Paulón reconoce la presencia de esos ataques, pero los enmarca dentro de la dinámica política actual. "Tengo claro que es parte del debate político y de las herramientas que muchas veces se usan en la política", explica. Sin embargo, confiesa que durante el año pasado vivió un episodio más intenso: un ataque coordinado que se extendió por tres semanas, impulsado por sectores de la derecha, medios y tuiteros libertarios. Esos días no la pasó bien. Tampoco su familia ni quienes forman parte del colectivo de la diversidad. Muchos no tienen las herramientas que él tiene como diputado para defenderse o al menos sentirse acompañados.
Esa experiencia le pegó. Le hizo ver el impacto real que tienen estos ataques, especialmente en lo personal. Pero sigue convencido de que es parte del debate político de hoy. Paulón no se baja de la discusión. Lo dice claro: "Quiero discutir, disputar y plantear mis ideas, pero sin caer en el barro. Intento generar conversación de otra manera". Ahora, con todo tan dado vuelta, el mayor desafío es hacer que su voz se escuche sin gritar ni insultar, apostando a la creatividad para comunicar sus ideas de verdad.
La mirada sobre el gobierno de Milei
Hace unos meses, cuando el gobierno anunció que enviaría proyectos como la reforma laboral, mucha gente —y varios periodistas también— empezaron a cuestionar el camino elegido. La Constitución, en su artículo 52, dice que ciertas iniciativas tienen que arrancar en la Cámara de Diputados. Pero igual, el proyecto entró por el Senado y en unos días ya empieza el debate ahí. Con ese panorama, el periodista describe una especie de deslizamiento institucional. El Ejecutivo avanza sobre reglas que siempre parecieron intocables, y la clase política, en gran parte, parece aceptar este cambio casi como si nada. "Ahí no te incluyo a vos —aclara— porque sé que sos de los más críticos con todo esto".
Para el diputado, la razón de esa aparente pasividad es que "el sistema todavía no encuentra la fuerza; las voces que nos plantamos habitualmente frente a los avances autoritarios y autocráticos del gobierno no terminamos de constituir una fuerza que permita ponerle algunos límites al presidente". Recuerda diciembre como un ejemplo claro: el gobierno intentó avanzar con la reforma laboral en apenas dos minutos, buscó aprobar la ley de glaciares casi sin debate e incluso quiso derogar leyes de discapacidad y de financiamiento universitario que habían sido votadas cuatro veces en el Congreso y contaban con fallos judiciales a favor de su cumplimiento. "Ahí encontró límites parciales, no más", señala.
Paulón reflexiona sobre la dimensión global de este fenómeno: liderazgos como el de Milei, Donald Trump y otros en distintos países plantean que la democracia es una pérdida de tiempo, que las decisiones en democracia son demasiado burocráticas para que el capital fluya y los ricos sigan haciendo negocios. Y advierte que, si bien todavía no se ha producido un colapso, los mecanismos democráticos suelen ser demasiado engorrosos, dejando espacio a estos liderazgos para avanzar sin contrapesos. Además, reconoce que existe una percepción social de que la democracia liberal no da respuestas rápidas ante crisis económicas, pobreza, salarios insuficientes y oportunidades laborales que se pierden, confundiendo la eficiencia del sistema con la concentración de riqueza y la inversión en innovación.
La frescura política de Milei y sus límites
En este contexto, Milei ha logrado forjar alianzas que le permiten avanzar a ese ritmo, sin reparar en las formas. Paulón en los últimos tiempos presentó proyectos sobre los incendios en la Patagonia, el ecocidio, la falta de respaldo a los brigadistas y la falta de transparencia del gobierno, pero enfrenta un Ejecutivo más concentrado en alineamientos geopolíticos que en los problemas urgentes del país. El diputado observa que Milei ha sido hábil en presentarse como alguien fuera de la política, casi ajeno a lo malo que ocurre en el país.
Aun así, Milei todavía conserva cierto margen para mostrarse completamente desafectado de lo que ocurre en el día a día, incluso frente a temas dramáticos. Algunos asuntos terminan entrando en la agenda recién "en su momento", como ocurrió con el debate sobre discapacidad, la educación universitaria o, más recientemente, los incendios y la emergencia ígnea en la Patagonia. "Tarde, pero finalmente termina acusando recibo", señala Paulón, aunque advierte que, en el promedio o en el resultado consolidado, el presidente sigue teniendo cierta autonomía para mostrarse como alguien prácticamente sin responsabilidad sobre los efectos de sus propias decisiones.
El legislador observa que una parte de la sociedad continúa valorando esa frescura aparente, esa actitud ligera frente a asuntos que en otros tiempos habrían sido tratados con solemnidad. "Eso le da cierto margen y cierta autonomía para hacer las cosas que hace, que nos indignan a quienes estamos más metidos en la política, con el chip todavía medio configurado de la vieja política", reflexiona. Para mucha gente común, lo menos relevante parece ser si el presidente canta o no con el Chaqueño Palavecino; por el contrario, lo perciben como un gesto de cercanía popular.
Sin embargo, Paulón advierte que hay límites inevitables. Cuando las papas realmente queman, como ocurrió esta semana con el recrudecimiento de los incendios en la Patagonia, se produce un punto de inflexión: el propio gobierno reconoce que no puede seguir mirando para otro lado en un tema tan sensible. Es ahí, concluye, donde se evidencia que la política y la gestión real finalmente terminan imponiéndose, aunque de manera tardía.
El socialismo: identidad, historia y desafíos
Paulón también se toma un momento para mirar hacia atrás y pensar en el recorrido de su partido, el socialismo. Hace quince años soñaban con un proyecto nacional propio, y ahora el socialismo apenas es un socio menor dentro de una alianza provincial. Lo dice sin vueltas: al partido le faltó inventiva, no supieron encontrar la manera de renovar esa promesa de algo distinto, de una ciudad y una provincia mejores. La política siempre te obliga a adaptarte, insiste. Los procesos se agotan, y lo que funcionaba en 1995, cuando Hermes Binner llegó a la intendencia de Rosario, ya no servía en 2019. Aunque está convencido de que su gestión fue innovadora, reconoce que no supieron ver cuál era el siguiente paso. La alternancia es parte de la democracia, dice, y muchos de los grandes referentes del partido se fueron, dejando un vacío difícil de llenar.
A pesar de todo eso, Paulón no pierde el optimismo. Recuerda bien los momentos duros: perder Rosario, perder Santa Fe, la muerte de figuras como Miguel Lifschitz, que tenía muchísima proyección. Pero, cuenta, lograron empezar a encauzar la situación como grupo. Hoy en día, aclara, el partido no quiere quedarse como minoría. Quieren liderar los espacios en los que están. En la última elección participaron en internas en todas las categorías y, dice, en la próxima provincial van a presentar candidatos para varios cargos otra vez. Ahora mismo el socialismo gobierna cerca de 30 municipios y comunas en la provincia, mantiene presencia en la Cámara de Diputados con Clara García y, aunque todavía es una voz modesta a nivel nacional, se hace escuchar en el debate público. Todo eso, dice Paulón, es una buena base para crecer.
Identidad y pragmatismo en coalición
Sobre la convivencia con otros partidos dentro de la coalición Unidos, Paulón subraya que la clave es mantener la identidad. "Tenemos que tener la capacidad de decir siempre lo que pensamos, de empujar siempre en un debate democrático, incluso en espacios donde se alcanzan consensos que no siempre nos conforman al 100%", explica. El objetivo, agrega, es acercar ese consenso a lo que el socialismo hubiera propuesto si fuera mayoritario. Reconoce que las contradicciones existen en todos los espacios políticos, pero insiste en que la identidad es lo que diferencia y permite mantener una coherencia histórica. De todos los socios de Unidos, hoy solo el radicalismo y el socialismo mantienen proyección, identidad y presencia en la política local y provincial, mientras que otros socios originales del frente progresista cívico y social han migrado a distintos espacios.
Paulón insiste que la transformación de la realidad requiere siempre una cuota de pragmatismo, pero advierte que este pragmatismo tiene límites: "Va encontrando un límite cuando tenés que plantear en el debate y en la construcción del consenso tus ideas", señala. Y aunque reconoce que "tenemos contradicciones como todos los espacios políticos", asegura que el socialismo marca un rol y un diferencial claros dentro de Unidos: "No sería lo mismo Unidos sin el socialismo adentro".
Lo nuevo y lo viejo: crítica a movimientos progresistas
Paulón no deja títere con cabeza, ni siquiera cuando se trata de movimientos que se venden como progresistas. Señala cómo muchos libertarios terminan del brazo del peronismo menemista de toda la vida. Y ahí, lanza la advertencia: lo nuevo, a veces, envejece en un abrir y cerrar de ojos. "Milei tenía la chance de ser lo primero de lo nuevo, de marcar un rumbo distinto, pero eligió lo de siempre: una forma de hacer política que, si lo pensás, lo convierte en lo último de lo viejo", dice sin vueltas. Aunque Milei habla de renovación, Paulón mira sus alianzas y cómo arma el gabinete y ve más de lo mismo. No hay señales de un Estado con ideas frescas ni de otra manera de gobernar.
Para Paulón, la economía, el vínculo entre Estado y sociedad, y tantas otras áreas, necesitaban cambios en serio, de fondo. Pero asegura que Milei ni empezó ni piensa empezar por ese camino. "Detrás del maquillaje de lo nuevo, hace pactos a la vieja usanza, elige una parte de la agenda que en realidad ya conocemos y que encima ya fracasó, como el neoliberalismo de los 90 que explotó en 2001", dispara.
Ese fracaso, dice Paulón, abre una puerta para los espacios progresistas que de verdad quieren cambiar las cosas. "El reto es animarse a ir de frente con los temas que siempre fueron intocables, decir: 'En estos puntos vamos de verdad, vamos a fondo, vamos a cambiarlos'". Pero no alcanza con las ganas: hace falta programa, hace falta músculo social para que, cuando llegue el momento, los cambios sean posibles. Según él, hasta en la economía Milei repite viejas fórmulas: los ricos pagan menos impuestos, los precios se disparan mucho más que los salarios y el empleo, nada. Para Paulón, Milei no es lo nuevo. Y el desafío para los progresistas sigue siendo el de siempre: crear propuestas profundas, duraderas, que de verdad cambien la realidad argentina.
Debate sobre la baja de edad de punibilidad
Paulón aborda también uno de los debates más sensibles de la agenda local y nacional: la baja de la edad de punibilidad. El tema cobró mayor visibilidad luego de las declaraciones del ministro de Seguridad, Pablo Cococcioni, quien sostuvo que no debería existir un piso etario para la punibilidad y del encuentro que la senadora Patricia Bullrich tuvo con la madre de un niño asesinado en Santa Fe. Para el diputado socialista, sin embargo, "los que vamos a discutir la ley penal juvenil en el Congreso somos los diputados y diputadas, y obviamente se van a escuchar todas las voces".
Admite que, en la política, muchas veces se buscan fórmulas fáciles para transmitir ideas complejas. Señala, por ejemplo, los latiguillos que se repiten en los debates mediáticos: "El que la hace, la paga" o "delito de adulto, pena de adulto". Paulón aclara lo que se discute en realidad es un régimen penal juvenil, no aplicar automáticamente penas de adulto a menores. Este régimen reconoce que las personas menores pueden cometer delitos y que deben asumir la responsabilidad de sus actos, pero contempla un sistema diferenciado, con medidas específicas adaptadas a su edad y posibilidades de reinserción. "Es un matiz importante —explica—: ¿qué hacemos con un pibe de 12 años que cometió un delito? Necesita asumir que lo que hizo está mal, la sociedad necesita que repare a las víctimas, pero también que pueda reinsertarse en la sociedad. Ese es básicamente el objetivo del sistema penal juvenil: que la reinserción y la asunción de responsabilidad se den incluso con mecanismos que no necesariamente implican privación de la libertad".
Financiamiento y Estado presente
El diputado recuerda que este debate no es nuevo: viene desde 2007, con proyectos presentados por el socialismo, incluida la media sanción lograda en el Senado por el entonces senador Rubén Giustiniani, que se alineaba con los proyectos presentados por el socialismo en la Cámara de Diputados. Paulón insiste en que hoy es momento de abordarlo "no en abstracto ni en el vacío", sino considerando el financiamiento necesario para que el sistema funcione efectivamente. Esto incluye la colaboración entre Nación y provincias, la existencia de establecimientos diferenciados, equipos interdisciplinarios, oportunidades de educación, capacitación, inserción social y acompañamiento a las familias. Reconoce que los casos que conmueven a la sociedad, como el de Jeremías Monzón, generan presión y simplificación del debate, pero sostiene que la complejidad del tema exige una mirada integral y responsable.
En ese punto, Paulón pone el foco en el impacto humano de los hechos y reconoce el dolor de las familias atravesadas por tragedias como la de Jeremías. "Déjame mandarle un abrazo enorme a la familia, sé que mi abrazo no repara la pérdida. Lo que esa familia necesita es justicia, y para eso está el sistema penal juvenil". Señala que hoy se enfrentan a situaciones como asesinatos filmados, donde las responsabilidades son claras, pero los responsables no asumirán sus consecuencias penales. Aclara que no se trata de imponer castigos extremos, sino de aplicar mecanismos del sistema penal juvenil, de justicia restaurativa y de penas alternativas a la privación de la libertad. Todo eso estará sobre la mesa en el debate del Congreso, donde espera que se respete el consenso que se viene trabajando hace años.
El diputado alerta, además, sobre la degradación del sistema de protección integral de la infancia durante el gobierno de Javier Milei. Advierte que en estos dos años se ha desmantelado el sistema y que no existen transferencias a las provincias para sostenerlo. En ese marco, señala que si se discute un proyecto sobre el régimen penal juvenil sin un acompañamiento económico y financiero efectivo, "va a ser finalmente un proceso para estigmatizar a los pibes y pibas, que este gobierno ve solo como potenciales consumidores, votantes o fandom en redes sociales, o como delincuentes". En cambio, Paulón enfatiza que su visión se centra en ver a los jóvenes como sujetos de derechos, con responsabilidades acordes a su edad, que deben asumirlas para garantizar la reparación de las víctimas, pero siempre con un enfoque que priorice la reinserción social.
Más castigo o más Estado: la postura de Paulón
Frente a la pregunta de si el régimen penal juvenil implica más castigo o más Estado, Paulón es categórico: "El Estado tiene que estar, sin Estado no hay nada. No encerramos a los pibes; por eso digo que el sistema penal juvenil tiene una serie de institutos e instituciones, penas alternativas a la privación de la libertad, hay un montón de herramientas". Su postura resalta la importancia de un Estado presente, capaz de brindar oportunidades de educación, acompañamiento familiar y reinserción social, en lugar de reducir la discusión a un número de edad o a la simplificación mediática de la responsabilidad penal.Paulón vuelve al caso de Jeremías para ejemplificar cómo la ausencia de un sistema adecuado afecta a los jóvenes. Explica que hoy lo que discute el Ministerio de Educación de Santa Fe es si los chicos implicados podrán o no ir a clases. "Si tuviéramos un régimen penal juvenil, esos pibes que cometieron un delito, que asesinaron a un compañero y lo filmaron, estarían en un proceso donde reconocen lo que hicieron y donde instituciones estatales específicas los acompañan para que no pierdan la educación, para que puedan asumir su responsabilidad penal en un marco que les permita, al llegar a los 18 años, reintegrarse a la sociedad", señala.
Paulón advierte que, sin un Estado presente, todo se reduce a "un depósito de pibes". Explica que, por las dificultades de la infraestructura del sistema penal y penitenciario, en muy poco tiempo los jóvenes terminan en celdas separadas, pero dentro de instituciones donde conviven con personas juzgadas o condenadas por otros delitos, lo que los empuja —dice— a "terminar en el posgrado del delito".
"Nosotros no queremos eso. Puede pasar que un pibe cometa un delito, puede pasar. Debe hacerse penalmente responsable. ¿Cuál es el objetivo de eso? Reparación a las víctimas y reinserción social, y una nueva oportunidad para esos pibes", sostiene. Insiste en que el proceso tiene que permitir que, al llegar a los 18 años, esos jóvenes puedan reinsertarse en la sociedad "sin ningún tipo de problema".
La advertencia dialoga con antecedentes conocidos en la provincia, como la experiencia del ex IRAR, cuestionado desde su origen por su ineficacia para modificar las trayectorias de los jóvenes. Incluso Hermes Binner, en su momento, fue categórico al señalar que "ese lugar no sirve para cambiar la vida de esos pibes".
Reconstruir mayorías desde la política pedagógica
Más allá de la política criminal, Paulón reflexiona sobre la construcción de mayorías desde ideas progresistas en un contexto atravesado por climas de odio que parecen imponerse sobre la empatía. Para él, la clave está en asumir la política como tarea pedagógica: "La política no puede seguir siendo algo que es de cinco tipos o cinco minas, encerrados en un cuarto. Tenemos que hablar con la sociedad, explicar qué pasa, cuáles son nuestras propuestas, hacia dónde vamos, cuál es nuestro modelo de país". Subraya la importancia de la claridad, la honestidad y la esperanza, ya que la política también se construye sobre la base de "una promesa de futuro, de un futuro mejor", que debe poder explicarse con hechos y propuestas.
Encuentro Federal y la escena política local
En el cierre se le pregunta si Encuentro Federal sigue funcionando como bloque. Paulón responde: "Nosotros ahora estamos en un interbloque que reúne a Unidos, del Partido Socialista, Encuentro Federal, la Coalición Cívica y Provincias Unidas. Es interbloque, se llama Unidos, y seguimos trabajando. Del original bloque de Encuentro Federal sólo quedaron los diputados Nicolás Massot y Miguel Ángel Pichetto, con quienes coordinamos en el interbloque y estamos trabajando en conjunto".
En el cierre se le pregunta si Encuentro Federal sigue funcionando como bloque. Paulón responde: "Nosotros ahora estamos en un interbloque que reúne a Unidos, del Partido Socialista, Encuentro Federal, la Coalición Cívica y Provincias Unidas. Es interbloque, se llama Unidos, y seguimos trabajando. Del original bloque de Encuentro Federal sólo quedaron los diputados Nicolás Massot y Miguel Ángel Pichetto, con quienes coordinamos en el interbloque y estamos trabajando en conjunto".
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