"Este proyecto pretende devolver a la lectura su centralidad en el ámbito de la escuela tal como se la reconoce en la ley de educación, no sólo en la clase de lengua sino en todos los espacios curriculares", proponen los organizadores.
El primer encuentro será el viernes 6 de junio próximo, para tratar la "Continuidad del proyecto de lectura institucional: avances y dificultades", que estará a cargo de la educadora Vanina Bravo, integrante del Plan Nacional de Lectura. Además contará con la visita de los escritores Franco Vaccarini y Verónica Sukacser.
Metas. Entre las metas de este encuentro, mencionan la invitación a reflexionar sobre las concepciones de lectura vigente en las instituciones y las prácticas de lectura que se llevan adelante; además de abordar en forma conjunta, entre escuela, biblioteca y comunidad educativa, estrategias eficaces en la formación de lectores. La idea pasa también por compartir junto a adultos mediadores (docentes y bibliotecarios) material teórico y propuestas de promoción de la lectura, en especial en materia de literatura infantil y juvenil. A la vez de acompañar y sostener los proyectos de lecturas institucionales.
Para julio se programa un encuentro sobre las bibliotecas del aula, y la visita del autor Mario Lillo y para septiembre otro sobre pedagogía de la lectura y la literatura, recursos para trabajar la lectura en la escuela. Para ese mes, la escritora invitada es Graciela Bialet.
Los encuentros son gratuitos, de 9 a 12, en la Biblioteca Popular Cachilo, Virasoro 5606 (Perón al 5600), teléfono 4325261. Inscripción en capacitacioncachilo@gmail.com
Esta vez, cruzarnos de orillas nos puso en otro lugar, en el del trabajo compartido
Claudia Martínez, responsable de la Biblioteca Popular Cachilo, explica en Señales que se trata de una institución "creada y gestionada por la comunidad", que nació en el año 2000 "en el seno de un proyecto comunicacional de Aire Libre, Radio Comunitaria". La biblioteca está ubicada "en una zona urbana, al límite oeste de Rosario, en un contexto complejo, de cruces de barrios, pobreza, marginalidad y violencia".
Martínez cuenta que, desde sus comienzos, la Biblioteca Cachilo desarrolló distintas propuestas de trabajo con las escuelas, principalmente de la zona. "Desde que abrimos nuestras puertas, diseñamos propuestas para trabajar con las escuelas: difusión permanente y sistemática de todas las iniciativas de la biblioteca, visitas de grupos escolares con talleres de lectura, espectáculos, festivales de narración oral, en conjunto con la radio", señala.
También recuerda una experiencia desarrollada junto a cuatro escuelas: "Hicimos un proyecto cruzando promoción de lectura y radio, ‘La escuela en el aire’".
Sin embargo, aquellas iniciativas tenían una característica que la biblioteca buscaba superar. "Estas propuestas con las escuelas tenían comienzo y fin. Nunca habíamos logrado darles continuidad, tampoco que se generaran iniciativas desde las propias escuelas. La demanda era siempre de asistencia y no de cooperación", explica Martínez.
A partir de esa experiencia, comenzaron a preguntarse por el sentido de ese vínculo. "A la hora de pensar en estas experiencias específicas con escuelas, nos metemos en una encrucijada", plantea.
La biblioteca partía de una preocupación que Martínez vincula con las ideas de Delia Lerner: "Sabíamos, como dice Delia Lerner, que el desafío que hoy enfrenta la escuela es ‘incorporar a todos los alumnos a la cultura de lo escrito, lograr que todos los alumnos lleguen a ser miembros plenos de la comunidad de lectores y escritores’".
En ese sentido, considera que la biblioteca comparte con la escuela objetivos vinculados con la formación de lectores, aunque no necesariamente "el enfoque teórico, las estrategias y la metodología".
Martínez explica que también conocían las distintas realidades de las instituciones educativas de la zona: "Sabíamos que algunas de las escuelas tienen bibliotecas, otras tienen libros, pero no bibliotecarias ni espacio de funcionamiento".
Por eso, comenzaron a formularse nuevas preguntas: "Nos preguntábamos si en las escuelas y sus bibliotecas sostenían prácticas lectoras que vincularan los intereses y expectativas de los estudiantes, sin quedar reducidas las bibliotecas a consultas de información. Y, si así era, nuestra propuesta de visitas y talleres eran acciones aisladas en pos de la promoción de lectura".
La modalidad de las visitas tampoco terminaba de convencerlos. "Tampoco nos servía que los chicos tuvieran encuentros o talleres de animación a la lectura en nuestra biblioteca, dependiendo de la voluntad del maestro que quisiera venir con sus alumnos. Teníamos algo en mano y mucho desparramado. ¿Cómo continuar?", se pregunta Martínez.
"Así estábamos a principios de este año: la biblioteca popular y las escuelas de esta zona vulnerable, en cada orilla, mirándonos, sin poder darle forma a la cuestión", relata. Al mismo tiempo, observa que "las escuelas habían empezado a disponer de buenos libros, pocos, claro, pero lindos".
"Ya teníamos algo", resume.
Pero, para Martínez, los libros por sí solos no alcanzan para formar lectores. "También estábamos seguros de que no alcanzaban sólo los libros, puesto que para formar lectores necesitamos adultos lectores. Maestros, bibliotecarios, que lean no sólo textos para sus alumnos, sino que puedan disfrutar de sus propias lecturas".
En ese proceso, agrega, es fundamental que los adultos puedan transmitir su propia experiencia como lectores: "Que perciban la belleza estética de un texto y que quieran compartirlo, que acompañen y muestren su vivencia como lectores: lean, ofrezcan libros, visiten la biblioteca, comenten".
De allí surgió una nueva definición para el trabajo de la biblioteca. "Entendimos que la otra parte fundamental era acompañar a los docentes en su formación y crecimiento como lectores", afirma Martínez.
El punto de encuentro apareció en el Plan de Lectura de la región. "Encontramos en el Plan de Lectura de nuestra región el bote para cruzar a la otra orilla", cuenta.
A partir de entonces, comenzaron a revisar sus posibilidades: "Nos pusimos a ver qué teníamos, qué necesitábamos y qué podíamos. Así comenzamos a armar un diseño que tuvo por objeto ‘generar un espacio en el que los docentes puedan analizar y reflexionar en torno a la lectura y las concepciones que guían las prácticas para mejorar así las trayectorias escolares de los estudiantes y su inserción efectiva en la cultura letrada’".
La propuesta comenzó en abril con un encuentro con el ilustrador Istvansch y continuó con una reunión temática mensual propuesta por el Equipo Regional del Plan, integrado por Natalia Porta, Mariana Cayré y Vanina Bravo.
Según detalla Martínez, los encuentros abordaron distintos temas: "La construcción de la comunidad de lectores en la escuela; lectura, rol del mediador y estrategias áulicas; la gestión de las bibliotecas de aula; construcción de proyectos de vinculación entre escuelas y bibliotecas de la comunidad; relaciones entre alfabetización y promoción de la lectura; la conformación del club de lectura para niños y para jóvenes; clubes de lectura". La propuesta, agrega, culminaría "con un encuentro con un escritor".
La implementación, sin embargo, no fue sencilla. "Por supuesto, no fue nada fácil, porque no teníamos resolución ministerial de nuestra provincia, con lo cual les descontaban el día si faltaban", explica.
Ante esa dificultad, la biblioteca realizó un trabajo previo "de relevamiento, de búsqueda de consensos para que las escuelas dispuestas a participar pudieran hacerlo". Además, solicitaron que, junto con los maestros, participaran integrantes de los equipos directivos y bibliotecarios.
"Y así fue: participaron un promedio de 70 docentes de todos los niveles", destaca Martínez.
Para la responsable de Cachilo, la experiencia permitió modificar sustancialmente el vínculo entre las instituciones. "Pudimos cruzar los puentes y darnos cuenta de que el trabajo conjunto entre las organizaciones sociales, la escuela —como lugar de referencia en una comunidad— y las políticas públicas potencian el trabajo alrededor de la lectura y la escritura", sostiene.
La biblioteca también realizó una encuesta durante el proceso para conocer los primeros resultados. "Respecto a la formación, el 90% de los participantes cumplió sus expectativas y el 88% reconoce que conoció nuevos marcos teóricos y estrategias de promoción de lectura", detalla Martínez.
En cuanto a las prácticas, agrega: "El 82% está implementando de algún modo las propuestas de lectura sostenida cotidiana en forma institucional o áulica, según las condiciones".
Los resultados también permitieron observar qué sucedía cuando los docentes intentaban trasladar lo trabajado a sus propias escuelas. "El 75% respondió que sí y se refirieron a varias escuelas que por primera vez incorporaron tiempo para conversar sobre esta formación y planificar estrategias a nivel institucional", señala.
Otro 15% de las escuelas, en cambio, identificó como dificultad "el poco tiempo para transmitir al resto de los docentes lo vivenciado en los encuentros".
La evaluación mostró además una fuerte disposición a continuar. "Ante la pregunta de si volverían a participar de capacitaciones, el 100% dijo que sí", afirma Martínez. Los participantes también solicitaron una resolución que permitiera la participación de más docentes, "ya que lo vivencial es irremplazable".
Pero, para la biblioteca, quizá uno de los resultados más significativos apareció en una pregunta que apuntaba directamente a sus propias propuestas. "Un ítem que contemplaba la encuesta era qué propuestas tenían para la Biblioteca Cachilo, y allí tomamos dimensión de cuánto habíamos caminado en estos encuentros", cuenta Martínez.
La diferencia con las demandas iniciales fue, para ella, reveladora: "Las propuestas no fueron como al principio, ‘visitas’, sino trabajo conjunto: colaborar con los docentes en el armado de estrategias y que acerquemos las actividades a escuelas más alejadas de nuestra cobertura en el territorio".
Por eso, la experiencia terminó modificando el lugar desde el cual la biblioteca se relacionaba con las escuelas. "Entonces vimos que esta vez, cruzarnos de orillas, nos puso en otro lugar, en el del ‘trabajo compartido’", concluye Claudia Martínez.
