sábado, 12 de septiembre de 2026

Después del desalojo, el fuego: una fiesta para recuperar la memoria del río

Tras el desalojo del Almacén de las Tres Ecologías, la octava Fiesta del Fuego y Encuentro de Ceramistas vuelve a la costa rosarina con cerámica, saberes ancestrales, música y trabajo colectivo. Una jornada que también vuelve a poner sobre la mesa la disputa por el río y los espacios públicos
Este domingo 13 de septiembre, entre las 12 y las 18, la costa rosarina volverá a encontrarse con el fuego, la cerámica y la memoria. En el predio que pertenece al Almacén de las Tres Ecologías, en el Paseo de la Costanera al 1500, se realizará la octava edición de la Fiesta del Fuego y Encuentro de Ceramistas, una jornada que, más que una celebración, busca recuperar saberes ancestrales, reivindicar el vínculo con la naturaleza y volver a poner en escena la memoria de un territorio atravesado por el río Paraná.

Pero esta vez la fiesta llega con otra carga. Después del desalojo que sufrió el Almacén del espacio físico que ocupaba en la costa del río, la celebración tendrá lugar, como en otras oportunidades, al aire libre. La diferencia es que esta vez todos estarán afuera: ceramistas, cooperativas y las distintas personas que forman parte del Almacén.

Maru Torresi, integrante del Almacén de las Tres Ecologías y de la Feria de la Resistencia por las Tres Ecologías, cuenta en Señales que la fiesta nació a partir de una inquietud compartida con la Subsecretaría de Extensión Universitaria de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Ocho ediciones después, la continuidad del encuentro adquiere un significado particular.

El espacio se encuentra en la zona de Costanera y Presidente Roca, un lugar desde donde el río aparece como paisaje inmediato y, al mismo tiempo, como territorio en disputa.

Después del desalojo, todos afuera
La respuesta frente al desalojo fue seguir adelante. La fiesta se hará en la costa, con entrada libre y gratuita, y reunirá a quienes habitualmente forman parte de las actividades del Almacén junto a ceramistas, cooperativas, artistas y vecinos.

La cerámica será el centro de la jornada. Pero alrededor de ella aparecerá una pregunta más profunda: cómo recuperar y transmitir prácticas antiguas vinculadas con la tierra y el fuego, especialmente aquellas relacionadas con las comunidades que habitaron las costas del Paraná.

Ese es, para Torresi, el eje central de la Fiesta del Fuego: "Recuperar estas prácticas ancestrales", particularmente las que pertenecen a quienes habitaban antiguamente este territorio.

En ese marco participará Gaby Cepeda, integrante del proyecto Oyé Ndén —nombre que, según explica Torresi, significa "guardamemoria" en lengua chaná—, con la intención de reflotar y continuar difundiendo la cultura ancestral de las costas del río Paraná.

Cepeda ofrecerá un curso de quema de cerámica y se realizarán cocciones mediante pequeños hornos que serán trasladados e instalados en el predio. La actividad permitirá acercarse de manera concreta a una práctica que conecta la cerámica contemporánea con técnicas y conocimientos de larga historia.

También habrá un encuentro amplio de ceramistas de la ciudad. Muchos de ellos participan habitualmente de la feria del Almacén y cada uno trabaja con técnicas diferentes. Torresi aclara que ella no es ceramista, pero conoce la diversidad de procedimientos que conviven dentro de esa práctica.

La intención es que el encuentro sirva justamente para poner esos conocimientos en circulación, difundirlos y revalorizarlos.

Volver a la tierra y al fuego
La fiesta se plantea, así, como una recuperación de una mirada ecologista y de una relación diferente con la naturaleza. Y el lugar elegido no es un detalle menor.

Para Torresi, esa parte de la costa funciona como una ventana al río, un río que observa "bastante desprotegido, descuidado" y también atravesado por procesos de comercialización. En ese contexto, poder realizar allí la fiesta adquiere un valor simbólico particular.

Durante la jornada habrá talleres gratuitos. Entre ellos se presentará un proyecto impulsado por un grupo de ceramistas, artistas y personas vinculadas con la Facultad de Humanidades, que desarrolla talleres para infancias en distintos puntos de Rosario.

En esta oportunidad, esas experiencias llegarán a una mesa denominada "Contar con Imágenes", en la que participarán el Taller de la Libertad y el Taller de la Casa de la Cultura.

El trabajo con niños y niñas ocupa un lugar especialmente importante para Torresi. Se trata, dice, de recuperar desde edades tempranas saberes que muchas veces han quedado relegados, pero también de acercarse a infancias que viven situaciones de vulnerabilidad en distintos lugares de la ciudad.

La transmisión de conocimientos ancestrales aparece entonces no sólo como una cuestión cultural, sino también como una forma de construir espacios de encuentro y participación.
Una ciudad bordada con hilos

Habrá además una propuesta que, para Torresi, resulta especialmente novedosa: la participación de un grupo de mujeres tejedoras y bordadoras del taller Tejer Afuera.

Las mujeres habían participado anteriormente en una radio abierta realizada en el Almacén y de aquel encuentro surgió una idea que luego tomó forma propia: comenzar a plasmar sobre una arpillera itinerante imágenes, sentimientos y diferentes expresiones vinculadas con la ciudad.

Así nació una enorme pieza colectiva, un gran paño sobre el que distintas personas fueron tejiendo, bordando e interviniendo.

El proyecto tuvo uno de sus puntos de partida en la Escuela Musto y después comenzó a recorrer otros espacios. La arpillera fue creciendo con cada intervención y llegará ahora a la Fiesta del Fuego.

Torresi la describe como una pieza "muy bella" y "muy hermosa", pero también profundamente rosarina. En sus imágenes aparecen distintos aspectos de la ciudad, convertidos en una memoria colectiva construida con hilos, telas y manos.

La jornada tendrá también sabores y música. Habrá comida de la comunidad Coya y propuestas de cocina norteña. Para el cierre está prevista la participación de un DJ jamaiquino que trabaja con folktrónica, una mezcla de folklore y música electrónica pensada para terminar la tarde con baile.

También habrá una radio abierta durante el encuentro.
El río como paisaje y territorio en disputa

La propuesta, sostiene Torresi, suele convocar a mucha gente y resulta atractiva para toda la comunidad rosarina. Pero detrás de los talleres, la comida, la música y la cerámica existe una discusión más amplia que atraviesa al Almacén y a la propia fiesta: qué ciudad se quiere construir alrededor del río y quiénes tienen derecho a habitar, producir y desarrollar proyectos en la costa.

La discusión se inscribe, además, en un escenario que Torresi vincula con la desaparición de espacios culturales y con un proceso de expulsión de cooperativas, organizaciones y experiencias de economía solidaria de la costa central.

El cierre del Almacén de las Tres Ecologías, sostiene, forma parte de una realidad más amplia: la de numerosos centros culturales que fueron cerrados en Rosario.

Para Torresi, la discusión está vinculada con "este clima de época" marcado por una tendencia a privatizar y por una pérdida de valor de aquello que se construye colectivamente.

Frente a eso, reivindica el cooperativismo, el trabajo conjunto y el trabajo autogestivo. Y hace una aclaración sobre el concepto de autogestión: no lo entiende como individualismo, sino como una forma de organización que necesita de un Estado presente, capaz de sostener determinadas experiencias.

No se trata, explica, de un Estado "demasiado paternalista", sino de una presencia estatal que acompañe y sostenga este tipo de proyectos.

Desde su perspectiva, el Estado municipal está descuidando actualmente esos espacios. Lo dice, admite, "bastante diplomática", pero considera que existe una tendencia a privatizar la costa y a desplazar de allí los proyectos comunitarios.

No plantea que el Almacén de las Tres Ecologías sea el único proyecto posible ni que deba ocupar indefinidamente ese lugar. Por el contrario, dice que podrían surgir otras iniciativas e incluso proyectos "superadores" al propio Almacén.

Lo que cuestiona es que los pocos espacios que existen con vista al río y en la costa queden progresivamente orientados hacia la privatización y pierdan su dimensión comunitaria.

"Y eso no está bueno", insiste.

Porque, para Torresi, esos espacios pertenecen también a la comunidad.

El Almacén de las Tres Ecologías nunca fue pensado solamente como un lugar de comercialización, aunque la actividad comercial haya sido fundamental. De ese espacio, recuerda, dependen muchas familias, cientos de familias, no sólo de Rosario sino también de otros lugares.

Pero el Almacén fue además un espacio cultural. Allí se realizaron la Fiesta de la Pachamama y la propia Fiesta del Fuego, además de innumerables actividades, presentaciones de libros y encuentros.

Era, destaca Torresi, un espacio abierto y gratuito.

Una fiesta que también es una forma de resistencia
A eso se suma una señal sobre el futuro del galpón que ocupaba el Almacén. Según la información que maneja Torresi, el espacio sería reinaugurado el sábado siguiente mediante un proceso abierto por la Municipalidad para emprendedores.

Ella misma introduce la información con cautela y la coloca "entre comillas", porque considera que esa reapertura podría haber surgido como consecuencia de la resistencia que generó el cierre del Almacén.

"No creo que haya sido la idea primaria de esto", aclara, dejando en claro que se trata de una opinión personal de la que se hace responsable.

Frente a ese escenario, las organizaciones vinculadas con el Almacén no se quedaron únicamente en la resistencia. También elaboraron una alternativa.

Presentaron un proyecto de bioconstrucción para levantar un nuevo espacio de comercialización y encuentro en la costa.

La propuesta fue presentada ante autoridades de la Secretaría y la Subsecretaría de Economía Social, y también ante integrantes del Concejo Municipal y de la Comisión de Empleo y Producción.

El lugar solicitado es la explanada conocida como La Pérgola, pegada al antiguo galpón de Tres Ecologías.

Se trata de un espacio actualmente sin explotar que, según explica Torresi, pertenecía antiguamente a los galpones ferroviarios. Tiene una base y una estructura de vigas ya construida, una construcción que consideran sólida y bien realizada.

Y, sobre todo, está frente al río.

Un nuevo lugar frente al Paraná
La elección del lugar responde precisamente a esa condición. El proyecto busca no perder la relación con el Paraná y con todo aquello que el río representa en términos económicos, sociales y ecológicos.

La idea es que la nueva construcción no sea solamente un sitio de comercialización.

El proyecto contempla un "observatorio del río Paraná": un espacio abierto para grupos ecologistas, escuelas y diferentes actividades vinculadas con el ambiente y la educación.

Al mismo tiempo, permitiría sostener las actividades que históricamente se desarrollaban en el Almacén, como la feria y el espacio comercial.

Torresi lo define como un proyecto "hermoso" y ambicioso, pero también completamente autogestivo.

La organización no le solicita dinero al Ejecutivo municipal. Lo que pide es la autorización para utilizar el espacio.

Mientras tanto, las conversaciones continúan. Se reúnen con distintos sectores, con integrantes del oficialismo y con representantes de partidos de la oposición, en busca de una vía para avanzar con la iniciativa.

Para Torresi, el proyecto tiene además un valor que excede a la propia propuesta arquitectónica. Considera que podría ser una experiencia única para Rosario porque la bioconstrucción también permite recuperar conocimientos ancestrales.

Antes de las construcciones dominadas por el cemento, el hierro y las vigas industriales, recuerda, se construía con barro, paja y amasado.

Como ejemplo de que esas técnicas pueden integrarse a espacios públicos y culturales, menciona al Museo Gallardo de Rosario, donde existe una parte realizada con este método. La invita incluso a la ciudadanía a conocerla cuando el museo vuelva a abrir sus puertas.

La apuesta, en definitiva, es conectar experiencias.

Cooperativas, organizaciones, proyectos nuevos y espacios culturales aparecen para Torresi como piezas de una misma discusión sobre el modelo de ciudad.

Rosario, dice, puede ser una ciudad más integrada con esas experiencias y no únicamente una ciudad "metropolitana y llena de edificios y cemento".

También cuestiona una idea instalada sobre qué puede resultar atractivo para quienes visitan la ciudad.

"No todo el cemento es turístico", plantea.

Hay otras formas de mostrar Rosario, vinculadas con el ambiente, el trabajo colectivo, la cultura y el río.
Una fiesta autorizada, una costa en discusión

En ese marco, la Fiesta del Fuego adquiere otra dimensión. No es sólo un evento cultural programado para un domingo.

Es también una forma de volver a ocupar simbólicamente un territorio del que el Almacén fue desplazado y de hacerlo, esta vez, mediante una actividad abierta, gratuita y autorizada.

Porque esa cuestión también aparece en la conversación: después del desalojo, ¿la fiesta tenía permiso para realizarse en ese lugar?

Torresi responde con contundencia.

Sí. La actividad está "totalmente autorizada".

Remarca que quienes integran el Almacén siempre fueron respetuosos de los procedimientos institucionales y que nunca realizaron acciones contra una institución o una autoridad.

"Siempre respetamos la vía administrativa, legal", afirma.

Y establece una diferencia tajante respecto de lo ocurrido con el espacio:

"La violencia la ejerció el Estado, no nosotros".

Con la autorización correspondiente, asegura, la preocupación queda despejada. La fiesta podrá desarrollarse entre las 12 y las 18, con todas las actividades concentradas dentro de ese horario.

Habrá comida norteña para degustar, un puesto de la comunidad Coya, música hacia el final de la jornada, radio abierta, talleres y numerosos ceramistas.

La propuesta invita a observar cómo se trabajaba antiguamente con la tierra y el fuego y, a través de esas prácticas, volver a conectarse con la historia de la Costanera, de Rosario y de la costa de toda la provincia de Santa Fe.

"Está lindo todo eso", dice Torresi.

A veces, sostiene, hace falta volver a los ancestros y a los orígenes en lugar de pensar únicamente hacia adelante, en términos de tecnología y futuro.

También puede ser necesario, de vez en cuando, "volver un poco a la tierra".

La convocatoria es sencilla: este domingo, desde las 12, en Presidente Roca y el río.

Quienes se acerquen encontrarán una movida grande, con gazebos y tablones, y podrán reconocer rápidamente el lugar. Desde la organización también prometen "hacer un poco de ruido" para que nadie tenga dudas de dónde está la fiesta.

La entrada será libre y gratuita. También lo serán todos los talleres y las actividades propuestas. Sólo tendrán costo los productos que ofrezcan los artesanos y artesanas, porque, como recuerda Torresi, allí sí se trata del trabajo cotidiano de quienes producen.

El fuego como punto de encuentro
Después de una conversación atravesada por la memoria, la defensa del río, la autogestión, el conflicto por el espacio público y la necesidad de imaginar otras formas de ciudad, Torresi vuelve al espíritu más simple de la convocatoria: compartir una jornada de domingo.

El fuego, esta vez, no será solamente una técnica para transformar la arcilla.

Será una excusa para reunirse, mirar el río, recuperar saberes y recordar que detrás de la costa que se ve también existe otra ciudad: una hecha de cooperativas, artistas, ceramistas, tejedoras, escuelas, comunidades, organizaciones y vecinos que todavía buscan un lugar desde donde construir colectivamente.

Y en esa disputa por la memoria y el territorio, la Fiesta del Fuego llega a su octava edición como una forma de persistencia.

Afuera del antiguo galpón, pero frente al mismo río.

Con las manos en la tierra y los ojos puestos en una costa que, para quienes la habitan y la defienden, todavía tiene mucho para contar.

Escuchá la entrevista completa:

Ver anteriores: El Almacén de las Tres Ecologías, entre una cerradura rota y el modelo de ciudad, El conflicto por el Almacén de las Tres Ecologías escala y reabre el debate sobre la costa de Rosario, Del conflicto a la propuesta: el Almacén de las Tres Ecologías imagina una nueva etapa junto al río

viernes, 11 de septiembre de 2026

Los Juegos Suramericanos 2026 llegan a la pantalla pública: la gran cobertura de RTS Medios

Rosario, Santa Fe y Rafaela serán protagonistas de la gran cita deportiva internacional que también tendrá sedes en Vicente López y Mar del Plata. RTS Medios desplegará entre 12 y 14 horas diarias de transmisión, con equipos periodísticos y móviles en las ciudades santafesinas. La cobertura será abierta y gratuita por televisión y plataformas digitales
Los XIII Juegos Suramericanos tendrán a Santa Fe como uno de los grandes escenarios de la competencia y, desde la televisión pública provincial, el desafío será que ese acontecimiento pueda verse y seguirse en cada rincón del territorio. RTS Medios prepara una cobertura especial que combinará transmisión en vivo, información, análisis y presencia periodística en las sedes de Rosario, Santa Fe y Rafaela.

La edición 2026 de los Juegos reunirá a delegaciones de 15 países y tendrá competencias distribuidas entre cinco ciudades: Rosario, Santa Fe, Rafaela, Vicente López y Mar del Plata. Además del atractivo propio del torneo, el evento tendrá una importancia deportiva adicional: algunas de las disciplinas ofrecerán plazas de clasificación para los Juegos Panamericanos de Lima 2027, que a su vez serán una instancia para acceder a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

En ese contexto, la pantalla de RTS Medios tendrá un rol central para acercar la competencia a la audiencia santafesina. La propuesta contempla entre 12 y 14 horas diarias de transmisión en alta definición, desde las primeras actividades deportivas de cada jornada hasta las últimas competencias de la noche.

No se tratará solamente de una transmisión desde un estudio. La televisión pública provincial dispondrá de móviles y equipos periodísticos en simultáneo en Rosario, Santa Fe y Rafaela, para contar lo que ocurra en los escenarios de competencia y seguir especialmente a los deportistas santafesinos que formen parte de la delegación argentina.

Una mirada santafesina sobre un evento internacional
Para RTS Medios, la cobertura de los Juegos representa también una oportunidad para poner en práctica una de las características centrales de la televisión pública provincial: contar Santa Fe desde Santa Fe.

Con una mirada plural, inclusiva y con fuerte arraigo local, RTS Medios refleja las voces, culturas y realidades de las distintas regiones santafesinas a través de contenidos informativos, educativos, culturales y de entretenimiento. Durante los Juegos, esa perspectiva se trasladará a una competencia que tendrá a varias ciudades de la provincia como protagonistas.

Por eso, junto con los resultados y las grandes actuaciones deportivas, la cobertura buscará mostrar aquello que sucede alrededor de los estadios: las historias de los atletas, el movimiento de las ciudades, los espectáculos musicales y la actividad de los Fan Fest de Rosario, Santa Fe y Rafaela.

El objetivo será que los Juegos no queden limitados a quienes puedan asistir personalmente a las competencias, sino que formen parte de la vida cotidiana de la provincia a través de una señal pública, abierta y accesible.

Dónde ver los Juegos Suramericanos
La cobertura de RTS Medios podrá seguirse de manera libre y gratuita por televisión y plataformas digitales.

En Televisión Digital Abierta (TDA), la señal estará disponible en el canal 29.1 en Santa Fe y su área de influencia y en el canal 33.2 en Rosario.

También podrá verse por televisión por cable a través del canal 37 de Flow, el canal 6 de Claro TV y las redes de cables locales y cooperativos que distribuyen la señal en distintas localidades de la provincia.

La transmisión llegará además a internet mediante el sitio web de RTS Medios, su canal oficial de YouTube y la aplicación oficial para dispositivos Android e iOS.

Así, mientras Rosario, Santa Fe y Rafaela se convierten en escenarios de una competencia que puede abrirles a los deportistas el camino hacia Lima 2027 y, eventualmente, Los Ángeles 2028, la televisión pública santafesina asumirá otra competencia: hacer que los Juegos puedan ser vistos, escuchados y vividos por toda la provincia.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Rosario ya es "Ciudad que Promueve la Convivencia en la Diversidad y Libre de Discursos de Odio"

La iniciativa del concejal Damián Pullaro fue aprobada por el Concejo Municipal el 6 de agosto. La Ordenanza Nº 10.924 fue promulgada el 20 de agosto por el intendente Pablo Javkin, junto a la secretaria de Igualdad, Género y Derechos Humanos, Mónica Ferrero, y el secretario de Control y Convivencia, Diego Herrera. Este miércoles 9 de septiembre fue publicada en el Boletín Oficial y entró formalmente en vigencia
Rosario incorporó formalmente a su marco normativo una política específica de prevención y abordaje de los discursos de odio. La Ordenanza Nº 10.924, aprobada por el Concejo Municipal el pasado 6 de agosto, fue promulgada el 20 de agosto y publicada este miércoles 9 de septiembre en el Boletín Oficial municipal y declara formalmente a Rosario como "Ciudad que Promueve la Convivencia en la Diversidad y Libre de Discursos de Odio".

La iniciativa fue presentada por el concejal de Unidos Damián Pullaro y había sido analizada por las comisiones de Igualdad, Género y Derechos Humanos y de Gobierno.

Al defender el proyecto en el recinto, Pullaro destacó que el objetivo es fortalecer la convivencia en una ciudad "plural, diversa e inclusiva" y remarcó que la ordenanza no establece sanciones ni restricciones a la libertad de expresión.

"Esta ordenanza busca fortalecer la convivencia, esta ciudad que es plural, diversa e inclusiva. Cabe destacar, para dejarlo claro, que no genera sanciones ni restringe derechos. Tampoco limita de ningún modo la libertad de expresión. Solo busca generar políticas de prevención, sensibilización y educación para fomentar el respeto", sostuvo.

Y agregó que la norma apunta a que el Estado municipal cuente con herramientas para actuar de manera preventiva: "De alguna manera, buscamos que el Estado tenga herramientas para prevenir estas cuestiones y que nadie tenga que padecer discursos de odio".

Una política centrada en la prevención
Uno de los puntos centrales de la nueva normativa es que no reemplaza el régimen antidiscriminatorio vigente en Rosario, sino que busca complementarlo con herramientas preventivas.

La ordenanza toma como antecedente la Ordenanza Nº 6.321/96 y sus modificatorias, entre ellas las Ordenanzas Nº 7.946/05 y Nº 8.299/08. Ese marco garantiza el derecho a ser diferente, prohíbe actos discriminatorios en espacios públicos y privados con acceso al público, establece sanciones en el Código Municipal de Faltas y dispone que el municipio desarrolle campañas periódicas de promoción de derechos.

La nueva norma incorpora específicamente la dimensión preventiva de los discursos de odio, tanto en el espacio público como en los entornos digitales. La iniciativa plantea que estas acciones funcionan como una instancia previa frente a actos discriminatorios que ya están contemplados por la legislación vigente.

Según los fundamentos de la ordenanza, los discursos de odio son expresiones que pueden promover, incitar o justificar la violencia, la discriminación o la exclusión contra personas o grupos por razones vinculadas con su identidad, orientación sexual, género, religión, nacionalidad, etnia, condición socioeconómica, discapacidad u otras características.

El texto advierte, además, que estas expresiones pueden generar condiciones propicias para la violencia simbólica, institucional y física, así como afectar la convivencia democrática y el tejido social.

Qué entiende Rosario por "discurso de odio"
El artículo 3º establece una definición concreta. La ordenanza considera discurso de odio a:

"Toda forma de expresión, comunicación o comportamiento —oral, escrito, simbólico o gráfico— que promueva, incite o justifique la discriminación, hostilidad o violencia contra una persona o grupo en razón de su identidad o condición".

Entre las condiciones mencionadas por la norma figuran el origen étnico, la nacionalidad, el género, la orientación sexual, la religión, la edad, la discapacidad y la condición socioeconómica, entre otras.

Los fundamentos también toman como referencia la definición de "discurso de odio" utilizada por la Organización de las Naciones Unidas y las obligaciones asumidas por Argentina mediante tratados internacionales, entre ellos la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, que cuenta con jerarquía constitucional.

En ese marco, la ordenanza reconoce que la libertad de expresión es un derecho fundamental garantizado por la Constitución Nacional, pero sostiene que no es absoluta y que encuentra límites en la protección de los derechos de terceros y el orden público.

Campañas, barrios, escuelas y redes sociales
La norma no se limita a una declaración institucional. El artículo 4º establece que el Departamento Ejecutivo deberá promover y articular acciones destinadas a fortalecer la convivencia y el respeto en la diversidad.

Entre las medidas previstas se encuentran:
  • campañas de sensibilización y educación ciudadana;
  • acciones territoriales en barrios, instituciones educativas y espacios comunitarios;
  • estrategias de prevención y abordaje de la violencia simbólica y la discriminación;
  • promoción de buenas prácticas en entornos digitales;
  • recuperación y puesta en valor de espacios públicos afectados por expresiones de odio o discriminación.
Además, el municipio queda autorizado a celebrar convenios con organismos públicos, instituciones educativas, universidades, organizaciones de la sociedad civil y actores del sector privado.

La ordenanza también invita a instituciones educativas, medios de comunicación, plataformas digitales y organizaciones sociales a adherir a sus principios y promover prácticas responsables, inclusivas y respetuosas en la comunicación pública.

El antecedente de Santa Fe y Paraná
Entre los fundamentos del proyecto se menciona que otras ciudades de la región ya avanzaron en políticas específicas frente a la problemática.

La ordenanza destaca el caso de Santa Fe, que declaró su territorio como "Ciudad Libre de Discursos de Odio", y el de Paraná, que se declaró "Ciudad Libre de Discriminación".

En ese marco, la iniciativa rosarina busca profundizar las políticas locales de promoción de los derechos humanos, inclusión social y participación ciudadana. También plantea complementar los objetivos establecidos por el Decreto Nº 68.305, de autoría del concejal mandato cumplido Hernán Calatayud, mediante el fortalecimiento de las herramientas institucionales destinadas a prevenir y erradicar manifestaciones de odio o discriminación en la ciudad.

Concejales de La Libertad Avanza votaron en contra
El proyecto no tuvo el acompañamiento de todo el cuerpo. Cuatro concejales de La Libertad Avanza presentes en la sesión votaron en contra, mientras que la quinta integrante del espacio se ausentó.

Durante el debate, el concejal Lautaro Enríquez adelantó el rechazo de su bloque y aclaró que la posición no implicaba una oposición al respeto por los demás ni al combate contra la discriminación, sino la consideración de que ya existe normativa suficiente sobre la materia.

"Nosotros en sí no estamos en contra de la iniciativa. Más bien creemos en el respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo", señaló.

Enríquez sostuvo además que la problemática ya está contemplada por tratados internacionales y por programas que, según afirmó, se encuentran actualmente en ejecución.

"El tema ya está regulado también por jerarquía constitucional. Hay tratados internacionales a los que adherimos como país por el mismo tema. Incluso hay programas en ejecución, con presupuesto de este año, de la Secretaría de Igualdad referidos al tema", afirmó.

Por ese motivo, explicó que el rechazo del bloque respondía a que consideraban innecesaria una nueva normativa.

"No es por estar en contra del tema, de la esencia del proyecto en sí, sino simplemente porque creemos que es más normativa sobre lo mismo. Ya hay un montón de programas y normativa vigente; lo consideramos innecesario", sostuvo.

Cómo fue la votación
La Ordenanza Nº 10.924 fue aprobada por 18 votos a favor, 4 en contra y 6 ausencias.

Entre los concejales que acompañaron la iniciativa estuvieron Leonardo Caruana, Fabrizio Fiatti, María Fernanda Gigliani, Sabrina Prence, María Fernanda Rey, Agustina Gareis, Carolina Labayru, Norma López, Alicia Pino, Damián Pullaro, Mariano Romero, María Eugenia Schmuck, Pablo Basso, Julián Ferrero, Pablo Gavira, María José Poncino, Lucas Raspall y Antonio Salinas.

En contra votaron los concejales de La Libertad Avanza Juan Pedro Aleart, Samanta Arias, Lautaro Enríquez y Franco Volpe.

En tanto, se registraron seis ausencias: Federico Lifschitz, Juan Monteverde, Anahí Schibelbein, Anabel Lencina, Ana Laura Martínez y Manuel Sciutto.

Una nueva herramienta de prevención
Con la sanción de la Ordenanza Nº 10.924, Rosario incorpora a su marco normativo una política específica de prevención y abordaje de los discursos de odio. La norma establece acciones de sensibilización y educación, intervenciones territoriales, estrategias frente a la violencia simbólica y la discriminación, promoción de buenas prácticas en entornos digitales y recuperación de espacios públicos afectados por expresiones discriminatorias.

El artículo 2º sintetiza el objetivo de la nueva normativa al declarar a Rosario "Ciudad que Promueve la Convivencia en la Diversidad y Libre de Discursos de Odio".

De esta manera, el municipio suma una política preventiva al régimen antidiscriminatorio ya vigente, con el foco puesto en la convivencia democrática, la diversidad y la protección de derechos, sin establecer nuevas sanciones ni restricciones a la libertad de expresión.

FATPren advierte sobre el reemplazo de periodistas por inteligencia artificial y reclama una regulación laboral

La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa cuestionó la producción de contenidos periodísticos íntegramente mediante sistemas de IA y pidió que la incorporación de nuevas tecnologías no se traduzca en destrucción de puestos de trabajo. El reclamo se vincula con el proyecto de actualización del Estatuto del Periodista presentado en el Senado, que incorpora derechos frente al avance de la inteligencia artificial y las plataformas digitales.

La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPren) salió al cruce de la utilización de sistemas de inteligencia artificial para producir contenidos periodísticos de manera íntegra y advirtió que la automatización no puede convertirse en una herramienta para sustituir el trabajo profesional en los medios.

Ante la reciente difusión de contenidos "pretendidamente periodísticos" elaborados completamente mediante sistemas de IA, la organización sindical reafirmó que la información de interés público debe ser producida, verificada, editada y presentada por profesionales de la comunicación.

Para FATPren, el problema no se reduce a una discusión tecnológica. La organización sostiene que detrás de la sustitución de periodistas por sistemas automatizados existe una disputa por las condiciones laborales, la calidad de la información y el derecho de la sociedad a acceder a contenidos elaborados con responsabilidad profesional.

"El periodismo es un oficio que construye ciudadanía y comunidad sobre la base del juicio ético, la experiencia de campo, el contacto directo con fuentes y la responsabilidad social de informar, educar y entretener con veracidad", sostiene la Federación. Y advierte que esas tareas no pueden ser reemplazadas por "alquimias automatizadas".

Más producción, pero no menos trabajo
La discusión ocurre mientras las herramientas de inteligencia artificial comienzan a incorporarse de manera acelerada a las redacciones argentinas.

Un relevamiento realizado por FATPren y el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA), con la participación de trabajadores de más de 30 medios de todo el país, mostró que el 85% de los periodistas consultados ya utiliza herramientas de IA en su trabajo cotidiano. Al mismo tiempo, el 40% señaló que produce más contenidos que antes sin que eso implique una reducción de su jornada laboral.

El estudio también detectó que nueve de cada diez trabajadores perciben un déficit de capacitación proporcionada por las empresas, mientras que al menos siete de cada diez consideran que sus empleadores no cuentan con políticas claras respecto del uso de estas tecnologías.

El fenómeno plantea así una paradoja: la tecnología permite aumentar la cantidad de contenidos producidos, pero ese incremento de productividad no necesariamente se traduce en menos horas de trabajo, mejores salarios o mayor estabilidad laboral.

FATPren sostiene que la incorporación de IA debería tener el sentido contrario: ampliar las capacidades profesionales, facilitar tareas y enriquecer el trabajo periodístico, pero sin utilizar la automatización como argumento para eliminar puestos de trabajo.

Un nuevo Estatuto con regulación de la IA
El debate sindical ya llegó al Congreso. El 9 de junio, FATPren y sindicatos de prensa de distintas provincias presentaron en el Senado un proyecto para actualizar el Estatuto del Periodista Profesional y reemplazar la Ley 12.908, incorporando las transformaciones producidas por las plataformas digitales, el teletrabajo y la inteligencia artificial.

La iniciativa fue presentada ante la Comisión de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión del Senado, presidida por la senadora Carolina Moisés, con la participación de representantes de distintos bloques políticos.

El proyecto conserva los principios centrales del histórico Estatuto, entre ellos la protección de la libertad de expresión y derechos laborales específicos para quienes ejercen el periodismo, pero busca adaptarlos a las nuevas formas de producción y distribución de información.

Entre las novedades se incluyen disposiciones vinculadas con inteligencia artificial, plataformas digitales y teletrabajo, además de derechos relacionados con las tareas de cuidado, la protección frente a situaciones de violencia y la salud psicofísica. También incorpora una cláusula de conciencia y mecanismos de protección para periodistas expuestos a situaciones de violencia institucional durante coberturas.

La propuesta reemplaza además las antiguas categorías profesionales por áreas más flexibles, independientemente de que el trabajo se desarrolle en un diario impreso, un medio digital, radio, televisión, streaming u otra plataforma.

Una disputa por el futuro del oficio
La iniciativa sindical tiene además un plazo político concreto. Según FATPren, la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei estableció la derogación de la Ley 12.908 a partir del 1° de enero de 2027, por lo que los sindicatos buscan que una nueva legislación preserve los derechos fundamentales del sector antes de esa fecha.

En ese contexto, la Federación plantea que la discusión sobre inteligencia artificial no puede separarse de la discusión sobre el modelo de medios que se quiere construir.

"El periodismo es un oficio que construye ciudadanía", sostiene FATPren, que cuestiona que las empresas prioricen el ahorro de costos por encima de la calidad de la información.

La organización reclama, en cambio, que la tecnología se utilice para fortalecer el trabajo humano, generar nuevas oportunidades laborales y mejorar los ingresos de quienes producen información.

El desafío excede, por lo tanto, a las redacciones. La pregunta que instala el debate es quién será responsable de la información que circula cuando una noticia es producida por una máquina, quién verifica sus fuentes, quién responde por sus errores y qué ocurre con los trabajadores cuando la automatización deja de ser una herramienta para convertirse en un reemplazo.

Para FATPren, la respuesta debe formar parte de una regulación que reconozca que la inteligencia artificial puede transformar el periodismo, pero no debería eliminar a quienes tienen la responsabilidad profesional de ejercerlo.

domingo, 6 de septiembre de 2026

La Justicia parió una condena que tardó 13 años en revisar

En diálogo con Señales, Pate Palero, directora ejecutiva de Católicas por el Derecho a Decidir, analiza el caso de Paola Ortiz, quien después de más de 13 años presa recuperó la libertad. Había sido condenada a prisión perpetua por homicidio agravado por el vínculo tras atravesar un parto en avalancha, sin asistencia médica y en un contexto de extrema vulnerabilidad. El Tribunal Superior de Justicia de Córdoba revisó aquella sentencia, reconoció que no había sido juzgada con perspectiva de género y fijó una pena equivalente al tiempo que ya había cumplido. Para Palero, el caso expone los prejuicios que todavía pesan sobre las mujeres cuando la Justicia mira una emergencia obstétrica como si fuera un delito.

Una historia que apareció casi por casualidad
Paola Ortiz estaba presa desde hacía más de una década cuando su historia llegó, casi de casualidad, a las abogadas de Católicas por el Derecho a Decidir. Ellas realizaban una investigación sobre determinadas sentencias cuando encontraron su expediente. Lo leyeron y algo empezó a resultar evidente: allí podía haber una injusticia.

"Es una mujer que nunca fue escuchada en el juicio", cuenta Pate Palero. La defensa oficial, según reconstruye, había sido deficiente y no había apelado ninguna de las instancias. Para una mujer pobre, con poco conocimiento sobre sus derechos y atravesada por una situación de extrema vulnerabilidad, aquella maquinaria judicial había avanzado sin detenerse demasiado a escuchar qué había sucedido.

Era 2012. La perspectiva de género todavía no estaba instalada en la Justicia, y mucho menos había logrado atravesar de manera transversal las decisiones judiciales. Hoy, admite Palero, esa batalla continúa: todavía cuesta incorporar esa mirada en cada expediente, en cada sentencia, en cada interpretación.

Las abogadas comenzaron entonces a vincularse con Paola y a reconstruir su historia.

En el centro estaba un parto ocurrido de manera abrupta. Paola ya tenía tres hijos. Pero ser madre no significaba, como se desprendía de la mirada que terminó imponiéndose sobre ella, estar naturalmente preparada para resolver un parto en cualquier circunstancia.

"Eso no nos da un seminario de maternidad por sí", plantea Palero. El nacimiento había ocurrido, según el relato de Paola y la descripción de uno de los peritos, "en avalancha": sin un aviso previo, como una situación que se precipitó de golpe y que ella no pudo tramitar. Paola sostuvo que el nacimiento había sido sin vida y que la experiencia había sido profundamente traumática.

A pesar de ese relato, terminó acusada de haber matado al producto de aquel parto.

El expediente y los prejuicios
La acusación por homicidio agravado por el vínculo se apoyó, explica Palero, en relatos de un policía y estuvo atravesada por una serie de prejuicios y mandatos acerca de lo que se supone que una mujer debe ser y hacer.

No se trataba solamente de determinar qué había ocurrido durante aquel parto. También parecía operar una idea previa sobre quién debía ser Paola.

Una mujer —y especialmente una madre— debería saber. Debería poder. Debería cuidar. Debería responder. Debería comportarse de acuerdo con aquello que se espera de ella.

En esa mirada también aparecen otros estereotipos: que las mujeres mienten, que siempre esconden una segunda intención, que sus relatos son sospechosos o que detrás de determinadas conductas puede haber algo perverso.

Palero encuentra incluso una raíz mucho más antigua en esa forma de observar a las mujeres. Menciona el Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas), el tratado sobre la brujería escrito por dos frailes dominicos y publicado en Estrasburgo en 1487, históricamente asociado con la persecución de las mujeres acusadas de brujería. Según sostiene, algunas de las imágenes allí construidas dejaron una huella perdurable en el derecho occidental: la mujer asociada con la maldad, la brujería, las intenciones ocultas y el engaño.

"Todas esas cosas me parece que en algunos casos, como en este, persisten para mirar a las mujeres", dice. Paola, mientras tanto, había quedado atrapada en esa mirada.

Pobre, sin una defensa adecuada, con escaso conocimiento de sus derechos y sin posibilidades reales de revertir lo que estaba ocurriendo, terminó estigmatizada por la sociedad y por los medios. Era, además, un pueblo pequeño. La condena tuvo una dimensión social que excedió el expediente judicial.

En 2015 recibió prisión perpetua por homicidio agravado por el vínculo. La sentencia quedó firme.

Lo que la primera sentencia no quiso -o no pudo- ver
Cuando las organizaciones llegaron a la causa, el problema ya no era solamente qué había ocurrido en aquel parto. La pregunta era qué elementos habían quedado afuera de la mirada judicial.

La revisión impulsada por sus abogadas, Rocío García Garro y Julia Luna, y acompañada por organizaciones feministas, de derechos humanos y académicas, puso sobre la mesa una dimensión que la condena original no había considerado adecuadamente: las condiciones concretas en las que vivía Paola.

La pobreza. La violencia. La dependencia económica y habitacional. La ausencia de redes de apoyo. Las circunstancias propias del parto y del puerperio. La desigualdad estructural. Los mandatos de género relacionados con la reproducción. Todo eso, plantea Palero, debía formar parte de la historia.

No se podía analizar una emergencia obstétrica como si hubiera ocurrido en el vacío.

El Tribunal Superior de Justicia de Córdoba revisó finalmente aquella condena y reconoció que la sentencia original no había incorporado una perspectiva de género. No absolvió a Paola, pero modificó sustancialmente la pena.

Fijó una condena de 13 años, 9 meses y 26 días: exactamente el tiempo que ya había pasado privada de su libertad. La consecuencia fue inmediata. Paola recuperó la libertad. Para quienes la acompañaron, fue una reparación importante, aunque incompleta.

Porque el tribunal no se pronunció sobre una cuestión central para las organizaciones: el nacimiento sin vida que Paola había relatado. Y por eso, explica Palero, están evaluando si ese aspecto puede ser llevado a otras instancias internacionales.

La posición de quienes la acompañan sigue siendo contundente: sostienen que Paola no es culpable.
La madre que la sociedad espera
El caso vuelve una y otra vez sobre una pregunta incómoda: ¿qué significa ser una "buena madre" y quién decide cuándo una mujer cumplió con ese mandato?

Palero responde desde una tradición de décadas de feminismo y organización de mujeres. Los estereotipos, dice, no desaparecen porque cambien las leyes. Siguen presentes en la cultura y también en quienes interpretan y aplican esas leyes.

Está la idea de que las mujeres deben ser madres en cualquier circunstancia. Que tienen que estar al servicio del cuidado. Que deben ser sumisas, calladas y obedientes, especialmente frente a figuras masculinas. Que lo doméstico y el cuidado son atributos naturales de las mujeres. Pero nada de eso es natural, sostiene.

Son construcciones culturales. Y aunque tienen una enorme fuerza, también pueden modificarse.

Palero vincula esos mandatos con un modelo capitalista y patriarcal que históricamente invisibilizó el trabajo doméstico y reproductivo de las mujeres, sin reconocer su verdadero peso en el funcionamiento de la sociedad.

En el caso de Paola, esos mandatos terminaron convirtiéndose en una vara con la que se midió su comportamiento. "Paola es una simple mujer de barrio que hizo lo que pudo con su realidad", dice Palero. Y fue castigada, agrega, desde una mirada "muy androcéntrica, muy patriarcal".

Trece amicus curiae y una pelea colectiva
La revisión de la condena no fue obra de una sola organización ni de una sola persona. Detrás del expediente se desplegó un trabajo colectivo.

Fueron 13 los amicus curiae que llegaron al proceso. Participaron organizaciones como el CELS, Amnistía Internacional, ELA e Innocence Project, además de organizaciones locales e internacionales y especialistas que aportaron argumentos para mirar el caso desde distintas perspectivas.

Palero destaca especialmente esa articulación.

No lo presenta como un gesto de falsa humildad. Para ella, la intervención colectiva es una de las fortalezas históricas del movimiento feminista y de derechos humanos: organizaciones diferentes que ponen en común saberes, experiencias y herramientas para intervenir allí donde una injusticia necesita ser revisada.

El propio tribunal tomó argumentos de esos amicus curiae. "Esa es una construcción de capital intelectual que el movimiento le ha dado a las democracias", sostiene Palero. Y esa construcción también explica por qué un caso como el de Paola consigue trascender sus propios límites.

Porque Paola no es la única.

Paola y Belén: cuando una emergencia llega al fuero penal
Palero menciona el caso de Belén. Son historias diferentes, aclara, pero tienen algo en común: ambas muestran cómo una emergencia obstétrica puede terminar convertida en una causa penal contra una mujer. La comparación permite mirar más allá de un expediente concreto.

¿Qué sucede cuando una mujer atraviesa una situación vinculada con el embarazo, el parto o el puerperio y la primera respuesta institucional no es comprender el contexto, sino sospechar, investigar y castigar? Para Palero, allí aparece un problema estructural.

También observa con preocupación el discurso actual sobre las llamadas "falsas denuncias", que considera una construcción falaz que continúa operando y que puede contribuir a naturalizar injusticias y desigualdades más amplias.

Por eso, la discusión sobre Paola no termina con Paola. La pregunta es qué tiene que cambiar para que la próxima emergencia obstétrica no vuelva a transformarse en una acusación penal.

Los derechos no se regalan
Palero ubica esta discusión dentro de una historia más larga. Argentina se prepara para el 39.º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades en Córdoba, pero el movimiento de mujeres tiene una historia mucho más extensa que la de los encuentros.

Durante décadas, esa construcción plural, federal e intergeneracional consiguió transformar demandas en leyes y construir un marco normativo que hoy resulta fundamental.

Pero hay algo que también aprendieron en el camino: las leyes no se defienden solas. Los derechos deben sostenerse todos los días, en cada lugar y frente a cada contexto. Deben ser defendidos y argumentados porque son conquistas, no concesiones.

Y cada conquista, dice Palero, implica también disputar privilegios de sectores que históricamente tuvieron ventajas sobre otros.

Por eso, en un momento en que existe un fuerte cuestionamiento al sistema político, entiende que también hay que "poner el ojo en la Justicia". El caso Paola obliga justamente a mirar allí.

Una libertad que todavía tiene que reconstruirse
Pate Palero vio a Paola personalmente el día anterior a la conversación. La encontró fuerte. "Increíblemente fuerte", repite. 

Después de más de 13 años en prisión, ahora tiene que reconstruir su vida. Volver a armar su contexto. Recuperar vínculos. Recomponer una cotidianeidad que quedó suspendida durante más de una década.

Pero algo ya estaba allí. Los vínculos. Algunos construidos antes de la prisión. Otros nacidos dentro del penal. También las compañeras con las que compartió esos años y que ahora, algunas de ellas, ya recuperaron su propia libertad.

Paola está tejiendo nuevamente esa red. Palero habla entonces de una "resiliencia popular". Una cultura popular que resiste, que acompaña, que construye vínculos incluso en los lugares más adversos.

Se emociona cuando lo cuenta.

Quizás porque en esa imagen aparece algo que no figura en ninguna sentencia: una mujer que, después de haber sido convertida durante años en un expediente, vuelve a ser una persona que tiene que reconstruir su vida.

La Justicia modificó su condena. Le permitió salir de prisión. Reconoció que aquella primera sentencia había sido dictada sin perspectiva de género y que las condiciones de vulnerabilidad habían sido insuficientemente consideradas.

Pero todavía quedó una pregunta abierta sobre el fondo de la acusación.

Por eso, para quienes acompañan a Paola, su libertad no representa el final de la historia. Representa apenas un punto de inflexión.

También una advertencia: una emergencia obstétrica no puede ser analizada separada de las condiciones sociales, económicas y culturales en las que ocurre. Y una mujer no debería ser juzgada por no haber encarnado el modelo de maternidad que otros construyeron para ella.

En esa disputa se juega algo que excede el nombre de Paola Ortiz. Se juega la posibilidad de que la próxima mujer que atraviese una emergencia obstétrica sea escuchada antes de ser sospechada, comprendida antes de ser estigmatizada y juzgada con todas las circunstancias de su historia sobre la mesa. 

Porque, como insiste Palero, ninguna emergencia obstétrica debería ser considerada automáticamente un delito. Como mínimo, debe ser entendida en el contexto de la desigualdad estructural y de los mandatos patriarcales que todavía pesan sobre la reproducción.

Paola ya está afuera.

Ahora queda por ver qué hará la Justicia con todo lo que su historia volvió a poner delante de sus ojos.

Escuchá la entrevista completa:

Una economía sostenida por deuda: salarios que caen, empleo que desaparece y dólares que no alcanzan

El economista Diego Kofman, integrante del MATE, cuestiona el relato oficial de recuperación y advierte que la estabilidad de la inflación convive con una fuerte pérdida de poder adquisitivo, destrucción de empleo, endeudamiento de los hogares y una creciente dependencia del financiamiento externo. "La inflación sigue", sostiene en Señales, mientras calcula una transferencia de 102,5 billones de pesos desde los asalariados hacia otros sectores de la economía.
La estabilidad que no alcanza

La economía argentina atraviesa una etapa en la que algunos indicadores parecen mostrar cierta estabilidad. La inflación mensual se mantiene en un rango relativamente acotado, el Gobierno exhibe esos números como una señal de normalización y el discurso oficial insiste en que la economía se está recuperando. Pero detrás de esa fotografía aparecen otros datos: salarios que todavía no recuperan lo perdido, jubilaciones que pierden poder de compra, empleo formal que continúa cayendo, una economía que no termina de despegar y una fuerte presión sobre los dólares que genera el país.

Ese es el diagnóstico que plantea el último Informe de Coyuntura del MATE, el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía, correspondiente a agosto. El trabajo pone el foco en la pérdida del poder adquisitivo, la destrucción de empleo, el ajuste del Estado y un esquema económico que, según sus autores, depende cada vez más del endeudamiento para sostenerse.

Para Diego Kofman, economista, docente e integrante del MATE, la aparente estabilidad de algunos indicadores no alcanza para hablar de una solución de los problemas estructurales de la economía argentina. Licenciado y profesor en Economía por la Universidad Nacional de Rosario, especializado en macroeconomía y sector externo, Kofman forma parte del equipo de profesionales que elabora informes de coyuntura, investigaciones y trabajos de asesoramiento, particularmente en cuestiones vinculadas con el trabajo, los salarios y las relaciones laborales. También se desempeña como docente en los niveles medio y terciario, asesora a organizaciones sindicales y participa habitualmente del análisis de la coyuntura económica en medios de comunicación.

En su lectura, uno de los principales problemas es que la inflación no desapareció, aunque haya conseguido ubicarse durante varios meses en niveles más bajos que los registrados durante la etapa de mayor aceleración de los precios. El Gobierno, explica, apeló a diferentes mecanismos para intentar contenerla: el ancla cambiaria, el ancla salarial y el control del déficit fiscal. A eso se suma el endeudamiento, utilizado como una herramienta para mantener relativamente barato el dólar y evitar que una suba del tipo de cambio se traslade a los precios internos.
La relación entre dólar e inflación, señala Kofman, tiene una larga historia en la economía argentina. Cuando sube el dólar, los precios internos tienden a acompañarlo. Por eso, mantener contenido el tipo de cambio se convirtió en uno de los instrumentos centrales de la estrategia oficial. Pero el mecanismo tiene un costo y, para el economista, no puede analizarse de manera aislada de las demás variables.

Algo similar ocurre con los salarios. El otro ancla sobre la que se apoya el programa económico es, justamente, el ingreso de la población. La contención de los salarios contribuye a moderar los costos y, de ese modo, a evitar mayores presiones sobre los precios. El problema es que una inflación del 2% mensual, aunque pueda presentarse como un número bajo en comparación con los momentos más críticos, continúa erosionando el poder adquisitivo si los ingresos no crecen por encima de ese nivel.

Kofman recuerda que el Gobierno celebró especialmente el registro de una inflación del 1,9% en junio. Sin embargo, advierte que exactamente el mismo porcentaje se había registrado en agosto del año anterior y que, después de aquel dato, la inflación había vuelto a acelerarse hasta alcanzar el 3,4% mensual en marzo de este año. Por eso considera apresurado hablar de una inflación definitivamente controlada.

El punto central, sostiene, no es solamente cuánto aumentan los precios, sino qué ocurre con los ingresos mientras esos aumentos continúan. Si la intención es recomponer el poder adquisitivo de trabajadores y jubilados, los salarios y las jubilaciones deberían crecer por encima de la inflación. Cuando eso no sucede, el proceso inflacionario continúa funcionando como un mecanismo de deterioro de los ingresos.

Desde esa perspectiva, Kofman cuestiona que la reducción de la inflación pueda ser presentada simplemente como un triunfo del Gobierno. "La inflación sigue", resume, porque una economía en la que los precios continúan aumentando entre un 2% y un 3% mensual todavía enfrenta un proceso inflacionario con consecuencias concretas sobre los ingresos de la población.

La transferencia de 102,5 billones
Esa pérdida acumulada es la que el informe del MATE intenta cuantificar. El cálculo realizado por el organismo estima una transferencia de 102,5 billones de pesos desde los asalariados hacia otros sectores de la economía desde la llegada del actual Gobierno. La cifra busca ponerle un valor concreto a lo que, en términos cotidianos, se expresa como pérdida de poder adquisitivo.

Para Kofman, esa transferencia puede entenderse, en primer lugar, como una transferencia hacia el capital. No significa, aclara, que todos los sectores del capital se beneficien de la misma manera, pero sí que existe una reducción del costo salarial derivada de la caída de los salarios reales. Lo que los trabajadores dejan de percibir se transforma, en esa lógica, en recursos que dejan de estar en sus bolsillos y dejan de circular por otros canales vinculados al trabajo.

El cálculo del MATE permite desagregar esa transferencia y mostrar que el impacto no se limita al trabajador que cobra un salario. A nivel del bolsillo de los asalariados, la pérdida acumulada alcanza los 72,5 billones de pesos. Pero a esa cifra se suman otros recursos que dejan de recaudarse como consecuencia de la caída de los salarios.

Uno de ellos corresponde al sistema de seguridad social. Kofman estima una pérdida cercana a los 20 billones de pesos en recaudación, dado que los ingresos de la seguridad social están vinculados proporcionalmente a los salarios. Es decir, cuando los salarios pierden poder adquisitivo, no solamente se reduce lo que recibe directamente el trabajador: también disminuyen los recursos que ingresan al sistema previsional y de seguridad social.

El impacto se extiende, además, a las obras sociales. Según el informe, estas entidades dejaron de recibir alrededor de 8,3 billones de pesos. Se trata de un dato particularmente relevante porque, como señala Kofman, los aportes vinculados a los salarios constituyen su principal fuente de ingresos y, al mismo tiempo, deben afrontar gastos crecientes relacionados con el sistema de salud privado.

También los sindicatos experimentaron una pérdida de recursos. El cálculo del MATE ubica ese impacto en casi 2 billones de pesos. Nuevamente, se trata de una consecuencia vinculada con la forma en que se distribuye el salario y con la reducción de los ingresos sobre los cuales se calculan esos recursos.

La conclusión que extrae Kofman es contundente: "Pierde el Estado, pierden los asalariados, pierden las obras sociales, pierden los sindicatos y gana el capital". En su interpretación, esa transferencia no es un efecto secundario del programa económico, sino una parte de su funcionamiento. Es, plantea, uno de los costos que se pagan en nombre del supuesto combate contra la inflación.

Por eso, frente a una transferencia de semejante magnitud, la pregunta que plantea el economista es casi elemental: si ese dinero fue extraído de los ingresos de los trabajadores para sostener el esquema económico, y la inflación todavía continúa, ¿qué sentido tiene ese sacrificio? "Devuélvanos esa plata", sintetiza Kofman, como expresión de una discusión que excede las estadísticas y vuelve a colocar en el centro el problema de la distribución.

Jubilados: otro de los grandes mecanismos de ajuste
El caso de los jubilados expone con particular crudeza esa dinámica. Desde la llegada del actual Gobierno, señala el informe, el bono adicional para los jubilados permanece congelado en 70.000 pesos. A eso se suma una pérdida muy significativa del poder de compra: desde 2023, el deterioro alcanza alrededor del 23%, mientras que la pérdida acumulada se aproxima a los 7,7 millones de pesos.

Para Kofman, los jubilados constituyen, junto con los trabajadores del sector público, uno de los sectores sobre los cuales recae con mayor intensidad el mecanismo de ajuste. Si un trabajador pierde cerca de una cuarta parte de su poder adquisitivo y un jubilado atraviesa un deterioro similar, la pregunta inevitable es qué ocurre con el dinero que deja de llegar a esos bolsillos.

La respuesta, en su análisis, obliga a mirar más allá de la situación individual. Ese dinero que antes se destinaba a comprar alimentos, pagar impuestos y servicios, afrontar un alquiler o cubrir otros gastos cotidianos deja de circular por el mercado interno. El ajuste sobre los ingresos no significa solamente que una familia consume menos. Significa también que los comercios venden menos, los proveedores reciben menos pedidos y las fábricas enfrentan una menor demanda.

Kofman lo explica a través de una cadena sencilla: el dinero que recibe un trabajador se utiliza en el almacén; el almacenero, a su vez, necesita comprarle al proveedor; el proveedor demanda productos a la fábrica. De ese modo, un ingreso se transforma sucesivamente en consumo, producción y trabajo. Cuando se recorta ese ingreso, la cadena se interrumpe.

Del consumo a la bicicleta financiera
El problema, entonces, no es solamente distributivo. También es una cuestión de dinámica económica. El dinero que deja de llegar a trabajadores y jubilados pierde su capacidad de alimentar el circuito de consumo y producción del mercado interno. Y, en la lectura de Kofman, esa dinámica comienza a ser reemplazada por otra: la de la especulación financiera.

Cuando una transferencia de riqueza se dirige hacia sectores que ya tienen cubiertas sus necesidades de consumo, explica, el dinero excedente puede orientarse hacia inversiones financieras o hacia la compra de dólares. Esos dólares pueden utilizarse para inversiones financieras en el exterior o directamente salir del país.

Así, el problema adquiere una dimensión adicional: la transferencia regresiva de ingresos no solamente deprime el consumo y la actividad económica, sino que puede generar una presión mayor sobre las divisas. Para Kofman, el costo en términos de dólares puede terminar siendo mucho mayor que el que tendría una economía con mayor nivel de actividad y consumo interno.

La paradoja aparece entonces con claridad. Una economía fuertemente recesiva puede generar un superávit comercial porque importa menos, pero al mismo tiempo puede transferir recursos hacia sectores que utilizan ese excedente para comprar dólares y fugarlos. De ese modo, lo que se gana por un lado se pierde por otro.

Y aparece allí la pregunta por el financiamiento. Si los dólares generados por el superávit comercial no alcanzan para satisfacer esa demanda, el Estado necesita recurrir al endeudamiento. En el razonamiento de Kofman, el endeudamiento permanente cumple precisamente esa función: generar los dólares necesarios para sostener un tipo de cambio relativamente barato y poner divisas "frescas" a disposición de sectores que demandan esos recursos.

Menos trabajo, menos capacidad de pago
Ese proceso se superpone con otro problema central del presente económico: la destrucción de empleo.

Según los datos mencionados en el informe, se perdieron 375 empleos formales en una jornada, mientras que el sector privado ya expulsó alrededor de 241.000 trabajadores registrados. Pero para Kofman el dato más importante no es solamente cuántos empleos se destruyeron, sino la ausencia de sectores capaces de absorber a quienes quedan afuera.

No existe, sostiene, un sector de la economía que esté funcionando como receptor masivo de esos trabajadores. Incluso algunas actividades que aparecen como dinámicas en términos de producción, como el sector financiero, la minería y el petróleo, también han reducido sus plantillas.

La explicación está, en buena medida, en las características de esos sectores. Se trata de actividades muy intensivas en capital, donde un aumento de la inversión puede incrementar fuertemente la producción sin requerir una incorporación equivalente de trabajadores. Se puede generar más actividad con prácticamente la misma cantidad de personas ocupadas, pero con una mayor cantidad de capital invertido.

El problema aparece con mayor intensidad en la economía urbana, justamente allí donde históricamente se genera el empleo masivo. Kofman recuerda que las ciudades existen, en buena medida, alrededor de actividades como el comercio, la construcción y la industria. A esos sectores suma el transporte. Son actividades fundamentales tanto para la generación de bienes como para la creación de puestos de trabajo y, precisamente por eso, son también las que más sufren cuando se contrae el mercado interno.

La pérdida de empleo formal, además, no queda encerrada en las empresas que despiden. Tiene efectos en cadena. Los trabajadores que dejan de percibir un salario ya no pueden sostener determinados consumos y servicios. Entre ellos aparece el empleo en casas particulares.

Por eso, a los aproximadamente 241.000 puestos de trabajo privados registrados perdidos se suman otros 14.000 empleos en casas particulares, según los datos citados por Kofman. La explicación vuelve a ser la misma dinámica circular: el ingreso de un trabajador genera demanda para otros trabajadores. Cuando ese ingreso desaparece, también desaparecen parte de esas demandas.

El proceso funciona, en palabras del economista, "como un dominó". Una pérdida provoca otra y esa segunda pérdida genera una tercera. El salario que deja de existir afecta al comercio; el comercio vende menos; los proveedores reciben menos pedidos; las empresas producen menos; y todo eso vuelve a repercutir sobre el empleo.

La changa no es recuperación
La imagen de esa dinámica puede verse, según Kofman, en escenas cotidianas: locales vacíos, comercios con menor movimiento y personas buscando desesperadamente una forma de generar ingresos. Sin embargo, muchas de esas personas no aparecen estadísticamente como desempleadas.

El motivo es que desarrollan alguna actividad que les permite obtener un ingreso, aunque sea muy inferior al que tenían cuando eran trabajadores registrados. Aparecen entonces formas de trabajo como Uber, el reparto a través de aplicaciones y pequeños emprendimientos de subsistencia.

Son actividades que requieren esfuerzo laboral, inversión de pequeños ahorros y muchas horas de trabajo, pero cuyos ingresos están muy lejos de compensar aquello que se perdió. Más que una verdadera absorción del desempleo, representan para Kofman una estrategia de supervivencia.

La diferencia es importante. Tener una changa no significa necesariamente haber conseguido un empleo equivalente al perdido. Una persona puede dejar de ser contabilizada como desempleada porque genera algún ingreso, pero eso no significa que haya recuperado el salario, la estabilidad, los derechos laborales o la capacidad de consumo que tenía anteriormente.

Por eso, Kofman rechaza la idea de que esos sectores informales estén absorbiendo el empleo destruido. El empleo registrado total, afirma, muestra otra realidad: desde la asunción del actual Gobierno se perdieron alrededor de 342.000 empleos formales.

¿Recuperación o una economía estancada?
Pero la explicación de esa caída no termina en una cuestión coyuntural. Para Kofman, hay una lógica detrás de la reducción del nivel de actividad. La economía está funcionando, sostiene, con un nivel de actividad —sobre todo en el mercado interno— muy por debajo de lo que suele ser normal en Argentina y, fundamentalmente, por debajo de lo que sería deseable para recuperar los niveles de producción y empleo.

Comercio, construcción, industria y transporte forman parte de ese núcleo de actividades que podrían generar una cantidad significativa de bienes y puestos de trabajo. Sin embargo, si se mantiene deprimida la actividad de esos sectores, también se reduce la capacidad de la economía para generar ingresos y, con ellos, capacidad de pago.

La consecuencia vuelve a aparecer tanto hacia adentro como hacia afuera. Una economía que produce y trabaja menos genera una capacidad de pago inferior. Por un lado, esto dificulta la generación de los dólares necesarios para afrontar las obligaciones externas. Por otro, las familias también acumulan deudas para poder sostener sus niveles de consumo.

En ese punto, Kofman discute directamente con el relato oficial de una economía en recuperación. Su pregunta es qué se entiende por crecimiento y, sobre todo, quiénes están creciendo.
Los sectores que explican el "crecimiento"

Uno de los sectores que, a su entender, explica buena parte del supuesto crecimiento es el financiero. Pero ese crecimiento no proviene de una mayor utilización del trabajo ni de una expansión generalizada de la economía. Está vinculado, entre otras cosas, al negocio del llamado carry trade —la bicicleta financiera— y al circuito de deuda mediante el cual el Estado obtiene dólares que luego son colocados en operaciones vinculadas con la compra y venta de divisas.

Para Kofman, ese crecimiento está "inflado totalmente" y resulta insostenible en el tiempo. No representa, desde su perspectiva, una expansión genuina de la capacidad productiva de la economía, sino el resultado de un esquema financiero que depende de determinadas condiciones monetarias y de la disponibilidad de dólares.

La minería aparece como otro de los sectores que muestran crecimiento. Pero Kofman interpreta ese dato de una manera diferente a la del discurso oficial. El crecimiento de la actividad minera, sostiene, demuestra incluso que resulta innecesario un régimen de incentivos como el RIGI, porque muchas de las inversiones que explican la expansión del sector no comenzaron ahora.

Lo mismo observa en el petróleo. Los proyectos que se están desarrollando cuentan con beneficios impositivos, reducciones de determinadas obligaciones y facilidades para el acceso a divisas. Desde la perspectiva del economista, esas ventajas constituyen un subsidio que termina siendo asumido por el conjunto de la sociedad. Cuando el Estado resigna recursos, señala, es la sociedad la que pierde esos recursos.

Pero, al mismo tiempo, considera que ese subsidio es innecesario porque la minería y el petróleo ya venían atravesando una dinámica inversora propia. No se trata, explica, de actividades que comenzaron a crecer exclusivamente por las inversiones realizadas durante el último año. Parte de esas inversiones se vienen desarrollando desde 2014 o 2015 y son las que permiten explicar el crecimiento que se observa actualmente.

El agro completa otra parte de la explicación del crecimiento que muestran las estadísticas. También aquí Kofman llama a mirar con cuidado la comparación. La producción agropecuaria registra un crecimiento muy importante, incluso cercano al 100% respecto de 2023 en algunos indicadores. Pero aquel año estuvo atravesado por una sequía extraordinaria.

Comparar la producción actual con la de un año tan malo por razones climáticas genera, por lo tanto, un efecto estadístico significativo. El crecimiento responde en buena medida a una mejora de los rendimientos y de las condiciones climáticas, no necesariamente a una transformación estructural de la superficie sembrada o de la capacidad productiva.

Además, parte de la industria argentina está directamente vinculada con el sector agroalimentario y agroexportador. Por eso, incluso cuando el campo mejora respecto de un año marcado por la sequía, eso no alcanza para revertir el deterioro del conjunto de la industria.

La caída industrial, señala Kofman, continúa siendo muy fuerte. Y allí vuelve a aparecer el contraste entre las cifras agregadas y la experiencia de la mayoría de la población. Puede existir crecimiento estadístico en determinados sectores, pero eso no significa que exista una recuperación generalizada de la economía.

Para la gran mayoría de la población, sostiene, la actividad económica está cayendo. El crecimiento de determinados sectores no consigue compensar la pérdida de actividad en aquellas áreas que concentran el empleo y el consumo cotidiano.

El resultado es una economía cada vez más dividida entre sectores que pueden crecer sin incorporar trabajadores, actividades que se recuperan desde niveles excepcionalmente bajos y un enorme conjunto de comercio, industria, construcción y servicios urbanos que depende de un mercado interno debilitado.

El año de los vencimientos
A medida que esa dinámica se prolonga, también se acumulan las preguntas sobre el futuro. Salarios deprimidos, pérdida de empleo, caída de la recaudación, salida permanente de dólares y endeudamiento creciente conforman, para Kofman, un escenario particularmente delicado de cara a los próximos meses.

El principal riesgo aparece cuando llegue el calendario más fuerte de vencimientos. El próximo año, advierte, será muy difícil afrontar esos pagos con una economía que genera una capacidad de pago inferior y con una demanda de dólares que supera la capacidad de generación de divisas.

Es entonces cuando, según su análisis, el esquema vuelve a depender del financiamiento externo. Y allí aparece una comparación con otra experiencia reciente de la economía argentina: el gobierno de Mauricio Macri.

Kofman recuerda que Macri llegó a las elecciones sostenido por un volumen de financiamiento externo que, según su interpretación, excedía incluso los límites habituales establecidos por el estatuto del Fondo Monetario Internacional. Lo define como un préstamo político, un financiamiento externo destinado a sostener al Gobierno en funciones durante aquella etapa.

La comparación que establece con el presente es directa. "No le prestaron plata a la Argentina, le prestaron plata a Macri", plantea. Y sostiene que algo similar estaría ocurriendo ahora: los fondos no estarían llegando como resultado de una mejora estructural de la capacidad de pago del país, sino como financiamiento destinado a sostener al Gobierno en las condiciones actuales.

"Si no entra plata, explota"
Pero Kofman va todavía más lejos en su descripción. A su juicio, el esquema económico ya habría "volado por los aires" si no contara con una inyección permanente de financiamiento externo. Lo compara con un esquema piramidal: mientras continúa entrando dinero, puede sostenerse una cierta calma y algunos sectores pueden seguir obteniendo ganancias; cuando ese flujo se interrumpe, el mecanismo deja de funcionar.

En esa dinámica, sostiene, la participación de los organismos internacionales resulta central. No observa allí una apuesta espontánea del mercado por la economía argentina, sino una decisión política. Según su interpretación, las empresas toman deuda en el exterior, transforman esos dólares en instrumentos que pagan tasas por encima del ritmo de devaluación y luego utilizan los pesos obtenidos para comprar más dólares. Es el circuito que identifica con el carry trade o bicicleta financiera.

La particularidad, señala, es que no necesariamente se trata de que esos actores le presten dólares directamente al Estado. En su lectura, le prestan pesos, que luego son colocados en instrumentos que paga el Estado con tasas de interés. El resultado es un mecanismo mediante el cual el capital financiero puede multiplicar sus recursos mientras las condiciones cambiarias y financieras permanezcan favorables.

Para Kofman, esa estructura es extremadamente difícil de sostener en el tiempo. Su continuidad depende de dos condiciones: por un lado, que la población pueda soportar durante un período prolongado las condiciones de vida derivadas del ajuste; por otro, que el financiamiento político externo continúe llegando.

Y ese financiamiento, sostiene, no sería gratuito. Estaría condicionado a determinadas políticas y a una determinada orientación sobre cómo debe configurarse la Argentina. En particular, Kofman interpreta que existe una presión para avanzar hacia un modelo de país orientado fundamentalmente a la extracción de recursos naturales.

Mientras el Gobierno pueda demostrar que avanza en esa dirección, considera que tendrá posibilidades de seguir recibiendo financiamiento. Pero si ese respaldo se interrumpe, el esquema perdería el sostén que necesita para mantenerse en pie. La imagen que utiliza es la de alguien que está suspendido en el aire: mientras lo sostienen, permanece arriba; cuando lo sueltan, cae.

La comparación con otros episodios de la historia reciente vuelve a aparecer. Kofman recuerda el caso de la Alianza y, especialmente, el de Macri. Según su reconstrucción, durante el gobierno de Cambiemos el financiamiento externo permitió sostener el esquema hasta el tramo final, pero la asistencia del FMI llegó recién durante el tercer año de gestión. En el escenario actual, sostiene, el recurso al financiamiento internacional habría aparecido mucho antes: ya a comienzos del segundo año de gobierno.

La insistencia en conseguir nuevos fondos tendría, entonces, una explicación precisa: mantener en funcionamiento un modelo cuya capacidad de generar por sí mismo los dólares necesarios resulta insuficiente.

"Un default encubierto"
En ese punto, Kofman formula una de las conclusiones más fuertes de toda la entrevista. Argentina, afirma, estaría atravesando una situación que puede ser caracterizada como un "default encubierto". La razón es que el país necesita tomar nueva deuda para pagar deuda anterior.

Los organismos internacionales prestan recursos que permiten afrontar vencimientos con otros acreedores y, al mismo tiempo, se refinancian obligaciones y se agregan nuevos compromisos para sostener la salida del cepo y el funcionamiento del esquema cambiario.

No sería, por lo tanto, una situación de normalidad financiera, sino una forma de postergar el problema mediante nuevo endeudamiento. Kofman utiliza una imagen doméstica para describirlo: es como si le estuvieran dando dinero a los padres para que puedan seguir pagando sus deudas.

La discusión sobre la deuda vuelve entonces a cruzarse con la política. En el tramo final de la entrevista aparece el reciente fallo de los jueces Pablo Bertuzzi y Mariano Llorens, que ratificó la decisión de la jueza federal María Eugenia Capuchetti de archivar la causa relacionada con la deuda tomada durante el gobierno de Macri y la gestión de Luis Caputo con el Fondo Monetario Internacional.

La resolución sostuvo que no hubo delito en el acuerdo con el organismo por más de 50.000 millones de dólares, una deuda cuyos pagos, recuerda la entrevista, todavía continúan y se proyectan sobre las próximas generaciones.

Para Kofman, aquel endeudamiento fue tomado "entre gallos y medianoche", de espaldas a la sociedad y sin un informe técnico previo del Banco Central que permitiera determinar si la Argentina estaba en condiciones de repagar la deuda. Desde su perspectiva, ese análisis era una condición necesaria para evaluar la sustentabilidad del préstamo.
De la deuda económica al poder político

Su crítica no queda limitada al episodio puntual del endeudamiento. Kofman extiende su interpretación al papel del Poder Judicial argentino, al que considera el poder "menos democrático" y más alineado con intereses internacionales.

Para fundamentar esa mirada recupera los documentos Santa Fe I y Santa Fe II, elaborados en Estados Unidos durante la década de 1980, en los que —según recuerda— se planteaba la necesidad de trabajar sobre determinados sectores de poder de los países latinoamericanos. Kofman menciona particularmente al sector militar y al Poder Judicial como estructuras permanentes sobre las cuales, desde aquella perspectiva estratégica, debía ejercerse influencia en función de los intereses estadounidenses.

El economista considera que el papel de las Fuerzas Armadas como factor de intervención política directa se debilitó con el paso del tiempo, pero interpreta que el Poder Judicial conserva un lugar central como herramienta capaz de condicionar decisiones políticas y pasar por encima de determinados derechos democráticos.

En esa lectura inscribe también la situación judicial de una de las principales figuras políticas del principal partido histórico de la Argentina. Para Kofman, el Poder Judicial constituye actualmente un escollo para cualquier gobierno que pretenda desarrollar una política económica diferente.

La discusión económica termina así desembocando nuevamente en una discusión sobre poder. El endeudamiento no aparece, en su análisis, como una cuestión exclusivamente financiera. Es también una herramienta que condiciona las decisiones de política económica y que puede definir qué tipo de país resulta posible construir.

Familias endeudadas: el otro espejo de la deuda
Mientras tanto, las consecuencias del esquema se sienten en los hogares. El propio Kofman menciona, al cerrar la entrevista, otro informe reciente del MATE dedicado a la cantidad de hogares endeudados y a la situación de mora. Según el trabajo que recomienda consultar, el número de hogares endeudados se duplicó durante los últimos años.

El dato funciona como una suerte de espejo de todo el diagnóstico anterior. La deuda que aparece en las cuentas del Estado también se reproduce en las economías familiares. Cuando los salarios pierden capacidad de compra, el empleo formal desaparece y el mercado interno se contrae, las familias recurren al endeudamiento para sostener consumos que antes podían afrontar con sus ingresos.

El circuito se completa así en los dos extremos. El Estado se endeuda para conseguir los dólares que necesita para sostener el esquema financiero y afrontar sus obligaciones, mientras las familias se endeudan para sostener una vida cotidiana cuyos ingresos ya no alcanzan.

La fotografía de la estabilidad vuelve entonces a mostrar su reverso. Una inflación que desacelera no necesariamente implica recuperación; un sector que crece no necesariamente genera empleo; un superávit comercial no garantiza disponibilidad de dólares; y el acceso a nuevo financiamiento no significa que una economía haya recuperado su capacidad de pago.

Para Kofman, el problema central está precisamente allí: en una economía que necesita trabajar más y producir más para generar los recursos con los que afrontar sus compromisos, pero que al mismo tiempo reduce la actividad, deteriora los salarios y expulsa trabajadores.

El esquema puede mantenerse mientras continúe llegando financiamiento externo. Puede incluso transmitir una sensación de calma y permitir que determinados sectores obtengan importantes beneficios. Pero esa estabilidad, según la interpretación del economista, no surge de una economía que haya recuperado su fortaleza, sino de una economía que depende de que otros continúen inyectándole recursos.

Cuando ese flujo se corte, advierte Kofman, quedará expuesta la verdadera dimensión del problema.

Por eso, al final de la conversación, la pregunta que queda flotando no es solamente cuánto crecerá la Argentina ni cuánto marcará la próxima medición de inflación. Es una pregunta mucho más elemental y, a la vez, más incómoda: qué capacidad tiene el país para generar por sí mismo los recursos que necesita para sostener su economía, pagar sus deudas y mejorar las condiciones de vida de su población.

En el diagnóstico del MATE, la respuesta actual está lejos de ser tranquilizadora. Mientras los salarios pierden, el empleo formal se reduce, los hogares se endeudan, el mercado interno se achica y los dólares salen, el Estado necesita cada vez más financiamiento externo.

La estabilidad, así, no aparece como el final de la crisis, sino como una pausa sostenida por deuda.

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