miércoles, 16 de marzo de 2016

Martínez Rojas quiere venderle Tiempo Argentino a Indalo Media, sostiene Noticias

A solo dos meses de tomar posesión, el “heredero” de medios K no puede sostener al diario que abandonó Szpolski
Mariano Martínez Rojas sigue sosteniendo que él es el nuevo dueño de Tiempo Argentino, el diario que abandonó Sergio Szpolski luego de haberlo usado para exprimir cientos de millones de pauta publicitaria estatal durante la década K. Sin embargo, la postura de Martínez Rojas, quien niega ser testaferro de Szpolski ni de ningún otro referente del kirchnerismo residual, es tan sospechosa como cuando apareció de la nada como presunto heredero salvador de medios K en crisis terminal. A solo dos meses de haberse hecho formalmente cargo de la gestión de Tiempo Argentino, Martínez Rojas quiere desprenderse del diario, y asegura que tiene un comprador, también sospechoso, en esta coyuntura de desintegración acelerada de la burguesía nac & pop: la división medios del Grupo Indalo, de la que presuntamente se acaba de desprender Cristóbal López, cediéndola a su socio y mano derecha, Fabián De Sousa. Aunque Cristóbal López compró parte de los medios que mantenía Szpolski bajo el paraguas de la marca Grupo Veintitrés, suena raro en este caso que, en plena crisis de Indalo, se piense en la compra de otra publicación, que resulta deficitaria sin el flujo de pauta oficial que aseguraba el kirchnerismo desde el gobierno.

El martes 15 por la mañana, en una mesa del restaurante oriental Dashi de Figueroa Alcorta (frente al MALBA), Martínez Rojas le comunicó a los directivos periodísticos de Tiempo Argentino que, si bien no está en condiciones de pagar los salarios adeudados, podría prometerles la reubicación del 50% del staff en la futura gestión, más un plan de retiros voluntarios pagaderos en cuotas para la otra mitad de la plantilla, que debería comprometerse a dejar sus puestos de trabajo como requisito para que Martínez Rojas pueda concretar la reventa del diario, que hoy está comercialmente paralizado.
La reacción de los presentes fue de repudio, lo cual precipitó el final de la reunión. Los presentes le consultaron al mozo del lugar si Martínez Rojas tenía cuenta corriente en ese restaurant: el empleado se rió y lo negó enfáticamente.

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