La llegada del papa León XIV a la Argentina despierta una expectativa que excede ampliamente al universo católico. Su visita se produce en un momento particular del país y del mundo, atravesado por tensiones políticas, económicas y sociales, y adquiere una significación especial por el contraste entre los principios que el pontífice viene reivindicando desde el inicio de su papado y la orientación del gobierno de Javier Milei.
Al mismo tiempo, León XIV llega como continuador del legado de Francisco, el primer Papa argentino, con quien comparte una trayectoria pastoral estrechamente vinculada con América Latina y una mirada sobre la dimensión social de la evangelización. Para Uranga, esa combinación explica por qué la visita genera interés más allá de los fieles católicos y puede tener consecuencias políticas y sociales de importancia.
Dos miradas sobre la sociedad: el pensamiento de León XIV frente al modelo de Milei
El contrapunto entre el pensamiento del pontífice y el discurso del Gobierno nacional aparece, según Uranga, como uno de los elementos centrales del contexto en el que se produce la llegada. El periodista considera que existe una diferencia evidente entre lo que dice y hace Milei y lo que León XIV viene predicando desde su asunción. Se trata de dos maneras distintas de entender el mundo, la dignidad de las personas y el lugar de la doctrina social de la Iglesia en la organización de la sociedad.
En ese sentido, recordó que el Presidente argentino Javier Milei llegó a calificar la doctrina social de la Iglesia como "una manera de robar" y que también se refirió al papa Francisco como "representante maligno en la tierra". Aunque en los últimos tiempos se haya intentado moderar esas expresiones y reducir el alcance de las críticas, Uranga sostuvo que esos antecedentes siguen presentes y forman parte del escenario político en el que se desarrollará la visita.
A esa tensión se suma la posición que viene adoptando el Episcopado argentino frente a las políticas sociales del Gobierno. En los últimos meses, distintos obispos manifestaron críticas y respaldaron públicamente los reclamos de sectores afectados por las decisiones oficiales. Entre ellos se encuentran Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina; el cardenal Ángel Rossi, vicepresidente de la institución, y otros integrantes de la jerarquía eclesiástica, como el obispo de Córdoba, Ángel Rossi. Sus pronunciamientos acompañaron las demandas de las personas con discapacidad, los jubilados y las universidades.
Para Uranga, León XIV llegará también para ratificar esa posición y confirmar el acompañamiento del Vaticano a sus obispos. En ese marco, consideró que las declaraciones de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, cuando sostiene que el Papa no hablará de política, representan solamente una parte de la verdad. El pontífice no hará política partidaria ni señalará directamente a dirigentes o funcionarios, explicó, pero eso no significa que sus palabras estén desprovistas de contenido político y social.
Como ejemplo, mencionó lo ocurrido durante la primera etapa de la gira por Uruguay. Allí, León XIV se apoyó en la figura de José Gervasio Artigas y en el significado del éxodo del pueblo oriental para reflexionar sobre la historia, la participación y la identidad colectiva. No se trató de un respaldo explícito a un dirigente ni de una crítica directa a otro, sino de la recuperación de determinados valores y criterios para pensar la realidad.
En esa misma línea, Uranga destacó una reflexión del arzobispo Marcelo Colombo: la importancia de una visita papal no reside solamente en lo que ocurre durante los encuentros y los discursos, sino también en lo que permanece después de que el pontífice se retira. La pregunta central, entonces, es qué tarea queda pendiente para la sociedad argentina una vez concluida la visita.
La continuidad de Francisco y una Iglesia con nuevos protagonistas
La continuidad entre León XIV y Francisco constituye otro de los ejes fundamentales de este viaje. El propio pontífice manifestó su deseo de regresar a América Latina y volver a Perú, país al que considera su patria de adopción, pero también expresó su voluntad de visitar la Argentina para homenajear a su antecesor. De hecho, uno de los momentos centrales de la agenda será el encuentro con los obispos en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, donde se realizará un acto de recuerdo y homenaje a Francisco.
Uranga señaló que León XIV se reconoce como continuador del legado de su antecesor, aunque con un estilo propio y otros acentos. Esa continuidad se expresa especialmente en el magisterio referido a la cuestión social. No se trata de una reproducción idéntica del pontificado anterior, sino de una recuperación de sus principales orientaciones y preocupaciones.
Para comprender esa relación también resulta necesario repasar la trayectoria de Robert Prevost antes de convertirse en Papa. Uranga recordó que fue Francisco quien lo nombró obispo de Chiclayo, en Perú, y quien posteriormente lo convocó a Roma. Allí le confió responsabilidades de enorme relevancia: lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos —una suerte de Ministerio del Interior del Vaticano, según la comparación de Uranga— y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Además, lo incorporó a otros cinco dicasterios, organismos que conducen distintas áreas estratégicas del Vaticano.
El periodista describió ese recorrido como un proceso en el que Francisco fue acercando a Prevost a los principales espacios de decisión de la Iglesia. Aunque aclaró que eso no significaba necesariamente que lo estuviera preparando o proponiendo como su sucesor, sí dejaba en evidencia la confianza que depositaba en él y el lugar destacado que ocupaba entre sus colaboradores.
La trayectoria latinoamericana de León XIV también tiene una dimensión personal y política. Nacido en Estados Unidos, Robert Prevost desarrolló buena parte de su vida pastoral en Perú, donde obtuvo la nacionalidad y construyó una profunda identificación con el país. En ese contexto, Uranga recordó un episodio que llamó la atención de distintos medios: durante las elecciones estadounidenses, el Papa ejerció su derecho al voto.
Consultado sobre el tema durante el vuelo hacia Montevideo, León XIV confirmó que había participado del proceso electoral y explicó que continúa siendo ciudadano estadounidense, por lo que considera natural ejercer ese derecho. "Claro que voto, y voy a seguir votando", fue su respuesta. Para Uranga, el gesto tiene un significado particular porque muestra a un pontífice que se reconoce como parte de la vida social y política, que participa de ella y que no encuentra contradicción entre esa participación ciudadana y su responsabilidad religiosa.
Esa mirada también ayuda a entender la relación que León XIV mantiene con los obispos argentinos. Uranga explicó que, cuando conversa con integrantes del Episcopado, suele encontrar una aclaración recurrente: los obispos no buscan enfrentarse con el Gobierno, pero consideran que tienen una responsabilidad ineludible frente a las consecuencias sociales de las políticas públicas. Esa responsabilidad, recordó, también forma parte del pensamiento de Prevost: la preocupación por lo social no constituye una tarea secundaria ni separada de la evangelización, sino un componente esencial de la misión de la Iglesia.
El periodista también puso el acento en el cambio que experimentó la jerarquía eclesiástica argentina durante el pontificado de Francisco. Según su análisis, fue el propio Francisco quien modificó profundamente la composición y el perfil del Episcopado, que durante muchos años había mantenido actitudes de complicidad frente a algunos de los episodios más graves de la historia argentina. La actual conducción representa, en ese sentido, otro tiempo, otra época y otras características, tanto por los nombres que la integran como por las posiciones que sus miembros vienen sosteniendo públicamente.
Una agenda que pone en el centro a los más vulnerables
Para Uranga, la visita debe leerse no solamente a partir de los discursos que pronuncie León XIV, sino también de los lugares que eligió para transmitir sus mensajes y de los encuentros que formarán parte de su agenda. La visita al Cottolengo Don Orione, el paso por una cárcel y el encuentro con representantes del mundo del trabajo y de los movimientos populares son escenarios que adquieren una significación especial dentro de la mirada social que caracteriza al pontificado.
En relación con la construcción de esa agenda, el periodista aportó un dato que considera revelador. En una conversación mantenida durante la semana con Raúl Pizarro, obispo y secretario general de la Conferencia Episcopal Argentina, conoció que hubo un pedido expreso de León XIV para reunirse con jóvenes. El mismo interés había manifestado para su visita a Uruguay.
Sin embargo, otros encuentros centrales de la agenda argentina no surgieron de una iniciativa original del Papa, sino de una solicitud de los propios obispos. Uranga precisó que fueron los representantes del Episcopado quienes pidieron incorporar la visita al Cottolengo Don Orione, el paso por la cárcel y el encuentro con los movimientos populares. También impulsaron la visita a Claypole, localidad ubicada a 25 kilómetros al sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el conurbano bonaerense.
El propio presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, explicó a los periodistas que la elección de Claypole respondía a la intención de mostrarle al pontífice una expresión concreta del sufrimiento que atraviesan distintos sectores de la sociedad argentina y del compromiso que la Iglesia considera necesario asumir frente a esa realidad. De acuerdo con Uranga, ese dato permite comprender que la agenda no es casual, sino que expresa una determinada concepción del papel de la Iglesia frente a los problemas sociales.
Otro aspecto que el periodista considera importante es la posibilidad de que la visita genere una movilización popular de magnitud. La Argentina tiene una larga historia de participación y movilización callejera, pero ese entramado se encuentra actualmente debilitado. Uranga señaló que muchos lazos sociales se han roto, que las instituciones y las organizaciones están fuertemente golpeadas y que, además, las manifestaciones públicas vienen siendo escenario de episodios de represión.
En ese contexto, consideró que la llegada de León XIV podría abrir un espacio para superar temporalmente esos límites y permitir que la sociedad vuelva a expresarse en las calles con libertad. Sin anticipar cifras ni estimaciones sobre la cantidad de asistentes, sostuvo que habrá multitudes y que será importante observar cómo se manifiesta la gente durante los distintos momentos de la visita.
Los gestos políticos detrás de la organización de la visita
La dimensión política también se hizo visible en la organización de los encuentros institucionales y en las diferencias que surgieron alrededor de las invitaciones oficiales. Uranga comparó lo sucedido en Uruguay, donde el Papa pudo encontrarse con el presidente y compartir el acto con los expresidentes del país en un clima de confraternidad, con lo que ocurrirá en la Argentina.
En Buenos Aires, durante el encuentro previsto en el Centro Cultural Kirchner, los expresidentes no estarán invitados. Según explicó, la decisión fue resultado de una discusión interna muy fuerte dentro del Gobierno nacional, que tuvo a su cargo el manejo de las invitaciones. Finalmente, la posibilidad de convocar a los exmandatarios quedó descartada. Para Uranga, uno de los factores determinantes fue que esa nómina habría incluido a Cristina Fernández de Kirchner.
También hubo tensiones alrededor de la presencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel, cuya participación finalmente quedó confirmada, aunque dentro de un esquema que, según el periodista, contempla distintas restricciones.
Las limitaciones también alcanzarán a la cobertura periodística y a las transmisiones oficiales. Uranga explicó que los medios estatales recibieron instrucciones de no transmitir en directo determinados acontecimientos vinculados con la visita. En Claypole, por ejemplo, habrá restricciones para el trabajo de las cámaras. Una parte de esas limitaciones responde a un pedido expreso del propio Papa, que solicitó intimidad durante el recorrido por los pabellones, una decisión que el periodista consideró absolutamente comprensible.
Sin embargo, también señaló que no habrá cámaras en determinados sectores, entre otras razones porque allí estará presente el gobernador bonaerense Axel Kicillof y el Gobierno nacional no querría mostrar su participación. De ese modo, anticipó que la organización de la visita estará atravesada por una serie de tironeos políticos e institucionales.
Frente a ese escenario, el Vaticano también tomó recaudos para garantizar el control de determinadas transmisiones. Según explicó Uranga, habrá directores de cámara de Vatican News y de la Central de Televisión del Vaticano a cargo de algunas coberturas, precisamente para evitar que la realización y la selección de imágenes queden exclusivamente en manos de los medios locales. La decisión se vincula, en su interpretación, con las preocupaciones existentes alrededor del manejo de la información en el contexto político argentino.
Lo que queda después de la visita
Así, la llegada de León XIV se presenta como un acontecimiento que excede ampliamente el calendario litúrgico y la dimensión estrictamente religiosa. La continuidad del pensamiento social de Francisco, el respaldo a un Episcopado que viene expresando sus preocupaciones frente a las políticas oficiales, la elección de escenarios vinculados con los sectores más vulnerables y la posibilidad de una movilización popular masiva configuran una visita con múltiples significados.
Para Washington Uranga, el verdadero alcance de este viaje no se medirá únicamente por las palabras que pronuncie el pontífice ni por las imágenes de los actos oficiales. También habrá que observar qué sucede en las calles, cómo se expresa la sociedad y, fundamentalmente, qué permanece cuando León XIV abandone el país.
Porque, más allá del homenaje a Francisco y de los gestos institucionales, la visita vuelve a poner en el centro una discusión sobre la dignidad humana, la justicia social y la responsabilidad colectiva frente al sufrimiento de los demás.

















