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sábado, 16 de mayo de 2026

La cocina como resistencia: el retrato austero y político de Javier Urondo

El documental de Mariana Erijimovich y Juan Villegas retrata a Javier Urondo, un cocinero que rechaza el espectáculo gastronómico y defiende una idea austera, política y profundamente humana de la comida. Entre fermentos, barrio y trabajo colectivo, la película encuentra una forma de resistencia en tiempos de marketing y consumo rápido.

Durante poco más de una hora, el documental que Erijimovich y Villegas codirigen convierte la cocina en un territorio político, afectivo y profundamente humano. Allí no hay lugar para el espectáculo gastronómico ni para la estética del lujo convertida en mercancía. En cambio, aparecen palabras como barricada, guerrilla y comida imperfecta. La película acompaña a Javier “Jota” Urondo, fundador de Urondo Bar, un bodegón de Parque Chacabuco sin cartel ni pretensiones, donde la comida se piensa lejos del universo Michelin y de la sofisticación entendida como ornamento.

Hijo del poeta y militante Paco Urondo, asesinado por la dictadura en 1976, Javier heredó una mirada incómoda y desafiante sobre el mundo: descree de las modas, de las épicas fáciles y de cualquier gesto complaciente. Cocina con productos orgánicos comprados en el Mercado Central, reivindica la "vaca vieja y grande" por encima de la ternera y defiende una idea de la gastronomía ligada a la honestidad antes que a la seducción visual.
Un documental contra la gastronomía espectáculo
La cámara de Erijimovich y Villegas acompaña esa filosofía con una puesta austera y observacional. Sigue a Urondo mientras amasa pan, prepara infusiones, cuida su huerta casera o conversa con cocineros y productores que lo admiran. Más que un chef televisivo, aparece como un artesano obstinado, incluso áspero, alguien que prefiere equivocarse antes que repetir fórmulas exitosas. Esa condición de anticelebridad es precisamente la que vuelve magnético al personaje y la que termina organizando toda la película.

Desde el comienzo, los directores entendieron que allí había algo más que un documental gastronómico. Lo que les interesaba era, justamente, contar a alguien que rechaza el show. Mariana Erijimovich explica que la atracción surgía de esa negativa a las "florecitas" y al artificio, de una cocina que parece simple pero que exige un enorme trabajo detrás para alcanzar aquello que la película define como honestidad: una comida pensada para el sabor antes que para la imagen.

El vínculo de Erijimovich con Javier Urondo venía de muchos años atrás. Había conocido el restaurante tiempo antes de imaginar la película y recordaba a Javier como alguien reticente a hablar demasiado, pero con una presencia imposible de ignorar. Más que alguien dispuesto a mostrarse, era una persona que invitaba a ser observada. Y, según cuenta, cuanto más se lo conocía, más aparecía la necesidad de entenderlo.

Esa búsqueda también dialogaba con una preocupación personal de la directora: rescatar figuras alejadas del mainstream, personas poco visibles pero con mucho para aportar desde la cultura, la filosofía o la experiencia de vida. En Urondo encontraba todo eso junto. Veía a alguien atravesado por una historia dura, marcado por pérdidas y contradicciones, que había logrado construir una ética propia alrededor del acto de dar de comer. Para ella, allí había una dimensión profundamente humana y cinematográfica: un hombre que cocina con conciencia, con amor y con una idea clara de responsabilidad.
El personaje detrás del bodegón

La película evita deliberadamente los lugares comunes del documental gastronómico contemporáneo. No hay recetas explicadas, ni didactismo, ni pedagogía televisiva. Lo importante no es enseñar a cocinar sino observar el trabajo, los procesos y las decisiones detrás de cada plato.

Erijimovich sostiene que el corazón ideológico del film pasa por la responsabilidad sobre aquello que cada uno hace: Javier desde la cocina y ellos desde el cine. Así como Urondo piensa desde qué lugar alimenta a otros, la película también se pregunta desde dónde representar ese acto. La ideología, dice, está tanto en la comida como en la forma de filmarla.

En varios momentos del documental aparece una frase de Javier Urondo que termina funcionando como declaración de principios: "Comer no es una experiencia, es una necesidad. Y no es divertido, es algo serio". Para Juan Villegas, esa idea concentra buena parte de la potencia del personaje. El director asegura que el valor cinematográfico de Urondo surgía de manera natural y no por ningún rasgo espectacular. Lo asociaban, incluso, con un personaje de western: un héroe solitario enfrentado a sus propios molinos de viento, alguien que habita cómodamente el lugar de la resistencia y vuelve atractiva esa obstinación frente a los obstáculos.

Villegas reconoce además que tanto él como Erijimovich sienten fascinación por observar personas ejerciendo un oficio con pasión y dedicación. En ese sentido, la cocina ofrecía una materia ideal para filmar: los detalles, los procedimientos, la repetición de los gestos y la concentración sobre el trabajo manual. Pero el objetivo nunca fue vender un producto ni reproducir la lógica aspiracional de ciertos formatos televisivos. Lo que buscaban era contar un personaje, un espacio y un proceso creativo. Porque, para Villegas, Javier Urondo termina siendo, de algún modo, un artista de la cocina.
La política de cocinar

Esa ética aparece en cada gesto de Javier Urondo y termina excediendo la cocina. La obsesión por el pan, la fermentación, la recuperación de productos, el uso de la vaca vieja o la elaboración de kimchi no son apenas decisiones gastronómicas: son, para los directores, una forma de entender el mundo.

Juan Villegas sostiene que en la manera en que Urondo piensa el acto de cocinar existe una concepción ética y política de la vida, una determinada relación con los otros. Para Javier, explica, dar de comer implica una vocación política, una manera de brindarse a la gente que va mucho más allá de la lógica comercial de cualquier restaurante. Aunque reconoce que el bar es también un negocio, insiste en que Urondo lo piensa desde otro lugar: el placer de generar felicidad a través de la comida.

Esa mirada atraviesa el documental y también el propio discurso del cocinero. En distintos pasajes del film, Urondo cuestiona la idea contemporánea de la gastronomía como espectáculo y rechaza el concepto de "experiencia" asociado al consumo de lujo. En esa posición se despliegan además otras discusiones: la estandarización industrial de los alimentos, la pérdida del sabor y la lógica productiva organizada alrededor de planillas de Excel y no de las necesidades reales de las personas. Javier reivindica el valor del pan hecho como hace mil años y celebra las prácticas culinarias donde nada se desperdicia.

La influencia de la comunidad coreana cercana a Parque Chacabuco aparece entonces como una inspiración concreta. Urondo admira esa cocina del recupero donde cada parte del animal y cada verdura tienen un segundo o tercer uso posible. Allí encuentra una filosofía de trabajo asociada a la escasez, pero también a la creatividad y al cuidado.

Los mejores platos, sostiene, nacen cuando existe un buen equipo y cuando hay dificultades, no cuando sobra el dinero. La cocina, para él, necesita necesariamente de lo colectivo: productores, ayudantes, infraestructura y personas trabajando detrás de cada plato. Ninguna creación surge en soledad.
Paco Urondo y el peso del apellido
Esa idea de comunidad también se extiende al modo en que el documental piensa el propio Urondo Bar. El restaurante funciona casi como un refugio clandestino, coherente con la personalidad de Javier y con el peso simbólico de su apellido. Él mismo ironiza diciendo que nunca salió de la clandestinidad. El lugar lleva el nombre Urondo, pero ni siquiera tiene un cartel que lo anuncie.

Y aunque durante toda su vida fue identificado públicamente como "el hijo de Paco Urondo", insiste en separar su trabajo y su identidad de esa herencia inevitable. "En mi laburo siempre fui Javier", dice en uno de los momentos más íntimos del film.

La película se detiene justamente en esa relación compleja con la figura del padre. Juan Villegas admite que lo sorprendió la manera desmitificadora con la que Javier habla tanto de Paco Urondo como de la militancia de los años setenta. Decidieron conservar ese enfoque porque les resultó profundamente honesto.

Para gran parte de la cultura argentina, Paco Urondo representa una figura enorme de la poesía, la política y la militancia revolucionaria. Pero para Javier, antes que nada, era su padre. Y en ese desplazamiento del mito hacia la experiencia íntima aparece una dimensión humana que la película considera central.

Villegas entiende que allí también se revela cómo Javier procesó el legado familiar, no solo el de Paco sino también el de su madre, cuyo testimonio decidieron incorporar al documental.

Mariana Erijimovich cree que la película, en definitiva, reivindica lo genuino: lo genuino de los vínculos, de una manera de cocinar y también de una forma de relacionarse con los demás. Según explica, la honestidad y la ética con la que Javier trabaja terminan construyendo una comunidad propia: proveedores, clientes y amigos que comparten una misma sensibilidad. Los directores sienten que ellos mismos forman parte de esa frecuencia común y que la película nace desde ese mismo lugar.
Cine, cocina y resistencia

Más allá de la gastronomía, ambos entienden que Jota Urondo termina hablando también de la Argentina contemporánea. Para Villegas, la película funciona como una reivindicación de personas y experiencias que persisten en sus convicciones aun cuando todo alrededor parece empujarlas a abandonarlas.

En un contexto donde —según señala— existen discursos de poder que atacan a la cultura y presentan a la creatividad como un problema o un enemigo, les parece importante defender espacios como Urondo Bar y figuras como Javier. Hay en el documental una valoración de quienes siguen apostando por el trabajo artesanal, la creación y ciertas formas de resistencia cotidiana.

Erijimovich completa esa idea señalando que hoy resulta cada vez más difícil sostener valores, proyectos y formas honestas de trabajo en la Argentina. Lo percibe tanto en la vida diaria de Javier, cada vez que levanta la persiana del restaurante, como en la dificultad de hacer cine independiente.

En ese cruce entre cocinar y filmar aparece finalmente el núcleo más profundo de la película: la persistencia obstinada de quienes siguen creando aun en condiciones adversas, defendiendo una ética y una manera de hacer las cosas cuando el contexto parece ir exactamente en sentido contrario.

Antes de cerrar la conversación, ambos directores agradecieron el interés por la película e invitaron a verla en Cine Público El Cairo, donde tendrá funciones el viernes 22 de mayo a las 20.30 y el sábado 30 de mayo, también a las 20.30.
Los directores detrás de Jota Urondo
Mariana Erijimovich (Buenos Aires, 1971) es productora y posproductora audiovisual. Desarrolló parte de su carrera en España como directora de posproducción y, ya de regreso en Buenos Aires, produjo distintos documentales musicales.

Juan Villegas (Buenos Aires, 1971) estudió en la FUC y dirigió largometrajes como Sábado (Bafici 2001), Los suicidas (Bafici 2006), Victoria (Bafici 2015) y Las Vegas (Bafici 2018), entre otros títulos que consolidaron una filmografía atenta a los márgenes y a los personajes incómodos.

Escuchá la entrevista de Señales:

lunes, 24 de noviembre de 2025

Luciano, el retrato íntimo del amigo que se volvió película

Durante siete años, Manuel Besedovsky acompañó la vida de Luciano, un joven trans de Barrio Tablada cuya historia transformó no solo una película, sino también la mirada del director. Un retrato cercano, afectivo y profundamente humano que sigue iluminando incluso después de su ausencia
Horas después del estreno en El Cairo Cine Público, todavía persistía en el aire la vibración de una sala llena, los abrazos contenidos y la emoción que rodeó la primera proyección en Rosario de Luciano, el primer largometraje documental de Manuel Besedovsky. A sus veinticinco años, Manuel se encontró sosteniendo una película que ya había hecho un largo recorrido antes de llegar a casa y que cargaba, además, la ausencia más dolorosa: la de su protagonista. Pero como él mismo decía, quizá lo más luminoso de todo era que Luciano había llegado a ver la película terminada. Y había sido feliz.

Manuel nació en Rosario en 1999, creció entre aulas de arte, recreos convertidos en sets improvisados y una temprana intuición de que el cine sería su lenguaje. En el Complejo Educativo Dr. Francisco Gurruchaga, "La Gurru", encontró una puerta que quizá no sabía que buscaba: se anotó en la terminalidad de Arte —hoy Tecnicatura en Diseño y Comunicación Multimedial— casi por instinto. Pero fueron las clases de teatro del centro cultural de la escuela las que, según recuerda, le enseñaron a disponer el cuerpo, a leer obras, a trabajar en colectivo, a entender que una historia podía respirarse. "A los 16 años, con los equipos de la escuela y la ayuda de mis mejores amigos dirigí mi primer corto, que filmamos entre los recreos y las horas de almuerzo", contaría después. "Creo que ese fue el momento en que dije: yo quiero hacer esto".

El camino se intensificó cuando ingresó a la Escuela Provincial de Cine y Televisión (EPCTV) y, más tarde, cuando se trasladó a Buenos Aires para estudiar Dirección en la Universidad del Cine. Esos años formativos lo conectaron con una tradición cinematográfica hecha de maestros, militancia estética y experimentación constante. También lo llevaron a recibir una beca del Fondo Nacional de las Artes, que sería crucial para financiar Luciano, un proyecto que le demandaría siete años de trabajo y una forma de mirar que no solo transformó su película, sino también su vida.
Porque lo que comenzó como un encuentro laboral —o incluso más casual que eso— terminó por convertirse en una amistad profunda y en un relato íntimo sobre la identidad, la pobreza, la dignidad y el deseo. Todo empezó en 2018, cuando Manuel terminaba la secundaria y realizaba pasantías como encargado audiovisual de una ONG. Fue allí donde apareció Luciano. Llegó con una idea entre las manos: filmar un video sobre lo que pasaría si un hombre fuera a una ginecóloga. Esa provocación, a la vez ingenua y disruptiva, abrió la primera conversación entre ambos. Y detrás de la ocurrencia, emergió un mundo que Manuel desconocía casi por completo.

Luciano hablaba de varones trans, de lo que significa ser hombre habiendo nacido y sido criada como mujer, de preguntas que él mismo había atravesado y que llevaba consigo como un laberinto íntimo. Manuel, cuyo mundo hasta entonces no había rozado directamente esas experiencias, sintió que algo se abría frente a él. "Ahí empezamos a charlar sobre este mundo", recuerda, pero muy pronto la charla derivó en otra cosa: en largas horas de conversaciones, en un vínculo inesperado, en una amistad. Luciano era más grande que él. Vivía en Barrio Tablada, una de las zonas más vulnerables de Rosario, un lugar donde la violencia, decía, era cotidiana. Pero en sus relatos Manuel descubría algo más profundo: la constancia de una vida a fuerza de changas, la búsqueda diaria de estabilidad, la preocupación por su mamá y por sus hermanas, el deseo de un futuro más digno.

En una de tantas conversaciones, Luciano finalmente le confesó que era trans. No lo hacía desde un afán explicativo, sino desde la confianza. Y Manuel recuerda la sensación de sorpresa, pero también de revelación. No porque estuviera frente a "una historia para filmar", sino porque lo que se desplegaba era el encuentro con un ser humano que le abría una intimidad compleja, frágil, a la vez dura y afectiva. Allí empezó a germinar la película. Lo que en principio sería un video institucional adquirió otra dimensión: se transformó en un documental sobre la vida de Luciano, filmado durante siete años, acompañando su camino, sus preguntas, sus contradicciones, sus luchas.
En ese entonces Manuel (foto) trabajaba con Pablo Romano, quien luego sería productor del filme. Juntos comenzaron a delinear la película desde un lugar casi orgánico, sin más brújula que observar, estar, acompañar. La relación entre Manuel y Luciano, crecida sin planificación alguna, fue el sostén de todo el proyecto: un vínculo de pares, de escucha mutua, de un aprendizaje recíproco donde la cámara no se imponía, sino que se volvía un elemento natural del espacio compartido. "La cámara siempre estaba —cuenta—, no siempre filmando, pero presente. Y llevó mucho tiempo hasta que la cámara logró convivir ahí adentro". Convivir significaba hacerla parte del mundo emocional de Luciano, parte de su casa, de sus silencios, de su barrio.

La primera vez que Manuel caminó el barrio lo sorprendió la estructura espacial: largos y laberínticos pasillos donde la vida cotidiana discurría entre pasajes angostos y conversaciones de puerta. Ese entramado físico lo llevó a pensar en otra forma de laberinto: el interior, el de la identidad. Porque Luciano también era eso: un conjunto de preguntas, de incertezas, de búsquedas. Sin embargo, pronto descubrió que detrás del relato del barrio violento había otras capas. Lo que encontró fue una red afectiva sólida que Luciano había construido: su mamá, su hermanita, su hermana mayor, sus amigos, los vecinos que lo reconocían y lo querían. "Había construido un círculo muy amoroso —dice Manuel— donde uno supondría que no es posible construir una vida trans digna". Ese descubrimiento cambió la mirada de la película: el barrio ya no sería una amenaza, ni un decorado para reforzar estereotipos, sino el territorio real donde Luciano había logrado tejer protección y afecto.

La película empezó a enfocarse en la vida cotidiana: en las rutinas domésticas, en la lucha permanente por conseguir un trabajo, en el deseo profundo de independencia. Luciano lo decía sin vueltas: quería poder trabajar sin patrón, ser dueño de su propio negocio, "así nadie me rompe los huevos". Recordaba que de chico no le habían puesto límites y que eso había marcado su carácter. Su mamá, en cambio, insistía: había que levantarse todos los días, lavarse la cara, aprender responsabilidades mínimas para sostener responsabilidades mayores. Esas escenas, esas charlas, esos contrapuntos familiares se fueron volviendo parte fundamental del relato. No como intervenciones pedagógicas, sino como el retrato de un hogar que convivía con dificultades, pero que también funcionaba como núcleo de cuidados.

El documental avanzó por capas, registrando decisiones delicadas vinculadas a la identidad de Luciano, conversaciones íntimas, dudas, esperanzas, tristezas. Fueron tantos años que la cámara dejó de ser un objeto extraño: se convirtió en un puente entre Manuel y Luciano, en un testigo callado. A esa convivencia se sumó un equipo de producción e instituciones que bancaron el proyecto: el INCAA, casas productoras como Reina de Pike y Doménica Films, y un conjunto de apoyos públicos que hicieron posible una película de largo aliento.
Pero mientras la película tomaba forma, la vida seguía desplegándose con la misma intensidad. Luciano (foto) seguía lidiando con su situación económica, con la vulnerabilidad de su barrio, con los obstáculos que lo atravesaban como varón trans en un entorno desigual. Y, sin embargo, Manuel siempre subraya lo mismo: Luciano había logrado construir una identidad plena, digna, deseante, aun cuando el contexto parecía negarle todas las posibilidades. Se había convertido, sin proponérselo, en un referente para él.

Hacia el final del proceso ocurrió lo inesperado: Luciano murió. Fue de manera repentina, por un virus, meses antes de que Manuel viajara a Alemania para presentar la película en la competencia internacional de DOK Leipzig. La noticia lo atravesó por completo. La película, que ya era íntima y afectiva, quedó entonces cargada de otra dimensión emocional. Sin embargo, había algo que lo sostenía: Luciano había alcanzado a ver la película terminada. La había disfrutado. Estaba ansioso, orgulloso, feliz. Y eso, para Manuel, se volvió un gesto reparador dentro del dolor.

Tras su paso por Alemania, la película llegó al Festival Internacional Asterisco LGBTIQ, donde ganó el premio a Mejor Película. Y luego, finalmente, desembarcó en Rosario, en El Cairo Cine Público, con una sala colmada de familiares, amigos, vecinos del barrio, artistas y curiosos que querían ver la historia de ese chico que había crecido en Tablada y que, aun sin saberlo, había dejado una huella. Durante esos días también se anunció que Manuel viajaría a Cuba para filmar un cuento de Samanta Schweblin en la mítica Escuela Internacional de Cine y TV, fundada por el maestro Fernando Birri.

En cada presentación de Luciano, Manuel repetía algo fundamental: la película no fue concebida para un público específico. No es un documental sobre una "temática trans", ni sobre la marginalidad urbana, ni sobre la pobreza. Es una película para todxs, porque las preguntas que Luciano cargaba eran, al final, preguntas humanas: ¿quién soy?, ¿qué deseo?, ¿qué tengo que hacer para vivir dignamente?, ¿qué significa ser responsable, ser libre, ser afectado por los otros? "No hay una respuesta clara sobre lo que es la identidad", afirma Manuel. "Lo que queríamos era generar interrogantes, que el público se sienta interrogado".

Luciano combina historias de género, de clase, de familia, de amor, de sobrevivencia. Muestra cómo una persona puede construir dignidad aun en los márgenes, cómo puede perseguir un deseo incluso cuando las condiciones parecen negarlo todo. Y allí, en ese trayecto, Manuel sintió que Luciano se había convertido en una especie de maestro inesperado: alguien que lo obligó a replantearse el mundo, a mirar distinto, a romper sus propios prejuicios. Descubrió que la forma más potente de combatir la ignorancia es el conocimiento: estar con el otro, acompañarlo, dejarse atravesar.
Sobre el final, Manuel siempre vuelve a lo mismo: al deseo de que la película circule, que viaje, que llegue a todos los rincones posibles. Que quienes la vean se lleven algo del espíritu de Luciano. "Para mí es fundamental que se siga haciendo cine", dice. "El cine sirve para contarnos como sociedad, para contar la diversidad de historias que existen". Y Luciano —entiende él— es la prueba de eso: una película que nació del encuentro con una persona única, que reveló la complejidad de lo humano y que dejó, sobre todo, un mensaje de esperanza.

Porque Luciano, con su vida, hizo algo digno. Algo enorme. Persiguió su deseo pese a todas las adversidades. Construyó vínculos fuertes donde otros ven solo violencia. Levantó su identidad en un contexto áspero. Y permitió que un amigo —uno mucho más joven que él, casi un hermano menor— hiciera de su historia una película capaz de interpelar a quienes la miran.

Hoy, cada vez que Manuel se para frente a una sala llena, siente que Luciano está ahí, respirando entre las imágenes. Que la película lo mantiene vivo. Y que su historia continúa generando preguntas, conmoviendo, rompiendo moldes, iluminando pasillos iguales a esos de Tablada: laberínticos, inmensos, profundos, llenos de sombras, pero también llenos de luz.

Próximas exhibiciones del documental Luciano en el El Cairo, Cine Público:
Sábado 29/11 – 22:30 - Domingo 30/11 – 20:30

Entradas: General: $4000 - Estudiantes y jubilados: $3000

Escuchá a Manuel Besedovsky:

sábado, 28 de junio de 2025

Una figura olvidada, una historia necesaria: Mil claveles colorados llega a El Cairo

Susana Moreira es realizadora, guionista y productora con una extensa trayectoria en el cine documental argentino. Su obra se distingue por un fuerte compromiso social, político y feminista, con una mirada aguda sobre las luchas de mujeres, pueblos y comunidades históricamente silenciadas. Junto al reconocido cineasta Miguel Mirra, ha codirigido numerosos documentales, entre ellos Los ojos cerrados de América Latina, Las mujeres del Sahara libre, Esa mirada..., entre otros. El sábado 5 de julio, presentan en Rosario su nuevo trabajo: Mil claveles colorados, un retrato sensible y potente de Salvadora Medina Onrubia, figura clave del anarquismo y el feminismo argentino. Dramaturga, periodista y mujer de pasiones intensas, su historia es recuperada en un film que entrelaza tiempo, memoria y presencia para narrar la vida de quien eligió vivir sin pedir permiso.

¿Qué fue lo que más te conmovió, te interpeló de esta figura de Salvadora?
Bueno, la fuerza de estas mujeres en una época en que precisamente las mujeres estaban poco reconocidas, más bien invisibilizadas. Entonces, eso conmueve. Salvadora fue muy amiga de la poetisa Alfonsina Storni. Y las dos tuvieron un derrotero parecido, si bien diferente, pero parecido. Fueron madres solteras, decidieron hacer frente a la vida. Y bueno, la verdad que eso es lo que conmueve.
¿Es un documental, es un film, cómo lo podemos denominar?
Bueno, es un documental, no 100% documental. Tiene la actuación de Ingrid Pellicori, maravillosa actriz. Porque bueno, por las fechas que estamos hablando, no teníamos ninguna posibilidad de hacerle una entrevista a Salvadora, una persona que vivió al principio del siglo pasado. Entonces, es un documental sui generis, digamos así. Pero todo documental es una película también, no olvidemos. 

Esta película plantea tres tiempos o vidas de Salvadora: su juventud, su vejez, y una presencia espectral, plantean ustedes. ¿Cómo surgió esa estructura narrativa?
Sí, sí. Fue así. Nos pareció interesante, precisamente, plantear su comienzo, digamos que fue su juventud, allá en el interior del país, y después que ya viene con su hijo a Buenos Aires, su parte, digamos, final de la vida, después de que pasó todo lo que, bueno, lo que pudo afrontar en cuanto a su militancia, y ya fue muy militante de la cuestión anarquista, ayudó mucho a los grandes anarquistas del país. Por eso, cuando llegó al final de sus días, tuvo dificultades. En su parte media de su vida, fue muy compañera del fundador del diario Crítica.
De Natalio Botana.
Exactamente. Y tuvo que luchar por ese diario, porque se lo querían sacar, por supuesto. Y nos pareció interesante plantear estas tres etapas de la vida de Salvadora. Podríamos haber tomado otra parte, pero nos pareció interesante. 

Salvadora ha sido silenciada, minimizada en la historia oficial. 
Bueno, si vos la buscás, no está casi en ninguna parte. Como tantas mujeres, digamos, nosotros veníamos haciendo algunos documentales con mujeres desde distintos puntos de vista, un documental con cantoras como Sara Mamani, hay otro documental que yo he hecho que se llama Esa mirada, mujeres documentalistas. En general, la mujer está invisibilizada. Y aún más si tiene una perspectiva política, en su andar. Y entonces, esto no es solamente aquí, sino en otros lugares, que las mujeres no están muy fuertemente puestas,o son puestas como "la señora de", "la mujer de", cuando en realidad ellas tienen la perspectiva personal, no tienen por qué ser "compañeras de" para ser alguien valioso.

Seguro. Y más ella, que estuvo al lado de una figura que es ultra reconocida y seguramente hasta tiene un montón de libros, biografías no autorizadas, como don Natalio Botana, que fue el fundador de este diario Crítica que marcó toda una época y quedaba obnubilada su presencia frente a él. Por eso es importante hoy que este Mil Claveles Colorados la ponga en un primer plano, y Mil Claveles lleva el nombre del libro póstumo de ella, e inédito de Salvadora.
Sí, porque ella lo escribió pensando en los compañeros, y a los compañeros se les pone en los cementerios, en las tumbas recordatorias, claveles colorados. Es una forma de reivindicar su memoria. Ponerle ese nombre: Mil Claveles Colorados.

Y no es menor en estos tiempos que corren buscar y poner en pantalla una figura politizada, feminista, anarquista, polémica, como lo fue Salvadora, sobre todo en un contexto audiovisual complicado como el que estamos viviendo aquí en Argentina.
Sí, bueno, no voy a redundar lo que pasa con el INCAA. Nosotros teníamos aprobado otro documental sobre Cantoras del norte y después lo desaprobaron. Subiendo con las figuras femeninas entonces, es así. Hay que apechugar y enfrentar la tormenta, digamos, ¿no? Como la figura de Salvadora.
Contanos cuándo y dónde se presenta Mil claveles colorados.
Ya la presentamos en otras instancias, pero ahora viene la presentación oficial en Rosario, este sábado a las 20 horas en El Cairo Cine Público. También la vamos a exhibir en Buenos Aires, en el Gaumont, aunque ahí solo nos dieron una función, algo que antes no era así: lo habitual era una semana entera. Aprovecho para contarle a la gente que el Gaumont es otro cine público, administrado por el INCAA, ubicado frente a Plaza Congreso, un lugar hermoso. Pero lamentablemente hoy en día las funciones se han reducido al mínimo, más allá del contenido de las películas —no importa si se trata de una figura anarquista, feminista o socialista como Salvadora, lo mismo les pasa a muchas otras producciones. Por eso estamos muy agradecidos con El Cairo por darnos este espacio en Rosario. Los esperamos para que vean el documental y, ojalá, nos compartan su mirada.
Mil claveles colorados
: memoria y rebeldía en clave feminista
Es el nuevo largometraje documental de Susana Moreira y Miguel Mirra, una dupla con una extensa trayectoria en el cine político y social argentino. Con dirección, guion y producción conjunta, la película rescata la vida y el pensamiento de Salvadora Medina Onrubia, figura clave del anarquismo y el feminismo argentino.

La reconocida actriz Ingrid Pelicori interpreta a Salvadora en una narración que combina documental, puesta en escena y evocación poética. El film cuenta también con la participación de Vanina Escales, autora del libro ¡Arroja la bomba! Salvadora Medina Onrubia y el feminismo anarco, y fragmentos de la obra teatral El caso de la mujer que no quiso ser un jarrón, escrita por Andrea Ojeda, Gilda Sosa y María Victoria Felipini.

Con cámara y fotografía de Damián Barrera y dirección de arte de Lelia Bamondi, Mil claveles colorados tiene una duración de 80 minutos y propone una estructura narrativa singular, en la que se cruzan tres tiempos: juventud, vejez y una presencia espectral que habita la memoria y el presente.
El fuego de Salvadora: una vida feminista, anarquista y silenciada
Salvadora Medina Onrubia (La Plata, 1894 – Buenos Aires, 1972) fue narradora, poeta, dramaturga, periodista, anarquista y feminista. Su vida estuvo atravesada por la militancia política, el pensamiento libertario y la escritura comprometida. A los 15 años, trabó una intensa relación epistolar con el anarquista ruso Simón Radowitzky, preso por el atentado contra Ramón Falcón, jefe de policía responsable de la masacre de la Semana Roja. Salvadora financió dos intentos de fuga y gestionó, sin éxito, su indulto ante el presidente Hipólito Yrigoyen.

Fue amiga de figuras como Alfonsina Storni y Severino Di Giovanni, y en 1913 comenzó su actividad literaria colaborando en medios como Fray Mocho, La Protesta y, más tarde, Crítica, el diario fundado por su compañero Natalio Botana. Juntos tuvieron tres hijos, aunque ella ya era madre soltera cuando lo conoció.

Autora de obras teatrales (Las descentradas, Almafuerte, Un hombre y su vida), poesía (El misal de mi yoga, La rueca milagrosa), cuentos (El libro humilde y doliente, El vaso intacto), y una novela (Akasha), fue una de las primeras mujeres en dirigir un diario masivo como Crítica, hasta que en 1931, durante la dictadura de José Félix Uriburu, fue encarcelada y el medio fue clausurado.

Desde prisión, escribió una célebre carta al dictador: "General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta como, desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio."

Su pensamiento quedó plasmado en textos como Orden político, institución siniestra y Uriburu (el principio de una contribución a la historia), entre otros. Tras su muerte, quedó inédito su libro Los mil claveles colorados, una serie de aguafuertes dedicadas a sus compañeros anarquistas, que da nombre al film. Fue publicado recientemente junto al ensayo de Vanina Escales.

jueves, 18 de octubre de 2007

Se consiguió: El Cairo pasa a patrimonio público

Expediente N° 15308 CD - Proyecto de Ley de la diputada Mónica Peralta - Inmueble en la ciudad de Rosario -cine El Cairo: declárase de utilidad pública y sujeto a expropiación con destino a la preservación del patrimonio arquitectónico e histórico de la Provincia y la realización de actividades artísticas y culturales. (Aprobado - Sanción definitiva). [Sanción Definitiva]

sábado, 25 de agosto de 2007

El Cairo: anuncios con fantasía

Me he quedado bastante perplejo con el anuncio del Secretario de Cultura provincial relativo al cine El Cairo en el Diario La Capital. Celebro que el Estado evite la destrucción de dicha sala, más allá de que no me parece que sea ni la mejor, ni la más emblemática, salvo por su condición de ser la última en pie y en funcionamiento del tipo tradicional. Lo que me llena de asombro es que se anuncie que en dicho sitio se crearía un Centro Regional de Producción Audiovisual al que se equiparía con tecnología de postproducción. Primero, porque son actividades bastante incompatibles: una sala sólo puede acompañar un centro de postproducción como sitio de visualización, porque para hacer postproducción se me ocurre que hay zonas en la ciudad de menor costo por metro cuadrado, con menor carga sonora y de más fácil y mejor acceso. Además, por ejemplo, para pasar de video a 35mm se usan máquinas que pueden disponerse en cualquier sitio. Por otro lado, si a El Cairo lo van a fraccionar en distintos ámbitos ¿adónde va a parar la supuesta preservación de una sala original? Hacer cine en un cine es casi como ponerse a fabricar autos en un estacionamiento. En la misma nota el periodista consigna que según el Sr. Llonch, la EPCTV desarrollaría en este espacio su posgrado, para lo cual, supongo, primero debería otorgar un título de grado, cosa de la que carece en absoluto, y que el Sr. Secretario no debería desconocer. Como jefe interino del Departamento Técnico de la EPCTV, sobre fin de 2006, se me encargó un listado de elementos técnicos para cubrir un supuesto subsidio de alrededor de $80.000, que se tradujo hasta el momento sólo en un par de camaritas miniDV milagrosamente aparecidas en un acto en la ex Jefatura. Tenemos aulas con la mitad de los tubos fluorescentes apagados, el viento ulula en las ventanas, los enchufes chisporrotean, faltan de cubrir cargos, hay una larga lista de libros para comprar, etc, etc. ¿Acaso se suma esto a la fantástica promesa de remodelación de la Sala Lavardén que la Provincia no consigue desocupar de sus propias instalaciones burocráticas? ¿No sería bueno dejar de prometer? ¿O de fantasear? ¿Será sólo una promesa electoral más?
Ernesto Figge

jueves, 23 de agosto de 2007

Buenas noticias para la salvación de El Cairo!!!

La Diputada Provincial Mónica Peralta acaba de informar que esta tarde tuvo media sanción en Diputados el pedido de expropiación del Cine El Cairo. Desde que hace meses la SER (Sociedad Exhibidora Rosarina) intenta vender el inmueble de más de 60 años, con decoración art decó en los interiores, en unos 750 mil dólares. Pero hasta ahora no encontró comprador. Salvar la sala se convirtió en una prioridad entre los amantes del séptimo arte de Rosario y de otros lugares del país y el mundo que manifestaron su apoyo.
El paso siguiente, y quizá más duro será que Senadores apruebe y esté la posibilidad de salvar el último cine tradicional que queda funcionando en la ciudad de Rosario. Después, el municipio y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales se comprometieron a aunar esfuerzos para sostener la sala.
Si querés saber más escribí a: defendamoselcairo@yahoo.com.ar

martes, 3 de julio de 2007

El cine clásico versus las multipantallas

Por Elbio Córdoba (*)

En Rosario, Argentina, se está ante una oportunidad histórica: conservar la última gran sala de cine que queda en pie, renovarla y romper con el dominio norteamericano de la distribución estableciendo reglas de juego diferentes.

Los dueños del cine El Cairo, quieren vender el inmueble y no desean renovar el contrato de alquiler que expiró a fin de junio. Se formó una comisión de personas interesadas en que la sala siga funcionando como cine tradicional y se están realizando las gestiones para eso.

Pero se opone una forma de mentalidad que pretende seguir haciéndole el juego a Hollywood, a Estados Unidos, al capitalismo.

Así, estar creando el nuevo cine El Cairo, es una actividad muy divertida. Aparecen quienes creen que podemos hacer mucho y quienes creen que todo está perdido. Cada uno de ellos discuten y hablan más de sí mismos que del asunto.

La prensa no se hace eco del tema, a menos que sea para descreer de la posibilidad de ganar la batalla contra Hollywood y el monopolio de la industria cinematográfica. Si la Iglesia ya demostró lo que es, si los militares demostraron lo que son, si los políticos también, es hora de que seamos conscientes de lo que es la prensa que nos informa.

Hace años que las salas de cine clásicas vienen desapareciendo. Y no desaparecieron pasando películas de Finlandia, por ejemplo. Desaparecieron pasando cine de Hollywood. No desaparecieron por la televisión en colores o el cable. No desaparecieron por la venta de copias ilegales de películas. No me imagino al imperio vencido por vendedores de “truchadas” callejeras. Todavía hoy sigue existiendo entre los exhibidores, una mayoría que cree que lo mejor es seguir pasando cine del norte de América. Que el público quiere ver eso o las peores comedias argentinas. Así es como disminuye cada vez más la cantidad de gente que va al cine. Una sola oferta, más de lo mismo o más de lo peor. Son ellos los que les faltan el respeto a la inteligencia de las personas, no quienes proponen contra viento y marea una exhibición de películas que respete la diversidad cultural.

Hoy estamos como cuando había quienes aseguraban que los aviones, al ser más pesados que el aire, no podían volar. Se nos dice que hoy no funciona la sala grande, que es negocio la multipantalla. Pero ¿tiene sentido tener catorce salas y pasar todos los días a toda hora una película en cada sala? ¿No demuestran los festivales que pasando siete películas distintas en cada sala, un lunes a la tarde puede estar tan lleno el cine como un sábado a la noche? Es más, en los festivales, las mejores salas son las grandes. Todas las multisalas (Hoyts en el Bafici, o las múltiples de Mar Del Plata) son incómodas para tanta gente ávida de algo más interesante.

El Cairo está ante la oportunidad de volar en estos tiempos en que la gente va cada vez menos al cine comercial y más a los ciclos, a los cineclubes, a los festivales, a las muestras. La gente que va al cine, va al cine.

¿No es obvio que las grandes salas desaparecen por tener sólo una película por semana? La idea de El Cairo es la idea de muchas películas en la misma sala. No es la misma gente la que va el lunes al mediodía que la que va el sábado a la noche. ¡¡¡Obvio, entonces, que no podemos pasar la misma película!!! (Pero como desde USA ordenan pasar como ellos ordenan...) Las multisalas de Rosario están vacías el lunes toda la tarde en todas las salas. Pero pasan la película igual para no permitir que esa pantalla esté ocupada con otra cosa que no sea una producción de Hollywood. La industria cinematográfica es hoy un negocio inmobiliario que alquila butacas con vista a Hollywood cada noventa o más minutos.

El Cairo se ocupará de las mañanas para las escuelas con películas interesantes para escuelas. Al mediodía con ciclos de cine especializados, a la tarde con seminarios, cursos y talleres, a la noche con cine de Hollywood y de otras cinematografías. Habrá contactos con embajadas y festivales (no hay que esperar que un distribuidor en Estados Unidos decida lo que nosotros después creemos elegir!!!).

Todo consiste en no conformarse, en no resignarse. Y, finalmente, si no podemos hacer nada para cambiar nuestro destino de dominados, por lo menos no consumamos contentos fiambres de difícil digestión como Shrek, Los cuatro fantásticos, El hombre araña y todo lo que nosotros creemos que nos obligan a consumir.

Habrá archivos, museo, biblioteca, también. Todo en un cine confortable pero a la antigua. Con el acomodador de antes, con la decoración de antes. Pero claro, dicen que los aviones no pueden volar porque son más pesados que el aire.

(*) El autor es escritor y docente universitario en la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad de La Punta, ambas de Argentina.

Fuente: Guión Actualidad / Foto: Notiexpress

viernes, 27 de abril de 2007

"Salvemos a El Cairo": Se presentaron hoy los bonos para salvar nuestro cine

“El Cairo es un lujo que Rosario no puede perderse. Sabemos que hay otras prioridades, pero la cultura es muy importante. Hoy estamos hablando de cómo salvarlo, pero con una comisión estamos analizando qué destino tendrá después El Cairo. Trataremos que el cine no se convierta en una unidad básica ni en un comité.

La idea es traer material de Europa, de Estados Unidos, que no están en el circuito comercial. Trataremos de traer películas asiáticas, documentales y películas de realizadores locales que no llegan”, declaró Daniel Grecco, miembro de la Asociación de Amigos del Cine El Cairo.

Hoy se presentaron los bonos dirigidos a la empresas, cuyos montos oscilan entre los 15 y 30 mil pesos, más adelante se emitirán bonos de menor valor para los ciudadanos interesados en participar.

El monto total del inmueble ronda los 700 mil dólares y el antecedente del cine General San Martín de la localidad de Casilda que fuera adquirido por empresarios locales,auspician un desenlace favorable.



miércoles, 25 de abril de 2007

Lanzamiento Oficial de la Campaña de Bonos: "Salvemos a El Cairo"

El próximo viernes 27 de abril, a las 10 hs., en el Bar El Cairo , Santa Fe y Sarmiento, se llevará adelante una Conferencia de Prensa para anunciar el Lanzamiento Oficial de la Campaña de Bonos Contribución "Salvemos a El Cairo", cuyo objetivo es lograr que distintos organismos públicos y privados realicen un aporte económico que posibilite la salvación de "El Cairo", último bastión de los cines tradicionales de la ciudad y emblema de la cultura local.

En dicho evento, los representantes del grupo Amigos del Cine El Cairo, explicarán la situación actual, el proyecto cultural desarrollado y la propuesta económica elaborada con el fin de concretar la compra del inmueble y la continuidad, no sólo del cine más tradicional de la ciudad sino, primordialmente, de un patrimonio arquitectónico único.

Además, estarán presentes personalidades del mundo artístico local y se realizará la presentación de la carpeta oficial del cine "El Cairo" con el Bono Contribución que se entregará para comprar el cine y ser partícipes de la futura administración de un espacio artístico alternativo para todos los rosarinos.

Para más información, contactarse con Marcelo Britos a los teléfonos 410-6266, 155-698-312, o a: defendamoselcairo@yahoo.com.ar

Eliseo Subiela:

Gracias por dejarme unir mi testimonio al de tantos seres sensibles de Rosario.

Si cierran el cine El Cairo, los fantasmas de las películas que duermen en los recovecos de la sala, perseguirán por el resto de sus días a todos los funcionarios insensibles que permitan que Rosario pierda una parte de su historia cultural.

Algunos de esos fantasmas pertenecen a películas mías, de manera que hablaré con ellos para que sean implacablemente cargosos y tenaces, hasta que logremos entre todos, fantasmas, artistas, vecinos y gente de bien en general, salvar un espacio que en última, o primera instancia, pertenece a una ciudad cuyo justificado orgullo cultural, se cimienta precisamente en espacios como el mítico Cine El Cairo.
Eliseo Subiela, cineasta.

Mario Piazza
En cuanto al Cine El Cairo, creo que es un rasgo de identidad de la ciudad al que la misma ciudad debiera importarle preservar. Una ciudad como Rosario, cuyo perfil se basa de forma importante en su costado cultural, no debería poder permitirse perder la que es su última sala tradicional de cine en actividad y una joya de su patrimonio arquitectónico. Sin excusas, el Instituto Nacional de Cine y Artes audiovisuales debería incorporarla a su programa de “Espacios INCAA”, muy especialmente cuando Rosario, con su importante actividad cultural en general y audiovisual en particular, aún no tiene ninguna sala de esta categoría.

No sólo se salvaría así el patrimonio arquitectónico y cultural que la sala representa sino que se abriría para los expectadores rosarinos la posibilidad cierta de poder ver los numerosos filmes argentinos y latinoamericanos que hoy por hoy no llegan a estrenarse en nuestra ciudad, a la vez que se abriría un espacio para la difusión de la obra de los realizadores locales.

Gracias por la oportunidad de decir esto.
Mario Piazza

Carlos Coca:
Se fue el último tren y la estación está desierta.
Los borrachos se despiden y parten a distintos destinos.
la enamorada mira la hora con gesto amargo, él ya no vendrá.
Una estrella se apaga en el cielo para siempre.
El pescador junta sus cosas y se aleja pedaleando.
El patio de la escuela está vacío, no queda ni un solo pibe.
La bailarina cuelga sus zapatillas y se masajea los pies deshechos.
El hotelero, resignado, apaga un letrero de neón.
Los amantes, desangelados, se dan el beso triste del final.
El suicida, pone firma a su nota de despedida.
El batero da un platillazo que queda reverberando.
Mira al pianista que se durmió sobre su instrumento.
El agua del florero se secó y la rosa muere.
Alguien apaga un pucho, deja unas monedas y sale del bar.
La maleza invade la casa abandonada.
El fuego se apaga en el campamento.
Una ráfaga sopla y se lleva las cenizas.

Han cerrado el último cine.

Al Cairo
Carlos Coca

Definiciones
Llamamos cine al arte de narrar con imágenes y sonidos.También llamamos cine al lugar donde vamos a ver esas obras.

Ahora podemos ver películas en casa, en un colectivo, en la sala de espera del dentista, pero ¿Cómo llamamos a esto? Ver un video, ver un DVD, ver una peli, pero no ver cine.

Cine vemos en el cine.

Hugo Grosso:
Si el viento del siglo no ha podido con las palmeras que se yerguen junto a
su pantalla, que no sea la ambición del hombre la que pueda con el lugar
donde todavía son posibles los sueños.

Tito Gomez:
Que nos dejen algo...
Ya nos tiraron el viejo paredón de Junin, nos cerraron todos los cines de barrios para que se transformen en playas de estacionamiento, Templos de Fe o sucursales de Bancos, y ahora que hace una semana que llueve sin parar extraño y no saben cuanto las tardecitas como estas hace algunos años en los cines de mi barrio el América o el Astoria o las tardes de chupinas en el viejo Sol de Mayo.

Dejenme por lo menos este que me recuerda tanto a esos cines que ya no están. El último de los cines/ cines, sin shoping ni multisalas ni nada extraño alrededor, solo eso: simplemente un cine.

No quiero confundirme las voces de la película que estoy viendo con la de las salas de al lado, ni escuchar ruidos de bolos, ni de maquinitas electrónicas ni de jóvenes corriendo por los pasillos para comprar 1 kg. de pororo y 1 lt. de Coca. 

Es el último que nos queda en esta ciudad . Para seguir disfrutando todo lo que pueda de las "cintas" que pase El Cairo.

Campaña Salvemos a "El Cairo"
Adhieren a la causa…
Jorge Guinzburg - Leo Masliah - Pino Solanas - Max Cachimba - Daniel Burman - Juan Pablo Zaramella - Fernando Spiner - Lorena Bassani - Eliseo Subiela - Pino Solanas - Daniel Burman - Raúl Perrone - Lita Santic - Lito Cruz - Rodrigo Grande - Hugo Arana - Jorge Fandermole - Darío Grandinetti - Pablo Rodríguez Jáuregui - Hugo Grosso - Tito Gómez - Carlos Coca - Fito Páez - Mónica Alfonso - Víctor Laplace - Rafael Ielpi - Pichi De Benedictis - Gustavo Postiglione - Leonardo Di Cesare - Jorge Guinzburg - Mario Piazza - Max Cachimba - Juan Pablo Zaramella - Fernando Spiner - Martina Gusman - Carlos del Frade - Pablo Trapero - Enrique Piñeyro - Marcelo Piñeyro - FESAALP: Festival de Artes Audiovisuales de La Plata

martes, 13 de marzo de 2007

Salvemos el cine El Cairo!

Tenemos que salvar nuestro cine
Estamos a punto de presenciar la muerte de uno de los más emblemáticos signos histórico culturales de la ciudad de Rosario. El Cine El Cairo, podría cerrar sus puertas para siempre.

El edificio histórico fue puesto a la venta por sus dueños, motivo por el cual la Compañía Monumental (actual gerenciadora del cine) podrá seguir alquilándolo hasta el mes de junio, mes en que vence el contrato. El precio del inmueble: 700.000 dólares, cifra que hace suponer lo reservado del pronóstico del "enfermo".

Pero, no está muerto quien pelea! La voluntad y movilización ciudadana puede ser la medicina maravillosa que lo rescate de esa condición para colocarlo nuevamente en su sitio de privilegio: El de ser la única y última sala que queda para dar testimonio de la época de gloria del cine, y continuar siendo parte del patrimonio histórico edilicio de la ciudad.

La movida ya ha comenzado:
  • Se intenta comprar el inmueble en el marco de una iniciativa conjunta (Estado y empresarios particulares). La Municipalidad de Rosario ya ha comprometido su apoyo, y también se intentará sumar a la Provincia y Nación.
  • Se lanzarán a la venta unos bonos para recolectar fondos.
  • Ya están constituídas dos comisiones: una destinada a plasmar el proyecto cultural, y otra que trabaja detrás del proyecto económico que intentará juntar los fondos para comprar el cine.
Los blogeros de Rosario no nos quedamos de brazos cruzados y esperar que el destino nos alcance.
Luchamos contra su cierre y rescatarlo por respeto a nuestra historia e identidad cultural. El Cairo aun no ha muerto! Todavía podemos luchar por una ciudad viva, con sus símbolos tradicionales intactos.

Unite a esta causa!
De esta forma estarás contribuyendo a la difusión de esta campaña y sumando tu apoyo.

En una posible segunda estapa, los blogs que apoyen la campaña podríamos donar un pequeño espacio de nuestro sidebar para que empresas de la ciudad interesadas en salvar el cine compren dicho espacio.

Si te sumaste, hacénoslo saber dejando un comentario y te agregaremos como adherente.

Desde ya muchas gracias!

Que no se lo lleve el viento! Salvalo!

Blogs Adheridos:
El Mundo como yo lo veo / Caleidoscopios / Blogs & Beers / WAPERS / 5Memes / Lichu y Titino / Escaleras y Serpientes / It’s for WIMPS! / OnlyPhotox / Didio Juliano / Rosario… antes y después / Cultura Masiva / Her Tololo / El Increible Universo del Limón / Freedomyn / Instituto de Formación Política, Econímica y Social / Lic. Angel Elías / Pasajera Entrance / Acento Argentino y mas… / Murcia Viva / Gran Impetu / El Blog de Tecnología para todos / Fotos de Rosario por Facundo / Talleres Olinto Gallo / La revolución primate / Mondo Comic / La Torre de Londinium / Fotografiar /  Un rosarino en el Caribe / VLOG / Bajo sus alas / El Kronikon / Rosario Espectacular / Señales / Yo… el viejo / Sin Claudicar / Carlos Octavio desde Lantea / El vaso que rebalsó la gota / La Divina  / Ceremonia / NotiBlog

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