sábado, 3 de octubre de 2020

Stella Calloni. Periodismo, literatura y militancia. Cosas de mujeres

La vida de Stella Calloni, una narradora de América Latina

Por: Gonzalo Magliano

El libro “Stella Calloni. Periodismo, literatura y militancia. Cosas de mujeres” de Vivian Elem y Mariana Baranchuk, que se acaba de publicar, reconstruye la historia de vida, el modo de trabajo y las principales coberturas de la periodista, de 85 años. Autora de los libros "Los años del lobo: la Operación Cóndor" (1999) y "Operación Cóndor, pacto criminal" (2006) Calloni afirma que más de cuatrocientos mil latinoamericanos fueron víctimas de una política de Estado terrorista cuya base estuvo diseñada en Washington.

En la noche del 19 de diciembre de 1989 Stella Calloni se encontraba en su departamento de Panamá. Hacía unos años se había radicado allí y trabajaba como corresponsal para el diario mexicano El Día, Agencia Nueva Nicaragua y el periódico Sur de Buenos Aires, entre otros medios. Aquella noche estaba esperando que vinieran a buscarla para reunirse con otrxs periodistas. Días atrás habían visto movimientos de tropas estadounidenses cerca del canal transoceánico y se temía lo peor. La espera se interrumpió cuando golpearon su puerta.

No eran las personas que esperaba Calloni, eran jóvenes militares de la custodia de Noriega, el máximo líder del país. Le pidieron un favor: usar su teléfono, que no estaba controlado, para advertirles a las tropas panameñas sobre un mensaje falso que estaba circulando. Por ningún motivo debían ir a la ciudad de Panamá, era una trampa de los yankies.

Cuando los jóvenes militares estaban por marcharse, escucharon unos tiroteos. Calloni no tuvo tiempo para hacer conjeturas sobre el origen de los disparos. En ese instante sonó su teléfono y atendió. Era un corresponsal muy joven de la agencia mexicana “Notimex”. Lo escuchó desesperado:

-Stella, comenzó la invasión.

La conversación fue breve. El periodista llegó a contarle que tropas del Comando Sur de Estados Unidos estaban deteniendo a periodistas extranjerxs y le pidió que diera aviso a México. No llegaron a despedirse, la comunicación se cortó de repente. Inmediatamente, Calloni hizo lo que le había pedido su colega y salió disparada hacia a la calle con lo que tenía puesto: un jean, una camisa, su cartera, una grabadora y un block de papel.

Este impulso por contar y denunciar lo que está sucediendo en América Latina, a pesar de los riesgos y los temores que eso conlleva, acompaña a Stella Calloni desde hace décadas y la ha convertido en una de las principales cronistas y narradoras de la región.

Primero fue poeta, algo que la sigue definiendo hasta el día de hoy, y más tarde, en la década de 1960, se dedicó al periodismo. Al comienzo escribía notas de análisis sobre Latinoamérica y después, en los 70 y 80 fue corresponsal en Centroamérica, donde le tocó cubrir tiempos de guerra sucia e intentos revolucionarios; fundó la Agencia Nueva Nicaragua luego del triunfo de la Revolución Sandinista; fue amiga de Fidel Castro y Hugo Chávez; entrevistó al líder libio Muamar Gadafi y al Sha de Persia, luego de ser derrocado por la revolución iraní de 1979; e hizo la denuncia más clara y sistemática sobre la Operación Cóndor, la coordinación represiva de las dictaduras del Cono Sur más grande de la historia. Muchas de estas historias las volcó en libros periodísticos, ensayos, novelas y poemas.

Narrar su vida es un viaje hacia la historia de América Latina y hacia el interior del periodismo, un oficio-profesión tan querido como bastardeado; tan dañino a veces como imprescindible para los procesos populares y las personas de a pie.

Atraídas por su figura, las periodistas Vivian Elem y Mariana Baranchuk se lanzaron al desafío de escribir un libro sobre la vida de la autora de Los años del lobo: Operación Cóndor. Durante meses tuvieron una serie de encuentros con ella que terminó en el libro Stella Calloni. Periodismo, literatura y militancia. Cosas de mujeres, publicado este año, en medio y a pesar de la pandemia del Covid-19, por Ediciones Ciccus.

Haroldo conversó con Elem y Baranchuk sobre su libro y el sentido de la publicación. “Stella es la principal, y si no es la principal es una de las principales periodistas argentinas poco conocidas y también una gran poeta. Claramente creo que si uno tuviera que trazar un paralelo tendría que trazarlo con (Rodolfo) Walsh y con (Francisco) Urondo, sólo que en el caso de Stella tuvo dos contras para no alcanzar esa notoriedad. Por un lado, ser mujer y por otro permanecer viva y cuando permaneces viva, envejecés y no podés convertirte en bronce”, afirmó Mariana Baranchuk.

No es exactamente una biografía. Podría decirse que es una crónica de las largas horas que compartieron en la casa de Stella, como le dicen cariñosamente las autoras, donde ella misma cuenta en primera persona su historia.

Por momentos parece que estuvieran hablando con la vieja Kush, el entrañable personaje que Liliana Bodoc ideó para la Saga de los Confines. Como aquella abuela, Stella carga con decenas de años que parecen no pesarle y le encanta preparar comidas con un aroma atrapante, formar una ronda alrededor suya y contar historias y leyendas de su pueblo.

En las páginas del libro se reconstruyen las largas horas de entrevistas conversadas. No es el centro, pero es un estilo que busca acercar al lector o lectora con la Stella Calloni de carne y hueso, a quien le brillan los ojos cuando rememora charlas con Fidel Castro o Hugo Chávez, prepara su afamado locro (con el toque final de cebolla de verdeo picada) o se estremece cuando revive la manera en que volvió a la Argentina de Videla, Massera y Agosti para sacar del país a sus hijas.

Entre varios temas, Calloni habla de su extensa trayectoria como periodista y de los aspectos menos conocidos de su vida. Como su infancia en Entre Ríos, su intento fallido en la carrera de Medicina, su trabajo social en el Hospital Borda, su ayuda en los '50 a una guerrilla paraguaya que luchaba contra la dictadura de Alfredo Stroessner y su gran pasión por la poesía.

Calloni se encontraba viajando en tren hacia Paraguay. Corría el año 1959 y el periodismo aún no estaba en sus planes. En esos días su objetivo era llevar medicamentos para ayudar al movimiento 14 de Mayo, una de las guerrillas que intentaban derrocar la dictadura de Alfredo Stroessner. El contacto con este grupo se había iniciado a partir de su amistad con Juana Solalinde Vázquez, una enfermera paraguaya que era parte de este movimiento.

Cuando el tren se detuvo en la ciudad de Posadas, Misiones, un joven se le acercó, la abrazó y le pidió al oído, casi susurrando, que simularán ser pareja. Le avisó que la persona que iba a recibirla había sido detenida por el ejército argentino y ya no era seguro seguir con los planes originales. Tiempo después supo que se trataba del poeta paraguayo Carlos Martínez Gamba, de los febreristas, otro grupo opositor a Strossner.

Después de diferentes movimientos, por seguridad, la llevaron al pueblo Eldorado, donde vivió en clandestinidad durante un año en medio de una selva misionera inmensa e inhóspita. A veces dormía en una carpa, otras en casas de pobladores. Fue una experiencia “única, imborrable, tremenda y dulce a la vez”, dice Calloni en el libro de Elem y Baranchuk. Aprendió a observar con detenimiento y agudizar la escucha porque su vida se le podía ir en un pequeño error. Descubrió la magia de la naturaleza, los animales que la habitan y las historias y leyendas de los pobladorxs que la ayudaban en algunas ocasiones.

El final trágico de los compañeros y compañeras que lucharon contra la dictadura de Stroessner tiñó todo de dolor. “En Eldorado todo el pueblo había visto llegar los cadáveres de los que intentaron iniciar la guerrilla en Paraguay. Cadáveres desollados que bajaban por el río, como escarmiento. Para mí fue terrible, nunca se fue de mi vida ese horror”, cuenta Calloni en el libro.

“Queda identificada de por vida con la selva- dice Vivian Elem-. También tiene su identidad con Entre Ríos obviamente, es su origen, pero creo que ahí es el inicio de Stella. Panamá es otra cosa. Ya Panamá es una Stella adulta, que hace un trabajo pero es otra historia. Su inicio es Paraguay en ese viaje del tren, la enfermera, pero su primer descubrimiento en Latinoamérica es Paraguay”.

El libro de Elem y Baranchuk indaga especialmente en el estilo de trabajo de Calloni y pretende convertirse en un aporte para su legado. Quiere saber cómo prepara las entrevistas, si va al grano de lo que quiere saber o si prefiere dejar correr las respuestas, y cómo plasma en una nota lo que quiere contar de una situación política o un personaje determinado. Pronto descubrirán que la obra de Calloni excede largamente sus textos periodísticos y se ramifica en novelas, cuentos y poemas que no han tenido el mismo reconocimiento. Muchas veces sus experiencias sólo pudieron ser contadas en prosa.

“Ella dice mucho la palabra situado, como que Stella nunca se sale de contexto, ella te va a hablar de poesía situada, de periodismo situado, de hacer una entrevista situada. Hasta tuvimos que desmenuzar con Vivian (Elem) qué entendía Stella por situado. Ubicarse en tiempo y en espacio y siempre estar escribiendo desde un lugar determinado, en una situación determinada con algo para decir que puede ser dicho de muchas maneras”, explica Baranchuk.

Por ejemplo, para preparar su entrevista a Muamar el Gadafi, Calloni estudió la historia contemporánea de Libia. “Ciertos actores no son coyunturales, surgen como producto de una historia”, suele decir. Ella quería entender cómo había surgido el liderazgo de una figura tan cuestionada en Occidente. Así fue como leyó sobre los duros años del país africano bajo el dominio del fascismo italiano, donde muchas personas fueron ejecutadas por resistirse al régimen y era habitual ver opositores ahorcados en las calles. Este nivel de represión siguió durante la monarquía del Rey Idris, que apresó a Gadafi y muchos de sus compañeros.

Otra marca registrada es su manera de entrevistar. Para ella lo central es escuchar y lograr una comunicación natural. Por eso evita interpelar y ponerse en el papel del periodista fiscal, tan de moda en estos tiempos. De esta manera, logró momentos de gran intimidad con el líder cubano Fidel Castro, con quien llegó a entablar una amistad tan estrecha que incluyó intercambio de cartas y recetas de cocina. Un poema suyo resume la admiración y el cariño todavía le profesa. Un fragmento le dice: “Los pueblos te adivinan/ en los mares de nenúfares y algas,/ moviendo los oleajes/ de rebeliones justas,/ en las batallas donde enfrentan/ las hordas de asesinos/ estás con tu constante amor/ de padre nuestro/ pariendo futuros.

Desde sus comienzos en el periodismo, Calloni tomó la decisión de trabajar sólo en medios con los que coincidiera en la línea editorial. La lista es larga, innumerable. Entre otros, escribió en las revistas Cristianismo y Revolución y Política Internacional y en los diarios mexicanos El Día y La Jornada (donde hoy sigue siendo corresponsal). “Nunca busqué trabajo en los diarios o revistas que para mí eran del sistema. Yo tenía un principio anarquista en serio, creo que lo heredé de un amigo de mi padre, un italiano que contaba historias (...), un anarquista de los de la Patagonia Rebelde, de los de la FORA”, afirma en el libro.

Esto no significa que se reivindique en una sola línea partidaria. También asegura que heredó el peronismo de una tía y que estuvo cerca del Partido Comunista. En todo caso y más allá de las banderas políticas, el periodismo fue su principal aporte militante a un proyecto latinoamericano antiimperialista y le tocó hacerlo en momentos muy difíciles como la invasión de Estados Unidos a Panamá o la creación de la Agencia Nueva Nicaragua, donde debían cuidarse de los contra, grupos paramilitares que atentaban contra la Revolución Sandinista.

En los 90 llegaría uno de los grandes hitos de su carrera periodística: la aparición en Paraguay de los Archivos del Terror, un conjunto de documentos de la dictadura de Stroessner que se encontraban tirados en una comisaría. Calloni trabajó largo tiempo en descifrar esos papeles derruidos y hasta el día de hoy lo sigue haciendo. Entre otros datos, encontró documentos que comprueban la existencia de la Operación Cóndor y del aval y apoyo de los Estados Unidos a estas acciones represivas. Su tarea de reconstrucción y análisis terminaron en los libros Los años del lobo: la Operación Cóndor (1999) y Operación Cóndor, pacto criminal (2006). En este último analizará: “¿Hay cifras exactas del genocidio? Aunque resulte doloroso sumar en estas circunstancias, podemos llegar a la conclusión de que más de cuatrocientos mil latinoamericanos fueron víctimas de una política de Estado terrorista, cuya base estuvo diseñada en Washington (…) Los Archivos cerraban para mí una línea del círculo, el esquema de la ´guerra sucia, la política exterior de Washington en carne viva´”.

Hoy Calloni sigue trabajando, escribiendo notas, cuentos, novelas, poemas y sumando proyectos. Parece que Calloni no conoce otra manera de vivir. “Ella es una periodista de raza - asegura Vivian Elem-, a los 85 años se levanta y si no escribe… vive para escribir, no importa qué, si es una nota para La Jornada pero vive para escribir, no se concibe de otra manera y siempre en una cosa muy concreta que es la realidad”.


Prólogo por Nora Lafon
¿Quién es Stella Calloni…? ¿Cuánto se sabe realmente de ella…? ¿Es una periodista especializada en política internacional…? ¿Es una escritora…? ¿Es una poeta…? ¿Es una militante…? Quién es…

Seguramente cuando se acerquen a esta inmensa y rica charla que durante meses sostuvieron con Stella las autoras de esta valiosa y diferente biografía –Mariana Baranchuk y Vivian Elem– lograrán descifrar los enigmas que plantea su azarosa vida.

Porque Stella Calloni es todas esas cosas en una misma persona que, fundamentalmente, es una mujer. Porque sólo una mujer puede ser y vivir todo lo que Stella ha vivido y construido a lo largo y a lo ancho de la Patria Grande y otras latitudes.

Porque sólo una mujer es capaz de meterse en una trinchera para testimoniar una lucha popular, mientras intenta sacar clandestinamente del país a sus hijas y se toma tiempo para escribir sus primeros poemas.

Conocí a Stella hace muchos años y sé que no ha sido fácil construirse inevitablemente en Stella Calloni.

Siempre me llamaron la atención sus ojos que no son celestes…, para mí son color turquesa como algunos lagos de nuestra Latinoamérica y seguramente los veo así porque deben haber tomado ese color de tanto paisaje transitado…, color que debe haber cautivado a Fidel, Allende, Torrijos, Chávez… A todos esos hombres que Stella frecuentó de verdad para poder comprender como comprende los sueños de libertad y justicia que tienen en común los pueblos de nuestra América.

Esta mujer que mientras prepara un locro para sus amigos puede estar simultáneamente escribiendo un artículo para alguna publicación extranjera, comunicándose con una radio o cebando un mate…, porque es mujer y entrerriana y conoce la ciudad y la selva y aunque hoy con su bastón y sus ojos transparentes pueda parecer una dulce abuela sacada de una serie de la BBC... no hay que equivocarse: Stella fue, es y será una mujer valiente que a riesgo de su propia vida escribió sobre las dictaduras denunciando a los grandes poderes, sin importarle su propio destino.

Stella cumplió un rol mucho más difícil y arriesgado de lo que uno puede llegar a imaginarse, sabiendo que la podía estar aguardando una sesión de tortura o directamente la muerte.

Se dedicó al periodismo internacional, hasta entonces reservado exclusivamente para hombres, y pudo hacerlo sin dejar de ser mujer y con la pasión que distinguió siempre su vida.

Pero, indudablemente, es imposible llegar a ser la mayor y más valiente testigo de la historia de nuestros pueblos sin tener la pasión de Stella para estar viva. Considero que es la más grande periodista de la Patria Grande precisamente por esa pasión que la impulsa desde siempre y que seguramente también la llevó a amar apasionadamente.

Nos une una profunda hermandad…, podemos no hablarnos en semanas pero cuando nos encontramos sabemos que la otra está, sin haberlo previsto, compartiendo el mismo lugar.

Celebro la edición de este trabajo por y para Stella Calloni. Decididamente, por sobre todas las cosas, una gran mujer.
Así nació nuestro querer: llegar a Stella
(a modo de prólogo de las autoras)

Stella cronista, entrevistadora, investigadora, analista.

Calloni la especialista en relaciones internacionales.

Stella escritora, poeta.

Stella Calloni narradora del Tercer Mundo. Stella periodista de la Patria Grande.

Stella en Panamá, en México, en África o en Medio Oriente. Stella la de Cuba.

Stella en la cocina donde se cocinó la historia de nuestras historias.

Ella con ellos: con Fidel, con Gadafi, con Torrijos, con Chávez, con Correa, con Evo y más…

Ella junto a ellas: junto a Olga Orozco, a Rigoberta Menchú, a Michelle Miterrerrand; a Fanny Edelman; a Dilma Rousseff y más y muchas más…

Stella íntima. Sus historias. Sus sueños. La gran entrevistadora siendo entrevistada. O para ser más precisas, siendo conversada porque la conversación permite las derivas y el entramado que buscamos. Un espesor particular que permita abordar los decires de Calloni al modo de un caleidoscopio.

Un libro, una biografía autorizada que pretende constituirse en un legado. El legado de Stella Calloni para las nuevas generaciones de periodistas, de comunicadores. El legado de Stella para las mujeres que trabajan para ser y para los hombres que quieren comprender.

Este libro es la historia de una vida, de una vida de mujer, de una vida bien vivida, de una vida que le rinde homenaje al paradigma del buen vivir. Una vida que, para quien puede y quiera, es camino que ayuda a andar. Así en la vida, como en el periodismo, como en la militancia, como en la literatura.
Fuentes: Revista Haroldo, Ediciones CICCUS

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