sábado, 11 de abril de 2026

Santa Fe: escuelas al límite, sostener en soledad frente a un Estado ausente

Desde Avellaneda, la directora Silvana Serván traza en Señales un retrato crudo del norte santafesino: docentes desbordados, infancias atravesadas por la pobreza y una red educativa que resiste sin recursos suficientes. Entre la sobrecarga cotidiana y la falta de respuestas estructurales, advierte que los episodios más graves no son hechos aislados, sino la expresión de una crisis que se viene gestando desde hace años.
Serván parte su relato de un hecho reciente ocurrido en la localidad de San Cristóbal —el crimen en la escuela Mariano Moreno, donde un adolescente de 15 años mató de un escopetazo a un compañero de 13 e hirió a otros estudiantes— y, aun a la distancia geográfica, lo reconoce como un episodio profundamente conmocionante. Así comienza:

Estoy en una escuela especial, pero nuestra escuela articula con cincuenta y seis escuelas de toda la región dos de educación. Así que tenemos una llegada a territorio y a todos los niveles y modalidades. Y más allá de que estamos lejos, en otra región respecto de San Cristóbal y de lo que pasó en esa escuela, realmente es una realidad que, si bien fue terrible, creo que es el punto culminante de algo que se viene acumulando en las escuelas. Esperemos que esto no continúe, lamentablemente, cada vez peor.

Realmente, las escuelas están atravesando una situación muy compleja desde hace muchos años, incluso previa a la pandemia. La pandemia profundizó lo que ya venía ocurriendo, y esto se arrastra desde la gestión del exgobernador Omar Perotti. Hoy se suma una ausencia del Estado en la actual gestión del gobernador Maximiliano Pullaro, que, lamentablemente, se ha focalizado en agredir y violentar a la docencia, que somos quienes sostenemos las escuelas y a los estudiantes.

La realidad de las escuelas no se limita a los niveles de violencia, sino que está atravesada por fuertes niveles de vulnerabilidad de las infancias y adolescencias. Trabajamos cotidianamente con estudiantes en situación de pobreza extrema, abuso, consumo problemático y múltiples carencias afectivas y económicas. Muchas veces, las cinco o seis horas diarias que pasan en la escuela son el único espacio en el que son mirados, abrazados, acompañados y sostenidos. Son muchas las aristas que atraviesan hoy a las escuelas.

Frente a esta situación, tras lo ocurrido en San Cristóbal, en lugar de realizar un análisis profundo sobre lo que está pasando en las instituciones educativas, sobre lo que necesitan las escuelas y los docentes que sostienen esta realidad en soledad, el Estado vuelve a una respuesta punitiva. Se elige "tirar la pelota afuera" en lugar de preguntarse qué está ocurriendo.

Se trata de un gobierno que, en lugar de apostar a la educación, la debilita. No solo a través del corrimiento del Estado, sino también mediante acciones concretas. Maltrata a los docentes, destina recursos a publicidad engañosa y a la utilización de trolls en redes sociales que atacan a quienes reclamamos condiciones dignas. Porque no reclamamos solo salario: reclamamos también las condiciones en las que trabajamos.

Para dar un ejemplo concreto, en cada regional deberían existir equipos socioeducativos que acompañen estas problemáticas. Sin embargo, esos equipos no están conformados de manera suficiente. No están integrados solo por profesionales: deberían ser tres, cuatro o cinco, y el resto docentes que articulen el trabajo territorial. En la región II, por ejemplo, hay once personas para 351 escuelas. Es una cifra claramente insuficiente para la demanda existente.

La respuesta del gobierno, en este contexto, fue un insulto para las familias, la sociedad y las escuelas. No hubo siquiera una jornada de duelo o reflexión institucional, ni lineamientos de trabajo específicos enviados a las escuelas para abordar lo ocurrido o repensar qué está fallando.

Las escuelas seguimos trabajando igual, porque estamos acostumbrados a sostener en soledad, pero no hubo acompañamiento del Estado ni de las autoridades del ministerio. No se envió ninguna orientación para pensar colectivamente qué está pasando o qué está faltando.

Todo esto lo analizamos hacia adentro de las instituciones, entre docentes que estamos sobrecargados, que muchas veces no llegamos a fin de mes para sostener a nuestras familias, pagar un alquiler o cubrir lo básico, y al mismo tiempo seguimos sosteniendo a las infancias y adolescencias. Lo de San Cristóbal es apenas la punta del iceberg.

En la región II, desde hace más de diez o quince años, las escuelas registran una alta tasa de suicidios en el nivel secundario. En la zona, en general, hay una incidencia importante de esta problemática. No hay escuela secundaria que no haya atravesado algún caso, una situación que viene siendo advertida desde hace años, incluso antes de la pandemia.

Se trata de situaciones que no están siendo abordadas y que dejan como saldo jóvenes que ya no están, estudiantes que se han perdido, mientras las escuelas continúan sin herramientas suficientes para intervenir. A esto se suman otros hechos de violencia institucional en la región de Rosario, donde también se registran casos de jóvenes víctimas de la violencia policial.

Las escuelas, a lo largo de la historia, han sido una de las pocas instituciones que han permanecido en pie más allá de los distintos gobiernos nacionales y provinciales. Sin embargo, hoy atraviesan un contexto atravesado por una creciente violencia social y simbólica.

Esta violencia que vivimos en las redes, con un presidente que insulta, un gobernador que insulta, que maltrata, que violenta.

Una de las primeras medidas fue cerrar el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Son un montón de cuestiones que están generando un clima social y la escuela, lamentablemente, no es ajena. El tema es que quienes sostenemos las escuelas somos personas que estamos solas y que necesitamos una presencia del Estado, con presupuesto, con recursos humanos reales y no ficticios.

Silvana Serván, directora de una escuela para chicos sordos de la ciudad de Avellaneda, en la región II, cerca de Reconquista, es profesora en Educación Especial con orientación en Sordos e Hipoacúsicos. Actualmente dirige la Escuela Especial N° 2061 "19 de Septiembre", de la localidad de Avellaneda, Santa Fe. Oriunda de la localidad de Nelson, egresada del ISP N° 8 "Almirante Brown" de la ciudad de Santa Fe Capital, tiene 50 años y 27 años de antigüedad en la docencia. Su trabajo se orienta a la generación de espacios educativos accesibles para niños, jóvenes y adolescentes de la Comunidad Sorda del norte de la provincia. Es militante gremial y pertenece al espacio Frente 4 de Abril Obligado.

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