jueves, 19 de julio de 2018

El Marginal y el problema de contar la cárcel ¿según quienes?

El Marginal lanza su segunda temporada en la pantalla chica y la popularidad parece mantenerse desde sus inicios. La cárcel contada por… ¿quiénes? La cárcel que muestra su crudeza desde los ojos de… ¿quiénes?

La cárcel es muchas cosas menos un escenario cinematográfico. La cárcel es parte de la vida de miles de personas en nuestro país, que la sufren, que la pisan y que la viven. Detenidxs y sus familias, barrios y vecinxs. La cárcel es parte del sistema de la crueldad. Una serie que cuenta la cárcel, que la muestra desde quienes nunca la vivieron nos trae únicamente violencia estigmatizante, una intensidad y un ritmo vertiginoso que sólo se encargan de reafirmar lo que el sentido común quiere ver: en las cárceles está el descarte de la sociedad, lo más violento y despreciable.

El Marginal muestra a los muertos en los penales como el discurso oficial los quiere, “producto de un enfrentamiento”; olvida las enfermedades curables, lo duro de la vida cotidiana. El Marginal olvida las múltiples formas de organización del día a día, la solidaridad en los pabellones, las ganas de construir algo diferente. La apuesta por lo colectivo, por la política y la construcción de una salida alternativa a la violencia no salen en el prime time de la televisión argentina. Las cárceles son las personas que las transitan, esas que en la práctica pierden mucho más que el derecho a la libertad ambulatoria.

En su pretensión de seriedad, El Marginal reproduce estereotipos sobre las personas detenidas, sobre sus historias, sobre la violencia. Esta segunda temporada cae en la peligrosa tentación de crear un producto atractivo que disputa un realismo sesgado y pone en circulación las peores imágenes de lo carcelario, dejando otras de lado.

Atrapamuros milita a diario junto a compañerxs privados de su libertad ambulatoria, entendiendo que la cárcel no es sólo ese reducto de violencia y marginalidad que la tele nos muestra. Sino que, ante todo, entendemos que la cárcel es nuestra trinchera. Es el lugar desde el cual dar la disputa por una sociedad más justa junto a compañerxs que sufren la exclusión más salvaje de un sistema hecho para unxs pocxs.

¡Que la cárcel sea contada por sus protagonistas! ¡Que la cárcel sea contada para ser transformada!

El Marginal 2, estigmatización al palo
No es casualidad que todos los pobres, los que trabajamos en los penales, vivimos en las villas o barrios bajos, los que pensamos que la batalla que debemos dar es la batalla cultural o cualquiera que camine por ahí y tenga más de tres ideas, se sienta zarpado con El Marginal
Por: Dalma Villalba
No es casualidad que todos los pobres, los que trabajamos en los penales, vivimos en las villas o barrios bajos, los que pensamos que la batalla que debemos dar es la batalla cultural o cualquiera que camine por ahí y tenga más de tres ideas, se sienta zarpado con El Marginal.

Pero no por una cuestión de “gustos”, sino por una cuestión de clases, por lamentar desde el alma que se dé espacio, financiamiento y publicidad a este tipo de producciones que reavivan el morbo y lo peor de nuestra sociedad.
Pero que mal está que pensemos ¿Para qué van a pensar los villeros, los pobres y los presos?, y menos si (como generalmente ocurre) una sola persona carga con todos esos estigmas, si ya hay gente que piensa por nosotros.

Que mal está pedir los recursos para mostrar algo diferente. Si la industria ya está completa, sobrepoblada, ya se hizo/invento todo lo que puede ir para la TV, además ¿Qué es eso diferente que pueden mostrar los villeros? ¿Para qué algo diferente? y si quieren hacer algo, que llenen formularios, presenten proyectos, vayan a las reuniones, que cumplan y salten todas las infinitas trabas burocráticas

Que mal está ofendernos ¿Cómo se van a ofender por esto? ¿No entienden que es ficción? ¿Qué buscan haciendo catarsis por una serie?

El Marginal 2 tan solo en su primer capítulo tocó varios temas que no tienen mucho que ver con la realidad: vomitó violencia, verbal y física, el gran todos contra todos, tiene una cuestión morbosa extrema con el sexo, los que pueden elegir, para pasarla “mejor” y las violaciones, lo sucio, los berretines, los gatos, los porongas que manejan los pabellones, lo simple de la muerte, la frialdad de los trabajadoras, la indiferencia de los que tienen “el poder”, sobre esas cientos de vidas, el placer de la sangre. Un sin fin de cuestiones que deberíamos de revisar y sobre todo ver por qué resulta “atractivo” mostrar, “resaltar” y ganar dinero con eso.

Realmente poco tiene que ver con lo que ocurre en las cárceles, donde los amigos son hermanos, la solidaridad y la fe son los principales pilares para transitar momentos durísimos, donde la imagen, el respeto y el cuidado por las mujeres que laburan allí son temas muy importantes para todos los internos, entre otros cientos de temas que deberían de contarlos ellos mismos.

No es dudoso que no se pueda meter una cámara para mostrar cuando los pibes están aprendiendo algún oficio, cuando van a algún taller, o están estudiando. Pero no hay problema en conseguir el permiso, pagar a los actores, grabar en una cárcel y simular que son simios a los que solo les divierte la sangre, el morbo y el dolor del otro.

Es muy interesante el fenómeno que produce esta serie porque por un lado tenemos a la sociedad que va idolatrando en cada capítulo a los actores, por su valentía en la serie, por ser el más malo de todos, por bancarse esa vida y la gente va apropiándose de esos berretines sin saber bien qué significa, ni por qué lo hace, basta con un solo ejemplo, la palabra “gato” que se usa habitualmente y la gran mayoría no sabe qué significa.

Y la misma persona que apoyó que baje la edad de imputabilidad o los justicieros de los celulares o los que dicen muerte a los chorros (a los chorros de celulares y carteras, porque a los que se roban cientos de millones no los mencionan y generalmente los defienden y los votan) son los que festejan y alaban este tipo de productos hasta transformarse en fanáticos desaforados.

Por otro lado estamos los pobres, los, las les, villerxs, presos, trabajadores que nos da bronca, tristeza, repudio, desilusión, que se financien este tipo de productos, porque mucha gente cree que eso “es lo real”, que eso es la cárcel, la cultura popular, lo negro de “alma” y nunca jamás, podrían llegar a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar del otro. Este tipo de productos profundizan “la grieta”, una de las más importantes, esa grieta que acompaña la vida de todos y la otra, la de la cultura del descarte y la idolatría estúpida que nos enseña la televisión.

¿Llegará el día en donde el financiamiento va a parar en manos de los que supuestamente son protagonistas?

Para mostrar esa realidad dura, consecuencia de un fracaso de país, de un contexto que nos condena, pero también esa realidad cotidiana de esperanza y amor, entre amigos, familias, parejas, de ese amor inocente y la esperanza de una vida mejor, no solo de la villa, la cárcel, el psiquiátrico, sino de todos los lugares donde el otro es carne de cañón de los que tienen el poder, los medios, los recursos, y las firmas.

El Marginal 2 miente: ¿Quién no quiere estar cheto?
Por: Diego Skliar y Radio Mosquito
A partir del texto “El circo y lo real ausente” de César González, me pareció oportuno transcribir una charla que tuve con presxs de una cárcel bonaerense, en el marco de un taller de radio, después de ver el trailer de El Marginal 2. Este espacio funciona dentro del Centro Universitario San Martín, sede de la UNSAM en la Unidad Penitenciaria 48 de José León Suárez. Un espacio educativo fundado hace diez años, donde actualmente se cursan 12 talleres artísticos y dos carreras universitarias.
Mario: Hay que distinguir ficción de realidad, entre lo cierto y la fantasía.

Demián: Para los que estamos tras los muros, el que hizo ese programa con tanta violencia es un ignorante. Deben estar todos los televidentes pensando que somos los peores: lastiman, se dañan entre ellos, no quieren a nadie, dañan a los oficiales. Demasiada ficción. También somos hijos, padres, madres, hermanos. Acá estamos en la universidad dentro de la cárcel y nadie tiene miedo que le den una puñalada o lo prendan fuego.

Roberto: Acá el más pillo no es el más violento, sino el que mejor se expresa, el más humilde. Te va mal cuando aparentás lo que no sos. En el programa muestran a un transa como el capo. Pero no dicen que esos son los que se arruinan y arrastran a toda la familia, la encadenan a su negocio.

Laura: Ese capo gordo del programa corte que manda más que el Servicio Penitenciario. No es así, hay control de los dos lados. Igual la policía siempre manda más. Dominan al presito nuevo, se lo meten en el bolsillo por un par de tratos. Ese patio superpoblado y super violento de El Marginal no existe. Si un pabellón está superpoblado te mandan a Buzones. Si Buzones está superpoblado, te vas a Admisión. Y si no a Leonera o te mandan en un camión. Nos vimos, a otra unidad.

Mario: Igual los presos hacemos un montón por la tranquilidad del penal. Si le hacemos la guerra a la policía esto no va a estar tranquilo. Y si nosotros estamos tranquilos hoy por hoy, aunque tengamos berretines y suene feo, es porque hay convivencia entre el preso y la policía. Tenemos beneficios y permisos a cambio de otras cosas. Lo que vi en El Marginal me pareció incoherente. Yo no sé qué siente o piensa la gente de la calle al ver ese programa. Refuerza el bolazo de los noticieros, que dicen que desde las cárceles se siguen manejando ejércitos de delincuentes. Es una fantasía gubernamental para tenernos acá. Miranos ahora: en la universidad, conviviendo internos sin berretines, los hermanitos, los transas, los ladrones. Somos una ensalada de fruta con respeto. Nadie le salta en la cara al otro porque hace yoga, radio o porque reza todos los días. Los que pasan con el auto por la autopista y ven este paredón lo que menos se imaginan es que acá adentro estamos haciendo un programa de radio. Entonces da bronca la impresión que se arma la gente de nosotros por ver programas como ese. Encima es la televisión pública, el gobierno. Termina el programa y todos deben pensar que acá nos hacemos más peligrosos cada día, que perdemos corazón. Ojalá la gente no se llene de miedo por culpa del programa. A mi Tumberos me gustaba más. Acá hacemos el chiste ese de “traé plata, Parodi”.

Demián: Hoy los motines ya no existen. Hay violencia, pero no es constante. Hoy llegás a agitar un motín y los propios compañeros de pabellón te sacan a patadas en el culo.

Mario: Con solo tirar el rancho para atrás (no recibir la comida) te fuiste. Todos prefieren mantener la convivencia con el Servicio. Es una forma de la comodidad que existe acá adentro. ¿Quién no quiere estar cheto? Es como se dice: una mano lava a la otra y la dos lavan la cara.

Producciones de Radio Mosquito: www.soundcloud.com/radiomosquito
Fuentes: Atrapamuros, Mundovilla y lobosuelto.com

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