miércoles, 6 de enero de 2016

#NoAlVaciamientoDelG23 Carta abierta de un trabajador a otro

Por: Diego Papipo Igal
En estas horas aciagas donde miles de personas perdieron el empleo o ven peligrarlo, hay muchas y lógicas muestras de solidaridad, desprendimiento y afecto. Pero al mismo tiempo se multiplica una argumentación que incluye las palabras mágicas "dinero público", "plata de impuestos", "subsidios", "publicidad oficial" y una sentencia categórica: "deberían saber con quién se metían".

La mayoría de quienes trabajamos en medios del Grupo 23 no lo somos por haber adherido a una movimiento político o el gobierno saliente. No nos enriquecimos estos años ni recibimos millones. Trabajamos con la mayor profesionalidad y dignidad posible. Conocemos con mucho nivel de detalle a la patronal, porque sufrimos desde hace años los atropellos, violaciones a la ley, incumplimientos, mentiras y bajezas. La hemos enfrentado puertas adentro y en la calle; denunciado en el Ministerio de Trabajo y en las asambleas. Todo el gremio de prensa conoce y mucho a Sergio Szpolski y a Matías Garfunkel y dentro y fuera sabemos que crecieron empresarialmente por y gracias al kirchnerismo.
¿Deberíamos haber renunciado por eso? No hay respuestas categóricas posibles.

Todo el gremio de prensa conoce y padece una realidad vieja como el oficio: uno no elige donde trabajar, sino donde buscar trabajo. En otras palabras, uno no trabaja donde quiere, sino donde lo contratan. Y las condiciones son cada vez más pésimas y no por culpa del kirchnerismo ni por Szpolksi&Garfunkel, sino por un conglomerado de factores que los anteceden y con responsabilidades repartidas entre más actores, empresarios, sindicalistas y muchos colegas, vamos.

Si uno mira el conjunto de empresas periodísticas en actividad verá que la mayor parte recibió pauta oficial desde el retorno de la democracia, o tiene antecedentes de pauperización o de complicidad o negociados con la dictadura o el menemismo, de manera que si uno priorizara ese historial no podría trabajar en ninguna o en casi ninguna, porque todas tienen manchado el legajo. También estaría desempleado sino aceptara que le paguen un monto fijado de manera unilateral y arbitraria, con factura C, con cheques cruzados a 60, 90 o 120 días o bajo condiciones que violan el estatuto de prensa (una ley de más de 60 años). No crean que exagero, al contrario, me quedo corto.

Salgamos del gremio periodístico, ¿conocen muchos trabajadores o profesionales que cuestionen al empleador por recibir subsidios (transporte o servicios públicos y ¡ay, la Iglesia!); ejercer un monopolio (las telefónicas, por caso); que lucra con la salud de la gente (prepagas) o las necesidades financieras (bancos) o el costo de vida (supermercados y servicios)? ¿Conocen algún trabajador o profesional que haya renunciado por alguno de esos motivos o que revise los antecedentes laborales, comerciales o profesionales del lugar al que va a pedir trabajo o en respuesta a un aviso?

No voy a hablar de la publicidad oficial porque es un debate muy amplio, pero sepan que Mauricio Macri no quiso regularla en los ocho años que estuvo en la ciudad de Buenos Aires e incluso vetó una ley que lo hacía, aun cuando estaba consensuada por legisladores del PRO y de la oposición.

Tampoco voy a explayarme sobre los oficialismos, pero sepan los que no están en el gremio de prensa que en los 23 años que llevo en él siempre tuve que, en mayor o menor medida, hacer oficialismo, y sólo cuatro años trabajé en una empresa estatal (la agencia de noticias TelAm). Se hace oficialismo con un anunciante, el gobierno, un socio o amigo del dueño y también por las dudas. No existe el periodismo independiente cuando lo ejerce una empresa que depende en un 90 por ciento de la publicidad privada o pública que reciba y el resto de lo que aporte el lector que lo compra.

En ese discurso ópaco de quienes nos agreden por haber trabajado en la prensa oficialista también hay colegas, pero si los observan bien verán que son solitarios advenedizos, viejos carneros o resentidos sindicales.

Es muy difícil predecir qué pasará con el grupo que regentea Szpolksi&Garfunkel pero estoy seguro que yo y mis compañeros seguiremos haciendo con la dignidad y la profesionalidad de siempre lo que hacemos desde mucho antes: ejercer el periodismo como un servicio público orientado a la sociedad, aun con las trabas que ponen los funcionarios, pero también y en mayor medida los empresarios y dueños de medios.
Trabajador del Grupo 23

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