domingo, 21 de junio de 2026

Colombia en segunda vuelta: entre dos modelos antagónicos de país

Con más de 41 millones de personas habilitadas para votar, Colombia enfrenta una elección presidencial decisiva en un escenario polarizado. Dos proyectos con visiones opuestas del Estado, la economía y la democracia se disputan el rumbo del país para los próximos cuatro años
Simpatizante de Ivan Cepeda en un mitín

Por: Ivonne Picof, desde Colombia para Señales
Este 21 de junio Colombia se prepara para vivir la segunda vuelta presidencial, en la que la ciudadanía deberá escoger quién sucederá al presidente Gustavo Petro durante el próximo periodo de cuatro años. De acuerdo con el censo electoral de la Registraduría Nacional del Estado Civil, más de 41 millones de personas están habilitadas para votar. En la primera vuelta, realizada en mayo, participaron aproximadamente 23 millones de electores, y se espera que en esta nueva jornada ese nivel de participación pueda incrementarse.

Se trata de una segunda vuelta en un país profundamente dividido, atravesado por dos proyectos políticos que no solo compiten, sino que encarnan visiones antagónicas sobre el Estado, la economía, la seguridad y la democracia. No es simplemente una contienda electoral: es también la expresión de dos lecturas distintas -y en muchos casos irreconciliables- sobre los problemas estructurales de Colombia.

Un país partido en dos proyectos
En las semanas entre la primera y la segunda vuelta, las campañas han reorientado sus esfuerzos hacia la búsqueda de nuevos apoyos. Por un lado, la campaña de Abelardo de la Espriella ha intentado sostener su liderazgo obtenido en la primera vuelta e incluso ampliarlo. Por el otro, la candidatura de la izquierda socialdemócrata de Iván Cepeda ha concentrado sus esfuerzos en reducir la distancia y remontar el resultado inicial.

Los mapas electorales de la primera vuelta dejaron una lectura clara de la polarización territorial. En ciudades como Bogotá, Cali, Barranquilla y Cartagena, la mayor votación se inclinó hacia Iván Cepeda. En contraste, Medellín -y en general Antioquia- se consolidó como un bastión fuerte de la derecha, donde Abelardo de la Espriella obtuvo su mayor respaldo.

Esta división territorial no es menor: refleja también diferencias sociales, económicas y culturales profundas que atraviesan al país y que se expresan con fuerza en las urnas.

Reacomodos, apoyos y transferencias de voto
Un elemento clave de esta segunda vuelta está en la redistribución de apoyos obtenidos en la primera jornada electoral. La candidata Paloma Valencia, quien alcanzó cerca del 7% de los votos, se convirtió en un factor relevante en la reconfiguración del mapa electoral.

Aunque su respaldo oficial se ha orientado hacia la campaña de Abelardo de la Espriella, distintos analistas han advertido que no necesariamente todos sus votantes migrarán automáticamente hacia esa candidatura. La transferencia de votos no es mecánica, y depende de afinidades programáticas, ideológicas y de la relación con cada campaña.

De hecho, en las semanas posteriores a la primera vuelta, ha sido limitado el protagonismo público de Paloma Valencia en actos de campaña junto a Abelardo de la Espriella, lo que también ha alimentado interpretaciones sobre la solidez real de esas adhesiones.

Una campaña marcada por la derecha radical
En este nuevo tramo de la contienda, la campaña de Abelardo de la Espriella ha profundizado una narrativa que se identifica con sectores de la derecha radical internacional. Su discurso ha estado atravesado por referencias recurrentes a la seguridad, el orden y el uso de la fuerza como eje central de su propuesta de gobierno.

Uno de los elementos más discutidos de su programa es la insistencia en el derecho al porte de armas como mecanismo de protección ciudadana, junto con la promesa de restablecer el orden público mediante medidas de mayor contundencia estatal. En esa lógica, la seguridad aparece como eje articulador de toda su propuesta política.

La campaña, bajo el lema de "la patria milagro", también ha mostrado una fuerte cercanía simbólica y política con Estados Unidos, lo que ha generado debates sobre el grado de dependencia o alineamiento internacional que podría asumir un eventual gobierno suyo.

A ello se suma un punto particularmente sensible: Abelardo de la Espriella posee doble nacionalidad —colombiana, italiana y estadounidense— y realizó un juramento de lealtad a Estados Unidos, lo que ha abierto interrogantes sobre posibles conflictos de interés en caso de asumir la presidencia, considerando que la Constitución establece la obligación de defender los intereses del Estado colombiano por encima de cualquier otro.
Abelardo de la Espriella, en el Valle del Cauca

Libertad de prensa, judicialización y tensión institucional
Otro aspecto que ha generado controversia es su trayectoria como abogado, en la que ha impulsado acciones judiciales contra decenas de periodistas con los que ha tenido desacuerdos. Este hecho ha sido interpretado por distintos sectores como una señal de alerta frente a la libertad de prensa y la libertad de expresión en el país.

En un contexto como el colombiano, atravesado por décadas de conflicto armado y tensiones políticas, el rol de la prensa y la protección de la pluralidad de voces se consideran pilares fundamentales de la democracia. Por ello, cualquier antecedente de judicialización sistemática del periodismo genera preocupación en sectores de opinión.

A esto se suma su postura frente a la protesta social. En distintas intervenciones ha manifestado poca tolerancia hacia las movilizaciones ciudadanas, lo que ha sido interpretado como una posible inclinación hacia modelos de control más estrictos del orden público.

Estas preocupaciones se intensifican si se tiene en cuenta el antecedente reciente del estallido social, en el que múltiples organizaciones de derechos humanos denunciaron la vulneración de derechos fundamentales durante las protestas, especialmente contra jóvenes, estudiantes universitarios y líderes sociales.

Estado laico, religión y visión de país
Otro punto de debate gira en torno a la relación entre religión y Estado. En el discurso de la campaña de Abelardo de la Espriella se ha otorgado un lugar central a la religión como elemento orientador de la vida pública, lo que ha despertado alertas en sectores que defienden la estricta separación entre Iglesia y Estado establecida en la Constitución de 1991.

Para sus críticos, la posibilidad de introducir una visión religiosa como eje de gobierno podría tensionar el carácter laico del Estado colombiano y abrir la puerta a nuevas formas de exclusión en un país profundamente diverso.

En el plano económico, también han surgido propuestas como la eventual dolarización de la economía, una medida que ha sido presentada como alternativa de estabilización, pero que al mismo tiempo es vista por otros sectores como un riesgo de pérdida de soberanía monetaria y fiscal.

Experiencia política y cuestionamientos al pasado reciente
Abelardo de la Espriella, quien no ha ocupado cargos de elección popular previamente, ha apoyado parte de su proyección política en figuras de su entorno, entre ellas su fórmula vicepresidencial, a la que se le atribuye experiencia en la gestión pública.

Desde sectores críticos se ha señalado la gestión de gobiernos anteriores en los que algunos de sus aliados ocuparon cargos ministeriales, especialmente durante el periodo del expresidente Iván Duque, en el contexto del estallido social. Se les atribuyen decisiones polémicas en materia económica y social, así como impactos en indicadores como inflación, desempleo y manejo de activos estratégicos del Estado.

Iván Cepeda: derechos humanos y Estado social de derecho
En el otro extremo de la contienda se ubica la candidatura de Iván Cepeda, filósofo y defensor de derechos humanos, con una trayectoria extensa en el Congreso de la República y en la defensa de víctimas del conflicto armado.

Su propuesta se estructura alrededor del fortalecimiento del Estado social de derecho, la lucha contra la corrupción, la reforma agraria y ambiental, y la protección del patrimonio cultural y natural del país. También plantea el fortalecimiento de los derechos de las mujeres y de las poblaciones históricamente vulneradas.

Uno de los ejes centrales de su campaña es la idea de un acuerdo nacional, entendido como un espacio de concertación entre distintos sectores políticos, sociales y económicos para abordar los problemas estructurales del país.

Acuerdo nacional, garantías democráticas y adhesiones
La propuesta del acuerdo nacional ha permitido, según distintos sectores, despejar temores sobre interpretaciones más radicales de su programa, como la posibilidad de una asamblea constituyente, tema que había generado inquietud en algunos sectores del centro político y del progresismo.

En este contexto, han surgido apoyos relevantes desde distintos ámbitos. Figuras políticas como Claudia López, exalcaldesa de Bogotá, han expresado razones para respaldar su candidatura en esta segunda vuelta, aunque sin una adhesión partidista plena. También se han sumado liderazgos juveniles y estudiantiles, entre ellos Jennifer Pedraza, quienes han manifestado públicamente su intención de voto.

Estas adhesiones se explican, en parte, por la percepción de garantías democráticas y de respeto por la oposición política dentro de su eventual gobierno, algo que distintos sectores consideran fundamental en una democracia pluralista.

Observación electoral y garantías del proceso
En medio de un contexto político altamente polarizado, las autoridades electorales han anunciado un amplio dispositivo de observación para la jornada electoral. Se prevé la participación de más de 16.000 observadores nacionales e internacionales, incluyendo delegaciones de países de América Latina y Europa.

Asimismo, organizaciones de observación electoral y campañas políticas han incrementado la presencia de testigos en los puestos de votación, con el objetivo de garantizar transparencia y trazabilidad en el conteo de votos.

La fuerza pública también tendrá un despliegue significativo en distintas regiones del país, especialmente en zonas rurales y apartadas, con el fin de garantizar condiciones de seguridad para el ejercicio del derecho al voto.

Un país ante una decisión estructural
Más allá de los nombres propios, esta segunda vuelta presidencial plantea una decisión de fondo sobre el modelo de país. Por un lado, una propuesta que insiste en el orden, la seguridad y el fortalecimiento de medidas de control estatal. Por el otro, una apuesta centrada en la expansión de derechos, el fortalecimiento institucional y la búsqueda de acuerdos amplios.

El resultado de esta elección no solo definirá un gobierno, sino también el tono del debate democrático en los próximos años. En un país marcado por décadas de conflicto, desigualdad y tensiones políticas, la expectativa central es que el proceso electoral se desarrolle en condiciones de tranquilidad, seguridad y respeto por la voluntad ciudadana.

La democracia colombiana se juega, una vez más, no solo la elección de un presidente, sino la posibilidad de sostener —o redefinir— el equilibrio entre sus distintas fuerzas políticas y sociales.
Fotos: Santiago Saldarriaga AP - Campaña Addle

Ver también: Colombia: el legado de Gustavo Petro en disputa

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