguridad. Sin presencia suficiente, cualquier incidente podría quedar sin control. Así, lo que debería ser cotidiano —tiempo al aire libre, recreación, movimiento físico, socialización— se postergaba indefinidamente, perjudicando directamente a los jóvenes.

Más que una crisis edilicia
La trabajadora también remarcaba que, a pesar de la precariedad, la comida no era hoy un problema central. Al menos eso estaba funcionando. En un contexto de crisis tan grande, señalarlo era casi un alivio. Pero el resto no daba respiro: privatizaciones, falta de personal, presencia penitenciaria, sobrepoblación, carencia de agua potable, ausencia de respuestas políticas y una reforma judicial que aceleraba los ingresos sin reforzar la estructura.

En el fondo, toda la situación resumía un deterioro profundo: la crisis edilicia de la institución no era solo un problema de infraestructura, sino la manifestación visible de un sistema que estaba mutando. Para muchos trabajadores, aquellos 49 jóvenes hacinados, en sectores sin agua, atendidos por equipos mínimos, eran los primeros pasos concretos del nuevo Código Penal Juvenil aplicado sin recursos, sin planificación y sin cuidado. La tormenta perfecta que llevaban años advirtiendo se había instalado definitivamente.

Un pedido urgente para recuperar lo humano
Con cansancio pero también con convicción, Carenzo aseguraba que querían seguir trabajando bien, que querían una institución que pudiera cumplir un rol real en la vida de los chicos. Por eso necesitaban que la situación saliera a la luz. Y mientras agradecía a la radio por difundir el problema, insistía en que la urgencia era enorme: detrás de esos muros había adolescentes viviendo sin lo mínimo indispensable, trabajadores agotados sosteniendo lo imposible y un sistema que avanzaba hacia un modelo cada vez más punitivo y menos humano. Lo que pedían no era excepcional: era simplemente que se garantizaran condiciones básicas para poder hacer su trabajo y para que los jóvenes pudieran, alguna vez, tener una oportunidad real de recuperar algo de su vida.

Escuchá la entrevista completa:

Ver también: Del rumor al encierro. IRAR el instituto modelo que se volvió cárcel, "Estoy acá dentro remal, que no ago nada en todo el dia, no nos sacan a ningun lado no tengo ningun hofisio*", Están demorando mucho, abandono y una urgencia que no espera, Paso a paso, el día de enero en que R.A. fue acusado de homicida

jueves, 3 de abril de 2008

"Estoy acá dentro remal, que no ago nada en todo el dia, no nos sacan a ningun lado no tengo ningun hofisio*"

*de la redacción de un adolescente privado de su libertad en el mal llamado Instituto de Recuperación del Adolescente Rosario o la Cárcel de menores como le llamamos siempre nosotros.

Informe de la Coordinadora de Trabajo Carcelario (CTC) sobre la situación del Instituto de Recuperación del Adolescente Rosario
En un duro comunicado la CTC le reclama nuevamente al gobierno medidas urgentes para mejorar la situación en la que están los jóvenes allí detenidos. La CTC comenta que después de innumerables denuncias ante la justicia y los órganos del poder ejecutivo de la Provincia de Santa Fe por el agravamiento de las condiciones de detención de los niños y adolescentes privados de la libertad y el incumplimiento de la legislación vigente, realizó un informe y pedido de intervención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington sobre la situación de los niños y adolescentes privados de la libertad en la Argentina.
Al no obtener respuesta y ver que las condiciones de fondo en el IRAR siguen siendo las mismas, insisten con las denuncias ya presentadas.
La mesa de seguimiento, creada a instancias de una resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Santa Fe, en su última reunión emitió como conclusión de lo actuado que: “es necesario el cierre total y definitivo del IRAR, entendiendo que esto requiere de un proceso, y no seria en el plazo inmediato, se hacen una serie de recomendaciones en cuanto a como por lo menos adecuar la s condiciones de encierro para que no se vulneren los mas elementales derechos de los chicos alojados allí”. Luego de esto no ha vuelto a ser convocada para continuar con las tareas de seguimiento.
Manifiestan su preocupación porque “las condiciones de detención no contemplan ni respetan la normativa vigente respecto de los derechos de los niños, inclusive los que están en conflicto con la ley”.

El IRAR no educa, es una fábrica de la marginalidad
“El IRAR solo puede pensarse como una fabrica de marginalidad. Un espacio indefinido, donde acude una diversidad de problemáticas, emergentes de una sociedad fragmentada y estratificada, que son tratadas con la misma metodología, el olvido, el silencio el maltrato y la soledad. Estas, son las únicas "materias" que se cursan en el IRAR.”
“Hoy por hoy en el IRAR se dictan dos horas diarias en la escuela a razón de que sólo asisten en grupos de a cuatro jóvenes más o menos, como consecuencia de ello no todos tienen un acceso efectivo y la continuidad y sistematización que se requiere en el proceso educativo se ve obstaculizada. La actividad educativa sólo funciona por la mañana, y dada la situación en la que se encuentran los chicos muchas veces se superpone con la ida a tribunales o con entrevistas de los profesionales de la institución, interrumpiéndose de este modo dicho proceso”. También destacan que la escolaridad media no está aún implementada.

Poco tiempo y mal trato a los familiares
Los familiares solo disponen de cuatro horas semanales de visita dividas en dos días. Cuando llegan al lugar no tienen sillas, mesas, los baños inutilizables y no se disponen de baños para mujeres, en el salón de visitas hay roedores, como en toda la institución.
Los jóvenes plantearon que se le retienen objetos que les lleva su familia por parte de la requisa, y estos no son devueltos a la visita cuando esta se retira ni tampoco es entregado a los chicos.
El lugar posee un gran patio y espacio para la recreación pero este es limitado a algunos días y unas pocas horas.
¿Como sale un joven de un lugar como este después de estar toda una tarde encerrado y sin nada que hacer?
Destaca la CTC que la ración de comida ha disminuido y que los chicos les comentaban que las ratas “ingresan por la noche a las celdas y no los dejan dormir ya que les caminan por encima”.
El lugar no es apto para alojar a ninguna persona, las celdas individuales, carecen de luz, agua y ventilación en ellas son encerrados desde las 23 hasta las 8 de la mañana.
Sobre el final llaman a reflexionar sobre la urgencia de revertir esta situación, ya que el daño que esta dinámica conlleva es más que importante.
“Quien pasa por el IRAR vuelve en un eterno repetir, la huella que deja es profunda y no se borra. Los niños y adolescentes en conflicto con la ley penal que "concurren" a la cárcel regularmente no son numerosos, tal vez cien en toda la región, ninguna política social los contiene, y cada vez que "egresan" del instituto lo hacen, en mayores niveles de agresión y deterioro.
Insistimos que se necesita voluntad y decisión política, para tomar medidas que impacten en las condiciones de detención y que realmente reflejen un cambio en lo que hasta ahora conocemos.
No desconocemos la postura de los funcionarios y que estarían trabajando en un proyecto superador del IRAR para algún día producir su cierre, pero estos 40 chicos necesitan una respuesta hoy.”

Notas hechas por los chicos presos en el IRAR
En las notas se respetó la redacción y ortografía de los chicos

1-“Nos dirigimos a usted con muchos respecto, para manifestarle nuestra preocupasion por el estado en que se encuentra el salón para la visita que es el unico lugar que nos encontramos con nuestra visita por el estado igiénico que hay en el lugar los baños tapados las siyas y las mesas rotas estufas no les pedimo solo las condiciones minimas para estar con nuestro seres queridos. Lo saludamos atentamente. Gracias.

2- “Sr, Juan Lewis. Nos dirigimos a usted para solisitarle si podía aser el grandísimo favor de acercarse al IRAR para que vea las condiciones en las que atendemos a nuestras visitas: sillas rotas, mesas rotas, no hay cantidad suficiente, los baños están tapadps y sucios, hay ratas en todo lados. Pensamos que si bien estamos detenidos no es la condición para recivir la visita.”

3-“Hola señor juez el motibo de esta carta es para decirle que estoy acá dentro remal, que no ago nada en todo el dia, no nos sacan a ningun lado no tengo ningun hofisio, estoy todo el dia acostado sin hacer nada y le queria pedir si uste me puede mandarme a algun lugar donde aya talleres para aprender un hofisio y de los permisos si uste me aria el favor de seguir dando esos permisos para estar mas con mi familia uste me dio una oportunida y estuve un rato con mi familia" y yo le agadesco mucho la oportunida que me dio y yo el tiempo que estoy aca adentro me pongo a pensar que puedo estar con toda mi familia yo le queria pedir si me podria dar mas permiso para estar mas cerca de mi familia. Grasias”

domingo, 2 de marzo de 2008

Están demorando mucho, abandono y una urgencia que no espera

Están demorando demasiado
Es cierto: apenas llevan casi tres meses y aún hay mucho por resolver. Pero en la cárcel de nuestro barrio, los jóvenes se nos están yendo de a poco.

Ya lo contamos hace un tiempo: el lugar está en estado lamentable. Las ratas cohabitan con los internos. Adentro, solo hay encierro. Así no se puede cambiar la mentalidad de un joven que hoy deambula sin encontrar una pista que lo ayude a soñar con un futuro distinto.

Si no fuera por una nota enviada por una colega, los anuncios seguirían demorándose. Mañana, prometen, llegará un profesor de educación física y también la visita de un médico. Promesas que suenan más a parche que a plan.

Es evidente que los equipos de campaña no destinaron el tiempo necesario para buscar una solución de fondo. Hoy, simplemente, no encuentran la brújula.

A quienes ayer vinieron a “deslumbrarnos” con la brillante idea de un Instituto de Recuperación del Adolescente, hoy les convendría guardar silencio. Fueron ellos quienes originaron este problema y, para peor, intentaron taparlo hasta el día en que se fueron.

A Néstor Salto lo dejaron morir. A la Comisión de Diputados que quiso ingresar a la cárcel, no la dejaron entrar. Y eso fue apenas una muestra de lo que ocurrió durante la gestión anterior.

El tiempo corre y las promesas se diluyen. Hagamos algo antes de que sea demasiado tarde.
Señales
"Ya tendrían que tener alguna idea, se debería poder ver alguna señal"
Los dijeron representantes de la Coordinadora de Trabajo Carcelario (CTC) respecto de lo que hará el nuevo gobierno con el Instituto de Recuperación del Adolescente Rosario, IRAR.
Por Alicia Simeoni
La Corte Suprema de Justicia santafesina pidió al Poder Ejecutivo "que resuelva definitivamente y con la máxima urgencia posible la problemática que caracteriza al IRAR". Así surge del acuerdo ordinario celebrado el pasado 20 de febrero y enviado al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. El acuerdo tomó como base el expediente abierto con la presentación de la Coordinadora de Trabajo Carcelario a partir del que la Corte pidió a la jueza de Menores de la 1ª Nominación María del Carmen Musa que realizara una inspección al IRAR. Como resultado de esa visita se detallan situaciones que repiten los diagnósticos que desde hace años se conocen. Desde la CTC la abogada Carmen Maidagan explicó que la organización comparte los anuncios que desde el ministerio se realizaron en cuanto al modelo de institución penal juvenil futura: se trata de diseños de alojamiento de capacidad reducida, el cuidado en la selección del personal que estará a cargo y otros puntos importantes "pero en tanto hay que atender a la situación actual". Mientras se prepara el nuevo modelo que considere al niño y adolescente como sujeto de derecho en atención a las leyes nacionales e internacionales "hay que trabajar puntualmente con los chicos que hoy están alojados allí y tener alguna propuesta que no la hay. Queremos ver alguna señal", dijo Maidagan. Juan Lewis, subsecretario de Asuntos Penales discrepó con las afirmaciones de la CTC mientras hizo anuncios: "Mañana comenzarán las clases, ya hay un profesor de educación física y el próximo viernes se integra el nuevo servicio médico".

El acuerdo de la Corte señala que en los sectores de admisión y de enfermería ya se había pedido la clausura por las condiciones de inhabitabilidad. Sin embargo la CTC dijo que el martes pasado había dos chicos alojados en enfermería y uno en el sector de escolarización porque está bajo el amparo del juzgado. A través del informe de la jueza Musa se señalan las deficiencias edilicias y las que tienen relación con el transcurrir de la vida de los chicos allí alojados. "Algunas comenzaron a arreglarse en la gestión anterior y se prosigue ahora" dijo el subsecretario de Asuntos Penales Juan Lewis que afirmó que "esta gestión no se tomó vacaciones" y que ya se "arbitraron soluciones a problemas que están citados en el informe y aún antes de recibirlo".

Lewis señaló también que el acuerdo de la Corte del 20 de febrero se realizó en base a "inspecciones y visitas realizadas entre el 7 de diciembre y el 10 de enero, el fin del gobierno anterior y el comienzo del actual". Además opinó que el informe es "sustancialmente más favorable que el que se hizo a mitad del año pasado".

La jueza Musa señaló la existencia de charcos de agua en las proximidades de los baños, ratas en distintos sectores -según el testimonio de los jóvenes-, la imposibilidad de hacer traslados entre pabellones por problemas de convivencia. "Los internos se aburren, no tienen en qué ocupar el tiempo y permanecen todo el tiempo en sus celdas sin más entretenimiento que el televisor y el mate". Sobre las aulas de la escuela señaló que la mayoría "son libros muy viejos y en mal Estado". En relación con la higiene de los sectores A y C en planta baja y B y D en la planta alta el acuerdo expresa que "deja mucho que desear". Además que en los pabellones hace demasiado calor, no hay ventiladores, los calefones son eléctricos, hay suciedad, hongos en las zonas de duchas y los inodoros no funcionan". Pese a estos detalles de inspecciones realizadas el 27 de diciembre se dice que "se daban las mismas condiciones que en otros informes".

Mientras tanto la CTC que fue parte de la Comisión de Seguimiento del Proceso de Optimización del Sistema de Alojamiento de Menores en Conflicto con la Ley Penal recordó que a fines de noviembre se señalaba que el IRAR estaba agotado, que no cumplía los objetivos y misiones para los que había sido creado bajo la modalidad institucional de "alta contención con perspectiva de egreso socio integrador".
La CTC insistió, en diálogo con este diario, en que deben abordarse problemas puntuales del presente aunque se coincida con los anuncios del gobierno en cuanto a la forma de encarar las nuevas instituciones para el sistema de minoridad penal. El reclamo es por las cuestiones edilicias pero también por la falta de acceso a la salud y a derechos que favorecerían el contacto de los adolescentes con sus familias, como el contacto telefónico y el envío de cartas "que no existe".

En relación con la escolarización que realizan "muy pocos chicos", la CTC explica que "el argumento es siempre el hecho que los jóvenes no pueden convivir pero justamente hay que empezar por trabajar las relaciones interpersonales que posibiliten distintas actividades" y que beneficiarán a los chicos de manera individual y en los lazos que establezcan con el contexto social.

Juan Lewis explicó a Rosario/12 que lo que se lleva adelante "es un proceso gradual de diferenciación de las funciones de seguridad de aquellas convivenciales y educativas...En este proceso se le va quitando progresivamente tareas al Servicio Penitenciario para pasarla al ámbito civil y esta modalidad de prolongará en la transición y mientras el IRAR permanezca abierto". Por eso dijo que discrepaba con la apreciación de la CTC en cuanto a que 'no hay propuestas' o que se 'espera alguna señal'. "Justamente el futuro es lo que condiciona nuestro presente y así avanzamos en un modelo en el que distinguimos las funciones de seguridad de aquéllas que tienen que ver con la convivencia y la educación".

El subsecretario de Asuntos Penales anunció que el próximo viernes entrará en funciones el nuevo servicio médico, aseguró que se seguirá adelante porque es la decisión política del gobierno "sin necesitar que la CSJ lo señale". Como lo anunció 20 días atrás "ya hay un profesor de educación física y empezaron algunos talleres que continuarán incrementándose".

Mientras tanto la CTC recordó que en todos los terrenos debe trabajarse en la cuestión de la convivencia porque de lo contrario van muy pocos chicos a la oferta de actividades que pueda realizarse.
Lewis anunció también que el dictado de clases comienza mañana lunes. Hasta el año pasado, justamente por las dificultades en las relaciones interpersonales no iban más de dos o tres chicos de cada sector.
Fuentes: Señales, Diario RosarioI12

miércoles, 25 de abril de 2007

Del rumor al encierro. IRAR el instituto modelo que se volvió cárcel

Hace años, los vecinos del barrio Triángulo escucharon que en las canchitas del club Loma Negra levantarían una cárcel de menores. Las autoridades lo negaron y hablaron de un "instituto de recuperación". Hoy, el Instituto de Recuperación del Adolescente de Rosario (IRAR) es escenario de abandono, denuncias de torturas y una muerte que encendió la alarma.

El rumor que se volvió realidad
En 1998, corría el rumor en el barrio: levantarían una cárcel de menores. Una mañana de sábado, una oyente de Señales nos alertaba: "Ayer vino el ministro Rosúa con ingenieros, tomaron medidas del lugar y muchos escuchamos que volaban las canchitas… ahí va una cárcel", aseguraba.

Desde el gobierno provincial desmintieron: "solo se trata de un instituto de recuperación de adolescentes".

Sin embargo, cuando visitamos el barrio, la construcción ya estaba en marcha. Nadie había consultado a las vecinas. Aquella visita despertó el reclamo y la exigencia de explicaciones al Ministerio de Gobierno. La respuesta oficial fue categórica: "no habrá cárcel de menores".

El tiempo pasó, se inauguró el flamante "instituto modelo", y nosotros —los molestos de siempre— seguimos llamándolo como lo que parecía ser: una cárcel de menores.

El Instituto de Recuperación del Adolescente de Rosario
El IRAR se levanta en el corazón del barrio Triángulo. Fue inaugurado a fines de 1999, en lo que antes era la canchita de fútbol del club Loma Negra.

Con los años, las promesas de modernidad se desvanecieron. Pocas inversiones, escaso mantenimiento y un deterioro visible marcan hoy la fisonomía del edificio que alguna vez quiso ser "modelo".

El caso Chanchín
El miércoles 18 de abril, Néstor —"Chanchín", de 17 años— llegó al IRAR. Estaba detenido por orden del juez de Menores Juan Leandro Artigas, sospechado de haber participado en el homicidio de Luciano Drovandi, asesinado para robarle la moto. En su casa, la policía halló el rodado, aunque su participación en el hecho no estaba acreditada.

Pocas horas después, Chanchín era trasladado al hospital Eva Perón de Granadero Baigorria. Tenía quemaduras de primer y segundo grado en casi el 80% del cuerpo. Según el parte, se había prendido fuego envuelto en colchones dentro de su habitación. Murió horas más tarde.

Los diputados entran en escena
La muerte de Chanchín forzó una reacción política. Diputados de la Comisión de Derechos y Garantías de la Legislatura visitaron el IRAR. Antes del caso, ni siquiera los dejaban pasar.

"La realidad es otra —dijo la diputada Mónica Peralta—: el IRAR no es un instituto de recuperación; se ha transformado en una cárcel."

Junto a Raúl Lamberto (PS) y Alicia Gutiérrez (ARI), comprobó el estado del lugar tras múltiples denuncias por condiciones de inhabitabilidad.

La Corte toma cartas
La Corte Suprema de Justicia de Santa Fe ordenó a la Cámara de Apelación en lo Penal de Rosario inspeccionar todos los institutos donde haya menores alojados, incluido el IRAR.

Fijó un plazo de tres días para recibir informes sobre las condiciones de alojamiento y dispuso recursos materiales y humanos: médicos, ingenieros, asistentes sociales. La medida surgió a partir de una presentación de la Coordinadora de Trabajo Carcelario y de notas periodísticas que circularon en esos días.

Un sábado de encierro
La mañana en Saavedra y Cullen amaneció sitiada. Policías dentro y fuera del recinto impedían el paso de empleados y administrativos. Ni siquiera el proveedor que llevaba la carne para los internos pudo entrar.

Los familiares también quedaron afuera. Desde los pabellones, los chicos protestaban a los gritos.

La respuesta del ministro
El ministro de Gobierno, Roberto Rosúa, confirmó que —aunque "no es la figura jurídica"— el IRAR "está intervenido". Dijo que se lo transfirió temporalmente al Servicio Penitenciario, desplazó a la directora y aseguró que "hay que garantizar la seguridad, el alojamiento, la asistencia y fundamentalmente la vida de los menores alojados allí". (¿Tuvo que pasar esto para darse cuenta?)

El ministro y el edificio que nació roto
Meses atrás, Rosúa, nos decía: "En el año 1999 se construyó un edificio especialmente diseñado para ser un instituto cerrado que ha sufrido dos grandes embates: uno, el del origen de la construcción, que tuvo graves defectos y derivó en fallas edilicias; y otro, la acción depredadora ejercida desde adentro mismo del IRAR.

Se trata de un instituto con capacidad para 70 personas, construido a un alto costo y diseñado por especialistas en materia de seguridad, pero que presenta gravísimas fallas constructivas y sufre los efectos devastadores de la acción vandálica, sobre todo de los propios alojados. Todo eso terminó generando problemas muy serios.

Por esa razón, nos reunimos con el decano de la Facultad de Arquitectura, quien se comprometió a realizar una pericia técnica para determinar la viabilidad del edificio y establecer sistemas antivandálicos que eviten que se destruya desde adentro.

¿Por qué recurrimos a la Facultad? Porque no puedo acudir a los organismos provinciales: fueron ellos quienes controlaron la construcción, y son ellos los responsables de los resultados que hoy tenemos".

Las voces del personal
Dentro del instituto, los trabajadores respondieron con crudeza: "Lo que sucedió con el chico quemado no amerita esta intervención. No hay falta de seguridad, lo que falta es personal. Somos solo seis trabajadores por turno y hace más de cuatro meses que no cobramos los salarios."

La cucha
Poca luz. Olores pestilentes. Agua y orina en los pisos. Así viven los adolescentes del IRAR.

Una celda —su "habitación"— aloja a chicos con problemas de convivencia. El hedor es insoportable. Orinan y defecan en bidones o bandejas de plástico. A la hora de comer, el piso húmedo es su mesa.

La luz es mortecina; no hay ventanas. Los baños están siempre taponados. Pocos están escolarizados, no existen talleres ni actividades físicas o recreativas. La mayoría ni siquiera accede a los patios.

"Es peor que la cárcel de Coronda", dijo una diputada tras recorrer el lugar. Un delegado de ATE lo llamó "el preescolar de Coronda".

La denuncia internacional
La Coordinadora de Trabajo Carcelario llevó el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Denunció violaciones sistemáticas de los derechos de los niños alojados en el IRAR.

Casi todos son menores pobres, que conocieron el alcohol, la droga y la exclusión antes que la contención del Estado. Niños vulnerados a los que un sistema judicial y penitenciario terminó de quebrar.

El pedido final
Al cierre de esta nota, los diputados que inspeccionaron el instituto emitieron un comunicado: "Se debe desafectar el uso del actual edificio del IRAR, por no reunir las condiciones que requiere un instituto de menores. El eventual traslado debe realizarse a un ámbito que permita cumplir con los objetivos prefijados."

Reclamaron además "la imperiosa necesidad de instrumentar una política de Estado coherente con los Derechos Humanos, destinada a los menores en situación de riesgo y exclusión social", una política que —afirman— hoy la provincia no tiene.
Fotos: Diario La Capital, El Eslabón

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