viernes, 2 de enero de 2026

El Sindicato de Prensa Rosario denuncia el robo a El Ciudadano y advierte sobre un ataque a la libertad de expresión

Durante la madrugada del 1º de enero, desconocidos ingresaron al Diario *El Ciudadano* tras romper un vidrio del frente. Se dirigieron al sótano, donde funciona el streaming, y se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, dejando al canal de YouTube del diario sin capacidad para transmitir y grabar sus contenidos diarios

El Sindicato de Prensa Rosario (SPR) expresó su profunda preocupación por el ataque sufrido por el medio cooperativo El Ciudadano, ocurrido durante la madrugada del jueves 1º de enero, cuando personas aún no identificadas robaron equipos esenciales del estudio de streaming. Desde el gremio advirtieron que el hecho compromete la sostenibilidad del proyecto y constituye un grave atentado contra la libertad de expresión y la pluralidad de voces.

Según informaron, los atacantes ingresaron por el frente del edificio, rompieron el vidrio de una ventana y se dirigieron directamente al estudio ubicado en el subsuelo. Allí sustrajeron dos consolas y la totalidad de los micrófonos, dejando al espacio sin capacidad técnica para realizar transmisiones.

El SPR alertó sobre la particularidad del robo, ya que afectó exclusivamente a un área específica del edificio, lo que impide el normal funcionamiento del streaming. Además, remarcó que la reposición de estos equipos resulta sumamente difícil para un medio cooperativo que se sostiene gracias al esfuerzo cotidiano de sus trabajadoras y trabajadores.

Más allá del daño material, el sindicato señaló que este ataque implica la interrupción de las voces de las y los periodistas que realizan el streaming y limita la posibilidad de que el medio continúe marcando la diferencia en un ecosistema comunicacional atravesado por altos niveles de concentración. En ese sentido, advirtió que se trata de un hecho que afecta directamente la pluralidad de voces y el derecho de la sociedad a acceder a información diversa.

Finalmente, el Sindicato de Prensa Rosario se solidarizó con las y los trabajadores de la Cooperativa La Cigarra, de la cual forma parte el streaming de El Ciudadano, y exigió que se investigue el hecho para dar con los responsables y recuperar los elementos de trabajo indispensables para el sostenimiento de la tarea periodística.

jueves, 1 de enero de 2026

Cuando silenciar a la prensa se vuelve política de Estado

El año 2025 dejó un saldo sangriento para la libertad de expresión: periodistas asesinados, medios asfixiados y un poder que ve en la verdad a su principal enemigo, advierte La Opinión, el diario en español más leído de Estados Unidos, fundado en 1926 en Los Ángeles y la Agencia The Associated Press. Los ataques a la prensa revelan una estrategia global de silenciamiento que amenaza la democracia y deja a los ciudadanos indefensos frente al abuso del poder.

La libertad de prensa necesita más aliados
Quie­nes ama­mos la liber­tad de expre­sión debe­mos hacer­nos el firme pro­pó­sito de com­ba­tir y denun­ciar los ata­ques con­tra los medios de comu­ni­ca­ción, que tuvie­ron en 2025 uno de sus años más per­ni­cio­sos.

Desde las trin­che­ras de los con­flic­tos y las ofi­ci­nas de los gobier­nos así como desde la indus­tria misma, los gol­pes reci­bi­dos por los comu­ni­ca­do­res han sido devas­ta­do­res.

Afirma el Comité para la Pro­tec­ción de los Perio­dis­tas que por lo menos 126 per­so­nas vin­cu­la­das a los medios -85 de ellas debido a los bom­bar­deos en Gaza- fue­ron ase­si­na­das en 2025.

Esto, ade­más en un clima de casi total impu­ni­dad en donde los crí­me­nes come­ti­dos que no se pagan se con­vier­ten en el abono de nue­vas vio­la­cio­nes que tam­poco lle­ga­rán ante la jus­ti­cia.

En EEUU, la lle­gada al poder de una Admi­nis­tra­ción de corte fas­cista y con una enorme ten­den­cia a la cen­sura, ha con­ver­tido a los perio­dis­tas en su ene­migo público número uno, acu­sán­do­los de difun­dir noti­cias fal­sas cuando no siguen la narra­tiva ofi­cial y pre­sio­nán­do­los con la ame­naza de millo­na­rias deman­das por con­te­ni­dos que no se adhie­ren al gusto de Trump.

Dife­ren­tes reglas de juego en la cober­tura de ins­ti­tu­cio­nes clave como el Pen­tá­gono y mar­gi­na­miento de ser­vi­cios que se nie­gan a lla­mar al Golfo de México como Golfo de Amé­rica solo dan la idea de que el juego de la Casa Blanca sigue un libreto de corte dic­ta­to­rial salido de los mis­mos manua­les que se usa­ban en la Ale­ma­nia Nazi.

Parte de la pro­ble­má­tica con­siste en que la gente de la calle poco sabe de esta estra­te­gia demo­le­dora: según el Cen­tro de Inves­ti­ga­ción Pew, solo 36% de los esta­dou­ni­den­ses afirma estar al tanto de esta nociva rela­ción entre el Gobierno y la prensa.

Masi­vos recor­tes a medios públi­cos como la cadena NPR y un pano­rama eco­nó­mico rece­sivo en el que las inver­sio­nes publi­ci­ta­rias sufren la incer­ti­dum­bre creada por el vai­vén del tema tari­fa­rio impul­sado por la misma Admi­nis­tra­ción, com­ple­tan un pano­rama deso­la­dor.

Las reac­cio­nes de la mayo­ría de los medios y la socie­dad a los comen­ta­rios del pre­sen­ta­dor Jimmy Kim­mel tras la muerte del acti­vista de dere­cha Char­lie Kirk son ape­nas un rayo de luz en una noche de tinie­blas. La soli­da­ri­dad de los defen­so­res de la pri­mera enmienda gana bata­llas peque­ñas en medio de esta san­grienta gue­rra.

Un informe de Muck Rack y Rebuild Local News regis­trado por la agen­cia AP da cuenta de que en 2002 había 40 perio­dis­tas por cada 100.000 habi­tan­tes en EEUU, mien­tras que hoy esa cifra es ape­nas poco más de ocho.

Lo cierto es que quie­nes pier­den con una prensa ata­cada somos todos.

Sin unos medios inde­pen­dien­tes que fis­ca­li­cen los abu­sos, quie­nes estén mejor conec­ta­dos con los gobier­nos son quie­nes tie­nen carta blanca para hacer lo que mejor les parezca, desa­for­tu­na­da­mente y como ocu­rre muchas veces, en per­jui­cio del bien común.

Este año que ya comenzó defen­da­mos nues­tros medios, apo­yé­mos­los mani­fes­tán­do­nos y com­prando su con­te­nido. Solo ellos nos pro­te­ge­rán cuando los abu­sos de los pode­ro­sos ven­gan por noso­tros. Y cui­dé­mo­nos de la pro­pa­ganda del Gobierno.

2025, un año difícil para los periodistas, con pocas esperanzas de mejora
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con reporteros antes de embarcar en el Marine One, en la Casa Blanca, el 19 de diciembre de 2025, en Washington

Por: David Bauder, AP
Desde casi todas las perspectivas, 2025 ha sido un año difícil para cualquiera que se preocupe por la libertad de prensa.

Es probable que sea el año más letal jamás registrado para periodistas y trabajadores de medios de comunicación. El número de agresiones a reporteros en Estados Unidos casi iguala el de los últimos tres años juntos. El presidente de Estados Unidos reprende a muchos de los que le hacen preguntas y llamó "cerdita" a una mujer. Y las filas de quienes realizan este trabajo continúan reduciéndose.

Es difícil pensar en una época más oscura para los periodistas. Así lo afirman muchos, como Tim Richardson, exreportero del Washington Post y director del programa de periodismo y desinformación de PEN America. "Se puede afirmar con seguridad que el ataque a la prensa durante el último año ha sido probablemente el más agresivo que hemos visto en tiempos modernos."

Seguimiento de asesinatos y agresiones a periodistas
A nivel mundial, las 126 personas de la industria de los medios de comunicación asesinadas en 2025 hasta principios de diciembre igualaron el número de muertes en todo 2024, según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), y el año pasado se batió un récord. Los bombardeos israelíes en Gaza causaron 85 de esos decesos, 82 de ellos de palestinos.

"Es extremadamente preocupante", dijo Jodie Ginsberg, directora general del CPJ. "Desafortunadamente, no se trata solo del número de periodistas y trabajadores de medios asesinados, sino también de la falta de justicia o de que se rindan cuentas por esos asesinatos".

"Lo que sabemos tras décadas de trabajo es que la impunidad genera impunidad", agregó. "Así que el fracaso a la hora de abordar los asesinatos de periodistas crea un entorno en el que esos asesinatos continúan."

El Comité para la Protección de los Periodistas estima que hay al menos 323 reporteros encarcelados en todo el mundo.

Ninguno de los fallecidos este año era de Estados Unidos. Pero trabajar en suelo estadounidense también ha sido peligroso. Se han reportado 170 agresiones a periodistas en el país este año, 160 de ellas a manos de las fuerzas de seguridad, según el U.S. Press Freedom Tracker. Muchas de estas denuncias proceden de la cobertura de las medidas de control migratorio.

Es imposible ignorar la influencia de Trump, que con frecuencia se enoja con la prensa al tiempo que interactúa con los reporteros más que ningún otro presidente que se recuerde, respondiendo con asiduidad a sus llamadas telefónicas.

"Trump siempre ha atacado a la prensa", dijo Richardson. "Pero durante el segundo mandato, lo ha convertido en acciones gubernamentales para restringir, castigar e intimidar a los periodistas."

Periodistas aprenden pronto que tienen una lucha entre manos
The Associated Press lo aprendió rápidamente, cuando Trump limitó el acceso de la agencia para informar sobre él después de negarse a seguir su iniciativa para renombrar el Golfo de México. Esto dio comienzo a una batalla legal que sigue sin resolverse. Trump también ha cerrado acuerdos con las televisoras ABC y CBS News en demandas sobre noticias que no le gustaban, y tiene demandas abiertas contra The New York Times y Wall Street Journal.

Molesto desde hace tiempo por lo que considera un sesgo contra los conservadores en los noticieros de PBS y NPR, Trump y sus aliados en el Congreso recortaron la financiación a la radiodifusión pública en su conjunto. El presidente también ha tomado medidas para cerrar organizaciones gubernamentales que transmiten noticias a todas partes del mundo.

"Estados Unidos es un gran inversor en el desarrollo de medios de comunicación, en medios independientes en países que tienen poco o ningún medio independiente, o como fuente de información para personas en países donde no hay medios libres", indicó Ginsberg. "La eliminación de Radio Free Europe, Radio Free Asia y la Voz de América es otro golpe a la libertad de prensa a nivel mundial."

Otros en la Casa Blanca siguen el ejemplo de Trump, como cuando su oficina de prensa eligió el día después de Acción de Gracias para lanzar una web para quejarse de los medios o reporteros que creen que son injustos.

"Es parte de esta estrategia general que estamos viendo en ciertos gobiernos, en particular en Estados Unidos, para tachar a todos los periodistas que no se limitan (a repetir) la narrativa del gobierno de noticias falsas, como dudosos, como sospechosos, como criminales", manifestó Ginsberg.

El secretario de defensa de Trump, Pete Hegseth, ha retratado a los periodistas como figuras oscuras que merodean por los pasillos del Pentágono para descubrir secretos clasificados como justificación para imponer reglas restrictivas a la cobertura informativa.

Eso ha dado lugar al ejemplo más notable de la respuesta de los reporteros: la mayoría de los medios convencionales renunciaron a sus credenciales para trabajar en el Pentágono en lugar de aceptar las normas, y siguen publicando informaciones a pesar de no trabajar desde allí. The New York Times ha presentado un recurso para tratar de revocar las reglas. El periódico también se defiende públicamente cuando es atacado por el presidente, como cuando se quejó de la cobertura acerca de su estado de salud.

A pesar del esfuerzo más organizado contra la prensa, la población apenas lo ha percibido. El Centro de Investigación Pew dijo que el 36% de los estadounidenses reconoció a principios de año haber oído hablar sobre la relación entre el gobierno de Trump y la prensa, frente al 72% que afirmó lo mismo a la misma altura de su primer mandato.

Las encuestas muestran sistemáticamente que los periodistas nunca han sido populares, y es posible que susciten poca simpatía cuando su trabajo se complica.

"Realmente el daño recae sobre la población, ya que depende de los reportes independientes para entender y escrutar las decisiones que están siendo tomadas por la oficina más poderosa del mundo", explicó Richardson.

Algunos motivos para el optimismo
En su conjunto, el sector de la información lleva más de dos décadas en fase de reestructuración debido, en gran medida, a un colapso en el mercado publicitario, y cada año se multiplican las noticias sobre despedidos como consecuencia de ello. Una de las estadísticas más desalentadoras del año apareció en un reporte de las organizaciones Muck Rack y Rebuild Local News: en 2002, había 40 periodistas por cada 100.000 personas en Estados Unidos y, este año, la cifra se ha reducido a poco más de ocho.

Preguntados por si hay razones para ser optimista, tanto Ginsberg como Richardson señalaron la aparición de algunas organizaciones de noticias locales independientes, brotes de esperanza en un paisaje árido, medios como el Baltimore Banner, Charlottesville Tomorrow en Virginia y Outlier Media en Michigan.

Por mucho que sean ridiculizados en el Estados Unidos de Trump, el influyente director general de Axios, Jim VandeHei, señaló recientemente en una columna que los reporteros de los medios convencionales siguen trabajando duro y son capaces de establecer la agenda del país con sus reportes.

Como dijo a la AP: "Con el tiempo, con suerte la gente recuperará el sentido común y dirá: 'Oye, los medios, como cualquier otra cosa, son imperfectos, pero, hombre, es bueno tener una prensa libre'".

Fotos: Alfred Yaghobzadeh, Abaca Picture Alliance - AP Foto, Julia Demaree Nikhinson, archivo
Fuentes: Diario La Opinión, The Associated Press

Informar exige más que hablar: prensa, responsabilidad y justicia en el caso Loan

Frente a una investigación penal en curso por la sustracción de un menor, el autor, abogado de la querella familiar en el caso Loan, plantea la necesidad de reforzar los estándares de prudencia, responsabilidad y rigor profesional en la producción y difusión de información que impacta en la sociedad y en la administración de justicia
Por: Alejandro Vecchi

Este pronunciamiento no tiene por objeto la individualización de responsabilidades personales ni la atribución de nombres propios. Su finalidad es otra y de mayor alcance institucional: contribuir a la correcta orientación del debate público y jurídico en el marco de una de las causas penales más graves y sensibles vinculadas a la sustracción de un menor.

En ese contexto, resulta relevante advertir sobre la incidencia que la circulación de información no debidamente verificada puede tener en procesos penales complejos, especialmente cuando se encuentran en juego bienes jurídicos de máxima jerarquía y cuando la investigación se encuentra aún en curso. Ello impone un deber reforzado de prudencia, profesionalismo y responsabilidad en la producción, tratamiento y difusión de noticias, cuyo impacto trasciende el ámbito informativo para proyectarse sobre la sociedad en su conjunto y sobre la propia administración de justicia.

La educación del cuerpo social —en sentido amplio— constituye un presupuesto indispensable para la vigencia del Estado de Derecho. En la actualidad, dicho presupuesto comprende no solo la formación cívica tradicional, sino también la alfabetización informativa , entendida como la capacidad colectiva de distinguir hechos comprobados de hipótesis, datos acreditados de especulaciones y verdad procesal de construcciones mediáticas carentes de sustento probatorio.

En el caso concreto, el objetivo que debe orientar de manera inequívoca la actuación de todos los operadores institucionales es uno solo y no admite ambigüedades: el esclarecimiento de los hechos y la determinación del paradero del menor , con la expectativa legítima de que sea hallado con vida y en condiciones de integridad. Ese norte debe ordenar la actuación de la familia, de la sociedad, de los órganos de investigación, de los peritos, del Ministerio Público, de los jueces de las distintas instancias y, en su momento, de los tribunales de juicio y revisión.

Cualquier reducción relevante de dicho objetivo — especialmente cuando proviene de la difusión de afirmaciones no corroboradas o de hipótesis extremas presentadas como certezas — debe ser objeto de un escrutinio riguroso , atento al riesgo cierto de afectar la confianza pública en el proceso, condicionar indebidamente su desarrollo o generar daños irreparables en el plano humano e institucional.

No puede soslayarse, asimismo, que en causas de esta naturaleza suelen desplegarse estrategias de perturbación del proceso , consistentes en la generación deliberada de confusión, la deslegitimación anticipada de las actuaciones judiciales o la instalación de narrativas orientadas a erosionar la eficacia de la persecución penal. Frente a ello, la respuesta institucional no puede ser la pasividad, sino el fortalecimiento de los estándares jurídicos, comunicacionales y cívicos , preservando la legalidad del procedimiento y la serenidad del debate público.

Desatender estas circunstancias no es una posición neutral: implica exponer al proceso ya la sociedad a riesgos previsibles . Reconocerlas y actuar en consecuencia, en cambio, constituye una manifestación concreta de responsabilidad institucional y de compromiso con la tutela efectiva de los derechos fundamentales involucrados.

Este 31 de diciembre pasado, fecha en que muchas familias en Argentina se aprestaban a entrar con esperanza y alegría en un nuevo año -con familiares, seres queridos, amigos, como fuera -, en un pueblo correntino, unos padres y hermanos esperaban junto a la silla vacía donde estaba la foto de Loan, con la esperanza de que regrese vivo, sano y salvo. Nadie sabe, desde el 13 de junio de 2024, dónde está, cómo se encuentra ni qué hicieron con él sus secuestradores.

Ese mismo día, y en esos mismos momentos, padres y hermanos, y algunos lectores advirtieron que un medio de comunicación difundía una información nefasta, apostando por la peor de las hipótesis, sin aportar pruebas nuevas ni verificadas.

La pregunta que corresponde hacerse no es personal ni ideológica, sino estrictamente profesional: ¿qué interés público se satisface con esa publicación?, ¿qué utilidad concreta aportó a la búsqueda de la verdad?, ¿qué efecto produjo en una causa abierta y en una familia que aún espera respuestas ya su hijo vivo, sano y salvo?

Cuando una información no esclarece, no prueba y no contribuye, pero sí confunde y aquí, cabe preguntarse si su difusión fue eficaz, necesaria o socialmente responsable. En primer lugar, es justo decirlo con claridad: la prensa argentina, en su enorme mayoría, ha tratado el caso Loan con respeto, prudencia y humanidad . Gracias a ese trabajo, quienes ejercemos la abogacía junto a víctimas de crímenes impunes encontramos en los comunicadores públicos un vehículo indispensable para que la opinión pública conozca, comprenda y acompañe . Es a través de la prensa que la sociedad sabe quiénes somos, qué defendemos, qué hacemos a diario en nuestras vidas profesionales y cómo administramos la confianza que se nos deposita cuando están en juego la libertad personal, el patrimonio o los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Nuestra prensa y nuestros periodistas han respetado al niño, su vida, su dignidad y el dolor de su familia. Ese dato es innegable. Y ese estándar mayoritario merece ser reconocido y agradecido, porque constituye una barrera efectiva frente a los intentos de manipulación de una causa penal por parte de imputados y defensas poderosas , sostenidas muchas veces por recursos económicos significativos y por vínculos con estructuras de poder político, mediático o judicial que operan mediante la confusión deliberada, la especulación interesada y, finalmente, la búsqueda del silencio y de la anomia social.
Esa anomia – el desinterés colectivo – no es un fenómeno neutro: resulta vital y, en ciertos casos, fatal para una República que se precie de tal. Por ello, los letras independientes tenemos razones fundadas para estar agradecidos a la prensa: es ella la que amplifica la voz de los ciudadanos víctimas de delitos , muchas veces indefensos o desatendidos por la institucionalidad, y la que impide que el poder del hecho consumado se imponga por desgaste.

En ese marco se inscribe el trabajo de Editorial Perfil , una casa periodística atravesada por un antecedente extremo: el asesinato de su reportero gráfico José Luis Cabezas a manos de una organización criminal mafiosa, que —mientras el hecho era investigado judicialmente— continuó amenazando, querellando y denunciando a sus profesionales como forma de escarmiento por su trabajo en el periodismo de investigación.

Desde ese lugar, y con esa memoria institucional, Perfil se ha hecho y se hace eco de los movimientos judiciales probados, concretos y legítimos del caso Loan. Lo hace con un criterio innegociable, sostenido a lo largo de los años y fundado en una práctica coherente: evitar amplificar operaciones turbias, aceptadas o incomprensibles, y poner a la sociedad en contacto directo con la voz de los tribunales competentes, de sus autoridades y con la palabra de los padres y hermanos de Loan. Le guste a quien le guste.
Incluso — y esto no es un dato menor — habilitando en su propio espacio la publicación de opiniones y comentarios que expresan un desacuerdo frontal con su línea editorial. Libertad de expresión en su estado más puro , ejercida con responsabilidad, pluralismo y sin abdicar del rigor.

Para Voltaire , la libertad de expresión debía ser defendida como un resguardo frente al poder y el fanatismo , nunca como una coartada para abdicar de la responsabilidad moral de la palabra . La palabra también es un instrumento de poder; y todo poder exigir un uso cuidadoso, proporcional y responsable. Desde ese estándar, resulta pertinente formular una reflexión serena cuando, en el marco de una investigación en pleno desarrollo — con intervención policial, del Ministerio Público Fiscal y de la Justicia Federal — se difunde información periodística no verificada , que no aporta datos nuevos ni confirmados y que, sin embargo, instala públicamente hipótesis extremas en una causa abierta y aún desprovista de certezas fácticas.

Ello conduce a una pregunta inevitable: ¿qué lugar se asigna a quienes, frente a la ausencia de prueba concluyente, se resisten a clausurar anticipadamente la investigación y continúan esperando que el niño regrese con vida? ¿Se los presenta como negadores de la realidad, como voluntaristas sin comprensión de los hechos, o simplemente como ciudadanos que exigen que la verdad sea establecida por los canales institucionales y no por anticipaciones mediáticas?

Porque si la única alternativa ofrecida es asumir como verdad definitiva una hipótesis no corroborada, difundida además en un contexto temporal especialmente sensible, entonces el problema ya no es jurídico ni periodístico. Es otro. Y ese otro — el de justificar por qué se necesita extinguir la esperanza ajena antes de tiempo — difícilmente pueda resolverse desde el interés público, la ética profesional o el debate democrático.

Defender la libertad de expresión no implica abdicar de la responsabilidad social del periodismo. No son conceptos opuestos: son inseparables. La libertad de prensa existe para informar, para controlar al poder y para contribuir a la verdad; no para anticipar conclusiones que la Justicia — que actúa sin pausa desde aquel día — aún no ha alcanzado. Conviene recordarlo, porque a veces parece olvidarse lo elemental.

Ética periodística básica
Todo periodista serio sabe que:
  • no se presentan hipótesis como hechos,
  • no se revictimiza a familiares de personas desaparecidas,
  • no se especula cuando no hay prueba,
  • no se cambia la humanidad por clics,
  • no se instalan certezas donde solo hay investigación en curso.
Cuando se escribe que un niño “estaría enterrado” sin prueba concluyente, no se informa: se modela una representación mental en la sociedad. Y eso tiene efectos concretos, medibles y graves: desaliento, confusión, resignación, desgaste social y —en el extremo— la naturalización de una muerte que nadie ha probado.

Eso no es neutral. Eso no es inocente.

El daño invisible (pero real)
Estas publicaciones:
  • confunden a la sociedad,
  • hieren a la familia,
  • desorientan a personas de buena fe,
  • erosionan la confianza en la búsqueda,
  • Instalan como verdad lo que no pasó por ningún probatorio estándar.
Y lo hacen cuando más se necesita exactamente lo contrario : claridad, prudencia y responsabilidad.

Cuando la verdad todavía no apareció y cada dato serio vale como el agua en el desierto.
No se trata de censurar.
No se trata de llamar.
No se trata de atacar al periodismo.

Se trata de diferenciar hechos de conjeturas , investigación judicial de especulación mediática, información responsable de impacto vacío. Porque la libertad de expresión no se debilita cuando se ejerce con cuidado: se fortalece . Y el periodismo gana autoridad cuando decide no correr detrás del golpe fácil, sino sostener la búsqueda de la verdad con rigor, contexto y humanidad.

En el caso de Loan, eso es lo que la sociedad necesita. Sí, sobre todo, lo que Loan y su familia merecen.
Fuente: Diario Perfil

martes, 30 de diciembre de 2025

Empresas millonarias con trabajadores pobres: protesta y marcha contra el Multimedios La Capital

Rosario vivió ayer una ruidosa jornada de protesta y movilización de trabajadores de prensa frente al edificio del Multimedios La Capital, ubicado en Sarmiento al 700, en reclamo de mejoras salariales, pago de deuda de obra social y fin de la precarización laboral. La acción fue encabezada por el Sindicato de Prensa Rosario (SPR) y contó con la participación de periodistas y empleados de distintos medios de la ciudad.

Bajo la consigna "Empresas millonarias con trabajadores pobres", el sindicato puso el foco en la aparente desproporción entre las inversiones millonarias del grupo y la situación de los trabajadores. Mientras el multimedios expande su imperio mediático hacia Bariloche, Tucumán, Salta, Bahía Blanca, Córdoba, Santa Fe y Capital Federal, y destina más de 140 millones de pesos en reformas edilicias y nuevos estudios de streaming con La Capital+, los empleados reclaman un bono que apenas representa 20 millones de pesos.

Durante la protesta, el secretario general del SPR, Edgardo Carmona, denunció que los dueños del grupo —a través de su holding GSS Group, encabezado por Gustavo Santiago Scaglione— priorizan la acumulación patrimonial por sobre los derechos de los trabajadores. "Estos muchachos utilizan los medios para crecer patrimonialmente, pero tienen a sus trabajadores precarizados y con servicios de obra social resentidos por falta de pagos", afirmó Carmona, quien destacó además la reciente compra de Telefe por 100 millones de dólares como ejemplo de la contradicción financiera de la empresa frente a los reclamos de los empleados.
Reclamos y denuncias de los trabajadores
Carmona subrayó la situación de precariedad que viven los empleados y la negativa de la empresa a atender sus pedidos. Señaló además que el conflicto se arrastra desde hace tiempo. Aseguró que mantuvieron reuniones permanentes con la empresa, aunque —según denunció— siempre recibieron la misma respuesta: una actitud sobradora y propuestas que consideró inaceptables. En ese marco, remarcó que el 30 de diciembre, "una fecha nada casual", los trabajadores decidieron iniciar un plan de lucha.

Sostuvo que no abandonarán la pelea hasta que se les reintegre "el último peso" que, afirmó, les fue quitado de manera sistemática. Denunció que más de 300 trabajadores sufren descuentos mensuales que nunca son devueltos, mientras la empresa —según indicó— destina más de 100 millones de dólares a inversiones como la compra de Telefe.

Carmona rechazó el discurso empresarial que promete crecimiento en beneficio de los empleados y lo calificó de falso. "Este es el futuro que nos proponen, y le decimos que no", afirmó, al tiempo que llamó a cada trabajador a defender su puesto laboral y el futuro de sus familias. Cerró su intervención agradeciendo el acompañamiento y reiterando la denuncia de robo salarial.

El dirigente sindical detalló además las cuantiosas inversiones del grupo: más de 80 millones de pesos en la instalación de La Capital+ y el streaming de LT8, y más de 60 millones en la mudanza administrativa al Palacio Minetti, antiguo edificio de Canal 3. "Tienen empresas millonarias con trabajadores pobres y precarizados", remarcó Carmona, haciendo referencia también a la participación del multimedios en la adquisición de Vicentin, ahora rebautizada como Nueva Vicentin Argentina.
Entre los principales reclamos de los trabajadores se destacan:
  • Pago de un bono de fin de año y recomposición salarial.
  • Cancelación de la deuda con la obra social y el sindicato, que supera los 600 millones de pesos.
  • Cese de la precarización laboral, que afecta tanto a periodistas como a empleados administrativos.
  • Respeto a la libertad de expresión, frente a denuncias de censura y condicionamiento editorial.
Una protesta con color y música
La protesta incluyó la instalación de una caja gigante de colores navideños con la leyenda "Feliz año, con la caja no alcanza", acompañada por una volanteada para visibilizar los reclamos. La murga que acompañó la acción aportó ritmo y color a la jornada, mientras Carmona y otros dirigentes explicaban al público los motivos de la movilización y la situación crítica de los trabajadores.

Carmona afirmó con firmeza: "No pedimos limosnas, queremos que nos devuelvan nuestra plata. La empresa cree que los trabajadores tienen temor y que vamos a soportar condiciones indignas, pero estamos dispuestos a defender nuestro salario, nuestros derechos y nuestra obra social".
Marcha por la peatonal Córdoba
Tras la concentración frente a La Capital, los trabajadores marcharon por la peatonal Córdoba hasta la Bolsa de Comercio, en Paraguay al 700, donde reafirmaron los reclamos y denunciaron la continuidad de reuniones infructuosas con la empresa durante más de un año. La recorrida finalizó en San Martín y Santa Fe, con un simbólico brindis con agua, un gesto que unió a los trabajadores en la defensa de sus derechos laborales.

Durante la movilización también se desplegó una bandera en rechazo a la reforma laboral y a la derogación de los estatutos del periodista y del empleado administrativo, proyecto impulsado por el gobierno de Javier Milei, cuya discusión en el Senado se prevé para febrero de 2026. Los trabajadores alertaron que la aprobación de la reforma representaría un retroceso significativo en materia de derechos laborales y sociales.

La jornada dejó en evidencia la tensión existente entre los trabajadores de prensa y el Multimedios La Capital, y expuso la profunda desigualdad entre las millonarias inversiones empresariales y las necesidades básicas del personal. Con firmeza y organización, los trabajadores dejaron claro que no aceptarán condiciones de precariedad y que el plan de lucha continuará hasta ver restituidos sus derechos.
El silencio mediático y la concentración de medios

La protesta y la marcha de las y los trabajadores de prensa no tuvieron cobertura en la gran mayoría de los medios locales. Solo los portales Conclusión y Redacción Rosario marcaron presencia, mientras que el resto del ecosistema mediático local permaneció en silencio. Habrá que esperar si el sábado, medios como Suma Política informan sobre el conflicto.

El silencio no es casual: refleja la concentración de propiedad de los medios en Rosario. El Tres TV, Telefe Rosario, Radio 2, LT8, FM Vida, Frecuencia Plus, Estación del Siglo, La Red Rosario, La Capital y Rosario3 pertenecen al mismo conglomerado, lo que hace previsible que no informen sobre conflictos que involucran a sus propios dueños. La centenaria LT3 tampoco lo menciona; su propietaria, Alpha Media, aún no pagó en su totalidad los sueldos a sus trabajadores y trabajadoras.

Otros medios locales, además de permanecer en silencio, también precarizan a sus trabajadores: RosarioI12, del grupo de Víctor Santa María, arrastra conflictos laborales internos que limitan la visibilización de estas luchas gremiales; los hermanos Vignati (Roberto, María Isabel, Julián, Gabriel y María Eugenia), de RosarioPlus y Radio Sí, tampoco dieron cobertura; y el portal RosarioNuestro.com (Marcelo Diego González), el canal de streaming Vorly TV y la página web Versión Rosario (Orlando Vignatti) tampoco mostraron interés en cubrir la protesta.

En el ámbito del cable, la señal Somos Noticias Rosario pertenece a Personal, del Grupo Clarín y con Scaglione comparten las juntas directivas de Asociación de Teleradiodifusoras Argentinas y Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas . Express levantó su señal local tras la eliminación de regulaciones que obligaban a las operadoras a incluir canales de noticias locales en sus grillas, durante la gestión de Javier Milei. Radio Nacional Rosario depende en gran medida de decisiones editoriales de Buenos Aires, aunque los compañeros y compañeras de la emisora intentarán cuando pueden reflejar estas protestas.

Mientras los trabajadores protestan y sufren precariedad, el poder político y mediático brilla en portada

Déborah de Urieta despedida de Diputados TV: repudios y tensiones en la señal pública

Déborah de Urieta con Mauricio Cantando en DiputadosTV

La periodista Déborah de Urieta, con larga trayectoria en la cobertura parlamentaria, fue informada este lunes que no le renovarán el contrato en Diputados TV luego de seis años de trabajo. La decisión, recibida mediante un mensaje de WhatsApp que se borra automáticamente, se produjo al término de su último programa, impidiéndole despedirse de sus compañeros al aire.

En sus redes, Déborah relató el episodio: "¡Después de 6 años no me renuevan en diputados TV! ¿Será porque soy 'militante' (no sé de qué) o 'tiro fruta', como dijeron las autoridades de la Cámara?

Me hubiera gustado que me avisen antes de que termine mi último programa, así me despedía de mis compañeros. Pero esperaron a que terminara y me mandaron un audio, esos que se borran, para decirme que no me renovaban.

En fin, el fin de una etapa. La pasé súper con mis compañeros. Seguiré haciendo periodismo en otros medios donde trabajo pero, sobre todo, en Tw, que es lo que más le 'molesta' a LLA". (¿Estará brindando el diputado de LLA que pidió mi renuncia después de una entrevista?)

Déborah profundizó sobre las circunstancias de su despido y el contexto de la señal:Déborah de Urieta aclaró que su desvinculación de Diputados TV no debe interpretarse como una crítica hacia sus compañeros de trabajo. "Quiero dejar en claro que los colegas que continúan en el canal son excelentes profesionales y personas. No es que les hayan renovado por obsecuentes ni nada parecido: son, por lejos, quienes más saben del Congreso", señaló. También afirmó comprender las reglas laborales del medio: "Puede no gustarles mi trabajo y pueden no renovarme el contrato. Eso lo entiendo. Lo que no entiendo son los modos".

En ese sentido, explicó que durante semanas consultó en reiteradas oportunidades si su contrato sería renovado, sin obtener respuestas. "Esperaron a que terminara mi participación en el programa y recién entonces, mediante un audio de WhatsApp de los que se borran, me dijeron que no me renovaban. Yo había preguntado una vez más antes de salir al aire porque quería saber si debía despedirme o no", relató. Pese a la situación, envió un mensaje de agradecimiento: "Un abrazo a mis colegas y al equipo de DTV. Aprendí mucho de todos".

La periodista también rechazó de plano las acusaciones que, según contó, circularon para justificar su exclusión. "No soy militante. Para ellos, criticar, cuestionar o alertar sobre presuntos casos de corrupción te convierte en militante, pero nunca me dicen de qué partido. No milito, nunca milité ni militaré en ningún partido. El insulto que usaron fue 'militante y tira fruta'", afirmó.

En una entrevista posterior, De Urieta relató un episodio ocurrido en el Congreso con el propio presidente de la Cámara de Diputados. "Me lo crucé en el Senado, lo saludé, y me dijo: ‘vos estás muy militante’. Le pregunté '¿militante de qué?', y me respondió 'como Fabián Waldman'", contó, en referencia al periodista que no fue renovado por Diputados TV el año anterior. "Yo le dije que no milito, que informo con datos. Él respondió ‘vos tirás fruta’. Para un periodista, eso es un insulto: significa que mentís, que operás o que no sabés".

Según su testimonio, tras ese cruce escribió al responsable de renovar o no los contratos del canal para contarle lo ocurrido, pero dejó de recibir respuestas. "El lunes siguiente me llegó el mensaje que se borra: después de seis años, no me renovaban", explicó. También sostuvo que uno de los motivos de incomodidad con su trabajo fue su actividad en redes sociales: "Todos los meses publico cuánto poder adquisitivo pierden los trabajadores del Congreso. La motosierra no pasa por los ñoquis, pasa por los trabajadores. En estos años se fue mucha gente muy formada, técnica, que labura muy bien. Eso, sinceramente, es lo que más me duele".

Finalmente, De Urieta aclaró que su salida de Diputados TV no implica que deje de cubrir la actividad parlamentaria. "Que no me hayan renovado en DTV no quiere decir que deje de ser periodista acreditada en el Congreso. Voy a seguir cubriendo para los otros medios en los que trabajo. Lo aclaro porque muchos pensaron que me iba del Congreso, y no es así", remarcó.

La desvinculación de la periodista se suma a una serie de tensiones entre la prensa acreditada y la actual gestión de la Cámara de Diputados, presidida por Martín Menem, en un contexto en el que el funcionamiento de los medios institucionales es objeto de denuncias por recortes, vaciamiento y presunto sesgo ideológico.

Cambios y despidos en Diputados TV
El despido de Déborah de Urieta se enmarca en una serie de transformaciones y tensiones en la señal oficial de la Cámara Baja. Uno de los cambios más drásticos se produjo con la llegada de Jonatan Arioli como director de Diputados TV, bajo la conducción de Martín Menem. A fines de 2023 y principios de 2024, se decidió no renovar la mayoría de los contratos de trabajadores esenciales del canal —productores, maquilladores, camarógrafos y técnicos— cuyos vínculos habían vencido el 31 de diciembre, provocando una reducción considerable de personal y múltiples despidos.

Esa medida fue el paso previo a una reconfiguración del canal, que dejó de emitirse por televisión tradicional para transmitirse únicamente por YouTube, decisión que generó fuertes críticas por limitar el acceso ciudadano a la información parlamentaria. Según contamos en Señales, la transformación contravino la resolución de la Cámara de Diputados de 2006, que establecía que la señal debía transmitirse por aire, cable, Internet y otros medios para cubrir todo el país. El cierre de espacios tradicionales implicó una merma significativa en la disponibilidad del servicio para amplios sectores de la población.

En paralelo a los recortes de personal y al cambio en la forma de transmisión, la señal oficial se vio envuelta en episodios de censura e intervención editorial directa. Por ejemplo, durante una transmisión en vivo de una comisión clave, la periodista acreditada Laura Serra fue interrumpida y se le indicó por auricular que no continuara hablando de la Comisión de Juicio Político, interpretado por colegas y opositores como un intento de censura. Asimismo, otros periodistas, como Fabián Waldman, denunciaron presiones internas y decisiones de la dirección del canal que limitaron su continuidad laboral.

Reacciones de apoyo
El despido de Déborah generó un amplio respaldo en redes sociales y entre legisladores de distintos bloques:
Jairo Straccia, su compañero en "Buenas tardes China", escribió: "A algunos no les gustan las preguntas, las repreguntas, el periodismo profesional y menos la independencia. Aguante @ddeurieta". Y finalizó: "Cuando quieras hablamos al aire @MenemMartin".

Nicolás del Caño, legislador del Frente de Izquierda: "Toda nuestra solidaridad Déborah".

Christian Castillo, diputado de la Provincia de Buenos Aires: "Toda la solidaridad Déborah ante este despido discriminatorio".

Agustín Rossi, diputado peronista, planteó: "¿Dónde queda la libertad de expresión? En @DiputadosTV sacan del aire a una de las mejores periodistas parlamentarias que tiene el Congreso de la Nación. Solidaridad total con @ddeurieta ante esta decisión arbitraria".

Maxi Ferraro, ex diputado: "Banco a la corajuda de @ddeurieta. En tiempos en los que muchos callan, Déborah se anima a preguntar, repreguntar, publicar y pensar; y eso ya es un acto de valentía. Vaya mi reconocimiento a su calidad profesional y mi solidaridad".

Daniel Lipovetzky, ex diputado, escribió: "Toda mi solidaridad con @ddeurieta! Esto demuestra que no defienden ninguna libertad y menos la libertad de expresión. Por suerte la vamos a seguir teniendo en el Congreso como periodista parlamentaria".

Karina Banfi, diputada provincial: "Déborah, te vi crecer. Te consolidaste como periodista parlamentaria, una especialidad que te destaca. Defiendo con todo que sigas interpelando a la política del Parlamento".

Pablo Juliano, legislador radical: "La sacan con un audio que se borra, imagínate que van a hacer con la reforma laboral. Toda mi solidaridad y respeto".

Marcela Pagano, ex diputada libertaria: "Una periodista que incomoda (a todos). Otra periodista en una lista negra. Felicitaciones @ddeurieta, te echan porque no te pudieron comprar!"

El despido de Déborah refleja una tensión creciente entre la prensa acreditada y la actual gestión de Diputados TV, en un momento en que la independencia periodística y el acceso a la información se encuentran bajo presión. La profesional continuará ejerciendo el periodismo parlamentario tanto en medios tradicionales como en redes sociales, manteniendo activa su cobertura parlamentaria.

Alerta y movilización del Sindicato de Prensa Rosario frente al intento de aniquilar derechos laborales

Frente al proyecto precarizador de reforma laboral y derogación del Estatuto del periodista profesional y del empleado administrativo de empresas periodísticas, la asamblea general de trabajadores del Sindicato de Prensa Rosario, reunida ayer en amplia convocatoria en la sede de Pichincha resolvió:
  • Declarar al gremio de Prensa en estado de alerta y movilización.
  • Continuar y profundizar acciones conjuntas con los gremios de prensa de todo el país.
  • Reunirse con legisladores nacionales representantes de Santa Fe para explicar la postura de las y los periodistas frente al proyecto que aniquila derechos laborales.
  • Difundir a toda la sociedad cómo la derogación del estatuto del periodista es un ataque directo a la libertad de expresión y el derecho a la información.
  • Participar en unidad de las actividades que propongan la CGT local y la CTA T y adherir al paro y movilización propuesto por la CGT Nacional para febrero cuando se discuta el proyecto del oficialismo.
La Asamblea resaltó que con organización y unidad es posible detener esta destrucción planificada de los derechos de la clase trabajadora, de sus organizaciones sindicales, del funcionamiento de las obras sociales, de la sostenibilidad de medios cooperativos y comunitarios y del derecho a la información.

En un detallado informe, las abogadas del gremio Rita Frenquelli y Florencia Sanjulián destacaron que el proyecto llamado de "modernización laboral" supone un retroceso en materia de derechos; la derogación de los estatutos del Periodista Profesional y del Empleado Administrativo de Empresas Periodísticas (Ley 12.908 y 12.921), vigentes desde hace 80 años, no sólo afecta directamente a los trabajadores de prensa, sino que compromete la libertad de expresión y el derecho a la información de toda la sociedad.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Horroris Causa: un actor pone en debate lo que no se ve en la cultura rosarina

Christian Álvarez, con décadas de trayectoria en teatro y gestión cultural, denuncia exclusiones, meritocracia y "aristocracia" simbólica en los espacios culturales de Rosario, y presenta un manifiesto que invita a debatir quién define la cultura y quién queda afuera.

Un manifiesto incómodo
En los últimos días se conoció un documento que empezó a circular fuerte en Rosario, titulado 'Horroris Causa, cierta Cultura de Rosario'. No es un comunicado institucional ni un texto académico. Es un manifiesto crítico, incómodo, escrito desde la experiencia de quien trabaja en el teatro y en la cultura desde hace décadas. El texto pone en cuestión la idea de una cultura única, denuncia lógicas de exclusión, de meritocracia, de institucionalización y plantea una pregunta de fondo: ¿quién define hoy qué es la cultura en Rosario y quién queda afuera de ese relato? 

En Señales charlamos con su autor, actor, trabajador de la cultura, egresado de la Escuela 71 'Dr. Francisco de Gurruchaga' -La Gurru-, Christian Álvarez.

El origen de 'Horroris Causa'
El texto que tituló Horroris Causa no nació de un impulso aislado ni de una bronca repentina. Surgió en el mismo momento en que la ceremonia comenzó a circular por las redes y quedó colgada en la transmisión de la Universidad Nacional de Rosario en su canal de YouTube. Él ya sabía que ese día se iba a distinguir a Fito Páez con el doctorado honoris causa. Escucha radio, sigue esas señales, estaba al tanto. Cuando apareció el video, lo abrió y empezó a mirar. Y fue ahí, mientras avanzaba la ceremonia, cuando algo empezó a incomodarlo de manera persistente.

Fito, el afecto y la incomodidad
No fue Fito en sí. Al contrario: habla de él desde el afecto. Dice que lo quiere, que le gusta, sobre todo ese primer Fito que lo atravesó en la adolescencia, cuando discos como Ey! le pegaron fuerte y lo marcaron para siempre. Todavía hoy reconoce un montón de canciones que lo acompañaron durante años. Incluso cuenta que fue a verlo en vivo con su hija Lucía, de trece años, que también es fan, aunque ahora —le aclara ella— "le gusta menos". Fito es parte de su historia personal y familiar. 

Por eso la sensación que le empezó a crecer mientras veía la ceremonia no tuvo que ver con un rechazo al artista ni con la universidad otorgándole el reconocimiento.

El doctorado y el clima simbólico
Está acostumbrado a que las universidades entreguen doctorados honoris causa y, de hecho, cree que tiene sentido. Le parece interesante como gesto de apertura, como una forma de vincular los claustros con la comunidad, de reconocer trayectorias por fuera del microclima universitario, con sus códigos propios, su universo cerrado. Hasta ahí, nada que objetar. 

Sin embargo, algo en el clima general, en la presentación, en los argumentos, en la locución del propio Fito, empezó a golpearle "feo y duro" en distintos lugares.

La palabra que activó todo: aristocracia
Hubo una frase puntual que terminó de dispararlo todo: cuando Fito habló de pertenecer a una "aristocracia", una "aristocracia espiritual", que —según dijo— sería la única que existe. Él cree que fue una expresión dicha con pudor, quizás corregida en el aire al escucharse a sí mismo. Pero la palabra quedó flotando. Aristocracia. 

Y con ella, todo su peso histórico, simbólico y cultural. La asociación fue inmediata: la idea de una cultura que baja desde Buenos Aires, que pisa fuerte en el resto del país, que se impone como modelo, como centro irradiador de legitimidad. Desde ese lugar, la memoria lo llevó a una acción realizada años atrás.
El negreo naturalizado
Entonces aparece la anécdota que arrastra desde hace años. Vuelve al 2007, cuando junto a otros compañeros reabrieron la delegación Rosario de la Asociación Argentina de Actores y Actrices. En 2008 ya estaban intentando ordenar el trabajo actoral en la ciudad, poner límites, desmarcar prácticas abusivas que se naturalizaban desde hacía décadas. Para ellos, uno de los emblemas más claros de ese "negreo" —lo dice sin rodeos— era y sigue siendo un reconocido director y referente del teatro musical argentino.

Durante años, en todo el país y particularmente en Rosario, ese director montó un mismo mecanismo. Llegaba con seminarios pagos, anunciados con bombos y platillos. Seminarios intensivos, de dos días, por los que la gente pagaba mucho dinero. A cambio, prometía premios: la posibilidad de actuar en alguna de sus producciones más emblemáticas, títulos clásicos del repertorio que solían estar de gira. Se promocionaban elencos de treinta actores en escena, pero cuando llegaba el momento de la verdad, desde Buenos Aires viajaban apenas nueve intérpretes, con contratos en regla. Los otros veinte o veintiuno eran actores locales que no cobraban un peso. El “pago” era el mérito, el honor, la experiencia de haber sido elegidos entre los mejores del seminario que ellos mismos habían financiado.

El conflicto y la denuncia
Muchos actores rosarinos todavía exhiben en su currículum haber trabajado con ese creador. Lo recuerdan como una experiencia maravillosa. Cuando desde la asociación se enteraron de que el mecanismo seguía activo, se acercaron a la producción para pedir una reunión, para charlar. La respuesta fue el ninguneo. El mismo de siempre. El trato distante y despectivo que él asocia, justamente, con los aristócratas.

Con el correr de los días, empezaron a llegar más datos. Una semana antes del estreno, esos actores locales eran convocados a ensayar de madrugada, de once de la noche a tres o cuatro de la mañana. Sin comida. Aportando ellos mismos el vestuario base. Sin cobrar. Y después venía la maratón de funciones: una el viernes en el Teatro El Círculo, dos el sábado, una el domingo y cuatro más el lunes para escuelas privadas de Rosario. Todo envuelto en la retórica de la “experiencia inolvidable” de pisar un gran escenario.

Mientras lo escuchaba hablar de aristocracia espiritual, esa escena volvió con fuerza. No como un recuerdo aislado, sino como una clave para leer un modo de entender la cultura, el mérito y el poder simbólico. De ahí nació Horroris Causa: no como un ataque personal, sino como una incomodidad que necesitaba ser escrita. Y dicha de un modo que invite al debate.

Ministerio de Trabajo y desenlace
Ante la negativa persistente de la producción a recibirlos, decidieron avanzar. Ese domingo se presentaron directamente con el Ministerio de Trabajo y labraron un acta. A partir de ahí empezó a salir todo a la luz: ninguno de los actores tenía contrato, exactamente como ellos ya sabían. El escándalo fue inmediato. Llegaron antes de la función del domingo sin saber bien con qué se iban a encontrar. El director no estaba. Sí estaba el responsable musical del proyecto, visiblemente desencajado, junto a otros actores. Pero no hacía falta que el máximo referente estuviera presente para que el conflicto estallara. Eran actores hablando con actores, y eso ya decía mucho.

La situación fue escalando. Hubo amenazas telefónicas. La producción seguía sin pagar. El conflicto terminó trasladándose a Santa Fe y, finalmente, los pagos se hicieron efectivos. En el medio, aparecieron advertencias de que iban a publicar una solicitada en un diario de alcance nacional para escracharlos, acusándolos de impedir el trabajo de actores y actrices en Rosario. La respuesta era simple: si había dinero para pagar una solicitada, mejor pagarle a la gente y terminar con el problema. Además, cualquier discusión sobre contratos los dejaba en peor lugar, porque directamente no existían.

Aristocracia, cultura y poder simbólico
Todo ese proceso desembocó en una carta —que Christian lamenta haber perdido— escrita por un actor de Buenos Aires a la presidenta de la asociación en ese momento, Cecilia Censi. La firmaba el propio creador del proyecto. Allí los describía como los típicos "patoteros sindicalistas", los que pateaban puertas, los que no lo dejaban trabajar a él, miembro —según decía— de una aristocracia artística, heredero de generaciones dedicadas a descubrir talentos, gracias a los cuales muchos habían llegado a ser lo que eran.

Por eso, cuando escuchó a Fito Páez hablar de aristocracia, el vínculo fue inmediato. Esa palabra activó una cadena de ideas y experiencias que venía masticando desde hacía años como trabajador de la cultura, como actor y como alguien que eligió desarrollar su trabajo en Rosario. No por azar, no como paso previo a otra cosa, sino decididamente en Rosario. 

Cultura, trabajo y responsabilidad
Desde ahí, con una relación permanente con lo colectivo, con la apertura, con la discusión sobre la distribución —una palabra que, dice, ya casi no se pronuncia— empezó a preguntarse qué cultura se está defendiendo, a quién beneficia y a quién deja afuera.

La cultura, insiste, está hecha para la gente o debería pensarse desde la gente. Y la penetración simbólica que tiene una figura como Fito implica una responsabilidad mayor. No es gratuito lo que se dice en un escenario así. No es inocente no asumirse como trabajador. Entiende que cada uno se autoperciba como quiera, pero esa autopercepción también forma parte de una cultura que él siente la necesidad de cuestionar.
¿Por qué el trabajo parece algo negativo?
Ahí aparece la pregunta que atraviesa todo su razonamiento: ¿por qué el trabajo es percibido como algo negativo? ¿Por qué parece estar mal decir "soy trabajador"? ¿Acaso Fito nunca trabajó en su vida? La idea de que el trabajador es siempre otro, alguien a quien hay que decirle qué hacer, alguien que no puede disputar sentidos, que no puede intervenir en el terreno de la cultura, es una visión profundamente arraigada. Como si la cultura solo pudiera ser producida por una aristocracia ilustrada, por artistas que, desde ese lugar, se sienten habilitados a decir cualquier cosa.

El asco, el humor y los cuerpos que soportan
Cuando recuerda el momento en que Fito contó, casi como una anécdota graciosa, que había trabajado un solo día en una pollería sacando menudos y que nunca más lo hizo porque le daba asco, entiende por qué a muchos les resultó cómico. A él mismo, en otro contexto, podría haberle causado gracia. Pero puesta en relación con todo lo anterior, la escena cambia de sentido. Piensa en ese trabajador o trabajadora que saca menudos todos los días, que no puede darse el lujo del asco, porque su sensibilidad no está autorizada a rechazar ese trabajo. Como si hubiera cuerpos destinados a soportar lo que otros no toleran. Como si el asco de uno valiera más que la necesidad del otro. Y ahí, dice, es donde se le erra feo.

El problema no es el humor ni la risa. El problema es no hacerse cargo de qué se está diciendo cuando se ríe. La tradición del grotesco, recuerda, siempre estuvo ahí para habilitar una risa crítica, una risa que expone lo que duele. Estuvieron Discépolo, los dos Discépolos, estuvo Pirandello. Reírse sí, pero reírse en serio de lo que pasa, no para reafirmar jerarquías.

La universidad y la distinción
En el auditorio donde se entregó el honoris causa, además, hubo frases que terminaron de cerrar el cuadro. Cuando el rector dijo "distinguiendo a quien distingo, me distingo a mí", la pregunta se volvió inevitable: ¿qué está distinguiendo realmente la universidad? 

No se trata de separar al artista de la persona. Fito es todo eso junto. Pero también es cierto que se lo distingue desde una institución que está por fuera de su expertise, y que en ese auditorio se aplaudieron afirmaciones cargadas de sentido político y cultural.

No una cultura, sino muchas
Lo que a él le interesa, en definitiva, no es Fito como individuo, sino pensarse —pensarnos— en relación con esa cultura que se celebra y se legitima. Una cultura que algunos necesitan imaginar como única, homogénea, cerrada. Cuando, en realidad, insiste, no somos una sola cultura. Y nunca lo fuimos.

Arístides Vargas y la idea de los muchos teatros
Esa reflexión no era nueva. Él mismo reconoce que en 2015 alguien se la terminó de poner en palabras con una claridad demoledora. Fue Arístides Vargas, director y dramaturgo, un artista al que define como precioso y a quien tuvo la fortuna de tener como director en el Teatro Nacional Cervantes. 

Aquella experiencia fue, dice, maravillosa: un elenco de nueve personas provenientes de ocho provincias distintas que convivieron un mes y medio en Buenos Aires para montar una obra, girar luego por el país con veinte funciones y cerrar finalmente en el escenario del Cervantes.

Un momento político bisagra
Todo eso ocurrió en un momento bisagra. Estaban en Capital cuando cada uno volvió a su provincia para votar y regresó después. Vieron de cerca la transición política, las elecciones presidenciales, el triunfo de Mauricio Macri y la sensación de que se caía un pedazo enorme de un proyecto de país distinto, como si algo que se venía construyendo se desmoronara frente a sus ojos.

En ese contexto, Arístides les decía algo que quedó grabado: no existe el teatro. No se confundan. En Argentina hay muchos teatros. Cada uno venía de una provincia, de una ciudad, de una cultura distinta, con rasgos propios que podían dialogar, complementarse, tensionarse, pero que no se reducían a una sola forma. Y eso, decía Vargas, es la cultura. Por suerte no existe un solo teatro.

Cultura hegemónica y exclusión
El problema, piensa hoy, es que los discursos hegemónicos —y ahí nombra sin rodeos al discurso fascista— necesitan imponer la idea de una única cultura para poder avanzar. Para implementar determinadas cosas, hace falta borrar la diversidad. Y en ese proceso, quienes quedan afuera son siempre las personas. La mayoría. Porque no a todos se les concede un honoris causa, ni simbólico ni real.

Aclara que no está pidiendo ningún reconocimiento para sí mismo. No se trata de reclamar distinciones personales ni de exigir honores por ser actor. La discusión pasa por otro lado: por la idea de distinción como superioridad, por esa noción de ser "distinto" desde un lugar jerárquico, como él entiende que se plantea en el discurso que lo disparó a escribir.

Cultura, educación y origen
Por eso habla de Horroris Causa como un manifiesto político-cultural. No solo como una crítica puntual, sino como una toma de posición. Y no es casual que se presente como egresado de la escuela Gurruchaga. Lo hace a propósito. Porque ahí, dice, hay un vínculo profundo entre cultura y educación. La cultura es la madre de todo lo demás. Desde ahí se puede pensar la política, un proyecto de país, las tensiones necesarias, las disputas inevitables, siempre en relación con un bien común.

La Gurruchaga y la formación temprana
Habla de sí mismo deliberadamente. Recuerda la primera vez que salió en el diario La Capital: tenía once años y, junto a un compañero y una maestra, viajó en 1982 para llevar una ofrenda floral a los soldados de Malvinas. Todavía era dictadura. Ya se percibía el final, pero también estaba naciendo algo: el proyecto de la escuela Gurruchaga, el complejo educativo con talleres a contraturno. 

Había de todo: bonsái, periodismo, coro, teatro. Ahí tuvo a su primera maestra, Chiqui González —que más tarde sería ministra de Cultura de la provincia de Santa Fe—; después Miguel Palma; la gente de la Agrupación Discepolín; Ana Bárzola, enumera. Más tarde, ya adolescente, entró a Discepolín y nunca más se fue del teatro.
El contraste con el presente
Cuando mira el presente, el contraste es brutal. Hoy esa misma escuela ofrece horario extendido solo para un turno, para una cantidad limitada de chicos, con dos o tres talleres y, encima, pagos. Ese es el devenir, dice. Ese es el contexto.

En ese recorrido también aparece Fito. Lo conoció ahí, en la infancia, cuando Chiqui González los acercó en pleno auge de la Trova Rosarina. Y ahora, décadas después, hay que salir a pelear para que los pibes puedan ir a un taller de teatro en contraturno, pagando, y solo si están en el turno mañana, porque el turno tarde directamente no existe para eso. No entiende cómo se piensan las cosas.

Educación financiera y sentido común
Trae otro ejemplo que lo indigna. El año pasado tuvieron que movilizarse contra la introducción de la llamada "educación financiera" en la escuela primaria. Un proyecto presentado como vanguardia, promocionado por la directora en la señal de TN un domingo, destinado a chicos de primero a séptimo grado, vinculado a plataformas como Mercado Pago. 

Un proyecto mal redactado, sin sustento pedagógico, cuya portada mostraba a un nene de nueve años poniendo dólares en un frasco como símbolo del ahorro. Y este año, señala, ese mismo proyecto aparece avalado por el Ministerio de Educación de la provincia.

Entonces la pregunta se vuelve inevitable: ¿dónde estamos? ¿Qué hacemos con todo esto?

Si no pertenecés, no sos
Dentro de ese manifiesto hay una frase que condensa el problema: "si no pertenecés, no sos". No lo plantea como una exageración. En el ambiente cultural, dice, pertenecer a determinado círculo es lo que legitima. Y hablar de eso es delicado. 

Enumera rasgos de una cultura excluyente, bienpensante, cerrada. Una compañera le señaló algo más que él no llegó a incluir: el amiguismo, que funciona como otra forma de exclusión silenciosa.

Pertenecer y quedar afuera
Es un terreno incómodo, porque hay muchas cosas que no se dicen de frente. En un contexto de supervivencia, cuando se empiezan a sentir los codos de los propios pares, emergen pudores difíciles de romper. Se convive con gente querida, admirada, amada, y aun así se reproducen lógicas donde pertenecer implica quedar adentro y, automáticamente, dejar a otros afuera. 

Es algo tácito, no dicho, y por eso mismo más profundo y más difícil de discutir.

Cultura que marca y define
Él lo reconoce como una cultura que marca, que define quién puede estar y quién no en determinados lugares. Y la pregunta que se hace, una y otra vez, es si realmente quiere estar en esos lugares.

Una generación con experiencia
Pertenece a una generación que podría ocupar muchos de ellos. Por trayectoria, por recorrido. Trabajó en la municipalidad, fue precarizado durante años, organizó muestras intercolegiales de teatro, dio talleres, sostuvo múltiples espacios. Eligió otra cosa. Por ejemplo, dar clases. Aclara que no es docente, que no se recibió como tal, y reivindica a quienes sí lo son y tienen esa vocación. Su elección, insiste, no fue ingenua ni casual. Fue una toma de posición dentro de ese entramado cultural que sigue discutiendo, incluso consigo mismo.

Teatro anclado en lo artístico
Su vínculo con el teatro, aclara, siempre estuvo anclado en lo artístico. Entró para actuar, para dirigir, para hacer funciones. Eso fue lo primero que quiso y sigue siendo lo que quiere. Dar clases le encanta y lo hizo durante muchos años, pero cuando sintió que para continuar necesitaba un título que no tenía, decidió correrse. No por desinterés, sino por convicción: si no correspondía, no debía hacerlo.

Instituciones y defensa pública
Desde ahí vuelve sobre otra cuestión central de su texto: la institucionalización. No la demoniza. Al contrario, dice estar convencido de que las instituciones —sobre todo las públicas— no están mal y deben ser defendidas. Pero no solo desde adentro. Cree firmemente que a la escuela pública, a lo público en general, hay que defenderlo desde afuera. De lo contrario, el discurso dominante termina siendo que los docentes defienden la escuela pública solo porque es su fuente de trabajo. 

Y, otra vez, aparece esa idea reduccionista del trabajador como alguien que simplemente defiende lo suyo y nada más.

Instituciones y comunidad
La situación se agrava cuando incluso desde los medios se pone en duda que los docentes sean trabajadores de la educación. Por eso insiste: las instituciones se defienden desde afuera, porque no pertenecen a quienes trabajan en ellas, sino a la comunidad organizada. Son espacios creados para discutir, para sostener derechos, para distribuir. De ahí la importancia de hablar de lo público y de lo universal.

Financiamiento público y agotamiento de luchas
En ese marco, se pregunta qué está pasando con organismos como el Instituto Nacional del Teatro o el INCAA. Señala que se está borrando la idea misma de financiamiento público, que se toman decisiones arbitrarias y que, con el tiempo, también se va agotando la capacidad de pelear cada frente. Las luchas se multiplican y se superponen.

El subsidio y la cultura subsidiaria
Habla desde adentro cuando describe una sensación extendida: la de sentirse privilegiado por recibir un subsidio. "A mí me están subsidiando", dice, como si eso fuera un favor y no una política pública. Por eso plantea que la matriz del debate debería ser otra. 

En el teatro, fundamentalmente, existe una cultura que es subsidiada y subsidiaria. Subsidiada por el Estado —algo que considera correcto— pero no reconocida como trabajo. El subsidio no implica derechos laborales, no implica una concepción del hacer artístico como labor.

Diferencias de legitimación
Ahí aparecen figuras que no se terminan de discutir: los gestores culturales, la industria cultural, la profesionalización real del sector. En lugar de eso, avanza el mecenazgo, con sus propias lógicas. Y otra vez se instala la idea de diferencia, de excepción. Mientras otros trabajadores —los taxistas, los obreros, quienes se levantan temprano y hacen cuentas imposibles— cargan con el peso de sobrevivir, el artista subsidiado parece ocupar un lugar de privilegio. De ahí también una culpa soterrada que atraviesa al sector.

Por otro lado, señala que el trabajo artístico es subsidiario de otros trabajos legitimados socialmente. Está legitimado ser docente, ser empleado estatal, ser funcionario con poder de decisión en cultura. Ser actor, titiritero, sin otro respaldo institucional, queda reducido a "eso y nada más". Esa jerarquía no es casual y reproduce la lógica de pertenencia que critica.

Espacios y accesibilidad
Por eso aclara que la discusión no pasa por ocupar cargos ni disputar puestos individuales. La discusión real es por los espacios. Por garantizar que existan y que sean accesibles para la mayor cantidad de gente posible. Ahí ubica la verdadera disputa y el compromiso que cree necesario asumir.
La ilusión de los consagrados
En su texto también cuestiona con fuerza una idea muy instalada: que solo los consagrados pueden hacer cultura. Una mirada que, dice, causa un daño enorme. Recuerda que a fines de los años noventa un secretario de Cultura de Rosario afirmó públicamente que desde la Secretaría se trabajaba con los artistas rosarinos consagrados en Buenos Aires. Hubo manifestaciones, pedidos de disculpas, cierta marcha atrás, pero la idea quedó flotando, latente.

Esa lógica, además, tuvo consecuencias concretas. Benefició a una compañera que en ese momento era referente de actores, pero también empleada municipal. Llegado el punto, tuvo que elegir lo que le daba de comer. Y esa elección, señala, no habla solo de decisiones individuales, sino de cómo funcionan las cosas desde abajo, en lo cotidiano. Es lamentable, dice, pero real.

Fascinación por Buenos Aires
Mientras tanto, la fascinación por los consagrados de Buenos Aires sigue intacta. Se los aplaude, se los celebra, se los toma como medida de todo. Nadie niega el deseo de ir a Buenos Aires, de probar suerte, de que te vaya bien. Pero no es fácil. No lo fue nunca. Basta preguntarle a alguien como Luis Machín para entenderlo.

El techo invisible
En su reflexión sobre la cultura y el trabajo en Rosario, el actor y gestor cultural subraya que los artistas de la talla de Fito y otros compañeros que buscan nuevos horizontes se enfrentan a un techo: un límite implícito que marca hasta dónde se puede llegar, qué se puede decir y qué incomoda. "Hay un techo que implica que podés ir hasta determinado lugar, pero otras cosas que digas incomodan, y sí, qué querés que haga, incomoda", explica, evidenciando cómo ese límite condiciona la expresión y el desarrollo artístico.

Relación con el Estado
Para él, la relación con el Estado no se reduce a renunciar o aceptar las condiciones de pago de la municipalidad. "No quiero trabajar para la municipalidad porque paga después, o paga mal. Pero ¿por qué tenemos que renunciar al Estado? ¿Por qué no discutimos lo que significa el presupuesto estatal, que vaya a la gente, que vaya a los lugares donde tiene que ir?", reflexiona, insistiendo en la necesidad de que la cultura llegue a todos, y no solo a ciertos círculos consolidados.

Pertenencia y exclusión
Denuncia además cómo la cultura del "pertenecer" reproduce inequidades. "Con esta exacerbación de los 300 años ha pasado todo en el centro. Y no quiere decir que en los barrios no pasen cosas", aclara, mencionando las 320 funciones que realizan en los barrios junto con el colectivo de Titiriteros Rosarinos, con el colectivo de narradores y con el colectivo de teatro en calle.

Tres lenguajes y coproducción
En espacios como la Biblioteca Popular Cachilo y las bibliotecas populares de los distintos barrios y los Centros Cuidar, se trabaja con tres lenguajes —Teatro - Circo, Narración oral y Títeres—, en coproducción con la municipalidad. Sin embargo, ni siquiera el propio Estado logra decirlo o valorarlo como corresponde. Y eso es lamentable, porque son experiencias que deberían crecer: la gente tiene que poder acceder a la cultura, a partir de una verdadera lógica de distribución, de lo que necesitamos como comunidad y de lo que la gente necesita.

Cultura y seguridad en Rosario
Eso es solo una parte de la discusión cultural. Lo que más lo afecta, aclara, no tiene que ver con una cuestión corporativa ligada a su trabajo, sino con el cambio cultural que se está viendo en Rosario. No quiere una ciudad donde la presencia policial se reduzca a pedir documentos a un pibe con gorrita o a un cartonero, incluso cuando ni siquiera queda claro qué se está controlando. "Rosario es otra cosa", insiste, cuestionando la idea de seguridad basada en el control visible, que ignora el verdadero sentido de la convivencia urbana.
 
Reconoce que la seguridad es una necesidad, pero se pregunta qué se busca mostrar con ciertas prácticas: a quién tranquilizan y en nombre de qué. Para él, detener a un cartonero visible y reconocible no construye seguridad. Esas son, dice, las cosas que le interesa discutir.

Tomar la palabra públicamente
En este contexto, explica su decisión de tomar la palabra públicamente: escribir, debatir y convocar. Prefiere la discusión colectiva al activismo individual: "No me gusta escribir y tirar porque sí las cosas, porque nunca fui un petardista. Prefiero el barro de poder discutir y enojarme con otras personas, a ser un llanero solitario". Así surge su convocatoria para reunir a compañeros de distintos ámbitos, no solo del teatro, en un encuentro transversal a partir del 25 de enero.

Sensibilidad y aristocracia cultural
Sobre el impacto de su manifiesto, reconoce la sensibilidad que toca al cuestionar la cultura "bien pensante" o los círculos de amiguismo. Advierte que no se trata de señalar culpables individuales, sino de diferenciar entre quienes toman decisiones y quienes realizan el trabajo cotidiano, reconociendo el esfuerzo de los laburantes que sostienen instituciones. Su experiencia de 18 años como delegado de la Asociación Argentina de Actores y Actrices lo posiciona para comprender las complejidades de estas dinámicas: errores, decisiones y distintas perspectivas se entrelazan en la gestión cultural diaria.

Desde su mirada, hablar de aristocracia cultural es hablar de democracia ausente. La democracia se vacía y, con ella, la cultura. Para él, es fundamental ir a la raíz: advertir los riesgos de discursos que legitiman la meritocracia, promovidos tanto por figuras políticas como por actores culturales que avalan ciertos privilegios. "Una de las cosas que logró Macri instalar es la cuestión meritocrática. Entonces vos pertenecés, yo te legitimo, vos sos meritorio de tal cosa. ¿Quién dice eso? En una democracia lo tenemos que discutir", afirma.

Ciudadanos y cultura
Critica también la visión superficial de la cultura como arte aislado: "Tampoco la cultura es 'qué lindo, somos maravillosos porque hacemos arte'. Somos ciudadanos, somos personas que transpiramos, que sentimos y que vivimos en una ciudad como Rosario y un país como el nuestro". Hay situaciones concretas de la vida cotidiana que ilustran la falta de estructura y contexto. 

Cuenta una escena cotidiana que lo marcó. Vive cerca de la terminal y una noche, mientras esperaba el colectivo con su compañera, dos policías jóvenes les preguntaron qué colectivo podían tomarse para llegar a la terminal, donde terminaban su turno. Estaban a apenas cuatro cuadras. No lo dice con enojo hacia ellos: al contrario, aclara que no quiere que esos pibes sean odiados. Pero señala que hay un sistema que empuja a esa situación y habilita la pregunta inevitable: ¿para qué está un servidor público si no conoce el territorio en el que trabaja?

Recuerda que antes, cuando alguien necesitaba una referencia, podía acudir a una persona del Estado que estaba para eso, entre otras cosas. Para él, esa pérdida es parte de una cultura de vaciamiento: del rol del Estado y de los vínculos colectivos. Una cultura que instala la idea de que todo logro es mérito individual, como si no existiera contexto. "Y eso —advierte— lo estamos padeciendo", dice, señalando cómo la narrativa del mérito ignora las condiciones sociales y culturales que hacen posible cualquier éxito.

Resistencia cultural y ciudadana
Finalmente, su compromiso se centra en la resistencia cultural y ciudadana, más allá de la denuncia: convocar, debatir y sostener espacios para el encuentro y la discusión. "Nos sumaremos a la convocatoria de febrero. A debatir un poco, a vernos, a encontrarnos, a tratar de pensarnos, porque hay un montón de cosas maravillosas para poder sostener y me parece que esa es la verdadera resistencia", concluye. 

También manifiesta un rechazo profundo al discurso bélico y a prácticas denigrantes como la colimba, subrayando que los intereses culturales y políticos deben orientarse al beneficio de la mayoría, y no a la consolidación de privilegios. "Cuando uno manifiesta determinadas cosas hay intereses de por medio, y ese es el hueso. Eso es lo que tenemos que ir viendo: que los intereses sean para la mayoría", finaliza, dejando en claro su compromiso con una cultura inclusiva y democrática.
 
Escuchá la entrevista completa: 

Lee el manifiesto completo:
"Horroris Causa, cierta Cultura de Rosario"
Cierta élite tiene la fantasía de una "Cultura rosarina". No me molesta que quien quiera fantasee con lo que quiera. Lo que me molesta es la hegemonía, el discurso ÚNICO, así con mayúsculas, que emana de los generadores de discursos desde los distintos estamentos. Como todo discurso hegemónico, solo es sostenible por el uso de la posición dominante de las usinas legitimadas.

No quiero aportar a la "mala prensa" institucional, sobre todo cuando la institución "madre", la Democracia, viene siendo tan arteramente atacada y vaciada de contenido. Pero creo que sí, que la "Cultura en Rosario" está "institucionalizada"; en este caso uso esa palabra como sinónimo de: encapsulada, maniatada, subsidiada, encorsetada, formateada, tutelada.

En algún momento encontramos el atajo del "subsidio" para que el Estado "fomente y estimule" la Cultura. Esto generó cierta ilusión de libertad, ya que la "independencia" artística no se veía amenazada por el "yugo" laboral y dependiente (además, no somos trabajadores, somos artistas: no yugamos, gozamos).

Luego vino la definición de "industria cultural", que fue generando pseudoproductores y productores freelance, con mayor o menor llegada a los círculos de decisión, de los cuales la mayoría no asumen su rol empresarial y de empleador, escudándose en el "esfuerzo" y el mérito de poder gestionar recursos (el "movimiento de gestores" es anterior al de industria).

En el discurso hegemónico siempre prevalece el Capital (¡es el capitalismo, estúpido!), ya sea el concreto, el cash, o el simbólico, el meritocrático, que claro, lo determina la propia "institución" que te legitima y, por ende, te institucionaliza.

¿Está mal la institución? Para nada. Si no está mal la institución madre, la Democracia (aunque al atacarla y no ejercerla a pleno parezca que no sirve), ninguna de las instituciones y/u organizaciones que tiendan a tener una comunidad plural tampoco lo están.

Es decir, el ejercicio del Estado de Derecho en cualquiera de las organizaciones es fundamental para que, desde las bases, quienes representan respondan a esas bases. Si el ejercicio del poder se desarrolla en función del usufructo de lo colectivo, es decir, vaciando de contenido lo grupal, lo colectivo, entonces lo convierto en un "síganme que no los voy a defraudar", y la "elección" y la "representatividad" se aplastan, generando la ilusión de la libertad, de la participación, y por ende se subvierte la vitalidad de lo grupal y lo colectivo: lo vivo que es tensar, poner en cuestión, pujar por los intereses individuales para llegar a acuerdos comunes y ejercicios en consecuencia para llevar adelante objetivos superadores de la individualidad.

Recuerdo cuando se lanzó en nuestra ciudad el "Presupuesto Participativo". Con un grupo de compañeras y compañeros planteábamos la preocupación de que se convirtiera en el "siga participando" de la chapita.

El sesgo de confirmación de las redes se ha instalado en los círculos de decisión y ha generado un microclima que expulsa, mira de arriba y, claro, se convence de que es la única cultura, la mejor, la que "quieren todos", incluso aquellos/as que no son alojados, porque es la que se "instala".

El impulso a "pertenecer" genera un accionar errático e ilusorio que permite conformarse con lo que hay: con "si no digo nada, tal vez pueda ocupar aquel lugar", simbólico o concreto. También, y es lo más lamentable, genera en muchos y muchas el "dolor de ya no ser", porque si no pertenecés, "no sos".

Allá por el ’82 salí por primera vez en el diario La Capital, con foto y todo: un compañero, una maestra y yo. La noticia era que nos habíamos juntado un sábado a la mañana, de manera institucional, con guardapolvo y todo, para llevar una ofrenda floral a los "héroes de Malvinas". Esto fue en plena guerra. Subimos al barco Ciudad de Rosario y, en el medio del Paraná, hicimos la ofrenda y vimos cómo las flores se las llevaba el río…

Tal vez esa ofrenda nunca llegó, como los "chocolates" de las 24 hs. El río, o tal vez la marea, las condiciones climáticas, algunos peces o algún pescador desprevenido —ojalá un pescador enamorado— habrán truncado nuestras mejores intenciones. En las 24 hs los "chocolates" no llegaron por las angurrientas y miserables manos de civiles y militares que siempre usufructuaron lo colectivo, manipulando las mejores intenciones en beneficio propio.

Creo que esto es cultural. Esta sistematización de la miseria, esto de "manipular deseos", se convirtió en una "Cultura dominante": un ejercicio de poder cuyo motor es la especulación, el rédito, el escarnio para los muchos que no entran en el molde o ya pasaron de moda. La cultura del "Descarte"… (ojo, en rosarino tal vez suene positivo o al menos cool).

Todavía no había cumplido los 12 y era parte de un proyecto educativo de una escuela que nos permitía descubrir distintos universos desde los distintos talleres (llegué a participar de los talleres de Bonsái, Coro, Periodismo y, por supuesto, el de TEATRO, donde descubrí esto que ejerzo, hago, soy: "trabajador actor").

En esa misma escuela, hoy por hoy, también se promocionan talleres a contraturno, pero para un solo turno, para un solo nivel, para unos pocos y que puedan pagar.

Cierta élite educativa, con cargos directivos, confunde hacer "carrera" con hacer jugar desde temprano "carreras", para que el que llegue primero tenga la posibilidad y pueda sentir que él sí se merece "gozar" del beneficio. Así enseñan: son beneficios a lograr y no derechos a ejercer, porque claro, no hay para todos.

Otra cosa que se ha convertido en cultura: la resignación. Hacemos lo que podemos, es lo que hay y ya.

La Cultura única genera espectadores, bufones y sobrevivientes que van recibiendo migajas para que no hagan demasiado ruido. Pero es una ilusión: habrá quienes quieran llegar a ciertos lugares para repetir la misma matriz, cambiando de denominación y ejerciendo la misma hegemonía con distintas caras o distintas caretas.

Y otros/as ejerciendo, generando, compartiendo sentidos y sentires desde las entrañas de una ciudad diversa.

¿Y con ser parte qué? ¿A dónde hay que llegar? No hay a dónde llegar: hay tránsito, y en ese tránsito un devenir que tendría que transcurrir en una sociedad que, desde las manifestaciones más básicas, responda a premisas que no sean de sometimiento, ni de mayorías ni de minorías; una sociedad que se sostenga realmente en la igualdad, que pueda profundizar la distribución y no un "equilibrio" basado en la dádiva, la exclusión y el mérito de poder sostenerse en una cuerda floja mientras te dé la fuerza, tengas paracaídas o una "red" familiar que te contenga.

No soy quien para criticar a la Universidad como institución, ni tampoco a Fito como artista o persona.
Sí me gusta hacer foco en lo que representan, o quieren representar, o creen representar, o quienes se sienten representados, o tienen cierta referencia aspiracional.

El rector asume que, dando la Universidad esta distinción, se distingue a sí misma por distinguir al hijo pródigo, el mejor de una ciudad que se hizo a sí misma, bla, bla, bla…

Y quien recibe la distinción se define como "aristócrata" de una "aristocracia espiritual" (que es la única aristocracia, agregó —creo— con cierto pudor al escuchar sus propias palabras). ¿Quiere decir que la Cultura que se distingue es la "aristocrática"?

En definitiva, quien quiera distinguir o distinguirse, que lo haga.

Ojalá se distinguiera a todos y todas los y las laburantes de la Universidad con lo mínimo, que es el respeto a los trabajadores. Ojalá que aquel sueño de "mi hijo el dotor" de una clase ninguneada de principios del siglo pasado no se haya convertido hoy en esa élite que solo ve el mérito de unos pocos.

Ah, también el distinguido dijo haber trabajado solo una vez y poco, que lo suyo no es trabajo… (no me meto con la autopercepción). Sí me preocupa el mensaje: lo que define construye, o algo así.

Esto último me da una explicación del porqué ciertos círculos no ven importante el trabajo de quienes nos dedicamos a lo artístico: porque ciertos discursos legitimados no lo ven como trabajo, porque el trabajador no puede hacer nada artístico ni tampoco "Cultura". Solo pueden hacer arte los artistas (consagrados y reconocidos como tales). Y la cultura la puede ejercer el culto (con título, institucionalizado).

Las culturas nos constituyen, y si hay una cultura debería ser el conjunto, o el colectivo, de las distintas culturas, y no una sola ejercida por quien toma decisiones.

Ojalá tuviéramos espacios de discusión, o cátedras abiertas, que permitan construir una cultura que contenga las distintas Rosarios que hay hoy, pero sobre todo que tenga lugar esa Rosario que no se define como tal porque queda fuera del discurso hegemónico.

No hablo de las manifestaciones culturales y artísticas que ejercitaremos como seres humanos a pesar de… Hablo de pensarnos cultores de nuestra propia historia social: colectiva, dinámica, plural, inclusiva, democrática.

Se ejerce una cultura dominante: "bienpensante", "blanca", "meritocrática", "patriarcal", "fragmentada", "concéntrica", "excluyente".

Propongo un espacio, a partir de febrero de 2026, a construir para debatir, cuestionar, pensarnos desde las Culturas.

El eje principal: generar un espacio transversal, multidisciplinario, intergeneracional, con perspectiva de género y basado en los Derechos Humanos universales, que vaya dando cuenta de nuestra ciudad con una mirada plural y democrática.

Quien se quiera sumar me escribe a: christianalvarezteatro@gmail.com

Christian Álvarez
Actor
Egresado de la primaria de la Escuela N.º 71
Dr. Francisco de Gurruchaga

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