Mientras el Concejo Municipal no logró reunir el quórum necesario para debatir el proyecto de parque acuático previsto para la costa norte de Rosario, la histórica educadora Amanda Pacotti siguió la sesión desde las gradas y convirtió la discusión en algo más profundo que una obra pública. Referente del legado de Olga Cossettini y amiga de la madre del intendente Pablo Javkin, defendió la playa como un espacio de aprendizaje, juego y encuentro con la naturaleza, y apeló a la propia historia familiar del jefe municipal para cuestionar una intervención que, a su entender, amenaza el vínculo de la ciudad con el Paraná.
La ausencia de los ediles oficialistas y de la bancada de La Libertad Avanza fue uno de los puntos que más indignación generó entre los manifestantes que colmaron las gradas del Palacio Vasallo. La sesión especial convocada para debatir el proyecto de parque acuático para la costa norte terminó sin quórum y el cuerpo no pudo avanzar en el tratamiento de la iniciativa. Desde los balcones bajaron cánticos constantes de "la rambla no se vende" y la lectura en voz alta de los nombres de los concejales ausentes.
La vicepresidenta del Concejo, Norma López, abrió el debate con los bloques presentes. Mientras tanto, se conoció la opinión del gobernador Maximiliano Pullaro, quien aseguró que la idea del parque acuático le "encanta", aunque aclaró que la ubicación debía ser discutida entre concejales e intendente. La declaración fue interpretada por Juan Monteverde, de Ciudad Futura, como una señal de respaldo a la discusión institucional del proyecto. "El gobernador dice que tenemos razón", sostuvo.
Desde otros bloques también surgieron críticas al proceso. Leonardo Caruana acusó al Ejecutivo de reducir la discusión a una disputa partidaria y denunció la falta de escucha a vecinos, organizaciones y universidades. En la misma línea, Mariano Romero y María Fernanda Gigliani reclamaron mayor transparencia respecto de los fondos comprometidos, estimados en 12.600 millones de pesos.
La maestra que aprendió con arena y río
Entre quienes seguían atentamente el debate desde las gradas estaba Amanda Pacotti, reconocida educadora rosarina y Ciudadana Distinguida de la ciudad por su trayectoria docente. Había llegado en representación de la Red Cossettini y llevaba consigo una convicción que atraviesa toda su historia personal y profesional: el río no es solamente un espacio para el deporte o la recreación, sino también un ámbito privilegiado de aprendizaje.
Mientras observaba el desarrollo de la sesión, Pacotti evocaba recuerdos de infancia que para ella resultan inseparables de la educación pública rosarina. Alumna de la Escuela Carrasco durante los años en que la huella pedagógica de Olga Cossettini seguía viva en cada rincón, recuerda haber tenido una experiencia que considera excepcional. "Tuve el regalo de la vida de hacer un castillo de arena en el aula", cuenta.
La escena parece salida de otro tiempo. Una vieja mesa rodeada por una tabla, dos bolsas de arena aportadas por las familias y un grupo de chicos explorando libremente aquel universo improvisado dentro de la escuela. Allí jugaban, pero también aprendían. Amanda recuerda, por ejemplo, cómo construían maquetas para comprender por qué el río corre siguiendo la pendiente del terreno. La arena, lejos de ser un elemento accesorio, se convertía en una herramienta pedagógica.
La cercanía de la escuela con el Paraná completaba aquella experiencia educativa. A pocas cuadras de las aulas, la playa funcionaba como una extensión natural del aprendizaje. Los alumnos bajaban a observar plantas con lupas, a descubrir caracoles en la orilla, a remontar barriletes fabricados por ellos mismos o simplemente a jugar en la arena. También había fiestas, encuentros y celebraciones. "No hay que olvidar esa parte de la educación", insiste.
Cerraba los ojos buscando el olor del Paraná y nunca lo encontraba
Su vínculo con el Paraná se profundizó durante los años que vivió en Francia, en un pequeño pueblo cercano a Ginebra. Lejos de Rosario, descubrió hasta qué punto el río formaba parte de su identidad. Cuando la nostalgia apretaba, caminaba hasta la orilla del lago y cerraba los ojos intentando recuperar el olor del Paraná. Nunca lo conseguía. "Son tan limpios que no había ningún olor alrededor del lago de Ginebra", recuerda entre risas. Con el tiempo comprendió que en ese aroma ausente se condensaban también su ciudad, su familia, sus amigos y buena parte de su historia. "Todo lo vivido estaba ligado al río Paraná", resume.
Por eso rechaza la idea de que esa relación pueda ser reemplazada por estructuras de plástico. Aclara que no se opone a los proyectos de recuperación de playas ni a las mejoras del espacio público. Al contrario, las celebra. Pero considera que los toboganes previstos para la costa representan una intervención incompatible con el paisaje y con el vínculo cultural que Rosario mantiene con el río. "No pongamos esos toboganes de plástico a la orilla, tapándonos el Paraná", reclama.
La conversación inevitablemente deriva hacia el intendente Pablo Javkin. Amanda lo conoce desde niño. Fue amiga de su madre, Mirta Gelman, pediatra y reconocida referente educativa de Rosario, a quien recuerda con admiración. Mientras imagina qué le diría si lo tuviera frente a frente, la figura de Mirta aparece una y otra vez."Si estuviese acá, estaría sentada al lado mío", asegura. La describe como una mujer que, siendo muy joven, se animó a impulsar debates sobre educación sexual cuando casi nadie hablaba del tema. La recuerda pequeña de estatura, pero inmensa en convicciones.
A Javkin le pediría que piense en esos principios. Que recuerde la defensa de la infancia que encarnaba su madre. Que observe cómo la niñez corre el riesgo de convertirse únicamente en una oportunidad comercial ligada al consumo de ropa, juguetes y objetos de plástico. Lo imagina todavía como aquel chico que corría detrás de Mirta y reconoce que las responsabilidades de gobierno suelen transformar las miradas. Sin embargo, conserva la expectativa de poder conversar con él. "Nos vamos a tomar un cafecito", dice.
Y aunque el afecto está presente, también admite que le daría un fuerte tirón de orejas. "Un chirlo", agrega entre sonrisas.
La relación entre ambos quedó reflejada tiempo atrás, cuando Pacotti fue declarada Ciudadana Distinguida de Rosario. Durante aquel acto, el propio Javkin (en la foto con Amanda), recordó que se había enterado de la ceremonia a través de María de los Ángeles "Chiqui" González, referente de las políticas culturales para las infancias y creadora del Tríptico de la Infancia, y evocó nuevamente a su madre. "Me imagino diciéndome: no se te va a ocurrir no estar", expresó entonces. El intendente destacó la figura de Amanda como un símbolo de "la educación ligada al amor" y habló de un reconocimiento merecido para una persona noble.
La historia de Pacotti explica buena parte de ese reconocimiento. Nacida en Rosario, fue alumna de la emblemática Escuela Nº 69 "Dr. Gabriel Carrasco", donde conoció de primera mano el proyecto pedagógico impulsado por Olga y Leticia Cossettini y los principios de la Escuela Nueva. Con el tiempo se convertiría en una de las principales herederas y difusoras de ese legado.
Se formó como maestra en la Escuela Normal Nº 1 "Nicolás Avellaneda", luego se graduó como profesora de jardín de infantes y desarrolló una extensa trayectoria docente y directiva vinculada a la educación innovadora. Para ingresar al Instituto Fisherton de Educación Integral participó de un concurso cuyo jurado incluía a Olga Cossettini y Rosita Ziperovich, dos figuras centrales de la pedagogía rosarina.
Entre fines de los años 80 colaboró en la preservación del archivo pedagógico de la Escuela Carrasco y formó parte del equipo que produjo el documental "La escuela de la señorita Olga". Más tarde, convocada por Rubén Naranjo, escribió el fascículo "Olga Cossettini y la Escuela Serena" y continuó impulsando proyectos de formación docente y cultura de paz.
Desde 2002 coordina la Red Cossettini, creada para acompañar y contagiar a docentes interesados en incorporar riquezas culturales al aula. También fue una de las voces que promovió la preservación de la casa de las hermanas Cossettini, al considerarla un espacio fundamental para la investigación y difusión de experiencias educativas innovadoras.
Mucho más que una obra pública
Sentada en las gradas del Concejo, mientras la sesión naufragaba por falta de quórum, Amanda Pacotti parecía condensar en su propia historia una parte esencial del debate. Para ella, la discusión no pasa únicamente por una obra pública o un proyecto turístico. Lo que está en juego es la relación de la ciudad con su río, con su memoria y con una forma de entender la infancia que encuentra en la naturaleza, el juego y la educación un patrimonio mucho más valioso que cualquier tobogán.
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