lunes, 13 de diciembre de 2010

Jon Lee Anderson: “Busco la relación entre el poderoso y su concepción de la violencia”

El cronista de guerra más importante de los últimos años recaló brevemente en Caracas para dictar la charla anual convocada por la Sociedad de Amigos de la Fundación para la Cultura Urbana, dedicada reflexionar sobre el futuro “actual” de las ciudades latinoamericanas y una charla sobre los retratos del poder. Apenas un pretexto para compartir sus vivencias y opiniones acerca del espíritu que signa estos tiempos
Por: Albinson Linares
El deterioro, ese cúmulo de condiciones, algunas inasibles y otras patentes, que acaban por influir en la experiencia de todo viajero fue lo primero que experimentó el veterano reportero desde que llegó a Maiquetía. En la habitual travesía entre el aeropuerto y la capital venezolana numerosos signos de abandono, los restos fracasados de las utopías políticas impresionaban su ánimo experto en tomar detalle de todo: “Veo a Venezuela como un país que tropieza con la misma piedra, que no sale del mismo sitio. No hay que mirar muy lejos en Caracas para ver que tiene problemas sociales, económicos y desigualdades que el Estado no ha podido resolver. Hay una desarticulación en esta sociedad que no llega a cuajar en un plan nacional, en un cambio obvio o riguroso. Y estos cambios no se decretan con proclamas, ni consignas. Tampoco se hacen con pintas o graffiti”, acota con énfasis.
Para ser alguien que llevaba a cuestas decenas de horas de vuelo entre Afganistán y el continente europeo, aparte de la odisea que fue sortear la incómoda huelga de controladores aéreos españoles que lo mandó con sus huesos y maletas al aeropuerto de Roma, el cronista lucía descansado. Sólo los ojos azul cobalto, circundados por esas bolsas que surgen de las monótonas vigilias, delataban cierto agotamiento mientras miraba con intensidad a la gente que deambulaba por la Plaza Francia, justo frente al hotel donde se alojaba.
Vestido con un terno gris claro, que le otorgaba cierto aire marcial, Jon Lee Anderson parecía venir de cualquier parte del mundo, excepto de Kabul, esa urbe azotada por conflictos bélicos y que era su parada anterior. “Favelandia, el futuro actual de las ciudades latinoamericanas”, había sido el título que escogió para la disertación anual convocada por la Sociedad de Amigos de la Fundación para la Cultura Urbana que le trajo a Caracas por un día y dos madrugadas: “Cada país de América Latina tiene sus villas miseria, sus cerros y zonas de extrema pobreza. Sucede que ‘favela’ es el término más bonito que se me ocurrió para el título pero, aunque Brasil sea la cuna de las favelas y tenga grandes miserias, sobre todo en el nordeste y en sus concentraciones metropolitanas, también es cierto que probablemente sea el país de América Latina que más enrumbado está hacia solucionar estos problemas”.
Con frugalidad el periodista sólo toma frutas y algo de queso al tiempo que desgrana anécdotas en voz baja. Sri Lanka, Irak, Irán, Afganistán, Haití, Cuba y, por supuesto, Estados Unidos son tópicos obligados en sus conversaciones. El ánimo inquieto que lo domina desde su infancia se hace patente en cada historia que narra y escribe para prestigiosos medios internacionales como The New Yorker.
No en vano ese gusanillo caliente lo llevó a la senda que tantos escritores anglosajones han transitado. A los 15 años unas vacaciones solitarias en España se convirtieron en amarga experiencia al perderse y padecer por cinco meses la dura vida en las calles canarias, poco después recorrería Centroamérica con su hermano Scott, trabajó construyendo autopistas, cortó tabaco en el sur de los Estados Unidos y fue machetero en Honduras.
Más que las vicisitudes de un avezado cronista, todo recuento de la vida de Jon Lee Anderson pareciera referirse a las peripecias de un personaje de Graham Greene, su autor favorito. El amor por la escritura brotó en sus años juveniles como una extensión de los diarios personales que aún lleva. Libros como Zonas de guerra (1988), Guerrillas (1992), Che Guevara, una vida revolucionaria (1997), La tumba del león: partes de guerra desde Afganistán (2002), La caída de Bagdad (2005) y El dictador, los demonios y otras crónicas, atestiguan la pasión que posee por llevar a sus lectores trozos de los conflictos humanos más cruentos de estos años.
Las crudas vivencias que refleja en sus trabajos son apaciguadas por largas estancias en Dorset (Inglaterra) donde vive con su familia. Rodeado de verdor y con la cabeza fresca por el aire salino que filtran los acantilados junto al mar se reconcilia consigo mismo y los suyos mientras a su alrededor juguetean los perros. Como añorando ese momento, el periodista asevera: “A veces me choca volver a un lugar tan inmóvil y pequeño pero creo que es sano para mí. Dorset impide que me vuelva loco, me da estabilidad”.

Jim O´Neill en su ensayo Dreaming with BRICs: The Path to 2050 incluye a Brasil como una de las cuatro potencias que incidirán en la economía planetaria en 2050, ¿No se juega con los estereotipos al hablar de “Favelandia” como el futuro actual de las ciudades del continente?
Si bien Brasil es un país que se incluye en modelos económicos como Bric y tiene esa vasta reserva ecológica que es el Amazonas, también sufre de grandes desigualdades sociales que aún están por resolver. Por su condición de país excepcional en América Latina ha desarrollado tanto política como económicamente su propia esfera y eso se nota hoy en día. Brasil es un país pujante con una política distinta que profundizó Lula por lo que hemos visto un período de gobierno con guiños al mercado y una fuerte presencia del Estado en los “programas de bienestar o desarrollo social” dirigidos a los más pobres. Eso es algo nuevo en este continente que creo importante recalcar. Al mismo tiempo que se ha convertido en una especie de paradigma de la miseria, Brasil bien puede ofrecerse como el país líder en plantear planes para eliminar estas situaciones.

En una crónica como : Cartas desde Río de Janeiro: Los demonios se percibe la tensión permanente en cada situación que narra ¿Fue determinante esa experiencia para su percepción de la realidad brasileña?

En las favelas se vive en un Estado paralelo. Si el Estado no llena el vacío en nuestras poblaciones que carecen de todo, otros lo van a hacer y en demasiados lugares de América Latina lo han hecho agrupaciones criminales como los narcotraficantes. A la vez se da un fenómeno interesante porque brotan corrientes que buscan legitimarse y exigen las condiciones necesarias para que sus hijos no repitan el mismo camino. Es muy importante que el Estado como tal, hablando en términos abstractos, entienda ese fenómeno humano y lo aproveche. En este continente, los gobiernos deben concientizar que estamos al borde de la emergencia en áreas como la miseria, desigualdad social, el cambio demográfico y las necesidades materiales debido al surgimiento de las actividades delictivas a través de las drogas y otras redes criminales. Se deben tomar cartas en el asunto como lo ha comenzado a hacer tardíamente Brasil.

Desencanto y revolución
En los últimos años la estrategia articulada por el Estado venezolano ha sido regular e incrementar su presencia en casi todos los ámbitos del universo político y económico del país, luego de haber visitado naciones y revoluciones que han pasado por procesos similares ¿Cuál es su perspectiva al respecto?
Cada país es un caso excepcional, por eso no me considero experto. Pero creo que en Venezuela ha habido excesos por todas partes, lo que no hay es “una revolución socialista” lograda, ni bien comenzada. Es un proceso enquistado en un país petrolero y capitalista por tradición lo que lo convierte en un híbrido raro. Eso no quiere decir que el cambio sea imposible pero se requiere una visión compartida por gran parte de la sociedad y un espíritu de entrega nacional que generalmente no se da en países donde la gente ya tiene ciertas expectativas materiales de vida como acá.

Los constantes virajes y radicalizaciones del proceso político venezolano ¿le recuerdan a otros experimentos políticos del siglo pasado?
Frente al uso que hace el presidente de los venezolanos como conejillos de indias, los propios venezolanos tienen los instrumentos en sus manos para cambiar esta situación.
Cada vez que vuelvo a este país algo que tengo presente es que éste gobierno fue escogido por una mayoría de los votantes. El presidente no ha llegado al poder a través de las armas. Seguirá hasta que los ciudadanos decidan cambiarlo, a través de referendos y elecciones, que Chávez ha sabido manejar muy bien. Lo otro es que la clase media, la gente pensante que tiene los medios y educación para cambiar las cosas, tanto política como económicamente, se va. Ahora hay grandes extensiones en Panamá y Miami habitadas por venezolanos y eso es triste para mí, no sé si son un tanto apátridas los venezolanos. Es un poco fuerte decirlo.

Hugo Chávez ha sido uno de los jefes de Estado que ha aceptado ser “perfilado” en sus libros por lo que muchos lectores se preguntan ¿Cómo se logra ver al hombre que hay detrás de la investidura del poder?
Es difícil, por eso he tratado de “perfilarlo” dos veces, no es un tipo sencillo. No es secreto que tiene una personalidad muy afable, lleno de bonhomía y llama la atención porque es muy animado y hablador. Pero hasta cierto punto es difícil de conocer, hay zonas oscuras en él. Es una combinación de alguien muy honesto en sus intenciones, pero inquietante en el misterio que rodea sus motivos. Sin embargo, uno le puede preguntar de todo. La última vez que pude verlo fue hace dos años y le pregunté por qué había adoptado el socialismo tan tardíamente y me dijo: ‘Oye chico, es cierto. Tú sabes que soy un autodidacta y he estado devorando muchos libros en el camino. Finalmente me pareció una buena idea”. Eso revela un candor totalmente inesperado en un jefe de Estado.

Fidel Castro, Augusto Pinochet, Charles Taylor, Saddam Hussein y Juan Carlos I son algunos de los personajes que han captado su atención ¿Qué elementos persigue un cronista en estos retratos del poder?
En el fondo busco la relación entre el poderoso y su concepción de la violencia. En general hay una relación implícita o explícita en la adquisición, manutención del poder y el sentido de justicia que comparten casi todos los perfilados.

¿Por qué estos hombres que llegan al poder por la violencia o instigados por ella buscan luego todos los medios para ser respetables y convertirse en férreos garantes del proceso democrático?
Claro, porque cada uno de ellos busca legitimarse ante la historia. En el caso de Augusto Pinochet era una situación muy difícil porque, por un lado, quería ser conocido como “El padre de la patria” y un gran conquistador de batallas, pero no podía señalar el campo de sus enfrentamientos bélicos porque era secreto. Ésa era su gran paradoja.

Si tuviera que hacer el mismo ejercicio con Hugo Chávez ¿Cuál sería su gran paradoja?
En su caso, que no tuvo su revolución de verdad, por eso ha querido hacerla desde el poder. Ha usado la gran ascendencia que tiene con la gente de los cerros llenando las urbanizaciones populares de pintas, consignas y arengas, pero lo que en realidad hubiera querido es haber llegado al poder sobre un caballo con un sable en la mano tipo Bolívar o encima de un tanque rodeado de barbudos como Che y Fidel.

Obama y las ilusiones rotas de Occidente
Luego de dos años de ese 04 de noviembre en que Barack Obama entró a la historia del mundo sorprendiendo a propios y extraños ¿Cuál es su percepción general de la administración que encabeza?
Debo ser sincero porque hay una gran desilusión. Por supuesto que las esperanzas en Obama estaban exacerbadas, desmesuradas y era previsible que este fenómeno sucediera. Creo que es un tipo de mucho raciocinio, pragmático hasta cierto punto, mesurado y calculador en sus pasos. Tiene un gran instinto político, es un gran orador pero también es muy poco politiquero. Todavía no se cuaja y el refrán general tanto en Estados Unidos como internacionalmente es de decepción. Todo el mundo está decepcionado y eso es triste porque el tipo se ha empeñado en atender lo que fue una situación de emergencia, un desastre. La gente se olvidó muy pronto de los ocho años de Bush, las dos guerras más la debacle económica. La economía, literalmente, estaba yendo hacia el colapso cuando fue electo presidente.

Fue una de las transiciones más atípicas de la historia estadounidense…
Durante los 60 días entre Bush y su gobierno, él estuvo trabajando en la Casa Blanca cosa que es inconcebible. Eso nunca antes había sucedido y creo que se cometieron errores ahí. Ellos vieron la línea de fondo con China emergente, las deudas que había y las claras posibilidades de un colapso mayor, por eso optaron por salvar lo que quedaba aunque era una cosa podrida.

¿Cuáles son sus principales críticas a las medidas tomadas por el actual gobierno estadounidense para salvar el sistema financiero?
Primero que lo hicieron con un trillón de dólares prestados de los chinos y de nosotros los contribuyentes. Ahora que se esparcen los humos, uno se pregunta ¿Por qué no les exigieron más a esos hijos de puta banqueros que otra vez se están ganando los bonos millonarios de siempre? El Estado no llegó a restringirles en la medida en que lo exigimos. Eso ha creado una brecha mayor entre el ciudadano y el gobierno, aspecto que ha incidido en este rebrote de la extrema derecha que todos los días vemos en Estados Unidos.

¿Qué opina sobre el resurgimiento de las ideologías radicales, la búsqueda de soluciones en doctrinas políticas utópicas cuando fracasan los sistemas contemporáneos?
La enajenación en el estadounidense que visualizamos desde la izquierda y que existe de forma inquietante en la derecha norteamericana son fenómenos como el Tea Party Movement, la Sarah Palin, y los que creen que el gobierno federal es una especie de injerto ajeno que debe ser resistido. Hay mucho racismo soterrado detrás de todo eso.

Pese a la elección de Obama, ¿Siente que el racismo es uno de los elementos que han obstaculizado sus políticas e influyen en la caída al 46% de su popularidad en las encuestas?
Bajo los ataques en contra del presidente estadounidense, en realidad, hay mucho racismo. No soportan tener a un afroamericano en la Casa Blanca, por eso discrepan todo el tiempo pero eso es racismo soterrado. Por eso dudan de si es norteamericano, dicen que es musulmán…Obama no la tiene fácil y me preocupa que lo pueda hacer bien.

¿Comparte la opinión de los expertos que ponen en duda la reelección del presidente demócrata?
Hay gente que dice que esto va a ser otro período como el de Jimmy Carter, unos años de retroceso y debilitamiento de todo el sistema norteamericano. Si eso sucede hay que estar atentos porque después de los ‘Jimmy Carter’ vienen los ‘Ronald Reagan’. Hay muchas dudas ahora, la mayor preocupación es la pérdida de influencia a través de las guerras y el derroche de dinero que continúa en el sector económico, cuando Estados Unidos está siendo desplazado por China. Siento que en una década en la que el país pudo hacerle match point a los chinos en todo el tablero de ajedrez, le hemos estado pidiendo dinero prestado para pelear dos guerras perdedoras en Irak y Afganistán.

La guerra vista a través de Apocalypse Now y Rambo
Luego de haber estado en Irak y Afganistán, los conflictos bélicos más importantes de estos tiempos ¿Cuáles cree que son los mayores desaciertos de Estados Unidos en estas conflagraciones?
Es duro decirlo pero creo que no se asimiló la lección de Vietnam. La industria popular durante la época de Reagan se dedicó a reescribir la historia de Vietnam con filmes como Rambo, mientras que Jimmy Carter representó los cuatro años de flagelación por los pecados cometidos. Si miras el cine de esos años, que como sabemos es de gran influencia en el pueblo norteamericano, se produjeron filmes como Apocalypse Now y Platoon que eran descarnadas visiones de lo que éramos capaces de hacer como pueblo, capaces inclusive de convertirnos en asesinos. Eso nos consta: matamos de dos a tres millones de vietnamitas y cometimos tragedias como Mỹ Lai. Nuestros chicos sagrados, que se marchan a la guerra con su cinta amarilla, se convirtieron en asesinos, pero en Estados Unidos hay una tendencia de convertirlos en santos una vez que se ponen el uniforme.

Comentó que en la era Reagan la industria popular intentó reescribir la historia bélica…
¿Qué matiz tienen en común todas esas películas de los 80´? Se trataban del héroe americano que volvía solo, incomprendido por su sociedad, a volver a pelear, a batallar de nuevo con esos malditos chinos que todavía tenían a nuestros muchachos esclavos y finalmente ganábamos. Una generación entera de chicos norteamericanos se formó en esa cultura popular.

¿Cuán determinante es el peso de los productos generados por esta industria cultural en la percepción del estadounidense promedio?
Soy de un país grande con una cultura de entretenimiento vasta que no ha tenido necesidad de preocuparse de los detalles porque es un titán económico y cultural. En lo material hay un superávit de todo y sus ciudadanos nunca han tenido que preocuparse por quiénes son sus vecinos al sur o al norte. Eso no les importa porque la actitud del estadounidense ha sido ‘Ya déjate de esas huevadas y ponte como nosotros porque la vida es chévere’ y simplemente no entienden cuando la gente no quiere hacer eso.

¿Coincide entonces con críticos como Howard Zinn que habla de la decadencia de Occidente que tanto critica el mundo islámico?
No es como decía Bush que los musulmanes odian nuestra libertad, no es que la temen sino que la resienten. Porque representa el aniquilamiento de su cultura y en general de todo el mundo musulmán y eso crea un gran recelo frente a todo lo que significa Occidente por su pujanza económica y cultural. Ellos no han sido capaces de competir en la gran batalla de las ideas y su respuesta ha sido volver a una reinterpretación de sus orígenes a la austeridad que es el contrapeso de lo que somos, de la decadencia occidental. Si viajas entre Kabul y Londres un viernes en la noche y ves cómo se portan los chicos en las calles europeas luce decadente.

El nuevo mundo de WikiLeaks
El fenómeno desatado por los cables diplomáticos filtrados a través de Wikileaks es uno de los temas más debatidos actualmente ¿Qué problemas reales plantea dentro de los canales diplomáticos tradicionales entre las naciones que aparecen mencionadas?
Tenemos un periodismo que antes de WikiLeaks ya recibía filtraciones oficiales del gobierno en medios como The New York Times para moldear la opinión pública a su antojo. Hasta ahora no creo que se haya cruzado la raya. Puede que en algún momento, salgan a la luz documentos que sí pondrán en tela de juicio la seguridad de algunas personas pero en general no ha sido así.

¿Existe en estas filtraciones algún aporte concreto al periodismo investigativo más allá del enorme ruido mediático que conlleva cada publicación?
Siempre me hago preguntas como ¿Hay algo que haya publicado WikiLeaks que yo no querría saber? No ¿Hay algo que siento que infringió el status quo tan delicado en el mundo? No hasta ahora ¿Es periodismo? No lo sé exactamente, pero es parte de nuestro mundo actual donde los medios tradicionales están en crisis, donde diferentes agrupaciones de activismo social han tomado un papel más preponderante al tratar de moldear las percepciones públicas. Ahora, inclusive las organizaciones de derechos humanos hacen informes bastante narrativos que buscan incidir e impactar en los medios.

Luego de la captura de Julian Assange, muchos ciudadanos del mundo han reclamado Internet como la última frontera libre de la censura…
WikiLeaks es parte de este conglomerado dinámico y cambiante que vivimos por lo que me resisto a condenarlo. Me inquietan algunos aspectos, pero no creo que sea algo dañino. Más bien creo que el público que ahora sabe algo sobre cómo piensan sus diplomáticos se debe preguntar ¿Resulta que todo esto siempre ha sido así? ¿Normalmente nos engañan? Creo que va a haber un antes y un después de este fenómeno, no es gratuito que cinco de los periódicos más leídos del mundo se dediquen a publicar sus informaciones. Así lo legitiman y le dan más credibilidad. No se trata de WikiLeaks solamente. Lo cierto es que el pobre Assange lo va a pasar mal, ¿Es cierto que es un violador de suecas?, no sé, no me consta pero me parece demasiada coincidencia que dos chicas que conoció en una misma semana en Suecia hayan decidido acusarlo de abuso sexual.

Los fantasmas del oficio
¿Qué futuro le espera a la crónica y el perfil de largo aliento ahora, cuando las redes sociales están presentes de forma cada vez más patente?
Todo no puede ser Twitter y Facebook. Estoy convencido de que siempre habrá lectores que crean en la crónica de largo aliento, gente que busque investigación y análisis que no puede conseguir en 140 caracteres. Es la misma diferencia que se establece entre el ‘youtube moment’ y la película completa.

¿Le exige algo al lector de sus crónicas?
No es algo que me pregunte a menudo. Hago mi trabajo y si lo quieren leer, adelante, pero lo que le pido al lector es que si ha empezado a leer una de mis piezas la termine porque hay un comienzo, un desenlace y un final. Cuando la pieza está bien lograda debe leerse completa. Siempre espero haberla escrito con suficiente dramatismo y elementos históricos como para que la sigan leyendo, pero cada crónica es un todo: si la dejas incompleta para qué comenzarla, al menos espero que mis trabajos cumplan con eso. Suele haber un mensaje en la historia que a veces no se revela hasta el final porque generalmente escribo sobre personas que pertenecen a culturas ajenas al mundo de mis lectores. Lo que les pido es que estén dispuestos a leer sobre esas personas, a entregarse, a reconocer su humanidad y a convivir sus vidas en el transcurso del relato.

Luego de vivir las experiencias límite que hay tras cada crónica que escribe ¿Cómo es ese proceso de despedida del cronista luego de terminar su labor en los países que visita?
Yo establezco lazos afectivos, es decir, tengo amigos en todos los países donde he reporteado. Mantengo la correspondencia, hago llamadas… Por ejemplo, hay un chico que me llama todas las semanas desde Conakry (Guinea) y sólo tiene 12 años. El otro día un joven de Sri Lanka me avisó por Facebook que se había casado. Tengo amigos afganos, salvadoreños, colombianos y venezolanos porque para mi es importante saber que no soy sólo alguien que va en busca de una historia y se va. No soy ese tipo de periodista y espero no serlo nunca. Siento una obligación de mantenerme al tanto de la vida de mis amigos e inclusive de volver a esos países en los que he vivido tantas cosas.

Entre las tareas pendientes que todo cronista atesora ¿Nunca se ha planteado entrevistar a algún presidente de los Estados Unidos?
George W. Bush me interesa. Me gustaría hacerle tantas preguntas, increparle tantas cosas y creo que sería un intercambio interesante.

Philip Roth afirma que “la vejez es una masacre”, ¿Cree que la edad le pone límites en su oficio?
No soy tan viejo como Roth (risas) me lleva, por lo menos, un cuarto de siglo. Acabo de llegar de Afganistán donde estuve en la montaña y pude caminar en condiciones difíciles. Hice largos recorridos en helicópteros, bases terrestres y llevé una vida tosca sin problemas soportando cambios de altitud y presión. Creo que aún me queda mucho por hacer y muy poco tiempo para hacerlo.

Foto: Lisbeth Salas
Fuente: ProDavinci

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