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viernes, 12 de diciembre de 2025

España: José Luis Manzano se posiciona como inversor clave en la nueva Televisión Digital Terrestre

Por: Arturo Criado
José Luis Manzano, exministro del Interior del gobierno argentino de Carlos Menem y propietario del Grupo América, se ha convertido en el nombre central detrás del proyecto de nueva televisión digital terrestre (TDT) en España que impulsan empresarios afines al Gobierno de Pedro Sánchez. Aunque todavía se desconoce si será el único inversor extranjero de la iniciativa, fuentes del sector aseguran a este diario que su figura está en el centro de la oferta presentada para obtener la licencia pública.

Un inversor extranjero para una candidatura alineada con el Gobierno
Manzano aparece asociado a un grupo de empresarios españoles encabezados por Andrés Varela Entrecanales, quienes se han presentado al concurso de TDT abierto por el Gobierno. Se trata de uno de los dos proyectos que compiten por la licencia: la alianza de Varela Entrecanales y socios vinculados al PSOE, y la propuesta de Mediaset.

El proyecto está rodeado de hermetismo, pero tres fuentes distintas confirman que el empresario argentino es el inversor internacional que acompaña al grupo español. Estas mismas fuentes lo describen como un "viejo conocido" del sector audiovisual español y lo vinculan estrechamente con el entorno del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

El Español intentó contactar a Manzano para confirmar su participación, pero no obtuvo respuesta.

Presencia creciente en Madrid y una trayectoria marcada por los medios
En las últimas semanas, Manzano ha sido visto con frecuencia en Madrid, donde su fondo Integra Capital cuenta con oficinas. Fundada en 1995, la organización invierte en energía, minerales críticos, petróleo y medios de comunicación.

En este último sector, su principal activo es el Grupo América, propietario de canales como América TV y A24 en Argentina. En su cartera también figura la cadena Telefe, participación que mantiene en sociedad con Gustavo Scaglione, Daniel Vila y Claudio Belocopitt —sus socios en América—, además de radios locales y diarios como El Cronista.

Las fuentes del sector consultadas indican que Manzano lleva meses buscando oportunidades de inversión en España, siempre con el beneplácito del Gobierno. Durante el proceso de reconfiguración accionarial de Prisa, el argentino intentó acercarse a Joseph Oughourlian para conocer la situación del grupo mediático, aunque la iniciativa no prosperó. Ese movimiento, no obstante, lo llevó a conectar con Varela Entrecanales, referente del grupo disidente de accionistas de Prisa reunido bajo la firma Global Alconaba.

Una participación limitada por la ley, pero aún abierta
Si la alianza obtiene la licencia, queda por definir qué rol exacto ocupará Manzano en la futura sociedad gestora del canal. La ley española limita la participación de un inversor extranjero al 25% del capital social, lo que obliga a que otros socios completen la estructura accionarial.

De momento, se desconoce el nombre de la sociedad con la que se presentó la candidatura. Lo que sí pudo confirmar este diario es que Varela Entrecanales constituyó el pasado 5 de noviembre la empresa Servicios Integrados de Entretenimiento Televisivo, con domicilio en la calle Orense 68 de Madrid, donde también se encuentran otras compañías del empresario como The Pool, su productora audiovisual.

La fecha no es menor: la sociedad se creó apenas 15 días antes del cierre del concurso convocado por el Gobierno.

Relaciones con Telefónica y pasado político en Argentina
El empresario argentino también ha desarrollado vínculos recientes con Telefónica. A través de Integratec, adquirió Telefónica Perú en abril de este año. En lo político, su trayectoria está marcada por su paso por el peronismo y por haber sido ministro del Interior de Carlos Menem entre 1991 y 1992.

Fuentes consultadas apuntan a que Manzano podría no ser el único inversor extranjero del proyecto. Las negociaciones siguen abiertas, y aún podrían sumarse nuevos nombres antes de que el Gobierno resuelva la licitación.

Un concurso con plazos largos y una TDT en reorganización
El Ejecutivo español se dio un plazo de un año para adjudicar la licencia. El espacio radioeléctrico disponible para este nuevo canal surge de la reorganización de los multiplex actuales de TDT, motivada por la transición de varios canales hacia la tecnología UltraHD, que liberó capacidad en el espectro.

Mientras tanto, figuras del sector como Blas Herrero —quien descartó presentar su propia oferta— observan con cautela un proyecto que algunos operadores ven con dudas y que otros interpretan como una oportunidad de renovar el mapa televisivo español.
Fuente: El Español 

domingo, 2 de noviembre de 2025

Roberto "Tato" Iglesias: una vida dedicada a la educación popular

Roberto "Tato" Iglesias, 82 años, es sociólogo y educador popular argentino, nacido en Entre Ríos y con décadas de trayectoria en San Luis. Su vida y trabajo se han desarrollado en torno a la educación popular, un enfoque que busca aprender junto a los sectores populares, desde abajo y con autonomía, inspirado en pensadores como Paulo Freire.

Es fundador e integrante de la Universidad Trashumante, un proyecto itinerante que recorre distintas provincias argentinas llevando espacios de aprendizaje colectivo, reflexión social y construcción de conocimiento desde las comunidades. Su enfoque educativo combina ideología, política y metodología, promoviendo la autonomía de los participantes y la horizontalidad en la transmisión de saberes.

Aprender desde abajo, con cercanía y autonomía
En las Señales tenemos el placer de recibirlo. Tato ha dedicado su vida a aprender junto a las comunidades, viajando por barrios y pueblos con la Universidad Trashumante, y compartiendo saberes desde abajo, con autonomía y cercanía. Con él hablamos de su nuevo libro, Memoria circular, del país que estamos siendo, donde entrelaza historias, memorias y experiencias de los sectores populares, invitándonos a reflexionar sobre quiénes somos y el país que estamos construyendo juntos.

Origen de la Memoria Circular
La idea de escribir Memoria Circular del país que estamos siendo surge de décadas de experiencia como docente universitario y de la transformación de los contextos y los alumnos a lo largo del tiempo. Iglesias recuerda cómo eran sus clases antes de la dictadura: entrar a un aula era un desafío, porque todos los chicos tenían un compromiso político activo, discutían, traían bibliografía, cuestionaban el programa.

"Era hermoso, pero exigente: había que estar preparado", dice. Siempre aparecía algún alumno con un libro nuevo, dispuesto a sumar, a expandir la mirada de todos.

Después de la dictadura, los estudiantes tenían intereses distintos. Primero, porque habían sido privados de conocer lo que realmente había sucedido: "No sabían nada, absolutamente nada —como pasa ahora también, en parte—". Y segundo, porque querían hacer, trabajar en los barrios, dar catecismo, educación popular, lo que fuera. En 1983 formaron el Centro de Educación Permanente (CEP). Iglesias aclara que no le pusieron "popular" por miedo residual a la dictadura, pero fue allí donde comenzaron a trabajar en los barrios de manera libre, antes de que los partidos políticos se asentaran y las presiones llegaran, en San Luis, de parte de los Rodríguez Saá y otros.

Más tarde fundaron Sendas para la Educación Popular, entendiendo la vida como un proceso: vivir intensamente, reflexionar, hacerlo en colectivo, transformar lo que estaba mal. Así recorrieron el país con maestros, viajando en colectivos de línea, incluso en la famosa TAC, que siempre se rompía: "Decían 'Vaya donde vaya, TAC lo lleva', y yo respondía 'Vaya donde vaya, TAC lo deja'".

La Trashumante y la educación popular

En los años 90, los alumnos eran distintos; la posmodernidad había hecho su trabajo: poco interés, poca pasión por aprender. Entonces decidieron salir de la universidad y recorrer el país. Con un colectivo prestado por la universidad, el Quirquincho —un viejo Dodge 70 que transformaron en una precaria casilla rodante— partieron a dar talleres de educación popular. Iglesias y su equipo, entre ellos su hija y la compañera Ana Masi, organizaban todo: carpetas, planificación, logística, contacto con intendentes y secretarías de cultura. Pedían apenas lo justo para la nafta y los gastos. Iglesias enseñaba educación popular, otro hacía la parte artística, y otro registraba todo, hasta que se acababa el dinero.

En 1998 recorrieron Córdoba, el norte de Santa Fe, Misiones, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca, San Rafael, Neuquén, Buenos Aires y La Pampa, dando talleres en cada provincia, sobre todo en universidades. Fueron entre 30.000 y 35.000 kilómetros, y de allí surgió la Universidad Trashumante, un modo distinto de pensar la universidad, desde lo popular.

De esa experiencia nació una red de educación popular que aún perdura: en 2000 fueron de San Luis a Neuquén, hasta la Patagonia, llegando incluso a Ushuaia. Hoy hay grupos Trashumantes en Río Grande y en varias provincias. Su funcionamiento se basa en la autogestión: autonomía que no depende de partidos ni sindicatos, ni económica ni ideológicamente.

Iglesias recuerda también a los grupos autónomos del país: ambientalistas que resisten a Monsanto, la megaminería, el saqueo del litio, a todo. El libro refleja, dice, esa preocupación por los alumnos y por la sociedad: hoy, un estudiante no sabe quién fue Raúl Alfonsín, y eso tiene consecuencias graves, desde la política hasta la forma de vivir y pensar.

"Estamos viviendo con valores capitalistas, y nosotros queremos vivir —sin negar el sistema— con valores no capitalistas. Esa es nuestra opción".

La peña Trashumante y la práctica comunitaria

De la misma idea surge la autocrítica de la peña Trashumante, que se ha transformado en algo más que un espacio de encuentro: en un escenario donde trabajan compañeros y compañeras de los barrios, llevándose parte de lo producido para sus proyectos; donde hay stands de grupos críticos que resisten al capitalismo, y donde se canta, se baila y se comparte, con figuras como Raly Barrionuevo, pero también con muchos otros artistas. No buscan la fama, sino la comunidad y la práctica de sus ideas.

Así, en palabras de Iglesias, esta primera etapa del camino se resume en una breve síntesis de un largo recorrido: una vida dedicada a la educación popular, a la autonomía y al encuentro con otros que piensan y sienten lo mismo.

Memoria histórica y contexto político
El libro de Iglesias, Memoria Circular del país que estamos siendo, llega hasta 2001, y él explica por qué eligió ese corte histórico: "De 1810 hasta el 2001. Yo no soy historiador, pero me interesa mucho la historia: la he estudiado y seguido con atención, porque me apasiona analizar los contextos y las coyunturas".

Su objetivo es claro: mostrar los hechos, identificar quiénes participaron y acompañarlos siempre con una mirada crítica. El recorrido va desde los momentos clave de los siglos XVIII, XIX y XX hasta la crisis del 2001. Iglesias no duda al calificar los años de Menem: "Fue terrible. Para Javier Milei, fue el mejor gobierno de la historia; para nosotros, el peor. El que más entregó el país, un proyecto neoliberal que terminó como todos: ellos se van, y nosotros quedamos en la ruina. No hay mucho tiempo después para levantarse".

Hoy, mientras escribe el segundo tomo, que empieza en 2001 y llega hasta los días actuales, aborda el kirchnerismo, consciente de que la historia más contemporánea es la más difícil de relatar.

Reflexión sobre el presente
Sobre el presente del país, Iglesias tiene una mirada lúcida y crítica: el escenario político fragmentado, el avance de la ultraderecha, todo eso ofrece abundante material para reflexionar. Sin embargo, dice, la presentación del libro es más que un lanzamiento editorial: es un espectáculo y, a la vez, un conversatorio. Se hará en la Biblioteca Popular La Vigil, en Rosario, un lugar cargado de historia y resistencia, con música, poesía, videos y participación de los grupos Rosario Trashumante y las agrupaciones vinculadas al Pocho Lepratti. Iglesias incluso canta: "Más o menos, pero canto", bromea. Lo importante no es la performance, sino el diálogo. La premisa del conversatorio es que nadie es dueño de la verdad, y que es posible pensar libremente, expresar lo que se siente, escuchar y confrontar ideas amorosamente, incluso debatir al final si hay tiempo.
Iglesias analiza la sociedad actual con rigor y preocupación: "Argentina es impredecible. Me pasa como en la época de Menem: todos decían que no lo habían votado, y sin embargo ganaban. La sociedad está fragmentada y contradictoria".

Observa las elecciones recientes en Buenos Aires, la reacción frente al kirchnerismo y el miedo de los votantes, y concluye que el futuro es incierto, con La Libertad Avanza como propuesta visible. Pero no son los partidos políticos ni los representantes quienes representan el mayor obstáculo: "Ya no creo en la democracia representativa. Hay que construir una democracia directa, pero para eso la población tiene que despertar".

En ese despertar, Iglesias ve un papel central para la educación popular: miles de educadores saliendo a los territorios, hablando con la gente, escuchando y haciendo reflexionar. Denuncia un "analfabetismo político enorme", presente no solo en los barrios sino también en universidades y escuelas. La clave, dice, está en actuar sin partidismo político, desde el amor a la patria, a la vida y a la gente. Avanzan despacio, son pocos, pero esa es la idea que guía su trabajo, y el libro lo refleja.

Crítica a la política y la historia oficial
Al evaluar el momento histórico, Iglesias es contundente: "Estamos mal. Todos los gobiernos liberales en Argentina empiezan bien y terminan mal. Pero lo peor es que también terminamos mal nosotros, el pueblo. Nos dejan hechos polvo".

Menciona el menemismo como ejemplo devastador y critica leyes educativas que introdujeron de lleno la lógica capitalista en la educación, promoviendo competencia, producción y eficacia, mientras se oculta la realidad. Para él, la educación debe hablar de la realidad concreta, de lo que pasa, o de lo contrario nada cambiará.

Su crítica alcanza también al presente cultural impuesto por figuras como Milei, que reivindican personajes históricos responsables de masacres o injusticias, alterando la memoria histórica: Cristóbal Colón como héroe que "vino a matar salvajes" o Roca, cuya matanza de pueblos originarios está documentada, pero se omite en discursos públicos. Iglesias denuncia el poder del sistema de comunicación que impone esa versión y observa la pasividad de la sociedad: "Hace diez años, Argentina era un volcán. Hoy, silencio. Falta una protesta organizada, falta conciencia".

Por eso, insiste en la importancia de los conversatorios: invitaciones a pensar, decir lo que uno siente y escuchar a otros, incluso si no coinciden, porque solo desde el diálogo amoroso es posible construir conciencia colectiva y participación ciudadana.

Educación popular y valores
En la batalla cultural que atraviesa Argentina, Iglesias comenta un hecho reciente: Patricia Bullrich anunció que la Escuela de Cadetes volverá a llamarse Coronel Ramón Falcón, y la de Suboficiales llevará el nombre del comisario general Alberto Villar, uno de los fundadores de la Triple A. La respuesta de Iglesias es inmediata y dura: "Patricia Bullrich es inimputable. No se puede ni hablar de esa mujer, porque su vida no enseña nada. Enseña a traicionar, a cambiar, a estar siempre del lado del poder. Ese es el ejemplo que están dando".

Luego, Iglesias analiza al presidente actual: un hombre que nunca manejó el Estado y que, aunque intente mostrarse distinto, no podrá cambiar su política económica, marcada por el ajuste que le exigen Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional y los poderosos de siempre. Su diagnóstico es contundente: si la sociedad no reacciona, el país podría convertirse en una colonia —si es que ya no lo es.

La crítica se extiende a la cooptación de los movimientos sociales. Iglesias recuerda que durante el menemismo surgieron casi todos los movimientos críticos: el MoCaSE, los piqueteros, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S. y numerosos colectivos anticapitalistas. Los conflictos reales, dice, están en la base de la sociedad: hambre, falta de salud, de vivienda, de cloacas, de trabajo. Los conflictos de arriba, por el poder, son distintos; los de abajo, por sobrevivir. Y mientras haya gente que luche con la gente —no por la gente ni para hacer carrera política—, habrá esperanza.

Sin embargo, una política del Banco Mundial cooptó movimientos críticos, incorporándolos al Estado. Así, organizaciones como Evita, MoCaSE, o las de Juan Grabois y Barrios de Pie perdieron credibilidad y se volvieron funcionales al sistema. Iglesias destaca un ejemplo de coherencia: Norita Cortiñas, que nunca se subordinó al poder y estuvo siempre donde había conflicto.

El relato de Iglesias se vuelve pedagógico: recuperar la capacidad de pensar y actuar colectivamente implica diferenciar entre valores capitalistas y no capitalistas: "La construcción empieza por ahí: analizar los valores, reflexionar y elegir en qué valores queremos vivir".

Y, sobre todo, se trata de acción concreta: palabra y gesto, pensamiento y práctica. La educación se vuelve inútil si no está acompañada de compromiso con la gente. Iglesias recuerda su experiencia como profesor universitario: treinta años enseñando, pero con la certeza de que "si no estás en la calle con la gente, el conocimiento se vuelve estéril".

Para él, la mirada del mundo debe ser desde abajo, desde la gente, no desde el poder. Cita al obispo Jorge Casaretto: "La Iglesia tiene que estar cerca de la gente, lejos del poder" y reconoce que la política del poder es capitalista por naturaleza y no busca cambiar la historia. Iglesias cuestiona la creencia de que se puede cambiar el mundo desde dentro de las instituciones: "El sistema te come. Las instituciones te devoran, porque te obligan a aceptar sus reglas, que son capitalistas".

Reflexiona sobre el contexto que permitió los movimientos sociales: sacerdotes del Tercer Mundo, teología y filosofía de la liberación. Hoy, dice, hay quietud y esperanza ingenua, una "conciencia mágica" que espera que alguien venga a dar soluciones. También observa fenómenos contemporáneos como los evangelistas, que en muchos países latinoamericanos ya son gobierno y actúan con una estructura ligada al poder capitalista.

Iglesias concluye con una mirada sobre la sociedad: somos una sociedad domada, que asiente sin pensar, sin reflexionar, que cae en manos de políticos o evangelistas por falta de conciencia crítica. Trabajar en educación popular, afirma, es crucial: cuando la gente piensa, se reconoce y comprende sus problemas, deja de ser tan fácil de dominar. La transformación social, para Iglesias, comienza con la educación que despierta la conciencia y moviliza a la gente desde abajo.

El arte y la educación popular
El arte y la educación popular van de la mano. Roberto "Tato" Iglesias recuerda esa unión como una de las experiencias más ricas del camino trashumante: "El arte de tapa de mi libro es de Rafael Taurillo Campos, un hombre fundamental en nuestra cultura. Era santiagueño, vivía en Córdoba, muy amigo nuestro. Cuando fundamos la Trashumante, él trabajaba la parte artística y yo la de educación popular. Nos nutríamos mutuamente. Lamentablemente se murió joven, pero uno de sus hijos sigue trabajando con nosotros".

El proceso comenzó hacia 1993 o 1994. "Andábamos por todo el país y una de mis hijas, junto a una amiga, propuso hacer un taller coordinado por ellas. En ese espacio aparecieron chicos que bailaban folclore de una manera distinta, con una rebeldía que no había visto antes. Sin cambiar las formas, el fondo era otro. Esa manera de danzar me impactó: expresaban libertad. Entonces nos propusimos recorrer el mundo artístico desde la Trashumante, porque el arte tenía mucho que aportar a la educación popular, y la educación popular, al arte".

Movimiento cultural y experiencias compartidas
En esos años floreció un movimiento cultural poderoso que bajaba desde Santiago del Estero y Tucumán hacia Córdoba y La Rioja. "Fue la época de Los Compañacu, de Raly Barrionuevo, de Juan Saavedra, el bailarín de los montes. Había una energía colectiva impresionante: talleres en cooperativas, fiestas en las que trescientas personas esperaban que alguien tocara para empezar a bailar".

Una anécdota lo marcó: "Una vez detuve a un muchacho que bailaba de una forma increíble —hoy es un bailarín reconocido internacionalmente— y le pregunté por qué bailaba. Me dijo: 'Porque me gusta. Soy sodero, pero cuando termino de repartir, vengo a bailar'. Eso me hizo un clic. Me pregunté: ¿qué tiene para darle el arte a la educación popular, y la educación popular al arte?".

Así nacieron nuevas experiencias compartidas. En Córdoba conoció al Chiqui La Rosa, hoy un bailarín consagrado. "Lo vimos por primera vez en Los Quirquinchos, cuando fuimos a dar un taller. Él bailaba, pero al ver cómo trabajábamos, cambió radicalmente su forma de enseñar. Empezamos a entrelazarnos".

Iglesias cita con emoción a Raly Barrionuevo y a Peteco Carabajal: "Raly tiene muchas canciones vinculadas con la Trashumante. Y la canción de Peteco que pusiste —habla de Camino al amor— me emociona, porque refleja lo que proponemos: el encuentro permanente con la gente".

La memoria circular
"Memoria circular del país que estamos siendo" es, en palabras de Iglesias, una mirada sobre la historia argentina como un proceso que se repite. "Nuestra vida como argentinos es circular: los problemas siempre son los mismos. Alsogaray decía en los sesenta 'hay que pasar el invierno'; Menem decía 'síganme, que no los voy a defraudar'. Todos los planes de ajuste fueron contra la gente, nunca a favor. A nadie parece importarle lo que le pasa al pueblo: lo importante es tenerlo comprado".

Esa lógica —advierte— reaparece hoy con fuerza. "Lo dramático es ver a la gente de abajo votando a Milei. La mayoría de los jóvenes, que antes eran rebeldes y transformadores, hoy están adaptados. No se animan a cuestionar nada. Eso lo generó la cultura y también el sistema educativo, que se volvió cómplice. Si la educación fuera rebelde, si encendiera el pensamiento, el país sería otro".

El libro busca precisamente eso: recuperar la conciencia crítica, volver sobre la historia para entender quiénes ganan y quiénes pierden. "Después de tantos gobiernos y de haber recuperado la democracia, volver a un modelo de ajuste es un espanto. Argentina está cada vez más abajo. Lo que intento mostrar es esa decadencia, y cómo nuestros representantes, en su mayoría, se enriquecen impunemente. Casos como el de Insaurralde son apenas la punta del iceberg. Roban y siguen libres, mientras el pueblo se hunde. No es justo —dice— que veinticinco tipos vivan como dioses y millones en la pobreza".

Recuerda un ejemplo personal: "En los años sesenta, con dos trabajos —mi compañera médica y yo— pudimos comprar un departamento en Buenos Aires en cinco años y hasta un autito. Hoy eso es impensable. Les digo a mis alumnos: hablen con sus padres o abuelos, comparen. Van a ver la decadencia con sus propios ojos".

El cierre y la invitación
La presentación de Memoria circular del país que estamos siendo será el sábado 8 de noviembre, a las 18, en la Biblioteca Popular Vigil (Gaboto 450, Rosario).

"Los espero a todos —dice Tato Iglesias—. Vamos a conversar, a bailar, a pensar juntos. Porque el país que estamos siendo todavía puede cambiar, si nos animamos a hacerlo desde abajo, cerca de la gente y lejos del poder".
"Escribo desde la sinceridad absoluta, es decir, digo todo lo que pienso sobre nuestra realidad histórica, política y social. Sé que no es la verdad, sino una parte de la misma y que tiene que ver con mi mirada del mundo: desde las mayorías y desde abajo. Sinceramiento necesario principalmente con quienes compartimos el sueño grande y profundo de querer seguir haciendo este mundo más digno y amable para las mayorías postergadas desde siempre.

Decidí comenzar este libro con un recuento breve de la historia que me trajo hasta acá, que, si bien es mi historia personal, también se entrelaza con la historia social y política de nuestro país. Por eso escribo desde mi propia experiencia de vida, como educador popular y sociólogo.

Me parece interesante desandar y desentramar cómo la formación, las experiencias, las opciones individuales y las colectivas van conformando nuestras miradas sobre el mundo. Y sobre todo cómo las diferentes coyunturas históricas y políticas condicionan nuestra historia como país y modifican las miradas del mundo.

Seguido de lo anterior, propongo un breve recorrido de hechos o situaciones históricas, políticas y sociales desde 1810 hasta la fecha, que es necesario conocer para comprender nuestro destino como país.

No soy historiador. Hago mi propia interpretación de los acontecimientos, partiendo desde mi subjetividad y buscando la mayor objetividad posible, para poder dialogar, escuchar, aprender, en fin, encontrarnos con las y los que nos sentimos críticos en la palabra y en el gesto.

Estoy obligado desde mi consciencia a volver al pasado para entender el presente e imaginar el futuro. Creo que esta es una de las formas de encender la llama para cambiar el mundo".
Roberto Tato Iglesias, en la contratapa de su libro "Memoria circular del país que estamos siendo"
Escuchá la entrevista completa:

lunes, 20 de octubre de 2025

Rosario, perfil de una ciudad al límite: la crónica de quienes resisten desde los márgenes

El jueves 16 de octubre, en el Cultural Fontanarrosa, Arlen Buchara presentó su libro Rosario, perfil de una ciudad al límite, acompañada por los periodistas Sonia Tessa y Daniel “Batata” Schreiner. Ante una sala llena, la autora ofreció una lectura profunda y desafiante sobre la realidad local, que invita a pensar la ciudad más allá de sus estigmas. La charla también fue compartida en Señales, el programa de Aire Libre Radio Comunitaria.

El libro recorre la última década de Rosario, marcada por "el fuego cruzado de bandas criminales, políticas de seguridad fallidas y estigmatización mediática". Desde el triple crimen de Villa Moreno en 2012 hasta los asesinatos mafiosos de marzo de 2024, Rosario se convirtió para el resto del país en sinónimo de inseguridad y desigualdad. Pero, como señala Buchara, esta no es solo una crónica sobre la violencia. Se trata de "una exploración de lo que significa pensar un país desde una ciudad, escribir desde adentro sobre los contrastes de un territorio fragmentado".

El relato transita por el río —con su costanera y sus islas—, los barrios —con sus veredas, centros comunitarios y sus muertos—, y el centro, entendido como organizador político y económico de toda la ciudad. Arlen Buchara evita respuestas fáciles y se detiene en los matices, las contradicciones y las preguntas sin respuesta que definen a Rosario.

Se destacan capítulos como "El carpetazo de Winnie Pooh", donde Marina Marsili, contadora y funcionaria del poder judicial, relata su papel clave en la detención de Esteban Alvarado, el narcotraficante más brutal de la ciudad. También "El hermano de Jimmy", que recoge la entrevista a Carlos Varela, abogado de alto perfil mediático vinculado a los jefes narcos.

Con voces de militantes, trabajadoras, docentes, artistas, fiscales y referentes barriales, el libro reconstruye un perfil colectivo de una ciudad que va a contracorriente, culturalmente vibrante y políticamente activa, pero también marcada por sus heridas y desafíos.
La ley, el poder y los márgenes: una lectura desde la voz que presenta
La intervención de Daniel Schreiner abre con una declaración de incertidumbre que funciona, paradójicamente, como puerta de entrada a una lectura aguda del libro de Buchara. Dice no saber cómo se presenta un libro, pero en esa honestidad instala un tono de cercanía, de habla directa, que rápidamente se convierte en interpretación.

Enseguida lanza una provocación: en tiempos de redes sociales —dice— no conviene crear demasiado suspenso, sino provocar desde el comienzo. Y eso hace: lanza una frase —dicha por un funcionario—  que lo impactó del libro y la usa como puerta de entrada a una lectura personal, crítica y comprometida. La frase es: "Cumplimos la ley porque la escribimos". Y desde a partir de allí despliega un conjunto de reflexiones que exceden la literalidad del texto, pero que dialogan profundamente con su espíritu.

La pregunta por la ley y quién la dice se convierte en una excusa para pensar el poder, sus formas visibles e invisibles, su encarnación en el cuerpo, en las instituciones, pero también en los márgenes. Schreiner apunta hacia el poder real, ese que se ejerce más allá de los papeles.

En esa línea, lo que hace es colocar el libro como una herramienta de lectura de la ciudad, de Rosario como construcción simbólica y material. Una ciudad que se cuenta a sí misma como "santa", como mito fundante, pero que en realidad es el producto —como él dice— de las "cabezas duras" de sus habitantes, de sus insistencias, de sus resistencias.

También denuncia —sin necesidad de elevar el tono— la exclusión. Señala cómo muchos —la mayoría, incluso— quedamos fuera de ese círculo que escribe y hace cumplir las leyes. Y pone en crisis la idea de república como garantía de igualdad ante la ley, cuando en la práctica esa igualdad es constantemente vulnerada.

Finalmente, cierra esta parte con una digresión que no es tal: irse "por las ramas" se revela como un método, una forma de pensar en rizoma, que se habilita precisamente por el libro que tiene entre manos, que invita a pensar sin corsé, a dejarse afectar por las preguntas incómodas, a reconocer que muchas veces lo más valioso está en las orillas del discurso.

Y es entonces, con esa misma apertura, que cierra su intervención con una invitación que no es retórica, sino genuina, necesaria, y que funciona como bisagra en el acto: "Es el momento de preguntarle a Arlen qué significa este primer libro para ella".

Una frase que no solo da paso a la autora, sino que reconoce que toda lectura, incluso la más comprometida, necesita volver al origen: a quien la escribió.

Un libro nacido de las voces y las calles de Rosario
Arlen Buchara toma la palabra con una emoción contenida pero palpable. Agradece a quienes la acompañan en la mesa —Daniel "Batata" Schreiner y Sonia Tessa—, no solo por estar allí, sino por haber sido parte del proceso mismo de escritura del libro. No es un agradecimiento de cortesía: Arlen los nombra como formadores, como interlocutores fundamentales en la gestación del texto. En ellos —y también en un grupo de amigas editoras presentes en el público— reconoce una red afectiva, profesional y política que sostuvo el proyecto desde el inicio.

El libro no nace de una certeza, sino de una pregunta abierta y un estado de desborde. Arlen recuerda sus primeras conversaciones con Schreiner en un momento de desesperación: ¿cómo abordar todo lo que deseaba decir? ¿Cómo abarcar una ciudad atravesada por múltiples capas de sentido, conflicto y afecto?

Esa pregunta inicial se convierte en motor. A lo largo de un año y medio de trabajo, Buchara desarrolla un proceso de investigación que no es solo periodístico, sino profundamente situado: entrevistas, caminatas, charlas, recitales, esquinas, encuentros fortuitos, lecturas compartidas. El libro —insiste— es el resultado de múltiples voces. Entre ellas, la de María Chiponi, del Programa de Educación en Cárceles de la Universidad Nacional de Rosario, una entrevistada que aparece en el capítulo mencionado por Batata y que lo cierra con una reflexión que condensa el espíritu del texto: pensar hacia dónde vamos como ciudad.

En su intervención, Buchara ubica su llegada a Rosario en 2006 como estudiante, y describe cómo fue eligiendo esta ciudad a lo largo del tiempo, en la medida en que tejía vínculos, construía un oficio y habitaba con más conciencia su territorio. Lo que aparece allí no es la épica del arraigo, sino una elección sostenida, hecha de fragmentos cotidianos, de encuentros, de trabajo.

El libro surge también por una inquietud editorial concreta: Futurock Libros le propone pensar qué pasó en Rosario en los últimos años. Pero Buchara va más allá del recorte periodístico o del informe. Lo que produce es una invitación a pensar la ciudad desde adentro, con otras y otros, a través de preguntas urgentes: ¿Qué significa vivir en una ciudad con altos niveles de violencia? ¿Cómo se transforma la vida cotidiana en los barrios, en la cultura, en los modos de caminar la ciudad, de habitarla?

La autora elige pensar el libro como una conversación abierta, no como un producto cerrado. Una conversación que tuvo lugar en entrevistas extensas en la experiencia misma de moverse por Rosario. Su trabajo se vuelve así una herramienta de pensamiento colectivo, una forma de estar en la ciudad, de leerla y preguntársela junto a otros.

Por eso, Arlen no se reserva el lugar de expositora única. Insiste en que la presentación sea también una oportunidad de intercambio. Le interesa escuchar a Schreiner y a Sonia no solo como presentadores, sino como miradas activas sobre la ciudad. Y extiende esa invitación al público presente, reconociendo el contexto particular en el que se da la presentación: una Feria Internacional del Libro, enmarcada en un aniversario polémico para la ciudad, el Tricentenario que genera adhesiones y rechazos.

Arlen cierra esta parte de su intervención agradeciendo, con emoción y humildad, a quienes la acompañan y sostienen, no solo en este evento, sino en el largo y colectivo proceso de construir una mirada sobre una ciudad que no se deja atrapar fácilmente. En esa emoción —compartida, no exhibida— se condensa también el gesto político del libro: hacer de la experiencia una pregunta común.

Una Rosario archipiélago: fragmentos que hablan desde el margen
Sonia Tessa elige la sobriedad para comenzar su intervención, pero no por falta de palabras: prefiere habilitar la conversación, dejar espacio para Arlen y para quienes quieran pensar en voz alta. Sin embargo, en su breve intervención despliega una lectura aguda, sensible y potente del libro.

Desde el inicio marca una diferencia clave con otros textos sobre Rosario: este no es un libro escrito desde los tribunales ni desde los discursos oficiales del poder. No surge del expediente ni del archivo institucional. Es, como ella dice, un libro hecho en la calle, escrito desde las voces de quienes viven y transitan la ciudad todos los días, especialmente desde los márgenes, desde zonas donde la mirada mediática o política rara vez se posa.

Para Tessa, esa forma refleja con precisión la ruptura real que atraviesa Rosario, una ciudad que, lejos de cualquier proyecto de integración, se parece cada vez más a un archipiélago: zonas desconectadas, experiencias disímiles, vidas que no se encuentran. En ese contexto, el trabajo de Arlen consiste en bordar, coser, articular esas voces, con el enorme desafío de no dejar a nadie afuera.

Ese afán totalizador —ese deseo de que no falte ninguna voz importante— no es solo un rasgo de estilo: es, para Sonia, una forma de ética periodística. Arlen "sufrió" el proceso, dice con cariño, porque se lo tomó con la seriedad de quien entiende que narrar la ciudad implica una responsabilidad.

Tessa señala que el libro recorre barrios como Santa Lucía y Las Flores, que busca experiencias vivas, concretas, múltiples, no figuras estereotipadas. Son vidas reales, atravesadas por las transformaciones sociales desde 2001 hasta hoy. Y ahí está el verdadero valor del libro: no se limita a describir una Rosario estigmatizada desde afuera, sino que escucha desde adentro, desde los cuerpos, desde la música, desde las identidades en formación.

En una metáfora poderosa, Sonia dice que es fácil decir que Rosario es "la ciudad de los músicos" si se mira a Nicki Nicole cantando en el Monumento. Pero Arlen —y su libro— no va al Monumento, sino a los márgenes, a donde se está haciendo la otra música, la que todavía no llegó, la que quizás nunca llegue, pero que igual forma parte esencial de lo que esta ciudad es. En esa elección, Sonia encuentra un equilibrio valioso: no negar la violencia, pero tampoco reducir Rosario a la narrativa del narcotráfico.

Tessa subraya que Arlen podría haber hecho un gran libro simplemente sumando voces a un relato informativo. Pero lo que hizo fue mucho más ambicioso: salió a buscar lo que nadie había querido ver, escuchó a quienes no estaban en el radar periodístico y logró, con trabajo de orfebrería, una joya tejida con materiales difíciles de encontrar.

El libro, dice, será fundamental no solo ahora, sino cuando alguien quiera preguntarse, dentro de algunos años: "¿Qué pasaba en Rosario en este tiempo?". Su valor está en las singularidades que lo distinguen: no es un libro más sobre Rosario; es uno que se mete donde otros no entraron, que no cristaliza el sufrimiento sino que lo hace hablar, que no romantiza el margen pero tampoco lo invisibiliza.

La intervención de Sonia cierra con emoción y honestidad: dice que para ella fue un privilegio haber estado cerca del proceso —aunque sea desde la amistad, las cervezas y las charlas—, y que el libro no debe pasarse por alto. Porque, más allá del afecto, es una obra imprescindible que retrata una ciudad real, donde las personas viven de maneras diversas, muchas veces sin siquiera tener un espacio común para encontrarse.

Una Rosario archipiélago, sí. Pero también una Rosario que habla, que resiste y que, gracias a trabajos como el de Buchara, puede ser escuchada.

Entre bulevares y márgenes: el periodismo que se desprende del lazarillo
Daniel Schreiner retoma la palabra con una observación que condensa uno de los núcleos críticos de su intervención: la diferencia entre lo que se cree saber sobre Rosario —adentro y afuera— y lo que realmente sucede. Esa distancia entre la versión "oficial" de los hechos y las experiencias reales de quienes viven la ciudad atraviesa no solo los medios, sino también la política, la opinión pública y hasta el sentido común.

Para ilustrarlo, rememora un momento bisagra: el asesinato de Claudio "Pájaro" Cantero, líder de la banda narco Los Monos, el 26 de mayo de 2013. Entonces, apenas cinco periodistas sabían de qué se trataba; un mes después, el tema ya había explotado en Buenos Aires y en todo el país. En pocos días, Rosario pasó de ser "la ciudad de los músicos" a ser el caso testigo del narcotráfico en Argentina. En esa anécdota, Schreiner marca el crecimiento exponencial —y muchas veces superficial— del interés mediático por Rosario, un interés que, como él sugiere, suele llegar tarde, mal o desinformado.

Pero su intervención no se limita a la crítica de los medios. También es una elegía. Recuerda a Leo Graciarena, periodista de La Capital, fallecido en 2021, quien —como dice— "pateó la calle", trabajó en los barrios, fue querido por sus colegas, y sin embargo nunca recibió en vida el reconocimiento que merecía. En un gesto íntimo, Batata menciona que lleva puesta, por primera vez, una remera de rock, como las que Leo solía usar. Ese detalle se transforma en una forma de homenaje, no solo a Leo, sino a todo un periodismo que trabajó (y aún trabaja) en los márgenes, muchas veces sin visibilidad ni aplauso.

Ahí marca una diferencia fundamental: "La mayoría de los periodistas vivimos entre bulevares", dice con brutal honestidad. Ir a los barrios, entonces, se vuelve un acto de turismo, una visita ocasional. Pero Arlen no es turista, afirma con énfasis. No solo va al barrio, sino que camina sin lazarillos, sin guías, sin intermediarios. Se desprende incluso de tradiciones periodísticas —incluso de la suya— para encontrar una voz propia.

Schreiner plantea que Rosario es una ciudad que no se está contando, o que se cuenta desde una historia oficial impuesta por el poder y reproducida acríticamente por los grandes medios. Esa narrativa dominante ha reducido la complejidad de la ciudad a estereotipos, dejando fuera realidades incómodas como la violencia institucional, los abusos policiales o las resistencias culturales que habitan los márgenes.

En ese contexto, el libro de Buchara representa otra mirada, una que escucha. Porque, como subraya Batata, los periodistas muchas veces no escuchamos: opinamos, juzgamos, hablamos desde afuera. Pero el libro de Arlen hace lo contrario: escucha para construir un punto de vista. Esa escucha, dice, es una forma de creación. Es lo que da origen a un enfoque distinto, a una escritura que no repite lo que se dice de Rosario, sino que se atreve a preguntar en otros lugares, a buscar otras voces, a encontrar sentido donde no había relato.

Batata confiesa que leyó el libro de un tirón, que lo terminó cinco minutos antes de bajarse del taxi, y que ya quiere volver a leerlo. Esa inmediatez con la que transmite su entusiasmo no es superficial: es la confirmación de que el texto interpela, que mueve algo más allá de lo informativo.

Cierra su intervención volviendo a Arlen, con una pregunta que no es solo técnica sino política: ¿cómo hizo para salirse de la lógica dominante de la seguridad y el narcotráfico, que marcaban incluso su propio libro anterior, para llegar a este producto tan hermoso?

La pregunta resume, quizás, el corazón de toda la presentación: cómo cambiar la mirada, cómo escribir sin repetir, cómo narrar lo que aún no tiene palabras.

Cuando la crónica encuentra otra forma de hablar de la violencia
Arlen retoma la palabra para contestar la pregunta que Batata le acaba de hacer: cómo hizo para escribir un libro sobre Rosario sin quedar atrapada en la lógica policial, sin que lo que pasó —y lo que sigue pasando— con la violencia lo absorba todo. Reconoce que esa fue justamente una de las dificultades principales. Porque, aunque el libro parte de ese contexto —y se pregunta por lo que pasó en la ciudad en los últimos años—, desde el comienzo la apuesta fue otra: no hacer un libro policial, no hacer un libro sobre narcotráfico, aunque ese fuera un aspecto inevitable.

En ese gesto de "entrarle" a la violencia desde otro lugar, Arlen elige contar historias. No historias en abstracto, sino concretas: las de personas que vivieron esa violencia o que la pensaron desde sus márgenes. Aparecen entonces figuras como una trabajadora judicial, Marina Marsilli, que sufrió en su vida personal lo mismo que luego investigó en causas resonantes, o el abogado de Claudio "Pájaro" Cantero, cuya experiencia abre una perspectiva distinta dentro del mismo entramado. La intención no es bajar línea ni dividir la ciudad en bandos, sino ampliar la mirada.

Hay también una reflexión sobre la propia práctica. Arlen aclara que no viene del mundo del policial, que en su paso por El Ciudadano aprendió muchísimo, pero nunca se especializó en narcotráfico. Lo que sí sabe —y lo que pone en juego en este libro— es cómo construir una mirada, cómo narrar con otros, cómo hacer una crónica. Porque si algo se propuso desde el inicio, cuando conversó con la editorial sobre el perfil que querían hacer de la ciudad, fue que el texto mantuviera ese tono: el de una cronista que recorta, que escucha, que elige qué contar. En esa tensión entre lo individual y lo colectivo se fue armando este perfil de Rosario, que no es ni quiere ser total, pero que se compromete con mostrar algo que suele quedar fuera.

Las decisiones son muchas. Están las historias que entran, claro, pero también las que no. Están los barrios que aparecen por nombre propio —Santa Lucía, Las Flores— y otros que entran lateralmente. Están las voces de militantes, de vecinas, de travestis, de feministas, que le dan al libro un espesor que no se agota en la denuncia. Está esa pregunta insistente por cómo se sostiene la vida cuando lo que rodea parece puro derrumbe.

A esta altura interviene Sonia Tessa. Queda flotando una escena en particular. Sonia la nombra: la escuela. Le pregunta por ese capítulo donde Arlen se mete en la Escuela Carlos Fuentealba, y desde el público alguien lanza una invitación en voz alta: que lo lea. Arlen acepta, pero antes contextualiza. Dice que en Santa Lucía se encontró con todo: con la violencia que le describían los expertos, pero también con las formas de vida que todavía intentan resistirla. Dice que allí conoció a una madre y a una hija que, en sus propias trayectorias, le contaron toda la historia del barrio desde los noventa hasta hoy. Dice que en esa escuela pública vio vínculos, cuidado, comunidad. Y que ese capítulo, el de la escuela, se llama así: "La escuela es una casa":
El curso de cuarto año se sienta en ronda. Tres mates dulces circulan entre los bancos. Afuera llueve sin parar. Adentro la humedad y el frío se sienten hasta en los huesos. Algunas chicas usan mantas en el regazo. Casi nadie se saca la campera. En otras aulas hay calefacción y aire acondicionado, pero desde la dirección no llegaron a comprar para todas. Los adolescentes tienen entre dieciséis y diecisiete años y prepararon una entrevista. ¿Por qué estudiaste periodismo? ¿Cómo empezaste a trabajar? ¿Cuál fue la persona más famosa que entrevistaste? ¿Te pusiste nerviosa? ¿Alguna vez tuviste miedo? ¿Pensaste en dejar la profesión? ¿Se gana plata?

Por la ventana se ve la zona rural del oeste de Rosario y muy al fondo, tapada por la cortina de agua, una cárcel. La escuela de dos pisos con patio central tiene todas las ventanas y puertas enrejadas. Se llama Carlos Fuertealba. El nombre fue elegido por los estudiantes cuando conocieron la historia del docente asesinado en Neuquén y decidieron que así querían nombrar a la segunda casa, a veces primera, a la que van todos los días.

La profe de comunicación interviene entre pregunta y pregunta y aporta anécdotas sobre lo que ya vieron en clases. Escribieron noticias, aprendieron lo que es una fuente e hicieron sus primeras notas de opinión. Del cuestionario saltan a comentar las noticias de las últimas semanas. Les pregunto dónde las consumen. No leen diarios ni escuchan radio. Cada tanto ven el noticiero en casa. Se enteran por las redes, sobre todo Instagram o por lo que le cuentan sus madres. El chisme aparece como una forma de transmisión de información, de buscar fuentes, de construir una historia. Y Santa Lucía está llena de chismes.

-¿Qué viene a hacer cuando termine en la escuela?
-Trabajar. Estudié cocina, así que seguro sigo en gastronomía, aunque sé que es muy duro.
-¿Carrera policial o gendarme?
-Policía de investigaciones.
-Conseguir una esposa que me mantenga.
-Cosmetología.
-Criminalística.
-Higiene y seguridad.

Algunos ya trabajan. Un adolescente que vive en la zona rural camina varios kilómetros todos los días para ir a la escuela y por la tarde cocina en un comedor. Gana 30.000 pesos por mes. Otro vende comida. El que está al lado, celulares.

¿Alguien quiere comprar un teléfono? Tengo un Motorola que la rompe.

Lo que más les gusta de Rosario es el monumento, el laguito del Parque Independencia, e ir a pescar al río. Ir a la isla no. Casi ninguno sabe nadar. También les gusta cuando salen del barrio con la escuela. Fueron al Teatro del Círculo, al Acuario del Río Paraná, a museos públicos, al Centro de la Juventud, a un campamento del Sindicato de Comercio. Cuando eran más chicos, conocieron el Tríptico de la Infancia. Vieron los animales en la granja, metieron sus miedos en un sobre en la Isla de los Inventos y subieron a la máquina de volar y trepar del Jardín de los Niños. La mayoría de los lugares son espacios públicos, gestionados por la municipalidad o la provincia.

Más allá de esos paseos con la escuela, no saben mucho de Santa Lucía. Se quedan y lo que más disfrutan es ir al playón, sobre todo cuando hay sol. Desean tener un club para hacer deportes y pasar el rato. Y lo que más les gusta de su barrio es la gente. Si tuvieran que escribir una nota sobre Santa Lucía, diría esto:

-Para los que vivimos acá, no es peligroso. Si no te metés con nadie, no es peligroso.
-Pero antes sí, antes se quedaban a tiros todo el día.
-Ahora no, desde la pandemia está más tranquilo.
-Tengo amigos de la infancia con los que jugábamos a la pelota que no los veo más, están perdidos.
-Es un barrio como todos los demás, solamente no te metás en quilombo.
-A comparación de otros barrios, es mucho más solidario.
-Y la escuela también, acá se preocupa mucho por nosotros. 
Me levanto para devolver el mate, se me dobla el tobillo y caigo de rodillas al piso. Todo el curso queda mudo. Uno de los alumnos tiene la boca tan apretada para aguantar la risa que se le llenan los ojos de agua. La tensión dura unos segundos hasta que les pido que por favor nos riamos de lo que pasó. Ellos dicen que van a escribir sobre el día que vino una periodista y se cayó en el medio del salón. La clase termina y el chisme baja rápido por las escaleras y llega a la dirección. Valeria Ríos me recibe en la puerta.

-Me dijeron los chicos que te caíste, ¿estás bien?
Escuchar al barrio contar su propia historia
Batata vuelve sobre el barrio de Santa Lucía. Recupera una de las historias más potentes del libro, la de una madre y una hija envueltas en una espiral de violencia pero también comprometidas con sostener lo colectivo. Dice que esa historia, anclada en el pasado reciente —los años de recesión que van desde el menemismo hasta la caída de De la Rúa—, tiene mucho que decir sobre el presente. Y le pregunta a Arlen qué fue lo que percibió en esa familia, en ese barrio que nació a fines de los 90 más por la iniciativa de sus vecinos que por la intervención real del Estado. ¿Cómo esa historia se conecta con lo que pasa hoy?

Arlen empieza por lo que encontró en el territorio: en Santa Lucía, dice, fue donde más fuerte vio lo comunitario funcionando. Matiza, también, esa idea repetida de que el Estado se ha retirado de los barrios. No es tan simple: el Estado está —a veces demasiado—, pero no siempre en los términos que se espera. Está la policía, está el centro de salud, están los dispositivos como los Centros Crecer, que cambian de nombre cada vez que cambia una gestión, pero que siguen ahí. Y, junto a eso, están también las organizaciones barriales, muchas veces desarticuladas entre sí, que intentan sostener lo que pueden.

Lo que distingue a Santa Lucía, para Arlen, es que su origen es comunitario. Nació desde abajo, a partir de un centro comunitario impulsado por los propios vecinos. Y ese origen común, a pesar de haber estado atravesado desde el principio por la desigualdad y la violencia, parece haber dejado una marca: una forma distinta de relacionarse entre las instituciones, una red más visible, una trama que se sigue sosteniendo.

En ese entramado es donde aparece la historia de "La Colo" y "La Yany", madre e hija, que se vuelven el corazón narrativo del capítulo. Arlen dice que fue una historia que la encontró a ella, que fue a Santa Lucía con muchas entrevistas en agenda —centros de salud, referentes, instituciones— pero que, cuando conoció a estas dos mujeres, todo lo demás quedó en segundo plano. Las eligió porque en su modo de hablar, en cómo contaban su vida, estaba también la historia de todo el barrio. Porque eran, además, ese tipo de madres e hijas que se crían juntas, que atraviesan todo al mismo tiempo: la pobreza, los planes sociales, las redes de contención, las pérdidas. Y en esa cercanía, dice Arlen, estaba "todo lo que había que contar".

Lo que queda afuera también cuenta
El diálogo en la mesa se vuelve cada vez más íntimo y entra en el terreno de las decisiones detrás de la escritura. Sonia Tessa le pregunta a Arlen por los cortes difíciles: qué quedó afuera del libro y por qué. ¿Cómo se decide qué entra y qué no cuando se trabaja con tantas voces, con tanto material?

Arlen no duda: lo más difícil fue, justamente, dejar cosas afuera. Reconoce que hizo muchas entrevistas, que escribió mucho más de lo que terminó en el libro, pero que ese desborde también era necesario. A veces, dice, una va sabiendo qué historia necesita contar, aunque no siempre se materialice como se había imaginado. Algunas entrevistas que al principio pensaba como capítulos enteros terminaron aportando una idea, una escena, una frase que se coló en otra parte. Y, aunque trató de que todas las personas entrevistadas aparecieran de algún modo, hubo historias que se quedaron afuera. "Pero están ahí", dice Arlen, "siguen dando vueltas en la cabeza". Y quizás, sugiere, sean parte de un próximo libro.

Sonia vuelve sobre esa idea: hacer "de más" no es un desperdicio. Ese trabajo de fondo le da cuerpo a lo que sí entra. Sostiene los capítulos desde abajo, les da espesor. Arlen asiente, aunque con humor aclara que no recomienda hacer un libro "padeciéndolo tanto". Porque sí, también se disfruta, pero se sufre. Un libro, explica, es distinto a una crónica: exige una mirada más total, una responsabilidad más grande con lo que se elige mostrar.

Entonces Batata retoma un punto clave: el punto de vista. En el periodismo, y en Rosario en particular, dice, muchas historias vienen ya enmarcadas en una moralina: buenos y malos, con discursos que muchas veces cargan con un racismo disimulado, incluso en periodistas bien intencionados. Le pregunta a Arlen si su mirada le fue "dada", o cómo fue que llegó a esa perspectiva tan clara y tan cuidada.

Arlen responde sin rodeos. Confiesa que tuvo miedo de ser juzgada por cómo abordaba ciertos temas, por cómo escribía ciertas escenas. Y que, además, fue un libro hecho durante el primer año de gobierno de Javier Milei, un momento especialmente cargado de tensiones, de disputas internas, de palabras cuestionadas. En ese clima, dice, la mirada se vuelve todavía más difícil de sostener.

Pero ahí aparece otra clave: la edición. Arlen habla del proceso de escribir y reescribir, de ir puliendo el texto para sacarse de encima esas primeras versiones llenas de juicios o miradas inconscientes. Dice que al editarse a sí misma con ferocidad, logra limpiar ese "punto de vista automático" y centrarse en las historias que recogió. Que el libro tiene perspectiva, claro, pero que no buscaba imponer una bajada de línea. Que no se sentía con autoridad para eso, habiendo escuchado tantas voces más potentes e interesantes que la suya.

Feminismo, literatura y la capital de nada
El diálogo sigue deslizándose entre el proceso de escritura y la mirada que lo sostiene. Batata vuelve a tomar la palabra, ahora para profundizar en el enfoque feminista del libro. Reconoce que todos escribimos desde nuestros prejuicios, pero también que cuando uno va a ser leído, evaluado o discutido públicamente, ese punto de vista tiende a tamizarse. En su caso, dice, su trabajo está atravesado por la experiencia en El Ciudadano, un medio donde muchas de las mujeres que hoy son referentes del periodismo feminista en Rosario —como Silvina Tamous, Negui Delbianco, Carina Ortiz— forjaron un espacio que es faro para todo el continente.

Le pregunta entonces a Arlen cómo tomó esa decisión de incluir una parte del feminismo —presente, pero no central— en el libro, y qué dejó afuera.

Arlen responde sin dudar: es un libro feminista en su totalidad. No por su tema exclusivo, sino por cómo está escrito, por las decisiones de fondo. Explica que hay una edición de las fuentes que fue muy pensada desde esa perspectiva. Que la mayoría de las voces que aparecen son de mujeres. Y que eso no fue casual: fue una práctica aprendida —justamente en El Ciudadano— a partir de un ejercicio que le enseñó otra periodista feminista. Cuando una va a consultar a "la fuente experta", dice, suele ser un chabón. El ejercicio es preguntar: ¿y además de vos, quién más puede hablar de esto? ¿Quién está más abajo, o al costado? Así se fue armando una red de voces distintas, muchas veces invisibilizadas, pero sobre todo mujeres.

Pero también hubo algo más práctico: cuando una llega a los barrios, las que sostienen los espacios comunitarios, los comedores, los centros de cuidado, siguen siendo mayoritariamente mujeres. Y muchas veces, son las más dispuestas a hablar.

Desde el público, la poeta y escritora Beatriz Vignoli —quien también es protagonista de uno de los capítulos— toma la palabra y pregunta: ¿Cómo aparece la literatura en el libro?

Arlen le responde con afecto: hay un capítulo que comparten, fruto de una conversación de horas, y que le resultó fundamental. En ese intercambio hablaron de muchas cosas —la historia de Rosario, el lugar de las mujeres artistas— pero también surgió una frase que se volvió clave: "Rosario es la capital de nada". La frase, que Vignoli le atribuye a otro escritor rosarino, le dio el título a ese capítulo y condensó algo esencial sobre la identidad de la ciudad, siempre a medio camino entre querer ser capital de algo y no terminar de encontrar su lugar.

Arlen recuerda también una lectura que la marcó durante el proceso: la crónica de Martín Caparrós sobre Rosario en su libro 'El interior'. Allí, el escritor era Fontanarrosa. Pero para Arlen, que escribe desde otra época y otra sensibilidad, la escritora que tenía que estar en este libro era Beatriz Vignoli.

Sobre la autora
Arlen Buchara Marinello nació en Nicaragua en 1987 y vivió su infancia entre Italia, Cuba y Argentina. Desde 2006 reside en Rosario. Es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario y cursó la Maestría en Periodismo Narrativo en la Universidad de San Martín. Trabajó ocho años en el diario El Ciudadano, fue columnista de radio, productora de televisión y editora general de Cosecha Roja. Publicó en medios como Revista Anfibia, PáginaI12, Revista Crisis y otros. Coeditó 19. Una cartografía narrativa de Santa Fe y es coautora de la obra de teatro Morir es otra cosa. En 2024 fue nominada al Premio Gabo. Rosario, perfil de una ciudad al límite es su primer libro. Actualmente, escribe un libro de cocina junto a su hermana.

Fotos: Gentileza Librería Mal de Archivo

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Privacidad, dignidad y prensa: el caso Dalmasso y el espejo de Balbín

Una foto del expresidente Ricardo Balbín en terapia intensiva fue considerada una intromisión intolerable, como así también la publicación de la foto del cuerpo de Dalmasso traspasó el límite del interés noticioso para transformarse en una violación grave a la intimidad
Por: Adrián Buffone, abogado, profesor en Derecho Constitucional
Probablemente todos recordarán el caso "Nora Dalmasso" y un sabor amargo inundará esa sensación. Varios años más tarde, un juzgado civil porteño condenó a América TV y a cuatro periodistas (Facundo Pastor, Guillermo Andino, Mónica Gutiérrez y Cynthia García) a indemnizar con casi 300 millones de pesos a la familia de Nora Dalmasso, por la difusión en 2007 —en el noticiero América Noticias— de una fotografía del cadáver desnudo de la víctima. La resolución es de primera instancia y el canal, por lo expuesto hasta el momento, anticipó que apelará. 

La razón jurídica
Según la sentencia, la imagen —extraída del expediente— violó el secreto de sumario, revictimizó a la familia y supuso un "claro exceso" en el ejercicio de la libertad de prensa. El juez además ponderó la divulgación de afirmaciones falsas (una supuesta llamada incriminante entre el hijo y el viudo) y la exposición de una carta privada de la hija, como agravantes del daño. El monto actualizado deriva de una demanda iniciada en 2007 (por $1 millón) que fue indexada hasta el valor actual. 

Los hijos de Nora Dalmasso tenían 18 y 15 años cuando vieron en televisión el cuerpo de su madre. El fallo reconoce que el daño no radica solo en la intimidad vulnerada, sino en la revictimización: un dolor renovado que la cobertura mediática produce sobre quienes ya sufrieron la pérdida. Aquí se inscribe un aporte relevante: la prensa puede generar un daño distinto al del hecho criminal, y por eso debe responder civilmente.

Privacidad vs. libertad de expresión
El corazón del fallo está en la tutela de la intimidad y la imagen de la víctima y su familia frente a contenidos de alto impacto morbosensacionalista. No se juzgó (solo) el posible daño al honor por informaciones falsas, sino la decisión editorial de exhibir un cuerpo desnudo y documentos privados en una etapa temprana de la causa penal.

Este enfoque dialoga directamente con varias líneas clásicas de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN):
  • "Ponzetti de Balbín c/ Editorial Atlántida"(1984). La Corte protegió la intimidad e imagen de la familia de Ricardo Balbín frente a fotos tomadas en terapia intensiva, remarcando que la libertad de expresión no es absoluta y cede ante graves intromisiones en la vida privada. El caso Dalmasso reitera ese estándar: la difusión de imágenes altamente sensibles no se justifica por interés público cuando existen alternativas informativas menos lesivas. 
  • "Menem c/ Editorial Perfil" (2001). La CSJN subrayó que cuando lo afectado es la intimidad, la veracidad de lo difundido no excusa la intromisión y pueden proceder daños. Aquí el eje también es intimidad/imagen (y, de modo accesorio, honor), por lo que el parámetro de responsabilidad civil se alinea con esta doctrina. 
  • Doctrina Campillay (1986). Establece pautas para atenuar responsabilidad cuando los medios citan la fuente, usan condicional u omiten la identificación del aludido. Aun si América hubiese invocado esas pautas para contenidos informativos, no alcanzan frente a la exhibición de imágenes de un cadáver (un dato ultrasensible) ni ante la publicación de documentos íntimos, zonas donde pesa más la reserva que la eventual "exactitud" de lo mostrado. 
  • "Patitó c/ La Nación" (2008). La Corte consolidó la doctrina de la real malicia para funcionarios o figuras públicas en cuestiones de interés general, elevando la carga probatoria del actor en materia de honor. El caso Dalmasso se diferencia: los damnificados no son funcionarios ni figuras públicas y el agravio central no es una opinión sobre su conducta, sino la lesión a la privacidad por imágenes y documentos. Allí la real malicia no es el test decisivo: prevalece el bloque de protección de intimidad e imagen. 
El espejo de Ponzetti de Balbín (CSJN, 1984)
La comparación inmediata es con el célebre precedente "Ponzetti de Balbín c/ Editorial Atlántida" (Fallos 306:1892). En este caso, la CSJN condenó a la revista Gente por publicar fotos de Ricardo Balbín en su lecho de enfermo, destacando que:
  • El derecho a la información no es absoluto y debe ponderarse con la dignidad humana.
  • La publicación de imágenes de una persona en circunstancias de vulnerabilidad -sin consentimiento- supone una lesión a la intimidad, aunque exista interés público en su figura política.
  • El interés periodístico no justifica la exposición degradante de la persona o de su entorno familiar.
  • El paralelismo con el caso Dalmasso es evidente: así como la foto de Balbín en terapia intensiva fue considerada una intromisión intolerable, la foto del cuerpo de Dalmasso traspasa el límite del interés noticioso para transformarse en una violación grave a la intimidad y a la memoria de la víctima.
Diferencias y continuidad doctrinal
En Ponzetti de Balbín la afectada fue la intimidad de un líder político y su familia; en Dalmasso, la intimidad de una víctima de femicidio y sus hijos adolescentes.

Ambos supuestos muestran que la CSJN (y ahora un juzgado civil) colocan a la imagen en estado de vulnerabilidad como un bien jurídico que no se negocia frente al morbo mediático.

Mientras la doctrina de la "real malicia" (Patitó) protege expresiones sobre funcionarios o figuras públicas en temas de interés general, los supuestos de intimidad/imagen se rigen por la lógica de Ponzetti: la prensa no puede mostrarlo todo, aunque sea cierto o de interés.

El fallo de primera instancia sobre Dalmasso, en sintonía con Ponzetti de Balbín, vuelve a recordar que la libertad de expresión no es licencia para invadir la intimidad de los ciudadanos, menos aun cuando se trata de familiares menores o de imágenes que deshumanizan a la víctima. El periodismo puede y debe informar, pero sin convertir la noticia en una exposición morbosa que reabre heridas privadas.

El fallo de primera instancia no recorta la libertad de expresión: la encuadra. Reafirma que honor, intimidad e imagen son límites constitucionales -más estrictos cuando hay familiares y menores involucrados- y que el interés público de un femicidio no habilita todo tratamiento mediático posible.

La libertad de expresión -como señaló la Corte en Ponzetti de Balbín- es un pilar de la democracia, pero no puede construirse sobre las ruinas de la intimidad ajena. La decisión probablemente reviva la discusión sobre protocolos de cobertura en casos de violencia de género y femicidios, y sobre límites a la exposición morbosa.
*El autor es abogado, profesor derecho constitucional Universidad de la Cuenca del Plata (UCP) y la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE)
Fuente: Diario Norte

lunes, 28 de julio de 2025

Menem: un caso testigo sobre los límites entre el derecho a la imagen y la libertad de expresión artística

La autorización para emitir la serie reavivó la discusión sobre los límites del derecho a la imagen y la intimidad frente a la libertad de expresión artística
En los últimos años, la industria audiovisual argentina ha experimentado un auge de producciones biográficas −también conocidas como biopics ficcionadas− sobre figuras públicas. Casos como la serie sobre Diego Maradona, Monzón o Fito Páez han enfrentado objeciones y reclamos basados en la protección de la imagen y la intimidad. Este contexto plantea desafíos legales cada vez más frecuentes y complejos para productoras, plataformas y equipos jurídicos. De esta forma, el caso Menem se presenta como un ejemplo paradigmático de este tipo de obras y las cuestiones legales que pueden traer consigo.

Protagonizada por Leonardo Sbaraglia en el rol del expresidente y Griselda Siciliani como Zulema Yoma, la producción pone el foco en la etapa de ascenso político de Menem, abarcando desde sus años como gobernador de La Rioja hasta su llegada a la Presidencia y los hitos más significativos de su mandato. La historia está contada a través de la mirada de un fotógrafo de la provincia, personaje ficticio interpretado por Juan Minujín, que cumple el rol de testigo de los hechos y, de este modo, se inmiscuye en el círculo político que rodeó al protagonista. Creada por Mariano Varela y dirigida por Ariel Winograd, la serie promete una visión completa y atractiva sobre los atrayentes sucesos en torno a la vida del exmandatario.

Antecedentes: la medida cautelar y su impacto
La controversia judicial que rodeó a la serie "Menem" tuvo su punto de partida en un planteo promovido por uno de los herederos del expresidente. Carlos Nair Menem, hijo de Carlos Saúl, solicitó una medida cautelar en el marco del proceso sucesorio de su padre. Allí argumentó que la emisión de la serie vulneraría supuestos derechos de imagen del expresidente, así como los invocados derechos económicos que −según sostuvo− formarían parte del acervo hereditario y requerirían el consentimiento de todos los herederos para su explotación.

El Juzgado de Primera Instancia inicialmente hizo lugar a la medida solicitada y suspendió provisoriamente el estreno de la Serie, hasta tanto recibiera información que esclareciera las cuestiones atinentes a los derechos que de ella se derivan. Más allá de la provisoriedad de la medida, la decisión judicial reavivó el debate en la industria audiovisual local sobre el impacto de este tipo de medidas preventivas para obras basadas en hechos de interés público. La repercusión en los medios de comunicación fue amplia y alimentó la discusión acerca de los límites entre la protección de los derechos de la personalidad y la libertad de expresión artística.

En representación de Contribution S.R.L. (Claxson Argentina), el equipo de Marval O’Farrell Mairal, en conjunto con Máspero Abogados, realizó una presentación en la que solicitó que se deje sin efecto la medida cautelar, en virtud de los argumentos que esgrimimos y la documentación que acompañamos. Entre los argumentos más relevantes se destacó que, conforme surge de las autorizaciones acompañadas, el propio Carlos Saúl Menem otorgó en vida los derechos a Claxson para la realización de la Serie y el uso de su imagen, por lo que la medida era improcedente.

De este modo, el equipo de Marval estructuró la defensa sobre pilares constitucionales y convencionales, como son la protección de la libertad de expresión, la libertad de creación artística y el interés público de la obra.

Este caso implicó una coordinación estrecha entre distintas áreas de práctica, realizando una labor verdaderamente interdisciplinaria. El equipo de Litigios de Marval y, en particular, el área de Familia y Sucesiones −con la intervención de los socios Rodrigo F. García y Martín Vainstein− lideraron la estrategia procesal para cuestionar una medida que excedía claramente el marco del proceso sucesorio. En paralelo, el área de Propiedad Intelectual −liderada por Gustavo P. Giay− trabajó en la defensa de la obra como creación protegida y en el derecho de Claxson a producir y difundir la serie bajo las garantías de la libertad de expresión. Asimismo, se contó con la colaboración de Gabriel Máspero, del Estudio Máspero Abogados, especializado en propiedad intelectual y derecho del entretenimiento, quien aportó valor técnico clave para reforzar la defensa.

Fundamentos del levantamiento de la medida cautelar
El Juzgado Civil interviniente resolvió levantar la medida cautelar, acogiendo los argumentos centrales de la defensa. En su resolución, luego de analizar la documentación aportada por Claxson Argentina, el Juez consideró que la transmisión de los derechos para el desarrollo de la Serie habría sido realizada inter vivos por el propio Carlos Saúl Menem, y que eso excluiría que dichos derechos formen parte del acervo hereditario.

El caso "Menem" marca un precedente valioso para la industria audiovisual argentina y regional en lo que refiere a la protección de la imagen y la intimidad. Para Marval O’Farrell Mairal, esta experiencia evidencia la importancia de la estrategia jurídica y la colaboración entre las áreas de práctica de Propiedad Intelectual y de Familia y Sucesiones para proteger los intereses de los clientes.
Fuente: Marval O’Farrell Mairal

lunes, 23 de junio de 2025

Daniel Marx, el economista argentino a cargo de la venta de Telefe y Chilevisión

Exfuncionario en los gobiernos de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Alberto Fernández, ya tiene en sus manos algunas ofertas por los activos de Paramount en Argentina (Telefe) y Chile (Chilevisión)
Fue Jefe Negociador de la Deuda entre 1988 y 1993 y ha estado en diversos cargos relacionados a ese proceso en los últimos 45 años, desde Raúl Alfonsín, en adelante. Marx, quien también fue director del Banco Central de la República Argentina, es una voz conocida en el sector empresarial privado.

Quantum Finanzas ya está evaluando las ofertas recibidas y al menos una operación parece estar cerca de concretarse, con la venta del canal argentino.

El plan inicial de Paramount era vender las dos señales en un mismo paquete cuyo precio estaría en torno a los US$ 100 millones, pero hasta el cierre de esta edición se comentaba que finalmente los dos activos serán vendidos por separado, debido al interés de empresarios argentinos por quedarse con Telefe, el canal más visto de ese país, un emblema de la tv local (ver recuadro).

Acorde a los medios trasandinos Telefe se colocaría a un precio que iría entre los US$ 80 y US$ 100 millones, mientras que Chilevisión, saldría por separado en torno a unos US$ 20 millones.

En 2016, la estadounidense Viacom, que estaba por fusionarse con CBS para formar Paramount pagó US$ 345 millones por Telefe a la española Telefónica y en 2021 desembolsó entre US$ 14 millones y US$ 20 millones a WarnerMedia por Chilevisión.

Negociador del megacanje
Marx, un economista de la Universidad de Buenos Aires, es un personaje bien conocido en su país. El año pasado fue nombrado presidente de Edenor, la mayor distribuidora de energía eléctrica de Argentina, por lo que su voz y rostro están continuamente presente en los medios locales, debido a las vocerías que ha debido realizar ante corte y apagones.

Nacido en Uruguay, también es un comentarista habitual en los medios, donde ha ido analizando las medidas del gobierno de Javier Milei, celebrando la estabilización del país, pero poniendo acento en la necesidad de hacer correcciones, especialmente por la debilitación de la actividad y el consumo.

Los argentinos mayores lo conocen bien, porque ha participado en casi todos los procesos de reestructuración de la deuda externa del país. Fue Jefe Negociador de la Deuda entre 1988 y 1993 y ha estado en diversos cargos relacionados a ese proceso en los últimos 45 años, desde Raúl Alfonsín, en adelante.

Marx, quien también fue director del Banco Central de la República Argentina, es una voz conocida en el sector empresarial privado. Ha sido director de varias empresas así como de los bancos Río de la Plata en su país, Banorte en México e Interbank, en Perú.

En 2022 fue elegido por el exministro de Economía (y después candidato presidencial) Sergio Massa para integrar el comité para el desarrollo del mercado de capitales y seguimiento de la deuda pública en momentos en que el gobierno de Alberto Fernández esperaba un vencimiento que implicaría el desembolso de US$ 4.000 millones tras la segunda revisión trimestral con el FMI.

Su arribo al gobierno generó un áspero debate al interior del kirchnerismo, donde su presencia no era bien vista, debido a su participación -entre 1999 y diciembre de 2001- como secretario de Finanzas en el "Blindaje" y el "Megacanje", dos procesos de reordenamiento financiero que al final hicieron aumentar la deuda externa.

Dos veces, organizaciones sociales argentinas llevaron a Marx y otros funcionarios que participaron en esos procesos a los tribunales acusándolos de haber incrementado el monto de la deuda, favoreciendo a un consorcio de bancos que se benefició con el cobro de comisiones. Marx fue sobreseído dos veces: en 2005 y en 2010, cuando pidió a la justicia no volver a ser juzgado por algo ya resuelto en tribunales. Hasta ahora, el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, es el único funcionario que sigue procesado por ese caso.

Miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y profesor de Finanzas Internacionales, hasta hace algunos años era común ver a Marx desplazándose en bicicleta por Buenos Aires.

Cuando el año pasado, Edenor, controlada por los empresarios locales José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti, lo nominó como nuevo presidente, Marx, ya participaba en la firma, inmersa en un ambicioso plan de refinanciamiento de deudas e inversiones por lo que se preveía que su sello sería el de reordenar la compañía. Su primera prueba de fuego será una colocación de bonos por US$ 300 millones para modernizar la red y el servicio, programada para los próximos meses. Quizá cuando eso pase, Telefe y Chilevisión ya hayan sido vendidas.

Fundada en 1990 Telefe es una de las cadenas de TV más exitosas de Argentina. Lleva 10 años como la líder de audiencia y en sus estudios se han grabado producciones líderes en el mercado.

En los últimos años, la compañía venía optimizado su modelo de negocio, reduciendo su planta de empleados y externalizando procesos.

La idea inicial de Paramount era venderla junto con Chilevisión, todo en un paquete, porque Telefe es el activo más interesante, debido al tamaño del mercado argentino y la potencia de la marca.

Acorde a la prensa trasandina, en la lista de interesados por Telefe solo hay actores locales: la familia Werthein (que controla DirectTV en América Latina), Corporación América, liderada por Eduardo Eurnekian, y Alpha Media, el holding de medios de Marcelo Fígoli, el zar del entretenimiento trasandino, Gustavo Scaglione del grupo Televisión Litoral. También se habla del hijo del histórico gerente de Telefe Tomás Yankelevich y Martín Kweller, el mayor productor de contenidos de ese país (dueño de Kuarzo Entertainment).

La venta de los activos en Sudamérica, a su vez, es paralela a las negociaciones que lleva adelante Paramount a nivel global para fusionarse con la productora estadounidense SkyDance Media. Esta última operación fue anunciada hace un año, pero todavía no termina de ser aprobada por las autoridades antimonopolio de los Estados Unidos.
Fuente: Diario La Tercera

viernes, 6 de junio de 2025

Magnetto lo hizo otra vez: juez frena orden del Gobierno sobre la fusión de Telecom y Telefónica

Un tribunal suspendió una resolución del Gobierno de Javier Milei que obligaba a Telecom Argentina a esperar seis meses para avanzar en la fusión con la filial argentina del grupo español Telefónica.

Según una nota remitida este viernes por Telecom Argentina a los mercados, la Sala III de la Cámara Civil y Comercial Federal concedió con "efecto suspensivo" la apelación que la empresa había presentado ante la Justicia contra una resolución de la Secretario de Industria y Comercio.

La decisión, por tanto, suspende la aplicación de esa resolución dictada en marzo pasado por el Gobierno argentino.

El pasado 24 de febrero, Telecom Argentina compró la filial del grupo español Telefónica por 1.245 millones de dólares.

Apenas anunciada esa operación, el Ente Nacional de Comunicaciones (ENaCom, regulador de las telecomunicaciones) y la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) abrieron un proceso para evaluar la posible configuración de un monopolio en el sector.

En el marco de esa investigación, el 21 de marzo la Secretaría de Industria y Comercio dictó una resolución que obligaba a suspender de forma preventiva, en principio por seis meses, la integración de ambas compañías.

Según informó Telecom, la Cámara Civil y Comercial Federal resolvió «conceder con efecto suspensivo la apelación» de la empresa contra esa resolución dictada en marzo.

El tribunal también ordenó a la Secretaría de Industria y Comercio «que se abstenga de disponer cualquier medida que sea contraria al efecto suspensivo con que se concede el recurso».

Telecom tiene como principales accionistas a Cablevisión Holding (empresa controlada por el grupo argentino de medios Clarín) y al fondo Fintech Telecom (controlado por el empresario mexicano David Martínez).

Telefónica y Telecom dominan el mercado argentino de las telecomunicaciones desde que en 1990 el entonces Gobierno de Carlos Menem (1989-1999) privatizó la empresa estatal de telefonía y dividió en dos regiones al país para otorgar los servicios a estas dos empresas.

Según el Gobierno de Javier Milei, la participación resultante de la integración de las dos empresas implicaría una concentración del 61 % en el mercado de telefonía móvil y del 69 % en telefonía fija, mientras que en los servicios de internet residencial la concentración podría llegar al 80 % en algunas zonas del país.

La operación ha sido además objetada por dos empresas del sector: Claro -filial de América Móvil, propiedad del magnate mexicano Carlos Slim-, que presta servicios de telefonía móvil y de internet; y Telecentro, que da servicio de internet y televisión de pago. 
Fuente: Agencia EFE

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