viernes, 10 de diciembre de 2010

Cablegate: Periodismo sin forro

Por: Marcelo Jelen
Qué relajo que se armó con Wikileaks. La mayoría de la información divulgada desde el sitio que dirige el hoy detenido Julian Assange estaba lejos de ser secreta. Más bien sirvió para confirmar datos ya conocidos pero que hasta ahora eran apenas verosímiles. Sí, eso estuvo bárbaro. De todos modos, el efecto de la exhibición caótica de documentos tal como eran obtenidos deja serias dudas sobre las virtudes de Wikileaks como medio periodístico. Las noticias sobre la peripecia judicial del propio Assange sirven como espejo en el que se pueden detectar las mismas fallas: tanto sus defensores como sus detractores han prejuzgado la acusación por delitos sexuales que le formularon dos ciudadanas suecas, desacreditándolas sin más los unos y apoyándolas sin más los otros.
Qué paradoja: luego de descartar ciertas tradiciones del buen periodismo y postular mecanismos que él cree “nuevos” y con pretensiones de “ciencia”, Assange se encuentra ahora envuelto en los vapores amarillentos de un reality show rodado en las cloacas de la profesión, con hechos que deberían leerse por separado (la información que Wikileaks suministra y las denuncias contra su fundador) mezclados en un guiso de sexo, política, violencia y secretos de guerra con la participación de jueces, policías y opinators de toda ralea. Más propio de Jorge Rial que de Carl Bernstein y Bob Woodward.
Poco de lo que hace Wikileaks puede considerarse renovador. Algo similar hace desde 1985 la organización estadounidense The National Security Archives (NSA), con la diferencia de que ésta busca la información y no se planta como medio de prensa sino como fuente. A través del uso metódico de la Ley de Libertad de Información vigente desde 1966 en el país norteamericano, la institución rastrea, solicita, obtiene, sistematiza y selecciona documentos oficiales y luego los pone a disposición del público. Esos papeles han servido, por ejemplo, para meter presos a violadores de derechos humanos de las dictaduras latinoamericanas, incluida la uruguaya.
En cambio, Wikileaks se erige como pionero de un “periodismo del futuro”, en palabras del propio Assange, a quien, sin embargo, le resulta también “ofensivo” que lo consideren periodista “dado el estado de impotencia” que les atribuye a sus colegas. Su originalidad es que no busca la información, pues, según asegura, espera que periodistas censurados y funcionarios desilusionados se la acerquen por medio de internet, aunque cabe la posibilidad de que se valga del hackeo para obtenerla. Después, recorta y pega en bruto los documentos en su sitio web. El “periodismo del futuro” resulta bastante ineficiente: para que el público comprenda los datos cosechados, es preciso que los procesen “periodistas del pasado” que trabajan en la redacción de medios de prensa elegidos a wikidedo.
Lo de Wikileaks puede considerarse periodismo, porque su intención es dar al público acceso a información nueva. Pero su periodismo es bien perezoso. Por un lado, no se trata de un medio que busca datos, sino que espera que los datos encuentren el medio. Por el otro, evita editarlos (es decir, convertirlos en noticia), tarea que delega en El País madrileño, The New York Times, Der Spiegel, The Guardian y Le Monde.
Para colmo, la opacidad del funcionamiento interno de Wikileaks abona las dudas sobre los mecanismos que usa para confirmar la información. Poco se sabe al respecto, y entre lo poco que se sabe refulgen las quejas de ex subordinados de Assange, a quien califican de autoritario, personalista e irresponsable. Si algún día aparece un documento trucho en el sitio web, la credibilidad de todo su trabajo quedará en entredicho.
A las denuncias que le atribuyen a Assange imprudencia en el manejo de la información se sumaron otras en Suecia por imprudencia en su vida sexual. Las noticias conocidas hasta ahora sobre este caso, respondan a hechos ciertos o falsos, adolecen de vicios presentes también en el quehacer de Wikileaks. El exceso de datos los torna incomprensibles. Hay contradicciones flagrantes, por errores en la reseña de los sucesos o por fallas de traducción. La búsqueda de intencionalidad en los informantes y en los medios de prensa que las divulgan convierte a las víctimas del relato en victimarias. Esas víctimas fueron ridiculizadas e identificadas con nombre, apellido, edad, lugar de residencia y foto, aun antes de que se conozca bien qué fue lo que sucedió. El acusado y sus defensores atribuyen la demanda a una conspiración de dimensiones galácticas, conspiración a la que incorporan una de las legislaciones más avanzadas contra la violencia sexual. (¿Acaso una mujer que dijo que sí la primera vez está obligada a decir que sí la segunda? ¿Acaso debe abstenerse de denunciar al abusador si detectó la coacción después de tener relaciones con él y no antes?
Assange debe de haber aprovechado los tres días que lleva preso para reflexionar sobre sexo seguro. Tuvo tiempo para reflexionar también sobre el periodismo seguro, el periodismo básico. El buen periodismo.


Fuente: La Diaria

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