domingo, 1 de marzo de 2026

El acampe azucarero: despidos, silencio y resistencia en el corazón de Jujuy

Durante más de cien días, frente a los portones del Ingenio Ledesma, un grupo de trabajadores sostiene un acampe que ya se volvió parte del paisaje en el barrio Ingenio Ledesma, en la ciudad de Libertador, Jujuy. Allí, en el ramal jujeño, denuncian despidos arbitrarios, persecución sindical y lo que consideran un silencioso avance contra los derechos laborales. Hablan de complicidad patronal, de abandono estatal y también sindical. Y advierten que lo que ocurre con ellos puede ser el anticipo de la reforma laboral que, temen, terminará amenazando al conjunto de la clase trabajadora.

Leonardo Jerez es uno de los despedidos y una de las voces visibles de la protesta charló con Señales. La comunicación con él no fue sencilla. El sábado anterior había sido imposible establecer contacto. Recién una hora después de terminado el programa logró enviar un mensaje con disculpas: desde temprano un temporal feroz había azotado la zona. La carpa no resistió, estaban completamente mojados, sin luz, sin baterías en los celulares y sin señal. En esas condiciones, cualquier intento de comunicación era inviable. La escena, más que una anécdota, describía con crudeza el día a día del acampe.
Días de resistencia
Cuando finalmente pudo relatar la situación, precisó el número: 113 días de permanencia frente a la fábrica. "Hoy son 113 días de acampe, afuera del ingenio", contó, marcando el tiempo como quien lleva la cuenta de una resistencia prolongada. Sostener la carpa —explicó— es complicado, y lo es aún más en términos económicos. La mayoría de quienes permanecen allí son despedidos; algunos fueron delegados, otros simples trabajadores. Todos atraviesan situaciones difíciles, ya sea por la pérdida del salario o por la desocupación. "Es complicado, es difícil el día a día del acampe azucarero", resumió.

El reclamo es claro: la reincorporación. Buscan que el gobierno intervenga y que la empresa asuma responsabilidades. Para Jerez, resulta inadmisible que "una empresa tan grande como Ledesma despida a trabajadores así, porque sí". Asegura que la mayoría de los despidos fueron sin causa.

Hubo gestiones formales. Presentaron notas ante la empresa y en dos oportunidades ingresaron a dialogar con representantes. La respuesta fue una negativa sostenida en lo que, según les dijeron, es una política interna: no reincorporar. "Ellos no están de acuerdo con una reincorporación, es la política de la empresa", afirmó. También acudieron a la Secretaría de Trabajo provincial. Allí quedaron en llamarlos, en avisarles. Pero la llamada nunca llegó. Hasta ahora, dice Jerez, no hubo ninguna respuesta concreta. Esperan que el Estado propicie una instancia de diálogo y se haga cargo de la "situación de vulnerabilidad total" que atraviesan los despedidos.
La ausencia sindical
El silencio, sostiene, es el dato más elocuente. "El silencio es síntoma de que están vendiendo los derechos de los trabajadores", lanzó, apuntando directamente a la burocracia sindical. En más de tres meses de acampe, asegura, no han recibido apoyo del gremio que los representa, el SOEAIL. Tampoco de los municipios ni del Concejo Deliberante. Sectores que, a su entender, podrían intervenir, pero no lo hacen. Cuando habla de silencio como síntoma, aclara, se refiere a quienes deberían velar por sus derechos y no lo están haciendo.

La cifra que circula ronda los 300 despidos. Según su relato, fueron arbitrarios y persecutorios. Muchos de los afectados estaban vinculados a la actividad sindical o social. "La empresa te marca y te despide", sostiene. No quieren —asegura— personas "revoltosas", término con el que, dice, son señalados internamente quienes reclaman o participan. Algunos trabajadores fueron despedidos con causa, pero Jerez afirma que las acusaciones no existen o carecen de sustento. En su mirada, se trata de una empresa que ejecuta despidos sin medir consecuencias.

En una ciudad como Libertador General San Martín, perder el trabajo no es solo quedarse sin salario: es caer en un vacío que arrastra todo alrededor. Leonardo Jerez lo describe sin rodeos. En el contexto económico actual, dice, quedarse sin empleo "es horrible, no se lo desea a nadie". La pérdida condiciona cada aspecto de la vida cotidiana, más aún cuando las alternativas laborales son, en su mayoría, precarias y en negro.

En el acampe aprendieron a sobrevivir vendiendo comida. Choripanes, pollo, platos caseros que preparan y ofrecen para sostener la protesta. Pero Jerez sabe que esa salida es apenas un paliativo. En la zona, explica, las familias son numerosas y la economía local es frágil. En los pueblos cercanos —donde él mismo vive— la subsistencia depende muchas veces de la pesca, la ganadería, la caza y la agricultura. Sin embargo, denuncia que la propia empresa limita esas prácticas: prohíbe cazar, interviene sobre el uso del agua de los ríos y restringe el acceso a recursos naturales. "Es un combo de cuestiones", resume, porque al despido se suma la imposibilidad de apoyarse en actividades tradicionales para compensar la caída del ingreso.
El efecto dominó en El Ramal
El impacto no se detiene en la puerta de cada casa. Jerez habla de un efecto dominó que recorre toda la región de El Ramal. Un trabajador del Ingenio Ledesma que antes gastaba "diez" en el kiosco o en el mercado del barrio, tras el despido pasa a gastar "dos" o "uno", o directamente deja de comprar. Ese comercio, a su vez, reduce personal. Una madre o un padre que atendía el mostrador pierde su ingreso. Y esa familia, entonces, ya no puede pagar la luz ni comprar útiles escolares. La cadena se multiplica en comunidades pequeñas como El Talar y otras localidades de la zona, donde cincuenta despidos no son un número abstracto sino cincuenta hogares —casi doscientas personas— en situación de vulnerabilidad.

La postal urbana confirma esa saturación: mototaxis, remises, conductores de aplicaciones, puestos improvisados en cada esquina vendiendo chorizos o pollos. Todos buscando lo mismo. Jerez advierte que llegará un punto de colapso, porque quienes quedan afuera del ingenio se vuelcan a las mismas actividades informales en un mercado ya sobrecargado. La idea de que cada despedido puede "emprender" por su cuenta, ironiza el trasfondo de su relato, desconoce la escala real de estas economías chicas donde la demanda es limitada y la competencia feroz.
Asamblea, represión y disciplinamiento
A ese cuadro económico se suma, según denuncia, la persecución interna. Los despidos —afirma— golpearon especialmente a delegados y activistas. El grupo inicial de diez trabajadores organizados llegó a sumar setenta personas activas; hoy quedan alrededor de veinte. Los delegados considerados combativos, los que apoyaron el reclamo de reincorporación, fueron suspendidos y expulsados del sindicato por decisión del secretario general. Para Jerez, ese es el ejemplo más claro de la burocracia sindical y del poder que atribuye a la empresa por encima de la estructura gremial. "Salís a luchar y el sindicato que te tiene que defender te expulsa", sintetiza.

La tensión escaló en una asamblea convocada, según relata, para formalizar expulsiones. Ese día intervino la policía. Hubo represión. Un delegado expulsado terminó con el brazo quebrado; otro sufrió un corte. Un abogado laboralista y de derechos humanos recibió un golpe en la cabeza que requirió puntos de sutura. La asamblea no se concretó como estaba prevista, pero dejó heridos y profundizó la fractura interna. Para los trabajadores del acampe, fue un episodio más en una secuencia destinada a desarticular la organización.

Así, entre la intemperie económica y la presión sindical y policial, el acampe azucarero continúa. La disputa ya no se limita a la reincorporación de los despedidos: se ha convertido, en palabras y hechos, en una pulseada más amplia por la supervivencia material y por el derecho mismo a organizarse en una región donde cada decisión empresarial repercute como un temblor en toda la comunidad.
En el corazón del conflicto, la figura del sindicato aparece, en el relato de Leonardo Jerez, atravesada por una palabra que repite sin matices: ausencia. Así define el rol del SOEAIL —el Sindicato de Obreros y Empleados del Azúcar del Ingenio Ledesma— y de su secretario general, Luciano Lezano, frente a los despidos.

Jerez fue despedido el 30 de octubre. Desde entonces, asegura, no hubo un solo comunicado del gremio en defensa de los trabajadores cesanteados. Ese silencio, para él, no es una omisión menor sino la prueba de que la conducción "no existe" en términos de representación real. Sostiene que no están a la altura de las circunstancias y que ni en este conflicto ni en otros cumplen la función que deberían cumplir. En Libertador General San Martín, afirma, no hay representación sindical efectiva para los trabajadores del Ingenio Ledesma.

La sospecha va más allá de la pasividad. Jerez habla directamente de convivencia entre la empresa, la conducción sindical y el poder político provincial. Dice que no cree en las casualidades cuando quienes se organizan y luchan terminan despedidos, perseguidos o expulsados del sindicato, mientras el gobierno guarda silencio. Recuerda que presentaron reclamos ante la Secretaría de Trabajo sin obtener respuestas. Para él, hay una secuencia clara: "el silencio del gobierno, la obediencia del sindicato y la ejecución de la empresa". Una relación consolidada que, según su mirada, se replica en otros niveles del país, donde —señala— ciertas centrales sindicales negocian y dosifican sus medidas frente al gobierno nacional.
¿Ensayo de reforma laboral?
En ese marco, lo que ocurre en Ledesma no sería un conflicto aislado ni coyuntural. Jerez sostiene que allí ya se practica, de hecho, la reforma laboral impulsada por Javier Milei. Enumera situaciones concretas: jornadas en las que los trabajadores se presentaban a cumplir tareas pero, por lluvia, eran enviados a sus casas sin cobrar; horas extras que a veces se pagaban y otras veces se compensaban discrecionalmente; un sistema de "banco de horas" que desdibuja los límites de la jornada; indemnizaciones mal liquidadas; despidos "baratos" que reducen costos empresariales; persecución sindical como método para desarticular la organización obrera.

Las condiciones de trabajo, describe, rozan la insalubridad: temperaturas de 45 o 50 grados manejando tractores sin aire acondicionado; yuyos hasta el pecho en el riego de la caña; cosechas a la intemperie, en campos con ratas y víboras. Para él, no se trata solo de precarización sino de vulneración directa de derechos laborales y constitucionales. "El reflejo de la reforma laboral está aquí", insiste, convencido de que la empresa viene ensayando desde hace tiempo prácticas que ahora encuentran un marco normativo más amplio.
Poder económico y poder político
Jerez va incluso más lejos al hablar del peso histórico y político del grupo empresario. Señala que Ledesma es una compañía con más de un siglo de historia, con contactos políticos directos y una influencia que, a su entender, atraviesa la vida institucional de Jujuy. Llega a decir que es "el partido político que gana las elecciones sin participar", una forma de expresar la centralidad que atribuye al poder económico en la provincia.
En Libertador General San Martín, el ingenio no es solo una fábrica: es historia, economía y memoria. En julio de 1976, durante la última dictadura militar, los cortes de energía que precedieron a los secuestros masivos quedaron grabados como “La Noche del Apagón”. Entre el 20 y el 27 de julio de ese año, en operativos realizados en la zona, más de 400 trabajadores, estudiantes, militantes y sindicalistas fueron secuestrados; muchos de ellos continúan desaparecidos. Organismos de derechos humanos denunciaron la participación de la empresa en aquellos hechos.

Desde entonces, el nombre de Ledesma carga con un capítulo oscuro que todavía resuena en la región. El reclamo por memoria, verdad y justicia sigue vigente.

Esa densidad histórica atraviesa también el presente: cada conflicto laboral se inscribe en una trama donde empresa, poder político y comunidad se superponen.
En su análisis, lo que sucede en el ingenio forma parte de un proceso más amplio. Menciona conflictos en otras empresas, como FATE y Lustramax, y habla de miles de fábricas cerradas en el país. No ve hechos aislados sino luchas entrelazadas. Lo que pasa en Ledesma, afirma, pasa también en FATE; lo que ocurre en FATE se replica en otros establecimientos. Precarización, límites a la organización sindical, presión sobre los salarios y las condiciones laborales: los mismos golpes, dice, recaen sobre distintos sectores de la clase trabajadora.

Desde el acampe, esa lectura se vuelve horizonte político. La pelea por las reincorporaciones se inscribe, para Jerez y sus compañeros, en una trama mayor donde se disputa el modelo laboral. Por eso, insiste, la lucha no es solo local. Es parte de una resistencia que se reconoce en otros puntos del país, unida por la convicción de que lo que está en juego excede los portones del ingenio y alcanza a toda la clase trabajadora.

La represión no fue un episodio aislado ni una mera formalidad de control. Cuando la policía intervino en la asamblea, no solo impidió el ingreso de los trabajadores: avanzó. Hubo heridos. Brazos quebrados, cabezas partidas, cortes provocados con armas blancas. Leonardo Jerez lo cuenta sin dramatismo impostado, pero con la firmeza de quien busca dejar claro que el mensaje no fue casual. Para él, la intervención tuvo un contenido político, gubernamental y patronal.
No queremos subsidios, queremos trabajar
El sentido de esa acción, interpreta, fue disciplinar. "Que sepan que nosotros tenemos el control", traduce en palabras el mensaje que, a su entender, se quiso imponer. Un control que no solo se ejerce sobre el espacio físico de la asamblea sino sobre la propia institución sindical, que —remarca— pertenece a los trabajadores y no a quienes hoy la conducen. Lo que está en juego, insiste, es el derecho a reclamar por algo elemental: trabajar. Nadie pide subsidios ni "migajas", subraya; lo único que exigen es volver a sus puestos.

En paralelo, el rol del gobierno provincial aparece, hasta ahora, marcado por el silencio. Los trabajadores presentaron notas ante la Secretaría de Trabajo y aguardan una convocatoria que nunca llegó. Jerez dice confiar en que la administración jujeña actúe con la "sensibilidad social" que en otras ocasiones invocó públicamente, por ejemplo frente a conflictos vinculados con la empresa de energía EJESA. Recuerda que incluso él mismo participó de reclamos por el mal servicio eléctrico y que entonces se habló de empatía con los ciudadanos.

Pero en este caso, hasta el momento, no hubo intervención concreta. Jerez espera que el gobierno convoque a las partes, propicie el diálogo y destrabe el conflicto. Señala que detrás de cada despedido hay niños, niñas, abuelos; que el impacto social debería ser suficiente para encender alarmas oficiales. Sin embargo, el acampe continúa sin una respuesta formal. La perspectiva, advierte, es seguir. No regresarán a sus casas con las manos vacías.

Después de tantos días, lo que los sostiene —dice— es la familia y la convicción de que la clase trabajadora organizada puede torcer decisiones. La lucha se alimenta del plato de comida que falta en cada mesa y del deseo de recuperar un trabajo digno. También, agrega, del respeto propio. No se trata solo de salarios sino de dignidad.
La condición para levantar la medida es clara: reincorporación o una solución efectiva impulsada por el Estado. No pueden permanecer sin empleo. Jerez pone como ejemplo reciente la expansión empresarial del grupo propietario del Ingenio Ledesma, que adquirió en pocos meses los ingenios Concepción y Trinidad, en Tucumán, por sumas millonarias. Frente a ese poder económico, pregunta con ironía cómo puede resultar imposible reincorporar a un puñado de trabajadores.

El acampe, afirma, también afecta la imagen de la empresa, históricamente cuidadosa de su reputación. Desde allí, desde la carpa, los despedidos cuentan lo que sucede. Sostiene que el conflicto ya trascendió las fronteras locales y se conoce en todo el país. Por eso, insiste, no habrá levantamiento sin una respuesta favorable a los trabajadores. El reclamo es uno y no se negocia: volver a trabajar.

Cuando se le pide un mensaje para otros trabajadores que atraviesan situaciones similares, Leonardo Jerez no duda: organizarse. Habla desde la experiencia y desde una historia personal que se entrelaza con la del conflicto.

El 30 de octubre fue su último día en el Ingenio Ledesma. Había trabajado doce años allí. En la última zafra manejaba un tractor en la cosecha de caña: la máquina cosechadora cargaba los carros que él trasladaba hasta los camiones; esos camiones llevaban la materia prima al ingenio, donde se transformaba en azúcar, papel, alcohol, bioetanol y otros derivados. Conoce cada tramo del circuito productivo. Y en los últimos cuatro meses antes de su despido, mientras cumplía esa rutina, empezó a conversar cada vez más con sus compañeros.

Dice que siempre habló, que siempre planteó cómo enfrentar determinadas situaciones. Por eso —asegura— lo "marcaron". En esos meses finales preguntaba a los changos qué harían si la empresa avanzaba, cómo podrían responder colectivamente. Una de sus propuestas era clara: generar un problema a la empresa sin arrojar una sola piedra. Pensaba en un acampe azucarero, en una permanencia pacífica, en un encadenamiento que hiciera visible el conflicto sin recurrir a la violencia.

Estuvo doce años en la empresa, pero fue en ese último tramo cuando comenzó a organizar con mayor intensidad. Y entonces, relata, la empresa hizo lo suyo. Lo despidió solo a él, en su pueblo y en su sección, pese a que el ingenio está compuesto por múltiples áreas: cosecha, riego, mecánica, tractoristas que preparan el terreno, operadores de motoniveladoras y de cosechadoras. Un universo amplio de trabajadores. Sin embargo, en octubre, el despedido fue él.
Organizarse antes del despido
Desde esa experiencia, el consejo que ofrece es concreto: que los trabajadores activos empiecen a organizarse ahora, que se reúnan, que debatan y que planifiquen cómo actuar ante un eventual despido. "Lo único que nos va a salvar somos nosotros mismos", repite. Sostiene que la clase trabajadora no maneja fortunas ni aparatos clientelares; que no puede comprar voluntades con mercadería o dinero. La única herramienta es la organización y la unidad.

El acampe se sostiene con lo que producen y con la solidaridad. Venden comidas y tortillas en la vereda del ingenio. Mantienen un fondo de lucha para quienes quieran colaborar. El alias es Lucha.Azucarera, a nombre de Cristian Leonardo Ramón Jerez. Cualquier aporte, por mínimo que sea, ayuda. La escena cotidiana es austera: una carpa bajo los árboles, colchones, sillas, mesas, una conservadora con hielo que acerca la gente, algunos paquetes de arroz. Allí comen y allí viven.

Jerez es del Talar, a 65 kilómetros. Viajar ida y vuelta implica un gasto que hoy no puede afrontar con facilidad: catorce mil pesos que equivalen, calcula, a dos días de comida en el acampe. Permanecer lejos de su casa, en situación de calle, es duro. Pero insiste en que la medida no se levantará sin una respuesta favorable: reincorporación, cese de los despidos, respeto a la clase trabajadora y a sus familias.

Antes de despedirse, su mensaje vuelve al punto de partida: arriba la unión de los trabajadores, arriba la organización. En su convicción, no hay salvadores externos. Son los propios trabajadores quienes deben reunirse, debatir y sostenerse entre sí. Esa certeza es, junto al plato de comida que falta en cada mesa, el motor que mantiene en pie el acampe azucarero.

Bajo la intemperie, con la precariedad a cuestas y la incertidumbre como horizonte, el acampe continúa. Más de cien días después, la carpa sigue siendo refugio y símbolo. Allí, frente a los portones del ingenio, los despedidos insisten en que su lucha no es solo por sus puestos de trabajo, sino por lo que consideran un límite necesario ante un modelo que avanza, silencioso, sobre derechos que creían conquistados.

El viento mueve la lona y hace crujir los palos de la carpa. A lo lejos, el ingenio respira como una bestia vieja, constante.

De un lado, el capital imponente y centenario. Del otro, veinte hombres que no quieren irse a casa derrotados.

La historia grande parece escribirse puertas adentro. Pero cada mañana, frente a los portones, alguien vuelve a cebar mate y a decir que no se rinde.

Y mientras esa escena exista, el conflicto seguirá vivo.

Escuchá la entrevista completa:

sábado, 28 de febrero de 2026

Fuerte recorte en Radio Nacional Esquel: trabajadores cuestionan al gobierno de Milei por la centralización y pérdida de producción local

Desde la asunción del gobierno de Javier Milei, Radio Nacional atraviesa un proceso sistemático de ajuste y centralización que amenaza el carácter federal y plural del medio público, con recortes de personal, reducción de programación local y alineamiento con la agenda oficial
Las y los trabajadores de LRA9 Radio Nacional Esquel expresaron su preocupación ante los cambios en la programación que comenzarán a regir el lunes 2 de marzo y que implican una marcada reducción de la producción local.

Según detallaron, la nueva grilla contempla una sola hora de programación local por la mañana, un programa provincial en la segunda mañana, algunos espacios por la tarde y apenas dos horas nocturnas. Esto representa, señalaron, un recorte significativo respecto de la histórica producción propia de la emisora.

Además, indicaron que toda la programación adoptará nombres genéricos a nivel nacional, con predominancia de voces de LRA1 Nacional Buenos Aires. De acuerdo al comunicado, esta centralización elimina denominaciones locales y limita la construcción de una identidad artística y cultural propia.

Las y los trabajadores consideraron que estas decisiones afectan el carácter federal de la radio pública, reducen la representación regional y restringen los espacios destinados a reflejar la realidad de la comunidad.

En este contexto, señalaron que desde hace 19 meses no se desarrollan paritarias y que los salarios permanecen congelados, actualmente por debajo de la línea de pobreza. Asimismo, informaron que desde el 1 de septiembre de 2025 la frecuencia FM 88.7 se encuentra fuera del aire por un desperfecto técnico aún no resuelto por las autoridades.

A estas situaciones se suman, agregaron, decisiones anteriores de LRA1, entre ellas:
  • Cierre de las redes sociales propias de cada emisora.
  • Limitación del acceso a la libre redacción de noticias locales en la página web.
  • Suspensión de convenios de emisión con instituciones intermedias y organizaciones sociales de la región.
Finalmente, remarcaron que Radio Nacional Argentina es la red federal de emisoras públicas más importante del país y que su fortaleza radica en la diversidad y en la producción local de cada una de sus 49 estaciones. En ese marco, reafirmaron su compromiso con la audiencia y solicitaron que se revisen estas decisiones para garantizar el carácter federal e identitario que históricamente ha definido a LRA9 Radio Nacional Esquel.

Centralización y ajuste en Radio Nacional: despidos, recortes y alineamiento político debilitan el federalismo y la pluralidad del medio público en todo el país
Desde la asunción del gobierno de Javier Milei se viene desarrollando un proceso sistemático de ajuste y centralización en Radio Nacional, emisora que integra Radio y Televisión Argentina (RTA), actualmente bajo intervención. En ese marco se concretó la no renovación de más de 500 contratos a fines de 2023, posteriores despidos y desvinculación de directores de emisoras provinciales, junto con la implementación de planes de retiros voluntarios. Estas medidas implicaron una fuerte reducción de personal y afectaron de manera directa la producción periodística y cultural en todo el país.

Paralelamente, se levantó gran parte de la programación propia en distintas emisoras del interior. Las FM de cada filial dejaron de producir contenidos locales y fueron obligadas a retransmitir la señal de las FM de Radio Nacional de la ciudad de Buenos Aires, profundizando la centralización y debilitando el histórico carácter federal de la emisora. A esto se suman problemas técnicos y falta de mantenimiento en varias AM, que en algunos casos debieron trasladar su programación a las FM o reducir horarios en vivo, priorizando música o retransmisiones desde la sede central. 

En el plano digital, la situación también refleja la pérdida de pluralidad: la página oficial www.radionacional.com.ar muestra principalmente noticias positivas sobre el gobierno de Milei, con reiteradas imágenes del Presidente y cobertura centrada en legisladores de La Libertad Avanza. 
Este sábado 28 la web imprime una entrevista a la senadora Patricia Bullrich y otra a su esposo, el actor Guillermo Yanco. Este panorama consolida una clara pérdida de pluralismo, diversidad de voces y federalismo, transformando a un medio público que históricamente perteneció a toda la ciudadanía en una plataforma alineada a un sector político específico.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Derogar el Estatuto del Periodista es debilitar la democracia

La mal llamada "Ley de Modernización Laboral", podría derogar la Ley 12.908. "Nuestros legisladores cometerán un grave atentado a la libertad de expresión, violando principios constitucionales. La defensa del periodismo es vital por ser una tarea básica del sistema constitucional", afirma Rodríguez Villafañe
Por: Miguel Rodríguez Villafañe
A principios del siglo XX, los medios de difusión habían pasado de ser una expresión de perspectivas desarrolladas por militantes de una idea o creencia -un trabajo presentado con visiones románticas de militancia de una causa-, a tener un gran desarrollo como estructuras económicas en las que, las lógicas comerciales y el ánimo de lucro tenía centralidad y los ingresos ya no dependían solo de objetivos valiosos compartidos por los integrantes del medio. 

Periodista y empresa periodística
Entonces, la tarea de prensa evidenció claramente y de manera general, una división entre propietario del medio o agencia de noticias, que obtenía ganancias del mismo y los trabajadores de la información, que se desempeñaban en dicho medio y cobraban sueldo. La diferenciación económica, entre el periodista profesional y aquel que, siendo dueño del medio, manejaba el negocio de la prensa se mostraba entonces, en toda su crudeza.  

Todo ello desencadenó una división, en un periodismo profesional ejercido por los que trabajan en medios de difusión -en relación de dependencia- o con los medios de difusión como colaborador, entre otras modalidades y el periodismo profesional ejercido por los dueños de los medios de difusión.

Lo referido obligó a una lucha por plasmar en Estatutos o normas, derechos y deberes, propios de una relación que se presentaba con lógicas de patrón-empleado. 

Federación Argentina de Periodistas
En Argentina, en 1938, se crea la "Federación Argentina de Periodistas", el momento era difícil y con actitudes peyorativas de algunas patronales para con la tarea periodística y sus reivindicaciones laborales. El periodista profesional y gremialista Octavio Palazzolo contó que, en el "año 1919, cuando al hacer nuestra primera presentación como periodistas agremiados ante el director-propietario de una poderosa empresa, nos respondió que a los periodistas los reemplazaba con ordenanzas de la casa".

Eran necesarias regulaciones que ayudaran a dignificar laboral y económicamente a las mujeres y hombres que llevaban adelante la profesión periodística, en la relación trabajo y capital. Pero, además, ello era y es de particular importancia para garantizar la no contaminación de la información y su contenido, en base a los intereses económicos del medio de difusión como patronal.

Estatuto del Periodista 
El 25/03/1944, por el Decreto 7618, se dicta el "Estatuto del Periodista Profesional" que, en 1946, lo ratifica la Ley 12.908. 

La norma implicó una protección especial de los periodistas profesionales, por sobre las leyes generales de trabajo, ya que la tarea del periodista profesional implica un trabajo que, dada su particularidad, merece una protección jurídico especial, que supera lo meramente laboral. 

Los y las periodistas profesionales lograron así una estabilidad en su trabajo reforzada, en virtud de lo cual se les otorgó una protección contra despidos por opiniones o publicaciones; el derecho a una indemnización agravada por despido sin causa; a preavisos especiales y el reconocimiento de la especialidad de funciones.

También se les garantizó una jornada limitada, salarios mínimos profesionales por categoría y se determinó la prohibición de precarización mediante formas indirectas de contratación.

Al respecto, la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) sostuvo, que la indemnización agravada era válida y constitucional, no era un privilegio, (Fallos 282:230). Un periodista sin estabilidad económica y protecciones especiales es vulnerable a presiones directas o indirectas. Y un periodismo vulnerable debilita el sistema republicano. La protección opera como una garantía estructural para la libertad de información, evita la autocensura y los despidos arbitrarios.

 La Ley 12.908, durante 80 años, estableció un sistema de protección orientado no a otorgar privilegios corporativos, sino a blindar institucionalmente la importante función social e institucional del periodismo. El Estatuto, si bien puede perfeccionarse, atento los avances de las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), ello no es solo un tema laboral, sino que deben analizarse en profundidad los cambios, con participación de todos los sectores, para resguardar el derecho fundamental de la sociedad a estar informada, porque es un pilar democrático básico para la conformación de una verdadera opinión pública, en una democracia plural.

El Estatuto nunca fue un privilegio sectorial, sino una construcción histórica destinada a proteger la independencia del periodismo frente al poder político y el económico y garantizar la dignidad en la tarea.

Siglo XXI
El siglo XXI vino con grandes avances tecnológicos en materia de información y comunicación como Internet, redes sociales y particularmente, con la presencia de la inteligencia artificial (IA).

Además, el periodismo profesional poco a poco en sus garantías fue perdiendo impulso y cada vez más, aparecieron medios de difusión en los que no se garantizaba la relación de dependencia del periodista, se los tenía como monotributistas o de manera informal. 

Para dolor de la historia de la libertad de expresión, lo que describió Octavio Palazzolo, en 1919, cien años después, se repite ante nuevas realidades, pero con razonamientos similares en el fondo. Así, el dueño de un periódico de Córdoba me dijo, que "ahora podría despedir a la mayoría de los periodistas, ya que con dos de ellos y la inteligencia artificial puedo armar exitosamente y difundir mi medio de comunicación".

Gobierno de Javier Milei
A lo antes referido, propio de la dinámica de este siglo XXI, se suma que el sistema de extrema derecha anarquista que quiere imponer en Argentina la precarización de la educación, complicar el acceso a la información y condicionar la transparencia del accionar gubernamental. En esto último, particularmente, se ataca entonces a quienes se ocupan de informar, como son los y las periodistas.

En esa estrategia el presidente Javier Milei ha sostenido, que "no se odia lo suficiente a los periodistas" e invita a no creerles y los trata de "cerdos" o "excrementos ensobrados", entre otros epítetos degradantes. Aún más, llegó a decir que hay varios periodistas a los que "le gustaría tirar a la hoguera".

Además, Milei lanzó, en febrero de 2026, la "Oficina de Respuesta Oficial" en la red social X, un verdadero "Ministerio de la Verdad". Esta oficina busca contrarrestar otras narrativas y fortalecer el relato oficial. O sea, quiere imponer desde el gobierno lo que debe ser tenido como la única información verdad.

Derogación del Estatuto
Ahora, la mal llamada "Ley de Modernización Laboral", que se aprobaría esta semana, deroga "la Ley 12.908 y sus modificatorias a partir del 1 de enero de 2027", (art. 193). Nuestros legisladores cometerán un grave atentado a la libertad de expresión, violando también principios constitucionales básicos como el de "progresividad" al eliminar el Estatuto del Periodista.

En el marco de cuestiones relacionadas con el derecho del trabajo la CSJN ha dicho, que "el principio de progresividad" veda al legislador la posibilidad de adoptar medidas injustificadas, que hagan retroceder derechos fundamentales consagrados, porque no solo es un principio central de los Derechos Humanos, sino también una regla propia de nuestro texto constitucional en la materia, (Fallos: 338:1347; 331:2006; 328:1602 y 327:3753).

La defensa del periodismo es vital por ser una tarea básica del sistema constitucional como representantes implícitos de la sociedad para el acceso a la información y dar a conocer la misma. El debilitamiento de sus condiciones materiales de ejercicio no puede considerarse como una mera reforma laboral, sino que tiene profundas y graves implicancias, que no se puede tolerar que se den.
Miguel Julio Rodríguez Villafañe es abogado constitucionalista y periodista de opinión

lunes, 23 de febrero de 2026

Glaciares bajo la lupa del gobierno: riesgo de retroceso ambiental en Argentina

En tiempos donde el agua vuelve a estar en disputa, el nombre de Marta Maffei resuena con la fuerza de las luchas que no prescriben. Histórica dirigente sindical, ex diputada nacional y una de las principales impulsoras de la Ley 26.639 —la primera norma en el mundo en proteger de manera integral los glaciares y el ambiente periglacial como reservas estratégicas de agua dulce—, su trayectoria quedó marcada por una convicción: el agua no se negocia.

Hace quince años, aquella ley sancionada en el Congreso de la Nación Argentina se convirtió en un hito jurídico y político en defensa de las comunidades cordilleranas y de un bien común esencial. No fue una concesión: fue una conquista colectiva, tejida junto a científicos, asambleas socioambientales, productores vitivinícolas y organizaciones sociales. Una norma que debió resistir vetos presidenciales, presiones empresarias y embestidas judiciales antes de consolidarse como referencia internacional en materia ambiental.

Hoy, en un escenario donde el gobierno de Javier Milei impulsa reformas que podrían debilitar esa protección, la voz de Maffei vuelve a cobrar centralidad. ¿Qué se pone en riesgo cuando se flexibilizan los límites al extractivismo? ¿Qué significa hablar de soberanía en un país atravesado por la crisis climática? ¿Quién garantiza el derecho al agua?

Sobre esas tensiones, las batallas del pasado y los desafíos del presente, conversamos con ella en Señales, por Aire Libre Radio Comunitaria.

Una derogación que ya se intentó —y fracasó
Al comienzo de la entrevista, Maffei recuerda que la derogación ya se intentó antes. Señala que durante la presidencia de Mauricio Macri hubo intentos en ese sentido y que, incluso en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, se produjo un veto en medio de una fuerte disputa que buscaba impedir que la ley fuera eliminada. Aquellas ofensivas, explica, fracasaron: "Se dieron cuenta de que la derogación no iba a andar porque iba a levantar mucha polvareda".

Por eso, sostiene, el camino actual es otro: una modificación que en los hechos funcionaría como una derogación encubierta, o incluso algo peor. Según describe, la propuesta implicaría delegar funciones sistémicas del Estado nacional —establecidas en la Constitución— a las provincias, con "absoluta discrecionalidad y sin límites de ninguna naturaleza". Para Maffei, el problema no es solo quitar una norma, sino bajar los estándares de control y debilitar las políticas nacionales de protección ambiental en un país que, de por sí, tiene pocas y "claramente insuficientes".

El mundo entero está prestando atención a esto. Las Naciones Unidas han enviado un mensaje claro a los gobiernos para que entiendan lo importante que es proteger los glaciares. No fue solo un gesto, sino algo muy serio. El año pasado se declaró el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, y se hizo hincapié en la palabra "conservación" porque es muy importante que los glaciares estén protegidos.

De la eliminación directa al vaciamiento encubierto
Pero el tono se ha vuelto aún más severo. En enero de este año, Naciones Unidas habló en términos económicos para describir la crisis: "bancarrota hídrica". El concepto no es metafórico, advierte Maffei, sino la constatación de una quiebra global del agua, con agotamiento de fuentes en acuíferos y glaciares. Agricultura intensiva, expansión urbana, destrucción de humedales, consumo industrial exacerbado y contaminación severa figuran entre las causas señaladas.

Las cifras hablan por sí solas. 2.000 millones de personas no tienen acceso garantizado a un mínimo de agua. Y el 75% de la población mundial vive en países con escasez de agua. El deterioro de las fuentes de agua es ahora mayor y más rápido que en los últimos cincuenta años. El mensaje es directo: si la humanidad quiere sobrevivir a la "multicrisis" que ha generado, debe renegociar su contrato con la naturaleza y evitar el colapso hídrico. Sin rescatar el agua, no hay posibilidad de vida. En algunos casos, advierte, el punto de no retorno ya fue cruzado.
El mundo en alerta: la "bancarrota hídrica"
Maffei se detiene en un ejemplo que desarma la idea de que la preocupación ambiental es patrimonio exclusivo de activistas. En Inglaterra —recuerda— la alarma es concreta. Al ser una isla, cualquier ascenso del nivel del mar implica un riesgo estructural. Y el derretimiento glaciar contribuye inevitablemente a esa subida.

Allí funciona la agencia meteorológica del Reino Unido, el organismo científico con la serie de datos climatológicos más antigua del mundo. En 2020, ese organismo publicó un estudio que advertía sobre el ritmo acelerado del calentamiento y proyectaba que hacia 2050 el país podría alcanzar temperaturas de 40 grados, algo inédito en su historia.

La proyección quedó vieja antes de tiempo. En 2022, no en 2050, Inglaterra registró 40 grados y murieron 3.000 personas como consecuencia de esa ola de calor. El informe había sido firmado por 37 investigadores que, además de anticipar el escenario, advirtieron al Ejecutivo que no existían resultados que demostraran una buena ejecución en materia de adaptación. El progreso, señalaron, avanzaba demasiado lento, se había detenido o incluso iba en la dirección equivocada.

Para Maffei, esa advertencia trasciende fronteras. No es una discusión ideológica ni sectorial. Es un diagnóstico científico que interpela a los gobiernos y expone la fragilidad de los sistemas frente a la crisis climática. En ese marco, insiste, debilitar una ley que protege reservas estratégicas de agua dulce no es un detalle técnico: es una decisión que se toma en un mundo que ya reconoce estar al borde del colapso hídrico.

Inglaterra como advertencia: cuando la proyección se vuelve tragedia
La advertencia de los científicos británicos no se detiene en las proyecciones de temperatura. También habla del mar. Según detalla Marta Maffei, los informes señalan que el aumento continuado del nivel oceánico ya supera los 10 centímetros —y en algunos casos los 30— por encima del promedio del año 2000. Ese ascenso, explican, está agravando la erosión costera y multiplica el riesgo cierto de inundaciones y derrumbes significativos en las costas.

Para Maffei, el punto es claro: no se trata solamente de lo que digan las Naciones Unidas, ni de la voz de un grupo de ambientalistas. Tampoco es una preocupación exclusiva del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, que reúne a 1.400 científicos de todo el mundo. Incluso —subraya— las agencias más conservadoras, entre comillas, están reconociendo la magnitud del riesgo.

La pregunta, entonces, se desplaza inevitablemente hacia la Argentina. ¿Qué hizo el país en este tiempo? ¿Mejoró los estándares de protección? ¿Impulsó alternativas creativas para morigerar el cambio climático? La respuesta de Maffei es tajante: "No hizo absolutamente nada". Y va más allá: las pocas herramientas existentes, como la Ley de Protección de Glaciares, hoy se intentan desnaturalizar. No se animan a derogarla, insiste, pero buscan vaciarla de contenido.

Allí aparece lo que define como un "inmenso abismo sociocultural". De un lado, la comprensión del conflicto generado por la acción humana: entender el riesgo, la crisis y su impacto directo sobre el agua, es decir, sobre la vida misma. "No estamos diciendo que se van a acabar determinados pinos o que se van a secar los alerces", grafica. "Estamos diciendo que se va a terminar el agua o se va a ir al mar, que es casi exactamente lo mismo". Porque todo derretimiento glaciar —recuerda— termina en las cuencas hídricas y finalmente en el océano.

Desde esa concepción, sostiene, la respuesta debería ser de cuidado y protección, apoyada en evidencia científica sólida. Pero del otro lado existe un sector que subordina el riesgo a la ganancia. ¿Cómo lo hace? Negando la existencia misma del riesgo y promoviendo acciones —incluidas reformas legales— que establecen, en los hechos, un sistema discrecional para no proteger bienes comunes y sí resguardar los intereses económicos de corporaciones extractivas.
La Argentina frente al desafío: escasez y desprotección
La modificación en discusión, advierte, no solo alteraría la ley específica de glaciares: cambiaría parámetros constitucionales y principios básicos del derecho ambiental argentino, como el de no regresión. También entraría en contradicción con la Ley 27.520, una norma reciente de presupuestos mínimos para la protección y adaptación al cambio climático. En su artículo 10, esa ley establece la obligación de garantizar la coherencia y transversalidad climática en toda la legislación nacional, en línea con los compromisos asumidos por la Argentina en materia de protección del clima. Es un mandato obligatorio de integración normativa.

Sin embargo, según Maffei, nada de eso se está cumpliendo. Recuerda que la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas presentó una nota formal al Poder Ejecutivo invocando la Ley 25.831, que garantiza el acceso a la información ambiental. Esa norma obliga al Estado a brindar detalles sobre los fundamentos técnicos y científicos que sustentan cualquier proyecto que pueda afectar el ambiente.

El pedido fue concreto: conocer cuáles fueron los parámetros y estudios considerados para impulsar la reforma. Era, según describe, una necesidad imperiosa de transparencia. La respuesta del Poder Ejecutivo, concluye Maffei, fue el silencio. No hubo contestación alguna.

Para Marta Maffei, lo más inquietante no es solo el contenido del proyecto sino el vacío que lo rodea. En el expediente —asegura— no se acredita un solo estudio técnico, no hay dictámenes científicos, no existe análisis jurídico alguno sobre las consecuencias que generaría la reforma. Tampoco hay información precisa que responda a los puntos solicitados por la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas. No hay documentación respaldatoria que permita afirmar: "tomamos esta decisión en base a este informe, a esta evidencia, a esta técnica". No hay nada. "Es un expediente administrativo que carece de información documentada", resume.

El proyecto, explica, introduce una fórmula que para ella resulta insólita: afirma que se protegerán los glaciares y ambientes periglaciales que demuestren "relevancia hídrica efectiva", es decir, que acrediten ser verdaderas reservas de agua. Maffei no oculta su desconcierto: le resulta incomprensible que alguien pueda poner en duda que un glaciar, por definición, es una reserva hídrica.

Pero la cuestión no termina allí. La determinación de esa "relevancia" ya no quedaría bajo un presupuesto mínimo nacional aplicable a todos los glaciares del país, sino que sería definida por cada provincia. Cada jurisdicción decidiría qué glaciar tiene importancia hídrica y cuál no.

Federalismo de conservación: lo que dijo la Corte Suprema
El esquema va todavía más lejos. El proyecto habilitaría a los gobiernos provinciales a indicarle al Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales —el organismo técnico que durante quince años realizó el Inventario Nacional de Glaciares— que elimine del registro aquellos cuerpos de hielo que, a juicio provincial, no posean relevancia. Y si el instituto no lo hiciera, la provincia podría igualmente avanzar con decisiones que habiliten su utilización, contaminación o incluso destrucción. "Nunca vi una ley que contradiga una constatación científica y le ordene a un instituto técnico que borre una verificación", advierte.

Para Maffei, esa lógica instala una discrecionalidad sin límites. Cuando el texto se refiere a la posibilidad de autorizar emprendimientos —mineros, de fracking u otros— establece que la provincia podrá habilitarlos si, tras una evaluación propia, concluye que la relevancia hídrica es baja y que el proyecto no altera "de modo significativo" el ambiente periglacial o su estabilidad. ¿Qué significa alterar de modo significativo? El proyecto no lo define. No fija parámetros, no determina cómo se mide ese impacto.

El agua no reconoce fronteras: cuencas compartidas y conflictos provinciales
La entrevistada interpreta esa indefinición como una forma de desprotección encubierta. "Parecen pocas palabras agregadas a un proyecto, pero buscan hacer desaparecer la protección", sostiene. Formalmente, la Argentina seguiría teniendo una ley de glaciares; en la práctica, la tutela se vaciaría de contenido.

En ese punto, Maffei introduce el plano constitucional. Recuerda que la reforma de 1994 incorporó avances relevantes en materia ambiental y que el artículo 41 de la Constitución estableció el sistema de presupuestos mínimos: la Nación fija estándares básicos de protección que rigen en todo el territorio, sin alterar el dominio provincial sobre los recursos, pero garantizando que cualquier persona —nazca donde nazca— cuente con un piso común de tutela ambiental. Las provincias pueden complementar y mejorar esos estándares, nunca reducirlos.

La lógica es sencilla, dice. Si se otorga discrecionalidad absoluta sobre el agua a provincias como Mendoza, San Juan o La Rioja, las consecuencias no se agotan en sus fronteras. El agua no reconoce límites políticos. Lo que se decida aguas arriba puede dejar sin recursos a territorios aguas abajo, como La Pampa. Y allí, concluye, el debate deja de ser jurídico para convertirse en una cuestión de supervivencia compartida.
Evaluación hídrica: una fórmula que abre la discrecionalidad
La constitucionalidad de la ley de glaciares, recuerda, fue cuestionada judicialmente por la empresa minera Barrick Gold junto al gobierno de San Juan. La Corte Suprema de Justicia de la Nación demoró años en resolver, analizó estudios e investigaciones, y finalmente sostuvo la validez de la norma. En ese fallo, explica Maffei, el tribunal definió a la Argentina como un "federalismo de conservación": ni un Estado unitario ni una confederación donde cada provincia actúa sin límites, sino un sistema en el que la Nación establece pisos mínimos ambientales obligatorios.

Marta Maffei vuelve una y otra vez sobre una idea central: el agua no reconoce fronteras políticas. Las cuencas hídricas que nacen en la cordillera a partir del derretimiento glaciar no abastecen únicamente a las provincias que albergan esos glaciares. Integran las 39 cuencas del oeste argentino que irrigan buena parte del territorio nacional. Si se habilita a una provincia a "hacer lo que quiera", advierte, el impacto no se circunscribe a su jurisdicción: alcanza a todas las provincias ubicadas al este de la franja cordillerana, que pueden quedarse sin agua.

El antecedente no es teórico. Recuerda el conflicto severo entre Mendoza y La Pampa, cuando la primera restringió el caudal que llegaba a la segunda. El problema, insiste, no es la suerte de uno o varios glaciares en beneficio de una empresa minera o extractiva, sino el riesgo para la vida de todas las personas y ecosistemas que dependen de esa agua.

En ese punto retoma el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que ya declaró la constitucionalidad de la ley de glaciares y dejó en claro que el dominio provincial sobre los recursos no es absoluto. Precisamente porque no lo es, la Nación puede dictar presupuestos mínimos ambientales. Y lo hace —subraya— a través del Congreso Nacional, donde están representadas todas las provincias en la Cámara de Diputados y el Senado. No se trata de una decisión unilateral del Poder Ejecutivo, sino de un mecanismo republicano que garantiza un piso común de protección.

Esos presupuestos mínimos son los que, según la Corte, permiten que la Argentina funcione como república y no como una suma de jurisdicciones aisladas. En materia de agua —y los glaciares son agua congelada— el tribunal fue más allá: calificó estos recursos como bienes de incidencia colectiva. No pertenecen exclusivamente a una provincia ni a un grupo determinado; su tutela debe orientarse al interés general.

La sentencia fue explícita: en cuestiones ambientales de esta magnitud, los intereses particulares, sean públicos o privados, quedan subordinados al interés colectivo. El paradigma es la protección de los bienes comunes para todos. Desde esa perspectiva, un proyecto que coloca intereses privados por encima del interés general resulta, para Maffei, "absolutamente inconstitucional".

Si la reforma avanzara, anticipa, habría elementos suficientes para promover de inmediato un recurso de inconstitucionalidad. No solo por la doctrina fijada por la Corte, sino también por el principio de no regresión establecido en la Ley 25.675, la Ley General del Ambiente. Esa norma dispone que, una vez alcanzado cierto nivel de protección sobre bienes como el agua, el suelo o los bosques, las leyes posteriores no pueden retroceder ni reducir ese estándar.
Sin estudios, sin dictámenes, sin respuesta oficial
A ello se suma el compromiso internacional asumido por la Argentina con el Acuerdo de Escazú, incorporado al derecho interno con jerarquía superior a las leyes ordinarias. Entre sus principios también figura la prohibición de regresividad en materia ambiental.

Para Maffei, el proyecto en discusión vulnera ese entramado normativo en todos los niveles: contradice la doctrina constitucional fijada por la Corte, desconoce el principio de no regresión de la Ley General del Ambiente y viola los compromisos asumidos en el Acuerdo de Escazú. En definitiva, concluye, no es solo una modificación legal: es un retroceso estructural en la protección de un bien colectivo esencial para la vida.

Sostiene la dirigente que el proyecto no solo desarma un esquema de protección ambiental: erosiona algo más profundo, la certeza jurídica. Hasta ahora, sostiene, existía un bien claramente protegido por una ley nacional. Con la reforma, esa protección quedaría sometida a criterios aleatorios: si una provincia decide que sí, el glaciar se preserva; si decide que no, deja de estarlo.

La fórmula de la "relevancia hídrica efectiva", advierte, es engañosa. Determinar si un glaciar alimenta o no una cuenca no puede resolverse con una medición aislada, ni con una observación estacional. No es cuestión de ir en julio a la cordillera, constatar que el glaciar no está derritiendo en ese mes y concluir que no es esencial. La corroboración exige estudios multianuales, series largas de datos y análisis técnicos complejos.

El Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas cuentan con información precisa que demuestra la enorme variabilidad del aporte glaciar: en ciertas temporadas puede representar apenas el 3% del caudal de una cuenca; en otras, hasta el 91%. Esa oscilación depende del calor, de las lluvias, de los ciclos climáticos. Reducir esa complejidad a una evaluación discrecional provincial implica, para Maffei, desconocer la ciencia disponible.

Los propios investigadores trazan una diagonal árida que va desde Jujuy hasta Tierra del Fuego. A la izquierda de esa línea —el oeste argentino— predominan territorios con precipitaciones escasas, entre 200 y 300 milímetros anuales. Al este, en cambio, las lluvias pueden alcanzar entre 2.000 y 2.500 milímetros por año. En esa franja seca viven alrededor de siete millones de personas que cultivan, crían ganado y desarrollan su vida cotidiana gracias al agua que proviene, en buena medida, del deshielo cordillerano. Sin agua, dice, no hay posibilidad de vida.

Entre la vida y el saqueo: el trasfondo del debate
Desde su perspectiva, el mensaje implícito del proyecto es que esa vida puede quedar subordinada a otros intereses. Autorizar la destrucción o afectación de glaciares que alimentan las cuencas implica poner en riesgo a las provincias ubicadas aguas abajo, más al este. No se trata solamente de modificar criterios de protección ambiental o de alterar estándares ecológicos: se trata de ir en contra de parámetros científicos consolidados sin aportar un solo estudio que demuestre que el agua estará mejor resguardada.

La Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas volvió a pedir, formalmente, cuáles fueron los criterios técnicos, los dictámenes científicos o los análisis jurídicos incorporados para impulsar la reforma. La respuesta, insiste, fue inexistente. Ningún informe, ningún sustento verificable.

En el cierre, el periodista resume la encrucijada como una disputa enorme entre la vida y el saqueo. Maffei, agradece que se hable de estos temas, a menudo relegados al ámbito técnico y ausentes del debate cotidiano en los grandes medios, encuentren espacios de difusión. Son cuestiones complejas, admite, pero imprescindibles. Y en este momento —dice— el mayor aporte posible es que la sociedad conozca lo que está en juego.

Escuchá la entrevista completa:
Fotos: AFP, Javier Vergara - La Tinta, Greenpeace

domingo, 22 de febrero de 2026

Convocan a un paro histórico de 36 horas: Daniel Yofra desafía la reforma laboral del Gobierno

El secretario general de los aceiteros hace un balance contundente de la sanción de la ley, cuestiona a políticos y dirigentes sindicales, y apuesta a un sindicalismo empoderado para enfrentar los cambios que, según él, debilitan derechos históricos de los trabajadores
El secretario general de la Federación de Aceiteros y Desmotadores, Daniel Yofra, no eligió los matices. En los micrófonos de Aire Libre Radio Comunitaria, durante el programa Señales, trazó un balance descarnado sobre la reciente sanción del proyecto de reforma laboral impulsado por el gobierno de Javier Milei. 

El balance, dijo, es claramente negativo. A su entender, la reforma laboral no beneficia "en nada" a los trabajadores y trabajadoras. Pero su crítica no se agotó en el texto de la ley. Yofra amplió el foco y volvió sobre un diagnóstico que, según recordó, viene formulando desde hace tiempo: el comportamiento de la política en general, de legisladores, gobernadores y también de algunos dirigentes sindicales.

La traición también viene de casa
En ese punto fue especialmente severo. Señaló que hay quienes hablan de traición y admitió que puede ser así, que algunos han traicionado al movimiento obrero. Pero también describió otro fenómeno: dirigentes que, más allá del partido al que pertenezcan y de la historia que invoquen, terminan votando en contra de los intereses que dicen defender. "A veces los elegís y no sabés qué estás eligiendo", deslizó, en alusión a representantes que luego acompañan medidas que perjudican a sus votantes.

Para Yofra, allí hay una lección pendiente como sociedad: no alcanza con emitir el voto, hay que observar con atención a quién se elige. Incluso cuestionó los cambios en el sistema de votación, señalando que antes al menos el elector podía llevarse la boleta como referencia, mientras que ahora ni siquiera eso es posible. Esa pérdida de control simbólico, sugirió, también forma parte de un distanciamiento entre representantes y representados.

El sindicalismo como herramienta central
Sin embargo, aclaró que su principal preocupación no está puesta en la dirigencia política sino en el sindicalismo. En su mirada, muchos políticos hoy se comportan con una lógica más patronal que la de los propios empresarios. Se preguntó si eso ocurre porque nunca trabajaron bajo patrón, porque son ellos mismos patrones o porque responden directamente a los intereses de quienes los llevaron a ocupar posiciones de poder.

Aun así, insistió en que su responsabilidad y su enfoque deben estar en el movimiento obrero. Desde hace años sostiene que es preferible empoderar a los trabajadores antes que participar en un partido político. La apuesta, dijo, es fortalecer la organización gremial como herramienta central de defensa frente a las reformas regresivas.

En medio del panorama adverso, Yofra no renunció a la palabra "esperanza". Recordó que la historia del movimiento obrero argentino está atravesada por luchas, muertes, desapariciones, encarcelamientos y persecuciones. Nada de eso —afirmó— logró amedrentarlo entonces, y tampoco lo hará ahora. Pero advirtió que es necesario un cambio profundo en la conducta de muchos dirigentes sindicales.

Frente de sindicatos: una acción histórica
En esa misma línea, Yofra describió un escenario inédito en sus años de militancia sindical en Buenos Aires. Por primera vez —subrayó— se conformó un frente de sindicatos con vocación real de lucha. El Frente de Sindicatos Unidos, FreSU, nuclea organizaciones que, según su mirada, lograron algo que no había ocurrido en décadas: articularse de manera transversal, por encima de pertenencias partidarias o alineamientos coyunturales, con un único eje ordenador, la defensa de los trabajadores.

En las marchas realizadas en Córdoba y Rosario, y especialmente en las dos últimas movilizaciones masivas en Buenos Aires, dijo haber visto algo que considera decisivo: la algarabía  de los trabajadores y la voluntad de ser representados por dirigentes que los defiendan y peleen por ellos. Para Yofra, este grupo representa lo ideal hasta ahora: "está conformado de manera transversal, nos involucra a todos, sin importar el partido al que pertenezcamos. Aquí, la prioridad son los trabajadores: se habla de los trabajadores y se piensa un plan de lucha concreto".

El FreSU ya anticipó que pedirá un paro de 36 horas cuando el Senado trate la ley, una sesión que, según se anunció, será el viernes. La tensión con la CGT aparece inevitable. La Federación de Aceiteros integra la central obrera, pero Yofra fue claro: si la CGT no convoca, avanzarán con medidas propias, como ya ocurrió cuando el proyecto se debatió en la Cámara alta. En aquella oportunidad, recordó, la CGT no llamó a un paro sino a una movilización que no alcanzó la contundencia esperada.
Parar no alcanza, hay que sostener la lucha
Aun así, aseguró que volverán a darle la oportunidad a la central. Cuando la CGT convoca a un paro nacional, sostuvo, el impacto es contundente, como se vio en la última medida de fuerza que paralizó el país. Pero advirtió que un paro aislado ya no es suficiente frente al avance oficial. "Con un paro de vez en cuando no alcanza", planteó. En su análisis, el Gobierno no se detendrá solo porque haya preservado momentáneamente los fondos sindicales o de las obras sociales. "Ya lo hicieron", recordó, aludiendo a intentos previos de avanzar sobre esos recursos.

Evocó el proceso que se abrió tras la asunción presidencial en diciembre de 2023 y la posterior aprobación de la llamada Ley Bases (Ley 27.742) en 2024, cuando —según su interpretación— se ensayó una primera avanzada en materia laboral. Para Yofra, no hay un único responsable en ese entramado: "no es solamente un culpable", sugirió, dejando entrever que si hubo acuerdos para sostener ciertos aportes también hubo consensos que habilitaron el resto de los cambios.

Del Congreso a la calle: la disputa por el poder
Uno de los puntos que más le preocupa es la erosión del derecho de huelga. Si esa herramienta se debilita, advierte, no serán los dirigentes nacionales los principales perjudicados sino los trabajadores de base, que perderán su instrumento fundamental para defenderse ante abusos. En ese contexto, el escenario parlamentario adverso desplaza el eje de la pelea fuera del Congreso. Para Yofra, la disputa ya no se dirime en los recintos sino en la calle.

Su crítica se extiende tanto a la conducción de la CGT como a la oposición política, a la que considera inexistente. Recuerda otros tiempos en los que el mapa partidario ofrecía referencias claras: peronistas y radicales, con liderazgos identificables y debates nítidos. Hoy, en cambio, afirma que ni siquiera se sabe quién encarna esa oposición. Cuestiona además una mirada concentrada en la Capital Federal, que —dice— ignora al interior productivo que sostiene al país. Señala que, tras más de dos años de mandato, no se han realizado recorridas por ciudades clave como Rosario o Córdoba para escuchar qué piensan los trabajadores.

Con una metáfora criolla, advierte que no se puede "jugar al truco" con los trabajadores: no es tiempo de esconder cartas ni de mentir, sino de fijar posiciones. Cuando se le pregunta por el objetivo de la reforma, su respuesta es directa: quitar poder a los trabajadores y trasladarlo a los patrones. De los más de 200 puntos modificados, asegura, no hay uno solo que favorezca al trabajador. Desafía a quienes sostienen lo contrario a señalar concretamente qué artículo los beneficia. "No te saben responder", afirma, porque sería demasiado evidente.

Para Yofra, lo que ocurre es el resultado de una doble carencia: falta de oposición partidaria y falta de resistencia dentro del sindicalismo. Un grupo reducido resiste, dice, mientras el resto observa. Y advierte sobre una ilusión peligrosa: creer que con una pelea localizada se resuelve el problema estructural. En su mirada, la lucha exige otra escala. "Hay que ir e invadir Buenos Aires", sostiene, y permanecer allí si es necesario hasta revertir la situación. La reforma laboral, insiste, no es un episodio aislado sino una disputa de poder que redefine el equilibrio entre capital y trabajo.

Según describió, existe hoy una distancia preocupante entre las conducciones gremiales y las bases. Cuando el dirigente se aleja, no escucha, no habla y no está presente, deja de saber qué les ocurre realmente a los trabajadores y trabajadoras. Esa desconexión, sostuvo, explica en parte por qué a muchos sindicatos les resulta cada vez más difícil convocar y llenar espacios.

En su diagnóstico conviven la crítica y la autocrítica. Cuestiona con dureza la pasividad frente a la reforma, denuncia traiciones y alineamientos con intereses patronales, pero al mismo tiempo llama a revisar prácticas y a reconstruir el vínculo con las bases. Para Yofra, el desafío no es solo resistir una ley que considera perjudicial, sino recuperar la capacidad del movimiento obrero de organizarse, representar y movilizar en defensa propia.

Yofra no dudó en señalar también a los gobernadores que, según su criterio, traicionan a sus propios pueblos. "Son unos hijos de puta", lanzó sin medias tintas, y lo ejemplificó con Maximiliano Pullaro, gobernador de Santa Fe. Dijo que jamás habló de los trabajadores y que solo se refiere a "la gente", a los productores del campo o a los industriales, aun cuando, según datos del Ministerio de Trabajo de Santa Fe, cerraron 2.200 pymes, dejando a muchos trabajadores en la calle. "Son empresarios, entonces nunca van a hablar de los trabajadores", enfatizó.

Para el dirigente, la responsabilidad recae en los sindicatos y en los trabajadores organizados: hay que hablar por quienes no tienen voz y enfrentar a gobiernos que considera antiobreros. Insistió en que es necesario señalar de manera constante a quienes votan en contra de los intereses de los trabajadores, para que la sociedad sepa a quién respaldar en Santa Fe y a nivel nacional. Su consigna es clara: no votar a quienes apoyaron la reforma laboral.

Cuando vuelve sobre la idea de empoderar al sindicalismo por fuera de los partidos, Yofra baja la consigna a la práctica cotidiana. Se trata —dice— de hacer lo que ya están haciendo: reunir a quienes siguen considerando que la huelga no es una herramienta del pasado, como sostienen algunos dirigentes para justificar su inacción. Y, sobre todo, acercarse a los trabajadores, a las asambleas y a las comisiones internas.

Reconectar con las bases
Describe una pedagogía simple y concreta: recorrer las filiales, ir a las fábricas, hablar cara a cara con los compañeros y compañeras. Cuenta que cada vez que puede visita una planta cuando lo invitan desde alguna seccional. Ese contacto directo, afirma, es lo que reconstruye la confianza. Incluso señala que muchos trabajadores que votaron a este gobierno participan de las marchas y adhieren a los paros; en ellos, asegura, prevalece un "proceso de clase" por encima de la decepción política.

Días antes, en una conferencia de prensa en Rosario, una frase suya —"vamos a prender fuego el país"— fue recortada y presentada como amenaza. Algunos comunicadores, se quedaron con ese fragmento e incluso impulsaron la intervención de fiscales. Yofra aclara que la frase completa hablaba de "prender fuego el país con huelga". Para él, no se trata de violencia sino del ejercicio de un derecho constitucional.

El periodista recuerda, en ese sentido, el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que garantiza el derecho a un trabajo digno, a vacaciones pagas, a la vivienda y a la seguridad social. Yofra explica que cada vez que reclaman aumentos salariales, lo hacen amparados en esos principios. La reforma, subraya, va en sentido contrario.

Su crítica se extiende también a medios de comunicación, a los que acusa de amplificar recortes funcionales al gobierno y luego reciclarse como voces progresistas cuando el escenario cambie. Por eso, afirma, el movimiento obrero no puede esperar que los medios ni los políticos hablen en favor de los trabajadores. Tampoco puede depositar su esperanza en un "mesías" partidario. Desconfía de dirigentes que se proclaman defensores de los trabajadores mientras mantienen empleados estatales en condiciones precarias y los dejan a la deriva cuando llegan los despidos.

El periodista refleja algo que lo incomoda: "Escuchar a trabajadores y trabajadoras cuestionar los salarios de sectores como el suyo o el bancario en lugar de reclamar para sí mejores condiciones". Yofra sostiene que existe una narrativa instalada —incluso promovida por algunos sindicalistas— que atribuye los salarios del sector aceitero únicamente al poder económico de las empresas. Reconoce que trabajan en compañías importantes, pero recuerda que también representan a empleados de plantas pequeñas en el interior santafesino, en localidades como Bombal, Esperanza o Frank, donde empresas de apenas 15 o 30 trabajadores pagan el mismo salario básico que los gigantes exportadores.

Menciona a multinacionales como Louis Dreyfus Company, Bunge, Viterra y Cargill para subrayar que el salario mínimo vital y móvil que fijan en la actividad constituye un punto de partida común, más allá de adicionales y categorías. No porque las empresas "quieran" pagar bien —aclara—, sino porque fueron obligadas por la organización sindical y la huelga.

La lucha histórica que sigue vigente
Su propia historia laboral funciona como ejemplo. Ingresó en 1992 a trabajar en Dreyfus y durante una década siguió siendo pobre pese a desempeñarse en una gran exportadora. Lo que cambió la ecuación no fue la rentabilidad empresaria sino la lucha: 25 días de huelga en 2015, 22 días en 2020, siete días en 2024. "Lo que hemos conseguido fue por las huelgas", resume, desmontando la idea de que los salarios altos son concesiones graciosas del capital.

La conversación en Aire Libre Radio Comunitaria llega a su fin. El periodista recuerda que Yofra es el titular de uno de los gremios que más activamente resiste los embates del gobierno de Javier Milei, al frente de la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina. Afuera, se anticipa una semana de incertidumbre; adentro, queda la certeza de que la disputa ya no es retórica: es una pulseada abierta por el poder entre trabajo y capital.

Escuchá la entrevista completa:
Fotos: Federación Aceitera

viernes, 20 de febrero de 2026

Derogación del Estatuto del Periodista: un riesgo para el derecho a la información y la libertad de prensa

La Cámara de Diputados aprobó la eliminación de la Ley 12.908, vigente desde 1946. El oficialismo defendió la medida como parte de su agenda de reformas estructurales, mientras que la oposición advirtió sobre la pérdida de derechos laborales y su impacto en la independencia periodística
Con 126 votos a favor, 119 negativos y 4 abstenciones, la Cámara de Diputados aprobó la eliminación del Estatuto del Periodista Profesional, la norma que regula las condiciones laborales de los trabajadores de prensa. La sesión se extendió hasta la madrugada y tuvo como eje el artículo 194, que establece la supresión total de la ley y sus modificaciones. La oposición intentó sin éxito retirar este apartado antes de la votación final en el recinto.

La medida, impulsada por el gobierno de Javier Milei, representa un cambio profundo para el sector. El oficialismo logró imponerse en la votación particular pese a que fue uno de los puntos con mayor cantidad de intervenciones críticas. El proyecto, que ya contaba con media sanción del Senado, regresa ahora a la Cámara Alta para su tratamiento definitivo.

El Estatuto del Periodista Profesional, identificado como Ley 12.908 y vigente desde 1946, funcionó históricamente como la normativa central que rige las condiciones de trabajo en publicaciones diarias, periódicas y agencias de noticias. Su alcance regulaba la actividad de directores, cronistas, reporteros gráficos y correctores, definiendo el régimen laboral, vacaciones, descansos, compensaciones por tareas nocturnas, causales de despido y retiro voluntario para trabajadores con más de cinco años de antigüedad.

Uno de los pilares que desaparece con la derogación es la jornada laboral reducida, que fijaba un máximo de 36 horas semanales y establecía que las horas excedentes debían compensarse con descanso equivalente o pagarse con un recargo del cien por ciento. También contemplaba estabilidad ante despidos injustificados, con preaviso de hasta dos meses e indemnización especial equivalente a seis meses de sueldo. La eliminación de este marco altera de manera sustancial las protecciones específicas de la actividad periodística, incluyendo la Matrícula Nacional de Periodistas y el acceso garantizado a fuentes públicas.

El oficialismo defendió la medida como parte de su agenda de reformas estructurales y de modernización del mercado laboral, bajo el argumento de que estos estatutos resultan obsoletos. Desde la oposición, en cambio, se advirtió que la derogación afecta derechos adquiridos y debilita la libertad de expresión al erosionar la estabilidad profesional.

Durante el debate, Myriam Bregman, Maximiliano Ferraro, María Inés Zigarán, Esteban Paulon y Vanesa Siley propusieron quitar el capítulo correspondiente del texto, mientras que la diputada neuquina Karina Maureira lo solicitó entre lágrimas. Sin embargo, el capítulo 26 fue aprobado.

Las posiciones reflejan una discusión de fondo sobre el modelo de periodismo y de relaciones laborales que se pretende consolidar. Derogar el Estatuto no moderniza nada: disciplina. Sin protección laboral no hay libertad de prensa, hay miedo. Al periodista lo pueden echar con un simple llamado; la censura ya no hace falta: se ejerce sola. La medida favorece a los dueños de medios y deja al trabajador más expuesto frente al poder político y empresarial.

Por su parte, el abogado laboralista Miguel Julio Rodríguez Villafañe sostuvo que el Estatuto fue un avance importante para su tiempo, pero que también dejó "bombas activadas". Señaló que la figura de periodista profesional dependía de requisitos formales que, en la práctica, podían excluir trabajadores, y advirtió que el ecosistema mediático cambió profundamente con la concentración accionaria y las nuevas tecnologías. A su entender, la discusión debería incluir estándares de calidad, formación académica y un código de ética que garantice el ejercicio responsable del periodismo.

La derogación del Estatuto del Periodista Profesional abre un escenario incierto. Para el oficialismo, implica flexibilización y actualización normativa; para sus detractores, una pérdida de derechos que puede condicionar la independencia informativa. El debate trasciende lo laboral y se proyecta sobre el lugar que ocupará el periodismo en un contexto de transformación tecnológica, concentración empresarial y fuerte polarización política.

Cómo votó cada diputado y cada diputada
Votos afirmativos (a favor):
Innovación Federal:
Alberto Arrua, Oscar Herrera, Yamila Ruiz, Daniel Vancsik.
Independencia: Elia Marina Fernandez, Gladys Medina.
MID – Movimiento de Integración y Desarrollo: Eduardo Falcone, Oscar Zago.
País Federal: Gerardo Gustavo Gonzalez.
Producción y Trabajo: Carlos Gustavo Jaime Quiroga, Nancy Viviana Picon Martinez.
PRO: Martin Ardohain, Emmanuel Bianchetti, Fernando De Andreis, Maria Florencia De Sensi, Daiana Fernandez Molero, Alejandro Finocchiaro, Alicia Fregonese, Antonela Giampieri, Alvaro Gonzalez, Cristian A. Ritondo, Javier Sanchez Wrba, Martin Yeza.
Provincias Unidas: Jose Nuñez, Gisela Scaglia.
UCR – Unión Cívica Radical: Guillermo Cesar Aguero, Gerardo Cipolini, Diogenes Ignacio Gonzalez, Lisandro Nieri, Dario Schneider, Pamela Fernanda Verasay.
Por Santa Cruz: Jose Luis Garrido.
La Libertad Avanza: Sabrina Ajmechet, Carlos Alberto Almena, Lisandro Almiron, Barbara Andreussi, Pablo Ansaloni, Damian Arabia, Belen Avico, Atilio Basualdo, Monica Becerra, Beltran Beneditt, Bertie Benegas Lynch, Rocio Bonacci, Alejandro Bongiovanni, Gabriel Bornoroni, Adrian Brizuela, Eliana Bruno, Mariano Campero, Alejandro Carrancio, Giselle Castelnuovo, Abel Chiconi, Facundo Correa Llano, Romina Diez, Nicolas Emma, Alejandro Fargosi, Alida Ferreyra, Sergio Figliuolo, Maria Gabriela Flores, Maira Frias, Maria Virginia Gallardo, Alvaro Garcia, Carlos Garcia, Silvana Giudici, Rosario Goitia, Alfredo Gonzales, Maria Luisa Gonzalez Estevarena, Maura Gruber, Jairo Guzman, Diego Hartfield, Patricia Holzman, Gerardo Huesen, Gladys Humenuk, Maria Cecilia Ibañez, Andres Ariel Laumann, Lilia Lemoine, Andres Leone, Mercedes Llano, Enrique Lluch, Johanna Sabrina Longo, Lorena Macyszyn, Alvaro Martinez, Nicolas Mayoraz, Julieta Metral Asensio, Soledad Molinuevo, Soledad Mondaca, Guillermo Montenegro, Juan Pablo Montenegro, Francisco Morchio, Julio Moreno Ovalle, Gabriela Luciana Muñoz, Miriam Niveyro, Joaquin Ojeda, Sebastian Pareja, Marcos Patiño Brizuela, Santiago Pauli, Agustin Pellegrini, Federico Agustin Pelli, Jose Peluc, Luis Petri, Maria Lorena Petrovich, Luis Albino Picat, Maria Celeste Ponce, Manuel Quintar, Valentina Ravera, Adrian Ravier, Veronica Razzini, Karen Reichardt, Gaston Riesco, Gonzalo Roca, Miguel Rodriguez, Laura Elena Rodriguez Machado, Juliana Santillan Juarez Brahim, Santiago Santurio, Laura Soldano, Yamile Tomassoni, Ruben Dario Torres, Anibal Tortoriello, Jose Federico Tournier, Cesar Treffinger, Hernan Urien, Patricia Vasquez, Andrea Fernanda Vera, Lorena Villaverde, Gino Visconti, Carlos Raul Zapata.

Votos negativos (en contra):
Coalición Cívica:
Maximiliano Ferraro, Monica Frade.
Coherencia: Marcela Marina Pagano.
Defendamos Córdoba: Natalia De La Sota.
Elijo Catamarca: Fernanda Avila, Fernando Monguillot, Sebastian Noblega.
Encuentro Federal: Nicolas Massot, Miguel Angel Pichetto.
Frente de Izquierda y de Trabajadores – Unidad: Myriam Bregman, Nicolas Del Caño, Romina Del Pla, Nestor Pitrola.
Innovación Federal: Bernardo Biella, Pablo Outes.
La Neuquinidad: Karina Maureira.
País Federal: Claudio Alvarez.
Primero San Luis: Jorge Fernandez.
Provincias Unidas: Jorge Antonio Avila, Carolina Basualdo, Juan Fernando Brugge, Mariela Coletta, Pablo Farias, Carlos Gutierrez, Pablo Juliano, Martin Lousteau, Esteban Paulon, Jorge Rizzotti, Maria Ines Zigaran.
Unión por la Patria: Hilda Aguirre, Ernesto "Pipi" Ali, Cristian Andino, Javier Andrade, Jorge Neri Araujo Hernandez, Martin Aveiro, Marcelo Barbur, Luis Eugenio Basterra, Gustavo Bordet, Alejandrina Borgatta, Santiago Cafiero, Celia Campitelli, Julieta Marisol Campo, Lucia Campora, Florencia Carignano, Carlos Daniel Castagneto, Jorge Chica, Carlos Cisneros, Ricardo Daives, Maria Graciela De La Rosa, Fernanda Diaz, Sergio Dolce, Gabriela Beatriz Estevez, Abelardo Ferran, Andrea Freites, Sebastian Galmarini, Maria Teresa Garcia, Diego A. Giuliano, Jose Glinski, Jose Gomez, Juan Grabois, Ramiro Gutierrez, Raul Hadad, Itai Hagman, Ana Maria Ianni, Maximo Carlos Kirchner, Moira Lanesan Sancho, Aldo Leiva, Jimena Lopez, Cecilia Lopez Pasquali, Juan Pablo Luque, Marcelo Mango, Mario Manrique, Marianela Marclay, Varinia Lis Marin, Juan Marino, German Pedro Martinez, Guillermo Michel, Fernanda Miño, Juan Carlos Molina, Matias Molle, Roxana Monzon, Cecilia Moreau, Hugo Antonio Moyano, Jorge Mukdise, Estela Mary Neder, Kelly Olmos, Blanca Ines Osuna, Sergio Omar Palazzo, Claudia Maria Palladino, Maria Graciela Parola, Gabriela Pedrali, Paula Andrea Penacca, Horacio Pietragalla Corti, Lorena Pokoik, Luciana Potenza, Agustina Lucrecia Propato, Ariel Rauschenberger, Santiago Luis Roberto, Agustin Oscar Rossi, Marina Dorotea Salzmann, Nancy Sand, Sabrina Selva, Adriana Cristina Serquis, Vanesa Raquel Siley, Guillermo Snopek, Julia Strada, Jorge Taiana, Rodolfo Tailhade, Caren Tepp, Pablo Todero, Victoria Tolosa Paz, Nicolas Alfredo Trotta, Eduardo Felix Valdes, M. Elena Velazquez, Luana Volnovich, Hugo Yasky, Pablo Raul Yedlin, Natalia Zaracho, Christian Alejandro Zulli.

Abstenciones:
Innovación Federal:
Yolanda Vega.
Provincias Unidas: Lourdes Micaela Arrieta, Sergio Eduardo Capozzi.
Adelante Buenos Aires: Karina Banfi.

Lamentable
La votación afirmativa de la reforma laboral en la Cámara de Diputados, incluida la derogación del Estatuto del Periodista Profesional, resultó uno de los hechos más lamentables producidos por el Congreso nacional. Ese resultado, que habilita la sanción definitiva de la ley mal llamada de modernización, fue un ataque directo a los derechos de todas y todos los trabajadores, que no será olvidado.

Lo que dejó también esa sesión fue el acompañamiento de diputadas y diputados que defendieron con argumentos y convicción el rechazo al proyecto esclavista del gobierno nacional. Que explicaron por qué derogar nuestro estatuto era, entre otras cosas, afectar la libertad de expresión y el derecho a la comunicación de toda la sociedad.

Nuestro profundo reconocimiento a los miles de compañeros y compañeras que firmaron la solicitada en defensa del Estatuto; delegadas y delegados que militaron sin respiro en asambleas, en las calles, en reuniones con legisladores, entre tantas acciones. Y rescatamos el trabajo en unidad con los sindicatos de todo el país. Nada fue en vano. Nuestro estatuto del periodista profesional, junto al estatuto del empleado administrativo de empresas periodísticas, sigue siendo la bandera de todo el universo de prensa y por el que seguiremos dando pelea en todos los ámbitos que correspondan.
Foto: Prensa Diputados

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