lunes, 26 de febrero de 2007
El Grupo Clarín envía directivos a España para estudiar su entrada en el periódico “de izquierdas”, competencia de El País
El máximo dirigente de la productora Mediapro, Jaume Roures, continúa buscando financiación para su proyecto periodístico: un diario nacional de centro izquierda, que haga competencia a El País. Su salida al mercado no es inmediata, pero se siguen produciendo conversaciones con empresarios y directivos, españoles y extranjeros.
Según ha podido saber El Confidencial Digital por fuentes cercanas al proyecto, una delegación del Clarín –el grupo de medios de comunicación líder en Argentina y uno de los principales de habla hispana con casi 8.000 empleados- se encontró semanas atrás con los promotores de ‘El Público’, nombre provisional del nuevo diario nacional de pago que se está gestando alrededor de uno de los grandes accionistas de La Sexta.
Por cierto que está prácticamente descartado en estos momentos el concurso en este proyecto de otros socios del canal que dirige José Miguel Contreras. Roures no ha convencido a ningún accionista de referencia de La Sexta para que le acompañe. Eso sí. Las mismas fuentes consultadas por ECD confirman que Roures se sigue entrevistando estos días con empresarios españoles a la búsqueda de financiación.
Otro dato plenamente confirmado es la orientación ideológica que tendría el nuevo periódico si logra ver finalmente la luz. Quienes han conocido las directrices marcadas por sus promotores son taxativos: “Sería un diario más claramente de izquierdas que El País y quiere evitar precisamente la nebulosa definición que tiene actualmente el diario de Jesús Polanco”. El objetivo sería, por tanto, robarle lectores a la cabecera del Grupo Prisa que, en estos momentos, apenas cuenta con rivales que le disputen ese espectro de audiencia.
Sin embargo, Jaume Roures sigue llevando muy mal que alguien sostenga que su proyecto lo apoya personalmente el presidente del Gobierno. Asegura que sólo ha visto a José Luis Rodríguez Zapatero una vez en su vida y que el inquilino de La Moncloa no tiene ninguna relación con el nuevo periódico que está preparando.
ECD ha intentado ponerse en contacto con el máximo directivo de Mediapro para aclarar un poco más este punto, pero Jaume Roures no ha atendido a las llamadas.
Una mirada sobre la labor de Nelson Castro al frente del correo de lectores de Perfil
Hola DsD:
Desconozco lo que hoy publicarán en Zona Dura. Sólo les escribo para relatarle mi experiencia personal con el Dr. Nelson Castro. Escribí varias veces citando errores u omisiones en algunas cosas que publicó el dominical. Nunca tuve, cosa que si ocurrió en otros medios, la opinión del Ombudsman. El “Gracias Claudio por tu carta” es la respuesta automática de cada final de carta publicada. Es triste el papel que desarrolla en esa doble página. Sus críticas a acciones de Perfil aparecen escondidas en medio de otros textos. Si uno toma otros diarios del mundo podrá ver que el trabajo del "Defensor del lector" es más intenso y con mayor involucramiento. No veo a José Miguel Larraya, defensor del El País, siendo la cara de una campaña creada en pos de sostener un medio privado.
Mis cordiales saludos
Claudio Andrés De Luca
Rosario, Argentina 18/01/07
Así empieza este trabajo: Cuáles fueron los principales mensajes de los lectores al dominical Perfil. Cómo reaccionó Nelson Castro. Por qué tardó varios meses en calificar su tarea como la de “ombudsman”. Qué ocurrió en un encuentro entre editores del periódico, lectores y colegas de otros medios. Estas y otras cuestiones aborda el trabajo que hoy presenta DsD. En su primera versión de 1998, Perfil se convirtió en el primer diario argentino en tener un “Ombudsman” con columna propia. Qué diferencias presenta con la labor que desarrolla hoy Castro...
domingo, 25 de febrero de 2007
Mandíbula de cristal
Diario: El País, España
El periodismo encaja mal las críticas. Tiene, como algunos buenos boxeadores, la mandíbula de cristal. Y por eso se protege. Los que tanto opinan, analizan, matizan, critican, reprueban, alaban y juzgan a los demás lo hacen, a veces, con faltas de ortografía. Y llegan los lectores, apasionados o no, y preguntan: ¿qué explicación tiene que este problema no se haya resuelto o, al menos, paliado cuando viene siendo criticado desde hace años, Defensor del Lector tras Defensor del Lector? ¿Cómo es posible tanta incuria, tanta dejadez y tanto descuido, tanta indiferencia, en suma?
Digo esto porque me lo escriben los lectores, porque la queja más reiterada que se recibe en el Defensor del Lector sigue siendo la relativa a la cantidad de errores, erratas o faltas de ortografía que aparecen en el diario. La relación de lectores que en estos meses han hecho llegar sus quejas sería larga, y los ejemplos, muy variados. Confieso que es un tema incómodo para cualquier periodista que admita que el idioma es nuestra principal herramienta de trabajo. Y lo malo es que el problema se acepta con una cierta, aunque incómoda, resignación. Como si fuera inevitable. Algo así como los accidentes de tráfico.
Recojo arbitrariamente algunos nombres de lectores que han hecho llegar sus quejas: Francisco Javier Álvarez García, con más de quince años de correspondencia con distintos defensores del lector; Fernando Corbalán, profesor de matemáticas y divulgador, que escribió sobre los errores que aparecen en gráficos, estadísticas y porcentajes. Una relación, en fin, descuidada con las cifras y los números.
El tono de las críticas no siempre es mesurado, pero tal vez la carta de Ricardo Génova resume el espíritu de la mayoría: "El motivo de mi correo es transmitirle mi malestar ante las continuas faltas de ortografía que se cometen en EL PAÍS desde hace algún tiempo. Creo recordar que hace un tiempo esto no ocurría, pero tengo que decir que últimamente se hace complicado leer un artículo sin encontrarse, además de con numerosos errores tipográficos, con inconcebibles faltas de ortografía".
"Creo que este tipo de errores son inaceptables y le restan calidad al diario. Además, creo que con los correctores lingüísticos de que disponen las aplicaciones informáticas actuales son fácilmente subsanables, lo que no exime a los redactores de la obligación de tener un mayor conocimiento de la ortografía de nuestra lengua y, por lo tanto, de no cometer estos errores".
El problema de los errores y las erratas es obviamente mayor en las primeras ediciones. En las siguientes se van corrigiendo. Y son los lectores de esas ediciones -Europa y Nacional- los que más quejas presentan.
Pero la pregunta que formulan los lectores sigue sin ser respondida. ¿Es éste un problema que no tiene solución? ¿Qué medidas se toman para paliar el problema?
El Defensor ha hecho una pequeña encuesta entre redactores, editores y correctores en busca de respuestas y lo que ha encontrado básicamente han sido explicaciones o, sencillamente, excusas. Pero también alguna sospecha y una duda. ¿Está descendiendo el nivel de formación de los periodistas, pese a haberse elevado a rango universitario los estudios de periodismo? ¿Podemos los periodistas, los periódicos, prescindir de los correctores?
La primera y obvia explicación y, posiblemente, única excusa para este problema es la urgencia. Se escribe deprisa, al límite del cierre de la edición. Los nuevos sistemas informáticos permiten al periodista apurar al máximo los plazos de entrega de sus textos. Esta costumbre, no siempre justificada y que a veces lo único que esconde es una deficiente organización del trabajo, propicia que se escriba con más erratas y errores.
Los nuevos sistemas informáticos cuentan con correctores lingüísticos y cualquier redactor puede, en pocos minutos, someter su texto a prueba. Pero, evidentemente, ningún sistema automático garantiza la limpieza del texto. Corrige los errores de bulto, ofrece alternativas, pero exige un poco de atención. Jamás distinguirá entre "sabia", "savia" y "sabía" y deberá ser el periodista el que tome la decisión.
¿Podemos los periodistas vivir sin correctores profesionales, esa red de seguridad que cada día se hace menos tupida, ese gremio que parece condenado a la extinción?
La respuesta empresarial es que los periodistas deben ser correctores, que es inaceptable que un profesional cualificado pida auxilio para que alguien limpie su trabajo u oculte sus carencias.
Este Defensor tiene dudas. La existencia de una sección de corrección no exime a los redactores de la obligación de tener un mayor y mejor conocimiento del idioma; no puede ser ni excusa ni coartada para la negligencia profesional que supone escribir con faltas. Los periodistas debemos asumir nuestras obligaciones y aceptar que se nos exijan responsabilidades. Lo que está en juego es la calidad del periodismo, la calidad del diario, una condición esencial para competir con otros medios, no sólo escritos. Los correctores han sido y son una garantía de que el talento que puedan contener las páginas del diario no se vea empañado por erratas y errores. Los que tenemos que corregir el problema somos los periodistas y la única solución, en mi opinión, es la disciplina que en este país siempre se ha tomado más como un castigo que como una virtud.
jueves, 22 de febrero de 2007
Otro diario allá y a la espera del gratuito acá!!!
En un contexto donde lentamente la prensa gráfica cada día pierde más terreno frente a la expansión de Internet, al punto que los principales diarios del mundo ensayan nuevas estrategias de supervivencia, Chiche Gelblung parece dispuesto a recorrer el camino inverso y por eso apostará a trasladar al medio impreso su más reciente creación: el portal minutouno.com
Dueño de una experiencia profesional que lo pone entre los top del negocio, Samuel Gelblung a veces se queja micrófono en mano porque la mitad de los colegas critican su predilección por temas superficiales, pero se contenta cuando, en forma casi unánime, recibe el reconocimiento de la mayoría por su habilidad para convertir el debate de cuestiones domésticas en varios puntos de ráting en
El nuevo emprendimiento que demandará una inversión bastante superior a la que requiere un portal en la red, estaría sponsoreado por inversores vinculados al Grupo Bemberg, aquel que supo explotar durante varias décadas las principales marcas de cerveza del mercado local, antes de venderlas a manos brasileñas y financiarían el proyecto destinado a poner en la calle un diario impreso, con el mismo nombre de su padre, el diario virtual y que, contra viento y marea, será de distribución gratuita. Sin embargo el exacto origen de los inversores se mantiene bajo siete llaves.
El desafío tiene sus bemoles considerando que desde la crisis del 2001 se conocieron varios diarios de distribución gratuita tales como Metro, El Diario de Bolsillo y
Un ex
Gelblung confía tanto en anclar su nuevo producto en un mercado cada vez más pequeño y por ende más competitivo, que no dudó en asegurarle a Fernando Niembro por Fox Sports que su garantía de éxito era él mismo. Para muestra en minutouno.com ofrece una sección denominada “Mundo Chiche”, donde opina tanto sobre la incapacidad de los políticos para comunicarse como del abandono-olvido de los chicos por sus padres, comparándolos con la suerte de aquel actor-niño prodigio Macaulay Culkin, de la célebre zaga “Mi Pobre Angelito”.
El diario virtual minutouno.com cuyo slogan sostiene “24 horas sin límites”, exhibe como principal anunciante al Banco de Galicia y seguramente apuntará a ofrecer el combo con el futuro diario impreso para potenciar la venta de espacios publicitarios, una modalidad que ha llevado a marcas históricas en el mercado mundial de diarios a armar joint ventures con los principales buscadores de Internet para la captación de avisos.
Sus principales competidores, pero con un target distinto son el portal perfil.com que también se puede leer en papel impreso los domingos, con una constelación de periodistas donde se incluyen Jorge Lanata, Pepe Eliaschev y Nelson Castro, entre otros; Infobae que ofrece grabaciones de Radio 10 y videos de Canal 9 y 26 Noticias.com que también permite ver videos del canal de cable.
Lejos de los temas político-ideológicos y más cerca de Gran Hermano, Gelblung también confesó que su site ha contabilizado la mayoría de visitantes interesados en la trama de la casa de los nominados, un ciclo que hasta ahora se sabía que daba de comer no solo a la productora Endemol, sino también a todos los espacios de TV de aire y Cable que actuando casi como repetidoras, buscan mordisquear un poco de su alto ráting debatiendo escenas o intercambio de vulgaridades entre sus protagonistas.
En un año donde los rumores de venta del principal multimedios argentino vuelven a arreciar, Hadad ultima el lanzamiento de su canal de noticias por
* "La Tribuna" es una marca en la prensa local. Fundado en 1928 el vespertino respondía -como era común en la época- al Partido Demócrata Progresista. El diario de las policiales, burros y quinielas en l os´80 cerró. Luego la marca fue comprada y se relanzó como semanario, en esta etapa pasó por varios dueños, entre otros Evaristo Monti y la marca la compra Orlando Vignatti, fundador del ciudadano y actual director de La Capital.
Pd. Alguien sabe donde quedó la placa, gigante de bronce, que el maestro Julio Vanzo le realizó al diario?
La queré toda Ernestina!
Luego Laura Ubfal en su blog escribió: Según alguna información que circula en el mundo de la televisión paga, sólo quedaría fuera del grupo Multicanal (Clarín) un pequeño grupo de cableoperadores independientes trabajando en el país.
Primero Daniel Vila habría vendido su grupo operador (Supercanal) y ahora se habla de que también Alberto Pierri, habrían cerrado su negociación con Clarín.
El Grupo TeleCentro tiene una fuerte presencia en el negocio de televisión por cable y es el tercer operador de telefonía pública del país, con una red de mil locutorios. Su estación de transmisión está ubicada en San Justo y es lindera con la planta de Papelera Tucumán; ambas empresas son propiedad de Alberto Pierri.Su pantalla es la de Canal 26.
Por otra parte, se espera la fusión final de Multicanal con Cablevisión y,mientras tanto, ya hay negociaciones importantes para todo el enorme grupo con proveedores de señales como los de HBO (Cinemax, Sony, Warner, etc) que están cerradas y otras en proceso,como las de Laptv (Cinecanal, The Film Zone, etc).
miércoles, 21 de febrero de 2007
Hola! trabajador precarizado responde...
Esta semana en Rosario dos trabajadores de APEX América fueron despedidos después de hacerles la vida imposible. Se trata de Antonio Cicotti, delegado gremial al cual la empresa le inició un juicio y Aníbal Pérez, empleado también despedido, se encadenaron la tarde del lunes frente al ingreso a la empresa pidiendo su reincorporación. "Donde hoy trabajan 650 personas solo quedarán 50", decían los volantes que repartieron. APEX los anotó en la Asociación Empleados de Comercio y no en el gremio de Foetra, donde ganarían menos. En el final de este post verás que la cosa no solo es así en nuestra ciudad en Córdoba también se consigue.La semana pasada Federico Fernández Reigosa publicaba en Indymedia Rosario:
SE SUMAN DENUNCIAS CONTRA APEX AMÉRICA
POLICIA EMPRESARIAL: ASUNTOS MUY INTERNOS
* En razón de entender que el personal NO IDENTIFICADO apostado en APEX revista en la fuerza policial, delegados gremiales hemos denunciado esta grave irregularidad ante la Sección Especial de Asuntos Internos de la Policía de la Provincia de Santa Fe, siendo registrada bajo sumario 345/06 en el Juzgado Correccional de la 3ra. Nominación a cargo del Dr. Horacio Benvenutto mediante P.P. 2704, en fecha 19/12/06.
LIBERTADES SINDICALES
* El pasado martes 16, invitados por Carlos del Frade, los delegados Federico Fernández Reigosa, Luis Fernández y Regina Calcagno, tuvieron oportunidad de referirse en el programa SOBRE LA HORA , emitido por FM TL 105.5 a las condiciones laborales dentro de APEX. En dicha ocasión, señalaron con preocupación el clima de persecución que se vive dentro de la empresa, con personal armado, obstrucción de la labor dentro de la empresa del Consejo Directivo de la Asociación Empleados de Comercio, intentos de penalizar la legítima actividad sindical mediante juicios de exclusión de tutela sindical a delegados gremiales, etc. Durante la entrevista, los delegados pusieron énfasis en la necesidad por parte del poder político de ejecutar las acciones necesarias con el fin de asegurar el ejercicio de los derechos laborales y libertades sindicales. A la par, subrayaron también la necesidad por parte de las autoridades competentes, de supeditar la concesión de cualquier facilidad impositiva a APEX al establecimiento de condiciones dignas de trabajo, con pleno goce de los derechos laborales y remuneración digna acorde a la labor realizada. Esto se inserta en una campaña destinada a dar a conocer las condiciones que se viven en nuestro ámbito de trabajo...
EN LOS MEDIOS: DENUNCIAN ACOSO
* Tan pronto llegó la notificación de nuestra organización sindical de que se convocaría a una reunión informativa dentro de la empresa, la Gerencia impidió el ejercicio de este derecho amparado por la legislación vigente. Entendemos que la violación por parte de APEX de libertades sindicales consagradas por leyes argentinas y normativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), al venir de la mano del establecimiento de una custodia armada permanente y sin la identificación reglamentaria, supone una vía para amedrentar a aquellos que deseen ejercer su derecho a la participación en la "organización sindical libre y democrática" establecido por el art. 14 bis de nuestra Constitución. Por tanto, los delegados hemos realizado las gestiones correspondientes ante la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia , donde hemos radicado la denuncia de lo sucedido a fin de que ésta tome cartas en el asunto.
Federico Fernández Reigosa
freigosa@gmail.com
Delegado Gremial Mercantil - APEX AMERICA
En Córdoba, capital nacional de los Call Centers, Iñigo Biain publica en su Diario de Infonegocios:
"La historia es así: Telecom necesita gente para atender a sus clientes pero si los contrata directamente entrarían al gremio Telefónico y costarían el doble; entonces decide tercerizar parte de su call center en Siemens que a su vez alquila oficinas en el Centro Comercial Libertad de Rodríguez del Busto; pero como esta empresa alemana no quiere cargar con más personal en su nómina contrata a Manpower para que todo el personal dependa de esta empresa aunque se encuadran dentro del convenio de la UOM. ¿Te quedó claro? Ah… en ese call "subterráneo" ya trabajan unos 700 empleados."
Foto: Indymedia Rosario
Escribió Gran Hermano (el tuyo!)
El domingo en la contratapa del frívolo diario Perfil el director propietario Jorge Fontevecchia le daba casi una despedida a uno de los accionistas principales del diario, junto con Ernestina Herrera de Noble, Héctor Magnetto: "Pero lo que no es una conjetura es que la salud de Héctor Magnetto, el dínamo y conductor de Clarín, ha vuelto a empeorar y ya pocos consideran probable que pueda volver a sus funciones plenamente"Hoy en el correo de lectores el "48" responde:
Clarín invierte para seguir creciendo sostenidamente*
La semana pasada regresé a Buenos Aires y me reintegré a mi oficina en Clarín, tras un viaje al exterior en el cual combiné mi período de descanso con un tratamiento médico. Allí me realizaron una operación planificada, que se llevó a cabo satisfactoriamente. Tras el período de recuperación recibí el alta y retorné al país. Como efecto asociado, la intervención realizada produce una afectación en la dicción, situación que no altera, en modo alguno, mi tarea al frente del Grupo Clarín.
Durante mi corta estadía en el exterior, he seguido paso a paso tanto la gestión cotidiana como las cuestiones estratégicas que hacen al desarrollo del Grupo, que apunta a seguir creciendo sustentablemente tanto puertas adentro de la Argentina como más allá de sus fronteras.
Los cuatro accionistas mayoritarios (Sra. Ernestina Herrera de Noble, Sr. José Antonio Aranda, Sr. Lucio Rafael Pagliaro y yo mismo) estamos comprometidos con este proyecto.
Lideramos una compañía argentina que, tras superar una de las peores crisis económicas del país, vuelve a ser reconocida como uno de los principales grupos de medios de comunicación de habla hispana. Y a ser valorada como alternativa de inversión por prestigiosas firmas internacionales.
Acabamos de realizar importantes inversiones en nuestros medios gráficos y audiovisuales, fortaleciendo su oferta de contenidos. Nos proyectamos en el escenario de la convergencia tecnológica. Asumimos nuevos emprendimientos que aumentan la participación nacional en el sector, como la edición de libros y revistas o el desarrollo del mercado regional de cable e Internet, buscando expandir la digitalización y la banda ancha.
Nuestra esencia está garantizada por la titularidad de la mayoría del capital en cabeza de los accionistas tradicionales, la conducción gerencial, la línea editorial y, sobre todo, por los valores que nos guían desde hace 62 años: independencia económica y periodística, credibilidad, pluralismo, calidad profesional, vocación de crecimiento, identidad argentina y cercanía con la gente.
Ya en el día a día de mi trabajo, también quiero aprovechar estas líneas para agradecer a todos los que me han hecho llegar su apoyo y afecto personal.
Héctor Horacio Magnetto
CEO DEL GRUPO CLARIN
Un cuento del Negro...
19 de diciembre de 1971
Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Casale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo, ahora es fácil. Pero habla que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.
Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen con que son... ¿qué son?... moralistas... ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos días, hennano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de los maleficios.
—Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final. Porque si bien era una semifinal, el que ganaba después venía a jugar a Rosario y le rompía el culo a cualquiera. Fuera Central como Ñul, acá le hacía la fiesta a cualquiera. ¡Y cómo estaban los lepra! ¡Eso, eso tendrían que acordarse ahora los que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale! ¿No se acuerdan esos turros cómo estaban los lepra? ¿No se acuerdan ahora, mi viejo? Había que aguantarlos porque se corrían una fija, pero una fija se corrían, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta. No que sólo nos iban a hacer la colita sino que además nos iban a meter cinco, en el Monumental y para latelevisión. ¡Pero por qué no se van a la concha de su madre! ¡Qué mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! ¡Así se la comieron doblada! ¡Qué pija que tienen desde ese día y no se la pueden sacar!
Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el corazón, que tenían un equipazo, pero un equipazo, de padre y señor mío.
Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti ¡Dios querido, el Mono Obberti, qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil. ¡Montes! Montes de cinco; Santamaría el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder. ¿Y qué? ¿Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí, hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo ¿viste? tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mirá vos, que si no... te aseguro que me confesaba y todo si servía para algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuestión de las brujerías, de la ruda macho, de enterrar un sapo detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con camiseta de Ñubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de ésos de “Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato”. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale, pero yo le decía que sí para no desilusionarla a la vieja.
Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, qué sé yo, cosas muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las cábalas personales. Porque me acuerdo que estábamos en el boliche de Pedro y veníamos hablando de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del Dani porque era el auto con el que habíamos ido una vez a
Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad, mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver nunca más acá. Íbamos a perecer esos refugiados camboyanos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el “Ciudad de Rosario” y por acá, por el Paraná, nos teníamos que ir todos, millones de canallas, no sé, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero acá no se iba a poder vivir nunca más con la cargada de los leprosos putos, mí viejo. Ya el Miguelito había dicho bien claro que él se la daba, que si perdíamos agarraba un bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho más porque es loco el Miguelito, así que había que creerle. O hacerse puto, no sé quién había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca más a la casa. Pero, te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la palabra “derrota”.
Era como cuando se habla del cáncer, hermano. Vos ves que por ahí te dicen “la papa”, o “tiene otra cosa”, “algo malo”, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Casale era el viejo del Cabezón Casale, un pibe que siempre venía al boliche y que durante años vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte, a Salta creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que él nunca, pero nunca, lo había visto perder a Central contra Ñul. Me acuerdo que nos había impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas, “¿Cómo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a Central contra Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha”. Porque, oíme alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayás a. los clásicos. Y ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explicó. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, qué sé yo, una serie de casualidades que hicieron que en un montón de partidos con Ñul él no pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por Misiones —el viejo era comisionista—; que ese día se había torcido un tobillo y no podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, qué sé yo, en fin, la verdad, hermano— que el viejo la posta posta era que nunca le había tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevás es número puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Casale era uno de éstos, de los ojetudos.
Entonces ahí nos dijimos “Este viejo tiene que estar en el Monumental contra Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar”... Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarró como la duda viste? porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo más, desde que el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de él no lo habíamos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los tenía por debajo de las patas.
Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos “vamos a la casa del viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado”. Porque también podía ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qué sé yo. Nosotros ya habíamos pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo tenía que ir, era una bandera, un cheque al portador.
La cuestión es que vamos a la casa y... ¿a qué no sabés con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el médico le había prohibido terminantemente ir a la cancha, mirá vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no sé qué partido, en un partido de mierda después que una pelota pegó en un palo, que había estado muerto como media hora y lo habían salvado entre los indios con respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha desde hacía ya, mirá lo que te digo, dos años.
¡Hacía dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era sólo que él no quería ir sino que el médico y, por supuesto, la familia, le tenían terminantemente prohibido ir, lógicamente. No sé si no le prohibían incluso escuchar los partidos por radio, no sé si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido andaba. Vos le hacías ¡Uh! en la cara y el viejo partía. ¡Para qué! Te imaginás nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle “Pero mire, don Casale, usted tiene que estar, es una cita de honor. ¡Qué va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kilómetro! Vamos, don Casale —me acuerdo que lo jodía Miguelito— ¿cuántos polvos se echa por día? usted está hecho un toro”. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no.
Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenía un equipo de mierda y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres a cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenía que ganar Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No sé, no sé la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que querían saber qué carajo queríamos decirle nosotros al vicio en esa reunión, porque medio que ya se sospechaban que nosotros no íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que ni siquiera sabía si iba a poder resistir la tensión de saber que se jugaba el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no era, y sabía cómo venía la mano, cómo era la cosa, cómo formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo más. “Ese día —nos dijo— bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los ómnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un hermano mío que vive en Villa Diego”. No quería escuchar ni los bocinazos el viejo. “Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un sorete el fútbol, y me paso el día ahí, sin escuchar radio ni nada”. Porque el viejo decía y tenla razón, que si se quedaba en la casa, por más que se encerrara en un ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que tenía, para borrarse del asunto.
Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que la cosa venía muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía del campo y él se acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma tía le había venido el día antes. Era un presagio funesto el de la tía.
Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y después se iba a armar un quilombo que íbamos a terminar todos en cana y que, además, eso sería casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un exagerado y más que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos bien decididos y más que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabés, los médicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y además, como decía el Miguelito y eso era cierto, vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta años no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo más bien. Caminaba, hablaba, se sentaba, qué sé yo, se movía. ¡Chupaba! Porque a nosotros nos convidó con Cinzano y el viejo se mandó su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita se mandó. La cosa es que el Miguelito elaboró una teoría que te digo, aún hoy, no me parece descabellada. ¡El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la vida de Dios. Con el sover del bobo no ponía el lomo, lo atendían a cuerpo de rey y —la tenía a la vieja y a la hermana del Cabezón pendientes de él —viviendo como un bacan, el viejo. Y... ¿de qué se privaba? De algún faso; que no sé si no fasearía escondido; y de no ir a—la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvió todo.
El Colorado nos habló de los grandes ideales, de nuestra misión frente a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados, que habíamos tenido lo nuestro y que, de últimas, teníamos experiencias en malos ratos y fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de Central, ésos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en público. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.
Yo me acuerdo cuándo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldi, que todavía se estará gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrevía a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste cómo descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que decía el Colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo, mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos futbolistas, está también el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y... ¡a la mierda! ... de ahí en más todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener Ñul, los pibes piensan “Yo no puedo ser hincha de esta villa miseria” y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son más materialistas, yo no sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.
Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Casale, o sino aguantarse que quince, veinte años depués, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de lepra sos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabés lo que sería? Beirut sería un poroto al lado de esto, hermano te juro.
El que organizó la “Operación Eichmann”, como lo llamamos, fue el Colorado. La llamamos así por ese general alemán, el torturador, que se chorearon de acá una vez los judíos ¿viste? y lo nuestro era más o menos lo mismo. El Colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y él organizó todo. El Colorado ya no estaba par ese entonces en
Hacen reuniones, escriben el libro de actas, pensar maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos los masones esos, que nadie sabe quiénes son. Andan con antorchas. Bueno, de
Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no sé si un día de estos no aparece en el “Selecciones” y todo. Averiguamos qué ómnibus iba para Villa Diego, adonde tenía la quinta el hermano del viejo Casale. Desde donde vivía el viejo, ahí por San Juan al mil cuatro cientos, lo único que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo tenía que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no más allá de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no sé para qué mierda iba a hacer eso. Ahora, la. duda era si el viejo se iba a ir en ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jugábamos a que se iba a ir en ómnibus porque auto no tenía y seguro que el hermano tampoco tenía porque debía ser un muerto de hambre como él, seguramente. Y te digo que la cosa venía perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros podíamos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos cagaba si salía a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿cómo llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un ómnibus de línea? Lo más probable es que nos hiciéramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.
Después hubo que hablar con los otros muchachos, porque convencer al Rulo no nos costó nada, a él le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manejó la cosa como un capo, un maestro. El asunto era así, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de ómnibus, está muy bien el Rulo. Y en esa época tenía un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, qué sé yo, ponerle el número, un laburo bárbaro. Pero el Rulo tenía dos 305 y con uno de ésos ya tenía pensado pirarse para el Monumental el día del partido y más bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputísima madre que los parió, no iba a perderse el partido ese.
Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, tenía que estar con el ómnibus preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. Y el Miguelito se ponía de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la puerta de la casa del viejo Casale. Creo que a las cinco, nomás, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el boliche haciéndose el boludo y junando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como ése, hermano. Fue una maravilla.
Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazó una Vespa que tenía en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avisó. Cargó la moto en el ómnibus, en la parte de atrás, detrás de los últimos asientos y nos pusimos en marcha.
Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en los asientos traseros, haciéndonos los dormido, incluso con la cara tapada con algún pulover, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto.
Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de Mayo. Además, el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran puta que medía
La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en uno de los asientos de adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho del ómnibus. Rulo le cobró boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo más piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenía cerca y movía la cabeza como diciendo “¡Mirá vos!”.
Se ve que tenía unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no pisarse en una de ésas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que habían tirado un gas adentro de ese ómnibus hermano. Como cuando se muere algún ñato ¿viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cagar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos había agarrado el monóxido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo “En la esquina, jefe.”. Y yo no sé qué le dijo el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el tráfico, que había que seguir un poco más adelante y el viejo se la comió, pero se quedó paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, “En la esquina”. Ahí ya el Rulo nos miró, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano... ¡vos no sabés lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, “¡Soy canalla, soy canalla!” por las ventanas.
Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando llegó el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina.
¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada más que un par de jovatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? ¿Que levantan la lona y estaban todos adentro haciéndose los sotas? Bueno, ese ómnibus debió ser algo así. De golpe se transformó en un quilombo, un escándalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban, gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraba un cascotazo... Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sabés la caripela que puso. Porque nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: éste es el momento crucial. Ahí el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacía bosta, o salía adelante. El viejo miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer. Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te digo que el Rábano, el hijo de
Pero mirá, te la hago corta. Mirá, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entregó, pero se entregó entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia, que era una, verguenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando nosotros le dijimos que él estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se había bancado la sorpresa del ómnibus quería decir que ese cuore se podía bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llegó a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que él estaba perfectamente sano y que incluso el médico estaba implicado en la cosa.
Mirá hermano, y creéme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el más feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se bajó envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo más feliz que él. Vino con nosotros a la popu y se bancó toda la espera del partido, que fue más larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y después del gol del Aldo, yo lo busqué, lo busqué porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por dónde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después miré para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ahí me dije: si éste no se murió aquí, no se muere más. Es inmortal. Y después ni me acordé más del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería ni mirar. Porque nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la tenían siempre ellos y ¿sabés qué era lo fulero, lo terrible? ¡Qué si nos empataban nos ganaban, hermano, porque ésa es la justa! ¡Nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos empataban, íbamos a un suplementario y ahí nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban más enteros y se venían como un malón los guachos! ¡Qué manera de alambrar! Decí que ese día, Dios querido, yo no sé que tenía el flaco Menuttl que sacó cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día ese flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ése ¡qué pelota le sacó a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo. Y ahora yo te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Casale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me, gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos; “¡qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa.