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viernes, 11 de septiembre de 2026

Los Juegos Suramericanos 2026 llegan a la pantalla pública: la gran cobertura de RTS Medios

Rosario, Santa Fe y Rafaela serán protagonistas de la gran cita deportiva internacional que también tendrá sedes en Vicente López y Mar del Plata. RTS Medios desplegará entre 12 y 14 horas diarias de transmisión, con equipos periodísticos y móviles en las ciudades santafesinas. La cobertura será abierta y gratuita por televisión y plataformas digitales
Los XIII Juegos Suramericanos tendrán a Santa Fe como uno de los grandes escenarios de la competencia y, desde la televisión pública provincial, el desafío será que ese acontecimiento pueda verse y seguirse en cada rincón del territorio. RTS Medios prepara una cobertura especial que combinará transmisión en vivo, información, análisis y presencia periodística en las sedes de Rosario, Santa Fe y Rafaela.

La edición 2026 de los Juegos reunirá a delegaciones de 15 países y tendrá competencias distribuidas entre cinco ciudades: Rosario, Santa Fe, Rafaela, Vicente López y Mar del Plata. Además del atractivo propio del torneo, el evento tendrá una importancia deportiva adicional: algunas de las disciplinas ofrecerán plazas de clasificación para los Juegos Panamericanos de Lima 2027, que a su vez serán una instancia para acceder a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

En ese contexto, la pantalla de RTS Medios tendrá un rol central para acercar la competencia a la audiencia santafesina. La propuesta contempla entre 12 y 14 horas diarias de transmisión en alta definición, desde las primeras actividades deportivas de cada jornada hasta las últimas competencias de la noche.

No se tratará solamente de una transmisión desde un estudio. La televisión pública provincial dispondrá de móviles y equipos periodísticos en simultáneo en Rosario, Santa Fe y Rafaela, para contar lo que ocurra en los escenarios de competencia y seguir especialmente a los deportistas santafesinos que formen parte de la delegación argentina.

Una mirada santafesina sobre un evento internacional
Para RTS Medios, la cobertura de los Juegos representa también una oportunidad para poner en práctica una de las características centrales de la televisión pública provincial: contar Santa Fe desde Santa Fe.

Con una mirada plural, inclusiva y con fuerte arraigo local, RTS Medios refleja las voces, culturas y realidades de las distintas regiones santafesinas a través de contenidos informativos, educativos, culturales y de entretenimiento. Durante los Juegos, esa perspectiva se trasladará a una competencia que tendrá a varias ciudades de la provincia como protagonistas.

Por eso, junto con los resultados y las grandes actuaciones deportivas, la cobertura buscará mostrar aquello que sucede alrededor de los estadios: las historias de los atletas, el movimiento de las ciudades, los espectáculos musicales y la actividad de los Fan Fest de Rosario, Santa Fe y Rafaela.

El objetivo será que los Juegos no queden limitados a quienes puedan asistir personalmente a las competencias, sino que formen parte de la vida cotidiana de la provincia a través de una señal pública, abierta y accesible.

Dónde ver los Juegos Suramericanos
La cobertura de RTS Medios podrá seguirse de manera libre y gratuita por televisión y plataformas digitales.

En Televisión Digital Abierta (TDA), la señal estará disponible en el canal 29.1 en Santa Fe y su área de influencia y en el canal 33.2 en Rosario.

También podrá verse por televisión por cable a través del canal 37 de Flow, el canal 6 de Claro TV y las redes de cables locales y cooperativos que distribuyen la señal en distintas localidades de la provincia.

La transmisión llegará además a internet mediante el sitio web de RTS Medios, su canal oficial de YouTube y la aplicación oficial para dispositivos Android e iOS.

Así, mientras Rosario, Santa Fe y Rafaela se convierten en escenarios de una competencia que puede abrirles a los deportistas el camino hacia Lima 2027 y, eventualmente, Los Ángeles 2028, la televisión pública santafesina asumirá otra competencia: hacer que los Juegos puedan ser vistos, escuchados y vividos por toda la provincia.

sábado, 29 de agosto de 2026

Tristán Bauer: las preguntas que 1976 todavía le hace al presente

A 50 años del golpe, el cineasta presenta 1976, Ecos de la memoria, una serie documental que recupera testimonios, archivos y escenas que no habían quedado registradas. La inteligencia artificial aparece como herramienta de reconstrucción, pero nunca como reemplazo del documento. En una conversación que también recorre su trayectoria al frente de los medios públicos, Bauer habla en Señales de memoria, dictadura, resistencia, construcción cultural y del presente de la comunicación pública
Volver a 1976, medio siglo después

A cincuenta años del golpe de Estado de 1976, la memoria argentina vuelve a mirar hacia aquel tiempo de horror. No para repetir lo ya contado, sino para interrogarlo desde el presente, con nuevas herramientas, nuevas generaciones y una distancia histórica que permite volver sobre hechos que todavía atraviesan la vida del país.

En ese ejercicio se inscribe 1976, Ecos de la memoria, la serie documental que se estrena en Canal 9 y que tiene a Tristán Bauer, Daniel Filmus y Carolina Scaglione como impulsores. Bauer, cineasta y documentalista, director de películas como Después de la tormenta, Cortázar, Evita, la tumba sin paz, Iluminados por el fuego —por la que obtuvo el Premio Goya— y Santiago: desaparición y muerte de Santiago Maldonado, además de exdirector de Canal Encuentro, expresidente de Radio y Televisión Argentina y exministro de Cultura de la Nación entre 2019 y 2023, vuelve así sobre uno de los períodos centrales de la historia reciente argentina.

La idea, cuenta en Señales, nació de una conversación con Filmus. Mientras el país se preparaba para recordar los cincuenta años de aquel golpe, Filmus insistió en la necesidad de revisar ese momento desde el lenguaje audiovisual. "Estamos atravesando, estamos recordando los 50 años de aquel horror", explica Bauer, y esa inquietud inicial terminó transformándose en un proyecto televisivo de cuatro capítulos.

Una reunión posterior con Víctor Santa María, del Grupo Octubre, permitió avanzar con la producción. A partir de allí comenzó un trabajo que buscó combinar distintas formas de aproximación al pasado. Por un lado, están los testimonios de víctimas, testigos y protagonistas de aquellos acontecimientos. También aparecen las voces de quienes permiten analizar e interpretar ese período histórico. Por otro, el archivo, sometido a un proceso de reconstrucción y restauración mediante nuevas tecnologías.

Para Bauer, ese cambio tecnológico resulta particularmente significativo después de tantos años dedicados al audiovisual.

"Hace años que estoy trabajando en lo audiovisual y lo que ha ocurrido tecnológicamente para poder restaurar aquellos registros en cine o en televisión que se han tomado es verdaderamente impresionante", señala.

Cuando la tecnología reconstruye lo que no quedó registrado
Pero la serie se propone ir incluso un paso más allá. Durante la dictadura hubo numerosos acontecimientos que ocurrieron en la clandestinidad, muchas veces durante la noche y en lugares donde no existían cámaras ni registros directos. Allí aparece una tercera herramienta: la reconstrucción mediante inteligencia artificial.

La utilización de esa tecnología, sin embargo, plantea un límite que para Bauer resulta fundamental: reconstruir no puede significar reemplazar el documento ni clausurar la imaginación de quien observa.

Para explicar esa frontera recurre a un ejemplo literario, el de Franz Kafka y La metamorfosis.

Recuerda que Kafka publicó muy pocas de sus obras en vida y que, antes de morir, le pidió a su amigo Max Brod que destruyera sus manuscritos. Brod decidió no hacerlo y gracias a esa desobediencia una parte fundamental de la literatura universal pudo llegar hasta nuestros días.

Bauer se detiene, particularmente, en un episodio relacionado con La metamorfosis. Cuando Kafka supo que la obra iba a ser ilustrada, escribió con cierta angustia al dibujante para pedirle que no representara al insecto en la tapa.

Kafka sugería, en cambio, que podía dibujar al padre y a la madre mirando desde una puerta una mancha de humedad, pero que bajo ningún concepto debía aparecer el insecto. El motivo era sencillo y profundo: esa criatura debía ser una construcción del lector.

Bauer toma esa idea como principio para la utilización de la inteligencia artificial en la serie.

"No una ilustración directa, sino una vocación para que el espectador pueda desde él reconstruir aquellos episodios y aquellos momentos generalmente trágicos y siniestros vividos", explica.

La intención, entonces, no es fabricar una imagen que pretenda pasar por documento histórico, sino utilizar las posibilidades de la tecnología para evocar aquello que ocurrió y de lo que no quedó registro. La memoria, en ese sentido, sigue necesitando de quien mira para completar lo que la pantalla apenas sugiere.

La serie parte de una certeza: existen numerosas películas, investigaciones y testimonios sobre la última dictadura. Bauer mismo reconoce que hay trabajos de enorme valor y menciona especialmente Juan, como si nada hubiera sucedido, de Carlos Echeverría, realizada poco después de la finalización de la dictadura.

"Para mí es el mejor", afirma. Es una película que, según cuenta, continúa viendo con frecuencia y que considera "admirable" por el trabajo realizado por Echeverría y su equipo.

Entonces, ¿qué podía aportar una nueva producción medio siglo después? La respuesta está, para Bauer, precisamente en el tiempo transcurrido. "Han pasado 50 años y mirar desde hoy, desde esta perspectiva, desde estos 50 años", explica.

También en la decisión de organizar ese recorrido como una serie televisiva y en la incorporación de herramientas que antes no existían: la posibilidad de reconstruir y restaurar materiales de archivo y de evocar mediante inteligencia artificial acontecimientos que no fueron registrados.

Una memoria que también es generacional
Pero hay otro elemento decisivo: los testimonios de quienes vivieron aquella historia.

En ese punto, Bauer recupera también parte de su propia trayectoria. A lo largo de su vida mantuvo una relación cercana con las Madres de Plaza de Mayo y con referentes de los organismos de derechos humanos. Menciona especialmente a Hebe de Bonafini y, entre las Abuelas de Plaza de Mayo, a Estela de Carlotto y Chicha Mariani. A las tres las filmó en distintos momentos de su carrera.

Esas entrevistas, esas visitas y aquellas horas de filmación vuelven ahora a cobrar sentido. El material que Bauer había registrado a lo largo de los años puede ser recuperado y combinado con archivos históricos y con los nuevos procedimientos de reconstrucción.

La serie se convierte así también en una suerte de regreso sobre su propio archivo, sobre una memoria audiovisual que el paso del tiempo permite mirar de otra manera.

La necesidad de volver sobre ese pasado adquiere, además, una dimensión generacional. Bauer pone el foco en un dato que considera significativo: aproximadamente el 70 por ciento de la población argentina no había nacido durante la dictadura. Apenas un 30 por ciento vivió aquellos años de manera directa.

"Entonces volver a mostrar, a vivir estructurado de esta nueva manera, ese pasado nos parecía importante", sostiene.

Allí encuentra uno de los principales aportes de la serie: reconstruir para quienes no estuvieron, pero también volver a interrogar para quienes sí estuvieron.
La dictadura como proyecto de poder

El recorrido tampoco se limita al aparato represivo. La serie busca ampliar la mirada sobre la dictadura y abordar las múltiples dimensiones que hicieron posible su funcionamiento y que atravesaron la sociedad argentina.

Aparecen el plan económico, la censura, el Mundial de 1978, las complicidades civiles, el papel de la Iglesia, la actuación de la prensa, la resistencia cultural, la guerra de Malvinas y, finalmente, la recuperación de la democracia.

Para Bauer, esa amplitud es central porque permite comprender que la dictadura no fue únicamente una maquinaria de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones. Y destaca especialmente la decisión de abrir la serie con un testimonio de Felipe Pigna. A su juicio, ese comienzo permite definir el carácter de la dictadura desde una perspectiva más amplia.

No se trató solamente de una dictadura militar, sino de una dictadura "cívico-militar", una denominación que, para Bauer, permite observar una relación que muchas veces queda relegada: "los militares al servicio de un proyecto civil que era un proyecto económico".

En su reconstrucción, esa dimensión económica aparece desde los primeros momentos. Y encuentra una formulación particularmente contundente en un documento escrito apenas un año después del golpe: la carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar, fechada el 24 de marzo de 1977.

Rodolfo Walsh y la pregunta detrás del horror
Bauer considera extraordinaria la precisión con la que Walsh logró describir, cuando todavía transcurría el primer aniversario del golpe, el proyecto que estaba detrás de la represión.

"Tan sólo transcurrido un año del golpe", recuerda, Walsh ya hablaba de la implementación de un plan económico y vinculaba los secuestros, las desapariciones y los crímenes con la intención de modificar la estructura económico-social del país.

La carta también anticipaba información que con el tiempo se conocería con mayor precisión. Walsh hablaba ya de los cuerpos arrojados al mar, aunque suponía que eran trasladados en barcos. Más adelante se conocería que los vuelos de la muerte habían utilizado aviones para arrojar a los prisioneros al Río de la Plata y al mar.

Para Bauer, esa mirada de Walsh resulta fundamental porque permite entender que detrás del horror existía un proyecto.

"Él pensaba que se arrojaban en barcos, después nos vamos a enterar que era en aviones, pero con mucha precisión define esto como un proyecto, como la necesidad de implementar un proyecto económico que cambie la estructura económico-social de la Argentina y que aplique esos horrores con esa finalidad."

Pero la serie no quiere contar solamente cómo funcionó ese proyecto de poder. También busca mostrar qué ocurrió del otro lado: las distintas formas de resistencia que surgieron en medio de una oscuridad que parecía absoluta.

Porque incluso en los años más siniestros, sostiene Bauer, aparecieron figuras, organizaciones y proyectos capaces de generar otra clase de luz. La resistencia de las Madres y las Abuelas, la cultura, los espacios que lograron conservar la palabra, las distintas formas de oposición y, finalmente, la recuperación democrática forman parte de esa otra historia.

Ese es, quizás, uno de los sentidos más profundos del título 1976, Ecos de la memoria. No se trata solamente de recuperar imágenes de un pasado cerrado, sino de escuchar qué permanece de aquel tiempo en el presente.

Cincuenta años después, cuando siete de cada diez argentinos no habían nacido todavía cuando comenzó la dictadura, la memoria deja de ser únicamente un ejercicio de evocación y se convierte también en una responsabilidad.

Bauer vuelve sobre ese pasado desde el cine, desde el archivo, desde los testimonios y desde herramientas tecnológicas que permiten reconstruir lo que alguna vez quedó fuera de cuadro. Pero establece una condición: la reconstrucción nunca debe sustituir la memoria. Debe abrirle espacio.

La pantalla puede recuperar una imagen perdida, restaurar un registro deteriorado o sugerir un acontecimiento del que no existe documento. Lo que no puede hacer, y tampoco pretende hacerlo esta serie, es pensar por quien mira.

La última pieza de esa reconstrucción sigue perteneciendo al espectador. Y allí, medio siglo después, los ecos de 1976 vuelven a escucharse.

El miedo cotidiano y las preguntas que quedan abiertas
Hay una dimensión de la dictadura que no siempre aparece en las imágenes más conocidas. No está necesariamente en las fotografías de los centros clandestinos, en las tapas de los diarios o en las escenas de los grandes acontecimientos históricos.

Es el miedo cotidiano, el silencio, la autocensura. La sensación de vivir bajo una amenaza permanente, de medir las palabras, de saber que determinadas cosas no podían decirse. Una atmósfera que atravesó la vida diaria de millones de personas y que 1976, Ecos de la memoria intenta también recuperar.

Bauer encuentra una de las formas más contundentes de hacerlo en el testimonio de un hombre que tenía apenas ocho años cuando una patota irrumpió en su casa.

El grupo estaba dirigido por el Turco Julián. Los hombres lo tomaron y lo arrastraron del cuero cabelludo. Mientras lo sacaban, el niño alcanzó a girar la cabeza y vio por última vez a su padre.

Entonces, según el relato que Bauer recupera, el Turco Julián ordenó que le dispararan con una ametralladora en la cabeza. Uno de sus secuaces no llegó a concretar el disparo, pero volvió a recargar el arma sobre su cabeza.

La escena, por su brutalidad, obligó al equipo a preguntarse cómo debía ser representada. Inicialmente habían pensado recurrir, como en otras secuencias, a la inteligencia artificial para reconstruirla.

Pero finalmente decidieron no hacerlo.

La razón estaba delante de la cámara: el mismo hombre, ya con 58 años, relatando a cámara lo que le había ocurrido cuando era un niño.

"Es tan fuerte, es tan contundente", explica Bauer, que en ese caso optaron por el testimonio puro.

La cámara se convirtió simplemente en testigo de la narración, de la emoción y del horror.

No hicieron falta diarios, portadas, fotografías ni reconstrucciones. No hubo necesidad de agregar imágenes que pudieran competir con el relato. "Simplemente el testimonio", resume Bauer.

En ese caso, la memoria no necesitaba ser recreada porque estaba viva en la voz de quien había sobrevivido.
Borges frente al horror
En otros episodios, en cambio, la inteligencia artificial sí encontró un lugar dentro de la serie. Uno de ellos está relacionado con Jorge Luis Borges y el juicio a las Juntas Militares.

Bauer recuerda que tanto Borges como Ernesto Sábato habían visitado a Videla y compartido un almuerzo con él. En aquel momento, Borges se había mostrado condescendiente con la dictadura y con la figura del dictador.

Pero en 1985, durante el juicio a las Juntas, su mirada se encontraría con otra escena.

Borges asistió a una audiencia y escuchó el testimonio de Víctor Basterra, fotógrafo y sobreviviente de la ESMA. Basterra había sido secuestrado y utilizado como trabajador esclavo dentro del centro clandestino de detención. Su oficio de fotógrafo fue aprovechado por sus captores, pero él consiguió utilizar esa posibilidad para registrar clandestinamente fotografías que terminarían siendo fundamentales como evidencia.

Con una valentía que Bauer califica de extraordinaria, Basterra logró obtener testimonios fotográficos de la ESMA. Esas imágenes llegarían al juicio y se convertirían también en pruebas.

El relato de Basterra conmovió profundamente a Borges. Después de escuchar su declaración, el escritor tomó su pluma y escribió sobre aquello que había oído.

Entre los episodios que reconstruyó aparece una escena particularmente estremecedora: durante la Navidad, Basterra y otros prisioneros fueron sacados de sus lugares de reclusión y llevados a un espacio donde los represores habían organizado lo que él mismo definió como un "banquete", con mesas y vino, para celebrar la Navidad.

Borges convirtió aquel testimonio en una narración de enorme potencia. Y allí Bauer y su equipo sí decidieron recurrir a la inteligencia artificial para construir visualmente ese universo que Borges había descrito a partir de las palabras de Basterra.

Un mundo dantesco, profundamente perturbador, reconstruido no para reemplazar el testimonio original, sino para acompañar visualmente una memoria que ya había sido narrada y documentada.

La decisión sobre cuándo mostrar y cuándo dejar que sea la palabra la que ocupe toda la escena atraviesa así buena parte del trabajo de la serie. Para Bauer, cada recurso tecnológico debe estar subordinado a la memoria y no al revés.

De fondo aparece una pregunta que sintetiza el espíritu del proyecto: "La memoria no es un archivo cerrado, es una pregunta abierta".

"Lo demoníaco era profundamente humano"
Y las preguntas que deja abiertas la memoria de 1976 no pertenecen solamente al pasado. Para Bauer, la primera es quizá la más elemental y, al mismo tiempo, la más difícil: por qué.

¿Por qué ocurre algo así? ¿Cómo pueden los seres humanos transformarse en verdaderas bestias? ¿Cómo se llega a semejante grado de crueldad?

Bauer recuerda el alegato final de Julio César Strassera en el juicio a las Juntas, donde el fiscal evocó la dimensión demoníaca de los crímenes. También recuerda a Julio Cortázar, quien escribió que parecía que lo demoníaco había llegado a la Argentina, que parecía haberse instalado en el país. Lo demoníaco era profundamente humano, sostuvo el escritor.

Esa constatación es una de las cuestiones centrales que la memoria obliga a enfrentar.

No alcanza con imaginar aquellos crímenes como una irrupción de fuerzas incomprensibles o monstruosas. Fueron seres humanos quienes los llevaron adelante. Y fueron decisiones humanas las que permitieron construir un sistema basado en el secuestro, la tortura, la desaparición y el asesinato.

La pregunta se vuelve todavía más perturbadora cuando se observan algunos de los mecanismos específicos de la represión: el robo de niños, el secuestro de mujeres embarazadas, la decisión de mantenerlas con vida hasta que dieran a luz, apropiarse luego de esos niños y hacer desaparecer a sus madres. También los vuelos de la muerte, mediante los cuales prisioneros eran arrojados desde aviones al mar.

Para Bauer, se trata de "ideas de una perversión profundamente siniestra" que rompen cualquier barrera del humanismo.

Por eso insiste en las preguntas: "¿Cómo se llega a eso? ¿Por qué se llega? ¿Cómo se llega?".

¿Cómo hacer realidad el Nunca Más?
Pero inmediatamente aparece otra cuestión, vinculada no ya con el origen de la atrocidad sino con la responsabilidad de impedir que vuelva a suceder.

¿Cómo hacer realidad el "Nunca Más"? Bauer encuentra el origen de esa expresión en el momento en que Ernesto Sábato entregó a Raúl Alfonsín el informe de la CONADEP. Después, esa misma consigna sería retomada por Strassera en su alegato durante el juicio a las Juntas.

Desde entonces, "Nunca Más" quedó incorporado como una de las expresiones centrales de la democracia argentina.

Sin embargo, para Bauer, pronunciar esas palabras no alcanza. El desafío consiste en convertirlas en una realidad permanente, especialmente cuando determinadas señales del presente parecen mostrar que las heridas y las disputas en torno a aquella memoria todavía están abiertas.

En ese sentido, menciona un episodio que lo inquietó especialmente: a más de cuatro décadas del retorno democrático, un grupo de diputados visitó en una cárcel a figuras vinculadas con la última dictadura, entre ellas Alfredo Astiz.

De allí surge, precisamente, la necesidad de una serie como ésta: volver sobre el pasado, evocarlo y mirarlo críticamente para impedir que los errores y las atrocidades vuelvan a repetirse.
La fiesta y el horror

La realización de 1976, Ecos de la memoria tampoco estuvo exenta de impacto para quienes la hicieron.

Bauer pertenece a una generación que vivió aquellos años y que, según explica, fue testigo directo de ese período. Él mismo recuerda haber estado estudiando mientras mantenía un contacto permanente con los organismos de derechos humanos.

Sin embargo, volver a esos lugares, entrevistar nuevamente a sobrevivientes y escuchar sus relatos después de tantos años produce un impacto que no desaparece con el paso del tiempo.

Lo experimentó al entrevistar a una sobreviviente de la Noche de los Lápices, Emilce Moler. Lo experimentó también al escuchar nuevamente el relato de aquel niño que hoy, convertido en un hombre mayor, reconstruye frente a una cámara el horror que padeció a los ocho años.

Y lo experimentó especialmente al reconstruir la historia del Mundial de 1978.

Entre los testimonios aparece Ubaldo "Pato" Fillol, arquero de la Selección argentina campeona del mundo. Fillol recuerda cómo vivió aquel Mundial en el estadio de River, la alegría por el triunfo y la dimensión extraordinaria que tuvo aquella conquista para él y para millones de argentinos.

Pero existe un contraste brutal detrás de esas imágenes de felicidad. Mientras Fillol celebraba en la cancha de River, a unas siete cuadras, en la ESMA, personas secuestradas eran torturadas y asesinadas.

Fillol no lo sabía entonces. Vivía la felicidad de un triunfo deportivo que, décadas después, sigue valorando y que también forma parte de la memoria colectiva argentina.

La serie pone en tensión esas dos realidades que convivieron en el mismo espacio y en el mismo momento histórico.

Dos mujeres secuestradas en la ESMA también ofrecieron sus testimonios sobre aquellos días. Según sus relatos, fueron sacadas del centro clandestino durante los festejos del Mundial. A una la llevaron a un bar. A otra la trasladaron dentro de un Peugeot y abrieron una especie de escotilla del vehículo para mostrarle lo que ocurría afuera.

La fiesta y el horror existían simultáneamente.

La alegría colectiva de las calles no anulaba el sufrimiento de quienes estaban desapareciendo en los centros clandestinos. Y el sufrimiento de quienes estaban secuestrados tampoco hacía que la sociedad entera dejara de celebrar un acontecimiento deportivo que esperaba desde hacía décadas.

Para Bauer, esos contrastes son especialmente fuertes porque permiten reconstruir algo que las imágenes aisladas muchas veces no consiguen mostrar: la complejidad de la vida cotidiana durante la dictadura, esa convivencia entre la normalidad aparente y el terror clandestino.

En ese territorio se mueve 1976, Ecos de la memoria. Entre los grandes acontecimientos y las historias íntimas; entre los documentos y las evocaciones; entre aquello que quedó registrado y aquello que sólo puede reconstruirse a través de la palabra de quienes lo vivieron.

La serie comenzará a emitirse por Canal 9 a las 22 horas y continuará todos los domingos. Serán cuatro capítulos dedicados a recorrer aquel período desde la perspectiva de medio siglo después.

Cincuenta años más tarde, la memoria vuelve a mirar las mismas escenas, pero encuentra nuevas preguntas. Algunas imágenes se pueden restaurar. Otras deben ser reconstruidas. Algunas historias necesitan de archivos y documentos. Otras sólo requieren que alguien se siente frente a una cámara y cuente lo que le pasó.

Porque, en definitiva, hay recuerdos que no necesitan ser ilustrados. Necesitan ser escuchados.

Construir contra la motosierra
La conversación finalmente se corre de 1976, Ecos de la memoria y se instala en otro territorio, aunque en el fondo vuelve a tocar la misma preocupación: qué lugar ocupa el Estado en la construcción de una sociedad y qué ocurre cuando aquello que durante años se construyó comienza a ser desmantelado.

Bauer conoce de cerca ese proceso. Fue creador y director de Canal Encuentro y en 2013 presidió Radio y Televisión Argentina. Durante su gestión se produjeron documentales, ficciones y películas desde la televisión pública, Canal Encuentro y otros espacios estatales.

También participó de aquel momento que considera fundacional para la comunicación audiovisual argentina: el proceso iniciado en 2009 con la adopción del sistema de Televisión Digital Abierta y el nacimiento formal, el 31 de agosto de ese año, del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre.

El sistema fue creado mediante el Decreto 1148/2009, que estableció entre sus objetivos promover la inclusión social, la diversidad cultural y la democratización de la información. En los años siguientes, el proceso incorporó nuevas normas y una Plataforma Nacional de Televisión Digital Terrestre. 

Para Bauer, aquella política formó parte de una etapa más amplia de expansión de los medios públicos y de construcción de herramientas de comunicación audiovisual. Al escuchar ese recorrido, vuelve mentalmente a aquellos años. 

"Fueron tiempos de construcción y de construcción muy hermosa", dice. Y agrega una pieza que considera imprescindible en esa historia: el nacimiento de Paka Paka, el canal destinado a niños y niñas, desarrollado desde el Ministerio de Educación.

Hablar de aquellos proyectos lo lleva a recordar momentos de su propia vida. Fueron, cuenta, años de una enorme intensidad y de un trabajo inmenso, pero sobre todo años en los que sintió que se estaba construyendo desde el Estado.

Su lectura del presente es muy diferente. Bauer lo define como una etapa de destrucción. Lo vincula con una idea que, según sostiene, aparece una y otra vez cuando se observan los grandes proyectos históricos: existen momentos de construcción y momentos de destrucción.

Y encuentra un símbolo particularmente claro en la campaña presidencial de Javier Milei. "No te olvides que este presidente hizo toda su campaña con una motosierra", señala Bauer. 

Para él, no se trata de una imagen inocente: "La motosierra es una máquina para destruir la vida, justamente es para talar árboles, para talar la naturaleza, por eso fue diseñada y construida. Su símbolo fue ese".

Frente a ese escenario, dice, él seguirá apostando por la construcción. "Yo creo y voy a apostar siempre a la construcción y no a la destrucción", afirma.

Y plantea la necesidad de fortalecerse y trabajar para atravesar una etapa que considera regresiva.

De la construcción de medios públicos a su desmantelamiento
El contraste que plantea Bauer no queda solamente en el terreno de la metáfora.

Desde el comienzo de la actual gestión nacional, los medios públicos atravesaron una serie de medidas de ajuste, intervención y reducción de estructuras. En enero de 2024, por ejemplo, se informó la suspensión de dos noticieros y de programas tercerizados de la TV Pública, mientras el Gobierno ratificaba su intención de avanzar sobre los medios estatales. 

El proceso continuó en los años siguientes. En diciembre de 2025 se informó que el Gobierno buscaba desprenderse de unos 500 trabajadores de la TV Pública y Radio Nacional, mientras que en febrero de 2026 se lanzó un nuevo plan de retiros voluntarios para los medios públicos.

En ese contexto, la discusión sobre qué significa construir medios públicos adquiere para Bauer una dimensión que excede su propia trayectoria.

La comparación con los años de creación de Canal Encuentro, Paka Paka, la Televisión Digital Abierta y otras herramientas estatales de producción y distribución audiovisual forma parte de una misma discusión: qué sociedad se busca construir cuando el Estado decide invertir en comunicación y qué ocurre cuando esa decisión política se revierte.

La fecha vuelve a funcionar como un punto de referencia. El 31 de agosto de 2009 fue creado formalmente el Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre. La norma estableció como objetivos la inclusión social, la diversidad cultural y la democratización de la información. 

Diecisiete años después, la fecha encuentra a los medios públicos atravesando un proceso muy diferente al de aquella etapa de expansión. Es en ese contraste donde Bauer ubica buena parte de su preocupación.
"Somos nosotros los que tenemos que unirnos"

En ese punto, vuelve nuevamente a la memoria de la serie.

Entre los testimonios que rescata hay uno de Julio Cortázar, cuya historia personal también permite hablar del exilio. Cortázar había abandonado la Argentina por decisión propia, pero posteriormente sus libros fueron censurados y se le impidió regresar. Se convirtió así en un exiliado, uno más entre los muchos argentinos que debieron abandonar el país durante la dictadura.

El exilio también ocupa un lugar dentro de 1976, Ecos de la memoria. Y Cortázar aparece como una de las voces capaces de conectar aquel período con las responsabilidades del presente.

Bauer recuerda una entrevista realizada en Ezeiza cuando el escritor regresó a la Argentina, durante el triunfo de Raúl Alfonsín, poco antes de la asunción presidencial.

Cortázar reconocía entonces que los argentinos habían atravesado "un periodo espantoso", pero advertía que no había que esperar la llegada de ningún profeta que viniera a salvarlos.

La idea que Bauer rescata de aquellas palabras es directa: los argentinos tenían que salvarse entre todos, porque de lo contrario no los salvaría nadie.

Esa reflexión, sostiene, mantiene una vigencia particular en los momentos que considera de destrucción.

"Lo importante es eso, tomar conciencia que somos nosotros los que tenemos que unirnos y salir de esta etapa y tomarnos nuevamente de la mano para construir y reconstruir todo lo que se ha destruido."

En esa mirada aparece también una convicción que Bauer conserva desde aquellos años de construcción de medios públicos: el papel del Estado.

"Desde el Estado, solamente desde el Estado se pueden hacer cosas que desde ese espacio se pueden hacer", afirma.

Y en esa tarea asigna un lugar central a las herramientas audiovisuales. El cine y la televisión, sostiene, pueden convertirse en instrumentos extraordinarios de transformación social, capaces de producir efectos beneficiosos en la vida de las personas.

Es una concepción que atraviesa toda su trayectoria: el audiovisual no como mero entretenimiento, sino como espacio de construcción cultural, de memoria, de educación y de transformación.

La voz contra el silencio
Quizás por eso el cierre de la conversación vuelve, inevitablemente, a las voces que forman parte de 1976, Ecos de la memoria.
El trailer de la serie condensa en pocos minutos buena parte de ese universo. Se escucha primero la voz del genocida Jorge Rafael Videla, hablando de la juventud argentina como heredera del esfuerzo que se estaba realizando. Después aparecen los relatos de quienes fueron perseguidos por sus ideas.

Un sobreviviente recuerda cómo lo torturaban mientras el represor tomaba whisky. Otra voz resume aquella época como una lucha entre quienes estaban "a favor de la muerte" y quienes estaban "a favor de la vida".

Aparecen también los desaparecidos, la imposibilidad de pensar qué edad tendrían hoy, la maquinaria burocrática que convertía a una persona en un "incógnito", en un desaparecido. Aparece el relato de la tortura y la brutalidad de los interrogatorios.

Y vuelve una de las ideas que Bauer considera centrales: "Los jefes del golpe fueron civiles". Después llega el testimonio del hombre que tenía ocho años cuando una patota ingresó a su casa.

Recuerda a sus hermanos, a su padre cocinando, a su madre Lila. Recuerda a los aproximadamente siete integrantes de aquella patota y al Turco Julián dando las órdenes. Recuerda cómo lo agarraron. Recuerda la ametralladora apoyada a la altura de su cabeza.

Y, por encima de todo, recuerda el rostro de su padre. "Fue la última vez que lo vi". La dictadura aparece entonces no sólo como una estructura represiva, sino como un sistema que persiguió "ideas, voces, miradas". 

El trailer se desplaza hacia la cultura. Las prohibiciones, la censura, las películas que fueron retiradas.

Una voz oficial afirma: "Hemos prohibido ya 125 películas. Estoy muy satisfecho de esa tarea higiénica". Del otro lado, aparece el sentido de esa persecución: el intento de aplastar una cultura que consistía, precisamente, en pensar por sí misma, cuestionar, imaginar.

Se recuerda el incendio del Teatro Picadero y, frente a la censura, las distintas formas que asumió la resistencia. "La resistencia se escribía, se dibujaba, se actuaba y se cantaba". 

Y entonces aparece Mercedes Sosa. Su regreso a los escenarios durante la dictadura generó temor incluso entre quienes la rodeaban. Cuando volvió a cantar en el Teatro Ópera, recuerda el testimonio de León Gieco: "Mercedes, ¿por qué volvés? Todavía no terminó la dictadura". Pero volvió.

Y fueron numerosos los conciertos que ofreció en aquel teatro. Para Gieco, ese regreso tiene un significado que excede largamente la música. "Mercedes Sosa fue el ícono de la democracia."

La frase funciona casi como una síntesis del recorrido que propone la serie: frente al silencio, la voz; frente a la censura, la cultura; frente al miedo, la resistencia; frente a la destrucción, la construcción.

Cincuenta años después del golpe, Bauer vuelve sobre aquellas imágenes y aquellos testimonios no sólo para reconstruir qué ocurrió en 1976, sino para preguntarse qué queda de aquella experiencia en el presente.

El pasado aparece entonces como una advertencia y, al mismo tiempo, como una herramienta para pensar el futuro.

Por eso insiste en la necesidad de recordar. No como quien abre un archivo cerrado, sino como quien vuelve a formular preguntas.

La memoria, en su mirada, no termina cuando se apagan las imágenes del pasado. Continúa en las decisiones del presente, en la defensa de la democracia, en la cultura, en los medios públicos, en la posibilidad de que una sociedad vuelva a construir aquello que considera necesario.

Y también en la certeza de que ninguna etapa está definitivamente ganada. Quizás por eso, al final de la conversación, su reflexión sobre los medios públicos termina dialogando con la memoria de 1976.

Porque para Bauer ambas cuestiones están atravesadas por una misma idea: construir es una decisión política y cultural. Y cuando una sociedad decide recordar, también decide qué quiere defender.

1976, Ecos de la memoria se estrenará por Canal 9 a las 22 horas y tendrá cuatro capítulos, que se emitirán los domingos. La serie se propone recorrer cronológicamente aquel período y sus consecuencias, pero también algo más difícil: reconstruir el clima de una época y preguntarse qué significa hoy, medio siglo después, pronunciar todavía dos palabras que Bauer considera esenciales.

Nunca más.

Escuchá la entrevista completa:

sábado, 18 de julio de 2026

Osvaldo Nemirovsci: "La inteligencia artificial no es el peligro; el problema es quién la controla"

El ex diputado nacional cuestiona en Señales el RIGI como estrategia de desarrollo, advierte sobre el poder creciente de las grandes corporaciones tecnológicas y reclama un Estado capaz de regular la inteligencia artificial sin resignar soberanía. En ese recorrido también reivindica la Televisión Digital Abierta como la prueba de que la innovación tecnológica puede convertirse en una política pública con impacto productivo, industrial y social

El énfasis de la nada

Osvaldo Nemirovsci (foto) no cree que los anuncios del Gobierno sobre convertir a la Argentina en un polo de desarrollo de inteligencia artificial tengan, por ahora, un correlato real. Detrás de la promesa del gobierno de Javier Milei, que presenta al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) —y su versión ampliada, el denominado "Super RIGI"— como la herramienta para atraer inversiones tecnológicas de escala global, el ex diputado nacional observa más una construcción discursiva que una política de desarrollo.

Su definición es deliberadamente provocadora: se trata de "polvo en el viento". Incluso ensaya otra imagen, todavía más contundente: lo que hace el Gobierno en esta materia es "el énfasis de la nada", acompañado por "cierto barroquismo para palabras devaluadas".

Nemirovsci, ex diputado nacional por Río Negro, coordinador general del Consejo Asesor del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre y analista de políticas públicas, ha dedicado buena parte de sus trabajos a estudiar la relación entre comunicación, tecnología, democracia y soberanía. Desde esa perspectiva, interpreta que la apuesta oficial por la inteligencia artificial como eje casi excluyente de la política científica y tecnológica responde antes a una definición ideológica que a una estrategia de desarrollo.

Según plantea, el Gobierno busca exhibir a la Argentina ante el mundo como "el país con mayor libertad", con "las políticas más liberales de la historia de la humanidad". Bajo esa lógica, sostiene, se diseñó un régimen de inversiones pensado para garantizar que los grandes capitales no encuentren obstáculos a su rentabilidad y puedan retirar recursos del país con amplias facilidades.

Para Nemirovsci, el RIGI expresa un extremo ideológico: la idea de que la ausencia de controles es, en sí misma, una ventaja competitiva. Desde esa mirada, cuestiona el esquema tributario previsto por el régimen porque considera que resulta ampliamente perjudicial para el Estado argentino.

Enumera que contempla beneficios como la exención de impuestos como Ganancias e Ingresos Brutos, facilita la salida de capitales al exterior y no establece condiciones que históricamente estuvieron vinculadas a los procesos de promoción industrial: la incorporación de proveedores nacionales, la participación de pequeñas y medianas empresas en las cadenas de valor o la generación de empleo argentino.

"El RIGI no pide mano de obra nacional", resume.

Habla desde su experiencia en Bariloche, donde reside y conoce de cerca uno de los entramados tecnológicos más importantes del país: el desarrollado alrededor de INVAP y su articulación con ARSAT. Allí, recuerda, unas 200 o 250 pymes participan como proveedoras de materiales, insumos y componentes, conformando un ecosistema productivo que, a su juicio, el nuevo régimen ignora.

Para el ex legislador, ese modelo de incentivos no apunta a construir capacidades nacionales, sino a enviar una señal política al mercado internacional: mostrar que la Argentina está dispuesta a desregular como pocos países.

Peter Thiel, Palantir y el debate que falta
En esa discusión ubica también la cercanía del Gobierno con Peter Thiel y con Palantir Technologies, la empresa de análisis de datos e inteligencia artificial vinculada al empresario.

Nemirovsci aclara que su preocupación no pasa simplemente por la existencia de una compañía tecnológica, sino por la concepción política que atribuye a Thiel. Lo describe como un empresario que "juega a la ciencia política con mucha fuerza" y que sostiene que el capitalismo no necesita de la democracia para desarrollarse.

Esa idea, advierte, entra en tensión con la tradición democrática que, según su visión, debe orientar la actividad económica. También considera que esa concepción atraviesa la manera en que Thiel entiende la inteligencia artificial.

"No es la inteligencia artificial científica; es la de él", plantea, diferenciando entre una tecnología orientada al conocimiento y otra vinculada a determinados intereses empresariales y estratégicos.

Por eso considera que una eventual expansión de ese universo tecnológico en la Argentina debería abrir un debate público más profundo. Aunque reconoce que quizás hoy no sea una preocupación cotidiana para millones de personas, sostiene que debería serlo porque la inteligencia artificial y la automatización ya están modificando las relaciones laborales y las condiciones de vida.

El reemplazo de tareas humanas por sistemas robotizados, explica, dejó de ser una hipótesis de ciencia ficción. Menciona las discusiones internacionales sobre la posibilidad de establecer mecanismos como un salario universal para quienes pierdan definitivamente sus empleos por la automatización y observa que sectores como la industria automotriz y el transporte avanzan cada vez más hacia procesos con menor incorporación de trabajadores.

"Esto está ocurriendo", afirma. No se trata, dice, de un escenario futuro lejano, sino de una transformación que ya comenzó.

En uno de los pasajes más gráficos de la conversación, Nemirovsci recurre a una metáfora para explicar la dimensión del fenómeno. Dice que suele pensar a Peter Thiel y Palantir como una versión "casi documental" de las películas de terror, zombis y ciencia ficción.

La diferencia, explica, es que esas historias pertenecen a la ficción, mientras que aquello que representa Thiel "existe, ocurre". Esa es la razón por la que busca instalar el debate: no porque la inteligencia artificial sea una amenaza en sí misma, sino porque considera necesario discutir quién la conduce y bajo qué reglas.

La tecnología no es el problema; la ausencia de reglas, sí
Nemirovsci rechaza cualquier interpretación que lo ubique en una postura contraria al avance tecnológico. Aclara que está "lejísimos" de quienes históricamente intentaron frenar las innovaciones por temor a sus consecuencias.

Recuerda, como ejemplo, a los agricultores franceses que en el siglo XVIII destruyeron máquinas cosechadoras y trilladoras porque temían perder sus empleos. Su posición, afirma, está en las antípodas: cree que el desarrollo tecnológico debe mejorar la vida humana.

La inteligencia artificial, y también la futura evolución hacia tecnologías como la inteligencia cuántica, forman parte de un camino científico que considera irreversible. El desafío, sostiene, no es detener ese proceso, sino acompañarlo con instituciones capaces de equilibrar sus efectos.

"Hay que tomarla, es un camino de la ciencia, es un camino de la tecnología, es un camino del mundo digital", plantea.

El punto central, para él, está en establecer regulaciones que impidan que las grandes corporaciones tecnológicas acumulen un poder capaz de afectar las bases de las sociedades democráticas.

Esa preocupación, explica, viene de lejos. Recuerda que en 2006, cuando era diputado nacional, presentó junto a la entonces legisladora Rosario Romero un proyecto sobre delitos informáticos que terminó derivando en modificaciones al Código Penal.

En aquel momento, el escenario digital era mucho más limitado: los debates giraban alrededor del correo electrónico y de las primeras formas de comunicación informática. Sin embargo, ya advertían sobre la necesidad de establecer límites legales frente a los nuevos usos de la tecnología.

Desde entonces, sostiene, insistió en la necesidad de crear una institucionalidad específica para abordar el mundo digital. Incluso durante gobiernos con los que tuvo afinidad política —"yo soy peronista", aclara— planteó la creación de un organismo que reuniera las áreas dispersas entre Economía, Ciencia y Tecnología, Cancillería y otros sectores vinculados a las comunicaciones.

Su propuesta era avanzar hacia un Ministerio de las Comunicaciones y de la Informática que pudiera diseñar políticas públicas y establecer una estrategia nacional frente al crecimiento de las plataformas digitales.

Para Nemirovsci, esa sigue siendo la única forma de equilibrar el poder de las grandes compañías algorítmicas, las denominadas GAFAM —Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft— y las nuevas empresas vinculadas a la inteligencia artificial.

"Lo único que puede detener en tiempo el avance descontrolado de las empresas algorítmicas es una regulación que vaya equilibrando el poder de estas empresas y de esta tecnología con el derecho", sostiene.

A su entender, algunos países ya avanzan en esa dirección. Destaca especialmente el trabajo regulatorio de la Unión Europea, menciona los avances de España y los intentos realizados por Chile. En contraste, considera que la Argentina quedó rezagada.

La disputa por el control de los recursos estratégicos
Cuando la conversación avanza hacia el impacto económico y ambiental de los grandes proyectos vinculados a la inteligencia artificial, Nemirovsci vuelve sobre una idea que considera central: apoyar la tecnología no significa aceptar cualquier modelo de implementación.

Su posición, insiste, está lejos de cualquier rechazo al progreso. Cree que el avance tecnológico puede mejorar la vida de las personas, pero bajo una condición: debe estar conducido por la sociedad y no exclusivamente por intereses privados.

"Cada paso tecnológico tiene que tener una figura humana visible, notoria y personalizada a su frente", plantea. Para eso, propone transparencia, códigos abiertos que permitan comprender cómo funcionan los desarrollos digitales y una formación educativa que prepare a las nuevas generaciones con pensamiento crítico.

Desde su perspectiva, la escuela tiene un papel fundamental. La alfabetización tecnológica, sostiene, no debe limitarse al aprendizaje de herramientas, sino incluir una mirada humanista capaz de comprender las consecuencias sociales de cada innovación.

La preocupación aparece, especialmente, cuando imagina la administración privada de algoritmos en áreas estratégicas para un país. Menciona la salud, el transporte, los sistemas bancarios y las redes energéticas como sectores donde las decisiones automatizadas podrían quedar subordinadas a criterios exclusivamente económicos.

Para explicarlo, plantea escenarios extremos: una empresa que decidiera interrumpir el suministro eléctrico durante dos días para reducir costos energéticos, o un sistema sanitario cuya infraestructura tecnológica quedara paralizada en medio de una emergencia porque una decisión empresarial priorizó la rentabilidad sobre la seguridad pública.

No se trata, aclara, de negar la participación privada, sino de establecer límites cuando están en juego derechos básicos.

Ese es también el punto desde el cual vuelve a cuestionar la visión asociada a Peter Thiel. Si el empresario sostiene que el capitalismo puede desarrollarse sin democracia, Nemirovsci plantea exactamente lo contrario: la democracia debe ser capaz de conducir al capitalismo.

"No planteo un modelo económico diferente al capitalismo", aclara. La discusión, explica, pasa por definir quién orienta ese sistema y con qué objetivos.

A lo largo de la historia, sostiene, existieron modelos capitalistas con una fuerte dimensión social, solidaria y comunitaria que generaron niveles de bienestar superiores a los producidos por un capitalismo sin límites.

La pregunta de fondo, entonces, no es tecnología sí o tecnología no. Es quién establece las reglas.

Desregulación como modelo

Desde esa perspectiva, Nemirovsci observa una contradicción entre el rumbo que toma la Argentina y el camino que recorren otros países.

Mientras varias regiones avanzan hacia marcos regulatorios para limitar el poder de las grandes plataformas tecnológicas, sostiene, el Gobierno argentino profundiza una política basada en la desregulación.

En ese punto señala especialmente al ministro Federico Sturzenegger, a quien define como "un adalid de la desregulación exagerada".

Su crítica, explica, no se limita al campo tecnológico. Como ejemplo menciona los proyectos destinados a flexibilizar las restricciones para la venta de tierras a extranjeros, una discusión que, desde su mirada, involucra cuestiones económicas pero también estratégicas.

Habla desde la experiencia patagónica. Recuerda que la región tiene una historia marcada por conflictos limítrofes y que la protección de determinados territorios fronterizos responde a razones de soberanía, no a posiciones xenófobas.

Menciona la tensión histórica con Chile hace más de cuatro décadas, cuando ambos países estuvieron cerca de un enfrentamiento armado por cuestiones territoriales, y sostiene que esas experiencias explican la existencia de determinadas restricciones legales.

También recuerda un caso en Río Negro donde, según afirma, un empresario árabe adquirió unas 10.000 hectáreas de manera irregular. Para él, ese episodio representa el riesgo de una lógica donde la eliminación de controles se presenta como sinónimo de modernización.

La misma preocupación la traslada al terreno tecnológico.

Mientras la Argentina ofrece beneficios fiscales y regulatorios a grandes inversiones a través del RIGI y el denominado Super RIGI, Nemirovsci observa que otros países avanzan en sentido inverso: regulan para que las inversiones produzcan beneficios concretos en las sociedades donde llegan.

Menciona el caso europeo y recuerda las investigaciones y sanciones contra grandes plataformas digitales. Señala especialmente las discusiones alrededor de Meta y las responsabilidades exigidas a sus autoridades por el uso de las redes sociales.

El contraste, según su análisis, es evidente: mientras algunos Estados buscan equilibrar el poder de las empresas tecnológicas, la Argentina corre el riesgo de entregar ventajas sin exigir compromisos equivalentes.

Con una expresión contundente, define ese modelo como "un manual de baratura ética nacional".

La frase sintetiza, según explica, una política donde el país se presenta como un territorio barato para los grandes capitales: barato en impuestos, barato en controles y barato en exigencias.

Río Negro como ejemplo del debate
Nemirovsci vuelve sobre su provincia para explicar cómo esa lógica se expresa en el territorio.

Recuerda que Río Negro adhirió al RIGI nacional y aprobó además un régimen propio. Su preocupación se concentra especialmente en las zonas portuarias vinculadas al desarrollo energético, como Punta Colorada en San Antonio Oeste, donde cuestiona que los organismos públicos tengan una participación limitada frente a los inversores privados.

Menciona el proyecto asociado a los buques licuefactores de gas y advierte que un esquema donde municipios y provincias quedan sin capacidad efectiva de intervención puede generar espacios sin controles suficientes.

"Ese es el reino de la entrada de la droga, del viva la pepa", afirma para describir lo que considera una consecuencia extrema de la ausencia de supervisión estatal.

Frente a ese escenario, insiste en que su planteo no busca excluir a las empresas. Por el contrario, sostiene que deben formar parte del proceso de construcción de reglas.

También deben participar, afirma, las universidades, la comunidad científica, las cooperativas, los actores sociales y el Estado.

La regulación adecuada, plantea, no puede surgir de una sola parte, sino de una inteligencia colectiva capaz de acompañar una transformación que siempre avanza más rápido que las instituciones.

"La tecnología siempre va más veloz que el derecho; tenemos que correr muy de atrás", resume.

Tecnología, empleo y una economía en tensión
Nemirovsci rechaza también las visiones apocalípticas sobre el futuro laboral.

No imagina una guerra entre humanos y máquinas ni un escenario donde la inteligencia artificial termine enfrentándose a las personas. Tampoco cree que la respuesta sea destruir tecnología para preservar empleos.

La convivencia entre trabajadores y sistemas automatizados, sostiene, es posible.

Reconoce que existen estimaciones que proyectan la pérdida de alrededor de 90 millones de puestos de trabajo en el mundo como consecuencia de la robotización, pero recuerda que otras proyecciones calculan una creación similar de nuevos empleos vinculados a esas mismas tecnologías.

El resultado, afirma, todavía no está definido.

El desafío es construir un marco político y económico que permita aprovechar la innovación sin sacrificar derechos laborales ni capacidades productivas.

Sin embargo, considera que la Argentina atraviesa hoy un escenario particularmente complejo para discutir ese futuro.

Asegura que, aunque el deterioro productivo tiene antecedentes previos, los últimos dos años profundizaron la crisis hasta niveles que define como "catastróficos".

Según su diagnóstico, con excepción de sectores como la minería, la energía y el petróleo, prácticamente todas las ramas de la economía muestran retrocesos. Incluye allí a la industria automotriz, textil, del cuero, del caucho, el comercio y también al agro.

Ese proceso, advierte, tiene consecuencias directas sobre el empleo y el poder adquisitivo.

Cuestiona la idea de que una baja de la inflación sea suficiente para describir una mejora económica. Para millones de trabajadores, sostiene, el problema central es que el salario dejó de alcanzar.

Incluso quienes tienen empleo formal, con obra social, vacaciones y aguinaldo, enfrentan dificultades para sostener su nivel de vida.

Nemirovsci señala una paradoja que considera inédita: trabajadores registrados que siguen siendo pobres.

A su entender, una economía que pierde capacidad productiva, empleo y salario difícilmente pueda presentarse como preparada para liderar una transformación tecnológica.

Por eso concluye que las promesas de grandes desarrollos de inteligencia artificial y empresas algorítmicas, en el contexto actual, corren el riesgo de convertirse en una ilusión más que en un verdadero proyecto nacional.

La Televisión Digital Abierta como otra idea de desarrollo

Hacia el final de la conversación, la mirada de Nemirovsci vuelve sobre una experiencia concreta que, para él, funciona como ejemplo de una política tecnológica con una lógica diferente: la Televisión Digital Abierta (TDA).

El dato que dispara el recuerdo es el comportamiento del mercado durante el Mundial. A diferencia de lo ocurrido en Qatar 2022, el actual ciclo mundialista no produjo un aumento significativo en la venta de televisores de gran tamaño. Sin embargo, sí generó un crecimiento notable en la demanda de antenas para acceder a la señal digital abierta.

Para Nemirovsci, ese fenómeno tiene un significado que excede el consumo tecnológico. Es, según su interpretación, una reivindicación de una política pública que ayudó a crear y poner en marcha durante ocho años.

"Yo puse el alma ahí", recuerda al hablar del proceso de construcción de la TDA. Durante ocho años estuvo al frente como coordinador general del Consejo Asesor del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre, desde donde participó del diseño, la implementación y la expansión de una política pública que considera una de las experiencias tecnológicas más exitosas de aquellos años.

Aclara, además, que la Televisión Digital Abierta nunca fue concebida como una herramienta partidaria, una crítica que, sostiene, se instaló desde algunos sectores que la definieron como "la televisión kirchnerista".

Para él, esa interpretación desconoce el verdadero objetivo del proyecto. La TDA fue pensada como un sistema de estandarización tecnológica para modernizar toda la televisión argentina, no solamente la televisión pública.

Recuerda que las primeras pruebas se realizaron junto con señales privadas como Canal 13 y Telefe, además de otros actores del sector audiovisual, compartiendo información técnica y conocimientos para acompañar la transición hacia la digitalización.

El impacto, sostiene, fue mucho más amplio que la incorporación de una nueva tecnología de transmisión.

La implementación de la TDA permitió recuperar capacidades industriales vinculadas a la fabricación de antenas, cables y equipamiento electrónico. Generó exportaciones hacia países vecinos como Bolivia, Chile y Paraguay y abrió oportunidades laborales vinculadas a la producción audiovisual.

También destaca la creación de polos audiovisuales en universidades nacionales de todo el país, donde se llegaron a producir unas 7.000 horas de contenido.

Ese entramado permitió el surgimiento de nuevos trabajos para actores, guionistas, directores, técnicos, maquilladores y trabajadores vinculados a la industria cultural.

Para Nemirovsci, esa experiencia representa exactamente el modelo que reclama cuando habla de tecnología y soberanía: una política donde el conocimiento, el Estado, las empresas, las universidades y la sociedad pueden formar parte de un mismo proceso de desarrollo.

Una señal del futuro posible
El crecimiento reciente de la venta de antenas, que estima en un 2.500 por ciento, refuerza para Nemirovsci esa lectura.

Explica que los televisores actuales ya incorporan internamente la tecnología necesaria para recibir la señal digital y que, por eso, dejaron atrás los conversores que se fabricaban durante los primeros años de implementación.

También reivindica las ventajas técnicas del sistema: una imagen en alta definición de 1080 píxeles, una calidad superior a muchos servicios tradicionales de televisión y una transmisión sin el retraso que suelen tener otras plataformas.

"Uno ve los goles en tiempo real, ve las camisetas con el color real, ve el verde del pasto de la cancha en el color real", describe para explicar la diferencia tecnológica.

Pero su satisfacción no está puesta solamente en la calidad de imagen.

La importancia de la TDA, en su relato, está en demostrar que el desarrollo tecnológico puede seguir otro camino: uno donde una innovación no sea solamente una oportunidad de negocios para grandes corporaciones, sino una herramienta para generar capacidades propias.

En ese sentido, la experiencia de la televisión digital abierta funciona como el contrapunto de toda la conversación. Frente a un modelo basado en incentivos y desregulación, Nemirovsci reivindica una estrategia donde la tecnología se articula con la producción, el empleo, la educación y la soberanía.

La discusión, entonces, vuelve al punto de partida.

La inteligencia artificial no es, para él, el problema. Tampoco lo son las nuevas tecnologías ni la llegada de inversiones internacionales. El desafío consiste en decidir bajo qué reglas se desarrollan y quién tiene la capacidad de orientar ese proceso.

Porque, en su mirada, la diferencia entre una tecnología que concentra poder y una tecnología que amplía derechos no está en la herramienta.

Está en la política que la conduce.

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Fotos: Archivos Señales, Ina Fassbender / AFP

viernes, 16 de enero de 2026

Cierre definitivo por decreto: el Gobierno mendocino liquidó Acequia TV

Acequia TV, el canal público de la provincia de Mendoza, dejó de existir de manera definitiva tras más de una década al aire. El cierre fue formalizado por un decreto publicado en el Boletín Oficial de Mendoza, luego de un prolongado proceso de vaciamiento, despidos y desfinanciamiento que se extendió por más de dos años bajo la gestión del del gobernador Alfredo Cornejo.

Lo que comenzó como un ambicioso proyecto de comunicación estatal —con noticieros en vivo, producción local y contenidos premiados a nivel nacional— terminó extinguiéndose por decisión administrativa. El Gobierno provincial avanzó primero sobre la estructura del canal y luego sobre su figura jurídica, al desmantelar finalmente el Fideicomiso de Administración del Servicio Audiovisual "Acequia". Antes de ese proceso, el canal supo consolidar una grilla potente: llegó a emitir cinco noticieros diarios —tres de una hora y dos de media hora— y sostuvo una programación basada en coproducciones con productoras privadas, muchas de ellas financiadas con fondos del entonces Ministerio de Cultura.

Entre esas propuestas, Acequia TV también transmitió los partidos del torneo Federal A de fútbol, en una etapa en la que competían tres equipos mendocinos, emisiones que registraron picos elevados de audiencia y reforzaron su inserción en el público local.

En 2014, el maestro mendocino Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, participó de un homenaje realizado en Acequia TV. En ese marco, el estudio central de la emisora fue bautizado con su nombre, como reconocimiento a la creatividad y al legado del artista que, a través de sus obras e ideas, proyectó la identidad mendocina y argentina en todo el mundo.
Del anuncio al desmantelamiento

En abril de 2024, el ministro de Hacienda y Finanzas de Mendoza, Víctor Fayad, anunció en la Legislatura que el Ejecutivo provincial buscaría enajenar los bienes de Acequia TV y transferirlos al sector privado. Días después, Mendoza Fiduciaria notificó el despido de la totalidad del personal. Decenas de trabajadores quedaron en la calle tras años de reducción presupuestaria y achicamiento progresivo de la señal.

Las producciones locales fueron levantadas de la grilla, los programas en vivo se eliminaron y la pantalla se llenó de contenidos enlatados. El contraste con los primeros años del canal fue notorio: Acequia había competido con fuerza en el ecosistema audiovisual mendocino, con noticieros en horarios centrales y coberturas que disputaban audiencia a los grandes medios privados.

Ese despliegue le valió premios y reconocimientos en todo el país, pero la falta de financiamiento y la decisión política de desmantelarlo terminaron por hacerlo inviable.

En línea con la ofensiva libertaria contra los medios públicos nacionales —como TelAm y la TV Pública— Fayad justificó el cierre con una frase contundente: "No hace falta gastar impuestos para tener un canal, no tiene sentido".

Según el oficialismo, el presupuesto mensual del canal, estimado en 30 millones de pesos, resultaba injustificable.
El decreto de cierre definitivo
El cierre formal de Acequia TV quedó plasmado en el Decreto N.º 3032, publicado en el Boletín Oficial de Mendoza y firmado el 30 de diciembre de 2025. La norma aprobó el Acuerdo Rescisorio del Fideicomiso de Administración del Servicio Audiovisual "Acequia" y autorizó un aporte extraordinario de 135 millones de pesos para afrontar los compromisos finales del proceso de liquidación.

El decreto se apoya en la Ley Provincial N.º 9550, que facultó al Poder Ejecutivo a liquidar los activos del fideicomiso y realizar los aportes necesarios para su cierre. Previamente, mediante el Decreto N.º 967/25, se había autorizado una transferencia de 65,8 millones de pesos, que resultó insuficiente para cubrir las obligaciones pendientes.

Mendoza Fiduciaria S.A., en su carácter de fiduciaria, solicitó entonces la ampliación del aporte para atender gastos y desembolsos hasta el 31 de diciembre de 2025, fecha clave para el cierre contable y administrativo del fideicomiso. El pedido contó con el visto bueno del ministro de Gobierno, Infraestructura y Desarrollo Territorial, Natalio Mema.

Extinción del fideicomiso y despidos
El Acuerdo Rescisorio, firmado el 18 de diciembre de 2025 entre la Provincia de Mendoza y Mendoza Fiduciaria S.A., estableció la extinción del fideicomiso a partir del 1 de enero de 2026. La Provincia actuó en un triple rol —fiduciante, beneficiaria y fideicomisaria— mientras que Mendoza Fiduciaria intervino como fiduciaria, representada por su presidente, Nicolás Egües.

El acuerdo dispuso:
  • La finalización de todos los contratos laborales vigentes.
  • La cancelación íntegra de los créditos y obligaciones pendientes.
  • La realización de una rendición final de cuentas por parte del fiduciario.
  • La transferencia al Gobierno provincial del remanente del patrimonio fideicomitido.
Las operaciones de liquidación quedaron a cargo de Mendoza Fiduciaria, con un plazo máximo de seis meses para su conclusión. El decreto también ratificó que los fondos extraordinarios otorgados serían utilizados para afrontar indemnizaciones, deudas y gastos inherentes al cierre.
Un derecho a la comunicación que se apaga
Acequia TV fue creada en 2013, al calor de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, como una herramienta del Estado provincial destinada a garantizar el derecho a la comunicación, promover la producción audiovisual local y fortalecer una señal pública con identidad mendocina. Sin embargo, desde abril de 2024 el canal permanece cerrado y sin emisiones, luego de que el gobernador Alfredo Cornejo decidiera cesar su funcionamiento y avanzar en la venta de la señal, un proceso que hasta el momento no se concretó.

Durante más de una década, el canal público funcionó como un espacio de producción cultural, informativa y periodística que ofreció una alternativa a los medios privados, con contenidos locales, federales y una pluralidad de voces que difícilmente encuentran lugar en el mercado comercial.

Sostener un canal público provincial no solo implicó una política de comunicación, sino también una decisión estratégica en términos culturales y democráticos: permitió visibilizar identidades, acompañar a la industria audiovisual local, generar empleo calificado y garantizar acceso a información y contenidos que no responden exclusivamente a lógicas de rentabilidad.

Para el Ejecutivo provincial, el cierre se justificó en argumentos económicos y administrativos. Para los trabajadores despedidos y para amplios sectores de la sociedad mendocina, en cambio, la decisión significó una pérdida simbólica, cultural y democrática, que excede largamente el debate presupuestario.

Acequia TV no fue solo una señal de televisión. Fue un proyecto de comunicación pública orientado a democratizar la palabra, fortalecer la soberanía cultural y dar visibilidad a la producción artística y periodística de Mendoza. Con el decreto firmado y el fideicomiso extinguido, esa experiencia quedó, al menos por ahora, definitivamente en el pasado.
Privatización fallida, ajuste y rechazo sindical

Días antes del cierre definitivo, Víctor Fayad, había anticipado que la intención del Gobierno provincial era avanzar en la privatización de la señal. Según detalló el funcionario, Acequia TV contaba con un presupuesto asignado de 522 millones de pesos para 2024, de los cuales 494 millones estaban destinados a gastos de personal.

En esa misma línea, Fayad sostuvo que el Estado provincial destinaba 30 millones de pesos mensuales para sostener la emisora, donde hasta pocas horas antes del anuncio trabajaban 30 empleados. El cierre del canal se inscribe así en una lógica de ajuste que el Ejecutivo mendocino alineó con las políticas impulsadas por el presidente Javier Milei y su objetivo declarado de "achicar" el Estado.

Sin embargo, la decisión tuvo un impacto directo y concreto: 30 familias quedaron sin empleo en un contexto de profunda crisis económica a nivel nacional. Desde el Sindicato de Prensa de Mendoza (SiPreMza) repudiaron la medida y reivindicaron el rol de los medios públicos como un servicio social esencial.

A través de un comunicado, el gremio denunció los despidos y apuntó contra el gobernador Alfredo Cornejo. "En lugar de ordenar el déficit de la compañía —algo que no se planteó durante la década de existencia de Acequia TV—, se busca borrar del mapa al canal como si fuera apenas un número más en las cuentas del Estado", señalaron.

Además, remarcaron que la presencia de un canal público en la provincia "garantiza un rol social que no es ejercido por los medios privados". En ese sentido, destacaron que la programación de Acequia TV incluía contenidos informativos, culturales, deportivos, educativos y de entretenimiento "de calidad, federal y plural".

Por último, desde SiPreMza exigieron al Gobierno provincial la reincorporación de les trabajadores despedidos y reclamaron a les legisladores mendocinos que rechacen el artículo 9 del proyecto de Ley de Equilibrio y Manejo Eficiente de los Recursos y Activos del Estado, con el objetivo de preservar la continuidad de Acequia TV "como medio público".
Fuentes: Boletín Oficial de Mendoza, Archivo Señales

Ver también: Mendoza lanzó Acequia, el canal público que ya tiene un 45% de contenidos locales, Acequia TV, un canal público en problemas, A 8 meses del cierre del canal público de Mendoza, el Gobierno aún no tiene quién se haga cargo

martes, 30 de diciembre de 2025

Déborah de Urieta despedida de Diputados TV: repudios y tensiones en la señal pública

Déborah de Urieta con Mauricio Cantando en DiputadosTV

La periodista Déborah de Urieta, con larga trayectoria en la cobertura parlamentaria, fue informada este lunes que no le renovarán el contrato en Diputados TV luego de seis años de trabajo. La decisión, recibida mediante un mensaje de WhatsApp que se borra automáticamente, se produjo al término de su último programa, impidiéndole despedirse de sus compañeros al aire.

En sus redes, Déborah relató el episodio: "¡Después de 6 años no me renuevan en diputados TV! ¿Será porque soy 'militante' (no sé de qué) o 'tiro fruta', como dijeron las autoridades de la Cámara?

Me hubiera gustado que me avisen antes de que termine mi último programa, así me despedía de mis compañeros. Pero esperaron a que terminara y me mandaron un audio, esos que se borran, para decirme que no me renovaban.

En fin, el fin de una etapa. La pasé súper con mis compañeros. Seguiré haciendo periodismo en otros medios donde trabajo pero, sobre todo, en Tw, que es lo que más le 'molesta' a LLA". (¿Estará brindando el diputado de LLA que pidió mi renuncia después de una entrevista?)

Déborah profundizó sobre las circunstancias de su despido y el contexto de la señal:Déborah de Urieta aclaró que su desvinculación de Diputados TV no debe interpretarse como una crítica hacia sus compañeros de trabajo. "Quiero dejar en claro que los colegas que continúan en el canal son excelentes profesionales y personas. No es que les hayan renovado por obsecuentes ni nada parecido: son, por lejos, quienes más saben del Congreso", señaló. También afirmó comprender las reglas laborales del medio: "Puede no gustarles mi trabajo y pueden no renovarme el contrato. Eso lo entiendo. Lo que no entiendo son los modos".

En ese sentido, explicó que durante semanas consultó en reiteradas oportunidades si su contrato sería renovado, sin obtener respuestas. "Esperaron a que terminara mi participación en el programa y recién entonces, mediante un audio de WhatsApp de los que se borran, me dijeron que no me renovaban. Yo había preguntado una vez más antes de salir al aire porque quería saber si debía despedirme o no", relató. Pese a la situación, envió un mensaje de agradecimiento: "Un abrazo a mis colegas y al equipo de DTV. Aprendí mucho de todos".

La periodista también rechazó de plano las acusaciones que, según contó, circularon para justificar su exclusión. "No soy militante. Para ellos, criticar, cuestionar o alertar sobre presuntos casos de corrupción te convierte en militante, pero nunca me dicen de qué partido. No milito, nunca milité ni militaré en ningún partido. El insulto que usaron fue 'militante y tira fruta'", afirmó.

En una entrevista posterior, De Urieta relató un episodio ocurrido en el Congreso con el propio presidente de la Cámara de Diputados. "Me lo crucé en el Senado, lo saludé, y me dijo: ‘vos estás muy militante’. Le pregunté '¿militante de qué?', y me respondió 'como Fabián Waldman'", contó, en referencia al periodista que no fue renovado por Diputados TV el año anterior. "Yo le dije que no milito, que informo con datos. Él respondió ‘vos tirás fruta’. Para un periodista, eso es un insulto: significa que mentís, que operás o que no sabés".

Según su testimonio, tras ese cruce escribió al responsable de renovar o no los contratos del canal para contarle lo ocurrido, pero dejó de recibir respuestas. "El lunes siguiente me llegó el mensaje que se borra: después de seis años, no me renovaban", explicó. También sostuvo que uno de los motivos de incomodidad con su trabajo fue su actividad en redes sociales: "Todos los meses publico cuánto poder adquisitivo pierden los trabajadores del Congreso. La motosierra no pasa por los ñoquis, pasa por los trabajadores. En estos años se fue mucha gente muy formada, técnica, que labura muy bien. Eso, sinceramente, es lo que más me duele".

Finalmente, De Urieta aclaró que su salida de Diputados TV no implica que deje de cubrir la actividad parlamentaria. "Que no me hayan renovado en DTV no quiere decir que deje de ser periodista acreditada en el Congreso. Voy a seguir cubriendo para los otros medios en los que trabajo. Lo aclaro porque muchos pensaron que me iba del Congreso, y no es así", remarcó.

La desvinculación de la periodista se suma a una serie de tensiones entre la prensa acreditada y la actual gestión de la Cámara de Diputados, presidida por Martín Menem, en un contexto en el que el funcionamiento de los medios institucionales es objeto de denuncias por recortes, vaciamiento y presunto sesgo ideológico.

Cambios y despidos en Diputados TV
El despido de Déborah de Urieta se enmarca en una serie de transformaciones y tensiones en la señal oficial de la Cámara Baja. Uno de los cambios más drásticos se produjo con la llegada de Jonatan Arioli como director de Diputados TV, bajo la conducción de Martín Menem. A fines de 2023 y principios de 2024, se decidió no renovar la mayoría de los contratos de trabajadores esenciales del canal —productores, maquilladores, camarógrafos y técnicos— cuyos vínculos habían vencido el 31 de diciembre, provocando una reducción considerable de personal y múltiples despidos.

Esa medida fue el paso previo a una reconfiguración del canal, que dejó de emitirse por televisión tradicional para transmitirse únicamente por YouTube, decisión que generó fuertes críticas por limitar el acceso ciudadano a la información parlamentaria. Según contamos en Señales, la transformación contravino la resolución de la Cámara de Diputados de 2006, que establecía que la señal debía transmitirse por aire, cable, Internet y otros medios para cubrir todo el país. El cierre de espacios tradicionales implicó una merma significativa en la disponibilidad del servicio para amplios sectores de la población.

En paralelo a los recortes de personal y al cambio en la forma de transmisión, la señal oficial se vio envuelta en episodios de censura e intervención editorial directa. Por ejemplo, durante una transmisión en vivo de una comisión clave, la periodista acreditada Laura Serra fue interrumpida y se le indicó por auricular que no continuara hablando de la Comisión de Juicio Político, interpretado por colegas y opositores como un intento de censura. Asimismo, otros periodistas, como Fabián Waldman, denunciaron presiones internas y decisiones de la dirección del canal que limitaron su continuidad laboral.

Reacciones de apoyo
El despido de Déborah generó un amplio respaldo en redes sociales y entre legisladores de distintos bloques:
Jairo Straccia, su compañero en "Buenas tardes China", escribió: "A algunos no les gustan las preguntas, las repreguntas, el periodismo profesional y menos la independencia. Aguante @ddeurieta". Y finalizó: "Cuando quieras hablamos al aire @MenemMartin".

Nicolás del Caño, legislador del Frente de Izquierda: "Toda nuestra solidaridad Déborah".

Christian Castillo, diputado de la Provincia de Buenos Aires: "Toda la solidaridad Déborah ante este despido discriminatorio".

Agustín Rossi, diputado peronista, planteó: "¿Dónde queda la libertad de expresión? En @DiputadosTV sacan del aire a una de las mejores periodistas parlamentarias que tiene el Congreso de la Nación. Solidaridad total con @ddeurieta ante esta decisión arbitraria".

Maxi Ferraro, ex diputado: "Banco a la corajuda de @ddeurieta. En tiempos en los que muchos callan, Déborah se anima a preguntar, repreguntar, publicar y pensar; y eso ya es un acto de valentía. Vaya mi reconocimiento a su calidad profesional y mi solidaridad".

Daniel Lipovetzky, ex diputado, escribió: "Toda mi solidaridad con @ddeurieta! Esto demuestra que no defienden ninguna libertad y menos la libertad de expresión. Por suerte la vamos a seguir teniendo en el Congreso como periodista parlamentaria".

Karina Banfi, diputada provincial: "Déborah, te vi crecer. Te consolidaste como periodista parlamentaria, una especialidad que te destaca. Defiendo con todo que sigas interpelando a la política del Parlamento".

Pablo Juliano, legislador radical: "La sacan con un audio que se borra, imagínate que van a hacer con la reforma laboral. Toda mi solidaridad y respeto".

Marcela Pagano, ex diputada libertaria: "Una periodista que incomoda (a todos). Otra periodista en una lista negra. Felicitaciones @ddeurieta, te echan porque no te pudieron comprar!"

El despido de Déborah refleja una tensión creciente entre la prensa acreditada y la actual gestión de Diputados TV, en un momento en que la independencia periodística y el acceso a la información se encuentran bajo presión. La profesional continuará ejerciendo el periodismo parlamentario tanto en medios tradicionales como en redes sociales, manteniendo activa su cobertura parlamentaria.

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