domingo, 22 de febrero de 2026

Convocan a un paro histórico de 36 horas: Daniel Yofra desafía la reforma laboral del Gobierno

El secretario general de los aceiteros hace un balance contundente de la sanción de la ley, cuestiona a políticos y dirigentes sindicales, y apuesta a un sindicalismo empoderado para enfrentar los cambios que, según él, debilitan derechos históricos de los trabajadores
El secretario general de la Federación de Aceiteros y Desmotadores, Daniel Yofra, no eligió los matices. En los micrófonos de Aire Libre Radio Comunitaria, durante el programa Señales, trazó un balance descarnado sobre la reciente sanción del proyecto de reforma laboral impulsado por el gobierno de Javier Milei. 

El balance, dijo, es claramente negativo. A su entender, la reforma laboral no beneficia "en nada" a los trabajadores y trabajadoras. Pero su crítica no se agotó en el texto de la ley. Yofra amplió el foco y volvió sobre un diagnóstico que, según recordó, viene formulando desde hace tiempo: el comportamiento de la política en general, de legisladores, gobernadores y también de algunos dirigentes sindicales.

La traición también viene de casa
En ese punto fue especialmente severo. Señaló que hay quienes hablan de traición y admitió que puede ser así, que algunos han traicionado al movimiento obrero. Pero también describió otro fenómeno: dirigentes que, más allá del partido al que pertenezcan y de la historia que invoquen, terminan votando en contra de los intereses que dicen defender. "A veces los elegís y no sabés qué estás eligiendo", deslizó, en alusión a representantes que luego acompañan medidas que perjudican a sus votantes.

Para Yofra, allí hay una lección pendiente como sociedad: no alcanza con emitir el voto, hay que observar con atención a quién se elige. Incluso cuestionó los cambios en el sistema de votación, señalando que antes al menos el elector podía llevarse la boleta como referencia, mientras que ahora ni siquiera eso es posible. Esa pérdida de control simbólico, sugirió, también forma parte de un distanciamiento entre representantes y representados.

El sindicalismo como herramienta central
Sin embargo, aclaró que su principal preocupación no está puesta en la dirigencia política sino en el sindicalismo. En su mirada, muchos políticos hoy se comportan con una lógica más patronal que la de los propios empresarios. Se preguntó si eso ocurre porque nunca trabajaron bajo patrón, porque son ellos mismos patrones o porque responden directamente a los intereses de quienes los llevaron a ocupar posiciones de poder.

Aun así, insistió en que su responsabilidad y su enfoque deben estar en el movimiento obrero. Desde hace años sostiene que es preferible empoderar a los trabajadores antes que participar en un partido político. La apuesta, dijo, es fortalecer la organización gremial como herramienta central de defensa frente a las reformas regresivas.

En medio del panorama adverso, Yofra no renunció a la palabra "esperanza". Recordó que la historia del movimiento obrero argentino está atravesada por luchas, muertes, desapariciones, encarcelamientos y persecuciones. Nada de eso —afirmó— logró amedrentarlo entonces, y tampoco lo hará ahora. Pero advirtió que es necesario un cambio profundo en la conducta de muchos dirigentes sindicales.

Frente de sindicatos: una acción histórica
En esa misma línea, Yofra describió un escenario inédito en sus años de militancia sindical en Buenos Aires. Por primera vez —subrayó— se conformó un frente de sindicatos con vocación real de lucha. El Frente de Sindicatos Unidos, FreSU, nuclea organizaciones que, según su mirada, lograron algo que no había ocurrido en décadas: articularse de manera transversal, por encima de pertenencias partidarias o alineamientos coyunturales, con un único eje ordenador, la defensa de los trabajadores.

En las marchas realizadas en Córdoba y Rosario, y especialmente en las dos últimas movilizaciones masivas en Buenos Aires, dijo haber visto algo que considera decisivo: la algarabía  de los trabajadores y la voluntad de ser representados por dirigentes que los defiendan y peleen por ellos. Para Yofra, este grupo representa lo ideal hasta ahora: "está conformado de manera transversal, nos involucra a todos, sin importar el partido al que pertenezcamos. Aquí, la prioridad son los trabajadores: se habla de los trabajadores y se piensa un plan de lucha concreto".

El FreSU ya anticipó que pedirá un paro de 36 horas cuando el Senado trate la ley, una sesión que, según se anunció, será el viernes. La tensión con la CGT aparece inevitable. La Federación de Aceiteros integra la central obrera, pero Yofra fue claro: si la CGT no convoca, avanzarán con medidas propias, como ya ocurrió cuando el proyecto se debatió en la Cámara alta. En aquella oportunidad, recordó, la CGT no llamó a un paro sino a una movilización que no alcanzó la contundencia esperada.
Parar no alcanza, hay que sostener la lucha
Aun así, aseguró que volverán a darle la oportunidad a la central. Cuando la CGT convoca a un paro nacional, sostuvo, el impacto es contundente, como se vio en la última medida de fuerza que paralizó el país. Pero advirtió que un paro aislado ya no es suficiente frente al avance oficial. "Con un paro de vez en cuando no alcanza", planteó. En su análisis, el Gobierno no se detendrá solo porque haya preservado momentáneamente los fondos sindicales o de las obras sociales. "Ya lo hicieron", recordó, aludiendo a intentos previos de avanzar sobre esos recursos.

Evocó el proceso que se abrió tras la asunción presidencial en diciembre de 2023 y la posterior aprobación de la llamada Ley Bases (Ley 27.742) en 2024, cuando —según su interpretación— se ensayó una primera avanzada en materia laboral. Para Yofra, no hay un único responsable en ese entramado: "no es solamente un culpable", sugirió, dejando entrever que si hubo acuerdos para sostener ciertos aportes también hubo consensos que habilitaron el resto de los cambios.

Del Congreso a la calle: la disputa por el poder
Uno de los puntos que más le preocupa es la erosión del derecho de huelga. Si esa herramienta se debilita, advierte, no serán los dirigentes nacionales los principales perjudicados sino los trabajadores de base, que perderán su instrumento fundamental para defenderse ante abusos. En ese contexto, el escenario parlamentario adverso desplaza el eje de la pelea fuera del Congreso. Para Yofra, la disputa ya no se dirime en los recintos sino en la calle.

Su crítica se extiende tanto a la conducción de la CGT como a la oposición política, a la que considera inexistente. Recuerda otros tiempos en los que el mapa partidario ofrecía referencias claras: peronistas y radicales, con liderazgos identificables y debates nítidos. Hoy, en cambio, afirma que ni siquiera se sabe quién encarna esa oposición. Cuestiona además una mirada concentrada en la Capital Federal, que —dice— ignora al interior productivo que sostiene al país. Señala que, tras más de dos años de mandato, no se han realizado recorridas por ciudades clave como Rosario o Córdoba para escuchar qué piensan los trabajadores.

Con una metáfora criolla, advierte que no se puede "jugar al truco" con los trabajadores: no es tiempo de esconder cartas ni de mentir, sino de fijar posiciones. Cuando se le pregunta por el objetivo de la reforma, su respuesta es directa: quitar poder a los trabajadores y trasladarlo a los patrones. De los más de 200 puntos modificados, asegura, no hay uno solo que favorezca al trabajador. Desafía a quienes sostienen lo contrario a señalar concretamente qué artículo los beneficia. "No te saben responder", afirma, porque sería demasiado evidente.

Para Yofra, lo que ocurre es el resultado de una doble carencia: falta de oposición partidaria y falta de resistencia dentro del sindicalismo. Un grupo reducido resiste, dice, mientras el resto observa. Y advierte sobre una ilusión peligrosa: creer que con una pelea localizada se resuelve el problema estructural. En su mirada, la lucha exige otra escala. "Hay que ir e invadir Buenos Aires", sostiene, y permanecer allí si es necesario hasta revertir la situación. La reforma laboral, insiste, no es un episodio aislado sino una disputa de poder que redefine el equilibrio entre capital y trabajo.

Según describió, existe hoy una distancia preocupante entre las conducciones gremiales y las bases. Cuando el dirigente se aleja, no escucha, no habla y no está presente, deja de saber qué les ocurre realmente a los trabajadores y trabajadoras. Esa desconexión, sostuvo, explica en parte por qué a muchos sindicatos les resulta cada vez más difícil convocar y llenar espacios.

En su diagnóstico conviven la crítica y la autocrítica. Cuestiona con dureza la pasividad frente a la reforma, denuncia traiciones y alineamientos con intereses patronales, pero al mismo tiempo llama a revisar prácticas y a reconstruir el vínculo con las bases. Para Yofra, el desafío no es solo resistir una ley que considera perjudicial, sino recuperar la capacidad del movimiento obrero de organizarse, representar y movilizar en defensa propia.

Yofra no dudó en señalar también a los gobernadores que, según su criterio, traicionan a sus propios pueblos. "Son unos hijos de puta", lanzó sin medias tintas, y lo ejemplificó con Maximiliano Pullaro, gobernador de Santa Fe. Dijo que jamás habló de los trabajadores y que solo se refiere a "la gente", a los productores del campo o a los industriales, aun cuando, según datos del Ministerio de Trabajo de Santa Fe, cerraron 2.200 pymes, dejando a muchos trabajadores en la calle. "Son empresarios, entonces nunca van a hablar de los trabajadores", enfatizó.

Para el dirigente, la responsabilidad recae en los sindicatos y en los trabajadores organizados: hay que hablar por quienes no tienen voz y enfrentar a gobiernos que considera antiobreros. Insistió en que es necesario señalar de manera constante a quienes votan en contra de los intereses de los trabajadores, para que la sociedad sepa a quién respaldar en Santa Fe y a nivel nacional. Su consigna es clara: no votar a quienes apoyaron la reforma laboral.

Cuando vuelve sobre la idea de empoderar al sindicalismo por fuera de los partidos, Yofra baja la consigna a la práctica cotidiana. Se trata —dice— de hacer lo que ya están haciendo: reunir a quienes siguen considerando que la huelga no es una herramienta del pasado, como sostienen algunos dirigentes para justificar su inacción. Y, sobre todo, acercarse a los trabajadores, a las asambleas y a las comisiones internas.

Reconectar con las bases
Describe una pedagogía simple y concreta: recorrer las filiales, ir a las fábricas, hablar cara a cara con los compañeros y compañeras. Cuenta que cada vez que puede visita una planta cuando lo invitan desde alguna seccional. Ese contacto directo, afirma, es lo que reconstruye la confianza. Incluso señala que muchos trabajadores que votaron a este gobierno participan de las marchas y adhieren a los paros; en ellos, asegura, prevalece un "proceso de clase" por encima de la decepción política.

Días antes, en una conferencia de prensa en Rosario, una frase suya —"vamos a prender fuego el país"— fue recortada y presentada como amenaza. Algunos comunicadores, se quedaron con ese fragmento e incluso impulsaron la intervención de fiscales. Yofra aclara que la frase completa hablaba de "prender fuego el país con huelga". Para él, no se trata de violencia sino del ejercicio de un derecho constitucional.

El periodista recuerda, en ese sentido, el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que garantiza el derecho a un trabajo digno, a vacaciones pagas, a la vivienda y a la seguridad social. Yofra explica que cada vez que reclaman aumentos salariales, lo hacen amparados en esos principios. La reforma, subraya, va en sentido contrario.

Su crítica se extiende también a medios de comunicación, a los que acusa de amplificar recortes funcionales al gobierno y luego reciclarse como voces progresistas cuando el escenario cambie. Por eso, afirma, el movimiento obrero no puede esperar que los medios ni los políticos hablen en favor de los trabajadores. Tampoco puede depositar su esperanza en un "mesías" partidario. Desconfía de dirigentes que se proclaman defensores de los trabajadores mientras mantienen empleados estatales en condiciones precarias y los dejan a la deriva cuando llegan los despidos.

El periodista refleja algo que lo incomoda: "Escuchar a trabajadores y trabajadoras cuestionar los salarios de sectores como el suyo o el bancario en lugar de reclamar para sí mejores condiciones". Yofra sostiene que existe una narrativa instalada —incluso promovida por algunos sindicalistas— que atribuye los salarios del sector aceitero únicamente al poder económico de las empresas. Reconoce que trabajan en compañías importantes, pero recuerda que también representan a empleados de plantas pequeñas en el interior santafesino, en localidades como Bombal, Esperanza o Frank, donde empresas de apenas 15 o 30 trabajadores pagan el mismo salario básico que los gigantes exportadores.

Menciona a multinacionales como Louis Dreyfus Company, Bunge, Viterra y Cargill para subrayar que el salario mínimo vital y móvil que fijan en la actividad constituye un punto de partida común, más allá de adicionales y categorías. No porque las empresas "quieran" pagar bien —aclara—, sino porque fueron obligadas por la organización sindical y la huelga.

La lucha histórica que sigue vigente
Su propia historia laboral funciona como ejemplo. Ingresó en 1992 a trabajar en Dreyfus y durante una década siguió siendo pobre pese a desempeñarse en una gran exportadora. Lo que cambió la ecuación no fue la rentabilidad empresaria sino la lucha: 25 días de huelga en 2015, 22 días en 2020, siete días en 2024. "Lo que hemos conseguido fue por las huelgas", resume, desmontando la idea de que los salarios altos son concesiones graciosas del capital.

La conversación en Aire Libre Radio Comunitaria llega a su fin. El periodista recuerda que Yofra es el titular de uno de los gremios que más activamente resiste los embates del gobierno de Javier Milei, al frente de la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina. Afuera, se anticipa una semana de incertidumbre; adentro, queda la certeza de que la disputa ya no es retórica: es una pulseada abierta por el poder entre trabajo y capital.

Escuchá la entrevista completa:
Fotos: Federación Aceitera

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