viernes, 27 de noviembre de 2015

Leila Guerriero desmonta claves del buen periodismo en “Zona de obras”

Por: Gabriela Mayer
“La única regla con la escritura es el exceso. Entonces la única forma de llegar alguna vez a escribir algo decente es escribir mucho”, dice la argentina Leila Guerriero, referente del periodismo narrativo en América Latina, que reunió una treintena de sus textos en “Zona de obras”.

Guerriero (Junín, provincia de Buenos Aires, 1967) se define como “una autodidacta absoluta, un dinosaurio: una periodista salvaje” en las páginas de esta recopilación de sus columnas, conferencias y ensayos, donde defiende a la crónica, ese género que necesita “tiempo para producirse, tiempo para escribirse y mucho espacio para publicarse”.

En diálogo con dpa, la periodista que colabora en diversos medios gráficos de América Latina y Europa cuenta: “Todos estos textos intentan ser una especie de radiografía de la cabeza de alguien que escribe, de las cosas que se pregunta, de las cosas que lee, de las cosas que critica, de las cosas que la soliviantan del oficio”.

Por qué, para qué y cómo escribe un periodista son algunas de las preguntas clave que atraviesan “Zona de obras” (Anagrama), que llegó recientemente a las librerías de Argentina, México y Colombia y que Círculo de Tiza editó previamente en España. Su título se debe a que “muestra un poco el cimiento antes de que esté el edificio montado, es como ir al pozo de obra”.

Antes de iniciar su carrera periodística en 1991 Guerriero escribía ficción, pero sentía que ya no le entusiasmaba. “Entonces evidentemente las historias reales allí me dieron algo que no encontraba en la ficción, que era básicamente el tener algo para contar”, afirma. “Fue eso básicamente, un hambre que la ficción no saciaba. Fue como un encuentro feliz con una vocación que yo no sabía que tenía, el periodismo”.

Su método, según define, consiste en “poner mucho empeño” en todas las etapas de construcción de un texto. Y su prosa exquisita cosechó múltiples elogios, incluido el del premio Nobel Mario Vargas Llosa.

Consultada acerca de la meta de su trabajo, responde: “Creo que tratar de entender siempre estuvo en la base. El oficio periodístico siempre me pareció como la excusa más honesta para meterse en lugares en los que uno no podría meterse de otra manera. Por supuesto lo que sí va cambiando son las curiosidades”.

La autora de libros como “Los suicidas del fin del mundo”, “Frutos extraños” y “Una historia sencilla” piensa que a partir de la escritura se va formando una especie de enorme mural. “Cada texto, cada artículo, es como una venecita, un pequeño azulejo de ese mural que va diciendo cosas del mundo, pero también va reflejando algo de vos”.

La ganadora del premio CEMEX-FNPI y del González-Ruano, una convencida de que “el periodismo bien hecho es una forma del arte”, aclara que el periodismo narrativo “no es una cosa superlativa, no estamos haciendo física cuántica. Es simplemente un género dentro del periodismo. Me molesta un poco que se lo vea como una especie de género superador”.

Mientras tanto, se muestra entusiasmada con su trabajo de editora para América Latina de la revista mexicana “Gatopardo”: “Me fascina esa relación íntima con los autores. Siento que es como un crecimiento muy fuerte para la escritura propia. No quisiera perderlo, pero si estuviera en la disyuntiva, seguiría escribiendo. Podría vivir escribiendo todo el tiempo y sin editar, pero no podría vivir editando todo el tiempo y sin escribir. Para mí no escribir es impensable”.

Guerriero desmitifica por otra parte que la crónica latinoamericana esté atravesando un “boom” como el que conoció la literatura en la década de los 60 y se refiere en cambio a “un fenómeno de alcance geográficamente muy grande, porque de México para abajo está toda América Latina involucrada, pero no es masivo”.

También advierte que se piensa en “gente con sus pies arriba del escritorio fumando un puro, mientras los dólares caen a sus pies. Y yo no conozco un solo periodista latinoamericano que no haga 60 cosas a la vez para poder armarse una forma de hacer esto”.

De todas maneras, ve algunos “síntomas saludables”: “Es mejor el panorama ahora que el que teníamos hace 15 años atrás, donde había cuatro tipos en el continente que hacían crónica contra viento y marea”.

“Era como un panorama bastante desolador, ‘Gatopardo’ recién estaba empezando. Me parece que lo que sí ha pasado es que todas esas revistas -‘Gatopardo’, (las colombianas) ‘El Malpensante’, ‘SoHo’- hicieron un trabajo sostenido a lo largo del tiempo, con más y menos problemas económicos, algunas más exitosas, otras menos”, y señala que desde el principio tuvieron “una vocación panamericana” al publicar textos de “aspiración transfronteriza”.

“Esas historias asentaron esa manera de pensar el periodismo que tiene el periodismo narrativo, sin fecha de vencimiento y escritos para un lector que lo podría leer en España o en cualquier otro sitio, como leés una novela que te guste”, considera.

Guerriero también destaca la labor de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que colocó al frente de sus talleres a grandes nombres como Jon Lee Anderson, Martín Caparrós, Juan Villoro y Alma Guillermoprieto, lo que logró “reunir a periodistas de distintos lugares del continente y armar redes”. A partir de entonces empezó a fluir una comunicación “que antes estaba completamente desperdigada”, apunta.

Además, como la fundación puso a dar clases a los referentes de América Latina, “una nueva generación de periodistas se formó con un modelo mucho más cercano”. Y analiza: “Creo que la primera señal de que fue una tarea de acumulación y que derramó muy lentamente es que la crónica está encontrando un lugar en las casas editoriales”.
Fuente: Agencia dpa

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