La oficina vacía y los telegramas de despido
La semana pasada comenzó a conocerse el cierre de Visegur, una empresa de seguridad que dejó en la calle a una cantidad importante de trabajadores. Detrás de los telegramas de despido, los empleados denuncian una situación que, según relatan, se fue agravando durante meses: salarios pagados en cuotas, promesas de pago que nunca se concretaron, endeudamiento para sostener los gastos cotidianos y, finalmente, el cierre de la oficina sin que aparecieran los haberes ni la documentación correspondiente.
Francisco Rodríguez fue uno de los trabajadores que recibió el telegrama. Según contó en Señales, los primeros comenzaron a llegar el 28 de junio. Allí se les comunicaba que la situación económica de la empresa ya no era sostenible y que quedaban despedidos. El mismo telegrama indicaba que, dentro de los plazos establecidos por la ley, recibirían sus haberes y la documentación correspondiente.
Pero, según Rodríguez, eso nunca ocurrió.
Cuando fueron a la oficina para reclamar el dinero, se encontraron con las puertas cerradas y con una escena que, para ellos, terminó de confirmar el abandono.
"No estaban los muebles y nos encontramos totalmente en la calle y desamparados", relató.
Detrás de esa situación, dijo, quedaron 35 familias que hoy tienen dificultades incluso para garantizar la comida diaria.
Tres meses sin cobrar: crédito, deudas y promesas
El problema, según explicó Rodríguez, venía de mucho antes del cierre. Los trabajadores llevaban casi tres meses sin cobrar y durante ese tiempo tuvieron que recurrir al crédito y al endeudamiento para afrontar sus obligaciones.
"Muchos pedimos crédito, nos endeudamos con billeteras virtuales y se nos hizo duro y se nos hace todavía duro", contó.
Mientras los salarios se acumulaban, los trabajadores continuaban presentándose en sus puestos. La empresa, según su relato, les pedía que siguieran trabajando con la promesa de que la semana siguiente llegarían los pagos.
"Nos decían: la semana que viene les pagamos, la otra le tiramos un pucho, y la plata nunca llegó", sostuvo.
Sergio Gianonne describió una situación similar. Explicó que los pagos ya se venían realizando en cuotas, algo que, según él, hizo que los trabajadores continuaran en sus puestos mientras esperaban que la situación se normalizara.
El último depósito que recuerda haber recibido fue el 10 de junio y alcanzó los 500 mil pesos. Después, según relató, volvieron las promesas.
"No hay plata, no hay plata, la semana que viene, la otra", recordó.
Así transcurrió julio, explicó, mientras los trabajadores seguían cumpliendo sus tareas con parte de sus salarios pendientes. Llegaron a agosto y todavía no tenían el dinero que consideraban correspondiente a su trabajo.
"No tenemos nuestra plata que nos corresponde", resumió. Para Rodríguez, el reclamo no tiene que confundirse con un pedido de ayuda. "Queremos la que trabajamos, nada más. Acá no venimos a mendigar nada", afirmó.
De Visegur a Insignia: el pase que encendió el conflicto
En medio de ese escenario apareció otra empresa de seguridad. Gianonne señaló directamente a Roel Alberto Vázquez, a quien identificó como una de las personas que se acercó a los distintos servicios donde trabajaban los vigiladores para intentar convencerlos de que pasaran a Insignia. En la jerga del sector, esos lugares son denominados "objetivos".
Según el trabajador, Insignia mantiene los mismos objetivos y hasta parte de los mismos supervisores. También sostuvo que la firma se habría fusionado con una empresa denominada Blindaje. Para Gianonne, se trata, en los hechos, de una continuidad de la actividad que desarrollaba Visegur bajo otro nombre.
"Los objetivos siempre los hicieron, siguieron pagando", afirmó.
Días antes de la entrevista, relató, los trabajadores se habían enterado de que a diez vigiladores que aceptaron pasar a la nueva empresa se les habían pagado los sueldos.
Para Gianonne, ese dinero correspondía al trabajo que habían realizado ellos antes del cierre. "Ellos cobraron en la Municipalidad de Rosario", afirmó.
El conflicto se profundizó cuando, según su relato, Vázquez comenzó a ofrecer dinero a los trabajadores que aceptaran incorporarse a Insignia. Gianonne habló de una propuesta de 300 mil pesos para quienes firmaran y explicó que, de acuerdo con lo que les planteaban, el trabajador debía resignar derechos y comenzar prácticamente desde cero.
"Te quería dar el alta en Insignia y perdiendo todos los derechos del trabajador", afirmó.
También sostuvo que el esquema propuesto contemplaba 100 horas "en negro" y otras 100 "en blanco". Según sus cálculos, eso implicaba que un trabajador que hasta entonces cobraba alrededor de 1.600.000 pesos pasaría a percibir entre 600.000 y 700.000 pesos.
Los trabajadores que decidieron no aceptar esa alternativa quedaron, según denunciaron, sin empleo y sin cobrar los salarios adeudados. Los mismos objetivos y una empresa que, según los trabajadores, siguió funcionando
Gianonne cuestionó que, mientras Visegur cerraba y sus empleados quedaban sin cobrar, quienes habían aceptado pasar a Insignia continuaran trabajando en los mismos servicios.
"Siguen trabajando los excompañeros que han renunciado a su antigüedad y han decidido cobrar menos", señaló.
Según explicó, esos trabajadores continuaron desempeñándose en los mismos objetivos y percibiendo sus salarios, mientras otro grupo quedó afuera.
Rodríguez aportó otro elemento. Contó que en la Granja de la Infancia, donde trabajaba para Visegur, nadie sabía que la empresa estaba por retirarse. De un día para otro, apareció el supervisor y comunicó que debían levantar todo porque la firma cerraba.
"La directora no sabía nada, que se habían ido", relató. La noticia sorprendió a quienes estaban en el lugar porque, según Rodríguez, Visegur todavía tenía contrato vigente. "La gente se quería matar, porque sí, tenían contrato", señaló.
También recordó que la empresa tenía otro contrato con la Municipalidad que había sido renovado recientemente y que durante el año anterior había prestado servicios de seguridad en la colectividad.
Para Rodríguez, esos antecedentes hacen todavía más difícil de comprender el desenlace. "Es una empresa que tiene más de 20 años, no es una empresa que se creó ayer", remarcó.
La trama societaria y la pregunta por los responsables
Uno de los puntos centrales del conflicto es quiénes aparecen como responsables de Visegur y quién debe responder por las obligaciones laborales.
Rodríguez contó que, cuando los trabajadores enviaron los telegramas correspondientes a la oficina del abogado, recibieron como respuesta que quienes ellos señalaban como responsables desconocían completamente ser los propietarios de Visegur.
"Ellos desconocen la legalidad de los papeles que ellos presentan, porque en todos los papeles de documentación figuran ellos como dueños. Y hoy lo desconocen, desacreditan que sean los dueños", afirmó.
Durante la entrevista también se hizo referencia a documentación societaria en la que aparecen movimientos en la composición de la sociedad. Según la información repasada al aire, la situación no habría implicado una desaparición societaria inmediata de Visegur.
También se mencionó que la sociedad tenía previsto su cierre en junio de 2026 y que posteriormente apareció una reconducción, es decir, una continuidad de la sociedad.
De acuerdo con la información mencionada durante la entrevista, en junio de 2023 Francisco Previtera habría cedido cuotas de la sociedad a Paula Carolina Housseini y a Roel Alberto Vázquez. Según esa interpretación, Housseini quedaría como principal accionista y Vázquez como segundo titular.
Gianonne, por su parte, afirmó que Vázquez posee el 40 por ciento y que los trabajadores le reclamaron que asumiera la responsabilidad correspondiente a esa participación. "Le dijimos: bueno, hacete cargo, si vos tenés el 40%", relató.
Según su versión, la respuesta fue que Visegur ya no podría cobrarle a nadie. En ese punto, los trabajadores plantean una pregunta que atraviesa todo el conflicto: cómo puede una empresa dejar de funcionar, mantener o transferir sus servicios y, al mismo tiempo, quedar sin responsables visibles frente a quienes reclaman sus salarios.
Una denuncia por amenazas y una protesta en la calle
El reclamo derivó, según denunció Gianonne, en una situación todavía más grave. Afirmó que recibió una llamada telefónica de Vázquez en la que, según su relato, fue amenazado de muerte para que dejara de reclamar.
"Yo voy a seguir. Yo quiero que me paguen, nada más", sostuvo. Su reclamo, insistió, está vinculado exclusivamente con el pago por el trabajo realizado. "Roel Vázquez, Florencia, el padre, que me paguen, porque yo le trabajé siempre, 17 años", expresó.
Gianonne también responsabilizó por la situación a Florencia Previtera y a Paula Carolina Housseini, a quien identificó como hija de Francisco Previtera. En su relato vinculó a esta última con la conducción de la empresa y recordó que Previtera había sido comisario de Rosario.
Después de 17 años de trabajo, dijo Gianonne, recibió un telegrama de despido y, cuando se presentó en la empresa, descubrió que ya no quedaba nadie. "Me dieron un telegrama, me presenté a la empresa, ya se habían ido", relató.
La situación lo llevó incluso a participar de una protesta callejera. "Nunca en mi vida pensé que en los 50 años iba a cortar una calle por esta gente. Tuve que cortar una calle", contó, en referencia a una manifestación realizada sobre calle Moreno.
Durante esa protesta, los trabajadores pidieron que alguno de los responsables de la empresa se acercara para intentar negociar una salida.
"Pedimos por favor que uno de los dueños se acerque por lo menos para intentar mediar con nosotros, e intentar llegar a un acuerdo", contó Gianonne.
La protesta, desde su perspectiva, fue el último recurso después de no haber obtenido respuestas por otras vías.
El sindicato, el Ministerio de Trabajo y una audiencia que terminó mal
Los trabajadores también cuestionaron el papel del sindicato durante el conflicto.
Gianonne relató que, cuando concurrieron a esa organización, se encontraron con una situación que consideró inadmisible.
"Fuimos al sindicato abrazándose el abogado del sindicato en el Ministerio de Trabajo con el abogado de la empresa", afirmó y agregó que aquello fue una muestra de "descaro" e "impunidad".
Rodríguez explicó que durante aproximadamente un mes participaron de instancias de mediación en el Ministerio de Trabajo. Pero mientras las audiencias avanzaban, la abogada Nadia Morandi ya había presentado la demanda ante los tribunales.
El conflicto pasó entonces al ámbito judicial. Allí, explicó Rodríguez, deberán determinarse las responsabilidades y, eventualmente, si existió fraude laboral.
"Después veremos si pueden comprobar fraude laboral para poder cobrar a esta gente y si no queda todo en la nada, lamentablemente es así", señaló.
Gianonne describió el paso por el Ministerio de Trabajo como una instancia que permitió mediar, pero que finalmente no produjo el resultado que esperaban. Según relató, el expediente fue archivado y los trabajadores fueron derivados a los tribunales.
Mientras tanto, durante las negociaciones, las promesas de pago continuaron. Según Gianonne, el abogado de la empresa repetía cada pocos días que el dinero llegaría la semana siguiente. "El lunes este está la plata", recordó que les decían. Pero el lunes llegaba y el dinero no aparecía.
Rodríguez también recordó esos encuentros. Según su relato, el abogado se enojaba cuando los trabajadores planteaban sus reclamos y repetía que iba a hablar con los socios. En ese momento, remarcó, todavía se hablaba de ellos como socios.
La situación llegó a un punto de tensión durante una audiencia. Rodríguez contó que el abogado de los trabajadores pidió que se identificara a los dueños de la empresa. Según su relato, el abogado de la firma se molestó ante el planteo y comenzó una discusión sobre la representación legal.
Finalmente, según Rodríguez, tomó sus cosas y se retiró. Después de ese episodio, afirmó, no volvieron a verlo.
Contratos, dinero y una pregunta que quedó sin respuesta
Para los trabajadores, otro de los puntos difíciles de explicar es que los servicios continuaban mientras ellos dejaban de cobrar.
Rodríguez sostuvo que durante ese período los responsables de la empresa les repetían que no estaban cobrando determinados servicios. Sin embargo, según su relato, en distintos objetivos continuaban entregándose los sobres correspondientes a los trabajadores.
"A todos los objetivos le llevaban los sobres y cobraban", sostuvo. La pregunta que les quedaba era de qué cuenta salía ese dinero si, como les decían, la empresa no podía disponer de sus fondos. "¿Con qué cuenta? No sé, con una cuenta personal", respondió.
Uno de los episodios que recordó ocurrió en Emepa, una empresa vinculada al ferrocarril ubicada en Pérez. Allí, relató, Roel Alberto Vázquez y Florencia Previtera habrían ido a buscar dinero.
La explicación que, según Rodríguez, recibieron los trabajadores fue que con ese dinero se pondrían al día los salarios y que las indemnizaciones se discutirían posteriormente en los tribunales o en el Ministerio de Trabajo.
Pero el resultado, según su denuncia, fue diferente. Rodríguez aseguró que hubo un grupo de siete o diez trabajadores con quienes, según dijo, la empresa "se ensañó". Mientras algunos empleados continuaron trabajando un mes más en Emepa y recibieron pequeños pagos parciales, ellos dejaron de cobrar.
"El 30 de junio que nos despidieron y nos dieron el telegrama, no nos pagaron nunca más", afirmó.
Para Rodríguez, la contradicción aparece también en los servicios que la empresa tenía a su cargo hasta poco antes del cierre. Entre ellos se encontraban contratos vinculados con la Municipalidad de Rosario y otros objetivos de importancia.
La pregunta que queda, para los trabajadores, es cómo una empresa con años de actividad, contratos y servicios en funcionamiento puede terminar cerrando de un día para otro mientras sus empleados quedan sin cobrar.
"Ahora no tiene socios. ¿Cómo no tiene socios?", planteó Rodríguez después de la protesta realizada en calle Moreno.
Diecisiete años de trabajo y una deuda que sigue abierta
El enojo de Gianonne no se limita a la pérdida del empleo. Después de 17 años de trabajo, dijo, recibió un telegrama de despido y quedó frente a una deuda que se acumuló durante meses. Hace dos meses, contó, viene recurriendo a billeteras virtuales para poder afrontar sus gastos.
"Yo tengo obligaciones, tengo que pasar la mantención, tengo que vivir. ¿Dónde saco la plata? Si yo la trabajé, al menos yo le dije: páguenme la plata", sostuvo.
Rodríguez también recordó que los problemas para cobrar no comenzaron con el cierre. Según contó, los trabajadores se habían acostumbrado a reclamar para recibir sus salarios. "Acá en esta empresa siempre se tuvo que pelear para cobrar", sostuvo.
Las discusiones, aclaró, no estaban relacionadas con el trabajo que debían realizar, sino con el dinero que no llegaba en tiempo y forma.
Rodríguez recordó incluso una frase que, según contó, le había dicho el padre de Florencia Previtera durante una discusión. "Yo a vos te hago un favor", le habría dicho.
El trabajador asegura que respondió que no se trataba de ningún favor, porque él había trabajado para la empresa y esta había cobrado por ese trabajo. Esa es, para él, la cuestión central del conflicto.
"Pagame Roel Vázquez, pagame porque vos tenés un 40%", reclamó.
Y, frente a la disputa sobre quién tiene la responsabilidad, resumió su posición de manera directa: "Acá que me pague cualquiera. Yo quiero la mía porque laburé".
La batalla que ahora sigue en los tribunales
Para los trabajadores, la indemnización es una discusión distinta que deberá resolverse por las vías correspondientes. Lo urgente, sostienen, es cobrar los salarios adeudados. "Después la antigüedad, bueno, eso lo tienen que pagar por ley", sostuvo Rodríguez.
El reclamo principal, coincidió Gianonne, pasa por los tres meses de trabajo que aseguran no haber cobrado. No se trata solamente de una cifra acumulada, explicó, sino del esfuerzo cotidiano detrás de cada jornada.
"Son tres meses que uno se esfuerza para presentarse, levantarse a las cuatro de la mañana, estar presente", relató.
El trabajador cumplía con su parte y esperaba que la empresa cumpliera con la suya. Pero el dinero no aparecía. "Uno llega a la fecha de cobro y... ¿la plata dónde está? Nos echan y la plata dónde está", planteó.
En paralelo, los trabajadores iniciaron el camino judicial para intentar recuperar lo adeudado y determinar las responsabilidades que atribuyen a quienes estuvieron al frente de Visegur.
El paso por el Ministerio de Trabajo no resolvió el conflicto y, según explicaron, el expediente terminó en los tribunales.
Allí deberá establecerse, entre otras cuestiones, qué ocurrió con la sociedad, quiénes tenían responsabilidad sobre ella y cuáles son las obligaciones que permanecen pendientes con los trabajadores.
Mientras tanto, el reclamo continúa en la calle.
Rodríguez y Gianonne sostienen que no están pidiendo una concesión ni una ayuda extraordinaria. Quieren cobrar los meses que trabajaron y que, según denuncian, quedaron impagos.
"Quiero la mía porque yo la trabajé, y ellos cobraron, así que me den mi plata", reclamó Rodríguez. También extendió el pedido a sus compañeros. "La mía y la de mis compañeros que la pongan a la plata", exigió.
Para los trabajadores, el final de Visegur fue abrupto. Después de años de actividad, sostienen, la empresa simplemente desapareció de su lugar habitual de funcionamiento. "Esta vez la hicieron cortita, se llevaron todo, nos dieron una palmada y ‘andá a cobrarle’", describió Rodríguez.
La frase sintetiza el sentimiento de abandono que atraviesa sus testimonios: una empresa que durante años tuvo trabajadores, servicios y contratos terminó, según denuncian, dejando a sus empleados sin cobrar y obligándolos a iniciar una batalla administrativa y judicial para intentar recuperar el dinero.
Por ahora, esa batalla continúa. "Vamos a seguir luchando, vamos a seguir luchando hasta que nos paguen", afirmó Rodríguez.
Y en esa frase queda concentrado el conflicto de un grupo de trabajadores que, después de años de prestar servicios para Visegur, terminó reclamando frente a una estructura que, según denuncian, desapareció cuando llegó el momento de responder por sus obligaciones.
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