domingo, 21 de mayo de 2017

Percibir el valor de la información

Y también, reconocen que no se hace gratis. Lo afirma Jim Roberts, ex Editor Jefe de nytimes.com
Por: Jim Roberts
Si Donald Trump tiene razón en algo, es en lo siguiente: el mundo está repleto de noticias falsas.

Pero cuando él se expresa en esos términos esta menospreciando la obra del New York Times, Washington Post, o CNN. Me refiero al océano de contenidos ficticios que se publican en Internet, creados deliberadamente para influenciar la opinión política, enmascarados como noticias genuinas y que tienen el potencial de menoscabar las instituciones democráticas de todo el mundo.

Es fácil crear ese tipo de noticia falsa. Lo único que uno necesita es conexión a Internet, un poco de imaginación y la decisión de crear ficción que se presente como realidad.

Crear noticias verdaderas, noticias verificables, es mucho más complejo. Y costoso. Las coberturas de noticias de calidad tienen un costo.

La infraestructura que las organizaciones de noticias como CNN o el New York Times o Clarín deben mantener para comunicar información con celeridad, precisión y de manera responsable requiere una inversión constante. Esas organizaciones no están compuestas por personas sentadas frente a sus laptops en la cocina de sus casas. Sus reporteros están en los lugares de los hechos, recabando, registrando información; y cuentan con editores que las verifican. Hace una década el New York Times estaba pagando varios millones de dólares para mantener la oficina en Bagdad, con la seguridad necesaria durante una guerra.

De hecho, los costos de mantenimiento para lograr una cobertura fueron una de las principales razones por las que el New York Times empezó a cobrar una tarifa a sus lectores para el acceso digital al sitio a partir del 2011. No fue el primero en hacerlo pero sí el más preminente.

Se adoptó el término “barrera de pago” para describir lo que el Times había hecho. Pero no era realmente una barrera. Los lectores podían obtener un acceso limitado gratuitamente, pero después de leer cierto número de artículos el sitio bloqueaba el acceso a menos que se comprara una suscripción. Desde entonces, esta modalidad ha sido adoptada por numerosas publicaciones.

Debo confesar algo. Como editor a cargo de nytimes.com en ese momento me opuse a la “barrera de pago”. Me preocupaba que el Times viera reducida su audiencia digital, particularmente en los mercados del resto del mundo donde habíamos visto tanto crecimiento, y entre la gente joven, que para mí era fundamental para el futuro éxito de la publicación.

Mi preocupación central era determinar si el público estaba dispuesto a pagar dinero por algo que, hasta ese momento, era gratuito.

Pronto advertí que yo estaba equivocado. Luego de seis meses, el Times había llegado a 300.000 de suscriptores digitales, y en 4 años, cruzó el umbral del millón. Hace dos semanas, el Times anunció que tenía 2 millones de personas suscriptas. El crecimiento a nivel global y el público lector joven, no parecieron verse afectados.

Lo que el New York Times aprendió, y otras publicaciones también, es que las audiencias reconocen el valor de la información que reciben.

De hecho, una de las razones por las que los ejecutivos del New York Times sintieron la convicción de que el modelo de suscripción digital funcionaría es que habían escuchado de muchas personas que deseaban pagar dinero por el producto digital, porque sentían la obligación de apoyar el periodismo de calidad.

Cuando visité Buenos Aires en mayo del 2016 para participar de las discusiones acerca del plan de Clarín para cobrar el acceso a su contenido digital, subrayé algo central: que los ingredientes más importantes para el éxito de los modelos de pago eran la lealtad de la audiencia y el valor único e irremplazable del producto.

A pesar de los reparos que puse en el 2010, ahora creo firmemente que los consumidores de noticias de calidad cumplen un rol directo al apoyar las publicaciones on line. Estos modelos han logrado dos cosas. Ayudaron a los periódicos a mantener la viabilidad a pesar del declive del impreso y de la competencia por la publicidad en otras plataformas.

Pero también han reforzado la percepción del valor que tiene la publicación. Está en la naturaleza humana; cuando uno paga por algo, lo valora más. Adquiere un valor inherente. Y cuando un número significativo de personas paga por eso, otros perciben el valor de la publicación.

Sólo en las últimas dos semanas, el Washington Post y el New York Times han publicado investigaciones sobre los escándalos de la gestión Trump. Se habla de juicio político.

Mientras el presidente se enoja con lo que llama “noticias falsas”, esos dos periódicos han visto un incremento enorme en sus rentas por el contenido digital desde que Trump ganó las elecciones.

El editor jefe de slate.com, una publicación digital, lo expresó con claridad: “nuestros lectores están diciendo: nosotros reconocemos la importancia de lo que ustedes hacen (la calidad del periodismo) , y reconocemos que no lo hacen gratis”.
Foto: Casey KelbaughFuente: Diario Clarín

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