martes, 25 de agosto de 2026

La batalla por Warner entra en una nueva fase: activos clave ya tienen potenciales compradores

Banqueros estarían contactando a posibles compradores por activos de Warner Bros., como New Line Cinema y sus cadenas de cable, mientras sigue la disputa legal por la adquisición de Paramount. Compradores se interesarían por activos de Warner mientras se prolonga la batalla legal de Paramount.
Estudios Warner Bros. en Burbank, California

Por: Lucas Shaw, Hannah Miller and Josh Sisco

Los banqueros de inversión y los posibles compradores han estado analizando activos que podrían estar a la venta, mientras se prolonga la batalla legal de Paramount Skydance Corp. (PSKY) para adquirir Warner Bros. Discovery Inc. (WBD), según fuentes familiarizadas con las negociaciones.

Los banqueros se han puesto en contacto con posibles compradores con la idea de adquirir New Line Cinema, una filial de Warner Bros. que ha producido películas como la saga de El Señor de los Anillos y la película de terror It, según personas al tanto de esas propuestas. Las cadenas de cable de Warner Bros. también están despertando interés, según estas personas, que han solicitado mantener el anonimato debido al carácter privado de las conversaciones.

Paramount ha obtenido la aprobación regulatoria para la operación de US$110.000 millones con Warner Bros. por parte de 68 jurisdicciones de todo el mundo, incluidos el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la Unión Europea. El último obstáculo regulatorio lo constituyen un par de demandas presentadas por 12 fiscales generales estatales liderados por demócratas y el sindicato Writers Guild.

El fiscal general de California, Rob Bonta, quien ha liderado la demanda de los estados, tenía previsto celebrar el lunes unas conversaciones para llegar a un acuerdo, pero las canceló alegando lo que, según él, eran filtraciones a los medios de comunicación sobre las negociaciones.

Si se lleva a cabo la operación de Warner Bros., Paramount pasaría a poseer la mayor cartera de cadenas de televisión por cable de EE.UU. La empresa está barajando la posibilidad de ofrecer negociar acuerdos de distribución independientes con los operadores de cable para las distintas partes de su imperio televisivo como una forma de resolver el litigio, según indicaron algunas de las fuentes.

Las tarifas que abonan los proveedores de televisión de pago, como Comcast Corp. (CMCSA) y DirecTV, constituyen una enorme fuente de ingresos para la empresa.

Bonta ha declarado que desea que el acuerdo incluya cambios estructurales como parte de cualquier resolución, y no acuerdos de conducta que puedan resultar difíciles de hacer cumplir tras el cierre de la operación.

"Hemos identificado tres mercados en nuestra demanda en relación con la distribución generalizada en salas de cine, la distribución de éxitos de taquilla y la concesión de licencias a canales de cable", declaró Bonta en una entrevista con Bloomberg TV el lunes. "Si desean proponer una solución estructural para cada uno de esos mercados, les escucharemos".

Un portavoz de Paramount se negó a hacer comentarios sobre los términos del acuerdo.

"Paramount no tiene conocimiento ni está interesada en entrar en conjeturas no solicitadas sobre nuestro negocio", declaró la empresa el lunes en un comunicado. "Tal y como se ha indicado hoy, seguimos teniendo esperanzas y estamos dispuestos a continuar las conversaciones de buena fe para resolver la demanda del fiscal general, incluyendo soluciones estructurales que permitan seguir adelante con nuestra operación".

Paramount ya había intentado vender anteriormente su canal BET. También ha buscado socios estratégicos para MTV. Según personas familiarizadas con esas conversaciones, los postores también han sopesado presentar una oferta por la cadena Comedy Central de la empresa.

Aunque los canales de cable han ido perdiendo espectadores y anunciantes en favor de los servicios de streaming, siguen generando una gran cantidad de ingresos que Paramount considera necesarios para ayudar a financiar la adquisición de Warner Bros. Los fiscales generales sostienen que, al poseer tantos canales, Paramount aumentará las tarifas que cobran a los distribuidores de cable y, en última instancia, a los consumidores.

Rich Greenfield, analista de LightShed Partners, sostiene que Paramount debería vender los antiguos canales de Turner Broadcasting, entre los que se incluyen TBS, TNT y CNN. Esos activos son potencialmente más valiosos que algunas de las otras cadenas de Warner Bros., en parte porque emiten deportes.

La contrapartida es que es probable que las cadenas de cable se vendan por un múltiplo de beneficios inferior al que Paramount está pagando por la totalidad de Warner Bros., lo que hace que la venta resulte menos atractiva, señaló.

La venta de CNN también eliminaría las preocupaciones regulatorias sobre un solapamiento en el ámbito de las noticias, al no agrupar a la CBS de Paramount y a la CNN de Warner Bros. bajo el mismo techo, señala Craig Huber, de Huber Research Partners.

"Creo que tranquilizaría a muchos políticos si se separara y vendiera la CNN, de modo que no formara parte del nuevo imperio de Paramount", afirmó Huber en una entrevista. "La mitad de este país no quiere que la CNN sea propiedad de una entidad que pudiera alterar la orientación política de la cadena".

El CEO de Warner Bros., David Zaslav, propuso el año pasado escindir los canales de cable de la empresa, antes de que Paramount iniciara su intento de adquirir el negocio al completo. Zaslav señaló en aquel momento que las cadenas de Warner Bros. representaban alrededor del 25% de la audiencia de su servicio de streaming HBO Max.

Netflix Inc. (NFLX) firmó un acuerdo para adquirir únicamente los estudios y los negocios de streaming de Warner Bros., pero se retiró en febrero después de que Paramount presentara una oferta más alta.
Foto: Caroline Brehman
Fuente: Bloomberg

domingo, 23 de agosto de 2026

El Concejo expuso una fuerte disputa por las garantías constitucionales en un debate sobre seguridad

El Concejo Municipal de Rosario aprobó por 16 votos a favor y 9 en contra un proyecto de beneplácito del concejal Damián Pullaro por el tratamiento en la Legislatura provincial de iniciativas impulsadas por el gobernador Maximiliano Pullaro en materia de seguridad. El Concejo apenas consignó la aprobación de la declaración en su web, pese al intenso debate que generó en el recinto
Pero detrás de una votación que, en apariencia, podía presentarse como una declaración institucional más, se desarrolló uno de los debates políticos más extensos y ásperos de la jornada, que había comenzado en la Comisión de Control, Convivencia y Seguridad Ciudadana. En Señales reconstruimos el debate a partir de las intervenciones de todos los bloques y escuchamos las distintas voces que tomaron la palabra en el recinto.

El expediente abrió una discusión que atravesó el sistema acusatorio, las facultades policiales, los controles judiciales, la política penitenciaria, la situación de las víctimas, los resultados del Plan Bandera, los antecedentes de las gestiones anteriores y hasta la utilización de los beneplácitos como herramienta política del Concejo.

La discusión dejó expuestas dos miradas prácticamente antagónicas: la del oficialismo, que defendió la necesidad de ampliar las herramientas estatales para enfrentar al crimen organizado, y la de buena parte de la oposición, que advirtió que algunas de las reformas en debate pueden afectar garantías constitucionales y terminar debilitando —en lugar de fortalecer— las investigaciones penales. También hubo posiciones propias dentro de esos espacios, con matices y cuestionamientos que atravesaron las distintas intervenciones.

El debate, además, tuvo cruces personales, referencias al pasado político de los distintos bloques, acusaciones de tergiversación y una discusión específica sobre la reciente reforma constitucional de Santa Fe.

"El Estado tiene que evolucionar a medida que el crimen evoluciona"
El debate comenzó con la intervención del concejal Damián Marcelo Pullaro, de Unidos por Rosario, autor del proyecto de beneplácito.

Pullaro planteó que el objetivo era poner en discusión iniciativas destinadas a fortalecer al Estado en materia de prevención, investigación y persecución del delito. Enumeró entre ellas modificaciones al Código Procesal Penal, a la Ley provincial 13.494 de protección y acompañamiento de víctimas, al fondo de recompensas, al sistema de inteligencia y análisis para la prevención del delito y a las herramientas para investigar los entornos digitales.

Su argumento central fue que las organizaciones criminales evolucionan y que el Estado debe hacerlo en la misma dirección.

También vinculó el debate con la política penitenciaria y cuestionó lo ocurrido durante la gestión provincial anterior. Sostuvo que los delitos habían continuado siendo ordenados desde las cárceles y que el retroceso de determinadas medidas penitenciarias había favorecido el crecimiento de la violencia.

Pero Pullaro llevó la discusión un paso más allá: reclamó que cada espacio político explicitara qué posición tenía sobre las reformas.

"Manifestémonos todos", fue, en esencia, su planteo. Y dirigió especialmente la mirada hacia Juan Monteverde, aunque este último no tuvo una intervención.

"Si vos decís que escuchás tanto a la gente, algo te tiene que decir la seguridad", le planteó Pullaro a Monteverde, en un tramo en el que también cuestionó las risas durante su exposición.

Para el autor del proyecto, el Concejo debía pronunciarse sobre una cuestión que atraviesa directamente a Rosario y no limitarse a discutir aspectos formales.

Esto viene a desmantelar un sistema acusatorio
La primera gran objeción llegó con Mariano Romero, del interbloque peronista, quien explicó el voto negativo de su espacio.

Romero sostuvo que el proyecto aprobado era, en su redacción, "inocuo", porque formalmente expresaba beneplácito por el tratamiento de iniciativas orientadas a fortalecer las herramientas estatales, algo con lo que —dijo— difícilmente alguien pudiera estar en desacuerdo.

Sin embargo, señaló que detrás de esa formulación estaba el proyecto impulsado por el gobernador Maximiliano Pullaro y enumeró varias de las reformas en discusión: cambios al reglamento policial, a la ejecución penal y al sistema procesal.

El eje de su intervención fue jurídico. Según Romero, las reformas no significarían simplemente una actualización de las herramientas de seguridad, sino un retroceso respecto del sistema acusatorio que Santa Fe había construido durante los gobiernos del Frente Progresista.

Advirtió particularmente sobre:
  • allanamientos sin orden judicial;
  • medidas coercitivas dispuestas por fiscales sin control judicial;
  • interrogatorios policiales durante las primeras etapas de una investigación sin presencia obligatoria de un defensor;
  • intervenciones de inteligencia policial sin control judicial;
  • facultades especiales para establecer zonas de intervención policial;
  • restricciones a la circulación y controles de acceso y salida en barrios;
  • y la posibilidad de demorar personas por averiguación de antecedentes durante 48 horas. 
Para Romero, el problema no era solamente la afectación de derechos. Sostuvo que una ampliación de facultades de este tipo podía terminar siendo contraproducente para la propia persecución penal.

Su argumento fue que las pruebas obtenidas mediante procedimientos ilegales podrían luego ser cuestionadas por las defensas y derivar en nulidades.

"Quien lleva adelante la acusación tiene que ser el fiscal", resumió, mientras reivindicó el principio según el cual el juez debe funcionar como tercero imparcial y controlar las medidas que afectan derechos.

En su lectura, el proyecto implicaría "desbaratar" un sistema que, según sostuvo, había sido construido para superar el modelo inquisitivo.

Quién puede atribuirse los resultados de la política de seguridad
Juan Pedro Aleart, de La Libertad Avanza, anunció el acompañamiento de su bloque al beneplácito, aunque cuestionó al oficialismo por no haber acercado la información que habían solicitado. Su intervención fue mucho más que una explicación del voto.

Aleart buscó colocar la discusión en una disputa política más amplia entre La Libertad Avanza, Unidos y el peronismo. Defendió las reformas impulsadas por el Gobierno nacional y sostuvo que existía una contradicción entre el apoyo de Unidos a herramientas de seguridad en la Legislatura y su posición durante la reforma de la Constitución provincial.

Mencionó la reiterancia, el régimen penitenciario de alto riesgo y el registro de huellas genéticas como herramientas que su espacio había intentado incorporar con rango constitucional.

También cuestionó al kirchnerismo y sostuvo que había votado en contra de distintas iniciativas nacionales vinculadas con seguridad.

Pero el tramo más político de su exposición llegó cuando presentó el Plan Bandera como una de las principales razones de la mejora de los indicadores de seguridad de Rosario.

Aleart sostuvo que el plan implementado durante la gestión de Patricia Bullrich y continuado por Alejandra Monteoliva había sido determinante para la caída de los homicidios y afirmó que "Rosario está pacificada y es producto del Plan Bandera, de las medidas firmes del presidente de la Nación".

A partir de allí, lanzó un desafío al oficialismo: si el Concejo estaba dispuesto a aprobar un beneplácito por las iniciativas provinciales, también debería pronunciarse sobre las políticas nacionales.

Enumeró, entre otras, la ley de reiterancia, el Registro Nacional de Datos Genéticos, el nuevo régimen penal juvenil, las medidas para impedir el uso de celulares en las cárceles y la resolución del Departamento de Estado estadounidense que modificó el nivel de alerta sobre Rosario.

La discusión, así, dejó de ser solamente provincial y se convirtió también en una disputa sobre quién podía atribuirse los resultados de la política de seguridad en la ciudad.

Este beneplácito no cambia la vida de nadie
La concejala Sabrina Prence, de Nación y Libertad, acompañó el proyecto, pero marcó una diferencia con el tono predominante de su anterior espacio La Libertad Avanza.

Prence también deslizó una crítica política al origen de este tipo de iniciativas. "Entiendo —y esto va sin ánimo de hacer quilombo— que por ahí son órdenes de arriba que reciben, que hay que presentarlos para seguir haciendo buena letra al gobierno provincial", planteó. La concejala cuestionó así que el Concejo termine utilizando su tiempo para celebrar un proyecto que todavía se encuentra en tratamiento en la Legislatura.

Su advertencia no apuntó solamente al contenido del expediente, sino también al papel del Concejo. Consideró que había que tener cuidado de no convertir los beneplácitos en una práctica para respaldar proyectos que todavía no son leyes y cuestionó que el cuerpo legislativo terminara "azotándose con ramos de flores cuando miramos al frente y realmente el país está hecho un desastre, la situación socioeconómica está hecha un desastre, la salud está que explota y nosotros no damos más".

Mientras el debate se concentraba en nuevas herramientas de seguridad, recordó que policías habían reclamado mejoras salariales y sostuvo que las fuerzas de seguridad necesitaban recursos básicos para cumplir su tarea.

Su crítica apuntó además a lo que definió como una "decadencia" de la política y de la calidad de los proyectos. Para Prence, el Concejo estaba corriendo el riesgo de aprobar una declaración que no modificaba la vida cotidiana de ningún rosarino: "Probablemente mañana nos terminen pegando todos porque van a decir: 'El Concejo aprobó un beneplácito para aplaudirle al gobernador Pullaro'. Y con justa razón nos van a pegar, porque realmente no se puede salir a caminar en Rosario sin ver a gente que la está pasando mal".

Y reclamó que la discusión sobre seguridad no se limitara a nuevas facultades represivas, sino que incluyera el fortalecimiento concreto de quienes deben enfrentar al crimen.

La contradicción con los propios criterios del oficialismo
Antonio Salinas, de Ciudad Futura, puso el foco en un aspecto diferente: la naturaleza misma del beneplácito.

Recordó que el oficialismo había sostenido reiteradamente que el Concejo no debía pronunciarse mediante beneplácitos o declaraciones sobre proyectos que todavía se encontraban en tratamiento en otras cámaras legislativas. Por eso consideró contradictorio que este expediente sí hubiera llegado al recinto.

También cuestionó la técnica legislativa. Según Salinas, el título, los vistos y los considerandos no coincidían exactamente con lo que finalmente decía la declaración.

"Lo que estamos debatiendo es el beneplácito por un debate", planteó, retomando uno de los argumentos que había formulado Romero.

Pero Salinas decidió llevar la discusión al terreno jurídico y profesional. Leyó en el recinto un comunicado del Colegio de Abogados de Rosario, institución que —remarcó— había quedado bajo conducción de sectores vinculados a Unidos y La Libertad Avanza.
El comunicado manifiesta su preocupación frente al proyecto de ley y que es su deber advertir que el mencionado proyecto, en los términos en que ha sido presentado, contiene disposiciones que importan un serio retroceso en materia de garantías constitucionales.

La seguridad pública es un objetivo legítimo y necesario, pero debe desarrollarse en el marco de los principios y garantías que sustentan al Estado de Derecho.

En este sentido, el debido proceso y la defensa en juicio mediante la asistencia letrada, independiente y de calidad, constituyen pilares fundamentales de los cuales no podemos apartarnos.
Leyó Salinas, para dejar en claro que las objeciones al proyecto no provenían solamente de la oposición política.

Los datos sobre violencia institucional
La intervención de Norma López, de Comunidad, fue una de las más extensas y argumentadas de la sesión. A diferencia de quienes habían centrado sus exposiciones en la naturaleza política del beneplácito, López comenzó intentando respaldar sus objeciones con datos y antecedentes institucionales.

Recordó que durante la discusión en comisión había sido cuestionada porque sus críticas al proyecto eran consideradas "opiniones" y no hechos verificables. Por eso, explicó, en el recinto iba a presentar información proveniente de organismos oficiales y de instituciones vinculadas con la Justicia y los derechos humanos.

Su primer eje fue la violencia institucional. Citó datos del Ministerio Público de la Defensa según los cuales durante 2025 se registraron 93 víctimas de torturas en cárceles de Santa Fe, con 189 hechos denunciados, y 218 víctimas de violencia policial en la vía pública. También mencionó que 39 personas denunciaron el armado de causas por resistencia a la autoridad y advirtió que solamente una parte de las víctimas se anima a denunciar formalmente por temor a represalias.

López vinculó esos datos con la situación del sistema penitenciario santafesino. Señaló que la provincia tenía una tasa de 351 personas detenidas cada 100.000 habitantes, por encima del promedio nacional, un déficit de alrededor de 3.000 plazas penitenciarias y 43 personas fallecidas bajo custodia durante 2025.

El segundo punto estuvo referido a Naciones Unidas. López citó las observaciones del Comité contra la Tortura de la ONU sobre hechos denunciados en la cárcel de Piñero y mencionó la existencia de reclamos para que el Estado argentino aportara información sobre esas situaciones.

También incorporó datos de la Correpi sobre muertes vinculadas con el aparato represivo estatal y los utilizó para sostener que la discusión sobre nuevas facultades para las fuerzas de seguridad no podía darse sin considerar los antecedentes recientes de violencia institucional.

Luego puso el foco en lo ocurrido después de la última ampliación de facultades policiales. Según relató, durante cinco semanas se produjeron cerca de 4.000 detenciones por falta de documentación, de las cuales solamente una persona tenía pedido de captura. Mencionó en ese punto la intervención del camarista Gustavo Salvador, quien, según su exposición, debió establecer límites judiciales frente a esas prácticas.

El cuarto eje fue el rechazo de sectores profesionales y jurídicos al proyecto. López citó a la Asociación de Abogados Penalistas de Rosario, cuyo presidente, José Nanni, había calificado la iniciativa como un "atropello autoritario". También mencionó al constitucionalista Óscar Blando y al camarista Gustavo Salvador como voces que habían expresado preocupación por las reformas.

A partir de allí llegó al núcleo de su planteo: la Constitución provincial. López sostuvo que las reformas impulsadas por el gobernador Maximiliano Pullaro podían entrar en contradicción con los artículos 14, 15 y 42 de la nueva Constitución santafesina: la prohibición de la tortura y los tratos crueles, la exigencia de orden judicial para ingresar a domicilios y la garantía del hábeas corpus.

También advirtió sobre una posible consecuencia económica. Citando las objeciones de los abogados penalistas, sostuvo que una eventual aprobación del proyecto podría derivar en una multiplicación de planteos de inconstitucionalidad y litigios contra el Estado, con un eventual costo que terminaría siendo afrontado por los contribuyentes.

Para López, por lo tanto, la discusión sobre seguridad no podía reducirse a más patrulleros, cámaras o facultades policiales. Reclamó un Estado capaz de perseguir el delito, pero sometido a controles y garantías democráticas.

¿Cuál es el modelo alternativo?
El concejal Fabricio Fiatti, también de Unidos, retomó la discusión desde una perspectiva política. Primero aclaró que no había realizado señalamientos personales y que cada concejal debía hacerse cargo de las organizaciones políticas a las que pertenece y de sus antecedentes de gestión.

Después defendió el modelo de seguridad provincial y municipal. Para Fiatti, el debate sobre seguridad es demasiado importante como para quedar reducido a una discusión formal sobre el expediente.

Defendió la política penitenciaria de alto perfil, la necesidad de evitar que los presos continúen manejando organizaciones criminales desde las cárceles y la importancia de dotar de herramientas al Ministerio Público de la Acusación.

Pero su pregunta principal estuvo dirigida a la oposición: "¿Cuál es el modelo alternativo?". Fiatti reclamó propuestas concretas y no solamente rechazos a las reformas.

También reivindicó la responsabilidad política del oficialismo y aseguró que el objetivo era continuar transformando el Estado hasta recuperar definitivamente la paz en Rosario.

El concejal cuestionó además la referencia histórica a la dictadura realizada durante el debate y consideró "absurdo" comparar un gobierno democrático con aquella etapa.

La defensa del modelo de seguridad
Anahí Schibelbein, de Unidos por Rosario, defendió el proyecto desde la experiencia cotidiana de comerciantes y vecinos. Se refirió a la caída de los homicidios y a la recuperación de espacios públicos, pero eligió como ejemplo el testimonio de un comerciante rosarino llamado Jorge.

Según relató, el hombre había tenido que trabajar durante años con las persianas bajas por temor a la violencia y ahora podía desarrollar nuevamente su actividad. Para Schibelbein, ese tipo de testimonios debía formar parte del debate tanto como las estadísticas.

También defendió las herramientas tecnológicas implementadas por el Ministerio de Seguridad y sostuvo que la recuperación de la ciudad no podía considerarse algo natural o permanente.

La concejala cuestionó a quienes, según su interpretación, habían tenido responsabilidades de gobierno durante los años más violentos y ahora criticaban las políticas que estaban permitiendo la recuperación de Rosario.

Su intervención reforzó uno de los argumentos centrales del oficialismo: la discusión no debía detenerse en las objeciones jurídicas al texto, sino considerar qué herramientas necesita el Estado para sostener la baja de la violencia.

No estamos acá para hacerle un cumpleañitos a nadie
Fernanda Gigliani, de Iniciativa Popular, llevó la discusión nuevamente hacia la naturaleza del proyecto. "Los que no quisieron discutir el fondo son ustedes", sostuvo, en respuesta al oficialismo. "si uno lee la carátula, claramente era un beneplácito por la presentación y tratamiento del proyecto de ley, 

Para Gigliani, el problema estaba en que la carátula presentaba un beneplácito por un proyecto de ley "falta decir que presentó el gobernador Pullaro. ¿Quién lo presenta? El concejal Damián Pullaro, su hermano" y agregó que el texto se limitaba a expresar apoyo al tratamiento de iniciativas.

A su entender, eso dejaba al Concejo frente a una situación paradójica: aprobar un beneplácito por algo que no se estaba votando concretamente. "Nosotros no estamos acá para hacerle ningún cumpleañitos a nadie", resumió.

También cuestionó la utilización de las estadísticas como una competencia política y sostuvo que detrás de los números existen muertes y dolor.

Su intervención incorporó además otras dimensiones de la seguridad: salud mental, pobreza, desempleo, endeudamiento y violencia digital.

Gigliani sostuvo que Rosario necesita políticas públicas integrales y recordó episodios vinculados con el narcotráfico y la política provincial.

También defendió el sistema acusatorio y cuestionó específicamente la posibilidad de tomar declaraciones policiales sin abogado, allanar sin orden judicial o utilizar pruebas obtenidas ilegalmente.

Gigliani también puso el foco en la contradicción política del oficialismo: recordó que varias de las leyes que ahora se pretende modificar fueron creadas durante los gobiernos del Frente Progresista y que el actual intendente Pablo Javkin fue miembro informante de esas reformas en la Legislatura.

"Interpreto yo que en alguna especie de autocrítica están asumiendo que quieren dar marcha atrás", sostuvo. Para la concejala, esa situación explica parte de la incomodidad del oficialismo y cuestionó que el Concejo terminara aprobando un beneplácito que, según planteó, ni siquiera respaldaba explícitamente los proyectos presentados por el gobernador. "Están haciendo como que votan algo que en realidad no están votando", resumió.

Para ella, no se trataba de una discusión ideológica sino de respetar la Constitución y el Estado de Derecho.

Pullaro y López vuelven a cruzarse
Luego de las intervenciones opositoras, Damián Pullaro volvió a tomar la palabra. Su respuesta fue especialmente dura. Consideró "inaceptable" la comparación con la dictadura y sostuvo que las reformas no vulneraban garantías constitucionales.

"No es momento de ser blando, de ser tibio", afirmó, antes de reclamar una posición más firme frente al crimen organizado. También volvió a mencionar al gobierno de Omar Perotti y sostuvo que un retroceso en las políticas de seguridad podía volver a generar incrementos de violencia.

La discusión se volvió entonces más personal, con Pullaro cuestionando a quienes, según él, "hablan mucho y hacen poco".

López pidió nuevamente la palabra para aclarar su posición y respondió a los cuestionamientos que había recibido durante la sesión. Primero rechazó que su posición pudiera ser reducida a una identidad de "panperonismo", como había planteado Anahí Schibelbein. Y luego respondió directamente a Damián Pullaro y Fabricio Fiatti, quienes habían cuestionado su referencia a la última dictadura.

López aclaró que nunca había equiparado un gobierno constitucional con la dictadura cívico-militar-eclesiástica. Su comparación, explicó, apuntaba a advertir sobre las consecuencias de otorgar al Estado facultades represivas sin un marco constitucional adecuado.

También cuestionó la utilización permanente del "fantasma del peronismo y el kirchnerismo" para responder a las críticas y reivindicó el trabajo que distintos sectores políticos habían realizado acompañando a víctimas de delitos, incluso durante gestiones anteriores.

En ese punto intervino María Eugenia Schmuck para recordar que ella también había participado de ese acompañamiento.

López cerró esa parte de su exposición con una crítica política a Fiatti: sostuvo que el oficialismo había modificado el proyecto original de Pullaro porque no podía aprobarlo tal como había sido presentado y consideró que esos cambios habían mejorado su "espíritu democrático", aunque, a su entender, seguían sin incorporar las herramientas necesarias para una política de seguridad pública compatible con las garantías constitucionales.

Así, la intervención de López tuvo dos momentos claramente diferenciados: primero, una extensa argumentación basada en datos, antecedentes institucionales y normas constitucionales; después, las respuestas políticas a quienes habían cuestionado su posición. Esa estructura es importante porque muestra que su intervención no se limitó al cruce político: el núcleo de su rechazo estuvo en las consecuencias que, según planteó, podrían tener las reformas sobre los derechos y el funcionamiento del sistema penal.

Fiatti vuelve a cerrar filas
Finalmente, Fabricio Fiatti retomó la palabra. Reivindicó el modelo de seguridad de los gobiernos de Unidos y sostuvo que no podía existir resignación frente al crimen organizado.

Para el concejal, el objetivo era que las organizaciones criminales y sus integrantes estuvieran presos, pero también que las herramientas estatales permitieran proteger testigos, intervenir ante búnkeres, actuar frente a inmuebles usurpados y responder ante nuevas modalidades delictivas.

"Las líneas tienen que estar claras", sostuvo. Y volvió a plantear que el oficialismo estaba dispuesto a seguir realizando reformas para garantizar que los rosarinos pudieran volver a caminar y regresar a sus casas con tranquilidad.

Una votación que reflejó una división política más profunda
El cierre estuvo a cargo de la presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck, quien puso el expediente a consideración del cuerpo.

El resultado fue de 16 votos positivos y 9 negativos.

Más allá del resultado formal, el debate dejó varios ejes que excedieron ampliamente el texto del beneplácito:
  • La constitucionalidad de las reformas de seguridad y la tensión entre mayores facultades policiales y garantías individuales.
  • El sistema acusatorio, defendido por la oposición como una conquista institucional frente al viejo sistema inquisitivo.
  • El control judicial de las medidas policiales y fiscales, particularmente en allanamientos, detenciones, interrogatorios e inteligencia.
  • La política penitenciaria, con el oficialismo reivindicando el régimen de alto perfil y la oposición advirtiendo sobre los riesgos de ampliar facultades represivas.
  • La violencia institucional, con López aportando datos y antecedentes de organismos oficiales y organizaciones profesionales.
  • Los resultados de la política de seguridad en Rosario, con Unidos y La Libertad Avanza disputándose buena parte del reconocimiento por la baja de los homicidios.
  • El pasado de las gestiones anteriores, utilizado por el oficialismo para responsabilizar al peronismo por el crecimiento del crimen organizado, y por la oposición para recordar que las actuales leyes que se pretenden modificar fueron impulsadas por gobiernos del propio Frente Progresista.
  • La utilización de los beneplácitos, cuestionada incluso desde sectores que finalmente acompañaron el proyecto.
  • La relación entre seguridad y situación social, introducida por Prence y Gigliani a través de referencias a salarios, pobreza, salud mental, desempleo y endeudamiento.
  • Y, finalmente, la disputa sobre qué significa una política de seguridad democrática: para el oficialismo, un Estado con mayores herramientas para perseguir al crimen; para la oposición, un Estado fuerte pero sometido a controles judiciales y constitucionales.
El expediente terminó aprobado, pero la discusión mostró que el verdadero desacuerdo no estaba en si Rosario necesita seguridad ni en si el Estado debe combatir al crimen organizado. En eso hubo coincidencias.

La diferencia quedó planteada sobre hasta dónde puede llegar el Estado para hacerlo, quién debe controlar esas facultades y qué riesgos está dispuesto a asumir una sociedad que todavía tiene muy presente el pasado reciente de violencia, pero que también reclama respuestas concretas frente al delito.

Y esa discusión, a juzgar por la intensidad del debate en el recinto, recién comienza.

El Concejo Municipal apenas dejó constancia del resultado
El debate no aparece reflejado en la comunicación institucional del Concejo con la dimensión que tuvo en el recinto. Solo en su página web, perdido entre los distintos asuntos tratados durante la sesión, el cuerpo publicó apenas una breve referencia bajo el título "Seguridad pública".

Esa síntesis institucional consigna el resultado, pero omite prácticamente todo lo que convirtió al expediente en uno de los principales debates políticos de la sesión: las advertencias sobre posibles vulneraciones constitucionales, el cuestionamiento al sistema acusatorio, las facultades que podrían otorgarse a la policía, los allanamientos sin orden judicial, los interrogatorios sin defensor, las zonas de intervención policial especial, la política penitenciaria, los datos sobre violencia institucional, las críticas del Colegio de Abogados y las diferencias entre oficialismo, peronismo, Ciudad Futura, Iniciativa Popular y La Libertad Avanza.

Tampoco aparecen en esa comunicación los fuertes cruces políticos que atravesaron la discusión: la acusación de "tergiversación" formulada por Norma López; la crítica de Damián Pullaro a quienes consideró "blandos" o "tibios"; el reclamo de Fabricio Fiatti para que la oposición presentara un modelo alternativo de seguridad; el desafío de Juan Pedro Aleart al oficialismo para que acompañara también las políticas nacionales; ni la advertencia de Sabrina Prence sobre el uso de los beneplácitos.

Mucho menos aparece el resultado de la votación: 16 votos positivos contra 9 negativos.

En otras palabras, registra que el beneplácito fue aprobado, pero deja afuera buena parte de aquello que hizo sustancial la discusión: qué herramientas se le quieren dar al Estado para combatir el delito, qué límites deberían tener esas herramientas y qué riesgos implica avanzar sobre las garantías constitucionales. El resultado quedó publicado; el debate, prácticamente no.

Escuchá el debate completo:

Fernando Cerimedo: el hombre sin cargo que llegó al corazón del poder en Bolivia

Sin cargo formal ni sueldo estatal, Fernando Cerimedo se convirtió en una figura de acceso privilegiado al presidente boliviano Rodrigo Paz. Su vínculo con la familia presidencial, su participación en la campaña, sus conexiones con distintos sectores del poder y la investigación por el intento de femicidio contra Nadia Beller abrieron una trama de relaciones, acusaciones e interrogantes que todavía no fueron respondidos por el Gobierno.

Esta semana volvió a aparecer en la escena pública argentina el nombre de Fernando Cerimedo, un personaje que ya había tenido una fuerte repercusión en los medios locales a raíz de un intento de femicidio contra su expareja. El episodio, que inicialmente concentró la atención periodística en Argentina, llevó también a revisar la trayectoria y las redes de influencia que Cerimedo fue construyendo en los últimos años.

Tiempo atrás, la periodista Ivi Cángaro había trazado un perfil de Cerimedo en un programa de Radio Nacional. Fue durante una entrevista realizada por Judith Gerbaldo, también periodista de Radio Sur de Córdoba, y allí habían aparecido detalles sobre el personaje que resultaban particularmente inquietantes.

Sin embargo, aquella entrevista ya no está disponible en el sitio de Radio Nacional. Aunque el buscador todavía permite encontrar la referencia a la nota, el enlace que debería conducir al debate y a su audio fue eliminado. El episodio queda así como una muestra de las contradicciones de la llamada "libertad" que reivindica el actual gobierno argentino: algunas cosas pueden escucharse y otras desaparecen.

Señales recuperó esa entrevista. Los invitamos a escucharla:

La historia de Cerimedo también llamó la atención por la transformación de su posición económica y política. Hasta la llegada de Javier Milei al poder, según distintas versiones periodísticas, llevaba una vida de recursos mucho más limitados e incluso habría trabajado como remisero. Con el nuevo escenario político argentino, en cambio, se convirtió en un hombre con acceso a grandes sumas de dinero, capacidad de influencia y vínculos que excedieron las fronteras del país.

Su nombre comenzó a aparecer en distintos puntos de América Latina, especialmente allí donde las derechas avanzaban y buscaban consolidar nuevos gobiernos. Bolivia fue uno de esos escenarios.

Para comprender el papel que Cerimedo terminó ocupando allí, en Señales conversamos con José Luis Aliaga, periodista de ERBOL, quien explicó que el argentino llegó a convertirse en asesor personal del presidente boliviano Rodrigo Paz, aunque nunca tuvo formalmente un cargo dentro del Estado.

Aliaga sostuvo que muchos bolivianos recién comenzaron a conocer esa relación cuando el vínculo ya llevaba varios meses de desarrollo. Cerimedo se había acercado a Paz durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2025, en las que Paz terminó imponiéndose sobre Jorge "Tuto" Quiroga. Desde entonces, permaneció junto al mandatario durante toda la campaña y, según Aliaga, estuvo en la Casa de Gobierno desde el primer día de la nueva administración.

La llave de entrada al entorno presidencial
El origen de esa relación, explicó Aliaga, habría estado en un vínculo mucho más personal. Catalina Paz, la hija de Rodrigo Paz, se había inscripto en Numen, la academia de Cerimedo, donde tomó clases virtuales vinculadas con la edición de videos.

Según la versión que comenzó a repetirse desde el propio Gobierno boliviano, ese contacto habría contribuido a que Cerimedo terminara acercándose al entonces candidato. Para Aliaga, sin embargo, aquella relación fue mucho más que un dato anecdótico: fue la llave que abrió la puerta al círculo de confianza del futuro presidente.

La presencia del argentino en el entorno presidencial no fue, sin embargo, una cuestión meramente informal o circunstancial. Existen fotografías que lo muestran junto a Paz, integrantes de su gabinete e incluso junto al rey de España. Una de esas imágenes corresponde al 9 de noviembre de 2025, apenas el segundo día del gobierno de Paz.

La particularidad del caso estaba en que Cerimedo no tenía un cargo oficial, ni una designación administrativa, ni una remuneración reconocida por el Estado boliviano. Pero, al mismo tiempo, su proximidad con el presidente era extraordinaria.

El propio vicepresidente, Edman Lara, llegó a definirlo públicamente como el "asesor personal" del mandatario, una caracterización que terminó ratificando las versiones que circulaban sobre su influencia.

Aliaga describió un dato que permite dimensionar ese acceso: Cerimedo tenía una oficina en el mismo piso en el que funcionaba la oficina presidencial. Estaba, según su relato, a pocos metros de Rodrigo Paz.

La ausencia de un cargo formal no parecía traducirse, por lo tanto, en una ausencia de poder.

"Ese es el acceso", explicó Aliaga, al intentar dimensionar qué podía significar para un particular tener ese nivel de cercanía con el jefe de Estado. A su juicio, Cerimedo podía no figurar en una nómina estatal ni recibir un sueldo, pero eso no impedía que tuviera capacidad para moverse dentro de los circuitos de decisión.

Un asesor sin sueldo y con influencia
El financiamiento de sus actividades también se convirtió en una zona de interrogantes. Cerimedo era presentado como uno de esos constructores políticos que funcionan con apoyo de instituciones que pueden encontrarse dentro o fuera del país.

En un momento, el abogado de Cerimedo aseguró que la CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, había financiado parte de sus actividades. La propia CAF desmintió inmediatamente esa afirmación.

El episodio dejó instalada una paradoja: un hombre sin relación laboral formal con el Estado boliviano, sin sueldo público y sin un cargo institucional conocido, pero con un nivel de acceso al presidente que difícilmente podía considerarse menor.

Las advertencias sobre esa situación no eran completamente nuevas. Aliaga recordó que algunos periodistas bolivianos habían advertido meses antes sobre el crecimiento de la influencia de Cerimedo. Columnistas habían encendido una señal de alarma al observar que el trabajo del argentino parecía comenzar a ocupar el espacio de un supuesto plan de gobierno de Rodrigo Paz.

La observación era todavía más significativa, según el periodista, porque a su entender nunca había quedado del todo claro que existiera un plan de gobierno definido y consolidado. En ese vacío, el trabajo de un asesor externo podía adquirir una dimensión política particularmente importante.

Cerimedo concedió algunas entrevistas a periodistas bolivianos, aunque su figura permaneció durante buena parte de ese período en un segundo plano. Una de ellas fue realizada por el periodista Tufi Aré, de Santa Cruz.

En esa conversación, Cerimedo explicó que no había trabajado junto a Rodrigo Paz durante la primera etapa de la campaña porque el candidato no podía pagar sus honorarios.

La situación cambió después de la primera vuelta electoral. Paz había obtenido el primer lugar, aunque sin alcanzar los votos necesarios para evitar una segunda vuelta. Cuando sus posibilidades de llegar a la presidencia crecieron, Cerimedo apareció para trabajar con él durante toda la campaña definitiva.

Ese dato abre una pregunta sobre las condiciones de aquella relación. Si, como había declarado el propio Cerimedo, Paz no podía pagarle durante la primera parte de la campaña, resultaba razonable preguntarse en qué términos había aceptado trabajar durante la segunda vuelta y qué esperaba obtener a cambio de ese esfuerzo una vez que el candidato llegara al Gobierno.

Aliaga planteó esa hipótesis como una posibilidad: que el trabajo hubiera sido realizado "a cuenta" de una futura posición o de alguna oportunidad vinculada al nuevo gobierno.

No afirmó que hubiera existido un pago estatal, precisamente porque no había pruebas para sostenerlo. Pero sí señaló la contradicción entre la ausencia de una remuneración oficial y el crecimiento económico que, según distintas versiones, experimentó Cerimedo durante ese período.

Alrededor de su figura comenzaron a circular otras versiones, entre ellas supuestos vínculos con negocios relacionados con la venta de gasolina y con contrataciones. Aliaga fue cuidadoso al referirse a ellas. Aclaró que se trataba de cuestiones que debían ser comprobadas y que el periodismo no podía convertir versiones en hechos sin contar con pruebas fehacientes.

Pero esa cautela no eliminaba una impresión que, a su entender, atravesaba todo el caso: detrás de la figura pública y relativamente silenciosa de Cerimedo se habían movido muchas cosas.

De Milei y Honduras a Bolivia
Cerimedo llegó a Bolivia después de haber trabajado con Javier Milei y de haber desarrollado vínculos con sectores de la derecha internacional y del movimiento MAGA. En esa red política y de consultoría, Honduras aparecía como uno de los antecedentes que el propio Cerimedo había mencionado públicamente.

Aliaga aclaró que no se refería allí al trabajo general de Cerimedo junto a Milei ni a sus supuestas actividades en Estados Unidos, sino específicamente a lo que el argentino había contado sobre Honduras.

En una entrevista con Tufi Aré, Cerimedo había asegurado que había participado en una elección en Honduras y que allí había contribuido a desplazar a sectores de izquierda. También había reivindicado abiertamente su identidad política.

No mostraba reparos en definirse como un hombre de derecha. Según recordó Aliaga, había dicho que no tenía "ningún miedo ni ninguna vergüenza" en reconocerse como derechista.

Su posición ideológica, por lo tanto, no parecía dejar demasiado margen para las interpretaciones. Cerimedo buscaba trabajar dentro de un espacio político definido y su actividad en distintos países latinoamericanos formaba parte de una estrategia más amplia de asesoramiento y construcción de poder.

Pero, en el caso boliviano, Aliaga consideraba que la clave para entender su llegada al círculo íntimo de Rodrigo Paz era mucho más concreta: su vínculo con Catalina Paz, la hija del presidente.

Todo había comenzado con aquellas clases virtuales. Edición de videos y herramientas de comunicación. Después, ese contacto terminó convirtiéndose en una puerta de entrada hacia el padre.

La relación se mantuvo y adquirió una dimensión política. Cerimedo llegó incluso a elogiar públicamente a Catalina Paz durante un viaje a Estados Unidos, donde participó junto con la primera dama boliviana y la propia hija del presidente en una reunión de asesores políticos vinculados con la derecha.

En ese encuentro, Cerimedo presentó a Catalina como una figura con futuro dentro de la consultoría política continental. Según el relato de Aliaga, llegó a decir que la hija del presidente de Bolivia sería "el futuro de los asesores políticos en el continente".

Para el periodista boliviano, ese reconocimiento no era un detalle menor. Mostraba el grado de aceptación que había alcanzado Catalina Paz dentro del círculo de Cerimedo y, al mismo tiempo, reforzaba su propia cercanía con la familia presidencial.

La hipótesis de Aliaga era clara: Cerimedo ingresó al entorno de Rodrigo Paz a partir de la confianza construida con su hija.

Primero fueron unas clases a distancia. Después, una colaboración política. Finalmente, aquel consultor que había enseñado edición de videos terminó instalado a pocos metros del despacho presidencial.

El contacto con los otros poderes
Un episodio relatado por Aliaga sirve, para él, como ejemplo del nivel de acceso que había alcanzado el argentino.

Cuando ocurrió el atentado contra Nadia Beller, en Santa Cruz, el presidente del Tribunal Supremo de Justicia de Bolivia se comunicó con Cerimedo para preguntarle qué había ocurrido.

Cerimedo, según relató Aliaga, le respondió que todavía no sabía con precisión qué había sucedido y que se encontraba camino al lugar para averiguarlo.

"Ese era el nivel de contactos que tenía Fernando Cerimedo", resumió el periodista.

El motivo de la llamada, según la explicación del magistrado, era que Nadia Beller era su amiga y quería saber qué había sucedido con ella. Para Aliaga, sin embargo, el hecho excedía esa circunstancia particular.

Que el máximo responsable del órgano superior de Justicia recurriera directamente a Cerimedo para obtener información constituía otra muestra del tipo de contactos que el asesor había logrado construir.

La dimensión del episodio adquiría todavía mayor relevancia por la estructura institucional boliviana. El país tiene cuatro órganos fundamentales de poder: el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial y el Electoral.

Cerimedo no ocupaba formalmente un lugar en ninguno de ellos. Sin embargo, su cercanía con el Ejecutivo y sus vínculos con figuras de otros poderes mostraban, según el relato de Aliaga, hasta dónde podía extenderse una influencia ejercida desde fuera de las estructuras oficiales.

Aliaga incluso señaló, con cierta ironía, que le gustaría que alguna vez el propio presidente del Tribunal Supremo de Justicia lo llamara para hacer una entrevista. Pero, dijo, eso no ocurría ni probablemente ocurriría.

Nadia Beller, el atentado y las acusaciones
Mientras aquella relación permanecía relativamente oculta para buena parte de la opinión pública, otro episodio comenzaba a ponerla bajo una luz mucho más incómoda.

El vicepresidente Edman Lara había contado que en febrero canceló un viaje a Ecuador después de que uno de sus colaboradores le advirtiera que personas cercanas a Cerimedo planeaban atentar contra su vida. Según Lara, la información había sido transmitida por Nadia Beller.

Aliaga confirmó que conocía esa versión y que, efectivamente, Beller había quedado en el centro del escándalo.

Beller era la mujer que había sufrido un atentado el martes anterior, a la puerta de un hotel en Santa Cruz. Pero su historia política era anterior al episodio.

Se trataba de una activista que había sido candidata a diputada por el Movimiento al Socialismo. Después se peleó con Evo Morales y con buena parte de su entorno.

El giro político de Beller había sido considerable. Terminó acercándose al espacio de Luis Fernando Camacho, el exgobernador de Santa Cruz y uno de los principales dirigentes de las movilizaciones de 2019 que contribuyeron a la salida de Morales de la presidencia.

De haber trabajado con el MAS pasó, así, a hacerlo junto a algunos de sus principales adversarios.

Después del atentado, Beller realizó declaraciones explosivas. En ellas involucró a numerosos dirigentes y empresarios y lanzó acusaciones que, de acuerdo con Aliaga, debían ser investigadas y comprobadas.

Entre otras cosas, afirmó que Cerimedo había entregado dinero a determinados diputados. También sostuvo que la esposa de Rodrigo Paz recibía comisiones vinculadas con negocios y empresas que participaban en procesos de licitación.

Sus declaraciones involucraron a numerosas figuras del poder boliviano. Algunas de las personas mencionadas comenzaron a amenazar con iniciar acciones judiciales y reclamaron que Beller demostrara sus acusaciones.

Aliaga insistió en que ese era precisamente el punto central: había que comprobar cada una de esas afirmaciones. El periodismo no podía convertir automáticamente las denuncias de Beller en hechos probados.

Pero la posición que ocupaba Beller dentro de la trama hacía que sus declaraciones resultaran especialmente sensibles. Según las versiones que circulaban, había mantenido una relación cercana con Cerimedo y podía haber tenido acceso a información de primera mano.

La naturaleza exacta de ese vínculo tampoco estaba completamente clara. Se hablaba de Beller como compañera o pareja de Cerimedo, aunque Aliaga evitó afirmarlo como un hecho. Cerimedo, recordó, estaba casado y tampoco existía información suficiente para saber cuál era la situación de ese matrimonio.

Lo que sí parecía evidente era que Beller conocía aspectos internos de la trama que ahora comenzaban a salir a la superficie.

Palmasola: seis meses para investigar
En paralelo, la investigación por el atentado avanzó hasta alcanzar directamente a Cerimedo.

El juez que lleva la causa por el intento de femicidio contra Nadia Beller ordenó su detención preventiva y su traslado a la cárcel de Palmasola, en Santa Cruz, por un período de 180 días.

Seis meses, explicó Aliaga, para desarrollar las investigaciones correspondientes.

La decisión también tuvo una particularidad. Cerimedo no fue enviado a La Paz ni a la cárcel de Chonchocoro, situada a unos 4.080 metros de altura. Fue trasladado a Palmasola, en Santa Cruz.

Aliaga describió el sistema carcelario boliviano como profundamente problemático, marcado por la superpoblación y por una enorme cantidad de detenidos preventivos. Palmasola no escapaba a esa realidad y, según su descripción, era una cárcel difícil, con internos considerados peligrosos y condiciones que estaban lejos de ser ideales.

Mientras Cerimedo ingresaba en prisión preventiva, el escándalo comenzaba a golpear al gobierno de Rodrigo Paz.

El presidente que todavía no nombra a Cerimedo
La primera reacción presidencial había sido inmediata, pero cuidadosa. Paz se solidarizó con Nadia Beller y expresó su deseo de que el caso fuera esclarecido rápidamente por la Justicia.

Lo hizo, además, en términos que buscaban marcar distancia entre el Poder Ejecutivo y la investigación judicial, como una forma de sostener la independencia entre los poderes del Estado.

Sin embargo, había algo que llamaba especialmente la atención: el presidente no había mencionado públicamente a Cerimedo.

Tampoco había explicado cuál había sido exactamente su relación con él.

Quien sí habló fue el vocero presidencial, José Luis Gálvez. Según Aliaga, Gálvez reconoció que Cerimedo había desempeñado funciones de asesoría y lo definió como una persona "muy radical". Pero, al mismo tiempo, sostuvo la posición oficial de que el Estado boliviano no le había pagado un solo peso.

Para Aliaga, esa defensa podía ser cierta y, sin embargo, no respondía la pregunta fundamental.

El problema no era solamente si Cerimedo había cobrado o no del Estado boliviano. La cuestión central era qué papel había desempeñado dentro del gobierno de Rodrigo Paz y qué nivel de influencia había conseguido ejercer desde una posición que oficialmente no existía.

Porque allí estaba la paradoja que atravesaba toda la historia: un hombre sin cargo formal, sin sueldo estatal reconocido y sin una función administrativa visible había conseguido instalarse en el corazón del poder.

Había trabajado para Paz durante la segunda vuelta electoral. Había permanecido a su lado desde el inicio del gobierno. Tenía una oficina en el mismo piso que el presidente. El vicepresidente lo había definido como asesor personal. Había mantenido vínculos con miembros de los principales órganos del Estado y había sido consultado incluso por el presidente del Tribunal Supremo de Justicia.

Ahora estaba detenido en Palmasola mientras una investigación judicial intentaba determinar qué había ocurrido con Nadia Beller y cuáles eran las responsabilidades que podían corresponderle.

Y, en el centro de todo, permanece una pregunta que el propio gobierno de Rodrigo Paz todavía no ha respondido de manera directa: cómo llegó Fernando Cerimedo a ocupar semejante lugar dentro del poder boliviano y qué hizo realmente durante los meses en que operó desde las sombras.

Escuchá la entrevista completa:
Foto: RRSS

El voto bajo sospecha: las nuevas reglas que pueden cambiar la representación política en Santa Fe

El nuevo Código Electoral obtuvo media sanción en Diputados y ahora espera el tratamiento del Senado. La reforma modifica las PASO, cambia el diseño de la boleta única, eleva al 4% el piso para acceder al reparto de bancas y habilita hasta tres candidaturas a vicegobernador/a para un mismo candidato a gobernador. Para el constitucionalista Oscar Blando, detrás de esos cambios se abre una discusión de fondo: qué relación habrá entre los votos obtenidos y la representación efectiva de la ciudadanía.

El jueves pasado, la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Fe dio media sanción al nuevo Código Electoral, una reforma que introduce cambios relevantes en el sistema de las PASO, modifica el diseño de la boleta única y eleva los pisos electorales para acceder a la representación legislativa. La iniciativa, que ahora deberá continuar su recorrido parlamentario, abrió además una discusión más profunda sobre la representación política, la proporcionalidad del voto y los eventuales reparos constitucionales que podrían plantearse.

Para analizar el alcance de la reforma, el abogado, doctor en Derecho y especialista en Derecho Constitucional y Electoral Oscar Blando pone el foco en Señales, antes que nada, en una cuestión que considera necesaria y largamente postergada: Santa Fe necesitaba un Código Electoral.

Lo sostiene desde hace años y recuerda que incluso publicó un libro, Reforma Política en Argentina: un debate democrático pendiente, concebido como una suerte de digesto electoral, en el que reunió leyes dispersas, antiguas y, en algunos casos, contradictorias, algunas derogadas expresamente y otras de manera orgánica o tácita. Desde esa perspectiva, la necesidad de ordenar y sistematizar la legislación electoral provincial resulta, para él, indiscutible.

La nueva Constitución de Santa Fe también aporta razones para avanzar en esa dirección. Blando señala que la reforma constitucional de 2025 estableció la necesidad de reglamentar distintas cuestiones, entre ellas la creación de un nuevo órgano electoral y las nuevas formas de participación política incorporadas al texto constitucional: iniciativa popular, referéndum, revocatoria y audiencias públicas. Se trata, en esos casos, de materias que requieren necesariamente una reglamentación.

Pero el problema, según su mirada, aparece cuando el Código avanza sobre cuestiones que la Constitución no obligaba a modificar. Ahí ubica los cambios en los pisos o umbrales electorales y el nuevo diseño de la boleta única.

Para Blando, no existió un mandato constitucional que exigiera elevar los pisos electorales ni tampoco modificar la boleta única de papel por categorías, tal como se utilizaba hasta ahora.

Un Código necesario, pero no todos los cambios
La pregunta que formula es, precisamente, quién reclamó esos cambios.

"¿Qué parte de la ciudadanía pidió elevar los pisos electorales? ¿Qué sector de la academia pidió elevar los pisos electorales?", plantea. Y extiende el interrogante al sistema de votación: "¿Qué sector de la sociedad pidió cambiar el diseño de la boleta única de papel por categoría como nosotros teníamos?".

Según sostiene, no conoce ningún sector social, político o académico que haya reclamado específicamente el diseño finalmente aprobado por la Cámara de Diputados.

A su entender, podría haberse discutido una modificación de la boleta para adoptar otros modelos existentes, como el sistema cordobés, el mendocino o incluso el utilizado a nivel nacional. Sin embargo, considera que la fórmula que terminó incorporándose al proyecto surgió de las discusiones políticas posteriores y no de una demanda social o académica previamente instalada.

La diferencia, para Blando, es importante: una cosa es reconocer la necesidad de contar con un cuerpo normativo ordenado y actualizado y otra muy distinta es suponer que esa necesidad habilita cualquier modificación de las reglas electorales. Ahí comienza su principal objeción.

El 4% y los votos que pueden quedar afuera
Uno de los puntos que más preocupa a Blando es el aumento del piso electoral. Actualmente, explica, para la distribución de cargos legislativos rige un umbral del 3% del padrón electoral. El nuevo Código propone elevarlo al 4%.

Ese porcentaje no funciona como el piso que una fuerza debe superar para pasar de las PASO a las elecciones generales, sino como el umbral que debe alcanzar después de la elección general para poder participar de la distribución de bancas en la Cámara de Diputados. La diferencia no es menor.

Con la nueva Constitución, la Cámara de Diputados debe distribuir sus bancas mediante un sistema proporcional, de modo que exista una correspondencia entre los votos obtenidos por las distintas fuerzas y la representación que finalmente consiguen. El problema, advierte Blando, es que el piso del 4% puede dejar afuera de esa distribución a fuerzas pequeñas.

Además, se trata de un porcentaje calculado sobre el padrón electoral y no sobre los votos efectivamente emitidos. Eso significa que quienes figuran en el padrón pero no concurren a votar también forman parte de la base sobre la cual se calcula el umbral.

En la práctica, sostiene Blando, quienes no votan terminan favoreciendo indirectamente a las fuerzas que consiguen superar el piso, que suelen ser los grandes sectores o frentes electorales.

La defensa política de esta modificación se ha apoyado, en buena medida, en la necesidad de garantizar la gobernabilidad. Pero esa explicación no convence al especialista.

Blando señala que, si se observa el derecho público provincial argentino, Santa Fe quedaría como una de las jurisdicciones con el umbral más alto: Jujuy tiene un piso del 5% y, detrás, aparecería Santa Fe con el 4%. La mayoría de las provincias se mantiene en el 3% del padrón o, en otros casos, establece el porcentaje sobre los votos emitidos. También existen provincias que directamente no tienen umbral electoral.

La pregunta que, según cuenta, planteó incluso durante una reunión de las comisiones de la Cámara de Diputados es concreta: en qué provincia argentina hubo ingobernabilidad porque el piso electoral era bajo o porque directamente no existía un umbral. "Nadie me contesta", sostiene.

Su observación apunta a cuestionar la relación que se pretende establecer entre un piso electoral elevado y la capacidad de un gobierno para gobernar.

Según Blando, la experiencia argentina muestra más bien lo contrario: ejecutivos fuertes, gobiernos con control político, mediático e incluso judicial. Por eso considera que la teoría según la cual un umbral bajo genera ingobernabilidad puede tener algún sustento en determinados desarrollos de la teoría política, pero no encuentra correlato en la realidad provincial argentina.

La explicación histórica del sistema de umbrales, agrega, tiene mayor sentido en los regímenes parlamentarios, donde los gobiernos surgen de los propios parlamentos y una excesiva fragmentación puede dificultar la formación de mayorías y, por lo tanto, de gobiernos estables.

Pero ese no es el esquema argentino. El país tiene un sistema presidencialista y, en las provincias, los gobernadores cumplen un papel equivalente al de pequeños presidentes. En ese contexto, sostiene, el problema de la ingobernabilidad derivada de la fragmentación legislativa no aparece de la misma manera.

Blando admite que cualquier gobernante preferiría contar con mayorías cómodas en las legislaturas y en los concejos deliberantes. Pero entiende que el camino para conseguirlas debería ser electoral: obtener votos y ganar elecciones.

"No crear ficticios instrumentos que condicionen la voluntad popular", plantea.

La proporcionalidad en disputa
El efecto más delicado del nuevo umbral, desde su perspectiva, no se limita a una cuestión de ingeniería electoral.

Debajo de ese 4% pueden quedar cientos de miles de personas sin representación política. Y esa exclusión, advierte, puede producir una consecuencia todavía más preocupante: favorecer el abstencionismo.

La lógica que plantea es sencilla. Si una persona no encuentra dentro de la oferta electoral una alternativa con posibilidades reales de representación, puede dejar de concurrir a votar.

"Si yo no tengo la opción el día de ir a votar, es muy probable que no vaya a votar", resume. La discusión adquiere entonces una dimensión constitucional.

Blando reconoce que los porcentajes y umbrales electorales han sido objeto de judicialización en distintas oportunidades y que se ha discutido incluso la constitucionalidad de determinados pisos, como el 3%.

Sin embargo, explica que tanto en el ámbito de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos como en el de la Corte Suprema, en términos generales, estas cuestiones suelen ser consideradas decisiones políticas mientras no impliquen una restricción incompatible con el sistema democrático o con la voluntad popular.

Por eso no afirma que la sola existencia de un umbral del 4% implique automáticamente una inconstitucionalidad. Su objeción es más específica: considera que esos umbrales condicionan el principio constitucional de proporcionalidad que la nueva Constitución de Santa Fe adoptó para la representación legislativa.

El ejemplo que utiliza permite comprender el problema. Imagina una lista que obtiene 90.000 votos pero no alcanza el umbral necesario, establecido hipotéticamente en 100.000. Esa lista queda fuera de la distribución de bancas.

En cambio, las fuerzas que sí superaron el 4% participan del reparto mediante el sistema D’Hondt y pueden conseguir bancas con candidatos que, dentro de esa distribución proporcional, representen una cantidad de votos considerablemente menor.

El resultado puede ser que una lista que obtuvo 90.000 votos quede sin representación por no haber alcanzado el piso, mientras otro candidato, perteneciente a una fuerza que sí superó el 4%, acceda a una banca con una cantidad de votos muy inferior: 40.000, 45.000, 35.000 o incluso 20.000.

Para Blando, ahí aparece la tensión central. "El primero de esa lista tiene 90.000 votos, pero como no llegó a los 100.000, no pasa y no se distribuye", explica.

Mientras tanto, los últimos candidatos de las listas que sí superaron el piso ingresan al reparto y, a partir de la aplicación del sistema D’Hondt, pueden resultar electos con una cantidad de votos muy inferior. "Sin embargo, ese va a ser legislador y el que sacó 90.000 no va a ser legislador", señala.

Desde esa perspectiva, la discusión deja de ser solamente técnica y pasa a comprometer el principio mismo de representación proporcional que la Constitución provincial decidió adoptar.

Para Blando, la contradicción se encuentra justamente allí: en un sistema que proclama la proporcionalidad, un candidato puede reunir muchos más votos que otro y, sin embargo, quedar fuera de la Legislatura exclusivamente por no haber alcanzado un umbral previamente establecido.

Una candidatura a gobernador, hasta tres vices
La reforma contiene, además, otras novedades que, a juicio del especialista, merecen atención. Entre ellas, aparece la posibilidad de que un mismo candidato o candidata a gobernador o gobernadora compita acompañado por hasta tres candidatos o candidatas a vicegobernador o vicegobernadora.

Blando califica esta modificación como "novedosa e insólita" y anticipa que también plantea interrogantes institucionales. Para el especialista, la posibilidad de que un mismo candidato a gobernador o gobernadora compita acompañado por hasta tres candidatos o candidatas a vicegobernador o vicegobernadora no encuentra antecedentes en el sistema electoral argentino.

El especialista sostiene que no existe ninguna jurisdicción del país donde se vote de esa manera y considera evidente que la modificación nació como una forma de resolver un problema interno dentro del bloque oficialista.

Su objeción no está dirigida al conflicto partidario en sí mismo, sino a la decisión de trasladarlo al conjunto de los ciudadanos y ciudadanas. "No critico los problemas internos. Lo que digo es que no hay que trasladarlo a la ciudadanía para resolver ese problema interno", resume.

Blando parte de una consideración básica sobre el sistema electoral: gobernador y vice no constituyen dos categorías independientes. Se vota una fórmula.

Si fueran categorías separadas, explica, la elección provincial tendría seis categorías en lugar de cinco: gobernador, vicegobernador, senador, diputado y las restantes autoridades locales. Pero no es así.

"Se vota fórmula", enfatiza. Por eso entiende que, si esta posibilidad de presentar distintos candidatos a vice acompañando a un mismo gobernador se aplicara en la elección general, sería claramente inconstitucional.

En las PASO, en cambio, reconoce que el análisis es más complejo y deja abierta una zona de discusión jurídica. En ese terreno aparece, según Blando, una figura conocida en la teoría política y electoral: la lista colectora.

El mecanismo consiste en que diferentes listas o partidos confluyan en una misma candidatura para una categoría superior. En este caso, distintas candidaturas a vicegobernador quedarían asociadas a una única candidatura a gobernador.

Los votos obtenidos por cada una no se suman entre sí para construir una misma lista, pero todas llevan al mismo candidato principal. Blando las define como "colectoras a la santafesina".

La boleta que cambia la forma de votar
La misma lógica, aunque aplicada al diseño de la boleta, aparece en otra de las grandes modificaciones del Código.

Santa Fe abandonaría el sistema de boleta única por categorías para pasar a un esquema que Blando describe como de "boletas sábanas cortas", donde el candidato a gobernador puede producir un efecto de arrastre sobre los diputados, del mismo modo que los intendentes pueden hacerlo sobre los concejales.

El especialista vuelve a marcar que se trata de una fórmula que no tiene antecedentes extendidos en el país y que su carácter novedoso no implica necesariamente que sea mejor que el sistema vigente.

La discusión, para él, no debería confundirse con la idea de innovación. Cambiar un mecanismo electoral no significa, por sí mismo, mejorarlo. En ese punto imagina incluso el escenario político que podría producirse el año próximo, si la ley queda sancionada.

Las distintas candidatas a vice que acompañen a un mismo candidato a gobernador deberán competir entre sí en una interna visible. "¿Qué se van a decir entre ellas para decir: vos sí, yo no, yo acompañé, vos no lo hiciste?", plantea el periodista. La escena, advierte, es la de una interna "al rojo vivo", sostiene y suma Blando: "eso es lo que tienen todas las colectoras".

Las colectoras tradicionales presentan, en cambio, otra particularidad: distintos partidos, incluso con perfiles ideológicos diferentes, pueden llevar al mismo candidato a gobernador o presidente.

Uno puede ubicarse más a la izquierda, otro más a la derecha y otro en el centro, pero todos confluyen en una candidatura común, refiere el constitucionalista y señala que en Santa Fe, la particularidad es que esas fuerzas pueden aparecer incluso dentro de un esquema que las vincula a un mismo espacio gubernamental. Blando encuentra allí otro elemento de confusión para el electorado.

La idea de que las distintas fuerzas están necesariamente de acuerdo porque llevan al mismo gobernador y comparten un programa de gobierno no le parece tan evidente. Y si, además, se habilita la posibilidad de hasta tres candidaturas a vice, se pregunta cuál es el criterio para establecer ese número.

Tres cruces y el riesgo de los votos nulos
El problema se extiende al modo concreto en que el ciudadano deberá votar. Blando cuestiona que se presente el nuevo diseño como una forma más sencilla y transparente de emitir el sufragio.

Su comparación parte de la experiencia conocida por los santafesinos: con la boleta única por categorías, el elector podía elegir por separado al candidato a gobernador, al senador y al diputado.

"¿Por qué es más fácil votar por categoría?", pregunta. Para él, tomar la boleta correspondiente a cada categoría y seleccionar al candidato elegido resulta más claro que concentrar múltiples decisiones en una misma papeleta.

El nuevo sistema, en cambio, incorporaría tres posibilidades de marcado. El ciudadano podría optar por una lista completa, elegir un gobernador determinado y, al mismo tiempo, seleccionar una lista diferente para diputados.

El abogado constitucionalista cuestionó que el nuevo diseño electoral de Santa Fe sea "más fácil y transparente" para los ciudadanos. "¿Por qué es más fácil votar? No es más fácil votar por categoría: yo tomo la boleta de gobernador y elijo a quien quiero; tomo la de senadores y elijo a quien quiero, o diputados. Eso es mucho más sencillo que poner esta boleta, que va a tener tres cruces", planteó.

Según explicó, el elector podrá optar por una lista completa, por un candidato a gobernador y por candidatos a diputados de otra fuerza. "Uno puede no votar lista completa y votar gobernador de uno y diputado de otra", señaló. Sin embargo, advirtió que el diseño de la boleta y la oferta electoral que tendrá frente a sí el ciudadano serán "muchísimo más complicados" y que, en consecuencia, "seguramente traerán muchos más votos nulos", como ocurrió en Córdoba.

"Entonces, ¿se pueden decir muchas cosas ahora, que es más fácil y más transparente? No", concluyó.

¿Un neolema o "colectoras a la santafesina"?
La discusión inevitablemente le recuerda una etapa que Santa Fe conoce bien: los años de la ley de lemas.

Algunos analistas ya han definido el nuevo mecanismo como una suerte de "neolema", aunque Blando introduce una precisión técnica: estrictamente, no sería un lema porque los votos no se suman entre las distintas listas.

En ese sentido, considera que la figura se aproxima mucho más a las colectoras. Y no se trata, según remarca, de una objeción exclusivamente personal. Blando menciona trabajos académicos y de instituciones especializadas en materia electoral que también han cuestionado las listas colectoras y las listas de adhesión.

Cita particularmente a CIPEC, una institución que, aclara, difícilmente pueda ser ubicada dentro de una determinada orientación política. Recuerda que esas críticas están recogidas en un libro sobre reformas electorales que coordinó junto con la Universidad Nacional de Rosario.

Según explica, quienes estudian, investigan y ejercen tareas de control sobre los procesos electorales han advertido sobre los problemas que generan estos mecanismos y han planteado que deberían evitarse. "Al contrario, que las critican, dicen que no son convenientes, hay que evitarlas. Bueno, nosotros las elegimos", concluye.

De la boleta santafesina a la nueva boleta
La transformación de la boleta única ocupa, en ese sentido, un lugar central en sus reparos.

Santa Fe fue pionera con el sistema de boleta única por categorías, una herramienta que luego se extendió, con distintas variantes, a otras jurisdicciones y llegó incluso al ámbito nacional.

Blando recuerda que el propio Pablo Javkin —a quien se refiere durante la entrevista— fue uno de los impulsores de aquel modelo y que durante años defendió la boleta única tal como se implementó originalmente en Santa Fe.

El especialista recuerda especialmente una discusión producida en 2024, cuando distintos especialistas fueron convocados a la Cámara de Diputados durante el tratamiento del proyecto de boleta única nacional.

En aquella oportunidad, Blando compartió la exposición con Javkin y asegura que este defendió "férreamente" la boleta por categorías que había impulsado para Santa Fe. Por eso la modificación actual le resulta llamativa. "No sé si su posición cambió o no, no lo sé", dice Blando.

Pero sí afirma que el sistema que ahora se propone no era el que Javkin había defendido aproximadamente un año y medio o dos años antes. "Yo no soy quien tiene que dar las explicaciones", agrega, admitiendo al mismo tiempo que en política las posiciones pueden cambiar.

A la complejidad de la nueva boleta se suma finalmente la incorporación de la posibilidad de votar por lista completa. El elector tendrá, junto a la categoría de gobernador y próxima a la de diputados, un casillero específico para optar por la lista completa.

Pero esa opción convivirá con casilleros individuales que permitirán elegir por separado al gobernador y a los diputados. Así, quien quiera podrá seleccionar la lista completa, mientras que quien prefiera combinar candidatos deberá marcar individualmente cada categoría.

El sistema busca permitir mayor libertad de elección, pero para Blando el resultado puede ser exactamente el contrario al que sus defensores anuncian: una boleta más compleja, una oferta electoral más difícil de interpretar y un escenario con mayores posibilidades de errores y votos nulos.

En su lectura, el nuevo Código Electoral no solamente modifica las reglas con las que competirán los partidos. También altera la manera en que los ciudadanos encontrarán esas opciones en la boleta y, por esa vía, la relación entre la oferta política y la decisión que finalmente se expresa en las urnas.

Y esa es, para el especialista, una de las razones por las que la reforma merece una discusión mucho más profunda que la que supone simplemente cambiar el formato de una papeleta.

Los partidos chicos frente al nuevo piso
Pero el nuevo Código no solamente puede modificar la forma en que votan los ciudadanos. También puede alterar profundamente las posibilidades de supervivencia electoral de los partidos más pequeños.

Blando se muestra sorprendido por el acompañamiento que la reforma recibió de algunas fuerzas que, bajo las nuevas reglas, podrían terminar siendo perjudicadas.

La pregunta que plantea es qué ocurriría si esos partidos decidieran presentarse solos, fuera de los grandes frentes electorales de Santa Fe. El socialismo que acompañó esta reforma, reconoce, podría atravesar esa prueba y superar cómodamente el nuevo piso del 4%.

Pero menciona como casos más problemáticos al Partido Demócrata Progresista, el GEN, UNO y distintas expresiones menores del peronismo. En su interpretación, muchos de esos partidos apoyaron la reforma porque actualmente están "cobijados y enganchados" dentro de frentes electorales más grandes.

Sin esa estructura, advierte, podrían quedar directamente fuera de toda representación. El nuevo sistema genera así un incentivo para que las fuerzas pequeñas se alineen con alguno de los grandes espacios de la provincia si quieren evitar desaparecer electoralmente.

"Hay que alinearse con alguno de los grandes frentes electorales de la provincia de Santa Fe para no morir el intento", plantea Blando.

La consecuencia, desde su perspectiva, no es necesariamente una mayor fortaleza de los partidos, sino una dependencia creciente respecto de las estructuras políticas más grandes. La discusión sobre el piso del 4%, entonces, vuelve a encontrarse con la de la representación.

No se trata solamente de cuántos votos necesita una fuerza para conseguir una banca. También está en juego qué tipo de sistema partidario puede sobrevivir bajo las nuevas reglas y qué incentivos genera la legislación para que las fuerzas pequeñas compitan de manera independiente o se incorporen a frentes más amplios.

Quiénes votaron y quiénes deberán explicar
El especialista también cuestiona el reparto de responsabilidades políticas alrededor de la reforma. No acepta que algunos sectores puedan presentarse después como ajenos a las decisiones adoptadas en la Cámara de Diputados. En particular, señala al peronismo, que acompañó prácticamente la totalidad del proyecto.

Según explica, el bloque justicialista votó a favor de toda la ley, con la excepción del artículo que habilita la pluralidad de candidaturas a vicegobernador para un mismo candidato a gobernador. Fuera de ese punto, sostiene, acompañó el resto de la reforma.

Por eso advierte que no alcanza con que algunos dirigentes intenten tomar distancia de la iniciativa una vez aprobada. "Acá hay más de un responsable de estas decisiones", afirma.

La contradicción también aparece, según su análisis, en las diferentes posiciones que el propio peronismo había sostenido durante el tratamiento legislativo. En el Senado, el justicialismo había planteado un piso electoral del 5%, mientras que en Diputados su proyecto proponía el 3,5%.

Blando recuerda que, en julio, había anticipado que la negociación terminaría probablemente en un punto intermedio entre el 3% y el 5%: el 4%. El tiempo, dice con ironía, terminó dándole la razón.

El peronismo en Diputados elevó su propio estándar hasta el 4% y terminó acompañando el piso que finalmente obtuvo media sanción.

El Senado y una oportunidad que quedó abierta
Ahora la mirada se dirige al Senado. Blando considera altamente probable que la Cámara alta apruebe el texto tal como salió de Diputados, fundamentalmente porque el oficialismo cuenta allí con mayoría.

Por eso estima que el único punto que podría generar una discusión más intensa —el sistema de candidaturas a vicegobernador— difícilmente alcance para modificar sustancialmente el proyecto.

La discusión sobre el Senado abre, a su vez, otra de las críticas de fondo de Blando: la reforma electoral no aprovechó la oportunidad para revisar la representación en esa Cámara.

La nueva legislación mantiene prácticamente intacta la estructura del Senado provincial, incluso en un contexto en el que se discuten cuestiones más amplias como la bicameralidad y la necesidad de revisar los mecanismos de representación.

Blando señala que podría haberse pensado una representación distinta, incorporando una relación entre mayorías y minorías similar a la existente en el Senado nacional, donde la distribución de dos bancas para la mayoría y una para la primera minoría permite garantizar un espacio opositor y, además, asegurar al menos una mayor representación femenina. Pero esa posibilidad, sostiene, no fue abordada.

El especialista también cuestiona que el discurso oficial de la reforma sostenga como uno de sus argumentos centrales la necesidad de votar más por proyectos políticos y partidos, en lugar de concentrarse exclusivamente en candidaturas individuales.

Si ese fuera realmente el objetivo, se pregunta por qué el Senado conserva su boleta única por categoría. Los senadores son, en efecto, los únicos candidatos provinciales que mantendrían el sistema de votación por categoría.

Gobernador y diputados pasarían al nuevo esquema; intendentes y concejales también quedarían alcanzados por la lógica de la nueva boleta.

Pero el Senado permanece separado. Para Blando, esa decisión revela una contradicción evidente.

"Los senadores no tienen el mismo proyecto político que el gobernador", ironiza, porque si el argumento fuera que las distintas categorías deben integrarse para favorecer la identificación del elector con un mismo proyecto político, no tendría sentido mantener separada justamente la elección de senadores.

Una boleta que también muestra la fragmentación
La paradoja se profundiza, a su entender, cuando se observa el argumento oficial sobre la necesidad de combatir la fragmentación. La nueva boleta, lejos de eliminarla, puede terminar expresándola gráficamente.

Un gobernador puede sostener una determinada posición, mientras un diputado del mismo espacio puede defender otra. Un senador, aun bajo el mismo nombre partidario, puede adoptar una postura diferente. Y en el ámbito municipal, intendentes y concejales pueden desarrollar sus propias estrategias políticas.

La fragmentación, sostiene Blando, no desaparece por el hecho de reunir varias categorías en una misma boleta. Por eso considera que el diseño elegido termina funcionando como una representación gráfica de la propia fragmentación política, partidaria e ideológica de Santa Fe.

La división de la boleta en distintos espacios de decisión no construye necesariamente proyectos políticos comunes; por el contrario, puede poner en evidencia que esos proyectos comunes no existen o que las distintas categorías electorales funcionan con lógicas propias.

"Lo que hace la boleta única dividida en tres partes es expresar la fragmentación partidaria, ideológica, política que tienen los partidos políticos en la provincia de Santa Fe", concluye.

Una consulta a expertos que deja preguntas
La entrevista termina después de una extensa revisión de las principales modificaciones del Código Electoral. Pero el debate no queda cerrado.

Blando había sido convocado una semana antes a la Cámara de Diputados, junto con otro especialista, para exponer sobre el proyecto y aportar su mirada técnica.

Según el balance posterior del periodista, sus advertencias no fueron incorporadas al texto finalmente aprobado. La convocatoria de especialistas, en ese sentido, terminó siendo para Blando y para quienes siguieron el debate una oportunidad desaprovechada.

La pregunta que queda flotando es qué sentido tiene convocar a expertos para analizar una reforma electoral si las observaciones que realizan no son consideradas cuando llega el momento de votar. El proyecto, de todos modos, ya había obtenido la media sanción.

El próximo paso será el tratamiento en el Senado, donde el oficialismo tiene mayoría y, por lo tanto, una capacidad decisiva para sostener el texto aprobado por Diputados. La expectativa de Blando es que no haya modificaciones sustanciales y que la reforma avance prácticamente tal como fue sancionada.

El verdadero examen empieza en las urnas
De ser así, el verdadero examen comenzará el año próximo, cuando las nuevas reglas abandonen el papel y se enfrenten con el comportamiento real de los partidos, los candidatos y los electores.

Será entonces cuando se pueda comprobar si el nuevo Código consigue aquello que sus defensores prometen —mayor claridad, gobernabilidad y una mejor organización de la competencia electoral— o si, como advierte Blando, termina generando más exclusión, más dependencia de los pequeños partidos respecto de los grandes frentes, más votos nulos y una representación menos proporcional.

La discusión, en definitiva, ya no será solamente legislativa. Será electoral y ciudadana.

Y tendrá lugar frente a una boleta que, por primera vez, obligará a los santafesinos a aprender nuevas reglas para expresar algo tan elemental como su voluntad política.

Porque detrás del diseño de una boleta, del porcentaje de un umbral o de la posibilidad de que un candidato a gobernador tenga hasta tres acompañantes hay una discusión bastante más profunda.

Es la discusión sobre qué ocurre con un voto cuando una fuerza política no alcanza el piso establecido; sobre cuánto pesa la decisión de quienes concurren a votar y cuánto termina favoreciendo el sistema a quienes construyen grandes frentes; sobre si la simplificación anunciada se traduce realmente en una elección más clara; y, sobre todo, sobre cuánto debe pesar cada voto a la hora de convertir voluntad popular en representación.

El nuevo Código Electoral puede ordenar una legislación dispersa y, al mismo tiempo, modificar de manera sustancial las reglas de la competencia política. Para Blando, esa diferencia es precisamente el punto que todavía debe discutirse.

Porque una reforma electoral no debería diseñarse solamente para facilitar la gobernabilidad de quienes ya tienen capacidad de gobierno, sino para garantizar que los votos efectivamente expresados por la ciudadanía encuentren una traducción razonablemente proporcional en la representación legislativa.

Y allí es donde el nuevo piso del 4%, más que una cuestión técnica, puede convertirse en uno de los puntos centrales de la discusión política y constitucional que todavía resta dar.

Escuchá la entrevista completa:

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