domingo, 18 de octubre de 2026

Nuestra vida son los ríos: la historia de Cosita Romero llega a la historieta

La historia de Luis "Cosita" Romero nace a orillas del Paraná, entre canoas, jornadas de pesca y una vida marcada por las dificultades, pero también por el compromiso con la defensa del río y la organización colectiva. Baqueano y referente de las luchas socioambientales de Entre Ríos, Romero se convirtió en uno de los rostros reconocibles de la resistencia a los proyectos de represas hidroeléctricas en el Paraná Medio durante la década de 1990. Décadas después, continúa al frente de las movilizaciones que reclaman la soberanía sobre el río, cuestionan su privatización y advierten sobre las consecuencias ambientales del dragado profundo. Ahora, su trayectoria llega al lenguaje de la historieta con Nuestra vida son los ríos. La historia de Luis "Cosita" Romero, una publicación del Colectivo Editorial Aguará, con guion de Pablo Mariano Russo e ilustraciones de Ricardo "Jaimo" Jaimovich, que se presentó en la Feria del Libro Rosario. En ese marco, Russo y Jaimovich participaron del programa Señales, de Aire Libre Radio Comunitaria, donde compartieron detalles del proceso creativo y reflexionaron sobre la historia de Romero, la memoria de las luchas socioambientales y la importancia de defender el Paraná.

Una historia personal que habla de toda una comunidad
La propuesta recupera una historia individual para contar, al mismo tiempo, las experiencias de lucha de toda una comunidad ribereña. No se trata solamente de reconstruir la biografía de un personaje conocido en Paraná, sino de poner en circulación una memoria colectiva vinculada con la defensa del territorio, el cuidado de los humedales y el derecho a un ambiente sano. A través de sus páginas, el libro busca acercar esas experiencias a las nuevas generaciones y ofrecer herramientas para comprender la importancia de la participación comunitaria frente a las transformaciones que amenazan los ecosistemas y las formas de vida asociadas al río.

Pablo Mariano Russo, periodista, docente universitario y gestor cultural radicado en Paraná, conoce de cerca ese entramado de experiencias. Es codirector y editor de la revista cultural digital 170 Escalones, integra la Radio Comunitaria Barriletes 89.3 y participa de la red del Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCo), donde se desempeña como corresponsal y realiza reportes para el noticiero.

Durante la presentación del proyecto, aprovechó para actualizar una información sobre su participación en la emisora: ya no está a cargo de la coordinación de Barriletes, una responsabilidad que asumió su compañera Estefanía de la Fuente. Él continúa participando en la asociación y, según explicó, el cambio expresa también una decisión de dar lugar a las nuevas generaciones.

Su recorrido profesional se completa con la docencia en la Tecnicatura en Gestión Cultural de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos, la fundación y programación del Cine Club Musidora y la coautoría del libro El compañero que lleva la cámara. Cine militante argentino. Desde el Colectivo Editorial Aguará participa en proyectos de historieta relacionados con la memoria, la historia y las luchas sociales de la región. Su trabajo en la comunicación y la gestión cultural se enlaza, además, con el compromiso socioambiental y con iniciativas dedicadas a la defensa de los humedales y de la cuenca del Paraná.
De Paraná a Yacyretá: la travesía contra las represas

La elección de Romero como protagonista, explica Russo, responde a una historia que trasciende su propia vida. En Paraná, Cosita se convirtió en un personaje público en los años noventa, cuando encontró una forma singular de enfrentar los proyectos de represas hidroeléctricas en el Paraná Medio. Junto con otro pescador, Raúl Rocco, emprendió una travesía en canoa desde Yacyretá hasta Paraná, bajo la consigna "Por la Libertad de los Ríos", para oponerse a la construcción de las represas y advertir a las poblaciones ribereñas sobre los daños que esas obras podían provocar en el ecosistema y en las comunidades costeras.

La expedición fue una tarea de difusión y concientización que, vista desde el presente, adquiere dimensiones de epopeya. Los dos pescadores avanzaban a remo de pueblo en pueblo, haciendo paradas para conversar con los habitantes y repartir volantes. Llevaban alrededor de 80 kilos de material impreso con información sobre las consecuencias ambientales y sociales de las represas. Era una época sin redes sociales, sin teléfonos celulares y con muchas menos posibilidades de conexión inmediata entre comunidades. Por eso, cada llegada a una localidad suponía la oportunidad de establecer un vínculo directo, compartir información y sumar voces a una resistencia que se extendía por distintos puntos de la cuenca.

Aquella travesía convirtió a Romero y Rocco en símbolos de la lucha antirrepresas. Su recorrido contribuyó a visibilizar una amenaza que no afectaba únicamente a un lugar determinado, sino al conjunto del río y a las poblaciones que dependen de él. En esa experiencia, la defensa ambiental se construía desde el contacto con la gente, el intercambio de información y la convicción de que las comunidades debían tener un papel central en las decisiones sobre su territorio.

Del río como sustento a la defensa del territorio
Con el paso de los años, Romero continuó ligado al río desde distintos lugares. Fue baqueano y su figura quedó asociada a un islote situado frente a la ciudad de Paraná, reconocido como reserva natural. Su conocimiento del curso de agua, de sus movimientos y de sus paisajes forma parte de una relación cotidiana que no se limita a la contemplación: el río fue también su fuente de sustento y el de su familia. La pesca le permitió vivir y construir una experiencia que comparte con numerosos habitantes de las costas entrerrianas.

En los últimos años, esa relación volvió a traducirse en una participación activa en las luchas socioambientales. Romero se puso nuevamente al frente de una red de asociaciones y organizaciones ambientalistas de la cuenca que se oponen a la privatización del Paraná, defienden la soberanía sobre el río y cuestionan el dragado profundo por los daños que podría ocasionar en los ecosistemas. Las discusiones actuales recuperan, desde nuevas circunstancias, una preocupación que atraviesa toda su trayectoria: quién decide sobre el río, con qué intereses y qué consecuencias tienen esas decisiones para las comunidades y el ambiente.

El niño que pedía "una cosita"
Sin embargo, para Russo hay otro aspecto que vuelve especialmente significativa la historia de Romero. Detrás del referente ambiental hay una persona de origen humilde, marcada por una infancia muy difícil. Su apodo, "Cosita", remite precisamente a esos primeros años. Cuando era chico, salía a pedir ayuda por las calles y tocaba timbre en las casas, muchas veces acompañado por su abuela. Pedía "una cosita" —o "una coyita", como decía entonces—, y de aquella expresión nació el sobrenombre con el que más tarde sería conocido en Paraná.

Esa historia personal permite comprender una dimensión menos visible de su recorrido. Antes de convertirse en un referente de las luchas ambientales, Romero fue un niño que conoció las dificultades materiales y un pescador cuya vida estuvo estrechamente ligada al río. Para el equipo editorial, esas experiencias lo convierten en una figura representativa de muchos habitantes costeros de pueblos y ciudades de la región. Su historia reúne elementos de una experiencia compartida: la relación cotidiana con el agua, la dependencia de los recursos naturales, las dificultades de la vida y la necesidad de organizarse cuando el territorio se ve amenazado.

Por eso, la elección de Cosita como protagonista no busca presentar a un héroe aislado, sino encontrar en una persona concreta la expresión de una lucha colectiva. Su biografía funciona como una puerta de entrada a otras historias, a las de quienes acompañaron las campañas contra las represas, las organizaciones que defienden los humedales y las comunidades que se movilizan ante los proyectos que consideran perjudiciales para el Paraná.
Contar una vida en 24 páginas
Llevar esa trayectoria a una historieta supuso, no obstante, un desafío narrativo. La publicación tiene apenas 24 páginas y debió condensar una vida extensa, atravesada por diferentes momentos y experiencias. Russo reconoce que el trabajo exigió una síntesis importante y un proceso de elaboración compartido con Jaimovich. La historieta es, en ese sentido, una cocreación: guion e imágenes se desarrollaron mediante un diálogo constante, en un ida y vuelta que combinó reuniones de trabajo, conversaciones y muchos cafés y medialunas.

El proceso también incluyó encuentros con el propio Romero para reconstruir episodios de su vida y decidir cuáles podían incorporarse al relato. La dificultad consistía en preservar los momentos fundamentales de una trayectoria reconocida por su participación en las luchas ambientales sin convertir la narración en una sucesión apresurada de acontecimientos. Cada elección implicaba definir qué escenas podían transmitir, en pocas páginas, tanto la singularidad de su protagonista como el alcance colectivo de las experiencias que representa.

La historieta ofrece así una forma de acercamiento distinta a una historia que ya forma parte de la memoria social de Paraná. El lenguaje gráfico permite combinar episodios biográficos, imágenes del río y momentos de movilización para construir un relato accesible a lectores de distintas edades. Esa posibilidad resulta especialmente importante para el equipo editorial, que busca que las nuevas generaciones conozcan las luchas anteriores y encuentren en ellas elementos para interpretar los conflictos ambientales del presente.

Las luchas del Paraná, entre la memoria y el presente
Las movilizaciones de los años noventa contra las represas dejaron aprendizajes que siguen vigentes. La defensa del Paraná no terminó con aquellas campañas, sino que se prolonga en nuevas discusiones y formas de organización. En la actualidad, distintas agrupaciones ambientales y espacios de participación ciudadana trabajan sobre cuestiones relacionadas con la recuperación del río, la protección de los humedales y la soberanía sobre la cuenca. Entre ellas se encuentran el Foro por la Recuperación del Paraná y las asambleas vinculadas con la defensa de los humedales, cuyas iniciativas también tienen presencia en Paraná.

Para Russo, uno de los aspectos más interesantes de este escenario es que esas organizaciones y formas de participación están hoy interconectadas. La articulación entre colectivos permite coordinar esfuerzos, compartir información y construir respuestas comunes frente a problemas que no reconocen las fronteras entre localidades. Si en los años noventa Romero y Rocco debían recorrer el río para llevar personalmente sus volantes y explicar los riesgos de las represas, las organizaciones actuales cuentan con otras herramientas para comunicarse y vincular sus reclamos. Esa mayor conexión abre posibilidades para que las luchas se desarrollen de manera más coordinada.

La continuidad entre aquellas experiencias y las actuales es uno de los ejes que atraviesan Nuestra vida son los ríos. La historia de Romero permite reconocer que los conflictos ambientales no aparecen de manera aislada ni se agotan en una coyuntura: forman parte de una relación histórica entre las comunidades, el territorio y las decisiones políticas y económicas que inciden sobre ambos. También muestra que la defensa de un ecosistema puede convertirse en una causa compartida cuando quienes lo habitan reconocen que está en juego mucho más que un recurso natural.

Un río que también es identidad y soberanía
En esa trama, el Paraná es paisaje, sustento, memoria e identidad. Es el río que alimentó a Romero y a su familia, el escenario de su travesía contra las represas y el territorio que hoy vuelve a convocarlo frente a las amenazas de la privatización y el dragado profundo. Su historia, trasladada a la historieta, recupera la experiencia de un hombre que hizo de su vínculo con el agua una forma de compromiso público.

La publicación del Colectivo Editorial Aguará propone, finalmente, mirar más allá de una biografía y reconocer las voces que sostienen las luchas colectivas. Al contar la vida de Cosita Romero, reconstruye también una parte de la historia socioambiental entrerriana y plantea una pregunta que sigue abierta para las generaciones presentes y futuras: cómo defender un río que es mucho más que un curso de agua, porque en él se enlazan la vida de las comunidades, la riqueza de los humedales y la soberanía sobre el territorio.

Cosita Romero, entre el río y la memoria: las imágenes de una lucha colectiva
Las imágenes, a veces, pueden contar aquello que las palabras no alcanzan a explicar. En una historieta, el paisaje no es solamente el escenario donde transcurre una historia: también puede convertirse en una forma de expresar emociones, reconstruir una memoria y abrir preguntas que el texto deja deliberadamente abiertas. Para Ricardo "Jaimo" Jaimovich, ilustrador de Nuestra vida son los ríos. La historia de Luis "Cosita" Romero, dibujar el Paraná significó explorar esa relación entre la naturaleza, la experiencia humana y aquello que cada lector completa con su propia imaginación.
Dibujar lo que las palabras no alcanzan a contar

Jaimovich es arquitecto, vive en Paraná y es, además, un dibujante profundamente interesado en la naturaleza y el paisaje. Su formación y su trabajo lo acercan a la observación de los espacios, pero la historieta le propone otro desafío: encontrar imágenes capaces de complementar el relato sin limitarse a ilustrar literalmente lo que dicen las palabras. En el paisaje costero, señala, suele pensarse primero en la naturaleza, aunque también existe una naturaleza humana que vuelve a emerger, crece y transforma ese entorno.

El trabajo con Pablo Mariano Russo, guionista de la publicación, le permitió comprender hasta qué punto la ilustración podía abrir otros sentidos. Durante el proceso de creación, ambos realizaron entrevistas a Romero. Mientras Russo conversaba con él, Jaimovich dibujaba rápidamente las situaciones y los gestos que aparecían en el relato. Esos registros se convirtieron en parte de la elaboración gráfica de la historieta y permitieron que las imágenes surgieran del contacto directo con el protagonista.

El intercambio entre los autores también implicó aprender a correrse del propio lugar. Jaimovich recuerda que Russo le señalaba, en ocasiones, que no era necesario dibujar determinadas cosas, e incluso le acercaba algunos croquis para orientar la composición de las escenas. Para el ilustrador, esa experiencia puso en cuestión la idea de que saber dibujar implica poder resolverlo todo desde una mirada individual. En el proceso comprendió que había un tercer autor fundamental: el propio Cosita Romero, cuya voz, experiencia y manera de interpretar el mundo debían ocupar el centro del relato.

El río, la imaginación y lo que sucede entre viñetas
Los paisajes, entonces, no podían ser una simple reproducción de la realidad. Debían acompañar una experiencia que también se construye en la imaginación de quien observa. Jaimovich recupera, en ese sentido, una reflexión vinculada con el cineasta Werner Herzog y la pregunta acerca de qué constituye la verdad en una obra cinematográfica. Desde su interpretación, esa reflexión también puede trasladarse a aquello que el espectador imagina frente a una imagen. Una realidad puede resultar abrumadora, pero una representación artística también permite detenerse en un detalle, descubrir una perspectiva o imaginar cómo se encuentra una persona en medio de la inmensidad.

Uno de los dibujos que surgieron durante el trabajo expresa esa búsqueda. En una escena, Cosita aparece sobre la línea del horizonte, representado casi como un monstruo frente a la extensión del río, rodeado de canoas. La imagen transmite la dimensión del paisaje y, al mismo tiempo, la relación del protagonista con ese territorio. La idea surgió de un dibujo realizado por Russo que Jaimovich tomó como punto de partida para desarrollar la escena. El desafío consistía en encontrar una forma de narrar, dentro de los cuadros de la historieta, algo que excedía la descripción directa.

El ilustrador reconoce también que su manera de dibujar conserva una impronta de otra época, una línea gráfica que define con humor como propia de alguien de los años ochenta. Sin embargo, ese estilo se fue transformando durante el proceso, en diálogo con las fotografías y las imágenes que Russo le enviaba. La historieta se construyó así a partir de una combinación de registros, referencias y búsquedas personales que terminaron por darle forma a un lenguaje compartido.

Para Jaimovich, una de las particularidades de este género es precisamente aquello que sucede entre una viñeta y la siguiente. Allí existe un tiempo que no está dibujado de manera explícita, un espacio que el lector completa mentalmente. Ese vacío también forma parte de la narración: permite imaginar lo que ocurrió antes, lo que sucede después y aquello que no puede quedar contenido en una página. En el caso de Cosita, esa apertura hace posible que su figura continúe siendo descubierta más allá de los episodios seleccionados para el libro. La historieta cuenta una parte de su vida, pero deja abierta la posibilidad de seguir explorando todo lo que esa experiencia contiene.

Esa búsqueda gráfica dialoga con el sentido más amplio de la publicación. La resistencia a los proyectos de represas de los años noventa no pertenece únicamente al pasado, sino que mantiene una relación directa con las discusiones actuales sobre el dragado, la privatización, la gestión y la soberanía del Paraná. Para Russo, las continuidades entre aquellos conflictos y los que atraviesan hoy a las comunidades ribereñas hacen necesario preservar la memoria de las luchas anteriores. Conocer esas experiencias permite comprender lo que ocurrió y reconocer aquello que todavía es necesario defender.
Una historieta para llevar las luchas a las aulas

La elección de la historieta como lenguaje también está relacionada con la identidad del Colectivo Editorial Aguará, integrado por comunicadores, comunicadoras y diseñadores que trabajan en torno a problemáticas de la región. El colectivo tiene una presencia en Rosario y otra en Paraná, y sus publicaciones recuperan historias de Rosario, Victoria, Santa Fe y otras localidades vinculadas con luchas colectivas por derechos. Entre sus ejes de trabajo aparecen las cuestiones ambientales, los derechos humanos, la violencia institucional y las problemáticas de género.

En ese marco, Nuestra vida son los ríos no se limita a reconstruir una biografía ni a proponer una experiencia estética. El libro incorpora, en sus últimas páginas, una guía con información de contexto, referencias a leyes y preguntas destinadas a acompañar instancias educativas, tanto formales como no formales. El material permite profundizar algunas situaciones que aparecen en la narración, conocer mejor a determinados personajes y abrir discusiones que, por las limitaciones de espacio, no pudieron desarrollarse por completo dentro de las viñetas.

La dimensión pedagógica forma parte, de ese modo, del proyecto editorial. La intención es que el libro pueda circular en las aulas, en actividades de promoción de la lectura y en espacios comunitarios donde se discutan las relaciones entre el ambiente, los derechos y la participación ciudadana. La guía ofrece herramientas para que docentes y estudiantes continúen trabajando sobre los temas que plantea la historia, pero también para que otros lectores puedan acercarse a conflictos de su propia región y reconocerlos como parte de una trama colectiva.

Cuando se pregunta qué le gustaría que quedara en quienes lean la historieta, Russo señala dos objetivos: despertar la curiosidad por el territorio que habitamos y generar interés por aquellas personas que no se quedaron de brazos cruzados frente a las injusticias. La historia de Romero, considera, puede contagiar una actitud que él mismo sostiene desde hace años: no importa cuán poderoso sea el adversario, siempre hay algo que se puede hacer. Incluso una acción que parece pequeña puede contribuir a producir transformaciones importantes.

Esa idea atraviesa la figura del protagonista y ayuda a comprender por qué el libro evita presentarlo como un héroe extraordinario. Cosita es, antes que nada, uno de esos personajes que suelen permanecer ocultos en las historias oficiales, aunque sus acciones hayan contribuido a cambiar la realidad de sus comunidades. Reconocerlo y valorizar su recorrido implica mirar de otra manera a quienes, sin ocupar necesariamente lugares de poder, sostienen durante años las luchas por los derechos y la defensa del territorio.

Entre Tarzán y Juan L. Ortiz: imaginar a Cosita
Para representar esa singularidad, Russo y Jaimovich se permitieron una licencia poética: imaginaron a Romero como una combinación de Tarzán y Juan L. Ortiz, el gran poeta entrerriano cuya obra está profundamente vinculada con el río y el paisaje. La comparación reúne dos aspectos de su personalidad. Por un lado, su relación con las islas y los humedales; por otro, una manera de hablar que, según Russo, tiene una dimensión poética, aun cuando su formación académica haya sido escasa.

La referencia a Tarzán, además, tiene una raíz concreta en la infancia de Romero. Cuando era muy chico, atravesó situaciones de extrema dificultad y hubo temporadas en las que dormía en la calle. Durante los inviernos buscaba refugio en el cine para protegerse del frío. Al preguntarle cuáles eran sus películas favoritas, los autores descubrieron que Tarzán era uno de los personajes que admiraba. De esa memoria nació la imagen de una especie de Tarzán de los humedales, un hombre entre las islas, con el pelo erizado, que al mismo tiempo podía evocar la figura del poeta Juan L. Ortiz.

La representación no pretende convertirlo en un superhéroe, sino encontrar una imagen poética capaz de reunir su historia, su vínculo con el paisaje y su manera de comprender el mundo. Romero es un habitante del río, una persona común que se encuentra con otras y actúa junto a ellas para transformar la realidad. En esa condición reside, precisamente, la fuerza de su ejemplo.

Jaimovich agrega que la valentía puede comenzar en una sola persona, independientemente de las condiciones en las que viva. La acción colectiva es indispensable, pero no surge de la nada: comienza cuando alguien decide actuar y, a partir de ese gesto, moviliza a otros. En una intervención anterior de Romero durante una actividad vinculada con la serie de libros sobre Paraná, el protagonista había insistido en esa idea. Para los autores, su manera de hablar, sus expresiones y la fuerza de sus arengas fueron elementos que la historieta buscó recuperar mediante las imágenes.

La potencia gráfica aparece, entonces, en la posibilidad de transmitir no solamente lo que Cosita hizo, sino también su forma de estar en el mundo. Su voz, su presencia y su relación con el río se convierten en elementos centrales de una narración que busca representar tanto al individuo como al movimiento colectivo del que forma parte.

Historietas para reconstruir las memorias que faltan
La trayectoria de Aguará permite reconocer que este proyecto forma parte de una línea editorial más amplia, dedicada a contar historias que muchas veces quedan relegadas de los grandes relatos públicos. Entre sus publicaciones recientes se encuentra Escribir otra historia, con guion de Sonia Tessa e ilustraciones de Jimena Esborraz, que reconstruye la historia real de Lía Basso, una mujer que sobrevivió a un intento de femicidio en Rosario en 2015.

El caso permitió abordar no solamente la violencia ejercida por su pareja, sino también la violencia simbólica que sufrió después a través del tratamiento periodístico del diario La Capital. La cobertura mediática contribuyó a la revictimización de la mujer, y la historieta propone reflexionar sobre la violencia de género y las responsabilidades que intervienen en la construcción pública de estos casos.

Otro de los títulos del colectivo es Todos sabíamos, dedicado a la historia de Franco Casco, una publicación sobre violencia institucional con guion de Matías Gómez Vita e ilustraciones de Joaquín Álvaro Valdez. A ese trabajo se suma No fumiguen mi escuela, centrado en las fumigaciones en zonas cercanas a escuelas rurales de Entre Ríos, y Desde la raíz, que recupera la historia de una militante desaparecida y luchadora de las Ligas Agrarias durante la década de 1970.

Con alrededor de una docena de títulos, el catálogo de Aguará reúne relatos vinculados con conflictos sociales, ambientales y políticos que marcaron a las comunidades de la región. Las historietas funcionan como herramientas para reconstruir memorias, poner en circulación historias reales y promover debates sobre situaciones que continúan teniendo consecuencias en el presente.

Russo invita a quienes quieran conocer esas publicaciones a seguir al colectivo en las redes sociales y ponerse en contacto para consultar por los materiales. En Rosario, Aguará cuenta con un espacio en el Pasaje Pan, aunque el ilustrador y el guionista recomiendan consultar directamente al colectivo para conocer las posibilidades de acceso a sus libros. Durante los días de la Feria del Libro, además, las publicaciones pueden encontrarse en un stand donde se exhiben los distintos títulos.

La presentación de Nuestra vida son los ríos se inscribe así en un recorrido editorial que combina creación artística, investigación y compromiso social. La historieta no busca cerrar una historia ni ofrecer una imagen definitiva de su protagonista. Por el contrario, invita a descubrirlo desde distintas perspectivas y a reconocer que detrás de cada lucha hay personas con trayectorias complejas, experiencias difíciles y una capacidad concreta para intervenir en la realidad.
Una historia que sigue remando

Cosita no pudo asistir a la presentación debido a inconvenientes personales y envió mensajes para disculparse por su ausencia. Sin embargo, su participación en las actividades del Foro por la Recuperación del Paraná continúa siendo habitual. Russo recordó que, aproximadamente un mes antes, habían realizado una presentación junto con el foro en la Facultad de Medicina y anticipó una nueva actividad en Victoria para noviembre, probablemente a mediados de ese mes.

También destacó la presencia de Romero en las remadas que se realizaron durante este año y el anterior desde Formosa hasta Rosario. El baqueano suele acercarse a la llegada de las embarcaciones para participar del recibimiento en las playas rosarinas. Esas travesías recuperan, desde otras circunstancias, una forma de vincular las comunidades a través del río y de mantener visibles los reclamos por su defensa.

En esa continuidad entre memoria y acción se encuentra una de las claves del libro. La historia de Cosita Romero no se agota en su infancia, en sus años de pescador ni en las campañas contra las represas. Se prolonga en cada nueva discusión sobre el futuro del Paraná, en las organizaciones que defienden los humedales y en quienes deciden involucrarse cuando consideran que un derecho o un territorio están amenazados.

Las imágenes de Jaimovich y el guion de Russo construyen un relato que combina biografía, paisaje e imaginación para acercar esa experiencia a nuevos lectores. Entre una viñeta y otra queda un espacio abierto: allí pueden aparecer otras historias, otras voces y otras formas de comprender la relación entre las personas y el ambiente.

Pablo Mariano Russo y Ricardo "Jaimo" Jaimovich presentan así Nuestra vida son los ríos. La historia de Luis "Cosita" Romero, una historieta que recupera la memoria de las luchas por el Paraná y recuerda que detrás de la defensa de un territorio hay personas, comunidades y muchas historias por contar.

Porque conocer el pasado también es una manera de comprender el presente. Y reconocer a quienes actuaron antes puede ayudar a que otros encuentren la fuerza para hacerlo ahora. La historia de Cosita invita, en definitiva, a mirar el río con otros ojos, a preguntarse qué queremos proteger y a asumir que el futuro de ese paisaje compartido también depende de las decisiones y las acciones de quienes lo habitan.

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