El relevamiento de FoPeA sobre la actividad de Javier Milei en X muestra que el insulto no es un exceso, sino una herramienta política: erosiona la legitimidad del periodismo, corre del centro a quienes incomodan al poder y redefine las reglas del debate democrático. La agresión funciona como método para construir enemigos, desplazar agendas y condicionar el derecho a la información.
El insulto como método de gobiernoUn relevamiento del Foro de Periodismo Argentino (FoPeA) sobre la actividad del presidente Javier Milei en la red social X expone con datos duros lo que ya es una percepción extendida: el insulto no es un exabrupto ocasional ni una cuestión de temperamento, sino una herramienta sistemática de comunicación política. El informe, titulado "El insulto como estrategia. Un análisis de 113.000 tuits del presidente Milei", permite observar con precisión cómo la agresión verbal se integra a una forma de ejercer el poder.
La investigación analiza 113.649 publicaciones realizadas desde la cuenta presidencial entre el 10 de diciembre de 2023 y el 15 de septiembre de 2025, incluyendo tanto tuits propios como retuits. El resultado es contundente: el 15,2% de los posteos —16.806 mensajes— contienen insultos u ofensas, lo que equivale a uno de cada siete. El dato cobra aún más relevancia si se considera el volumen de actividad del mandatario en redes, con picos que coinciden con anuncios económicos sensibles, conflictos con el Congreso, tensiones con gobernadores o cruces con la prensa.
FoPeA señala además que el compromiso público de Milei, anunciado en agosto de 2025, de moderar su lenguaje agresivo solo se cumplió de manera parcial. Hubo una reducción momentánea, pero el patrón no desapareció. La agresión sigue siendo parte constitutiva del discurso presidencial.
Una máquina de publicar, una lógica de confrontación
El informe clasifica los insultos en distintas categorías: animalización ("mandril", "rata"), repulsión ("excremento", "pus"), expresiones estigmatizantes ("delincuente", "corrupto", "terrorista") y también recursos sexualizados. El blanco es amplio: opositores políticos, economistas críticos, dirigentes sociales, periodistas y medios de comunicación. No se trata de ataques aislados sino de una construcción sostenida de enemigos.
La plataforma
mileiinsultaenx.FoPeA.org —disponible para navegación pública desde el 8 de enero de 2026— ordena y categoriza ese universo de mensajes, incorpora un buscador de insultos y permite acceder a las bases de datos completas. El objetivo no es solo exhibir ejemplos, sino poner a disposición una herramienta de verificación y análisis para periodistas, investigadores y ciudadanía.
FoPeA inscribe este fenómeno en una trayectoria más larga. Desde la irrupción de Milei como panelista televisivo y líder de opinión, pasando por su etapa como diputado nacional y luego como presidente, el uso de la ofensa aparece como un rasgo persistente de su modo de intervención pública. El equipo del Data Journalism Visualization (DJV) Bootcamp analizó los posteos para descifrar esa estrategia discursiva y encontró un patrón estable.
El insulto como función política
Para Paula Moreno Román, integrante de FoPeA, el informe permite leer algo más profundo que un problema de modales. "La hipótesis es que el insulto y la estigmatización cumplen una función política", explica. En esa lógica, no se discuten ideas ni argumentos: se busca desacreditar a quien pregunta, investiga o incomoda, erosionando la legitimidad del periodismo como actor social y corriendo de la cancha a las voces críticas.
El trabajo incluye tanto tuits como retuits, un detalle clave. Cuando el Presidente reposta mensajes agresivos, sostiene Moreno Román, los incorpora como propios y los amplifica. A partir de allí se activa un mecanismo que se repite: un planteo que baja desde la cúspide política es reforzado por tandas de cuentas —muchas anónimas— que individualizan periodistas, elevan el tono y profundizan el ataque. El resultado no es solo ruido digital: es la construcción de un clima disciplinador.
Del desgaste individual al daño institucionalSegún la referente de FoPeA, el primer objetivo es claro: el periodista que investiga o critica. El propósito es desgastarlo, aislarlo y volver su trabajo agobiante, con costos personales, judiciales y económicos que pueden empujar a la autocensura. Pero el efecto no se agota en la víctima directa. "Cuando se logra intimidar o silenciar, se afecta el derecho a la información de la sociedad", subraya. El daño deja de ser corporativo y pasa a ser institucional.
El informe también detecta una correlación entre decisiones gubernamentales de alto impacto económico y picos de insultos. Moreno Román lo lee como una forma de corrimiento de agenda: discutir con un periodista conocido permite concentrar la atención en una figura visible y desplazar el foco de otros temas. El conflicto, en ese marco, funciona como estrategia de encuadre.
¿Rasgo personal o modelo exportable?
Lejos de reducirlo a un "estilo Milei", FoPeA advierte que el fenómeno responde a prácticas más amplias: la mentira reiterada para sembrar desconfianza, el cuestionamiento sistemático al periodismo como institución y el ataque selectivo a las voces con mayor credibilidad. En un ecosistema saturado de información, esa dinámica produce un efecto corrosivo: la duda permanente, la sospecha generalizada, la idea de que "algo de esto habrá".
El ataque no siempre es frontal. A veces adopta otras formas —hostigamiento coordinado, campañas de descrédito, hackeos—, pero el objetivo final es el mismo: el amedrentamiento. La instalación de la noción de "periodistas enemigos" redefine además las reglas del vínculo entre el poder y la prensa. Se restringen accesos, se eligen interlocutores y se vacían los canales institucionales de consulta. Durante esta investigación, FoPeA consultó formalmente al jefe de Gabinete y al vocero presidencial. No hubo respuestas. Ese silencio también dice algo sobre el modo en que hoy se concibe la rendición de cuentas.
Datos, formación y poder
Mileiinsultaenx.FoPeA.org es el quinto producto del DJV Bootcamp de FoPeA, una iniciativa de formación intensiva que reúne a periodistas, diseñadores, programadores y analistas de datos de distintas provincias. El proyecto fue desarrollado por un equipo de becarios con la mentoría del especialista Andrés Snitcofsky y contó con el apoyo de la Embajada de Suiza en la Argentina. Antes se publicaron otras visualizaciones —sobre el yaguareté, Vaca Muerta, Rosario y la "motosierra"— y FoPeA prevé lanzar un último trabajo en febrero de 2026.
Más allá del valor técnico, el informe aporta una clave política: a mayor impacto de las medidas de gobierno, mayor volumen de agresión discursiva. El insulto aparece así como un recurso para ordenar la conversación pública en momentos críticos.
Cuando la agresión ordena la escena
En el escenario actual, con una economía en tensión, reformas de alto costo social y un vínculo cada vez más opaco entre el Gobierno y los sistemas de control, el insulto deja de ser un problema de formas para convertirse en una señal de época. No es solo cómo se habla, sino para qué se habla así.
El trabajo de FoPeA pone datos donde hay gritos y permiten ver la mecánica detrás del ruido y muestra que la agresión no es un exceso, sino un método que busca desacreditar, disciplinar y correr del centro de la escena a quienes pueden incomodar al poder. Cuando eso ocurre, lo que se erosiona no es solo la figura del periodista, sino una condición básica de la democracia: el derecho de la sociedad a estar informada. El informe ayuda a responder una pregunta incómoda pero central para el presente argentino: qué tipo de conversación pública se está construyendo desde el poder, y a qué costo.