miércoles, 22 de abril de 2026

Los glaciares no se negocian: la resistencia sigue

Mientras las multinacionales de siempre avanzan sobre nuestras montañas, poniendo en riesgo el agua de los pueblos y contaminando cuencas enteras, nosotros y nosotras no nos quedamos de brazos cruzados. Somos muchos y muchas: estamos en la calle, en los centros culturales, y la construcción colectiva de la resistencia avanza. Por eso, ahora más que nunca, seguimos encontrándonos para organizarnos, coordinar las próximas acciones populares y sostener la Campaña en Defensa de los Glaciares
Por: Inés Testoni, docente y ambientalista, integrante de la Asociación Civil Protegiendo Nuestros Árboles Rosario y de la Campaña Plurinacional La Ley de Glaciares No Se Toca

La Campaña Plurinacional por la Ley de Glaciares es un movimiento social y ambiental en Argentina que surge para defender la plena vigencia y aplicación de la Ley de Glaciares (Ley 26.639), sancionada tras años de lucha social y debates legislativos, y que incluso fue vetada en 2010 antes de su aprobación definitiva.

Esta ley protege los glaciares y el ambiente periglacial como reservas estratégicas de agua dulce, y prohíbe actividades extractivas que puedan dañarlos, especialmente la minería a gran escala. Este tipo de actividad no solo implica la destrucción del territorio y su conversión en zonas de sacrificio, sino que además puede afectar directamente a los glaciares, acelerando su derretimiento.

Uno de los mecanismos señalados es la alteración del albedo, es decir, la capacidad del hielo de reflejar la radiación solar. La deposición de polvo y material particulado —producto de voladuras de roca— oscurece la superficie, aumenta la absorción de calor y contribuye al derretimiento.

La campaña cobró fuerza en noviembre de 2025, cuando se conoció la intención del gobierno de Javier Milei de modificar la ley, lo que generó preocupación por un posible retroceso en la protección ambiental y la sostenibilidad climática.

Los glaciares son fundamentales para sostener —en un contexto de crisis climática global— la estabilidad de los ciclos del agua, las precipitaciones y las estaciones. También son clave para la soberanía alimentaria, ya que de ellos depende gran parte del abastecimiento hídrico. A la vez, tienen una dimensión de soberanía nacional, en tanto se discute el control de recursos estratégicos que podrían quedar en manos de empresas extranjeras, con beneficios dudosos para las economías locales.

Los objetivos de la campaña son claros: defender la ley frente a intentos de modificación que habiliten la expansión extractiva; visibilizar la importancia de los glaciares como reguladores del clima y del ciclo del agua; y exigir el cumplimiento efectivo del Inventario Nacional de Glaciares, realizado por el IANIGLA (Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, dependiente del CONICET), herramienta clave para la protección del territorio.

Los actores involucrados en esta campaña somos personas autoconvocadas que decidimos involucrarnos al conocer la situación. Participan organizaciones ambientales y sociales, comunidades indígenas y locales de zonas cordilleranas, así como profesionales de distintas áreas: docentes, abogadxs, científicxs y universidades. También han tenido un rol importante personalidades de la cultura —músicxs, actorxs, artistas— que han sumado sus voces, junto con la ciudadanía en general a través de movilizaciones y redes sociales.

Desde noviembre de 2025 se han realizado múltiples acciones: marchas y movilizaciones en todo el país, intervenciones artísticas y activistas, campañas de difusión, petitorios, acciones legales y actividades educativas y de concientización.

Estas acciones también han tenido una dimensión internacional, ya que la crisis climática no reconoce fronteras. Se han articulado luchas vinculadas al agua en distintos territorios: Mendoza, el sur con las salmoneras, el Golfo de San Matías y el oleoducto que amenaza ecosistemas sensibles como la zona de Puerto Madryn y la reproducción de la ballena franca austral. También se suma la preocupación por la licitación de la hidrovía y el aumento del calado del río Paraná, considerado por muchxs un posible ecocidio.

El impacto de la campaña ha sido significativo: se logró instalar el tema en la agenda pública, romper parcialmente el cerco mediático, fortalecer la conciencia social y consolidar una red plurinacional de activismo ambiental.

En la ciudad de Rosario, las y los integrantes de la campaña nacional se encuentran gestionando ante la Comisión de Ecología del Concejo Municipal la posibilidad de realizar una audiencia pública local que permita subsanar las irregularidades ocurridas en el Congreso de la Nación.

Cabe recordar que la audiencia pública por la Ley de Glaciares en el Congreso argentino convocó a más de 100.000 personas, pero solo una porción mínima pudo exponer de manera oral. De quienes se inscribieron, apenas 380 accedieron a la palabra: 200 de forma presencial y 180 en modalidad virtual, con intervenciones limitadas a cuatro minutos, lo que redujo la participación oral a menos del 1% de las personas inscriptas. El resto fue relegado a la presentación de videos breves o documentos escritos, sin posibilidad de réplica ni de intercambio efectivo.

Lo que debía constituir un espacio amplio de participación ciudadana derivó, según diversos sectores, en un proceso atravesado por desorden, interrupciones y denuncias de irregularidades. Desde la oposición, se calificó la instancia como una "farsa institucional", señalando presuntas violaciones a la Constitución Nacional y al Acuerdo de Escazú, y cuestionando la legitimidad de un procedimiento considerado restrictivo, mercantilizador del agua y contrario a los derechos ambientales. Esta situación derivó en amparos y acciones judiciales para exigir el respeto de los mecanismos de participación.

En paralelo, la campaña impulsó una demanda colectiva de gran escala —potencialmente histórica— que ya cuenta con un número creciente de adhesiones y que podría alcanzar el millón de personas. Este proceso reafirma la necesidad de que las decisiones sobre bienes comunes estratégicos no se tomen a espaldas de la población, sino con información, responsabilidad y participación real.
Semana plurinacional en defensa de los glaciares: acciones y conferencias de prensa en simultáneo
Hemos llegado hasta aquí luego de meses de intensa movilización. El proyecto de modificación de la Ley de Glaciares debió demorar cinco meses su trámite legislativo debido a la resistencia sostenida de vecinos y vecinas en distintos territorios de la Argentina.

Sostenemos que, en materia jurídica, este proyecto resulta inconstitucional y, por lo tanto, la nueva ley también lo es. No cumple con el artículo 41 de la Constitución Nacional, la Ley General del Ambiente ni el Acuerdo de Escazú en lo referido a la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales. Tampoco respeta el Convenio 169 de la OIT sobre consulta previa, libre e informada a las comunidades de pueblos originarios. Asimismo, vulnera el principio de no regresividad ambiental en un país donde cerca del 70% del territorio es árido o semiárido, poniendo en riesgo la existencia de los glaciares y del ambiente periglacial, reservas estratégicas de agua para los ecosistemas y garantía del derecho fundamental de acceso al agua.

En el plano legislativo, más de 105 mil personas fueron excluidas de la audiencia pública convocada por el Congreso. Aun así, la defensa del agua logró hacerse escuchar. Desde Tierra del Fuego hasta Jujuy, desde Mendoza hasta las comunidades costeras, el territorio plurinacional se expresó en defensa de la Ley de Glaciares. No pudieron silenciar este reclamo, ni podrán hacerlo. No existe licencia social para avanzar sobre el agua. El agua vale más que todo.

Destacamos también las más de 850 mil adhesiones a la demanda colectiva impulsada por la Asociación de Abogados Ambientalistas, Greenpeace y la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) contra esta modificación de la ley, como muestra del amplio rechazo social. Invitamos a continuar firmando para reafirmar esta posición.

No legitimamos la modificación de la ley y, por ello, continuamos organizando acciones públicas, informativas, artísticas y de difusión. Esta gacetilla tiene como objetivo dar a conocer una semana de actividades en respuesta al avance de intereses extractivistas.

Se advierte que 17.000 glaciares se encuentran en riesgo por la actividad de seis empresas mineras: Barrick Gold, SD-Gold, Río Tinto, Lundin Mining, Glencore y BHP, junto con los intereses de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros y la Cámara Americana de Comercio.

Del 18 al 26 de abril se desarrollarán diversas acciones en todo el país. El 22 de abril, Día Internacional de la Madre Tierra —fecha establecida por la ONU para concientizar sobre la protección del ambiente— se realizarán conferencias de prensa en distintos puntos del territorio. Argentina se une en defensa del agua.

Cronograma de próximas actividades confirmadas
Sábado 25
Buenos Aires, El Palomar: Biblioteca Jauretche, 19 h. Cine debate ambiental.
Ciudad de Buenos Aires: Callao y Corrientes, 18:30 h. Segunda marcha de antorchas por los glaciares.
Jujuy: Cedems, Balcarce 162, desde las 19 h. Ciclo de cine y debate.

Domingo 26
Buenos Aires, Punta del Indio: Espacio Cultural La Escondida, 17 h. Proyección del documental "La rebelión de las flores".
El agua vale más que todo.
Nos vemos en las calles.

Ciclo de Ecología
En una nueva edición del Ciclo de Ecología —espacio mensual de análisis y debate sobre la problemática ambiental, coordinado por el periodista Sergio Rinaldi— se realizará un encuentro centrado en uno de los temas más urgentes de la agenda socioambiental:

"En defensa de nuestros glaciares"
La posible modificación de la Ley de Glaciares abre un escenario de preocupación para organizaciones y activistas, que advierten sobre un retroceso en la protección de las reservas estratégicas de agua dulce. El encuentro propone una mirada colectiva sobre lo ocurrido en los últimos meses y los desafíos que se abren hacia el futuro, a partir del análisis y la experiencia de organizaciones socioambientales de Rosario.

Participarán del intercambio integrantes del Taller Ecologista, El Paraná No Se Toca, la Multisectorial Humedales, la Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas (AAdeAA) y la Campaña Plurinacional "La Ley de Glaciares No Se Toca".

Jueves 30 de abril, 18 hs. Sala "Angélica Gorodischer" (4° piso), Biblioteca Argentina
Ingresos por Pasaje Doctor Álvarez 1550 (frente a Plaza Pringles) y Presidente Roca 731. Rosario, Santa Fe. La actividad es abierta, con entrada libre y gratuita.

Más información en: @laleydeglaciaresnosetoca
Sumate a la demanda colectiva: https://www.demandacolectivaglaciares.org

Ver también: Sin glaciares no hay agua: el vaciamiento de una ley clave y el avance de la megaminería

martes, 21 de abril de 2026

Sin derechos no hay periodismo: FATPren renueva autoridades frente a la ofensiva de Javier Milei contra la prensa

Con nueva conducción, la FATPren impulsará una agenda de recomposición salarial y defensa del Estatuto del Periodista en medio de la crisis del sector y frente a las embestidas del gobierno de Javier Milei contra la prensa, los medios públicos y la libertad de expresión
El Congreso de la Federación de Trabajadores de Prensa (FATPren) renovó sus autoridades para el período 2026–2030 y definió una hoja de ruta centrada en la recomposición salarial, la lucha contra la precarización y la actualización del Estatuto del Periodista, en un contexto de crisis del sector y de profundos desafíos tecnológicos.

Carla Gaudensi del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) y María Ana Mandakovic del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (CiSPren) fueron elegidas como secretaria general y secretaria adjunta, respectivamente, de la Federación que nuclea a sindicatos de prensa de todo el país y estarán a cargo durante los próximos cuatro años. El debate por la actualización del Estatuto del Periodista ocupó un lugar central, con la definición de una agenda orientada a ampliar y consolidar derechos para las y los trabajadores de prensa.

Con una amplia participación, las jornadas estuvieron atravesadas por discusiones en torno a los derechos laborales en la actividad, bajo la premisa de que la información es un bien social. En ese marco, se planteó la necesidad de redefinir acuerdos que incorporen nuevos derechos para el trabajo periodístico. El encuentro se desarrolló además en el contexto de la prórroga obtenida en medio de la lucha contra la reforma laboral, que habilita el debate sobre la actualización del Estatuto del Periodista Profesional.

En la renovada Casa del Periodista de Carlos Paz, el Congreso definió sus nuevas autoridades y volvió a poner en el centro la necesidad de fortalecer el ejercicio del periodismo como pilar fundamental de la democracia.

Durante la jornada del viernes se aprobaron la memoria y el balance del ejercicio, y se definió el Secretariado Nacional que conducirá la entidad en el período 2026–2030. En ese marco, se renovó la comisión directiva, con eje en la defensa del salario y del Estatuto profesional.

La lista fue electa por unanimidad y reúne a representantes de 17 sindicatos de prensa de todo el país: Chubut, Salta, Santa Fe, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Corrientes, Misiones, San Juan, La Rioja, Santiago del Estero, Córdoba y Chaco, además de las ciudades de Buenos Aires, La Plata, Bahía Blanca y Tandil.
Tras su designación, Carla Gaudensi destacó: "Este nuevo mandato nos encuentra con más sindicatos de prensa de todo el país que se suman a la conducción de la Federación. Contamos con una organización más representativa y federal para dar las peleas que necesitamos las y los trabajadores: la lucha por el salario, contra la precarización, por nuestro Estatuto profesional y frente a los ataques de un gobierno nacional que nos eligió como blanco". Además, subrayó la importancia del desarrollo territorial para "construir una alternativa desde la clase trabajadora al modelo de ajuste, hambre y entrega que promueve el gobierno de Milei".

Gaudensi se desempeña además como secretaria de Género de la CGT a nivel nacional, mientras que Mandakovic es secretaria adjunta de la CTA Autónoma. La conducción se completa con Pablo Jiménez como secretario de Organización, referente de la CTA de los Trabajadores en la provincia de Santa Fe. En este sentido, FATPren viene transitando un proceso de unidad que se presenta como referencia dentro del movimiento sindical.

El Congreso se desarrolló como un espacio de debate y construcción colectiva, con participación de trabajadores y trabajadoras de prensa de distintos puntos del país, estudiantes de comunicación y dirigentes de organizaciones sindicales vinculadas al sector.

Como resultado de las deliberaciones, se resolvió impulsar acciones de visibilización y reclamo en las semanas del 1° de Mayo y del Día del Periodista en junio, así como presentar un proyecto de actualización del Estatuto ante legisladores nacionales y provinciales.

"Defender los derechos laborales, la libertad de expresión y el derecho a la información es tarea de las y los trabajadores", fue una de las consignas que sintetizó el espíritu del Foro.
El desafío de repensar el periodismo en contextos de crisis
La flamante secretaria adjunta de FATPren y secretaria general del CiSPren, María Ana Mandakovic, abrió el Foro Abierto de la jornada del sábado. Allí destacó la importancia de la confluencia de distintos sectores de la comunicación para debatir estrategias comunes en la búsqueda de más derechos para las y los trabajadores de prensa, en un ámbito que reunió a sindicatos de todas las provincias junto a actores gremiales, sociales y académicos.

En ese marco, señaló que el contexto actual está atravesado por la precarización, el pluriempleo y los ataques al ejercicio periodístico, y planteó la necesidad de revitalizar discusiones vinculadas al fortalecimiento de las condiciones laborales, especialmente en medios autogestivos y cooperativos. Según indicó, este escenario refleja "democracias de baja intensidad que no terminan de resolver los problemas de nuestro pueblo".

Mandakovic también se refirió al impacto de las plataformas digitales y la inteligencia artificial, proponiendo una mirada que contemple su incorporación, pero desde una perspectiva crítica. "La crisis que se atraviesa no es casual. La información es un bien social y su deterioro afecta tanto a la democracia como a la sociedad", sostuvo.

En esa línea, advirtió sobre el vaciamiento de los medios públicos, el desfinanciamiento de los proyectos autogestivos, los salarios por debajo de la línea de indigencia y la creciente concentración de las empresas de comunicación. "Este escenario constituye el terreno propicio para reproducir un sistema basado en la explotación y la acumulación desmedida de la riqueza. Por eso, nuestro oficio es determinante para consolidar otra democracia, con transformaciones profundas que permitan recuperar la justicia social y la equidad", afirmó.

Asimismo, destacó la construcción de una lista de unidad en un contexto que exige fortalecer la organización del sector: "Debemos priorizar la unidad de las y los trabajadores de prensa, entendiendo que formamos parte del movimiento obrero organizado. Esta Federación reúne a compañeros y compañeras que militamos en distintas centrales sindicales, lo que le otorga una característica singular y estratégica".

Por su parte, Gaudensi reiteró que la nueva conducción expresa una mayor representatividad federal y reafirmó los ejes de lucha vinculados al salario, las condiciones laborales y la defensa del Estatuto profesional.
El Foro Abierto contó con la participación de representantes de diversos espacios de la comunicación, entre ellos la Federación Internacional de Periodistas (FIP), la Asociación de Reporteros Gráficos (ARGRA), el Foro de Periodismo Argentino (FoPeA), la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA y la Facultad de Ciencias Sociales, así como la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

Participaron, entre otros, el presidente de ARGRA, Sebastián Vricella; el vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Diego de Charras; la directora de la carrera de Comunicación, Larisa Kejval; la vicepresidenta de FARCo, Laura Carizzoni; la protesorera de FoPeA, Florencia Pérez Gaudio; y los asesores legales Miguel Rodríguez Villafañe, César Arese, León Pieske, Damián Loreti y Guillermo Gianibelli, junto a representantes sindicales de todo el país.

Durante el encuentro se discutieron propuestas para la actualización del Estatuto del Periodista, en el marco de la prórroga obtenida tras el debate de la Ley de Modernización Laboral en el Congreso de la Nación.

Hacia el cierre, se abordaron las restricciones estructurales e ideológicas que inciden en el deterioro del periodismo, entre ellas la mercantilización de la información de interés público, la falta de financiamiento de los medios públicos y la ausencia de políticas estatales que garanticen el acceso universal a internet.

Con el fortalecimiento de las redes construidas en el encuentro y la reafirmación de la unidad como horizonte, el debate continuará en cada provincia. "Sin libertad de expresión, sin derecho a la comunicación y sin pluralidad de voces no hay democracia. No defendemos privilegios sectoriales, sino la posibilidad de construir un proyecto de país inclusivo", concluyó Mandakovic.
El Secretariado Nacional quedó conformado en su totalidad de la siguiente manera:
Secretaria general: Carla Marisa Gaudensi – SiPreBA (CABA)
Secretaria adjunta: María Ana Mandakovic – CiSPren (Córdoba)
Secretario gremial: David Barresi – SiPreBo (La Plata y Zona)
Prosecretaria gremial: Micaela Polak – SiPreBA
Secretario de organización: Pablo Jiménez – APSF (Santa Fe)
Secretario de desarrollo territorial: Gustavo Marcelo Moreira – CiSPren
Prosecretario de desarrollo territorial: Agustín Lecchi – SiPreBA
Secretario tesorero: Francisco Rabini – SiPreBA
Prosecretaria tesorera: Rocío Davel – STPOCH (Esquel, Chubut)
Secretario de administración y de actas: Diego Miner – APC (Corrientes)
Prosecretario de administración: Danilo Belloni – Sindicato Prensa Bahía Blanca
Secretario de asistencia social: Flavio Ramírez – SPN (Neuquén)
Secretaria de relaciones internacionales: Ayelén Correa Ruau – SiPreBo
Secretario de derechos humanos: Fernando Díaz – SiPrenSal (Salta)
Secretario de prensa: Silvano Rosso – SUTPren (Río Negro)
Prosecretario de prensa: Santiago Amillano – SPN
Secretario de capacitación, cultura y asuntos profesionales: Juan José Thomes – SUTPren
Secretario de Libertad de Expresión y Derecho a la Información: Alejandro Brittos – APSF
Secretaria de géneros: Florencia Pendás – SPT (Tandil, Azul y Olavarría)
Secretario de nuevas formas de trabajo y comunicación: José Ignacio Tellería – CiSPren
Secretario de salud laboral: Milton Fernández – SiPren (La Pampa)

Vocal titular 1°: Myriam Pérez – ATPreC (San Juan)
Vocal titular 2°: Lara González – SiComLar (La Rioja)
Vocal titular 3°: José Elías – CPSE (Santiago del Estero)
Vocal suplente 1°: Erika Rivero – APC
Vocal suplente 2°: Miguel Angel Romero – SPCh (Chaco)
Vocal suplente 3°: Marina Almirón – SiPreM (Misiones)

Comisión Revisora de Cuentas
Titulares
Antonio Gaspar – SiPrenSal
Ana Paoletti – SiPreBA
Fernando Pedernera – SiPreBa

Suplentes
Andrés Fundunklian – Cispren
Oscar Livera – SPN
Gabriela Barcaglione – SiPreBo

Delegades a organizaciones de grado superior – Confederación General del Trabajo (CGT)
Titulares
Carla Gaudensi – SiPreBA
Silvano Rosso – SUTPren
Diego Miner – APC
Fernando Díaz – SiPrenSal
Agustín Lecchi – SiPreBa

Suplentes
Francisco Rabini – SiPreBA
David Barresi – SiPreBo
Micaela Polak – SiPreBA
Danilo Belloni – Bahía Blanca
José Manuel Cal – SiPreBA

Fuentes: FATPren, CiSPren, Señales

lunes, 20 de abril de 2026

El Ludueña como mapa colectivo: ciencia, territorio y futuro en disputa

En Funes se realizó el segundo mapeo colectivo del Arroyo Ludueña, una iniciativa que reúne vecinos, instituciones, sector privado y equipos científicos del CONICET para construir información pública sobre la cuenca. En esta columna, Sofía Naranjo integra las voces del encuentro y reflexiona sobre la potencia ambiental, social y política de un territorio atravesado por el agua, la urbanización y el cambio climático
Por: Sofía Naranjo*

El Arroyo Ludueña vuelve a ser escenario de una discusión urgente y necesaria sobre cómo habitamos, conocemos y planificamos nuestros territorios. En la Quinta de Funes, Sitio de Memoria, se realizó el segundo mapeo colectivo para su recuperación, una jornada de trabajo colaborativo donde vecinos, organizaciones, sector privado y equipos científicos del CONICET se reunieron para construir una mirada integral sobre la cuenca.

El objetivo es realizar un mapeo integral que identifique la situación actual de la cuenca y permita diseñar estrategias de gestión que involucren a todos los actores del territorio. Del encuentro participaron instituciones, vecinas y vecinos de la región. El objetivo fue visibilizar las percepciones de los distintos actores sobre el Ludueña y las posibilidades de transformarlo.

La metodología del mapeo permite volcar la información recolectada en materiales técnicos y en un mapa digital de acceso público. Estos insumos pretenden ser herramientas concretas para la toma de decisiones y la elaboración de políticas públicas regionales, buscando aportar a un control y regulación de las actividades productivas, de infraestructura y una planificación y ordenamiento del territorio entorno a la cuenca del Arroyo Ludueña. Esta instancia en la ciudad representa la segunda de tres jornadas planificadas, tras un primer encuentro realizado en Rosario. El objetivo final es fortalecer los vínculos entre los habitantes, las empresas y los organismos de decisión. La actividad no se suspende por lluvia y los interesados deben registrarse a través del formulario oficial para participar de este espacio de planificación urbana.
En este marco, la jornada dejó también un saldo profundamente alentador desde lo humano y lo colectivo. Fue una instancia de trabajo muy provechosa, en la que se acercó gente con mucho conocimiento técnico e histórico, tanto funenses como personas de familias de la ciudad, que pudieron dar cuenta de cómo era Funes hace varias décadas y de las transformaciones que atravesó.

También participaron personas con mucho interés, que se acercaron principalmente a escuchar y aprender sobre el arroyo. En ese intercambio, se hizo evidente que el Ludueña moviliza y conmueve cada vez más a la comunidad, algo que resulta sumamente significativo en términos de construcción ambiental.

El encuentro además sirvió para fortalecer los espacios de trabajo colectivos en defensa del ambiente y los derechos humanos que ya vienen funcionando en Funes. Que estos espacios sean conocidos, que se visibilicen sus actividades y que más personas puedan sumarse y ser parte, constituye uno de los logros más importantes de la jornada.

El arroyo Ludueña es un curso de agua dulce que atraviesa distintas localidades y desemboca en el río Paraná. Muchas veces es invisibilizado, pero tiene una gran biodiversidad porque funciona como corredor biológico entre esa Pampa y los humedales del delta del Paraná. Entonces realmente, pese a todas las problemáticas y lo golpeado que está ese arroyo, tiene una potencialidad de poder recuperarse y de poder recuperar, mantener y recuperar toda la biodiversidad que hoy todavía alberga.

Y esta actividad de mapeo viene en ese sentido. Todos los vecinos, vecinas, actores de todos los lugares de la sociedad, funcionarios, personas que se desarrollan en el sector privado, que estén en contacto con este arroyo, porque viven cerca, porque lo visitan o porque en algún momento de sus vidas lo visitaban, lo frecuentaban, pescaban, por el motivo que sea, pueden venir a aportar este mapeo que tiene la finalidad de recabar esa información que muchas veces o está invisibilizada o no está valorada porque no viene del lado de los expertos. Hoy está, pero está desperdigada en distintos documentos y notas.
La idea también es poder centralizar en esta actividad y además poder generar redes de trabajo, ya que es un encuentro presencial donde el intercambio se va a dar de manera natural y es también lo que queremos dentro del objetivo de esta actividad. Tiene el objetivo de que todos, con la misma voz, podamos brindar nuestros conocimientos, nuestra opinión sobre lo que le está sucediendo y sobre las posibilidades que hay para transformar, entendiendo que el futuro no está dado y que desde la ciudadanía y desde cada uno podemos aportar para hacer ese futuro diferente.

Este mapeo es una herramienta que apunta a una investigación que estoy haciendo en mi tesis doctoral, una investigación más amplia, donde hago foco en los humedales que están en las zonas bajas o zonas inundables de la cuenca del Ludueña. Y eso está directamente relacionado con dónde no es riesgoso urbanizar y dónde sí, porque con una lluvia fuerte o en un contexto de mayor lluvia o de eventos más extremos, hay muchas chances de que una casa termine bajo el agua. Entonces, sabiendo cuáles son las zonas bajas, donde ya hay otros ecosistemas como los humedales, que cumplen funciones muy importantes para evitar que el resto de Funes y el resto de Rosario, aguas abajo de esa cuenca, se inunden, esto es una herramienta fundamental para planificar la urbanización en un contexto de cambio climático que ya estamos viviendo, con alertas amarillas constantes y eventos cada vez más impredecibles.

El primer mapeo lo hicimos en la Vecinal de Empalme Graneros, que sería el último tramo de la cuenca del arroyo antes de encontrarse con el Paraná. Ahora nos estamos centralizando en la zona media de la cuenca. Es por eso que nos encontramos en Funes, pero la convocatoria es abierta para la gente de Roldán, para la gente de Ibarlucea, para la gente de Pérez, que están en la zona intermedia de la cuenca. Y vamos a hacer un tercer mapeo en la zona de la naciente del arroyo en los meses siguientes.

La verdad es que lleva mucho tiempo interpretar los mapas que se van generando y luego analizar qué puedo decir de lo que los grupos trabajaron. El arroyo es el mismo, pero tiene problemáticas específicas a lo largo de su curso. Lo que notamos mucho en Rosario es que está muy inaccesible el arroyo para la comunidad, dado que a veces son lugares vandalizados, inseguros, donde no hay mantenimiento de la vera del arroyo y hay microbasurales. Entonces, claramente la gente no va, no tiene ganas de ir.

Hay un principio muy importante en la educación ambiental que es: no se cuida lo que no se conoce. Si no podemos acercarnos al arroyo y conocer toda la vida que todavía hay —lagartos, tortugas, un montón de tipos de aves— nunca lo vamos a cuidar y nunca vamos a poder revertir la situación de que el arroyo pueda florecer.

Escuchá a Sofía Naranjo:
*Licenciada en Biotecnología y Máster en Ciencias Biológicas con orientación en Ecología, becaria de CONICET y miembro del Taller Ecologista

Pinturas con plomo: el riesgo que persiste en las paredes de casa

Un estudio del Taller Ecologista detectó niveles hasta 25 veces superiores a lo permitido en esmaltes sintéticos vendidos en Santa Fe y Buenos Aires. Aunque la mayoría de las marcas cumple la norma, advierten que la exposición sigue siendo un problema vigente, especialmente para niños y niñas
El hallazgo volvió a encender alarmas que, en rigor, nunca se apagaron del todo. Detrás de cifras que superan ampliamente los límites permitidos, el problema del plomo en pinturas de uso hogareño reaparece con una persistencia inquietante. Esta vez, los datos provienen de una nueva ronda de análisis realizada por el Taller Ecologista, una organización que desde hace años sigue de cerca la presencia de este metal tóxico en productos de consumo masivo. En su último estudio, centrado en esmaltes sintéticos de base solvente, los resultados fueron contundentes: dos de las muestras analizadas exhibieron niveles extremadamente elevados, particularmente en colores bermellón y amarillo, comercializados en las provincias de Santa Fe y Buenos Aires.

Valores que exceden los límites
La investigación, llevada a cabo en diciembre de 2025, confirmó que, si bien una parte importante del mercado parece haber avanzado hacia el cumplimiento de la normativa vigente, persisten casos que desbordan cualquier margen de seguridad. El límite establecido por la resolución Nº 7/2009 del Ministerio de Salud —600 partes por millón (ppm)— fue superado de manera drástica: una muestra alcanzó las 15.361 ppm y otra las 10.700 ppm.

Giovanny Landínez, licenciado en Ciencias del Ambiente e integrante del Taller Ecologista, reconstruye en Señales el recorrido de este trabajo sostenido en el tiempo. Explica que los análisis se vienen realizando desde hace más de cinco años y que, en términos generales, se ha observado una evolución positiva. La mayoría de las marcas evaluadas, señala, se encuentra dentro de los parámetros permitidos. Sin embargo, advierte que los casos detectados en esta última medición resultan particularmente alarmantes: de diez muestras analizadas, dos presentaron concentraciones que superan entre 17 y 25 veces el límite legal.

Un tóxico que se acumula en el cuerpo
El problema, insiste, no es solo estadístico ni regulatorio, sino profundamente sanitario. El plomo, recuerda, es un metal pesado con efectos acumulativos en el organismo. Puede ingresar por distintas vías —respiratoria, digestiva o a través del contacto con la piel— y, una vez en el torrente sanguíneo, tiende a depositarse en huesos y dientes. El cuerpo lo incorpora como si fuera calcio, lo que favorece su acumulación progresiva incluso a partir de exposiciones mínimas. Esa característica convierte cualquier contacto en un riesgo latente, cuyos efectos pueden manifestarse con el tiempo.

Landínez subraya que las consecuencias no son abstractas: están directamente vinculadas con daños concretos en la salud humana. La exposición al plomo afecta el sistema nervioso y puede derivar en problemas cognitivos, alteraciones del comportamiento y diversas enfermedades que impactan de manera duradera. El cuadro se agrava en los grupos más vulnerables, especialmente en niños y niñas, así como en mujeres embarazadas. En esos casos, explica, el organismo aún se encuentra en desarrollo, con sistemas que no han alcanzado su madurez, lo que vuelve a los daños potencialmente irreversibles.

El peligro invisible en el hogar
En ese contexto, la persistencia de pinturas con niveles tan elevados de plomo no solo evidencia fallas en los controles, sino también la necesidad de sostener —y profundizar— los monitoreos independientes. Para el Taller Ecologista, cada nueva ronda de análisis no solo aporta datos, sino que también vuelve a poner en agenda una problemática que, pese a los avances, sigue representando un riesgo concreto para la salud y el ambiente.

A medida que el diálogo avanzaba, la preocupación dejaba de ser una abstracción técnica para volverse una escena cotidiana: una pared, una casa, una pintura que envejece. Giovanny Landínez, desde Rosario, explicaba que el riesgo no se limita al momento en que se aplica el producto. Por el contrario, el problema puede aparecer con el paso del tiempo. Cuando la pintura que contiene plomo comienza a degradarse —ya sea por el desgaste natural de los años o por intervenciones sobre superficies antiguas— ese metal pesado, que en principio queda fijado en el pigmento, empieza a liberarse.

En ese proceso, el contacto con el tóxico se vuelve posible incluso en espacios domésticos aparentemente seguros. Restos de pintura vieja, polvo generado por el deterioro o por trabajos de renovación pueden convertirse en vías de exposición. Así, superficies pintadas hace años siguen representando un riesgo vigente, una suerte de contaminación diferida que permanece latente en el ambiente cotidiano.
Controles débiles y normas que no siempre se cumplen
Landínez señala que esta situación obliga a pensar el problema más allá del presente inmediato. No se trata solo de controlar lo que hoy se comercializa, sino también de considerar las consecuencias de prácticas pasadas. En ese sentido, insiste en la necesidad de fortalecer las regulaciones y, sobre todo, de hacerlas cumplir con mayor rigor. Recuerda que el límite argentino —600 partes por millón— incluso resulta más permisivo que el de otros países, donde los valores admitidos descienden hasta 90 ppm. El objetivo, sostiene, debería ser avanzar hacia la reducción progresiva y el reemplazo total del plomo en la industria.

El relevamiento realizado por el Taller Ecologista buscó, precisamente, aproximarse a las condiciones reales de consumo. Para ello, las muestras fueron adquiridas en distintos puntos de venta: desde grandes cadenas de pinturerías hasta comercios de barrio. La intención, explica, fue reproducir el comportamiento habitual de cualquier persona al momento de comprar. En ese recorrido, la presencia de productos fuera de norma apareció de manera puntual pero significativa: en uno de esos locales se detectó una marca con niveles elevados de plomo, confirmando que el problema no está completamente erradicado del mercado.

El marco legal existe. La resolución Nº 7/2009 del Ministerio de Salud establece claramente los límites permitidos y, según remarca Landínez, la mayoría de las empresas cumple con esos parámetros. Sin embargo, los casos detectados evidencian que el incumplimiento persiste y que los mecanismos de control no siempre logran prevenirlo. En teoría, hay sanciones previstas, pero en la práctica la aplicación de la norma resulta desigual.

Qué tener en cuenta al momento de pintar
Ante ese escenario, el Taller Ecologista opta por un manejo cuidadoso de la información. Las marcas involucradas no se difunden públicamente de manera directa, sino que se comunican a organismos e instituciones con capacidad de intervención. Entre ellos, menciona la Sociedad de Pediatría de Rosario, el Ministerio de Salud y la Defensoría del Pueblo, tanto a nivel local como en la provincia de Buenos Aires. La estrategia apunta a canalizar los datos hacia ámbitos donde puedan traducirse en acciones concretas de control y prevención.

En paralelo, aparece la dimensión más inmediata: la de quienes están por pintar sus casas. Allí, la recomendación se vuelve pragmática. Optar por marcas reconocidas puede ofrecer mayores garantías de cumplimiento normativo, aunque eso implique un costo más elevado. Para Landínez, esa diferencia de precio debe leerse como una inversión en seguridad, una forma de reducir la exposición a sustancias peligrosas en el entorno doméstico.

La pregunta por el control estatal abre, finalmente, otra capa del problema. El organismo que debería encargarse de estas verificaciones es el Instituto Nacional de Tecnología Industrial. Sin embargo, según advierte, atraviesa un momento crítico, con recortes y despidos que debilitan su capacidad operativa. Incluso circulan propuestas de privatización que, de concretarse, podrían afectar la independencia y confiabilidad de los controles. En ese contexto, la detección de pinturas con altos niveles de plomo no solo revela una falla puntual, sino que también expone las tensiones estructurales de un sistema de regulación que, lejos de consolidarse, parece enfrentar un escenario de fragilidad creciente.

Escuchá la entrevista:

domingo, 19 de abril de 2026

Falsas denuncias en agenda: Lucrecia Aranda cuestiona el relato y alerta por la subdenuncia

Lejos de la política institucional, la histórica militante feminista vuelve a intervenir en el debate público ante lo que define como una amenaza a los derechos de las infancias. Advierte sobre el impacto de discursos que ponen en duda a las víctimas y reclama más recursos para investigar delitos sexuales, en lugar de endurecer penas por denuncias falsas
Lucrecia Aranda es una dirigente política y social de la provincia de Santa Fe, con una extensa trayectoria vinculada al Partido Socialista y a la ciudad de Rosario. Fue diputada provincial y se destacó por su trabajo en temas de género, derechos humanos y políticas sociales. Antes de llegar a la Legislatura, fue la primera titular del Área de la Mujer de Rosario y una de las fundadoras de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, creada en 2005. Desde ese rol, fue pionera en impulsar políticas públicas con perspectiva de género en la ciudad y se consolidó como una referente histórica en la lucha por los derechos de las mujeres en la Argentina.

Militancia, Estado y derechos conquistados
Militante feminista desde el retorno de la democracia, participó activamente en la construcción de la agenda de derechos de las mujeres y en espacios pioneros del movimiento en Rosario. Durante su paso por la Cámara de Diputados de Santa Fe, promovió iniciativas orientadas a la protección de derechos, especialmente de mujeres, niñas, niños y adolescentes. Impulsó proyectos para transparentar los sistemas de adopción y combatir redes ilegales vinculadas a la niñez, y tuvo un rol activo en el debate sobre trata de personas y explotación sexual, reclamando políticas más eficaces de prevención y acompañamiento. También trabajó en propuestas para revisar normativas que habilitaban prácticas arbitrarias, con una mirada centrada en los derechos humanos. En la actualidad, integra la Asamblea lesbotransfeminista de Rosario.

La escena: una preocupación urgente
Lejos del ritmo áspero de la política institucional, Lucrecia Aranda vuelve a hablar. No desde una banca ni desde un cargo, sino desde el estudio de Aire Libre, Radio Comunitaria, donde su voz conserva la misma firmeza que atravesó décadas de militancia. Llega puntual, saluda con calidez y, antes de que la conversación avance, deja escapar una ironía: la presentación —dice— la hace sentir “un poco vieja”. Sonríe. No hay nostalgia en el gesto, sino una forma de marcar distancia.

Hace tiempo que se corrió de los espacios formales de poder, pero no del debate público. Hay temas que, para ella, no admiten retiro. Esta vez, el disparador es lo que define como una amenaza concreta: la instalación de discursos que ponen en duda las denuncias de abuso sexual en infancias y adolescencias. Habla de un clima que se enrarece, de una narrativa que gana terreno y que —advierte— no es inocente.

Desde ese lugar, Aranda vuelve a intervenir. Y lo hace con una certeza que no se ha movido con los años: cuando se debilita la palabra de quienes denuncian, lo que está en juego no es sólo una discusión pública, sino la posibilidad misma de que esos abusos salgan a la luz.

El foco en las denuncias falsas
Desde ese lugar, explica el motivo de su reciente posicionamiento público: una preocupación creciente por lo que define como una ofensiva discursiva contra las denuncias de abuso sexual en infancias y adolescencias. Señala que, en los últimos días, distintos medios de comunicación de Rosario, de la provincia y del país han instalado la idea de una supuesta "catarata" de denuncias falsas. Según describe, esa narrativa presenta a "mujeres malvadas que persiguen a pobres padres alejados de sus hijos", una construcción que considera falaz y deliberada.

Aranda sostiene que se trata de una operación para influir en la opinión pública y la vincula directamente con una iniciativa legislativa impulsada por la senadora Carolina Losada. Ese proyecto, explica, propone aumentar las penas para el delito de falsa denuncia cuando esté relacionado con casos de abuso sexual infantil, violación u otros delitos denunciados por mujeres, niñas, niños y adolescentes. Subraya que el delito de falsa denuncia ya existe en el Código Penal, y que la propuesta busca endurecer las sanciones en un terreno particularmente sensible.

Subdenuncia: el verdadero problema
En su análisis, la instalación mediática de este tema no responde a una problemática real en términos estadísticos. Reconoce que pueden existir denuncias falsas, como en cualquier otro delito —estafas, robos—, pero insiste en que son casos excepcionales. "Son mínimas, el cero coma algo por ciento", enfatiza, para luego contraponer ese dato con lo que considera el verdadero problema: la enorme subdenuncia de los delitos sexuales.

Para sostener su argumento, recurre a datos de la Encuesta Nacional de Victimización del INDEC, que revela que 9 de cada 10 personas que sufrieron ofensas sexuales no realizaron la denuncia. El número, remarca, es contundente y desarma la idea de una supuesta masividad de denuncias falsas. Por el contrario, lo que existe es un silencio extendido, motivado por la vergüenza, la culpa, la desconfianza en el sistema judicial y el temor a la exposición.

Infancias, relatos y complejidad
En ese sentido, describe situaciones concretas: madres que, ante un abuso, optan por alejar al agresor sin judicializar el caso, para evitar que sus hijas o hijos atraviesen procesos revictimizantes, como entrevistas reiteradas o pericias invasivas. Esa realidad, asegura, se repite tanto en Santa Fe como en el resto del país.

Aranda también menciona que, frente a esta coyuntura, comenzaron a surgir pronunciamientos críticos desde distintos sectores. Uno de ellos, señala, fue reflejado por el diario La Capital, luego de haber publicado previamente varias notas centradas en la problemática de las denuncias falsas. Para ella, este giro evidencia que el debate está abierto, pero también que existe una disputa por el sentido de lo que se instala en la agenda pública.

Su intervención, entonces, no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una trayectoria coherente: la de una militante que, incluso fuera de los cargos institucionales, continúa interviniendo en discusiones clave, con la convicción de que los derechos conquistados —especialmente en materia de género y niñez— requieren una defensa permanente.
Un sistema bajo presión
El pronunciamiento al que alude Lucrecia Aranda no fue aislado ni menor. En medio de la creciente instalación mediática sobre las supuestas denuncias falsas, distintos organismos del sistema judicial salieron a fijar posición. El documento, difundido el 10 de abril, llevó la firma del Consejo de Procuradores y Fiscales Generales de la República Argentina y del Consejo Federal de Política Criminal, y advirtió con claridad que la idea de una "epidemia" de falsas denuncias carece de sustento empírico. Más aún, alertaron que este tipo de construcciones generan efectos regresivos y expresaron su preocupación por proyectos legislativos basados en diagnósticos erróneos y datos falsos.

Para Aranda, ese posicionamiento confirma lo que desde los espacios feministas vienen señalando: que no se trata de un debate técnico sino de una disputa política y cultural. En su mirada, la avanzada tiene un objetivo concreto: desalentar la denuncia, instalar sospechas sobre quienes acuden a la justicia y, en definitiva, invertir la carga de la prueba. "Quien va a denunciar un abuso sexual infantil hoy se encuentra sospechada", plantea, subrayando además que esa sospecha recae mayoritariamente sobre mujeres.

La dirigente describe con precisión cómo circula la palabra de niñas y niños en situaciones de abuso. No aparece, en la mayoría de los casos, en tribunales ni en comisarías, sino en ámbitos cotidianos y de confianza: la escuela, el centro de salud, el comedor comunitario. Allí, señala, son generalmente mujeres —docentes, pediatras, trabajadoras sociales— quienes escuchan, detectan señales o advierten signos compatibles con situaciones de violencia. De ese entramado surge muchas veces la primera alerta, desmontando el estereotipo de la madre que inventa una denuncia para perjudicar a un padre.

Incluso, advierte, en no pocas ocasiones la madre no es quien inicia el proceso. El llamado "develamiento", ese momento en que el niño o la niña logra expresar lo que está viviendo, provoca un cimbronazo profundo. La primera reacción, dice, suele ser la negación, no por desinterés sino por el impacto devastador de lo que implica. El abuso sexual infantil, explica, es uno de los delitos más desestructurantes: quiebra la confianza primaria y, muchas veces, se inscribe en el núcleo familiar, atravesado por el tabú del incesto. Cuando el agresor es el padre, el padrastro, un abuelo o un hermano, la crisis no es sólo individual sino de toda la familia.

En ese contexto, los relatos de las víctimas no siguen una lógica lineal. Aranda describe cómo niñas y niños, al percibir el dolor que generan sus palabras, pueden retractarse o fragmentar sus testimonios. Por eso insiste en la importancia del trabajo profesional: psicólogas, peritos y equipos interdisciplinarios capaces de interpretar esos relatos en su complejidad. Sin embargo, advierte que ese mismo entramado hoy está bajo presión. En Rosario, menciona, hay profesionales —psicólogas, médicas forenses, docentes— que enfrentan denuncias o cuestionamientos por intervenir en estos casos.

El riesgo no es abstracto. Aranda trae a la memoria el caso de Vanesa Castillo, la maestra asesinada tras acompañar a una niña que había denunciado abuso intrafamiliar. Ese episodio, señala, expone el nivel de violencia y de exposición al que quedan sometidas quienes intervienen. En ese marco, no sorprende que cada vez sea más difícil encontrar profesionales dispuestos a asumir estos casos, atravesados por la complejidad, la carga emocional y también por presiones externas.

La dirigente describe un escenario donde las fiscalías están desbordadas y, al mismo tiempo, sometidas a fuertes tensiones. Habla de amenazas, de lobbies, de presiones que atraviesan a todos los actores del sistema. Y subraya un elemento clave: a diferencia de otros delitos, el abuso sexual infantil atraviesa todas las clases sociales. Cuando las denuncias alcanzan a sectores con poder económico, advierte, entran en juego mecanismos de presión mucho más sofisticados.

Números que interpelan
Los números, en ese sentido, vuelven a ser contundentes. La fiscal general de Santa Fe, María Cecilia Vranicich, informó recientemente en la Legislatura que durante 2025 ingresaron 4.984 denuncias por delitos contra la integridad sexual. De ese total, apenas el 7,1% llegó a una condena efectiva, mientras que el 81,7% fue desestimado o archivado, en la mayoría de los casos por falta de pruebas. Para Aranda, estos datos no indican falsedad sino la enorme dificultad probatoria de este tipo de delitos.

Porque, explica, el abuso sexual infantil suele ocurrir en ámbitos privados, sin testigos y sin dejar huellas físicas evidentes, especialmente en niños pequeños. Además, no se trata de hechos aislados sino de procesos: el agresor construye progresivamente una relación abusiva, muchas veces bajo la apariencia de afecto o cuidado. Esa dinámica, sumada a la corta edad de las víctimas, hace que los casos se revelen años después de iniciados.

En ese entramado, la llamada Cámara Gesell aparece como una herramienta central pero también limitada. Aranda la describe como un dispositivo donde el niño declara frente a un equipo profesional, mientras es observado desde otro espacio. Sin embargo, advierte que esa instancia muchas veces se sobredimensiona como prueba única. El miedo, la demora —que puede ser de meses— y la exigencia de un relato ordenado conspiran contra la posibilidad de obtener testimonios claros. Los niños, recuerda, no hablan como adultos: sus relatos son fragmentarios, a veces contradictorios, atravesados por el trauma.

Recursos vs. castigo
Por eso insiste en la necesidad de fortalecer el sistema: más recursos, más profesionales, más herramientas para recolectar pruebas. Contrapone esa carencia con modelos idealizados de series como La ley y el orden o CSI, donde existen múltiples instancias de investigación. En la realidad local, señala, muchas veces todo se reduce a una única entrevista tardía.

En ese desfasaje entre la complejidad del delito y la precariedad de las respuestas institucionales, Aranda ubica el verdadero problema. No en una supuesta proliferación de denuncias falsas, sino en un sistema que llega tarde, con pocos recursos y bajo presión, a uno de los delitos más difíciles y más devastadores de abordar.

La voz de Lucrecia Aranda se vuelve más enfática cuando describe el presente y las acciones que impulsan desde la Asamblea lesbotransfeminista de Rosario. En ese marco, anticipa una intervención concreta: una convocatoria frente a tribunales para exigir respuestas urgentes. La demanda, explica, no es abstracta ni declamativa, sino profundamente material: más recursos, más equipos interdisciplinarios, más personal especializado y mejores condiciones para producir pruebas. Todo, con el objetivo de revertir una realidad que considera inaceptable: miles de denuncias que, en su enorme mayoría, no logran traducirse en condenas.

El dato vuelve a aparecer como una herida abierta: cerca de 5.000 denuncias por delitos contra la integridad sexual en un año y apenas un 7,1% de condenas efectivas. Para Aranda, esa brecha no puede justificarse únicamente en el "beneficio de la duda" o en la falta de pruebas. Por el contrario, sostiene que ese funcionamiento termina operando como una garantía de impunidad para los abusadores y como una nueva forma de revictimización para niñas, niños y adolescentes. El daño, insiste, es profundo cuando alguien logra hablar —atravesando miedo, culpa y silencios— y el sistema no responde.

En ese sentido, la exigencia se dirige a todos los niveles del Estado: municipal, provincial y nacional, y también a los tres poderes. Aranda remarca que la obligación de proteger a las infancias está establecida tanto en la Constitución como en las leyes vigentes, y que no puede haber zonas grises en esa responsabilidad. Interpela a la justicia, a la fiscalía, a las áreas de niñez y también al Estado local, señalando la necesidad de una intervención articulada y efectiva.

La movilización no se limita a la calle. También menciona la circulación de iniciativas y campañas para oponerse al proyecto impulsado por la senadora Carolina Losada en el Senado. Desde su perspectiva, esa propuesta no sólo es equivocada en su diagnóstico, sino que resulta directamente dañina: "penaliza, asusta, es una amenaza directa", afirma, interpretándola como un mensaje disuasorio hacia mujeres que podrían denunciar situaciones de violencia propias o de sus hijos.

Disputa política y cultural
Aranda no duda en señalar que detrás de la instalación del tema existe una articulación de intereses. Evita las generalizaciones —aclara que no se trata de "toda" la justicia ni de "todos" los medios—, pero insiste en que hay sectores con poder suficiente para imponer una agenda en cuestión de días. Se pregunta, casi retóricamente, quién puede instalar a nivel nacional un tema sin estadísticas claras que lo respalden, mientras que otros datos —sobre abuso sexual, violencia de género o femicidios— están ampliamente documentados por organismos como la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

En ese contraste, sugiere que la construcción de las "falsas denuncias" responde más a una estrategia que a una realidad verificable. Y, para reforzar su argumento, el periodista introduce un señalamiento político: recuerda episodios protagonizados por la propia Losada durante su carrera pública, en los que —según plantea— se instalaron acusaciones sin sustento, como supuestos vínculos con el narcotráfico del dirigente Maximiliano Pullaro o afirmaciones mediáticas sobre la existencia de venta de bebés en Rosario que nunca fueron comprobadas.

La crítica se amplía cuando aborda el concepto de "recuerdos implantados", una idea que —según advierte— comienza a circular con fuerza para desacreditar testimonios de víctimas. Aranda rechaza esa noción con ironía y firmeza, cuestionando la idea de que niñas y niños puedan ser manipulados como si fueran "depósitos" de relatos ajenos. Reconoce que los testimonios infantiles pueden ser fragmentarios, confusos o incompletos, pero subraya que existen dimensiones —sensoriales, emocionales, corporales— que no pueden ser inventadas ni inducidas fácilmente.
El rol de las mujeres y los estigmas persistentes
Para ella, esta nueva narrativa reemplaza viejos prejuicios. Antes, dice, se desestimaban los relatos bajo la idea de que "los chicos fantasean". Hoy, frente a una mayor conciencia social sobre el abuso, ese argumento perdió eficacia y fue sustituido por otro: el de madres que supuestamente inducen a sus hijos a mentir. Aranda lo considera una forma renovada de estigmatización, que vuelve a cargar la sospecha sobre las mujeres.

En ese punto, su tono se vuelve más íntimo y reflexivo. Describe el dolor que atraviesa a una madre cuando enfrenta la posibilidad de que su hijo o hija haya sido abusado, especialmente cuando el agresor es alguien cercano. Habla de culpa, de devastación emocional, de una experiencia que ninguna mujer desearía atravesar. Desde esa perspectiva, cuestiona con dureza la idea de que una madre pueda inventar una acusación de ese calibre como estrategia.

Sin embargo, no niega la posibilidad de que existan denuncias falsas. Reconoce que pueden ocurrir, como en cualquier otro delito, pero insiste en que para eso ya existen herramientas legales. La clave, señala, no es endurecer penas ni instalar miedo, sino mejorar la calidad de las investigaciones. Ese es, en definitiva, el eje del reclamo: procesos judiciales sólidos, con altos estándares de prueba, recursos suficientes y acompañamiento integral a las víctimas.

La conclusión de Aranda se alinea con toda su intervención: lejos de desalentar la denuncia, el desafío es fortalecerla. Generar condiciones para que niñas, niños, adolescentes y mujeres puedan hablar, ser escuchados y atravesar procesos judiciales que no los vuelvan a dañar. Porque, en su mirada, denunciar no sólo es un acto individual, sino también una forma de proteger a otros.

La escena que se repite: medios, sobreexposición y una voz que intenta correrse
Hacia el final de la conversación, el clima se vuelve más tenso y reflexivo. El periodista introduce una escena casi anticipada: la cobertura mediática que vendrá, los recortes, los titulares, la amplificación de un caso que —advierte— volverá a instalar la idea de denuncias falsas. Nombra, en ese contexto, a la senadora Carolina Losada y a Ricardo Biasotti, como figuras que probablemente serán parte de esa exposición. Y señala, con preocupación, que en el centro de esa narrativa quedará nuevamente una mujer que, ya adulta, intentará evitar la sobreexposición para no ser revictimizada.

Lucrecia Aranda retoma esa idea y la profundiza. Describe a esa mujer como alguien que intenta seguir con su vida, mantenerse al margen, no volver a quedar atrapada en una escena pública que no eligió. Pero, al mismo tiempo, cuestiona el accionar de quienes, en nombre de su propia versión de los hechos, exponen a sus hijos e hijas con nombre y apellido. Esa exposición, advierte, no es inocua: implica hacer públicos aspectos íntimos, forzar relatos, imponer tiempos que no siempre coinciden con los procesos personales. "Cada uno tramita sus dolores y sus traumas de la mejor manera posible", señala, marcando un límite claro entre la decisión individual de contar y la imposición externa.

En ese punto, la conversación gira hacia un aspecto que Aranda considera central: la educación sexual integral. Insiste en su importancia no sólo como herramienta de prevención, sino también de detección y acompañamiento. La define como una política pública que fue injustamente demonizada, presentada como una amenaza cuando, en realidad, ofrece información adecuada a cada etapa del desarrollo. Habla de materiales pensados pedagógicamente, de lenguajes accesibles, de recursos como juegos, canciones y cuentos que permiten a niñas y niños comprender su cuerpo, reconocer límites y diferenciar entre situaciones de cuidado y de riesgo.

Educación sexual integral: herramienta clave
Para Aranda, la Educación Sexual Integral crea un ámbito seguro, especialmente allí donde muchas familias no cuentan con herramientas para abordar estos temas. En la escuela, dice, se habilita la palabra, se construye confianza y se generan condiciones para que los chicos puedan nombrar lo que les pasa. Esa posibilidad, remarca, es clave en contextos donde el silencio suele ser la regla.

Medios, narrativas y percepción social
Sin embargo, vuelve una y otra vez sobre el rol de los medios y la construcción de sentido. Advierte que la repetición sistemática de ciertos discursos —aunque carezcan de evidencia— termina instalando percepciones sociales. Habla de relatos "guionados", de narrativas que se reproducen hasta volverse creíbles, y contrapone esa maquinaria con la experiencia concreta de las personas. Propone, entonces, un ejercicio simple pero contundente: que cada quien revise su propia historia, su entorno, su memoria.

La pregunta que plantea es directa: cuántas situaciones de abuso conoce cada persona en su círculo cercano. No desde estadísticas, sino desde la experiencia cotidiana. Casos más o menos graves, visibles o silenciados, pero presentes. A partir de esa reflexión, construye su argumento central: lo masivo no son las denuncias falsas, sino el abuso sexual. Y contrapone esa evidencia vivencial con la ausencia de ejemplos concretos de falsas denuncias antes de su reciente instalación mediática.

En ese punto, introduce una reflexión atravesada por la ironía sobre la manera en que ciertos temas irrumpen en la agenda pública. "¿Cuándo se había enterado de las falsas denuncias? ¿No? Tal cual", desliza, para luego trazar una comparación: "esto es como lo de los therians". Según plantea, mientras se discutía la reforma de la Ley Laboral —en un contexto de denuncias por pérdida de derechos, abusos y explotación en el trabajo—, emergió de forma repentina un tema que desplazó la atención pública.

Para graficar ese fenómeno, recurre a la idea de asuntos que aparecen como si fueran omnipresentes, aunque no tengan correlato en la experiencia cotidiana. Discusiones que irrumpen de golpe y ocupan la agenda. La metáfora de las "vacas violetas" sintetiza esa lógica: aquello que se presenta como frecuente o extendido, pero que en la vida real no se verifica con la misma intensidad.

En paralelo, recuerda que los datos sobre violencia sexual son persistentes y verificables: abusos, violaciones grupales, femicidios. Realidades que, subraya, se repiten cotidianamente y que cuentan con registros en organismos como la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Frente a eso, cuestiona que el debate público se desplace hacia un fenómeno cuya magnitud no está demostrada.

Más allá del caso: la ofensiva contra los feminismos
La lectura política aparece con claridad en el cierre. Aranda define esta avanzada como parte de un ataque más amplio contra los feminismos y los movimientos de diversidad sexual. No lo limita a una coyuntura local, sino que lo inscribe en una tendencia global que asocia a sectores de derecha con estrategias de desarticulación de lo colectivo. En su interpretación, los feminismos no sólo disputan derechos, sino que construyen comunidad: en comedores, en barrios, en organizaciones, en redes cotidianas de cuidado.

Esa dimensión comunitaria, sostiene, es precisamente lo que se busca erosionar. Frente a ella, se promueve una lógica individualista, donde cada persona queda aislada, responsabilizada por su propia situación. "Sos pobre porque no la viste", resume, citando una idea que atribuye a esos discursos, en contraposición a una mirada estructural sobre las desigualdades.

La entrevista, ya convertida en relato, se cierra con la convocatoria concreta y urgente. El próximo jueves, a las diez de la mañana, en las escalinatas de los tribunales de Rosario, sobre calle Balcarce, la Asamblea volverá a hacerse presente. No como un gesto aislado, sino como parte de una trama de militancia que, incluso fuera de los cargos institucionales, sigue buscando incidir en la agenda pública y en la defensa de los derechos más vulnerados.
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Leila Guerriero: Placas de mentiras

Una distorsión crea una leyenda que se repite al infinito. Como la surgida en Jaén en torno a Ricardo Darín
Por: Leila Guerriero

Al recibir la nacionalidad española, cuando le preguntaron dónde quería situar su origen el actor argentino Ricardo Darín dijo, porque le gustaba el nombre, "Jaén". Ahora, el municipio de esa ciudad lanzó una campaña ingeniosa para poner una placa con la leyenda: "Aquí decidió nacer Ricardo Darín". En un video, algunos jienenses cuentan historias inventadas —ese es el chiste— para argumentar por qué la placa debe colocarse donde ellos sugieren.

El propietario de un local de telas dice que debe ir allí porque "nosotros le hicimos el traje de conejito en su primera obra de teatro". La dueña de una floristería dice que no hay mejor sitio que ese, puesto que "nació aquí, en el portal de al lado". La mujer que atiende una confitería dice que ese es el sitio correcto porque, de niño, "se pasaba aquí todo el día". La ficción está en el origen de la historia de Darín. Cuando tenía siete años, su padre lo llevó a volar un planeador y le dijo: "Ahora va a manejar el avión usted solo. Vire a la derecha". Darín movió la palanca y el avión viró a la derecha. "Vire a la izquierda", y el avión viró a la izquierda. Como no veía las manos de su padre, no le creyó: "Dale, pa, lo estás manejando vos". Entonces su padre levantó las manos y dijo: "Y ahora?". Darín quedó obnubilado. ¿Realidad, mentira, magia?

Una distorsión crea una leyenda que se repite al infinito. La idea del municipio de Jaén juega en el borde y deja el invento en evidencia. Pero como hace rato hemos empezado a no distinguir la broma del dato, algún habitante del futuro podría escribir, muy convencido, algo como: "Darín nació en Jaén, en el portal contiguo a la floristería Aguilera. Se pasaba los días comiendo bollos en la confitería Barranco y parte de su éxito teatral comenzó con el traje de conejo que le hicieron en Tejidos El Carmen". No sería raro. Vivimos en la era del olvido. El pasado es apenas una molestia y, poco a poco, empieza a ser una molestia fácil de modificar.
Foto: Pablo Cuadra - Getty
Fuente: Diario El País

jueves, 16 de abril de 2026

Prensa Rosario alerta por agresiones y presiones en coberturas informativas

El Sindicato de Prensa Rosario (SPR) junto con delegados gremiales de los distintos medios de la ciudad y representantes de las empresas periodísticas se reunieron con el ministro de Justicia y Seguridad, Pablo Cococcioni, en la sede de Gobierno local, para analizar el tema de inseguridad de las y los trabajadores de prensa en las coberturas informativas. El encuentro, al que por primera vez asiste la parte empresaria, es la continuidad de gestiones y reclamos que viene llevando adelante la entidad gremial frente a hechos de hostigamiento o falta de intervención de la propia policía.

La parte gremial, encabezada por el secretario general del SPR, Edgardo Carmona, y los representantes de los medios de comunicación: Multimedios La Capital, Televisión Litoral y Telefe, expusieron todas las situaciones hostiles con movileros de televisión, en particular, y con las y los trabajadores de prensa, en general, de las fuerzas de seguridad dependientes de la provincia, tanto por acción directa como por omisión.

El ministro se mostró receptivo a los planteos, admitió la dificultad que se presenta y, de acuerdo a lo ya enunciado en otras reuniones, propuso avanzar con la elaboración de un protocolo, ya sea de sucesos especiales como cotidianos, dando participación a todos los actores involucrados. Se comprometió, además, a mantener reuniones con la fiscalía para actuar en un mismo sentido y convino en designar un jefe de operativo que ordene la escena del acontecimiento, con quien las y los trabajadores de prensa puedan interactuar.

Carmona señaló también que si bien la situación de Rosario no es idéntica a la de Buenos Aires ­ -donde ya se contabilizan 241 casos de agresiones a periodistas, fotógrafos y camarógrafos, quienes deben usar elementos de protección para resguardar su integridad física- va creciendo en la ciudad, en forma sistemática, un destrato peligroso a las y trabajadores de prensa, en un marco de odio promovido desde el propio presidente y en las redes sociales, que genera un clima poco propicio para un trabajo periodístico con normalidad y respeto.

Además, se planteó a Cococcioni el tema de las presiones sobre las publicaciones y/o coberturas que surgen desde el propio gobierno frente a temas que pretenden que no se cubran o que se les dé un tratamiento determinado, cuando uno de los principios fundamentales de la existencia del periodismo es ser fiel a la información y a trabajar libre de censura, que en muchos casos se transforma de hecho en autocensura.

El SPR solicitará, también, reuniones con la fiscalía y el Ministerio Público de la Acusación frente a las dificultades en la cobertura periodísticas de temas de justicia penal, las que se traducen en limitaciones directas y en una deficiente información producto de esas medidas arbitrarias.

domingo, 12 de abril de 2026

Golpe al periodismo argentino: precarización, violencia y fin del Estatuto

A medio siglo del golpe de Estado de 1976, el trabajo periodístico en Argentina enfrenta un escenario alarmante. La derogación del Estatuto del Periodista Profesional no es un hecho aislado, sino parte de un proceso que erosiona las condiciones básicas de la profesión
En vísperas del 7 de junio -Día del Periodista- de 2025, varios centenares de trabajadores de prensa protestaron en la Plaza de Mayo por los ataques y limitaciones oficiales al ejercicio de la tarea de informar / Foto: Juan Valeiro / Revista Mu 

Por: Bianca De Toni*
El Estatuto del Periodista Profesional, vigente desde 1946, es la principal norma que regula la actividad en la Argentina: establece condiciones laborales, categorías profesionales, derechos básicos y la cláusula de conciencia, clave para garantizar el ejercicio libre del periodismo. Bajo el eufemismo de la "modernización", el Estatuto vuelve hoy al centro del debate a partir de su derogación, mediante el artículo 194 de la Ley 27.742 (Reforma Laboral y Bases), que lejos de abrir una discusión sobre las condiciones laborales del sector, la clausura.

Su derogación no es inocente, sino que forma parte de un entramado de políticas que, desde la asunción del gobierno de La Libertad Avanza, en diciembre de 2023, reconfiguraron el escenario de la comunicación en el país. Las medidas han sido numerosas, de amplio alcance y carácter estructural, adoptadas mayoritariamente por decreto y con efectos regresivos en términos del derecho a la comunicación (1). En ese marco se inscriben, entre otras, la intervención del ENaCom, el vaciamiento del sistema federal de medios públicos, las modificaciones en el acceso a la información pública y la eliminación de las políticas de fomento al sector sin fines de lucro.

En paralelo a estas transformaciones, desde sus primeros días el Gobierno instaló un clima de confrontación que colocó al periodismo como blanco de ataque y que, lejos de atenuarse, se profundizó año tras año. Las agresiones y descalificaciones, emitidas por el propio presidente y altos funcionarios, se dirigieron contra periodistas de distintos colores políticos, al tiempo que se incrementó la violencia digital, especialmente hacia periodistas mujeres. Según el monitoreo de libertad de expresión (2) del Foro de Periodismo Argentino, en 2025 se registraron 278 casos de ataques a la prensa, mientras que en 2024 ya se habían registrado 179, un 53% más que en 2023.

Al hostigamiento simbólico se suman las feroces represiones a manifestaciones sociales en la ciudad de Buenos Aires, en las que los trabajadores de prensa han sido objetivos recurrentes, como ocurrió con el fotorreportero Pablo Grillo, gravemente herido por el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno mientras cubría una protesta de jubilados y organizaciones sociales, y que aún espera justicia un año después.

Este escenario se combina con condiciones estructurales de precarización que atraviesan al sector desde hace años. Datos del Sindicato de Prensa de Buenos Aires indican que en abril de 2025 (3) el 70,48% de los trabajadores de prensa del AMBA percibía ingresos por debajo de la canasta básica, mientras que el pluriempleo alcanzaba al 55%. Aunque se trata de datos concentrados en el área metropolitana, permiten dimensionar las condiciones de precarización en las que hoy se ejerce el periodismo.

El contexto actual no sólo explica el avance sobre el Estatuto, sino que también evidencia la necesidad de discutirlo. El mundo en el que nació el Estatuto ya no es el mismo. La expansión de las redes sociales no sólo modificó las formas de producir y consumir información, sino que también reconfiguró las tareas y rutinas del trabajo periodístico, al tiempo que concentró buena parte del modelo de negocios del sector, generando una crisis de sostenibilidad que se discute a escala global.

En ese marco, el sistema de trabajo sobre el que fue construido -basado en el empleo estable en relación de dependencia- también se transformó. Cada vez son más quienes ejercen la profesión sin patrón, por decisión o por necesidad, mientras disminuyen los puestos registrados. La figura del colaborador, reconocida en el propio Estatuto como una excepción dentro del sistema, hace años dejó de ser marginal, reflejándose en el creciente número de publicaciones firmadas por colaboradores/as en medios tradicionales.

Al mismo tiempo, en los últimos años crecieron y se consolidaron experiencias de medios autogestivos y comunitarios -estos últimos con larga trayectoria en la historia de nuestro país y que alcanzaron reconocimiento legal a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual-, que operan en los márgenes de un sistema de medios altamente concentrado. Estas formas de trabajo ya no son excepcionales ni atípicas, e incluso engrosan las filas de afiliados de los sindicatos de prensa, como ocurre en el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (CiSPren), donde las y los trabajadores autogestivos representan más de la mitad del padrón.

Es así que, la necesidad de discutir el Estatuto se vuelve imperiosa. No sólo en función de las transformaciones tecnológicas, que empujan a los trabajadores a una lógica de multitarea, sino también para que, al igual que en sus orígenes, pueda hacerse cargo de los cambios en la base social del trabajo periodístico, una realidad en la que la protección laboral ya no puede pensarse exclusivamente en términos de relación de dependencia.

A cinco décadas del golpe de Estado, y con la memoria viva de una de las etapas más terribles de nuestra historia que nos recuerda la censura, la persecución, la desaparición y el asesinato de trabajadores de prensa, queda claro que el control sobre la construcción del discurso público fueron herramientas centrales para imponer su proyecto político-económico a través del terrorismo de Estado. Hoy, las condiciones de trabajo periodístico -marcadas por la precarización, el hostigamiento, la represión y el desfinanciamiento- dan cuenta de nuevas formas de disciplinamiento. La eliminación del Estatuto del Periodista Profesional constituye un eslabón más de un proceso que amenaza la libertad de prensa y debilita la capacidad del periodismo para cumplir su rol social y democrático.

Notas:
1.- Las caracterizaciones aquí presentadas se basan en "El autoritarismo libertario: las políticas de comunicación del primer año de gobierno de La Libertad Avanza en Argentina" (Longo, De Toni y Segura, 2025).

*Licenciada y profesora universitaria en Comunicación Social de la FCC-UNC. Becaria doctoral del Conicet en Comunicación. Editora de Enfant Terrible y referente de la Red de Medios Digitales de Argentina.
Fuente: Qué

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