miércoles, 20 de octubre de 2021

"FIFA Gate, por el bien del fútbol": Una trama oscura de poder y corrupción

El documental que estrenará la TV Pública se basa en una investigación de Ezequiel Fernández Moores que aborda las denuncias por corrupción auspiciadas por Estados Unidos en 2015, alrededor de contratos multimillonarios. Son seis capítulos de media hora cada uno. Estrena el 24 de octubre, los domingos a las 20.00
Como parte de un convenio de coproducción entre medios públicos de la Argentina y de México, Televisión Publicá presentará este jueves a las 13 "FIFAGate, por el bien del fútbol", una serie documental que aborda las denuncias por corrupción auspiciadas por Estados Unidos en 2015 en torno a los contratos multimillonarios por concepto de derechos de televisión de diferentes eventos futbolísticos.

La serie, que es producto de un acuerdo entre Canal Catorce, de México, y Radio y Televisión Argentina (RTA), está basada en una investigación y con entrevistas de Ezequiel Fernández Moores, y ofrecerá "una mirada política sobre las denuncias por corrupción auspiciadas por Estados Unidos en 2015", señala el comunicado de la empresa administrada por la Secretaría de Medios y Comunicación Pública.

Su presentación será este jueves 21 de octubre a las 13, y su estreno en la pantalla de Televisión Pública está previsto para este domingo a las 20.

El evento de lanzamiento contará con la participación de Jenaro Villamil, presidente del SPR (Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano); Leticia Salas, directora de Canal Catorce; Rosario Lufrano, presidenta de RTA; Claudio Martínez, director de Televisión Pública de Argentina; y Ezequiel Fernández Moores, periodista y guionista de la serie.

"'FIFAGate, Por el Bien del Fútbol es una serie documental de seis capítulos en la que periodistas de Argentina, México, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra, entre otros países, narran el desarrollo de uno de los mayores escándalos de corrupción que sacudió el mundo del fútbol", añade el comunicado, el cual enfatiza que "esta coproducción, que fortalece la relación entre países y medios públicos, demandó casi dos años de trabajo".

En cada episodio, personalidades como José Ramón Fernández, David Faitelson, Fernando Schwartz, Ken Bensinger, Tariq Panja, Thomas Kistner, Harold Mayne-Nicholls, Federico Teijeiro, Facundo Pastor, Martín Fernández, Alejandro Casar González, Juca Kfouri, Ernesto Cherquis Bialo, entre otros, comparten y explican la trama de uno de los mecanismos de corrupción que involucró a la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf) y la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA).

"La doble votación de FIFA para determinar las sedes de las Copas del Mundo Rusia 2018 y Qatar 2022 desató molestia por parte de Estados Unidos. Fernández Moores explica paso a paso la incursión del FBI para desenmascarar los contratos multimillonarios por concepto de derechos de televisión de diferentes eventos futbolísticos, además de la Copa del Mundo, Copa América, entre otros", consigna el comunicado de RTA.

La coproducción -agrega la gacetilla- "analiza por qué solo fueron detenidos dirigentes de Sudamérica y no europeos, ya que en el "Dream Team de la Corrupción" personajes como Joseph Blatter o Michel Platini han salido prácticamente ilesos de cualquier investigación".

La serie cuenta con investigación y entrevistas realizadas por Ezequiel Fernández Moores y se desarrolla en seis capítulos de media hora.

"El bueno en esta película se llamó FBI, pero ¿qué hay detrás de la intromisión de Estados Unidos en el mundo del fútbol? En ese mundo que mueve el sueño de millones de personas y mueve millones de dólares", informa el comunicado.

Algunas de las voces consultadas son: el presidente del tribunal de disciplina de la AFA, Fernando Mitjans; los abogados Bruce Udolf y Lucien Valloni; el dirigente Humberto Grondona y los autores del libro American, James Lynch y Teresa Thompson.

Síntesis de capítulos

Capítulo 1: “El inicio del fin”
La doble votación del 2 de diciembre de 2010 en la que ganaron Rusia 2018 y Qatar 2022 despierta la ira de Estados Unidos. El FBI pone el ojo en la FIFA. Ese día, la FIFA, tal como la conocíamos hasta entonces, firmó su propia sentencia de muerte. En una inédita doble votación les niega las sedes a Inglaterra y a Estados Unidos. Es el punto límite de un proceso iniciado en 1974, la era de Joao Havelange. El brasileño advirtió que los Mundiales no son solo un evento deportivo, sino también un negocio económico y un botín político.

Capítulo 2: “Todo por un voto”
La trama de corrupción expuesta en las votaciones de la FIFA y que Estados Unidos decide revelar. La doble votación enciende el polvorín y destapa el escándalo más resonante de corrupción de la historia del deporte mundial. El FIFAGate. ¿Cómo fue la interna de las negociaciones?

Capítulo 3: “De pavo real a topo”
Chuck Blazer, el todopoderoso directivo de CONCACAF se convierte en el primer entregador. El excéntrico vicepresidente de la corrupta Concacaf, se convierte en delator del FBI a cambio de no ir preso por evasión de impuestos. Sus grabaciones a la cúpula latina de la FIFA serán fundamentales para la investigación que explota en el FIFAGate.

Capítulo 4: “Amanecer de un día agitado”
Alejandro Burzaco es el gran arrepentido por la trama de la corrupción de los derechos televisivos. La redada del 27 de mayo de 2015 en Zurich a manos del FBI, marca un hito en la historia del fútbol. Los directivos presos en la redada son los primeros siete de una larga lista que tiene un llamativo denominador común: los encarcelados del FIFAGate son latinoamericanos. ¿Eran ellos los verdaderos peces gordos?

Capítulo 5: “El fin justifica a los medios”
El papel de las grandes cadenas televisivas en el esquema de corrupción. Estados Unidos aplica a la FIFA una ley creada para combatir a la mafia y al crimen organizado. La Ley Rico. Pero los que le dieron de comer a los corruptos de la FIFA, las poderosas productoras y cadenas de televisión, salen casi indemnes del FIFAGate.

Capítulo 6: “Un nuevo sueño americano”
Con la FIFA depurada y moldeada según sus intereses, Estados Unidos consigue ser la sede de la Copa del Mundo 2026. El primer Jefe de Estado al que llama Gianni Infantino es Donald Trump y le habla del Mundial 2026. La nueva FIFA se parece a la vieja FIFA. Pero hay una diferencia, en el juego ya está Estados Unidos.

El fútbol era uno de los pocos monopolios del mundo no controlados por E.E.U.U. pero tras el FIFAGate fortaleció su negocio televisivo en Latinoamérica.

Se presentó la Asociación de Prestadores Públicos de Servicios de Comunicación Audiovisual

Los medios públicos provinciales, universitarios y nacionales dieron un paso histórico al concretar la formación de la Asociación de Prestadores Públicos de Servicios de Comunicación Audiovisual, una entidad civil que va a aglutinar a estas señales en todo el país. Lo hicieron luego de catorce años de trabajo conjunto en el Consejo Federal de Televisión Pública
De la rúbrica, participaron la presidenta de Radio y Televisión Argentina y presidenta pro témpore del Consejo, Rosario Lufrano; el vicepresidente de RTA, Osvaldo Santoro; la vicepresidenta del Consejo, Paula Arruda, directora de Canal 11 de Ushuaia y Televisión Fueguina; Guillermo Megias, de Radio y Televisión Riojana; Rodolfo Burgos, de Canal 10 de Tucumán; Roberto Echegoyenberri, de Radio y Televisión de Río Negro; Alberto Rodríguez, de Canal Universidad Nacional de Mar del Plata; Carlos Dell Águila, de Canal 11 fueguino; el gerente de Asuntos Legales de Televisión Pública, Alfredo Schnaiderman, y el director de Medios Públicos de Ecom Chaco SA, Julián Ceballos.

Luego de la firma, Lufrano destacó el carácter histórico de la constitución de esta Asociación Civil, “porque hasta ahora el Consejo Federal de Televisión Pública era un conjunto de deseos y buenas intenciones, pero al no tener personería jurídica no podía accionar”. Agregó que esto “nos permite obtener una personería jurídica y nos va a llevar al camino de una construcción conjunta e interactuar con los actores de la industria, con los trabajadores y trabajadoras, con quienes componen todo el ecosistema audiovisual y poder hacer cosas en conjunto, para mejores condiciones laborales, para coproducciones, para pensar en la televisión de la Argentina”.

Lufrano dijo que, entre los 24 integrantes de la Asociación, “hay mucho de federalismo, está el Canal Universitario de Mar del Plata, está Tucumán, está Río Negro, Chaco, Tierra del Fuego, hay muchas provincias representadas y esperamos que muchos otros se sumen, porque tenemos que generar contenidos realmente federales y mostrar quiénes somos.”

Por su parte, Paula Arruda coincidió en que ahora “tenemos un marco legal que nos va a permitir un montón de acciones a las 24 señales que integramos hoy el Consejo, entre ellas, vincularnos con todos los actores del colectivo audiovisual, suscribir convenios o acceder a fondos de financiamiento”.

Echegoyenberri, en tanto, agregó que “este es un logro muy esperado, que se hizo realidad después de seis años”. Además, indicó “que refuerza el federalismo y significa estar unidos para lograr cosas que separados no podríamos, el trabajo en conjunto que es muy necesario hoy en día”. Ambos destacaron la labor de Lufrano para conseguir este objetivo.

La Asociación estará formada por Canal 7 de Buenos Aires, Lapacho TV, Canal 11 de Formosa; Chaco TV; Canal 10 de Tucumán; Canal 7 de Catamarca; Canal 12 de Misiones; Litus de Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe; Canal 9 de La Rioja; Xama de la Universidad Nacional de San Juan; Canal 10 de la Universidad Nacional de Córdoba; Canal 13 de San Luis; Acequia TV de Mendoza; Señal U de Mendoza; Canal 3 de La Pampa; TV Universidad Nacional de La Plata; Canal 29 de la Ciudad de Buenos Aires, Canal 12 de Trenque Lauquen; Canal 10 de Río Negro; Canal 7 de Chubut; Canal 9 de Santa Cruz; Canal 13 de Río Grande y Canal 11 de Ushuaia, ambos de Tierra del Fuego. 

NdE: participa también de esta asociación el Santa Fe Canal, el canal público de la provincia de Santa Fe. No está incluída en la información oficial.

martes, 19 de octubre de 2021

Noticias falsas y discursos de odio como amenazas a la convivencia democrática

Un debate acerca de la necesidad de generar buenas prácticas en Internet, el fomento a la alfabetización digital, el respeto a la libertad de expresión y un marco propicio para la discusión pública
El Consejo Económico y Social (CES) lanza una compilación de las intervenciones realizadas durante el foro internacional "Atrapados en la red: las noticias falsas y los discursos de odio como amenazas para la convivencia democrática”, celebrado en junio del 2021, durante el cual se anunció la adhesión de la Argentina al Pacto por la Información y la Democracia.

El documento reúne a expertos y expertas, nacionales e internacionales, quienes disertaron acerca de los desafíos que representan las plataformas tecnológicas como facilitadoras de los discursos de odio y las fake news. También abre el debate sobre el complejo ejercicio de la ciudadanía en tiempos de internet, con el objetivo de construir un ecosistema digital más plural y respetuoso que potencie la calidad del debate público, una misión compartida por el programa del CES, Redes para el Bien Común.

“Noticias falsas y discursos de odio como amenazas a la convivencia democrática” ofrece diversas miradas que confluyen en la necesidad de evitar que el espacio de debate público quede erosionado por la desinformación. El documento hace un repaso de las regulaciones vigentes en Europa, las herramientas de protección que ofrecen las propias plataformas digitales, la necesidad de generar mecanismos de regulación que no afecten a la libertad de expresión y el fomento a la alfabetización digital.
Imagen: Comunicarigualdad
Fuente: Argentina.gob.ar

Amazon, Kapow y Grupo Octubre anuncian nueva serie

La productora y el grupo de medios argentino coproducen para Amazon Prime Video la miniserie Supernova, una comedia dramática dirigida por Ana Katz que se podrá ver en 2022 exclusivamente en Amazon Prime Video para toda América Latina y USA, y por TV abierta, sólo en Argentina, a través de elnueve, canal del Grupo Octubre

Producida por Kapow en co-producción con Grupo Octubre, con la directora Ana Katz como showrunner, está protagonizada por Ruggero Pasquarelli, Carolina Kopelioff, Johanna Chiefo, Nancy Duplaa, Ines Estévez, Marina Bellati, Luis Ziembrowski y Diego Cremonesi. Los productores ejecutivos son Agustin Sacanell, Lucas Rainelli, Diego Ventura y Johanna Chiefo.

Durante muchos años, El Nueve se ganó el mote de "el canal de las latas" debido a las novelas extranjeras que transmitía durante su programación vespertina.
Y aunque hace tiempo decidió reemplazarlas por programas de producción nacional, en un principio de espectáculos, como Confrontados y Hay que ver, y luego con formatos de entretenimientos como Está en tus manos y Súper Súper, recién en 2022 volverá a tener una ficción en pantalla.

Se trata de Supernova, una comedia dramática dirigida por Ana Katz, que tendrá como protagonistas a Ruggero Pasquarelli y Carolina Kopelioff, dos jóvenes actores que ya trabajaron juntos en Soy Luna, la serie juvenil de Disney que fue un éxito en todo el mundo. En esta ocasión, encabezarán una historia dirigida a un público adulto.

El proyecto producido por Amazon Prime Video, Kapow y Grupo Octubre representa el viaje emocional, y también sexual, de un grupo de jóvenes que atraviesan el umbral de los 30 años y, en el intento por deconstruir la falsa imposición social de que para esa edad todo tiene que estar encaminado, buscarán su propia voz, identidad y a dónde (o con quién) realmente pertenecen. Cuenta con personajes de distintos rangos etarios, los cuales están directamente relacionados con nuestros protagonistas y quienes, desde sus edades y conflictos, también realizan su propio cuestionamiento hacia lo que se instala como lo establecido.
El elenco se completa con Johanna Chieffo, Nancy Duplaá, Ines Estévez, Marina Bellati, Luis Ziembrowski y Diego Cremonesi. Y esta diversidad etaria mostrará distintas experiencias relacionadas a los vínculos socioafectivos que llevarán que los protagonistas a cuestionar lo establecido por la sociedad. La serie se podrá ver en 2022 por televisión abierta únicamente en la Argentina y estará disponible en Amazon Prime Video para toda Latinoamérica y los Estados Unidos.

Cabe señalar que Katz viene de dirigir Terapia Alternativa, una comedia romántica protagonizada por Benjamín Vicuña y Eugenia "China" Suárez, en la que le dan vida a una pareja de amantes que recurren al consultorio de una psicóloga mediática para poder separarse y continuar su vida con sus respectivas familiar. La serie se rodó completamente en pandemia, con estrictos protocolos y una de las locaciones fue la ciudad de Tandil, y luego de muchas expectativas se estrenó en Star+ el pasado 24 de septiembre.
Fotos: Ana Katz 
Fuente: Noticias Argentinas

Armando Bo firmó una alianza de producción con Gaumont

About Entertainment, la productora liderada por el reconocido cineasta argentino, y Gaumont, quienes ya han colaborado en la exitosa serie El Presidente, anunciaron un acuerdo para la producción de nuevas series y películas en múltiples géneros para el mercado internacional.

Gaumont, el estudio detrás de éxitos como Narcos, Lupin y Barbarians, y Armando Bó de About Entertainment, están ampliando su relación con la intención de desarrollar series y largometrajes en múltiples géneros e idiomas para la audiencia global.

Ambos cuentan con un historial comprobado de creación de contenido exitoso gracias a El Presidente, la serie aclamada por la crítica y nominada al Emmy Internacional. Gaumont, en colaboración con Fabula, Kapow y About Entertainment produce la serie con Bó como productor ejecutivo, escritor, director y showrunner.

La primera temporada, actualmente disponible para el público de todo el mundo en Amazon Prime Video, ofrece una mirada desde adentro a la corrupción que resultó en la operación encubierta masiva del FBI, más tarde conocida como "FIFA-Gate". La segunda temporada, que detalla el ascenso y la caída del ex presidente de la FIFA, João Havelange, terminó recientemente su producción en Uruguay y actualmente se encuentra en postproducción.

El acuerdo alcanzado entre el equipo de About y Gaumont está diseñado para complementar el alcance internacional y la capacidad de Gaumont para obtener y producir contenido en todo el mundo. Entre los primeros proyectos que se están desarrollando se encuentra una sátira sobre la creación de la nación de Panamá, el Canal de Panamá y los magnates estadounidenses y otros empresarios extranjeros que elaboraron el plan para anexar el territorio de Colombia.

Los equipos tienen planes para desarrollar proyectos de cine y televisión, además de obtener propiedad intelectual relevante para desarrollar proyectos que puedan generar un atractivo masivo en múltiples territorios e idiomas.

"Dada nuestra experiencia juntos en El Presidente, estamos muy felices de tener la oportunidad de ampliar nuestra relación de trabajo con Armando. La capacidad de Armando para conceptualizar y crear historias convincentes lo convierte en uno de los narradores más inspirados de esta generación. A medida que continuamos esforzándonos para involucrar y entretener a la audiencia global, sentimos que hemos encontrado al socio perfecto en About Entertainment. Estamos ansiosos por desarrollar y producir nuevas historias y personajes junto con él y su equipo", dijo Nicolas Atlan, presidente de Gaumont, EEUU.

"El equipo de About está muy contento con esta alianza. Gaumont es un gran socio estratégico en El Presidente, no solo en los aspectos productivos sino también creativos. Iniciamos este proceso llenos de motivación para unir fuerzas con el objetivo de desarrollar historias que tengan un punto de vista diferente independientemente del idioma en el que estén hechos", añadió Armando Bó.
Fuente: ttvOriginals

El director del diario alemán ‘Bild’, fue despedido por trato indebido a mujeres

Julian Reichelt fue investigado por acoso, coacción y abuso de poder
Por: María Pía-Paz López
El director del diario sensacionalista alemán Bild, Julian Reichelt, fue despedido el lunes por el grupo mediático Axel Springer, por "conducta improcedente" en el trabajo. El pasado marzo, Reichelt fue objeto de una investigación interna sobre presunto trato indebido a mujeres de la redacción, en forma de acoso, coacción y abuso de poder, durante la cual fue apartado temporalmente del puesto. Apenas dos semanas después, fue restituido en sus funciones, si bien como codirector junto a una periodista. El aludido "admitió la mezcla de relaciones profesionales y privadas, pero negó [el acoso] bajo juramento", indicó el grupo entonces en una nota.

Pero la situación se precipitó este domingo, cuando el New York Times publicó un reportaje sobre el modus operandi de Reichelt con una joven periodista en prácticas en el 2016. Su método con las afectadas consistía en "sexo, promoción y despido", según aseguran medios alemanes.

"La empresa ha tenido nuevos datos sobre el comportamiento actual de Julian Reichelt a través de informaciones de prensa", afirma ahora el grupo Axel Springer en un comunicado. De esos datos se desprende que Reichelt "sigue sin separar lo privado de lo profesional, y ha dicho cosas falsas al respecto a la junta directiva".

El lunes por la noche, Der Spiegel publicó online otro reportaje con nuevas acusaciones de abuso de poder contra Reichelt, basado en entrevistas a "media docena de mujeres" y a su entorno profesional, y en cientos de SMS y correos electrónicos. Para más inri, parte de esas informaciones iban a ser publicadas por un grupo de periodistas de investigación, pero su editor, Dirk Ippen, magnate del grupo de prensa Ippen, decidió no hacerlo. "Debemos tener cuidado de no dar la impresión de que queremos perjudicar económicamente a un competidor", dijo la empresa Ippen para justificarse.

El grupo Springer anunció en agosto la compra del medio digital de noticias Politico , y dentro de ese anclaje en Estados Unidos, "el nuevo propietario alemán de Politico no podía permitirse un daño importante a su reputación", sostiene el diario económico Handelsblatt para enmarcar el fulminante despido de Julian Reichelt.

En su lugar fue nombrado Johannes Boie, hasta ahora al frente del dominical de Die Welt , otra cabecera del grupo Springer. El Bild , fundado en 1952 por el fallecido periodista Axel Springer, es el mayor de Alemania: vende al día 1,2 millones de ejemplares, y tiene casi 8 millones de lectores diarios.
Foto: Clemens Bilan / EFE
Fuente: La Vanguardia

Naciones Unidas denuncia brecha de género en libertad de expresión

Por: Edith M. Lederer

La igualdad de género en la libertad de expresión “sigue siendo un objetivo lejano”, advirtió el lunes una investigadora independiente de Naciones Unidas. Irene Khan, investigadora especial para la promoción y protección de la libertad de opinión y expresión, dijo que “las voces de las mujeres están siendo reprimidas por las leyes, las políticas de Estado, así como por las costumbres sociales, las tradiciones, las interpretaciones religiosas o el creciente fundamentalismo en todo el mundo que ha provocado el aumento de la misoginia y el sexismo”.

Ressa, cofundadora del cibersitio de noticias Rappler, conocido por sus reportes críticos sobre la sangrienta campaña antidroga del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha sido condenada por difamación y enfrenta otros cargos penales. El comité del Nobel señaló que Ressa y Rappler han “documentado el uso de las redes sociales para digundir noticias falsas, acosar a rivales políticos y manipular el discurso público”.

Khan, exdirectora de Amnistía Internacional y la primera mujer en ocupar su cargo en 27 años de historia, dijo en un comunicado al comité de derechos humanos de la Asamblea General de la ONU y en un informe a periodistas que los gobiernos deben abordar de forma más seria la cuestión de los estereotipos de género.

“Las mujeres están haciendo cosas maravillosas, pero la presión del otro lado es muy grande”, afirmó.

La censura de género “es generalizada, tanto en internet y como fuera”, siendo el sexismo y la misoginia factores dominantes que se han intensificado “por el auge de las fuerzas populistas, autoritarias y fundamentalistas en todo el mundo”, apuntó.

Según Khan, en algunos países el comportamiento social online de las mujeres jóvenes y “las personas no conformes con el género” se vigila, censura y criminaliza de cerca por parte de los gobiernos “bajo el pretexto de la protección de la ‘moral pública’”.

“Estas acciones son paternalistas en el mejor de los casos, misóginas en el peor”, manifestó.

Khan señaló además que la violencia sexual y de género, el discurso de odio y la desinformación “se usan ampliamente online y offline para frenar o cortar la expresión de las mujeres”. Las periodistas, políticas, activistas por los derechos humanos y feministas suelen ser objeto de ataques, añadió, con el objetivo de sacarlas de las plataformas y de la vida pública.

“El efecto es socavar los derechos humanos y hacer retroceder la diversidad en los medios y la democracia inclusiva”, dijo.

Khan pidió además más esfuerzos para cerrar la brecha digital alegando que casi la mitad de las mujeres del mundo no tienen acceso a internet.

“La misma tecnología digital que conduce a la violencia online contra la mujer es también la tecnología que les permite organizarse, reunirse, discutir en plataformas digitales de una forma en que sus propias sociedades, especialmente las tradicionales, no les permiten”, dijo. “Las mujeres deben estar empoderadas, y el camino al empoderamiento es respetar la libertad de expresión”.

Khan reclamó un espacio digital seguro para las mujeres e instó a los países a adoptar leyes firmes para prohibir la violencia online basada en el género, y a investigar y procesar los casos.

Pero los esfuerzos para erradicar la violencia de género, el discurso de odio y la desinformación en internet “no deben utilizarse como pretexto por parte de los gobierno para restringir la libertad de expresión más allá de lo permitido por la ley internacional”. Además, se opuso firmemente a la prohibición o criminalización de la desinformación alegando que es “contraproducente y mal empleada para silenciar a los críticos”.

En la actualidad hay una crisis online “debido al fracaso de las plataformas de redes sociales para gestionar su modelo de negocio con un enfoque de derechos humanos”, afirmó Khan, quien pidió a estas firmas que revisen este concepto y adopten una mayor transparencia, también sobre los algoritmos que utilizan.
Foto: Jamie Wilson
Fuente: Agencia Associated Press

lunes, 18 de octubre de 2021

Canal 7 cuenta la historia del país y la historia explica los devenires del medio

En "Pantalla partida", la periodista aborda la historia de la televisión pública a la luz de las grandes líneas de los sucesos nacionales. Las dificultades de canal para transformarse aún con refundaciones constantes, la diferencia entre una televisión estatal y otra gubernamental y el efecto de la pandemia ¿Cómo generar una concepción para la televisión pública que no recurra a la extranjería como modelo aspiracional?
Por: Ana Clara Pérez Cotten

Entre cambios de logos y autoridades, la historia de una programación y escenas en el edificio insignia de Tagle y Libertador que surgieron después de más de 150 entrevistas y de la investigación de documentos públicos, la periodista Natalí Schejtman hilvana en "Pantalla partida" los idas y vueltas de los últimos setenta años en Canal 7.

En un orden cronológico que no se desentiende de los nudos históricos que cambiaron la historia, dispuesto a ser alterado cada vez que sea necesario para vincular o explicar determinadas cuestiones, la investigación de Schejtman empalma la historia de la televisión pública con las grandes líneas de los sucesos nacionales.

Así los detalles de cómo se gestó la transmisión inaugural el 17 de octubre de 1951 conviven con las anécdotas noventistas de la gestión de Gerardo Sofovich; mientras que la transmisión tragicómica del programa de Mirtha Legrand del 21 de diciembre de 2001, en pleno estallido, convive con la polémica sobre qué fue y para qué se ideó el programa 6,7,8 durante el kirchnerismo.

Schejtman es periodista, Magister en Gobernanza de Medios y Telecomunicaciones por la London School of Economics and Political Science y forma parte del equipo de investigación del programa "Industrias culturales, medios y políticas de comunicación en la convergencia" de la Universidad Nacional de Quilmes. Es, además, la coordinadora por Argentina de Input, una red mundial de televisiones públicas.

"Canal 7 condensa un montón de cosas. Un medio de estas características cuenta la historia del país y, a la vez, la historia del país también explica algunos de los devenires de un medio", reflexiona la autora y cuenta que pensó el libro en la misma clave y con una estructura similar a la que usó Martín Sivak en "El gran diario argentino. Una historia" para dar cuenta de cómo un medio juega en el entramado histórico.

En el libro, contás que fue cuando conociste el edificio y viste entrar bebés a la guardería que entendiste que el lugar "encerraba una historia de los medios, del país y del Estado". ¿Qué te cautivó puntualmente de esa imagen? ¿Qué encerraba y qué fuiste entendiendo a partir de la investigación?
Crecí en los años 90, Canal 7 –entonces ATC– era habitualmente retratado como un lugar imposible y algo monstruoso: un antro de corrupción, con una programación por momentos inentendible, una especie de sinsentido. Esa forma de hablar de ATC pegaba con una forma en general de referirse a la intervención del Estado en la cultura: desangelada, corrupta, chabacana. Esa idea del canal como un agujero negro "indomable" la seguí escuchando mucho tiempo más. Cuando supe que el canal tenía un jardín me pareció que esas cuatro paredes encerraban un mundo. Una relación con la historia, con los medios, con el Estado y también una dinámica propia de familiaridad entre las personas que trabajan ahí. Había muchas dimensiones para abordar el canal y eso me resultó fascinante.

El libro trabaja, en las diferentes etapas, sobre la idealización de los medios públicos europeos. ¿Por qué crees que esto se retroalimentó en diferentes etapas? ¿Cómo podría generarse una concepción propia o por lo menos que no recurra a la extranjería?
Poner a los medios públicos como ideal es un lugar común de muchos funcionarios que evidentemente creen que genera un aspiracional atractivo. Esta recurrencia suele ser algo vacía o incluso ampliamente contradictoria con lo que después hacen con los medios públicos argentinos aquellos que decían admirar vagamente a los europeos. Pero eso no significa que no sea necesario conocer y eventualmente tomar las experiencias de estos medios. De hecho, en la misma ley de medios de 2009, donde se crea Radio y Televisión Argentina, hay varios aspectos específicos de lo que llamamos la "gobernanza" de los medios públicos –el directorio, la designación de autoridades, etc.– citados de distintos países del mundo, lo cual tiene mucho sentido. Hay muchísimo trabajo institucional detrás de algunos de estos medios públicos europeos: especialmente en lo que atañe a su transparencia, a su visión de mediano plazo, a la confianza que le tienen sus audiencias (algo que no es estanco, y que pasa por temporadas altas y bajas). Pero eso tampoco significa que se puedan importar ni que eso sea deseable. Me parece que la discusión de qué es y qué puede ser un medio público/estatal en nuestro país tiene que recoger experiencias globales –no solamente de Europa sino también de América Latina y otras regiones– teniendo en cuenta las características de nuestra idiosincrasia y las necesidades de los ciudadanos. También, en dónde se ubican y qué pueden ofrecer de distintivo en un sistema de medios altamente competitivo.

Advertís que, a lo largo de los años, el canal mostró "una gran dificultad para transformarse que convive con 70 años de refundaciones constantes". ¿Por qué crees que se da esta paradoja?
Si uno se fija en la cantidad de nombres y de logos que tuvo el canal puede advertir cuántas veces se intentó reinaugurar. Eso sumado a que es una narrativa muy típica de la gestión entrante denostar a la anterior. Eso no es algo de ahora: empezó en 1955, es decir, en el primer recambio de gobiernos que, además, en este caso, tuvo la particularidad de que el flamante gobierno asumió después de un golpe de estado y que tenía la proscripción del pasado inmediato –el peronismo– como política oficial. Pero mientras este borrón y cuenta nueva es algo tan habitual en esta institución, hay muchas discusiones alrededor del canal que existen hace décadas, que se estiran y que no fueron saldadas o sobre las que no hay un consenso que se sostenga en el tiempo: la función del canal, la pregunta por si tiene que competir con los privados o no, si tiene que tener rating, si tiene que tener fútbol. Es impresionante encontrar estas preguntas ya desde los años 50. Por otro lado, como sucede en muchos otros lugares del Estado, es difícil transformar estructuras tan complejas para adaptarse rápidamente a las necesidades del presente y del futuro próximo. Ni hablar de los cambios en la industria de los medios, de los que Canal 7 quiere ser parte: exigen una adaptación que desafía a las empresas privadas. Me parece que los sucesivos cambios de timón y los ímpetus refundacionales que finalmente son poco duraderos atentan contra un proyecto de medio estatal sostenible, ambicioso y previsible para las audiencias.

En el epílogo, te preguntás si vale la pena tener un canal estatal aunque sea gubernamental y respondés que sí. ¿Cuáles son los motivos que te hacen sostener esto?
Tal como el canal se organiza y administra históricamente, es muy difícil que no dependa del gobierno de turno, pero Estado y gobierno pueden innovar de un montón de modos en un medio de comunicación: en términos de contenidos pueden tomar riesgos artísticos que ningún otro puede, en términos organizacionales pueden promover una política que realmente diversifique los engranajes de su producción –en cuanto a género, a clase, a procedencia geográfica–. Y en términos institucionales podría promover una transparencia que no tienen ni los medios privados ni las plataformas: ser un medio realmente abierto a la comunidad, en todos los sentidos posibles.

La pandemia reavivó el debate sobre el rol de los medios públicos y el derecho a la información en medio de una emergencia sanitaria ¿Cómo incorporó esto el canal?
"Seguimos educando" fue una respuesta rápida a una situación excepcional que planteó la pandemia y al menos en una etapa cumplió un rol importante. Eso es algo que pasó también con otros medios estatales y públicos en la región y del mundo y es un ejemplo del rol que adquirieron estos medios durante la pandemia. La discusión sobre cómo convertirse en faros informativos fidedignos, plurales y democráticos frente al aluvión de noticias falsas sobre el virus y su tratamiento es un debate abierto y un desafío cotidiano: los medios históricamente más confiados por sus audiencias se ubican en un mejor lugar para erigirse ahí, pero de ninguna manera pueden dormirse en los laureles ni están exentos de todo tipo de cuestionamientos.

Pantalla partida, por 
Natalí Schejtman
«Queremos ser como la BBC» (pero no queremos)
Nunca escuchamos a un ministro de Salud asumir su gestión con la premisa de convertir al sistema público sanitario argentino en uno como el alemán. Sobran halagos imprecisos al "modelo educativo finlandés", pero jamás en la historia un ministro de Educación prometió una reforma con ese sello. Y lo mismo en muchas áreas del Estado. Pero con Canal 7, por algún misterioso motivo, pasa y darles algo distinto. La invocación a canales públicos europeos es un rezo laico que declama buena parte de las autoridades que se hacen cargo. Un interventor recordado por cortar manzanas —y darles algunos mordiscos— prometió hacer de ATC, como se llamó el canal entre 1979 y 1999, una Radiotelevisione Italiana o una Televisión Española. Cuando terminó el menemismo, el gobierno que lo sucedió vociferaba una diferencia institucional abismal, pero algunas de sus promesas coincidieron: proyectó imitar un modelo con controles republicanos desde los poderes Ejecutivo y Legislativo, y citó a los clásicos: TVE, RAI, BBC. Antes, mucho antes, en un debate parlamentario al borde de la década del sesenta, un diputado que sería vicepresidente defenestraba a la comisión reguladora de los medios estatales, creada por decreto por el presidente Arturo Frondizi, mientras citaba a la BBC como ejemplo de pluralismo e independencia.

Esa tendencia a citar referencias prestigiantes —sobre cuyo funcionamiento nadie pretende dar mayores detalles— es una característica llamativa de los relatos sobre el canal estatal argentino.

Y contrasta con la descripción del Canal 7 realmente existente: cuando se trata de contar el día a día adentro de los cuatro cubos plantados en Tagle y Figueroa Alcorta, los modelos europeos aspiracionales se estrellan contra un subsuelo y los calificativos de los mismos funcionarios son dantescos: el canal pasa a ser un «monstruo», «un animal», un «agujero negro»: «No se puede creer que exista un lugar así».

También, son muchos los dirigentes que cuando toman las riendas prefieren alejar la hoja de términos y condiciones que hace de esos medios públicos tan admirados lo que son.

Ninguno de ellos ignora la doble naturaleza que recorre a Canal 7: es una emisora de TV y también una empresa estatal cuyas cabezas y lineamientos se definen directamente en el Poder Ejecutivo de cada gobierno que llega a la Casa Rosada. Ese aspecto está impreso desde el mismísimo día de su lanzamiento, el 17 de octubre de 1951, en un acto multitudinario en el que reapareció Eva Perón para empezar a despedirse de su pueblo. La naturaleza política y la naturaleza mediática confluyen y se dan codazos en la pantalla y en el detrás de escena, en la elección de su star system y la de sus directivos, en la jerarquía que adquiere para un gobierno y en su presupuesto, en la decisión de lanzar o de levantar un programa. En el desgaste de estar volviendo a empezar siempre, con cada nueva gestión que desembarca, triunfante, queriendo (¡por fin!) domar a la bestia.

Con distinta forma y distintos personajes, esta historia está llena de repeticiones. Mientras que rara vez se mantuvo un mismo proyecto para el canal estatal frente a un cambio de gobierno, la rotación de directivos en un mismo mandato presidencial fue frenética: en 1971, cuando Canal 7 cumplía veinte años, ya habían pasado por su dirección cuarenta y nueve funcionarios. Los cambios de logo —más de una veintena en setenta años— y de nombre son otro síntoma de volantazos que terminan girando en una rotonda, o Rond Point, como se llamaba el legendario bar de la esquina del edificio donde se llevaron a cabo tantas negociaciones para la historia del canal (y del país).

El Siete se llamó LR3 Radio Belgrano Televisión –cuando nació como una extensión del imperio radiofónico fundado por Jaime Yankelevich y devenido en punta de lanza del sistema de medios radial que fue acopiando el peronismo— , luego LS 82 TV Canal 7, en 1979 inauguró su nombre Argentina Televisora Color (aunque recién transmitió a color un año después) y en 1996 esas siglas se expandieron hacia un ATeCé que hacía juego con UCeDé.

En el año 2000 volvió a ser Canal 7 — el gobierno de la Alianza quería sepultar lo que había sido el ATC de reminiscencias malvinenses y menemistas— , hasta que una propuesta de Televisión Pública en 2006 se convirtió primero en parte de la identidad de la marca hasta comerse al número siete. Hoy al canal lo conocemos — y también nos referimos a él— como TV Pública, aunque su naturaleza siga siendo mayormente estatal.

Los cambios abruptos entre gobierno y gobierno son estructurales y también domésticos: leyes que se vetan, áreas que se duplican para garantizar el verticalismo que pretende la administración de turno, conductores que llegan, otros que se van, logos que cambian, homenajes que están atornillados en las paredes en una gestión y que desaparecen en otra.

Pero así como hay repeticiones, también hay quiebres; saltos que dejan a la pantalla y a la institución ubicados en un lugar distinto del que estaban antes. Su fundación es uno de ellos: en el contexto de una relación expansiva del peronismo hacia los medios de comunicación, la novedosa televisión -iniciativa de Jaime Yankelevich que encontró más eco en Eva que en Juan Domingo-era puro proyecto: había pocos televisores y prácticamente no se lo veía como un instrumento de difusión potente como sí lo eran la radio o el cine. Es por eso que a Raúl Apold, uno de los cerebros de la difusión del peronismo en los medios de comunicación, no le interesó tanto. La única privatización de Canal 7 en su historia sucedió en 1954. Junto con Radio Belgrano, quedó en manos de Jorge Antonio, empresario vinculado al Gobierno quien quiso no solamente profesionalizar la pantalla sino, especialmente, promover el negocio de la importación de 50 mil televisores como para que la nueva tecnología pudiera ser masiva. Tras el golpe de 1955, el nuevo gobierno de facto denunció esa importación como un negociado más de la «segunda tiranía», reestatizó ese y otros medios y avanzó con la política oficial de la desperonización como principal propuesta de contenido mientras ponía su atención en promover el inicio de la televisión privada.
La dictadura iniciada en 1976 también representó un momento troncal, mientras que además del Siete, el resto de los canales de la ciudad de Buenos Aires llevaban ya dos años en manos estatales. El más oficial de todos los canales oficiales de una dictadura que intentaba controlar todas las versiones de sí misma heredó la nueva tecnología adquirida para el Mundial 78 y las instalaciones de Figueroa Alcorta y Tagle, edificadas para ser un centro de producción y no un canal de TV. Con todas las falencias que eso implicaba puertas adentro, el aire de renovación modernizante era evidente. Además, contrataron a uno de los hombres más encumbrados de la industria televisiva que en 1979 -el único año en el que estuvo al mando- armó una programación que por primera vez en su historia superó en rating a todo el resto de los canales. Entre los programas que nacieron en su gestión estaba 60 Minutos, que terminó convirtiéndose en el brazo periodístico más efusivo de la propaganda triunfalista de la guerra de Malvinas y en el escenario favorito de Ramón Camps para hostigar y amenazar a personas que denunciaban los crímenes de la dictadura en el exterior. Durante la guerra, ATC fue también la casa de la maratón para juntar fondos para Malvinas, otra iniciativa que recibió el sello de estafa en la memoria colectiva.

Con nuevo nombre, nuevo logo, nuevo edificio y una programación exitosa y también traumática, todo creado durante la dictadura, el alfonsinismo intentó, entre asambleas sindicales a las que asistían empleados armados, sabotajes en la pantalla y el estallido de bombas, imprimir algo de la apertura social de la primavera democrática.

Lo logró a medias, hasta que su propio invierno político y económico hizo caer ese y otros proyectos.
En la década del 90, ATC también dialogó con una época fundada conceptualmente por el Consenso de Washington: coqueteó con la privatización durante los dos mandatos de Carlos Saúl Menem y también con una pantalla que quería mostrarse comercial y competitiva. Pero el canal quedó asociado con otro lugar transitado de su tiempo: el uso de las instituciones públicas para los negocios privados y el descontrol administrativo.

El último hito de esta historia empezó en 2008, después de que el vicepresidente del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner votase en contra de un proyecto de retenciones a las exportaciones agropecuarias del Poder Ejecutivo en el marco de una crisis política vigorosa que provocó un dominó de cambios institucionales, políticos y discursivos. Los medios, y especialmente el Grupo Clarín, el más concentrado de la Argentina, se convirtieron en el antagonista más sostenido y Canal 7, ya con el nombre de TV Pública, en uno de los escenarios predilectos para articular y mostrar la posición del gobierno en esa confrontación. El canal no solamente tuvo una pantalla sin fisuras en su defensa de la administración nacional, sino que contó con el fútbol más popular, acciones de ambiciosa producción, una renovación tecnológica que lo dejaba en pie de igualdad o incluso por delante de la competencia privada, una vocación por revisar la historia más y menos reciente y un programa político, 6, 7, 8, que duró siete años -nunca en Canal 7 un programa así había durado tanto, protagonizó y por momentos guionó los términos de una de las caras de la polarización que caracterizó a la conversación pública en esos años.

Este libro se para ahí donde la doble naturaleza del canal se encuentra: donde las decisiones de política coyuntural, entendidas como designaciones, leyes, internas partidarias y también como ideas, se traducen en una propuesta de pantalla disponible para todo el país. Ese borde es poroso: aunque la imagen de la mano negra que escribe los guiones de la patria audiovisual es tentadora, los vínculos entre imágenes y poder se materializan de formas múltiples y diversas.

Así como no se propone trazar una descripción minuciosa de todos los contenidos que nutrieron a la pantalla de Canal 7, hay programas que sí pueden ser particularmente leídos por su tiempo: desde ficciones potentes en los años sesenta, con temáticas que intentaban filtrar los cambios que vivía la sociedad a pesar del corset que imponía el poder militar, hasta la parodia a empleadas públicas ineficientes y maltratadoras mientras buena parte de los servicios públicos se privatizaban; desde tiras hechas sin presupuesto en las que los protagonistas hablaban de abortos, embarazo adolescente o divorcio con la única escenografía de un sillón y una mesa ratona, hasta superproducciones atentas a revisar y crear imágenes y narrativas sobre la historia argentina.

La relación del canal con su época se lee delante y detrás de la pantalla. El hecho de que este libro se dedique a la doble naturaleza, política y mediática, de Canal 7 no significa que la televisión privada -y los medios privados en general- estén exentos de las interferencias de gobiernos, oposiciones y otros grupos de poder. Ese era un ideal que apareció en algunos periodistas televisivos en la década del 60, cuando surgieron los canales privados que empezaron a contratarlos, y que es fácil desmontar gracias a grandes trabajos de investigación como los dos tomos que componen la historia de Clarín, escritos por el periodista Martín Sivak, la biografía de Jacobo Timerman, de Graciela Mochkofsky, y tantos otros trabajos de análisis de la prensa privada, desde Regueros de tinta, de Sylvia Saítta, sobre el diario Crítica, hasta el reciente Progresistas fuimos todos, de Eduardo Minutella y María Noel Álvarez, sobre semanarios de fines de los 90, entre otros que están consignados en la bibliografía.

En Canal 7, sin embargo, la interferencia es una política pública, interpretada de distinto modo y asumida con más y menos desfachatez a lo largo de sus setenta años, si bien la sanción de la última Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual propuso algunas innovaciones que no se terminaron de consolidar en la práctica. Aun así, el canal estatal dialoga con el ecosistema privado. En 2021, cuando se imprime este libro, resulta obvio mirar el período kirchnerista en Canal 7 como una respuesta al conflicto latente y ubicuo entre el gobierno y el Grupo Clarín, cuya línea editorial opositora en todos sus medios fue contundente y también definió el tono de la época. Pero es menos obvio -o lo recordamos menos- ver cómo funcionaba este Triángulo de las Bermudas en la actitud diferenciada que tuvo el menemismo hacia el canal en sus dos mandatos, antes y después de su enemistad con el diario más leído del país y de declarar, en 1995, que le había ganado a la oposición y a los medios de comunicación. O leer retrospectivamente el levantamiento carapintada de 1987, evento que el gran diario argentino cubrió desapasionadamente al punto de que sus periodistas pidieron a la cúpula, sin éxito, que ese Viernes Santo el diario fuera publicado a pesar del asueto: ATC, en cambio, hizo una cobertura maratónica, épica y en vivo de cuatro días en defensa de la democracia.
No solo eso: la forma en la que el canal fue narrado desde revistas y diarios no siempre fue inocente. Especialmente en momentos sísmicos para la industria de los medios como la privatización de los canales a comienzos de los 90 y el inicio de los holdings: por esos días, con la inestimable ayuda de las gestiones oscuras de los interventores de turno, las revistas describían un circo decadente y sin rumbo. Casualmente, el canal era una competencia para sus flamantes socios audiovisuales.
 
Venía estudiando y trabajando en cuestiones vinculadas con los medios públicos cuando la trama del canal me abdujo: fue concretamente el día en que conocí el edificio y vi entrar bebés en sus cochecitos. cochecitos. Cuando pregunté el motivo, me contaron que adentro funcionaba un jardín de infantes para los hijos y las hijas de los empleados. Tuve la sensación de que ese lugar algo oculto y problemático encerraba una historia de los medios, del país y también del Estado. Empecé entonces mi investigación. El archivo audiovisual y el archivo estatal están especialmente dispersos e incompletos.

Para este libro revisé actas de directorio de Canal 7 del primer año de la dictadura de 1955, las de ATC entre 1979 y 1983 y las más recientes después de establecida Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado. En los archivos públicos -especialmente el Archivo General de la Nación, el Archivo de la Memoria, el área de Archivos y Colecciones particulares de la Biblioteca Nacional y la Biblioteca del Congreso de la Nación- y privados –colecciones de artistas, funcionarios o trabajadores que pasaron por el canal- encontré indicios del vínculo que cada gobierno, por acción u omisión, quiso entablar con su canal: desde informes de gestión o proyectos de ley hasta circulares confidenciales con informes de inteligencia sobre las autoridades designadas o una guía útil sobre qué programas y temáticas eran aceptables y cuáles no.

Realicé más de ciento cincuenta entrevistas a funcionarios, trabajadores, artistas, periodistas, personas que estuvieron unos meses o cuarenta años y que fueron aportando miradas, recuerdos y opiniones. Fueron un punto de partida y, a veces, ante la falta de un archivo televisivo completo y ordenado y las complejidades de encontrar documentación en una institución tan sinuosa, de llegada.

Para algunos períodos, la revisión de diarios y revistas fue la única manera de reconstruir las líneas internas que confrontaban por el destino del canal, así como el constante acompañamiento de las enciclopedias que se dedicaron a la titánica tarea de contar y analizar las grillas de la televisión argentina desde sus inicios, especialmente Estamos en el aire, escrita por Carlos Ulanovsky, Silvia Itkin y Pablo Sirvén, el resto de los libros de historia de medios de Ulanovsky y_Sirvén y los tomos de La magia de la televisión, a cargo de Jorge Nielsen. Del mismo modo, De la concentración a la convergencia, de Martín Becerra, y Mucho ruido y pocas leyes, editado por Guillermo Mastrini, junto con otros libros y artículos de los investigadores sobre estructura de propiedad y la intervención que los estados hacen y deshacen a la hora de regularla, fueron indispensables para situar las problemáticas del medio estatal en el contexto de un ecosistema privado concentrado. Televisión criolla, de Mirta Varela, me aportó una mirada lúcida y documentada sobre las primeras décadas de un electrodoméstico que ingresó en la vida cotidiana de las personas.Canal Siete, medio siglo perdido, que el periodista Leonardo Mindez publicó en 2001, fue una referencia sobre el cruce entre regulación y desarrollo del canal, a la vez que una lectura atenta a su dificultad para sostener un proyecto independiente en el tiempo. Otras investigaciones, consignadas en la bibliografía de este libro, fueron, también, fundamentales.

Eso se complementó con horas y horas de programas de televisión en las que aproveché la existencia del reciente Archivo Histórico de Radio y Televisión Argentina, de otras fuentes públicas y privadas y, obviamente, de YouTube.

Los empleados están agremiados principalmente en cuatro sindicatos: SAT (Sindicato Argentino de Televisión), SiPreBa (Sindicato de Prensa de Buenos Aires), SAL (Sociedad Argentina de Locutores) y APJ (Asociación de Personal Jerárquico), creado en 1988 y solo presente en Canal 7. Apenas en algunas situaciones especialmente críticas estos gremios caminaron juntos. No hay entrevistado –ni de parte de "la gestión" ni de los empleados- que no haya hecho mención al poder sindical en el canal y, en menor medida, a las peleas cotidianas entre los mismos sindicatos, especialmente el SAT y SiPreBa (que hoy agrupa a la mayor parte de los periodistas). Los más antiguos ya vieron pasar unos ocho recambios de gobierno, que se multiplican como panes y peces adentro de las cuatro paredes de Tagle: con la excepción del segundo gobierno de Cristina Kirchner, no hubo en la historia del canal un director ejecutivo que abarcara un mandato presidencial completo. Los trabajadores saben que, más allá de su entusiasmo y sus promesas, las autoridades están de paso.

Y a veces hasta lo dicen:
-¿Sabés a cuántos como vos vi pasar? -repiten ex gerentes, ex directores, ex asesores la frase que les han dicho y que suele funcionar como un cross a la mandíbula para bajar el copete inaugural.

La dinámica es muy propia del canal y de su naturaleza estatal. Es, además, el argumento implícito que subyace en las descripciones esperpénticas que se hace de Canal 7 desde la prensa privada y que suele acompañarse de la filtración de sueldos y la descripción de formas de trabajo muchas veces obsoletas definidas por viejos convenios que en el canal estatal se cumplen más que en ningún otro lado: las más habitualmente señaladas como inadmisibles por las autoridades son la cantidad de gente indispensable para conformar un móvil de exteriores, la inflexibilidad en la definición de tareas, la participación de los gremios en decisiones que creen que no les corresponden o la obligatoriedad de contar en la producción con recursos humanos cuyas tareas ya quedaron vetustas frente a cambios tecnológicos. Los trabajadores, por lo general y más allá de que la pelea toca bordes hostiles, interpretan con orgullo la frustración de los dirigentes transitorios: gracias a ellos, no pueden hacer lo que quieren.

Cuando las flamantes autoridades idealizan a medios públicos europeos no explican con precisión qué los convierte en instituciones a imitar. Tampoco señalan las crisis que todas esas grandes casas, hijas de los estados de bienestar, atraviesan en sus respectivos países, sumado a las críticas por sesgos y por presupuestos que tienen temporadas altas y desafiantes. Mucho menos abordan en profundidad los mecanismos que tienen estos medios –que no son solo canales de televisión- para brindar ciertas garantías de independencia gubernamental, que de ninguna manera es infalible.

En el caso de la BBC, su gobernanza, la elección de sus directivos y contralores y su forma de rendir cuentas es un tema cambiante, polémico, complejo, que cada tanto vuelve a convertirse en una discusión convocante incluso para la ciudadanía, que paga anualmente una licencia destinada a su manutención.

En Argentina, el pico de esa discusión fue la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que le dedicó artículos a crear una organización que tomara decisiones sobre los medios de gestión estatal con representación de las minorías del congreso, toda una innovación en una historia netamente definida por el Ejecutivo.

Sin embargo, la creación de Radio y Televisión Argentina y la participación de las minorías parlamentarias en el directorio coincidió con uno de los momentos de mayor compromiso y fervor oficialista de la pantalla en la historia democrática. Paradojas de las instituciones en Argentina: el gobierno de Mauricio Macri asumió repitiendo un discurso que bregaba por un mayor pluralismo en los medios estatales, al mismo tiempo que por decreto creó otra dependencia, con rango ministerial y línea directa con el Ejecutivo, para estar por encima de RTA. Institucionalmente, los medios de gestión estatal quedaron más gubernamentales que antes.

Más allá del patrón oro que embellece, vistos desde el Hemisferio Sur, a los medios públicos de las democracias liberales, hay muchas formas de ser un medio público y no solo la que está definida en ese modelo comunicacional. Lo público, como dice Nora Rabotnikof, que se ha dedicado a descifrar las múltiples ideas a su alrededor, también puede ser interpretado como lo que es para todos -lo que llega a todos- o lo que es visible para todos. Pero sobre Canal 7 pesa una sombra de enigma que se convierte con demasiada facilidad en un manto de sospecha. Al punto tal que cuando un mail anónimo enviado a la presidenta de RTA denuncia el retiro de grandes sumas de dinero en efectivo -luego se sabrá que fueron 11 millones de pesos- para una producción en curso, la noticia, denunciada por la misma autoridad a la que le llegó la información y cubierta con frenesí por los medios privados, pareció asimilarse rápidamente a una historia de negocios espurios que cuenta con algunos hits, como la autocontratación de un interventor que terminó procesado (y luego sobreseído), las contrataciones directas injustificadas y tantos otros etcéteras. Si el sesgo extra comete una injusticia cuando da a entender que de Canal 7 solo podemos esperar ese tipo de sobresaltos, la opacidad es una cualidad histórica con la que carga la TV Pública.

En el sitio web de RTA aparecen las compras y contrataciones pero no hay información sobre su presupuesto, escalas salariales, declaraciones juradas de funcionarios y otros elementos que evalúa la Agencia de Acceso a la Información Pública. Los concursos para los nuevos ingresos tampoco se difunden apropiadamente. Y sus actas de directorio son unos libros que podrían estar parcial o totalmente online pero parecen guardados bajo siete llaves. Para esta investigación, se realizaron reiterados pedidos oficiales para poder leerlas entre 2018 y 2019 que nunca fueron respondidos. En 2021, un último intento logró el objetivo.

Hacer una televisión pública a la vista de todos es, también, una cuenta pendiente.

Dos jóvenes se sacan una selfie en Figueroa Alcorta y Tagle y buscan el mejor ángulo. De fondo están los cuatro cubos que componen el edificio de la TV Pública. Construido en tiempo récord para el Mundial 78, cuenta con un detalle arquitectónico central: el plano inclinado que hace converger el edificio con la calle y que originalmente era el ingreso a una plaza pública, con un anfiteatro, al que asistían adultos y niños porteños. Pero las filtraciones de agua, entre otras cosas, convirtieron a esa terraza en un dolor de cabeza. Desde su inauguración, lleva más tiempo clausurada que abierta, como una mancha gigante de hormigón privada del uso público imaginado. La chica advierte que en su selfie está por salir el edificio.

-¡Esto no, que es una ruina!- dice, antes de girar el teléfono. Los escucha una mujer que trabaja como peluquera en el lugar hace 40 años. Les dice: "Este edificio no es una ruina, ¡debería ser un orgullo!". Pero la pareja no se conmueve.

Con tristeza, la peinadora que domó las cabelleras de Raúl Alfonsín, Carlos Balá y Sandro, que transita la "Avenida del trabajo", como se llama puertas adentro del edificio al enorme pasillo del que se ramifican talleres de escenografía, carpintería, utilería, estudios, paralela a la "Avenida Yankelevich", el pasillo principal y más ambientado con memorabilia, y a "Florida", donde están las oficinas; una mujer que no dudó en abrazar al edificio cuando el rumor de la privatización pasó de nutrir charlas de despachos a redactarse en un decreto, y que considera al canal su segundo hogar constata uno de los talones de Aquiles de ese monumento enigmático plantado en la zona más cara de la Capital Federal, del primer canal de la Argentina que acumula nombres, directivos y programas: la falta de apego del público con la institución.

No es un tema menor: el panorama concentrado de los medios convive con una producción que tiende a condensarse en cuatro o cinco plataformas transnacionales. Los medios públicos en todo el mundo están discutiendo -y la pandemia reflotó el debate- cuál es su valor, cuál es su distintivo y cuál puede ser el potencial de la intervención estatal en eso que vemos para informarnos, educarnos y entretenernos, en el living de nuestras casas o en los celulares.

Después de 70 años de historia, Canal 7, con su doble naturaleza a cuestas, enfrenta también ese desafío de cara al futuro: el desafío por su relevancia.

Bio de la autora
Periodista, nació en 1982. Comenzó su carrera en las redacciones de las revistas Para ti y TXT, luego por el suplemento "Radar", de Página/12 y el diario Perfil.
 
Fue productora de proyectos digitales de Canal Encuentro y escribió y sigue colaborando con distintos medios como Rolling Stone, La Nación, Anfibia y elDiarioAR, entre otros.

Forma parte del equipo de investigación del programa "Industrias culturales, medios y políticas de comunicación en la convergencia" de la Universidad Nacional de Quilmes.
 
Es la coordinadora nacional por Argentina de Input, una red mundial de televisiones públicas.
Foto: Paula Salischiker / Editorial Planeta
Fuentes: Agencia TelAm, Editorial Planeta

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