sábado, 10 de octubre de 2026

Yamila Cafrune: "La cultura no puede ser prescindible"

La construcción de una identidad artística propia, las dificultades de sostener una carrera independiente y la defensa de la cultura como derecho atravesaron la conversación con Yamila Cafrune. Defensora del folklore tradicional, la cantora y abogada reflexionó sobre el lugar de los artistas, el avance de la inteligencia artificial y la necesidad de recuperar los espacios culturales como ámbitos de encuentro comunitario
En diálogo con Aire Libre Radio Comunitaria, en el programa Señales, la cantora y abogada repasó la herencia musical de su padre, Jorge Cafrune, el camino que la llevó a construir una identidad artística propia y las dificultades de sostener una carrera independiente. Defensora del folklore tradicional y de la cultura como derecho, reflexionó también sobre el lugar de los artistas, el avance de la inteligencia artificial y la necesidad de recuperar los espacios culturales como ámbitos de encuentro comunitario.

Hay voces que nos cantan una canción y hay voces que nos cuentan quiénes somos, de dónde venimos y qué cosas no debemos olvidar. Voces que tienen aroma a tierra, a caminos largos, a fogones encendidos, a patios familiares y a esas guitarras que, cuando comienzan a sonar, parecen reunirnos alrededor de algo que nos pertenece a todos: nuestra identidad.

En el folklore, en la música popular y en esa Argentina profunda que se expresa en una zamba, una chacarera, una vidalita o una copla, hay apellidos que forman parte de la memoria colectiva. No son solamente nombres de artistas, sino pedacitos de nuestra historia. Uno de ellos es Cafrune.

El apellido de un hombre que hizo de su voz un abrazo al pueblo. Jorge Cafrune, nuestro querido Turco, fue un cantor que recorrió caminos, cantó con el corazón abierto y defendió la canción popular como una forma de compromiso con la gente, con sus dolores, sus esperanzas y sus sueños. Su huella permanece en la cultura argentina y también en la vida de su hija, Yamila Cafrune, una mujer que lleva esa herencia con orgullo y responsabilidad, pero que, a lo largo de más de tres décadas de carrera, construyó su propio recorrido artístico.

Yamila Cafrune nació en Buenos Aires el 16 de noviembre de 1965 y creció en el ámbito rural de Los Cardales, en contacto con una vida ligada a la tierra y a las tradiciones populares. Su nombre encierra, desde el comienzo, una historia de lucha y libertad: sus padres la llamaron Yamila en homenaje a Yamila Bupacha, heroína de la revolución argelina contra la colonización francesa.

En 1972 regresó a la Argentina después de haber vivido con su familia en España. Seis años más tarde, cuando tenía apenas 12 años, perdió a su padre, el mítico cantor popular Jorge Cafrune, una figura fundamental del folklore argentino. Tras su fallecimiento, la familia se instaló en Santa Fe, donde Yamila cursó sus estudios secundarios y construyó una parte importante de su historia personal. Más adelante se trasladó a Córdoba para estudiar Derecho en la Universidad Nacional de Córdoba, carrera de la que se recibió en 1991. Aunque su formación académica le abrió un camino profesional, la música fue ganando espacio en su vida hasta convertirse en su oficio y en la forma de continuar, desde una identidad propia, el legado artístico y humano de su padre.

Yamila conoce el peso de un apellido que forma parte de la historia grande del folklore. Sin embargo, sabe que ningún legado puede sostenerse solamente con recuerdos: hay que hacerlo vivir, volver a cantarlo, acercarlo a las nuevas generaciones y permitir que encuentre nuevos oídos. Esa convicción atraviesa su manera de entender la música y de ejercer su oficio.

Durante su participación en el programa Señales, la artista agradeció especialmente las palabras con las que la habían presentado. La idea de que un legado no se mantiene solo con recuerdos la había conmovido. "Nunca me hicieron una presentación tan bonita", reconoció, y aseguró que se iba a acordar de aquella frase. Desde Cañuelas, provincia de Buenos Aires, donde vive, se sumó a la conversación en una jornada lluviosa, de esas en las que el agua cae durante días sin terminar de definirse.

Contó que se encontraba a unos 70 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, en dirección a Lobos, y que llevaba dos o tres días de lluvia intermitente, con momentos de precipitaciones fuertes y otros de una llovizna persistente. Entre el humor y la descripción cotidiana, confesó que prefería que lloviera con fuerza y de una vez, antes que soportar esa incertidumbre de una lluvia que no termina de ser lluvia ni llovizna. La humedad, dijo, también molestaba, aunque reconoció que el agua podía venirle bien al campo y a quienes dependen de ella.

La escena doméstica abrió paso a una de las cuestiones centrales de su historia: la relación con la figura de su padre y la manera en que una herencia artística se transforma en una identidad propia.

Una herencia que no se copia
Cuando se le preguntó cuánto tiempo le había llevado encontrar su lugar frente a un apellido tan grande como el de Jorge Cafrune, Yamila respondió que se trataba de un proceso que acompañaba toda la vida. No existe un momento definitivo en el que una persona pueda afirmar que ya resolvió por completo esa relación con su origen. A veces, explicó, uno cree que está haciendo algo propio y recién con el tiempo descubre hasta qué punto las influencias recibidas siguen presentes.

En su caso, había una circunstancia fundamental para comprender ese vínculo: tenía apenas 12 años cuando murió su padre. A esa edad, sostuvo, estaba muy lejos de tener como referencia consciente la posibilidad de imitarlo. "Era muy fuera de mi radar ver qué era él para copiarlo", explicó. No había existido, durante su infancia, una decisión de reproducir un modelo artístico ni la intención de convertirse en una versión de Jorge Cafrune.

Más adelante, cuando comenzó a dedicarse al canto, muchas personas le señalaron que tenía una dicción parecida a la de su padre. En particular, destacaban que se le entendía lo que decía al cantar. Yamila reconoció esa semejanza, aunque se preguntó si no se trataba, sencillamente, de una herencia o del resultado natural de haber aprendido a cantar escuchándolo desde pequeña.

Para explicar su mirada, propuso imaginar otro escenario: si sus maestras musicales hubieran sido Mercedes Sosa, Ramona Galarza o Teresa Parodi, quizá también habría desarrollado algunas características vocales semejantes a las de ellas. La formación, la escucha y la convivencia con determinadas voces dejan marcas que no siempre responden a una elección deliberada.

Por eso, su conclusión es clara: "Otro Jorge Cafrune no va a haber, por más que lo clonen no va a ser el mismo". La identidad artística no puede reproducirse como una fórmula. Lo que se recibe de quienes nos precedieron puede acompañarnos, pero no reemplaza la experiencia propia ni convierte a una persona en otra. "Esas cosas se heredan, no se copian", afirmó.

En esa frase aparece una de las claves de su trayectoria. Yamila no reniega de la herencia paterna, pero tampoco pretende ocupar un lugar imposible. Su camino consiste en mantener vivo un mensaje musical sin renunciar a su propia voz, comprendiendo que la tradición no exige una repetición mecánica, sino continuidad, sensibilidad y una manera personal de interpretar aquello que se ha recibido.
Abogada por profesión, cantora por oficio
La música terminó ocupando el centro de su vida, aunque su formación universitaria la había llevado por otro camino. Yamila se recibió de abogada en 1991, en la Universidad Nacional de Córdoba, el 11 de diciembre, precisamente el Día Nacional del Tango. Ese dato, que recuerda con la perspectiva que dan los años, marca el comienzo de una historia profesional que tomaría un rumbo inesperado.

Sus primeras experiencias vinculadas al canto se habían producido en la Universidad Nacional del Litoral. Sin embargo, el momento decisivo llegó al año siguiente de recibirse, cuando viajó a Cosquín, en 1992.

No fue directamente al escenario mayor del festival. Su primera presentación tuvo lugar en la calle, durante un espectáculo que se desarrollaba por la tarde, mientras transcurría el encuentro folklórico. Allí la escuchó Julio Mahárbiz, quien la invitó a subir al escenario principal.

Ese gesto abrió una puerta que transformaría su vida. A partir de entonces comenzó a cantar de manera semiprofesional y, posteriormente, profesional. No hubo necesariamente una decisión solemne, tomada de antemano, ni un instante en el que todo quedara definido. El recorrido se fue construyendo a medida que aparecían oportunidades, escenarios y experiencias.

Por eso, cuando habla de su identidad, establece una distinción que condensa su historia: "Mi profesión es la abogacía, pero mi oficio es el de cantora".

La frase no minimiza ninguna de las dos actividades. La abogacía forma parte de su formación y de su identidad profesional, mientras que el canto constituye ese trabajo cotidiano al que ha dedicado décadas, con todo lo que implica sostener una carrera artística. En su caso, la música no fue el resultado de un plan diseñado desde el principio, sino un camino que fue ganando espacio hasta convertirse en una forma central de estar en el mundo.

La libertad de elegir y el precio de la independencia
Con los años, Yamila fue conquistando una libertad que considera indispensable: decidir qué hacer, dónde cantar y bajo qué condiciones. En distintas oportunidades expresó de manera contundente que hace lo que quiere y donde quiere. Pero esa autonomía, lejos de ser una consigna sin consecuencias, tiene un costo que conoce por experiencia.

"Muchos costos, eso te puedo asegurar", respondió cuando se le preguntó por el precio de esa libertad. Y enseguida aclaró que no depende de la edad ni de la experiencia acumulada. Hacer lo que uno quiere siempre supone un esfuerzo adicional respecto de seguir lo que el mercado propone o espera.

En su caso, asegura que nunca hizo realmente lo que el mercado quiso. No sabe siquiera si tiene una canción que pueda considerarse un éxito en términos comerciales, de esos que se traducen en una presencia masiva y en un circuito de productos y merchandising. Su elección artística se orientó por otros intereses.

Yamila se define como una investigadora del folklore de antes. Incluso pone en cuestión la manera habitual de nombrar esa tradición: para ella, ni siquiera se trata de un folklore antiguo en sentido estricto, sino de expresiones musicales de hace aproximadamente un siglo, de 60, 90 o 100 años atrás. Ese repertorio, sus formas de interpretación y sus historias constituyen un territorio al que le gustaría dedicar buena parte de su trabajo como custodia o guardiana.

La intención no es solamente interpretar canciones, sino conservar una memoria musical que corre el riesgo de quedar relegada. Sin embargo, advierte que esa tarea encuentra dificultades, porque muchas veces el canto tradicional es subestimado. Según observa, existe una tendencia a restarle valor a los artistas que eligen un repertorio folklórico tradicional, como si esa decisión los ubicara fuera de los circuitos de mayor visibilidad o los volviera menos relevantes.

A esa situación se suma la complejidad de gestionar su propia carrera. La libertad de decidir también implica ocuparse de compromisos, acuerdos y condiciones de trabajo. En ese terreno, Yamila reivindica un principio que considera fundamental: "Para mí la palabra vale más que un contrato escrito".

No desconoce, sin embargo, que los contratos son necesarios en determinadas circunstancias. Puso como ejemplo el Festival de Cosquín, donde los acuerdos deben formalizarse porque así lo exige la organización. También sucede cuando intervienen las administraciones municipales. En esos casos, el documento escrito forma parte de las condiciones de contratación y debe cumplirse.

El problema aparece cuando la confianza personal se interpreta como una licencia para postergar obligaciones o desconocer compromisos. La palabra empeñada, explicó, puede volverse en contra de quien confía en los demás. Algunas personas parecen pensar que, si algo no se hace hoy, podrá hacerse mañana, sin considerar que del otro lado también hay una persona que organiza su tiempo, asume responsabilidades y necesita que los acuerdos se respeten.

"Una tiene sus compromisos, un montón de cosas", señaló. Yamila considera que, en ocasiones, los propios artistas han permitido que esas situaciones se naturalicen, quizá por mantener una relación demasiado confiada con la gente. Pero no está dispuesta a modificar su manera de entender el trabajo para adaptarse a esas prácticas.

A esta altura de su vida, sostiene, puede elegir dónde presentarse y con quién trabajar. Puede aceptar compromisos que le exijan esfuerzo, pero no quiere hacer nada que no le guste ni regresar a lugares donde haya sido maltratada. Incluso cuando no se trata de un maltrato explícito, sino de un trato que no estuvo a la altura de lo que esperaba, prefiere tomar distancia.

Esa decisión también tiene consecuencias económicas y profesionales. Elegir significa, a veces, dejar pasar oportunidades, renunciar a escenarios o alejarse de circuitos que podrían darle mayor exposición. Sin embargo, para ella, la independencia artística pierde sentido si obliga a resignar las convicciones que le dan sustento.

La libertad, entonces, no consiste únicamente en elegir las canciones o los lugares donde cantar. También supone establecer límites, cuidar el propio trabajo y defender una forma de relacionarse con la música y con los demás.
El trabajo detrás de la cantora: la independencia, las peñas y el encuentro con el pueblo
La libertad artística que Yamila Cafrune defiende tiene una contracara cotidiana: el trabajo que ocurre lejos de los escenarios. Llevar adelante una carrera de manera independiente significa ocuparse no solamente de cantar, sino también de producir, organizar, coordinar horarios, resolver imprevistos y atender cada uno de los detalles que hacen posible una presentación.

Durante la charla en Señales, le señalaron que, además de todo ese trabajo, debía ocuparse de cuestiones tan terrenales como llevar el auto al mecánico. Yamila recogió la observación con humor y confirmó que la organización de su carrera le demanda buena parte del día.

"Te lleva el 80% del día", reconoció. Y a esa tarea hay que sumarle la vida familiar. Yamila también es mamá y, como cualquier persona que sostiene una casa, debe encontrar tiempo para lavar la ropa, cocinar y resolver los problemas cotidianos. En esos días, además, su hijo Santiago había tenido un inconveniente con el auto. Aunque se trataba de un vehículo de gran porte, la avería había resultado ser una cuestión sencilla, pero igualmente había que llevarlo al mecánico.

En medio de esos contratiempos, destacó la solidaridad de las personas que la rodean. Siempre aparece alguien dispuesto a ofrecerle un auto para que pueda movilizarse, aunque, como explicó, no es lo mismo manejar un vehículo ajeno que el propio. Son pequeños problemas que se suman a una agenda que nunca se limita a los ensayos y las actuaciones.

También está la organización del espectáculo. Yamila debe hablar con Vicky, coordinar cuestiones prácticas, revisar los detalles y asegurarse de que todo esté preparado. Aunque el repertorio ya estuviera definido, todavía quedaban asuntos por ultimar. En esa conversación apareció incluso una preocupación tan sencilla como la comida de los músicos: Vicky había tenido la gentileza de preguntarles si necesitaban algo especial para comer.

La respuesta de Yamila volvió a mostrar su manera de entender el oficio. "Antes de cantora somos músicos", le dijo, con la naturalidad de quien conoce desde hace años las costumbres de las giras y los escenarios. Los músicos comen de todo, explicó, y además llevan un recipiente por si sobra comida, porque siempre conviene estar preparados.

Detrás de esa anécdota aparece una realidad que suele quedar fuera de la mirada del público. El espectáculo que se disfruta durante unas horas requiere una cantidad de trabajo previo que pocas veces se ve. Hay que coordinar personas, prever necesidades, cumplir compromisos y resolver imprevistos sin que esas dificultades lleguen al escenario.

Yamila admite que, por momentos, le gustaría contar con alguien que pudiera ayudarla a llevar adelante parte de esas responsabilidades. Sin embargo, observa cómo se presentan las cosas y, por ahora, se siente conforme. "Estoy bien, estoy trabajando, trabajo no me falta, gracias a Dios", aseguró.

No descarta que en el futuro pueda incorporar personas que se ocupen de algunas tareas, siempre que encuentre a alguien con la responsabilidad necesaria para hacerse cargo. Pero tampoco le resulta sencillo delegar. En su forma de entender el trabajo persiste una convicción arraigada: "El ojo del amo engorda el ganado".

Estar presente le permite seguir de cerca cada detalle, supervisar lo que ocurre y comprobar que las cosas se hagan de acuerdo con sus expectativas. Esa atención personal tiene un precio en tiempo y energía, pero también le ofrece la tranquilidad de saber que la carrera que construyó continúa bajo su propia mirada.

La cultura no puede quedar librada al mercado
La conversación avanzó hacia una preocupación que atraviesa a buena parte del sector artístico. Después de recorrer el país y conocer de cerca la realidad de los músicos, Yamila observa con inquietud un escenario en el que la cultura queda cada vez más expuesta a las posibilidades económicas de cada artista y de cada público.

Frente a la idea de que el acceso a la cultura constituye un derecho que el Estado debería garantizar, señaló que, en la práctica, ese respaldo no siempre existe. Su diagnóstico es contundente: "La cultura es desechable, es algo prescindible".

La definición apunta a una concepción que considera peligrosa, aquella que trata a la actividad cultural como si fuera un gasto del que se puede prescindir cuando los recursos escasean. En ese esquema, la posibilidad de producir, presentar y escuchar música depende cada vez más de la capacidad de cada artista para conseguir financiación y de la disposición del público para pagar una entrada o trasladarse hasta un espectáculo.

A esa dificultad se suma, según planteó, el avance de la inteligencia artificial, que introduce nuevos interrogantes sobre la creación y la interpretación musical. Yamila señaló que hoy es posible recurrir a estas herramientas para obtener una interpretación que suene bien, incluso cuando el canto original no está bien ejecutado, y también para componer canciones.

Su preocupación no se limita a la tecnología en sí misma. La ubica en un contexto donde, a su entender, el Estado no garantiza suficientes espacios culturales para todos los artistas. El problema, subrayó, es que esa falta de respaldo no afecta únicamente a quienes comienzan sus carreras o a quienes trabajan fuera de los circuitos comerciales, sino que limita las posibilidades de que exista una diversidad real de propuestas.

Los espacios culturales no deberían estar reservados exclusivamente para quienes convocan multitudes o tienen la capacidad de llenar plazas y festivales. Para explicar esa necesidad, recurrió a una imagen sencilla: "Los tomates de arriba se sostienen con los tomates del medio y los de abajo".

La metáfora expresa una idea central de su pensamiento: ningún movimiento cultural puede sostenerse solamente con sus figuras más visibles. Los artistas consagrados forman parte de una estructura más amplia que necesita de quienes ocupan escenarios intermedios, de quienes empiezan a cantar, de quienes trabajan en ámbitos pequeños y de quienes mantienen vivas expresiones musicales que no siempre encuentran lugar en los grandes festivales.

Si solo se apoya a quienes ya tienen convocatoria, el sistema pierde diversidad y debilita sus propias bases. Los artistas que hoy ocupan los escenarios principales también fueron, alguna vez, músicos que necesitaban una oportunidad para mostrarse. Por eso, Yamila insiste en la importancia de contar con lugares donde puedan presentarse propuestas diferentes y donde el acceso a la cultura no dependa exclusivamente de la rentabilidad.

La ausencia de esos espacios le hace pensar que falta una pieza fundamental en la organización de la sociedad. La cultura, sostuvo, es "la cuarta pata de una mesa". Una mesa suele tener cuatro patas; si una falta, la estructura queda incompleta y pierde estabilidad.

En esa imagen se concentra su reclamo: la cultura no puede ser tratada como un complemento prescindible de la vida social. Es una parte constitutiva de la comunidad, una dimensión necesaria para el desarrollo de las personas y para la construcción de una identidad compartida.
Volver al club, recuperar el encuentro
Para Yamila, el apoyo estatal a la cultura no debería entenderse como una pérdida de dinero, sino como una forma de producción social. Cuando los gobiernos comprendan que invertir en cultura significa producir, abrir oportunidades y fortalecer los vínculos comunitarios, también podrán reconocer su importancia para los jóvenes y para quienes atraviesan distintas etapas de la vida.

En ese punto, su reflexión se aleja de los escenarios y vuelve a los espacios cotidianos donde la comunidad construye sus relaciones.

Recordó el papel que cumplían los clubes de barrio, especialmente en épocas en las que muchas familias no tenían recursos para otras formas de entretenimiento. El club era un lugar al que se podía ir para encontrarse con los amigos, jugar al fútbol, disputar una partida de cartas o participar en actividades organizadas entre vecinos.

También había kermeses, bingos y distintas propuestas que permitían compartir el tiempo sin necesidad de grandes recursos económicos. Eran espacios de encuentro y diversión sana, donde las personas podían formar parte de algo común, desarrollar intereses y sostener relaciones que excedían el ámbito familiar.

La cultura, entiende Yamila, puede cumplir hoy una función semejante. No se trata solamente de organizar conciertos o financiar espectáculos, sino de generar lugares donde las personas puedan reunirse, expresarse, aprender, compartir y reconocerse como parte de una comunidad.

Por eso relacionó la falta de espacios culturales con la necesidad de ofrecer alternativas frente a situaciones de vulnerabilidad y a determinados consumos problemáticos. En su planteo, las actividades artísticas, los clubes y las propuestas comunitarias pueden convertirse en ámbitos de pertenencia, especialmente para quienes no cuentan con otras posibilidades de acceso al ocio o a la formación.

No se trata de presentar la cultura como una solución automática a todos los problemas sociales, sino de reconocer que su presencia contribuye a construir vínculos, abrir horizontes y ofrecer experiencias compartidas que enriquecen la vida colectiva.

Aquello que alguna vez ocurrió alrededor de una cancha, una mesa de cartas, una kermés o un bingo puede recrearse también alrededor de una guitarra, una canción, un taller o un escenario barrial. La música, en ese sentido, no es únicamente un producto para consumir. Es una práctica que reúne, transmite conocimientos, conserva historias y permite que las personas se encuentren.

De ahí que su defensa del folklore tradicional esté ligada a una preocupación más amplia por el presente y el futuro de la cultura. Preservar una zamba, recuperar una vidalita o volver a interpretar una copla no significa quedarse detenido en el pasado. Significa mantener disponible una parte de la experiencia colectiva, hacerla circular y permitir que las nuevas generaciones puedan conocerla y apropiársela.

La tradición permanece viva cuando encuentra espacios para ser compartida. Necesita artistas que la investiguen, públicos que la escuchen, instituciones que la acompañen y comunidades que la reconozcan como parte de su patrimonio.

Yamila Cafrune ha elegido ocupar ese lugar sin pretender convertirse en una réplica de su padre. Su tarea consiste en continuar un camino, pero hacerlo con su propia mirada, con sus preguntas y con las decisiones que fue tomando a lo largo de una carrera construida entre la formación profesional, el oficio de cantora y la defensa de una música que no siempre ocupa los lugares de mayor visibilidad.
La peña, un lugar donde la cantora puede mirar a los ojos
La conversación tenía, además, un motivo inmediato: la presentación de Yamila en Rosario, en la peña Alancay, una propuesta impulsada por la familia del mismo nombre que reúne músicos, artistas, bailarines y público alrededor del folklore. El encuentro estaba previsto para el domingo 11 de octubre, desde el mediodía, en Distrito 7, ubicado en Ovidio Lagos 790, con comidas criollas y una programación pensada para compartir mucho más que un espectáculo.

Para Yamila, presentarse en una peña no representa una vuelta a un espacio que hubiera abandonado. Por el contrario, insiste en que nunca dejó de participar de esos encuentros. Sus comienzos estuvieron ligados a las peñas, a los pequeños festivales al aire libre y a las jineteadas, escenarios donde fue construyendo su vínculo con el público antes de llegar a los espacios de mayor convocatoria.

A veces, señaló, la gente la ve actuar en Cosquín y supone que una artista que ha pasado por un escenario tan importante ya no querrá presentarse en lugares más pequeños. Pero esa idea no coincide con su trayectoria. "Yo nunca dejé de estar en peñas", afirmó. Y, ante quienes le preguntan por qué vuelve a esos espacios, responde con una frase que resume su relación con ellos: "Yo nunca me fui".

La diferencia entre una peña y un gran festival no reside solamente en el tamaño del escenario o en la cantidad de espectadores. Para Yamila, la cercanía modifica por completo la experiencia musical. En una peña puede mirar a cada persona a la cara, observar sus ojos y advertir cómo reacciona ante una canción. Puede reconocer si alguien se emociona, si disfruta de una melodía o si tiene ganas de levantarse a bailar.

En un festival multitudinario, la distancia vuelve más difícil percibir esas reacciones. El artista se encuentra frente a una multitud y el intercambio se produce de otra manera. En la peña, en cambio, existe una proximidad que permite leer los gestos y sentir de forma directa lo que sucede del otro lado de la guitarra.

Es precisamente esa relación la que Yamila disfruta y por la que continúa participando de encuentros populares, aun después de haber recorrido escenarios de gran importancia. No considera que exista una jerarquía que vuelva menos valioso un espacio pequeño. La música conserva su sentido en ambos lugares, pero la experiencia de compartirla es distinta.

En Señales recordaron que la habían visto bailar durante su presentación del año anterior en la Usina Social y también en la peña. La respuesta de Yamila fue espontánea: seguirá yendo mientras pueda. El día que deje de participar, explicó, será porque un problema de salud se lo impida.

Con humor, señaló que no se le cae la corona por presentarse en una peña. O, como suele decirse, no se le caen los anillos. La consagración o el reconocimiento no la colocan por encima de los espacios en los que comenzó su recorrido. Si hace falta, puede tomar la guitarra y tocar ella misma. De hecho, había conversado con Vicky sobre la posibilidad de que le prestaran una guitarra, aunque finalmente llevaría la suya y quizá la tocaría en algún momento para darle otra impronta al espectáculo.

En esa disposición se expresa una manera de entender el oficio sin solemnidades ni distancias innecesarias. Yamila está dispuesta a adaptarse a las condiciones del lugar y a participar activamente de la propuesta. No concibe la presentación como una obligación que deba ajustarse a un formato rígido, sino como una oportunidad de compartir la música con quienes se acercan a escucharla.

"Yo no les voy a decir que no laburo, chicos", explicó. Para ella, cantar es una pasión y una actividad que la llena espiritual y emocionalmente, pero también es su trabajo. Gracias a la música pudo y puede mantener a sus hijos y a su familia. Por eso, aceptar una presentación no supone únicamente responder a una vocación: significa sostener el oficio del que depende su vida cotidiana.

Esa dimensión concreta de la música ayuda a comprender por qué defiende tanto su autonomía. Detrás de cada actuación hay una estructura de responsabilidades que debe funcionar. La independencia implica trabajo, y cada oportunidad de cantar forma parte de una red que le permite continuar con su carrera y mantener a los suyos.

La Ferni y la necesidad de abrir los escenarios
La defensa de los espacios de encuentro también se relaciona con otra de las convicciones de Yamila: la necesidad de que el folklore sea un territorio abierto a distintas identidades, generaciones y maneras de vivir. Durante la entrevista, los conductores recordaron el legado de Jorge Cafrune en materia de respeto entre artistas y le preguntaron por su experiencia al compartir escenarios con otras voces, entre ellas La Ferni.

Yamila contó que conoce a La Ferni desde hace bastante tiempo y que le gusta lo que hace. Pero, además de valorar su trabajo artístico, destacó su capacidad de lucha. Para ella, La Ferni es una persona que ha tenido que abrirse camino en circunstancias difíciles y que pertenece a un colectivo al que pocas veces se le ofrece la posibilidad de participar en los espectáculos centrales.

No hablaba desde una posición teórica ni desde una idea abstracta sobre la inclusión. Aclaró que conocía esa realidad porque la había visto repetirse en distintos lugares del país. Incluso recordó ocasiones en las que le habían aceptado su propio espectáculo, pero le habían puesto una condición: podía presentarse ella, aunque no la artista con la que quería compartir el escenario.

La situación le parecía reveladora. Si una propuesta artística era aceptada, ¿por qué excluir a una de las personas que formaban parte de ella? ¿Qué era lo que estaba ocurriendo cuando el valor de un espectáculo dejaba de medirse por lo que ofrecía y pasaba a depender de quiénes lo integraban?

Su reflexión también alcanzó la discusión sobre el cupo femenino, una política con la que manifestó estar de acuerdo, aunque consideró que en algunos ámbitos podía aplicarse de maneras que le resultaban poco razonables. Más allá de las herramientas que puedan establecerse para ampliar las oportunidades, sostuvo que es necesario avanzar hacia una situación en la que las personas sean reconocidas por su trabajo y no discriminadas por su identidad.

"Veamos a la persona por lo que hace y no por quién es", planteó. Para explicar su posición, recurrió a su propia experiencia. Cuando la contratan, contó, nadie le pregunta si es heterosexual u homosexual ni le exige que explique su identidad. La convocan porque les gusta lo que canta, porque consideran que su propuesta sirve para determinado espectáculo o porque creen que puede aportar algo a la programación. También pueden decidir no contratarla porque no les gusta su trabajo o porque consideran que no encaja en lo que buscan.

Lo que cuestiona es que se apliquen criterios diferentes a otros artistas por su identidad de género o por pertenecer a un colectivo históricamente excluido. En su mirada, la evaluación debería concentrarse en la propuesta artística y en la capacidad de cada persona para desarrollar su trabajo con responsabilidad.

"Mientras una tenga o uno tenga respeto por lo que hace y sepa qué está haciendo, lo demás va por añadidura", sostuvo.

La frase no desconoce las desigualdades que existen ni las dificultades que deben atravesar determinados colectivos para acceder a escenarios y contrataciones. De hecho, su experiencia junto a La Ferni y los casos que relató muestran que esas barreras continúan presentes. Su planteo apunta a que el respeto por el oficio, la calidad del trabajo y la posibilidad de compartir una propuesta no deberían quedar subordinados a prejuicios sobre la identidad de quienes la integran.

Compartir un escenario, en ese sentido, es mucho más que sumar una voz a un espectáculo. Puede ser un gesto concreto de reconocimiento y una forma de discutir, desde la práctica, los límites que todavía persisten en la industria cultural.

La apertura artística también forma parte de la historia del folklore. Jorge Cafrune había dejado una huella en ese sentido cuando invitó a Mercedes Sosa a cantar en Cosquín, en 1965. Décadas después, Yamila encuentra en la posibilidad de compartir escenarios con otras artistas una manera de sostener esa tradición de encuentro, sin convertirla en una repetición de gestos pasados, sino adaptándola a las necesidades del presente.
La peña Alancay, una cultura sostenida por su comunidad
Hacia el final de la charla, los conductores invitaron a la audiencia a participar de la peña Alancay, prevista para el domingo 11 de octubre, en el marco de las actividades mencionadas durante la conversación como parte de la conmemoración vinculada a los pueblos originarios. La convocatoria reunía músicos, artistas, bailarines y propuestas gastronómicas criollas desde las 12 del mediodía, en Distrito 7, Ovidio Lagos 790, en Rosario.

La presentación de Yamila era uno de los atractivos de una jornada que buscaba sostener un espacio cultural independiente, organizado por la familia Alancay y acompañado por quienes participan de sus actividades.

Al despedirse, la cantora quiso hacer una aclaración que terminó convirtiéndose en una de las reflexiones más significativas de la entrevista. Agradeció el espacio de radio, la conversación y las palabras recibidas, pero señaló que, en esta ocasión, ella no era la principal beneficiaria de la difusión.

"Yo, esta vez, voy a lo de la peña Alancay. Ustedes están haciendo promoción a un lugar de cultura que no está bancado por nadie más que por la familia esa y por todas las personas que van a ir mañana, pasado, traspasado, cada vez que sean convocados", explicó.

Su agradecimiento tenía que ver con reconocer la importancia de que Aire Libre Radio Comunitaria pusiera su micrófono una vez más al servicio de una propuesta cultural que se sostiene principalmente con el esfuerzo de quienes la organizan y de quienes asisten. Cuando no existe apoyo de otras instituciones, señaló, son los propios integrantes de la comunidad quienes deben hacerse cargo de mantener viva la propuesta.

En ese contexto, el trabajo de los medios también resulta fundamental. Yamila destacó que las personas que cuentan con un micrófono y con la posibilidad de llegar al público pueden ayudar a que estos encuentros sean conocidos, convocar a nuevos asistentes y contribuir a que los espacios independientes continúen funcionando.

"Si ustedes, las personas que tienen un micrófono y el alcance al público, no nos dan una mano, no podemos hacerlo", afirmó.

La frase recupera, desde una experiencia concreta, la preocupación que había expresado durante toda la entrevista. La cultura necesita artistas que trabajen, públicos que participen, espacios que abran sus puertas y medios de comunicación dispuestos a difundir lo que sucede en sus comunidades. Cuando uno de esos componentes falta, sostener una actividad se vuelve más difícil.

La peña Alancay aparecía así como algo más que el lugar donde Yamila iba a cantar. Era también un ejemplo de cómo una propuesta cultural puede mantenerse gracias al esfuerzo de una familia y al acompañamiento de quienes deciden participar, colaborar y hacer circular la convocatoria.

La artista agradeció infinitamente a los conductores por darle visibilidad al encuentro y expresó su deseo de que al día siguiente pudieran reencontrarse o conocerse personalmente en ese espacio dedicado al folklore.

La despedida fue cálida, en el mismo tono en que había transcurrido la conversación. Después de agradecerles nuevamente, Yamila envió un beso y los conductores anunciaron que la despedirían con Patria que lucha y sueña, junto con La Ferni, en una referencia al universo musical que acompañaba la entrevista.

Quedaba, después de las palabras, la invitación a encontrarse alrededor de una canción.
Una voz propia para una memoria compartida
Cuando se recuerda a Jorge Cafrune, aparece inevitablemente su capacidad de abrir puertas y de convertir la canción en un gesto de compromiso. Su decisión de invitar a Mercedes Sosa a cantar en el escenario de Cosquín, en 1965, forma parte de la memoria del folklore argentino y de una historia en la que la generosidad artística también tuvo un papel transformador.

Décadas después, Yamila protagonizó un gesto que recuperó ese espíritu de apertura al compartir el emblemático escenario con La Ferni. El encuentro reafirmó que la canción popular puede ser un lugar de reconocimiento, intercambio y convivencia entre distintas voces y generaciones.

Una tradición viva no es una tradición encerrada en el pasado. Es una práctica que escucha, comparte y se transforma sin perder su raíz. Por eso, dar lugar a otros artistas no constituye una concesión ni un gesto accesorio: es una manera de sostener el movimiento de la cultura, de permitir que aparezcan nuevas expresiones y de ampliar el horizonte de aquello que se considera parte del folklore.

La historia de Yamila está atravesada por esa tensión fecunda entre la herencia y la autonomía. Es hija de un cantor que dejó una marca profunda en la cultura argentina, pero también es una artista que tuvo que encontrar su lugar, aprender a gestionar su carrera, defender su repertorio y establecer sus propias condiciones de trabajo.

A lo largo de más de tres décadas, fue construyendo una relación con la música que no depende exclusivamente del éxito comercial ni de la aceptación del mercado. Su apuesta está puesta en un repertorio que considera valioso, en la recuperación de expresiones folklóricas de otras épocas y en la posibilidad de transmitir ese patrimonio a quienes todavía no lo conocen.

Su defensa de la cultura como derecho se desprende de esa misma convicción. Para que una canción siga existiendo, no alcanza con que alguien la recuerde. Tiene que haber quien la interprete, un lugar donde pueda sonar, un público que la escuche y una comunidad que encuentre en ella algo propio.

La voz de Yamila Cafrune no es la de Jorge, ni pretende serlo. Es una voz que aprendió de aquella historia y que hoy la prolonga desde una identidad construida con trabajo, libertad y compromiso. Una voz que reconoce que el legado no se conserva por inercia, sino que exige decisiones cotidianas: investigar, cantar, compartir escenarios, defender espacios culturales y sostener la palabra empeñada.

En tiempos en que la cultura corre el riesgo de ser considerada prescindible, su recorrido recuerda que la música popular es mucho más que entretenimiento. Es memoria, pertenencia y posibilidad de encuentro. Es una forma de narrar la historia de un pueblo y de mantener abiertas las puertas para que otras voces puedan contarla.

Tal vez allí resida el sentido más profundo de su camino. No en intentar ocupar el lugar de su padre, sino en permitir que aquello que él defendió continúe caminando, con nuevas canciones, nuevos intérpretes y nuevas formas de encontrarse con la gente.

Porque detrás de cada zamba hay una historia, detrás de cada guitarra hay una comunidad y detrás de cada voz que se anima a cantar hay una memoria que busca seguir viva.

Yamila Cafrune lo sabe. Por eso sigue cantando a su manera, con la herencia como punto de partida y la libertad como horizonte. Porque, como ella misma recordó, las cosas verdaderamente importantes no se copian: se heredan, se trabajan y se comparten.

Y para que esa memoria no se convierta solamente en un recuerdo, hace falta volver a cantar. Hace falta que existan escenarios, clubes, radios comunitarias y espacios donde la música pueda encontrarse con su gente. Hace falta, en definitiva, que la cultura vuelva a ocupar el lugar que le corresponde en la vida de todos.

Una tradición que sigue caminando
La charla con Yamila Cafrune dejó ver a una artista que conoce tanto el escenario como el trabajo silencioso que lo hace posible. Una mujer que se ocupa de organizar su carrera, resolver los problemas cotidianos, coordinar con otros músicos y sostener a su familia con el oficio que eligió. Pero también una cantora que no renuncia a los espacios pequeños, que sigue encontrando en las peñas una forma privilegiada de mirar al público a los ojos y que entiende la música como un trabajo, una pasión y una manera de construir comunidad.

Su independencia no está hecha solamente de libertad para elegir repertorios o escenarios. También se construye con decisiones difíciles, con la necesidad de administrar tiempos y recursos, con la responsabilidad de cumplir compromisos y con el esfuerzo de mantenerse fiel a sus convicciones en un mercado que no siempre reconoce el valor de las propuestas tradicionales.

En su defensa del folklore, Yamila no reclama que las canciones permanezcan congeladas en una época ni que los artistas reproduzcan modelos del pasado. Por el contrario, propone que esa memoria siga circulando, que encuentre nuevos intérpretes y que pueda compartirse con públicos diversos. La tradición, para ella, se fortalece cuando se abren las puertas, se reconocen otras voces y se crean oportunidades para quienes todavía no han llegado a los escenarios principales.

También reclama que la cultura deje de ser considerada prescindible. Los festivales, las peñas, los clubes, las radios comunitarias y los espacios independientes forman parte de una trama que permite que la música exista más allá de los grandes espectáculos. Allí se encuentran artistas consagrados y principiantes, familias, bailarines, vecinos y personas que buscan compartir una experiencia común.

Por eso, al agradecer la difusión de la peña Alancay, su mirada volvió al punto de partida: el legado no se mantiene solamente con recuerdos. Necesita acciones concretas, trabajo y compromiso. Necesita que alguien abra un espacio, que otra persona tome una guitarra, que un medio de comunicación cuente lo que sucede y que el público se acerque para escuchar.

Yamila Cafrune lleva consigo una historia que comenzó mucho antes de su propia carrera, pero que hoy continúa con su voz y sus decisiones. No pretende ser otro Jorge Cafrune. Busca, en cambio, sostener aquello que considera esencial de su herencia: el vínculo con la gente, el respeto por la música popular y la convicción de que cantar puede ser también una forma de compromiso.

En una peña, frente a un público cercano, con una guitarra entre las manos o compartiendo el escenario con otra artista, esa convicción encuentra una expresión concreta. La canción deja de ser solamente un espectáculo y vuelve a convertirse en un lugar de encuentro.

Porque detrás de cada zamba hay una historia, detrás de cada escenario hay personas que trabajan para hacerlo posible y detrás de cada voz que se anima a cantar hay una memoria que busca seguir viva.

Y mientras existan artistas dispuestos a cuidar esa memoria, familias que sostengan espacios culturales, radios que les den lugar y comunidades que se reúnan alrededor de la música, el legado seguirá su camino. No como una copia del pasado, sino como una tradición viva, capaz de abrirse a nuevas voces sin olvidar de dónde viene.

Escuchá la entrevista completa:

miércoles, 7 de octubre de 2026

Prensa Rosario reclama seguridad para periodistas tras la salida de Gustavo Scaglione de Rosario

La decisión del empresario Gustavo Scaglione de radicarse en Buenos Aires junto a su familia, luego de manifestar temor por su seguridad, volvió a poner en el centro de la escena la violencia que atraviesa a Rosario y, en particular, los episodios vinculados con el fútbol y las amenazas contra trabajadores de prensa. Desde el Sindicato de Prensa Rosario expresaron su preocupación y reclamaron reuniones urgentes con autoridades de Newell’s Old Boys y del Ministerio de Seguridad.

El Sindicato de Prensa Rosario manifestó este miércoles su preocupación por la situación de inseguridad que atraviesa a periodistas y trabajadores de medios de comunicación, luego de conocerse que el empresario Gustavo Scaglione, propietario de TVL y La Capital Multimedios, decidió dejar Rosario junto a su familia a raíz de los últimos episodios de violencia.

La decisión de Scaglione había sido dada a conocer por el periodista Roberto Caferra durante su editorial en Radiópolis, por Radio 2. Según relató Caferra, el empresario le manifestó: "Me voy de Rosario hasta que me garanticen seguridad". La salida se produce luego de los episodios registrados en el estadio de Newell’s Old Boys y en un contexto marcado además por mensajes intimidatorios dirigidos a periodistas de distintos medios.

Para el Sindicato de Prensa Rosario, esta situación constituye una "señal de alarma" y obliga a reforzar las medidas de protección para quienes desarrollan tareas periodísticas en la ciudad.

"Nos enteramos por Radio 2 que Gustavo Scaglione, dueño de TVL y La Capital Multimedios, y toda su familia se van de Rosario por lo ocurrido en el estadio de Newell’s Old Boys", señaló Prensa Rosario. Y agregó que la situación "nos ha sorprendido y nos lleva a redoblar los esfuerzos para proteger a nuestras compañeras y compañeros en el ejercicio de su tarea".

En ese marco, el gremio informó que este jueves mantendrá una reunión con autoridades de Newell’s Old Boys y reclamó poder concretar con carácter de urgencia un encuentro con el ministro de Seguridad.

El Sindicato también convocó a las empresas periodísticas a participar de esas reuniones para abordar el clima de hostigamiento que, según advierte, se viene generando contra quienes trabajan en los medios.

"Ningún deporte es un campo de batalla", sostuvo la organización, que llamó a "recuperar la racionalidad" y a que los distintos sectores involucrados aporten para garantizar condiciones de tranquilidad y seguridad.

El reclamo apunta particularmente a las condiciones en las que los periodistas deben desarrollar su trabajo. "Nuestra tarea diaria para informar y contar lo que ocurre, la obligación y la necesidad de mostrarle a las y los rosarinos lo que pasa nos obliga a estar allí donde está la noticia", expresó el Sindicato.

En ese sentido, el gremio remarcó que los trabajadores de prensa quieren continuar realizando su tarea, pero exigió que se garantice su integridad: "Queremos hacerlo pero exigimos seguridad para que nuestra integridad sea garantizada".

La reacción del gremio se produce mientras la decisión de Scaglione vuelve a exponer el impacto que el escenario de violencia tiene sobre distintos actores de la vida pública de Rosario y coloca también en primer plano la situación de quienes tienen la responsabilidad de cubrir e informar esos hechos.

Ver también: Gustavo Scaglione se va de Rosario por seguridad: el contraste con el relato de sus medios

martes, 6 de octubre de 2026

Paramount y Warner Bros. Discovery completan su histórica fusión y nace Skydance, un nuevo gigante global del entretenimiento

La operación reúne bajo una misma compañía a Paramount Pictures, Warner Bros., HBO, CBS, CNN, Nickelodeon, DC, Paramount+, HBO Max y algunas de las franquicias más importantes de la industria audiovisual. David Ellison queda al frente del nuevo conglomerado, que aspira a generar más de US$6.000 millones en sinergias y a producir al menos 30 películas por año
Hollywood inicia una nueva etapa. Paramount completó este martes 6 de octubre la adquisición de Warner Bros. Discovery (WBD) y ambas compañías pasan a formar parte de una nueva estructura corporativa denominada Skydance Corporation, dando origen a uno de los mayores grupos globales de medios y entretenimiento.

El cierre de la operación, anunciado oficialmente por la compañía, se produjo después de obtener las aprobaciones regulatorias requeridas y cumplir las restantes condiciones previstas en el acuerdo. A partir de hoy, las acciones de la nueva Skydance comienzan a cotizar en la Bolsa de Nueva York bajo el símbolo SKYD, mientras que los títulos de Warner Bros. Discovery dejan de negociarse en el Nasdaq.

La transacción pone bajo un mismo techo a dos estudios con más de un siglo de historia y concentra un volumen extraordinario de marcas, contenidos, plataformas, derechos deportivos y propiedad intelectual.

Un nuevo gigante con Paramount, Warner Bros., HBO y CBS
La magnitud de la combinación se explica por la cantidad de activos que pasan a formar parte de una misma compañía.

Skydance reúne a Paramount Pictures y Warner Bros., dos de los estudios cinematográficos más importantes de Hollywood, además de marcas y negocios vinculados con HBO, HBO Max, CBS, CBS News, CNN, Nickelodeon, MTV, Comedy Central, Cartoon Network, Discovery, Food Network, HGTV, BET, TNT Sports, CBS Sports, Paramount+ y Pluto TV, entre otros.

El nuevo conglomerado también controla una biblioteca audiovisual de enormes dimensiones y una cartera de franquicias que incluye propiedades como Harry Potter, el universo DC, Game of Thrones, Top Gun, Star Trek, Misión: Imposible, Bob Esponja y The White Lotus.

El deporte tendrá igualmente un papel relevante. La combinación incorpora los derechos y activos de CBS Sports y TNT Sports, ampliando la presencia de Skydance en un mercado estratégico para la televisión tradicional y las plataformas digitales.

La empresa calcula que tendrá más de 200 millones de suscriptores de streaming considerando sus distintas plataformas y llegará con sus contenidos a más de 200 países y territorios.

David Ellison toma el control
La nueva compañía estará encabezada por David Ellison, fundador de Skydance, quien asumirá como presidente y director ejecutivo.

Ellison definió el cierre como un momento histórico para la industria y sostuvo que el objetivo original de la operación era unir dos grandes estudios para crear un competidor con mayor talento, recursos y alcance internacional.

“Hoy es un día histórico, no solo para Skydance sino para toda nuestra industria”, afirmó Ellison tras la concreción de la operación.

El ejecutivo señaló que la prioridad a partir de ahora será construir una empresa capaz de empoderar a los creadores, ampliar las opciones para las audiencias y generar valor para los accionistas.

Junto a Ellison, Ynon Kreiz, exdirector ejecutivo de Mattel, tendrá un papel central en la gestión y en la integración de las operaciones de ambas compañías.

La estructura corporativa estará organizada alrededor de tres grandes áreas: Studios, Direct-to-Consumer y TV Media.

Paramount+ y HBO Max: dos plataformas que podrían terminar bajo un mismo techo
Uno de los interrogantes más importantes para los consumidores será qué ocurrirá con Paramount+ y HBO Max.

Por ahora, ambas plataformas forman parte del nuevo conglomerado y continuarán operando como servicios diferenciados. Sin embargo, la estrategia anunciada por Skydance contempla una evolución de su negocio directo al consumidor y la posibilidad de avanzar hacia una experiencia de streaming integrada.

La compañía anticipa que, con el tiempo, sus servicios podrían converger en una única plataforma.

La combinación permitiría concentrar en un mismo ecosistema contenidos de HBO, Warner Bros., DC, Paramount Pictures, Nickelodeon, CBS y otras marcas del grupo.

No obstante, cualquier integración técnica o comercial deberá implementarse de manera progresiva. El cierre de la adquisición no implica que Paramount+ y HBO Max desaparezcan inmediatamente ni que los usuarios deban migrar de forma automática.
Más de 30 películas al año y 180 producciones televisivas

Skydance pretende utilizar la escala de la nueva compañía para incrementar su capacidad de producción.

El grupo anunció como objetivo un mínimo de 30 películas cinematográficas de alta calidad por año, con una ventana mínima de 45 días en salas, además de más de 180 programas y series de televisión.

La estrategia busca mantener una fuerte presencia en las salas de cine al mismo tiempo que aprovecha el crecimiento del streaming y la televisión.

La compañía también aseguró que continuará trabajando con productores independientes mediante la adquisición de contenidos externos y la concesión de licencias de sus propias producciones a terceros.

El objetivo es ampliar las oportunidades para los profesionales de la industria y mantener activo un ecosistema de producción que va mucho más allá de los estudios propiedad del grupo.

Una operación gigantesca y una meta de US$6.000 millones en sinergias
El nuevo Skydance nace con una escala financiera considerable. La compañía estima ingresos cercanos a los US$70.000 millones y espera conseguir al menos US$6.000 millones en sinergias anualizadas durante los próximos tres años.

Los ahorros previstos procederían principalmente de la integración tecnológica, compras, marketing, racionalización de activos inmobiliarios y eliminación de estructuras duplicadas.

La dirección considera que estas medidas permitirán liberar recursos para invertir en contenido, tecnología y nuevas oportunidades de crecimiento.

La compañía también plantea reducir su apalancamiento neto hasta aproximadamente 3,0 veces para finales de 2029 y proyecta generar más de US$10.000 millones de flujo de caja libre para 2030.

El gasto pro forma en contenidos supera los US$30.000 millones en los últimos doce meses, una cifra que refleja la escala de la nueva operación y el peso que el entretenimiento seguirá teniendo dentro de la estrategia.

El costo de integrar dos gigantes
La creación de Skydance también plantea uno de los mayores desafíos empresariales de la historia reciente de Hollywood: integrar dos organizaciones de enormes dimensiones sin destruir el valor de sus principales activos.

La búsqueda de eficiencias puede traducirse en reorganizaciones, reducción de estructuras y posibles pérdidas de puestos de trabajo. Por eso, la integración será observada de cerca por sindicatos, trabajadores y profesionales de la industria.

Al mismo tiempo, la compañía se comprometió a mantener determinados niveles de producción cinematográfica y de inversión en Estados Unidos como parte de los acuerdos que permitieron superar los obstáculos regulatorios.

También se contemplan mecanismos vinculados con la capacitación y el desarrollo profesional de trabajadores afectados por la integración.
CNN y CBS News, ahora bajo el mismo propietario

Otro de los aspectos más sensibles de la operación es la concentración de CNN y CBS News bajo una misma compañía.

La situación generó preocupación durante el proceso de adquisición debido a las posibles implicancias para la independencia editorial de ambas organizaciones informativas.

Como parte de los compromisos asumidos para facilitar el cierre de la operación, Skydance aceptó establecer un Consejo de Independencia Editorial de Noticias destinado a proteger la autonomía editorial de CNN y CBS News.

La nueva estructura mantiene separadas las operaciones periodísticas de ambas cadenas, aunque ahora responden a una misma compañía matriz.

La continuidad de sus equipos directivos y la implementación de las salvaguardas acordadas serán uno de los puntos que deberán observarse durante los próximos años.

Una operación que atravesó fuertes obstáculos regulatorios
La adquisición no llegó a su conclusión sin una intensa disputa empresarial y regulatoria.

Durante el proceso, las autoridades estadounidenses y fiscales estatales analizaron los posibles efectos de la concentración sobre la competencia en el sector audiovisual. Un grupo de 12 estados intentó bloquear la operación por cuestiones antimonopolio.

Finalmente, Paramount alcanzó acuerdos que permitieron despejar los principales obstáculos y completar la transacción.

Entre los compromisos asumidos figuran exigencias relacionadas con la producción cinematográfica, la inversión en Estados Unidos, la negociación de determinados canales de televisión, la continuidad de un servicio de streaming gratuito como Pluto TV y medidas destinadas a preservar la independencia editorial de CNN y CBS News.

La compañía también deberá mantener determinadas relaciones laborales y cumplir compromisos con organizaciones sindicales.

Una nueva batalla contra Netflix, Disney y Amazon
Con la integración de Paramount y Warner Bros. Discovery, Skydance pasa a competir a una escala mucho mayor con gigantes como Disney, Netflix y Amazon, además de otros grandes actores tecnológicos y audiovisuales.

Su ventaja estará en la combinación de estudios cinematográficos, televisión abierta, cable, streaming, deportes, noticias y una de las bibliotecas de propiedad intelectual más extensas de la industria.

El desafío será transformar ese enorme volumen de activos en una estructura eficiente y capaz de adaptarse a un mercado en el que los hábitos de consumo cambian rápidamente.

La compañía apuesta a que la tecnología y el contenido serán los dos pilares de esa transformación.

Un nuevo mapa para Hollywood
La operación modifica de manera profunda el mapa empresarial del entretenimiento.

Paramount y Warner Bros. fueron durante décadas competidores históricos. A partir de ahora, ambas marcas continuarán existiendo, pero estarán bajo una misma compañía matriz: Skydance.

Eso significa que propiedades como Superman, Batman, Harry Potter y Game of Thrones convivirán corporativamente con Star Trek, Top Gun, Misión: Imposible, Bob Esponja y las numerosas franquicias de Paramount.

HBO, CBS, CNN, Nickelodeon, MTV, Cartoon Network, Paramount+, HBO Max, Pluto TV, CBS Sports y TNT Sports también forman parte de esta nueva estructura.

El nacimiento de Skydance no supone solamente el cierre de una adquisición. Representa el comienzo de una transformación que puede redefinir durante los próximos años la forma en que Hollywood produce, distribuye y monetiza sus contenidos.

Con una cartera de marcas históricas, cientos de producciones, dos grandes plataformas de streaming y una presencia internacional masiva, el nuevo conglomerado parte con una escala inédita.

Ahora comienza la etapa más difícil: demostrar que esa escala puede convertirse en crecimiento, innovación y rentabilidad sin sacrificar el talento y las franquicias que hicieron posible la creación de uno de los mayores gigantes del entretenimiento mundial.
Foto: Agencia AFP
Fuentes: Skydance Corporation, Agencias AFP, AP, Señales

Ver tambien: Netflix anuncia la compra de Warner Bros. por US$82.700 millones y redefine el mapa del entretenimiento, Netflix vs. Paramount: las claves para entender una operación de película, Guerra en Hollywood: Paramount afirma que los canales de cable de Warner Bros. no valen nada, Warner vuelve a negociar con Paramount tras mejora de oferta y presiona a Netflix, Una jueza de California suspende temporalmente la compra de Warner Bros. Discovery por Paramount Skydance, Paramount pide frenar el bloqueo de la fusión con Warner Bros, El CEO de Paramount asegura que la compra de Warner Bros. Discovery sigue en pie pese a las demandas que buscan frenarla, La batalla por Warner entra en una nueva fase: activos clave ya tienen potenciales compradores, Paramount llega a un acuerdo antimonopolio y despeja el camino para la compra de Warner Bros. Discovery

Gustavo Scaglione se va de Rosario por seguridad: el contraste con el relato de sus medios

El empresario de medios Gustavo Scaglione decidió radicarse en Buenos Aires por temor a la inseguridad, según contó este martes el periodista Roberto Caferra durante su editorial en Radiópolis, por Radio 2. La decisión se conoce en medio de una escalada de violencia vinculada con el fútbol rosarino y después de la aparición de mensajes intimidatorios contra periodistas de distintos medios y una mención a su nombre en la cancha de Newell’s.

El contraste expone una situación incómoda: mientras desde sus medios concentra buena parte del relato y la inseguridad ocupa un lugar acotado en la agenda, el propio empresario habría optado por alejarse de la ciudad hasta sentirse seguro para regresar.

"Me voy de Rosario hasta que me garanticen seguridad", le dijo Scaglione a Caferra, según relató el periodista al aire. El empresario, propietario del diario La Capital y uno de los principales referentes del sector de medios de la ciudad, habría decidido trasladarse junto a su familia a Buenos Aires hasta que considere que estén dadas las condiciones para regresar.

El episodio se produce en un momento de creciente tensión entre sectores vinculados a Rosario Central y Newell’s. En los últimos días se registraron agresiones y episodios de violencia relacionados con la rivalidad entre ambos clubes, una situación que volvió a poner en discusión el límite entre la pasión deportiva y la violencia.

Durante el partido entre Newell’s y Lanús, disputado este sábado en el Coloso del Parque, se exhibieron en las tribunas banderas con mensajes contra el diario La Capital. Una de ellas decía: "La Crapital, cómplice del silencio, diario sin aliento", mientras que otra sostenía: "Con los milicos tranzaste, con el poder te arrodillaste".
 
Este es el editorial de Roberto Caferra:
Arrancábamos esta mañana con una apertura, una editorial sobre la guerra en el fútbol. Vivimos en una ciudad que está atravesada no por las alegrías que da el deporte, sino por las tensiones que propone esta confrontación política que tienen las instituciones deportivas.

Hay una institución que está, digamos, creyendo que el camino está ligado a la política y está armando parte de sus blindajes alrededor de la política. Y bueno, todos, a ver, los hombres y la política se involucran con los clubes.

Ayer, cuando vi el partido de Rosario Central con Banfield y vi la bandera de "Todos Unidos Triunfaremos", insisto con que hay un sector de la hinchada de Central que está laburando políticamente, no solamente deportivamente con el club, sino políticamente. Quiere decir que el club también sea un vehículo ideológico, de discusión ideológica sobre el futuro de la Argentina. Y eso está clarísimo porque esa bandera tiene una contratación que no es convicción solamente, sino también hay una cuestión de dinero.

Esa bandera no es inocente en la hinchada de Central. "Todos Unidos Triunfaremos" remite a la Marcha Peronista y está ligado básicamente a eso. La genética de la hinchada de Central tuvo que ver con la Resistencia Peronista de los 60 y haberla manifestado y haberla expuesto de la manera que se expuso a la historia de esa hinchada.

Bueno, se cantó la Marcha Peronista en la época de la dictadura de Onganía, después en los 70, con el Tula, con el Perón que no podía llegar. Bueno, hay una cuestión cultural que liga al fútbol con ese sector popular de la Argentina, cuando el fútbol era una herramienta de lo popular.

Hoy es otra cosa: es un negocio fastuoso, donde sus protagonistas ganan en dólares, los contratos salen en dólares y nos proponen también un diálogo tenso, en donde los futbolistas son tan solo meros espectadores de ese diálogo tenso.

Ayer empezó el juicio por el crimen de Ivana Garcilazo, donde tres docentes descerebrados, bajo los efectos de las drogas, el alcohol o la propia demencia de la pasión por el fútbol, salieron a tirarle piedras a la gente que festejaba y una piedra termina con la vida de una mujer que festejaba con su bocinita de la moto la victoria de un partidito de fútbol. Digo un partidito porque era un partidito de fútbol.

No importa quién ganó, no importa quién perdió. Va a importar siempre la vida de Ivana Garcilazo. Y el considerado responsable dijo que no había sido él, que había sido el otro. Y seguramente en la guerra que vamos a tener en las calles de la ciudad de Rosario, con las camisetas de Central y Newell’s sin poder usarse libremente en las calles por miedo...

Ayer lo decía la hermana de Ivana Garcilazo: ella no puede transitar con tranquilidad las calles de Rosario cuando tiene alguna indumentaria de Central o de Newell’s. Le pasa a todos, ¿eh? Vos, con un pantaloncito de Newell’s, no llevás a tu hijo a caminar por Boulevard Avellaneda, aunque sea un miércoles a la tarde. Lo mismo pasa con una camiseta de Central en el Parque Independencia.

No vas, porque hay una frontera. No tenemos fronteras geopolíticas, tenemos fronteras estúpidamente deportivas.

Ayer me decía el dueño de esta empresa, Gustavo Scaglione —lo cito porque es una persona que hace más de diez años que está involucrada en el negocio de la comunicación—, que se va a vivir a Buenos Aires definitivamente con su familia. Se quiere ir; inclusive alentó a su familia a irse del país en estos días. Y me lo dijo con seriedad.

En realidad, uno trata, por más que sea el dueño de la empresa, y las razones del jefe las conozco de antes de ingresar a la empresa, en las tribunas de Gimnasia y Esgrima de Rosario, viendo cómo su hijo era el capitán del equipo de rugby de Gimnasia.

A Gustavo Scaglione no le importa el fútbol, le importa nada. Fue tan solo una excusa, inclusive, para algunas chicanas. Es hincha de Newell’s, su hijo y su familia también.

Y me dijo: "No vuelvo más a Rosario hasta que no me garanticen seguridad".

Entonces le pregunto —esta es una conversación informal que develo porque me parece que es un síntoma—: un empresario que ha crecido mucho en los últimos tiempos decide no participar más de la escena social rosarina, por lo menos en estas semanas, hasta que no se calme el asunto de esta guerra estúpida entre los clubes de la ciudad.

Ayer, un fletero que, evidentemente, estaba trasladando a gente con camiseta de Newell’s, fue maltratado en la calle. Podía haber alguien muerto, claro que sí. Después del caso de Ivana, cualquiera que camine por la calle y reciba un piedrazo puede morir.

Ya nos demostraron que una piedra en la mano es un arma mortal. Entonces, podía haber fallecido el fletero en el accidente o en la provocación. Digo en el accidente porque, si la piedra lo hubiera desmayado y hubiera colisionado, hubieran sucedido cosas y podría haber terminado trágicamente. Por suerte, no pasó.

Como la hincha de Central que termina con una piedra, lo que motivó el avance de la Policía en búsqueda de los agresores hace algunos días atrás.

Pero si las autoridades de las instituciones deportivas no asumen la responsabilidad política que tienen con el tema, si las autoridades, obviamente, que están a cargo de la seguridad pública no asumen también la responsabilidad sobre este tema, el fútbol va a ser una excusa para la muerte en la ciudad de Rosario. O para el terror, como decía ayer la hermana de Ivana Garcilazo, que no puede caminar por la calle si no es con miedo.

O como me decía ayer Gustavo Scaglione, que se va de la ciudad hasta que esto no se calme, porque no puede entender que haya una bandera contra el diario La Capital en una de las instituciones del club, acusando al diario. Él es el dueño del diario La Capital también. ¿Cuánto falta para que un demente vaya y ataque a un periodista por escribir tal o cual cosa?

Una volanteada en donde mencionan a algunos colegas, en donde mencionan inclusive a algunos empresarios, entre los cuales está el propio Gustavo Scaglione, pero también está un gran amigo, Martín Arribillaga, CEO del Grupo Boing. Personas muy correctas, independientemente de las humoradas que el fútbol nos ha permitido construir alrededor de sus resultados.

Pero esto es un tema para las autoridades. Autoridades de las instituciones deportivas, autoridades de las instituciones de la política, aquellos que están preocupados por la distribución judicial, que también han puesto, desde la Justicia, mucha energía para tratar de ordenar esto. Y en esto hay nombres y apellidos muy concretos, en donde se ha trabajado intensamente por esto.

Que a mí una persona con mucho poder me diga: "Che, me voy de Rosario hasta que esto no se calme, porque tengo miedo de que le pase algo a mis hijas, a mí, a mi familia", me resulta un síntoma muy peligroso.

La intolerancia, cuando empieza a ser parte de la escena social y termina uno acostumbrándose al intolerante, a la cara de traste como inicio, pero que termina siendo agresivo en el final del camino...

Vos ves que un docente, que es capaz de entregar su cuerpo, su organización personal, para ir a dar clase a Cabin 9 —tenés que dar clase en Cabin 9—, tiene un compromiso académico. No lo hace una persona por dinero: ir a dar clase a una escuela en los márgenes de la ciudad lo hace por un compromiso de transformación muy grande.

Y que, de golpe, esa persona honorable se transforme en un monstruo, capaz de ir a tirar piedras a una esquina porque no le gustó un resultado deportivo, es tremendamente contagioso. Esa enfermedad es contagiosa.

Entonces, es un grito para la autoridad. Y la autoridad es el capitán del equipo, el que forma a juveniles, el que va...

Me dijeron que el fin de semana hubo un clásico entre Central y Newell’s en un predio de la ciudad, en donde quienes fueron a jugar la pasaron mal: los técnicos, los jugadores y demás, por la tensión que ya tiene ese encuentro.

Si no paramos esto, lo que era Rosario, la capital del deporte hasta hace un ratito, con la euforia muy feliz que hubo de los Juegos Sudamericanos, se va a transformar en una locura.

Y yo creo que esto es responsabilidad de las autoridades que conducen también las instituciones deportivas. También las instituciones deportivas.

A nadie le sirve el humo en este tiempo. Y si hay otro plan, que es utilizar el fútbol para hacer política institucional, que lo digan. Que lo digan.

Que sean honestos con eso. "Vamos a utilizar las tribunas de nuestra institución para hacer una unidad básica, para hacer un comité radical. Y lo vamos a hacer. Y vamos, desde cada uno, a disputar. Y uno apoyará a tal funcionario, el otro apoyará a tal adversario. Y transformaremos las calles de la ciudad de Rosario en Gaza, en donde a piedrazos nos vamos a matar los unos a los otros".

Esto está pasando. No es que no pasa.

Porque la Justicia hoy está dirimiendo si tres personas que tiraron piedras y mataron a una jovencita que festejaba una victoria van a estar 30 años presos.

Por eso. No importa quién tiró la piedra que terminó con Ivana. Pero los fiscales creen que esas personas merecen 30 años de prisión.

Pero muchos tienen piedras en la mano. Falta muy poquito para que empiecen a tirarlas.

Muy poquito.
El comunicado del Sindicato de Prensa Rosario que publicó La Capital:
Escuchá el relaro de Roberto Caferra:

Milei pone al frente del ENaCom a un hombre de las telecomunicaciones

Andrés Michelazzo, con una trayectoria de casi 30 años en empresas, operadores y organismos vinculados al sector, reemplaza a Juan Martín Ozores a menos de tres meses del vencimiento de la intervención. Llega a un organismo que deberá resolver expedientes estratégicos del mercado y que desarmó el histórico FoMeCA para crear un nuevo esquema de fomento audiovisual que incluye a empresas privadas
El Gobierno de Javier Milei cambió la conducción del Ente Nacional de Comunicaciones (ENaCom) a menos de tres meses del vencimiento de la actual intervención. El ingeniero Andrés Michelazzo asumió este martes 6 de octubre como nuevo interventor del organismo, en reemplazo de Juan Martín Ozores (foto), cuya renuncia fue aceptada por el Poder Ejecutivo mediante el Decreto 1149/2026.

La designación de Michelazzo tiene, al menos en los antecedentes públicos disponibles, un rasgo distintivo: se trata de un hombre formado específicamente en telecomunicaciones, con experiencia tanto en grandes compañías del sector como en operadores más pequeños, organismos públicos y proyectos de conectividad.

El nuevo funcionario permanecerá formalmente en el cargo hasta el 4 de enero de 2027, fecha en la que vence la actual prórroga de la intervención del ENaCom. El decreto le otorga, además, rango y jerarquía de secretario.

Su llegada se produce, por lo tanto, en una etapa particular: Michelazzo no asume para encabezar una nueva intervención de largo plazo, sino para conducir el organismo durante los meses finales de la actual etapa de reorganización. En ese período deberá administrar expedientes sensibles para el mercado de las telecomunicaciones, entre ellos cuestiones vinculadas con espectro, competencia, conectividad y obligaciones de los operadores.
 
Del sector privado a la gestión pública
Michelazzo es oriundo de Villa Allende, Córdoba, y su trayectoria profesional está fuertemente ligada a las telecomunicaciones.

Según su perfil profesional, es ingeniero y especialista en Gestión de las Telecomunicaciones. Cursó Ingeniería Electrónica en la Universidad Católica de Córdoba entre 1990 y 1996, realizó estudios vinculados con Telecomunicaciones en la Universidad Nacional de Córdoba entre 1997 y 1998 y posteriormente completó una especialización en Gestión de las Telecomunicaciones en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), entre 2004 y 2005.

En su perfil se presenta actualmente como consultor e ingeniero especializado en telecomunicaciones y consigna alrededor de 30 años de experiencia en el sector.

Su carrera incluye un paso de aproximadamente 16 años por Telecom Argentina, donde ocupó diferentes posiciones y llegó a desempeñarse como ejecutivo de cuentas mayoristas. También tuvo responsabilidades vinculadas con la gestión de activos de telecomunicaciones y sistemas.

Más adelante fue director de Tecnología de Internexa Argentina, donde se desempeñó entre 2012 y 2017, según los antecedentes publicados tras su designación. También aparece vinculado profesionalmente con San Gabriel Video Cable Color, una compañía de Villa Allende dedicada a servicios de televisión y conectividad.

En este último caso existe un registro técnico de LACNIC particularmente relevante: Michelazzo figura asociado a San Gabriel Video Cable Color como responsable de recursos de Internet de la empresa, con domicilio en Villa Allende.

También existen antecedentes societarios que lo vinculan con Transamerican Telecomunication S.A. Un registro de sociedades publicado en 2013 lo identifica como director titular de esa compañía.
 
Una etapa en la Agencia Conectividad Córdoba
Otro capítulo relevante de su trayectoria fue su paso por la Agencia Conectividad Córdoba, la empresa estatal provincial orientada al desarrollo de infraestructura y servicios mayoristas de telecomunicaciones.

Michelazzo fue gerente de Desarrollo de Negocios entre 2021 y 2023. En ese período trabajó en la definición de productos y servicios, planificación comercial y presupuestaria y vinculación con empresas, cooperativas y otros actores del sector.

Su participación pública no quedó solamente en el plano administrativo. En 2023, por ejemplo, presentó en un encuentro de la industria la experiencia y evolución de la Agencia Conectividad Córdoba como operador mayorista provincial. En ese momento, la agencia contaba con decenas de clientes entre cooperativas y empresas y trabajaba sobre servicios de transporte de datos, fibra y conectividad mayorista.

Registros de LACNIC también lo identifican en 2023 como integrante de la Agencia Conectividad Córdoba.

Ese antecedente puede resultar significativo para su nueva función: Michelazzo llega al ENaCom con experiencia en uno de los problemas centrales de la política de telecomunicaciones argentina, que es cómo extender infraestructura y conectividad combinando grandes operadores, pymes, cooperativas y redes mayoristas.

El recorrido también permite entender por qué su perfil se diferencia del de un funcionario cuya experiencia hubiera estado centrada exclusivamente en la administración pública. Michelazzo pasó por grandes empresas, operadores de menor escala y una estructura estatal orientada específicamente a la conectividad.

También trabajó en Europa y Uruguay
El recorrido profesional de Michelazzo no se limita al mercado argentino. Entre sus antecedentes figura una experiencia como arquitecto de aplicaciones en el Servicio Europeo de Acción Exterior, con sede en Bruselas. También fue asesor técnico de la Cámara Uruguaya de Operadores de Televisión para Abonados.

Desde enero de 2024, según los antecedentes difundidos luego de su designación, se desempeñaba como consultor principal y responsable técnico en proyectos para prestadores de Internet y televisión. Sus tareas incluían diseño de redes de fibra óptica, desarrollo de productos y servicios y gestión de conectividad mayorista.

Así, el perfil que recibe el ENaCom está fuertemente vinculado con la ingeniería, la operación de redes y la gestión de negocios de telecomunicaciones.

Eso no permite inferir por sí solo cuáles serán sus decisiones regulatorias, pero sí marca una diferencia con un funcionario cuya trayectoria hubiera estado centrada exclusivamente en la administración pública.
 
El cambio llega en plena intervención del ENaCom
La llegada de Michelazzo no implica el fin de la intervención del organismo. El ENaCom fue intervenido por el Gobierno de Milei a comienzos de 2024 y la medida fue prorrogada sucesivamente. La última prórroga estableció que la intervención se extenderá hasta el 4 de enero de 2027.

El Decreto 938/2025 estableció como objetivos de esa etapa la evaluación, reorganización y adecuación del organismo a los lineamientos de política pública del Poder Ejecutivo. También planteó la modernización de normas y procedimientos, una mayor previsibilidad para los operadores y la revisión del funcionamiento del Fondo del Servicio Universal.

Por lo tanto, Michelazzo llega con un mandato temporal de menos de tres meses antes del vencimiento de la intervención vigente. El Decreto 1149/2026 no crea una nueva intervención ni modifica ese plazo: reemplaza al interventor.

La particularidad temporal de la designación abre además una pregunta sobre la etapa siguiente: qué ocurrirá con el organismo una vez que termine la intervención y si el Gobierno avanzará con una nueva estructura institucional o con el retorno a un esquema de conducción diferente.
 
El ENaCom quedó bajo la órbita directa de la Jefatura de Gabinete
Otro elemento central para entender el cambio es la modificación de la estructura del Gobierno producida durante 2026.

El Decreto 581/2026 reorganizó la Administración Pública y ubicó al ENaCom entre los organismos descentralizados que actúan en el ámbito de la Jefatura de Gabinete de Ministros. En la nueva estructura también quedaron bajo esa órbita organismos y empresas vinculados con infraestructura y servicios estratégicos, entre ellos el Correo Oficial y ARSAT, responsable de la infraestructura satelital que sustenta parte de los servicios de la Televisión Digital Abierta (TDA).

Por eso, el nombramiento de Michelazzo se produce con Diego Santilli como jefe de Gabinete, quien además firma el decreto junto con Milei.

En ese sentido, el cambio de conducción debe leerse dentro de una reorganización más amplia de la estructura del Gobierno y no solamente como una sustitución administrativa del titular del ente.
 
Un organismo que tiene por delante decisiones sensibles
Michelazzo asumirá el control de un organismo con responsabilidades decisivas sobre el mercado de las telecomunicaciones: licencias, espectro radioeléctrico, interconexión, servicios TIC, servicios audiovisuales y distintas herramientas destinadas a promover la conectividad.

Entre los expedientes más sensibles aparece la operación por la cual Telecom Argentina adquirió Telefónica Móviles Argentina, propietaria de las operaciones de Movistar y Tuenti en el país.

En junio de 2026, el Tribunal de Defensa de la Competencia de la Autoridad Nacional de la Competencia condicionó la operación a una serie de medidas destinadas a preservar la competencia. Entre ellas se estableció que Telecom debía desprenderse de una base mínima de 6 millones de clientes móviles, además de transferir activos y espectro, y desprenderse de más de 211.000 abonados de Internet residencial en determinadas localidades.

El ENaCom había tenido participación técnica en el análisis de la operación. La operación, por lo tanto, no es simplemente un expediente empresarial: involucra directamente cuestiones sobre espectro, redes, licencias, usuarios y estructura competitiva del mercado. Es uno de los temas que inevitablemente quedará dentro del radar del nuevo interventor.

A esto se suman otros asuntos estructurales para el organismo: la administración del espectro, la implementación de políticas de conectividad, los recursos del Fondo del Servicio Universal y el vínculo regulatorio con los operadores.
 
El dato particular: Michelazzo conoce desde adentro el mercado que ahora deberá regular
Hay un elemento de su biografía que será relevante para observar su gestión. Michelazzo pasó buena parte de su carrera en empresas de telecomunicaciones y estuvo vinculado a operadores de distinto tamaño. Trabajó en Telecom, fue director de Tecnología de Internexa, estuvo relacionado con un operador de cable de Villa Allende y luego trabajó en una empresa pública provincial de conectividad.

Es decir que llega al ENaCom con conocimiento directo de cómo funcionan las redes, los operadores mayoristas, los proveedores de Internet, las cooperativas y los problemas de infraestructura.

Al mismo tiempo, esa trayectoria significa que su experiencia profesional se desarrolló, en buena medida, dentro del mismo ecosistema empresarial que ahora deberá regular.

El dato es objetivo; cualquier evaluación sobre eventuales conflictos de interés o compatibilidades requiere revisar sus participaciones societarias y las decisiones concretas que adopte desde el organismo.

Por ahora, los registros públicos consultados permiten confirmar, entre otras cosas, su vinculación societaria histórica con Transamerican Telecomunication y su relación técnica con San Gabriel Video Cable Color.
 
Qué deja Ozores
El cambio pone fin a la etapa de Juan Martín Ozores al frente del ENaCom. Había asumido con la intervención del organismo en enero de 2024 y su continuidad había sido prorrogada hasta enero de 2027.

Al comunicar su salida, Ozores destacó como ejes de su gestión los avances en conectividad satelital, nuevas tecnologías, administración del espectro, infraestructura crítica y herramientas de financiamiento para prestadores.

Su renuncia fue aceptada con efecto desde el 5 de octubre. Al día siguiente, Michelazzo tomó formalmente su lugar.

Pero la gestión de Ozores deja además una modificación significativa en otra área del organismo: el esquema de financiamiento destinado a medios audiovisuales sin fines de lucro.
 
El final del FoMeCA: de una política de fortalecimiento de medios comunitarios a un nuevo esquema de fomento
Hay otro capítulo de la gestión de Juan Martín Ozores que resulta central para entender el cambio de orientación del ENaCom: la desaparición del Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual (FoMeCA) tal como había funcionado durante más de una década.

El FoMeCA no era un programa marginal. Había sido creado en el marco de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Ley N.º 26.522) para que medios comunitarios, cooperativos, de pueblos originarios y otras organizaciones sin fines de lucro pudieran acceder a recursos públicos para equipamiento, infraestructura y producción de contenidos.

Con el paso de los años se convirtió en una de las principales herramientas estatales para sostener la diversidad y la federalización de las voces audiovisuales.

Los propios registros del ENaCom muestran la dimensión que llegó a tener esa política. Entre 2020 y 2021 fueron financiados 792 proyectos correspondientes a 364 beneficiarios de todo el país, con más de $600 millones adjudicados. El programa alcanzaba a organizaciones de distintas regiones y contemplaba específicamente la participación de pueblos originarios.

En octubre de 2023, antes del cambio de gobierno, el organismo publicó además un balance según el cual durante el período 2020-2022 se había pagado el 85% de los $1.222 millones adjudicados por FoMeCA. Según ese mismo informe, aquella gestión concentró el 43% de todos los proyectos ganadores de la historia del fondo y los proyectos adjudicados crecieron 115% respecto del período anterior.

El cambio producido desde la llegada de Javier Milei al Gobierno fue de otra naturaleza. El Decreto 89/2024, que dispuso la intervención del ENaCom, ordenó expresamente evaluar el estado del FoMeCA, sus programas, proyectos y los Aportes No Reembolsables pendientes.

Es decir, el fondo quedó desde el comienzo de la nueva administración dentro del proceso de revisión y redefinición del organismo.

La culminación de ese proceso llegó en 2026. Mediante la Resolución ENaCom 11/2026, firmada durante la gestión de Ozores, el organismo derogó el Reglamento General del FoMeCA aprobado en 2020 y creó en su lugar el Fondo para la Promoción de Proyectos Audiovisuales (FoProA).

No se trató, por lo tanto, de una simple modificación administrativa del viejo programa: el marco normativo que regulaba el FoMeCA fue eliminado y reemplazado por otro esquema.

La propia secuencia posterior resulta todavía más significativa. En julio de 2026, mediante la Resolución 516/2026, el ENaCom dejó sin efecto la convocatoria FoMeCA correspondiente a la Línea Producciones P/2024 y ordenó archivar los proyectos presentados.

La resolución sostuvo que, al no existir principio de ejecución ni afectación efectiva de recursos, correspondía dejar sin efecto aquella convocatoria.

En otra resolución dictada el mismo día, la 517/2026, el organismo dejó sin efecto la convocatoria FoMeCA de la Línea Contenidos Trabajo T/2023, anuló la declaración de ganadores y dejó sin efecto los convenios suscriptos en ese marco.

El argumento oficial volvió a ser la inexistencia de principio de ejecución y la falta de afectación efectiva de recursos. La resolución también reconoció expresamente que el nuevo régimen FoProA había dejado sin efecto el esquema normativo anterior del FoMeCA.

Así, el proceso iniciado con la intervención de 2024 terminó en algo más profundo que la suspensión de una convocatoria: el FoMeCA dejó de existir como régimen normativo y fue sustituido por otro fondo, mientras convocatorias y proyectos pendientes fueron dados de baja.

Para los medios comunitarios, cooperativos y de pueblos originarios, el cambio supone la pérdida de una herramienta que durante años permitió financiar equipamiento, infraestructura y producción audiovisual en organizaciones que difícilmente podían afrontar esas inversiones con recursos propios.

El propio ENaCom había definido al FoMeCA como una política orientada a promover la diversidad cultural, fortalecer el funcionamiento de medios autogestivos y cooperativos y ampliar la pluralidad de voces.

Y es también uno de los temas que deberá enfrentar Andrés Michelazzo: no solamente deberá administrar un organismo regulador en plena reorganización, sino también definir cómo continúa la política de promoción audiovisual y qué ocurrirá con las organizaciones que quedaron fuera de las convocatorias anteriores o con proyectos que habían sido adjudicados y luego fueron dados de baja.

La discusión adquiere una dimensión mayor porque el cambio de modelo no se limita a los medios comunitarios. El nuevo esquema de fomento audiovisual plantea una concepción diferente sobre el papel del Estado en el financiamiento del ecosistema de medios.
 
El contraste con las deudas de las empresas TIC
Hay otro elemento de la gestión del ENaCom durante 2026 que permite observar el tratamiento dado a las distintas obligaciones y políticas del organismo.

En abril de este año, el ente comunicó un plan para regularizar hasta $55.000 millones de deuda de empresas TIC. El esquema incluyó obligaciones correspondientes a tasas, derechos radioeléctricos, aportes al Fondo del Servicio Universal y multas, con planes de pago que podían extenderse hasta 24 cuotas.

La decisión forma parte de la política de ordenamiento de las obligaciones de los operadores y busca recuperar recursos adeudados al Estado mediante mecanismos de regularización.

El contraste aparece frente a otra serie de decisiones adoptadas durante la misma gestión: mientras se habilitó un esquema para que empresas TIC regularizaran obligaciones acumuladas, el ENaCom dejó sin efecto convocatorias y convenios vinculados al FoMeCA que permanecían pendientes.

Se trata de decisiones de naturaleza diferente y con fundamentos administrativos distintos. Pero, observadas en conjunto, permiten identificar dos movimientos simultáneos dentro de la reorganización del organismo: por un lado, la regularización de obligaciones económicas de operadores del sector; por otro, el cierre del régimen anterior de fomento a determinados medios audiovisuales y la creación de un nuevo esquema.

La diferencia no permite por sí sola establecer una intencionalidad política, pero sí constituye un elemento relevante para analizar la orientación que tendrá el organismo durante la etapa que ahora comienza.

Palabras, palabras, palabras
Por medio del Decreto 89/2024, firmado por el presidente Javier Milei y el entonces jefe de Gabinete, Nicolás Posse, se dispuso la intervención del Ente Nacional de Comunicaciones (ENaCom) por 180 días, con posibilidad de una prórroga por única vez. Sin embargo, la medida fue prorrogada en reiteradas oportunidades y continúa vigente.

En los fundamentos del decreto, la Jefatura de Gabinete cuestionó que "el funcionamiento del ENaCom hoy es un obstáculo para que los argentinos tengamos más conectividad y mejor acceso a servicios básicos como Internet en todo el país". El texto oficial también advertía que el país contaba con "servicios de comunicación y conectividad insuficientes para una población de más de 47 millones de habitantes" y sostenía que "la normativa vigente no facilita el acceso y la asequibilidad para las personas y empresas y tampoco facilita la competencia".

Asimismo, el decreto señalaba que "el sector desde finales del 2020 se encuentra estancado", y mencionaba entre los principales problemas "la importación del equipamiento adecuado para brindar un servicio de excelencia".

Sin embargo, a la fecha, estas situaciones señaladas en aquel momento no fueron sido resueltas.

Una salida con lecturas políticas
La salida de Ozores también generó interpretaciones sobre las disputas internas de poder dentro del Gobierno.

Algunas publicaciones periodísticas vincularon el reemplazo con el reordenamiento político producido alrededor de Milei y con diferentes sectores de influencia dentro del oficialismo.

Esas versiones deben ser presentadas como interpretaciones periodísticas y no como una explicación oficialmente confirmada del Gobierno.

Lo que sí está documentado es el cambio institucional: ENaCom pasó a depender de la Jefatura de Gabinete en la nueva estructura administrativa y, pocos meses antes del vencimiento de la intervención, Santilli firmó junto con Milei el decreto que designó a Michelazzo.

En ese contexto, el cambio de interventor aparece asociado a una reorganización más amplia de la estructura estatal, aunque el Gobierno no presentó públicamente la designación como parte de una disputa interna ni explicó que esa fuera la razón de la salida de Ozores.
 
El perfil que llega al ENaCom
  • Andrés Michelazzo llega al organismo con un perfil muy marcado:
  • Ingeniero especializado en telecomunicaciones, con alrededor de 30 años de experiencia.
  • Formación en la Universidad Católica de Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba e ITBA.
  • Cerca de 16 años de experiencia en Telecom Argentina.
  • Exdirector de Tecnología de Internexa Argentina.
  • Vinculación profesional con San Gabriel Video Cable Color, de Villa Allende.
  • Exgerente de Desarrollo de Negocios de Agencia Conectividad Córdoba entre 2021 y 2023.
  • Experiencia internacional en el Servicio Europeo de Acción Exterior.
  • Antecedentes como asesor técnico de operadores de televisión por abonados en Uruguay.
  • Experiencia reciente como consultor de prestadores de Internet y televisión, especialmente en fibra óptica, productos y conectividad mayorista.
Su desembarco se produce, además, en un momento en que el ENaCom debe terminar la reorganización iniciada durante la intervención, administrar recursos del Servicio Universal, continuar trabajando sobre el espectro y las nuevas tecnologías y afrontar expedientes de enorme impacto sobre la estructura del mercado.

La particularidad de su llegada es que Michelazzo no aterriza en el ENaCom desde afuera del mundo de las telecomunicaciones: llega desde adentro de esa industria.

Su gestión, aunque inicialmente limitada al 4 de enero de 2027, estará marcada por esa experiencia técnica y por algunos de los expedientes regulatorios más importantes del mercado argentino.

La pregunta será qué hará con ese conocimiento desde el otro lado del mostrador: ya no como ingeniero, consultor, operador o responsable de proyectos de conectividad, sino como funcionario a cargo del organismo que regula buena parte del ecosistema en el que desarrolló su carrera.

Otras Señales

Quizás también le interese: