miércoles, 1 de junio de 2016

El relato de las empresas periodísticas y la imagen estigmatizada del Mapuche

Por: Pablo Fernando Quintana
"Jones Huala: en la toma había un arsenal con material militar", así se despacha una de las notas que el diario Jornada despliega el lunes en su web para dar cuenta del saldo que dejó el allanamiento y posterior audiencia de detención en la que fueron liberados seis de las siete personas que habían sido capturadas.

En el cuerpo de la nota, nada dice acerca del arsenal si se entiende el término como depósito de armas y material de guerra, con la excepción del hallazgo de un arma de fuego calibre 38. Si todo discurso tiene una intencionalidad, el discurso mediático, no es la excepción. Y el diario de Trelew es un buen ejemplo. Por eso es necesario partir de la premisa que no existen inocencia en la intencionalidad, principalmente cuando el discurso dominante de un grupo económico observa a una minoría étnica como un problema (en el mejor de los casos), o bien, como una amenaza al orden establecido.

El matutino pretende imponer un discurso en el que exhibe criterios de razonabilidad y neutralidad, en un rol que se sustenta como relator de los sectores dominantes. No es la primera vez que desata adjetivaciones y estigmatizaciones sobre integrantes de pueblos originarios. La forma de narrar los acontecimientos es un claro tratamiento tendencioso (como lo es el caso de la nota citada). La misma es la resultante de los planteos solicitados por la fiscalía y la querella que impulsa el grupo Benetton. A pesar que parte de esos mismos requerimientos fueran desestimados por el juez en la audiencia de detención.

Las referencias como fuentes de información para construir sus textos terminan siendo siempre el gobierno de turno, los empresarios, la policía y el poder Judicial. Casi siempre en ese orden. En esta lógica, los mapuches no tienen voz. Sólo son exhibidos como actores en las informaciones que diagraman, pero no son citados ni consultados acerca de la versión que tienen de los hechos.

Al igual que el diario Río Negro, el matutino chubutense se limitó a describir a Jones Huala como un piromaníaco que antorcha en mano fue protagonista de casi todos los incendios forestales de la región patagónica (no sólo argentina sino también chilena). Son parte de la misma prensa que en algunos momentos buscaron vínculos con grupos terroristas de otras latitudes.

Criminalizado, estigmatizado, la imagen del lonko mapuche se fue construyendo a imagen y semejanza de estas empresas de negocio periodístico, a partir de las continuas informaciones que fueron difundiendo.

"Nunca fueron a la fuente", se quejó la madre de Facundo, María Isable Huala en la radio comunitaria Kalewche, cuando explicó la situación de su hijo en la causa que se le imputa en Chile.

Con la excepción de alguna referencia histórica, los aborígenes son, por definición en el relato periodístico que construyen, sinónimo de conflicto y, por ende sugieren que cualquier situación de reclamo de los derechos postergados serán motivos de inseguridad social o inestabilidad económica para el resto de la sociedad.

"Además es sindicado como sospechoso de iniciar incendios en la Patagonia argentina, incluido el refugio Neumeyer en Bariloche", dice Jornada, sin dar precisión alguna. Habla de faena de ganado, arriesga número sin que esto haya sido siquiera presentado como prueba en una causa que recién comienza su proceso de investigación. De hecho el pasado domingo por la tarde la fiscal y los policías debían retirar cueros que decían estaban en el predio como elementos de prueba para endilgarles, ya no a Facundo Jones Huala, sino al Lof en Resistencia del Departamento Cushamen.

Pero la arquitectura del relato mediático persiste en una sola línea. Los mapuches son un grupo que utiliza la violencia, amedrentan y alteran el orden público. El mismo razonamiento que utilizó la fiscalía (cuando Fernando Rivarola, Fernanda Révori y María Bottini estaban a cargo del proceso, hoy alejados por el escándalo del espionaje), cuando habló de cortes de alambrado, ganado suelto en las rutas. Caos que ponía en peligro la seguridad pública.

De esta manera la línea informativa sólo pretende generar alarma pública, temor entre los ciudadanos y, como consecuencia, un desesperado llamamiento a preservar el orden público. Ergo, garantizar la seguridad, si es con mayor presencia policial, mejor.

La predisposición en el enfoque que algunos periódicos terminan sosteniendo tiene, por momentos, sesgo de discurso racista y xenófobo hacia los mapuches.

La situación de marginalidad y la ausencia de muchos derechos indígenas postergados nunca forman parte de la agenda de estas empresas periodísticas.

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