En medio de esa jornada, contó, había llegado una noticia que impactó de lleno en el acto: la liberación de los activistas detenidos. Entre ellos, los doce integrantes de la delegación argentina que habían sido parte de la flotilla. Enumeró a varios: Mónica Schlotthauer, diputada de la provincia de Buenos Aires; Ezequiel Peressini; Celeste Fierro; Pablo Giachello; Cristina Agüero y Raúl Laguna. Seis de ellos, precisó, estaban en los barcos que habían sido secuestrados apenas dos días antes.
Giordano describió ese operativo como "un acto de piratería política", ejecutado —según sostuvo— por las fuerzas armadas del Estado de Israel en aguas internacionales. Subrayó ese punto: las embarcaciones fueron interceptadas a unos 1.200 kilómetros de Palestina, destino final de una misión que llevaba ayuda humanitaria —medicamentos, alimentos, agua— hacia Gaza, donde, afirmó, persiste el bloqueo y "el genocidio sigue".
La Flotilla Global Sumud, explicó, es el resultado de una coordinación internacional de organizaciones que inscriben previamente a activistas de distintos países. Todos comparten, dijo, la defensa de la causa palestina y la denuncia del accionar israelí, así como de la complicidad de la Unión Europea, a la que acusó de no intervenir frente a estos episodios en el Mediterráneo.
La travesía había comenzado el 12 de abril en Barcelona. Desde allí, las embarcaciones navegaron frente a las costas de Túnez e Italia hasta llegar a aguas bajo jurisdicción griega. Fue en ese punto donde se produjo la interceptación. De las 58 embarcaciones que integraban la flotilla, 22 fueron abordadas por la marina israelí. En total, unas 175 personas fueron detenidas.
Según el relato de Giordano, los barcos capturados fueron hundidos en el Mediterráneo junto con toda la ayuda humanitaria que transportaban. El resto logró sortear la agresión y arribar a Grecia. A los detenidos, en tanto, Israel los trasladó a ese mismo país, evitando —interpretó— un conflicto político mayor que hubiera implicado encarcelarlos en su propio territorio.
Desde Grecia comenzó la liberación. Los integrantes de la delegación argentina fueron deportados a Estambul, desde donde organizarían su regreso a sus países de origen. Giordano interpretó ese desenlace como un triunfo de la movilización internacional y de la causa palestina, aunque advirtió que el episodio dejaba un saldo preocupante.
Thiago Ávila y Saif Abu Keshek permanecen detenidos bajo custodia del sistema penitenciario israelí, señalado por denuncias de abusos contra presos palestinos
Giordano enmarcó ese accionar dentro de lo que definió como una política histórica del Estado de Israel: "considerar a todo el mundo terrorista para intentar lavarse la cara", mientras —según afirmó— lleva adelante una estrategia de limpieza étnica, apartheid y colonización desde su fundación en 1948.
La preocupación inmediata, sostuvo, pasa por la libertad y la integridad física de Ávila y Abu Keshek, a quienes describió como dirigentes y coordinadores de la flotilla. El reclamo por su liberación, dijo, fue uno de los ejes del acto del primero de mayo, junto con la decisión de redoblar la campaña internacional por la causa palestina. Reafirmó, en ese sentido, el objetivo de "una Palestina libre, del río al mar", y la convicción de que ni el pueblo palestino ni quienes lo apoyan serán silenciados.
También destacó el rol de su organización. Señaló que Izquierda Socialista tuvo dos representantes en la flotilla y mencionó además a un militante de su corriente internacional, la UIT-CI, proveniente de Turquía, que también fue liberado y se encontraba en Estambul.
Hacia el final de su intervención, Giordano amplió el foco y llevó la discusión al terreno de la política argentina. Recordó su propia participación en la flotilla de 2025, cuando Israel logró encarcelar a los activistas, y contrastó ese antecedente con el desenlace actual, que atribuyó a la presión internacional.
Desde allí, cargó contra el gobierno nacional con un tono más directo, retomando incluso frases que —según dijo— se escuchan en el discurso oficial. Señaló que Javier Milei, "mientras habla de libertad o se lo escucha decir 'viva la libertad carajo', se abraza con los criminales de guerra, de guerras imperialistas, de agresiones imperialistas como Donald Trump y Netanyahu". Agregó que esos mismos líderes "han tirado bombardeos creyendo que les iba a ser fácil", en referencia a conflictos recientes, y sostuvo que no lograron sus objetivos.
En esa línea, afirmó que Donald Trump está "repudiado en Estados Unidos", que Netanyahu "está repudiado en el mundo" y que el dirigente ultraderechista húngaro Viktor Orbán "perdió las elecciones estrepitosamente". En cuanto al escenario local, aseguró que "en el caso de Milei crece el repudio", mencionando cifras de desaprobación cercanas al 65%.
Con ese diagnóstico, llamó a "ajustar cuentas en Argentina", impulsando un paro y un plan de lucha, y advirtió sobre la necesidad de no ser cómplices del gobierno sino de construir "una salida de fondo". También cuestionó el alineamiento internacional de la administración argentina, al señalar su apoyo a Netanyahu, a quien definió como "un asesino probado" que —según afirmó— no puede salir de su país por haber sido condenado por la Corte Penal Internacional.
El cierre retomó el hilo inicial: el agradecimiento en nombre de Izquierda Socialista y del Frente de Izquierda Unidad, y la reafirmación de una causa que, para Giordano, trasciende fronteras. La experiencia de la flotilla, con sus detenciones, liberaciones y denuncias, quedó así integrada en un relato mayor: el de una lucha internacional que, pese a los riesgos, insiste en avanzar.
Escuchá el reporte completo de France 24, Señales y el testimonio de Juan Carlos Giordano:

