lunes, 16 de febrero de 2026

El N'Vike: Un Festival de Memoria y Resistencia Cultural en Rosario

El Festival N'Vike, más que un evento cultural, es una manifestación de resistencia y un grito de visibilidad para los pueblos originarios. A través de este festival, Rosario tiene la oportunidad de reflexionar sobre su identidad pluricultural, celebrando las lenguas, la historia y las tradiciones que forman parte integral de su presente y su futuro
El Mes de la Lengua Materna, celebrado cada febrero, invita a redescubrir las palabras que nos conectan con nuestros orígenes. En Rosario, esta celebración cobra vida a través de N'Vike, un festival inspirado en un instrumento ancestral: el violín Qom. Pero el N'Vike es mucho más que un simple instrumento musical. Su nombre, pronunciado en lengua Qom, simboliza identidad, memoria y territorio. Nombrarlo así es un acto cultural y político que afirma que las lenguas originarias siguen vivas, que son parte del presente y no solo del pasado.

El Primer Festival del N'Vike, que se llevará a cabo en Rosario, ha sido impulsado por Daniel Naporichi, referente del pueblo Qom, miembro del Comité Organizativo Cultural de los Pueblos Originarios de la ciudad y uno de los principales responsables de esta iniciativa. Daniel explica que el N'Vike no es solo un instrumento musical, sino un símbolo cargado de historia. "El N'Vike cuenta una historia", dice, relatando cómo, en tiempos antiguos, un hermano Qom, sintiéndose solo y rechazado, recibió este instrumento de manos del dueño del monte, Osorot. Según la leyenda, el hermano Qom tocaba el N'Vike para expresar su tristeza y soledad hasta que encontró a la mujer de su vida.

Hoy en día, el N'Vike se construye con materiales sencillos pero cargados de significado: una lata como cuerpo, cuerdas de caballo y una mezcla que da lugar al sonido único que caracteriza a este violín. "Cuando suena, se siente que llora", comenta Daniel, aludiendo al poder emocional del instrumento. Este violín, nacido en los montes de la región, es conocido como "el violín de los montes" porque, según la tradición, fue entregado al hermano Qom por el dueño de esos territorios. Así, el N'Vike no es solo un objeto musical, sino también un relato sonoro de la historia, la lucha y la vida cotidiana del pueblo Qom.
Daniel Naporichi

Un Acto de Resistencia Cultural: El Primer Festival del N'Vike
La relevancia del N'Vike dentro de la cosmovisión Qom es incuestionable. Este instrumento trasciende lo musical y se convierte en un vehículo de memoria colectiva. Daniel menciona que el N'Vike es tocado por muchos miembros de la comunidad, destacando la trascendencia cultural que ha alcanzado a lo largo de los años. "El Coro Qom Chelaalapi, uno de los grupos más antiguos de nuestra comunidad, lleva más de 60 años tocando el N'Vike", explica. Sin embargo, lamenta que, debido a decisiones políticas y presupuestarias del Instituto de Cultura de Chaco, este grupo no podrá participar en esta edición del festival.

A pesar de los obstáculos, el festival sigue adelante, gracias al esfuerzo y dedicación del Comité de los Pueblos Originarios de Rosario. Sin apoyo institucional, han logrado organizar el evento, destacando el compromiso con la preservación de su cultura y la visibilización de sus tradiciones. "Es una lástima que los pueblos originarios tengamos que organizar eventos culturales sin respaldo de los organismos gubernamentales que, en teoría, deberían apoyarnos", reflexiona Daniel. La falta de apoyo de las autoridades provinciales y municipales subraya las dificultades que enfrentan las comunidades originarias en su lucha por preservar y difundir su cultura.

El Reconocimiento Pluricultural: Un Desafío para Rosario
El lugar elegido para el festival será la Facultad de Derecho de Rosario, en el Aula Fierro, el 20 de febrero a las 10 de la mañana. Daniel agradece el apoyo de la facultad, que ha brindado el espacio para que el evento se lleve a cabo, subrayando que el festival es el fruto de un esfuerzo colectivo y autogestionado.

El Primer Festival del N'Vike no solo es un evento cultural, sino un acto de resistencia. A través de la música, se recuerda que las lenguas originarias, los sonidos y las historias siguen vivas, a pesar de las dificultades y las ausencias. Rosario, que se presenta como un crisol de culturas, aún enfrenta el desafío de ser reconocida oficialmente como una ciudad pluricultural. "Nos cuesta mucho", lamenta Daniel, aludiendo a las barreras políticas que dificultan este proceso. A pesar de los obstáculos, la comunidad indígena sigue luchando por que se reconozca la diversidad cultural que ha crecido en la ciudad, donde conviven los pueblos Qom, Mocoví, Diaguita, Chaná, Wichí, entre otros.

La Canción "Mágico N'Vike": Proyecto Transversal, Intercultural y Pedagógico
En la entrevista compartimos la canción "Mágico N'Vike", un proyecto transversal, intercultural y pedagógico que pone en el centro al N'Vike como el principal instrumento de la cultura Qom. Este proyecto no solo celebra la música, sino que busca profundizar en la comprensión del N'Vike como un símbolo cultural y un legado vivo. Las imágenes que acompañan este proyecto fueron tomadas en agosto de 2025 en la "Escuela Provincial de Música", N°5030, y en octubre de 2025 en la escuela primaria "Renacer en la Esperanza" (Escuela Intercultural Bilingüe), N°1381, de la ciudad de Rosario. Estas imágenes forman parte de un documental del Instituto de Culturas de Chaco, que busca documentar y difundir este legado cultural.
El Primer Festival del N'Vike: Una iniciativa autogestionada
La relevancia del N'Vike en la cosmovisión de la comunidad es incuestionable. Es un símbolo que trasciende lo musical y se convierte en un vehículo de memoria colectiva. Daniel menciona que este instrumento es tocado por muchos miembros de la comunidad, destacando su trascendencia cultural a lo largo de los años. "El Coro Qom Chelaalapi, uno de los grupos más antiguos de nuestra comunidad, lleva más de 60 años tocando el N'Vike", agrega. Sin embargo, lamenta que, debido a decisiones políticas y presupuestarias del Instituto de Cultura de Chaco, este grupo no podrá participar en esta edición del festival.

A pesar de este contratiempo, el festival sigue adelante, gracias al esfuerzo y dedicación de los miembros del Comité de los Pueblos Originarios de Rosario, quienes, sin apoyo institucional alguno, han logrado organizar el evento. "Es una lástima que los pueblos originarios tengamos que organizar eventos culturales sin respaldo de los organismos gubernamentales que, en teoría, deberían apoyarnos", reflexiona Daniel. La ausencia de apoyo por parte de las autoridades provinciales y municipales resalta las dificultades que enfrentan las comunidades originarias en su lucha por preservar y difundir su cultura. A pesar de este vacío institucional, el evento continuará con la participación de otros grupos Qom, como el Grupo Pocnolec Danza, que llega desde Fortín Lavalle, Chaco, y será parte de esta celebración.

La lucha por el reconocimiento Pluricultural de Rosario
El lugar elegido para el festival será la Facultad de Derecho de Rosario, en el Aula Fierro, el próximo 20 de febrero a las 10 de la mañana. Daniel agradece el apoyo de la facultad, que ha brindado el espacio para que el evento se lleve a cabo, subrayando que el festival es el fruto de un esfuerzo colectivo y autogestionado, una muestra más del compromiso de los pueblos originarios con la preservación de su cultura y la visibilización de sus tradiciones.

El Primer Festival del N'Vike es, en definitiva, un encuentro que trasciende lo musical. Es un acto de resistencia cultural y un llamado a recordar que las lenguas originarias, los sonidos, las historias y las tradiciones siguen vivas, a pesar de las dificultades y las ausencias.

En una ciudad como Rosario, que se reconoce como un crisol de culturas, la lengua Qom adquiere una relevancia especial. Daniel Naporichi destaca que uno de los grandes desafíos actuales es lograr que Rosario sea oficialmente reconocida como una ciudad pluricultural. "Nos cuesta mucho", lamenta, refiriéndose a las barreras políticas que dificultan este proceso. A pesar de los obstáculos, la comunidad indígena sigue luchando por que se reconozca la diversidad cultural que ha crecido en la ciudad, donde conviven no solo los pueblos originarios Qom, sino también Mocoví, Diaguita, Chaná, Wichí, entre otros.

El N'Vike como símbolo de identidad y memoria
Uno de los logros más recientes de la comunidad Qom en Rosario fue la aprobación de la ordenanza que declara el 19 de julio como el Día de la Conmemoración de la Masacre de Napalpí. Esta fecha rememora una de las tragedias más grandes sufridas por los pueblos originarios, cuando en 1924, en Napalpí, más de 400 hermanos indígenas fueron asesinados por las fuerzas represivas. Esta masacre, que durante años fue silenciada, hoy se recuerda gracias a iniciativas como las del Comité de los Pueblos Originarios de Rosario.

El objetivo de Daniel y de otros líderes de la comunidad es lograr que Rosario no solo sea una ciudad multicultural, sino pluricultural, un término que, según él, tiene un sentido más profundo. Mientras que el concepto de multiculturalismo implica la convivencia de diversas culturas sin interacción entre ellas, el pluriculturalismo refleja una integración, un diálogo entre las diferentes identidades que enriquecen la ciudad. "Rosario no es multicultural, Rosario es pluricultural", afirma con firmeza.

Melitona Enrique y la Masacre de Napalpí: Un recordatorio de la memoria histórica
Uno de los logros más recientes de la comunidad Qom en Rosario fue la aprobación de la ordenanza que declara el 19 de julio como el Día de la Conmemoración de la Masacre de Napalpí. Esta fecha rememora una de las tragedias más grandes sufridas por los pueblos originarios, cuando en 1924, más de 400 hermanos indígenas fueron asesinados por las fuerzas represivas en Napalpí, Chaco. La masacre fue silenciada por años, pero hoy se recuerda gracias a la incansable labor de organizaciones como el Comité de los Pueblos Originarios de Rosario.

Un paso hacia la reparación histórica fue la reciente renombración del pasaje 732 en la comunidad Sorrento, en honor a Melitona Enrique, la última sobreviviente y testigo clave de la masacre. Muchas de las familias en Rosario tienen una conexión directa con este hecho, pues residen descendientes de Melitona. Este acto de justicia simbólica refleja el compromiso de la comunidad para que nunca se olvide la violencia sufrida y, al mismo tiempo, se reivindique la memoria ancestral.

Un Festival que trasciende la música: Historia, arte y reflexión
El Festival N'Vike se inserta en este contexto de lucha por el reconocimiento y la visibilidad de las culturas originarias. Además de la música, el evento incluirá una muestra histórica sobre el N'Vike, donde se podrán conocer las leyendas y relatos que giran en torno a este violín, símbolo cultural del pueblo Qom. También habrá una exposición de artesanías y la participación de grupos de danza autóctona, como el Grupo Pocnolec Danza. "El evento no solo es música y baile, sino también la historia del N'Vike", explica Daniel, destacando que el festival busca centrar la atención en la historia del instrumento y su simbolismo.

El festival también será una plataforma para continuar visibilizando las luchas de los pueblos originarios, con un enfoque integral que incluye arte, danza e historia. La colaboración con medios como Aire Libre, Radio Comunitaria y programas como Señales es fundamental para difundir la cultura indígena en Rosario. "El respeto por la cultura de los pueblos indígenas también se gana a través de la educación", concluye Daniel, haciendo un llamado a la sociedad a comprender y valorar la riqueza cultural de los pueblos originarios.

El Instituto Cultural Indígena: Un proyecto para fortalecer la Cultura Originaria
Este festival no solo es una celebración, sino una herramienta para seguir construyendo una ciudad que reconozca y celebre la diversidad cultural en toda su complejidad. En un momento histórico donde las luchas por la visibilidad y el respeto a los derechos indígenas siguen siendo urgentes, el Festival N'Vike se erige como una propuesta que no solo rescata el sonido de un instrumento ancestral, sino que amplifica las voces de los pueblos originarios en un escenario donde la memoria histórica y la resistencia cultural se entrelazan.

Daniel también reflexiona sobre la importancia de un espacio permanente para la cultura indígena en Rosario, el Instituto Cultural Indígena. Este instituto sería esencial para dar visibilidad y apoyo institucional a las artesanías, la música, la danza y otros aspectos de las tradiciones indígenas. "No queremos depender de otros, queremos nuestros propios espacios", afirma Daniel, subrayando la necesidad de un lugar autónomo dirigido por los propios pueblos indígenas.
El N'Vike: El Violín de los montes Qom
El N'Vike, también conocido como nwiké, es un rabel monocorde profundamente arraigado en las tradiciones de los pueblos indígenas Qom ("toba") y Pi'laqá, originarios de las provincias de Chaco y Formosa, en el noreste de Argentina. Con el paso de los años, su uso se ha extendido a otras regiones, especialmente a las ciudades donde residen comunidades migrantes de pueblos originarios, como Rosario, Buenos Aires o La Plata.

Este instrumento tiene múltiples formas de ser escrito: mbiké, n'viqué, nwiké, ñoviqué, nowiké, among others. Su nombre evoca el sonido que hace el jaguar al afilarse las uñas al raspar un tronco, un reflejo de la conexión espiritual de los pueblos originarios con la naturaleza que los rodea. En su contexto más amplio, este instrumento tiene también variantes de nombre como qomlasheq (según Domenech, 2010), y ha sido registrado en diversos grupos originarios del noreste argentino, como los Moqoit (Mocoví) y los Nivaklé, debido a los contactos y préstamos culturales.

Los primeros testimonios sobre el N'Vike datan de los siglos XVIII y XIX, cuando las crónicas lo describen como un "violín rústico" con una caja de resonancia hecha de calabaza o tronco de palmera ahuecado. Su estructura original incluía un largo mástil de madera de ceiba (yuchán, samuhú) y una tapa armónica de cuero o corteza. Su única cuerda, fabricada tradicionalmente de tripa o crin de pecarí, e incluso de cabello femenino, se utilizaba tanto en el arco como en la cuerda misma. Este diseño recuerda a los rabeles campesinos ibéricos, de los cuales los pueblos originarios del Chaco parecen haber adoptado ciertas características constructivas.

Sin embargo, a medida que el tiempo avanzó, el N'Vike fue adaptándose a las circunstancias contemporáneas. A partir de mediados del siglo XX, el instrumento comenzó a fabricarse utilizando latas de aceite, carburante o lubricante como caja de resonancia. Este cambio, impulsado por la necesidad de utilizar materiales disponibles en el entorno, permitió a los constructores lograr un sonido más afinado mediante el lijado de la lata y la eliminación de la pintura. En algunos casos, aunque más raros, el N'Vike aún conserva la forma de calabaza o madera ahuecada, con tapas armónicas de cuero, goma, cartón o chapa metálica. Esta evolución técnica refleja la capacidad de adaptación de los pueblos originarios a los cambios sociales y materiales a lo largo del tiempo.

El cuerpo del N'Vike, una vez confeccionado, recibe una tablilla llamada labaq, que funciona como un mástil o diapasón a lo largo de todo el instrumento. Asegurada con clavos o aprovechando los bordes de la lata, esta tablilla permite afinar la cuerda, que suele ser de crin de caballo, aunque también se utilizan cuerdas de guitarra o incluso alambre de freno de bicicleta. En la parte superior del mástil, se inserta una clavija lpenaqshet, que generalmente es muy larga y dorsal, aunque en algunos modelos más refinados se coloca lateralmente. En la base, un cordal de algodón o fibras sujeta la cuerda al cuerpo del instrumento.

El arco del N'Vike, conocido como checme'c, se fabrica con una pieza de madera que, entre los Qom, es típicamente curva, mientras que entre los Pi'laqá es recta. El arco se frota con crin de caballo o fibras plásticas extraídas de bolsas de arpillera industrial. En contraste con los arcos tradicionales de otros instrumentos de cuerda, los intérpretes del N'Vike nunca emplean resina para aumentar la fricción; en su lugar, utilizan saliva o, en algunos casos, "espuma de lapacho", una sustancia negruzca obtenida al hervir la corteza de ese árbol.

El N'Vike se toca apoyado contra el pecho y el antebrazo, similar a otros violines o rabeles populares. Debido a que la cuerda está separada del diapasón, los dedos del músico no la pisan, sino que la rozan tangencialmente, utilizando tanto las uñas como las yemas. Este estilo de interpretación es característico de los arcos musicales indígenas chaqueños, donde la función principal del arco es rítmica más que melódica. Sin embargo, el intérprete puede pisar la cuerda en ciertos momentos, especialmente cuando se busca un efecto estilístico, como resaltar una nota específica o cambiar de octava.

El N'Vike ha sido históricamente un instrumento masculino, aunque en las generaciones más jóvenes esta distinción de género ha desaparecido, y ahora es común que mujeres también lo toquen. Tradicionalmente, el N'Vike se usaba como instrumento solista, interpretando melodías tanto melancólicas como alegres, acompañando a veces el canto o incluso imitando el sonido de los animales. También era utilizado en las letanías de los pioxonaq, los chamanes de los pueblos Qom y Pi'laqá, quienes recurrían a su sonido en rituales espirituales.

En la actualidad, el N'Vike se ha convertido en un símbolo cultural de lucha y resistencia para el pueblo Qom. Su sonido, antes casi desconocido fuera de las comunidades indígenas, ha sido integrado en producciones musicales modernas, tanto por músicos Qom como por intérpretes no indígenas (doqshe). A través de grupos como el reconocido Coro Qom Chela'alapi, el N'Vike ha ganado visibilidad y ha acompañado a las voces del pueblo Qom, marcando un cambio en la relación de la música indígena con la sociedad argentina.

Una de las leyendas más queridas por los pueblos Qom sobre el N'Vike relata la historia de La'axaraxaik, "el feo", un hombre que vivía solo y desdichado hasta que el Dueño del Monte, el espíritu protector de la naturaleza, le regaló el primer N'Vike. El sonido de este violín le permitió conquistar el corazón de una mujer, y la música alegre que producía se convirtió en su símbolo de felicidad. Sin embargo, tras ser traicionado por su esposa, quien arrojó el instrumento al fuego, La'axaraxaik nunca más pudo obtener melodías alegres del N'Vike. Con el tiempo, un joven separado de su amada encontró el instrumento y comenzó a tocarlo, produciendo melodías tristes que, por milagro del Dueño del Monte, llevaron a la reencuentro de los enamorados.

Según la tradición Qom, si alguien desea reunirse con su amada, puede tocar el N'Vike mientras pronuncia su nombre, y antes del atardecer, el encuentro se materializará. Así, el N'Vike no solo es un instrumento musical, sino también un símbolo de la conexión profunda entre el pueblo Qom, su historia, su identidad y su cosmovisión del mundo natural.
Fuente: Civallero, Edgardo. Instrumentos tradicionales de cuerda frotada en el Chaco. Biblioteca Nacional de Colombia
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