sábado, 5 de septiembre de 2026

Leila Guerriero: Huir hacia adelante

Vi que desde 2016 había dado casi 12 vueltas al mundo y entendí que llevaba años escapando de lo que ahora me alcanzaba: el tiempo
Pasajeros en la T4 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, el 30 de agosto

Por: Leila Guerriero

A mediados de agosto, en el Cono Sur, habíamos tenido apenas 12 días de sol —un sol que apenas era un sol, desmayado y sin voluntad— a lo largo de 76 jornadas en las que el cielo parecía hervido, una masa de nubes bajas, la emanación exhausta de un cerebro en estado de depresión. Habituados a un cielo tenso de tan azul, con una belleza lisa que parece a punto de rasgarlo, no había cómo no contagiarse el ánimo de la atmósfera. La gente parecía remota y derrotada, sumida en un aquelarre de bufandas y abrigos, con los rostros flojos, como si hubieran pasado semanas sumergidos en agua o en formol. De las veredas brotaba una humedad gélida, un reflejo del nuevo hábito del cielo. A veces se vislumbraba un rayo de luz, pero era como ver la pupila glauca de alguien que ha perdido la visión. Por primera vez en los últimos siete meses yo estaba en casa, en Buenos Aires, contemplando una larga parcela de semanas sin desplazamientos. Las maletas estaban guardadas, no había que pensar en aviones, ni en trenes, ni en hoteles, ni en cambios de huso horario. Escribía, editaba, cuidaba las plantas, cocinaba, despejaba las jornadas de todas las obligaciones que no fueran esas como un jardinero que protege su jardín. Por las ventanas de mi estudio contemplaba ese paisaje gris y anodino, pero había un gusto por el cobijo, por el encierro, por aquello que Voltaire llamaba "la más feliz de todas las vidas", que es, según él, "una soledad atareada". Sin embargo, en el fondo sentía malestar. Era como tener un tesoro sin saber cómo aprovecharlo. En medio de cualquier situación —escribir un prólogo, terminar una sopa—, me asaltaba una alarma: "Deberías estar haciendo otra cosa". ¿Pero qué? Un día entré en la página de la compañía por la que más vuelo, abrí mi perfil y vi que, desde 2016, había dado 11,94 vueltas al mundo. Y entendí todo. La inquietud provenía de haber pasado años huyendo de lo que ahora me daba alcance: el tiempo.
Foto: Carlos Luján - Europa Press
Fuente: Diario El País

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