miércoles, 27 de diciembre de 2017

Fernando Birri 1925 - 2017

El cineasta argentino falleció en Roma. Fernando Birri nació en marzo de 1925 en Santa Fe y antes de cumplir cinco años compuso su primer poema, sentado sobre las rodillas de su padre. Creció en un ambiente de enorme devoción por las artes plásticas y musicales; sus tíos eran pintores y músicos. Se lo considera un maestro pionero del cine santafesino y latinoamericano
A los 23 años, a punto de recibirse de abogado, decidió poner punto final a la carrera para dedicarse a la poesía. Se embarcó como marinero en una barcaza que transportaba mercadería de Santa Fe hacia el norte de la Argentina y Paraguay. Birri descubrió durante ese viaje que “una imagen es una imagen e intuía que la palabra es la palabra poética”.

La vida y la obra de tres grandes poetas fueron determinantes para confirmar el camino elegido: Federico García Lorca, por ser una figura “tan libre poéticamente”, que también lo marcó “en el aspecto político”; Pablo Neruda, que encarnaba “la melancolía posromántica” y “un señor con un gran sombrero y unas barbas blancas muy largas” llamado Walt Whitman. Después se sumarían Rafael Alberti, Rimbaud, Rilke, Hesse, Kafka y otros que “formaron parte de esa familia de fantasmas que encontré en mi camino y que después me siguieron acompañando para todo el resto del viaje”.
"... dicho sin orgullo pero sin modestia, (yo) creé dos Escuelas en América Latina: la primera en Santa Fe, la segunda en Cuba. (...) Y yo honestamente no me considero un maestro. Lo que yo trato de hacer es transmitir un conocimiento, transmitir opiniones, intercambiar ideas. Si eso se transforma en enseñanza, es independiente de mí"
Fernando Birri
"Soñar con los ojos abiertos: las treinta lecciones de Stanford"
Entre 1950 y 1953 estudió en el Centro Experimental Cinematográfico de Roma, Italia, donde fue discípulo de Vittorio de Sica, emblema del neorrealismo italiano. De regreso a su ciudad natal, en 1956 fundó el Instituto Cinematográfico de la Universidad Nacional del Litoral –epicentro de la Escuela Documental de Santa Fe, primera institución de enseñanza de este arte en América Latina–, que sentaría las bases del cine sociopolítico latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX.

Allí realizó el documental “Tire dié” y la película de ficción “Los inundados”, ambas con fuerte vocación de crítica social, que marcarían rumbos en el cine argentino y latinoamericano. En 1963, por motivos políticos Birri se vio obligado a dejar por primera vez la Argentina y se instaló en Europa.
"Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, sé que nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve entonces la utopía? Para eso sirve, para caminar"
Fernando Birri
Bajo el lema “otro cine es posible”, a fines de 1985 fundó junto con el escritor colombiano Gabriel García Márquez la Escuela Internacional de Cine y Televisión, en San Antonio de los Baños, a unos 30 kilómetros de La Habana, Cuba. Esta escuela fue creada con el objetivo de construir un cine original que se fortaleciera a través de su componente político, poético y ético.

Publicó “Soñar con los ojos abiertos”, libro que compila los seminarios dictados entre el 2000 y el 2001 en la Universidad de Stanford, Estados Unidos.

Las casi cuatrocientas páginas de “Soñar con los ojos abiertos” permiten al lector no sólo sentirse un estudiante que aprovecha las enseñanzas del creador sino también recorrer el inicio y desarrollo del cine latinoamericano y, especialmente, conocer en profundidad la génesis y realización de sus películas y las reflexiones sobre otros cineastas como Glauber Rocha, Pereira Dos Santos, Miguel Littin y Fernando Solanas, entre otros.
"En arte, la responsabilidad se llama sensibilidad. Ser responsable en el arte,
o sea, ser responsable en una visión artística de la vida, es ser sensible. Y ser sensible significa que nada de lo que es humano nos resulte extraño."

Fernando Birri"Soñar con los ojos abiertos: las treinta lecciones de Stanford"
En su extensa filmografía, compuesta por cortometrajes y largometrajes, se destacan “Rafael Alberti, un retrato del poeta”, “Mi hijo el Che”, “Un señor muy viejo con unas alas enormes”, sobre un cuento de García Márquez, con quien compartió el guión, y “El siglo del viento”, documental basado en el libro “Memorias del fuego” de Eduardo Galeano.

La ex presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner lo había homenajeado en Roma, en 2015, por "su inclaudicable aporte al cine nacional y latinoamericano" y anunció entonces la remasterización y digitalización de su obra.
“Aún sueño con los ojos abiertos”
Personalidad única en el universo de las artes, Fernando Birri es considerado el impulsor en Latinoamérica de un cine realista, crítico y social. El cineasta, poeta y artista plástico se muestra eternamente idealista y utópico.
Por: Pablo Montanaro

Cuándo supo que se iba a dedicar al cine?
No lo supe nunca y hoy todavía lo dudo. Es sólo una intuición.

¿Cómo le gusta definirse: documentalista, realizador de cine de ficción, poeta?
Somos lo que somos en los ojos de los otros.

¿Su inclinación por un cine de crítica social se dio en un tiempo en que el arte se circunscribía más a cuestiones de forma y contenido?
Leía mucho y en la biblioteca de mi padre predominaba la literatura “comprometida”, como se decía entonces.

A comienzos de los años ’50 estudió en el Centro Experimental Cinematográfico de Roma, donde fue colaborador de Vittorio de Sica... ¿qué le dio aquella experiencia?
Me demostró que otro cine, otra política, otra poética eran posibles.

¿Qué impulsos lo llevaron a crear, hace más de veinte años, la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños?
El mismo que quiso significar treinta años antes la Escuela Documental de Santa Fe, por un cine nacional, realista, crítico y popular. Correspondió a un afán de liberación, a una política de liberación, a una estética de liberación; es decir, a una dimensión de liberación humanista que implica la dimensión política, estética, filosófica, económica.
¿Existe un cine político en nuestro país?
¡Vaya si existe! Y no desde hoy… Pino Solanas, Octavio Getino, Gerardo Vallejo, Raymundo Gleyzer, José Cedrón, hasta el “cine piquetero”; son todos nombres, fuerzas actuantes…

¿Cómo piensa hoy la función social del cine?
Como ayer y como mañana. La función social del cine nace como una forma de conocimiento en la medida en que conocimiento es conciencia, conciencia del cambio, un cambio para bien. No la veo con dogmas ni con recetas ni a través de fórmulas impositivas del pensamiento y de la ideología que no sirven para nada.

Cuando se habla del “nuevo cine latinoamericano” lo vinculamos sólo con el cine testimonial o de protesta, ¿es correcto que así sea?
Sí, pero no es sólo eso. Nuestro cine tiene una profunda raíz de protesta y fue constante en la resistencia. Pero también es un cine de sueños. Detrás de toda esa protesta hay un sueño de justicia, igualdad y belleza. Un sueño rebelde que no acepta el conformismo o esa realidad que no es lo que tendría que ser.

¿Qué opinión le merece el cine que se realiza hoy en la Argentina?
Un puzzle experimental: fuerza actuante, viva, participante, mini-maximalista, herética, poético-política. Lo que sucede hoy con el cine argentino es con lo que siempre soñé.

De los nuevos realizadores, ¿quién le parece que dejará su marca?
Soy hincha de Pablo Trapero.

Cuando tiene la oportunidad de conversar con jóvenes cineastas, ¿qué trata de transmitirles?
Uno de los lemas es “enseñar aprendiendo”. Trato de ponerlo en práctica. Otro, “ostinato rigore” y uno más: “en arte, la libertad ante todo”. Nuestra gran responsabilidad ante los jóvenes es seguir moviéndonos con ese lema que señala que “otro cine es posible”. Pero hay una premisa más profunda todavía: “otra realidad es posible”.

En el actual cine que se hace en Latinoamérica, ¿ve reflejada su propuesta?
Si la palabra es sólo “reflejado”, entonces digo muy humildemente, y muy hipócritamente, en todo.
"Soñar no sólo es posible sino también necesario. Con una sola advertencia, soñemos siempre con los ojos abiertos. Soñemos teniendo cuenta el pasado, pero con los ojos abiertos mirando hacia el futuro"
Fernando Birri
¿Por qué dijo que la vida es un desaprendizaje?
Porque lloro por la inocencia y el asombro perdidos.

Vive en Roma pero también en Cuba. Alguna vez dijo que vive donde lo lleva el viento…
Dije también que soy como las semillas voladoras, se ve que el viento sopla para otro lado… y siempre me pregunto qué le pasa a la Argentina conmigo.

¿Le quedó alguna cuenta pendiente como realizador?
Que no sé sacar fotografías.

¿Quién es Fernando Birri?
Una gran nariz con dos ojos… (risas). Un ciudadano común que trata de descifrar su realidad y la de su propio país y que desde siempre persiguió un sueño de justicia, igualdad y belleza.

...y sigue soñando...
...con no cerrar los ojos.
"La solemnidad ha sido siempre un virus latinoamericano al cual he tratado de corroer con mis filmes"
Fernando Birri"Soñar con los ojos abiertos: las treinta lecciones de Stanford"
Gabo y Birri, inventando el mundo
Fernando Birri y Gabriel García Márquez se conocieron a comienzos de los años ’50 en Roma, Italia, cuando el colombiano viajó hasta allí con la ilusión de aprender la magia secreta de Zavattini, director del Centro Experimental de Cinematografía, donde estudiaba el santafesino.

Quien por aquel entonces pensaba que el cine era un medio de expresión más completo que la literatura –por suerte cambió esa idea cuando muchos años después se sentó a escribir hasta no terminar con “Cien años de soledad”– sólo pudo sostener la soga que evitaba que los curiosos invadieran la escena mientras Sofía Loren y Marcelo Mastroianni rodaban en una callejuela romana.
“Esa era la contribución más genial que Gabo podía dar al cine en ese momento”, afirma entre risas Birri.

Desde aquella época planeaban realizar juntos una película y cada vez que la casualidad los cruzaba en algún lugar del mundo se decían “tenemos que hacerla”. “El cuento se forja como un ladrillo”, decía García Márquez para justificar su oposición a que se hicieran películas sobre sus cuentos.

El deseo, tantos años postergado, finalmente se concretó. Fue a mediados de los años ’60. “Escoge un cuento”, lo invitó García Márquez por teléfono desde México, donde residía. El cineasta le respondió sin dudar: “Un señor muy viejo con unas alas enormes”. “Es tuyo”, escuchó Birri del otro lado de la línea. Después de sentir esa rara mezcla de felicidad y miedo por no saber si ese cuento podía traducirse en una película, el cineasta se puso a trabajar. “Me puse a traducir el cuento, palabra a palabra, frase a frase, renglón por renglón, a ver si era posible hacer una película con eso. Recién después de quince días pude dormir, respirar y comer de manera normal, porque había comprobado que efectivamente era posible”, confesó.

Tardaron siete años en poner punto final al guión definitivo. “El cuento es mío, la película es tuya”, dijo Gabo después de ese tiempo de intercambio de opiniones, correcciones y modificaciones en encuentros que tuvieron lugar en La Habana, Cartagena de Indias, Cuernavaca, Roma…

Lo más difícil de resolver para Birri fueron las alas del señor muy viejo. “Por el título muchos lectores se imaginan un ángel –comentó–. Pero en el cuento nunca se dice que es un ángel, sino sólo un señor con unas alas enormes. Fue así que me gradué en doctor en angelología, porque empecé a consultar todo lo que se había hecho sobre las representaciones iconográficas de los ángeles. Y aprendí muchas cosas, porque para nosotros, por lo menos para los de formación católica, un ángel es una persona con halo, con alas atrás, y generalmente con un candelabro con una vela. Pero las figuras aladas que ha dado la historia de la iconografía forman un catálogo muy amplio; por ejemplo, los hindúes tienen ángeles con alas de pavo real”.

La solución llegó faltando pocas semanas para empezar a rodar la película después de que en la etapa de preproducción se mataran varios pavos para sacarles las plumas. La solución la dio el autor del cuento: “Este viejo se saca y se pone alas como uno se saca y se pone la chaqueta”, dijo el colombiano. “Así fue como resolvimos el problema de hacer la figura y como superamos la contradicción. Porque el viejo tiene alas y no las tiene. Es un ser que cada uno puede interpretar a su modo. Yo no quiero decir lo que es, pero ahí está y existe: eso es lo importante”.

El filme, estrenado en 1988, muestra la vida de dos humildes campesinos que una noche de tormenta, mientras tratan de sacar el agua que les inunda la casa, descubren a un “señor muy viejo con unas alas enormes” incapaz de volar, interpretado por el propio Birri. Lo instalan en el gallinero, para espanto de las gallinas, mientras cientos de curiosos se acercan atraídos por la novedad.

Uno comprendió que no había un acto más espléndido de libertad colectiva que estar sentado inventando el mundo detrás de una máquina de escribir y el otro, parado detrás de una máquina de filmar.
Fernando Birri, siempre el arte
Por: Osvaldo Bayer
Acabo de viajar a Roma. Allí fui a verlo a Fernando Birri para filmar un diálogo acerca del ser humano y la humanidad. Un tema que sigue preocupándonos. El, con sus 90 años, yo con 88. Buscar una explicación después de tanta experiencia.

Fernando Birri, santafesino como yo. Sí, los dos de esa ciudad. El cineasta por antonomasia dejó en su juventud Santa Fe para ir a estudiar cine en Roma. Yo dejé mi país para ir a estudiar Historia en la Alemania de la posguerra. Y nos volvimos a encontrar ahora, para hacer un resumen de nuestras vidas. ¿Qué aprendimos de esta humanidad?

Fernando Birri regresó a Santa Fe cuando terminó sus estudios de cine en Italia y fundó la escuela de cine. Todo un acontecimiento, toda una institución de búsquedas en el nuevo arte. Allí, en 1960, realizó su primer film: Tire dié. Un documental sobre los niños pobres santafesinos. Yo cuando era chico había sido testigo de esa pobreza. Ya vivía en Buenos Aires, pero iba a pasar las vacaciones a Santa Fe. Y cuando el tren cruzaba el puente sobre las aguas a la entrada de esa ciudad se producía el acontecimiento. Llegaban corriendo los niños de los alrededores, pobrísimos, e iban acompañando el tren que disminuía su marcha. Ellos iban saltando por los durmientes, gritándoles a los pasajeros que abrían las ventanillas para mirarlos, “tire dié” para que les arrojaran una monedita de diez centavos con las cuales podían comprarse un pancito en aquellos tiempos. Los pasajeros hacían puntería con las monedas de manera que pudieran ser alcanzadas por las manos de esos arriesgados pedigüeños de pantaloncitos parchados.

Como pasajero fui testigo de todo eso, muerto de miedo yo, pensando que esos niños podían tropezar con los durmientes y caer a las aguas profundas. Todo un espectáculo y Birri lo filmó para la eternidad de esos momentos argentinos.

Luego de ese primer paso, Birri se convertirá en un cineasta famoso. Están allí sus decenas de filmes como testimonio. Aquí el título de algunos de ellos: El Fausto criollo, La primera fundación de Buenos Aires, Los inundados, La Pampa gringa, Mi hijo el Che, Diario de Macondo, Un señor muy viejo con alas enormes, Che, ¿muerte de la utopía?, El siglo del viento, El alquimista democrático, entre otras. Es autor además de los manifiestos: “Por un cine nacional realista, crítico y popular”, “Por un cine cósmico, delirante y lumpen”, “Por un nuevo, nuevo, nuevo cine latinoamericano”, “Por un cine teleasta de Tres Mundos con el 2000: trabajadores de la luz”.

También están como testimonio de su talento literario sus libros de poesía: Horizonte de la mano, Inmóvil dure el alma y Condecoraciones del otoño.

Es dibujante, pintor y escultor. Lo atestiguan sus exposiciones. La última, por ejemplo, Metáforas de la luz, de pintura, poesía y cine. Fue en Roma y como lema tenía: “La materia de nuestro arte es la luz. Nuestro arte se construye con la luz solar, volténica y electrónica que sean. Somos trabajadores de la luz”.

Sobre trabajos políticos cuentan un gran número, como ejemplo nombramos el Remitente Nicaragua, que es un testimonio del proceso revolucionario después de tanto tiempo de dictadura política y de aislamiento cultural.

Nuestro diálogo se desliza sobre nuestras experiencias. Esa Santa Fe de nuestra infancia, esa Europa de posguerra, lugar de nuestros estudios y luego las experiencias de vida, las luchas sociales, los fracasos, y la unión del arte con la vida y sus experiencias.

En nuestro encuentro en Roma me di cuenta de que para él toda forma de arte es imagen y que la imagen es poesía. Aun en la imagen del horror existe poesía, porque está presente el dolor, y el dolor contiene un resto de poesía. Como esa que el gran poeta Rafael Alberti escribió sobre Fernando Birri, y aquí se transcribe ya que lo describe tal cual es:
Fernando Birri
Saliste de aquel río,
de sus largos e internos litorales.
En donde casi pierde las orillas.
gran Paraná argentino,
de ciudades y selvas,
insomnes yacarés, pájaros arcoiris,
troncos resbaladores por sus aguas,
hombres en soledad o fustigados.
Todo aquello por siempre permaneció en tus ojos
hasta el día en que luego, algo más tarde,
lo volcaste en la luz, en las movidas
susurrantes penumbras de las sales del mundo.

Hoy,
con tus llovidas barbas de monje tibetano.
Tu recogida trenza y altura conseguida,
puedes mirar, mirarte
y ver cómo te miran y sienten al unísono
en tus vivos espacios de imágenes tangibles.

Rafael Alberti, Madrid, 1983
"¿Juráis que no filmaréis un solo fotograma que no sea como el pan fresco, que no grabaréis un solo milímetro de cinta magnética que no sea como el agua limpia?

¿Juráis que no desviaréis vuestros ojos, que no os taparéis vuestros oídos, frente a lo real maravilloso y lo real horrible, de la tierra de América Latina y el Caribe, África y Asia de la cual estáis hechos, y de la cual sois fatalmente expresión?

¿Juráis que fieles a un sentimiento irrenunciable de liberación de la justicia, la verdad, la belleza, no retrocederéis frente a la amenaza de los fantasmas de la angustia, de la soledad, de la locura y seréis fieles antes que a nadie a vuestra voz interior?

Si así no lo hiciéreis, que el tigre y el águila devoren el hígado de vuestros sueños, que la serpiente se enrosque en el chasis de vuestra cámara, que ejércitos de luciérnagas chisporroteen cortocircuitos e interferencias en vuestras grabadoras electrónicas.

Si así lo hiciéreis, como confiamos, que el colibrí os proteja blindándoos con la delicada coraza de un arco-iris que dure tanto como vuestra vida y más allá, en vuestras obras.

¡Larga vida a la Utopía del Ojo y de la Oreja!"
Fernando Birri, del juramento que les ha tomado a los primeros estudiantes de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba.
Manifiesto de Santa Fe
Fernando Birri
El subdesarrollo es un dato de hecho para Latinoamérica, Argentina incluida. Es un dato económico, estadístico. Palabra no inventada por la Izquierda; organizaciones oficiales internacionales (ONU) y de América Latina (OEA, CEPAL, ALALC) la usan habitualmente en sus planes e informes. No han podido a menos de usarla.

Sus causas son también conocidas: colonialismo, de afuera y de adentro.

El cine de estos paises participa de las características generales de esa superestructura, de esa sociedad, y la expresa, con todas sus deformaciones.

Da una imagen falsa de esa sociedad, de ese pueblo, escamotea al pueblo: no da una imagen de ese pueblo.

De ahí que darla sea un primer paso positivo; función del documental.

¿Cómo da esa Imagen el cine documental? La da como la real¡dad es y no puede darla de otra manera.

(Esta es la función revolucionaria del documental social en Latinoamérica).

Y al testimoniar cómo es esta realidad - esta subrealidad, esta infelicidad - la niega. Reniega de ella. La denuncia. La enjuicia, la critica, la desmonta. Porque muestra las cosas como son, irrefutablemente, y no como querríamos que fueran. (0 como nos quieren hacer creer - de buena o mala fe - que son).

Como equilibrio a esta función de negación, el documental cumple otra de afirmación de los valores positivos de esa sociedad: de los valores del pueblo. Sus reservas de fuerzas, sus trabajos, sus alegrías, sus luchas, sus sueños.

Consecuencia y motivación del documento social: conocimiento, conciencia, toma de conciencia de la realidad.

Problematización. Cambio: de la subvida a la vida.

Conclusión: ponerse frente a la realidad con una cámara y documentarla, documentar el subdesarrollo.

El cine que se haga cómplice de ese subdesarrollo, es subcine.
Publicado en "La Escuela Documental de Santa Fe",
Documentos del Instituto de Cinematografía de la Universidad del Litoral, Argentina, 1962.
El Centro Cultural y Social celebra al mágico Fernando Birri
Integrantes del Centro Cultural que lleva el nombre del cineasta, escritor, titiritero y maestro Fernando Birri, realizaron una jornada de celebración en su honor y emitieron unas palabras en su eterno homenaje. La extensa jornada del jueves 28 de diciembre consistió en la intervención del edificio de la ex- Estación Mitre, donde en 1995 Fernando creó la Fundación Birri con el objetivo de abrir el archivo de la primera escuela de cine de Latinoamérica que él mismo creara en la década del 50 -conocida como Escuela de Santa Fe-, sentar las bases para reabrirla y conseguir los financiamientos necesarios que permitan colaborar en la producción cinematográfica.

Como todas las semanas, en el Centro Cultural ensayaron lxs niños, niñas y jóvenes que bailan, hacen circo o tocan el tambor en la comparsa de la casa: La Birrilata, que ofició de protagonista de la ceremonia. El día se constituirá como un hito en la historia de la comunidad que se organiza en torno al Centro Cultural, que a lo largo de los años construyó una entrañable amistad con Fernando, confidente, protector y compañero que siempre inspirará el modo de entender la cultura y el arte de la casa que lleva su nombre.
A Fernando,
Quien supo soñar y contagiar sus sueños, trasciende.

¡A festejar que así lo quería el maestro! ¡A multiplicar la irreverencia! ¡A soñar con los ojos bien abiertos! ¡A ponerse las ropas de colores y bailar por la calle de las penas, haciéndole guiños a la luna, para que ningún lunático se sienta poco acompañado en estos días!

La sinfonía carnavalera del comunismo cósmico ruge su himno ya multiplicado en poesías, películas, obras, belleza y revoluciones por venir en su nombre y en su vuelo de alas enormes. En esta Estación que nos encontró y nos abraza, juntas y hermanados, te celebramos siempre.

Tus Birris
Arte, revolución, poesía y vida. ¡Venceremos!

Centro Cultural y Social El Birri
Gral. López 3698 | elbirri.com

El último de los utopistas
Por: Carmen Guarini*
Me piden unas líneas para comentar algo sobre esta ausencia que hoy comienza y, a pesar de saber que su estado de salud no mejoraría, no me preparé para ninguna despedida. No la creía necesaria.

¿Qué puedo yo decir de alguien al que considero un verdadero creador y el maestro de tantas generaciones? ¿De alguien que con sabiduría y corazón supo abrir los caminos para que tantos anduviéramos, para llenar de imágenes y de ilusiones nuestro continente latinoamericano? ¿Para contar su sufrimiento y también sus momentos de sabiduría y felicidad?

Mucho más que un cineasta, Fernando ha sido y seguirá siendo un librepensador iconoclasta. Un creador de caos necesario en un mundo siempre convulsionado, para intentar pensar desde allí nuevas reglas y nuevas utopías. Para plantear preguntas que se anticipen al tiempo.

Tuve la suerte y el privilegio de descubrirlo cuando nadie o casi nadie lo nombraba y de tratar, junto a otros, de acercarlo nuevamente hacia nosotros. Y aunque pudimos acompañarlo en una parte pequeña de ese camino, siempre me pareció que la injusticia hacia su obra y hacia sus proyectos, al menos de este lado del mundo, ganaban la partida.

Por suerte otros supieron cobijarlo mejor y anclar sus sueños y sus proyectos en espacios que hoy se mantienen vigentes y llenos de vida y adonde los jóvenes de nuevas generaciones y de todo el mundo continuarán abrevando y fabricando miradas.

La Escuela de Santa Fe (llamada Escuela de cine documental, que fue mucho más que eso porque fue la primera que se creaba en este continente gracias a su impulso visionario) fue la base con la que tres décadas más tarde daba nacimiento a la Escuela de Cine de los Tres Mundos en San Antonio de los Baños, Cuba, que hoy continúa viva para dar testimonio de un sueño colectivo.

Birri ha sido y sigue siendo una figura inclasificable. Su cine que, por momentos, pareciera detener su marcha o retroceder, regresa y estalla de modos impensables. Sorprende tanta osadía que algunos consideran un disvalor. Su libertad expresiva fue y siguió siendo hasta el final provocadora, tal vez su mayor objetivo. Pero Fernando no se agota en el discurso cinematográfico, lo trasciende explorando la poesía en el celuloide primero y el registro digital después, pero también en la escritura, en la pintura y en la vida.

La estrella de cinco puntas que siempre dibujaba como firma por donde su mano y su pensamiento pasaban, puede leerse hoy como ese infinito al que debemos alcanzar sabiendo que no lo haremos. El intento es lo que vale y ese es el camino.

Descubrir a Birri será una tarea para muchos a partir de ahora. Esto sólo confirma la luz que continuará irradiando sobre el cine latinoamericano y el cine mundial.
*Documentalista. Directora de Ata tu arado a una estrella (2017), documental sobre Fernando Birri, que tuvo su première en el último Festival de Mar del Plata

Todos somos deudores de Fernando
Por: Fernando “Pino” Solanas*
Fernando Birri es uno de los grandes de la cultura latinoamericana de este siglo. No sólo del cine, porque Fernando fue un artista multifacético: fue poeta, ensayista, narrador, titiritero, actor, gran dibujante y pintor. Dejo para lo último que fue un gran cineasta que marcó rumbos en el cine latinoamericano y un maestro de varias generaciones de directores de todo el continente. Fernando fundó la primera escuela de cine de América latina: la Escuela de Cine Documental de Santa Fe.

Pero además le deben los documentalistas brasileros porque hizo escuela en Brasil y dictó cursos allí. Le deben gratitud generaciones de cineastas  latinoamericanos y documentalistas chilenos, bolivianos, peruanos, colombianos, venezolanos. No hay que olvidar que Fernando pasó mucho tiempo en la Escuela Documental de Mérida, en Venezuela. Y como si fuera poco fue el fundador, junto a Gabriel García Márquez, de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba. Y no sólo fue su fundador sino también su primer director. Fidel Castro les encomendó a los dos hacer una gran escuela abierta a todos los jóvenes del mundo.

Como director de cine, es importante señalar que Tire dié es el primer documental testimonial del cine latinoamericano. A mí me marcó profundamente. Por eso, en La hora de los hornos hay una cita de Tire dié y de la histórica imagen de los chicos que atraviesan el puente. Fernando, como director, ganó el primer premio importante para el cine argentino en Venecia. Fue el de Opera Prima por Los inundados, que tenía un prestigio impresionante.

Fernando, que era un gran poeta, titiritero, dibujante se fue a estudiar cine a Roma con su compañero García Márquez. Los dos asistieron al Centro Sperimentale di Cinematografía. Era la época del Neorrealismo italiano. Vittorio de Sica, que había hecho una gran película como Ladrón de bicicletas, lo tomó como su asistente. Y nosotros, que estábamos queriendo hacer cine, ¡nos enteramos que había un argentino que había estudiado en Italia y que era el asistente de De Sica!

Fernando ha hecho innumerables películas de toda condición. Se conoce poco su obra, pero nunca estuvo atrapado por los condicionamientos de la industria cinematográfica ni del mercado. Fue un poeta del cine. Hizo, por ejemplo, La primera fundación de Buenos Aires, con las pinturas de Oski. Fue muy amigo de Rafael Alberti y de los poetas contemporáneos. Por eso, Fernando es uno de los grandes hombres de la cultura de la Patria Grande.

Fernando es también una unidad con su mujer Carmen. Uno siempre pensaba en Fernando y en Carmen, su compañera de toda la vida. Todos los cineastas latinoamericanos le debemos un agradecimiento al amigo porque todos los que pasábamos y nos iniciábamos en Roma contábamos con el apoyo de Fernando y Carmen que nos recibían de una manera encantadora.

El primer espectador que vio La hora de los hornos fue Fernando. Cuando vi la primera copia en el Instituto Luce Cinecittà, lo invité para que la viera conmigo. Terminamos llorando de emoción. Digo esto porque fue un esfuerzo titánico hacer La hora de los hornos. Y fue un esfuerzo que gozó de la solidaridad de Fernando. La proyección fue el 3 de junio de 1968, pocos días después del Mayo Francés. Por supuesto, Fernando fue un testigo y un sostenedor de aquella aventura desafiante a todos los contratiempos y las adversidades.

Hace pocas semanas yo entregué la mención de honor Domingo Faustino Sarmiento a diez grandes referentes del cine argentino. Se trata de la máxima distinción que otorga la Cámara Alta a importantes personalidades de la Argentina. Entre los diez que quise homenajear estaba Fernando, que no pudo venir. Yo le llevé a Roma, en noviembre, el diploma cuando viajé a la Cumbre Climática y a ver al Papa. El 12 de noviembre, que fue domingo, lo fui a visitar al hospital. Estaba como dormido, Carmen me había dicho que no quería comer, que formulaba algunas palabras. Y yo le llevaba el premio. Cuando se enteró de que yo se lo traía, fue algo extraordinario. ¡Renació Fernando! Y me dijo: “Te agradezco tanto que no me hayan olvidado”. Estuvimos una hora y terminó susurrando, pero cantando feliz.
Todos somos deudores de Fernando.
*Cineasta y senador nacional 
Fotos: Prensa Latina
Fuentes: Diario Río Negro, PáginaI12, Archivo Señales

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