martes, 21 de abril de 2020

Un estudio logra descifrar el ADN del virus de la desinformación en tiempos del coronavirus

Se trata de un reporte realizado por el Instituto Reuters de Periodismo de la Universidad de Oxford
Fue a mediados de febrero cuando la Organización Mundial de la Salud advirtió que la pandemia del coronavirus estaba acompañada por una epidemia de desinformación igualmente peligrosa.

¿Pero cómo actúa esa pandemia de la desinformación que corre paralelamente al COVID-19? ¿Cuáles son los formatos y plataformas en las que circula? ¿A qué temas hacen referencia estos bulos sobre el coronavirus? ¿Qué impacto está teniendo el trabajo de los ‘fact-checkers’ para detener esta pandemia de desinformación?

Estas son algunas de las preguntas que busca responder un nuevo estudio presentado por el Instituto Reuters de Periodismo de la Universidad de Oxford, realizado en alianza con First Draft News.

El estudio analizó el contenido de 225 piezas de desinformación relacionadas con el coronavirus calificadas como falsas o engañosas por distintas organizaciones de ‘fact-checkers’, encontrando hallazgos preocupantes, pero también algunos esperanzadores sobre la manera en que la desinformación se viraliza en tiempos de pandiemia:
  • Los ‘fact-checkers’ independientes se han movido muy rápido y han respondido a los bulos sobre la COVID-19. Según la muestra analizada, el número de ‘fact-checks’ en lengua inglesa aumentó un 900% entre enero y marzo. Sin embargo, el volumen de noticias falsas que deben verificar también ha aumentado exponencialmente, rebasando su capacidad.
  • Un 59% de los bulos analizados fueron creados a partir de información existente y a menudo cierta, que se mezcla con información falsa o se publica fuera de contexto. El 38% de estos bulos fueron totalmente inventados. Pero aquellos que mezclan información cierta con información falsa o descontextualizada, generaron una vasta mayoría (87%) de las interacciones en redes sociales.
  • Los bulos difundidos por políticos y famosos suman apenas el 20% de del total, pero representan el 69% de todas las interacciones en redes sociales. Su eco es mucho más grande que el impacto que puedan tener las publicaciones hechas por la gente común y corriente.
  • La mayoría de informaciones falsas sobre el coronavirus, (39%) tienen que ver con las decisiones y las políticas públicas tomadas por las autoridades. Esto incluye a los gobiernos, pero también a instituciones internacionales como la OMS o la ONU.
  • Las plataformas sociales donde se puede rastrear la desinformación han respondido a la mayoría de los posts definidos como falsos por los ‘fact-checkers’ suprimiéndolos o etiquetándolos con advertencias. Esa reacción, sin embargo, es muy desigual. En Twitter todavía permanecen publicadas el 59% de historias falsas, en YouTube el 27% y en Facebook el 24%.
“El riesgo de no reconocer la diversidad de la información falsa sobre el coronavirus podría hacernos pensar que puede haber una solución única para este conjunto de problemas”, advierte el estudio en sus conclusiones. “En cambio, nuestros hallazgos sugieren que no hay una ‘cura’ para tanta información falsa que circula sobre el nuevo coronavirus”, añaden los autores.

Es por esto que el estudio aboga por un esfuerzo sostenido y coordinado por parte de los ‘fact-checkers’ independientes, los medios de comunicación, las plataformas de redes sociales y las autoridades públicas para ayudar al público a distinguir lo verdadero de lo falso, y navegar así mejor en medio de esta pandemia.
Foto: Engin_Akyurt en Pixabay
Fuente: Red Ética @etica

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