Las dudas sobre su crecimiento patrimonial, la cadena de operaciones inmobiliarias, los gastos difíciles de justificar y el costo político para el gobierno en un contexto de crisis. "Tenía también declarada una casa heredada en La Plata de hace mucho tiempo, pero empezó a escriturar, como frenesí de escrituras. Y cambió la camioneta, no vendió la anterior. Había una especie de 'bueno, entró guita, vamos a gastar', con propiedades, con camionetas, con viajes", dice Sebastián Lacunza en una entrevista en el programa Señales, de Aire Libre Radio Comunitaria
Adorni en una captura de pantalla de televisión
¿Cuándo te diste cuenta de que no eran casos aislados, sino un patrón todo lo que estaba ocurriendo con Manuel Adorni?
Mi mirada sobre los conflictos éticos de Javier Milei se remonta al primer momento en que esta persona hizo su aparición en los medios, tanto por su forma de vincularse con los demás, con modos que podríamos calificar de fascistas, lo cual despierta muchas inquietudes desde el punto de vista ético, como por el hecho de que muy temprano se conoció que utilizaba su figuración pública para hacer negocios. Y eso, para mí, es incompatible primero con el periodismo —él podía ser considerado un panelista, un periodista perfectamente, porque no es una profesión colegiada— y luego, como político, mucho más aún. Llegó a cobrar charlas de 25 mil dólares.
Entonces, en la medida en que el gobierno se puso en marcha, hubo múltiples indicios para comenzar a observar, justamente, conflictos de intereses y posibles hechos de corrupción. Ahora ya estamos hablando de casos muy voluminosos, de mucho peso, como $Libra o ANDIS, que hablan de una corrupción estructural. En el caso de $Libra, ahí se ve el trazo de indicios que podrían señalar a los Milei como corruptos desde el momento en que eran panelistas hasta ahora, y cómo fueron aumentando el "precio” en virtud de la mayor posibilidad que tenían.
En el caso de Adorni, quizás es muy sintomático que el mare magnum, o digamos, que se haya desatado una cadena de incompatibilidades con su estilo de vida. Me parece que, si lo pensás, Claudio, desde el punto de vista de un periodista de clase media —como soy yo y como era Adorni—, está fuera de cualquier cálculo comprar un vuelo privado a Punta del Este. Entonces, por más que digan "mirá, 3.800”, aunque decidas invertir una parte sustancial de tus ahorros para una escapada porque estás muy estresado, si sos de clase media eso ni lo pensás un instante. Si te querés dar un gusto un fin de semana de Carnaval, te vas a Jujuy o a Punta del Este, donde sea, pero tratás de que no te salga lo más caro posible.
A partir de ahí me parece que hubo un quiebre en Adorni del cual no pudo salir, y por eso creo que ya estaba claro que no era un caso aislado y después vino todo lo demás.
¿El caso uno lo puede inscribir como eje central en lo patrimonial, lo ético, lo político?
Así planteada, diría que es un problema político. Ya dije anteriormente que yo nunca asumí, ni por un instante, que la propuesta de Milei fuera regenerativa desde el punto de vista ético, pero sí era una promesa que él enunciaba con sus modos insultantes y que fue tomada por una parte muy importante de la población: el hartazgo contra los "políticos chorros”, y la idea de "vengo a reivindicarlos”, algo que Milei expresó de múltiples formas, incluso con sus alucinaciones de inteligencia artificial, de verse como un superhéroe, y demás.
Entonces, al quedar eso expuesto —no sólo en el caso de Adorni, sino en general—, se convierte en un problema político severo. Porque si una parte de su electorado tenía ese anclaje en una especie de venganza contra los corruptos, hoy eso, me parece, sólo por impostura se puede sostener. Ninguna persona mínimamente informada puede seguir creyendo en eso.
Luego está lo patrimonial, que en este caso aplica también a Adorni, por supuesto, porque fue la voz cantante de ese prisma. La combinación de falencias éticas y un patrimonio difícil de explicar contribuye directamente al problema político, e incluso a una crisis política.
¿Qué inconsistencias te parecen más relevantes en el día de hoy?
Una inconsistencia elemental es que él, con un departamento en el que vivió hasta el año pasado —y en el que había habitado con su familia durante la década previa— en Parque Chacabuco, un barrio de clase media nítida de la Ciudad de Buenos Aires, en una torre de no muchas pretensiones, con amenities, sí, pero comparado con el departamento al que se mudó, una torre más modesta en términos relativos, pretende justificar la compra de una casa en un barrio privado de fin de semana, que además fue refaccionada, y la compra de un departamento, un semipiso en una cuadra cara de Caballito, un barrio de clase media pero también de media alta de Buenos Aires, con expensas el doble de lo habitual para un parámetro comparable.
Entonces eso es inconsistente: con una sola unidad pretende justificar dos compras que probablemente sean más caras que la primera propiedad. No lo está pudiendo sostener; se metió en una encerrona y me parece que va a tener que hacer magia para salir de ahí.
Después está la inconsistencia, como dijimos antes, de las decenas de miles de dólares gastadas en pasajes y de las decenas de miles de dólares gastadas en tarjetas de crédito, en gastos corrientes durante varios meses.
Son muchas las inconsistencias, por eso lo tienen en el banquillo por sospecha de enriquecimiento ilícito, por lo menos.
¿Qué es lo que todavía no cierra del todo en la explicación oficial?
Dicho eso, la pregunta podría darse vuelta: ¿qué es lo que sí cierra?
Supongamos que lo que sí cierra —al menos en términos legales más que éticos— es lo que ellos sostienen respecto del precio pagado por el departamento de Caballito: 200 mil dólares. Ese valor es más o menos la mitad de lo que se paga por metro cuadrado en esa zona, o, dicho de otro modo, bastante menos de lo que pedía el exfutbolista Hugo Morales en febrero de 2024 por esa misma propiedad, cuando la ofrecía en 340 mil dólares y finalmente se vendió en 200 mil.
Eso ya de por sí resulta inconsistente, muy difícil de sostener como una explicación cerrada. Sin embargo, la inmobiliaria, el vendedor, el comprador y la escribana coinciden —o al menos así lo registran— en esa cifra. Por lo tanto, probablemente en el terreno judicial haya que resignarse a ese argumento: que el departamento necesitaba reformas y por eso se vendió más barato.
Podemos sospechar que no es así, podemos intuir que está subdeclarado, pero aun así eso probablemente le resuelva poco a Adorni, porque el problema central es otro: cómo lo compró. Eso es otra discusión.
Del resto, me parece que no le cierra nada.
Vuelvo a la primera respuesta. El solo hecho de pensar que una pareja de clase media —supongamos que empezaron a tener mejores ingresos a partir de este año, porque el sueldo de Manuel Adorni más que se duplicó, de 3 millones a 7 millones, y porque a Bettina Angeletti le empezó a ir muy bien con la consultora de coaching ontológico desde 2024— implica aceptar una hipótesis que, creo, va a ser la que intenten sostener: básicamente que sus ingresos explican el nivel de gasto. Por más que eso resulte, en principio, difícil de creer.
Supongamos que eso es así, aunque suene absurdo. También estarían los contratos de Angeletti y demás ingresos asociados. Pero aun en ese escenario, ningún ser humano con esos ingresos —incluso con los actuales— decide pagar 5.000 dólares un pasaje a Nueva York en febrero y 3.800 dólares un tramo a Punta del Este, más allá de que eso haya sido facturado en 9.000 dólares en total.
Y aun si aceptáramos que Adorni no miente y que efectivamente pagó 3.800, la suma de esos gastos no encaja con una familia con esa estructura de ingresos. No alcanza.
Además está la cuestión de la excentricidad: el uso de un vuelo privado por alguien que, al mismo tiempo, construía un discurso muy severo sobre la ética de los demás, señalando desde un púlpito ajeno las falencias éticas de otros. Eso también forma parte del cuadro general, y es muy costoso para la coherencia política de esa posición.
¿Qué nivel de información hay sobre quién los financió?
Para mí, hay que construir un capítulo específico que incluya las tres escrituras en las que está involucrado Adorni entre 2024 y 2025. La compra de Indio Cuá es particularmente sospechosa. La escribana, Adriana Mónica Nechevenko, sostiene que se trata de una operatoria completamente normal, en la que intervino como garante de una hipoteca privada y donde incluso se presentaron dos policías, en este caso mujeres policías.
Ahora bien, yo no conozco a nadie que acepte ese tipo de condiciones, y menos aún tratándose de alguien que es jefe de Gabinete. Eso, en sí mismo, ya abre una serie de interrogantes.
A partir de ahí, se inicia una cadena de movimientos inmobiliarios de muy difícil justificación. Luego aparece la compra realizada por un amigo —a través de su madre— de una unidad en Caballito. Y, meses más tarde, ese mismo círculo vuelve a intervenir: ese amigo, otra vez mediante su madre, le vende a los Adorni la propiedad, nuevamente con una hipoteca.
Es decir, sobre un bien nuevo que ya de por sí resulta llamativo, y que además iba a ser pagado con la venta de Asamblea, otra propiedad, pero que a su vez ya estaba hipotecado para financiar la operación de Indio Cuá.
Ahí hay una cadena de movimientos de muy difícil explicación, que es lo que probablemente termine investigando la justicia. A partir de eso, se abren otras líneas de investigación sobre el flujo de ingresos y el resto de las operaciones, lo cual seguramente dará lugar a más derivaciones.
Y en algún momento esto puede derivar en una indagatoria e incluso en un procesamiento del jefe de Gabinete, aunque eso ya depende del curso de la causa, que es muy difícil de anticipar en abstracto.
¿Qué peso tiene el tema de las propiedades en esta investigación?
Bueno, ese es el "stock” de Adorni, ¿no? Pasó de uno a tres inmuebles. Tenía también declarada una casa —al parecer heredada hace mucho tiempo— en La Plata. Pero a partir de ahí empieza a registrar un verdadero frenesí de escrituras.
Cambia la camioneta, sin vender la anterior. Hay una especie de lógica de consumo acelerado, entró guita, vamos a gastar: propiedades, vehículos, viajes. Como si hubiera una expansión simultánea de todos los rubros patrimoniales.
Ahora bien, si eso constituye o no un indicio en sentido judicial estricto es otra cosa. En este punto, lo que hay es un conjunto de elementos que, tomados aisladamente, pueden tener explicación; pero en su conjunto dibujan una dinámica difícil de encajar con un perfil de ingresos "normal” para alguien de su trayectoria.
Esa es la zona en la que estamos: una acumulación de señales más que una prueba cerrada. Un patrón que, como mínimo, obliga a ser investigado en profundidad.
Y esa dinámica —ese "frenesí”, si se quiere— es la que probablemente haya quedado interrumpida, o al menos puesta en revisión.
¿Hay indicios concretos, o todavía estamos en una zona gris?
Bueno, si hay indicios de que todavía estemos en una zona gris —en el sentido de que puedan aparecer más propiedades y más gastos—, por el lado de los gastos hay claramente material para seguir investigando, y también por el lado de los contratos de Angeletti y de lo que haya podido facturar con esa consultora.
Además, habrá que ver qué surge de la apertura del secreto fiscal y bancario que solicitó la fiscalía y que dispuso el juzgado. Eso puede ser determinante.
En ese sentido, es muy probable que aparezcan novedades. Incluso datos recientes, como el hecho de que Angeletti habría pagado de su propio bolsillo 5.000 dólares por un pasaje, ya complican el cuadro. Lo mismo ocurre con otros elementos que se conocieron en su momento: expensas, colegio de los hijos, y demás.
Hoy, por ejemplo, se habla de expensas cercanas a los 2 millones de pesos mensuales, considerando las tres propiedades. Es decir, estamos ante un nivel de gasto fijo muy elevado en relación con los ingresos que se declaran.
¿Estamos ante una investigación incipiente o algo más consolidado?
Sobre el estado de la investigación, si es incipiente o más consolidada, eso se verá. A veces es difícil de anticipar: uno mismo en el trabajo se encuentra con datos que aceleran el caso, después aparece una meseta, y luego puede volver a reactivarse.
Ahora bien, con el nivel de casos que involucran al gobierno, a los Milei, y a un círculo relativamente reducido —que además parece bastante cerrado y con disputas internas por el control, entre figuras como Karina Milei y Santiago Caputo—, es difícil no ver un patrón de continuidad en la aparición de nuevos hechos.
En el caso específico de Adorni, no sé cuánto más pueda aparecer, pero en términos generales respecto del gobierno, las dudas son permanentes: hay causas abiertas y líneas de investigación en curso.
El caso $Libra, por ejemplo, es mucho más grave; incluso hay indicios de negocios directos más sólidos que en otros expedientes, más allá de la decisión del fiscal federal Eduardo Taiano de no investigar. En ese sentido, sí puede decirse que, a nivel gobierno, esto es un proceso todavía en desarrollo.
¿Cuánto daño político real le generó esto al gobierno?
Cuando se evalúa si la corrupción es costosa para los gobiernos, los liderazgos y los ciclos políticos, la respuesta es que a veces es sumamente costosa: una falla ética o un hecho de corrupción puede tener efectos muy profundos. Hay ejemplos en la Argentina para todos los gustos.
Existen grandes casos que, sin embargo, se desvanecieron con el tiempo, sobre todo cuando la Justicia y los medios no investigaron o dejaron de poner el tema en agenda. En ese sentido, el macrismo tuvo varios episodios de ese tipo: los Panama Papers, los parques eólicos, la renegociación de las autopistas, la demanda de los socios de Mauricio Macri en torno a las concesiones viales, las cuentas offshore, entre otros. Casos que, en gran medida, se diluyeron.
Con el kirchnerismo ocurrió algo parecido en algunos momentos: Skanska fue un caso importante, pero luego perdió centralidad, y otros episodios siguieron trayectorias similares. Por el contrario, hubo causas que crecieron y se consolidaron, en parte por el impulso de jueces y fiscales alineados con distintos sectores políticos.
Es decir, la asimilación social y política de la corrupción depende mucho del contexto institucional, judicial y mediático. No es un proceso automático.
En principio, yo diría que la preocupación social por la corrupción y la política está bastante sectorizada. Simplificando: los kirchneristas tienden a negar lo propio y amplificar lo ajeno, y los macristas hicieron algo similar, aunque con mayor capacidad de influencia mediática y judicial para instalar determinados casos.
Pero cuando hay angustia económica y pesar cotidiano, esa preocupación puede acelerarse y volverse más transversal. Y quizás estamos atravesando un escenario de ese tipo, donde el impacto potencial de estos temas puede ser mayor que en otros contextos.
¿Notas diferencias entre el respaldo público y el privado?
Por respaldo público entendemos el respaldo que le da el presidente y los funcionarios. En principio, yo creería que dentro del gabinete hay cierta resignación, y más de uno evalúa hasta qué punto les conviene seguir sosteniendo al jefe de Gabinete con su mala defensa y todo lo que eso implica. Y eso, de algún modo, se percibe en las expresiones corporales, en los rostros, en esas selfies a las que Adorni los somete, con el madrinazgo de Karina Milei, que ordena que esas fotos sean tomadas. En sí mismas, son bastante patéticas como manifestación de respaldo.
Después está el propio presidente, que suele actuar con desmesura y mal gusto, acompañado de insultos, y que además exhibe una moral muy rudimentaria al abordar estas cuestiones. Por ejemplo, cuando surgen temas como los créditos del Banco Nación, que son éticamente reprobables si efectivamente fueron obtenidos por personas que insultaban a los empleados del banco y luego, al tener oportunidad, accedieron a los mayores beneficios posibles, eventualmente con la intermediación de funcionarios del gobierno.
Eso, desde lo ético, ya es grave; y probablemente incluso pueda tener derivaciones legales si hubo algún tipo de privilegio indebido. Sin embargo, la respuesta del presidente es: "¿mató a alguien?, ¿coartó alguna libertad?". Parece no haber una comprensión clara de qué libertad estaría en juego, como la de quienes quisieron acceder a un crédito y no pudieron hacerlo.
En el plano privado, en cambio, hay que mirar otro tipo de respaldos. Por ejemplo, el apoyo que Adorni tuvo en algunos medios a los que asistía como contertulio, donde participaba en conversaciones nocturnas de un periodismo bastante cuestionable. Ese respaldo hoy se ha transformado en un tratamiento crítico o directamente en investigaciones periodísticas en esos mismos espacios.
En ese sentido, también hay un corrimiento del clima mediático: mucha enjundia, ironías, escándalo por gastos, y al mismo tiempo la tendencia a desplazar otros temas de la agenda —como el caso de la AFA y de Chiqui Tapia— que durante meses ocuparon un lugar central, en mi opinión sin una justificación proporcional a su tratamiento.
Y en el caso de Adorni, también hay que observar el posicionamiento del Grupo Clarín, considerando sus intereses económicos pendientes vinculados a la compra de Telefónica y lo que resta de esa operación. Eso, sumado a su lectura política y empresarial sobre la sustentabilidad del proyecto de Milei, configura un escenario en el que el apoyo puede ser coyuntural.
No sería la primera vez que el Grupo Clarín sostiene a un gobierno hasta que considera que deja de ser funcional o viable. Por eso, estamos probablemente en un momento de transición en ese plano.
Por último, ¿cómo analizás la estrategia comunicacional de Manuel Adorni?
Adorni era una persona eficaz para el ataque, para la chicana, para el estiletazo. Eso le dio todo su capital político; no tuvo otro. Hablar con voz firme, abusarse del micrófono y de las respuestas falsas o engañosas ante periodistas a los que humillaba, más allá de que la práctica periodística era variada —porque no todos los periodistas que preguntan son iguales—, fue lo que le permitió posicionarse en el mundo Milei. Ese fue un activo central, y así entró.
Es cierto que, si uno analiza desde la entrevista con Eduardo Feinmann, que también funcionó como disparador para investigar —porque hasta ese momento lo que se sabía era que había subido a su esposa al avión presidencial—, la calidad de sus respuestas fue tan mala que al día siguiente, cuando publiqué lo del viaje a Punta del Este, a partir de ahí se desató una cadena de la que nunca se pudo bajar.
Así que, si tengo que evaluar, diría que muy mal. Contestó mal cuando tuvo que contestar, la conferencia de prensa fue patética, sigue abusando de silencios, de respuestas muy selectivas. Esta secuencia de selfies también es mala, es contraproducente: todo el mundo percibe que está armado, que es artificial.
Ahora bien, tampoco sé cuánto margen tenía para responder. Qué tipo de conferencia de prensa debería haber dado para salir mejor parado, no lo sé. Capaz que no había forma de responder bien.
Ejerce el periodismo desde fines de la década de 1990, un recorrido que lo fue llevando por redacciones, corresponsalías y coberturas internacionales que marcaron su perfil profesional. Su trayectoria incluye uno de los hitos más visibles de su carrera: la dirección periodística del Buenos Aires Herald entre 2013 y 2017, un medio emblemático en la historia argentina, cuya identidad y legado luego retomaría también desde la escritura.
En la actualidad, se desempeña como corresponsal de la agencia estadounidense REDD y de Reporteros Sin Fronteras, roles desde los cuales continúa observando y narrando la relación entre poder, medios y libertad de expresión. Antes de eso, había consolidado una extensa experiencia en el diario Ámbito Financiero, donde trabajó durante trece años, y también como corresponsal del periódico italiano Il Manifesto durante cinco años, ampliando su mirada hacia escenarios internacionales.
A lo largo de su carrera, Lacunza ha colaborado con una diversidad de medios de alcance global y regional, entre ellos The Washington Post, PáginaI12, Anfibia, Le Monde Diplomatique, elDiarioAR, Inter Press Service, Letra P y La Diaria. Su trabajo lo llevó a cubrir acontecimientos y crisis en distintos países de América, Europa y Medio Oriente, experiencias que fueron moldeando una perspectiva amplia y comparativa del ejercicio periodístico.
Su formación académica combina instituciones de peso: la Universidad de Buenos Aires, Flacso y la Universidad del País Vasco, espacios donde profundizó herramientas teóricas y analíticas que luego trasladó a su práctica profesional y a su producción escrita. Es autor de tres libros: Wiki Media Leaks (2012), en coautoría; Pensar el periodismo (2017); y El testigo inglés, luces y sombras del Buenos Aires Herald, donde revisita la historia del diario que dirigió y su impacto en la vida política y social argentina.
Además de su labor como periodista, se desempeña como docente de maestría en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, participando en la formación de nuevas generaciones de comunicadores. En redes sociales se presenta como @sebalacunza y @sebalacunza72, y cada domingo publica sus columnas en elDiarioAR, donde en el último tiempo viene analizando los casos de corrupción del gobierno de Javier Milei, con especial atención reciente en el caso de Manuel Adorni.


