domingo, 14 de junio de 2026

La huida: una historia de amor, exilio y supervivencia que vuelve para contar una generación perdida

La noche anterior al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 está atravesada por un silencio inquietante. Así comienza La Huida, la novela de Adriana de la Fuente que dio origen a la nueva película dirigida por Miguel Mirra. Ese clima de incertidumbre es apenas el preludio de una tragedia que cambiará para siempre la vida de Elena y Fran, una joven pareja rosarina que, como tantos otros argentinos, descubrirá que el terrorismo de Estado también venía por ellos.

Al día siguiente del golpe, recuerda De la Fuente, los protagonistas creen que nada les ocurrirá. No habían cometido ningún delito. Fran había participado en una huelga obrera, algo que en democracia constituye un derecho constitucional. Elena, por su parte, ni siquiera tenía militancia política. Sin embargo, la irrupción de la dictadura parte sus vidas en dos. Tras un tiempo de espera y de planes frustrados, la única salida posible será escapar.

La novela reconstruye entonces un largo recorrido por distintos países de Sudamérica. Brasil, Colombia y otros destinos se convierten en estaciones de una travesía marcada por la incertidumbre, el desarraigo y la necesidad de sobrevivir. Aunque el libro adopta la forma de una novela y juega con recursos de la ficción para sostener la trama, De la Fuente aclara que los hechos centrales son reales y están inspirados en su propia experiencia.

Esa dimensión autobiográfica fue precisamente uno de los aspectos que más atrajo a la productora Susana Moreira cuando el proyecto cinematográfico comenzó a tomar forma. Según explica, la película recupera la historia de una generación que quedó profundamente marcada por el terrorismo de Estado. Una generación que, en muchos casos, fue truncada, silenciada o expulsada de su propio país. Para Moreira, esa experiencia merecía ser contada.
Pero La Huida no se limita a la reconstrucción de un contexto histórico doloroso. También es una historia de amor y de crecimiento personal. Allí reside, según la productora, uno de los principales valores de la obra: mostrar cómo sus protagonistas lograron seguir adelante sin dejarse vencer por el desaliento. A lo largo del camino encuentran personas que los ayudan, tejen nuevos vínculos y descubren formas de resistir. "Lo político es lo humano también", sostiene Moreira al reflexionar sobre una película que nunca separa la historia íntima de los procesos colectivos.

Carlos Gabriel conoce esa historia desde adentro. Hoy está jubilado después de haber trabajado durante 27 años para la Agencia Espacial Europea en Holanda, Alemania y España. Actualmente colabora ad honorem con una organización internacional dedicada a promover la ciencia en países en desarrollo y dirige un programa de fortalecimiento de capacidades que organiza cursos de ciencias espaciales en distintos lugares del mundo.

Sin embargo, cuando ocurrió el golpe era apenas un muchacho de 19 años.

"A nosotros el golpe nos agarró a los 19 años", recuerda. Trabajaba como obrero industrial en la zona de Villa Constitución y había participado en una gran huelga obrera. La persecución comenzó incluso antes de la dictadura, pero se intensificó inmediatamente después del 24 de marzo de 1976. Las fuerzas represivas lo buscaron en distintos lugares. Allanaron la casa de su madre, la de su padre y la de su suegro. Su padre fue detenido. Él y Adriana se habían casado apenas dos meses antes.

La huida comenzó entonces como una necesidad urgente. Durante nueve o diez meses recorrieron distintos países latinoamericanos intentando sobrevivir. Se dedicaron a la artesanía y vivieron de trabajos ocasionales. "Malvivimos de la artesanía", resume Carlos al recordar aquellos meses de incertidumbre por Brasil y Colombia.
Décadas después, la experiencia regresó convertida en cine. Para él, participar del proyecto fue una experiencia profundamente emotiva. Destaca especialmente el trabajo realizado junto a Miguel Mirra y recuerda con entusiasmo el preestreno realizado en Cañada de Gómez (foto), donde la sala estuvo colmada y la recepción del público fue cálida. Tras la proyección, una charla de casi cuarenta minutos permitió intercambiar reflexiones con los espectadores, quienes expresaron su emoción y reconocimiento hacia la historia narrada.

Para Miguel Mirra, la película también representa una oportunidad para volver sobre una generación frecuentemente olvidada. A casi cincuenta años del golpe, el director cree que los jóvenes pueden encontrar en La Huida una puerta de entrada a una historia colectiva que todavía interpela al presente.

Mirra habla de una "generación perdida". Una generación atravesada primero por la epidemia de poliomielitis y luego por otra tragedia aún más devastadora: la dictadura militar, con sus desapariciones, asesinatos y exilios. Él mismo se reconoce parte de ese grupo. Por eso observa con preocupación la escasa presencia de jóvenes en algunas de las proyecciones recientes. Lo interpreta como un síntoma de una crisis profunda de memoria.

"La ruptura que produjo la dictadura la seguimos viviendo día tras día", afirma. Una fractura que todavía atraviesa la vida política, social y cultural del país.

Sin embargo, lejos de quedarse en la nostalgia o en el diagnóstico pesimista, Mirra encuentra en la historia de Elena y Fran una enseñanza central: la decisión de no rendirse.

Más que una película sobre el exilio o la identidad, considera que La Huida es una película sobre la resistencia. Sobre la capacidad de seguir adelante cuando todo parece derrumbarse. "No rendirse" es una idea que atraviesa gran parte de su obra y que aquí reaparece con fuerza. Los protagonistas pudieron construir un futuro lejos de la Argentina y lejos de los ideales por los que habían luchado, pero sin perder su integridad.

Esa misma determinación se reflejó durante el rodaje. La producción enfrentó enormes limitaciones materiales y debió recrear distintos escenarios latinoamericanos con recursos modestos. España pudo filmarse en locaciones reales, incluso en la casa donde vivieron los protagonistas. Pero Brasil y Colombia representaban un desafío mucho mayor para una producción independiente.

La Amazonia fue recreada en el Delta del Paraná, cerca de Tigre. Algunas escenas ambientadas en Colombia se resolvieron en Rosario y en Cañada de Gómez. Incluso las secuencias vinculadas al Caribe encontraron una versión local en la playa del Club Rosario Central, conocida popularmente como "Caribe Canalla", en la costa rosarina. Fue un trabajo artesanal, basado en la búsqueda permanente de espacios capaces de transmitir la atmósfera de aquellos lugares.
Mirra atribuye gran parte del resultado al compromiso del elenco, especialmente a la joven actriz que interpreta a Elena, a quien define como extraordinaria, y al aporte de actores experimentados que ayudaron a reconstruir la historia narrada originalmente en la novela.

Dentro de su extensa filmografía vinculada a los derechos humanos y las luchas sociales, La Huida ocupa un lugar singular. A diferencia de muchos de sus trabajos anteriores, no se trata de un documental tradicional. La película combina reconstrucción ficcional y testimonios reales de los protagonistas, explorando nuevas formas narrativas que el director espera seguir desarrollando en futuros proyectos.

La historia concluye donde comenzó: en la memoria de quienes atravesaron aquellos años. El tráiler de la película ofrece un adelanto de esa tensión permanente entre el miedo y la esperanza. Elena reprocha a Fran haber ocultado aspectos fundamentales de su vida: su militancia, su trabajo como obrero, la participación en la huelga, los allanamientos. "Yo no les mentía, simplemente no les contaba la verdad", dice.

La voz de la protagonista recuerda también la sensación de desconcierto de aquellos días. Todos sabían que algo iba a ocurrir, pero nadie imaginaba la magnitud del horror que se avecinaba. En medio de la incertidumbre, intentaba convencerse de que todo saldría bien. Sin embargo, la realidad era otra: habían gastado todo el dinero en los pasaportes, no tenían recursos para viajar ni para alimentarse, y el futuro aparecía completamente abierto.

En uno de los momentos más intensos del relato, Elena observa cómo la desesperación amenaza con quebrar a Fran. Entonces comprende algo esencial. La rabia se transforma en compasión, pero también en miedo. Porque, en medio de la persecución, la pobreza y el exilio, había una certeza que no podían permitirse perder: Fran no podía venirse abajo.

Quizás allí resida el corazón de La Huida. No sólo en el relato de una persecución política ni en la reconstrucción de una época oscura de la historia argentina, sino en la obstinación de dos jóvenes que, cuando todo parecía perdido, eligieron seguir adelante.

El estreno en Rosario de La Huida, tendrá lugar el jueves 18 de junio a las 20:30 en El Cairo Cine Público (Santa Fe 1120), con entrada gratuita. La función contará con la presencia del director Miguel Mirra, la productora Susana Moreira y los protagonistas Adriana de la Fuente y Carlos Gabriel, junto al elenco integrado también por Emilia Cabrera y Serafín Klarich, en una proyección especial que reúne a parte del equipo de esta producción nacional de fuerte anclaje histórico y personal.

Otras Señales

Quizás también le interese: