sábado, 1 de agosto de 2026

No sabía que tenía hepatitis C: la historia de la mujer que convirtió su diagnóstico en una campaña para salvar vidas

Edith Michelotti descubrió la enfermedad cuando el daño en su hígado ya era avanzado. Se curó con los nuevos tratamientos y desde hace 17 años impulsa campañas gratuitas de detección. El próximo 4 de agosto, Hepatitis Rosario realizará una jornada de testeos, vacunación e información en Plaza Montenegro
Cuando en 2005 Edith Michelotti decidió hacerse un análisis de rutina un poco más completo, no imaginaba que ese estudio iba a cambiarle la vida. La respuesta llegó casi como una sorpresa: tenía hepatitis C. El virus había circulado durante décadas en su organismo sin darle señales y, para entonces, ya había provocado un importante deterioro en su hígado.

Había trabajado toda su vida como obstetra. Había acompañado cientos de nacimientos, había estado en contacto permanente con el sistema de salud y, sin embargo, desconocía que convivía con una enfermedad que avanzaba en silencio.

"Siendo partera, hacía casi treinta años que la tenía. Hacía partos, trabajaba con toda naturalidad y mirá a dónde iba: iba a la cirrosis y no tenía síntomas", recuerda en Señales.

Hoy, cerca de cumplir 85 años, Michelotti transforma aquella experiencia en una tarea permanente de concientización. Es la fundadora de Hepatitis Rosario, una organización que desde hace 17 años trabaja para acercar información, prevención y diagnóstico a la comunidad.

El próximo 4 de agosto, de 10 a 14, la ONG realizará una nueva jornada gratuita de testeos rápidos en Plaza Montenegro, con la participación de estudiantes de la Universidad Nacional de Rosario capacitados especialmente para realizar los procedimientos. Habrá detección de hepatitis C, vacunación contra hepatitis B y también pruebas para VIH y sífilis.

Pero detrás de esa campaña hay una historia personal. Una historia que comenzó con un diagnóstico inesperado y que terminó convirtiéndose en una misión.

Del diagnóstico a la lucha contra una enfermedad silenciosa
Michelotti recibió una transfusión de sangre antes de 1990, cuando el virus de la hepatitis C todavía no había sido identificado y los bancos de sangre no contaban con los controles actuales.

"Me deben haber puesto el virus, si no se lo conocía", explica. Y enseguida aclara: "No es que los bancos de sangre no actuaban bien, sino que no se había descubierto el virus".

Cuando recibió el diagnóstico, intentó el tratamiento disponible en ese momento, pero no logró curarse. Durante once años convivió con la incertidumbre de saber que la enfermedad podía seguir avanzando.

"Fue muy peligroso transcurrir esos once años", reconoce.

Para cuando llegaron los antivirales de acción directa, los tratamientos que cambiaron para siempre el pronóstico de la hepatitis C, su situación era delicada.

"Las tres cuartas partes de mi hígado eran una piedra. Ahí nomás de la cirrosis estaba yo."

La respuesta fue contundente. En apenas tres meses logró eliminar el virus.

"Me curé", resume con una sonrisa. Y destaca la capacidad de recuperación del hígado, un órgano que, según cuenta, volvió a funcionar de manera sorprendente.

Su médico suele decirle que, a pesar de su edad, tiene un hígado con características de una persona joven.

Esa recuperación fue el impulso para crear el Grupo Hepatitis Rosario, con la intención de contarle a otras personas lo que le había ocurrido.

"Lo formé para decirle a la gente lo que me pasaba a mí, que le pasaba a millones de personas en el mundo", explica.

Desde entonces, la organización repite cada año campañas de detección y prevención con un objetivo claro: que nadie llegue al diagnóstico cuando el daño ya sea irreversible.

Una jornada gratuita para detectar, prevenir y cuidar
La próxima campaña en Plaza Montenegro será el resultado de meses de trabajo conjunto entre distintas instituciones.

Michelotti destaca especialmente la participación de la Universidad Nacional de Rosario y de los estudiantes avanzados de Medicina y Enfermería que estarán a cargo de los testeos.

"Imaginate lo que es salir a terreno a sacarle sangre a la gente", dice al referirse a la preparación de los voluntarios.

La prueba para hepatitis C consiste en un pequeño pinchazo en el dedo y el resultado está disponible en pocos minutos.

"¿Sabés qué hermoso? A los minutos que le hacen un pinchacito imperceptible en el dedo está el resultado. A los 15 minutos."

Mientras esperan, quienes concurran podrán acceder a información sobre prevención, formas de transmisión, vacunación y cuidados relacionados con la salud sexual.

Para Michelotti, la capacitación de los estudiantes es una parte fundamental del operativo.

"Si vieras la capacitación, con qué cantidad de chicos fueron a capacitarse. Realmente con qué interés participan, con qué interés estudian."

Aunque los llama "chicos", aclara que muchos están próximos a recibirse y que detrás de cada test existe una preparación técnica precisa.

"Ese pinchacito tiene que ser perfecto", remarca. Y define la herramienta como "una tecnología de punta maravillosa puesta al servicio de la población".

Detectarse a tiempo puede cambiar una historia
Para Michelotti, la clave de la lucha contra las hepatitis virales está en una palabra: diagnóstico. La hepatitis C suele avanzar durante años sin síntomas y muchas personas descubren que tienen el virus cuando la enfermedad ya provocó un daño importante.

Por eso insiste especialmente en un grupo que considera prioritario: quienes recibieron transfusiones de sangre antes de 1990.

"Más rápido que ligero tienen que ir y hacerse la detección", advierte.

Aunque la jornada del 4 de agosto será una oportunidad concreta para acercarse al test, recuerda que cualquier persona puede solicitar los estudios para hepatitis B y hepatitis C a través de su médico. Ese derecho está contemplado por la Ley Nacional 27.675.

"El médico tiene la obligación de pedírsela", señala.

Su insistencia nace de su propia experiencia. Durante casi tres décadas convivió con el virus sin saberlo. Si aquel análisis no hubiera aparecido casi por casualidad, probablemente la historia habría sido otra.

"Me la encontraron de casualidad", recuerda sobre aquel momento de 2005.

La enfermedad silenciosa, justamente, es uno de los mayores desafíos. La ausencia de síntomas puede generar una falsa sensación de seguridad y retrasar la consulta.

"Yo no sabía que tenía hepatitis C, como no lo sabe nadie, porque es una enfermedad que muchas veces no da síntomas."

Hepatitis B y C: dos virus diferentes, dos formas de prevenir
Aunque suelen mencionarse juntas, la hepatitis B y la hepatitis C tienen características diferentes.

Michelotti explica que la hepatitis C se transmite principalmente por contacto con sangre y pone especial énfasis en el cuidado de quienes comparten jeringas.

"Aquellos que comparten jeringas, por favor, cuidado, tengan la edad que tengan. Si comparten jeringas, tienen que saber si tienen hepatitis C."

En cambio, la hepatitis B también puede transmitirse por vía sexual. Por eso destaca la importancia de la vacunación y de los controles.

"La persona puede tener un aspecto completamente sano y nunca imaginarse que tiene hepatitis B."

La evolución de la enfermedad puede variar. En algunos casos el organismo elimina el virus luego de una infección aguda; en otros puede transformarse en una infección crónica y provocar complicaciones graves con el paso de los años.

Pero Michelotti insiste en que el escenario actual es diferente al que le tocó vivir a ella.

La hepatitis C, gracias a los nuevos tratamientos, dejó de ser una enfermedad inevitablemente progresiva.

"Si le llega a dar positivo, se cura en tres meses, en casi el cien por ciento de los casos, como me curé yo."

Por eso resume el espíritu de la campaña con una frase que repite como una consigna:

"Vacunarse para la B, detectarse la C, es una fiesta para la salud."

El trabajo de una ciudad detrás de una campaña
La jornada del 4 de agosto es también una muestra del trabajo articulado entre distintas instituciones.

Michelotti menciona el acompañamiento de la Universidad Nacional de Rosario, el sistema de salud provincial, la Municipalidad, el Hospital Centenario, la Sala 15 y el Colegio de Bioquímicos, entre otros actores.

Recuerda con orgullo su vínculo con la universidad pública. Se graduó en 1961 en la entonces Universidad Nacional del Litoral, institución de la que luego surgiría la actual UNR.

"Para mí la Universidad Nacional de Rosario es el amor de mi vida", dice.

También destaca especialmente el rol de la hepatóloga Virginia Regiardo, profesora titular de la Cátedra de Hepatología, quien estuvo a cargo de la capacitación de los estudiantes que participarán del operativo.

"Es una movida de fondo maravillosa", resume.

La participación de los jóvenes es uno de los aspectos que más la entusiasman.

"Si vieras con qué interés participan, con qué interés estudian."

Para Michelotti, esa formación no sólo permite realizar un procedimiento médico, sino acercar la salud pública a la comunidad.

Una oportunidad que puede salvar una vida
La convocatoria será abierta y gratuita, sin turno previo. La atención comenzará a las 10 de la mañana y se realizará por orden de llegada.

La experiencia de años anteriores muestra una respuesta importante de la comunidad. Michelotti cuenta que muchas veces las filas comienzan incluso antes del horario previsto.

"A veces a las siete y media u ocho ya empieza a ponerse la gente en la cola."

La accesibilidad es uno de los puntos centrales de la propuesta.

"Imaginate, una detección cuesta dólares y acá es completamente gratuita."

En el mismo lugar, quienes se acerquen podrán realizarse el test de hepatitis C, acceder a la vacunación contra hepatitis B y participar de las actividades informativas sobre VIH, sífilis y prevención.

También habrá propuestas educativas para aprovechar el tiempo de espera.

"Han inventado unos juegos para hablar exclusivamente de sexualidad mientras esperan en la cola", cuenta Michelotti.

La idea es que la información llegue de una manera sencilla, cercana y sin prejuicios.

"Para nosotros es un milagro"
La ONG Hepatitis Rosario continúa difundiendo sus actividades a través de sus redes sociales y canales de información. Michelotti reconoce, entre risas, que esa tarea ya está en manos de su equipo.

"Yo soy la voz y ellos son los que mandan por redes."

Pero su voz sigue siendo una parte central de la campaña. Su historia personal le da una dimensión diferente a cada mensaje de prevención.

Después de haber estado al borde de la cirrosis y de haber logrado curarse, entiende que una detección puede cambiar el destino de una persona.

Por eso sigue aceptando entrevistas, participando de campañas y contando una historia que comenzó con una enfermedad silenciosa y terminó convertida en una herramienta para otros.

"A lo mejor para ustedes es una nota periodística", dice. "Y a lo mejor para quien está escuchando está salvando su vida, como yo salvé la mía de pura casualidad."

El próximo 4 de agosto, en Plaza Montenegro, esa posibilidad estará al alcance de cualquiera que quiera acercarse.

Porque, para Edith Michelotti, la mejor forma de enfrentar a las hepatitis virales sigue siendo la misma que sostiene desde hace 17 años: conocer, prevenir y detectar a tiempo.

Escuchá la entrevista completa:

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