Esa frase le pertenece al nuevo presidente de Fundación Rosario, Nicolás Ruggiero. Puede ser una invitación a participar. Pero la foto de la nueva conducción, con empresarios, representantes institucionales y funcionarios juntos, permite una pregunta incómoda: ¿quiénes están sentados a la mesa, quiénes decidieron el menú y quiénes quedaron afuera?
Hay fotografías que simplemente registran un acontecimiento. Y hay otras que, sin proponérselo, terminan explicando una época. La imagen de la nueva conducción de Fundación Rosario es una de ellas.
Empresarios de distintos sectores económicos, representantes de instituciones y dirigentes con capacidad de decisión aparecen juntos frente a una ciudad que necesita -según ellos mismos plantean- recuperar protagonismo, inversiones, seguridad, innovación y capacidad de proyectarse.
Nada de eso debería ser motivo de escándalo. Que los empresarios se involucren en los asuntos públicos es saludable. Que aporten conocimiento, recursos y capacidad de gestión puede ser imprescindible.
Por eso hay una pregunta que merece hacerse: ¿quiénes están en esa mesa? Y, sobre todo, ¿quiénes no están?
Hay fotografías que simplemente registran un acontecimiento. Y hay otras que, sin proponérselo, terminan explicando una época. La imagen de la nueva conducción de Fundación Rosario es una de ellas.
Empresarios de distintos sectores económicos, representantes de instituciones y dirigentes con capacidad de decisión aparecen juntos frente a una ciudad que necesita -según ellos mismos plantean- recuperar protagonismo, inversiones, seguridad, innovación y capacidad de proyectarse.
Nada de eso debería ser motivo de escándalo. Que los empresarios se involucren en los asuntos públicos es saludable. Que aporten conocimiento, recursos y capacidad de gestión puede ser imprescindible.
Por eso hay una pregunta que merece hacerse: ¿quiénes están en esa mesa? Y, sobre todo, ¿quiénes no están?
Una Fundación con historia
Fundación Rosario no nació ayer. Fue creada en 2007 bajo el nombre de Fundación Ciudad de Rosario, a partir de una iniciativa público-privada que buscaba "posicionar a la ciudad y la región para instalarla como punto neurálgico del mapa económico y sociocultural nacional y mundial".
Su primer gran proyecto fue la "Marca Rosario", con un concepto que resumía aquella mirada: "Hecha de Gente". La idea era que el principal valor agregado de Rosario estaba en su gente y en el esfuerzo de quienes la habitaban y construían.
El proyecto tuvo respaldo empresario y político. Municipio y sector privado compartían el financiamiento y la Fundación se presentaba como una entidad mixta, sin fines políticos ni particulares, destinada a construir y promocionar una imagen de Rosario para contribuir a su crecimiento.
Casi veinte años después, la organización renueva su conducción y su discurso. Ya no se habla solamente de una "Marca Rosario". Ahora la propuesta es pensar, contar, innovar y proyectar la ciudad.
El lenguaje cambió. La generación también. Pero permanece una idea: reunir a quienes tienen capacidad para construir una determinada visión de Rosario. Y ahí empieza la discusión.De la marca a la mesa
Nicolás Ruggiero asumió la presidencia y anunció un cambio de método: menos comisiones, más proyectos; menos reuniones, más resultados. La nueva conducción promete medir qué hace, qué funciona, qué escala y qué fracasa.
Es difícil estar en contra.
Según publicó Punto Biz, Ruggiero cerró su presentación con una metáfora: "Si no estás en la mesa, vas a estar en el menú". Es decir, si alguien no participa en las decisiones, otros pueden terminar decidiendo por él.
La frase buscaba convocar al empresariado a dejar la tribuna y meterse en la cancha. Sin embargo, puesta junto a la fotografía, adquiere otra dimensión.
No hay una mesa en la foto. Pero la mesa está.
Está en los vínculos que reúnen a empresarios, instituciones y Estado. Está en los recursos, en la información, en la capacidad de gestionar y, también, en la posibilidad de instalar una agenda sobre qué problemas debe discutir Rosario.
Allí están quienes tienen empresas, instituciones, recursos, vínculos y capacidad para instalar una agenda. Está el Estado municipal. Y están también actores con enorme capacidad de influencia pública, entre ellos quienes conducen algunos de los principales medios de comunicación de la ciudad.
No hace falta imaginar conspiraciones para advertir que eso constituye poder: económico, institucional, político y también capacidad para construir el relato con el que la sociedad interpreta lo que sucede.
Cuando esos poderes se sientan alrededor de una misma mesa para discutir "el futuro de la ciudad", la discusión deja de ser exclusivamente empresarial. Pasa a ser una discusión sobre quién tiene capacidad para definir ese futuro.
Una ciudad no cabe en una foto
Fundación Rosario quiere construir una agenda común entre sector privado, instituciones y Estado. La intención puede ser valiosa y forma parte de su razón de ser desde el origen.
Pero una agenda común no debería ser solamente la que elaboran quienes tienen la posibilidad de sentarse a esa mesa.
Rosario también son sus pequeñas empresas, comerciantes, trabajadores, universidades, clubes, barrios, profesionales, emprendedores, organizaciones sociales, cooperativas, científicos, jóvenes, jubilados y miles de personas que no tienen acceso directo a los lugares donde se discuten inversiones, obras y políticas de desarrollo.
No se trata de que todos entren en una misma fotografía. Se trata de recordar algo elemental: hablar de Rosario no es lo mismo que representar a Rosario. Y mucho menos decidir por Rosario.
La nueva Fundación puede ser una usina de proyectos, generar información, conectar sectores y empujar iniciativas que la política demora. Pero, sin contrapesos, también puede convertirse en otro espacio donde un grupo reducido determine qué temas merecen ser discutidos y cuáles quedan afuera.
Ese es el verdadero desafío.
La política mira de cerca
La proximidad con el municipio tampoco es menor. El intendente Pablo Javkin estuvo en el acto, habló de una agenda inmediata y celebró la llegada de una nueva generación de empresarios. Hay coincidencias entre ambos discursos: recuperación de Rosario, desarrollo, innovación, inversiones y reposicionamiento.
No hay nada ilegítimo en esa coincidencia. Pero, a medida que se acerca 2027, cualquier espacio que reúna poder económico, institucional y político adquiere una dimensión que excede lo estrictamente empresarial.
La fotografía muestra es que un sector importante del poder económico e institucional de Rosario quiere involucrarse públicamente en la discusión sobre el rumbo de la ciudad.
Eso, en democracia, merece ser bienvenido. Pero también observado. Porque una cosa es que el empresariado participe de la política pública. Otra muy distinta sería que la política pública termine reducida a las necesidades del empresariado.¿Nos van a comer?
Hay una paradoja en la evolución de la Fundación. En 2007 Rosario era "Hecha de Gente". Casi dos décadas después, la fotografía muestra a un grupo de personas con capacidad para influir sobre las decisiones y la agenda de la ciudad.
La pregunta no es si esos empresarios tienen derecho a hacerlo. Claro que lo tienen.
La pregunta es si aquella "gente" que construyó la marca de Rosario sigue teniendo el mismo peso cuando llega el momento de decidir sus prioridades.
La renovación generacional que encabeza Ruggiero propone resultados, velocidad, proyectos y medición. Bienvenido sea.
Pero la velocidad no puede reemplazar al debate; la eficiencia, a la representación; ni la capacidad de hacer, a la legitimidad para decidir por todos.
Quizás la nueva Fundación tenga que aceptar una paradoja: para ser realmente una institución "para la ciudad", deberá escuchar mucho más allá de la mesa que hoy la representa.
Porque el poder empresarial no necesita ser demonizado. Necesita ser visible. Y, cuando es visible, también necesita ser discutido.
La frase de Ruggiero admite una última pregunta: si no estamos en la mesa, ¿vamos a estar en el menú?
Ojalá no.
Ojalá esta nueva etapa consiga que muchos más se sienten a discutir qué ciudad quieren. Que los proyectos sean transparentes, medibles y beneficiosos para todos. Que la articulación entre empresarios y Estado produzca empleo, inversiones, infraestructura, innovación y oportunidades.
Pero también sería bueno preguntar quién prepara el menú, quién decide los ingredientes y quién termina pagando la cuenta.
Porque cuando una fotografía reúne a una parte sustancial del poder económico, institucional, mediático y político de una ciudad, no alcanza con mirar quién sonríe para la cámara.
Hay que mirar quién sostiene la cámara. Y preguntarse qué ciudad se está construyendo detrás de ella.
Porque Rosario tiene derecho a una mesa. Pero la mesa no puede ser Rosario.



