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sábado, 25 de abril de 2026

La otra escena del femicidio: cuando informar también es violencia

La foto del femicida, acompañado por Sophia, fue publicada por muchos medios, en este caso fue editada 

El femicidio de Sophia Civarelli reabrió el debate sobre la responsabilidad de los medios de comunicación: familiares, amigas y organizaciones denunciaron que la desinformación, la especulación y el tratamiento del caso también construyen violencia.

Mientras ese primer relato todavía circulaba, la investigación empezaba a aportar datos decisivos. En las horas siguientes se conocieron los resultados de la autopsia: el informe del Ministerio Público de la Acusación confirmó que Sophia Civarelli murió como consecuencia de una herida punzante en el cuello, lo que descartó de plano la hipótesis de un suicidio.

De acuerdo con los peritos, el ataque ocurrió el jueves 16 de abril por la tarde. El cuerpo fue hallado en la madrugada del viernes en el departamento de 3 de Febrero al 2400, en Rosario, donde vivía con su pareja. Al momento del hallazgo, los especialistas estimaron que llevaba entre 10 y 15 horas sin vida.

El principal sospechoso es su pareja, Valentín Alcida. Según la reconstrucción de los investigadores, permaneció en el lugar hasta aproximadamente las 2 de la madrugada del viernes. Luego se dirigió a la casa de una amiga, también sobre calle 3 de Febrero pero al 1100, donde se arrojó desde altura.

La noticia apareció primero como tantas otras: un título urgente, un corte de calle, una hipótesis en construcción. Una joven muerta en un departamento del macrocentro de Rosario. Un cuerpo con una herida en el cuello. Una pareja que, en paralelo, caía al vacío. La etiqueta inicial fue "muerte dudosa". Después, "posible doble suicidio".
Pero mientras la información aún circulaba incompleta, algo más empezaba a tomar forma: un relato mediático apurado, cargado de conjeturas, que sería fuertemente cuestionado pocas horas después. En ese mismo clima, la fiscal del caso convocó una conferencia de prensa y evitó hablar de femicidio: lo encuadró como una "muerte dudosa".

Con el correr del día, la investigación empezó a ordenar los hechos en otra dirección: femicidio seguido de suicidio. Sin embargo, para entonces, muchas de las versiones iniciales ya habían sido instaladas.

Una semana después del hecho, en la plaza 25 de Mayo, frente a familiares, amigas y organizaciones, la discusión dejó de ser solo judicial. Se volvió también pública y política: cómo se cuenta la violencia.

El principal pedido explícito fue a los medios: "Les pedimos algo básico, pero urgente: ética, verdad y responsabilidad", dijeron desde el documento leído por el entorno de la víctima. La frase no fue un pedido aislado, sino una acusación directa. "Se intentó instalar un relato que no era cierto", agregaron. Y señalaron algo más grave: "Aun cuando la Fiscalía confirmó que se trató de un femicidio, los medios continuaron poniéndolo en tela de juicio".

Para quienes tomaron la palabra, esto no constituye un hecho aislado, sino parte de un problema estructural: "Estas maniobras no son hechos aislados. Forman parte de prácticas que invisibilizan la violencia y obstaculizan el acceso a la verdad". 
La crítica también alcanzó el modo en que los medios narran estos hechos. Retomando la idea de la "pedagogía de la crueldad", señalaron: "Una forma en la que aprendemos, muchas veces desde los medios, a mirar el dolor con distancia, a volverlo espectáculo, a vaciarlo de humanidad". Frente a esto, insistieron: "Que la repetición en bucle de la violencia no la vuelva normal" y reclamaron nuevamente que "quienes comunican lo hagan con respeto y responsabilidad".

El cuestionamiento se volvió aún más concreto y doloroso en la voz de la madre de la víctima, Natalia, quien expresó: "No quería dejar de mostrar mi disconformidad en la forma de informar de los medios". Su crítica apuntó directamente al tratamiento visual: "Al abrir una nota y ver a mi hija junto a la persona que le quitó la vida", dijo, evidenciando el impacto que esa decisión editorial tiene en las familias. Y subrayó: "Ahí, cuando ya se había confirmado desde un principio que era femicidio. La cara de mi hija no es la que tiene que ser visible. Es la cara del asesino".

En la misma línea, la hermana de Sophia realizó un descargo contundente, en el que señaló: "Por el mal manejo de algunos medios periodísticos". Su señalamiento apuntó a la lógica de la primicia por sobre la responsabilidad: "Por tener una primicia, se olvidan de la noticia y de la víctima. Se olvidan del respeto y sobre todo del dolor de la familia".

Además, denunció la rapidez con la que se construyen versiones sin sustento: "A pocas horas de que todo esto saliera a la luz, ya estaban con sus hipótesis, sus opiniones y lo peor, con las fotos". Esa práctica, explicó, tuvo consecuencias directas: "Mucha gente de mi familia se enteró por los medios". Y agregó una imagen que resume el impacto emocional de esa cobertura: "No podían ni abrir las redes… soportar ver la cara de mi hermana junto a su asesino".

Y sintetizó la crítica en una frase que condensa el conflicto: "Por tener una primicia, se olvidan de la noticia y de la víctima".
La crítica se detiene en un punto incómodo: la violencia no se limita al suceso, también se produce en su circulación. "La violencia no empieza ni termina en el hecho; también se construye en el silencio, la desinformación y la negligencia mediática".

En ese marco, aparece otra dimensión: la forma en que los medios narran el dolor. "Una forma en la que aprendemos, muchas veces desde los medios, a mirar el dolor con distancia, a volverlo espectáculo, a vaciarlo de humanidad", señalaron. Y advirtieron sobre un efecto más profundo: "Que la repetición en bucle de la violencia no la vuelva normal".

La madre de la joven llevó esa crítica al terreno más concreto: la imagen. "No quería dejar de mostrar mi disconformidad en la forma de informar de los medios", dijo. Y puso en palabras una escena que se repitió en portales y redes: "Al abrir una nota y ver a mi hija junto a la persona que le quitó la vida".

Para ella, el problema no fue solo informativo, sino simbólico: "La cara de mi hija no es la que tiene que ser visible. Es la cara del asesino…".
El señalamiento incluye tiempos y procedimientos: "A pocas horas de que todo esto saliera a la luz, ya estaban con sus hipótesis, sus opiniones y lo peor, con las fotos".

En ese punto, la crónica deja de moverse únicamente en el terreno de los hechos y entra en otro: el de las responsabilidades. No solo qué pasó, sino cómo se cuenta lo que pasó.

Porque si algo quedó expuesto en la 25 de Mayo es que la cobertura también puede ser una forma de violencia. No necesariamente por lo que dice, sino por cómo lo dice, cuándo lo dice y qué se decide mostrar.

Entre la "muerte dudosa" de las primeras horas y la confirmación del femicidio, hay un recorrido que no es solo judicial. Es también mediático. Y en ese trayecto —marcado por la prisa, la especulación y la falta de cuidado— se juega otra disputa: la del sentido.

Nombrar bien, en estos casos, no es un detalle. Es una forma de justicia.

sábado, 14 de febrero de 2026

Dependencia política y violencia regulada: la policía que no cambió en Santa Fe

La reciente protesta salarial expuso las tensiones estructurales de la fuerza, su relación con el poder político y judicial, y la dependencia del gobernador Maximiliano Pullaro de un sistema que nunca fue profesionalizado, según analizó Enrique Font en Señales
Crisis salarial y tensiones estructurales: un problema mayor que los sueldos
La tensión salarial que atravesó esta semana a la policía de la provincia de Santa Fe volvió a poner en primer plano un problema que, para Enrique Font, excede largamente la discusión por los sueldos. Exsecretario de Seguridad Comunitaria del Ministerio de Seguridad provincial, máster en Criminologías y profesor en la Universidad Nacional de Rosario, Font es una de las voces que más ha estudiado la trama compleja que une a la policía santafesina con la política, la Justicia y el fenómeno de la violencia en Rosario.

El acuerdo salarial alcanzado por el gobierno provincial —que incluyó aumentos pero mantuvo una porción significativa de los ingresos en carácter no remunerativo— cerró formalmente el conflicto. Sin embargo, para Font, lo que quedó expuesto fue mucho más profundo que un reclamo coyuntural. La protesta, extendida en distintas ciudades de la provincia, reveló no solo el malestar por los ingresos sino tensiones estructurales dentro de la institución policial y en la propia política de seguridad.

El contexto económico y la relación con otras fuerzas
Una primera lectura, admite, podría inscribir el conflicto en un marco más amplio: la policía forma parte de ese 70% de trabajadores asalariados que, bajo el gobierno de Javier Milei, perciben menos de un millón de pesos mensuales. Esa realidad golpea al conjunto del empleo público —salud, educación y fuerzas de seguridad— y constituye el telón de fondo del reclamo.

Pero en Santa Fe, advierte, intervienen otras variables. Font señala que el actual gobernador, Maximiliano Pullaro, ya había ocupado cargos clave en materia de seguridad cuando fue ministro durante la gestión de Miguel Lifschitz. En aquel entonces, recuerda, Pablo Cococcioni se desempeñaba como secretario. Durante la campaña y luego al asumir la gobernación, Pullaro apeló —según su análisis— a una retórica de demagogia punitiva, una narrativa de inspiración "bukeleana", un "bukele de utilería", ironiza, que colocó discursivamente a la policía en un lugar central.

Sin embargo, ese protagonismo fue más retórico que estructural. Ni cuando fue ministro ni ahora como gobernador —con Cococcioni al frente del Ministerio de Seguridad— se impulsaron transformaciones profundas dentro de la fuerza. Y para Font, allí reside uno de los núcleos del problema.

Reformas estructurales que nunca llegaron
Las policías argentinas, explica, arrastran conflictos históricos y en distintas provincias se ensayaron reformas destinadas a ordenar y profesionalizar su funcionamiento: modificar estructuras de gestión, mejorar condiciones laborales, diseñar carreras con incentivos claros, vincular ascensos a formación y capacitación, y aproximar su lógica organizacional a la de otras burocracias estatales como salud o educación, sin perder la especificidad del trabajo policial.

Nada de eso —subraya— ocurrió en Santa Fe. Profesionalizar implicaría, por ejemplo, construir una carrera policial con formación sistemática, generar incentivos para capacitarse y atar los ascensos a ese proceso. Del mismo modo que en educación se estimula la formación continua, la policía debería contar con mecanismos similares.

También menciona la necesidad de revisar el régimen laboral. Aunque los agentes pueden realizar horas adicionales en otros empleos, persiste una lógica heredada de estructuras militarizadas que habilita las "recargas" de servicio: extensiones obligatorias de la jornada por decisión jerárquica, cinco horas más que no estaban previstas en la planificación diaria. A eso se suma la falta de previsibilidad en los horarios y la dificultad para regresar a sus lugares de origen.

Desigualdad y falta de vocación profesional
El reclutamiento, señala, se concentra en el centro-norte de la provincia, donde el acceso al empleo es más limitado, mientras que buena parte del desempeño se da en el centro-sur. Esa ecuación revela, a su entender, un problema adicional: la institución no resulta atractiva como opción laboral. "Tenés que estar embromado en términos de acceso al trabajo para ir a la policía", resume, describiendo una fuerza que no logra seducir perfiles diversos ni consolidar vocaciones profesionales.

El bajo desempeño investigativo y la brecha en esclarecimiento de homicidios
En ese marco, el discurso pro-policial del gobernador aparece, para Font, como una narrativa vacía. Sostiene que el respaldo político se traduce más en gestos hacia afuera —presiones sobre el Poder Judicial en casos de uso de fuerza letal o advertencias públicas ante investigaciones por delitos graves— que en una transformación real de las condiciones estructurales de la fuerza. La policía, afirma, ha sido utilizada políticamente, aunque el sentido de ese uso quedaría por desentrañar.

El conflicto salarial, entonces, no es un hecho aislado sino la expresión de una crisis más profunda. Santa Fe, dice Font, es considerada por numerosos especialistas como la provincia con la peor policía del país, no solo por sus déficits de formación sino también por su desempeño. Y ofrece, antes de enumerar indicadores concretos, una advertencia implícita: sin reformas estructurales, cualquier acuerdo salarial será apenas un parche sobre una institución atravesada por problemas mucho más hondos.

La radiografía que traza Enrique Font sobre la policía santafesina se vuelve todavía más cruda cuando la compara con otras fuerzas del país. No se trata solo de una percepción académica ni de una crítica política: los números, afirma, exponen una brecha difícil de justificar. La policía de Santa Fe, sostiene, no esclarece los delitos más graves con la eficacia que muestran otras jurisdicciones.

El indicador más utilizado para medir la capacidad investigativa es el porcentaje de esclarecimiento de homicidios dolosos. Allí la distancia es notoria. En provincias como Córdoba o Buenos Aires, las policías logran identificar sospechosos en nueve de cada diez asesinatos. El proceso judicial posterior —si hay condena o absolución— es otra discusión, pero la identificación del presunto autor se concreta con rapidez. En Santa Fe, en cambio, el número desciende, en el mejor de los casos, a seis de cada diez. Y hay años en que la cifra es aún menor.

La brecha no es solo cuantitativa, también es temporal. En Córdoba y Buenos Aires, los sospechosos suelen ser ubicados y puestos a disposición de la Justicia en plazos relativamente breves. En territorio santafesino, en cambio, se acumulan expedientes que pasan años sin responsables identificados. Hay crímenes graves que permanecen en esa zona gris: el hecho está esclarecido en su materialidad, pero los autores no aparecen.

Cuando se indaga en las razones de esa ineficacia, la explicación que surge desde los barrios —dice Font— es inquietante. Se habla de pagos mensuales, de "arreglos" para no ser identificados o para evitar ser vinculados a un hecho delictivo. Se paga para desaparecer del radar. Se paga para que una investigación se estanque. Esa lógica de regulación informal atraviesa, según su mirada, distintos niveles del delito.

Casos emblemáticos y gestión de la violencia
El asesinato de Luis "Pillín" Bracamonte, líder de la barra brava de Rosario Central, fue un punto de inflexión. El crimen puso bajo la lupa a una organización que, según recuerda, llevaba años bajo observación policial y judicial: la banda conocida como "Los Menores", originada en el barrio 7 de Septiembre de Rosario. Con el tiempo, algunos de sus líderes —incluso detenidos— extendieron su influencia y se movían entre Rosario y barrios cerrados de la Ciudad de Buenos Aires. Bracamonte había advertido públicamente quiénes querían matarlo y que ya habían intentado hacerlo. Tras su asesinato, la presión pública derivó en la detención de algunos integrantes de la banda. Pero el hecho, para Font, evidenció algo más profundo: estructuras criminales conocidas que operaban durante años sin desarticulación efectiva.

El problema no se agota en la eficacia investigativa. También atraviesa el apego a los derechos humanos. La policía santafesina, recuerda, fue la que más personas mató durante la represión de diciembre de 2001. Mientras en la Ciudad de Buenos Aires hubo cinco víctimas fatales en las protestas de aquellos días, en Rosario se registraron siete —o incluso ocho, según algunas discusiones estadísticas—. Si se pondera la cifra por cada 100.000 habitantes, el impacto rosarino resulta mucho más alto.

La diferencia, subraya, también estuvo en las consecuencias institucionales. Por los hechos ocurridos en Buenos Aires fueron llevados a juicio el entonces presidente Fernando de la Rúa, su ministro del Interior y el jefe de la Policía Federal. Hubo condenas para algunos mandos. En Santa Fe, en cambio, prácticamente no hubo responsabilidades políticas. Apenas unos pocos policías fueron juzgados por hechos puntuales, como el caso de Claudio "Pocho" Lepratti. El contraste dejó la impresión de una fuerza habituada a la impunidad judicial.

Esa es, según Font, la institución sobre la cual el actual gobernador construyó su política de seguridad. Maximiliano Pullaro capitalizó políticamente la reducción de los homicidios registrada en 2024, sobre todo en Rosario. La tasa, que había superado los 20 homicidios cada 100.000 habitantes —con picos de 22 y 23— descendió a un valor apenas superior a 10. La caída es significativa y constituye, admite, un dato objetivo.

Sin embargo, la pregunta que abre Font es cómo se logró esa reducción y qué costos o efectos colaterales implica. Porque mientras los homicidios bajaron, los robos no siguieron el mismo camino. Por el contrario, sostiene que aumentaron, aunque las estadísticas oficiales no siempre lo reflejen con claridad. Basta —dice— recorrer la ciudad para advertirlo, tanto en barrios populares como en zonas de clase media y alta.

La baja de homicidios en Santa Fe no desarticula el narcotráfico: la policía regula el delito más que erradicarlo
El negocio de la venta de drogas, además, no parece haber sufrido un golpe estructural. Cambiaron algunas modalidades: se clausuraron ciertos "búnkeres" y se expandió la modalidad de delivery. Pero la actividad continúa con relativa estabilidad. Si la violencia letal descendió sin que el mercado ilegal se desarticule de manera visible, ¿cuál es la explicación?

Font apunta a dos decisiones clave adoptadas al inicio de la gestión. La primera fue la aprobación, con amplio respaldo legislativo, de la adhesión a las leyes de narcomenudeo, que habilitan a las fiscalías provinciales a intervenir en delitos de drogas a pequeña escala. Se trata de una facultad prevista en la legislación federal, pero muy cuestionada en distintas provincias. Estudios realizados en lugares donde se implementó —como Buenos Aires, Córdoba o Chaco— muestran, según explica, que no debilitó a las estructuras superiores del narcotráfico. En cambio, llenó las cárceles de eslabones bajos, "perejiles", y afectó de manera particular a mujeres involucradas en tareas menores dentro de las redes.

Santa Fe siguió ese camino. En paralelo, señala, se consolidó un control más directo del Poder Ejecutivo sobre el Ministerio Público de la Acusación. Aunque históricamente nunca fue completamente independiente del poder político, en la actual gestión —a través de concursos y designaciones— su alineamiento sería más evidente.

En ese contexto, la policía adquirió una herramienta que antes no tenía con la misma intensidad: la capacidad de regular el negocio minorista de drogas en articulación con fiscales provinciales. El mensaje implícito, describe Font, sería claro: se puede vender, se puede pagar, pero no se puede disparar. Si alguien desborda ese acuerdo tácito, se activan allanamientos y causas que desmantelan el punto de venta.

Desde esa perspectiva, la baja de los homicidios estaría vinculada menos a una reforma estructural y más a una forma de administración del mercado ilegal, donde la violencia se contiene para evitar escaladas que perjudiquen la estabilidad política. No se trataría de la erradicación del delito, sino de su regulación.

Font reconoce que hubo otros factores. Cuando se estudió el aumento extraordinario de homicidios en Rosario durante los años más críticos, aparecieron múltiples causas: falta de esclarecimiento, prófugos que nunca eran capturados, descoordinación entre agencias. También pesó, añade, el funcionamiento deficiente de la Justicia Federal, responsable de investigar delitos complejos vinculados al narcotráfico. Esa ineficiencia contribuyó a la consolidación de organizaciones criminales que operaron durante años con márgenes amplios de acción.

La reducción actual de los homicidios, entonces, no puede analizarse de manera aislada. Para Font, forma parte de un esquema más amplio donde la policía, lejos de haber sido profesionalizada o reformada, continúa operando con lógicas antiguas, ahora reconfiguradas en un nuevo equilibrio de poder. Un equilibrio que disminuye la violencia letal pero deja abiertas preguntas profundas sobre la calidad institucional, la transparencia y la sostenibilidad de esa aparente pacificación.
Judicialización y zonas grises
El panorama de la justicia y la seguridad en Rosario se complica aún más cuando se observa el rol de los actores judiciales. Uno de los ejemplos más claros es el caso de los jueces federales que se encargan de temas de drogas, especialmente en Rosario. Uno de esos jueces, Marcelo Bailaque, se encuentra bajo prisión domiciliaria, con una condena de diez años pendiente, debido a hechos de corrupción. Es un caso que viene siendo investigado desde hace más de 15 años, y a pesar de las sospechas sobre su falta de idoneidad, su situación solo se ha resuelto recientemente. La ineficiencia del sistema judicial, remarca Font, ha tenido repercusiones directas sobre el funcionamiento de la seguridad y la lucha contra el narcotráfico.

Protesta policial y debilidad del gobierno
La reciente protesta salarial evidenció la dependencia política del gobernador Maximiliano Pullaro respecto a la policía. La fuerza no solo defendió intereses económicos, sino que también mostró su capacidad de presión sobre decisiones estratégicas: se puso en entredicho al jefe de la Unidad Regional 2, el MPA detuvo investigaciones, y el gobierno debió retroceder en varios frentes.

Font subraya que la policía santafesina sigue funcionando con lógicas tradicionales, donde los mandos superiores conservan privilegios y la base enfrenta condiciones precarias. Esto genera tensiones internas, fractura lealtades y condiciona cualquier intento de reforma profunda.

Historial de Pullaro y vínculos con jefes policiales cuestionados
Font recuerda que la relación de Maximiliano Pullaro con el mundo de la seguridad no comenzó en su mandato como gobernador, sino años atrás, cuando era diputado provincial por el sur de Santa Fe. En ese momento, respaldó públicamente a un jefe policial, Alejandro Druetta, sobre quien pesaban señalamientos persistentes: en el ambiente político y judicial era conocido como un hombre con vínculos con el narcotráfico.

Cuando un fiscal avanzó en la investigación, Pullaro lo defendió. Años más tarde, Druetta fue investigado en profundidad y finalmente condenado. Font evita hablar de connivencia penal, pero plantea interrogantes políticos: ¿Fue torpeza? ¿Fue voluntad de no saber? ¿Fue una decisión consciente de acercarse igual a determinados sectores policiales? Las preguntas siguen abiertas, aunque no hayan derivado en responsabilidades judiciales directas para Pullaro.

Este patrón, sostiene Font, no fue un episodio aislado. A lo largo de su trayectoria, Pullaro promovió y ascendió a cargos de conducción a policías “muy cuestionados”. No necesariamente condenados ni formalmente imputados, aclara, pero sí señalados por prácticas poco transparentes desde dentro de la fuerza y desde la política. En algunos casos, cuando finalmente fueron investigados, las sospechas derivaron en condenas. En otros, el Ministerio Público de la Acusación, debilitado y con fuerte influencia del Ejecutivo, operó como un manto de contención que evitó avances judiciales.

Casos paradigmáticos: juego clandestino y estructuras judiciales
Font menciona un caso emblemático vinculado al juego clandestino. El empresario Leonardo Peiti, convertido en “arrepentido”, aportó información que terminó comprometiendo a figuras de peso: el fiscal regional Patricio Serjal, el fiscal adjunto Gustavo Ponce Asahad, un empleado judicial y el entonces poderoso senador Armando Traferri. Estas denuncias no involucraban nombres menores dentro de la estructura institucional, y su investigación derivó en algunas condenas y destituciones.

Peiti también señaló a jefes policiales promovidos durante la gestión de Pullaro, incluyendo al jefe de la Policía de Investigaciones, quien hoy integra el gobierno provincial en un cargo ad honorem destinado a detectar gastos en el Ministerio de Educación. Font destaca que este fenómeno de retornos de retirados a posiciones estratégicas es otro foco de tensión dentro de la fuerza.

Dinámica de retirados y desigualdad interna
Según Font, hay exjefes que viven exclusivamente de su jubilación, que depende del salario de los policías en actividad, y otros que se retiraron con patrimonios millonarios y luego regresaron a ocupar posiciones estratégicas. En una fuerza de alrededor de 24.000 integrantes, en una ciudad donde todos se conocen, estas diferencias no pasan inadvertidas: se sabe quién vive en qué casa, qué vehículo conduce cada uno y cómo evolucionó su patrimonio.

Mientras tanto, la base de la pirámide trabaja en condiciones laborales precarias, lejos de sus familias, con salarios erosionados por la inflación y bajo la lógica de recarga horaria. La desigualdad visible erosiona la cultura institucional y se agrava cuando los agentes deben intervenir selectivamente en la actividad delictiva: cerrar un kiosco porque “se salió del acuerdo” mientras otro continúa operando sin sobresaltos. Font subraya que esta selectividad moldea subjetividades, produce cinismo y fractura lealtades internas.

La policía que Pullaro no transformó
Font define así a la policía santafesina:
  • Utilizada políticamente
  • Dependiente de los objetivos políticos del gobernador
  • Funcionando en lógicas antiguas, adaptadas a pactos tácitos y jerarquías económicas paralelas
  • Sin cambios estructurales ni profesionalización real
La protesta salarial expuso la tensión entre un gobierno que construyó su narrativa sobre la firmeza frente al delito y una fuerza que lo obligó a retroceder. Font insiste: lo que no se hizo cuando Pullaro fue ministro, y lo que tampoco se encaró al inicio de su actual mandato, difícilmente pueda hacerse ahora. Las reformas profundas requieren capital político, acuerdos transversales y tiempo. Según el entrevistado, ese momento ya pasó.

Intentos de reforma frustrados
Font recuerda que Marcelo Saín intentó impulsar una ley de transformación policial que estableciera una política de Estado, sostenida por oficialismo y oposición, blindada frente a los vaivenes partidarios. Sin embargo, la ley no prosperó, ni siquiera contó con el respaldo pleno de su propio espacio. El resultado es que cada gobierno administra lo que encuentra, sin modificar la matriz estructural de la policía.

Font enfatiza que las policías no surgen “de un repollo”: son producto de las instituciones políticas y judiciales que las moldean. Todos los partidos que gobernaron Santa Fe desde el retorno democrático tienen responsabilidad en el estado actual de la fuerza. El Poder Judicial provincial y federal tampoco actuó con eficacia para frenar prácticas corruptas dentro de la fuerza.

La violencia reciente: un nuevo pico en 2025
A pesar de la baja en la tasa de homicidios en Rosario en 2024, Font señala que, en 2025, la tasa volvió a aumentar. Aunque sigue siendo baja comparada con los picos alcanzados en años anteriores, el incremento de un 27% en la tasa de homicidios respecto al año anterior deja claro que la violencia no ha sido completamente contenida. Con más de 10 homicidios cada 100.000 habitantes, Rosario sigue estando por encima de otras ciudades de tamaño comparable en Argentina, como Córdoba o La Matanza, que tienen tasas de homicidio inferiores a 5 cada 100.000 habitantes.

Este dato, para Font, es revelador. No solo subraya la inestabilidad del esquema de seguridad en la provincia, sino también la fragilidad de las soluciones que se han implementado. Si bien el descenso de homicidios en 2024 fue notable, no se logró una transformación profunda en la seguridad de la ciudad y mucho menos en las condiciones estructurales de la policía.

Font sostiene que este dato es indicativo de que, aunque la situación mediática haya cambiado, la verdadera transformación en términos de seguridad sigue pendiente. El aumento reciente de homicidios confirma que los intentos por reducir la violencia letal han sido más superficiales que efectivos a largo plazo.

La crisis de gobernanza y la falta de reformas estructurales
En cuanto a la política de seguridad, Font asegura que la actual crisis de gobernanza se ve reflejada en la falta de reformas estructurales que transformen la policía y el sistema judicial. A pesar de que la tasa de homicidios en Rosario se redujo durante el último tiempo, la provincia sigue enfrentando una violencia persistente que no se limita solo a los crímenes letales, sino que se extiende a los delitos menores, como los robos, que aumentaron significativamente.

Font sostiene que el aumento de robos y la estabilidad del mercado de drogas en la ciudad son indicativos de que la violencia no solo se ha gestionado de manera selectiva, sino que también está regulada, en lugar de ser erradicada. Las bandas de narcotraficantes, si bien enfrentan menos enfrentamientos a tiros, continúan operando sin que se debilite su estructura de poder. A pesar de que se clausuraron algunos “búnkeres”, el negocio de las drogas sigue en expansión, y el delivery de sustancias ha reemplazado en parte las modalidades anteriores.

Este fenómeno tiene, según Font, una explicación más política que operativa: la reducción de homicidios está vinculada al control y la gestión del mercado ilegal de drogas. El gobernador Pullaro ha sido parte de una política que no erradica el narcotráfico, sino que lo regula de manera que no escale en violencia. La policía, en este sentido, actúa como un regulador de la violencia, más que como un órgano dedicado a la justicia criminal efectiva. Esta gestión de la violencia, en lugar de transformarse en una política de seguridad integral, ha acabado por generar equilibrios inestables entre política, justicia y crimen.

La dependencia política de Pullaro
Font explica que la dependencia política de Pullaro respecto a la policía santafesina es uno de los factores que limita la capacidad del gobierno para llevar a cabo una reforma estructural real. Aunque el gobernador se presenta como firme en su política de seguridad, en realidad se ve atrapado por las dinámicas internas de la policía. Necesita mantener la cooperación de la fuerza para sostener su narrativa de éxito en la reducción de homicidios y otros índices de violencia. Sin embargo, esta dependencia política lo coloca en una situación de debilidad frente a la protesta policial, como se evidenció en las últimas semanas.

El giro del gobierno ante las presiones de la policía, que lo obligaron a retroceder en varias decisiones, muestra la fragilidad del esquema político que Pullaro ha mantenido. Font enfatiza que esta relación de dependencia está profundamente arraigada, dado que la policía ha sido históricamente utilizada como un instrumento político por diferentes gobiernos provinciales, y Pullaro no ha podido ni siquiera romper con esa lógica.

El dilema de la falta de reformas: ¿se perdió la oportunidad?
Font cree que la oportunidad de una reforma integral de la policía santafesina ya pasó. Los intentos de reformas anteriores, como la propuesta por Marcelo Saín cuando era ministro de Seguridad, quedaron truncos. La ley de transformación policial, que habría permitido un cambio significativo en la estructura de la fuerza, fue rechazada tanto por sectores del oficialismo como de la oposición. Esta ley había sido pensada para trascender las políticas partidarias y construir una estructura policial más profesional y menos politizada. Sin embargo, no prosperó, y lo que ha quedado es un sistema policial anquilosado y lleno de tensiones internas.

Para Font, este rechazo a la ley de reforma es emblemático de la falta de voluntad política para transformar las estructuras de poder en Santa Fe. Cada gobierno que asume administra lo que encuentra, sin cuestionar las dinámicas heredadas. En este contexto, Pullaro sigue dependiendo de una policía que no ha sido transformada y que, como otras instituciones en la provincia, está atrapada en lógicas políticas y económicas de ajuste salarial y clientelismo político.

El círculo vicioso: política, policía y mercado ilegal
Font concluye que, en la actualidad, la policía santafesina se encuentra profundamente vinculada a los intereses políticos de los gobiernos provinciales y a las dinámicas del mercado ilegal de drogas. Esta policía no se ha profesionalizado, ni se han implementado reformas estructurales reales. En lugar de una reconfiguración integral de la fuerza, lo que ha sucedido es una regulación informal de la violencia, donde los actores políticos y criminales coexisten en un equilibrio precario.

El resultado de esta falta de reformas es un sistema de seguridad debilitado que, aunque ha logrado reducir temporalmente algunos índices de violencia, sigue sostenido sobre bases frágiles. La policía santafesina, bajo la dirección de Pullaro, ha evitado grandes estallidos de violencia, pero a costa de un pacto tácito con las organizaciones criminales y de una dependencia política que socava cualquier intento de cambio real. Este círculo vicioso, donde el gobierno depende de una fuerza policial que a su vez depende de intereses ilegales, parece estar destinado a perpetuarse sin una transformación profunda.

La policía que no cambió
La reflexión de Font, en conclusión, es clara: la policía santafesina no ha cambiado. Aunque la reducción de homicidios y la disminución de algunos indicadores de violencia pueden presentarse como logros, la realidad es que la fuerza sigue atrapada en una lógica de poder político, economía paralela y clientelismo. Las reformas estructurales siguen siendo una deuda pendiente, y la policía, lejos de profesionalizarse, sigue operando en función de intereses que no tienen que ver con la justicia o la seguridad pública.

Este es el panorama que enfrenta el gobernador Maximiliano Pullaro, que, a pesar de sus intentos por modernizar la provincia, sigue dependiendo de una fuerza que no ha sido transformada y que, tal vez, ya no puede serlo sin un compromiso político más profundo y duradero.

La reforma sigue siendo una asignatura pendiente
Font cierra su análisis reconociendo que el cambio profundo en la policía de Santa Fe es una asignatura pendiente. Sin reformas estructurales, sin un sistema judicial más eficaz y sin voluntad política real, el ciclo de violencia y corrupción dentro de la policía santafesina continuará perpetuándose. En resumen, la protesta policial fue solo la última expresión de una crisis institucional mucho más profunda que involucra a la política, la justicia y las estructuras de poder en la provincia. Y si bien los gobernantes actuales intentan gestionar estos equilibrios, el futuro de la seguridad en Santa Fe depende de una reforma que todavía está por llegar.

Escuchá la entrevista completa:

lunes, 8 de diciembre de 2025

"Te hice pica": el periodismo que escucha el submundo narco de Rosario

Nahuel Gallotta, periodista e investigador de crimen y narcotráfico, presenta su nuevo libro sobre la Rosario narco. Durante ocho años recorrió barrios, escuchó voces que nunca llegan a los medios y reconstruyó la economía, la violencia y los códigos internos de las bandas locales, acompañado por la mirada del cronista rosarino Sergio Naymark

En Señales recibimos a Nahuel Gallotta, periodista y escritor especializado en crimen y narcotráfico. Tiene 39 años, nació en el barrio porteño de Devoto y es egresado de la Universidad del Salvador. Su trayectoria empezó de manera precaria: repartía pizzas mientras colaboraba en la sección Policiales de Clarín. Desde entonces construyó un recorrido marcado por la investigación en territorio: favelas de Brasil, barrios bajos de Europa, fronteras sudamericanas e incluso la Franja de Gaza. Publica en El País de España y también escribe para medios de Francia, México, Colombia, Chile y Perú. Es autor de Conexión Bogotá, Bandidas y coautor de podcasts "relojeros". Además creó Hampa Tours, una serie de recorridos criminales por Buenos Aires.

Te hice pica: el nuevo libro de Gallotta
Ahora llega a Señales para presentar Te hice pica, su nuevo libro: una inmersión directa en el submundo del narcotráfico rosarino, construida con voces que casi nunca se escuchan —narcos, familias, vecinos—, y que ofrece una mirada sin filtros, un mapa narco contado desde adentro.

Sergio Naymark, voz experta en policiales
Lo acompaña Sergio Naymark, periodista santafesino e hincha de Colón. Llegó a Rosario siendo adolescente, un año antes de terminar el secundario, y aunque rindió mal el ingreso a Comunicación Social, no abandonó el rumbo: estudió un año en Río Cuarto y finalmente se graduó en la UNR, donde hoy también es docente. Comenzó su recorrido profesional en la producción de Evaristo Monti y Nacho Suriani, hasta que en 1993 ingresó al diario La Capital. Allí desarrolló una extensa trayectoria como cronista y llegó a ser jefe de la sección Policiales, levantando una escuela basada en lo que más le apasiona: salir a la calle a ver qué pasa. Integró la comisión directiva del Sindicato de Prensa Rosario, siempre necesita un proyecto en marcha y aún conserva un sueño no cumplido: ser colectivero de línea.

Su labor en La Capital fue reconocida en 2019, cuando integró el equipo premiado por la Asociación de Entidades Periodísticas de Argentina (AdEPA), por la cobertura "Mapa de la violencia en Rosario", distinción que respalda su trayectoria en el periodismo de investigación. Hoy participa del programa como voz experta en policiales y contexto local, ideal para dialogar con Gallotta sobre narcotráfico, violencia urbana y los desafíos del periodismo de calle.

La historia detrás de Te hice pica
El eje de la conversación gira rápidamente hacia Te hice pica. La historia no oficial de la Rosario narco, publicado por Orsai hace apenas un mes. Cuando le preguntan por qué decidió escribirlo, Gallotta responde sin rodeos: dos motores, curiosidad y pasión. "Porque si no hay eso, es muy difícil que un periodista hoy —y te diría que desde los últimos diez años— esté dispuesto a hacer semejante esfuerzo", explica. Le molesta, dice, ese imaginario repetido de que un escritor vive de los libros. "La verdad es que eso, en Argentina, es imposible. Yo siempre viví de mi trabajo en Clarín, y cada pesito que me sobraba lo destinaba a hacer estos viajes".

Con el tiempo, reconoce, se obsesionó con la información, con los testimonios y con el seguimiento cotidiano de sus fuentes. "Los venís escuchando mes a mes, y de un momento para el otro te caen detenidos y los perdiste por completo. O te avisan: 'Che, durante un par de meses voy a estar desaparecido, yo te voy a ubicar'. Y nada, te vas enganchando, enganchando, enganchando". Llegó un momento en que sintió que no podía no hacer ese libro. "A pesar de haber dicho 'no publico más libros'. Así que nada, acá estamos".
Origen del título
Sobre el título —Te hice pica— explica que nació de una práctica delictiva creada a mediados de la década del 2000 por cuatro amigos, entre ellos el Pájaro Cantero. Eran jóvenes que buscaban dejar atrás "La Granada", cruzar la circunvalación, encontrar negocios más grandes y abandonar el cuatrerismo y los delitos menores. "Para comer muchas veces tenían que cazar, que pescar, y después hacer cosas muy absurdas: accidentes tipo carancho, iban a pedir préstamos no bancarios con recibos de sueldo truchos que después nadie devolvía", recuerda.

Un día, uno de ellos planteó una idea novedosa: "Che, ¿y si le empezamos a cobrar a los que venden drogas?" La propuesta incluía "cobrar por seguridad", para que los vendedores "estén todo bien con nosotros, que nos empiecen a pagar". A esa modalidad la llamaron te hice pica. Desde entonces iban transa por transa, diciéndoles: "Che, estás picado, a partir de ahora me vas a tener que empezar a pagar". "Eso es lo que les cambia la economía y el gran paso hacia esta historia triste del narcotráfico en la ciudad", reflexiona Gallotta.

Investigación en Rosario
Su investigación en Rosario comenzó formalmente en 2017, cuando se encontró con Lorena Verdún. Ese encuentro le reveló que había una historia que no estaba contada. Él suele insistir en que el periodismo policial se narra casi siempre desde la versión oficial: expedientes, ministerios, comunicados. "A veces, inconscientemente o no, el Ministerio de Seguridad marca la agenda de las secciones de policiales. Entonces siempre es el poder hablando sobre los protagonistas del crimen, contando lo que quieren contar. No digo que mientan, pero son ellos hablando sobre estas personas".

Lo que a él le interesa es otra cosa: escuchar a quienes nunca son escuchados. "Se supone que nos enseñan en toda escuela de periodismo que hay que escuchar a las dos campanas. Es lo que me gusta hacer y lo que siento que es lo correcto". Además, dice, allí encuentra información que jamás aparecerá en un expediente ni la conocerán jefes policiales o ministros. "Es entendible: desde las fiscalías y las policías que investigan lo único que buscan es la prueba para condenarlos el día de mañana. Y eso no es lo que me interesa contar".

Por eso decidió conocer a esas personas cara a cara y sentarse a escucharlas. Lorena fue su primer contacto. En aquel primer encuentro ella llegó acompañada por otra persona, y a partir de esas dos primeras entrevistas comenzó a abrirse el camino. Allí también apareció Celestina Contreras, la madre de Claudio "Pájaro" Cantero, una figura a la que muchos consideraban inaccesible.

Gallotta cuenta que logró hablar con ella porque lo llevaron hasta su casa; por sí sola, dice, no habría aceptado. "Cele habló conmigo porque me llevaron a hablar con ella. Si es por ella, no habla con nadie". Pero su forma de trabajar genera confianza. "Yo no voy con esto de: '¿Y usted qué tiene para decir de que sus tres hijos son criminales?' Para mí eso no tiene sentido. Eso que se lo pregunten el día del juicio, o que se lo pregunte la justicia".

Él prefirió indagar sobre las infancias, un tono distinto que abrió puertas. Y fue entonces cuando aparecieron historias que lo conmovieron. "Me acuerdo cuando ella me contó que a las doce de la noche, cada día de su cumpleaños, Monchi, Guille y Pájaro se peleaban por ver quién la saludaba primero. Yo eso lo hacía con mis hermanas: cumpleaños de mi mamá y nos poníamos como locos por ver quién iba y la abrazaba primero".

A partir de allí la mujer comenzó a relatar su vida. "Nadie estuvo conmigo —decía—. Yo los crié sola porque el papá estaba en la cárcel y nosotros salíamos a cirujiar. La ropa del más grande le quedaba al más chico e íbamos a los comedores del barrio". Gallotta aclara que, aun así, siempre mantiene la responsabilidad de informar y de explicar la carrera criminal que siguieron los hijos; pero considera imprescindible comprender el origen. Cree, como dice Javier Gómez Santander en la contratapa del libro, que "tenés que conocer el alma de los protagonistas. Si no la conocés, no vas a conocer la historia, porque no la vas a entender".

La otra historia del narcotráfico rosarino
Gallotta recuerda con precisión el momento en que entendió que había otra historia del narcotráfico rosarino que no estaba siendo escuchada ni ocupaba las portadas ni las pantallas de los medios. Fue cuando Lorena Verdún irrumpió en la presentación de un libro y dijo: "Escriben un libro sobre nosotros y no nos preguntan nada, no nos citan, no nos dan la posibilidad de hablar". Para él, lo que planteaba tenía toda la lógica del mundo. Era, en términos estrictos, lo que corresponde al ADN del periodismo: si se habla de alguien, esa persona debería tener la posibilidad de ser escuchada.

El periodista aplica ese criterio no solo con quienes están en el centro del delito, sino también con los funcionarios. "En el libro intenté entrevistar al gobernador Maximiliano Pullaro, por ejemplo. No tuve respuesta. Pero al menos lo intenté, gestioné con su jefe de prensa y mandé mensajes, es lo que corresponde", dice. Por eso, cuando oyó a Verdún denunciar que nadie se había tomado el trabajo de escucharla, decidió que era hora de hacerlo. "Voy a ir a escucharla", pensó. Y al llegar a ese submundo, explica, las historias comenzaron a multiplicarse. "Empezás a escuchar historias y te volvés loco, digamos, ¿no? Porque decís: 'uy, mirá, ya estoy acá, estoy instalado'".
Presentación de "Te hice pica". Gallotta junto a Sergio Naymark y Carlos del Frade

Valor del tiempo y la confianza en la investigación
En ese ambiente —no solo en Rosario, aclara, sino en cualquier parte del mundo— la gente valora que alguien se tome el tiempo de sentarse a tomar un café y escuchar su día a día. Están acostumbrados a ser personajes sobre los cuales otros hablan, no protagonistas con derecho a contar lo propio. También están acostumbrados al prejuicio. "Siempre está el concepto, el que te tira la chicana: 'ah, te cuentan todo porque quieren ser famosos'", relata. Él responde con un dato simple: "La mayoría está con otro nombre o cosas así". No parecen buscar fama, sino ser escuchados.

Gallotta no idealiza su rol: "A mí me gusta hacerlo, tampoco voy a decir que es necesario y todas esas cosas. Me gusta, lo disfruto, y ojalá que a muchos lectores también les guste". Le mencionan que hoy hacer periodismo desde el territorio es algo infrecuente. Es más fácil el escritorio, levantar un teléfono, pedir un contacto y cerrar la nota.

Cuando recuerda cómo llegó a cada fuente, lo resume con una fórmula esencial: siempre por un recomendado. Parece sencillo, dice, pero no lo es. Hubo entrevistados con quienes se reunió una vez para un café y luego desaparecieron por años, fruto de peleas internas entre los propios contactos. Retomó vínculo con alguno recién cuando el libro ya estaba entregado. Con otros, simplemente no logró que quisieran hablar. La clave es la paciencia, estar bien recomendado y plantear desde el primer café quién es uno, qué hizo y qué quiere hacer. En esos primeros minutos, explica, "ellos también te miran, te miden. Por cómo mirás, por cómo caminás, ya saben. Ya saben todo de vos".

Reconocimiento del trabajo previo
Que él trabajara en Clarín ayudó en algunos casos, porque sus textos estaban a mano y podían comprobar cómo escribía. De hecho, el proyecto nació como una serie de notas para el diario. "Entonces, cuando ven el material que vas haciendo, cada vez van confiando más". Con el tiempo, además, acumuló conocimiento de territorios y personas, tras haber investigado a colombianos, pandilleros y distintas organizaciones. Eso también pesa al momento de preguntarse "¿a quién le estoy contando?".

Pero lo fundamental, insiste, es conocer ese mundo. A menudo le sucede que lo citan para entrevistas y descubre que su interlocutor ni siquiera leyó la contratapa del libro. Entonces siente que está perdiendo el tiempo. Con sus fuentes, dice, pasa lo mismo. Cuando perciben que quien está delante no entiende la jerga, no conoce la lógica interna o no se interesa de verdad, se cierran. En cambio, cuando sostienen una charla donde pueden intercambiar experiencias —"más que entrevistas son charlas"—, todo fluye distinto. Si alguien le cuenta una situación y él responde: "Ah, sí, una vez estando en Bogotá, uno me contó esto", el otro nota que está hablando con alguien que lleva años escuchando historias similares.

Trabajo cara a cara y pasión
Hacer ese trabajo cara a cara es su día a día. Por eso, aunque en el mundo de los medios pesa tener un cargo o una firma conocida, en ese submundo eso se desarma enseguida. "Con ellos no. Con este tipo de fuentes no. Lo que pesa es esto de: 'che, otra vez estás acá, qué bueno'. Y eso, la pasión. Ellos valoran eso". La chapa de Clarín se cae, dice, cuando ven la primera nota.

Economía interna de las bandas y límites de publicación
A lo largo del libro, Gallotta reconstruyó también la economía interna de las bandas. Y admite que hubo cosas que no pudo publicar. "Tal vez el presente de alguna banda, o algunos acuerdos que tienen, no se pueden publicar", reconoce. También hay relatos donde los entrevistados ponen límites explícitos: "Yo te cuento las cosas que hago solo, pero no te puedo contar lo que hice con tal persona, porque lo incluye a él". Esas restricciones son habituales.
¿Dónde otros solo ven un sumario, toneladas de coca o un crimen, Nahuel encuentra, además, personajes, y demuestra que no has comprendido nada de la historia si no has entrado hasta el alma de sus protagonistas. Nahuel pone su mirada a la altura de los ojos de su fuente, no más arriba, no más abajo; no sale de la cama para ir a repetir a un sentenciado. Consigue lo que nadie más, que los criminales se cuenten por completo: cómo roban, cómo trafican, cómo celebran o huyen, cómo se corrompen, qué errores no saben dejar de cometer, a quién amaron, qué ambicionan o cómo se llevan con su mamá. Escribe sin azúcar, sin disculpa, sin reproches. Nahuel es un periodista que no da un paso sin sentir pasión. Todo empieza en su mirada. Es una lección sobre cómo alguien tiene que arrojarse al mundo para poder regresar y contarlo después.
Javier Gómez Santander, guionista de La casa de papel
Fútbol y narración de escenas
En el libro, el fútbol ocupa un espacio destacado. El periodista que lo entrevista señala que Gallotta habla mucho de Central y no tanto de Newell's. Para explicarle mejor la lógica del relato, prometió pasarle el libro apenas lo terminara. Entre las historias vinculadas al fútbol, hay una que llama la atención: la de alguien que va a la platea con un Rolex.

Gallotta admite que la escena lo fascinó. "En principio, yo soy futbolero", dice. Además de reconstruir hechos, le gusta contar lo que le va pasando durante el proceso, describir escenas. Lo hizo en sus libros anteriores y quiso mantenerlo aquí. El fútbol era inevitable: "El fútbol es todo acá". Cualquier futbolero, asegura, sueña con estar en un Central–Newell's. Él venía escuchando a una fuente que estaba vinculada al conflicto de la facción sur de la hinchada de Central, y sintió que el comienzo del libro debía ser esa escena. Le propuso a ese muchacho ir juntos a la cancha. Él aceptó.

Y entonces ocurrió lo inesperado: apareció con un Rolex. Gallotta, que es fanático de los relojes, lo había visto otras veces con distintos modelos y solía pedírselos prestados para probárselos. No es un objeto al que uno acceda cualquier día. Ese detalle le pareció cinematográfico y perfecto para abrir la historia. Un guiño a los amantes de la relojería —tema sobre el que ya había trabajado, investigando el robo de relojes de alta gama— y, sobre todo, el tipo de inicio que él busca: "Los comienzos para mí tienen que ser escenas". Esa, en particular, era una escena vivida en carne propia, no solo reconstruida a partir de un relato. Por eso la eligió.

Investigación en otros territorios
En sus recorridos por el país y la región, Gallotta fue descubriendo que tanto paraguayos como bolivianos suelen evitar Rosario. La explicación, cuenta, es simple y contundente. "La antagónica a la que son ellos", dice. Ellos se conciben como comerciantes. En Villa Celina, en La Matanza —"la mini Bolivia", como la llama—, donde hoy está uno de los centros neurálgicos del narcotráfico, muchos traficantes venden ropa, tienen talleres textiles o puestos en ferias.

Uno de los rosarinos que aparece en su libro le contó que no podía creer la escena: un hombre que vende remeras en un puesto, de repente saca de la mochila un par de kilos de cocaína. Esa naturalidad de comerciante de feria lo desconcertaba. Estaba acostumbrado a proveedores "llenos de oro", completamente opuestos al perfil silencioso de Celina. Esa modalidad, aclara Gallotta, se repite también en Buenos Aires, Córdoba y Tucumán. Pero la diferencia esencial —y la razón por la que evitan Rosario— es la violencia. "Eso es lo que hace que ellos eviten desde hace años Rosario", afirma.

Para escribir el libro viajó por múltiples territorios y cruzó fronteras junto a sus fuentes. Lo recuerda como una experiencia "espectacular". Defiende su gusto por incluir relatos que pongan al lector a su lado, viendo lo mismo que él ve y siguiendo el día a día de sus protagonistas. Ciudad del Este, dice, es una ciudad que lo "vuelve loco". Cree que cualquier periodista de policiales debería conocer esos lugares donde "se respira todo", donde nacen los negocios, donde están los puntos neurálgicos del tráfico.

Por eso sintió que debía ir también a Bolivia y cruzar por las chalanas que dejan entrar al país sin ningún registro. Quería describirlo, sentir la adrenalina que mencionan sus fuentes y observar los controles de cerca. En esos cruces, recuerda, Gendarmería lo interrogaba: "Caballero, ¿de dónde viene? ¿Hacia dónde va? ¿A qué se dedica?" Esa tensión le permitió ver en vivo lo que viven los transportistas: si no dudás y no llamás la atención, seguís. Si bajás la mirada o titubeás, te dicen "tirate al costado" y aparece el escáner. "Ahí perdiste".

Para él era necesario vivirlo en carne propia. Son las cosas que, sostiene, uno recuerda para siempre: dónde estuvo y qué vivió.

Gallotta también aborda los límites del trabajo periodístico en territorio.

Experiencias que no están en los expedientes
Ese tipo de experiencias, insiste, no están en los expedientes. "El expediente es muy limitado", explica. Las fiscalías buscan solo lo que sirve para condenar a un imputado. "Yo les preguntaba por la pureza de la cocaína secuestrada y me decían: 'A mí mientras me dé azul, si es 3% o 90% me da igual, yo los imputo de drogas y listo'". Esa perspectiva judicial deja afuera un universo de detalles que a él sí le interesan. "Leo los expedientes, pero eso no es lo central de mi trabajo", aclara. Para él, cada periodista debe elegir su camino: "Para mí hay que ir por otros lados".

Entre esos "otros lados" aparece el fenómeno de los chicos de 13 a 16 años armados, sin estructuras, al frente de búnkers. Sobre eso también encontró respuestas. "En Buenos Aires y en Córdoba los chicos de esa edad quieren ser ladrones", explica. Rosario es la excepción. "Acá es la única plaza donde los pibes quieren ser —no digo narcos— pero sí tirar para los narcos, porque el estatus, el respeto, te lo da eso". En el país, afirma, Buenos Aires sigue siendo "tierra de ladrones", y esa cultura se replica en las cárceles. En federales, sostiene, los ladrones "dinosaurios" condenados a perpetua les hacen la vida imposible a integrantes de los Monos detenidos allí, por la disputa histórica del ladrón contra el narco. Por eso, dice, Rosario es atípico. Lo buscó y lo publicó intentando entender esa singularidad.

La ciudad, además, tiene otro rasgo particular: la irrupción permanente de la policía como actor económico del narcotráfico. "La policía es corrupta en todas las provincias —admite—, pero acá lo que me sorprende es que muchas veces son tus proveedores, ellos son los que te venden la droga". No se trata de un robo ocasional de kilos para revender; es un suministro sostenido. "Eso no lo vi en ningún lado". En Buenos Aires, señala, la corrupción suele implicar cobrar para hacer la vista gorda. "Jamás te va a vender kilos. O alguna vez, ponele, pero no es tu proveedor". En Rosario, sí. Ese circuito alimenta la traición como componente permanente del paisaje. Lo escucha una y otra vez en sus fuentes: "me soltó la mano".

La dinámica es la misma: un policía promete que toda una comisaría está arreglada, o que pertenece a una fuerza federal y garantiza cobertura en Gendarmería o Prefectura. El narco paga. Pero a veces el policía solo pide "una moneda" para sí mismo. "Hay gente que se creía intocable porque estaba pagando y de un día para el otro le patearon la puerta", cuenta. Muchos hoy están presos y dicen: "Che, ¿pero qué pasó? Si yo pagaba y me aseguraban que era invisible". Traiciones. Y también necesidades del sistema: cuando la ciudad está caliente, hay que demostrar resultados. "Constantemente tienen que haber detenidos, allanamientos, mostrarlo". En ese contexto, quien ayer era aliado puede ser enemigo mañana.

Gallotta también habla de sus propios límites como cronista en territorio. Cada periodista, dice, sabe hasta dónde puede llegar. Cuando percibe que le están contando algo que no quiere —o no debe— saber, se frena. "A veces te cuentan cosas al pasar y digo: 'No me lo digas, no lo quiero saber'. Porque si lo saben vos y tu compañero, el día de mañana eso se filtra y voy a estar entre los observados de que 'vos lo sabías'". No quiere conocer domicilios ni lugares íntimos aunque lo inviten. Evita cruzar barreras que lo comprometan.

También existe un límite ético que repite como mantra: no comerse el personaje. No creerse parte del mundo que describe. "Por entrevistar a ellos no soy un criminal más ni un amigo del crimen", afirma. No sale de noche con sus fuentes, no comparte escenas que puedan confundir los roles. Con algunos desarrolló confianza después de años de charlas, conoció detalles de sus vidas, sus mujeres, sus hijos. "Les tomás un aprecio", admite. Pero eso no convierte la relación en amistad. Conoce ejemplos cercanos de colegas que sí se metieron demasiado. Habla del caso de uno que, por entrevistar a estos grupos, terminó entrando en el consumo y desarrolló múltiples problemas. "Eso es comerse el personaje", dice. Él nunca consumió y no piensa empezar: "Sería un nenazo, como se dice ahora". Quizás lo define de la forma más clara posible: "No comerte el personaje. Yo soy un periodista ahí".

Hace ocho años que Nahuel Gallotta viene a Rosario, y en ese tiempo ha recorrido sus calles, sus barrios y sus historias, enfocándose en la violencia, el crimen y el narcotráfico que atraviesan la ciudad. Al hacer un balance de lo que ha descubierto, Gallotta confiesa que lo que más lo sorprendió es que Rosario es la única ciudad donde todo el que vende droga tiene que pagar para poder hacerlo, y no a la policía. "Eso es lo que me sorprende por sobre todas las cosas", dice. Además, sostiene que aquí el estatus lo tiene el narco y no el ladrón. Esa constatación fue la que lo llevó a escribir sobre Rosario. Para él, se trata de algo que los expedientes judiciales apenas registran y, por eso, es difícil que se conozca: "La industria de la protección, eso es propio solo de Rosario, de estos barrios, y está instalado acá y en ningún otro lado más".

Gallotta también aborda la implicancia de la policía y del poder político en esta trama. Señala que siempre hay nexos, reuniones y contactos con el poder político, aunque no siempre se puedan comprobar judicialmente. "El poder político siempre es nombrado en las entrevistas. Siempre hay reuniones, siempre hay nexos con el poder político. Bueno, hay cosas que no están comprobadas judicialmente, pero sí que se habla en los cafés y tiene lógica cuando ves que los homicidios bajaron notoriamente y el mensaje oficial es que la causa de esa baja es mayor presencia policial: que en lugar de 30 patrulleros hay 60 y mayor control en las unidades penitenciarias. No sé, a mí como periodista me da por preguntar ¿de verdad es solo eso?. En los cafés se dice otra cosa: que hay acuerdos, que hay pactos. Me consta de una investigación, de una declaración; de hecho, en el libro está, pero no hay mucho más que eso".

Explica que esos acuerdos suelen tener objetivos concretos, como bajar la violencia en las calles: "Existe un grupo que viene y te plantea esto: de hecho, necesitan que bajen las armas, que no haya tiros. Entonces sí, el poder político siempre está. Y yo creo que no solo en Rosario, a nivel nacional siempre hay. Siempre se habla de que, para hacer el negocio más grande de este mundo del narcotráfico, que es la exportación vía buques hacia Europa, siempre se dice que tenés que tener los contactos en el puerto, y que son contactos políticos. Ahí no llega el comisario gordo que te pide una moneda por el búnker. Es como que el negocio de abajo es de los policías y el negocio de arriba es del poder político. O sea, vos tenés que tener contacto con ellos si querés que te salga bien. No porque vos quieras perder cargamentos y regalar, acá llega un punto en el que hay demasiado dinero en juego y nadie lo quiere arriesgar. Nadie va a hacer una inversión de un millón de dólares si no es seguro que va a salir bien, entonces vos tenés que buscar esos contactos que te aseguren que la mercadería va a llegar o que va a bajar en destino y que vos la vas a poder vender".

Mapa de la violencia, un trabajo que pudo molestar al poder
En la charla se le recordó a Sergio Naymark el trabajo que hicieron con el mapa de la violencia, un proyecto que ya no está disponible de manera completa. "La investigación se desarrolló entre 2017 y 2018, durante años de picos de homicidios en la ciudad, y buscaba reflejar la realidad no solo a partir de los números oficiales, sino también de los no oficiales", señaló el colega y sumó: "Eso es otro tema: no son los mismos números los que te ofrecían en aquel momento de parte del Ministerio de Seguridad en cuanto a la cantidad de muertos. Vos te enterabas saliendo a la calle que había más muertos que los que esos números decían. Metiendo esos dos, ese combo de números en un bolillero y los nombres de las personas y los barrios, y tratando de hurgar en los motivos que llevaron a esos homicidios, se trató de armar este mapa lo más fielmente posible. Fue un trabajo en el que participaron todos los compañeros de la sección: nadie quedó excluido. Algunos trabajaban con los números, otros con infografías, otros con trabajo territorial, entrevistas, redacción de texto. Bueno, fue un trabajo grupal y, qué bueno que afortunadamente tuvo su rédito, al menos tener un diplomita, una mención en tu casa diciendo: 'Che, para esto que hicimos, para algo valió'. Y si no está más, bueno".

Naymark también reflexiona sobre la relación entre el periodismo, el poder político y el narcotráfico, señalando que la censura o el control editorial a veces hacen desaparecer trabajos que podrían resultar incómodos. "Recién terminabas de hablar vos conmigo de cómo incide o qué relación puede haber entre el campo narco y el campo político, y en el periodismo pasa lo mismo. Vio, usted sabe de eso: a veces hay cuestiones…", dice Naymark.

El periodista aclara que actualmente se denomina control editorial. "Control editorial es la palabra que se usa ahora. Bueno, hay algunas cuestiones de control editorial que hacen que esos trabajos desaparezcan, cuando las personas que hacen ese control editorial, en el momento en el cual aquel trabajo se hizo, ocupaban otro rol. Entonces son trabajos que pueden molestar", señala el cronista que pasó por la redacción de La Capital, decano de la prensa argentina.

Al escuchar a Gallotta hablar de su producción en Rosario durante estos años, uno siente una mezcla de admiración y cierta envidia. "A veces decís: che, tuvo que venir un tipo de Buenos Aires para explicarnos cómo se hace esto. Después, cuando pensás en frío, decís: no, en realidad no te está enseñando. Nosotros lo hacíamos, no con la profundidad, eso seguro, con la profundidad que le hizo Nahuel, pero uno tenía acceso quizás a las mismas fuentes o a las mismas relaciones y no lo hiciste. Y no lo hacíamos, creo, en gran parte por culpa de uno".

Recuerda Naymark la presentación de un libro y la reacción de Lorena Verdún, que le hizo percibir que había algo que podía investigar: "Vino a la presentación de un libro, ve a Lorena Verdún reaccionar de determinada manera y, a partir de esa reacción, dice: 'Che, tiene razón esta mína, ¿no? A ver, le voy a ir a preguntar por qué'. Y a partir de esa relación, empezar a construir una historia. Yo tuve oportunidades varias veces de hablar con Lorena y, sin embargo, y estuve en la presentación del libro y, sin embargo, a mí como periodista no, no tuve esa cuestión de olfato, decirle: 'Che, claro, tendría que haber ido a preguntarle'. Bueno, esas son las cosas que diferencian, por ahí, el quehacer cotidiano, la sapiencia o el conocimiento de cada uno de nosotros".

Naymark también describe las dificultades que enfrentó al intentar publicar entrevistas con personas ligadas al narcotráfico: "Si yo voy al diario La Capital y le ofrezco una entrevista con Lorena Verdún o con Monchi Cantero o con XX, ¿me la van a publicar? Y lo más probable que no. Yo tuve serios inconvenientes las veces que he podido entrevistar a gente ligada al mundo del hampa, no solo del narcotráfico: llegar a la redacción y chocarte con secretarios o con jefes de redacción que te decían: 'No, no, esto no va. ¿A quién le interesa lo que dice Julio Rodríguez Grantón, el peruano? No, ya está, aparte ya lo publicamos, ya dijimos quién es, qué hace, qué condena tiene. Bueno, pero acá habla él, no habla el expediente'. Que es un poco lo que cuenta Nahuel a partir de su experiencia. Te rebotaban las notas, entonces te la rebotan una, te la rebotan dos, te la rebotan tres a la cuerda. Vos decís: 'No la hago, ¿para qué?'".

Finalmente, Nahuel Gallotta invita a seguir descubriendo la historia no oficial del narcotráfico en Rosario. Su libro se consigue a través de la tienda de Orsai y en Homo Sapiens, Sarmiento 839. A través de ocho años de investigación, Gallotta construyó un relato que revela los hilos invisibles del poder, la violencia y el crimen en Rosario, un mapa que no aparece en las estadísticas oficiales pero que palpita con intensidad en los barrios, las calles y las historias de la ciudad.

Escuchá la entrevista completa:

domingo, 23 de noviembre de 2025

Llegar ya es político: voces, ausencias y resistencias del Encuentro Plurinacional en Corrientes

En la orilla del Río Paraná, miles de mujeres y diversidades vuelven a encontrarse para pensar juntas un país hirviendo: sin políticas, sin tiempo, sin plata, pero con una resistencia que insiste incluso cuando duele. El 38° Encuentro Plurinacional expone un país que late entre la precarización, el avance narco, la ausencia estatal y la fuerza de quienes llegan aunque no pueden. Una crónica de lo que se escucha mientras el territorio habla, con el valioso aporte de Claudia Acuña desde el lugar, en diálogo con Señales
La primera impresión de Corrientes es el calor. Un calor que no discute, que no se retira, que cae como una mano que aprieta la piel y la memoria. Apenas se baja del micro, Claudia Acuña lo reconoce en voz baja, como si hablara con el río: "Un hermoso día acá en Corrientes". Lo dice sin ironía. Lo dice con esa mezcla de lucidez y ternura que tienen quienes saben que la belleza nunca está separada del conflicto.

El Paraná avanza al costado de la ciudad con un movimiento que parece respiración. Un río marrón, espeso, que no fluye sino que pesa. Un río que guarda historias en su lecho, rutas invisibles, trayectorias de barcazas y mercancías. Lo mira de reojo mientras va camino hacia el lugar donde el 38° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersex y No Binaries está por comenzar.

Un dato cae como piedra: la hidrovía es hoy una de las venas abiertas más importantes del país.

"Agua que vale más que el oro", dirá después. Y cuando lo dice, el río parece asentir. Porque el Paraná es eso: un corredor estratégico, una frontera líquida, una autopista silenciosa por donde corren soja, alimentos, minerales… y droga. Mucha droga. Más de la que los discursos oficiales están dispuestos a admitir.

Ahí, donde el agua toca la costa correntina, comienza a insinuarse la primera coordenada del Encuentro: la disputa por el territorio, y dentro de esa disputa, la economía narco como fuerza estructurante. A nadie le sorprende, pero pocos lo dicen en voz alta. Claudia sí: "La hidrovía es una autopista para que baje merca a los puertos. Hay que tener cuidado con eso."

Cuidado con eso. Son palabras que alcanzan para tensar el aire.
 
Llegar ya es político
El Encuentro empieza antes del Encuentro. Empieza en los viajes, en los bolsos preparados con urgencia, en los pasajes comprados con rifas y changas. Empieza donde siempre empieza lo popular: en la organización invisible de lo cotidiano.

Claudia lo resume con una frase que es crónica y es diagnóstico: "Llegar ya es un éxito."

Y tiene razón.

Ella sostiene que todo ocurre en un momento áspero: llegar hasta acá cuesta dinero, falta tiempo y el año nos tiene agotadas. Aun así, casi setenta mil mujeres hacen el esfuerzo de venir para pensarse juntas. Esa necesidad —dice— es la que mueve y empuja, incluso cuando todo parece en contra.

En un país donde los salarios se desarman con el sol y donde el ajuste cae con especial saña sobre cuerpos feminizados, llegar a Corrientes es vencer algo más grande que la distancia. Es vencer la precarización, la falta de tiempo, el cansancio acumulado de sostener vidas enteras sin descanso.

Hay mujeres que viajaron veinte horas, mujeres que caminaron tramos de ruta, mujeres que dejaron notas pegadas en la heladera para avisar por dónde andarán. Mujeres que llegaron con sus hijes porque no había otra opción. Mujeres que gastaron lo que no tenían. Mujeres que no durmieron para poder estar. Mujeres que repiten una verdad antigua: lo que no se hace entre todas, no se hace.

Así entra el Encuentro en la ciudad: como un organismo vivo, respirando a través de miles de cuerpos que avanzan entre calles coloniales, casas bajas, sombras de lapachos.

Claudia dice: "La necesidad es lo que mueve."

Y lo que mueve este año duele: la falta de plata, la falta de tiempo, el dolor acumulado, la soledad institucional, la violencia que se expande, el narco que avanza y el Estado que retrocede.
La gran oreja
Antes de que arranquen los talleres, ya hay algo que se escucha.

En la costanera, bajo un árbol que apenas da sombra, una mujer del interior de Córdoba comenta: "Hace dos meses que no cobro". Otra, de Misiones, le responde: "Nosotras tampoco. Pero vine igual. No sabemos cómo, pero vine".

Eso es el Encuentro: un territorio donde las frases sueltas se vuelven diagnóstico colectivo.

Claudia lo define con una imagen que se queda suspendida en el aire: "El Encuentro es una gran oreja."

Una oreja enorme, plural, caótica, que escucha lo que afuera no se escucha:
las historias que no salen en los medios,
las violencias que no entran en las estadísticas oficiales,
las precariedades que no aparecen en los discursos políticos.

Una oreja que convierte lo biográfico en sistémico. Que permite ver que lo que te pasa a vos le pasa a otra, y que esa repetición no es casual: es estructura.
 
La ausencia que duele
Entre las miles que llegaron, también hay ausencias. Y esas ausencias son, en sí mismas, una denuncia.

Claudia lo explica sin metáforas: "No pudieron venir las organizaciones más atravesadas por las violencias: las de los barrios populares."

¿Por qué?
Porque no pueden parar.

Porque los cuatro días feriados son —para ellas— cuatro días sin escuelas que alimenten, sin comedores abiertos, sin asistencia estatal. Son cuatro días donde deben sostener la valla comunitaria: cocinar, cuidar, contener, vigilar.

Claudia lo dice así: "Trabajan 24 horas, los siete días de la semana, para sostener lo que ya no sostiene el Estado".

Y en esa frase está el país entero.

Las mujeres que sostienen la vida comunitaria no pudieron venir porque sostienen demasiado.
Derechos laborales: la crisis que nadie nombra
Entre los primeros intercambios aparece uno de los ejes centrales del año: la precarización laboral.

Claudia lo formula con la claridad de un titular que nadie se anima a publicar: "Tenemos un 60% de trabajo precario. ¿Cómo representás lo que no está representado? Ni los gremios pueden hablar en nombre del trabajador 100%, sino del 40% ponele."
 
Agrega Claudia que, en ese punto, se abre un desfasaje inevitable: una herramienta ya chueca, gastada antes de tiempo, con la que igual nos obligan a enfrentar el tsunami que se anuncia. Y ahí —dice— nace la verdadera preocupación: ¿cómo representar aquello que no encuentra espacio en las instituciones?, ¿cómo hacer visibles esas inquietudes que el sistema prefiere dejar fuera del cuadro?

Esa cifra, ese desfasaje, es una herida abierta.
La crisis de representación no es concepto abstracto: es la imposibilidad de defender derechos cuando la mayoría trabaja fuera de marcos formales.

Y es, también, un peligro político. Un país donde la representación se quiebra es un país donde los sectores más vulnerables quedan sin voz y, por lo tanto, a merced del poder económico y de las redes ilícitas que ocupan los vacíos.

Las mujeres lo saben.
Lo viven.
Lo nombran.

El "pequeño Hitler" en los bolsillos
En los talleres educativos y de comunicación aparece algo que parecía un desvío pero se vuelve eje: la adicción al celular.

Claudia lo resume con una frase quirúrgica: "El pequeño Hitler: el celular, educador de intolerancia."

Las docentes asienten.
Lo ven en las aulas:
la falta de concentración,
la irritabilidad,
la reacción violenta ante el desacuerdo,
la dificultad de sostener una conversación cara a cara.

Las redes —dicen— son el territorio donde se instalan nuevas formas de autoritarismo emocional. Donde se aprende a no tolerar al otro. Donde la polarización se vuelve forma de vínculo.

Y el Encuentro, con su insistencia en el cuerpo presente, en la escucha larga, aparece como una resistencia silenciosa a la lógica digital del odio.
Violencias: el Estado vaciado
Una pregunta aparece una y otra vez:
¿qué hacemos?

No hay programas de violencia.
No hay políticas públicas.
No hay contención estatal.

Lo dicen todas.
Lo vive cada una.

Claudia lo pone así: "Estamos solas. No hay programa de violencia. Y el Poder Judicial responde a la clase política: si dicen 'no hay femicidio', desaparece la carátula."

El peligro es estructural: cuando el Estado niega la categoría, niega la violencia. Cuando el Poder Judicial se acomoda al discurso, desaparece la justicia.

Y entonces la única fuerza capaz de presionar es la calle.
La organización.
El movimiento.

Observatorio Lucía Pérez: mirar lo que nadie mira
El Observatorio Lucía Pérez, coordinado por el colectivo en el que participa Claudia, registra día por día los femicidios, las tentativas, los huérfanos, las marchas.
 
Corrige y cuenta la cifra: 235 femicidios y travesticidios en 2025
235 historias que no ocupan tapas.

Las cifras no alcanzan para narrar el impacto.
Claudia lo explica así: "La violencia no la sufre solo ese cuerpo: afecta a la familia, a las vecinas, al colegio, al barrio entero."

El tejido social se estremece con cada muerte.
Pero el Estado no.
 
Narcofemicidios y la economía que avanza
Los nombres de Brenda, Lara y Morena circulan con un brillo oscuro.
Claudia los menciona para explicar algo que el país no está dispuesto a ver:
la economía narco se ha vuelto una fuerza ordenadora de territorios enteros.

"Somos la primera barrera", dice sobre las mujeres que sostienen comedores y espacios comunitarios.
La primera barrera contra la plata fácil, contra la ocupación del territorio, contra el reclutamiento.

Y por eso —dice— son objetivo.
Porque si las mujeres caen, cae la única defensa que los barrios tienen frente al narco.
"La plata sucia" y el país como imán
Otra frase de Claudia queda tatuada: "Somos un polo de atracción de plata sucia."

Y avanza:
—Que el carry trade es lavado;
—Que los Estados, urgidos de dólares, aceptan sin preguntar;
—Que esa plata condiciona política y justicia;
—Que los algoritmos también reproducen esa lógica de lavado: de dinero y de sentidos.

"Lo que llamamos algoritmo también es sospechoso de lavado epistémico", lanza.
Una frase que podría ser el título de un libro.
O de un duelo entre cultura popular y poder financiero.

Medios: lo que no se discute
Claudia lo dice con la tranquilidad de quien ya no espera nada: "Esto no se discute en los medios."
Ni en televisión, ni en grandes diarios, ni siquiera en redes.

Las redes, dice, están gobernadas por algoritmos que trabajan para ese sistema.
Por eso lo que se dice en el Encuentro no circula afuera.
Porque no conviene.
Porque no rota.
Porque no "funciona".

Lo que queda entonces es esto:
el cara a cara,
las palabras largas,
la escucha,
la incomodidad,
la organización.

El lema y la jerga
El lema oficial habla de trata y memoria.
Claudia lo relativiza: "El lema real es cómo reaccionamos."

¿Y la discusión sobre ONGs?
Aparece también: "La jerga de las ONGs no alcanza. Acá importa lo que pasa abajo. No hay forma correcta o incorrecta de nombrar la necesidad."

Es política desde abajo.
Desde el cansancio.
Desde el territorio.
Desde el abrazo.

La resistencia
Cerca de la apertura oficial, la señal se corta.
Claudia avanza hacia el anfiteatro.
Antes de desaparecer entre el murmullo, deja la frase que resume todo: "Somos la resistencia."

Lo dice sin épica.
Sin solemnidad.
Como quien constata un hecho.

La resistencia es cotidiana, cansada, real.
La resistencia es llegar.
Es nombrar.
Es sostener lo que el Estado dejó caer.
Es enfrentar al narco, a la precarización, al silencio mediático, a los algoritmos, al mercado que quiere convertir cuerpos en mercancía.

La resistencia es esta multitud que llegó aunque no pudo, que escucha aunque está agotada, que piensa aunque duele.

La resistencia es esta: un país entero buscando como reaccionar.

Y quizá —solo quizá— sea desde acá, desde estas miles de voces que laten juntas en un rincón caluroso del noreste, donde empiece la respuesta que falta.

Escuchá la entrevista completa:

Sobre Claudia Acuña
Es periodista, editora y docente. Fue la primera mujer en ganar el Premio Rey de España y la única periodista argentina en recibir la beca Guggenheim. Dirigió Cultura y Espectáculos de PáginaI12, la revista Viva y TresPuntos. En 2001 fundó la cooperativa lavaca, que edita la revista MU. Es también impulsora de la Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina AReCIA y del colectivo Periodistas Argentinas, dedicado a erradicar la violencia machista en el oficio.

Documento de apertura
Desde Corrientes, tierra guaraní, Yvy Maraey, la tierra sin mal:
¡Bienvenidas y Bienvenides al 38º Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries! ¡Bienvenidas y Bienvenides a Corrientes!
Iniciamos un 38° Encuentro y las recibimos en nuestra tierra de carnavales, del chamamé, el sapucai, los esteros del Iberá; cuna de muchos héroes de Malvinas y del Libertador San Martín, hijo biológico de la guaraní Rosa Guarú, y de miles de mujeres que han sostenido la lucha por la dignidad en el año 99 y de aquellas que durante décadas han luchado por memoria, verdad y justicia.

Desde esta Comisión Organizadora estamos orgullosas de recibirlas por segunda vez desde aquel 1994, en el noveno Encuentro Nacional de Mujeres. Este encuentro será una demostración contundente de la potencia que tenemos cuando nos unimos, nos reconocemos y volvemos a encontrarnos.

Queremos hablar de Loan, este dolor que trajo el encuentro a nuestra provincia: un niño de tan solo cinco años, que fue raptado y desaparecido en 2024. En este caso, como en tantos otros, la corrupción y la negligencia de los poderes políticos, policiales y judiciales manchan sus manos. El Estado es responsable. Este doloroso hecho nos conmueve; lo seguimos esperando y reclamando su aparición. Porque Loan es solo una muestra de la realidad de lo que pasa en nuestro país: Loan nos duele, y dejó al descubierto la desprotección que sufren les niñes y adolescentes en nuestra provincia.

Se cumplen casi dos años del gobierno fascista de Javier Milei y en este corto período tenemos que lamentar: el cierre del Ministerio de las Mujeres y Diversidades; el congelamiento y bajas del Programa Acompañar; comedores y merenderos desfinanciados, sin alimentos y que resuelven día a día solo con la solidaridad del pueblo; el desmantelamiento de la línea 144; expresiones de odio institucionalizadas y constantes que incentivan la misoginia, el lesbo y transodio y que han dado lugar a más ataques a la comunidad LGBTIQ+. Hacemos responsable directo al presidente por estos hechos de violencia que ponen en riesgo la integridad y la vida de las diversidades.

También denunciamos la complicidad de la oposición política que, con su silencio o colaboración activa, permite que estas políticas precarizadoras avancen sin freno, profundizando el sufrimiento de las trabajadoras, las familias y nuestros barrios.

Esto se da en el contexto de un gobierno nacional que busca quitar la figura del femicidio del Código Penal, lo que permitirá a los femicidas gozar de penas más leves y recuperar la libertad mucho antes. También la derecha busca aprobar leyes mordaza que favorecen a pedófilos y violadores y silencian a las madres protectoras y a las víctimas de violencias y abusos sexuales.

Los femicidios y transfemicidios son una realidad que se repite sin que las autoridades ni la justicia lleguen a tiempo para prevenirlos. En lo que va del 2025 se registraron 210 víctimas de violencia machista extrema, de las cuales 191 son femicidios de mujeres y niñas, 1 lesbicidio, 2 transfemicidios y 16 femicidios vinculados de varones. Además, hubo seis suicidios asociados a violencia de género y 10 en contextos de narcotráfico.
En Argentina, en este 2025, se registra un femicidio cada 28 horas.
Cada una de esas muertes es responsabilidad de un Estado que desmantela políticas, recorta presupuestos y sostiene impunidades.

Exigimos Emergencia Nacional en Violencia Sexual y Doméstica.
Que no nos falte ninguna.
Ni Una Menos. Vivas y Libres nos queremos.
Exigimos el cumplimiento de la Ley de Identidad de Género (26.743) y de la Ley de Cupo Laboral "Diana Sacayán-Lohana Berkins" (27.636). Es urgente la aprobación de una Ley de Reparación Histórica para nuestras adultas y adultes travesti–trans, quienes hoy viven y mueren en pobreza extrema. La esperanza de vida travesti-trans es de 35 a 40 años. También urge garantizar un acceso real e integral a la salud con perspectiva de género y no discriminatoria.

Los despidos masivos, suspensiones y reducciones salariales se multiplicaron en sectores claves y ya superan las 200 mil personas trabajadoras, de las cuales 99.612 provienen del desmantelamiento de programas de salud, ciencia y tecnología. Exigimos la continuidad de la moratoria previsional y que se mantenga el derecho de las amas de casa a jubilarse.

La marcha de jubilados y jubiladas de todos los miércoles —apoyada por otros sectores— es sistemáticamente reprimida por la policía federal. Este gobierno es el más violento de la historia argentina luego de la dictadura militar y muestra que pretende eliminar la protesta social.

También señalamos que la violencia en ámbitos laborales contra nosotras y nosotres se ha intensificado. Luchamos para erradicar estas violencias y para que se deje de sostener a funcionarios violentos. Exigimos el cumplimiento del Convenio 190 de la OIT.

Enfrentamos una política intencional de hambre y desempleo, de ausencia de oportunidades, sostenida por discursos de individualismo y "sálvese quien pueda". Milei avanza con un plan de destrucción del país, que incluye la privatización de empresas públicas y un ajuste feroz expresado en la Ley Bases y el RIGI.

Impulsa una política de aniquilación de grandes sectores de la población: descarga el ajuste contra personas jubiladas, retira subsidios a medicamentos —entre ellos oncológicos, VIH, lupus y enfermedades poco frecuentes— y vocifera odio contra los sectores populares y el movimiento feminista y transfeminista. Es una derecha reaccionaria que nos ha puesto en el lugar de enemigas.

Este gobierno pretende que retrocedamos en un derecho que conquistamos con lucha y que salvó vidas: el derecho al aborto legal. A 20 años de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito seguimos afirmando que en un mundo justo las niñas no son madres. El embarazo en la infancia es abuso sexual y garantizar la ILE es frenar las violencias contra las niñas obligadas a parir. Necesitamos que se garantice plenamente nuestro derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos.

Peleamos por la implementación plena y federal de la Ley de Educación Sexual Integral.

Las compañeras y compañeres con discapacidad están en una situación de extrema vulnerabilidad. Somos atacadas permanentemente con la quita de pensiones no contributivas, la falta de acceso al empleo digno, la ausencia de programas de formación y de esparcimiento. Este gobierno no escucha: avasalla y recorta. Exigimos la implementación urgente de la Ley de Emergencia en Discapacidad, conquistada en 2025.

Seguimos exigiendo reconocimiento para las trabajadoras de comedores y merenderos populares, que sostienen un plato de comida para quienes más lo necesitan, incluso en pandemia. También exigimos reconocimiento salarial para quienes acompañan a personas con consumo problemático y a quienes viven en situación de calle.

Se suman muertes vinculadas al abandono estatal en dispositivos de salud mental y adicciones.
Exigimos la Ley de Emergencia en Adicciones. No al cierre de las Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario, de las cuales más de 26 ya fueron eliminadas. Estas políticas salvaron miles de vidas. No hay derechos sin políticas de prevención y acompañamiento reales.

Nos manifestamos en defensa de la Universidad Pública y Gratuita, de la universidad del pueblo. Este 2025 conquistamos la Ley de Financiamiento Universitario y exigimos su cumplimiento.
¡Basta de desfinanciar ciencia, tecnología y cultura!
Este gobierno corrupto privilegia intereses empresariales e imperialistas que buscan llevarse nuestros recursos naturales. El RIGI los exime de impuestos y permite vulnerar nuestra soberanía, con flexibilidad laboral que habilita despidos sin causa, trabajo en negro sin sanciones, y acuerdos con el FMI por decreto. Todo traerá más hambre, saqueo y crueldad, golpeando primero a mujeres, disidencias, niñeces y adolescencias.

Reafirmamos que mujeres y diversidades somos parte de la defensa de la soberanía del Paraná, entregado desde los años 90 a empresas multinacionales como Jan de Nul. Denunciamos también la venta de nuestros ríos y nuestra agua a través del acuerdo de 12 provincias con la empresa estatal israelí Mekorot, denunciada por prácticas de apartheid hídrico. No podemos permitir que entreguen nuestros bienes comunes a un Estado que hoy comete genocidio contra el pueblo palestino.

Denunciamos la persecución a defensoras de la tierra: campesinas, ambientalistas, mujeres indígenas y militantes criminalizadas por enfrentarse al extractivismo y a los monocultivos que incendian nuestra provincia y nos dejan sin agua.

A esta derecha que beneficia al imperialismo y a las clases dominantes saqueadoras; a esta derecha que nos hambrea, nos violenta y oprime, le anteponemos este gran y contundente 38° Encuentro.

A esta derecha del odio de género, del odio popular, de la complicidad con genocidas de la dictadura, que ataca a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo; a esta derecha negacionista de Milei, Villarruel y Bullrich, le decimos: No olvidamos y No perdonamos.
Son 30.400 las personas desaparecidas y seguiremos siempre con las banderas de Memoria, Verdad y Justicia.

El gobierno provincial replica este modelo: gran número de trabajadores estatales tienen salarios por debajo de la línea de pobreza, los costos de vida aumentan, las boletas de servicios son impagables y muchas personas no tienen vivienda propia ni acceso a derechos elementales.

Corrientes es territorio fronterizo con Paraguay, Brasil y Uruguay, zona de riesgo para el tráfico de personas, donde mujeres y niñes son secuestrades y explotades con total impunidad y complicidad política.

Nos atraviesa además un conservadurismo feroz sostenido por una clase política en el poder hace 23 años. Los avances nacionales en derechos no se aplican. La Ley provincial de Emergencia en Violencia de Género nunca recibió financiamiento. Los refugios se han vuelto inaccesibles y revictimizantes.

Aun así, el movimiento transfeminista en Corrientes se organiza y ha logrado que violadores y abusadores sean juzgados. La justicia incorporó por primera vez la figura de femicidio en causas paradigmáticas como la de Eli Verón y la detención del concejal abusador Guillermo Córdoba. Pero aun con pruebas y sentencias, la justicia deja libres a los culpables:
— El ginecólogo Gerardo Dahse, con más de 20 víctimas, sigue libre.
— El periodista Federico Soto y el entrenador Aldo Breard, ambos condenados por abuso sexual, continúan libres.

El femicidio de la periodista Griselda Blanco, de Curuzú Cuatiá, se entrelaza con el caso Loan, ya que denunciaba al Comisario Maciel, implicado en su desaparición. Exigimos justicia por Griselda, cuyo caso fue tratado como homicidio y no como femicidio.

En 2023 hubo 10 femicidios y 1 travesticidio en la provincia; siguen impunes. Entre ellos, el transfemicidio de Patricia Natividad Ramírez, luchadora por el cupo laboral trans. Exigimos justicia por Patri Ramírez.

También seguimos reclamando justicia por el femicidio de Sandra Silguero, ocurrido hace diez años. Su femicida, Daniel Borlicher, sigue prófugo. Exigimos verdad y justicia.

Exigimos que los suicidios de mujeres y disidencias sean reconocidos como femicidios cuando son consecuencia directa de violencias machistas. Nombramos a Nadia Portillo, cuya muerte expone los extremos de la violencia patriarcal.
Vivimos en una provincia donde el 52,3% de la población está por debajo de la línea de pobreza, realidad que genera más violencia en los hogares y desmantela las herramientas conquistadas por el movimiento transfeminista.

La salud provincial está en crisis: personal precarizado, centralización en la capital, niñes obligados a trasladarse cientos de kilómetros al único hospital pediátrico, mujeres embarazadas o en búsqueda de IVE/ILE viajando en ambulancias y muchas veces perdiendo la vida en el trayecto.
La obra social IOSCOR deja sin cobertura efectiva a mujeres, niñas, adolescentes, personas con discapacidad y disidencias.

Además, el acceso a IVE/ILE se ve obstaculizado desde que la provincia se declaró "provida" en 2011. Reafirmamos el compromiso inclaudicable con el derecho a decidir sin injerencias estatales, partidarias o religiosas.

La ESI es inexistente y quienes la enseñan con perspectiva de género son perseguides.

Nombramos a mujeres criminalizadas tras eventos obstétricos. El caso más resonante es el de Ana, de Esquina, presa nueve meses por un aborto espontáneo, luego absuelta. En Argentina existen 1.532 causas por aborto y 37 causas por eventos obstétricos catalogados como "homicidio" o "abandono de persona" entre 2012 y 2020.

Los transfeminismos de Corrientes venimos organizándonos en encuentros provinciales. Hoy nuestras calles vuelven a ser una marea plurinacional. Tierras saqueadas, pero llenas de resistencia, vuelven a llenarse de voces por justicia, equidad y derechos.

En el interior provincial, las grandes empresas de monocultivos y estancias sostienen mano de obra esclava. Se han encontrado niñes esclavizados en carpas, sin documentos, sin poder salir de los campos.

La mayoría de los municipios sostienen salarios por debajo de la indigencia y programas de precarización.
¡Basta de salarios de pobreza en una provincia rica!

En Corrientes seguimos sufriendo incendios, pérdida de pastizales y montes. Las campesinas afrontan sequías, pobreza y pérdida de chacras. Los monocultivos de pino, eucalipto y arroz desvían el agua y dejan a los parajes sin recursos. Exigimos la Ley provincial de Medioambiente y Pueblos Originarios.

Recordamos a Cintia Alejandra Mendoza, directora rural fallecida en 2024 intentando apagar un incendio en Alem Cué, donde se quemaron 7.600 hectáreas.

Exigimos:
  • La inmediata restitución de políticas públicas con perspectiva de género.
  • Provisión de alimentos para comedores comunitarios y reconocimiento del trabajo de las compañeras que sostienen la vida en los barrios.
  • Reincorporación de todas las trabajadoras despedidas del Estado y regularización de contrataciones precarizadas.
  • Recomposición salarial acorde a la canasta familiar. Basta de salarios de hambre. Pase a planta permanente de trabajadores precarizades.
  • Justicia por los femicidios, travesticidios y transfemicidios impunes.
  • No a la quita de la figura de Femicidio del Código Penal.
  • Declaración de la Emergencia Nacional en Violencia contra las Mujeres.
  • Plena implementación de la Ley Micaela en todo el Estado y profundización de la ESI con perspectiva de género.
  • Enfoque urgente en salud mental y dispositivos accesibles.
  • Un Estado presente que garantice derechos y deje de ser cómplice del ajuste y la represión.
  • Cese de causas a quienes luchan por Tierra, Techo y Trabajo.
  • Libertad a Milagro Sala.
  • No a la proscripción de Cristina Fernández de Kirchner.
Repudiamos el genocidio en la Franja de Gaza.
¡Viva Palestina Libre!

A esta derecha que nos quiere silenciar le decimos:
¡Acá estamos! ¡Acá estamos, Milei!
Porque la opresión engendra rebelión, organización y lucha.

En estos Encuentros aprendimos a unirnos contra quienes nos someten y matan. Aprendimos a gritar:
¡Ni una menos! ¡Vivas, Libres y con Derechos nos queremos!

Recordamos a Araceli Méndez y Judit Casco, ex presas políticas fallecidas este año; y a la docente y luchadora Delfina "Yayita" Esquivel, integrante del primer Encuentro en Corrientes.

En estos Encuentros aprendimos a escucharnos, a respetar diferencias y a construir lo común. A practicar la verdadera democracia: la horizontal, sin jerarquías ni privilegios. Esa democracia nos hizo crecer y nos convirtió en un movimiento admirado en todo el mundo.

Compañeras y compañeres: hoy estamos acá también para abrazarnos. Esperamos este abrazo todo el año. Ese abrazo nos sostiene y nos da fuerza para seguir luchando.

Sabemos del enorme esfuerzo que han hecho para llegar a Corrientes. La Comisión Organizadora puso trabajo y corazón para recibirlas y construir juntas y juntes un maravilloso 38° Encuentro.

Agradecemos especialmente a la Comisión Organizadora del 37° Encuentro Plurinacional de Jujuy, que nos acompañó en todo momento.

Acá estamos las feministas y transfeministas: en las calles, en los barrios, en comedores, hospitales, escuelas y en cada espacio donde se resiste. Mientras el gobierno nos persigue y precariza, nosotres seguimos de pie porque nuestra lucha es por la vida, la dignidad y el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y existencias.

¡Ni un paso atrás!

Que este Encuentro nos abrace, nos despierte y nos organice. Que ninguna lucha sea en soledad. Que el dolor sea fuerza colectiva, la rabia organización y el amor por nuestras vidas y territorios nos encuentre siempre del mismo lado: el de la dignidad.

Gracias por estar acá, por viajar, por sostener, por creer, por hacer posible lo imposible.

Bienvenidas y Bienvenides a este 38° Encuentro Plurinacional:
la casa donde nunca estamos solas, y donde siempre, juntas y juntes, volvemos a ser invencibles.

¡El Encuentro somos todas y todes!

Fotos: Prensa Encuentro Plurinacional, La Revuelta, PCR

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