domingo, 4 de mayo de 2014

Repudian e impugnan una nueva maniobra antisindical del Grupo Crónica

El martes 29 de abril, el Grupo Olmos hizo votar una “junta electoral” para elección de “delegados” truchos y propatronales en la redacción de Crónica y BAE de la calle Combate de los Pozos, apuntando a reemplazar a las comisiones internas que los trabajadores han elegido de manera libre y legítima, y a las que la patronal impide ingresar. Es un paso más de la patronal en el marco de un estado de presión laboral y psicológica sobre los trabajadores en la nueva redacción.
Esta presión es tal, que esta votación se logró en el cuarto intento de la patronal, luego de que la oposición de los trabajadores frustrara las tentativas anteriores. Y para ello fue necesario que la empresa organizara previamente una “asamblea” patronal, con la presencia del propio Olmos, exigiendo al personal, de manera insólita, que eligiera una nueva comisión interna “para terminar el conflicto”.
Esta nueva maniobra antisindical de la empresa busca desvirtuar, vaciar de contenido y negar la organización gremial auténtica de los trabajadores. Carece no sólo de toda legitimidad, sino incluso de todo sustento legal: se quiso designar una “junta electoral” sin la convocatoria, presencia ni aval del sindicato de prensa. Es más: la UTPBA ha declarado públicamente en más de una oportunidad que no avala ni avalará una comisión interna armada desde la patronal.
En consecuencia, los trabajadores de los diarios Crónica y BAE, con su representación gremial legítima y legal, van a dar todos los pasos necesarios para impugnar esta maniobra, en el camino de garantizar los derechos laborales y sindicales de todos los trabajadores del Grupo Crónica.
Basta de aprietes y maniobras antisindicales
Basta de discriminación y persecución gremial
Todos los trabajadores de Crónica y BAE a la nueva redacción
Comisión Interna Diario Crónica
Comisión Interna Diario BAE

Alejandro Olmos firmó este editorial en la página 2 del diario Crónica:
Ver anterior: Carta abierta de los trabajadores de BAE a la Presidenta

Con el apoyo de David Martínez: Cambiar la Ley Audiovisual, el plan anti Clarín

El Gobierno quiere impedir que el multimedios se divida entre los hijos de sus accionistas. Analizan permitir que las empresas de telefonía entren al negocio de la televisión para competir con Cablevisión
Por: Lucas Morando
El Gobierno está ante una encrucijada. Luego de que trascendiera en Perfil el plan secreto de Clarín de dividir su imperio en empresas que podrían ser heredadas a hijos de los dueños actuales, ahora el kirchnerismo busca la forma de no perder públicamente la pelea de fondo sobre la implementación de la Ley Audiovisual.
En las últimas semanas, una versión empezó a cobrar fuerza entre los principales empresarios de medios y fue confirmada por funcionarios del gobierno nacional: el oficialismo podría avanzar con una modificación en la propia Ley Audiovisual –o con una nueva norma accesoria– para permitir que las empresas de telefonía, históricas enemigas de Clarín, puedan ingresar en el negocio de la televisión hogareña, hoy prohibido taxativamente por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

La propuesta es apoyada por el empresario mexicano cercano al Gobierno David Martínez, que habría mantenido nuevas reuniones con funcionarios de la Casa Rosada para evaluar los pasos a seguir en la estrategia para impedir que el multimedios se divida en seis empresas distintas que quedarían en manos de los herederos de los cuatro principales accionistas del Grupo Clarín.

“Desde que quiere que le aprueben los trámites para comprar Telecom, David Martínez está muy interesado en que las empresas de telefonía puedan ofrecer triple play”, confirma un funcionario del gobierno nacional. Se refiere a la posibilidad de que un mismo servicio o cable hogareño ofrezca conexión a internet, llamadas telefónicas y, la novedad, televisión.

Una ley así reconvertiría parte de la matriz del negocio de las telefónicas, sobre todo de Telecom. Además, significaría la llegada de un competidor gigante para el negocio de Cablevisión, que representa el 70% de los ingresos del Grupo Clarín.

A fines de 2013, “Deivid” –así lo llaman los funcionarios– compró poco más del 22% de Telecom por unos US$ 960 millones. La empresa, si pudiera ofrecer triple play, revalorizaría la proyección de su negocio exponencialmente. Pero también tendría que hacer una importante inyección de capital en sus redes, que hoy no están listas para ofrecer televisión.

Y por eso, si el Gobierno “ayuda” a Martínez a desregular la participación de las empresas de telefonía en el negocio audiovisual, él los ayudará a evitar que Clarín se divida entre hijos de sus accionistas, una posibilidad que enfurece a la cúpula del Gobierno.

El problema es que Martínez primero necesita “ordenar” la situación de Cablevisión, de la que posee el 40%.

Los empresarios con los que habló en las últimas semanas aseguran que su intención era vender ese porcentaje a Fontinalis, un fondo que pertenece al empresario Ralph Booth, dueño del 9% del Grupo Cablevisión. Pero con la intención de Clarín de no vender ninguno de sus activos, todo podría cambiar.

Hay que recordar que la idea inicial de Cristina Kirchner, antes de 2009, era que las telefónicas pudieran ofrecer televisión; de hecho, las empresas estaban incluidas en la regulación de la Ley Audiovisual. Pero tras las quejas de la oposición, y para aprobarla con el consentimiento de diversas fuerzas políticas, las empresas fueron excluidas de la Ley.

Gerardo Milman, uno de los directores opositores de la Afsca –la entidad que implementa la Ley Audiovisual–, confirma que es un tema central a tratar: “Estamos dispuestos a modificar la Ley porque tiene que haber garantías de que sea competitiva, y el mundo va a la convergencia.Se necesita un upgrade, porque atrasa”, resume. Su opinión es similar a la de otros directores de la Afsca
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La realidad es que el Gobierno también tiene que decidir qué hacer con Telefónica, que presentó hace más de un año su plan para ajustarse a la Ley y todavía la Afsca no lo resolvió. Una lentitud sospechosa.

Y es cierto que el Gobierno espera ver qué pasos dará Clarín para tomar una decisión sobre Telefónica. Si mantiene todo como está –es decir, si no la obliga a desprenderse de su canal insignia, Telefe–, los abogados del multimedios judicializarán todo el proceso una vez más.

Otra cosa sería obligar a Telefónica a cumplir la ley como todos, pero abrirle la posibilidad de ofrecer televisión en sus redes de telefonía. Algo que desde hace años viene reclamando.
Fuente: Diario Perfil

El Banco HSBC y los barones de la droga

Por: Eric Toussaint
El caso del banco británico HSBC constituye un ejemplo de la doctrina “demasiado grandes para ser encarcelados”. En 2014, el grupo mundial HSBC (Hong Kong Shanghai Banking Corporation) emplea a 260.000 personas, está presente en 75 países y declara 54 millones de clientes. En el transcurso del último decenio, el HSBC ha colaborado con los carteles de la droga de México y Colombia, responsables de (decenas de) miles de asesinatos con armas de fuego, en el blanqueo de dinero por un montante aproximado de 880 mil millones de dólares.
Las relaciones comerciales del banco británico con los carteles de la droga han perdurado a pesar de decenas de notificaciones y de advertencias por parte de diferentes agencias gubernamentales de los Estados Unidos (entre ellas la OCC, Office of the Comptroller of the Currency - Oficina del Controlador de la Moneda). Los beneficios obtenidos han conducido al HSBC no solo a ignorar las advertencias sino, además, a abrir ventanillas especiales en sus locales de México, en los que los narcotraficantes podían depositar cajas llenas de dinero en efectivo para facilitar el proceso de blanqueo.
A pesar de la actitud abiertamente provocadora del HSBC hacia la ley, las consecuencias legales de su colaboración directa con organizaciones criminales fueron prácticamente nulas. En diciembre de 2012, HSBC tuvo que pagar una multa de 1.900 millones de dólares –es decir, el equivalente a una semana de ingresos del banco– para dejar cerrado el asunto del blanqueo. Ni un solo dirigente o empleado ha sido puesto ante la Justicia, aunque la colaboración con organizaciones terroristas o la participación en actividades ligadas al narcotráfico están condenadas con cinco años de prisión.
Ser dirigente de un gran banco da carta blanca para facilitar, con total impunidad, el tráfico de drogas duras u otros crímenes.
El International Herald Tribune (IHT) ha realizado una investigación para conocer qué debates habían tenido lugar al respecto en el seno del Departamento de Justicia. Según las informaciones obtenidas por el periódico, varios fiscales querían que HSBC se declarara culpable y reconociera así que había violado la ley que le obligaba a informar a las autoridades sobre la existencia de transacciones superiores a 10.000 dólares identificadas como dudosas. Esto habría debido conllevar la retirada de su licencia bancaria y el fin de las actividades de HSBC en Estados Unidos.
Tras varios meses de discusiones, una mayoría de los fiscales tomó otro camino y decidió que no había lugar a perseguir al banco por actividades criminales, pues era preciso evitar su cierre. Convenía incluso evitar ensuciar demasiado su imagen. A la multa menor de 1.900 millones de dólares se le añade entonces una especie de período de prueba: si, entre 2013 y 2018 las autoridades tienen la prueba de que HSBC no ha puesto fin definitivamente a las prácticas que han provocado la sanción (no es una condena), el Departamento de Justicia podría contemplar reabrir el expediente. En definitiva, la medida puede ser resumida así: “Pequeño diablillo, danos una semana de tu paga y que no te pillemos de nuevo en cinco años”. Tenemos aquí un ejemplo evidente de la fórmula “demasiado grande para ser condenado”.
En julio de 2013, en una comisión senatorial que trataba el asunto del HSBC, Elizabeth Warren, una senadora demócrata del estado de Massachusetts, puso a prueba a David Cohen, representante del Ministerio de Finanzas, en el que ocupa el puesto de subsecretario responsable de la lucha contra el terrorismo y el espionaje financiero. Grosso modo le planteó lo siguiente: “El gobierno de los Estados Unidos se toma muy en serio el blanqueo de dinero (...). Es posible cerrar un banco que se ha visto implicado en el blanqueo de dinero, se puede prohibir a determinados individuos el ejercicio de una profesión o una actividad en las finanzas, y alguien puede ser enviado a la cárcel. Sin embargo, en diciembre de 2012 el HSBC... confesó haber blanqueado 881 mil millones de dólares procedentes de los carteles mexicanos y colombianos de la droga, y el banco ha admitido también haber violado las sanciones. HSBC no lo ha hecho solo una vez, sino de forma reiterada. HSBC ha pagado una multa pero ningún individuo ha sido expulsado de la profesión bancaria y no se ha oído hablar de un posible cierre de las actividades de HSBC en Estados Unidos. Querría que nos respondería a la siguiente pregunta: ¿cuántos miles de millones de dólares debe blanquear un banco antes de que se considere la posibilidad de cerrarlo?”.
El representante del Tesoro salió por la tangente afirmando que el expediente era demasiado complejo para emitir una opinión. La senadora prosiguió, declarando que cuando un pequeño vendedor de cocaína es atrapado va a la cárcel por varios años, mientras que un banquero que blanquea miles de millones de dólares de la droga puede volver tranquilamente a su casa sin temer a la Justicia.
Foto: AP
Fuente: Red Voltaire

La prensa y sus dilemas

Por: Miguel Russo, contratapa@miradasalsur.com
El escritor norteamericano David Markson volcó en su excelente libroPunto de fuga, una frase que atribuye a Lenin: "No puedo escuchar música clásica muy seguido. Me hace decir estupideces agradables". Trasladándola a la realidad argentina, podría decirse que no se puede leer la prensa clásica muy seguido: hace decir estupideces desagradables.

Dicho esto, el 3 de mayo se celebró el día de la libertad de prensa. Es justo: hay que defender a muerte la libertad de que la prensa diga lo que quiera decir. Pero también hay que defender la libertad de saber qué quiere decir la prensa –a quién representa y a quién se dirige– cuando lo dice.

El 3 de mayo de 1991, en Windhoek, capital de Namibia, se declaró –en el Seminario para la promoción de una prensa africana independiente y pluralista organizado por las Naciones Unidas y la Unesco– que "el establecimiento, mantenimiento y fortalecimiento de una prensa independiente, pluralista y libre son indispensables para el desarrollo y mantenimiento de la democracia en un país, así como para el desarrollo económico".

Cabe aclarar –habida cuenta de los despropósitos que se llevan a cabo sobre las palabras en la prensa clásica nacional– qué significaba en esa declaración cada uno de los términos usados. "Por prensa independiente debe entenderse una sobre la cual los poderes públicos no ejerzan dominio político o económico, ni control sobre los materiales y la infraestructura necesarios para la producción y difusión de diarios, revistas y otras publicaciones", decían. "Por prensa pluralista debe entenderse la supresión de los monopolios de toda clase y la existencia del mayor número posible de diarios, revistas y otras publicaciones que reflejen la más amplia gama posible de opiniones dentro de la comunidad", decían. "La libertad de información es una contribución fundamental a la realización de las aspiraciones de la humanidad", decían.

Transcurrieron, desde aquella declaración hasta el sábado pasado, apenas 23 años. Y, leyendo los diarios, escuchando las radios y viendo televisión se comprueba que algo raro pasó con las palabras dichas en esa ciudad africana: como ironías del destino, el nombre Windhoek deriva del afrikaans Wind-Hoek: "esquina del viento".

Por eso todavía es necesario (o, mejor dicho, perentorio) recurrir a frases que vuelven una y otra vez sobre el problema de la prensa. Sobre todo, la que sin hesitar se proclama independiente. Es una buena oportunidad esta cercanía con el 3 de mayo para recordar al escritor y economista español José Luis Sampedro, para quien sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión se constituye un sinsentido: "La clave de la libertad es la libertad de pensamiento. Se habla mucho de la libertad de expresión. Hay que reivindicar la libertad de expresión, por ejemplo en la prensa, pero si lo que usted expresa en la prensa es un pensamiento que no es propio, que ha adquirido sin convicción y sin pensarlo, entonces no es usted libre por mucho que le dejen expresarse".

También se torna sustancialmente útil recordar al lingüista y filósofo norteamericano Noam Chomsky, para quien no creer en la libertad de expresión para la gente que se desprecia remite a no creer en la libertad de expresión bajo ningún concepto. Aunque, activista político al fin, sentencia: "El propósito de los medios masivos de comunicación no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo a las agendas del poder corporativo dominante". ¿Cómo no hacerle un lugar al presidente ecuatoriano Rafael Correa?: "Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta. Sabemos muy bien que, cuando les conviene, son prensa libre e independiente. Yo doy la vida por la libertad de expresión, pero algo muy distinto es sostener la creencia de que cualquier empresa de medios de comunicación con fines de lucro está sobre el bien y el mal". Y, aprovechando la cercanía del 25 de Mayo, amén del nacimiento de la patria, efeméride de la muerte de Arturo Jauretche (mucho más teniendo en cuenta que se cumplen 40 años, con todo lo que indican las cifras redondas para la prensa, tanto vernácula como forastera), no está de más recurrir a una de sus frases con las que pisaba fuerte: "No existe la libertad de prensa, tan sólo es una máscara de la libertad de empresa".

Ahora bien: la libertad, lo que se dice libertad, históricamente, no parece un concepto demasiado cercano al concepto "prensa". Ni aquí, ni allá ni en otras partes.

Cualquier afortunado que pase por la calle Ituzaingó, casi 25 de Mayo, plena Ciudad Vieja montevideana, puede preguntarle a Eduardo Galeano, sentado a la mesa que da a la ventana del Café Brasilero, sobre su impresión de la libertad de prensa –los menos afortunados, es decir los que no viajen, pueden consultar la edición de su libro Espejos, que en 2008 publicó la editorial Siglo XXI–. Galeano, entre anotación y anotación de su eterna y minúscula libretita, recitará, los ojos mirando de manera permanente el futuro y una eterna sonrisa tanguera en sus labios: "Napoleón fue definitivamente derrotado por los ingleses en la batalla de Waterloo, al sur de Bruselas. El mariscal Arthur Wellesley, duque de Wellington, se adjudicó la victoria, pero el vencedor fue el banquero Nathan Rothschild, que no disparó ni un tiro y estaba muy lejos de allí. Rothschild operó al mando de una minúscula tropa de palomas mensajeras. Las palomas, veloces y bien amaestradas, le llevaron la noticia a Londres. Él supo antes que nadie que Napoleón había sido derrotado, pero hizo correr la voz de que la victoria francesa había sido fulminante, y despistó al mercado desprendiéndose de todo lo que fuera británico, bonos, acciones, dinero. Y en un santiamén todos lo imitaron, porque él siempre sabía lo que hacía, y a precio de basura vendieron los valores de la nación que creían vencida. Y entonces Rothschild compró. Compró todo, a cambio de nada. Así Inglaterra triunfó en el campo de batalla y fue derrotada en la Bolsa de Valores. El banquero Rothschild multiplicó por veinte su fortuna y se convirtió en el hombre más rico del mundo. Algunos años después, a mediados del siglo XIX, nacieron las primeras agencias internacionales de prensa: Havas, que ahora se llama France Presse, Reuters, Associated Press. Todas usaban palomas mensajeras".

Waterloo, Bélgica, 1815. Claro que también se puede ir un poquito más atrás en el tiempo y venir un largo trecho más acá en la geografía. Para decirlo todo: Buenos Aires en octubre de 1779, es decir, Virreinato del Río de la Plata. Las noticias extranjeras –que, sin dudas, hacían discutir el devenir telúrico de la Gran Aldea– tardaban pero llegaban. Y, como llegaban –según consta en el buen ensayo Guerras mediáticas, de Fernando Ruiz (Sudamericana, 2014)–, el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo no hesitó en emitir un bando informando (es decir, obligando) a los vecinos que se abstuvieran "de componer, escribir, trasladar, distribuir y expender semejantes papeles sediciosos e injuriosos, y de permitir su lectura en su presencia". Un impresionante acto de censura periodística ocurrido 31 años antes de que Mariano Moreno fundara la Gazeta de Buenos Ayres, el primer periódico nacional que, aquel memorable 7 de junio de 1810, bramaba un editorial que hoy todavía sigue teniendo el mismo valor al hablar de libertad y de prensa: "¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península?...

Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de "La Gaceta de Buenos Ayres". Una perfecta manera de decir lo que algunas pancartas, en varios países del mundo entero, señalan en el argot correspondiente frente a los desaguisados cotidianos de la prensa clásica: "La libertad de prensa termina donde empieza el cansancio de escuchar o leer pelotudeces".
Fuente: Miradas al Sur

"No teníamos Diario El Atlántico por el cual pelear, nos lo sacaron los Olmos, y Aldrey Iglesias lo está pisoteando"

Lo dijo la periodista Belén Cano en su partida del Grupo Crónica. En los últimos meses batalló junto a sus compañeros contra los atropellos del Grupo Olmos y Floro Aldrey Iglesias mientras destruían el diario El Atlántico de Mar del Plata. Su despedida:
Aún me cuesta sentirme fuera de la querida redacción de Bolívar 2975, casi La Rioja. Pero tengo que contarles que el martes firmé mi ida del Grupo Crónica, de la web crónicadelacosta, porque ya no teníamos Diario El Atlántico por el cual pelear. Nos lo sacaron los Olmos, y Aldrey Iglesias lo está pisoteando. Y no sólo quedamos 32 periodistas (por ahora) en la calle, sino que además destruyeron un diario histórico de Mar del Plata: con sus vaivenes políticos, con sus censuras asquerosas, con errores, y también con muchos aciertos gracias al grupo humano que había dentro de esa redacción.
Viví 9 años y 4 meses de mi vida allí. Me dio la posibilidad de formarme, porque la calle es la mejor escuela, más allá de las herramientas que traía desde Deportea. Conté muchas de las historias por las cuales me metí en esto, denunciando marginación, pobreza, violencia de género, trata de personas, mentiras políticas. Muchas me costaron discusiones con directivos y jefes, cuestionamientos absurdos como cuando me preguntaban ¿qué es esta berretada del femicidio? ¿dónde está el certificado médico para decir que hubo una violenta represión? Y muchas de esas discusiones me enfermaron por dentro. Pero supe recuperarme y seguir peleando por lo que amo, que es mi profesión.
Luego nos quitaron el diario, y nos dejaron dentro de una web fantasma -que no merece la calidad de los compañeros y compañeras que siguen batallando allí-, con el único objetivo de vaciar el medio. Lo denunciamos desde un primer momento y no nos equivocamos.
Con la convicción de seguir haciendo periodismo, es que decidí dar un paso al costado y buscar nuevos rumbos para decir, para denunciar, para analizar, para luchar, porque en definitiva creo que de eso se trata.
Gracias por el acompañamiento en esta última etapa llena de sinsabores pero también de mucha unidad. Gracias por las puertas abiertas durante todos estos años, los testimonios prestados, la confianza en mi laburo.
Será hasta pronto.
Belén Cano

Víctor Hugo Morales: Audiencia con el diablo

El 8 de agosto de 2013, el CEO del Grupo Clarín Héctor Magnetto tenía cita cara a cara con Víctor Hugo Morales, a quien había denunciado ante la Justicia. De ese momento parte un libro imprescindible para conocer los mecanismos que los medios hegemónicos utilizan para perpetuar su dominio. Una historia en la que se cruza la información sobre el mundo de la política, el periodismo y el poder con las vivencias personales de uno de los principales protagonistas de la actualidad periodística
Por: Víctor Hugo Morales
Héctor Magnetto permaneció solo en la oficina que le asignaron. Lo imaginé como una sombra más, seca y mustia, en ese espacio impersonal y utilitario, en la penumbra de una habitación en la que el poder se recorta como la belleza de un cisne desplumado. “Davanti a lui tremava tutta Roma”, dice Tosca mirando al inclemente Scarpia, apuñalado a sus pies. “Pensar que este tipo es el amo de la Argentina”, digo, no sin gozarlo. “Y ahora lo tengo ahí”, me ufano, acaso para alivianar la carga del fastidio. Lo imaginé impaciente y terco, desoídor de todas las voces que le reprocharon que se rebajara de esa forma. Un Menelao enloquecido lanzado a una guerra absurda, ganada de antemano pero con la derrota en el vientre. Un capricho más de un poder insaciable y estúpido, como es el poder cuando sólo sirve para acrecentarlo. Tenso, como el que se habitúa a jugar con las cartas marcadas, pero ha descuidado el mazo y es otro el que reparte.
Y lo confirmó Fabiana, la coordinadora de mi programa de radio. Ella había logrado pasar entre la multitud, con la mano apoyada en mi hombro como en la formación antes de ir a clase. Lo que vería en un abrir y cerrar de puerta, acomodada en un sillón del living, se parecía a una escena de El Padrino. La voz que se oía era como la de Brando. “Mejor”, me dijo.
Desde el recibidor, ubicado en el centro de la escena, se veía a un guardaespaldas sentado en la entrada, a la salida del ascensor. Luego el sitio dispuesto para Magnetto, quien por un instante, al entrar sus abogados, quedó al descubierto mirando hacia la pared o a un interlocutor, también silencioso. Fue apenas, cuando entornaron la puerta. Callado y duro, como enojado, lo vi.
En la última sala, estábamos la mediadora, los abogados de Magnetto, uno rojo y sobrador, el otro pálido y serio, el doctor Eduardo Barcesat y yo. Discutíamos sobre la ausencia del demandante. La mediadora señaló que no era una obligación la presencia de Magnetto. La insistencia de Barcesat, que yo apoyaba mirando a la funcionaria con expresión de “¿qué sentido tiene, si no?”, provocó que ella les pidiese a los letrados de Magnetto que fueran a buscarlo. “A lo mejor viene”, asintió Barcesat. Se leía fácil en los rostros el escaso optimismo de los enviados, cuando se alzaron con la pereza del alumno que debe pasar al frente.
La puerta de al lado fue superada con rapidez. Los abogados ingresaron como si fueran siameses. Y retornaron a nuestra reunión unos diez minutos después. “Dice el señor Magnetto que no. Que su representado ya anunció que no piensa disculparse, por lo que no vale la pena el encuentro.”
Los cantos de la gente en la calle, al oírse demasiado fuerte, provocaron una mirada de la mediadora que descifré como: “¿Qué más quiere?”. Era una invitación a que firmáramos el acta, pero antes Barcesat se expresó severamente sobre la ausencia de Magnetto. El abogado de pelo rojo ladrillo oía llover. Se convertiría en una celebridad por su pobre desempeño en una audiencia de la Corte Suprema sobre la ley de medios, semanas después. Ahora escuchaba a Barcesat desparramado en su silla, con las piernas estiradas, las manos en el bolsillo y ese aire sobrador que toman prestado de sus jefes los que cuidan la puerta de un lugar.
Magnetto no tenía dudas de lo que yo sería capaz de decirle. No quiso darme ese placer. A una distancia de tres metros pero con una pared en el medio, mis discursos, los atropellados, los feroces argumentos de mi rabia, se desvanecían. Había llegado con el propósito de controlar las ideas que giraban con la potencia de un tornado, solo en el umbral de la delicadeza que merecían las personas que oficiarían de testigos, aun los guardaespaldas del Padrino. No le diría “un mafioso como usted”. Tenía decidido hablar de la mafia como algo que hubiese soportado mejor en el cotejo con la muerte civil que quiso destinarme.
Mire, Magnetto, era mejor que mandase a matarme que la muerte lenta a la que quiso someterme con su ataque incesante, usted que tiene idea clara de lo que significa para un hombre en contacto permanente con el público la mirada desaprobatoria de cuanto imbécil juega a creer en las mentiras de sus diarios y de sus canales, y me acusa de pertenecerle al gobierno, se solaza en el invento, más atroz aún, de asignarle un interés económico a esa afiliación para que la gente tenga un pretexto que le permita descargar su odio solo porque no tolera al que piensa distinto, y no le alcanza con que a uno lo rechacen por pensar equivocado, sino que debe haber según sus inventos un interés espurio, es decir, tiene que haber dinero, pero sosteniendo la infamia sin pruebas que sería imposible reunir, solo con insidias, mencionando la plata del Estado, la entrega de la conciencia a cambio de lo que no solo no necesito, sino que lo he ganado con creces, y lo logré, pese a confrontar públicamente con su diabólico poder, sin resignar una sola bandera, sabiendo como sabemos que hubiera bastado entregarme al mismo y beneficiarme con pertenecerle yo también como pudo haber sucedido tantas veces, y no quise, en cada ocasión que quisieron cooptarme con TyC, con Radio Mitre, en el Canal Metro, en el diario Olé, del que fui el primer periodista entrevistado para escribir los comentarios del fútbol, y a cambio fui castigado a la desaparición de sus medios, y así veinte años, lo cual era entendible, hasta que apareció la discusión de la ley de medios y entonces, porque mi palabra adquiría otro valor, porque tenía antecedentes de haberlo denunciado en incontables ocasiones en mis espacios, en los reportajes, en el Congreso de la Nación, entonces, para anularme como contendiente procedieron a herir mi credibilidad y lo hicieron con una saña jamás vista contra un periodista, salvo los asesinados por mafias, comprando redactores de libros infames, arrojándome los perros de sus redacciones con títulos y comentarios provenientes de lo que ustedes mismos preparaban.
¿De qué se siente ofendido, usted, cuya infamia me perseguirá más allá de mi muerte? Mire esta carpeta, ¿sabe cuántas páginas de falsedades hay aquí? Mil páginas, Magnetto, en menos de cuatro años, esa es su campaña y la de quienes lo siguen por complicidad o por temor a sus represalias, mil páginas sin contar las horas de radio y televisión que me ha dedicado, o los correos electrónicos canallas enviados, empezando por aquel que decía que el gobierno me dio diez millones de dólares para torcerme el brazo, salido de la clandestinidad de su usina de la calle Perú, probadamente falso, “firmado” por personas inexistentes, correos que llegaron a millones de personas para que, como peces en una red lanzada al mar, quedaran atrapados los ingenuos, los odiadores, los fachos, esos que, por carecer de argumentos para la discusión de fondo, se sienten cómodos en la injuria. ¿Sabe usted que he ganado en mi vida bastante más que ese dinero, y que lo conseguí sin venderle mi dignidad a nadie, empezando por usted mismo, que no pudo comprarme? ¿Y que sin embargo no puedo manejar el auto de mi mujer porque es importado, a riesgo del insulto de los que, por odio o por envidia, lo pondrían en la cuenta de esos diez millones de dólares que sus criminales mediáticos entintados pusieron en mi cuenta? ¿Y sabe dónde está la prueba de cada peso facturado? En la AFIP, donde debo ser el periodista que más dinero pagó nunca en impuestos a las ganancias, acusando un salario que, vergüenza debería darle a usted, es un poco, nada más que un poco, inferior al que usted declara. Ahí tiene mi verdad, ahí está pulverizada su mentira y la de sus sicarios, ¿sabe cuánto dinero pude ganar decentemente en la TV Pública? Nada más el Mundial de 2010 pudo dejarme una fortuna y renuncié a ese privilegio la misma noche que se votó la ley de medios. ¿Y sabe para qué? Para que no pudiera usted decir, o sus esbirros, que el gobierno pagaba de esa manera mi adhesión a la causa de la ley, que en realidad era mi propia causa mil años antes de que existiera el gobierno en cuestión.
¿Imagina, Magnetto, cuánto hubiera gozado profesionalmente del privilegio de conducir y relatar un Mundial en la televisión? ¿Le parece que me lo merezco, que soy alguien en esta profesión que podría hacerlo bastante bien y, quizás, era capaz de cambiar los paradigmas de amarillismo, grosería, y obviedades con las que se castigó a la audiencia mientras usted controló a la televisión, a la AFA, al fútbol, a los competidores? ¿Puede calcular cuánto dinero dejé de percibir en un solo mes del Mundial si, en la radio, que es nada comparada comercialmente con la televisión, la cláusula extra por transmitir un Mundial es de cien mil dólares aparte de los sueldos y los acuerdos publicitarios? ¿Sabe el convencimiento y el desinterés que hay que tener para esa renuncia? ¿Le consta que he declinado desde siempre trabajar en Fútbol para Todos, solo para que usted no declame “con razón le molestaba el fútbol privado, lo que quería era quedárselo”?
¿Tiene idea del dinero que me he negado a ganar para no darles ese gusto a usted y a su caterva de serviles? ¿Y cuánto me ha servido? Ustedes apuestan a que la mentira llega a mucha más gente que la refutación y relativizan la verdad como si la hubieran arrodillado en una cava para darle un tiro en la nuca, como actúan las mafias con los que les son molestos, como hace usted conmigo.
¿Sabe, Magnetto, cuándo escribí por vez primera sobre Clarín? En 1987, hace veintiséis años. ¿Sabe desde qué fecha está documentado que hablo contra los multimedios como el suyo y denuncio los perjuicios que provocaría al periodismo, a la sociedad y a las relaciones del poder? Desde 1991. ¿Entiende lo que eso significa de libertad en mi conciencia? La misma que me provoca saber lo que he perdido económicamente en estos años, porque, mientras usted me ensucia, la realidad es que de publicidad he dejado de percibir más del sesenta por ciento de lo que está pautado, usted puede preguntarle al actual director de Radio Continental, que trabajó para Clarín hasta no hace demasiado tiempo, cuánto dinero dice perder porque los avisadores de la derecha se niegan a poner los avisos en mis programas, acaso cumpliendo lo que por las redes sociales piden desde su SIDE de la calle Perú, y ese mismo señor de la radio puede decirle que acepté trabajar dos años, 2011 y 2012, sin un peso de aumentos porque, si no, no podían mejorar los salarios del personal en la eterna crisis de las emisoras. ¿Y usted se dice ofendido, siendo que, de manera kafkiana, mientras denuncia que lucro con mis opiniones, no he cesado de perder fortunas, por el abandono de seguidores publicitarios que eran de fierro, y por lo que no pude aceptar para que no mezclaran principios con intereses? Todo esto se lo quise demostrar a su propia gente de la ONG Poder Ciudadano que, al ver que nada podrían demostrar en mi contra, declinaron la auditoría que yo mismo les ofrecía hacerme. ¿Qué más debo ofrendar para dejar en claro lo patético de la demanda de un ensuciador profesional como usted? Y hace no mucho tiempo, Magnetto, cuando usted y las consultoras liberales, los grandes entregadores del país, pugnaban por la devaluación, para sostener mi manera de pensar, tomé el ahorro que tenía en el banco y lo convertí en pesos, perdiendo quizás la mitad del capital.
Si ustedes consiguen doblegar al gobierno, ¿quién es la víctima aquí?, ¿en cuántas cuotas debo pagar la osadía de enfrentar su poder?
¿No alcanzan el dinero perdido, las ofertas desechadas, los insultos padecidos, las mil páginas de mentiras, el ataque de impertinentes agrandados por la protección que usted les asegura? Ríase, pero a un privilegiado que lleva treinta y ocho años de contratos millonarios usted lo ha expulsado de muchos lugares. Mire cómo se mata a una persona sin llevarla a una cantera por la madrugada, le da nomás la muerte civil acusándolo de venderse a un gobierno, y lo sube a un caballo como en la Inquisición para que al hereje lo vean todos, ése es su poder, celébrelo, que no todos pueden matar tan higiénicamente con un balde de tinta.
Cada vez que me lanzaba mentalmente a esta catarsis me preguntaba hasta dónde podría avanzar. Sería interrumpido muchas veces, me advertía en los monólogos imaginarios. Magnetto amagaría con irse, se iría nomás. Los abogados protestarían como los que saben que no fue penal y lo piden. La negociadora del juzgado procuraría calmarme. “Pero escúcheme, no se vaya”, me imaginaba diciéndole a Magnetto. “Después argumentará cuanto quiera usted también.” Es que tenía tanto más para decirle. Me veía en el espejo de sus ojos fríos, impasibles como los de un francotirador que espera el paso de su presa. Gozaba de antemano ese desprecio en la curva de su boca. Pero estaría todo el tiempo temeroso de su partida. De ahí la sutileza con la que debía conducirme. Como se ofrecen semillas a las palomas, sin gestos que las espanten. Ningún discurso llegaba tan siquiera a la mitad del recorrido. Lo veo al pelirrojo, mientras me lanzaba desde lo alto de la montaña, recto en la embestida, sin hacer slalom. “Es escandaloso”, diría el que ahora veo con su pelo de polvo de ladrillo, condenado a explicar en mil almuerzos de trabajo por qué se abatató el día más importante de su vida al servicio de Magnetto.
Las palabras iban en tropel, como el que llega y cuenta un crimen, en cada ensayo de esos días, a veces hablando solo, como cuando era muchacho y decía avisos en voz alta, o hablaba como Oscar Casco mientras cuidaba vacas a la vera de una carretera en las afueras de mi pueblo. Eso me subleva. No era tan malo hacer pastar unas vacas tontas si tenía la soledad necesaria para jugar a ser actor de radioteatro y acaso me conformaba con eso. Pudo ser mi vida. Pero algo sucedió en el trayecto. Dejé las vacas ajenas y me metí en la radio y me vi de afuera del aparato con la curiosidad de un niño. Y construí una carrera sin negociar nada, nunca.
Fuente: Diario PáginaI12

sábado, 3 de mayo de 2014

Un canal de tevé, una AM ¿y dos FM?, fuera de la Ley

El martes, Weretilneck anunció la intervención de la emisora luego de que la AFSCA diera por extinguida a la licencia que en 1963 se había adjudicado a Ricardo Rost, Moisés Omill, Ignacio María Lizaso, Noemí Arolfo y José Andrada.
En la resolución 324, del 21 de abril, la autoridad federal especifica que la decisión se tomó porque los titulares (las licencias son intransferibles) "no solicitaron la renovación" de acuerdo al artículo 83 de la ley 19.798, que regía antes de la aprobación de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual más conocida como "Ley de Medios".
Inmediatamente aclara que "corresponde declarar su extinción de acuerdo con lo dispuesto por el artículo 50, inciso a, de la nueva ley.
Respecto de la adjudicación de la frecuencia al gobierno, los considerandos de la misma norma aclaran que Río Negro había solicitado autorización para instalar y explotar una radio AM y otra FM en Cipolletti y que había presentado la documentación requerida.
Al ser consultado sobre por qué no se llamó a concurso para adjudicar nuevamente la licencia, el responsable de Afsca Río Negro, Pierino Porrino, explicó que la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual prevé la obligación de reservar para cada Estado provincial una frecuencia AM, otra de FM y una frecuencia de televisión abierta, con las repetidoras necesarias para cubrir todo el territorio y que al extinguirse la licencia anterior quedaba vacante ese espectro.
La AFSCA le otorgó al gobierno rionegrino no sólo la frecuencia de LU19 sino también de la FM Comahue (102.9), propiedad del mismo grupo económico, lo que en principio parecería colisionar con la ley ya que el Estado cuenta con una radio en frecuencia modulada que funciona en las instalaciones de Canal 10, en Roca.
Weretilneck también anunció el envío a la Legislatura de un proyecto para declarar de utilidad pública sujeto a expropiación los bienes de la emisora.
Además del piso donde actualmente funciona, en Roca al 300 de Cipolletti, el predio de mayor valor económico es el de Fernández Oro donde está la planta transmisora. Son siete hectáreas que en su momento Hugo Benedetti (la última cara visible del grupo económico) aseguró estar esperando el título de propiedad que le adeudaban los anteriores propietarios y que pensaba utilizar de garantía para obtener un crédito y sanear financieramente la radio.
Fuente: Diario Río Negro
Ver anteriores: Trabajadores de LU19 y LU16 continúan con medidas de fuerza; Trabajadoras y trabajadores de LU19 de Cipolletti tienen prohibido hablar sobre la Ley de Medios; Antes prohibía hablar de la Ley de Medios, hoy es director de Radio Nacional de Viedma, Trabajadores de LU19 y LU16 continúan con medidas de fuerza, La CGT respalda reclamo de trabajadores de diversas radios que no cobran sus salarios, Paro por tiempo indeterminado en Cadena Radios del Comahue; Daniel Vila y Clarín piden prorrogar los plazos de adecuación y aducen trato discriminatorio, El gobierno de Río Negro interviene la radio LU19

Filtrar es censurar

Por: Eduardo Bertoni*, @ebertoni
Cuando me preguntan la relación entre Internet y el ejercicio de la libertad de expresión, lo primero que se me ocurre es destacar que esta tecnología trajo la posibilidad de difundir los pensamientos a un número de personas que quien se expresa en Internet no puede siquiera imaginar. Recordemos que antes nuestras expresiones sólo eran posible de ser difundidas de manera individual y de boca en boca o, en algunos casos, cuando los medios de comunicación se ocupaban de ser el transmisor.
Por esta razón, no es insensato afirmar que hoy sin acceso a Internet es imposible ejercer adecuadamente la libertad de expresión. Las distintas posibilidades que tenemos de expresarnos a través de blogs, redes sociales, plataformas como twitter, etc, lo demuestran a cabalidad. El relativo bajo costo de Internet hace que sea económico llegar con nuestros pensamientos a miles o millones de personas sin tener que contar con los medios de comunicación para hacerlo (la prensa, la radio y la televisión).
No es este el lugar para reseñar las múltiples declaraciones, resoluciones e informes de órganos de las Naciones Unidas o de la Organización de Estados Americanos que vienen resaltando lo que he señalado antes. Vale sólo señalar que una Resolución del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas donde observó en Junio de 2012 que […]que el ejercicio de los derechos humanos, en particular del derecho a la libertad de expresión, en Internet es una cuestión que reviste cada vez más interés e importancia debido a que el rápido ritmo del desarrollo tecnológico permite a las personas de todo el mundo utilizar las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones […].En la misma Resolución, el Consejo afirmó […]que los derechos de las personas también deben estar protegidos en Internet, en particular la libertad de expresión, que es aplicable sin consideración de fronteras y por cualquier procedimiento que se elija, de conformidad con el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos […].
Dicho todo esto, no podemos dejar de ver que aparecen nuevos desafíos cuando hablamos de libertad de expresión e Internet. Muchos de ellos caen en el saco de lo que comúnmente llamamos la “regulación de Internet”. Los temas que se incluyen dentro de este concepto son muchos. Entre ellos está la responsabilidad de los “intermediarios” -por ejemplo los motores de búsqueda de información- por los contenidos que ellos no producen; el tema de la neutralidad de la red -es decir la no discriminación de contenidos por parte de los proveedores de Internet-; y las políticas de filtrado y bloqueos de contenidos, que mal reguladas o aplicadas de manera desproporcionada llevarían a casos de censura.
Respecto de esto último, para los medios de comunicación, un desafío todavía no resuelto se refiere a la moderación de los comentarios de los lectores de las notas que se publican. Los ejemplos que podemos encontrar van desde lo que se conoce como la “pre-moderación”, esto es, ejercer una suerte de censura previa de contenidos; la “post-moderación” es decir, el bajar contenidos una vez publicados; o la “moderación reactiva”, esto es, la baja de los contenidos una vez que alguien se queja de los mismos y el medio los considera ilegales. En cualquiera de los tres casos, y aún reconociendo que puede haber ejemplos donde la moderación sea necesaria, creo que ellos deben ser muy excepcionales porque corremos el riesgo de implantar y permitir modelos de censura “privada” que poco tienen que ver con el ejercicio de la libertad de expresión en una sociedad democrática.
En conclusión: estos desafíos deben ser abordados de una manera cuidadosa, poniendo como centro el respeto a los derechos fundamentales. Y deben ser abordados tanto por políticas públicas diseñadas desde el Estado como por las políticas de los distintos actores privados que intervienen en el proceso de la comunicación por Internet.
*Doctor en Derecho. Director del Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información (CELE) de la Universidad de Palermo. Ex Relator Especial para la Libertad de Expresión de la OEA
Fuente: InfoBAE

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