martes, 20 de agosto de 2013

El legado Deliot: una historia de tierras, memoria y lucha vecinal

El Chalet Deliot antes de su puesta en valor

A comienzos de la década de 1940, cuando transitaba los últimos años de su vida, el contador Carlos Deliot decidió organizar el destino de la enorme cantidad de tierras y lotes que poseía en Rosario, luego de haberse destacado en el mundo de los negocios inmobiliarios. De personalidad reservada, este contador rosarino había acumulado un importante patrimonio en distintos puntos de la ciudad. "No tengo hijos ni hijas naturales", dejó escrito en su testamento.

Entre sus propiedades se encontraban franjas del Parque Regional Sur, en la zona del Saladillo; inmuebles en Fisherton; terrenos del barrio Moderno, sobre las calles Seguí y Rouillón, donde estaba ubicada su casa; las tierras del actual Polideportivo Deliot, en la zona oeste, y hasta la plaza del Aguaribay, uno de los pocos espacios verdes de la zona más cotizada de bulevar Oroño, a la altura del 1500.

Décadas más tarde, durante los años noventa, Aire Libre, Radio Comunitaria, tenía su estudio en la Parroquia Nuestra Señora de la Salud. Desde allí se emitía el programa del Centro Cultural Yachay Wasi, donde comenzamos a escuchar hablar del Legado Deliot.

Fue entonces cuando una vecina de la Vecinal La Roca planteó una inquietud que abriría un camino de organización y lucha: "¿Ustedes saben que todos los vecinos que vivimos en la zona no somos propietarios de las tierras? Son tierras del Legado Deliot y no conseguimos que alguien se ocupe del tema".

A partir de aquella preocupación comenzamos a organizar asambleas de vecinos y vecinas en la Escuela N.º 660 "Francisco N. Laprida", convocadas por la familia Braidotti, del Centro Cultural Yachay Wasi, ubicado en el barrio Hipotecario.

A las asambleas les siguieron las movilizaciones. La lucha fue creciendo y llegó incluso hasta el Palacio de los Leones, que un día fue escenario de una toma protagonizada por los vecinos. También hubo gestiones y reclamos en el Concejo Municipal. Finalmente, alcanzamos el objetivo que tanto habíamos perseguido: se aprobó la Ordenanza N.º 4745, que autorizaba a la Intendencia a otorgar las escrituras a cada vecino y vecina, permitiendo que quienes habitaban esos terrenos pudieran convertirse en sus legítimos titulares.

La norma facultó al Departamento Ejecutivo a otorgar las escrituras traslativas de dominio incluso en aquellos casos en que los compradores no contaran con certificados de deuda saldada expedidos por las autoridades de la Fundación Deliot.

La disposición contemplaba que los adquirentes o sus sucesores pudieran acreditar sus derechos mediante la presentación del boleto de compraventa y de la documentación respaldatoria. También debían suscribir una declaración jurada en la que manifestaran si reconocían o no la existencia de una deuda por el saldo del precio del inmueble.

El procedimiento establecía la intervención de distintas áreas municipales, de la Dirección General de Asuntos Jurídicos y del Consejo de Administración de la Fundación Deliot. Si la evaluación resultaba favorable, la solicitud debía elevarse al Concejo Municipal y publicarse durante tres días consecutivos en un diario de circulación local.

Pero la historia del Legado Deliot no se agotaba en la regularización de las tierras ni en el reconocimiento de los derechos de sus habitantes.

Más adelante, también fuimos parte de la recuperación del antiguo casco de estancia, conocido como el Chalet Deliot. Se trató de una iniciativa impulsada por Patricia Sandoz, concejala y dirigente del Partido Socialista Popular, quien incluso destinó parte de su sueldo a ese propósito. La recuperación se concretó y el espacio fue inaugurado posteriormente por el intendente Héctor Cavallero.

A lo largo de ese recorrido fuimos descubriendo la verdadera dimensión de lo que significaba el Legado Deliot para Rosario: no solamente un conjunto de tierras, sino también una historia vinculada con el crecimiento de los barrios, los derechos de sus habitantes, la memoria colectiva y el patrimonio de la ciudad.

También conocimos la situación de las tierras ubicadas en la isla del Charigüé, detrás de la isla del Espinillo, frente a la costa central rosarina. Se trata de terrenos que Carlos Deliot había legado al municipio muchos años atrás.

Para ese territorio, la perspectiva debía ser otra: no trasladar los valores urbanos a un ambiente natural, sino preservar y recuperar las condiciones propias del humedal. Con ese propósito se desarrolló un trabajo conjunto entre el municipio, las organizaciones ambientales y los propios habitantes de las islas, que dio lugar a la conformación de una Comisión destinada a recuperar los territorios que habían sido usurpados.

Así, a lo largo de los años, el Legado Deliot fue revelando las distintas dimensiones de una misma historia. Una historia que habla de tierras, pero también de derechos; de patrimonio, pero también de memoria; de decisiones institucionales, pero fundamentalmente de participación y compromiso colectivo.

Porque detrás de cada escritura, de cada espacio recuperado y de cada iniciativa para preservar el ambiente, hubo vecinos y vecinas que se organizaron, reclamaron y trabajaron para que ese legado dejara de ser solamente una herencia del pasado y se convirtiera en un bien colectivo para las generaciones presentes y futuras de Rosario.

Otras Señales

Quizás también le interese: