domingo, 1 de noviembre de 2026

Legado Deliot: después de 20 años de disputa, Rosario recupera 807 hectáreas de humedales y abre una nueva etapa para su protección

Tras más de dos décadas de disputa judicial, el municipio rosarino logró recuperar 807 hectáreas de humedales en las islas del Paraná, un territorio de enorme valor ambiental, arqueológico y cultural que había sido ocupado por un empresario ganadero. Para Jorge Bártoli, integrante de El Paraná No Se Toca, el desenlace representa mucho más que la restitución de tierras: constituye un caso testigo de recuperación del patrimonio público, reparación ambiental y continuidad de una política de Estado, remarcó en una entrevista en Señales. Ahora, el desafío será restaurar los ambientes afectados, integrar las tierras recuperadas a la Reserva Los Tres Cerros y garantizar una gestión que preserve la biodiversidad y promueva la educación ambiental.

Después de más de 20 años de disputa judicial, Rosario recuperó 807 hectáreas de humedales del Legado Deliot, un territorio de enorme valor ambiental ubicado en las islas del Paraná, frente a las costas de la ciudad, en jurisdicción de la provincia de Entre Ríos. Se trata de tierras de propiedad municipal que durante años estuvieron ocupadas por el empresario ganadero Enzo Rómulo Mariani, quien pretendía quedarse con más de 800 hectáreas pertenecientes a la ciudad.

La recuperación marca un punto de inflexión en una historia atravesada por conflictos judiciales, intervenciones sobre el ambiente, reclamos de organizaciones sociales y decisiones políticas que se sostuvieron a lo largo de distintas administraciones municipales. También abre una nueva etapa: la de restituir las condiciones naturales del humedal, recuperar los espacios dañados y poner en valor un patrimonio público que ahora podrá convertirse en un refugio de biodiversidad, un espacio de educación ambiental y un ámbito para el desarrollo del ecoturismo.

Para Jorge Bártoli, integrante de la organización El Paraná No Se Toca, el momento tiene una dimensión histórica. Así lo expresó al referirse al anuncio de la recuperación, que también había sido destacado por el secretario de Gobierno municipal, Sebastián Chale. "Para nosotros y para la ciudad de Rosario es un hecho histórico, sin duda. Estamos hablando de la recuperación de un territorio maravilloso, patrimonio público de todos los rosarinos", sostuvo.

Para dimensionar la superficie recuperada, Bártoli propone una comparación con uno de los espacios verdes más conocidos de la ciudad: las 807 hectáreas equivalen a seis veces y media la superficie del parque Independencia. Una extensión que permite comprender no solamente la magnitud territorial de la restitución, sino también el potencial ambiental que representa para Rosario.

Sin embargo, su mirada excede la cuestión patrimonial local. En un contexto que considera especialmente agresivo hacia los entornos naturales y los bienes comunes del país, Bártoli advierte sobre la falta de una Ley de Humedales, cuyo tratamiento ha atravesado sucesivos fracasos en el Congreso de la Nación. Frente a ese escenario, plantea que las provincias y los municipios tienen una responsabilidad fundamental en la preservación de estos territorios y cuentan con herramientas legales para intervenir.

Desde esa perspectiva, entiende que lo ocurrido con el Legado Deliot constituye un caso testigo. No se trata únicamente de que Rosario haya recuperado tierras que le pertenecían, sino de que se logró avanzar en la restitución del patrimonio público, la reparación de un daño ambiental de gran magnitud y la preservación de un bien natural con enormes posibilidades hacia el futuro. "Es una mirada a futuro en un espacio que tiene un enorme potencial ecoturístico y como reserva de biodiversidad", señaló.

La historia de esta recuperación tiene, además, un elemento que Bártoli considera determinante: la continuidad de una decisión política. Hace 14 años, en medio del conflicto por la ocupación de las tierras, la Municipalidad de Rosario, durante la gestión de la entonces intendenta Mónica Fein, resolvió avanzar en la recuperación del territorio. Esa decisión, destacó, se sostuvo durante las administraciones municipales posteriores.

El proceso contó desde el comienzo con el acompañamiento de El Paraná No Se Toca, a la que progresivamente se fueron sumando otras organizaciones de la sociedad civil y, posteriormente, la Universidad Nacional de Rosario, que aportó un respaldo académico y científico. La articulación entre el municipio, las organizaciones ambientalistas y la universidad permitió construir un espacio de trabajo común que atravesó distintos gobiernos y resistió las dificultades de un conflicto que durante años pareció no tener resolución.

Para Bártoli, ese recorrido demuestra la importancia de sostener políticas públicas más allá de los cambios de gestión. "Lo más importante es que hubo una política de Estado que tuvo continuidad a lo largo de las sucesivas administraciones municipales", remarcó.
Un territorio que amplía la Reserva Los Tres Cerros
Las 807 hectáreas recuperadas no constituyen un espacio aislado. Se incorporan a otras 400 hectáreas linderas que no habían sido usurpadas y que desde hace varios años integran la Reserva Los Tres Cerros. De esta manera, la recuperación amplía considerablemente un territorio protegido que reúne valores ambientales, históricos y arqueológicos de singular importancia.

La denominación de la reserva remite precisamente a uno de sus principales atributos: la presencia de un sitio arqueológico de enorme valor conocido como Los Tres Cerros. El nombre evoca las antiguas formas de ocupación del territorio por parte de los pueblos originarios del delta del Paraná, particularmente los Chaná, que construían montículos artificiales de tierra, conocidos como cerros o cerritos, para establecer sus asentamientos y desarrollar distintas actividades comunitarias.

Estos pueblos aprovecharon las elevaciones naturales de las islas, como los albardones y los médanos, pero también modificaron el paisaje mediante la construcción de montículos en terrenos que originalmente eran prácticamente llanos. Algunos de esos cerritos llegaron a alcanzar tres metros de altura y centenares de metros cuadrados de superficie. Allí instalaron sus viviendas y enterraron a sus muertos, dejando estructuras que constituyen algunas de las evidencias más visibles y duraderas de las poblaciones indígenas del litoral.

Las investigaciones arqueológicas realizadas por especialistas de la Universidad Nacional de La Plata sobre el sitio Los Tres Cerros permitieron determinar que se trata de elevaciones artificiales construidas mediante la incorporación de arcillas, tierras quemadas, huesos y fragmentos de vasijas. La superposición de esos materiales contribuyó a aumentar la altura y la cohesión de los montículos, además de proteger los asentamientos frente a las periódicas crecidas del río.

Los estudios también permitieron identificar distintas jerarquías, funciones e intensidades de ocupación entre los asentamientos. En algunos de ellos se diferenciaron sectores destinados a actividades domésticas y otros utilizados como basureros, donde se acumularon miles de fragmentos de cerámica y restos óseos de animales. Las vasijas y los materiales arqueológicos encontrados constituyen testimonios fundamentales para reconstruir las formas de vida de las antiguas comunidades isleñas.

A esa riqueza cultural se suma una biodiversidad extraordinaria. Bártoli destaca que el territorio tiene un enorme potencial turístico y, especialmente, para la educación ambiental. Considera que la sociedad difícilmente pueda comprometerse con la protección de ambientes naturales que no conoce. Por eso, entiende que resulta fundamental generar condiciones para que la población pueda acercarse, recorrer y comprender el funcionamiento de los humedales.

Actualmente, el acceso al lugar es complicado y la infraestructura disponible es verdaderamente mínima. La expectativa es que, con las intervenciones que se proyectan, el territorio pueda contar con instalaciones básicas que faciliten las visitas sin alterar sus características naturales. La posibilidad de que los rosarinos conozcan de primera mano este ambiente adquiere una relevancia particular en una ciudad que ha sufrido durante años las consecuencias de los incendios y las quemas en los humedales del Paraná.

"No podemos pretender que la población tome para sí la protección de entornos naturales que no conoce. A este lugar hay que ir a conocerlo", plantea Bártoli. En ese sentido, la recuperación de las tierras representa también la posibilidad de construir una relación diferente entre la ciudad y su territorio insular.
Los terraplenes que alteraron la vida del humedal
El sector que estuvo ocupado por Mariani tiene una característica geográfica que ayuda a comprender el interés que despertó en el empresario: es lindero con la conexión vial Rosario-Victoria y cuenta con acceso terrestre desde esa traza. Para quienes desarrollan actividades agropecuarias en las islas, esa cercanía representa una ventaja logística importante, porque facilita los desplazamientos y el traslado de maquinaria e insumos.

Precisamente, esa condición habría sido uno de los factores que impulsaron al ocupante a apropiarse de un territorio que no le pertenecía. Allí desarrolló actividades ganaderas y construyó terraplenes, caminos, viviendas y galpones, modificando profundamente la dinámica natural del humedal.

El comienzo de la lucha por recuperar esas tierras se remonta a una situación que fue advertida casi de casualidad. Bártoli recuerda que hace 14 años un compañero de la organización, un amigo que ya falleció, se encontraba remando por el riacho Paranasito cuando ingresó por un arroyo que entonces todavía era conocido como Arroyo de la Cruz. Allí descubrió que el curso de agua estaba interrumpido por un terraplén.

Ese hallazgo permitió advertir la dimensión de las intervenciones que se estaban realizando en el territorio. Para Bártoli, el terraplenamiento en zonas de delta constituye una práctica especialmente perjudicial, aunque históricamente haya formado parte de ciertos usos y costumbres vinculados con la producción agropecuaria y forestal.

La construcción de terraplenes para cortar arroyos o secar lagunas con el objetivo de favorecer determinadas actividades productivas implica una alteración profunda del funcionamiento del ecosistema. Los humedales necesitan cursos de agua libres para que las especies que allí habitan, anidan y crecen puedan desarrollar sus ciclos naturales y reproductivos. Cuando se interrumpe esa dinámica, se afectan los procesos que sostienen la vida del ambiente y los beneficios ecosistémicos que esos territorios brindan a la sociedad.

En el caso del Legado Deliot, la magnitud de las obras fue considerable. De acuerdo con las imágenes históricas que conserva la organización, se construyeron entre 12 y 14 kilómetros de terraplenes. La intervención permitió interrumpir el Arroyo de la Cruz y secar la que había sido una enorme laguna del mismo nombre, provocando, según describe Bártoli, un daño ambiental verdaderamente superlativo.
Las modificaciones del paisaje no se limitaron a las obras de infraestructura vinculadas con la actividad ganadera. En el predio también se construyeron un chalet, una pileta de natación, un galpón de grandes dimensiones para guardar la maquinaria utilizada en la construcción de los terraplenes y una vivienda destinada al casero.

Todo ese despliegue se realizó sobre tierras que pertenecían al municipio rosarino. Bártoli recuerda que durante mucho tiempo el ocupante actuó con absoluta impunidad, convencido de que podría permanecer allí indefinidamente. Sin embargo, el desenlace terminó siendo diferente al que había imaginado.

La complejidad del conflicto estuvo determinada, en buena medida, por las particularidades jurisdiccionales del territorio. Aunque pertenece a Rosario, el Legado Deliot se encuentra fuera del ejido municipal y, además, está ubicado en otra provincia: las islas pertenecen a la jurisdicción de Entre Ríos.

Esa situación convirtió el proceso judicial en un recorrido especialmente engorroso. Primero hubo que litigar en Rosario, donde, según recuerda Bártoli, ocurrieron situaciones insólitas, como la desaparición de expedientes judiciales que posteriormente volvieron a aparecer. Luego, el conflicto debió continuar en Entre Ríos, mientras el empresario sostenía su pretensión de quedarse con las tierras y llevaba el caso hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Fueron años de idas y vueltas, obstáculos administrativos y judiciales, discusiones y momentos de incertidumbre. Un camino que, como reconoce Bártoli, daría material suficiente para escribir un libro.

En ese largo recorrido, el dirigente ambientalista destaca especialmente la actuación de la Dirección Jurídica de la Municipalidad de Rosario durante los últimos dos o tres años. Considera que tuvo una intervención muy firme y que finalmente permitió alcanzar un acuerdo de retirada, que es el que ahora comienza a ponerse en marcha.

La resolución de las instancias judiciales permitió avanzar hacia la restitución efectiva del territorio y establecer las condiciones para que Mariani desaloje el lugar. Se trata de una etapa que, según Bártoli, será relativamente breve en comparación con los años que demandó el litigio, aunque todavía requiere completar el retiro del ocupante para que el municipio pueda tomar plena posesión de las tierras.
De la recuperación judicial a la restauración ambiental
La recuperación de las 807 hectáreas representa el paso más importante de un proceso que, sin embargo, está lejos de haber concluido. Para las organizaciones ambientalistas y el municipio, comienza ahora un desafío diferente: transformar el territorio recuperado en un espacio protegido, restaurar los ambientes afectados y garantizar que la reserva pueda funcionar de manera efectiva.

La tarea implica integrar las nuevas hectáreas al sector que ya conformaba la Reserva Los Tres Cerros y avanzar en una gestión que permita preservar sus valores naturales, arqueológicos y culturales. Bártoli considera que no alcanza con recuperar jurídicamente las tierras: es necesario dotarlas de una estructura de funcionamiento que garantice su conservación a largo plazo.

La preocupación compartida por las organizaciones y el municipio es que la reserva tenga una gestión dinámica, eficiente y ágil. El objetivo es que pueda cumplir efectivamente con su función de refugio de biodiversidad, convertirse en un centro ecoturístico y ofrecer oportunidades para desarrollar actividades de educación ambiental.

A eso se suma la necesidad de revertir las alteraciones provocadas por las obras realizadas durante la ocupación. La recuperación del libre escurrimiento de los arroyos internos del valle de inundación del Paraná aparece como una cuestión central para restablecer los ciclos naturales del humedal. El desmantelamiento de los terraplenes será, en ese sentido, una de las intervenciones fundamentales para que el agua vuelva a circular y los ambientes puedan recuperar progresivamente sus características.

La discusión sobre cómo gestionar el territorio también involucra a las comunidades que habitan y trabajan en las islas. Desde su creación, la Comisión Multisectorial Legado Deliot tuvo entre sus objetivos recuperar ambiental, social y culturalmente los lotes, pero también mantener y fortalecer a los habitantes isleños que desarrollan modos de vida sustentables, como los pescadores artesanales, evitando trasladar a las islas valores y lógicas propias de los espacios urbanos.
Trece años de una construcción colectiva

La continuidad del trabajo institucional y social tuvo un ámbito específico de articulación. En 2013, mediante la firma del decreto municipal de creación de la Comisión Multisectorial Legado Deliot Nº 1531, se pusieron en marcha las estrategias destinadas a recuperar y poner en valor la calidad ambiental de estos lotes.

La comisión se constituyó cuando el municipio decidió intervenir formalmente en el conflicto y avanzar en la recuperación de un territorio que pertenecía a Rosario, pero que estaba ocupado por un particular. Desde entonces, se convirtió en el espacio donde confluyeron funcionarios municipales, organizaciones de la sociedad civil y representantes del ámbito académico.

Bártoli destaca que el trabajo municipal estuvo acompañado durante todos estos años por el respaldo y también por la presión de las organizaciones sociales. A su entender, esa participación fue determinante para evitar que el conflicto tuviera otro desenlace. La perseverancia de quienes sostuvieron el reclamo permitió mantener el tema en agenda incluso en los momentos en que los tiempos judiciales y administrativos parecían alejar cualquier posibilidad de recuperación.

Actualmente, la comisión que gestiona la Reserva Los Tres Cerros está integrada por distintas áreas de la administración municipal y organizaciones de la sociedad civil vinculadas con el río Paraná y sus islas. Participan El Paraná No Se Toca, la Asociación Rosarina de Pesca con Mosca, el Taller de Comunicación Ambiental, vinculado a Sergio Rinaldi, Fridays for Future, Mundo Aparte, la Multisectorial por la Ley de Humedales y Taller Ecologista.

La Universidad Nacional de Rosario también tuvo una participación de peso en este proceso, particularmente a través de la Facultad de Ciencias Agrarias y el Observatorio Ambiental, que aportaron el acompañamiento académico y científico necesario para fortalecer el trabajo de recuperación y preservación del territorio.

Fueron 13 años de reuniones, discusiones e intercambios, muchas veces intensos. Bártoli recuerda que el recorrido estuvo marcado por tensiones entre los tiempos de la burocracia, las expectativas de las organizaciones y los plazos de la Justicia. Hubo momentos en los que parecía que el proceso se caía definitivamente y otros en los que volvía a tomar impulso.

"Ha sido verdaderamente muy azaroso", resume. Sin embargo, la comisión nunca dejó de trabajar y la gestión municipal mantuvo su participación. Esa perseverancia permitió sostener un objetivo común a pesar de las dificultades y de los cambios políticos e institucionales.

Para el integrante de El Paraná No Se Toca, el resultado demuestra que es posible construir políticas públicas de largo plazo mediante el trabajo mancomunado entre el Estado, las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones académicas. Por eso insiste en que el Legado Deliot constituye una experiencia que debería ser considerada como referencia para otros territorios amenazados por ocupaciones, transformaciones productivas y daños ambientales.

La nueva etapa, sostiene, deberá continuar sobre esa misma base de articulación. La recuperación de las tierras es una conquista colectiva, pero también una responsabilidad que exige sostener el compromiso y garantizar que el territorio no vuelva a quedar expuesto a intereses particulares.
"Por ríos y arroyos libres": el reclamo de la Multisectorial

La recuperación del Legado Deliot también fue celebrada por la Multisectorial, que destacó el papel de la lucha colectiva en el desenlace judicial. En un comunicado, las organizaciones expresaron su satisfacción por la sentencia del 23 de octubre del corriente año, dictada por el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial de la ciudad de Victoria, provincia de Entre Ríos.

El fallo rechazó la excepción de prescripción adquisitiva planteada por el empresario Enzo Rómulo Mariani, al considerar que la posesión que ejercía sobre el inmueble era ilegítima y de mala fe. Asimismo, hizo lugar a la demanda de reivindicación promovida por la Municipalidad de Rosario y dispuso que Mariani deberá restituir el inmueble al municipio, libre de personas y cosas.

Para fundamentar su decisión, la sentencia estableció que "se encuentra fehacientemente acreditado que el inmueble es titularidad de la Municipalidad de Rosario y que ha estado y continúa bajo la ocupación de Enzo Rómulo Mariani, [...] quien ejerce una posesión ilegítima y de mala fe".

La Multisectorial también puso el foco en las consecuencias que tuvo esa ocupación sobre el destino ambiental del territorio. Según señalaron, la situación impidió que la Municipalidad de Rosario pudiera cumplir con la finalidad pública asignada al predio: el desarrollo de la Reserva Municipal Los Tres Cerros. De esta manera, la ocupación no solo obstaculizó la ejecución de un proyecto ambiental y cultural, sino que también produjo un perjuicio económico y ambiental.

En ese sentido, las organizaciones remarcaron que la sentencia representa el reconocimiento judicial de una lucha sostenida durante años por recuperar un patrimonio público y devolverle su función ambiental. La restitución de las tierras deberá permitir avanzar ahora en la recuperación de los ambientes afectados y en la concreción del proyecto de reserva, cuya finalidad es preservar la biodiversidad, proteger el patrimonio arqueológico y garantizar el libre funcionamiento de los cursos de agua.

El reclamo de la Multisectorial, sin embargo, no termina con la restitución del inmueble. La recuperación efectiva del humedal requiere también desarmar los terraplenes que interrumpieron los cursos naturales de agua y restablecer la conexión entre los ambientes que integran el valle de inundación del Paraná. El comunicado cerró con una consigna que sintetiza el sentido de la lucha que las organizaciones vienen sosteniendo desde hace más de una década: "¡La Reserva de Los Tres Cerros No Se Toca! ¡Por ríos y arroyos libres!".

La recuperación del Legado Deliot representa así mucho más que el final de una prolongada disputa por la propiedad de unas tierras. Es la posibilidad de reparar un daño ambiental, recuperar el funcionamiento de un ecosistema, proteger un patrimonio arqueológico de enorme importancia y devolver a la sociedad el acceso a un territorio que forma parte de su patrimonio común.

Después de años de expedientes, litigios, reuniones y reclamos, las 807 hectáreas vuelven a estar en el horizonte de la ciudad. Pero la historia todavía tiene capítulos por delante. Desarmar los terraplenes, liberar los cursos de agua, restaurar el humedal y consolidar una reserva con gestión efectiva serán las tareas que definirán el verdadero alcance de esta recuperación.

Para quienes sostuvieron la lucha, el desafío ahora es que la conquista judicial se transforme en una política concreta de conservación. Que Los Tres Cerros sea un refugio para la biodiversidad, un espacio de encuentro con la naturaleza y una oportunidad para que las próximas generaciones comprendan el valor de los humedales. Porque, como viene sosteniendo El Paraná No Se Toca, defender el río también significa garantizar que sus arroyos permanezcan libres y que la vida del humedal pueda seguir desarrollándose sin obstáculos.


Fotos: Municipalidad de Rosario, La Mati Bianchi, Carlos Salazar,  Multisectorial por los Humedales, Señales

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