martes, 13 de octubre de 2015

Herederos de Ryszard Kapuscinski

La generación sucesora del célebre reportero impulsa una nueva crónica polaca que busca su lugar en un oficio en transformación
Por: Cristina Galindo Galiana
El periodista polaco Wojciech Tochman dedicó dos años de su vida a seguir los pasos de la médico forense Ewa Klonowski en la búsqueda de pruebas de ADN para identificar los huesos de las víctimas de la guerra de Bosnia. De allí sacó decenas de historias que se convirtieron en un largo reportaje de más de 150 páginas en su traducción al español (publicada este año por Libros del K.O. con el título Como si masticaras piedras) que, más allá del conflicto de los Balcanes, es una reflexión sobre la pérdida, el odio y el perdón. Siete años después de la muerte del veterano periodista Ryszard Kapuscinski, a pesar de todos los cambios que ha traído Internet al oficio de contar noticias, la generación sucesora de reportero polaco, como Tochman, está dando un impulso a un género tradicional que busca su sitio en el periodismo en la era digital.

Los cambios vertiginosos en el oficio informativo —rapidez, brevedad, vídeos, tuits, podcasts—, están alimentando también, de forma paradójica, el reportaje largo, con guiños literarios, al que hay que dedicarle ese tiempo que cada vez escasea más en las redacciones. En el caso de Polonia, el país centroeuropeo vive un boom de este género que, además, exporta muy bien. La mayoría de las traducciones de no ficción que salen de las librerías polacas son de viejos y nuevos reporteros que siguen los pasos de sus mentores: el más conocido Kapuscinski (explorador de los conflictos políticos internacionales), pero también Hanna Krall (1935) y Krzysztof Kakolewski (1930-2015), que han indagado en el pasado de un país que todavía trata de cerrar las heridas que abrió la II Guerra Mundial y el suplicio de una larga dictadura comunista. “Este género tiene éxito porque los periodistas empatizan con los protagonistas de las historias. Kapuscinski no imaginaba cosas. Usaba técnicas literarias que funcionaban bien en imaginación del receptor. Hoy, Mariusz Szczygiel sigue su camino y triunfa porque es capaz de dar color a unas historias verdaderas que son más interesantes que la ficción”, afirma Kazimierz Wolny-Zmorzynski, profesor de la Universidad de Varsovia.

En la lista de herederos de esa tradición están Szczygiel y Tochman, pero también Jacek Hugo-Bader, todos surgidos en torno al periódico Gazeta Wyborcza y a su suplemento Dutzy Format (Gran Formato). “Cada vez es más difícil escribir verdaderos temas de fondo en las redacciones; mi libro me ha ayudado a superar las frustraciones de la prensa diaria”, cuenta Tochman. El grupo ha fundado el Instituto de la Crónica, bajo cuyo marco crecieron iniciativas como La Escuela Polaca de la Crónica, la editorial Las Pruebas de la Existencia y la librería Ebullición del Mundo. En esta escuela, joven reporteros aprenden las reglas básicas del género: “Es necesario disponer de tiempo, sentir curiosidad por las cosas y la gente, y no quedarse con la primera entrevista, con la primera impresión”, recomienda Tochman.

Uno de las obras más recomendables es Gottland (Acantilado), en la que Mariusz Szczygiel narra una sucesión de historias y personajes surrealistas sobre la República Checa —la construcción de monumento a Stalin más grande del mundo es un ejemplo— que “ofrecen una imborrable recuento de los estragos del totalitarismo del siglo XX y la forma en la que este continúa contaminando el comportamiento y pensamiento de la humanidad en el siglo XXI”, según afirmó The New York Times. El intelectual y antiguo disidente comunista Adam Michnik lo ha descrito como el primer reportaje “cubista” del mundo.

“Los reportajes largos son informativos, pero aquí nos permitimos un estilo más literario, más bello”, opina Szczygiel. La atracción del periodismo polaco por la literatura ha sido objeto de controversia. La más sonada la generó Kapuscinski Non-Fiction, obra de Artur Domoslawski. En la biografía, este periodista plantea hasta qué punto son fiables los datos que presenta como ciertos en sus obras. Los fieles herederos de Kapuscinski le defienden y cuestionan, a su vez, el rigor informativo de Domoslawski. “No creo que el libro esté bien documentado. Es un mal investigador. Algunos datos están descontextualizados”, afirma tajante Tochman.
Fuente: Ideas

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